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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Burn and Freeze | Con Safira & Yamanaka Daiki

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Burn and Freeze | Con Safira & Yamanaka Daiki

Mensaje por Azula Uchiha el Lun Feb 27, 2017 6:29 am


焼き込み凍結
Burn and Freeze
Rol social con Safira & Daiki


D
e su casa salió cual fantasma en la medianoche, la Luna, arropada por multitud de cúmulos grumosos, blanquecinos y danzantes en aquel cielo, que ni siquiera las estrellas podía brillar con su usual intensidad detrás de tal cortina. Pocas sombras, sólo las formadas por las lámparas con aquel volátil aceite, balanceantes tras ser golpeadas por el frío viento. Una silueta, quien se fundía en la oscuridad como celaje de ente misterioso, naciente de la noche, se movilizaba a gran velocidad, como si escapara de algo y sí, lo hacía: escapaba de los ojos curiosos que pudiesen identificar su figura; de los oídos, que buscarían escuchar su respiración e indicar que era alguien vivo, alguien de carne y hueso; eso, desde luego, eran desventajas para la sombra deslizante, imponer respeto era más que darse a temer, era parecer un individuo desligado de la realidad, de la realidad banal que todos adoran.
Entre salto y salto, de tejado en tejado, los límites de la Capital eran dejados atrás para internarse en el bosque que muchos temían a tan altas horas de la noche. Bosque que abrazó a la fémina encapuchada como si se tratara de otro animal cómodo en las tinieblas. En total silencio se mantenía la arboleda tras su paso: Dejaba el silencio a su espalda, como si fuera motivo de temor, de miedo o rechazo. Era una araña, preparando su hábil ponzoña para acabar fugazmente con la vida, con la efímera vida de cualquiera que se atreviese a provocarla.



Un edificio, con aspecto rudimentario, pero siendo una estructura de gran tamaño. Escondida entre el centro del gran bosque, no todos los caminos llevaban a ese lugar; caminos llenos de encrucijadas, de círculos falsos, que cualquier extranjero no conseguiría atravesar a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera, era algo de práctica: En su caso, esa mujer, la cual se dirigía a la entrada con paso seguro, elegante, sumamente femenino; había nacido en esas tierras, desde pequeña sabía identificar los peligros del sitio, sorteándolos y familiarizándose con ellos. En su cadera sólo había un objeto, lo que parecía ser un abanico, negro, visualmente común.
Dio entrada en ese lugar, en donde los hombres bebían de manera empedernida, mujeres servían tragos y poco más. Pero la malvada mujer supo encantar a todos a su alrededor, barriendo inmediatamente con la atención de todos ellos, sin discriminar ningún género. Su caminar se visualizaba tentador, un ritmo que derramaba poderío sin decir ni una palabra. Piernas fuertes, caderas curvilíneas para dar entrada a su trabajado y delgado abdomen, hombros sutilmente separados y en su rostro no había más que una sonrisa, además de la máscara negra que enmarcaba sus ámbares, penetrantes y sumamente despectivos, como si nadie fuese dignos de observarlos. Su capucha ocultaba una peluca que simulaba un cabello corto, a los hombros, castaños con reflejos claros: Poco de su verdadera identidad eran puesto a la vista. Exquisita aunque se metiese en ese lugar para bandidos, y aun así, infundía tanto que el atacarla podría parecer un acto de suma estupidez.

Divisó una mesa y se adueñó de ella. Una mesa sólo para dos personas. Y tan pronto su trasero tocó el asiento, un hombre, ciertamente desesperado, se le acercó. Queen no hizo más que tomar su abanico con su diestra, posar su hombro derecho en la mesa e inclinarse sugerentemente hacia el masculino, que sin dudarlo también acortó la distancia. —Te invito a una copa —terminó por hablar, y una curva más pronunciada se hizo en los labios carnosos de la fémina. —Qué manera más patética de acercarse a una chica. ¿Por qué no puedes decir algo como “te regalo el mundo entero” o “mataré a los que quieras a tu nombre”?, sería más romántico —al terminar soltó una risita entre dientes, abriendo el abanico con un movimiento rápido de muñeca, como cortina entre ambos rostros. Eventualmente, el hombre, rechazado y algo temeroso, se fue de su mesa. La mujer dio un suspiro, era caso perdido con eso de la seducción.


Posada-Bar

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Última edición por Azula Uchiha el Jue Abr 06, 2017 11:52 pm, editado 1 vez
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Re: Burn and Freeze | Con Safira & Yamanaka Daiki

Mensaje por Safira el Lun Mar 06, 2017 11:39 pm

Despertó de aquel desmayo a la mañana del día siguiente de lo ocurrido. La luz del astro saliendo por el este la despertaba dulcemente, y el calor del mismo la arropaba para que pudiera levantarse lentamente. El mundo, en aquel momento, se movía por y para ella. No tenía prisa alguna, ni lugar donde ir, pero por fin había conseguido deshacerse de aquellos estorbos. Y no, no hablaba solo de los invasores.
Su cabeza la engañaba, le hacía ver visiones donde realmente no había nada, le hacía ver un plato de pollo en una roca, le hacía ver una cama donde había unos matorrales de espinas. A pesar de todo, aquella fatiga continuaba obstaculizándole seguir con su vida como deseaba. Necesitaba moverse con normalidad, ansiaba recuperar la flexibilidad que la caracterizaba, quería volver a sentirse libre, pues aquel agotamiento no era más que nuevas cadenas que se interponían en su camino. Tras de sí dejaba alguna gota de sangre que otra en el camino, de heridas que se habían vuelto a abrir, pero nada le importaba. El dolor solo la hacía sentir viva, le hacía saber que no había muerto y que, para su suerte, aun le quedaba mucho por disfrutar.


♦ ♦ ♦ ♦ ♦ ♦


Desde aquel lado, aquello no parecía más que una posada como otra cualquiera, abandonada de la mano de dios, y terriblemente más pequeña de lo que la Yuki estaba acostumbrada. Aquel lugar al que un día llamó su casa era cinco veces más grande que esta posada, aunque sus cimientos fueran igual de pésimos. Lanzó una risilla al aire al recordar aquello, lo grande y relativamente lujoso que parecía aquel burdel, y lo fácil que fue reducirlo a cenizas.
Fijó su vista, pues, en una de las ventanas del primer piso, que estaba descuidadamente abierta, y no parecía haber luz en su interior. Empezaba a hacerse tarde, y el sol se ocultaba por fin, convirtiendo a la pequeña Yuki en un camaleón que se camuflaba con la oscuridad de los rincones. Trepar, empero, no fue tan fácil como pensaba. No por la falta de habilidad, sino por el esfuerzo físico que aquello acarreaba y que, como consecuencia de su ultimo combate, le era realmente difícil realizar.

-Veamos… -ya dentro empezó a buscar cualquier cosa de valor que pudiera usar en su favor –¡Ohlalá, qué tenemos aquí! –con sus manos recogía de encima de la cómoda lo que parecía una especie de uniforme militar del país donde se encontraba. No dudó. En un abrir y cerrar de ojos, la forastera ya se había quedado desnuda en aquella extraña habitación. Se paseaba por ella, buscando dinero, joyas, lo que fuera que pudiera pagarle aunque fuera un plato de sopa caliente. Se miró al espejo, probándose por encima aquel uniforme. Sus curvas se resaltaban incluso más que antes, recorriéndolas con sus manos y sintiendo la sensualidad en su cuerpo que nunca antes había sentido.


♦ ♦ ♦ ♦ ♦ ♦


No tardó demasiado en dejar aquella habitación y bajar las escaleras que daban al salón principal, donde la gente podía disfrutar de una buena comida y bebida. Esperaba encontrarse borrachos, mercenarios, y demás de la peor calaña. Y realmente tampoco estaba muy equivocada. Los miraba desde la lejanía, con repugnancia, como si el simple hecho de compartir el mismo oxígeno, o dejar que incluso respiraran, le molestara. Su cabeza se volvió a donde se encontraban las demás mesas, esperando poder sentarse en alguna y relajarse. Pero sus ojos no lograron divisar más allá de la esbelta figura de una joven de azabaches cabellos. Ahí estaba, sentada, mirando a la nada con aquellos ojos inyectados en ámbar y esa sonrisa pícara y etérea que la llamaba con lujuria. Nunca había visto a nadie antes de aquella manera, el amor y el sexo era algo que le repugnaba, y, sin embargo, ahí estaba. Las mujeres solo le recordaban un pasado oscuro del que quería huir para no volver, que quería dejar en el pasado, y, sin embargo, ahí estaba.

Su corazón bombeaba cada vez más deprisa, le ardía por el calor que la otra le provocaba. Un sentimiento imposible de evitar y que cada vez se apoderaba aún más de ella. ¿Era amor aquello? Para nada. Era pasión, eros.
Todos miraban a aquella reina encarcelada en el cuerpo de una joven, y los borrachos intentaban hacerse con ella, pero no podían. Safira, empero, se recompuso de aquel shock. Parecía que hubiera estado horas admirándola, y sin embargo apenas habían pasado dos minutos. Empezó a acercarse, contoneándose como hacía de costumbre, hacia aquella mesa, dejando que su cuerpo chocara contra el del borracho y derramara su copa al suelo. Fingió una voz dulce, inocente, y lo miró desde su pequeña altura. –Disculpe…yo… -que fácil y grato le era fingir algo que no era, la emocionaba y le provocaba un cosquilleo por toda la espalda al ver la facilidad con la que los humanos eran tan fáciles de engañar. Aunque, empero, era este narcisismo el que no le dejaba ver que ella era igual de fácil que los demás. El otro se apartó dirigiéndole una mirada que, sin lugar a dudas, se había centrado en el torso de la Yuki, momento que la otra aprovechó para hurtarle, de forma refinada, aquella cartera que escondía en el bolsillo.

