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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Off Duty

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Off Duty

Mensaje por Seiichi el Lun Mar 27, 2017 2:14 pm



Noche en la "zona turística" de la Capital. Parecían siempre horas de carnaval en esas extensas calles, donde los colores brillantes y las risas abundaban hasta en el más solitario rincón. Faroles de tela en múltiples diseños y tiendas de comida para todos los gustos. La Capital sabía como ofrecer un buen rato, engañando la mente de los presentes con una placentera sensación de paz.  Las ocasiones en las que se podía ver a Seiichi Kaen circular entre la gente estando fuera de servicio, eran casi inexistentes. Mucho menos vestido de forma decente y casual, sin la necesidad de que su atuendo gritase a los cuatro vientos que era un Shinobi. Vestía pantalones azul oscuro y calzado cerrado en los pies; no habían vendajes que recorriesen su muslo izquierdo ni los dedos de las manos. Arriba una remera blanca de manga larga, cubierta por un suéter beige abrigado que era de un solo botón en el centro. Bastante prolijo, pero nunca llevando un kimono u otro tipo de telas formales que eran más conocidas en esas tierras.




El joven bicolor recibía un par de miradas en el camino de los niños que iban junto a sus madres. Ignorando el hecho de su peculiar cabellera, la gran quemadura sobre su ojo izquierdo llamaba la atención. Una importante cicatriz para un adolescente, pensarían los caminantes nocturnos. A muchos les serviría de recordatorio sobre la crueldad del mundo Shinobi. Para Seiichi, no era más que un símbolo; el día en que renació de las llamas. La razón por la que tan enfermizo perfeccionista se encontraba haciendo algo diferente a estudiar o entrenar, era porque se había quedado sin "provisiones". Su mundo giraba en torno a su casa cuando no se estaba autoexigiendo en alguna parte del bosque. Pero la verdad era completamente diferente a las razones que él se repetía dentro de su cabeza. Su inconsciente le exigía un respiro. Seguía siendo un ser humano; es insalubre empujarse tantas veces a sus extremos cuando cuenta con menos de veinte años de edad. Tenía la madurez de un veterano.

"Conseguí todo lo de la lista. Tiempo de volver a Hinoarashi...", sus pensamientos casi le provocan un suspiro. Ni siquiera se permitía flaquear en soledad. Un bolso color café colgaba de su hombro izquierdo, y de él asomaban algunos vegetales frescos. De tantas observaciones que pudo hacer durante su recorrido, encontraba el comportamiento de las personas errático. No entraba en su comprensión qué les causaba ese constante entusiasmo y... alegría. Los estudios del bicolor le proporcionaban una profunda lectura de los seres humano en el campo de batalla y en situaciones que se requiere habilidad táctica. El ocio aún era un fenómeno desconocido para el heredero de los Kaen. Los párpados del Genin se relajaban por completo, y su mirada se apagaba, al notar la única similitud en su conducta. Siempre se movían de a grupos. Las interacciones entre ellos parecían aumentar la euforia de cada uno; disfrutaban la compañía. No entendía qué tipo de emoción se había apoderado unos segundos de él, pero le comprimía el pecho. A todo el mundo le afecta la soledad alguna vez. Más al que no conoce otra cosa. — Qué...




...pérdida de tiempo.



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Re: Off Duty

Mensaje por Akkarin el Mar Mar 28, 2017 2:40 pm



Conforme el final del día se acercaba con la puesta de sol siendo inminente, la joven extranjera fue realizando la rutina que su llegada a la Capital del Fuego siempre debía terminarse para asegurar todo lo necesario para su estancia prolongada en la ciudad. No obstante, había requerido de un poco más de tacto y discreción aquella vez, puesto al cruzar las puertas había tenido que lidiar con un problema algo sucio. Con un par de zapatos a conjunto con sus prendas, y los anteriores inservibles dejados en el olvido de unas basuras cercanas a la misma tienda por donde había hecho el intercambio, la muchacha se sentía mucho más a gusto ahora paseando por sus calles.

Lo primero fue rellenar todas las provisiones de vendas, armamento e incluso material de supervivencia, puesto el rodeo había tenido mella en sus limitadas existencias. La conservación de sus armas había sido precaria, ya que no acostumbraba a ir por latitudes elevadas y bruscamente cambiar a las inferiores en las Aguas Termales, donde la humedad solía tener efectos nocivos en los metales.

Una vez acabado eso, fue reponer las prendas que llevaba encima, donde el tiempo y las misiones habían pasado factura ya, asimismo los viajes que realizaba con demasiada frecuencia. Empezaba a sospechar que tal vez, se tratase de que simplemente necesitaba moverse de un lugar a otro más que las ganas de ver mundo, pero desmintió esto casi al instante. Le gustaba tanto moverse de un lugar para otro, como descubrir nuevas cosas: ya fueren países en los que no había estado y sus costumbres, como el nuevo restaurante o joya escondida de la gastronomía que se encontraba en alguno de los callejones donde no mucha gente pensaba que encontraría un tesoro alimenticio.

Había dos cosas que motivaban fuera de sus horas de trabajo a la joven: la curiosidad, y su estómago.

Sea como fuere, el tiempo se echó encima de la muchacha, dándose cuenta de que la puesta de sol estaba desarrollándose cuando aún tenía que ir en busca de provisiones de comida antes de encontrar la posada donde se hospedaría. Chasqueando la lengua al darse cuenta de que la mayoría de comercios que frecuentaba estarían cerrados a aquellas horas, decidió encaminarse hacia el mercado nocturno que a esas horas empezaría ya a abrir. Solo había estado un par de veces en el pasado, puesto le gustaba dormirse pronto y levantarse extremadamente temprano. Era una rutina más que no tenía pensado cambiar.




Cuando encontró la entrada al mismo, ya la noche se había echado encima de la capital del Fuego, dejando paso a las tenues luces de las velas en las farolas, y alguna que otra antorcha de las tiendas más rupestres. Observando con ojo atento por los escaparates, pasaba como una más entre toda aquella gente gracias al kimono que llevaba puesto y las bolsas que cargaba, sin la incertidumbre característica de los turistas y extranjeros puesto mucho tiempo era ya el que pasaba en aquellas tierras.

Compró lo básico: carne, pastas, especias… lo necesario para cada día serle posible cocinar lo suficiente, ya que el local que frecuentaba como posada había llegado al punto de permitirle tomar una parte de la cocina siempre y cuando ayudara en algunos momentos, donde la hora punta llenaba las mesas de hambrientas personas. Una situación win/win, puesto además rebajaba el precio de su estancia al ser casi un empleado a tiempo parcial.

Pasando por el último de los escaparates en busca de algo para picar por el camino, vislumbró de reojo algo conocido. Haciendo un gesto de disculpa y espera a la señora que le atendía, levantó la cabeza para buscar qué era aquello que había atraído su atención.

Un muchacho de cabello bicolor entró en su ratio de visión, fugazmente, pero reconocible. Una sonrisa se extendió por los labios de la joven, girándose hacia la señora a su lado y regateando con rapidez por un par de pinchos de takoyaki antes de pagarle. Salió entonces disparada hacia la dirección donde había vislumbrado al joven bicolor, sorteando a la gente alrededor con agilidad.

— “Parece que la buena suerte aparece ahora” —pensó con una divertida sonrisa al re-localizar de nuevo a Seiichi entre la multitud, logrando avanzar lo suficiente hacia él en poco tiempo. Por si acaso, menguó el paso lo suficiente como para no ponerlo en guardia ni tampoco mostrar excesivo entusiasmo, a pesar de que se alegraba de verle después de esas semanas fuera del ambiente laboral—. E-Es una sorpresa encontrarle f-fuera de las misiones, S-Seiichi-san —hizo notoria su presencia al avisar la susodicha hablando, antes de colocar suavemente una mano en su hombro solo para dejar claro por donde estaba, justo detrás de él. Una vez lograse eso, dejaría el tenue contacto físico, inclinando un poco su cuerpo en una suave reverencia de saludo, con cuidado de apartar ambos palos con takoyaki de su kimono.

Una vez reincorporada, extendió uno de los palillos hacia el más alto, sin borrar la amable sonrisa que tenía en sus labios a pesar de que un tenue rubor surcaba sus mejillas—. L-Le vi de casualidad cuando e-estaba en una parada, así que a-acepte este regalo como muestra de amistad después de los últimos trabajos c-conjuntos.



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Re: Off Duty

Mensaje por Seiichi el Miér Mar 29, 2017 9:22 am



Era un estado de distracción que nunca antes había experimentado. Detrás de esa helada coraza e inmutable rostro, había una persona que ni siquiera él conocía. Una que bajo tanta exigencia y presiones, le fue imposible crecer. Las personas continuaban su curso en las pobladas calles de la Capital del Fuego, chocando cada tanto con algún hombro del heredero de los Kaen. Al estar observando a los demás, se había quedado quieto. El mundo giraba pero él no le seguía el ritmo; como si por fin hubiese cedido un poco y desconectarse de todo. Sin embargo, un cambio no sería fácil en alguien que está convencido de seguir cada paso de su vida a la perfección. Una corriente de viento meció los tres espárragos que se asomaban de su bolso, haciendo contacto con su reciente comprador. Alertando al muchacho, este ya se preparaba para seguir su camino.




