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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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{ 11º Examen Chuunin } NOVAM DIRECTIONEM, IGNOTUM

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{ 11º Examen Chuunin } NOVAM DIRECTIONEM, IGNOTUM

Mensaje por Sheik el Mar Feb 21, 2017 11:13 pm


El graznido de las gaviotas no hacía más que acompañar al viento agitando las velas de los distintos barcos que se encontraban atracados en aquel peculiar, a la par que oculto, puerto del país de la Tierra. Las olas chocaban contra aquellas inmensas rocas macizas que, por el desgaste del agua día tras día, formaban picos enfrentados al mar. La tierra contra el océano, una batalla poco conocida pero a la que cada día los viejos lobos de agua salada se enfrentaban con puños y dientes. La humedad, tanto del aire como de la tierra, a más de uno le crisparía la espalda seguramente, más aun por aquel tétrico lugar que, si bien a la luz del día habría sido un pequeño puerto como otro cualquiera, de noche se convertía en una suerte de pesadilla.
Guiados solo por la única luz de un lucero que portaba aquel viejo encargado del lugar, aquellos gennins se aproximaban a lo que sería el principio de una aventura, o quizá y para su desgracia, en un suicidio. El barco empezaba a vislumbrarse frente a ellos por las candelas que los tripulantes habían encendido para alumbrar aquella tan importante noche. El mar parecía calmarse por momentos, como si, por alguna suerte del azar o del destino, este les estuviera regalando un buen viaje en compensación por lo que les pudiera ocurrir en el, irónicamente, más allá.

Bien por circunstancias ajenas a sus propios intereses, bien por su propia cuenta y riesgo, o bien por cualquier otra razón de peso, aquel grupo de gennins se disponía a emprender la travesía. El navío en el que se encontraban no podía distar más de lo que habrían imaginado. La madera cuarteada cuya pintura saltaba con el mínimo golpe que se llevara, el suelo reblandecido por la humedad acumulada, y el mástil lleno de arañazos por distintas peleas a bordo del propio barco solo eran algunas de las señales que indicaban que aquel barco no estaba en el mejor estado de todos.
Todos habrían subido al velero para emprender aquella travesía, y, sin embargo, ya daban ganas de bajarse. Todos los tripulantes habían acabado de disponer el barco, y se encontraban descansando en cubierta, hablando de sus quehaceres, de lo mucho que echarían de menos a aquella mujer del puerto, la cual seguramente ni recordaría su cara. Otros dormían en el camarote, todos juntos en hamacas llenas de remiendos y con manchas de índole variopinta, algunas de ellas reservadas para que nuestros aventureros pudieran reponer fuerzas para lo que les esperaba.

A cada paso que daban todos se giraban para verlos, algunos con buenos ojos, otros con una mirada soberbia, y otros con una de soslayo imaginándolos vomitando por la cubierta. Sin embargo, y para su suerte, aquellos no serían totalmente desconocidos, o al menos no para uno de los shinobis.
-¡Gyo-san! –gritaron unos que bebían cerveza encima de un barril cercano a la escotilla. Parecían conocerlo, pues eran los mismos que se encontraban en aquel mismo barco cuando aquel del país de la Tierra llegó a su capitán para que le mostrara sus conocimientos -¡Ven, ven! ¡Tenemos cerveza! –le decían incitándole a que se uniera a ellos a beber, reír y cantar viejas tonadillas de mar. No obstante, antes que diera un paso más enfrente, de su espalda apareció la curiosa figura de un hombre -¡Pao! ¡Te estábamos esperando! Ven anda, siéntate y toma algo. –el capitán del barco, un joven pálido de pelo rubio ceniza y que pasaba sus días borracho, capaz de llevar una jarra en la mano al mismo tiempo que el timón. Ahora sería un buen momento para decir que no os deberíais dejar llevar por las apariencias, pero nada más lejos de la realidad, aquel joven era un vividor, alguien despreocupado que poseía un barco por su suerte en los juegos de cartas.
Se paró durante un momento frente a todos aquellos que entraban, mirándolos de forma superficial para proseguir diciéndole a su amigo en voz baja: -Pss, Pao… que chicas más lindas nos traes ¿no? Vamos, vamos, me tienes que decir como lo haces, eh. –empezó a darle palmadas de orgullo en la espalda, empujándolo hacía la mesa al mismo tiempo.

Tres eran los que se pasarían aquella noche en vela, pues eran los que, por aquello de la pajita más corta, les había tocado. Hikaru, el más joven de los tres con apenas diecisiete años, y al mismo tiempo el más guapo, consiguiendo así una mujer en cada puerto. Era algo inmaduro, y chulo, como cualquier joven de su edad, pero a cambio aquello le otorgaba el optimismo de alguien que veía la realidad como un lugar realmente feliz. Por otro lado se encontraba Touya, de la misma edad que el capitán y su mejor amigo desde la infancia, convirtiéndolo así en su mano derecha tanto a la hora de estar en el barco, como a la hora de beber. El poco tiempo que se pasaba sobrio, Touya era alguien educado, servicial y responsable, quién lo diría.
Y, por último, aquella chica, alguien que se había incorporado recientemente a la tripulación pero que había demostrado su respeto a Kenta por medio del combate con su preciada lanza contra sus enemigos. Azura era realmente diestra en el combate con armas, estando especializada con aquella katana con la que era capaz de cortar hasta la carne más gruesa. Una chica seria, firme a la vez que simpática, y que era capaz de tumbar a sus compañeros tanto bebiendo como en combate.

Si aquellos eran todos los tripulantes, realmente estaban como pollos sin cabeza. Nadie les había dado un mísero detalle sobre aquella misión que les incumbía, de forma directa de hecho, ni tampoco había una clara figura autoritaria o curtida por la experiencia, pues aquel capitán borracho de tres al cuarto no sabría dirigir ni un bote a remos, a pesar de contar con una tripulación realmente excelente. Más pronto que tarde, empero, la silueta de una persona empezó a dejarse ver por las escaleras de un lado del barco. Alguien realmente grande, con una melena marrón oscura que colgaba hasta la cintura, y una armadura que pesaría perfectamente la mitad que él. Quien sería la cabeza de aquella expedición, alguien fuerte, con carácter y disciplina, apareció sobreponiéndose por delante del timón para dirigirse a todos desde aquella altura.
-No os voy a mentir, no estáis aquí precisamente  por ser los mejores, ni porque confíen en vuestras habilidades. –Quizá su discurso no empezaba de la mejor manera, pero ciertamente Taro, a pesar de ser un buen líder, no era un gran conversador y aquel tipo de habilidades sociales se le escapaban de las manos. –Fama, dinero, poder… os habrán prometido cosas distintas con vuestro regreso, pero quién sabe siquiera si regresaréis. Olvidaros de lo que os han prometido, dejad atrás vuestras raíces. En este barco todos somos del mismo equipo, y cada persona cuenta, sin importar el rango. –decía de brazos cruzados. Imponente, serio. -Nuestra misión no es luchar, es recabar información. Nuestro deber es comprender el porqué de esta guerra y encontrar el modo de detenerla. Los distintos feudos tienen diferentes formas de ver esta situación. Unos quieren que encontremos el modo de alcanzar sus ciudades por sorpresa, otros quieren que busquemos el modo de llegar a un acuerdo, y otros pretenden hacerse con los secretos de sus armas especiales. Seremos pocos, seremos débiles, pero contamos con que nadie nos espera. –Sus ojos parecían estar encendidos en llamas por la determinación que le inundaba y que, además, pretendía transmitir a aquellos viajeros que le acompañaban –Soy Taro Bokushi, y no lucharé por ningún feudo, ni por vosotros. Lucharé junto a vosotros por conseguir lo mejor para todos, pues ese es nuestro deber. Averigüemos todo sobre occidente y volvamos con la cabeza bien alta.

Aquella última frase resonaría por toda la cubierta del barco, poniéndose por encima de cualquier otro ruido, para tratar de llegar hasta el espíritu de cada uno de los ninjas que allí se reunían. Tras aquella sentencia, Taro calló y regresó por las escaleras de las que venía para encerrarse en su propio camarote a repasar la estrategia y descansar lo que pudiera hasta llegar a tierra de nuevo.
Entre los tripulantes que allí restaban el nombre del Bokushi les daría que hablar durante un rato. Era el único que todavía no se había escuchado por allá, tanto que ni ellos mismos le conocían. Nadie sabía de dónde venía aquel apellido, las historias de dicho clan habían sido arrancadas de las páginas de los libros a manos de los vencedores. Tan solo Hisan’na, gracias a los saberes encerrados en su biblioteca, sabría que se trataba de un clan de pacifistas que fueron eliminados por tratar de enfrentar a las grandes potencias.

El barco zarpaba, por fin, y aquellos shinobis podrían empezar a ponerse cómodos para el viaje que les aguardaba, podrían tomar cualquier cerveza que desearan e incluso hablar entre ellos y con los tres navegantes. Podrían relajarse un rato, sí, no obstante algo le chirriaba a uno de ellos, a Hiroyuki, quien se acercaría hasta ponerse al lado de Yeul para susurrarle:
-Yeul debes ir con cuidado, hay un occidental a bordo. Mantén los ojos bien abiertos. –su tono parecía el de alguien asustado, mas no le temblaba el pulso pues sus ojos de seguro habían visto cosas más horribles a lo largo de su vida.


Datos:

Npc's:

Hikaru:


906aa3
Kenta:


3f548a
Taro Bokushi:
Hiroyuki:


2e7848
Touya:


b5b5b5
Azura:


b34242
Off-rol Importante:
¡Buenas a todos y bienvenidos al onceavo examen chunnin! :D
Voy a poner la siguiente información por puntitos, para que sea más fácil tanto para mi redactarlos como para vosotros leerlo:
♦ Tenéis una semana para contestar a este tema (es decir, hasta el día 28 a las 23:59) todas las veces que queráis, siendo mínimo una, y sin hacer doble post.
♦ Podéis contactar con cualquiera de los dos (Sorey o Sheik) bien por mp, o por skype, para cualquier duda o para hablar con un npc y añadirlo a vuestro post directamente, sin tener que esperar al mastereo, igual que se hizo en el anterior examen chunnin y en pos de hacer más dinámico el tema.
♦ Os acabareis dividiendo en dos grupos de 5 personas, por lo cual podeis decirlos de manera off-rol y luego justificarlos de manera on-rol, o sino seremos nosotros quienes on-rol hagamos tal división.
♦ Esperamos que disfrutéis de este examen tanto y más que nosotros. Por nuestra parte estamos encantados de que todos os hayáis unido al examen ^^
PD1:
He usado esta imagen para basarme en como es el barco, igual no os hace falta pero por si acaso la pongo
PD2:
Esto es algo personal pero que, por una cosa u otra, quería añadirlo bien para inspiraros o motivaros:
Sheik
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Re: { 11º Examen Chuunin } NOVAM DIRECTIONEM, IGNOTUM

Mensaje por Kazuo el Miér Feb 22, 2017 4:36 am


Act I — Wanted Man



Un nuevo destino, que podría cambiarlo todo. Era alarmante la poca noción del tiempo que tenía el pelinegro encapuchado, quien sentía haber estado en el País del Fuego tan solo horas atrás. Ahora seguía la luz de un anciano, quien los guiaría a través de un misterioso puerto, directo al lugar de partida. Kazuo mantenía la cabeza gacha, ocultando su rostro incluso de los desconocidos que caminaban junto a él, posicionándose a la izquierda del espadachín. Ya comenzaba a sentirse como un criminal; como escoria asesina que se había cargado a sus hermanos de feudo. La espada que se encontraba bajo esa larga túnica raída de color café, era la prueba clara de ello. Contaminada por las acciones imprudentes de la bestia, la cual sólo libraba un rastro de humo, proveniente del cigarro que llevaba en la boca. Podía sentir la humedad sobre sus hombros, incrementando el peso de la mochila que representaba a su consciencia. La sensación de estar adentrándose cada vez más a ese ambiente tétrico, le resultaba la metáfora perfecta para lo que había hecho. Le estaban aceptando en el infierno, con las puertas abiertas. Sin embargo, estaba acompañado de uno de los seres humanos más bondadosos que había conocido. El honorable y el asesino. — Mantén los ojos bien abiertos. Ninguno de ellos es tu aliado; se aprovecharán de esa estúpida bondad tuya si los dejas. — Se dirigía a Katta, en voz muy baja. Era la forma de Kazuo de expresar preocupación. Ciertamente, hablaba desde la experiencia. Había salido de una guerra, sólo para meterse en otra.

El nuevo criminal alzó un poco más la mirada tras vislumbrar un montón de destellos casi idénticos que provenían del mismo sitio. La tripulación del velero les guiaba desde la distancia a los desgraciados de turno. Fresca carne de cañón. Quizá algunos realmente habían asistido por las tentadoras promesas que los altos cargos de cada feudo inmundo les habían hecho. Él sólo necesitaba desaparecer de su país por un tiempo. Además, tenía que saber más sobre el objeto que le había costado lo último le que quedaba de salud mental. O tal vez, de forma inconsciente, seguía buscando su propio final; tentando a la muerte. — Hacer amigos es lo tuyo. — Comentó de camino, mientras subían a bordo de la nave. Suspiró una bocanada de humo, perdida en la infinita oscuridad. Había terminado el primero del día. — Iré a fumar otro. — No se separaba por completo del portador de vainas, sino que buscaba saltearse las reuniones innecesarias. Con la cabeza gacha y esa larga túnica, se mezclaba entre las multitudes con cierta facilidad, llegando a la barandilla del lado izquierdo del velero.  Sólo en ese momento se quitó la capucha, observando las olas romper contra los tablones de madera. Encendió el segundo cigarro.

A sus espaldas, sintió cómo el silencio gobernó de un momento a otro en la nave. Era algo raro, dado el hecho de que se encontraba infestado de tripulantes ebrios y ruidosos. Sentía que alguien importante acababa de aparecer, pero no le dedicó mucho más que la esquina de su ojo derecho. Venía el discurso realista; finalizando posiblemente en uno muy alentador. El humeante ya había vivido eso mismo, hace no mucho tiempo, en el País del Rayo. Distinto comandante; similar discurso. Para él, no era más que otra versión de Ikeo. Será que la vida últimamente le había estado golpeando demasiado duro, desanimando casi por completo al criminal. Lo único que podía mantener vivo su espíritu, era la curiosidad humana. Detestaba sentir algo tan... humano. Descolgando la funda que llevaba oculta entre su túnica, echó el ojo a su interior —no sin antes procurar que nadie le estaba viendo—, notando el brillo morado y espectral que emanaba esa pequeña gema. "¿Qué podría suceder...?". De momento, no eran más que pensamientos.




OFF:

Apariencia:

(Lleva una túnica arraigada color café, con una capucha y unida al pecho, sobre este atuendo)
Stats:
• Ninjutsu: 10
• Taijutsu: 6
• Genjutsu: 1
• Velocidad: 10
• Resistencia: 10
• Fuerza: 10
Inventario:

Kunais x08
Shurikens x20
Vendajes x05
Sanguíneos x01
Espada Misteriosa




Última edición por Kazuo el Miér Feb 22, 2017 8:02 pm, editado 1 vez
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Re: { 11º Examen Chuunin } NOVAM DIRECTIONEM, IGNOTUM

Mensaje por AlptrauM el Miér Feb 22, 2017 7:27 am

« Bokushi » Se quedó pensativo unos instantes, ya había oído aquel nombre con anterioridad.  No hace demasiado ahora que lo pensaba con detenimiento. Fue en uno de los pergaminos que yacía esparcido sobre el antiguo mármol que formaba las baldosas del piso de aquel santuario. Pero, ¿Qué hacía uno de ellos aquí? Encontrarse con uno, vivo, en tan particular situación le parecía más que curioso al pelinegro, quien se encontraba en cubierta, observando hacia el océano oscuro. Se supone, que ellos no pelean por ningún estandarte, no siguen las órdenes de ningún señor feudal. Tal como sus palabras advirtieron en su discurso, pero aun así, allí estaba. Encabezando aquella cruzada hacia tierras desconocidas donde todo era incierto. El grupo enviado, ninjas de todo el mundo, emisarios de sus respectivos feudos quienes habían sido enviados con promesas de fama y otras cosas. Un bendito Déjà vu.

La vez pasada, en aquellas tierras del país del rayo, el llamado era por parte de aquel país, quienes buscaban el auxilio de otros feudos y naciones. Esta vez, ¿Quién o quienes habían orquestado este viaje? Alguien lo había puesto a la cabeza del grupo, de seguro algún señor feudal o varios de ellos, pero por qué aceptar, iría en contra de sus prácticas. Tan temprano en el viaje, y tantas contradicciones que esperaba que se develaran con el tiempo.

¿El grupo? Qué decir del grupo que dudaba que hayan sido escogidos con pinzas para dicha misión, que según el Bokushi, tanta importancia tendría en un futuro. ¿Misión de paz? ¿Recaudar información? Qué clase de tonterías eran esas. Enviar un grupo cuyo número no era suficiente para lanzar un ataque, ni lo suficientemente reducido o experto como para pasar desapercibidos. Dentro de todos los presentes, podría jurar que reconoció a uno de ellos. No le veía del todo bien el rostro, que al igual que él, iba encapuchado. Pero sentía que lo conocía, pero aún no podía identificarlo del todo. Ya habría tiempo para eso. ¿El resto? Completos desconocidos, niños. Una vez más. Recordó las palabras de su maestro: “Los hombres viejos declaran las guerras, pero son los jóvenes los que mueren en ella”. Que acertado era para esta situación. Misión de reconocimiento y extracción de información relevante para los feudos. Aquello era más difícil que plantarse a pelear, pues cualquiera puede intentar blandir una espada contra otro, más no hacerlo y salir con vida, no cualquiera puede. Claro está, esto eran meras suposiciones del Alhazred, puesto que no los conocía. Pero si algo le había enseñado la última campaña militar en la que participó, los jóvenes siempre buscan probarse a sí mismos y a los demás, y eso sumado a la inexperiencia, solamente por aquella que te entrega la corta vida que tienen, el resultado de la misión, hasta el momento, era más que incierto.

El barco, lo suficientemente grande para albergar ese grupo de personas y lo bastante pequeño para pasar desapercibido por las noches. De la tripulación ni hablar, hasta el momento, un montón de ebrios que de seguro – pobres diablos – ni idea en qué se habían metido. Él tampoco, pero al menos, algo de idea tenía a lo que se dirigían.

Decidió abandonar aquellos pensamientos por el momento, preferible era ver qué sucedía en el transcurso del viaje, el cual estaba seguro que en los días por venir, más información se iría revelando a los ingenuos viajantes. ¿Ahora? Contemplar el paisaje,  hacía tiempo que no estaba en alta mar, y era algo que siempre le había gustado, más no siempre podía hacer. Siempre, claro, manteniendo un ojo  sobre todos y cada uno de los que estaban a bordo de la nave. Fue entonces que lo vio, parado contra la barandilla.

Estaba en lo cierto.


Información:

Stats:

• Ninjutsu = 7
• Taijutsu = 7
• Genjutsu = 10
• Velocidad = 10
• Resistencia = 10
• Fuerza = 10
Técnicas disponibles 8/8
Inventario:

• Kunais x20
• Shurikens x20
• Sellos explosivos x4
• Vendas
• Envases x5
• Sanguíneos x5
• Pergamino de ADN
• Jeringas x10
• Somníferos x5
• Tachi | Diseño
Fuhai Kōkyōkyoku (腐敗交響曲)
Kōsui fuhai (香水腐敗 Perfumes pútridos) | Veneno


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Re: { 11º Examen Chuunin } NOVAM DIRECTIONEM, IGNOTUM

Mensaje por Katta el Miér Feb 22, 2017 7:37 pm

Inicios. Ella era una luz fantasmal. Capturada como si un arpón hubiese encontrado su presa, colgaba inerte, siguiendo el vaivén de los pasos ancianos a la cabeza de la avanzadilla. Además de confusa entre todas las siluetas, esa misma luz guardaba el secreto de muchos de los futuros viajeros. Las miradas encontradas, y las cabizbajas, buscaban entre si el plan que albergaban cada uno. No solo una capucha había sido encontrada. Bajo una de ellas residía una supuesta bestia, y a su derecha, un supuesto hombre de honor. De todos los infelices, presas de los intereses de otros, o de los suyos propios, era aquél quien estaba desprovisto de ocultismo. Ninguna capucha escondía la cara, atravesada por una pareja de cortes antiguos. Ni una capa ni una prenda habían ocultado un pecho desdibujando las líneas musculares con más y más tajos, en un interminable mapa de la historia de la piel. Y se perdían dentro del cinto negro que rodeaba un formadísimo abdominal. Ceñido, pero perdido dentro de prendas que estaban enrolladas a él. Y más, las que habían llamado la atención de muchos, una serie completa de vainas. Alineadas simétrica y perfectamente, gemelas unas de otras. Veintiséis, y solo doce empuñaduras se agitaban en los inferiores puestos. Negras, con detalles plateados que contrastaban en la tela negra y medio-suelta de los pantalones, y las botas en los pies que los días de viaje habían convertido de negro a un marrón nada intenso. De cada tramo de ojos, esos de oro con puntos marrones orbitando la pupila no habían intentando desentrañar al resto. Habían avistado a cada uno. La sangre guerrera permitía evaluar y especular fuerzas, más ni un rastro de sospecha podía nacer de ellos. En cambio Las pocas habladurías mentaban a los más talentosos y especiales, distribuidos desde dispares naciones alrededor de Oriente. Aquellas que buscaban sangre entre si. Varios aceros vibraron por un instante. Del país de soleados bosques y altas colinas, ese cuerpo de tez oscurecida estaba siendo presa de la humedad de forma silenciosa. Sin temblores fríos. El extranjero no pretendía acomodarse a sus intrusos, por lo tanto. Ni siquiera unas palabras sabias podían lograr crear ese lúcido destello cómplice, incógnito y cauteloso. Se convertían solo en un sonido de alarma para su propio pronunciante. Serenidad, y una descansada mueca nostálgica en el lado derecho de los labios respondían sobradamente. — No lo harán. — La misma luz que solo dejaba entrever líneas difusas entre sombras no podía lograr esconder la siempre segura apuesta de las palabras que de allí resbalaban. Ni el peor de todos los desastre podría opacar eso jamás. Ni la guerra más sangrienta, ni el más doloroso final.

Las luces, simples borrones que destacaban sobre la distancia, elevados en una nave engañosa; marcaban el destino inicial. En ellas se escondían uno a uno distintos marineros, variopintos y especiales cada uno. Toda vista se le regalaba a las criaturas terrestres. Extraños entre los humanos, que al menos un espadachín dignificaba, y descendía un número incierto de veces, en calidad de saludos a cada una de aquellas almas de los océanos. Había gritos y pocos modales. Esos mismos tripulantes capturaban a Pao para su mesa, otrora barril. Resultó pertenecer al grupo visitante, más no atrajo más que miradas de las pupilas embarradas, dispuestas a memorizar otro de los nombres a bordo. La voz doblada por el humo consumiéndola por años volvía a arremeter en contra del estudioso espadachín, que veía las partes del navío, sus integrantes que se mezclaban, su estado. Seguía existiendo allí una curvatura invisible. La cubierta se parecía al pecho de ese mismo espadachín. No importaba dónde posasen los ojos, no había duda de que verían más de una herida en la madera. Alternaban golpes y astillas, cortes de un arma afilada, manchas. Los olores de mar, madera y bebida se confabulaban en contra de cada olfato, y opacaban la mayoría de fuera. La sombra encapuchada se alejaba, y los ojos más no los pies que sujetaban más armas la seguían. Al menos hasta un momento donde las olas y el viento fueron los únicos sonidos, predecesores de una profunda voz. Una robusta figura encaramada en lo alto del barco hablaba. Pese a un peso inexistente en el espadachín, era poseedor de la voz poderosa de los líderes. Mordía los huesos como una serpiente benevolente, inyectando un suero de confianza y valor por la causa. Años atrás, los ojos espadachines se hubiesen agrandado, afirmando desear ser ese hombre, cada simple palmo de carisma y seguridad. Hoy en día, se había convertido en respeto y devoción, pero los deseos distaban de convertirse en esa figura. Ni fama, ni dinero, ni poder. Ni ciudades, ni armas. Una mano reposaba encima de la más ansiosa de las espadas, que temblaba con emoción. Taro Bokushi tras su breve discurso volvía a refugiarse en los aposentos de la embarcación. De todas sus promesas, los humanos a bordo debían hacer algo en Occidente. Misiones secretas y traiciones se respiraban al mismo tiempo que el aire condensado. Algo a lo que el de varias espadas era inmune.

Sus ojos ya habían vuelto al pelinegro oculto. Apartado y solo. Los ojos de oro lo miraban, y lo alternaban con el resto de viajeros, fáciles de distinguir entre ellos y los que habitaban el barco siempre. La postura intermedia del espadachín finalmente se encomendaba al resto del grupo. La humedad de la garganta le obligaba a aclarar la voz antes de hablar, situado a distancia similar entre los tripulantes y viajeros y el ensimismado Kazuo. Repentinamente, el erguido cuerpo de ya un metro noventa y poco se redujo, con una exagerada inclinación de noventa grados. — Mi nombre es Katta. Miembro del feudo de Kakkinoaru'en, del País del Fuego. Es un honor viajar con todos. Serán protegidos con mi vida. — Aunque eran palabras fuertes, de algún modo aquel peculiar discurso no había podido convertirse en grito. Eran sílabas firmes que conformaban cada verdad sobre los férreos valores. No hablaba al País del Fuego. A ningún feudo. Cada una de aquellas personas habían recibido ya a su primer aliado en el lugar. La naturalidad impactaba al no ver rastros de vergüenza ni arrepentimiento mientras el mismo cuerpo recuperaba su estatura, y lo guiaba con paso firme hasta alcanzar el lado del encapuchado hermano. Solo él, quizás, habría logrado alcanzar los míseros cambios en aquel mensaje.

