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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Las sombras del Bosque Konoha

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Las sombras del Bosque Konoha

Mensaje por Aburame Sashima el Lun Abr 10, 2017 11:45 am

El Bosque de Konoha, una enorme arboleda, llena de vida y muerte a partes iguales, donde algunos gozan de los hermosos claros para descansar, y otros no son capaces de huir de sus tenebrosas sombras. Un lugar que se extiende desde la misma capital del País del Fuego hasta la frontera con los desiertos del País del Viento, heredando así ese sentido de confrontación contínua entre distintos poderes establecidos, mafias, criminales y asaltantes que aguardan en sus caminos a la espera de pobres almas que no saben lo que aguarda tan bello paisaje. Campo de batalla de guerras, testigo de atrocidades que silencia su espesura, y mayor obra folclórica, orgullo de los habitantes de la gran nación que hace de eje de todo el continente. Sobre todas las cosas, supone el mayor regalo, así como muestra de poderes sobre el manejo del chakra del legendario clan Senju del bosque. Pero entre tanta violación y depravación, éste lugar ostenta una enorme fauna y flora, desde animales enormes capaces de fagocitar a un humano a modo de tentempié, hasta pequeños insectos que ignoran prácticamente al resto de formas de vida de dicho lugar tan mágico. Lugares donde el ojo humano a penas ha alcanzado a presenciar, lugares tan hermosos y tan arriesgados al mismo tiempo, donde pisar donde no debes, pueda suponer caer en la trampa de un arácnido de metro y medio que busca la cena, o alguna enorme colmena de avispas enormes con aguijones como brazos dispuestas a dejar su vida en la protección de su patria, su ecosistema. Pero, todo lugar tiene su jerarquía, su orden, sus Reyes y sus siervos, y en cierto lugar, cierta persona aspira a lograr el monopolio de tal paraíso... Y su visión era intachable para los invertebrados que la conocían.

Pocos conocen su nombre, pocos han sobrevivido para ver su dulce e infame mirada de chiquilla inocente, violada por la vida, demacrada por la sed de poder. Una persona tal, que no vive en comunidad con su propia especie, dada la simpleza que los humanos muestran, que luchan por otras personas, cumplen órdenes sin más metas que glorificar a sus señores feudales, o destruir su posicionamiento esta mental... Bobos, cuando ellos podrían tratar de igualar su capacidad y tumbarle, como el joven más duro de la manada trata de acabar con el veterano. Alguien sin esa aspiración de poder, no puede llamarse 'líder' sin ofender a quien de verdad tiene la convicción de doblegar y proteger a los suyos, en función de su propia virtud. Así es como nacía aquella muchacha, solitaria y apática con aquellos seres tan complejamente simples, que no lograban entender su forma de vida, pues ella no era ningún humano baboso, sino un insecto, un ser autónomo y social, que busca saciar su satisfacción, sea cual sea, sin otro fin que la propia búsqueda de ello. ¿Para qué sentir amor, odio o rabia? Solamente son las características que convierten a los seres humanos en seres imperfectos, impuros, mentirosos o traidores... ¿Quién quiere eso? Solamente alguien capaz de controlar tales defectos a su antojo, es capaz de mantenerse frío ante sus súbditos, ante sus esclavos.

En uno de esos rincones, un audaz cazador que tan sólo su sustento perseguía, caminaba intranquilo, vigilante entre las sombras, las cuales brindaban algún haz de luz que lograba alcanzar sus córneas. El joven, perdido en el más tupido de los bosques de todo el continente, portaba consigo un arco y algunas flechas en un carcaj, con el cual esperaba cazar alguna presa para poder comerciar con sus pieles y alimentarse de su cuerpo... Pero no sabía que en el lugar donde estaba, hacía rato que él era la presa, y que el cazador más silencioso aguardaba cerca. En las sombras, la imagen de un cuerpo desnudo femenino, pálido y delgado, tan sólo cubierto por una especie de seda transparente que recordaba al capullo en el que las larvas sufren su metamorfosis, acechaba tras la única prueba de que aquél ser parecía ser de ascendencia humana, unas gafas oscuras que no dejaban mostrar el ápice de humanidad que en la dama de los bosques quedaba en esencia, rodeada de insectos, los famosos kikaichu, habitantes del cuerpo de los miembros del famoso y tétrico clan Aburame. Además de todos ellos, un montón de insectos se hallaban con la muchacha, desde mosquitos hasta abejas, las cuales consideraban a la joven Sashima como una especie de regente. Impasible, observaba al cazador, un joven de unos dieciocho inviernos, aunque algo bajito y al que aún la baba ni le asomaba, armado con una katana y cubierto por una frágil armadura. Sus ojos, celestes como el cielo, su cabello rubio como el oro y su piel Rosada, daban signos de una belleza caucásica propia de algúnlugar del extranjero. Por supuesto, no era habitante del bosque, y en sus ojos se podía apreciar el terror, la inseguridad y la falta de fe, pues era obvio que no había esperanzas algunas de salir de allí con vida, y menos cuando aquellos kikaichu habían sentido aquél chakra, dulce, exquisito, y que aquella chiquilla había ya declarado como su enemigo en la guerra, un invasor que Osama desafiar su poder en aquella área prohibida para cualquiera que su autoridad no permita.