El suave tenue tacto sobre su hombro. No estaba acostumbrado a una aproximación tan directa y humana, pues él no tenía a nadie en su vida que necesitase —o quisiese— llamar su atención de esa manera. Fue curioso que, justamente en el único momento de su vida que le había dado vueltas en su cabeza a algo más que solo su deber, pasase eso.

— Akkarin. — Reafirmó la presencia de la mujer de cabellos turquesas una vez se giró a verla. Se había ahorrado el 'Yuki' en esta ocasión. En el pequeño mundo de Seiichi, los individuos que entraban en su vida, era por en el tiempo de duración que abarcaba una misión. No conocía a personas, sino a Shinobis. Ver a aquella con la que ha compartido el mayor número de asignaciones desde su ascenso, vestida de manera más formal... la humanizaba. Iba en ambas direcciones; los dos no estaban cubiertos de tierra ni armados hasta los dientes. — Sólo vine a comprar unas cosas. — No se le escuchaba convencido. A pesar de ser brutalmente honesto, no podía decir la verdad si él mismo no la sabía. Habían tiendas de sobra en las tierras de Hinoarashi. Sin embargo, él se había tomado la molestia de ir a la zona más concurrida de la Capital para llenar las alacenas.

Ella se veía contenta. Al igual que el resto de las personas presentes que disfrutaban de la compañía de otros, se la podía ver igual de feliz a pesar de no estar acompañada. "¿Será...?". La helada mirada de Seiichi se rompió en pedazos en un cerrar y abrir de ojos, mostrándose en un estado neutral que era más agradable a la vista. Todavía apagado e incompleto, pero al menos no parecía tan cortante como de costumbre. El joven de la cara quemada observó con curiosidad el gesto repentino de su compañera —no sabía de qué otra forma identificarla—. Y escuchó lo que venía después. No tenía una respuesta automatizada como suele tener para todo; le había tomado con la guardia baja. "¿Amigos?", esa palabra se fijó en su mente por unos segundos, mientras seguía mirando fijo el palillo que Akkarin le estaba entregando.

— Las amistades son una distracción. — Y otra vez, su parte emocional no lograba ponerse de acuerdo con la racional. A pesar de haber dicho eso, Seiichi mostraba la sonrisa más iluminada que otra persona podría presenciar. Felicidad. Extendió levemente la mano izquierda para tomar el palillo de la mano de Akkarin. Con suma delicadeza. — Pero acepto tu regalo. — Asintió con la cabeza, mientras descansaba la mirada bajo sus párpados. Un agarre fuerte al objeto de simple función. Representaba su primera conexión con una persona fuera de lo laboral. Tenía pensamientos encontrados al respecto... ¿Eso se convertiría en un obstáculo para sus metas personales?, ¿Las favorecería?

El olor a comida que emanaba un puesto humilde de esa calle, llegó a la nariz del bicolor ninja de Hinoarashi. Caldos y especias, bañadas con el toque único que la carne de cerdo podía agregar. Se encontraba lejos de su casa y era la hora perfecta para cenar. Tenía un simple recuerdo de su padre —Fuego, líder de los Kaen—, que había logrado apartar de todos los demás que definían a esa familia. Una vez lo había llevado a un lugar como ese para comer solo ellos dos, sin siquiera tocar el tema de su progreso como ninja. Quería obtener un recuerdo más como ese, pero no tendría sentido si solo era él quien aparecía en la escena. — Déjame recompensar tu buen desempeño estas últimas semanas. Yo invito. — Comenzó a caminar al humilde local, que solo contaba con una barra de madera y cuatro banquetas del mismo material. Un buen plato de sopa y pastas no le venía mal a nadie.



— ¿Vienes?



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Re: Off Duty

Mensaje por Akkarin el Miér Mar 29, 2017 6:24 pm




Agradeció que no hubo una respuesta brusca o agresiva por parte del joven, puesto era común entre aquellos que ostentaban el título de shinobi el tener respuestas agresivas respecto a contacto súbito o momentos inesperados. De todos modos, había hecho poco por ocultar sus pasos e incluso avisando de antemano su presencia, por si las moscas. Nunca se era demasiado precavido cuando se trataba de tener tacto con sus compañeros de oficio. Esa noche, sin embargo, la suerte empezaba a correr a su favor.

V-Veo que es común entonces dejar hasta el último momento la c-compra —comentó entonces soltando una pequeña risa por lo bajo; alzó sutilmente sus propias bolsas, realizando la correlación silenciosa entre sus palabras y los hechos corroborados entre ambos mediante el diálogo. Sin embargo, la curiosidad surcó los ojos de la joven, recordando un dato en concreto—. A-Aunque pensé que en Hinoarashi el mercado te quedaría más a mano, ¿n-no?

Sin juzgarlo por el tono de voz desenfadado que usaba, la muchacha solo acrecentó la sonrisa en cuanto su regalo fue aceptado, incluso si las palaras con las que había ‘aceptado’ el mismo eran las mismas que generaban un sentimiento de empatía y compasión en la muchacha. No por la lástima, sino porque entendía la razón de ese pensamiento. Era algo común entre las filas de soldados, puesto una regla básica era la de evitar los sentimientos y conexiones emocionales con tal de la eficiencia en el trabajo.

B-Bueno, a fin de cuentas, todo n-necesitamos esa distracción con t-tal de no volvernos c-completamente locos —achicó los párpados a la par que su rostro se volvía algo más cálido, reconociendo el sentimiento de felicidad tan… obvio en una cara que normalmente expresaba lo mínimo posible. Incluso si sus palabras eran las de un soldado entrenado, seguía siendo humano. Aunque él mismo parecía olvidar ese hecho, constatado en la eficiencia en el campo de batalla—. Si no, n-nosotros mismos acabamos siendo nuestro mayor e-enemigo, y no n-necesariamente en el c-campo de b-batalla —pero no estaban en una misión, y no pensaba dejar que alguien de por si aún más obtuso en el campo de la sociabilidad como Seiichi siguiera pensando en el trabajo incluso a esas horas, en ese momento. Puso la mano que había estado sosteniendo el takoyaki para ayudarse a llevar el peso de las bolsas, esperando a que el más alto comiera algo para proceder ella, por simples modales.

Menos cuando la invitación que le había tomado por sorpresa, tenía ya un matiz referente al mismo. Todo el mundo necesitaba un descanso, mental y físico, para poder desenvolverse correctamente como un ser vivo feliz. Recomponiendo su momentánea expresión de sorpresa y confusión en una de sutil alegría, asintió con suavidad, aceptando grácilmente la invitación del susodicho con los modales característicos de su alta alcurnia.

S-Sería descortés de mi parte rechazar una i-invitación de tu parte —respondió ella, tardando unos segundos en arrancar a caminar por detrás del muchacho, a apenas unos centímetros por detrás de su figura. Tenía esa tendencia a dejar algo de espacio y liderazgo a los demás, subconscientemente queriendo una posición menos perceptible. Al menos, por la vista. Además, no tenía ni idea de hacia dónde iban—. ¿Tiene algún lugar en mente, S-Seiichi-san?

Se dio cuenta más tarde de que ya iba en una dirección en concreto, un local que no resaltaba por ostentoso y más bien de aspecto humilde, con no más de cuatro banquetas en la barra de madera. Era uno de los que no tenía ni siquiera puerta, más parecido a un puesto ambulante que a un local fijado. Hacía mucho que no había estado en uno, siendo entonces alentada por la curiosidad ahora. Tomó sitio en una de las banquetas, dejando un espacio libre entre la que estaba ocupada en el extremo, y la decisión de Seiichi en cual elegir: la que estaría al lado del hombre, o en un extremo, por si deseaba no tener un contacto tan cercano con extraños.

Parecería que el gesto había sido sin pensar, pero Akkarin observó a su compañero con atención disimulada; sabía que tenía problemas para relacionarse con los demás, claramente demostrado en sus numerosas interacciones limitadas al trabajo e incluso escuetas entonces. Nunca lo había visto comportarse más allá de una impoluta educación y eficiencia, sospechando que los tiros apuntaban ello. Por ende, cuando ella normalmente tomaría el lugar más alejado de las personas por su timidez, prefirió darle la oportunidad de, si este se sentía más cómodo así, favorecer ese estado según lo que quisiera.

O tal vez estaba pensando de más las cosas. Era otra opción, sí, pero qué más daba. Ni que pudiese leerle la mente, después de todo.



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Re: Off Duty

Mensaje por Seiichi el Lun Abr 03, 2017 4:06 pm



Era una noche diferente a las demás. Única en su especie. Seiichi Kaen compartiendo la misma mesa con otra persona; teniendo finalmente un vínculo que lo sujetase a la realidad... Se podía decir que se encontraba en terreno desconocido —lo cual es extremadamente inusual para él—. Era curioso ver que la mujer de cabellera turquesa, también realizaba sus compras en la Capital del Fuego. La verdad era, que no sabía absolutamente nada sobre ella, que no estuviese directamente conectado con la misión en cuestión. Extranjera, y sin embargo, tenía una gran participación en múltiples asignaciones que no deberían ser de su interés. Ayudaba, pidiendo muy poco a cambio. Podía ser una cualidad admirable en un individuo, más en un mundo acostumbrado a la crueldad y el egoísmo humano.

