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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Valor y consecuencias [Entrenamiento]

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Valor y consecuencias [Entrenamiento]

Mensaje por Xiao Inuzuka el Lun Mar 06, 2017 12:30 am



Su misión estaba clara, debía llegar a la capital e ir por ayuda. Pero su cansancio estaba haciendo mella en ella, la resistencia no era poca, no, pero la combinación de movimiento que hizo atrás para quitarse a unos cuantos bandidos le estaba pasando la cuenta. Prudente, debió serlo más, pero no era tiempo de recriminarse nada, debía seguir corriendo con dirección a su destino, ese que por más intentaba avanzar, parecía tan lejano como una broma de mal gusto. No se podía rendir, eso era lo único que tenía claro al momento de avanzar.

La marcha continuo con tranquilidad, Koe le lamía la mano de vez en cuando para darle seguridad, pero algo seguía inquietándola con bastante seriedad. Un mal presentimiento que se volvería realidad en breve, pues dos hombres salieron al paso. No era demasiado grandes, ni mostraban signos de ser diestros en el combate, pero las armas, las benditas armas le daban una posibilidad más de atacarla en el estado en el que se encontraba. Sorpresa, risas, y la bravuconería vendría cuando se dieran cuenta de su tamaño, siempre era de ese modo. Su lobo gruñó con toda la fiereza que su porte le otorgaba, ella también lo hubiera hecho de haber podido, pero ese no era el caso y si quería garantizar su supervivencia y el éxito del encargo, debía encontrar un modo de ‘ganar’. Tuvo que idear algo rápido, sus pensamientos pasaban lentos pero los movimientos de sus enemigos no, pronto tuvo una daga justo enfrente, pero como siempre su compañero se lanzó a morder al infeliz que intentó atacarla, eso dejaba una brecha amplia para que el cómplice del malhechor intentara hacerle algo, ahí entraría ella, que girando e impulsándose nuevamente, le daría un cabezazo justo en el abdomen para echarlo hacia atrás con todo su menudo cuerpo, aturdiéndose también por haber ocupado la cabeza para el golpe.

Apenas un hombre quedó herido por el golpe y el otro aturdido por el suicida cabezazo, ambos se echaron a correr por el sendero que llevaba a la capital. Xiao sabía bien que el hombre que no estaba herido intentaría alcanzarlos si seguía recorriendo el camino en línea recta, por lo mismo esperó a avanzar unos cuantos metros para doblar de manera repentina y perderse en medio de los árboles. El plan funcionó, pues desde su lugar pudo escuchar las maldiciones del bandido por no alcanzarla. El coste de aquella buena huida le había quitado el aliento, debía recuperarlo rápido para seguir, así que se sentó bajo la sombra de un gran árbol, intentando controlar su respiración y rezando para que el corazón le dejara de latir de esa manera tan frenética que llevaba por toda la adrenalina reunida. Suspiró, acarició a Koe felicitándolo por su buen trabajo, pues a pesar de verse aparentemente bien, también estaba sufriendo los percances de ser el protegido de la familia. No estaban preparados para una situación así, e improvisar no le gustaba demasiado. Descansó unos seis o siete minutos antes de reanudar la marcha, procurando no ir tan aprisa para no despertar sospechas, también para no cansarse demasiado rápido.

No faltaría poco para salir de la espesura del bosque hacia el camino que conducía la capital cuando un ruido la alertó, esta vez no de pasos. Las orejas de Koe se movieron a favor de la dirección de donde todo provenía, un galopear intensó hizo eco en lo que sería el silencio de la naturaleza ahí presente, voces le ordenaban a los animales ir más deprisa, ¿Qué más decían? Desde su posición no lograba escucharlos del todo bien, pero pronto el ruido fue más cercano y solo atino a lanzarse a tierra, cerca de los milagrosos arbustos  que lograban esconderla de forma natural.  Su lobo la imitó, ambos permanecieron camuflados para sentir un miedo autentico a lo que no conocían en ese momento. La respiración que tranquila iba recuperando su flujo normal, se volvió a alterar por mucho que la dueña de la misma quisiera lo contrario. La cola de su lobo se movía con sutileza por lo mismo, ambos estaban en una situación de gravedad y lo sabían. Cuando creían que por fin estaban a salvo, pues los cascos ya sonaban un poco más lejanos, se dieron cuenta de algo que quizás pasaron por alto en un principio, sí. ¿Se trataba de malas personas? ¿Personas que iban con dirección hacia donde estaba su padre? El mundo para Xiao de nuevo estuvo de cabeza ante esa posibilidad.