Se acercó, con sutileza, dando un pequeño rodeo hasta acabar a su espalda disimuladamente. Posó primero su diestra sobre la parte derecha del cuello de la joven, acariciándolo suave y delicadamente mientras le susurraba: -Eres una mala idea… -parecía haber acabado, mas no era todo. Posó, entonces, su siniestra sobre la otra parte del cuello, y lo acarició del mismo modo, recreándose con lo que le susurraba a su oído izquierdo-…pero me encantan las malas ideas. –dejó que reposara aquella frase en la mente de la desconocida mientras dirigía sus pasos hacia la silla más cercana, enfrentando, así, su helada mirada contra el fuego que se hallaba en el interior de la otra.
La luz de las candelas que alumbraban levemente la escena perfilaba la figura de la Yuki, quien se limitaba a mirarla pícara y maliciosamente, con una sonrisa felina a punto de devorarla.


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Re: Burn and Freeze | Con Safira & Yamanaka Daiki

Mensaje por Azula Uchiha el Dom Mar 12, 2017 5:51 am


U
na figura, silueta femenina cuyas curvas demostraban el trabajo de un cuerpo esculpido por los más refinados artistas, pero ella, parecía ser el ícono de la helada venganza. No había mayor maldad que la escondida tras la llamativa sonrisa de las mujeres, y en ese caso, la enmascarada y desconocida tenían ese duro lazo que les diferenciaba de todos los demás. Mirada pesada cuando se lo proponía eran los ámbares sólidos que se posaban sobre la pintoresca escena entre el borracho y la otra; hurto que no pasó desapercibido y sonrisa pícara que ésta provocó. Ella utilizaba los encantos como nadie que había conocido, en contraste con Queen, quien era una aficionada a ello; mas no subestimaba tal material, tal arma que podía ser utilizada letalmente en contra de los hombres, débiles a la carne. Desde cierto punto, la primera impresión fue dada como una experimentada en ese campo, y desde luego, la Reina se rodeaba de los y las mejores, así seguía con su aire victorioso. Observante y, como esponja, absorbía cada contoneo, cada gesto, cuando menos lo creyó, había caído irremediablemente en sus encantos, de manera inconsciente, pero ella nunca era tan fácil, en ninguno de los aspectos.
Despegó su atención cuando se dio cuenta de la trayectoria contraria, fue sólo un fugaz instante cuando sus miradas se cruzaron, para luego ignorarle, como parte de un juego, en silencio, aunque no podía evitar que la picardía fuera exudada por todo su cuerpo.

El contacto físico fue motivo de toda su atención, de manera irrevocable. Un tenue sonido emanó desde su garganta y sus labios fueron barrotes que convirtieron aquello en un sonido de pleno placer; alzó su barbilla para dejar más espacio frente las caricias que la ajena propinaba sobre su suave piel –dentro de lo posible por su capucha–. Sus palabras entraron como impulso, provocando que toda su piel se erizase, desde la altura de su cuello hasta su espalda y, finalmente, sus brazos. Queen sonrió y posteriormente soltó una momentánea pero sensual risa a labios cerrados, resbalando su lívido enfoque visual por las curvas de quien le rodeaba para sentarse frente a ella, encarar a la dueña del caos. Su siniestra se colocó en la orilla de su rostro, pasando su dedo índice por su mejilla hasta finalmente llegar a su máscara, utilizando la palma como base para su quijada. —Oh... No no, ¿mala idea? —pudo acotar algo intrigada, como si refutara aquello, y lo haría, clavando esos orbes, haciéndole frente a la amenaza inofensiva y silenciosa que la ajena sugería por su simple observar—. No, yo soy la calamidad —concluyó, conectando lo anterior, ese cinismo, ese ego, mezclado con la maldad ardiente que poseía su cuerpo. La curva en sus labios se alargó por un momento, inclinando sutilmente su rostro hacia su derecha, ¿eso quería?, ¿toda su atención?, estaba siendo entregada en bandeja de plata, y el guiño de ojo se lo hizo comprender.

Sus ojos, por un momento, recorrieron el bar en busca de alguien; al parecer, la creadora del caos tenía cosas que hacer, pero no vendría mal algo de compañía o charla, quizás estaba frente a una aliada, o algo más... Levantó su diestra, con su abanico, pidiendo atención por parte de las empleadas: —Quiero la botella de su mejor vino —exigió una vez estuvo cerca de una. Una reverencia y una retirada. Ella no bebía, era muy extraño aquello, pero esa situación era especial, y en algún momento debía aprender. Carraspeó con suavidad su garganta, cruzó sus piernas y cuando hizo esto rozó su bota derecha con las piernas de su acompañante, mas hizo como si nada pasara: Sí, estaba jugando, y quería saber cuán bien se le daba—. Soy Queen, ¿tienes nombre?


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Re: Burn and Freeze | Con Safira & Yamanaka Daiki

Mensaje por Safira el Sáb Mar 18, 2017 10:42 pm



Sus voraces ojos inspeccionaban cada detalle que la reina le ofrecía. El cuerpo ya la había embelesado, pero era su rostro el que la había hecho caer en su hechizo. Una piel pálida, pura y, contradictoriamente, inocente. –Me pregunto cómo quedaría el carmín manchando esa carita… -guardaba aquellas palabras para su interior mientras su atención pasaba a centrarse en la mirada que se ocultaba tras aquella mascara. Ojos fieros y penetrantes que resguardaban tras de sí todo aquello que sus palabras no podían llegar a expresar. Y, por último, aquella curva que formaban sus labios, una sonrisa maquiavélica digna de alguien que, de sobra, se había ganado la completa atención de Safira.

Apenas había pasado un par de minutos, mas parecía que el tiempo se había detenido para la Yuki. Los segundos transcurrían enlentecidos. La frialdad que caracterizaba a la forastera se había visto obnubilada por la calidez de la otra. Prácticamente no era dueña de sí misma, rozando el comportamiento animal, casi dejándose llevar por sus impulsos.
La reina movía ficha, era su turno de lucirse, y no quedó para nada atrás. Esa forma de hablar, su tono de voz, su forma de decir tanto con tan poco, todo parecía que fuera una continua descarga de fuegos artificiales dignos de admirar. Y, ese guiño, la explosión final.

Pasó sus finos dedos por su cara, lentamente, acariciándola para, posteriormente, reposar su cabeza sobre aquella mano. Jugueteaba con sus labios usando uno de esos dedos, moviéndolo de forma suave mientras la miraba de reojo. –Vino, interesante elección. –sonaba seria, algo distinta a como pretendía mostrarse, mas aquellas palabras escondían sus verdaderas intenciones –quiero ver como se tiñen esos labios. –se mostraba facialmente impasiva ante el jugueteo que la otra había comenzado, sin embargo supo responderlo paseando su índice y corazón por la delgada pierna de la otra, probando hasta donde podría llegar. Su sonrisa se volvía cada vez más amplia y maquiavélica conforme pasaba el tiempo.

-Puedes llamarme Raven. –”aunque preferiría oírtelo gritar”. Elegante a la par que tenebroso, un pájaro de ébano que abría sus alas y volaba libre allá donde quería, tomaba aquello que deseaba, y se camuflaba entre la oscuridad para no ser vista por ojos curiosos, aunque capaz era de arrancarlos de sus cuencas sin miramiento alguno.
La reina había hecho su primer movimiento, mas  jugaba en territorio ajeno. Para alguien que se había pasado reclusa entre las paredes de su propio castillo mental, el cuervo no sería fácil de roer. Había admirado la vida desde un punto de vista distinto. Había degustado con sus propias fauces el sabor de la derrota, de la muerte, y de la victoria. Su pretensión, empero, no era ganar aquella batalla, sino divertirse con alguien como ella.

Queen, como su nombre indicaba, eran quien daba las órdenes y tejía las realidades de todos a su alrededor; cosa que ahora estaba cambiando, sorpresivamente, mujer que se integraba como alguien más, dejando ese ego aplastante y demostrando el interés hacia la ajena con facilidad. Le tomó fuera de posición el tacto sobre su extremidad, pero no fue motivo para despegar el contacto visual, la manera más pura de fraternizar con total sinceridad, como si tratase de hundir oscuros pensamientos en la mentalidad de la desconocida. Su diestra, con abanico en mano, aún cerrado, fue por debajo de la mesa mientras que su torso de inclinaba hacia atrás, formando una distancia entre ambas: Sus orbes no demostraban desprecio, pero sus actos decían lo contrario. Golpeó con suavidad, utilizando su abanico cerrado, la mano ajena cuando se acercó lo suficiente, su ceja derecha se levantó una vez más al mismo tiempo que negaba con su cabeza. No permitía aquello de cualquiera, le imponía un arduo reto, pero eso no indicaba que Queen detendría sus deseos, los podría por encima de los demás, y ella no era la excepción.

—Raven... —musitó para sí misma, internalizando el nombre, mas no tomándolo como cierto—. ¿Qué hace alguien como tú por aquí?, no me digas que eres una ladrona de poca monta —indicó, con cierto tono burlesco. Retomó la posición de su diestra, teniendo delicadamente su distinguido abanico—, porque, desde luego, eres alguien que puede hacer cosas muuuuy grandes; no hay que ser una eminencia para saberlo, aunque yo lo sea —y como siempre, no podía dejar a un lado su prepotencia, pero esta vez, no era dirigida para herir u ofender, sino para alagar.