Datos:
Estadísticas:
Taijutsu: 10.10.
Fuerza: 10.10.
Velocidad: 8.10.
Resistencia: 9.10.

Inventario:
Ryusei.
Vendas.
Calmantes: x05.
Sanguíneos: x05.
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Re: { 11º Examen Chuunin } NOVAM DIRECTIONEM, IGNOTUM

Mensaje por Natsubari el Jue Feb 23, 2017 5:09 pm


La aventura comenzaba, el destino la llamaba una vez más y presa de una promesa inquebrantable, se embarcaba junto al grupo que por distintos motivos estarían ahí, con ella. No le gustaban las multitudes, menos las pintas de algunos, pero lo cierto era que no tenía derecho para juzgar a nadie de los presentes, por lo que solo seguiría su rumbo, intento interactuar con ellos lo justo y necesario. El camino hacia la embarcación se hizo tedioso, más aún recibir miradas de quienes estaban ahí, pero como parte de la travesía tendría que aprender a sobrellevar su descontento con las otras personas. No era desprecio ni apatía, solo comunicarse se le hacía complicado, innecesario. En ese viaje más que en cualquier misión de rango  D dada en el país de las Aves, tendría que tener especial cuidado con sus acompañantes, pues no sabía sus intenciones, no pecaría de confiada por segunda vez.

Una vez sobre la nave y con nada que le llamara realmente la atención, se preguntó cuál sería su primer movimiento, pues a pesar de parecer tan segura, bajo esa seriedad iban miles de preocupaciones que no podía compartir con nadie. Intentó distraerse por un momento, pero la voz de un hombre alto le hizo mirarlo con atención, atender a sus palabras una por una. ¿Qué es lo que pretendía diciendo ese discurso? ¿Motivarlos? Porque el inicio no fue muy alentador, pero luego sus palabras llegaron a ella de una manera extraña. Quizás… solo quizás era lo que había estado buscando. No hablaba de la motivación, no, un compañero en la extraña misión con la que se había embarcado. Porque ella tampoco iba por ningún feudo ni mucho menos, su objetivo era tan noble como idiota podía considerarlo, y aun así, desistir no estaba entre sus objetivos. Bokushi, quedó resonando para ella, pero como no tenía idea de nada no le dio mayor importancia, el hombre al parecer sería quien iría con ellos, esperaba por su propio bien que tuviera más experiencia que ella en temas de esa índole. Luego del discurso el movimiento del barco le hizo suspirar. Ahora era cuando debía decidir qué hacer en verdad.

« Oi, oi, Natsubari, ¿qué tanto piensas? »

‘Esa voz’ la sacó de sus cavilaciones. Si bien debía conocer a sus ‘compañeros’ en esa misión, no tenía la más mínima intención de interactuar aún con ellos. Había cosas que debía atender primero… Como conocer a quienes estarían vigilando esa noche. Podía dormir, descansar, pero lo cierto es que aún no se sentía del todo segura. Una vez pudiera saborear la sensación de la protección en medio del mar a tierra desconocida, cerraría los ojos buscando un poco de paz, lo juraba. Antes de hacer cualquier movimiento sacó la pequeña ‘libreta’ que llevaba con la pluma que preparó antes de ir. No era ninguna especie de erudita ni mucho menos, pero había estado anotando sus lecciones de herrería más otras cosas triviales. Tener ese objeto cerca le ayudaba a ignorar su falta de comunicación hacia los demás. Así que escribió un pequeño pasaje respecto al inicio del viaje antes de partir con lo que había decidido.

Hay once personas que subieron junto conmigo (eso conté...), doce enviados si contamos a este señor Bokushi (supongo). Ya es de noche, no hay señales de peligro ni nada, aun necesito conocer a la tripulación. Calculare cuantas horas son desde oriente hacia occidente, no tengo idea para que sirve, pero puede ser útil, supongo

Con la decisión tomada se movió justo donde logró divisar a una chica de cabellos verdes que a primera vista se veía seria. Su primera opción sería esa porque era lo más accesible según su poco conocimiento de cómo interactuar con las personas. Antes de caminar hacia ella, guardó la libreta entre sus ropas –que eran las usuales más una capa que la protegía del frío–, y avanzó dispuesta a comenzar una conversación, aun así si se debía esforzar por lo mismo. Maldijo por tercera vez su desastre como ente sociable, tomó aire y llegó al frente de donde estaba la muchacha. Tenía lindo cabello, el olor a alcohol le disgustaba por mucho, pero si quería lograr avances, debía arriesgarse. Tosió antes de hablar.

Buenas noches.―Pronunció en su neutral tono―¿Me permite unas palabras?

¿Había sonado demasiado correcta? Quizás, lo lamentaba realmente. Esperó algunos segundos antes de recibir una mirada cansada, la vio dar otro trago a la jarra que estaba bebiendo junto a sus compañeros. Cuando estaba a punto de rendirse, convencida de que sus frases pasaron desapercibidas escuchó que le hablaba, su atención volvió a estar sobre ella.

¿No quieres un poco, pequeña?―Tono firme, uno que a pesar de parecer cargado de intensidad, no lo estaba. El licor se le fue ofrecido y ella tuvo que tener la decencia de quedarse un momento observándolo―Siéntate, anda. Queda un largo viaje por delante.

La vio atraer un pequeño taburete a sus cercanías con la intención de que se sentara junto con ella. Solo había un problema con eso, el primero problema respecto a lo que necesitaba hacer para socializar en ese momento.

Oh…. ―Dudó. Su mirada tuvo que desviarse a lo que era ofrecido. Ella no bebía alcohol, estaba dentro de sus prohibiciones. ¿Cómo negarlo de manera amable? Aceptó el ofrecimiento para sentarse, más tuvo que negar con un movimiento de cabeza la bebida―Lo siento, no tomo alcohol, pero me gustaría un poco de platica para la noche, ¿No le molesta que no beba si acepta?

Más habladora de lo normal. Lo estaba siendo, pues sentía que necesitaba justificar su falta de cortesía al ofrecimiento. No quería que pensara que no quería beber por mala educación o similar.

La jarra fue dejada sobre el barril para que la mirada se concentrara de nuevo en ella. Cierto nerviosismo la atacó por lo mismo, pero se mantuvo firme en su lugar a esperas de una respuesta. Retroceder cuando se había dispuesto a dar el primer paso no era algo que estuviera dentro de sus planes. La veía sujetar el asa de manera firme, como para reafirmar que nadie le quitaría lo que estaba en el contenedor, y por alguna razón supo que quien lo intentara, no tendría tanta suerte como para contarlo. La respuesta llegó con una negación, le vio invitarla de nuevo a que se sentara, y esta vez tuvo que aceptarlo. Siendo el trato aquel, debía seguir con su misión de intentar ser sociable.

Ofender a alguien del lugar era lo que menos quería como una invitada más al barco, por lo que una vez estuvo sentada se dedicó a contemplar la figura femenina con poco detalle, pues recordó su problema de ponerse más nerviosa con las mujeres que con hombres. Ánimos se dio para seguir la conversación.

Mi nombre es Natsubari―Presentación lista, se dijo―¿Puedo saber el suyo?―Quizás y lo había oído antes, pero el nerviosismo que la embargaba ahora le había hecho olvidar todo. Su porte, fuerte e imponente, le intimidaba de alguna manera, pero era más el hecho de estar hablando con una chica que cualquier otra cosa.

Esperó, pero mientras lo hacía volvió a ver como levantaba la jarra para beber. Relamida a los labios contrarios que dio paso a algo más, al fin la voz salió para anunciar lo que tanto había estado esperando.

Me llamo Azura. Ni Azu, ni Azura-san, ni nada. Solo Azura―Pudo imaginarse que estaba molesta, de hecho lo pensó. ¿Había dicho algo malo? Esperaba que no, de todos modos, aguardó una señal para seguir hablando, pero en su rescate aparecería otro miembro de la tripulación.

¡Oh vamos! ¡No seas tan seria Azu!

La voz de un chico de edad similar sonó, sin conocer su nombre, solo pudo fijarse en su amigable semblante, en el ánimo que traía a pesar de estar ahí con toda esa gente. La curiosidad de la kunoichi despertó cuando a pesar de haberla llamado así, no obtuvo regaño alguno, muchas fueron sus preguntas respecto a eso, pero decidió dejarlo pasar por el momento, podía atribuirlo a la buena convivencia o costumbre y posiblemente no estaría errando. Se giró, dándole la espalda por completo a su compañero, para mirarla por primera vez directamente a los ojos, había algo en ellos que le intrigaba.

Cuéntame, pequeña. ¿Qué querías?―Pregunta que escuchó y no pudo reaccionar de inmediato, aún estaba meditando sobre otras cosas y por ello estaba desprevenida para lo que acontecía.  

« Quizás fue mala idea hablar… Oh, sí, lo fue ».

Un dilema en el que entraba. Sabía bien que podía ser seria, pero aquella muchacha también lo estaba siendo. No pensó que otra persona tuviera su problema… Solidarizó con la causa, respirando hondo antes de decidirse a hablar. Avanzar nunca era fácil, pero parecía que a ella le llegaba a costar el doble dar pasos para intentar iniciar conversaciones.

Voy a ser sincera―Siempre lo era cuando abría la boca de más, lamentablemente―No conozco a ninguno de mis compañeros y prefería intentar hablar con la señorita Azura por un impulso del cual no me arrepiento. Tampoco sé socializar y ahora mismo ni siquiera sé porque lo estoy haciendo tanto. Me gustaría entender más de todo esto, del barco, del mar, de… Bueno, solo quiero hablar un rato, lo siento por interrumpir así.

La risa de esa maldita voz en su cabeza fue el colmo. Estaba avergonzada, con el plan destrozado y solo la incógnita de saber que pasaría a continuación con semejante confesión tonta, ¿Por qué no podía seguir los planes? Una pregunta que al parecer no tendría próxima respuesta, pues su vida se basa en eso: Improvisar.

Siéntete tranquila―Dijo en una respuesta que no esperó, ¿Acaso empatizaba con su sentimiento de desasosiego ante lo social? ―Ah... el mar―La misma brisa que impulsaba las velas hacía el mismo efecto en el pelo verde turquesa, un agradable –para su sorpresa- olor a mar comenzó a llegar donde estaba. Le observó un momento en silencio, ¿qué tanto estaba pensando? Lo meditó hasta que la escuchó hablar de nuevo―¿Lo sientes? Esa libertad sin tener alas, pero aun así que parece que vaya a llevarte volando. Nada te ata a ningún sitio, incluso todo se puede ir literalmente por la borda en cuestión de segundos.―Sus ojos se cerraron mientras miraba hacia el cielo. Parecía estar tan tranquila, en sincronía con algo que salía de su entendimiento que la imagen se le hizo bella de una extraña manera. Deseaba poder… Comprenderlo―Y, aún así, a pesar de todo, el mar sigue fluyendo, y nosotros con él.

Como si sus palabras causaran el efecto deseado en ella, se calmó, pero solo porque necesitaba contemplar la imagen de aquella persona. Tenía un significado que anhelaba tanto... “Libertad”, algo que aún no podía tocar, que cada vez se alejaba  más a sus oportunidades. Mientras el mar era la libertad de esa muchacha, siempre que Natsubari miraba al cielo le daba una sensación similar. Escuchó con atención, provocando que mirara hacia el frente para recordar tantas cosas en tan poco segundos. Por fin pudo sentirse cómoda con toda la conversación, por lo que reviso ese bolsillo donde antes había dejado su libreta para ver los dibujos y apuntes que había hecho en tierra firme. Suspiró, llena de la más extraña melancolía, ¿Eso era lo que traía el mar consigo? ¿Emociones tan altas como las olas? Esas que podían ser una tormenta de un momento a otro.

Me gustaría ser libre… ―Soltó sin darse cuenta. Cerró los ojos por un momento para guardar lo que antes había sacado. Por fin volvió al tema―El mar parece algo maravilloso de ver con sus palabras. Me gusta como suena.

Era una buena idea para escribir, ¿No? Ya se lo pensaría luego, cuando estuviera más desocupada, por el momento estaría atenta a esas palabras que le parecían llevar más peso del que se dejaba ver. Una voz la sacó de sus pensamientos, un tipo alto se paró frente a la tripulación para decirles algo que encontró bobo… Pero lo dejó como un buen chico a sus ojos, aunque debía decir que tenía cierto recelo contra los feudos, debía conformarse con la compañía que le tocaba. Había honor en sus palabras, tantas que le recordaron al viejo Hito con sus charlas del alma de los samuráis y demás. El honor no era algo que le importara del todo, pero algo había aprendido de ello en su tiempo de entrenamiento con el viejo herrero. Volvió a sus asuntos cuando le vio retirarse hacia el otro lado, alejándose de a quienes había jurado defender.

No te silencies, pequeña. Hazte de escuchar. Aquí en el mar las palabras se las lleva el viento, pierden importancia conforme salen de tu boca.―Le vio acabar con lo que estaba bebiendo y luego suspirar. Al parecer no acabaría ahí el asunto―Aquí lo que vale es lo que demuestras con tus actos, para bien o para mal. ―Su mirada de nuevo se fijó en ella, ¡Y juraba haber visto llamas en ellos por momentos! Determinación, esa fue la primera palabra que se le cruzó por la mente―De donde yo vengo las cosas se hacen así. Puedes morir, pero antes vivirás, y esa vida será, pues, la más grande si por ella luchas cada día. ―Azura se levantó de su taburete, sin esbozar ni una mueca ni soltar palabra alguna, para ir a servirse otra jarra. No sabía cuántas jarras llevaba, pero dudaba que fuera la primera.  Y aun así sentía que sus palabras no habían sido provocadas por el brebaje aquel, sino por algo más… ¿Honorable? ¿Sería eso lo que pudo captar? De nuevo a su cabeza iba llegando una figura llena de luz, de brillos incesantes que le gustaban mucho.

Sus palabras parecían albergar una sabiduría que no se imaginó antes. ¿Sería que las mentes más ruidosas eran esas que se escondían en un portador silencioso? Tomó lo dicho como propio, suspirando, con todo el aliento robado por lo último dicho. Esa determinación le recordaba a alguien. En cuanto ella se levantó para buscar más de que beber, miró al resto de la tripulación. Estaba tentada a acompañarla tomando algo, pero lo cierto era que el alcohol estaba prohibido para ella como practicante de Taijutsu y aun así si estaba disfrutando de la paz, no podía estar fuera de combate por las razones equivocadas.

« Creo que tiene el espíritu de una guerrera… Eh. Honor, el bendito honor. Tan escaso como encerrado está en este barco en distintas personas, lamentablemente no creo ser una de aquellas que siguen la doctrina ».

La pregunta era, ¿Seguirla o no? Sentía que debía dejarla beber en paz, pero también tenía otro raro presentimiento. En su caso, cada vez que los seguía terminaba en cosas raras. ¿Qué hacer? La prudencia debía predominar y sin embargo, siguió su impulso una vez más ignorando todo para levantarse y seguirla. Debía pedirle un favor por mucho más que raro, pero que para ella, era el capricho de esa noche que comenzaba a inspirarle. Apresuró su paso evitando la torpeza para quedar cerca, hablarle e intentar que la escuchara.

Señorita Azura―Volvió a repetir. Su compañía era menos molesta que la de los demás… Así que lo intentaría. Sentía cierta amabilidad también, eso le gustaba―¿Puedo pedirle un último favor? Realmente siento estar interrumpiendo su tiempo de descanso.

Era verdad. No se sentía a gusto solo por eso, pero si aceptaba su propuesta, quizás podía hablar con alguien por primera vez sobre algo tan trivial que seguía pareciéndole bobo, pero necesitaba mostrárselo a alguien.

Veo que llevas un buen rato...interesada. No te cortes, niña, dímelo.―Parecía que la había logrado fastidiar. Se lamentó internamente por ello, pero decidió avanzar dispuesta a las consecuencias.

Solo quería pedirle si me deja dibujarla―Sonaba mal, incluso a una broma, pero lo dijo de manera tan firme y seria que su semblante podía asustar a cualquiera que no la hubiera visto así antes, dudaba que ese fuera el caso de Azura. Pero sus deseos iban en esa boba petición.

¿¿Dibujarme??―Parecía abrumada, confundida. ¿Sería acaso que su pregunta fue muy mala? Los nervios le entraron, pero tuvo que hablar por puro instinto, para no quedarse ahí, sin hacer nada.

J-Juro que no es para nada malo. Solo me gusta hacerlo con las cosas de mi interés, sus palabras me motivaron tanto que quise intentarlo. Tampoco sabía que podía hacer ese tipo de cosas con la tinta hasta que lo intente...Ah, lo siento. Olvídelo por favor―Dicho eso, estaba lista para perderse a paso rápido entre la multitud, hasta saltar al mar si era necesario. Toda la paz conseguida atrás se perdió con ese intento raro que realizó de petición.

Sin embargo, antes de que diera un paso más, Azura agarró su muñeca para atraerla hasta ella. La sorpresa fue tanta que sus mejillas se vieron tentadas a transformarse en el carmesí más infantil para la situación dada, pero resistió, su cuerpo se negó a mostrar señales de la profunda desorientación en cuanto al asunto sentía.

Para.―Su voz sonaba seria, pero destensada a la vez, como si estuviera hablándole a una niña pequeña. ¿Acaso la estaba viendo cómo una?―No soy merecedora de ser dibujada, ni tampoco querría. Simplemente vive este momento, respira este aire, y vislumbra el horizonte que nos espera para, así, grabar cada imagen en tu mente y que jamás te haga falta dibujarla.

Si bien se sentía un poco decepcionada de que le dijera que no, quizás tenía razón en una cosa, aunque lo intentaría luego, a la distancia. Si pensaba escribir de ella, era necesario. Ah, ¿Por qué estaba tan tranquila ahora?  Su nerviosismo volvió, no iba a volver a tartamudear, ni enrojecer, pero intentó zafarse con suavidad del agarre para no provocar nada más. ¡Socializar era un todo un caso para ella!

Puede que tenga razón…―Suspiró― Pero señorita Azura, no diga que no se lo merece, por favor. Más que ofenderla o algo por el estilo, quería hacerlo por la petición de un amigo―Y aquí venía la parte boba. Sacó su libreta, esa misma que estaba hecha de hojas de pergaminos que se arrogaban un tanto cada vez que la usaba, pasó de los apuntes de las primeras páginas a las últimas, donde un montón de gente salía dibujada. Señaló los taburetes que antes habían abandonado para seguir hablando―Podría explicárselo, pero para enseñarle a todas estas personas y el motivo del porque quería hacerlo aparte de sus palabras, debo hacerlo con calma. No se preocupe, entenderé si quiere seguir bebiendo.

Reverencia que dio ahí mismo, respuesta que esperó. ¿Por qué le estaba diciendo todo eso a una desconocida? No lo sabía, seguir sus impulsos la dejaba en situaciones raras, pero seguir adelante era lo único que le quedaba, solo… Solo por el momento, sí. Luego sería una chica cuerda otra vez.

La respuesta llegó cuando al volver a enderezarse la vio alejarse para unirse a sus compañeros. ¿Había hecho algo malo? … quizás, o quizás esa era la sutil forma de decirle que la dejara en paz. ¿Por qué había insistido tanto de todos modos? Fue idiota tratar de… De… Argh, nada, suspiró. Debía enfocarse en la misión que se había auto-impuesto: Darle una solución a ese idiota, y la amistad, claramente, no estaba dentro de esas posibilidades. Volvió a sacar su libreta para irse a un rincón y sacar una pluma, anotar lo que había concluido con cierta tranquilidad.

Hablar con la tripulación no se me da. Seguiré… Investigando el barco. El contacto con la gente es innecesario, puedo ir por mi cuenta. Sigo sin averiguar nada de relevancia


Después de aquello cerró la libreta. Comenzar a moverse, lo necesitaba, para despejar la mente y olvidarse de lo último que había pasado. Ya no sabía si hablar con ese tal Taro era una opción, quizás y cometía otro error. No podía seguir cometiéndolos.
Información:

Stats:

• Ninjutsu: 7
• Taijutsu: 10
• Genjutsu: 1
• Velocidad: 10
• Resistencia: 10
• Fuerza: 10

Inventario:
Hilos de alambre
Bombas de humo x2
Bombas de luz x2
Makishibix10
Cascabeles x5
Sellos explosivos x4
Kunais x10
Tantô
Daga de Zack
Alcohol x1
Vendas
Natsubari
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Re: { 11º Examen Chuunin } NOVAM DIRECTIONEM, IGNOTUM

Mensaje por Kazuo el Jue Feb 23, 2017 10:19 pm



Secretismo. La misteriosa espada brillaba más de lo necesario, siendo capaz de atraer la atención de los curiosos. Kazuo volvió a ocultarla en su funda, cubierta por la túnica raída que llevaba sobre su atuendo negro habitual. El estrés se manifestaba en la colilla del cigarro en su boca, mordisqueada. Lo desenvolvían, perdiendo tabaco por un costado. Eran ojos cansados los que observaban el movimiento del mar, intentando olvidarse del resto de las personas que estaban a bordo. Regalaba la espalda; cualquier traidor a bordo podría asesinarlo y él no presentaría resistencia. Abatido. La gema en ese artefacto que resultaba de relevancia para la Dama de Fuego, corroía sus pensamientos, empezando a transformarse en su nueva obsesión. Era todo lo que le quedaba para justificar sus acciones. Podía ser... la última oportunidad de Kazuo para redimirse. Por alguna razón, comenzaba a sentirse observado por un par de ojos, camuflado entre las multitudes. Tratándose del fumador, quizá se trataba de paranoia injustificada. Cuando estaba por quitarse la capucha finalmente, sintiendo que ya pasaba como desapercibido, esa voz familiar se alzó por sobre el resto. Kazuo se giró al instante, su corazón latía velozmente, imaginándose la escena que podía montar Katta. Ese... imbécil; en la mente del criminal. "Ignoró todo lo que le dije... Este sujeto..."; fruncía el ceño, enfurecido. Sus dedos quebraron el cigarro que tenía en la boca. "No... No, no, no. No vengas hacia acá". Los ojos de la bestia no podían creer lo que estaba viendo. Boquiabierto.

Tú... — La vena que cruzaba su frente, más pronunciada de lo normal. Una media sonrisa temblorosa, sacado completamente de quicio. Buscaba no llamar la atención, y Katta la atraía directamente hacia ellos. — ...eres un idiota. Espero que sepas nadar, Miwatta. — Lo sujetaba desde una prenda de ropa, empujándolo contra la barandilla en un casi infantil forcejeo. Cómico... Los que conocían a Kazuo, asegurarían que es imposible verlo en una situación de ese tipo. — Admítelo, querías hacerme enojar... ¿Quieres pelea? — Al cabo de un minuto, se dejó de comportar como un crío. Por un momento, se había olvidado del montón de preocupaciones que llevaban azotándole por mucho tiempo. Una vez se dio cuenta que el movimiento en la borda disminuía, se dio cuenta de que era su oportunidad de hacer algo diferente esta vez. No era necesario despedirse del espadachín antes de emprender su pequeña travesía, pues era consciente de que tendría que fumarse su presencia el resto de la expedición. La figura encapuchada atravesó las masas.