Se levantó con rapidez, dispuesta a emprender rumbo hacia donde se habían marchado los hombres, pero su mano siendo mordida y tirada en la dirección contraria le recordó que aún tenía que terminar su misión. Maldijo todo internamente para comenzar a correr de nuevo, pero la suerte se le acabaría cuando piso un conjunto de ramitas que despertó la atención de otro grupo de hombres a caballo, los que parecían estar en retaguardia sirviendo de guardianes para algo.

Alguien.

Bajo una capucha, cadenas y un peculiar olor, algo era ocultado a su vista. Pero pronto fue enfocada, vio desenvainar espadas y supo que quizás se trataba de hombres más capacitados que los bandidos anteriores. La situación adversa se le hizo increíblemente más difícil de lo que pudo imaginar. El cansancio le impedía luchar con la frescura que quizás esos hombres tenían, así que solo le quedaba una opción sensata por intentar: Distraerlos y huir. Huir para pedir ayuda, por mucho que le dejara un mal sabor en la boca, era lo mejor que podía hacer. Ni presumir, ni intentar parecer un héroe sería beneficio para el asunto en ese momento. La mirada que le echó a Koe se lo dijo todo, pues a pesar de que el lobo no veía, podía sentirla, y eso le daba una mejor comunicación para ese tipo de situación donde el habla estaba prohibido. Rápidos fueron los ‘guardianes’, esos que usando a sus caballos tomaron velocidad para ir contra ella dispuestos a decapitarla, claro, no sabían que era una ninja, o quizás si lo sabía, cualquier posibilidad se vio frustrada con el aullido de su compañero, el cómo se levantó en sus dos patas para que los caballos relincharan y retrocedieran encabritados, casi logrando su objetivo de lanzarlos al suelo, pero no consiguiéndolo porque alcanzaron a afirmarse bien. De nuevo volvió a maldecir a su suerte, dispuesta a echarse a correr para aplicar su técnica anterior y perderlos de vista.

¡Idiota, debes vigilar a ‘eso’! ¡No te distraigas, imbécil!

Como si se tratara de un milagro, los hombres quitaron la atención sobre ella y su compañero canino. No se preguntó porque, aunque le daba curiosidad, mantenerse concentrada en el objetivo era su labor. Por lo que aprovechó la oportunidad para correr, Koe lo hizo a su lado, rápidamente fueron dejando atrás a esos dos bandidos de aspecto raro. Si los analizaba mientras corría, no llevaban ‘harapos’ sino ropa más decente, de calidad. Tampoco olían tan mal como los que encontraron en esa especie de base. Era gracioso, de hecho. ¿Serían en realidad bandidos? ¿Por qué la quisieron atacar sino? Quizás porque decidió correr, sí, y eso también se volvía sospechoso desde el punto de vista contrario. Algo la sacó de sus pensamientos, un grito que le dio un escalofrío, el mismo que la detuvo en medio de su carrera. Porque había sonado cerca, y juraba que con solo haber escuchado una sola vez la voz de uno de los hombres, podía apostar que el grito pertenecía a él. ¿Sería su padre? No, el estaba con su hermano, lo conocía demasiado bien para saber que no haría nada sin tener los conocimientos necesarios para el veneno. ¿Que pudo haber sido? Tantas ideas confusas, y el tirón que le dio su lobo con esa breve mordida a su ropa le dijo que debía seguir, no había tiempo que perder, ya suficiente había tenido con el retraso que tuvo ante la vista inesperada de más personas.

Volvió a avanzar, esta vez no solo con la presión de tener la salud de su hermano en juego, sino con una rara sensación. Se sentía en peligro, pero allí no había nada que pudiera delatarlo. ¿Que era entonces? No lo entendía, cada vez que se repetía la pregunta en su confusa mente, apuraba el paso como si de una necesidad vital se tratara. Pudo ver como el número de árboles disminuía, tuvo que apresurarse y esta vez solo por la felicidad que llenaba su ser. Un poco más y estaría en la capital, solo era recorrer el camino hasta ella. Gastaría sus últimas fuerzas en el intento, ese que la llevo a casi abandonar la zona de extenso verde, y fue un casi porque a su nariz llegó un olor repulsivo, infectado de intenciones que le hicieron temblar de inmediato. El peligro que antes sintió se hacía presente en un frenar que casi le hace caer por la figura que aparecía entre los dos últimos arboles del sector. Era la misma capucha que había visto antes, ahora manchada con tintes rojos que sabía perfectamente a que atribuirlo. Sí, era sangre y no podía negarlo.