La respuesta, empero, de la reina no fue la esperada para la Yuki, mas aquel juego no acababa. La partida solo acababa de empezar, y aunque detuviera su mano, sus ojos expresaban todo lo contrario. Le resultaba graciosa la forma en que sus acciones se contradecían con sus deseos, pero aquello solo hacía que todo fuera mucho más interesante. -Querida, mira a tu alrededor. -se giró para observar a todos los que las rodeaban, mientras erigía sus brazos para mostrárselo. Borrachos, ladrones, mercenarios, incluso alguna "mujer de la vida". -Creo que esa pregunta debería hacértela yo a ti, ¿no crees? -apoyó, entonces, su brazo en la mesa, mientras llevaba el otro a la cintura y se acercaba a la otra, dejando un metro de separación -Respondiendo a tu pregunta, solo encuentro una respuesta, -empezó, de nuevo, con un tono relajado mientras apartaba su vista momentáneamente buscando la camarera que les había atendido para hacerle una señal con la mano, un simple gesto entendido para que le trajera un vaso de licor. La pausa no duró más de unos segundos, pero entonces la miró de reojo, contemplando nuevamente aquellos ámbares - vivir.

Su observación se redujo a visualizar por encima del hombro de su contraria, ya sabía a lo que se refería. Había analizado a la mayoría de los presentes con un simple mirar, fugaz, pero lo suficiente para darles a cada uno de ellos una caracterización; sí, Queen era una joya entre tanta basura, y no buscaba ocultarlo. La pregunta retórica hizo que amagara una sonrisa, una vez más, no obstante, fue oculta al colocar delante de sus labios el abanico cerrado, sin apartar sus ámbares enmarcados de ella, quien seguía aprisionando su atención, una acción que perduraba constantemente, como una irrevocable atracción. —¿Vivir? —cuestionó, realizando un gesto de asombro, tenue y disimulado. Tras la pequeña pausa, rememoró y dispuso a compartirlo—Cuando era niña le tenía miedo a las arañas... Me dijeron que no tenían sentimientos, que sus corazones nunca latía —un rápido movimiento de muñeca y abrió el abanico, moviéndolo con suavidad, manteniendo la serenidad. Eso antes que su voz se tornase insensible simultáneamente a la pasión que irradiaban sus ojos—. Por ahora sé la verdad; a la hora de matar... Se encuentran más llenas de vida —súbitamente su instrumento se ha de cerrar, sucesivamente, el mismo fue acercado hacia la garganta de su acompañante; con suavidad presionaba hacia arriba para forzar el movimiento de su cabeza, cómo para dejar en evidencia el filo que el tessen contra su piel. La camarera llegó con la botella antes pedida y empezó a servir el vino, motivo para la separación de su sensual amenaza. Dos copas, una para cada una. Su dedo índice pasó por el filo de la copa con el líquido vinotinto, justo antes de ser tomada con delicadeza y tomar un primer trago: poco, más para sentir el sabor sobre sus labios—. Pero hoy no vengo para eso —terminó por aclarar, aliviando la tensión, siendo un poco más casual, posando su vista sobre la bebida mientras realizaba movimientos circulares con la misma —, hay personas que necesitan de mi atención, para bien o para mal.
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Re: Burn and Freeze | Con Safira & Yamanaka Daiki

Mensaje por Azula Uchiha el Lun Abr 03, 2017 12:01 am


S
e volvió a ella con el asombro inyectado en sus fríos ojos. No esperaba escuchar una historia como aquella salir por la boca de alguien como La Reina, sin embargo no era algo que le desagradara. Todo lo contrario, aquello solo hizo que la atrajera más aún, si cabe, atrapándola así entre la seda de aquella telaraña. —Entonces, ¿quién está en el punto de vista de esta viuda negra si puede saberse? —dijo, curiosa e interesada de quién podría querer tener siquiera una reunión o un encuentro con alguien que, solo con sus palabras, podía ser tan letal. Atrajo aquel pequeño vaso lleno del mejor licor que había probado, aunque ciertamente tampoco había tomado muchos, y lo bebió de un trago, dejando tras de sí un largo suspiro.
Quiénes es la verdadera pregunta —hizo hincapié, tras dejar la copa en la mesa, utilizando dicha mano para limpiar la comisura de sus labios, manchadas por el vino, con delicadeza y sin apartar su formalidad, como si se tratara de la realeza. Empezó a abanicarse, indicando así que la tensión se disipaba al momento de desviar su mirada a la barra –la cual se encontraba a su derecha–, en donde los hombres empedernidos con el alcohol bebían como pozo sin fondo—. Hay quienes merecen una buena oferta y otras quienes sus vidas serán cortadas de tajo luego de revelar cierta información —detalles que parecían salir de sus labios sin sentido, y en realidad estos no lo tenían, primero se debían visualizar sus acciones para saberlo completamente. Tomó otro trago del vino, esta vez uno más largo, inundando sus papilas gustativas del líquido que enrojecía sus labios por breves momentos—. Mi oferta es sencilla, y va dirigida a las personas que desean el caos, la destrucción, la fama o el dinero; criminales a resumidas cuentas. Les daré lo que la comunidad no pueden darle, un objetivo en común, un equipo que hace lo mismo que ellos. Claro, conmigo al liderazgo —y sus ojos se posaron en las facciones de la fémina frente a ella, buscando una respuesta, por más mínima que fuera, en su comportamiento, como si quisiese leerle la mente o simplemente deleitarse con su pecaminosa hermosura.

Todo era música para los oídos de la Yuki. Poder, dinero, sangre, puro arte del que se rodeaba diariamente. Mas todo cambió súbitamente con aquella última frase de la reina. Sus pupilas se contrajeron, y su boca se secó completamente. El pulso se le aceleró con solo pensar que volvería a ser esclavizada por alguien. La rabia empezaba a brotar en su interior mientras su mente creaba la ilusoria imagen de unas esposas alrededor de sus finas muñecas. Juraría, incluso, haber visto a Ryuji en la barra saboreando aquel licor tan fuerte que siempre tomaba y que le dejaba un sabor de boca de lo más amargo. Se miraba las manos, prestando atención a esas esposas imaginarias, y, entonces, volvió su vista a Queen. La ira y el miedo fusionados, inyectados en aquellas perlas grises que tenía por ojos. La velada había sido demasiado perfecta como para mancharla tan fácilmente, empero lo único que deseaba era salir por la puerta de la posada para no volver. Mas era imposible. La mezcla de ira, lujuria, miedo, pasión le hacían permanecer, involuntariamente, sentada, rendida inconscientemente ante la labia de la reina. —Creo que has llegado a parar al sitio equivocado —empezó con un tono cada vez más brusco— y has ido a hablar con la persona equivocada —se levantó, pues, de la silla mientras una de sus manos se apoyaba sobre la mesa—. Me temo que tendrás que buscar a otra mosca que atrapar en esa telaraña
La copa entre el dedo medio y anular, bebiendo del cáliz con lentitud y con una elegancia sin igual: Explícita su excelente educación y modales. Su rostro se ladeó de manera casi imperceptible al ver cómo las facciones de su acompañante dibujaban ansiedad y en ese mismo instante recapituló en su mente todas sus palabras en busca del error o de la ofensa que de sus labios pasó desapercibida, mas de su cara no salió expresión, se mantenía expectante, casi de manera estoica, sin ni siquiera parar de beber del elixir rojizo que su paladar –exquisito cuanto menos– disfrutaba. Se abanicaba con suavidad, estaba claramente tranquila a pesar que su contraria sufría de un combate interno, combate que terminó rompiendo su tranquilidad y hasta el aire lívido que pululaba en el ambiente. Movía circularmente la copa y veía el movimiento del líquido, ajena al arranque de inquietud ajena; sin embargo, tan pronto la mesa sonó por la mano de la mujer –haciendo vibrar su copa y la botella de vino–, y su voz chocó con brusquedad en sus oídos, la mirada ámbar –antes halagadora– se clavó en los orbes de la fémina desconforme que se levantaba sin más justo después de barrer la zona y asegurarse que todos se centraban en esa conversación. Queen se mantenía serena, no temía, tenía confianza en sí misma. —Pocas veces me equivoco —aseveró, bebiendo lo que quedaba del líquido y posando el cáliz sobre la mesa sin ningún apuro. Cerró el abanico generando un clack al chocar dos partes del mismo—, y esta vez no lo he hecho —aseguró, sin apartar su mirada de ella, guardando su abanico. Intercambió sus piernas y reafirmó su sentar antes de continuar—. Eres alguien liberal y lo entiendo. Por ello no te pedí ser mi subordinada —confesó, como si pudiese leer sus ojos, ya había tocado la espina que le había lastimado—. Trabajemos juntas, ¿de acuerdo?, un único trabajo, si no te gusta cómo actúo, podrías ser el mismo cuervo solitario —ofreció, una proposición tan jugosa como la perversión anteriormente disipada. La Reina se levantó de la silla, desviando la mirada hacia una de las camareras captando una seña discreta por su parte, para luego llevarla hasta el hombre que subía las escaleras, hacia las habitaciones de la posada: notablemente borracho, murmurando cosas que ni siquiera tenían sentido. Era hora de ponerse en movimiento. —¿Qué dices? —cuestionó al posar una vez más su atención sobre ella, persuasiva en todo momento. Extendió su diestra a modo de cerrar el acuerdo, de sus labios salía una sonrisa, sutil pero allí estaba, dejando en evidencia que su perversión aún seguía ardiendo—. Te necesito, eres una excepción —y esas palabras buscaban provocar una sentimiento de responsabilidad, identificarse con la causa, hacerla sentir especial; la maestría con las palabras eran indudables, eso nadie lo podía negar. Por eso, si aprendía a controlar correctamente a los hombres, podría hacer tantas cosas, más de las que podría imaginar.