Al final del pasillo pobre de luz, donde solo las llamas de dos velas a cada lado del mismo sobrevivían al movimiento del velero, se encontraba esa puerta. La que separaba la privacidad de un misterioso líder del resto de la tripulación. La izquierda de Kazuo empujó la misma, intentando no ocasionar demasiado ruido, pues quería que su presencia en ese sitio, sólo sea notada por ese individuo... Taro Bokushi. — Lamento la interrupción. — Eran sólo cortesías; la mirada del encapuchado eran ventanas abiertas directas a su alma. Sombría y quebrantada. El silencio por respuesta. Tal vez Kazuo llegara a pensar que no había nadie adentro hasta que el sonido de los pasos acercándose era cada vez más evidente. La puerta se entreabrió un poco mostrando un ojo que analizaba con seriedad. Segundos después, se abrió del todo. — Adelante. — permitió el Bokushi dándole la espalda y dejándole la puerta abierta para que pudiera pasar. El camerino, lejos de ser el más lujoso se veía pequeño y sencillo, sin nada más que lo necesario para pasar el viaje. Una cama, una mesa y una silla. El castaño dejó el libro que tenía entre manos sobre la mesa y se colocó en el centro de la sala. Su expresión era serena. Ni amable ni desagradable. — ¿Qué te trae por aquí? — Desviar la mirada fue lo primero que su cuerpo respondió ante la pregunta. Su cuerpo se había movido por sí solo a ese camerino, intentando aprender de las malas decisiones que había tomado en el pasado. Una de ellas, la más relevante, era guardar más secretos de los que podía sostener. Esa espada era uno de ellos; cubierto de la sangre de sus ex compatriotas. Llevar un objeto occidental bajo su túnica era una acción muy sospechosa, que podría costarle el cuello si los curiosos se percataban de ello. A pesar de no confiar en nadie más que en el espadachín sobre ese velero, se suponía que su repentino líder estaría de su "lado". Corriendo su túnica con la mano derecha, reveló una funda negra. Genérica. Había dejado la verdadera en una localización específica del País del Fuego, ya que llamaba mucho la atención. Mientras hacía una señal de alto con la izquierda, intentando que sus intenciones no se malinterpreten, desenfundó la peculiar espada que se encontraba dentro. — Usted sabe lo que es esto, ¿Cierto? — No lo estaba probando. Los ojos oscuros del demente buscaban alguna señal en la espalda de Taro Bokusho. Alguna reacción, que determinase que sabía algo al respecto. — La robé de un cargamento de Kakkinoaru'en. Hay algo en ella que no comprendo... — Señaló la gema morada, que parecía haber comenzado a brillar más después de desenfundarla en ese camarote. El Bokushi se cruzaba de brazos, sereno. No necesitaba el gesto pero lo agradeció. Aunque aquellos brazos podían denotar que se cerraba realmente era una prueba de confianza, pues estaba dificultándose su acceso a la enfundada katana atada a su cintura. La pregunta retórica de Kazuo fue respondida con una ojiplática mirada y un pequeño paso atrás. La sorpresa junto con el intinto. — ¡E-esa es...! — sorprender al castaño era realmente complicado y el renegado lo había conseguido. — ¡la espada de Xander! — La siguiente frase de Kazuo fue tomada con más calma. Estaba la espada, sí, mas no estaba su portador. Con su temple habitual Taro empezó con lo que creía más importante. — Has hecho bien al confiar en mí. En este barco no importa quién te persiga, eres uno más de nosotros. Sabes que Kakkinoaru'en va a esperarte a tu regreso, ¿verdad? No soy partidario del feudo, así que te ayudaré a escapar. — casi parecía un regalo caído del cielo. Tener un enemigo común había aumentado la simpatía en él de aquel sujeto que ignoraba su pasado, al menos por el momento. — Esa espada perteneció a Xander. Mi Raijinto no llegó a cruzarse con ella, pero ha estado deseándolo desde que crucé miradas con él. No sé exactamente quién es, tan sólo que es un occidental, y que estaba al mando del grupo que capturó orientales en el país del rayo y los sometió a experimentos e interrogatorios. Mis hermanas y yo fuimos capturados por ellos, pero una chica nos salvó. — cerró los ojos, quizás estaba hablando más de aquello de lo que al otro le importaba. Trató de reconducir su discurso. — He visto a esa espada hacer desaparecer a un hombre, literalmente. Sospecho que sacan la energía de esa gema, pues mi doujutsu me indica que posee chakra en su interior.




Xander. Recordaba ese nombre desde los ojos de Bakemono, mientras el conductor del cargamento se perdía entre los árboles buscando ayuda. Kazuo escuchaba las palabras de Taro Bokushi, otorgándole su completa atención. Él era un individuo difícil de tratar, considerando a la mayoría como enemigos que aún no habían intentado matarlo. Cada palabra que salía de ese hombre, provocaba algo positivo en la bestia. Respeto y gratitud. Él, que había tratado con superiores toda su vida, tratado como un fenómeno peligroso, estaba en el medio de una conversación con otro más de ese tipo. Pero éste le hablaba como a un igual. Rara vez se le podía sorprender, pero el fumador quedó atónito tras escuchar las palabras de Taro. Le extendía su mano, sin pedir nada a cambio, para ayudarlo. Algo había cambiado en la enigmática postura del encapuchado tras escuchar eso. Apretaba con más fuerza la empuñadura, cabizbajo. Su cabello cubría los ojos, mientras oía la historia de ese hombre. Al parecer, esa gema era la fuente de un poder inimaginable, que tenía que descubrir cómo utilizar para darle uso en el Occidente. Su rostro, que suele ser inexpresivo, dibujó una mueca... inusual. Una que delataba el cansancio que éste tenía por esa lucha interna; que juraba a sus propias voces que era un buen hombre, pero que siempre algo lo desviaba de su camino. Afirmó el filo de la espada, recta, contra el piso de madera del camarote. — Mi nombre es Kazuo. — Le miró directamente a los ojos. Firmeza y honestidad. Acto seguido, realizó algo que nunca antes había hecho por otro ser humano. Con la derecha aún en la empuñadura, hizo un pacto de lealtad. Se arrodilló sobre la izquierda, cabizbajo. — No confío en la mayoría de los seres humanos; eso incluye a los que están arriba. De todos modos... Taro Bokushi. — Era el gesto más puro. La bestia dejaba domesticarse, por primera vez. — Tienes mi lealtad. — Taro mantuvo sus brazos cruzados, con la espalda erguida. Su mirada no se alteraba por nada, tampoco por aquel gesto de entrega de la bestia. Con un gesto con la mano, le indicaba que volviese a mantenerse recto, que abandonara su posición agachada. — Levanta Kazuo. En este barco somos igual de valiosos. Aprecio que decidas que tu espada siga el mismo camino que la mía, pero hay algo que no debes olvidar. — una breve pausa. Taro se disponía a citar una de sus frases favoritas. — Máxima Bokushi número tres: incluso la más pequeña estrella tiene un brillo en la oscuridad. — antiguo saber eliminado de la historia por los poderosos. — Confía en tus habilidades, y si deseas mi gratitud, empléalas para proteger a quien no pueda hacerlo por sí mismo. — Kazuo se puso de pie tras oír al hombre de brazos cruzados frente a él. Esa frase comenzó a retumbar hasta en los rincones más retorcidos de su cabeza. Sin más que decir, se dio la media vuelta, enfundando la espada de Xander y ocultándola nuevamente bajo su túnica. Caminó a la puerta, y se detuvo por unos segundos. Era consciente de que no volvería a seguir el camino correcto, pero podía mantener una promesa durante esa excursión. — Lo haré.

El nuevo portador de la espada de Xander. Tras haber reaparecido públicamente, miró a todos los presentes. Era el primero que aparecía desde el mismo pasillo por el cual Taro Bokushi había desaparecido de la escena. Se removió la capucha, recuperando cierta naturalidad para mostrarse. Posiblemente, ninguno de los enviados a esa misión suicida le conocían; no había necesidad de mantener un bajo perfil. Hasta que detectó el origen de la mirada. "Lo conozco."



OFF:

Apariencia:

(Lleva una túnica arraigada color café, con una capucha y unida al pecho, sobre este atuendo)
Stats:
• Ninjutsu: 10
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 3
• Velocidad: 10
• Resistencia: 10
• Fuerza: 10

Se actualizaron respecto a mi último post, porque me olvidé de sumar los de un misión previa a este acontecimiento. Cualquier cosa, chequear mi perfil.
Inventario:

Kunais x08
Shurikens x20
Vendajes x05
Sanguíneos x01
Espada de Xander


Kazuo
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Re: { 11º Examen Chuunin } NOVAM DIRECTIONEM, IGNOTUM

Mensaje por Katta el Vie Feb 24, 2017 9:01 pm

Verdades. Las palabras habían comenzado a volar. Pareciera sin embargo que algunas no encontraron su destino. Y otros destinos solo dejaron que ellas resbalasen cerca de los oídos. Su creador se preguntaba a la vuelta si habrían extinguido las alas demasiado pronto, o si por el contrario, habitarían en el oído de tripulantes, como los dragones en sus cuevas seguras. Pocas de ellas, pero, estaban a salvo, al recaudo del encapuchado, compungido en una postura reveladora, incapaz de engañar a quien tras él caminó. Ese supuesto salvador sería cazado por una veloz brazada, que ignoró su peso y fuerza sin usar para casi abocarlo sobre la barandilla. Encima de la madera golpearon las vainas, que le sonreían al agresor junto a quien las ataba a su cintura, solo la defensa de unas palmas abiertas, al aire. Había rastros de diversión y nostalgia muy vagamente ocultos. — Kazu, Kazu... — el borde lignario no obedecía a su rectitud, sin lastimar la espalda a pesar de las acometidas agresivas sobre ella. — Sabes que siempre me presento así. — Era la obvia excusa, pero la satisfacción era quien protagonizaba al espadachín, lejos de una burla o malicia. Eso probablemente no existía en el hombre cortado.Tan fácil como su agarre llegó la liberación en la que Kazuo escapaba solo y dejaba atrás al acompañante que adoptó su misma postura. Apoyado encima de la madera con los brazos, que se cruzaban entre si. Viendo como las olas intentaban tragarse la madera, con un éxito inevitable, inexorable. Una preocupación había abandonado aquel cuerpo, sin embargo, eran otras las que lo tensaban con astiedad. Los pocos segundos que el espadachín podía regalar de calma, de ellos no debía quedar ni uno. Pero era una peligrosa travesía, por cada milla que la nave los acercase, el acecho se multiplicaría. El acero en cada una de sus guaridas hacía temblar su metal con ansia y cautela. Con vientos que los removían, como a las velas. Inquietud en ellas, y en el portador. Las confusiones recorrían los tramos endurecidos en la piel que las guardaban, y lo incapacitaban para contenerse. Minutos más tarde, esa figura de piel tostada abandonaba la cubierta. Seguía los pasos de aquel que dio su discurso, cual sombra tardía, y en cada pisar marcaba las futuras palabras. Allí dentro se escondían verdades que debían saberse. El anuncio no era opcional.

La guía en el barco se construía sobre la simplicidad de unos estrechos pasillos. Todo nacido de los árboles, y distinguido solo por la comprensiva humana. Dos fuegos diminutos estaban anclados a sus cuerpos de cera, que morían con la misma lentitud que el casco del barco. Éstos eran la entrada a una de las pocas salas que no albergarían a los somniolentos ni a la comida. La vía se inundaría del eco rebotando a cada paso, el que no se filtraba a través de la madera como termitas. Pero en la mitad de ella, ese sonido calló al dejar paso al de la puerta, cuyas bisagras metálicas chirriaban, quejosas de la humedad y algunas heridas de óxido. Bajo los fuegos, una difusa silueta que solo reconocían aquéllos, los ojos que habían dibujado meses en el pasado el collar de la garganta. — Kazuo. — Revelaban en la soledad del pasillo. El dibujo del guerrero tras la puerta era borroso, y solo permitía a los bicolores especular dentro de la ignorancia. El misterio dentro del camarote involucraba a un hermano, y el silencio no podía negar el conocimiento. El serio espadachín avanzó y pasó con educación al más bajo, hasta que penetraría en la cámara de Taro Bokushi. Otros hubiesen apreciado el minimalismo de su lujo, sin lustrosos papeles de pared, ni sedosas telas ni asiento más señorial que una silla. Lo que veían los ojos en el rostro de aquel joven espadachín, antes de caer al suelo en su particular saludo, sería el reflejo ígneo sobre una temible arma, gloriosa compañera de la diestra mano de su dueño. — Con permiso, Bokushi-dono. Mi nombre es Katta, enviado desde el feudo de Kakkinoaru'en, del País del Fuego. Hay algo que deseo compartir con usted. — En una tonalidad más íntima que al aire libre, pero las palabras seguían su mismo recorrido. Recto y directo como un mortífero corte. La figura resurgiría tras el saludo del de una sola katana. — Adelante. — El Bokushi, que había tomado de nuevo su pequeño libro volvió a dejarlo sobre la mesa. Su seriedad y trato neutro habituales escondían los sentimientos encontrados que el nombre de aquel feudo le producía. — Por supuesto Katta-san, cuénteme cuanto necesite. —

La postura del invitado espadachín recobraría la normalidad. Los músculos tiraban de él como un educado títere cuyas reverencias formaban parte de involuntarios espasmos como el contraerse del corazón. — Es sobre sus palabras, señor. — y seguidamente cerraría la puerta tras de si. Privacidad, era una de las cortesías que se debía mostrar en esas conversaciónes. — Dijo que nuestro objetivo era el conocimiento sobre Occidente. Uno que pudiese acabar con la guerra. — Estaría intentando pedir una explicación más básica, permitir que se explayase más antes de dar directamente sus cuestiones. Al contrario que los filos, las palabras no eran parte del espadachín. Él las escogía por la claridad de su mensaje, pero el empleo de ellas resultaba lejano a los poéticos. Era, el espadachín, un hombre simple. — Comprendo que tengas dudas, y haces bien en venir a consultarlas. Lo cierto es que venimos en nombre de todos los feudos, cada uno con objetivos dispares. Acabar con la guerra no siempre se hace mediante la paz. — dejaba caer dando a entender para qué podía ser empleado el conocimiento que posteriormente entregaran. Una breve pausa que encaraba el discurso de un modo distinto. — El objetivo común, la misión general, es bien simple. Debemos llegar de una pieza a las tierras occidentales y confirmar que se trata del lugar en donde habitan estas personas. Lo demás corre de nuestra cuenta y riesgo. — Estaba serio, seco. Casi tenso. Explicaba todo sin emoción, de una forma mecánica. Katta, en cambio, conseguía rescatar la nota disonante de aquella frase. Un detalle extraño, y por el que debía preguntar, pues el Bokushi tenía derecho a explicar. — ¿Lo demás? — Le resultaría raro que hablando con seguridad no tuviese algún final más conciso. Taro cruzó los brazos y sonrió un poco. El espadachín lo acorralaba, y le tocaría sincerarse. — Yo no estoy aquí porque me haya enviado ningún feudo, ni porque le deba lealtad a nadie. No me gustaría conformarme con  informar a los de arriba. Quisiera conocer más de la situación occidental, pues conozco a sus guerreros, pero no a su pueblo. Además, si puedo emplear mi katana para protegeros a vosotros, de algo habrá servido mi presencia en este barco. —

Sonreiría con él, con la forma de hablar y actuar, al menos, convencería a Katta de esas intenciones. Además, la mención de los guerreros le haría recordar vagamente a Lanzward. La espada de madera. La tensión en los músculos que hábilmente habían sido golpeado, y la forma en que cada movimiento había instruido al espadachín. Un recuerdo muy lejano a la hostilidad de una guerra. La espada que descansaba a la vera del de cabello largo había logrado tañer su melodía con las de hombres de cualidades similares, una imaginación que alteraba al espadachín y lo agitaba con emoción oculta. — ¿Entonces ya ha conocido a Occidentales? — Frenaría un poco, como corrigiendo su pregunta. — ¿Conoce Occidente? — Había evadido aquello de 'los de arriba' a propósito, pero no había pasado desapercibido. Taro relajó los hombros. Ver que el objetivo secreto del Bokushi no alarmaba a un fiel seguidor de aquel feudo tan disciplinado logró hacerle abrirse un poco. Su hablar era más fluido, sus brazos seguían cruzados. — No he conocido Occidente, pero sí a sus guerreros. Mis hermanas descubrieron su presencia en oriente y trataron de evitar aquel gran intento de provocar una guerra a gran escala a partir de las reuniones en el país del Rayo. Seguirles la pista desde demasiado cerca fue peligroso. Fueron capturadas, y cuando intenté rescatarlas yo también terminé prisionero. — No había motivo para ocultarlo, por eso lo contaba, mas tampoco era una experiencia de la que le gustara hablar. Katta no podría evitar formarse una imagen de las celdas habituales en su tierra, y la pregunta de si en el otro continente eran distintas. Pero no era capaz de inquirir por una experiencia traumática, la memoria era un reino que no podía invadirse. — ¿Cree que Occidente puede buscar algo en nuestras tierras igual que nosotros nos dirigimos a las suyas? — No podía evitar repetirse lo que había dicho segundos atrás. — ¿Cree que ninguno busca la paz con el otro? — Había dejado de sonreír, y descubierto una de sus dudas adentradas, directo como él podía ser. Pues ese era un saber imperioso de conocer. — Hay algo que tengo claro Katta, y es que nuestro continente no desea la paz. — contundencia, ferocidad. Hacía tiempo que odiaba a quienes dirigían la tierra que tanto amaba. — Tampoco confío en los occidentales, pero mientras haya esperanza de hallar un modo de detenerlos sin acabar con toda su cultura lucharé por esa posibilidad. — debía relativizar, tal vez podía ser malinterpretado. — Esto no significa que esté de su bando, asesinaré sin temblar a todo aquel que ose amenazaros. Es una situación complicada. No sabré qué es lo correcto hasta no poseer la suficiente información. —

Solo oír sobre el asesinar alteraría a las espadas de Katta, y él las calmaba apoyando la mano derecha sobre algunas de las del mismo lado. En el idioma de aquellos aceros y su creador no había tabúes. El asesinato no era tratado como el mayor pecado, sino como lo que era. Un método excesivo, totalitario. A menudo cruel. Destruía las espadas con la sangre borboteando sobre ellas. Como en las guerras que siempre habían existido. El asesinato no era para lo que existían las espadas. Miraría a la del mayor, por querer ver reaccionar al metal. — Entiendo, Bokushi-dono. — Aunque era supuestamente un superior, mirar a los ojos era otro signo de respeto. — ¿Cree realmente que esa información puede parar las guerras? — Por primera vez se le oiría un diminuto temblor, pero de algo indeterminado. Mirada contra mirada. El respeto que le entregaba el pelinegro lo devolvía el castaño a través de sus marrones. Por primera vez desligó sus brazos mostrando su pecho firme, ya sin nada que esconder. — Ya no es necesario el -dono. — regalaría a cambio de aquel gesto. — No la información, sino lo que nosotros —énfasis en aquel pronombre. Se refería a personas, no a instituciones.— hagamos con ella. — Era lo que la perspicacia podría haber intuido. Pero eso de usar la información era algo sobre lo que el respetable sabía poco aún. Nada incluso. Era, de nuevo, lejano a las palabras en su más pura esencia. — Lo es. — Lejano a un desafío u osadía, era solo una muestra del propio espadachín. Si el Bokushi estaba interesando en la cultura occidental, ¿por qué no en la de cada humano? Katta, como al entrar, volvió a inclinarse totalmente, y dejaría ir sus espadas, con los brazos rectos y firmes. — Me gustaría pedirle un último favor antes de marchar, Bokushi-dono. Es algo importante. —

Un gesto afirmativo con la cabeza fue la respuesta que obtuvo el espadachín, dándole pie a expresarse sin temor. — Adelante. — Antes de hablar se alzaría, para pedir con sinceridad su favor. — Si es a mi a quien amenazan, no alce su espada. — La mano caería sobre la katana con el mismo nombre. — A mi me blande la paz. Debo protegerlos a 'todos'. — Tras mirar a los ojos que compartían la mitad de su color, también miraría a la espada del Bokushi. También a ella se lo pedía. — Tuve oportunidad de conocer partes del estilo de combate de un guerrero occidental. Con gusto puedo explicar lo básico a toda la tripulación. Con permiso, Bokushi-dono. — Esperaría entonces a la última señal para poder partir. No habría un atisbo de duda o miedo por su petición.

Por fin, la expresión de Taro pasó, por primera vez en lo que llevaba de viaje, a una sonrisa. — Me recuerdas a cierto sujeto. — confesó girándose para darle su perfil. No le miraba a él, parecía que su atención apuntaba a algún lugar en sus pensamientos. — Te honra ese pensar, pero debo advertirte cautela. Ese tipo de filosofía fue la que provocó que mi clan se extinguiera. Máxima Bokushi número cinco: no pretendas cambiar el mundo si no crees que la gente pueda cambiar. — citaba con melancolía. — bajo ese mantra perdonamos a quien acabó con nosotros. — Recordar el pasado lo volvía vulnerable, pero un hombre como él no sucumbiría a la debilidad de dar la espalda para ocultar su rostro. Lo miró de frente para despedirlo con unos ojos humedecidos que contrastaban con la expresión serena de un bravo luchador: — Si lo consideras apropiado, creo que será una valiosa lección por tu parte. Avísame cuando lo tengas todo preparado, es importante que aprenda yo también. — El que albergaba múltiples espadas guardó un momento de silencio. Reaccionaba a los honores de una forma personal. — Jamás he creído lo contrario. — Respeto. Por esa máxima, y por la sangre Bokushi, totalmente desconocida para el espadachín. Por el modo en que no ocultaría, el potente guerrero, nada. — Si puede detallar las formas de las armas occidentales, lo prepararé todo de inmediato. De momento solo sé lo que pude deducir del guerrero. Será un honor enseñarles. — El Bokushi respondió. — Espadas más cortas pero de mayor grosor. De un acero más pesado. Aunque debo advertirte, no sólo peleaban con filo. También usan libros y bastones. Emplean un ninjutsu muy extraño con ellos. — Kattaquedó otra vez callado. Ninjutsu. Resonaba cerca de los oídos cual zumbido de insectos. — A bordo viaja uno de los hombres más fuertes que conozco. Si usan algún tipo de ninjutsu, él sabrá qué hacer. — Confianza total por aquel que acababa de salir del camarote. Sonreiría Katta de nuevo. — Me alegra saber... — Desviaría la mirada por primera vez, a sus propio armamento. — ... que hay algo que comparten ambas tierras. — Volvería a inclinarse. — Le agradezco sus palabras, Bokushi-dono. Serán valiosas en el viaje. —

El espadachín emergió finalmente del camarote. Durante la lenta marcha por el pasillo, las telas oscuras que se ataban alrededor de la cadera comenzaron a tomar forma. Inusualmente cubierto por la indumentaria, quien blandía diversas espadas buscó desde la elevada posición la ya conocida capa café de bordes raídos. Un camino tranquilo atravesaba el barco, y sin palabras, las espada sonaban a la siniestra del fumador, tañendo su discreta melodía. La viva mirada terrosa buscó unos instantes la oscura, y luego cayó al mar. Kazuo había cambiado. Antes de desaparecer, cuando regresó. Y cada día, algo diferente surgía o desaparecía. Katta se preguntaba si los azabaches también podrían contemplar algo distinto más allá de añadir centímetros y cortes.  — Le he pedido enseñar a la tripulación algo sobre el estilo de los Occidentales con las armas. Lo poco que sé. Me ha dicho que usan un tipo extraño de ninjutsu, con libros y bastones. — Era, esa última, una desanimada parte de la conversación. Ese distinto Katta, sin importar qué, no podía desconfiar del distinto Kazuo.

Datos:
Estadísticas:
Taijutsu: 10.10.
Fuerza: 10.10.
Velocidad: 8.10.
Resistencia: 9.10.

Inventario:
Ryusei.
Vendas.
Calmantes: x05.
Sanguíneos: x05.
Katta
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Re: { 11º Examen Chuunin } NOVAM DIRECTIONEM, IGNOTUM

Mensaje por Natsubari el Sáb Feb 25, 2017 8:20 pm


Sabía bien lo que había dicho. No acercarse más a la tripulación, ¡No hacerlo! ¡Pero no podía dejar así el asunto! Se sentía mal respecto a la actitud que había tomado con Azura. Insistió en algo que quizás a ella le ofendía. Fue una mala chica y no quería su amistad, no, solo disculparse como la gente le bastaría. Podía ir directamente a ella o…

« Preguntarle a ese chico…  El que interrumpió cuando hablábamos ».

Se veía animado, hablador, por lo que se levantó de su adorado rincón, abandonando todo su sentido común y reglas. Era terca como una mula cuando alguna idea se le metía a la mente después de todo. Se acercó al muchacho, ese que se veía tan animado para alzar la mano a modo de saludo. Solo debía imaginarlo con el cabello rubio y esos ojos tan curiosos que tenía el idiota de Zack, así sería más natural hablarle… Si.

Buenas noches… ¿Puedo hablar contigo un momento? Mi nombre es Natsubari y no, no bebo alcohol, pero si tengo algo que pedirte.

Aplicó todo lo que había aprendido de la lección anterior esperando que ser más directa esta vez trajera mejores resultados, pero, ¿quién sabía? Quizás y le terminaba saliendo el tiro por la culata de nuevo. Ya no sabía que esperar de su suerte.

¿Y que hizo el chico? La miró con una sonrisa de ebrio esbozada en la cara. A pesar de que notaba su estado de ebriedad, parecía dispuesto a hablar. ¿Qué tanto? Esperaba que lo justo para que pudiera preguntarle por el asunto que era de su interés.  

¡¿Qué no bebes?! ¡A eso hay que ponerle solución!

Empezó a acercarle la jarra a la boca hasta atosigarla como pudo. La incomodidad atacó, no iba a negar sus ganas de golpearlo en ese momento. ¿Por qué demonios debía ser de ese modo? Estaba ebrio, sí, y los ebrios nunca se comportaban como la gente. Esperaba que… No, no, tenía que calmarse. Era su oportunidad, ¡Debía aguantar! Entenderlo, sí.

« Natsubari, respira y cuenta hasta diez… Oi, ¿Me escuchas? No hagas ninguna tontería… Estas aquí para pedir disculpas no para meterte en más problemas ».

Su sombra podía decirle muchas cosas, pero su primer impulso fue tomar esa jarra y echársela encima. Nada sacaría con eso, así que haciendo uso de una fuerza moderada quitó la jarra de su paso para mirarlo de manera bastante dura. A la siguiente no sabía si sería tan amable, así que procedió a hablar con rudeza, sí, solo la tenía pocas veces como aquella. Aunque no negaba que haberse imaginado a Zack así de ebrio fue gracioso, un factor para que se relajara.

He dicho no.―Suspiró para calmarse aún más, volver a su neutralidad―Tú sigues bebiendo, yo me quedo aquí contigo sin beber y tú me respondes lo que yo te pregunte, ¿Si? Será corto y pronto volverás a lo tuyo. Sé un buen chico.