— Sí... Estás en lo correcto. — Comentó, mientras alzaba con el brazo izquierdo, las capas de tela fina que cubrían de forma casual, el interior del puesto culinario. El respeto y la caballerosidad debían ser parte de cualquier ser humano ideal al estar fuera de servicio, así que la dejó pasar primera que él. Su respuesta fue bastante vaga y sin ninguna explicación del por qué había acudido a la Capital. Ni siquiera él la sabía, por lo que le dejó pensativo por unos segundos.

Se encontró con una situación interesante, que ni siquiera tuvo que acudir al sobreuso de neuronas para obtener una respuesta. Akkarin se había sentado en medio de otras dos banquetas vacías, pero la derecha tenía también la compañía de un hombre que disfrutaba un buen plato de pasta. Con la misma expresión inanimada que suele enmascararlo, se dejó llevar por la mecánica respuesta de sus piernas ante la poco importante decisión. Por supuesto, prefirió acudir al único sitio que podía proveerle privacidad, donde solamente contaba con la compañía de la persona a la cual había invitado. Seiichi tiende a pasar desapercibido por su falta de personalidad. En la pared que tenía a su izquierda, se encontraba pegada una tablilla con un humilde y corto menú. Solamente habían tres tipos de platillos, similar al sitio del cual tenía recuerdos en algún sitio remoto dentro de su cabeza. Prefería calidad, antes que cantidad. — Un número tres, por favor. — Se limitó a decir con suavidad, al chef del local. Escogió el único platillo que llevaba carne de cerdo en él. Buscó con la mirada, el pedido de su invitada, dándole su tiempo y espacio.

— ¿No son las distracciones, incentivos de crecimiento para nuestras debilidades? — Preguntó con respecto a lo que ella había dicho dos minutos atrás. Dijo nuestras, incluyéndose. La pregunta no buscaba fundamentar su autoexigencia, sino que era una duda genuina del bicolor. Así lo veía él, pero comprendía que existía la diferencia de opiniones entre las personas. Normalmente, no podría importarle menos el pensamiento de los demás, pues él se considera un ser humano, día tras día, más cercano a la perfección. Pero su nueva amiga siempre fue tratada como un igual, pues él mismo es cómplice de su eficiencia.

— No puedo permitirme ningún retraso. Si dejo de esforzarme... — Dio un largo sorbo a su té caliente. Nunca finalizó la oración, al no saber precisamente cómo. Era irrespetuoso hablar mucho sobre uno mismo y no mostrar interés en el prójimo, eso había leído en un pequeño libro que antes le daba mayor uso. Tomando las relaciones sociales como tema principal; ahora juntando polvo en un estante de su casa. — Entonces, Akkarin... ¿Cuál es tu historia? Nunca he visto tanta dedicación por parte de un extranjero a este país. — Al ser incapaz de comprender el funcionamiento emocional de las personas, su aproximación podía llegar a tener poco tacto, a pesar de no ser su intención. El uso de la palabra 'extranjero', quizás no sentaría muy bien... Pero la mujer seguro ya se había dado cuenta de su "obtusidad social".

A la par de su pregunta, habían llegado los tazones calientes de comida, por lo que el joven Kaen se dedicó a comer delicadamente —dándole uso a sus modales—, mientras escuchaba atentamente a lo que Akkarin tenía para decir. Llegar a conocer a otra persona, era algo completamente nuevo. Se sentía extraño. Asentía con la cabeza cada tanto, demostrando que le seguía prestando atención. Cuando dejó de hablar, en el medio de la acción de degustar ese buen plato de comida, realizó un comentario personal. — Es la segunda vez que salgo a comer afuera. La primera fue hace muchos años, con Fuego. — Ese es el nombre por el que se dirigían al cabecilla del clan Kaen. En ese caso, se trataba de su padre. La falta de aclaraciones podían haber dejado incompleto su comentario.




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Re: Off Duty

Mensaje por Akkarin el Miér Abr 05, 2017 1:45 pm




Efectivamente, su hipótesis de que Seiichi elegiría el lugar que le proporcionaba más independencia y menos contacto con otros seres humanos fue correcta, corroborándose al sentarse en aquella silla situada a un extremo, a su lado. Respetando el silencio del más alto, asimismo su espacio, decidió imitarle y revisar la tablilla con su corto menú. Lo típico, en realidad, era aquellos cortos platos ofrecidos. La mundana rutina que, para la dama del hielo, suponía una cálida comodidad por lo normal que era.

O-Oh, un miso ramen con extra de setas, por favor —a diferencia de su contraparte, ella era mucho más familiar a la hora de tomar su orden, gustándole aumentar la cantidad de aquellos ingredientes que tanto le gustaban. Plus, no era la primera vez que estaba en esa paradilla, aunque no la frecuentara.

Que el bicolor fuese el que iniciara de nuevo la conversación, y recuperando un tema que pensaba le resultaría incómodo por chocar con su manera de actuar, la tomó desprevenida. Abriendo los ojos un poco más por la atención y curiosidad, la naturaleza de la pregunta le hizo soltar una pequeña risa. No burlesca, ni tampoco por parecerle obtuso. Era más bien por la diversión que le causaba ver representadas las directrices que se esperaban de un shinobi, en su compañero.

S-Si hay que ser 100% literales al m-manual, sí —inició, aceptando ese hecho puesto en realidad esa norma estaba ahí por razones que entendía, más no simpatizaba—. Pero de no tener esas d-distracciones, de no permitirte e-ese momento de d-descanso y flexibilidad… —hizo una pausa, mirando esta vez directamente a su compañero. Lo que iba a decir tal vez era un poco más profundo de lo normal, dada la conversación causal, pero así era la muchacha: tendía a reflexionar más de la cuenta—. ¿Q-Qué nos haría humanos, e-entonces? Solo tenemos una v-vida, y a p-pesar de las responsabilidades, tenemos que d-disfrutarla también.

Era su punto de vista, al menos, y sabía que lo más probable era que defiriera en gran medida con el de su interlocutor. Pero así se nutría ella, de la diferencia de opiniones, y como la gente pudiera percibirse a sí misma respecto a su entorno. Desde un punto de vista menos ético, también le permitía premeditar o anticipar las reacciones de sus compañeros, evitándose muchas veces la tensión o confrontación perjudicial.

Pero había un pequeño hilo de confianza, que envolvía alrededor del bicolor, que le permitía hablar con algo más de libertad de lo que esperaría de un simple compañero. Era la primera vez que se veían fuera del campo profesional, pero incluso dentro del mismo los lazos de camaradería llegaban a veces a extenderse algo más: que tu vida dependiera muchas veces de tus compañeros implicaba un ejercicio de confianza, consciente e inconsciente.

Y, de nuevo, ahí venía un patrón nuevo de comportamiento respecto a Seiichi. Raro le parecía que se interesase en su propia persona, y más que además iniciase de nuevo la conversación al respecto. Llegando en ese momento los tazones calientes de comida, tomó con cuidado los palillos mientras tomaba unos segundos para reflexionar sobre qué responder—. ¿M-Mi historia, dices? —tomó un pequeño trozo de seta, masticándola con suavidad una vez en su boca, mientras reflexionaba hasta qué punto hablar, o qué decir exactamente—. V-Voy a donde se me n-necesita, en esencia. N-No soy partidaria de solo extender mi ayuda a mi p-patria, ya que las nacionalidades son i-indiferentes cuando una persona necesita ese a-auxilio que nuestras habilidades p-proporcionan.

Era una respuesta algo críptica, genérica, pero englobaba bastante bien cuales eran sus motivos y mayor motivación para dar los tumbos que daba por el mundo. No solo el país del Fuego, sino todos en general—. A-Además… —añadió, esta vez con una pequeña sonrisa algo inescrutable—. Al principio, este país era i-incómodo para mí.

Aquella información era solo un anzuelo para comprobar si el interés de su compañero era en realidad genuino, o simplemente llevado por las maneras. Era consciente de que tan obtuso podía ser con las emociones, así la interacción social. Quería ayudarlo, pero para ello, tenía que comprobar que tan… atrasado o anclado estaba en el desarrollo interpersonal e intrapersonal.

¿Fuego? —la confusión era clara en el rostro de la muchacha, haciendo una pausa mientras comía para no hablar con la boca llena. A pesar de sus modales, ella sí tenía la curiosidad despertada, con ganas de conocer lo poco que el muchacho estuviera dispuesto a compartir; por su parte, sí había un lazo de amistad extendido hacia este—. ¿Nunca más allá de estas veces has tenido una pausa para... descansar?



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Re: Off Duty

Mensaje por Seiichi el Dom Abr 09, 2017 11:28 pm



Fuego. Era un 'nombre' que no salía de sus labios hace muchos años. Quizás, debió haberse quedado enterrado en el pasado, al igual que la segunda palabra que lo definía como persona. Kaen. El medio pelirrojo podía ser, fácilmente, considerado como una persona de mentalidad cerrada. Centrado en propia, simple ideología; y dejando que esta misma controle el rumbo de su vida. Al haber compartido tantas experiencias de vida y muerte con la mujer de cabellera turquesa, una matiz diferente en su comportamiento comenzaba a nacer. No le faltaría el respeto, ni se pondría sobre ella en ningún momento. A pesar de no comprender bien las emociones humanas, empezaba a entender las de ella; poco a poco. — Qué nos hace humanos... Creo que entiendo. — Respondió con un tono bajo, segundos después. Permaneció también pensativo ante la risa de la joven a su lado, ¿acaso él era gracioso y nunca lo había notado?. Tomó el tazón caliente de las manos del cocinero, dejándolo frente a él. Conocía la definición de 'disfrutar', mas no estaba seguro si lo había sentido por algo en particular. O qué era lo que disfrutaba de su vida diaria. Al ser un individuo que absorbía cuanta información se pudiese, no soltaría las palabras de Akkarin con tanta facilidad. Después de todo, estaba entablando una conversación.