« ¿Quién es? »

Pregunta que hizo mientras sus pasos le guiaban hacia atrás, un dolor punzante se instaló en su estómago, pero eso no impidió el salto que dio al notar como había chocado con algo detrás de ella. ¿Un árbol? No, la sensación se alojó en su pierna, ahí donde al voltearse por breves segundos se dio cuenta que se trataba de la cabeza de uno de los hombres que había visto antes a caballo. ¿Sus parpados se estaban moviendo? Horror, solo eso pudo entender al verlo. Luego no hubo nada, ni un signo de vida. La figura había desaparecido y ella veía el camino libre para salir, pero cada vez que intentaba avanzar hacia delante, sus pies se negaban a hacerlo, retrocedía dejando la cabeza incluso a unos cuantos metros frente a la kunoichi. ¿Que estaba pasado? Koe temblaba, y vaya que eso si le impactó. Nunca le había visto temblar por nada. Ambos tenían miedo, miedo de algo que no conocían, porque si, todo apuntaba a que el decapitamiento del hombre correspondía a quien se le había aparecido tal cual fantasma. Debía salir del lugar, debía seguir en su búsqueda por ayuda. ¡Su hermano! Se distraía, le impedían ir en su ayuda. Debía tomar valor para hacerlo, respiró profundo, secó el sudor de su frente y miró arriba en busca de algo que la tranquilizara…

Pero solo encontró un cadáver colgando, el cadáver del otro tipo colgando.

Tenía que ser una broma.  ¿Se había desmayado por el cansancio y ahora veía cosas? Era la opción más factible. Desde que se separó de esos dos, hasta la salida del bosque no había pasado mucho tiempo.  ¡Era imposible que estuvieran muertos! No se movió de su lugar, por ello fue victima de la sangre resbalando por las piernas colgadas, esas que también goteaban otra cosa de un claro tono que terminaba por adoptar un oscuro rojo al mezclarse todo, tuvo que sacudir su cabeza y taparse la nariz, su sensibilidad a los olores le estaba jugando en contra para ese momento. Pobre hombre, pobre de ella de no encontrar al responsable. Se limpió la zona afectada para echarse a correr, pero de nuevo tuvo que frenar y esta vez si que tropezó, la misma persona… La cosa de antes logró alcanzarla. No tenía nada en las manos, quizás esa sería su ventaja, pero cuando comenzó a ver sangre goteándole de los dedos, supo que el crimen se había hecho a mano limpia. Imposible, todo le parecía imposible en ese momento. Koe se lanzó hacia quien estuviera bajo la sucia capa, pero fue empujado con una fuerza que no se esperó, chocando contra un árbol y quedando herido. Consiguió su objetivo de desviar la atención por segundos, los mismos que tardó en levantarse para echarse a correr en dirección a la salida.

La desesperación de sentir pasos desde atrás era terrible, y no porque estuviera cerca, sino que cuanto más avanzaba, más lejos se escuchaba, dejándole una sensación de falsa seguridad que le hizo sudar. Estaba cansada, tanto física como mentalmente, de un modo increíble, pues solo cuando estuvo a pasos de salir nuevamente, recordó que Koe estaba todavía en el bosque, a merced de lo que fuera aquello que la perseguía. ¡Era una idiota! Se dio media vuelta, olvidando por completo que había perdido demasiado tiempo en el asunto, su hermano, por muy egoísta que sonara, ya no le importaba, ni cumplir su misión. Debía rescatar a su compañero o no se lo perdonaría jamás. En un esfuerzo de la valentía naciente, se lanzó de nuevo al bosque, ese que le sonaba terrorífico junto al sonido de los pájaros desapareciendo, elevando el vuelo como si ellos si pudieran escapar de tan espantosa situación. Las cigarras estaban tendiéndole una especie de trama, el preludio a una posible tragedia. Era horrible escucharlas, y a quien le gustara aquello, estaba loco. Pasos, más pasos, una imagen que se quedó  grabada en su retina. La cosa, la bestia, el mal frente a ella levantaba las espadas de los antes caídos para apuntarle a su fiel compañero, el mismo que estaba herido. Corrió en su dirección, intentó gritar para que se detuviera, pero su voz no salió y se odio por lo mismo. La maldición de no poder comunicarse le pareció terrible, abrumadora, más lo fue impulsarse con todo, incluso con un mal movimiento para chocar contra lo que antes parecía irreal.

« ¡Debo salvarlo! ».