Se levantaba frente a ella, imponiendo su altura, pero, sorprendentemente, sin mirarla por encima del hombro. Sus ojos, como lo habían hecho durante todo este tiempo, calmaban su ira, y sus labios la hipnotizaban con aquellas palabras que por ellos salían. Te necesito..., palabras tan simples pero con tanto sentido, que producían, con facilidad, atracción y pavor al mismo tiempo. Las mismas eran las que usaba el amo de aquel burdel con ella, para que se quedara junto a él, trayendo como consecuencia todo el maltrato que sufrió en sus manos por esas malditas palabras. Sin embargo, el tono de la reina sonaba distinto. Confiar, dejarse llevar, cooperar. O, por el contrario, apartarse, huir, desconfiar. Una explosión de emociones se manifestaba en su interior junto a aquel debate que ambas partes llevaban en cuestión de segundos. —Será una única oportunidad —hablaba con un tono serio, firme, dirigido directamente hacia sus oídos, a los cuales se acercó como hizo la primera vez para susurrarle de nuevo —. Quiero que me muestres la calamidad de la que estás hecha. —se apartó de su lado, dedicándole una ultima sonrisa pícara.
Sus perlados dientes fueron mostrados al sentir la satisfacción de convencer a la astuta mujer que depositaba su cálido aliento sobre su piel, predispuesta, sensible al mismo. Su mirada seguía siendo presa de su comportamiento, como imán para el metal, siendo especialmente meticulosa con sus acciones, aún no podía confiar totalmente en ella, al descubrir poco a poco lo increíblemente letal que podía resultar el simple hecho de ser engatusada por ella le asustaba, más de lo que le gustaba. Tras separarse, no hizo más que llevar las yemas de sus dedos a los límites de su barbilla, con un suave rozar, como si de una delicada flor se tratase, dejando claro que tendría cuidado. —Esta vez sólo observarás mientras resuelvo... un pequeño problema —indicó, antes de unirse a su lado con un elegante giro de talón. El paso hacia adelante fue el necesario para que ella tomara la delantera, como cabecilla de la pareja, con total tranquilidad se disponía a seguir los pasos del hombre antes observado, a la vista de todos era un borracho más, en cambio para Queen, seguía siendo una fuente de información, sólo que él aún no lo sabía. Subió cada uno de los escalones, con tranquilidad, asegurándose que su hermosa acompañante le siguiera.




Una puerta de madera como todas las demás, perteneciente al pasillo que conectaba cada una de las entradas. Su diestra fue al picaporte, el cual se hallaba cerrado. Un golpe con la misma, en seco, hizo que cediera la rudimentaria cerradura y con total normalidad, hasta con cinismo, la Reina Roja se hacía con el lugar como si fuera suyo. Una habitación desordenada, varias botellas y copas por el suelo, una puerta abierta –de la cual se escuchaban sonido de alguien vomitando– que daba al baño. Queen hizo una muesca de asco, tronando sus dedos como si los preparase para lo que fuera a pasar. —No nos quedaremos mucho tiempo, sólo tengo que intercambiar palabras con él... y quizás, llevármelo a dar un paseo —la jocosidad no abandonó su voz en esas palabras, tratando de endulzar sus actos poco delicados. Entró a la habitación de baño y sacó de allí al hombre que sufría de la acción violenta del licor en su cuerpo. Murmureos sin ningún sentido salieron de su garganta, justo antes de un grito de dolor. Tras ese instante, la fémina salió con ese hombre arrastra, agarrado de los cabellos. —Deja de gritar, estúpido borracho inútil —replicó ella, mientras lo tomaba de un brazo y con su relevante fuerza lo hacia pararse, colocándole contra una pared y apresándole su cuello con sus poderosos dedos. Enterró sus ámbares como estacas en llamas en contra de la irremediablemente sentenciada cordura de aquel masculino, que ni siquiera podía discernir la realidad con facilidad—. Te explicaré lo que pasa aunque la dosis de etanol destruya tu cerebro. Tu jefe ha sido demasiado estúpido y se ha dejado descubrir, aún así, no me meteré en su asquerosa guarida sin tener las posiciones de sus hombres. Y woalá, allí entras tú. Estás de suerte, campeón, o lo estoy yo de que aún estés vivo —concluyó, tras soltarlo y dejarlo en el suelo. Abrió la ventana y lo volvió a tomar, sentándolo en el marco de la misma para luego, de una patada, lanzarlo a la aparente muerte: Un carro de heno lo estaba esperando, se lo llevaría luego de concluir su búsqueda—. Problema resuelto —se sacudió las manos antes de indicarle con un simple ademán de manos que volverían a bajar, ahora faltaba la charla con otro individuo; desconocido, pero necesario para sus planes.


Posada-Bar

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Re: Burn and Freeze | Con Safira & Yamanaka Daiki

Mensaje por Yamanaka Daiki el Lun Abr 03, 2017 8:23 pm

幽霊, Yūrei, fantasma… ¿qué es un fantasma? ¿Sabríais dar una única definición? Los diccionarios siempre se quedan cortos, cada palabra es un constructo, y como tal, su significado depende de quién haga uso de ella. Una palabra con una carga tan misteriosa y abstracta no tendría que ser, ni por asomo, una excepción.

Muchas veces, los seres humanos empleamos la palabra fantasma para nombrar aquello que no comprendemos. Cuando percibimos algo que no vemos, cuando algo no tiene explicación, y cuando tememos a algo. En el país del fuego, el nombre deYūrei empezó a adquirir un nuevo matiz como el constructo que es. Fenómenos inexplicables, hurtos sin rastro, incluso posesiones… se empezó a sospechar que la reciente crecida de dichas actividades en tan corto periodo de tiempo tenía que estar conectada, pero nunca había rastro de un culpable, motivo por el que se le otorgó ese apodo al responsable de tales actos. Algunos incluso creen que se trata de un espíritu de verdad con una cuenta pendiente con la dama de fuego, y no podían estar más errados.

Obviamente, cierto Yamanaka con tanta astucia como amor propio encaja con la definición de fantasma, y en varios aspectos además. ¿Qué lo hizo ganarse esa fama? Todo había empezado con la deformación que los rumores hacen a la realidad. Colarse en el templo del fuego para robar el arma de un antiguo guerrero del país del Fuego para intentar venderla en el mercado negro había estado bien, una misión limpia, sin pistas o indicios. A ojos de todo el mundo, el arma parecía haberse volatilizado. Pero, ¿qué dirían las afiladas lenguas que tejen y avivan los rumores?

“La Wakizashi, Kuroi Hana, no era un arma cualquiera, tenía las almas de sus víctimas encerradas en el tsuba con forma de flor”. “Son las almas de los generales de feudos enemigos, que ahora que el antiguo dueño del arma ha muerto se han hecho con la fuerza para usar la Wakizashi maldita contra la dama de fuego”. “Es la venganza de Inari Okami, el Dios zorro, por mancillar su templo que representa la paz, con armas de guerra” “Hay unos kanjis en la plaza donde está escrito Yūrei. Dicen que si dejas una bolsa de ryus los espíritus hacen encargos siempre que vayan en contra de Kakkinoaru’en” “Los fantasmas toman la forma de un joven de pelo blanco y ojos rojos para poder blandir Kuroi Hana, se dice que tiene la velocidad de mil hombres, tantos como están atrapados en ella”

Se paseaba ahora en medio de la noche con aquel peculiar henge. No había cambiado del todo su apariencia, más bien la coloración de la misma, asemejándola a las descripciones de los rumores. Aparecía entre la oscuridad cuando alguien solitario se alejaba del resto de habitantes que todavía permanecían despiertos en la oscuridad. No sólo era divertido asustar  a aquellos idiotas, también le valía para aumentar su fama con tal de aprovecharse del único rumor que le venía de perlas: lo de la bolsa de ryus con los kanjis. Varios idiotas le habían pedido gilipolleces que no iba a cumplir, y gracias a aquello tenía su bolsillo lleno. –(Hay que ver lo estúpidas que son algunas personas) –se mofaba el chico mientras tomaba el cuero con sus codiciosas manos, hoy tenía mucho, pero nunca era suficiente. –(Esta noche voy a triplicarlo. Pobre del infeliz que se siente a mi lado)



♠♠♠





Aquella posada servía también como taberna, algo que le recordaba a su aventura con Lian en su país natal. Los adornos en madera, elegantes y bien dispuestos, quedaban en un segundo plano con la cantidad de gente que allí se encontraba. Bebedores en su mayoría, sabía el Yamanaka que serían presa fácil, pues el achispamiento inicial del depresor otorgaba a quienes lo bebían el mismo sesgo de confianza que él padecía por su narcisismo. Con disimulados sellos antes de entrar en el lugar, Daiki se aseguraba con su Genjutsu de que todo estaba bajo su control. Lo primero que camuflaría, sería lógicamente Kuroi Hana para no llamar la atención. Pasaría ahora a tener el aspecto de una Wakizashi cualquiera.

Tenía que buscarlos. Siempre había un grupito de hombres adictos a los juegos de cartas a los que les era muy fácil sacarles el dinero por las orejas. En este caso eran cuatro, que estaban jugando a una versión con apuestas del “aisoahosphp” con una esclavizada camarera a la que habían liado de algún modo para hacerles de árbitro y lector de cartas. Se acercó el de ojos marrones, dispuesto a mostrar ese personaje bondadoso, cálido y humilde que había aprendido a representar desde su más tierna infancia. –Qué divertido, amo el Uta-Garuta, ¿puedo mirar? –una especie de gruñido de uno de ellos le indicaba que había una silla. El Uta-Garuta es un juego de reflejos y conocimiento previo, en donde un árbitro lee unos poemas y los jugadores compiten por emparejarlos con las cartas que hay distribuidas sobre la mesa, haciendo punto quien primero se hace con la pareja correcta para el poema recitado.