El bicolor reconocía la sinceridad en cada palabra de su nueva amiga. Y la ciega bondad, que no se veía alterada entre naciones. Cuando temas así surgían, Seiichi tendía a apagarse por completo, pues nunca dejaba que sus pensamientos como individuo, influyesen en su función como soldado feudal. Él era un Shinobi de Hinoarashi; era lo único importante en su monótona existencia. Claramente, sí tenía opiniones encontradas sobre cómo funcionaba el mundo Shinobi... más sobre las decisiones impulsivas que tomaba su señor feudal. Su ayuda... era selectiva. La velocidad en la que Seiichi ingería los alimentos, era también una forma de describirlo como individuo. Los modales de manual; masticando la comida un a considerable cantidad de veces antes de llevarlas a su estómago. Lo pacífico que se mostraba, detrás de ese típico semblante serio.

La miembro del clan Yuki, tenía su completa atención. A pesar de que, por la carencia de gestos faciales que realizaba el que llevaba una notable quemadura en el rostro, estaba teniendo una noche agradable a su lado. Había dejado de ser el enigmático miembro de un equipo, que siempre se mantenía alejado y en silencio. Haber compartido tiempo con una misma persona, comenzaba a generarle curiosidad su visión del mundo. De la vida, para ser más precisos. Tal vez no lo parecía a simple vista, pero la existencia de Seiichi, era regida por objetivos muy ambiciosos, pero alejados de la avaricia humana. Era una persona con mucho rencor; una emoción nociva que nunca pudo descargar ni expresar. Por razones como aquellas, le intrigó por qué una persona tan bondadosa como Akkarin, se sentiría incómoda en un país donde sus servicios han sido apreciados en múltiples ocasiones. — ¿Ha cambiado algo? — Dejó de comer, entablando contacto visual con la Yuki por un par de segundos. Rara vez miraba con tanto detenimiento a alguien, como si estuviese intentando... leerla.

— Fuego... es un nombre hereditario. Un título, llevado por cada líder de la familia Kaen. Él es mi padre. — Apareció una mala costumbre, que se había mantenido oculta por ya muchos años. Una reacción por parte de su chackra elemental, que le resultaba inevitable de tener. Seiichi probablemente no expresaba sus emociones con muecas, como el resto de las personas, pero sí alterando la temperatura alrededor suyo. De repente, el pequeño local de comida, terminó en grados bajo cero. El hombre del otro extremo de la barra, se acobijaba a sí mismo con los brazos, sin poder encontrarle una explicación a lo sucedido. — Qué extraño. Será el viento. — Comentó el cocinero, sin prestarle demasiada atención, pues se encontraba ocupado con la comida. — No lo necesito. — Incorrecto. Todo el mundo necesita un descanso; él no era excepción.




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Re: Off Duty

Mensaje por Akkarin el Lun Abr 10, 2017 11:05 pm




Una serena cena, donde los silencios eran cómodos y los momentos de conversación eran amenos; difícil resultaba que, aquellos quienes habían mostrado torpezas o dificultades a la hora de relacionarse con sus allegados, generasen aquel tipo de atmosfera entre sí. Uno que se limitaba a escuchar, acotando de vez en cuando con tal de saciar las preguntas que venían al momento; la otra, aún con el temple de una educada señorita, rellenaba los momentos con explicaciones y ayudaba al joven del hielo a salir lentamente de su área de confort. Explorar más allá de los confines del manual que era su vida, para empezar a escribir por sí mismo.

Todo el mundo merecía ser el escritor de su propia historia, no la que otros hagan.

Cómoda pausa mientras la mujer que, a pesar de su afinidad para el hielo, poco se parecía al mismo, se dedicó a buscar algunas de las setas en su plato y así disfrutarlas por separado. Tenía ese pequeño tic, donde solía terminarse todas estas antes de siquiera pensar en coger la cuchara anexa al ramen y degustar todo junto. El gusto por las pequeñas cosas, darle a todo su breve momento particular. Una filosofía que se extendía desde ese banal acto, hasta la mayor parte de sus acciones.

Meticulosa en cierto modo, incluso. Tal era la naturaleza de alguien que pensaba en cualquier persona antes que en sí misma, o su propia seguridad. Estaba segura que el muchacho a su lado sería uno de los primeros en categorizarla de manera negativa, de ser completamente consciente de ese hecho. Aquel que vivía para otros, no vivía para sí mismo. Pero nadie tenía por qué saberlo.

Una tensión adyacente, apenas reflejada en un aumento de la fuerza con la que cogía los palillos, apareció súbitamente ante el interés no pronosticado del joven Kaen. No había tomado en cuenta que, con esa situación tan inusual que ambos estaban compartiendo entre ellos con la comodidad de dos amigos, podría suscitar tal vez un poco de interés inusual en su compañero. No sabía si estaba dispuesta, o tan siquiera preparada, para hablar de eso.

Rostro congelado con una sonrisa imperecedera, ojos que no veían, aun cuando la atmosfera alrededor empezaba a enfriarse. Asimismo, ella había acabado en un tema traído por sí misma, que causaba esa reacción, el joven a su lado trajo otro que causó otra reacción, más notoria. Parecían ser los únicos conscientes de la causa de aquella bajada de temperatura alrededor, a pesar de no molestarle a ninguno de los causantes.

El Hielo no podía ser perturbado por su propio contexto.

Sin embargo, él había empezado a abrirse. No podía ser quien reculase, cuando aquel que más dificultades tenía para empezar a ser humano daba los primeros pasos hacia el mundo más allá de su manual. No sería justo.

Y si algo tenía en cuenta la joven, era la balanza de la justicia.

Y-Ya veo… Debe ser importante para ti, d-dado que lo mencionas y reaccionas —sin omitir aquello último al considera relevante la aceptación de un cambio en él como algo normal, que común podía ser para alguien sentirse afectado tan simplemente por su entorno. Por la simple mención de un nombre—. Todos necesitamos esos momentos. Así como tú, yo, y el resto del mundo. Un descanso es una pausa para crecer más —sabias palabras, reflexiones meditadas con el tiempo. A pesar de ser sus palabras, la fuente que había causado ese desenlace distaba de ser propia; debía mucho a Rojo por sus metáforas y palabras—. Así como la habilidad se entrena y necesita pausas para recuperar energía, la mente necesita ese patrón.

El último símil era una aproximación más cercana, por si el bicolor necesitaba de una explicación más técnica para entender a qué se refería. Nunca con hastío, ni tan siquiera burlándose. La serena paciencia de un alma bondadosa, dispuesta a dejar entrever su mundo al más pequeño. Tomando una respiración mientras cerraba los ojos, terminó por inclinar la cabeza un tanto hacia atrás. Con lentitud, conforme la calma y tranquilidad llenaban su cuerpo, se decidió a abrirlos de nuevo.

Mirando hacia la inmensidad ominosa del cielo nocturno, sus labios empezaron a moverse, hablando por primera vez con algo más de seriedad y tenue, empañada alegría—. Mi primer contacto con el Fuego fue, si más no, infortunado. No tenía experiencia de campo, y por lo visto, alguien me confundió con un enemigo —fue una monótona respuesta al final, carente de vida. Hablaba como si de un informe diese; era su manera de gestionar el momento, de no sentirse afectada por el trauma que este mismo suceso causó. Así como profesionales optaban por cerrar siempre sus emociones, otros olvidar los recuerdos con facilidad, la joven simplemente había terminado optando por cerrar el canal de la emoción a la hora de rememorar. Pero estaba ahí, en realidad. Nunca podría olvidar esos ojos, ese nombre—. Desde ese momento, me cuesta en realidad pasar mucho tiempo en el bosque del Fuego. Es un suceso aislado, fruto de la inexperiencia pasada. Pero está presente, como una mancha.

Ni siquiera el tartamudeo usual estaba presente, pero porque la joven parecía en otro mundo; uno al que nadie de los presentes podría llegar, solo en los pensamientos de la dama de hielo. Su memoria era, al igual que buena, traicionera.

Y, tal como llegó, el rostro de la muchacha se iluminó de repente como si nada hubiera sucedido. Aquel cambio había estado presente, sí, pero… ¿valía la pena estancarse y entristecerse cuando tenía una buena vida, con una grata compañía en esos momentos?. No, el pasado, pasado era.

