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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Una carga liberadora

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Una carga liberadora

Mensaje por Crodos el Lun Feb 27, 2017 8:08 pm

El día era más bien soleado. Había alguna que otra nube en el cielo pero aparte de ser un filo manto eran tan pequeñas que no se distinguían.

Crodos se despertó ágil. Preparó las cosas y partió a entrenar. Llevaba consigo, una mochila colgada a sus espaldas. Una mochila de tela que se ataba en forma de gota y la cuerda le cruzaba el pecho. En ella llevaba, agua, comida, hilo de alambre y algún que otro utensilio que le fuera útil para el entrenamiento que estaba pensado a realizar.

Cuando el sol acarició su cara al salir de su refugio este se incorporó y comenzó a correr. El ritmo inicial fue suave, era más bien un trote. Iba por las calles tranquilo procurando no molestar a la gente. La hora era temprana y no había mucho tráfico de gente en la calle. El constante golpeteo de la mochila en la espalda hizo que el cinto de esta tuviera que estar más apretado. Eso hizo mientras iba aumentando el ritmo, se ajustó más la mochila a su espalda.

El ritmo aumentó, ya no era un trote sino que sus pasos se distanciaban más entre sí. La distancia que recorría con cada paso era más ahora que el ritmo aumentaba. Llevaba unos diez o quince minutos, y comenzó a notar como el barullo de gente empezaba a aumentar. Empezó a callejear por callejones intentando evitar las calles principales, pero al ritmo que iba el poco tránsito en los callejones también le estorbaba.

Después de haber dado un par de vueltas por distintas calles, callejuelas y callejones tomó la calle principal dirección a las afueras. Aquí el ritmo comenzó a ser un sprint. Su cuerpo inclinado hacia adelante y haciendo uso de sus brazos junto con sus piernas los movimientos le dieron un mayor aumento de la velocidad que cogía a cada zancada. En un visto y no visto se encontraba fuera de la puerta principal en dirección al bosque.  A unos 50 metros de la salida de la ciudad decidió volver.

Sin bajar el ritmo dio media vuelta y comenzó a rodear las murallas de la ciudad. Comenzó desde la puerta principal y giró a su derecha. No bajo el ritmo durante un tiempo, hasta que su cuerpo no pudo más y tuvo que ir aflojando poco a poco. No se paró del todo hasta llegar de nuevo a la entrada principal.

Había saltado árboles, algún pequeño montículo de tierra y alguna que otra casa que estaba fuera de las murallas. No se imaginaba que la ciudad fuera tan grande desde dentro. Ahora podía decir que el país de la Luna era muy pequeño en comparación a este.

Allí logro dar la vuelta a la ciudad sin cansarse después de un par de días de entrenamientos. Esta vez no iba a ser menos.

Se paró en la entrada y apoyado en la muralla se quitó su mochila y la abrió para tomar un poco de agua. Mientras reponía fuerzas y se hidrataba notaba como el sol radiante le atacaba sin cuartel. Empezaba a odiar ese sol. Él era más de noche.

Mientras descansaba empezó a pensar. Esos pensamientos le llevaron a realizar las siguientes acciones. Vació la mochila, hizo un hoyo en la tierra y enterró lo que tenía en él, después lleno la mochila de piedras. La mochila pesaba más que antes unos cinco kilos aproximadamente. Se ató a la espalda la mochila y se la ajustó.

Comenzó a caminar con un ritmo agitado. Cada paso que daba notaba el peso en la espalda. Sabía que su peso no era el apropiado para una batalla o para ir a una velocidad desmesurada, simplemente era un paso para llegar a superar la fuerza y la velocidad actual que poseía.

Desde la última misión se preocupó por mejorar sus aspectos físicos e intelectuales. No debía de ser una carga para sus compañeros así que se tomó muy enserio los entrenamientos.

Con el ceño fruncido y con la mirada fija en dirección recta siguió aumentando el ritmo de su carrera. Paso a paso notaba el peso. Si realizaba un salto notaba como la fuerza que necesitaba para realizarlo era mayor. No estaba acostumbrado a notar ese peso en su cuerpo y sus movimientos eran pesados y lentos.  Sin ningún parón siguió dando la vuelta a la ciudad. Hubo momentos en los que bajo el ritmo y otros en los que lo subió pero al acabar necesitó dejarse caer de rodillas al suelo.

El cansancio era más que notable. Con las rodillas flexionadas y sentado en sus pies Crodos se dejó caer a un lateral, tumbándose como si estuviera dormido. La respiración era más que agitada, sabía que debía empezar a controlarla. Recogió fuerzas y se incorporó. Sentado, con las manos echadas para atrás y las piernas flexionadas arqueo el torso para coger aire. Soltó. Arqueó. Y soltó. Poco a poco el pulso del muchacho minorando llegando hasta la normalidad. El tiempo de recuperación no fue algo muy espectacular, otra cosa que debía mejorar.