El grito interno hizo eco en ella, pero la verdad es que ser valiente no le garantizaba nada y así quedó demostrado cuando fue tomada con fuerza para perder la estabilidad del piso y quedar a merced de un fuerte brazo que iba dejando marca con sus dedos en el cuello. El aliento que chocó con su rostro se burló de su falta de aire por el estrangulamiento que estaba sufriendo. Si eso era real, y si no se trataba de ninguna pesadilla, pedía una señal, algo que le dijera que se iba a salvar. No quería morir, pero mirar con dificultad a su ninken le hizo aceptar lo que fuera. Fue cobarde, se descontroló y lo abandonó. No merecía más que una cruel muerte a manos de… De esa cosa. ¿Muerte rápida o lenta? Fue soltada sobre la hierba y tosió, lo hizo para mirar a su alrededor, alterada. No hubo risas, solo el silencio viéndose interrumpido por las molestas cigarras. Su captor estaba a pocos pasos, pero tuvo que levantarse de nuevo.  Correr para no ser alcanzada por la espada lanzada, el filo de la misma brillo antes sus ojos y le dio el punto de partida. Salir, vivir, arrepentimiento.  Si salía, era por… ¿Por qué estaba corriendo? No lo sabía, pero seguía moviendo sus pies a favor de sobrevivir. Un instinto despertó en ella.

« Debo vivir, debo hacerlo ».

« ¿Por qué? ».

Tampoco lo sabía, pero corría, como si algo la obligara. No quería morir, quería vengarse, dejarse influenciar por el cumulo de sensaciones negativas, peligrosas y salvajes. No tenía muchas opciones, era una presa escapando de un depredador formidable que jugaba con ella tal cual rata se tratara. Pues a cada vez que encontraba un rayo de esperanza para salir, aparecía delante de ella obligándola a cambiar de dirección. Desesperación, respiración agitada, el aliento se le escapaba como las posibilidades de sobrevivir, los olores que captaba le hacían querer vomitar, le dificultaban todavía más el escape. ¿Escape? ¿Eso era posible? Siguió, y siguió, pero nada parecía estar avanzando a su favor, solo caía en una terrible desesperación que se alargó hasta que un primer ardor se sintió en su costado derecho. ¿Cuándo sucedió? Garras, sangrado. Se iba debilitando, sus pasos ya no llevaban la frecuencia de una persecución. Movimientos del cuerpo involuntarios a su causa le dejaron mareada. Débil, cayó, arrastrándose por la superficie verde, dejando que sus lágrimas fueran el rocío de las plantas. ¿Su última visión? Un curioso gusano moviéndose frente a ella. Las pisadas retumbaron en su mente y perdió la consciencia por completo. Si ese era su fin…

Era muy patético.

■■■

Despertar no fue muy alentador. El cuerpo le dolía, sentía tantas miradas sobre ella que la incomodidad reinó en la habitación. Ya había despertado, pero se negaba a abrir los ojos. Escuchaba a su madre preocupada, a sus hermanos maldiciendo, pero el alivio llegó cuando su padre se acercó para tomar su mano, acariciarla. ¿Estaría soñando otra vez? Tuvo que averiguarlo intentando pronunciar algo sin éxito alguno. Solo el abrazo reconfortante familiar y los aullidos de Koe desde el otro lado de la habitación le hicieron sentir en casa. Estaba a salvo, y no sabía cómo había sucedido todo, por eso pidió la explicación de  lo que pasó, esa que le fue dada con rapidez. Para su buena suerte, el instinto de su madre había acertado al encaminarse dentro del bosque. No se cruzaron en ningún momento, pero llegó a tiempo en busca de su hermano mayor, ese que estaba aún recuperándose de su pierna, pero que no tendría mayor inconveniente para sanarse. Toda la narración le supo a gloria, a pesar de las emergencias, de los inconveniente y obstáculos, la misión se había llevado con éxito, pero las dudas llegaron cuando ella les intentó explicar lo que había vivido. Sobre la especie de guardias, sobre lo irreal del asunto. Todo. El cómo había sido atacada. Pero su madre le aseguró que en su camino no se había encontrado a nadie, y que cuando la vieron, estaba desmayada con varios rasguños a un lado de su lobo.

La confusión habito en su mente, pero las caras de todos llenándose de preocupación le hicieron negar, cambiar de tema para pedir un poco de comida. El ambiente familiar volvió, ella reposaría un rato más para recuperarse. Quizás si había colapsado ante la presión de una misión de ese tipo, todo fue una pesadilla producida por el miedo de perder a su hermano. ¿No sonaba más lógico aquello? Cerró los ojos con lentitud después de que todos se fueron…  O al menos eso trató, pues al abrirlos por un ruido que escuchó pudo distinguir la capucha machada de sangre justo a los pies de su cama. El sobresalto le hizo abrir los ojos por completo, encontrándose nada ahí, pero su agitado corazón le decía que el miedo era real, tan real como cada palpitación dada.  

¿Realidad o ilusión?  Ya no sabía que pensar.


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