De todas maneras, acabo de pensar que inicié en la vía del shinobi muy… tarde, en comparación a los demás —amena, casual. Era un tema vinculado, pero al mismo tiempo, que tenía menos peso que la pesada seriedad anterior. No congeniaba alguien como ella con los ambientes cargados—. Apenas un año y medio, creo, desde entonces. ¿Hace mucho que tú estás en la profesión, oficialmente? —la curiosidad era un don de la joven, apoyando los codos en la mesa y al mismo tiempo, observando a su compañero con la suave sonrisa que le invitaba a abrirse. Amabilidad y calidez era lo que tenía para Seiichi, indiferentemente de su hosquedad—. Aunque ahora que lo pienso, ni siquiera sé qué edad tienes. Tranquilamente podrías ser un senpai, por lo eficiente y profesional que eres.

Divagaba, un tic nervioso. Aún tenía las lacras del mal cuerpo que los recuerdos traían, pero no se estancaba en ellos. Había un real interés en conocer más de su compañero. Así era como las amistades empezaban; algunas más ortodoxas que otras.



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Re: Off Duty

Mensaje por Seiichi el Mar Abr 18, 2017 7:12 am





El frío, no podía afectar al hielo. Como únicos dos miembros de una fogata de lo más peculiar, se comunicaban por primera vez, información que resultaría irrelevante estando en servicio. Para aquel que era incapaz de sentir esa helada —y también el calor—, se le había pasado completamente por alto de que su chackra había reaccionado por su cuenta, otra vez. Eso significaba, para el medio pelirrojo, una notoria falta de control sobre sus habilidades. Una falla; incapaz de encontrarle un significado más profundo que sólo alguna debilidad latente, en alguna parte de su persona. Él, que aseguraba y se repetía, de que no poseía ninguna falla como Shinobi... ¿Y como ser humano?

Los ojos dispares, buscaban el análisis óptimo de la mujer de cabellera turquesa, como si se tratase de su misión actual el poder comprenderla. Porque para aquel que siempre está de servicio, todo terminaba por convertirse en una asignación, indiferente el hecho de si se la había otorgado un superior, o él mismo. A pesar de que la gran oleada glacial que había emanado su cuerpo, había sido alertada por las reacciones de los otros dos presentes, la sonrisa de aquella se mantuvo inmutable. En una cabeza fría como la del bicolor, su capacidad de razonar y llegar a conclusiones lógicas, había pensado ya que se debía a causa de que Akkarin pertenecía al famoso clan Yuki. Pero un vago, rebelde pensamiento, le sugería algo menos profesional. — Ya no lo es. No es más que un nombre que pertenece a mi pasado. — Cortó el contacto visual, retomando su plato de comida con el mismo ritmo lento que suele llevar al comer. Era una muralla de hielo que no se dejaba penetrar. En los alimentos, sí era más notorio el cambio de temperaturas, por lo que no pudo evitar hacer una mueca de disgusto al probar el siguiente bocado. "¿Reacción?"; no pudo evitar pensar sobre aquello. Si Akkarin había sido consciente del bajón de temperatura como los demás; tenía incluso menos sentido que antes para el joven Genin. Las personas siempre reaccionaban de forma negativa cuando eso pasaba.

— No puedo aceptar esa premisa. — Agregó una vez Akkarin había terminado de hablar. A pesar de la simpleza de su respuesta, se podía notar que no le llevaba la contraria, ni negaba que tuviese razón. Era algo mucho más complejo, que llevaba interiorizado desde sus primeros años de vida. Le había encontrado el 'gusto' a la forma en que su nueva amiga pensaba, mas no podía darse el gusto de compartir esa ideología. Le resultó curioso cómo comparó el desempeño de las habilidades de uno, con el descanso 'social'. — En cualquier caso, tu eficiencia es palpable. Sin importar cuales sean tus métodos, están funcionando para ti. — Se podía notar lo peculiar en las palabras que salieron después de Seiichi. Una repentina colisión en su interior, donde el soldado quería hablar al mismo tiempo que el humano. Fue más informal de lo normal, incluso agregando un tono más suave y ameno en cada vocal.

Es entonces, cuando la dama de hielo había decidido abrirse también, reviviendo recuerdos que parecían tener un impacto poco agradable en ella. Mientras Akkarin le contaba su primer experiencia en el País del Fuego, Seiichi realizó un gesto con la mano izquierda, ordenando otro tazón idéntico al primero. Uno que no pudo terminar, por su propia culpa. La mirada serena y carente de emoción que persistía como si hubiera sido tallada en el rostro de Seiichi, se abrió levemente cuando se percató de algo. Era inusual para él, notar un cambio de ánimo en otro ser humano, a no ser que sea demasiado obvio. Pero el tiempo con ella le había otorgado esa habilidad. Por un momento, se había escuchado a sí mismo. La misma firmeza; y el mismo vacío en cada palabra que componía un recuerdo del pasado. Era la voz de un soldado informando lo sucedido; lo cual encontró diferente viniendo de ella. El tartamudeo tampoco estaba presente. Seiichi aprendía de todo lo que podía observar, y cuando se trataba del ámbito social, podía resultar demasiado obvio ante ojos atentos. Al cabo de segundos, imitó la misma inclinación de Akkarin, uniendo su mirada con la de ella en el mismo espectáculo que montaba la noche. No había una razón en concreto para esa acción, sino que había querido experimentar lo mismo por su propia cuenta. — Iniciar una ofensiva contra un ser vivo, que no ha sido previamente confirmado como hostil, es el acto de un mediocre. — Vociferó, con total soltura, observando la luna. Se tomaba a pecho la pobre efectividad por parte de los Shinobis de su mismo país, como si estuviese haciéndose responsable. La cruda honestidad del bicolor, quizás podía hacer de consuelo para su interlocutora. Normalmente, tenía el efecto contrario.

Se recompuso junto a su primera invitada, recibiendo con ambas manos el nuevo tazón. Se percató de que el de ella empezaba a vaciarse. Sería de mala educación iniciar un nuevo plato, si ella no iba a comer más. Por eso mismo, se tomó un breve período de tiempo antes de dar el primer bocado. — Oficialmente, hace aproximadamente tres años. No tenía permitido ingresar antes... pero he entrenado toda mi vida para esto. — Era la voluntad del bicolor; la firmeza en cada una de sus palabras, como si un inconsciente orgullo fluyera de lo más profundo de su garganta al hablar de su arduo trabajo. De su sacrificio. — Ya debería haber alcanzado los dieciocho, supongo. — No tenía ninguna conexión en ese mundo, desde hace más de tres años. Al no haber alguien más que le recordase de ese evento, resultaba irrelevante. Sus días eran la réplica del anterior. A pesar de ser un hecho realmente penoso para otras personas, no había tristeza en su respuesta. Era una insalubre indiferencia. — ¿Y tú? — De manual. Una conversación, era mediante la comunicación de dos o más individuos.

A medida que pasaron los minutos y se hacía cada vez más tarde, hubo una frase de Akkarin particularmente, que permaneció rondando en su cabeza. Disfrutar de la vida. A pesar de que, en una primera instancia, consideraba aquello como algo totalmente inútil para su desempeño como Shinobi, quizás estaba equivocado. Tal vez los humanos potenciaban su rendimiento, al estar disfrutando de lo que hacían. Entonces, consideraba la posibilidad de adquirir ese aprendizaje... sólo que no sabía de qué manera. — Akkarin, tú... ¿Cómo disfrutas de la vida? — Experto en ser un obtuso asocial. Su pregunta había terminado no sólo de quedar completamente desconectada del hilo que seguía la conversación, sino que era algo muy profundo viniendo de él. — ¿Puedes enseñarme? — Giró el cuello, para entablar nuevamente contacto visual. Para alguien considerado un prodigio, podía ser un completo idiota. Sería normal incomodarse con semejantes palabras; más cuando te miraban directo a los ojos. Seiichi Kaen no dejaba de sorprender.




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Re: Off Duty

Mensaje por Akkarin el Dom Abr 23, 2017 5:05 pm




Intercambio equivalente. Aunque desde el exterior pudiera resultar extraña, incluso torpe, la manera en que ambos comunicaban sus perspectivas, lejos estaba de la realidad. Había un entendimiento que radicaba en el paso del tiempo trabajando codo con codo, forzándose en momentos a no valerse únicamente de las palabras para expresar sus ideas. Ambos tenían dos perspectivas que no podían ser más diferentes, pero los pequeños puentes donde algo era mutuo, erigían la vía abierta para tratar de entender el otro punto de vista.

Tal vez, en un encuentro casual y sin premeditación como era aquel, era cuando de verdad empezaban a conocerse más allá de patrones de comportamiento, o con un objetivo marcado en sus cabezas. Estaban tocando el ámbito social, incluso cuando el bicolor mantenía el tecnicismo característico en su persona, un claro ejemplo de quienes habían sido privados de un desarrollo correcto ante la comunicación interpersonal… e incluso intrapersonal.

Oh, sí. Tal vez lo fuera —a pesar de la distancia, del recuerdo poco grato que estaba rememorando, a la soltura con la que hablaba su compañero era refrescante. Un manto de alivio incluso, ya que no había lástima o condescendencia; era un hecho y un juicio directo, tan… ‘Seiichi’, que le hizo alzar irremediablemente una de sus comisuras. El punto de diversión—. Sin embargo, para él, era hostil. Fuese confusión, o lo que sea que pasase, realmente pensó que era un enemigo de su pasado. Lamentablemente no fue posible hacerle entrar en razón, y… —un silencio sepulcral por su parte, definitivo. No iba a avanzar más, dejando la frase a medias. Pero era claro el final. Ese hombre no respiraba, puesto no había tenido más opción. Era un fantasma del pasado que debería quedarse ahí, atrás.