Observó el juego, haciéndose el tonto. –Wuala, ¿cómo cogéis tan rápido los poemas? Con mis amigos tardamos un rato en encontrar la pareja correcta. –comentarios ignorados pero escuchados, que le servirían para más adelante. Él había empezado a tejer su telaraña. Segundo paso, mostrar que tenía muchos ryus y que era una víctima fácil. Visto su aspecto bien vestido y su rostro jovial, lo mejor era simular ser lo que había sido hasta que abandonó su hogar: un niño de papá. –¿Podrías por favor traerme una botella de un buen vino? Me gustaría invitar a estos hombres por ser tan amables de dejarme ver una partida tan interesante. –acompañó la petición del aterrizaje sobre la mesa de una pesada bolsa de ryus, de abundancia exagerada con el Genjutsu que le permitía controlar todo ahora que ese era su terreno.

Bebiendo su ración de aquella exquisitez, Daiki mantenía una expresión afable. -¿Os gusta? –sobretodo pretendía parecer aquella buena e inocente persona que siempre mostraba ser a los demás. Eso siempre le daba ventaja, y también, le hacía sentir cómodo. Más todavía desde lo mal que había salido mostrarse a sí mismo con Akkarin.

-Subo 100 ryus. –dijo uno colocando el dinero sobre la mesa. Era aquel que había recolectado más poemas hasta ahora. –Ni de coña, que te jodan. Me retiro aquí, que si sigo igualándote me dejarás desplumado. –admitió el último que no se había retirado todavía de la partida. Ya tenían un ganador, el más viejo de todos, cuyas canas empezaban ya a predominar sobre el negror de su cabello. –¡Felicidades! ¿Vais a jugar otra? Venga va, dejadme jugar. –hacían como que no les interesaba, pero lo cierto es que estaban deseosos de poner las manos sobre la gran bolsa de ryus del muchacho. –Puedes jugar, pero esta vez haremos todos una apuesta mínima de 300 ryus. ¿Estás de acuerdo con eso? ¿Has jugado alguna vez al Uta-Garuta con apuestas? –negó con la cabeza sonriendo de forma inocente –(Seguro que más veces que tú, abuelo) –aunque no eran tan inocentes sus pensamientos. –Todos podemos subir la apuesta una vez por partida, y para mantenerse en ella hay que igualar. Al final de la partida gana quien más poemas ha emparejado o quien se queda sólo porque nadie quiere igualar su apuesta. ¿Lo has entendido? –levantó la mano de forma vergonzosa, cuasi adorable. –Tengo una duda. ¿Qué pasa si alguien sube más de lo que puedo apostar? –el otro soltó una carcajada. –Con esa bolsa eso no te va a pasar, pero en caso de que hicieras eso y ganaras te quedarías sólo hasta igualar tu apuesta.

Asintiendo con una fingida ilusión Daiki se preparaba para iniciar su obra maestra. La mujer levantó la primera carta y empezó a leer el poema. –(Lentos de mierda, ¿no veis que está justo delante de mí?) –odiaba dejarse perder, pero formaba parte del plan. Al final unos dedos lentos agarraron la carta. –Jope, con lo cerca que la tenía, que mala suerte…

La partida siguió, y él sólo había cogido un par de cartas cuando se hizo el primer aumento de apuesta. 500 ryus. Iban duro. Dos se retiraron, ambos con más parejas que él. –Yo quiero seguir jugando, igualo. –se mantuvo en la partida el Yamanaka, fingiendo que sólo lo hacía por seguir divirtiéndose como el niño rico que era. El hombre canoso que había ganado la anterior ronda tenía las de ganar, y tras subir el bote entre todos a un total de 12.000 ryus, el último de ellos se retiraba, dejando solos a Daiki y el viejo. –Mira las cartas que quedan chico, sólo podrías ganarme si hicieras tooodas las parejas, y eso me temo que es imposible. Empecemos otra venga. –le aconsejaba el viejo casi con empatía. –Pe-pero… yo quiero seguir jugando. Además, yo no he subido todavía. –simulaba nerviosismo, como si lo que intentara fuera una desesperada artimaña para que su oponente se retirara. –Pongo todo lo que me queda. 8000 ryus más. –el hombre sonrió con autoridad. –Sé reconocer un farol cuando lo veo. No vas a conseguir que me reitre muchacho. Me quedan sólo 4000. Lo pongo todo y sigo, quédate la mitad de tu apuesta.


OST:



El tiempo se detuvo. Durante milésimas de segundo, el ojo de un Uchiha podría detectar una microexpresión de altanería en el rostro de Daiki. Esa media sonrisa expuesta en su tez durante menos de un segundo sería la única expresión nacida del verdadero ilusionista y congruente con sus sentimientos. El narcisismo se apoderaba de él como una enfermedad crónica. –(Os he ganado) –no necesitó realizar sellos, ya los había hecho antes de entrar. Toda la sala era ahora su territorio, y todos los objetos del entorno estaban a su merced. Podía tejer la realidad como si fuese el sastre del mundo allí a su alrededor. Sus ilusiones eran sutiles, muy semejantes a la realidad. ¿Quién sabía si quedaba algo real en aquel lugar? Podía hacerlo si quería, pero terminaría demasiado fatigado. No lo necesitaba, sólo había algo que le importaba controlar ahora: las cartas.

Controlar las cartas de la mesa era imposible, pues estaban a la vista de todo el mundo, pero, ¿qué había del montón boca abajo que utilizaba la camarera para recitar los poemas en voz alta? Sólo tenía que controlar qué poemas salían y prepararse para coger la pareja correcta que ya sabía que saldría.

La muchacha tomó la carta, y conforme esta pronunciaba la primera sílaba. –Yu… -Daiki ya tenía entre las manos la pareja correcta. –No puede ser que haya acertado… -en efecto, comprobaron que estaba en lo cierto. ¿Cómo no cuando él mismo había alterado la percepción de su contenido en su beneficio? –Con todas las cartas que quedan esa no es una estrategia que puedes hacer a largo plazo. Acabarás cometiendo falta y serás descalificado. –amenazaba el viejo, obteniendo una cálida sonrisa como respuesta. El lobo se escondía bajo la piel de oveja. –Mis amigos suelen decirme que tengo mucha suerte.

Silaba tras sílaba, pareja tras pareja, Daiki reducía la distancia de cartas hasta llegar a un punto en donde sólo quedaba frente a él dos cartas boca arriba y un desesperado adversario. Sólo tenía que tomar la carta de su izquierda y la partida sería suya. La chica agarró la carta y se la llevó frente a los ojos. El Yamanaka sonrió y extendió sus dedos, pero chocó contra los ajenos. ¡El viejo se le había adelantado! ¡Se la había jugado de verdad, no haciendo trampas como él hasta ahora! –(¡Mierda!) –se asustó el estafador en un principio.

-Sa… -interrumpió la lectura Daiki alternando rápido con su chakra ilusorio el contenido de la carta. –Me he mareado… se me empiezan a mezclar las letras. –había funcionado.

-Naniwa-zu ni
Sakuya kono hana
Fuyu-gomori
Ima wa haru-be to
Sakuya kono hana


-No puede ser, se ha equivocado señor. Parece que mi suerte no me abandona. –dándolo como descalificado, Daiki metía en su bolsa todo el bote y se levantaba para ir a pedir algo a la barra. –Un bourbon, por favor. –pidió al dueño haciendo gala de sus refinados gustos con la bebida. Era de los que pasaban de la simpleza de la cerveza. –S-sí… e-en seguida. –respondió el otro con claros signos de ansiedad.

¿Por qué aquella reacción de parte del que le sirvió el vaso del oscuro licor? Ya se habían visto antes, sólo que no era a Daiki con quien se había encontrado, sino con Yūrei. Por mucho que amara su propio rostro, eso de mantenerlo cambiando sólo la coloración para su identidad secreta quizás había sido demasiado imprudente. Algo no iba bien, el hombre había reconocido tanto las facciones del chico como la forma de la Wakizashi camuflada con el Genjutsu. Si lo delataba a alguien que conociera sobre Kuroi Hana, como a un miembro cualquiera de Kakkinoaru’en estaría en serios problemas. Pero ahí estaba el chaval, sentando en la barra despreocupado haciendo un gran bostezo. Su narcisismo iba acompañado de sesgos, y uno de los más problemáticos era la excesiva confianza e incapacidad de prevenir escenarios desastrosos.


off:

Aclaro. El henge lo utiliza al principio para pasearse por las calles con el aspecto de Yurei. Cuando entra en la taberna está con su aspecto habitual.

Espero no haber cometido ningún error por no haber estado 100% atento al tema desde el principio. El camarero reconoce a Daiki como Yurei. Os dejo control sobre el mismo si queréis jugar con eso. No hay ningún problema con que conozcáis información sobre el hurto de Yuroi Hana, he hecho aquella misión para darle algo de interés al personaje.

Esoty contento de tener la oportunidad de participar en este tema. Lamento el cacho post, pero me gusta extenderme en las introducciones. Prometo contenerme para las próximas. ^^

técnicas empleadas:
pasiva:
Desde que comienzan a desarrollar sus habilidades mentales, los ninjas Yamanaka son capaces de detectar el chakra de sus alrededores, usando una variación de la técnica Kenshutsu sin necesidad de especializarse en técnicas sensoriales, esto debido a que algunas de sus técnicas están estrechamente relacionadas con la detección de individuos; sin embargo, su capacidad sensorial innata es bastante reducida en comparación a un especialista en esta área.
Genin: 100 metros.
Chūnin: 200 metros.
Jōnin: 400 metros.
Sannin: 500 metros.

Henge:
Jutsu de Transformación (変化の術, Henge no Jutsu)
[Progresiva de cantidad| Ninjutsu]
Es un jutsu que permite al usuario poder adoptar la apariencia de otra persona, animal u objeto. Este jutsu es considerado uno de los más difíciles entra las técnicas básicas enseñadas en la academia. Para realizar el mismo se debe emitir constantemente chakra manteniendo la imagen a adoptar en la mente. Para esto, el usuario debe interactuar con el medio ambiente. En ninjas de poca experiencia provoca un gran agotamiento mental.
Genin: Podrán mantener la transformación por 3 turnos.
Chūnin: Podrán mantener la transformación por 6 turnos.
Jōnin: Podrán mantener la transformación por tiempo ilimitado, pero les consumirá chakra constantemente.