Intentó ser firme, al menos eso se notó, pues tampoco quería sonar demasiado ruda como si estuviera predispuesta al conflicto. Esperó a ver su reacción para seguir intentándolo o solo molestarse, renunciar e ir directamente ante quien antes abandonó para pedirle disculpas y lanzarse al mar. Su más profundo deseo era ese, ahogarse en el mar a ver si dejaba de molestarse consigo misma por estupideces, que no eran tanto así, o si no, no les estaría dando tanta importancia. La miró levantando las cejas levemente y con una sonrisilla pícara. No sabía si estaba tramando algo, pero si lo intentaba…

Ay si... he sido un chico malo... Quizá alguien debería castigarme...―Empezó a mover aquellas mismas cejas repetidamente, hasta parar en seco con una carcajada realmente extraña que le hizo hasta soltar alguna lagrima al chico ahí―Vale, vale.―Dio un trago más a la jarra de cerveza, uno largo que acabó con un suspiro al aire y un puñetazo en su pecho―Anda dime, Nat―No entendía porque estaba acortando su nombre, pero mientras eso sirviera para tenerlo un poco más quieto, no le importaba mucho―Pero debo advertirte, contra más tardes, más beberé y más me costará retenerme.―Volvió a mover las cejas con una sonrisa de oreja a oreja en la boca para concluir con un estúpido―Rawr―De nuevo dejó salir aquella carcajada tan sonora a la que ya se estaba acostumbrando. Aun así, debía volverse a preguntar muchas cosas respecto a ese sujeto.

« ¿Qué hice para merecer esto? ».

Era una pregunta estúpida que su sombra tuvo la cortesía de contestarle entre carcajadas.

« Nacer y ser tú, Natsubari. Anda, pregúntale al señor Rawr antes de lo que lo perdamos como ente razonable ».

Tuvo que suspirar y buscar no reír, bueno, no, no se reía por nada, pero ese tipo y el sensual movimiento de cejas le hizo tentarse por primera vez a dejar libre la risa, resistió la tentación para pasar a lo importante. No debía desviarse más del asunto, no.

¿Qué tanto sabes de Azura?

Mal comienzo, pero ya había hablado. Así que esperó otra muestra de ebriedad de su nuevo acompañante; el joven ‘Rawr’, para saber cómo seguir esa curiosa conversación.

¿Azu? Qué podría decirte... nunca quiere...satisfacerme.―Le guiñó un ojo, suponía que no podía evitar hablar de eso. Lo dejaría ser, llegó a esa conclusión―Buueeeeeeeeno, vale. Lo cierto es que no sabría decirte mucho. No suelo prestar mucha atención a la gente... ni a nada en general―Se llevó la mano a la parte trasera de su cabeza para empezar a rascársela mientras esbozaba una sonrisa avergonzado―Es verdaderamente buena en cuanto a espadas se refiere, la verdad. ―sus ojos se enfocaron allá donde se encontraba la chica de cabellos verdes. ¿Por qué la enfocaba? Supuso que porque estaba hablando de ella.

Había algo que había cambiado en la conversación, pero no pudo notar que era precisamente. Si esa era toda la información que iba a obtener… Sería mejor ir al grano, aunque notaba cierto afecto que supuso se daba entre camaradas en un barco. Ser amigos era genial, ¿Verdad? A ella no se le daba bien, pero suponía que lo era.

Es una buena chica―Concluyó antes de volver a suspirar. Si, iba a terminar consumiéndose en suspiros de seguir así―Chico, si se molestara contigo, ¿qué harías para pedirle disculpas?

Una pregunta un tanto boba, pero honesta. Quizás no lo había planteado de buena manera, pero era lo que quedaba cuando veía al chico presente ahí. No era tan malo después de todo, solo estaba ebrio. Se sonrojó, lo hizo otra vez como antes no pensó que lo haría frente a ella. Las preguntas de nuevo llegaron pero esperó a que terminara de hablar para sacar conclusiones.

Bueno... Ella siempre se molesta conmigo, supongo que ya me he acostumbrado jaja.―Parecía una risa entrecortada. Se encogió de hombros para continuar bebiendo cerveza con la mirada algo apagada, ¿No era raro que no hubiera hecho otro tipo de comentario como lo venía haciendo desde hace un rato? No entendía ese cambio del todo.

« Tampoco funcionó… ».

Por un momento se quedó observándolo con detenimiento. No quería ser inoportuna y no la había ayudado en su dilema, pero, ¿Por qué no había respondido de manera más efusiva? Se lo pensó de nuevo sintiendo como si aquello apuntara a algo importante, no le incumbía, pero antes de decidir ir directo a la chica de nuevo, le preguntaría quizás por mera cortesía como se encontraba o quizás el alegre chico si le estaba preocupando por ese mínimo detalle.

¿Estás bien?

Dio un gran trago a la jarra que tenía con él, seguido además de un fuerte resoplido cargado de alcohol en el aire, al pasar algunos segundos, volvió a mirarla para dedicarle una gran sonrisa, esa que parecía ya muy propia del tripulante.  

¿Cómo no iba a estarlo con una belleza como tú al lado?―Concluyó su acompañante con un guiño y una estridente carcajada.

Por primera vez en la noche no se sintió ofendida. Le alegraba ver qué ese sentido del humor tan especial volvía. Pero sus objetivos debían seguir y ella moverse. Quizás no consiguió lo que quería –y quizás de nuevo estaba dándole un rodeo innecesario a las cosas–pero nada de eso importó luego. ¿Cómo era que se despedía de alguien así? Recordó aquella vez que terminó en medio de un bar para imitar a un sujeto grande y barbón.

Gracias por responder a mis preguntas―A medias, pero lo hizo. Golpecitos que dio en esa espalda para intentar sonreír sin conseguirlo―Eres un buen chico.

¿Algo más que decir? Quizás no. Más estaba decidida a ir a otro asunto en ese momento. Pronto se encaminó a su destino, dándole una mirada al buen sujeto aquel… Ah, debió preguntarle su nombre. Ya lo haría luego, lo prometía.


■■■

Luego de separarse del agradable chico, se decidió a ir por Azura. Pero lo cierto era que en vez de caminar hacia su posición,  se dirigió hacia donde se había ido el sujeto tan alto con el que debía hablar. Tomó aire, se quedó detrás de la puerta un rato hasta que decidió dar claros golpes para averiguar si estaba ahí o no, y si estaba dispuesto a atenderla también.

Señor Bokushi, ¿Puedo pasar?

¿Lo había dicho bien? Aunque no se notara en su rostro, estaba nerviosa, sí.

Está abierto, puede pasar.―Le respondió una grave voz desde el interior de la sala. Cuando  abrió la puerta pudo ver un hombre absorto en la lectura. Se había quitado ya el casco, el cual reposaba en la mesa sobre la que apoyaba sus codos. Sentado en una pequeña silla, el señor Bokushi no le dirigía su mirada―Disculpe... ¿Qué desea?―páginas que se cerraban, hombre que se levantaba. Cruzar los brazos parecía ser su postura por defecto.

Al escuchar la afirmativa entró sin demasiada prisa, preguntandose con cierta curiosidad qué tanto leía, no era su problema, no. Debía concentrarse, pues una vez lo vio de pie, pudo notar que con solo su presencia era bastante Imponente. Tosió con disimulo para calmarse, ir al tema.

Necesito hablar con usted sobre algo… Algo que tiene que ver con la misión, pero antes necesito que me responda, por favor. ―No estaba en sus planes hablar de eso, ¿Por qué lo estaba diciendo entonces? ―¿Cuál es su postura frente a los occidentales?

Sé que quienes pelean son peligrosos, y que tienen un objetivo que ignoro, pero desconozco la situación de su pueblo o la presencia de diferentes bandos. Estoy aquí para averiguar más sobre ellos, aparte de para protegeros. No puedo juzgar a alguien sin conocer toda la información. ―Minutos en silencio en que se sintió observada. ¿Había algo más que quisiera decir Taro Bokushi antes de que emitiera su juicio sobre sus anteriores palabras? ―Por lo que veo usted no porta el símbolo de ningún feudo consigo. ¿Cuál es su postura al respecto? ¿Por qué ha decidido embarcarse en esta misión?

La respuesta la dejó satisfecha. Si él podía ayudarla… Si él podía ayudarla a encontrar una solución… No le importaba tener que entregarle la información que poseía. A pesar de que aún podía ser un riesgo, pudo captar la sinceridad en sus palabras. La pregunta llegó y quiso sonreír como en otras ocasiones, pero de nuevo no pudo.

Odio los feudos y a toda organización que quiera asesinar gente inocente solo por sus ambiciones de tierras y poder. Soy de un país menor, el país de las Aves. Estoy aquí por una promesa, una que pienso cumplir al coste que sea ―Si bien había elevado el tono de su voz, no fue para mostrarle falta de respeto ni nada. Suspiró intentando calmarse, debía estarlo.―Sé que no todos los occidentales son malos. Y también sé que Xander no es nuestro enemigo, señor Bokushi.

Esperaría para ver su reacción. El miedo se había ido, también la inseguridad… Solo quería cumplir su promesa y no había verdad más grande que aquella. Algo había en sus palabras que causó en el mayor una reacción curiosa, como si estuviera evocando recuerdos lejanos, ajenos a su persona. Esperó en silencio, intrigada por lo que estaría pensando.

Conozco a Xander en persona. ¿Qué podría eximirle de la tortura y el asesinato?―Le arrojó con desafío en cada una de sus palabras―He venido a evitar la guerra, a salvar al pueblo occidental, pero no creo que pueda dejar libre a ese sujeto.―Parecía ser alguien duro, tozudo. Parecía estar meditando de nuevo sobre algo, ¿Por qué? La situación no se veía favorable, pero seguiría adelante.―Pero escucharé con atención cuanto tengas que decirme.

Ni yo sé lo que ha vivido, ni pretendo excusar a Xander de lo que hiciera en un pasado. Pero sé que confío en ese imbécil tanto como para creer en todo lo que me dijo ―Firme se mantuvo. Volvió a llenar sus pulmones con aire.―Si quiere evitar el derramamiento de sangre innecesaria, créame que estamos del mismo lado―Supuso que tendría que comenzar a contar todo, ¿Desde el principio? Probablemente―Hace un tiempo en una misión cualquiera conocí a un occidental. Pasaron muchas cosas, pero yo le debo mi vida ya que él me salvo cuando mi propio compañero me dejo atrás sin siquiera cuestionarse si estaba bien o no…― Silencio. Su mirada buscó la del mayor ahí―Él me contó algunas cosas sobre occidente. Cosas que creo serían de gran utilidad para evitar una masacre innecesaria, tanto de nuestro pueblo como el de los occidentales. Y eso es lo que quiero, ni excusar, ni remediar… Solo intentar que esto no se convierta en una guerra total. ¿Creerá en mi palabra, Señor Bokushi?

Bajó el tono a medida que iba avanzando en su relato. No esperaba mucho, pero si debía apostar a algo, lo haría con toda la fe que jamás había tenido en su vida.

Creo fielmente en tu palabra, el hecho de que conozcas ese nombre es prueba irrefutable de tu credibilidad. Tus intenciones me parecen nobles, y si hay algo que deteste por encima de la compasión injustificada es el derramamiento de sangre innecesario, y puesto que eres la segunda persona que me lo pide trataré de mantener enfundada mi espada mientras pueda.―descruzó los brazos y apoyó una de sus manos sobre el mango de su katana, como tratando de calmarla. ―Soy todo oídos. Cuéntame cuánto deba saber.

Gracias.

Ese voto de confianza era lo único que necesitaba para seguir hablando.

Los occidentales están hace bastante tiempo en tierra oriental por lo que me contó. ¿Con qué objetivo? Quieren nuestras tierras, y me parece que no es Xander quien busca esto por cuenta propia sino que es mandado por un ‘rey’.―Había meditado mucho acerca de eso. Quien estaba por encima de Xander… El rey, no se escuchaba como una persona muy tratable y a su imaginación solo podía llegar la imagen de alguien temible―Lo diré tal cual él me lo dijo “Necesitamos vuestras tierras, vuestro chakra, para sobrevivir”―Citó al idiota de Zack para seguir―El continente de occidente se está muriendo. Los cultivos se secan, al parecer ‘cazar’ tampoco es algo recomendable para ellos por los peligros que presenta. Y siendo así, ¿que nos puede esperar en occidente? Muchas cosas, señor Bokushi.

Le miró antes de revisar en sus cosas para sacar la daga que traía consigo, aquella que señalaba una gema sin chakra ya. La sacó cuidadosamente para señalar a la fuente de poder de los occidentales.

Supongo que ya debe saber los peligros de esta gema y que estas le dan el poder a algunos occidentales en ataques. Pude vivir en carne propia sus efectos―Aunque peor le había ido a Kenshi, si―Según lo que recuerdo también, y no estoy del todo segura. El Senjutsu podría estar relacionado a todo el problema... O la solución―Se quedó con daga en mano para esperar la respuesta, esa que buscaba―¿qué piensa de todo esto?

Porque ella lo había estado meditando meses… Y aun de ese modo, la sola idea de un continente así la asustaba.

Entonces, por lo que cuentas... Debo entender los experimentos de Xander como un modo de encontrar ese Senjutsu del que sospechan es la solución.―Ojos cerrados, estaba meditando. ―Debería haber empezado por ahí entonces, explicar la situación...―Un resoplido denotaría que estaba teniendo, quizás, una lucha interna.―Supongo que no me queda otra. Máxima Bokushi número dos: nunca abandones a alguien que te necesite. Si realmente se demuestra que la causa de Xander puede salvar a los suyos yo mismo trataré de ayudarlo con mi Senjutsu. Pero no voy a bajar la guardia, ni perdonar a quien no lo merezca.

Admiración, esperanza. Había resultado, ¡Había resultado! Una parte de ella sintió un profundo alivio por haber atinado a contarle su conocimiento a la persona correcta, la otra simplemente quería desplomarse ahí por la presión. No sabía en qué momento había convertido su causa en detener guerras… Pero, juraba que solo quería descansar en paz sabiendo que el país de las Aves no sufriría consecuencia alguna.

Le agradezco la consideración―Ahora ya tenía un problema menos, y estaba más cerca de poder darle una respuesta a ese idiota―Sé que por mi cuenta, no tengo ninguna posibilidad de lograr mi objetivo, por eso no puedo ser tan arrogante e intentarlo sola. ―Se sinceró, ¿Por qué?―Pero creo en mi fuerza. Algunas personas nacen para ser héroes, brillar, ese no es mi caso, pero ayudare en lo que pueda, señor Bokushi. Por favor, cuente conmigo para lo que surja.  

Se iría en cualquier momento. Aunque aún le quedaban un par de dudas, no abarcaban los temas de los occidentales sino algunas tonterías triviales. Esperaría a ver si no necesitaba más de ella para retirarse. Quedaban cosas por hacer… Personas a quienes hablarles. Ah, odiaba no ser tan sociable, se recordó para mirar a un punto cualquiera de la habitación.

No se subestime, señorita. Una de mis hermanas es más pequeña que tú y está hecha toda una heroína, se lo aseguro. Como dice la segunda máxima, incluso la más pequeña estrella tiene un brillo en la oscuridad. Créame que me ha ayudado, me ha llenado de esperanzas.―Sus palabras fueron de gran ayuda para ella. Con eso dicho y la manera en que las profesaba, cierta confianza logró ganar a sus ojos.―La tendré en cuenta como dice. Gracias una vez más por la información.

Si bien era cierto que necesitaba preguntar algunas cosas más, el ver como se ponía cómodo de nuevo le dio la señal para salir. Suspiró antes de darse la vuelta aun con algunas dudas, no de cosas importantes, no. Trivialidades acudieron a su mente una vez estuvo fuera de la habitación de Taro Bokushi. ¿A dónde iría ahora? Volviendo a su dilema de disculparse, lo obvio era ir hacia donde la chica en cuestión se encontraba, pero con medio conflicto bélico a gran escala resuelto, ¿Por qué le resultaba tan difícil disculparse? No lo sabía, pero si estaba segura que el agotamiento de sus constantes charlas le exigía un poco de descanso.

Con eso en mente, decidió encaminarse hacia su camarote para descansar un poco. Ya pensaría luego que más hacer, porque aún no se rendía y no sabía cuántas horas duraría el viaje, pero necesitaba planear todo con anticipación si quería tener una buena llegada a occidente.

« Llegada… Eh, ¿Podremos llegar siquiera? ».

« No le des más vueltas al asunto y descansa. Natsubari, lo has hecho bien, ahora debes descansar para que ese cerebro tuyo siga trabajando de manera correcta ».

Antes de llegar al lugar donde le correspondía, se devolvió por el mismo camino para buscar un espacio en cubierta que no estuviera tan concurrido. Al igual que la vez pasada, buscó algún rincón para sentarse ahí, mirar el cielo, sentir la fresca brisa. Anotó unas cuantas cosas en su libreta notando que la tinta se le iba acabando solo para cerrar los ojos sin darse cuenta. Ya iría a su camarote, lo juraba…. Solo… Solo necesitaba pensar unos cuantos minutos más afuera y todo se resolvería.
Información:

Stats:

• Ninjutsu: 7
• Taijutsu: 10
• Genjutsu: 1
• Velocidad: 10
• Resistencia: 10
• Fuerza: 10

Inventario:
Hilos de alambre
Bombas de humo x2
Bombas de luz x2
Makishibix10
Cascabeles x5
Sellos explosivos x4
Kunais x10
Tantô
Daga de Zack
Alcohol x1
Vendas
Natsubari
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Re: { 11º Examen Chuunin } NOVAM DIRECTIONEM, IGNOTUM

Mensaje por Azazel el Dom Feb 26, 2017 5:23 pm




Even the smiles must fight sometimes ♫


• País del fuego – Oficina de la capital – Una semana antes, por la mañana. •


Dos siluetas se encaraban con la mirada sentados uno frente al otro, en silencio, tan solo separados por un escritorio que por la cantidad de papeles que allí había denotaban mucho trabajo y burocracia. De estas dos siluetas se alargaban temblorosas unas sombras como si tuviesen vida gracias a las pinceladas que producía la luz de una vela. Su llamarada danzaba cada cierto tiempo mezclándose entre el humo de un puro junto al suspiro que por lógica le acompañaba proveniente de la silueta con más años a sus espaldas, la que se encontraba posando imponente tras el escritorio.

Izaya, la última vez que me llamaste directamente me ordenaste acompañar a un esbirro de la dama del fuego para dar una paliza a un crio algo travieso— Dijo Azazel seco pero tranquilo.

Fue necesario y siempre que te llame, será por algo necesario, no espero que lo comprendas y de hecho tampoco necesito que lo hagas. — Volvió a exhalar el aire de un puro volviendo darle ritmo a la luz de las velas. —Esta vez es algo mucho más importante que conlleva ascensos y todo eso que te importa un pimiento, es algo que todos los países están haciendo colaborando entre sí, supongo que habrás escuchado sobre los rumores de los extranjeros. —

—Así es, escuche de ellos incluso he conocido algunos afectados directos. — Callo unos segundos intentando evadir el humo que poco a poco su aroma se volvía mas atrayente. — Al final habrá guerra ¿verdad? —

— Es muy probable— Se acomodó hacia atrás en la silla antes de seguir— Pero si el continente entero se ha puesto de acuerdo es que es serio. Van a enviar a un contingente pequeño de genins la mayoría, casi es un suicidio, cruzaran el mar y averiguaran sobre estos extranjeros y tu vas a ir con ellos. — Los ojos de Izaya se separaron del duelo inicial con los de Azazel, parecía dolido como si realmente no quisiera dar la orden-

— Esta bien, veré que puedo hacer… aunque sea imposible o muy difícil intentare evitar la guerra y en el peor de los casos que afecte lo menos posible. — Izaya se sorprendió dejando el puro en un cenicero, incorporándose de la silla retomando la vista a los ojos dispares de Azazel para finalmente suspirar como si un peso que le oprimía el pecho se hubiese retirado.

—No espere que aceptases tan rápido. — Deslizo su diestra a un cajón del escritorio, dejando sobre la mesa algo envuelto en una tela. — Llévate eso como agradecimiento por cumplir con lo que te mando, es algo irónico pero te servirá. Cumple el trabajo. — El pelirrojo asintió


• País del fuego –  Floristeria Tekkadan – Día antes de partir al país de la Tierra. •

Los pasos de varias personas retumbaban por la tarima de la casa cada una de esas personas haciendo sus quehaceres. Por su parte Azazel tan solo recogia armamento y se preparaba para el viaje mientras en su cabeza trataba de pensar como decirle de la forma menos problemática a su huésped que se iba a ir durante largo tiempo.

— Kaname. — Acabo por decir el de ojos dispares. — Me han encargado una misión de importancia desde la capital, debo partir al país de la tierra, quédate y ayuda a Susan en la floristería siempre que lo necesite, eres libre de usar la casa, como siempre. —

De poco serviría, aunque no quería admitirlo en el fondo conocía a aquella muchacha que tantos momentos le estaba dando en su vida. Era impulsiva, bruta, viva, cabezota y mucho más, era evidente que no le haría caso –nunca lo hace –Y seguramente le seguiría a aquel lugar que aparentaba ser peligroso, pero el pelirrojo no pensaría en ello, ya estaba más que acostumbrado a ser manipulado por ella y no de forma maquiavélica, sino más bien pícara.

Azazel ya estaba preparado, esta vez se había adueñado de un equipamiento estándar de la capital para no ir con su ropa personal aunque le había añadido toques propios para su comodidad. Vestía con una camisa blanca y lisa de manga larga cubierto por un chaleco de cuero duro negro que se ajustaba perfectamente a su espalda y pectorales como si fuese una extensión de esos mismos músculos, a esto lo acompañaba con unos pantalones algo ajustados negros junto unos zapatos completamente cerrados y de pinta muy resistente también negros aptos para el combate. Sobre sus cabellos rojos reposaba un sombrero borsalino negro con una cinta blanca en la base de la copa –uno de los toques personales que siempre llevaba – Además en caso de no fijarte ni en su cabellera roja con destellos fucsia ni en sus ojos dispares de color marrón miel y azul celeste respectivamente seguramente te fijarías en la insignia de su pecho, una que le reconocía como miembro de la capital del país del fuego, como una fuerza neutral del propio país sin estar afiliado a ningún feudo. Sobre el chaleco en diagonales entre si habían unas cintas que sostenían varios pergaminos unos más grandes que otros dando un acceso rápido, en su espalda en la parte superior de la columna ahora colgaba un tanto, este era el regalo que Izaya le entrego aquel dia en la oficina. Para finalizar en su cintura justo en la espalda había un porta armas bastante notorio ya que allí llevaba todo su armamento a excepción de unas papeletas explosivas que estaban pegadas por dentro de sus mangas y otras partes del cuerpo dejándolas escondidas a la vista del mundo, aunque esa no era la intención.

En la entrada de la floristería le esperaba un transporte contratado por el mismo que le llevaría al país de la tierra, allí se despidió de Susan dejándole unas últimas instrucciones sobre la floristería por el tiempo que estaría fuera. Le hubiese gustado despedirse de Kaname pero no la veía, seguramente por el berrinche que esta tuvo al saber sobre la marcha de Azazel y de su voluntad para que esta no la siguiese, aunque el berrinche fue más por la prohibición que por que Azazel se marchase, o eso creía el pelirrojo.


• País de la Tierra– puerto del país•

Destacaba y mucho.
El pelirrojo parecía una fuente de colores dentro de esa situación, el ambiente tétrico, oscuro y tenso, no hacía que Azazel dejase de ser sí mismo –Al menos por el momento – manteniendo su sonrisa blanca y sincera hacia el mundo y los que le rodeaban pero teniendo completamente presente el porque estaba aquí, previsiones de guerra.

— Sigo pensando que no es buena idea que me acompañes, a ti no te han ordenado nada Kaname—

Anuncio a medida que observaba más detenidamente el ambiente a su alrededor, todo emanaba cierta hostilidad –típico si te diriges a la guerra, supongo – algo que hacia contraria la presencia de Kaname a las razones por las que el decidió aceptar el encargo de Izaya ¿Qué punto tenia venir para evitar que enviasen un crio en su lugar, si al final la cría más caprichosa de todas venia de todas formas? En fin, ahora debería lidiar con ello.

El barco no se quedaba atrás con el ambiente general, estillado, con numerosos usos en sus tablas las cuales a cada paso que dabas sobre ellas crujían además de signos de numerosos combates. A medida que la tripulación variopinta aparecía nuevos personajes destacaban de entre ellos. Finalmente un hombre que le parecía familiar –más bien su armadura – alzó su presencia sobre la del resto y con voz sobrecogedora discursaba unas palabras que alegraban a Azazel “Nuestra misión no es luchar, es recabar información.” Eso fue lo que mayormente retuvo de aquel discurso, se le veía contento, sin esconderlo y tampoco necesitaba hacerlo, de hecho probablemente era de los pocos que siquiera intentaban ocultar algo, por ocultar ni siquiera ocultaba su insignia del pecho, la que le identificaba como guardia de la capital del fuego.

—Vaya, así que no tendremos que luchar Kaname, recabar información será la tarea, tal vez encontremos algo para parar el conflicto, o hacerlo con menor escala— se dirigió el de ojos dispares a su hiperactiva compañera.

Tras el discurso Azazel se pasó mirando a la tripulación y al resto de shinobis enviados a esta misión, los investigaba un poco, no, curioseaba más bien, seguía con su mirada a algunos con el ánimo alto y su sonrisa en el rostro, le gustaba ver que apenas habían jóvenes, que al menos todos ya tenían algo de vida a sus espaldas.