Manteniéndose en su serena línea, terminó por vaciar paulatinamente el plato que tenía en frente mientras, para su dicha, el joven Kaen accedía a rebajar el tema de conversación a uno muchísimo más casual, ligero. Se fijó en que repetía, quedándose con el dato en su cabeza; ella, aunque amante de la comida, no tenía un estómago tan grande como para poder permitirse probar algún plato más. Pero dentro de la rectitud que era el comportamiento ajeno, aquellos pequeños datos de información eran el matiz que lo diferenciaba de un soldado más; un mero camarada habitual en su profesión.

Woah, me olía que eras más veterano, pero no que eras menor —el comentario salió sin querer, genuina sorpresa tanto en su tono de voz como en la manera en que sus ojos se habían abierto algo más. Había, durante todo este tiempo juntos, supuesto que su compañero llevaba tanto más experiencia de campo como años de vida. Un sutil, apenas perceptible rubor apareció a causa de haber pecado en ese entonces con su juicio, y una falla en su habilidad deductiva—. A-A duras penas llevo más de año y medio en el servicio, aunque mantuve un cese de actividades durante el mismo… por razones —un encogimiento de hombros que restaba importancia al asunto; la máscara aparecía, una que había construido en ese mismo lapso de tiempo para afrontar aquello que ella veía como una mancha en su expediente. Sabía que era algo del pasado, pero estaba ahí, presente—. P-Pero empecé bastante tarde, en comparación. N-No tuve necesidad de ello antes. Ahora, hace poco, alcancé los v-veinte —una pequeña risa, solo para suavizar un poco el ambiente, y devolverlo en la efrescante comodidad que solo aquellos que el hielo los representaba en parte, podrían entender.

Tomó segundos contemplando a su compañero, pero al rato, decidió regresar la mirada al cielo. Era extraño que, después de cómo había respondido anteriormente que no podía permitirse sus métodos, fuese el mismo que ahora le hacía una pregunta tan… existencialista. No solo eso, sino que preguntó si podía enseñarle algo así, que desde luego, rompía el esquema que tenían. Rompió su visión del cielo nocturno para clavar sus ojos en su compañero; confusa, dubitativa, pero al mismo tiempo, curiosa. No había juicio, de nuevo; sino una subconsciente aceptación de aquel nuevo puente que se erigía entre ambos.

No es algo que pueda enseñarse de la noche a la mañana, Seiichi-san —puntualizó con lentitud, alzando un poco sus cejas. Volteó un poco su cuerpo; ya no encaraba la barra, donde el dueño del local había caído sin darse cuenta en un segundo plano de omisión, sino que con ese gesto focalizaba su atención en el bicolor; completamente—. Ni tampoco puedo asegurarte que vaya a funcionar. Se trata de… —hizo una mueca, pensativa, en el momento en que escogía sabiamente sus palabras con la misma elocuencia que nunca terminaba de irse en ella. Era, igual que el menor, alguien aferrado a un patrón propio—. Un estilo de vida, vinculado a aquello que te hace sentir bien. Primero, para ello, tienes que conocerte correctamente a ti mismo. No solo profesionalmente —aquello último fue acotado rápidamente, señalando al pecho del joven con una fugaz actitud desafiante. Estaba bastante segura de que sería lo primero que pensaría, y debía desestimarlo lo antes posible—. Sino… más bien, motivaciones, gustos, disgustos… Todo eso.

Bajó la cabeza, desviando la mirada hacia un lado. Sus labios, fruncidos por unos instantes con un ligero cambio de comportamiento, al final encaró a su compañero. No había ya tanta… serenidad, sino un frío momento de análisis. El rostro de un profesional—. P-Pero, si quieres que pueda… e-enseñarte, algo así… Necesito saber sí… —le costaba algo más formular esas palabras, porque estaban asentadas en una duda que picaba, con fuerza—. N-Necesito saber sí tuviste algo que ver… con lo sucedido con G-Gorou…

La bomba, contenida durante todo este tiempo, fue soltada. Una desconfianza causada por culpa de acciones en una desafortunada misión, donde se vio arrastrada. De haber sido otra persona, tal vez no estaría ahí. Experimentar la traición había sido un duro golpe, del cual no se recuperaba tan fácilmente. Pero del mismo modo que extendía su duda, trataba de solucionarlo. De realmente confiar en su compañero, en su palabra.



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Re: Off Duty

Mensaje por Seiichi el Lun Abr 24, 2017 2:36 pm




En medio de un momento de paz, siempre cabía la posibilidad de una tensión próxima. El medio pelirrojo, encontrándose en un campo en el cual no posee ninguna experiencia, se encontraba a ciegas. No podía adelantarse a las acciones de su invitada, ni estaba buscando hacerlo. La sensación de poder bajar la guardia junto con ella. Sin embargo, la gran quemadura en su rostro era el claro recordatorio: Antes que nada, era un Shinobi

Las emociones continuaban resultando en un indescifrable acertijo para Seiichi Kaen. Comenzaba a utilizar el análisis apropiado para ligar algunas gesticulaciones, con estados de ánimo en una persona. Pero no todos los seres humanos funcionaban igual en ese aspecto —siendo él un claro ejemplo—, y eso podía terminar manifestándose como una creciente frustración. No habían libros que lo ayudasen en ello, ni tampoco la experiencia se aplicaba de manera apropiada. Sentir, era su única salida. A pesar de todo lo anterior, sí distinguía una mirada particular en las personas. La muerte, suele apagar el brillo en la mirada de los demás. La de él no brillaba hace ya muchísimos años, pero nunca había visto algo similar en los orbes de Akkarin. No necesitó finalizar la frase, para que el muchacho simétricamente imperfecto, pudiese leer el desenlace. Nunca la había visto quitar una vida; tampoco se preguntó jamás el por qué. Con los codos sobre la mesa y los dedos entrelazados, cubría gran parte de su boca, mientras observaba a su invitada de reojo.

Era un curioso desafío. La mujer de cabellera turquesa, presentaba un gran repertorio de matices emocionales, que él apenas podía seguirles el ritmo. Comenzaba a creer, que la había juzgado demasiado pronto. Una Shinobi eficiente, con un corazón dominado por su propia bondad. Parecía mucho más complejo que eso. La razón misma de su curiosidad, se alejaba cada vez más de la comprensión de un simple soldado. Uno acostumbrado a cargas inconmensurables sobre sus hombros. El encogimiento de hombros por parte de su amiga, y el desvío de mirada que aparecía normalmente en momentos 'cruciales', lentamente había generado una opinión en el medio albino. Una que decidió callar. — Tampoco imaginaba que fueses mayor. — Añadió, mientras descansaba unos momentos la mirada bajo sus párpados. Le restaba importancia a la edad; nunca había sido un factor vital en su desempeño ni en el de los demás. Por eso mismo, jamás se le escuchaba utilizar términos como senpai ó kōhai.

La petición de Seiichi, podría haber desafiado por completo su comportamiento habitual. Él, que no era más que una función de carne y hueso para Hinoarashi, hablando sobre la vida. No conocía nada sobre ella, ni le había generado jamás un puntuado interés. Lejos de la avaricia humana, tenía también sus propias metas; unas que le mantenían apartado de lo que el verbo 'disfrutar' apunta. — Entendido. — Respondió a lo primero. Muchas habilidades no se aprendían de la noche a la mañana; pero tenía que intentarlo si quería agregar esa 'condición' a su arsenal. Y ese era su error más grande; ver algo tan natural y humano como un arma más, esperando a ser explotada. Se percató de cómo fue señalado, con una mirada un poco inusual en el rostro blanquecino de su invitada. "Estilo de vida...", era un concepto completamente nuevo. Supuso que el arduo trabajo y el entrenamiento, era el suyo. Aprendía, abiertamente, de cada palabra que era desprendida de la boca de Akkarin. — Comprendo. — No con entereza. Todo aquello fuera del ámbito profesional, le era difícil.






De repente, su apenas latente lado social, volvió a esconderse. Era una pregunta que, Seiichi consideraría osada bajo otro tipo de circunstancias. Hablarían sobre lo que sucedió esa noche. Silencio. Lentamente, giró un poco la cabeza, aún cubriéndose parte de la boca por la posición en la que sus brazos descansaban. Era una mirada fría; distante. Era tan poca la intensidad que emanaba de ellos, que podía hasta resultar inquietante. Como si fuese por arte de algo ilusorio, el iris carmesí de su ojo izquierdo brillaba más que el derecho. La apatía de un soldado. — Yotsuki Gorou. — Vociferó el muchacho, en un tono sereno y grave. Él memorizaba los nombres completos, de aquellos que habían tenido cierta relevancia. Posiblemente, Akkarin ya había sacado esa conclusión después de haber compartido más de una experiencia juntos. Sintió la amargura del recordatorio; una misión que había fallado como líder. — No. De haberlo querido muerto, no le habría salvado la vida durante el asedio. — Por primera vez, se dio el gusto de suspirar, bajando los codos de la mesa. Era cierto que, Seiichi había recibido un ataque ígneo directamente con su armadura, para evitar que las llamas envolviesen a Gorou por completo. Claro que, el único que podía corroborar aquello, también estaba muerto. Tenía opiniones encontradas sobre lo que había sucedido durante esa misión, pero le habían ayudado a crecer. El rostro del castaño heroico, apareció en su mente de manera fugaz. Ese pensamiento enigmático, solía molestarle. — La confidencialidad de esa misión, se aplicaba únicamente con personas de este país. Hablaré, si eso deseas. — Se giró sobre la banqueta, apuntando su cuerpo completamente a la mujer que tenía a medio metro de él. Seiichi jamás hablaría, de no poder hacerlo.