Aspecto de Yurei

Genjutsu:
Magen: Kokoni Arazu no jutsu (Ilusión demoniaca, técnica de falsos alrededores):
La técnica consiste en poder cambiar la visión de los alrededores, así como las cosas que hay en el lugar, como le plazca al usuario, ya sea parcial o totalmente (cansa mas mentalmente entre más cosas se remplacen). Aunque se cambien las imágenes de los alrededores, las cosas siguen estando ahí; tanto el usuario como el enemigo se pueden mover mientras se realiza esta técnica de una manera normal, sin recibir alguna repercusión extra, solamente el usuario, se moverá un poco más lento mientras tenga la técnica activada. Para deshacer la ilusión, basta con provocar daño al usuario que creó el jutsu, o salir del área denominada. (Desde fuera del área denominada por el genjutsu todo se ve normal, pero al entrar al área, todo cambia súbitamente). Abarca 10 metros.

Hace pasar Kuroi Hana por una Wakizashi cualquiera y deforma el contenido de las cartas. Acciones bastante simples que no deberían de causarle demasiada fatiga mental. Hasta que salgan de la zona tendrá control sobre el entorno.
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Re: Burn and Freeze | Con Safira & Yamanaka Daiki

Mensaje por Safira el Lun Abr 10, 2017 5:09 pm

No restaba más que observar cómo, con escasa sutileza, su pareja acorralaba aquel hombre contra la pared. Borracho como una cuba parecía tener, irónicamente, más conciencia de la realidad. Quizá debido a los golpes, quizá debido a lo rápido que sucedió todo, pero si algo estaba seguro era el miedo que sentía. Buscaba a la nívea con su mirada, persiguiendo cada rincón de la habitación, buscando cualquier forma de escapar de la atroz fuerza de alguien como Queen. Mas fueron aquellos mismos ojos los que se hundieron por completo cuando observó la cara de la Yuki. Fría, distante, despreocupada. No iba a recibir ayuda alguna de sus manos, suerte para él que tampoco obtendría lo contrario pues, en aquel momento, no era ella quien tenía que encargarse de la situación.

Acabó con él como quien se encargaba de sacar la basura. Rápido, fácil, eficaz. Pero completamente aburrido, visto desde las perlas de la fémina, quien habría preferido jugar con él como un gato con pequeño ratón. Sus ojos conectaron directamente con los ámbares de la otra, dedicándole una mirada sosegada, quizá un tanto decepcionada, y brindándole algunas palabras mientras se acercaba hasta quedar a poco menos de un metro.
—Dicen que las arañas tejen una red a su alrededor, no es sencillo, pero acaba siendo provechoso en el futuro. —su voz se dejaba llevar, para llegar hasta los oídos de su acompañante, como si recitara un poema hecho por y para ella—Esperan, pacientes, a que su presa ose acercarse hasta ella. Tontas víctimas que no hacen caso a su miedo y, sin vuelta atrás, quedan pegadas en la telaraña. Demasiado tarde para que puedan salvarse, pero a la vez demasiado pronto para ser comida. —paulatinamente su cuerpo se abandonaba, de nuevo, a sus deseos. Se acercaba, sigilosa, sus pies reptaban por el suelo hasta quedar a escasos centímetros de ella, y prosiguió como hasta entonces, dejando que notara el frío hálito que provenía de su interior. —Pero entonces, la viuda negra acaba de atraparlo. Se lanza a por el con sus voraces garras y lo rodea de seda, pues ¿para qué darle un final rápido pudiendo dejarlo sufrir? —se apartó, entonces, de su frente. Contoneándose como más le gustaba, dejaba atrás a la otra, esperando que la siguiera para volver a la planta baja, pero no sin antes dar punto final a aquella habitación con un:—Lástima que no tengamos más tiempo… se me ocurren muchas mejores formas de aprovechar un sitio como este. —su cabeza se ladeó, cuanto apenas, mostrando en su perfil una sonrisa traviesa.


♣ ♣ ♣ ♣ ♣ ♣


Murmullos a diestra y siniestra. Los rumores corrían más rápido que la pólvora ardiendo y aquel chico de castaños cabellos se había ganado cada uno de ellos. Ostentaba lujosos ropajes, o al menos lo eran dado el lugar en el que se encontraba, además de una abrumadora bolsa de dinero que, sin duda, no pasó desapercibida por nadie.
—Sigo sin poder creer que un niñato como ese esté ganando a Takao…—decía uno de ellos a su compañero de al lado, apenas a unos cinco metros de las escaleras por las que habían bajado. —Y parecía un corderito… hmmm…—los dientes de aquel al que hablaba rechinaban de rabia al ver como aquel al que quería desplumar ya lo había perdido todo, mas, por otra parte, encontraba otra víctima a quien engañar.O al menos intentarlo.

Otros se reían de aquella escena. Ridículo parecía que alguien como Takao perdiera de una forma tan burda y simplona como aquella y contra alguien como el Yamanaka, un niño rico de ciudad que poco tenía que ver en una posada dejada de la mano de dios como aquella. Mas eso no era lo que todo el mundo pensaba, pues a medida que aquellas dos avanzaban en la sala en pos de llegar a la mesa donde aquel chico se encontraba, el camarero de detrás de la barra captó su atención con sus tenues palabras. —Es un fantasma compuesto por todos aquellos a los que ha dado muerte. Vaga por las calles sin miedo, sin respeto alguno por la vida ajena. Tiene las puertas de Yomi abiertas para él, que no teme compartir mesa con Izanami… —su voz se volvía temblorosa por momentos. A cada palabra que soltaba sentía la muerte más cercana. Su aliento se apagaba en su garganta y la saliva le faltaba para continuar. Dejó la copa que limpiaba sobre la madera de la barra, roída con el paso del tiempo, y tomó aire profundamente. —No sé qué tipo de azar le ha traído aquí, pero a cada segundo que pasa puedo sentir como mi cabeza se separa del cuello, como si el acero de esa arma ya hubiera probado mi piel…

Los temores de uno que contaba aquello que había escuchado en las callejuelas de la capital se convertían en el beneficio de aquellas dos. —Bien visto, no nos vendría mal el dinero... o quizá esa espada… —Su cuerpo se volteó hacia la otra por completo, haciendo danzar en el aire sendas coletas que portaba, y observándola avispadamente por el plan que había pasado por su cabeza. —Siempre me han enseñado que la mejor arma de una mujer se esconde entre sus piernas. ¿Comprobamos qué tan cierto es? —Como por pura intuición, o como deformación profesional, aquella era su estrategia a seguir. Sin saber si la otra estaría conforme o no, la duda era inexistente en su mirada, o en sus diligentes pasos hacia un lugar apartado.
Concentró todo el chakra que pudo. Un sello fue suficiente para hacer que su cuerpo cambiara, que se transformara en otro más distinto. Otro que conocía realmente bien. Alana, aquella que tanto le había inculcado en las artes de seducción, la más solicitada de entre las veteranas del burdel. Con el pelo dorado, radiante como el sol, y los ojos más verdes que cualquier pradera del país del Rayo. Sus facciones eran delicadas, y, a pesar de sus dieciocho años de aquel entonces, parecía mucho más joven incluso. Su piel era pálida y pulcra, la de alguien que la mantenía limpia cada día, que se lavaba con los mejores jabones y perfumes que su amo le ofrecía. Siempre vestía con ropa demasiado grande para alguien de su tamaño, pero poco le importaba si con eso lograba su propósito. Su personalidad, además, era algo que la Yuki debía imitar para aquella ocasión. La de alguien pura, inocente, tranquila, dócil… alguien en quien el otro pudiera confiar solo con una simple ojeada. Alguien de quien no pudiera esperarse lo peor.


♣ ♣ ♣ ♣ ♣ ♣


Llegada ya a la mesa su actuación estaba por empezar. Aclaró su garganta, previamente, para convertir de alguna forma su voz en una más melódica, más suave, más fina. Llegó a situarse al lado del castaño, a un escaso metro, observadora de los poemas que formaba. —Señor, señor, ¡es usted muy bueno!—dijo para llamar su atención, expectante a lo que su compañera estaría por replicar. —Apuesto a que debe estar muy cansado… ¿le apetecería acompañarnos? Podemos ofrecerle un masaje, y escucharemos todas las historias que alguien tan experimentado como usted nos pueda contar. —sus ojos se cerraron de forma tierna, mientras que su boca formaba una curva que poco acostumbraba estaba ya a hacer: una sonrisa. Detestaba la situación en la que se volvía a encontrar. Algunas lo llamarían suerte quizá, otras verían fortuna y poder en acercarse a un chico como él. Para Safira aquello no era más que una desgracia, un mero trámite por el que tenía que pasar si querían lograr su propósito. Mas no dejaba de ser algo que la repugnaba totalmente.