Nunca antes se había obsesionado con el entrenamiento físico, siempre le pareció tedioso. No era un muchacho que le apasionara el ejercicio, pero desde que llegó se ha visto en situaciones que la obsesión por los detalles y la información ha pasado a un segundo plano. Ahora le preocupaba no estar a la altura de la misión que se le encomendara.

En la última misión sus dotes no le sirvieron de mucho, sino fuera por sus compañeros no hubiera conseguido llevar a cabo la misión. Por eso es que desde ese día esta tan implicado en mejorar.

Después de un rato descansando en la sombra de un árbol a pocos metros de la entrada, no tan cansado joven reanudo el entrenamiento. De nuevo. Volvió a correr con las piedras metidas en su maleta. Saltos, carreras, desplazamientos y demás volvió a su salida a descansar.

El cansancio se acumulaba pero su persistencia no. Al contrario seguía y aumentaba.

Llegó la tarde y decidió irse a descansar. Llevaba toda la mañana corriendo. Se fue a unos baños a desconectar y relajar los músculos. Listo para dormir se tumbó en el tejado de los baños y cerró los ojos. Era un placer vivir en un lugar tan cálido por la noche, en el país de la Luna se acostumbró a dormir a la intemperie en los entrenamientos con Jan y juraba que allí el frio nocturno era tres veces más que una noche de invierno.

La mañana se alzaba pronto. El joven reanudó su entrenamiento. Esta vez se ató pesas, echas caseramente con arena y tela, a los tobillos, manos, y torso.  Así notaría más de donde le venía el exceso de peso y ejercer una fuerza en ese punto para contrarrestarla. Fue una idea que copió de un muchacho que vio entrenando un día en una plaza.

-¡Vamos allá¡-

Y empezó a correr de nuevo por los alrededores de la ciudad. Ese día el clima estaba más húmedo, las nubes estaban reuniéndose en el cielo, parecía que no querían que el sol radiase hoy. Paso a paso, roca a roca, árbol a árbol, salto a salto. Fue avanzando en su camino hacia la entrada.  Los músculos estaban resentidos del día anterior y eso le paso factura. Al acabar la vuelta no pudo hacer otra cosa que dejarse caer y darse la vuelta. Tumbado mirando al cielo nublado intentaba coger aire. Esta vez le costó un poco más que el otro día, quizás porque el cansancio era mayor o porque la postura no era habitual en él.

La gente que pasaba le miraba extrañada como si vieran a un loco. Eso le daba igual. Se concentró en recuperar el aire lo más rápido posible.

Uno, dos, tres, cuatro pájaros pasaron por el cielo hasta que Crodos pudo moverse del suelo. Se incorporó apoyándose con la rodilla en el suelo para levantarse. Una vez de pie empezó a estirarse. Los brazos y las piernas le pesaban más de lo habitual y no eran por las pesas que llevaba consigo. Todo el cuerpo le tiraba hacía abajo. Notaba como si la gravedad le absorbiera. En ese momento pensó que lo más sensato era aflojar el nivel del entrenamiento. Y en vez de correr por las afueras empezó a trotar por el interior.

El ritmo era mucho más liviano. Más pausado y más rudo. Al principio le costaba seguirlo, una vez en rodaje el cuerpo siguió moviéndose por inercia. El ritmo era tal que le era fácil esquivar a los viandantes, comerciantes y niños juguetones. Con ganas de parar siguió un poco más, forzando a su cuerpo a superar sus límites. Al cabo de un rato paró.

De nuevo las termas fueron el sitio idóneo para que el muchacho descansase y dejase a su cuerpo reposar. Esta vez estuvo más tiempo que la noche anterior. Dolorido y cansado se fue a dormir. Esta vez no fue al tejado, estaba muy cansado para ello, así que una vez salido de las termas giro en un callejón donde había un par de cajas y se ocultó allí.

Pasó la noche del tirón, no se había percatado de exactamente cuando cayó en el sueño pero los gritos de los niños en la calle y de los mercaderes fueron el sonido que le despertó. Las cajas y el estrecho callejón evitaron que el sol le diese directamente en la cara para despertarlo, algo que agradeció por primera vez, aunque no le gustará ese hábito. Siempre se había despertado con el sol en su rostro.

Desorientado por no saber cuánto tiempo había dormido de más, Crodos, decidió no hacer ejercicio ese día. Pensó que debía darle tregua a su cuerpo. No obstante hizo su día a día con las pesas puestas. Paseo, estudió, fue al mercado, todo lo que hizo ese día lo hizo con el peso de las pesas en su cuerpo. No quería rendirse.