Datos:

Stats:

• Ninjutsu: 10
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 1
• Velocidad: 10
• Resistencia:10
• Fuerza:5

Armas:
• Kunay x7
• Senbons x10
• Hilos de alambre
• Pergamino mediano (con agua sellada)
• Pergamino mediano (con decenas de rocas selladas)
• Sellos explosivos x10
• Bombas de humo x2
• Bombas de Luz x1
• Tantô x1

Nota: representa que los pergaminos medianos los rellene durante la semana de preparacion anteriormente narrada.



Azazel
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Re: { 11º Examen Chuunin } NOVAM DIRECTIONEM, IGNOTUM

Mensaje por Yeul el Lun Feb 27, 2017 2:11 am



E
l carromato se detuvo frente al puerto, extrañamente solitario pudo notar. Sus pasos pronto decidieron el camino hacia la nave, que le esperaba cual entrada a una nueva experiencia, un nuevo suceso que prometía quebrar sus expectativas, y aunque su vida se mantuviese serena, como reflejo innegable de su cuerpo, mente y alma; aquel barco era el encuentro con algo desconocido, sin querer, marcaba el inicio de una nueva transición y la Sacerdotisa, compañera del agua e invocadora de la vida en ésta, sabía mejor que nadie lo que eso significaba, era la escudera del elemento del cambio.
Hiroyuki, su campante compañero, quien parecía tener una mezcla de miedo y curiosidad, le seguía mientras silbaba: hiperactivo era, todo lo contrario a la postura serena que siempre mantenía la otra, pero no era indebido, ya se había acostumbrado a su comportamiento. Las luces danzantes se reflejaban sobre el espejo verdoso que eran sus irises, espejos, y a su vez, ventanas de su pura alma. Dio entrada a la cubierta de la gran nave, que pronto barrió con su mirada con cierta meticulosidad, no llevaba desconfianza en su mente, mas los detalles cobraban importancia al estar rodeada de tantos desconocidos. Cada una de las personas, tan diferentes, que se unían por un solo objetivo, para dar vida a la expedición hacia tierras inexploradas. Las luces del barco hicieron que su nívea piel y delineada silueta saliera a relucir: Su vestidura resultaba ser liviana; en sus caderas se dejaba ondear una tela azulada que tapaba parte de los pequeños bolsos contenedores de sus armas, dejando al descubierto la vaina de su tanto; otra era en su cuello, la cual tapaba gran parte de éste, sin embargo, dejaba a la vista el símbolo tatuado sobre su brazo, que le representaba con orgullo como kunoichi del gran feudo Mogura. Su caminar resultaba ser tranquilo, era una figura de paz y esa aura resaltaba por sobre la ansiedad de su nervioso compañero.

El hombre que hizo aparición, un castaño notablemente fuerte, robó toda su atención, luego de deslizar su verdosa mirada por los demás, peculiares, terminó por asignarle un detalle para identificarlos mentalmente.
La voz masculina resonó, un discurso que buscaba enriquecer el valor de todos los presentes. Esas expresiones, esa forma de ser escudero de los sanos ideales, le era familiar mas no sabría identificar –no aún– de dónde recordaba aquello. La presentación de un formal hombre a su lado fue digno de su atención; los impolutos orbes verdosos brillaron al ver la nobleza que este contenía, y consecuentemente, sus acciones provocaron la necesidad de hacer lo mismo por su parte. Llevó su mano al centro de su pecho e inclinó su torso hacia delante de una forma más sutil en contraste con el espadachín, cerrando sus ojos momentáneamente y haciendo sonar su tan sutil tono de voz, sincera se podía palpar: —Soy Yeul, mi compañero es Hiroyuki —resolvió por presentarse, tanto ella como a su compañero, que tan pronto vio el gesto de su amiga, realizó lo mismo pero con mayor torpeza. Abrió sus ojos sin cambiar la postura, posando su visión sobre el líder y alternando finalmente sobre los demás: —. Es un placer compartir sus ideales, señor, dejo a disposición mi poder para defenderos —indicó, retornando su anterior postura erguida. Como una delicada gota de agua se mantuvo, y compartiendo la transparencia de esta, dejó ver sus puras intenciones desde un primer momento. E allí la mujer que entregaba su alma a la paz, a la protección, como si se tratara de un ángel, tan pura pero a la vez tan ajena a la realidad: La viva imagen de lo que significaba no pertenecer a ese tiempo.

El brillar de un arma llamó fugazmente su enfoque visual, y tan pronto fue escondida tras las sombras de telas oscuras, visualizó el rostro del portador de tan extraña espada: Pocos detalles pudo visualizar, sin embargo, una inquietud profunda, silenciosa pero excesivamente volátil podría ver tras sus ojos parcialmente inexpresivos. Ella, quien contenía la paz en su corazón, podía notar la turbulencia en la mente de los demás; su interés fue evidente, interés que se dio fin –momentáneamente– al verlos retirarse. «Se conocen desde antes...» puso suponer al ver a los dos hombres juntos. La voz de su compañero, quien acortó radicalmente el espacio entre ambos, llegó a su oído como susurro discreto, como aviso de un rumor. «¿Un occidental abordo?» el cuestionamiento fue como eco en su mente, terminó por visualizar el rostro de su intrépido compañero antes de llevar, una vez más, su mirada hacia los dos hombres anteriormente visualizados. —Wunjo, ahora vuelvo. Se mis ojos y oídos por aquí, no te distraigas —«...no demasiado», resolvió por ordenar. Aunque ese chico tuviera mayor rango que ella, Yeul seguía siendo su tutora espiritual, quien controlaba su hiperactividad y lo pastoreaba cual oveja.




Siguió a los masculinos, y tras ellos se vio filtrada su presencia: Inconscientemente, y de manera involuntaria, pasó como fantasma, de sombra en sombra hasta llegar con ellos. Utilizó sus delgados dedos para impedir que la puerta del camarote se cerrara en su nariz, pasando inadvertida y quedando como observadora, como parte del entorno, silenciosa ante la conversación ajena. Quizás el líder ya la había notado, quizás no, pero estaba indispuesta en irrumpir la conversación, si debía disculparse, sería después. Alojada en una esquina de la habitación, se mantuvo la Sacerdotisa. La conversación entre ese hombre encapuchado y el líder fue entablada, y el asunto primordial en ella salió a flote y sus esmeraldas se posaron sobre aquella hoja y sus oídos se agudizaron al escuchar la voz del castaño. «Xander, un occidental...» resonó en su cabeza, sus delicados dedos se entrelazaron detrás de su espalda. No le infundía ningún temor, ni curiosidad en demasía, más aquella escena le reflejaba la más pura esencia del respeto. La entrega que daba el azabache le llenaba de una sensación agradable, de familiaridad, había similitud con el honor que ella guardaba en su ser.
No pudo evitar mirarle su rostro una vez se retiraba del lugar, ella no tenía ningún tipo de problema con respecto a que detectaran su presencia, pero tal como el agua se mantenía en los lagos, ella estaba en reposo, negándose a formar corrientes innecesarias.
Dio un paso hacia adelante, mas antes que su voz pudiese salir de su garganta, otro individuo aparecía en el lugar, e inconscientemente volvió a sumirse en las sombras. ¿Timidez?, no, se limitaba a escuchar, y aunque sus acciones tuvieran puntos para ser malinterpretados de la peor manera –como si se trataba de espionaje–, su postura no cambió y su silencio tampoco lo hizo. Otro azabache, el espadachín que tomó parte de su respeto por su evidente sinceridad: Impresionada por la postura de éste, sus espadas quizás se robaban todos sus pensamientos, pensamientos que se disiparon cual neblina delgada por el calor de las palabras que pronto empezaron a danzar hacia sus oídos.
La conversación, un nudo de información que poco a poco iba desencadenando en su cabeza, la información era importante, era un poder que en manos equivocadas podía desatar las peores catástrofes, sin embargo, obtenerla para el bien de la tripulación y la misión era motivo suficiente para mantenerse en esa posición, sus disculpas por tal falta de respeto llegarían una vez estuviera sola con el líder, evento que pronto sucedió. Una vez más, desde la sombría esquina, detalló el rostro del espadachín bajo la poca iluminación antes de retirarse. Pero como si aquello, obra del destino –que quizás quería tener a la pequeña presente en todo momento–, otra figura, esta vez una femenina, cruzaba el umbral de la puerta hecha de madera oscura.

Hablaban de una monarquía con propósitos expansionistas, en donde la sobrevivencia estaba como prioridad: No podía culparlos, no del todo. Que sus propósitos acarrearan guerras sangrientas era algo que repugnaba, mas hasta lo más nobles hombres sucumbían cuando la muerte les plantaba cara, cuando su vida dependía de la muerte de otra, capaces de desviar a la oscuridad para evitar ser consumidos, así provocaran el fin de los demás. Xander, el anterior mencionado, el occidental conocido por la mayoría, parecía tener una visión más noble, a diferencia de su rey. También salió a relucir una daga, al parecer tenía la misma propiedad que la espada del azabache. Todos los que se habían presentado se ganaban su confianza, compartían ideales con la Sacerdotisa, notaba sinceridad en sus palabras, y aunque tuviera capacidad para engañarla, empezaba a confiar en ellos; De igual forma, bajo la débil luz que emanaba de las velas, detalló el rostro de la fémina y le vio salir del camarote, quizás no estaba tan sola en el mundo del ahora, quizás era momento de entender su lugar en él, pero aún no podía dejar atrás su papel, su responsabilidad.




Tras un instante en soledad y silencio, pensando que el otro ya estaba claro con su presencia, dijo: —Mis más sinceras disculpas por mi falta de educación. Mi intención no era espiar, Bokushi-dono —hizo hincapié en ello. Dio una reverencia más pronunciada, con su diestra delante de su pecho, cerrando sus ojos y sin apartar su rostro del suelo. Había incumplido sus propias normas al ser cubierta por el subterfugio por tanto tiempo, escuchar conversaciones ajenas... —Venía a plantearle mis inquietudes, mas ellos han hablado por mí. Me llena de gozo que ninjas como ellos nos acompañen, me siento afortunada al saber que el bien aún se preserva en estos tiempos. Puedo dar fe de la carencia que reside en este mundo —Comentó, sin levantar aún la mirada, vestida por sus párpados. Rígida postura que no cambiaría, a excepción que el propio superior le ordenase lo contrario. El gran líder detuvo su desnudez, mas la espalda desnuda del mismo no fue vista por los orbes verdosos, que aún se plantaban en el suelo como parte de sus disculpas. —No se disculpe señorita. Conocer bien a sus aliados es fundamental para poder confiar en ellos —explicó comprensivo el Bokushi mientras con un gesto con la mano le indicaba que se incorporara. Tomó un sencillo kimono de aquel rojo que tanto parecía gustarle y se tapó la parte superior del cuerpo para poder platicar con más comodidad. Su voz fue motivo suficiente para reanudar su postura, colocando ambas manos delante de su cintura, entrelazando los dedos, dando una vista firme y hasta severa de su persona.

Aclaró su garganta, dispuesta a conversar con mayor sencillez: —Señor, mi compañero, versado en el arte ninja y relevante en el ámbito sensorial, me ha comunicado que tenemos a un Occidental a bordo, ¿cómo debería proceder frente la situación? —indicó, como parte de la información que había llegado a sus oídos, no obstante, si era un rumor o no, carecía de importancia, simplemente quería saber cómo podría hacer frente a tal complicación. —Confío en el criterio de tu compañero. Se trata de Hiroyuki, ¿verdad? Sí se me informó que cierto Yamanaka vendría para ayudar en la misión. Lo mejor será que le preguntemos en qué basa su criterio para saber cómo actuar, sin precipitarnos —serio como era, tampoco dejaba de ser alguien atento. Se preocupaba de leer la información con la que contaba y tratar de conocer a sus compañeros—. Entonces usted debe de ser Yeul. Es un placer hablar con usted. Su feudo parece tener muchas esperanzas puestas en su persona —afirmó ante las palabras ajenas, sintiéndose honrada por ellas. Llevó su diestra desde su mejilla hasta detrás de su oreja, colocando las hebras que estorbaban allí. —Los secretos derrumbarán nuestros recientes pilares, callarnos la afirmación de esta información significaría una brecha en un momento menos indicado. No juzgo al occidental, hasta que no vea sus acciones y las consecuencias que estos desencadenen, no avivaré mi poder en su contra; es mas, un primer contacto sería indicado: Yo no he tratado con ninguno de ellos, pero mientras exista la posibilidad de humanidad en ellos, daré de mis fuerzas para encontrar la solución más justa y pacífica posible. —advirtió ante la posibilidad de aquello, sabía que él podía pensar lo mismo que ella al respecto, mas estuvo atenta a sus palabras: —Estoy con usted, Yeul, pero mantenga la guardia bien alta. Con toda probabilidad se muestren hostiles. Una guerra es algo complicado, y quien trata de detenerla siempre termina como enemigo de ambos bandos, es la dificultad que uno debe tomar por tan codiciosa hazaña. Con toda probabilidad tendremos que luchar —se sintió una vez más cómoda con el ajeno, admirándolo que con esplendor hacía que sus ideas brillaran por si solas. Mas dejarse llevar por una primera impresión no era buena opción viable, no era lo indicado el lanzarse a una cascada, con el peligro de las piedras al fondo.

Otra cosa, señor... He conocido a otro que ha utilizado una máxima con el representativo de su clan, Bokushi. Por lo que sé, ese chico que peleó a mi lado tenía un extraño abanico de habilidades y hasta un extraño dojutsu —compartió su vivencia anterior, creyó ser indicado, pero peligraba pecar por imprudente al revelar tal hecho —Es extraño. Los supervivientes del clan solemos mantenernos escondidos, y tan sólo actuamos desde las sombras. Me temo que su compañero es un renegado del clan. —soltaría con crudeza. Este Bokushi era alguien sincero y directo. Si bien no juzgaba al anterior compañero de Yeul por abandonarles tampoco trataría de esconder su condición. —Ha demostrado una cualidad de líder representativa. Como enviada de mi feudo y defensora de los ideales que compartimos, puedo dejarme a disposición de sus órdenes mientras sigan el camino de la rectitud. El honor es mi divisa, y espero que sus deseos puedan formar lazos es un futuro —sus palabras parecían formar alianzas, Yeul era diplomática y su mentalidad se basaba en ello, una diplomacia pura y transparente —Su feudo es de los pocos con los que puedo mostrarme satisfecho. Aceptaré de buen gusto su ayuda, mas no le aconsejo seguirme hasta el final. Una vez se cumplan los objetivos de la misión lo mejor será que todos den la vuelta. No quisiera poner en peligro la integridad de los demás por un deber que no tiene por qué ser el suyo —explicó dando a entender que se extralimitaría a las exigencias de la misión. Tal vez su conducta podía incluso entenderse como traición a los feudos que habían confiado en él. ¿Cómo debía actuar la peliazul que tan fiel era a su feudo?Comprendo, señor, respeto su postura al respecto —la fémina, quien no tenía ningún problema con las acciones neutrales con respecto a los feudos, permitía ese tipo de pensamiento más liberal, en donde se rigen por sus propias reglas, y se quedaba aliviada al conocer las del castaño. —Por el poder de mis ancestros y la responsabilidad que llevo con esta nueva humanidad, prometo hacer lo posible y lo imposible con el fin de asegurar la buenaventura de nuestra misión, y con ella, que la justicia abra los senderos que debamos caminar. —dio una reverencia de despedida, sujetando su collar para que no se balanceara por tal movimiento —Será un honor contar con usted. Máxima Bokushi número uno: trabajemos juntos para crear un mundo en paz. Mientras su ayuda venga en nombre de la rectitud siempre tendrá un lugar al lado de un servidor. —terminó dejándola marchar. Tomó su libro de nuevo y posó su atención entre sus páginas.




Se reintegró a la cubierta, en donde rápidamente llevó la mirada en donde se encontraba su compañero, apoyado a la baranda con su espalda. Se acercó a él, colocándose a su lado, de frente al mar, con los esmeraldas puestos en el mar. —Sobre lo que decías antes, ¿puedes identificarlo? Es de vital importancia. —cuestionó la pequeña, quien deslizó su mirada hacia él, seria, desde luego, no quería quitarle veracidad a las palabras de su compañero, pero tenían poca de esta última —No se pueden distinguir a los occidentales, Yeul, pero sí a sus armas. Se trata del chico fumador, el del pelo negro. Lleva a sus espaldas una funda negra con un arma de su continente. Las he visto en más de una ocasión. —retornó su enfoque al horizonte, respirando profundo y dejando que las sensaciones que le daba el mar le inundasen —. Olvídate de él, Wunjo, no es una amenaza —dijo sin más, conocía el estado actual, de él y de su compañero, no tenía motivos para desconfiar al haber escuchado esas palabras. Wunjo era el nombre clave que utilizaba Yeul con Hiroyuki, un nombre que era utilizado con su significado, de la lengua extranjera de su antiguo clan —Necesito todo lo que escuches, veas y sientas. Es por el bien de toda la tripulación, concéntrate, recuerda nuestro entrenamiento: No hay tormenta más problemática que la mente de un hombre, debes dominarla y vencerás. Infórmame inmediatamente apenas tengas algo. Si deseas decirme algo, este es el mejor momento —concluyó con dar el beneficio de una comunicación más amena, confiaba en él, era su compañero y su discípulo —Por el momento no detecto nada, pero tranquila, cuando encuentre algo sospechoso te avisaré. A ti y solo a ti. No término de fiarme del "líder" —apuntaba entonando cierta ironía— de esta misión —Esas palabras no le agradaron, y su postura cambió a una más cerrada: Sus brazos se cruzaron y sus verdosos se posaron sobre los contrarios —Debes ser cauteloso, no desconfiado, no hay más opción que esa —sentenció, dando un sutil giro hacia el resto de la cubierta, en donde divisó a otro individuo, misterioso, no recordaba haber escuchado su voz, con discreción le analizó y terminó por asignarle otro objetivo al Yamanaka: —El hombre encapuchado, ¿lo ves?, vigílalo con discreción —ordenó, refiriéndose al masculino recostado en los límites del barco, antes de alejarse de su lado, no esperaba una afirmación ni una pregunta, simplemente tenía sus dudas y quería cerrarlas lo más rápido posible.




Se acercó hacia aquella joven, la rubia que habló con el Bokushi. Tomó posición de loto a su lado, buscando no interrumpir lo que estaba haciendo. Respiró profundo y se relajó, mas pronto soltó una de sus reflexiones, sin venir a cuento, quizás no era la mejor entablando conversaciones, pero su sinceridad era innegable: —Frente al poder de la naturaleza somos insignificantes, tan fácil sería hundirnos por una tormenta. Pero frente al poder de los hombres, podemos hacer la diferencia, tenlo en cuenta —su voz, suave y serena, quizás si el tono de voz fuera sido el contrario, aquello se fuera tornado tétrico. La pequeña parecía pronunciar con sabiduría. Sus parpados cayeron y sus manos fueron a su regazo, meditaba. Definitivamente podía ser pésima conversando cuestiones banales.


Datos:

Apariencia:

Equipamiento:

Tanto (1)
Kunais (20)
Píldoras del Soldado (3)
Pequeño Océano
2/2
Stats:
✢ Ninjutsu: 10
✢ Taijutsu: 7
✢ Genjutsu: 7
✢ Velocidad: 10
✢ Resistencia: 10
✢ Fuerza: 10
Técnicas:


Conteo de técnicas
8 disponibles
0 usada
8 restantes

Pasiva
Sensibilidad Acuática:

Yeul
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Re: { 11º Examen Chuunin } NOVAM DIRECTIONEM, IGNOTUM

Mensaje por AlptrauM el Lun Feb 27, 2017 7:40 am

Una demostración de habilidades sería realizada por el compañero del fumador. La sombra de este mismo bajo el nombre de Kazuo, no se mostraba demasiado interesado en aceptar las enseñanzas del otro pelinegro. Será por orgullo, o simplemente porque ya ha visto suficiente de él durante muchos años. Aprovechando que se encontraba lejos del centro de atención, se movió con mayor soltura a través de las multitudes. Directamente al sujeto que le había visto. Sin siquiera emplear contacto visual, puso ambos codos sobre la barandilla del barco -no sin antes prender otro cigarrillo-, observando la negrura de las aguas que le otorgaba la noche. — Tú estabas allá. — Comenzó con una obviedad. Los dos sabían de la presencia del otro. — Durante esa noche. — Permaneció en silencio, dejando que el viento se lleve el rastro de humo que iba soltando de la boca.

— Veo que tu condición aún te permite recordar a los demás. — Disparó sin más, sin siquiera darle tiempo de absorber el golpe. Recordaba a la perfección la inestabilidad del que ahora se posaba junto a él, mientras el resto estaba demasiado preocupado de aprender algo que los ayudase a sobrevivir lo que se avecinaba. — No pensé que volvieses a aparecer en público, no después de lo ocurrido. — Agregó; Aquello último le aceleró el corazón al fumador, ¿Acaso sabía su secreto?

Esa combinación de palabras podía formar la estaca perfecta para asesinar a la bestia. De todos modos, era un arma difícil de sostener entre manos, ya que podía resultar peligroso usarla. A pesar de no mover ni un sólo músculo, la mirada de Kazuo se desvió directamente al rostro -o lo que podía verse de él- del desconocido. — No sé a qué condición te refieres. Tendrás que ser más específico. — Definitivamente sabía algo. Haber utilizado esa precisa palabra con el adicto al tabaco, sería una coincidencia de tamaño colosal. Después de lo ocurrido con ese cargamento en el País del Fuego, era más susceptible a considerar a sujetos como ese como directas amenazas. Aun así, no se precipitó. — ¿Qué es lo que te sorprende? — No había violencia oculta en su pregunta, pero sí la brusquedad habitual.

— En aquel País, fuiste en compañía de la muchacha Uchiha. Aquí, según lo que veo, vienes con aquel muchacho. — Se detuvo allí, unos segundos. Sabía lo que había conseguid con sus palabras. — Pero en aquella ocasión, no tuviste problema alguno para separarte de todos e ir a por tus propios objetivos. No pareces de aquellos que gusten estar en compañía. Y si a eso sumamos tu latente condición, la cual me sorprende que preguntes, ya que fui testigo de tu habilidad y los estragos que causa en ti. — Una leve sonrisa se dibujó en su rostro, lo suficiente para que su interlocutor la notara —. Más bien, no eres una persona que debería estar en compañía de otros

Le enfurecía por dentro el haber oído lo último. Era de saber que la cólera tenía un mecanismo mucho más destructivo bajo la piel del pelinegro. Uno que incluso él podía pagar el precio. El hecho de que le haya impactado esa oración, fue porque era la verdad a la que él mismo se sujetaba. Lo sabía. Era consciente de que no debía estar cerca de otras personas. — Haberme separado fue un error. — No le molestaba admitirlo. Exhaló el tabaco por la nariz; comenzaba a mostrar esa faceta amenazante que el sujeto parecía estar buscando. — ¿A qué quieres llegar? — Podía ser inestable, pero no idiota. Había tratado con las provocaciones de otros individuos que se habían percatado de cómo funcionaba su condición. Siempre había algún objetivo.

— ¿A qué quiero llegar? — Repitió, apartando la vista del sujeto frente a él. — A ningún lado, tú eres quien se acercó a mí. Pero déjame decirte algo, ninguna decisión que tomes debes considerarla un error, puesto que en el momento que la tomaste, fue la decisión que encontraste correcta. Tú tendrás tus motivos para operar de la forma que lo haces. Solamente recuerda que en el País del Rayo, éramos el bien dispensable. Aquí no es diferente. ¿No te sorprende que seamos un grupo tan pequeño para algo tan importante? No enviaron lo mejor de lo mejor, más bien lo peor de lo peor. Gente que saben que nadie extrañará, nadie buscará. Seremos una simple estadística de fallar aquí. — Se encaramó sobre la barandilla, para observar el casco del barco. — ¿La diferencia? Aquí nadie nos pondrá límite alguno para actuar. Así que más pronto que tarde, se comenzará a ver quién es quién en realidad. — Y se reincorporó a su posición original. Esta vez, se puso de frente al muchacho —. Y creo, que disfrutarás a lo grande, dejándote llevar. Aquí... no habrá errores. Recuerda eso

Kazuo era fácilmente irritable, pero rara vez se apresuraba a tomar decisiones. Malas decisiones, en su caso. Al encontrarse sólo cerca de ese enigmático sujeto, no pudo rehusarse a escuchar cada palabra que él tenía para decir. "El bien dispensable"... Las voces en su cabeza se rieron en coro tras imaginarse a su recipiente de carne y hueso formar parte de ese remisible "bien". Sin embargo, el reciente criminal comprendía las sospechas del hombre junto a él. También las tuvo en su última misión. Los modales no eran parte de su persona, pero hablar sobre otro individuo transformaba el diálogo en un estresante ruido para sus oídos. Dejarse llevar. Las pupilas se dilataron por un instante, como si una fugaz... excitación, haya recorrido por sus venas. Permaneció unos segundos callado, considerando la opción de irse sin decir nada más. — Somos la piedra que será arrojada a un río lleno de cocodrilos. — Recordaba lo que ese Genin le había dicho, sin alterar siquiera una palabra. — Eso es lo que oí en Kakkinaru'en. — Completó su respuesta. Tomó una posición similar a la del que seguía siendo sólo un desconocido. Uno del cual al menos sabía que era competente en este tipo de situaciones. — No querrás estar presente cuando realmente me deje llevar. — Era cierto. Mientras menos aliados cerca, menor sería el riesgo. — ¿Tienes un nombre? — Todos tenían uno; precisamente por eso formuló así la pregunta. Asumía que ese sujeto, que sabía... demasiado sobre él, sabría ya el suyo.