Off:
Técnica usada:
Jutsu de Transformación (変化の術, Henge no Jutsu)
[Progresiva de cantidad| Ninjutsu]
Es un jutsu que permite al usuario poder adoptar la apariencia de otra persona, animal u objeto. Este jutsu es considerado uno de los más difíciles entra las técnicas básicas enseñadas en la academia. Para realizar el mismo se debe emitir constantemente chakra manteniendo la imagen a adoptar en la mente. Para esto, el usuario debe interactuar con el medio ambiente. En ninjas de poca experiencia provoca un gran agotamiento mental.
Genin: Podrán mantener la transformación por 3 turnos.
Chūnin: Podrán mantener la transformación por 6 turnos.
Jōnin: Podrán mantener la transformación por tiempo ilimitado, pero les consumirá chakra constantemente.
Ropa que lleva puesta Safira con el Henge:
Apariencia:
No he encontrado una imagen acorde a lo que he descrito, entonces no tengo nada que adjuntar más que decir algo que no pone en esa descripción, y eso es que Safira,
con el Henge, mide apenas 1'60m.
Espero que os haya gustado ^^
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Re: Burn and Freeze | Con Safira & Yamanaka Daiki

Mensaje por Azula Uchiha el Jue Abr 20, 2017 9:58 pm


O
jos llenos de expectativas se toparon con los de la rojiza enmascarada. Esa mujer estaba despertando cosas que ni siquiera la Reina sabía que podía sentir, por la manera en la que se dirigía a ella, en cómo caminaba ante su mirada, era un encadenado de acciones seductoras; esa maestría para utilizar los encantos femeninos eran dignos de ser admirados. Acertó al momento de elegir a la fémina como su compañera, en alguien con quien confiarle ciertos ideales vandálicos. Era un hermoso fruto que debía ser cuidado, y comido en el momento oportuno, en vez de hambre, lujuria que quemaba su interior. Certero los orbes que recorrieran las curvas de arriba hacia abajo, fueron hipnotizados por un instante, provocando al salir del trance una sonrisa, tenue, de satisfacción. Desde luego, la necesitaba.
La algarabía se había desatado de un momento a otro, la visualización de Queen resbaló por el lugar, una meticulosa observación no era necesaria al ver cómo un factor hacia que todo cambiara: Ese hombre con aspecto cuidado, de la sociedad alta aparentaba, suposición apoyada por la cantidad de dinero que posiblemente contenía esa bolsa. Curioso, desde luego. Lo que más le extrañaba era su presencia en ese lugar, un lugar apartado de la mano del orden, un lugar para criminales y nada más que eso, para que un hombre suntuoso se presentara como si nada estuviera pasando, con una confianza irrevocablemente peligrosa en un ámbito como ese; no para los demás, sino para sí mismo. Desde luego, para bien o para mal, se había ganado su atención, y no se iría sin averiguar más sobre él, de qué ha de hacer allí. Voz llena de miedo, temor, de estúpida inocencia, credulidad; hablaba de un fantasma, de una formación interdimencional que vagaba por el mundo. Se ganó la mirada llena de desdén por parte de la enmascarada, quien, si sus cejas fueran visibles, las alzaría como parte de su desaprobación a una idea tan absurda como esa: Aún se mantenía escéptica, aún luego de pelear contra no-muertos, mas allí se dio cuenta de algo: Todo puede ser eliminado, aniquilado, todo dependerá de cuán fuerte y astuto seas para darle muerte. —Qué patético... —pudo musitar, soltando una risa a labios cerrados, llevando su diestra hacia su boca como simple gesto para disimular, inútil desde luego.

Media vuelta y de nuevo tenía a su sensual acompañante engatusándola con una idea más que bienvenida. Escuchó sus palabras, echó una mirada hacia el hombre, notablemente entretenido, y luego hacia ella, ¿quién le podía decir que no?, en esa situación, como parte de las secuelas del encanto, una negativa era incapaz de ser dada. Se acercó peligrosamente a su rostro, reduciendo la distancia entre ambas para luego musitar, íntimamente: —Cuenta conmigo. Instrúyeme —su afirmativa salió sin mayor esfuerzo. El riesgo, la aventura, era algo que la nueva faceta de Azula estaba dispuesta a aceptar sin mediar mayores razones. Y allí estaba, realizando un sello muy característico y sumamente básico, para dar a ver una técnica con las mismas características, delante de sí una mujer tan delicada: En donde desaparecía Raven y se formaba otra mujer, una cuyos rasgos principales era la dulzura, la pulcritud de una inocencia calcada a través de sus pronunciadas curvas. No sabía a quién pertenecía la silueta que ahora visualizaba, pero sin duda alguna, era de su gusto; quizás era una razón psicológica, el imán que resultaba ser el engaño, ella siendo una mujer habilidosa en ese aspecto se veía atraída por los artistas del mismo. Sin embargo, no quedó atrás, una vez le fue dada la espalda, otra mujer apareció en su lugar.



Vestiduras con un grado de transparencia relevante, un color rojizo predominaba sobre las mismas; arropaban con sutileza la piel ligeramente tostada; siendo una dulce combinación de una dulce miel con un tono parecido a la canela fina, ropajes que llegaban hasta sus rodillas, que se extendían como cascada colorada desde sus hombros, delineando con suavidad sus delicadas líneas corporales, lisas, como si dieran gritos a sus observadores para ser tocada. Un paso que buscaba siempre el mismo toque que ofrecía su compañera de seducción, aprendía muy rápido. Como una paleta de colores cuidadosamente elegida por los más versados artistas, la mujer presentaba una cabellera roja, como una agazapada llama que colgaba discreta de su cabeza, sus puntas tocaban el fin de sus trapecios, cubriendo la parte alta de la espalda. Al subir, no había más una mirada provocadora hasta el extremo, pero no llena de agresividad como lo hacían los otrora ámbares, era como una sensación de llamado, una incitación en silencio, de increíble confianza. Sus labios parecían no estar diseñados para sonreír, pero la forma de los mismos resultaban perfectamente agraciados con la sensualidad, pintados de un suave rojo, acorde con todos los demás colores. La había copiado a la perfección. No era más que una mujer que vio en el País del Rayo en su estadía, mientras se recuperaba de la guerra. En un balneario de muy alta clase. Era una chica misteriosa, que avivaba las ganas que tenían los demás de echarle mano.

Qué arriesgada jugada —intervino la mujer de hebras coloradas, mientras reposaba su mano sobre el espaldar del asiento de su víctima. Era una voz melodiosa, suave, pero sin mayor atisbo de sentimientos dominantes. Su torso podía ser visualizado por el hombre si tan sólo girara tenuemente su rostro, dejando a la vista todo lo que podía obtener si sucumbía a sus deseos más primitivos. Se tomó la libertad de posar su siniestra sobre el hombro del masculino, como parte de disimuladas caricias, simultáneas a las sugerentes palabras por parte de la ajena—. Un poco de relajación no le vendrá mal a un —y antes de culminar la frase, se acercaría a las inmediaciones de su oído, dispuesta a susurrar las palabras restantes— jugador tan talentoso —aprovechó que por la posición su cabello cayera sobre el hombro ajeno, acariciando momentáneamente –antes de retomar su anterior postura– la mejilla del acortejado.


Posada-Bar

Datos:

Apariencia:

Equipamiento:

TessenAspecto (1)
Técnica:
Jutsu de Transformación (変化の術, Henge no Jutsu)
[Progresiva de cantidad| Ninjutsu]
Es un jutsu que permite al usuario poder adoptar la apariencia de otra persona, animal u objeto. Este jutsu es considerado uno de los más difíciles entra las técnicas básicas enseñadas en la academia. Para realizar el mismo se debe emitir constantemente chakra manteniendo la imagen a adoptar en la mente. Para esto, el usuario debe interactuar con el medio ambiente. En ninjas de poca experiencia provoca un gran agotamiento mental.
Genin: Podrán mantener la transformación por 3 turnos.


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Re: Burn and Freeze | Con Safira & Yamanaka Daiki

Mensaje por Yamanaka Daiki el Sáb Abr 29, 2017 2:17 am



Bebía tranquilo el narcisista. –(Qué cara se les ha quedado a esos pringaos) -pensaba incapaz de imaginar que algo pudiera salir mal. Imprudente como era, había ignorado aquello que su habilidad natural como sensorial, heredada de sus progenitores, le había estado gritando desde hacía tiempo: había dos sujetos con chakra merodeando en conjunto por la zona. Bostezó de nuevo, aburrido. No era tan raro ver gente con la habilidad para moldear el chakra, ni motivos para sospechar de esas dos personas. Había ido en contra de Kakkinoaru’en pero no había dejado apenas rastro de sus hazañas, o eso creía él.

Se acercaron las jovencitas, con sus provocativas transformaciones, al ganador de la partida. Antes de que su amígdala le pudiera advertir del peligro, sus instintos más primarios se antepusieron. Vino primero la más pequeña, de dorados cabellos. Los deseos más oscuros de Daiki despertaban en su interior, y por momentos, la prudencia era algo sobrevalorado. Terminó de un trago lo que le quedaba de bourbon, llegando a ponerse rojo, y se levantó. Tanto él como su compañero de allá abajo. Trató de disimularlo con el kimono, resultando en una incómoda escena donde se evidenciaba que le había derrotado. –(La madre que parió a la enana, se me habrá notado que flipas…) –la miró de nuevo, contemplando aquel inocente rostro. La mayor debilidad de alguien que goza de manipular a la gente es la víctima perfecta. –(¡Aagh!) –era simplemente irresistible, y a su cuerpo cada vez le resultaba más complicado ocultarlo. Al menos no a la pequeña no le había dado por tartamudear, eso le hubiera dejado directamente fuera de combate. –Pueees… -buscaba una excusa. –(Joder, ¿y si aunque sea una ninja sólo está cachonda perdida?) –intentaba encontrar más motivos para justificarse caer en sus redes. Por momentos hubiera deseado no poseer sangre Yamanaka.

Segunda oleada. Quizás podría haberse resistido de cualquiera de ellas por separado, pero… ¿DOS? –(Ostia, nunca me lo he hecho con dos a la vez…) –si la otra atacaba con corruptible inocencia, esta otra jugaba en la liga contraria, la de la lujuria total. Manos expertas que lo acariciaban, susurros que atrapaban como un Genjutsu. –Pueees… -humillante sería para el narcisista caer en una trampa tan obvia. Probablemente ronnin ladronas que buscaban sus ryus, pero… llegaba un punto en donde, como los marineros que escuchan el canto de las sirenas y saben que bajan a su propia muerte. Ese punto donde vale la pena pagar el precio de tan sabroso y adulzado veneno. –(A tomar por el culo) –pensó. Sonaba desesperado en su mente, pero lo camuflaría bien en el exterior.