— Era una asignación opcional; ajena al objetivo principal de la misión. Hyuga Miyuki tomó la decisión de cumplirla, sin consultar con sus compañeros de feudo. — Era el vocabulario que utilizaba para un reporte. Estaba siendo cien por ciento objetivo; parte de su cruda honestidad. La verdad oculta, era el vacío que él había sentido al ver la escena. Al héroe, descansando entre los escombros. A su amiga, siendo víctima de las acciones de su propio feudo. Parte de su mentalidad, había evolucionado durante esa luna llena. — Los dos se encontraban bajo mis órdenes. Me hago responsable de sus acciones y lo que estas desencadenaron. — A pesar de ser un muchacho que acababa de entrar en la adultez, ya llevaba la muerte de sus compañeros sin titubear. Eran cargas que estaba dispuesto a tolerar; fracasos que él estaba preparado para aceptar.

El heredero de los Kaen, se puso de pie, incapaz de poder terminar con el segundo tazón que había ordenado. Con el brazo derecho, alzó levemente la fina cortina que separaba el interior de la tienda, con las calles 'carnavaleras' de la Capital. Y perdió su mirada entre las personas; aquellas que caminaban en grupos durante la noche estrellada. Sonrientes. Ajenos a la crueldad y el peligro que les aguardaba afuera, en lo desconocido. Tal vez, era por ellos que... — "Compañeros hasta el final" — Se le escuchó decir con suavidad, pensativo. Palabras que no conectaban con el hilo de la conversación. — Es lo que él dijo. — Akihiko. Era sorprendente, como el chico de las múltiples quemaduras, podía todavía recordar algo así. Él, que escogía minuciosamente cuales nombres debían perdurar en su memoria. — La traición es la espada blandida por los cobardes; una que no infunde respeto. Me rehúso a llevarla conmigo. Concluyó, mirando a la miembro del clan Yuki de reojo. No era la misma firmeza de siempre, sino que tenía rastros de intensidad al final de la oración. Hasta un hombre que no suele estar aliado con el uso de palabras, puede llegar a articular un sentimiento como ése.






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Re: Off Duty

Mensaje por Akkarin el Vie Abr 28, 2017 12:15 am



Escamoso. Así podría considerarse el tema que se había abierto por su propia voluntad, con el acopio de un valor que, desde luego, en apenas unos meses en retrospectiva, nunca se habría visto capaz de lograr. Sin embargo, lo ocurrido haría varias semanas era algo que se había quedado incrustado en la mente de la Yuki. Una astilla, tal vez, que cada vez se adentraba más. Si no encontraba la manera de redirigirla, o sacarla antes de que penetrase más en su subconsciente, estaba segura de que se hundiría lo suficiente como para causar la infección. Tal vez los primeros síntomas ya estuvieran empezando, quien sabría, con aquella pequeña pregunta que tambaleaba un poco la relación basada en profesionalidad y eficiencia.

Aun así, no esperaba una respuesta. Lo más común, dado la naturaleza y desenlace de la misma, cualquier parámetro de la misma hubiera sido atado bajo un silencio de confidencialidad. Con otra persona, menos recia y de manual como era Seiichi, tal vez sí hubiera laxitud. Pero él, aun a pesar de su camaradería, tenía esa manera de ser. Aunque aquella noche estaba rompiendo varias de las ideas que se habían asentado en su cabeza, fruto del trabajo en equipo. Un cambio que era perceptible para sus ojos, analíticos.

Parecía que el cambio, había llegado a resonar más allá de lo esperado. Exhalando un tembloroso suspiro, el cual mezclaba alivio e incertidumbre, fue la única muestra ante no solo su negada involucración en el asunto, sino su disposición a hablar sobre aquel suceso que, por lo visto, había errado al pensar que era tratado como confidencial.

Al menos, parcialmente. Ella no entraba dentro de las reglas estipuladas por esa confidencia.

Dio un robótico asentimiento, tragando saliva a la par que, con ese mismo valor descubierto que la llevaba a querer sacar la nociva astilla de su cabeza, le hizo voltear su cuerpo y encarar al bicolor, aún sentada en la banqueta también—. P-Por favor. N-No recuerdo bien que ocurrió, p-pero s-sí lo esencial que Miyuki traicionó al grupo, y dio muerte a Gorou. No hacía falta añadir aquello último, a pesar de ir implícito. Ambos sabían cuál era el problema, el motivo raíz de su despropósito a poner en duda las vivencias compartidas con quien compartía un historial ya.


Progresivamente, conforme la explicación avanzaba, sin extenderse en exceso y directa al grano, el rostro de la Yuki se tornaba más inexpresivo. El mismo hielo que parecía controlar, y no se encontraba en su alma, empezó a enfriarle metafóricamente. La mirada impasible de la misma estaba, claramente, en busca de cualquier información que fuese más allá de lo estipulado; el golpe de la traición había sido duro, proyectado hacia quien era parcialmente inocente de ello—. Entonces, eras consciente de ello, mas no tomaste la asignación a diferencia de Hyuga-san —honorífico y apellido; despropiando a la traidora de su nombre, la que en su momento era bondad, parecía haber llegado a un límite. Aquel donde sus principios la hacían tomar riendas, y que, sin saberlo, eran los mismos que estaban insuflando osadía como para hablar a expensas de poder resultar incómodo. Respetaba a su compañero, pero se encontraba en un punto de inflexión donde la mirada acerada y el sutil, perceptible ceño fruncido rompía la serenidad de la azulada—. Durante el suceso, ambos estaban lejos de poder recibir o responder a órdenes. Quedaron fuera de tu responsabilidad en el momento en el que el liderazgo se rompió —dureza, pero verdad. El equipo había terminado diseminado, desprovisto de la guía de un líder, así como los dos susodichos habían terminado en un escuadrón propio, con los otros pequeños escuadrones valiéndose y sobreviviendo por su cuenta, con liderazgos improvisados—. No te culpo de los sucesos ocurridos durante la misma. Miyuki actuó bajo la propia responsabilidad de sus actos —encogiéndose de hombros, desviando al mismo tiempo la mirada hacia la barra. El ceño fruncido se había acentuado; una anomalía, ver a la Yuki expresar algo que rozaba la hostilidad—. Pero soy incapaz de ver honor y rectitud en un feudo, quien se encarga de sabotear deslealmente a otros miembros de una misión. Donde la vida depende de la confianza en el equipo.

Volteó de nuevo a mirar a su compañero. Una posición donde dos puntos de vista se enfrentaban, pero donde era la misma confianza incipiente entre ambos que estaban siendo honestos con sus propios principios. Tal vez no fuera una amistad incondicional, cimentada, y se tambalease fuera del campo profesional, donde al mismo tiempo tenían perfiles claramente encontrados. Pero eran una máquina bien engrasada, donde eficiencia y profesionalidad lucían. Ambos diestros en combate, pero con distinta funcionalidad.

Lo observó con atención desviar esta vez él su cabeza, apartando la tela para mirar hacia el cielo estrellado. Extraño, apuntó en su cabeza, pero a la vez una muestra de naturalidad humana. No era la única que había tenido un cambio en esa misión, vio claramente en ese suspiro. Aunque no sabía de quien hablaba, podía hacerse una idea del contexto. No hacía falta saber siempre los hechos, para empatizar y comprender el sentir de otro. Incluso si este era, actualmente, nada más que un niño empezando a salir de su armadura de hielo, experimentando por primera vez algo que no fuera los apartados de un manual de vida.

Si así es como quieres vivir, debes conseguir un cambio —respondió con firmeza, clavando su mirada acerada en los ojos dispares del Kaen. Una pequeña inclinación ascendente en su labio, desencadenando una tensa, pero satisfecha sonrisa al escuchar sus palabras—. Tienes el potencial. Tienes la entereza, pero si permites esos actos bajo tu guardia, pierde la credibilidad esa declaración que haces.

¿Quién hubiera dicho que, cuando se presionaba lo suficiente la astilla que había en su cabeza, y se tocaban los ideales, la joven tartamuda podría hablar con tanta seguridad? Insolente, incluso, podría darse. Pero era una brutal honestidad, el mismo idioma que había acordado mudamente entre ambos. Directos y sin tapujos. El aprendizaje era mutuo, aunque cada quien se nutría de algo en particular en aquella relación entre ambos.

Disculpa la rudeza de mis palabras, Seiichi-san —el cuerpo de la joven paulatinamente fue perdiendo la tensión, a pesar de mantener el semblante. No dejaba, en ningún momento, aquel vínculo visual con los orbes contrarios—. Separo a tu feudo de tus acciones, puesto eres un individuo con voluntad propia. Confío en lo que dijiste, así que, estoy dispuesta a aceptar el tratar de enseñar. Si estás dispuesto a no anclarte en el manual, claro está —una retórica. El tartamudeo había quedado en el olvido. Al menos, mientras sus principios siguieran hablando con sus labios.