Para ese entonces, la demostración ya debía de estar por comenzar, y se vería sospechoso que aprovecharan demasiado ese momento para dialogar. Por lo que la instancia para conversar se desvanecía. — ¿Nombre? No, no tengo. Alguna vez se refirieron a mí como Alhazred. Hoy por hoy, me da lo mismo como quieras llamarme. — La gente comenzaba a agruparse. — Ya tendremos nuevamente una oportunidad para hablar. Aún queda mucho viaje por delante. — Fue el primero de los dos que comenzaba a tomar distancia. Antes de alejarse, miró por encima de su hombro al muchacho. — Y te equivocas, sí quiero estar allí. — Y tras decir aquello, se alejó por completo, no sin antes notar que fue observado por un par de sujetos durante unos instantes. Más adelante se encargaría de averiguar qué sucedía allí.


Información:

Off-rol:
Post realizado en conjunto con Kazuo para que la interacción entre ambos personajes sea más fluida. Las acciones, diálogos y narración han sido consentidas por ambos usuarios.
Stats:

• Ninjutsu = 7
• Taijutsu = 7
• Genjutsu = 10
• Velocidad = 10
• Resistencia = 10
• Fuerza = 10
Técnicas disponibles 8/8
Inventario:

• Kunais x20
• Shurikens x20
• Sellos explosivos x4
• Vendas
• Envases x5
• Sanguíneos x5
• Pergamino de ADN
• Jeringas x10
• Somníferos x5
• Tachi | Diseño
Fuhai Kōkyōkyoku (腐敗交響曲)
Kōsui fuhai (香水腐敗 Perfumes pútridos) | Veneno


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Re: { 11º Examen Chuunin } NOVAM DIRECTIONEM, IGNOTUM

Mensaje por Katta el Lun Feb 27, 2017 8:58 pm

Enseñanzas. De repetida manera, la madera repiqueteaba su sonido tras los tumbos del barco. Como los quejidos de una carne que se quema de repente. Estos opacaban muy precariamente las habladurías diversas alrededor de la cubierta, cada una de las palabras, que confabuladas perdían sentido para aquellos que no pretendían inmiscuirse en su naturaleza. Ellas, las estrellas, ya estaban calmadas. Dentro de sus guaridas, refugiadas del acecho acuático flotando en el aire, guardaban su propio calor de metal, a la vera de quien las empuñaba, y aquel cuya espada ya no era su hermana, sino una extraña y desconocida. La forma en que la figura del de ojos oscuros perdía la rectitud enfrente de un arma oculta era de curiosear. Extraño e inédito, las veces que esas manos conocieron un filo, la vaina había residido en el lado no dominante. Con su aspecto burdo con los cortantes borde de la katana, ahora maltrecha, algo había conseguido hacer que él albergase de forma distintiva a una nueva compañera. Los ojos manchados habían dado vistazos, pero ninguno de ellos había movido los labios para entonar una pregunta sencilla. Esa capa era como la casa de la que había surgido el hombre de cabello negro. Su lado acogedor y sus secretos estaban escritos en su interior, tras una fachada de normalidad. Albergando aquello que solo sus invitados tenían permitido ver. Como en el pasado próximo, era una invitación que el muchacho espadachín esperaba con ansias y paciencia. — Voy a empezar. Mejor presta atención. — Anunciaban palabras traicioneramente calmadas mientras es muchacho terminaba con su vestuario. Dada la dinámica de los movimientos que ejecutaba el poseedor de doce espadas, la ropa del tren superior ocupaba la categoría de incordio. La continua y desvergonzada muestra de piel tan solo formaba parte de la comodidad del combate. Ahora, telas cubrían el cuerpo, de colores negros. Un pañuelo con lo más parecido a una armadura que vestía el de ojos dorados se anudaba colgante a su cuello. Las vainas dejaban de resplandecer, atrapadas bajo la oscuridad de una chaqueta. Ese era el aspecto que cada tripulante podría observar subir hasta la zona central, el gran mástil, corazón del barco.

— ¡Atención todo el mundo! — Un grito, en aquella ocasión, que incluso los peces del mar cercano serían capaces de escuchar, repartiéndose por los camarotes y les habitaciones con una potencia extrañamente educada para el volumen. Cuando ojos viraron su vista hacia esa figura, una nueva inclinación severa y entregada. — ¡Mi nombre es Katta! ¡Soy un espadachín, y tuve la oportunidad de aprender partes del estilo de lucha de los Occidentales con armas! ¡Gracias a Bokushi-dono, aquello que sé ha aumentado, y me dispongo a dar una rápida instrucción sobre qué tipo de ataques pueden emplear en Occidente, con tal de sumar posibilidades de regresar todos sanos y salvos! ¡Esperaré unos minutos para aquellos que quieran prepararse y me encontrarán aquí mismo, muchas gracias! — Si, confianza y seguridad estaban acomodadas entre los sonidos que producía el inclinado, y no existía la vergüenza. Sin embargo, el sentimiento flotante hacía imperioso el romper la postura y regresar a su alto estado erguido de ciento noventa y un centímetros exactos. El tiempo revelaría una colección distinguida de caras alrededor del mismo árbol de velas, entre ellas el nuevamente surgido líder. Aún con la seriedad de la situación, en el rostro herido existía un rastro satisfecho, del saber que quizás, el conocimiento a punto de ser entregado podría evitar el daño a alguno de ellos. Ellos presentes, las espadas volvían a tintinear por la inclinación de pocos treinta grados, encaminada al público. — El estilo occidental. Lo más importante es que se trata de un uso de armas flexible. Responde a la situación y tiene un abanico más amplio que los estilos rígidos. Lo más probable es o que esperen para contratacar, o que impidan con la ofensiva que preparen cualquier ataque. — El brillo simple del entusiasmo por las armas se podía percibir entre quien lo conocía y quien no, oculto tras la formalidad e importancia de la explicación. — Creo que se entrenan para ser ambidiestros. Aunque es muy difícil conseguir la misma habilidad en los dos lados de forma independiente, no es imposible. Es muy importante no centrar la mirada en el arma, sino en las manos. — Un movimiento simple viajó hasta la primera de las espadas. Shiro fue desanclada dentro de su vaina, y un cordón simple formó un seguro nudo alrededor de la tsuba, con un motivo que representaba una sierra de montañas nevadas.

— Bokushi-dono. Usted ha tenido contacto con las espadas de Occidente. ¿Sería tan amable de simular como lucharía contra uno usando su arma? — La petición viajó firmemente, y fue respondida con la misma firmeza por parte del Bokushi. Sin emerger los filos, Shiro y Raijinto entablarían un nulo contacto con sus guaridas encima. El de cabellera castaña empuñó su arma, en un generoso movimiento, ajustado para la demostración, que sería interrumpido por la Ryusei, empuñada en la mano izquierda, mientras la diestra permanecía fuertemente desplegada. — Como la mayoría de estilos cambiantes, este no tiene una defensa demasiado sólida. Lo más probable es que detengan los golpes que sepan que pueden parar. Cuando ocurren las colisiones, la respuesta suele tardar unos solos instantes para el atacante. Ellos, pero, estarán acostumbrados, y usarán esa mano normalmente ignorada. A veces para golpear directamente, y otras la usarán sobre su propia arma. — El de múltiples espadas golpearía la empuñadura de Shiro, modificando su propia trayectoría de modo que la espada más larga comenzaría un viaje distinto, presa del desequilibrio de aquel efecto. — Usando ese método, pueden conseguir aperturas de sus ataques fácilmente. El mejor modo de preverlo físicamente es retirarse en cuando frenen un ataque de forma instintiva y olvidarse del forcejeo. Sin importar la potencia de nuestro golpe, sabrán desviarlo. Según Bokushi-dono dijo, usan unas espadas más cortas. Manteniendo la distancia podrán forzar a que estiren los brazos y pierdan parte de su ventaja. — Había un secreto rumor por el ambiente. No toda la tripulación era acompañada con espadas o armas. No todos eran presa de las debilidades de un luchador físico. Incluso aquel hermano que acompañaba al instructor podría mantener una distancia mucho más prudencial. — Aunque son más cortas, usan un acero más pesado y sus hojas son más gruesas. Sus ataques contundentes pueden sobrepasar más defensas que los de una katana común. Especialmente, usarán arcos descendentes si tienen ocasión. — Los ojos vieron el alrededor, con un aire de curiosidad. Los conceptos tan básicos, entre los que se había criado el espadachín en ocasiones se perdían entre aquellos a los que las armas no les interesaban.

— Es muy posible que mayormente usen espadas. Sin embargo los habrá con armas exóticas o distintas, como lanzas, cuchillos o mazos. Pero las bases de su tierra deberían corresponderse ligeramente al funcionamiento de cada arma. Las armas que sujeten con dos manos posiblemente suplan la falta de defensa, y los habrá que no usen armas, como los que usan Taijutsu en nuestro continente. — La información se extinguía poco a poco del de varias espadas, que con una inclinación nueva despedía al Bokushi, y Shiro regresaba a su vera protegida. — Por último... — hubo una inesperada pausa para aquel que había dejado volar cada gota de conocimiento, incapaz del tartamudeo o la duda. Pero era algo que ni la presencia del Bokushi podía frenar. — ... si la lucha es inevitable, debería ser una lucha honorable por ambos lados. — Petitorio el tono que jamás alcanzaba todos los oídos, una sublime última reverencia en dirección a los presentes puso serio al espadachín, abandonando ligeramente el aspecto sonriente por un llanamente agradecido. La promesa que hizo él al subir al barco seguía vigente, como todas ellas. Los ojos de oro con motas de tierra terminaron volviendo a su lugar. — Será todo un honor practicar y ayudar a aquellos que lo deseen. — Regaló por último en voz alta, mientras volvía a desvestir su torso, mapa de cortes, y las telas quedaban atrapadas en un nudo de la cintura. Existía la duda de si alguien allí habría notado que en ningún momento había hablado de enemigos.

Datos:
Apariencia:
Con ropa.


Sin ropa.

Estadísticas:
Taijutsu: 10.10.
Fuerza: 10.10.
Velocidad: 8.10.
Resistencia: 9.10.

Inventario:
Ryusei.
Vendas.
Calmantes: x05.
Sanguíneos: x05.

Off-rol: Si alguien a partir de este punto quiere una interacción con Katta, puede enviarme un MP, aunque solo quede un día, haré por estar lo más atento posible.
Katta
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Re: { 11º Examen Chuunin } NOVAM DIRECTIONEM, IGNOTUM

Mensaje por Natsubari el Mar Feb 28, 2017 2:10 am



Cierta curiosa explicación comenzó a ser dada por el chico que antes había dicho algo de protegerlos a todos, y si bien intentó concentrarse en ello, su atención se desviaba en cosas pasadas, la promesa que le había hecho a Zack sobre cómo ayudar a los suyos, a todos sin que una guerra terrible estallara. ¿Sería capaz de evitarlo? Con Taro Bokushi luchando por lo mismo, quizás había una mínima de probabilidad, pero… ¿que había de sus compañeros? ¿Se podía fiar de ellos? Y aunque la respuesta fuera un rotundo no, muy en el fondo sabía que debía cuidarlos. No había nada peor que sentir el peso de la muerte ajena cuando se podía evitar.

Su mente se debatía en muchos dilemas. Volvió a suspirar como lo venía haciendo hace bastante. Estaba en proceso de sacar su libreta de nuevo, porque conciliar el sueño luego de sumergirse en sus pensamientos le fue imposible, cuando una rara voz le hizo buscar de donde provenía. ¿La respuesta? Una pequeña chica se le acercó, tomando postura de meditación. Lanzó algo interesante, algo que tuvo que responder de manera casi automática olvidándose de otro asunto importante.

¿Y crees que siempre es así? ¿No hay hombres que son más poderosos que otros? Y el mismo poder está mal distribuido. No es tan fácil… Pero si, contra la naturaleza nada podemos hacer.

Observó de nuevo a quien tenía a un lado. Era pequeña, con un color de cabello llamativo y movimientos delicados. Era… ¿Que era? En concreto. Una humana, ¿Lo era? Demasiado pequeña se dijo. ¿Y si se había quedado dormida en verdad? Antes de que su confusión siguiera tosió para hablarle de nuevo.

¿Eres un espíritu o algo parecido?―Parpadeó un par de veces, tentada a pellizcarse para descartar lo del sueño- ¿Un… Hada?

Como en los cuentos, esos que la anciana solía contarle. ¿Segura que no estaba dormida? En un momento lo comprobaría, o quizás no. Ya no tenía idea de nada, excepto que había cierta serenidad en las palabras ajenas. La mirada de quien había llegado se enfocó arriba, ahí donde las estrellas ya se podían ver dejándola atenta a lo que pudiera hacer.

El poder se forma, es único en cada persona. La mala distribución no existe, simplemente existen hombres que sacrifican lo necesario para alcanzar ese nivel. Pero tú, como persona, debes decidir qué sacrificar para conseguir lo que quieres.

Su mirada se cerró, retornando a un prolongado silencio. Tuvo que fijar su vista en ella, aun si el silencio se estaba comenzando a tornar incómodo. Notó que respiraba profundo enfocándose aun más en la improvisada meditación que tenía en ese momento. ¿Le gustaba hacer ese tipo de cosas? Más preguntas, necesitaba respuestas, pero tenía pocas ganas de hablar para fallar de nuevo.

¿Un... espíritu? —frunció el entrecejo aún con los ojos aun cerrados. Negó con su cabeza, sutilmente, tenía una manera bastante delicada de hacer las cosas, ¿No?—. No soy un espíritu, ¿crees que un ente interdimencional se vea atraído por nosotros, banales mortales?

Su pregunta fue solucionada con otra, ¿No era extraño? Curioso, llamativo, todo un matiz que comenzaba a atraerle de manera irremediable. Le vio levantar los parpados y dirigir su enfoque visual hacia ella. Seguía teniendo sus dudas sobre si el sueño le estaba jugando en contra o no al ver a semejante… Señorita ahí, cuestionándola de una manera profunda.

Pensé que era algún tipo de señal, lo siento señorita―Se encogió de hombros entonces cuando comprobó que no se trataba de nada fuera de lo común. Aun así… Ella seguía siendo demasiado pequeña para su gusto. ¿Qué hacía una niña en un barco tan peligroso?― Ciertamente no creo que pase muy a menudo, pero siento que en esta viaje todo puede pasar. Incluso que un ente interdimensional le hable a una simple mortal como tú o como yo.

Se quedó quieta un momento, antes de darse cuenta quizás tarde que estaba hablando con una chica, una mortal, alguien que se había acercado a ella por cuenta propia. Los nervios atacaron, tanto como para hacer un lío de nuevo en su mente. No estaba preparada para una situación como aquella. Miró al frente de manera épica para hablar, si evitaba el contacto visual… Todo sería mejor.

Natsubari―Soltó de repente―Soy del país de las Aves. ¿Puedo saber quién me acompaña esta noche?

Una pausa que tomó esperando que su arriesgado movimiento sobre como evadir la timidez que se seguía negando, funcionara. No sabía como iba a reaccionar, más si sabía que estaba tratando con alguien mucho más comprensible que otras personas, o al menos esa impresión le daba. ¿Y si se equivocaba? ¿Y si metía la pata de nuevo...?

Todo puede pasar..., quizás tienes razón.

Entre todo lo que estaba pensando, darle la razón no estuvo entre las posibilidades que podían acontecer, pero sucedió. Pronto se enfocó en ella, mantuvo su semblante estoico. Al cruzar mirada con  la pequeña, se dio cuenta de algo… ¿No tenía unos bonitos ojos? De un color que antes no había visto.

Yo Yeul —se presentó, de manera muy sencilla, pero con precisión acabó la misma: —, soy del País de la Tierra. Un placer compartir esta misión con usted, espero dejar en buenas manos mi confianza

No hubo cambió en ese rostro tan poco demostrativo tampoco con la presentación, a pesar de lo que decía –a lo cual no estaba tomando demasiada atención– seguía intrigada por esos ojos, los mismos que parecían ser más expresivos que la propia dueña de los mismos. Se concentró, juraba que lo estaba intentando, necesitaba contestarle después de todo.

Yeul es un bonito nombre… ― « Piensa, Natsubari, ¡Habla, mujer! » Se dijo antes de continuar ―¿Tiene… Tiene algún significado?

Quiso golpearse y no pudo por respeto a quien estaba ahí con ella. Tenía muchas cosas por decir, ninguna coherente o que viniera al tema. ¿Por qué era tan difícil hablar? Quería lanzarse al mar de nuevo, pero se mantuvo sentada, buscando algún tema de conversación. Algo… ¡Algo debía llegar!

Me gustan las estrellas―Siguió y ahora si tuvo que mirar al cielo fingiendo demencia. Un dato inútil que esperaba sirviera de algo.

¿Ya había dicho que quería lanzarse al mar? Sus intenciones solo se enfocaban en eso. Huir por decir cosas bobas tan seguido. Si hubiera sido una chica más 'normal', quizás hasta sonrojarse por la situación hubiera sido aceptable, pero era ella, por lo que sus emociones seguían muy dentro de ella, sin la posibilidad de exteriorizarlas.

Nunca me había halagado por ello... —Pudo escuchar prestando atención a lo que decía. Llevó su mirada al suelo hecho de madera, parecía algo desorientada —. ¿Algún significado?, realmente no lo sé, debe tener alguno, mas escapa de mi conocimiento —Le vio mover  su diestra hacia su barbilla para que su dedo índice frotara tal zona, pensativa. Ya no sabía si debía molestarla o no, se veía tan… Concentrada.

Las estrellas... —Le escuchó decir mientras miraba hacia arriba tal como estaba haciendo ella hace algunos segundos atrás. Parecía estar bastante a gusto con la vista, por lo que se tentó a sonreír una vez más sin conseguirlo, pero sintiendo cierta secreta felicidad por lo mismo—A mí me gustan más como conjunto, armonioso, esperanzador... ¿Qué te gusta más de ellas?

Pregunta que escuchó, respuesta que llegaría en breve. Porque había muchos motivos para que le gustaran, pero uno sobresalía sobre los demás en esa noche de compañía tan especial.

Información:

Stats:

• Ninjutsu: 7
• Taijutsu: 10
• Genjutsu: 1
• Velocidad: 10
• Resistencia: 10
• Fuerza: 10

Inventario:
Hilos de alambre
Bombas de humo x2
Bombas de luz x2
Makishibix10
Cascabeles x5
Sellos explosivos x4
Kunais x10
Tantô
Daga de Zack
Alcohol x1
Vendas

Aclaración :
Los diálogos de ambos personajes y sus acciones fueron acordados por interno.
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Re: { 11º Examen Chuunin } NOVAM DIRECTIONEM, IGNOTUM

Mensaje por Yeul el Mar Feb 28, 2017 2:45 am



L
a conversación tomaba rumbos ligeros, sin ninguna complicación en tal tema: —Que brillan, siempre están ahí además. Aun si hay nubes, aun si no podemos verlas por una u otra cosa, ahí están. Haciéndonos compañía sin pedir nada a cambio —Tan simple como eso, su respuesta no tenía mayor ciencia. Se sentía más tranquila, ¿Sería por la noche o por qué su compañera tenía el don de seguir sus cambios de temas incoherentes? Lo cierto es que estar nerviosa le hacía olvidar cosas.
Aún así... —hizo una pausa, quizás tratando de evitar ser demasiado realista, pero de ningún modo pudo reestructurar sus palabras para que sonasen mejor. Levantó su diestra al cielo, apuntando una de ellas con su dedo índice, como si intentase tocarla, eligiendo una al azar entre la gran variedad que flotaban en la nada—. Ellas no son eternas, todo sigue un ciclo. Quizás lo que vemos ahora son poco más que vestigios, un rayo de luz viajando; quizás el origen, la estrella como tal, ya ha muerto. Pero por un buen propósito, su legado ha llegado a nosotras, y eso es lo que importa... —añadió, reflexiva ante tal perspectiva.
Y de golpe la otra recordó, País de la Tierra, era… ¿Era una ninja? ¿Y estaba en la misión? Sobresalto que se manifestó con sorpresa en sus ojos, las manos levantándose para tomar sus hombros y no consiguiéndolo porque era de mala educación. Aun así, su sorpresa seguía siendo visible—. Disculpa, Yeul. ¿Vienes para la misión? ¿Con qué objetivo? ¿Sola...? ¿No te da miedo? —No quería subestimarla, tampoco cuestionarla, pero era inevitable no hacerlo cuando repasaba su estatura. Esperaba no ofenderla, porque vamos, parecía tener un don para ofender a las mujeres esa noche.
Yeul bajó su mano, una vez más, extrañada por su reacción. Y cayó en cuenta de por qué su asombro, por un momento creyó no esperar algo así de ella, sin embargo, no pudo indignarse, simplemente no pudo. Inició su respuesta afirmando con su cabeza, con levedad, apartando el cabello de su rostro y colocándolo detrás de su oreja izquierda, ignorando su intento de tocarla, mas no era de su incomodidad. «¿No es acaso una chiquilla demasiado reflexiva?», pensó la rubia. Algo en ello le gustaba, muy alejado de su estatura, parecía que ese pequeño cuerpo guardaba unas cuantas reflexiones interesantes de la vida de las que desearía saber más. Le gustaba escuchar a las personas que sabían más que ella, aun así, volvió al asunto que antes la aquejaba, cambiando de su sorpresa a la tranquilidad de alguien que escucha con atención.

Represento a mi feudo, Natsubari —indicó sin mucho rodeo, cruzando con su mirada, sin mayor complicación y total sinceridad. A Natsubari, la palabra feudo le provocó desagrado, más se levantó para imponer su altura de un metro setenta y algo. Si le iba a responder a lo último, lo haría con toda la educación posible. —No me agradan mucho los feudos… Para ser sincera —Se encogió de hombros antes de ya no evitar su mirada, sino enfocarse solo en Yeul, en nadie más. Las cejas de la pequeña se alzaron al escuchar lo del desagrado al feudo, no al Mogura en específico al parecer, quizás no se llevaba bien con eso del orden y el control, del bien común o del sacrificio para el mismo. Era igual que el Bokushi, que aunque fuesen sumamente nobles, se alejaban por razones más allá de lo superficial, quizás por razones del pasado; sin embargo, si ese desagrado no formaba parte de un problema que afectara a más personas de manera negativa, no había problema y respetaba tal posición.  
Mi compañero, detrás de ti, venimos para asegurarnos que la expedición se lleve a cabo con la ayuda de nuestros representantes —explicó la peliazul, levantándose y colocando sus manos detrás de su cadera, ladeando su rostro, sólo un poco: —¿Y usted?, ¿a qué se debe su participación? —Yeul lo sabía, mas quería escucharlo de sus labios, de ella para la Sacerdotisa, quizás las personas normales no se tomaban muy bien eso de ser espiados—. Estoy aquí para cumplir la promesa que le hice a un idiota.  Y lo haré. No hay nada más en mis intenciones, ni búsqueda de gloria, ni pretendo ser lo que llaman héroe. Solo una promesa —Suspiró—. Me alegra que traigas compañía, de todos modos. Cuenta conmigo para lo que necesites, ¿está bien? ¿Por qué era amable de repente? No lo sabía… Pero le nacía cuando recordaba su altura. ¿Tenía debilidad por las personas pequeñas? Al parecer si.
Eventualmente, la Sacerdotisa, tuvo que levantar su rostro tenuemente si quería mantenerle la mirada, no se sentía acomplejada, en lo absoluto, su tamaño no representaba una molestia en su día a día, algo irrelevante y banal como la mayoría de las cosas: —Gracias por ofrecer su ayuda, puede esperar lo mismo de mí, con mucho gusto —he hizo una pequeña reverencia con su cabeza, cerrando los ojos mientras. Reanudó su postura y dio una respiración profunda, demostrando algo de cansancio—. ¿Sabe dónde están los camarotes?, yo aún no exploro el barco, he recorrido poco y al parecer es muy grande... —hizo evidente lo obvio, llevando su enfoque visual hacia su lado derecho, buscando la posible entrada.

Era una buena chica. Si bien aún no lograba quedarse tranquila respecto a sus compañeros de misión, tenía la sensación de que esa chica era sincera, confiable quizás. Por eso mismo intentó sonreírle sin conseguirlo, dándole un tanto de rabia lo mismo. Pasó de ello para escuchar su pregunta, si, sabía dónde estaban pero la verdad no había llegado siquiera a ocuparlos, así que se dispuso a contestarle mientras señalaba a la derecha, donde se comenzaba a dividir la estructura. —Lo sé —Dijo tan simple para reafirmar la dirección donde antes apuntaba—. Es por aquí… ¿Necesitas descansar, Yeul? —Ella también lo necesitaba. Demasiadas emociones para una noche, también reagrupar sus planes era necesario, y para ello debía tener energía. Espero la respuesta atenta, mirando a su acompañante de manera más suave que al principio. —Si tu respuesta es sí… —Rascó su mejilla antes de seguir—, puedo guiarte. No hay mucho que decir sobre ello, pero me sentiría más tranquila si me aseguro de que descanses. Oh, claro, también de que encuentres el camino correcto —El sueño ya comenzaba a ser un problema en su comportar. Se regañó varias veces mentalmente antes de ponerse en una postura firme, tal cual soldado dispuesto a escoltar a alguien importante a su destino.
Gracias por su atención, y disculpe las molestias; de verdad —terminó por decir aquello, dejando clara su humildad y cuánto apreciaba lo que la ajena hacia por su persona, una desconocida resultaba ser Yeul, pero Natsu no era exactamente eso. Tan pronto la posición fue indicada, dispuesta a caminar hacia allí. No sin antes lanzar una mirada a su compañero, para asegurarse que estaba bien y que estaba centrado en lo que le había encargado, tras mirarlo, desvió su interés al hombre encapuchado, el cual, al parecer, tenía cierta relación con el azabache, dueño de la espada extranjera.