Por un momento, los Daikis se invirtieron. Aquel era el poder de su punto débil: la lujuria. Quien usualmente se mostraba vulnerable en su exterior  y era como una afilada lanza en el interior, invertía sus roles, dejándose llevar en su interior pero simulando desinterés, tranquilidad y control. –Lo cierto es que tenía pensado ir a casa de mi novia. Creo que se pondría algo celosa si me ve con dos bombones como vosotras. –una voz desinteresada, grave, melodiosa. Un rostro seductor, reflexivo, interesante. –(Fuah, montármelo con dos…) –pero seguía siendo como un niño pequeño con un juguete nuevo. –Supongo que no me vendría mal un masaje… además, si os portáis bien os contaré el secreto de cómo he ganado. –una media sonrisa, signo de su ego desmedido saliendo a la luz. Haría caso a Akkarin, y empezaría a mostrar un poco de su verdadero ser. No era el mejor momento ni las mejores personas para hacerlo,  pero necesitaba aliviar esa carga. Disimular la cara de chico inocente era demasiado sofocante para el lobo con piel de cordero. –¿Queréis ver un nuevo truco? Este será todavía más impresionante que el de la partida de cartas. Podéis tomarme como una especie de… “mago”. De momento os dejaré ver mis hechizos, y si sois buenas y el “masaje” me gusta, os enseñaré cómo se hacen. ¿Os parece bien? Venga, será divertido. –susurró todo aquello, lleno de palabras entonadas para denotar un significado más allá. Ni era mago ni quería un masaje, eso era evidente. –Sentaros, bebed y divertíos. –le dijo por último antes de levantar la voz para dirigirse al temeroso camarero que lo reconocía como el portador de Kuroi Hana. –Tres copas de su mejor vino, y la llave de una habitación, por favor. –el otro, asustado, reconociéndolo como Yurei, asintió. -S-sí, caballero. -y tras servir tres copas de un rojo brebaje, entró a una sala detrás de la barra, donde guardaban las llaves.

Unos pomposos gestos seguidos de una carcajada. Nunca en la vida se lo había pasado tan bien. –¡Abra kadabra! –estaba mofándose del personal, y eso le encantaba. –Este ya no sale, os lo digo yo. –y tras aquellas palabras, se levantó de nuevo, bebiendo de una su copa de vino. –Debe de haberle pasado algo, voy a ayudarle. –levantó ligeramente la voz, sin llamar demasiado la atención. Si alguien lo veía entrar habría escuchado eso. Entró girándose con un gesto apuntando a su ojo, como diciendo “mirad”. -¿Estás bien?

Algo sucedió en aquella sala, pero un buen mago nunca revela sus trucos a la primera. Diremos que nuestro bufón realizó algún que otro sello para encargarse del hombre, y que no le llevó más de treinta segundos. Salió por la puerta con el grandote camarero apoyado en él, ligeramente desequilibrado. –Se ha mareado un poquito, pero no pasa nada. ¿Te encuentras mejor? –lo dejó al cargo de la barra, volviendo con sus féminas acompañantes. Había perdido la rojez propia del alcohol. ¿Se habría tomado algo para serenarse? –Fijaos. Soy mentalista. –un chasquido de dedos, y el camarero sacó las llaves para entregárselas a Daiki. Luego, el narcisista sacó uns billete de 10 ryus. -¿Te gusta esto? ¿No? ¿Seguro? –un giro de muñeca y el billete se transformó en uno de 100. –¡Vualá! -culminó el nuevo truco, sacando una sonrisa del camarero que tomó dicho billete como si fuera un niño pequeño, dando saltitos ridículos. –Y ahora, baila, pero no olvides atender al resto de clientes. ¡Vamos! –y con un chasquido de dedos, aquel tipo de aspecto serio le obedeció poniéndose a danzar. Seguiría así hasta que alguien le pidiese algo.

Subir arriba fue sencillo, y por parte del Yamanaka, entre risas. Llevaba detrás a las dos féminas. Nótese que hasta entonces, se había contenido de tocarlas. Podía haber aprovechado su condición de víctima inocente para haberlas cogido de las caderas, haberlas pegado contra su cuerpo o incluso haber exigido algo como un beso antes de subir. Pero no. Eso hubiera sido un signo de debilidad, de desesperación. Si todo marchaba según su retorcida cabeza, ya tendría tiempo de hacer con ellas lo que quisiera y más.

Abrió la puerta. Era una vacía habitación con un cuarto de baño. Al parecer todo el mundo le daba un uso similar al que el narcisista pretendía. –Voy a arreglarme un poco para el… masaje. Un momento. –soltó rápidamente nada más entrar mientras les lanzaba las llaves. Lo hizo parecer algo natural, pero era una distracción para que cesaran cualquier intento de reducirlo con algún jutsu antes de poder hacer nada. No lo pillarían con la guardia baja si no esperaban a un punto más comprometido, y aquella era su forma de demostrarlo.

No cerró del todo la puerta del baño tras de sí, sino que la dejó entrabierta. Las muchachas podrían escuchar el sonido del grifo abriéndose y del agua entrar en contacto con su cuerpo. Era un tipo aseado, desde luego, preocupado por resultar atractivo. Bien distinto a la mayoría de viejos verdes que hubieran aprovechado su misma situación.

Obviamente, la entrada de Daiki a aquella habitación, tenía un motivo oculto, tan escondido como los sellos que realizó en el interior de aquella sala, tratando de camuflarlos en el interior del kimono. Si la mirada curiosa de aquellas pícaras jovencitas que trataban de aprovecharse de él no podía evitar asomar, lo verían lavándose a fondo y cambiándose de ropa. Quizás pudieran notar también una ligera brisa. Sus precauciones tenían un sentido, y esque Daiki pretendía tener sexo “con seguridad”... ¡de forma literal! –(Veremos quién gana y quién pierde) –seguía tomándoselo como un juego, una especie de reto. –(Esta noche la disfruto, ¡y además salgo de una pieza!) –fuera cual fuera la intención de aquellas dos, conforme había preparado el terreno, les sería imposible pillarle con la guardia baja si no iban mucho más allá de lo que habían hecho.

De algún modo, las tres retorcidas mentes debían de intuir parte de los objetivos de las otras, y manteniendo aquellas fachadas, se disponían a competir en el más rebuscado de los juegos. ¿Hasta dónde estaría dispuesto a sacrificar cada bando? Si jugaban bien sus cartas, Daiki podía quedar realmente desarmado, partían con la ventaja de conocer su punto débil.

Salió pues el joven, sin su arma, vestido tan solo con un fino kimono azul claro que dejaba parte de su pecho al descubierto. No hacía falta describir su atractivo, pues poco les importaba a ellas dos, y eso lo hacía aún más divertido. –(Que empiece la fiesta) –con una mirada severa, confiada, rebosante de seguridad, Daiki se acercaba sin prisa a la de cabellos dorados dejando la puerta del baño entreabierta. –Tú, pequeña… -esa delicadeza, esa inocencia, era lo que le habían llevado allí. La agarró con fuerza de la cintura y la acercó hacia sí mismo para luego arrojarla con brusquedad contra la cama. -¿Y si soy yo el que te da el masaje a ti? –otra vez aquella pedante sonrisa partida. Quizás le recordaba a alguien de su pasado, pero era pura coincidencia. El Yamanaka realmente era así. –Y tú, pelirroja… -dijo dirigiéndose a la otra. –tienes buenas manos –le reconoció recordando la escena de abajo. –ayúdame a dejarla satisfecha. –morboso como él solo, Daiki gozaba de ver a dos mujeres jugar entre ellas.

Todavía estaba vestido con el kimono, pero se acercó más a la rubia que había tirado contra la cama, apoyando sus manos y rodillas en el colchón y acercando su cara hacia la de la otra. Su respiración entrecortada indicaba verdadera excitación. Aquellos dos ángeles, falsas esculturas creadas por artistas del Ninjutsu, eran mucho mejor que la aburrida realidad. Ése era su primer capricho, dominar aquella tierna rubia con la ayuda de la salvaje pelirroja. ¿Hasta dónde llegaría nuestro pícaro protagonista?
 

off-sexy-rol:
Antes que nada, mil perdones por hacer que Daiki se diera cuenta de que son "ninjas", su pasiva está demasiado OP y no se le puede pillar con la guardia baja... aunque yo quería dejarme engañar T.T

Aclarar que las acciones ocultas las revelaré en el turno siguiente, como un kawarimi que sellas diciendo "que tienes algo preparado" y luego sueltas que era eso, pero de forma más rebuscada. He dejado varias pistas por ahí sueltas, también algunos distractores.

He vuelto a adjuntar la imagen de la posada-bar, para que veáis la puertecita que hay detrás de la barra, a la izquierda. Allí es donde digo que va a buscar las llaves.

Y nada, deciros que siento la tardanza y que me he divertido mucho con este post, y avisaros. ¡PARADLE LOS PIES, MATADLO YA O ESTA MIERDA SE VOLVERÁ UN +18! Jajajajaja. (No tenéis de qué preocuparos, es un pollete. Tiene un stat de fuerza sidoso, en todo caso lo violaríais vosotras a él con diferencia xD)

Y este último párrafo sobra, pero había cogido carrera. Saludoos :D

Jutsus empleados:
Jutsu oculto x3 lolol

posada-bar:

aspecto orientativo del camarero:

aspecto al salir del baño:
Yamanaka Daiki
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