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Re: Off Duty

Mensaje por Seiichi el Vie Abr 28, 2017 5:04 am




Fricción. Eran dos mentalidades destinadas a colisionar, bajo un manto climático que pocos lograrían tolerar por más de un par de minutos. Lejos de la terquedad, cada pensamiento de los dos individuos presentes, parecían haberse forjado con el tiempo. Con la experiencia; distinta una de la otra. El muchacho de la quemadura carmesí, contemplaba la noche con el mismo semblante característico de Kaen; aquel que puede intimidar en ocasiones. Y en otras, generar melancolía. El bicolor no tenía lo necesario para interpretar a un mártir más del montón que ya hay en el mundo Shinobi. Enfrentaba cada consecuencia, de la misma manera que lo hizo con la anterior. Cuando entabló contacto visual con la mujer de cabellera turquesa, le generó un leve disgusto lo que pudo ver. Hostilidad; una moneda que era devuelta inconscientemente con la misma, por el Genin de Hinoarashi. Una vez su radar detectaba a un enemigo, era difícil de que este desaparezca... ¿Podía un amigo, cumplir también el rol inverso?

Una vez Akkarin entró en territorio de feudos, un leve ceño fruncido heló aún más la mirada del que lleva orbes dispares. Era una arruga que se intensificaba a cada segundo que ella seguía hablando. No era por estar en desacuerdo, sino por poseer ese mismo, vago pensamiento que llevan los que deciden evadir los problemas, en lugar de enfrentarlos. Idealistas, que se especializan únicamente en el campo que él carece experiencia: Hablar. Le vinieron recuerdos fugaces de hace un par de semanas, cuando había entregado el reporte completo a sus superiores respecto al desenlace de la misión. Fue reconocido, una vez más, por su feudo. Era algo que nunca había sido una sorpresa para el bicolor, puesto que Seiichi Kaen es un nombre y apellido que suele oírse a menudo entre los Genin, debido a su gran desempeño. El joven del historial perfecto. Sin embargo, muchos decidieron tomar el papel de juez, culpándolo por el gran número de bajas en la misión. Frío e inhumano, fueron dos adjetivos que había logrado escuchar de pasada. Nunca le llegaron a afectar los prejuicios de los demás, a pesar de venir desde la completa ignorancia; pero le tomaron con la guardia baja viniendo de Akkarin. 'No te culpo'.




El joven nunca perdía la paciencia, incluso en momentos que desearía quebrantar su estoica posición como soldado. La sensación de rebeldía. Dejó que la mujer de cabellera turquesa terminase de hablar con él, pues ese era normalmente su modus operandi. Escuchaba, mas no respondía. Era incapaz de contar, cuántas veces en su vida había escuchado palabras de la misma índole. Seiichi los creía ciegos. No era la mirada inexpresiva que le dedicaba a cualquier otro ser humano, ni una medianamente apacible hacia un primer amigo. Era profundo desagrado; casi decepción. — Fueses a culparme o no, me sería indiferente. — La oscuridad de la noche, apagó el celeste de su ojo derecho, dejando que el izquierdo tomase las riendas sobre el asunto. Un ser humano compuesto por dos mitades, totalmente opuestas. — Tampoco tu disgusto hacia Hinoarashi. Son tiempos de guerra; estemos de acuerdo con ello o no. Las opiniones de aquellos que no hacen más que opinar, no tienen ningún valor. — Esa era su única verdad. Era la primera vez, que enfrentaba a alguien de forma tan directa con sus propios pensamientos. Siempre guardados, porque nunca le interesó alguien lo suficiente como para compartirlos. — No soy yo quien necesita un cambio, sino todos los que deciden seguir el camino fácil. Los irresponsables, que huyen de su deber solamente por enfrentar decisiones difíciles. Situaciones en las que no siempre estaremos a gusto. — A pesar de mantener su tono de voz natural y la sequedad en cada palabra, eran matices en su rostro las que expresaban molestia. No era una indirecta, claramente, se dirigía a los de su tipo. — Nada me diferenciaría entonces, de los que desertan de sus feudos por encontrarse en desacuerdo. Los soñadores ignorantes, que prefieren quebrantar la ley a superar esas diferencias, para lograr un cambio mayor. — Y allí, la respuesta a su desprecio directo hacia los que creen ciegamente que el mundo es blanco o negro. Mostraba, probablemente, su faceta más soberbia. Pero era una que hablaba libremente, sin tapujos. Akkarin había logrado dar con un punto débil en su helado carácter; uno que no fue bien defendido tras haberse enfrentado constantemente a sus cargas personales y los prejuicios de sus propios compañeros.

— Yo escogí no huir de mi deber. Algunos, no podemos darnos el lujo de viajar por el mundo, impartiendo justicia propia en lo que creemos que sea lo correcto... — Más claro que el agua. Se adentró nuevamente en la tienda, siendo observado por el otro hombre que también disfrutaba un buen plato de sopa en el pequeño local. Era una conversación que se había subido de tono, por compartir de más. — ...porque yo, soy el futuro de Hinoarashi. — Sentenció. Los motivos de tal sueño —o ambición—, seguían siendo un misterio. Aún así, era bastante claro que no era poder lo que el muchacho anhelaba. Tampoco se encontraba a gusto con las acciones de su feudo, y por ello quiere cambiarlo algún día.

El rostro de Seiichi, volvió a deshacerse de toda expresión. Se recompuso, como si todo lo que había dicho previamente, hubiesen sido las palabras de una persona completamente diferente. Sacó de su bolsillo derecho, el suficiente dinero para pagar su parte y la de su invitada, dejándolo sobre la barra. — No te confundas. Mis acciones y mi voluntad, le pertenecen a mi feudo. — Tras haber dado unos pasos en dirección a las calles de la Capital, se dio media vuelta, propinando una formal reverencia. Los modales de manual, siempre estaban presentes. — Lamento haberme equivocado antes, Yuki Akkarin. No creo que puedas enseñarme nada. — Alzó la cortina con su brazo izquierdo, dispuesto a encabezar directo a su hogar. La segunda cena de ese tipo que había tenido durante toda su vida, no dejaría un gusto positivo en la boca, después de todo. — Mientras sigas aferrándote a esa inmadura visión que tienes sobre el mundo, seguirás desperdiciando tu potencial. — Y se retiró, con la idea de mezclarse entre la gente. Imposible tarea, con una cabellera tan particular.



¿Por qué caminaba de esa forma?, no respetaba su usual postura. Erguida. Escondía ambas manos, invadidas por pequeñas quemaduras, en sus bolsillos. Iba más encorvado, como si la carga habitual esta vez sí le estuviese pesando.






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Re: Off Duty

Mensaje por Akkarin el Miér Mayo 17, 2017 10:59 pm




Las palabras picaron. Una tras otra, logrando que la muchacha que había sido siempre un ejemplo de educación y serenidad, empezase a sentir los efectos sofocantes de las mismas. Una sensación viciosa, desagradable, subía desde lo que parecía su pecho y rascaba en su garganta, presionando por salir hacia fuera. Escupir palabras, que, debido al acceso de ira repentino, irracional por su parte, no serían desde luego el proceder más sabio.

Y se mordió la lengua. Con fuerza, pero temple desde luego ejemplar. Ella no era así. No atacaría más de lo que ya había llegado a hacer, a pesar de tratarse de una presión premeditada, analizada. Grabó sus palabras en la memoria, desde luego, con la sensación humillante de quien se siente identificado en juicios de otras personas, de quienes la opinión distaba de agradable hacía de quienes hablaban.

Incluso el último juicio, que, desde luego, no podría omitir a un a expensas de saber que actualmente Seiichi se encontraba hablando en caliente, no respondió. Seguía observándolo con una máscara de frialdad, serena y distante, que solo reflejaba la agresividad en sus ojos. La presión que había ejercido se acumulaba en esos irises, quienes no perdieron momento alguno mientras este se levantaba totalmente dispuesto a retirarse.

Y lo hizo. Sin mirar atrás. Con una expresión corporal que no pasó desapercibida.

No fue hasta entonces, cuando su choque de perspectivas había llegado a su fin, que el cuerpo de la joven Yuki reflejó el abatimiento. Un profundo suspiro, y un rostro cansado fue lo que apareció al instante; tal vez, para el más observador, un tinte vidrioso en sus ojos.

Pero, observando de reojo la espalda que se perdía entre la multitud, una pequeña sonrisa cruzó los labios de Akkarin.

Estás empezando a aprender ahora, pequeño Seiichi. Aunque creas que no puedes aprender nada, acabas de demostrar lo contrario”.


Desde luego, no sería la conversación agradable. Una tensa situación fuera del servicio, que traería el gusto amargo a su boca. Pero algo bueno siempre se sacaba de esas situaciones; ella misma, la había forzado. Había conseguido sacarlo del manual de otros, y ayudarlo a empezar a escribir él mismo sus propios párrafos. Eso valía más que un choque de intereses, puesto las amistades debían aportarse algo, aunque no fuera lo que uno querría oír siempre.

Con ese pensamiento en mente, la joven cerró los ojos. Tomaría un par de horas más, antes de dejar el local. No tenía prisa, después de todo, en regresar a la posada.




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Re: Off Duty

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