«Buena, sabia, humilde, y todo en un tamaño compacto, como para llevar a todas partes» Ante ese pensamiento, la Nara, también se quiso regañar, pero era lo que pensaba. Yeul era una buena compañía para alguien solitaria y de pocas palabras como ella. No presionaba, se adaptaba incluso a sus preguntas bobas y sin sentido. ¿No era como el mar? Si, tal como le había dicho Azura en algún momento, le gustaba su compañía en resumidas cuentas. La pequeña devolvió su enfoque visual al frente, cruzando el umbral a los pasillos, iluminado por tenue luz de vela, amarillenta y móviles. —La soledad, ¿le tienes miedo? —cuestionó, y esta vez se le vio más afectada por la idea. Hasta tocó su collar en busca de valentía. Utilizaba a la ajena como espejo de sí misma, habían tantas cosas que no sabía de las personas, que quería saber si su rechazo a la soledad era normal. Varias puertas colindaban con el pasillo, y terminó por visualizar en una de ellas, terminando por abrirla con lentitud: El camarote estaba vacío, desprovisto de algún equipaje, pensó en entrar, más esperó que su acompañante decidiera también.

Una pregunta fue lanzada, esperó estar frente a la puerta, esa que daba al camarote y la cual fue abierta por su compañera. Dio un leve vistazo al interior ahí donde se sorprendió por encontrar dos camastros en vez de uno. Además, se veía estrecho, con una tenue iluminación que se combinaba con la de los pasillos para dar una visión más clara, entre ambos objetos para reposar se encontraba lo que parecía ser el sitio para guardar pertenencias, tampoco se veía en buen estado. Sabía que las condiciones de la misión no eran las mejores, pero esperó más… Suspiró, un tanto decepcionada de lo que estaba viendo. No por ella, sino por su compañera, después de todo a ella le valía poco donde dormir ―Antes no le temía a la soledad ―Avanzó la rubia para quedarse de pie apenas ahí, esperar que pasara la más pequeña―. Nunca me había importado, de hecho. Solo era la monotonía de mí día a día, donde siempre estaba apartada de los demás ―Volvió a rascar su mejilla—. Entiendo... —pudo musitar la pequeña de estatura, por lo bajo; mientras tomaba asiento en una de las camas: no eran para nada cómodas, pero había sido entrenada para resistir las vivencia menor humanas posibles, cosa que su delicado cuerpo no dejaba a la vista: Ni una cicatriz, ni una marca, níveo y suave al tacto. Colocó ambas mano sobre la sábana, áspera era, las deslizó de lado a lado y bajó sus hombros como señal de relajarse. ―. Pero ahora que me he relacionado con la gente, vaya, supongo que si tengo miedo. A la soledad, a que los hieran, a muchas cosas. Eso incluye no saber cómo relacionarme con las personas de manera correcta ―Sinceridad, si, la estaba teniendo mucha en ese momento―. ¿Me creerías si te digo que lo más cercano que tengo a un amigo es un tipo que intentó asesinarme? Así de raros son mis métodos para socializar —Quiso reír, y no pudo, a cambio se instaló una sonrisa un tanto melancólica en su rostro, esa de la cual no se percató—. Le creo... —solucionó por afirmar con su cabeza, había pasado por algo similar, mas los motivos eran suficiente para perdonar tales hostilidades.

Colocó sus armas sobre una pequeña superficie a un lado de su cama, todo menos su collar, esa piedra enigmática no dejaba su cuello, era como si fuera parte de su persona, algo sumamente propio. Se quitó las sandalias y terminó por sentarse en posición de loto, esta vez sobre el camastro, en donde pasaría la noche: —Yo tuve que pelear con un aliado superior a mí, fue peligroso; tanto para él como para mí. Pero fue todo un plan de mi superior, ¿sabe?, no puedo enfadarme, ni culparle, simplemente advertirle que sus actos no fueron los mejores, ni los más indicados. A veces me pregunto cuándo sucederá lo peor para dejar de ser tan condescendiente con quienes me rodean —contó, sin ninguna expresión dominante, simplemente con tranquilidad, mirando a la pared mientras recordaba los detalles, le devolvió su atención, dejando que sus verdosos fueran dedicados a ella—. Es mejor que descansemos, presiento que será difícil... —sugirió, cerrando sus parpados: No se acostaría, quedaría en posición de meditación, así descansaba. Era sumamente extraña, pero era la Sacerdotisa de los tiempos pasados, ¿qué se podía esperar de ella?



Datos:

Apariencia:

Equipamiento:

Tanto (1)
Kunais (20)
Píldoras del Soldado (3)
Pequeño Océano
2/2
Stats:
✢ Ninjutsu: 10
✢ Taijutsu: 7
✢ Genjutsu: 7
✢ Velocidad: 10
✢ Resistencia: 10
✢ Fuerza: 10
Técnicas:


Conteo de técnicas
8 disponibles
0 usada
8 restantes

Pasiva
Sensibilidad Acuática:
Off:
Las acciones y diálogos fueron acordados por interno. Natsu: Habla # 99cccc | Piensa # cc99ff

Yeul
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Re: { 11º Examen Chuunin } NOVAM DIRECTIONEM, IGNOTUM

Mensaje por Hyūga Kaname el Mar Feb 28, 2017 3:36 am


No hubo intercambio de palabras. No hubo gritos ni tampoco pataletas, más allá de alguna mala cara que otra. Por una vez en su vida, Kaname hizo lo que una persona adulta hubiese hecho: tragarse el orgullo. Seguramente al pelirrojo le hubiese gustado pensar en eso e irse tranquilo, pero, seamos justos, ya empezaba a conocer demasiado bien a la niña caprichosa oculta bajo una enclenque fachada de bondad infantil. No por nada se había largado de casa, después de todo.

Por supuesto que sí. Va a largarse, dejándome a mí con la muermo esa. Claro, claro, claro. — Un murmullo agudo salía de su habitación, mezcla de queja e irritación, muestra clara de la nula obediencia que iba a demostrar.
De uno de los tablones del suelo, despegado sin que Azazel se diese cuenta un tiempo atrás, la de rosa en las prendas sacó todo su arsenal. No mucho, en realidad, aunque bien elegido para lo poco que tenía. Una cadena con dos contrapesos, que colocó a su cintura como si fuese un cinturón muy tosco y que después cubrió con una cinta rosa para mantenerla fuera de miradas indiscretas; unas tonfas de madera y una solitaria garra de metal, con tres varillas por hojas y cómodamente ajustada en un guante, colgaron poco después de su cintura. Junto a eso, las riñoneras la parte baja de su espalda, en las que llevaba las armas más arquetípicas de un ninja, completaron el equipo para irse de viaje. La ropa le preocupaba menos, y la dejó atrás con la intención de darse la máxima prisa posible. Lo que sí se llevó fue una sábana fina, de algodón, de su cama.

Saliendo por detrás de la floristería, por donde solían entrar la mercancía, Kaname no tardó en darle la vuelta al pequeño edificio lejos de las miradas ajenas. En la puerta, el carro del guardia la esperaba como a una princesa. O eso pensaba ella, cuando la realidad distaba bastante de eso. Estaba colándose, probablemente metiendo en un lío a su casero y benefactor, dos detalles que, lejos de importarle, le dibujaban una mueca risueña en las mejillas. Se tumbó en el techo, afianzada a uno de los bordes del mismo, y se echó la sábana por encima. Con un poco de chakra, se camufló con el ambiente.

En la casa, Susan se preparaba para aguantar las pataletas de la niñata consentida. Respiraba hondo en la puerta de su habitación momentos antes de tocar con educación: — ¿Se puede? — una pregunta tan innecesaria, a la par que acostumbrada, por la que ni siquiera esperó respuesta. Directamente abrió la puerta y se coló en la habitación… vacía. Fuera, las ruedas del carro empezaban a alejarse con su traqueteo acostumbrado, a un paso ni rápido ni lento, pero constante. — No me sorprende. En lo absoluto. — dijo para sí misma, aunque en voz alta, la mayor mientras volvía a cerrar la puerta. Ciertamente, lo extraño hubiese sido la resignación.

♦ ♦ ♦

¿Vas a empezar con eso otra vez? — Replicó ella, en respuesta al comentario de su compañero. A mitad de camino había empezado, y la traía así, sin parar por un momento, durante todo ese tramo. Aunque tenía que reconocer su amabilidad al parar cuando ya no podía más con los baches destrozándole la espalda en el tejado, no soportaba esa faceta suya. O sí, pero no quería reconocerlo en público… ni en privado. — Anda, cállate que rompes toda la atmósfera de este sitio. — añadió después, como si ella, vestida por completo de rosa, con armas colgando a la vista de todo el mundo y una mirada incapaz de fijarse en algo durante más de dos segundos, no lo hiciese.

Realmente estaba atrapada por el lugar. Era todo lo que había soñado de niña, cuando su padre le contaba historias de otros países y lo horribles que estos eran. Un lugar tétrico, con moho entre las piedras, donde no se veía a dos palmos de la nariz sin el farillo del viejo a la cabeza de la docena allí presente. Una humedad infernal acompañaba a sus exhalaciones convirtiéndolas en vaho delante de sus narices, igual que en un día de frío invierno. Siguiendo al viejo sólo porque los demás lo hacían, Kaname no tardó en poner su atención en las velas del barco que iba dibujándose ante su mirada a medida que se acercaban al muelle.
Sucio, mugriento se podría decir, y lleno de muescas aquí y allá, la cáscara de nuez flotaba plácidamente atracado en el puerto, con un cabo sujetándolo para evitar que se lo llevase la marea. No era elegante, ni tampoco bonito, pero, por lo menos, parecía lo bastante robusto como para aguantar el viaje que se suponía que les esperaba. En la cubierta, pegajosa y que hacía sonar sus pasos, varios marineros charlaban de forma animada mientras un hombre alto, de melena castaña como la suya, parecía esperar su llegada -seguramente, la de ella no-.

Vestido con una armadura que para nada parecía cómoda, quien se presentaba como Taro daba la impresión de ser alguien importante. La típica persona a la que hay que escuchar, y no ignorar como estaba haciendo ella; porque se le llenaba la boca diciendo que podían regresar convertidos en héroes por evitar una guerra, pero ella sólo buscaba aventuras. Algo que la sacase la monotonía.

Sí, vaya noticia. ¿Cuánto apuestas a que puedo sacarlo de sus casillas antes de que dejemos de ver el puerto? ¿Crees que se atrevería a lanzarnos por la borda? ¿Tú sabías nadar?  — Y Kaname, con su acostumbrada falta de educación a pesar de haberla recibido desde la juventud, cuchicheaba solapándose con el Bokushi en un susurro seguramente molesto para más de uno, aunque quien más lo sufría era el pobre chico a su derecha, de ojos dispares.

Después de toda la presentación rimbombante, los dejaron solos. La mayoría se dispersaron, cada uno por su lado, pero todos coincidieron, tarde o temprano, en una dirección. Cuando los castaños se decidieron por prestar algo de atención, no tardaron en darse cuenta de que se metían en un camarote, uno con pinta importante, como el del discurso, y salían al cabo de un rato.
Inspirada por la apuesta que había lanzado al aire, dirigida a nadie más que a ella misma, se dirigió a la susodicha puerta justo cuando salía una chica con pintas de tener una edad similar a la propia, aunque de cara más seria. Alguien a quien no gastarle bromas, pensaría una persona normal; Kaname no. No le daba para tanto, a la pobre.

Justo cuando iba a llamar, un grito la sorprendió. Pensó, al principio, que era la causante de tal advertencia, porque su egocentrismo le impedía darse cuenta que el mundo no giraba a su alrededor. Pronto se alivió -no sin cierta molestia- cuando empezaron a fluir las palabras, de nuevo extrañas, sobre los occidentales. No sabía nada de ellos, ni nunca se había cruzado con uno, pero la promesa de acción, más allá de un ocasional vaivén del barco en un mar inusitadamente calmado, la llamaba de forma más poderosa que ganarse a sí misma en una apuesta imaginaria.
Para su desgracia, se quedó en eso: una promesa. Vacía, vana si se prefiere, porque lo que el muchacho alto y el de muchas espadas fueron sólo unos cuantos movimientos y mucha palabrería. Defensa, arcos descendentes, tipos de armas… ¡un rollo! Por suerte la cosa cambiaría pronto, y con tan solo una frase.

¡Yo me presto para practicar! — Gritó desde el fondo del montón que se había juntado. No esperó a que nadie le diese permiso, o autorizase de forma alguna su entrada al improvisado círculo para el combate formado por la gente, y se lanzó al centro de un salto cargado de giros, vueltas y piruetas innecesarias, presuntuosas incluso, que terminaron con un aterrizaje perfecto en una postura de combate pulida y fácilmente reconocible. El Puño Suave, sino era conocido internacionalmente, al menos lo sería para aquellos que viviesen en la cuna del clan Hyuga. — ¡Aza, cuídame esto! — Acotó una vez colocada, y le lanzó la garra, como si nada, sin tener en cuenta que podía sacarle un ojo a alguien, al pelirrojo para que la atrapase al vuelo. Ella se quedó con las tonfas y la cadena en la cintura; las primeras visibles, la segunda oculta bajo la cinta rosa doblada a modo de obi en su cintura.

Off:

Aclaración:
Bueno, antes que nada, quiero pedir disculpas por el post en sí. Está algo forzado en algunos puntos, pero, a falta de tiempo -por la cantidad de trabajos que tengo y demás-, se ha sumado un agobio terrible porque el miércoles entrego un trabajo y no tengo nada que documentar. So... estoy jodido. xD.

Para los siguientes turnos intentaré que no vuelva a ocurrir esto.

Espero no haberme saltado una parte importante de nadie, ni haberme tomado alguna libertad que no corresponda.
Equipo:

Manriki: Cadena con dos contrapesos, uno a cada extremo. La cadena mide 1m. x1

Tonfas: Bastones de madera con mango descentrado. Útiles en el combate cuerpo a cuerpo, tanto para la defensa como para el ataque. x2

Garras: Varillas de metal unidas a un guantelete o pulera. x1

Senbons - x5

Kunais - x5

Vendas - 10m.
Stats:

• Ninjutsu: 2 + 4 = 6
• Taijutsu: 5  + 2 + 3 + 2 = 12
• Genjutsu: 1
• Velocidad: 5 + 1 = 6
• Resistencia: 4 + 5 = 9
• Fuerza: 2 + 1 = 3
Apariencia:


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Re: { 11º Examen Chuunin } NOVAM DIRECTIONEM, IGNOTUM

Mensaje por Gyokuryū Pao el Mar Feb 28, 2017 10:21 am

La noche opacaba los alrededores con su sombra, bloqueándonos la vista del horizonte como si quisiera que nos concentráramos en lo que pasaba aquí ahora. El chocar de las olas en la rocosa orilla simulaba un sonido digno de fantasmas, quienes parecían retarnos por ser tan atrevidos como para estar en el muelle a esas horas de la noche. Siguiendo la luz, llegamos al tétrico e imponente navío al cual procedimos a subir todos los que teníamos en común una cosa en nuestra mente, una total falta de preocupación por nuestras vidas. Realmente, solo eso permitiría que alguien en su sano juicio subiera a este barco a la mitad de la noche sabiendo que no iremos a dar una vuelta. Claro, nada me garantizaba que los que subieron al barco no sabían lo mismo que yo, tal vez sabían menos, tal vez sabían más, tal vez subieron bajo falsas promesas de quien los contrato, pero eso no era de mi incumbencia, lo que me interesaba es saber lo que los nuevos integrantes al viaje traían a la mesa. Si me encomendaron emprender esta travesía por ser un don nadie, suponía que los que llegaron no eran diferentes en ese aspecto, pero mi misión con Kiba y Tempest en el país del Sonido me demostró que cualquiera de estos podría esconder un gran poder, al igual que alguno podía ser más débil, otro podía ser más fuerte, mostrando frente a mí un grupo de cajas sin abrir con un contenido completamente aleatorio. Eso no me perjudicaba, no eran mis enemigos, cualquier gran sorpresa con la que saliera alguno seria desgracia para el enemigo y deleite para nuestros aliados, pero puedo asegurar que estaré apreciando la ocasión para mirar más de cerca a los que me rodean, este viaje es sobre la experiencia, y experiencia es lo que yo recogeré.

Suponía que los otros se sentirían extraños encima de una pieza de madera tan golpeada que podría ser difícil pensar que de alguna forma se mantenía flotando sobre el agua, pero yo ya me había familiarizado con él, me era conocida cada parte de esta hermosa bestia de mar, al fin y al cabo era parte de mi misión. No solo conocía al barco, sino también a su tripulación con la que me llevaba muy bien, con una buena relación evidenciada por el momento en que un grupo de estos me llamaron para que disfrutara junto a ellos por el simple motivo de disfrutar, como lo hacían los marineros del barco. Dirigí una sonrisa amigable a los que me enviaban tan vociferada invitación, realmente estaba feliz de verlos, pero antes de que diera un paso fui agraciado por la presencia de la persona con más autoridad en el barco. Kenta, el capitán de la nave, quien me enseño las bases de la navegación y cada parte visible de este barco, clamaba mi nombre mientras sostenía una jarra de cerveza como si fuera parte permanente de este. El jovial borracho me recibía con agrado, debido a los días que llevo relacionándome con él y su tripulación, luego de hacer comentarios jocosos sobre los otros invitados que llegaron junto conmigo a esta reunión nocturna, me fue llevando a la mesa más cercana para disfrutar con él y la tripulación del néctar del marinero como aquella noche en el bar del puerto.

Antes de que iniciara la sesión nocturna del marinero que se embriague más rápido, una nueva figura llegó a la escena. Era un hombre inmenso, la persona más alto que había visto, incluso más alto que los guerreros de mi pueblo, con una melena marrón y una armadura que no escapaba vista alguna. Este comenzó a dar su discurso como de un comandante de escuadrón se tratase. Su forma de elegir y emular las palabras tal vez no haya sido la mejor, pero el alma de su monologo me llegó a mi rápidamente, pudiendo entender y sentir su mensaje. –Con qué esto no es una simple misión de exploración- pensaba luego de escuchar las palabras de Taro, sabía que de por sí viajar al otro lado del océano era una misión suicida, pero no tenía idea que sería hacia las tierras de una civilización desconocida con la cual resulta que estamos en guerra. Cualquiera pensaría en quien me dio esta misión y estaría resentido con él, pero yo no pensaba de esa forma, la sangre de los Gyokuryū corría por mis venas, y consigo la voluntad del dragón de jade, no conocía otra cosa que aceptar el reto, seguir adelante, ahora con más fuerza y determinación al enterarme que mi objetivo era todavía más grande, y encima de eso estaba el hecho de que no solo sería uno de los primeros en pisar tierra occidental, sino uno de los primeros en hacer contacto con nuestros enemigos en su tierra natal, y quien sabe si derrotar a alguno, me estaban dando la oportunidad de obtener mi deseada gloria, no podía dejarla pasar tan fácilmente.

El aparente líder se callaba al salir de la escena, no me sorprendía el hecho de que no le confiaran el liderazgo de esta misión al capitán borracho de este barco, la autoridad merecía estar en mejores manos, manos que no estuvieran ocupadas por jarras de cerveza. Me daba curiosidad el nuevo líder, por lo que me incliné hacia Kenta para preguntarle en voz baja sobre el mismo –Oye Kenta, ¿y quién fue ese? ¿Bokushi?, nunca había escuchado ese nombre ¿Qué sabes del hombre?-, las preguntas se las hice al Capitán antes de que llegara el momento. Finalmente, el barco empezó a tomar su rumbo, desatándose del muelle como un hijo que se va de la casa de su padre en busca de nuevas aventuras. Entre las oscuras y calmadas aguas bajo la noche negra, el gran pedazo de manera comenzaba a navegar, miraba hacía el frente, preguntándome que guardaba el misterioso horizonte para mí, en este viaje no pensaría en volver, no pensaría en desviarme, solo pensaría en que iría más allá del horizonte, y sabía que allí, yo iba a nacer de nuevo, y el Pao que volvería no sería el mismo Pao que se fue, no, ese Pao sería diferente, moldeado por las maravillas y los retos que guarda el camino, el camino de un verdadero expedicionario, mi camino hacia el Sol.  
Off-Rol:
Me disculpo por lo tarde y lo descuidado del post, he tenido el tiempo encima ultimamente entre tareas de la universidad y actividades familiares, pero les puedo asegurar que los otros post del examen serán elaborados con más cuidado. Y bueno, suerte a todos! :D

Datos:
Stats:
• Ninjutsu: 10
• Taijutsu: 3
• Genjutsu: 1
• Velocidad: 4
• Resistencia: 6
• Fuerza: 4

Armamento:
• Kunais (10)
•Sellos explosivos (5)
•Bombas de humo (5)
•Hilos de alambre (Unos cuantos metros)
Gyokuryū Pao
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Re: { 11º Examen Chuunin } NOVAM DIRECTIONEM, IGNOTUM

Mensaje por Kyoki el Mar Feb 28, 2017 11:28 pm

El Bosque de la Hoja. Un lugar lleno de tétricas historias. Muchos han sido los cadáveres —o pedazos— de viajeros que se han hallado en este laberíntico follaje. Criaturas de pesadillas y plantas carnívoras siempre están al asecho para caer sobre los incautos y llevarlos a una muerte atroz. Sin embargo, aquella noche, algo más salvaje se desplazaba a toda velocidad por las ramas más altas de los árboles: un espectro de nívea cabellera que había sufrido desde su punto de vista una humillante derrota, y que ahora buscaba un lugar en donde lamer sus heridas.
Maldita zorra —dijo hacia sus adentros—. Si algún día la vuelvo a encontrar, juró que le abriré su delgado cuello de lado a lado. No obstante, lo primero que tengo que hacer es dejar estas tierras. El Feudo de Kakkino Aru’en será un buen lugar para reabastecerme. Me pregunto si este sendero aún es transitado por comerciantes. A pesar del peligro que representa pasar por aquí, nunca falta un avaro dispuesto a arriesgar su pellejo por unas cuantas monedas.

Yami conocía muy bien aquellas tierras, pues, por decirlo de alguna forma, había crecido en ellas. A pesar de que tuvo que huir improvisadamente de una pelea, y colarse aleatoriamente en el bosque para que Los Occidentales perdieran su rastro, no tardó en ubicarse y así dirigirse a un camino por el cual “abundaban” las caravanas de vendedores  que buscaban  negociar en lo que eran las tierras del Daimyo más poderoso de todos. Sin embargo, el Nara no parecía estar en su mejor racha de suerte, ya que no había ni una sola señal de vida a kilómetros de distancia, al menos no humana. Y fue así como durante un breve lapso de tiempo el bosque se sacudió con un sinfín de maldiciones destinadas a la pobre de Safira.
— ¡Y espero que te sodomice un lobo huargo, desgraciada! —terminó de espetar. Y como respuesta a sus injurias, otra voz se hizo escuchó en lugar.
¿Quién anda allí? —La típica pregunta que haría alguien que está a punto de ser asesinado en una historia de terror. Yami vería a quien planteó aquella cuestión desde la sombra que le ofrecía el árbol. Un hombre que portaba una armadura, y que alzaba con su mano izquierda una antorcha mientras que la otra se posaba sobre la empuñadura de la espada.
Aparta tu mano del arma y me mostraré —replicó Yami, viendo esto como un escape de tener que ir a pie hacia su destino, ya que eso le llevaría varios días. En otra oportunidad, le hubiera caído encima a aquel pobre infeliz antes de que pudiera reaccionar.
Eso nunca —contestó aquel sujeto—. Pero si te muestras delante de mí, tal vez considere mi decisión de abrirte el estómago como a un pavo en festividades.
Pero que insolente —se dijo el albino—. De acuerdo —contestó—. Mira hacia arriba. Y ya que prácticamente caeré sobre tu cabeza, te recomiendo retroceder unos pasos.
Y así Yami se dejó caer de los árboles, flexionando sus rodillas para amortiguar su caída y tan silencioso como lo haría un felino.
Y bien —dijo el espadachín—, ¿quién eres y que haces cerca de los dominios de la Señora Tsukasa?
Mi nombre es Yami —contestó el Nara, quien había tomado la decisión que era mejor contar la verdad, al menos una parte de ella—. Hace unas horas mi compañera de viaje y yo nos topamos con unos sujetos muy extraños, de esos quienes todos hablan. —Hizo una pausa, actuando como si sintiera una gran pena—. Tuvimos que separarnos. Solo espero ella esté bien. No sé qué sería de ella si algo le pasa.
¿A quién? ¿A la tal Safira que dijiste hasta el mal que se iba a morir? —Dijo el hombre, por supuesto sin creer en las palabras del joven.
Si, bueno —replicó Yami—, se supone que nos veríamos en este punto, pero al parecer tomó otro camino, o definitivamente encontró un mal fin. Fue un momento de desesperación, supongo.
Ya veo —dijo el soldado—. ¿Y acaso piensas que soy estúpido? Escapar de esa gente que ha estado causando tantos estragos en el territorio oriental. Alguien tan corriente como tú ni podría alejarse un metro de ellos, menos darles frente. Seguramente eres un ladrón, y como la ley de la Señora Tsukasa lo ordena, te ejecutaré aquí mismo.
Pero antes de aquel hombre pudiera desenvainar la espada de doble filo que llevaba en el cinturón, el Nara reaccionó rápidamente y bloqueó el movimiento del espadachín con su brazo derecho mientras que con su mano izquierda amenazaba la garganta de aquel hombre con una cuchilla kunay. Los ojos  de Yami brillaban cuan animal salvaje bajo las llamas danzantes de la antorcha.
¿Y en que parte de mi relato dije que soy alguien corriente? —Escupió el níveo— Si hubiera querido, simplemente no estuviéramos teniendo esta conversación. Además, ¿dime cuándo has visto a un malhechor cualquiera caer desde una altura de cinco metros sin que las rodillas no le salgan por donde el sol no llega a dar?
El Nara dejó escapar un suspiro teatral, y apartó la cuchilla de la garganta del hombre para guardarla en su porta arma. Intentaba con esto dejar su punto en claro, hacerle ver —más que todo por conveniencia— a aquel hombre que él no representaba una amenaza, mucho menos para el feudo, y esto último no estaba del todo alejado de la realidad.
De acuerdo —replicó el soldado—. Por el momento te creeré. Más adelante, a unos cuantos metros, está parada la diligencia en la cual yo venía. En ella va un mensajero de Tsukasa, y la información que llevó consigo puede ser de tu interés, sin en verdad sucedió todo lo que me contaste. Acompáñame. Así te enterarás de lo que acontece. Y no hagas nada estúpido como lo de hace poco. Me agarraste de sorpresa, pero eso no sucederá con mis compañeros cerca.
Fue así como el Nara tomó la decisión de ir con él, y aunque no se sentía del todo cómodo yendo delante de un hombre que lo amenazaba desde su espalda con aquella filosa compañera, prefirió por el momento comportarse. Después de todo, estaba casi en los dominios del feudo más peligroso que existía para él, lo que una vez también había sido “su hogar”. Hacer un alboroto y que alguien lo reconociera no le convenía para nada. No obstante, era un riesgo que por su situación actual tenía que tomar.