Algunos gestos más cotidianos como levantar un vaso le fueron muy difíciles, por dos motivos, el cansancio de los dos días anteriores y por las pesas que llevaba. Eso se sumó a que empezó a ahorrar en movimientos y poco a poco su día se redujo a que por la noche permaneció sentado en un banco de una plaza. Mirando como el resto de la gente paseaba, charlaba y se reía. Los vio felices. No sabe porque pero en su rostro se dibujó una sonrisa.

Esa noche no hubo aguas. Directamente fue a dormir a las puertas de la ciudad. Con las pesas puestas se acurrucó y cerró los ojos.

Como de costumbre el sol despertó al muchacho. Esta vez el cielo estaba igual que la mayoría de veces. Despejado y radiante. Aun notaba el cansancio de los otros días pero sabía que si quería mejorar debía esforzarse más. Comenzó a trotar por los laterales con las pesas puestas. Esta vez intentó mantener el mismo ritmo todo el rato, ni muy flojo ni muy alto. La idea era llegar a la puerta de nuevo sin estar exhausto.

Después de haber hecho el recorrido de siempre, que al parecer se lo sabía de memoria. Sabía incluso por donde ir para que fuera más corto el trayecto. Efectivamente esta vez llegó con un poco más de aire en los pulmones. Al menos se mantenía en pie y diría que podía continuar. Al llegar se sentó con la espalda en la pared de la muralla y descansó lo poco cansado que estaba en comparación con los días anteriores. Otra vuelta más fue la que le hizo parar e ir caminando hasta el valle. Darse un chapuzón y volver. Todo esto con las pesas puestas. Al volver más fresco y con más energía decidió tomar de nuevo la vuelta. Al acabarla no paro en la entra fue directo adentro de la ciudad para trotar. Es día se fue a dormir sin más. Paró, comió algo y busco de nuevo un sitio para dormir. Al despertarse se estiró y pensó.

-Ahora es el momento.-

Enfrente de la puerta comenzó a quitarse las pesas que había llevado durante casi tres días. El olor era un factor que empezaba a tenerse en cuenta pero después de quitarse todas esa preocupación se fue. Dejándolas caer en el suelo Crodos notó que flotaba. Parecía que esta vez el suelo no le quería y le empujaba hacía arriba. Una sonrisa se asomó y entonces comenzó a correr. Torpemente empezó sin estar acostumbrado a no usar tanta fuerza con cuando tenía las pesas pero poco a poco, después de unos cuantos pasos supo amoldarse al peso que tenía ahora y le fascinaba la sensación de libertad que tenía. Los saltos y las zancadas era levemente más largas que antes. Fue tal la emoción que sin darse cuenta estaba ya en la puerta.

Realmente no estaba cansado. Notaba los músculos de los días anteriores pero el esfuerzo realizado en esa mañana fue casi nulo. Con ganas de más comenzó a correr de nuevo. Realizó tres vueltas completas antes de notar un cansancio pesado. Al acabar la cuarta su respiración le pudo. Apoyado en la pared intentaba tomar aire. Alegre y revivido fue a unos metros a comer debajo de un árbol. Satisfecho contemplaba el cielo y de vez en cuando la hierba del suelo. Le hizo gracia como al principio su cuerpo le pedía tierra mientras que al final sin darse cuenta sentía que volaba. Después del almuerzo el muchacho no pudo en sí y fue a lavar las pesas. Realizo unos recorridos más mientras estas se secaban, por dentro, por fuera, fue mezclando y variando el circuito, estaba a tope. Llegó la noche y después de un merecido descanso en las termas decidió que esa noche la pasaría en la sombra. Así que buscó un callejón, junto cuatro cajas y descansó. Se dijo a si mismo que de vez en cuando debía tener un día para olvidarse de madrugar y despertar cuando el cuerpo pidiera. Y eso hizo a partir de esos días. De vez en cuando dormía plácidamente hasta altas horas de la mañana. Las pesas también ocuparon un hueco importante en su vida. Cada equis días las volvía a coger durante tres o cuatro días y realizaba el mismo procedimiento, ejercicios, vida diaria y vuelta a los ejercicios. Poco a poco fue creando una rutina que hizo que esté estuviera más entretenido y con ganas de más.

Sudor, constancia y valor, eran los nuevos términos que rondaba por la cabeza del muchacho. Debía mejorar. Si quería ser alguien no podía verse de nuevo sin hacer nada en una misión.
Tenía que reaccionar. Superarse a sí mismo y recordar todo lo que había aprendido para llegar a saber más para no caer en trampas, no ser engañados y dominar al rival. Tenía que empezar a hacerse fuerte en todos los aspectos. No tenía un camino que seguir pero sabía que quieto no debía estar. Así que día a día intentaba mejorar en aquello en lo que flaqueaba. Su camino como shinobi comenzaba a formarse. Poco a poco notaba como algo dentro de él crecía.

-¿Qué es esto?...
Crodos
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