***


El País de la Tierra. La última vez que había estado en aquella nación la había armado en grande. Incluso su estúpida contraparte se había divertido, tomando en cuenta lo que significaba diversión para este trastornado ser: robar, asesinar, incendiar anaqueles, patear gatitos, etcétera. De haber ido a pie por las calles del país, seguramente alguna de las autoridades le habría echado mano encima y apresado por toda una vida. Fue una suerte para él que aquellos caballeros, como se refería a ellos de manera burlesca —aunque ellos no lo notaran—, se ofrecieran llevarlo en carreta hasta el puerto. El viaje había sido bastante largo para él, ya que tuvieron que parar varias veces para que los caballos descansaran, más que todo después de la hora del crepúsculo, donde la mayoría de los seres vivientes se dejan caer entre los brazos de morfeo.
Y aquí estamos —se dijo Yami, quien estaba ahora mejor equipado que días anteriores. Llevaba consigo inclusive algunas golosinas y libros que por primera vez en su vida no robó—. Veamos a que nos lleva todo esto. Si es lo que pienso, podría ser beneficioso para mí.

Muy poco le importaba al albino cuanto bien podría hacer a las naciones al aceptar ir aquella misión. Después del encuentro que tuvo con los occidentales, y escuchar que este acontecimiento estaba ligado a ellos, no dudó ni un segundo para embarcarse. Si lograba obtener alguna información sobre ellos que lo beneficiase a futuro, mejor que mejor. Después de todo él consideraba el conocimiento como la mejor arma.
Solo espero que estos marineros hayan estado con una mujer recientemente —se decía mientras pasaba entre todas aquellas miradas, poco corteses—. El primero que me toque que tenga por seguro que lo lanzaré por la borda.
Pero esto no era lo peor para él. En el momento que puso el primer pie en el navío, dudó sobre la estabilidad de éste. Desde su punto de vista era mejor bañarse en sangre y lanzarse al mar desnudo. Se encogió de hombros y buscó un lugar apartado, no estaba entre sus planes socializar con la gente, aunque sospechaba que más temprano que tarde tendría que “trabajar” con alguien.

Entonces lo primordial de esta misión si es la búsqueda de información—se dijo Yami tras escuchar el discurso de Taro. El Nara estaba apoyado no muy lejos del locutor, a pesar de que ese sector del barco no era muy transitado; las piernas cruzadas, buscando algo de comodidad en aquel bamboleo, mientras que mantenía un libro abierto en su mano derecha—. Pero vaya discurso de ánimo se echó ese hombre. —Sonrío a la vez que daba vuelta a una página—. He escuchado palabras más esperanzadoras en un funeral.
Yami parecía estar absorto en la lectura, pues a los ojos de los presentes no daría la sensación de siquiera sentir el momento en el que barco zarpó. Su equilibrio era prácticamente envidiable, pues ni siquiera se balanceaba a pesar del movimiento de la marea. Su cabellera blanca danzaba con la brisa marítima bajo la luz de los faroles, haciéndolo lucir, conjunto a su palidez, como un alma en pena que estableció su lugar de espanto precisamente en esa parte del navío. ¿Alguien tendría el atrevimiento de acercarse a él?

Spoiler:
Stats:
• Ninjutsu: 7
• Taijutsu: 10
• Genjutsu: 7
• Velocidad: 10
• Resistencia: 10
• Fuerza: 10
Inventario:
• Kunais: Son cuchillos negros de mediano tamaño, afilados por sus dos lados. Son perfectos para combatir cuerpo a cuerpo, o bien, arrojándolos a moderadas distancias. Veinte unidades.
• Shurikens: Se tratan de figuras de, por lo regular, cuatro puntas con un hueco en el medio. Miden pocos centímetros y son capaces de hacer heridas. Su diseño las hace verdaderamente rápidas al ser lanzadas. Veinte unidades.
• Hilos de alambre: Son cables que funcionan para inmovilizar oponentes, poner trampas y fusionarse con otros tipos de armas, muy útiles para casi todo tipo de ocasión. Infinitos metros.
• Bombas de humo: Estas armas funcionan para llenar un perímetro de humo, y de esta manera, imposiblitar la vista de un oponente. Se tiene que ser cuidadoso al momento de utilizar estos artefactos, pues pueden ser contraproducentes para el mismo usuario. Tres unidades.
• Sellos explosivos: Son papeles que llevan el kanji explotar grabado. Estos pueden detonar al cargarse con chakra y con fuego. También funcionan como trampas y para mezclarlos con armas. Siete unidades.
•Kit médico: Es necesario para llevar a cabo trasplantes u otras operaciones y curaciones. Está conformado por vendajes, anestésicos, alcohól, entre otras cosas. Una unidad de solo un uso.
•Bombas de luz: Este artefacto, al chocarlo contra el suelo, produce una luz completamente cegadora. Al igual que la bomba de luz, podría perjudicar al usuario de no usarse correctamente. Dos unidades.


Última edición por Kyoki el Miér Mar 01, 2017 4:30 am, editado 1 vez (Razón : Corrección ortográfica)
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Re: { 11º Examen Chuunin } NOVAM DIRECTIONEM, IGNOTUM

Mensaje por Tempest el Miér Mar 01, 2017 4:02 am

Desconocido. Aquella parecía ser la palabra del día. Y es que casi sin darse cuenta Sona yacía embarcada en una misión desconocida, rumbo a un continente desconocido y con una tripulación desconocida. ¿Cómo había sucedido aquello? Tras los últimos acontecimientos ocurridos en el País del Rayo, el feudo al que ahora pertenecía Kiba le había encomendado a este último aquella misión. El objetivo no era otro que el de obtener información. Como era costumbre el Nara invitó a la Yamanaka a participar en la travesía, pero, como volvía a ser costumbre, el Nara llegó tarde al lugar de encuentro. Así pues el trasporte partió con una asustada Sona. Un puerto fue su lugar de destino y un barco su lindo corcel. De un momento a otra se encontró rodeada de extraños y cuando quiso retroceder fue conducida por la marea de gente a la cubierta del barco. Permaneció aislada en un rincón de la cubierta al tiempo que tripulantes y extranjeros ocupaban posiciones. Cruzó los dedos y permaneció inmóvil, en deseo de pasar por un barril más, mientras vigilaba su alrededor. Muchas cosas se abrieron a sus sentidos desarrollados. Como la estructura del navío. Como cada foco de chakra que conformaba a un ninja. Cosas cotidianas. Y cosas que no lo eran tanto. Como el chakra atrapado en lo que parecía ser un arma de uno de los ninjas abordo. Diferentes acontecimientos pasaron de pronto a lo largo del día. Como la división de su compañero Pao, a quien no quiso molestar al verlo reunido con otro grupo de personas, quizás amigos de él. La presentación del que parecía ser el líder de la expedición; extrañas palabras de un extraño sujeto. Y las declaraciones de diferentes sujetos interesantes. Algunos espectáculos dignos de ver. Conversaciones fuera de lugar…


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Lo cierto es que la fémina se sentía confusa. Cierto era que había embarcado antes, pero ninguna travesía la había llevado tan lejos. Que la mayoría de la tripulación fuese del sexo contrario no la ayudaba, más aun, los nervios se le notaban a flote. Iba de un lado a otro recorriendo la barandilla del barco en un intento de disimular su estado, pero empezaba a pensar que estaba logrando todo lo contrario. Sin su compañero ciertamente se sentía indefensa. Sin darse cuenta había avanzado más de lo que pretendía, y sin saberlo había pasado entre un pequeño grupo. Giró bruscamente para deshacer el camino andado. Cuando quiso percatarse de que su talón golpeó algún recipiente, ya era tarde. El líquido que contenía se derramó sobre la madera, Sona tan solo atinó a arrodillarse para intentar arreglar el desastre.- Lo siento.- Quiso decir, más como era costumbre las palabras no salieron de ella... Azura miró a la peli azul de arriba a abajo en el momento en que su jarra cayó al suelo. No era una mirada de odio, sino más bien una cansada. Empezaba, pues, a sentirse mareada por todo el alcohol que había estado bebiendo aquella noche. Denotemos que empezaba, pues su tolerancia por ese líquido era impresionante. Se mantenía, empero, en pie, aunque su atención por ella no era nada fuera de lo común. Giró de nuevo su cabeza, buscando con su mirada la barrica para servirse de nuevo mientras decía: -No pasa nada. -Empezó a caminar, lentamente, hacia su meta.

¿No pasa nada?- Pensó mientras se detenía en el acto. ¿Aquella había sido una respuesta automática dada la situación o realmente había ofrecido una contestación ante la disculpa de la Yamanaka? Si la primera opción era correcta significaba que aquella persona actuaba más, en aquel momento al menos, por instinto que por estar totalmente consiente. Si la opción correcta era la segunda... Entonces Sona no sabría que pensar. Inmersa en aquel pensamiento la kunoichi se percató de que la víctima de su torpeza ya iba dos pasos por delante. La artista miró a ambos lados, perdida, y dado que aquella persona era otra mujer, no quiso separarse de ella, hasta que la echara al menos, por lo que avanzó tras sus pasos.- Realmente lo siento.- Intentó expresar colocando su zurda sobre su pecho, sobre el corazón. Ahora se daba cuenta que intentar comunicarse sería un obstáculo.- ¿Podría compensarlo?- Transmitió, señalando la jarra vacía, el líquido derramado y por ultimo a sí misma... -No me ha venido tan mal. Estoy cansada de tanta cerveza. -Explicó con sinceridad. No parecía la típica excusa para aliviar la culpa de la otra, algo que se evidenció cuando decidió tomar en cuenta la oferta de la peli azul. -Ya que insistes, podrías bajar a la bodega y traer algún otro tipo de bebida. Pero no me traigas algo delicado como un vino... -Aclaración importante. Para beber aquello prefería seguir con el líquido dorado. -Y tráete un vaso. Beber sola es un aburrimiento, y estos parece que ya no pueden más.

Nuevamente aquellas respuestas. Como si hablara con cualquier otra persona normal y corriente. Sona empezaba a sentirse incomoda, no era la reacción que esperaba de alguien que se dirigía a una persona incapaz de pronunciar palabra. Pero era aquello o seguir dando vueltas sin sentido por toda la embarcación. Por ello la fémina mostró una tímida sonrisa mientras asentía vigorosamente. Eran tantas las vueltas que había dado por el navío que ya parecía su casa, conociendo todo lo que un extraño podía conocer de una embarcación ajena. Por ello su ida y vuelta a la bodega no se demoró más de lo necesario, sin contar que intentaba pasar desapercibida ante otros ojos, no quería, ni podía, dar muchas explicaciones si le preguntaban. De regreso portaba una notable botella en la diestra, carecía de etiqueta alguna que identificara el licor en su interior, mas este último era del color de la madera más joven, y el olor que destilaba era semejante al alcohol más puro, se ahorró el comentar los barriles que tuvo que mover para alcanzar la botella, empezaba a pensar que alguien más lo había escondido. No importaba, y es que en la zurda un vaso, como había pedido la mujer, esperaba a ser llenado. Aunque lo cierto era que la peli azul no tenía experiencia alguna en aquel tipo de competencia. Pasó la botella a su interlocutora, mientras llevaba esa misma mano a su pecho.- Sona- Pensó a modo de presentación, mientras procedía a dibujar los kanjis de su nombre sobre la inerte madera del navío... -¿Qué te pasa? ¿Se te ha comido la lengua el gato? He visto que eres tímida, pero esto es demasiado. -Soltó Asura seca y directa, incapaz de pensar más allá. Estaba notablemente sonrojada, quizás había bebido demasiado. -No acabo de entender esas letras. No todos tenemos la suerte de haber aprendido a leer. -Decía mientras llenaba su vaso y el de la artista. -Esto te ayudará a soltarte. Va a ser un viaje largo, y con esto se hará más ameno. -Ella tomaba aquel jugo sin miedo, ya acostumbrada a su graduación, pero sabía que no todos tenían la misma tolerancia. -Cuidado, si lo tomas muy deprisa podría quemarte la garganta. -Pequeño detalle de lo más maternal que contrastaba con su frialdad habitual. Quizás el alcohol empezaba a afectarle más de lo que tenía planeado.

Por fin. Aunque sin nada de tacto, aquella era la reacción que Sona esperaba de una persona normal. Podría decirse que incluso suspiró del alivio. Empero nada estaba más lejos de la verdad, y es que Sona no pudo evitar que sus ojos se encontrasen con la cubierta de la pena que sintió en aquel momento. Llevó su diestra a la base su garganta mientras negaba lentamente moviendo la cabeza de lado a lado. Aquello bastaba para expresar su condición. Sin embargo aquella no sería la primera vez, ni la última, por ello estaba decidida  a que su problema no la frenase en aquel momento. Dio un sorbo de aquel líquido que la otra le ofrecía e, ipso facto, fue a escupirlo a un lado entre convulsiones. El aviso de la mujer llegó tarde, y Sona en aquel momento se debatía entra la vida y la muerte mientras intentaba expulsar de su garganta aquel liquido infernal. Los ojos se le llenaron de lágrimas mientras su tez se tornaba casi tan roja como la sangre. Al darse cuenta de lo que había hecho, no pudo disimular una sonrisa avergonzada. Señaló la botella y negó rotundamente con la cabeza... Azura por fin lo entendía. Le había costado, pero incluso ebria había llegado a la conclusión. Aquella joven no sabía hablar. No se disculpó, hubiera quedado demasiado raro, pero sí dio vueltas a su comentario anterior, viendo lo cruel que podía haber sido. Reaccionó tarde por aquello, motivo por el que no pudo salvarla a tiempo de la tragedia. -¡Mierda! -Grito que venía acompañado de un rápido movimiento en que se levantaba y acudía a su socorro. -Trae agua Hikaru, rápido. -El rubio no contestaba. Se había quedado dormido tras tanto tragar. Fue Touya quien llegó en su auxilio, alcanzándole una botella del líquido transparente que usaban sólo para emergencias como aquella. -Bebe esto pequeña, te hará sentir mejor. -Dijo Azura empleando aquel adjetivo como pronombre. De pequeña no tenía nada la peli azul, pero ya había hecho uso de aquella expresión varias veces con Natsubari y se había acabado acostumbrando.

Elevó la diestra en señal de que estaba bien, aunque aún tragaba el agua como si le fuera la vida en ello. El escozor en su garganta persistía como el calor en el día mas soleado, pero el recorrer del agua a través de su boca era una sensación más que agradable.- Estoy bien.- Quiso decir, asintiendo levemente mientras inclinaba la cabeza en señal de agradecimiento hacia el pelirrojo que había acudido en su auxilio.- Gracias.- Transmitió a este último, llevando la diestra a su pecho y luego extendiéndola hacia el susodicho. Touya no era un hombre de muchas palabras, pero era atento y simpático. -De nada. -Respondió con una sonrisa que expresaba algo más que tan corto mensaje verbal.- No te preocupes.- Intentó decir a la otra mujer, y para ello mostró un sonrisa que intentaba esconder más bien el ridículo que acaba de hacer. Pese a ello miró el vaso, en el que aún quedaba rastro de la bebida, con desconfianza. Luego miró el recipiente de su acompañante y después a su acompañante misma. Señaló primero el trago, luego a la mujer y procedió haciendo el amague de alguien que bebe de un vaso, para terminar haciendo señas de que todo estaba bien.- ¿Cómo puedes resistir eso?- Era lo que quería transmitir... Azura recibió el primero de los mensajes logrando aliviar su culpa, aunque de nuevo no supo cómo contestar. El segundo mensaje, con señaladas por allí y gestos por allá, fue demasiado para la espadachina, a la cual empezaba a mezclarse el rojo de la bebida con el de la vergüenza. -Sí, Jajaja. -Expresó dando un largo trago del vaso que la peli azul había dejado a medias. Esperaba que fuera lo que fuera que la Yamanaka tratara de expresar pudiera responderse con un sí. -Veo que no te gusta beber... aun así intenta desinhibirte, disfrutar del momento. Aquí en el mar somos libres, puedes hacer cuanto te plazca.

La artista quedó momentáneamente atada a la sonrisa de aquel hombre. Se le había olvidado incluso el pestañar, por ello al hacerlo lo hizo varias veces seguidas, sacudiendo levemente la cabeza para centrarse en la situación. Por otro el otro lado, el de la mujer, la fémina expresaba una forzada respuesta que no hizo más que sacar una inmensa sonrisa a Sona. La peli azul entendía a la perfección el momento por el que pasaba su interlocutora, por lo que no quiso forzar la situación y no hizo más que asentir con vigor. Tomó la botella y se la ofreció al pelirrojo, pues aquel aun seguía allí presente y seria descortés no invitarle. -Muy amable. -Respondió al silencio el pelirrojo manteniendo la sonrisa. -Pero esta ya es la última. -Advertencia más para sí mismo que para la otra.- Sona.- Probó la fémina nuevamente a presentarse, señalándose así misma en primer lugar y luego dibujando los mismos kanjis anteriores sobre la madera. Quizás ahora tuviese suerte, y si no, se le había ocurrido algo para animar el momento. Con agilidad tomó el estuche que sobre su espalda colgaba, extrayendo de él su dorado instrumento, una obra de arte de indescriptible belleza, y colocando este sobre sus piernas, su lugar predilecto. -Sona, ¿verdad? Encantado. Yo me llamo Touya. -Expresó con cortesía. Se seguía sintiendo un poco fuera de lugar, por eso trató de no meterse demasiado entre ellas dos. En aquel momento, no había estrella en cielo que brillara con más intensidad que la sonrisa de Sona al escuchar su nombre. Aquella si había sido una sonrisa de pura felicidad, pues significaba un paso más hacia la confianza. Asintió con vigor al pelirrojo, que se había identificado como Touya, para confirmar que aquel era su nombre, y luego dirigió una mirada inquisidora hacia la otra mujer para conocer el suyo. -Azura.- Se apresuró a responder esta. -Así que Sona... -Reflexionaba Azura viéndola sacar su gran instrumento. Se sentía bien por impulsarla a tomar su libertad y decidirse a sacar aquello que transportaba en su estuche. De nuevo, no dijo nada, pero se le quedó observando, curiosa por lo que estaba por pasar. El plan de la Yamanaka al sacar su instrumento era que adivinasen su nombre a través de la analogía con el sonido. Pero por suerte Touya había saltado tan innecesario, y quizás tedioso, trabajo. Presentar a Etwahl, por otro lado, seria tarea imposible. Aquel era el nombre su instrumento y no había Kanji, en aquel lado del continente, que tradujese aquel extraño nombre.- Si me permiten...- Transmitió con una leve inclinación de cabeza, mientras cerraba los ojos y se sumergía en su propio mundo. Aquella, se podía decir, era su bebida.




Las primeras notas emergieron tímidas, como si no quisiesen ser escuchadas, pero los dedos de Sona acariciaban las cuerdas como una madre a su bebe. Pronto las notas salían una detrás de la otra. Componiendo con ello una suave y agradable melodía. La artista tocaba sin partitura, por lo que las notas expresaban sus sentimientos. Primero, la confusión de la misión. Segundo, la inseguridad de la nave. Para terminar con lo agradable de aquel momento. Libertad. Sona en concreto imprimió aquello en su melodía, a petición de Azura, en un intento de hacer volar la mente de los oyentes con aquella secuencia armónica... Tras un notable momento, la melodía iba perdiendo fuerzas a medida que Sona entendía que ya era suficiente. Como un lejano murmullo la última nota se perdió en el océano que los recibía. Despacio, Sona abrió los ojos hasta volver a la realidad, y al darse cuenta de lo que había hecho, no pudo esconder su vergüenza. Mas el tono rojo que no le había dado el alcohol se reflejaba en sus mejillas. -Realmente precioso. -Fue la reacción de Touya. Las palabras fueron acompañadas por unos aplausos de sus propias manos, a los que se les unieron los choques de las palmas del capitán, quien estaba mucho más afectado por la bebida. -¡Braaaaaaaavo! -Gritó el peliblanco desde la lejanía quizá agravando la vergüenza que podía sentir la muchacha. Con presteza y torpeza, Sona regresó su instrumento al lugar al que le pertenecía, mientras clavaba su cristalina mirada en el horizonte, reprimiendo una risilla nerviosa que no quería que escapase. -No sabía que se podía sacar música de ahí. Con esto no necesitas palabras para expresarte. -Apuntó Azura mientras la Yamanaka guardaba su instrumento. De haber podido pronunciar palabra, la vergüenza no la habría dejado. Y es que a pesar de haber tocado para un público con anterioridad, nunca estaban tan cerca como aquellos dos. ¡Incluso alguien vociferó en la distancia! Sona temía que su imprudencia hubiese despertado a alguien. Mas las palabras de Azura eliminaron rápidamente ese pensamiento. Empero para Sona, el mirar al más allá llenó su cabeza de dudas. Miro primero a Azura, y luego a Touya, señalándole a este último el horizonte desconocido al que se dirigían.- ¿Que encontraremos más allá?- Inquiría, y la pregunta podía leerse claramente en su faz. Ella era completamente una novata, marioneta de las tierras donde residía, pero aquellos que hablaban de libertad, aquellos debían estar más experimentados. Aunque la mirada al horizonte iba dirigida al pelirrojo fue la chica quien se tomó la libertad de dar respuesta: -El horizonte es una incógnita. Lo realmente apasionante de una aventura es no saber qué vas a encontrar.- Azura fue quien contestó su pregunta no formulada, y Sona volvió a asentir con vigor, estaba de acuerdo.- Y a quienes...- Intentó agregar, intentando sacar de su diestra los músculos que no tenía, mostrando una actitud bastante gallarda. Una imagen cómica que se apresuró a borrar. Las carcajadas de aquellos dos, sin embargo, era algo que no podía borrar con tanta facilidad. Obviamente el exceso de risas era producto del alcohol, y era más cómico aun el contemplar a una Sona desesperada intentando acallar a aquellos dos a través de meras señas. Lo último que la peli azul quería en aquel momento era despertar a alguien o atraer más miradas curiosas, moriría de la vergüenza antes de pisar el nuevo continente…

Por alguna razón ya no la ataba la timidez de un principio, quizás liberar sus sentimientos a través de la tonada que había realizado era lo que realmente necesitaba. Tomó con una sonrisa el vaso que le pertenecía y vertió en el apenas un dedo del licor. Lanzó una mirada perspicaz a sus acompañantes e ingirió de un trago el contenido. Su rostro se desencajó por el sabor, mas no había comparación con el primer intento. No se había acostumbrado, pero ahora al menos ya no necesitaba el agua. La amplia sonrisa que mostraba era prueba de ello… Continuaría con aquellos dos hasta que el cansancio le ganara o el amanecer la sorprendiera. Por cada pequeño trago del licor consumiría uno grande agua. Eso le ayudaría a mantener el ritmo de los tan experimentados tripulantes…
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Información:
Habilidad Pasiva:
Desde que comienzan a desarrollar sus habilidades mentales, los ninjas Yamanaka son capaces de detectar el chakra de sus alrededores, usando una variación de la técnica Kenshutsu sin necesidad de especializarse en técnicas sensoriales, esto debido a que algunas de sus técnicas están estrechamente relacionadas con la detección de individuos; sin embargo, su capacidad sensorial innata es bastante reducida en comparación a un especialista en esta área. Genin: 100 metros.

Stats:
• Ninjutsu 7
• Taijutsu 2
• Genjutsu 8
• Velocidad 4
• Resistencia 9
• Fuerza 2

Inventario:
• 7 Kunais
• 4 Sellos Explosivos
• 2 Bombas de Luz
• 1 Bomba de Humo
• Garras (Cubiertas por los guantes largos de sus manos.)
Tempest
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