Imperante silencio, roto por el chasquido de unos dedos en la sombra, señal fatal para el joven que, de pronto, descubría el sonido próximo de un enjambre de kikaichu que se avalanzaba de pronto sobre él por su espalda. El joven casi alzaba al vuelo con tal velocidad que tomaba para huir de ellos, aunque desde las ramas de los árboles sobre su cabeza, Sashima le perseguía, observando con rostro serio como se aproximaba a su trampa. El joven identificaba a la figura de la joven, la cual lo observaba desde lo alto tras aquellas gafas que tanto atractivo le restaban, y comprendió que era presa de una emboscada. El joven, entonces aceleraba el paso, rápido como el rayo sería infravalorar aquella tremenda velocidad de la que hacía gala, pero parecía parte del plan. De pronto, como por arte de magia, la imagen de Sashima se avalanzaba sobre él desde alante, situación lógicamente imposible, pero que al cabo de un espadazo, entendería perfectamente. La hoja del arma de aquél muchacho rebanaba de costado a costado la imagen de la chica, la cual se descompone de pronto en un tormento de un millar de insectos, que conforme se separaban de la imagen de aquella muchacha, se adherían a la piel del chico y su armadura, filtrando debajo de la misma, en busca de dar espacio al resto del ejército de invertebrados hambrientos, al cual se sumaban sus seguidores. Los gritos del joven se alzabanal cielo, mudos ante los oídos de cualquier humano. Los roedores observaban desde la vegetación, las aves huían por el estímulo, y ahí estaba, observando impasible desde lo alto de un árbol, Sashima Aburame, dueña y señora de su destino.

Los gritos de aquél muchacho inundaron el área alrededor suya, abogaban al terror que supone el tratar de huir de una presa más fuerte que tú por mucho, y daban la sentencia de muerte a aquél joven, cuyo chakra servía de alimento a la colmena. Sus gritos de auxilio no fueron advertidos por nadie que pudiese ayudarlo ante tal frenesí de violencia por parte de aquellos insectos, leales soldados al servicio de su líder, pero aún así, pronto aquello dejaría de importarle, cuando su chakra alcanzaba cotas tan bajas que ni siquiera podría mover uno de sus párpados, pues aquellos pequeños kikaichu habían vaciado hasta la última esencia de energía vital en aquél cuerpo, ahora inherte. Tras presenciar semejante espectáculo, el dedo de Sashima se desplazaba dando una señal de retirada, y todos aquellos bichos entonces, la seguían, dejando atrás el cadáver sin vida del muchacho a merced de otros depredadores que pudieran merodear. La fémina se dirigía ahora a otro punto, un lugar donde parecía que todos aquellos insectos sabían perfectamente llegar. Conforme avanzaba, los invertebrados participantes en el asesinato de aquél joven, comenzaban a adherirse ahora en la blanca piel de la fémina que los dirigía, llegando tal punto, que ciertas partes de su fisionomía se apreciaban cubiertas por completo de insectos kikaichu. La joven llegó a un rincón, siniestro como poco... En tal sitio, millares de insectos y arácnidos se aglutinaban al presenciar la vuelta de la Aburame, la cual entraba a paso calmo mientras todos aquellos bichos se mostraban tan respetuosos con aquella muchacha que daba la sensación que poseían cierto sentido de la autoridad.

Colmenas, telarañas y hormigueros; repartidos en un espacio en el cual tan sólo convivían las especies afines a la infame líder de tal manada. Arañas enormes, abejas y avispas, mosquitos y larvas que conformaban la evolución de ciertas especies, protegidas, como no, por todos aquellos seres que vivían en comunidad hasta donde sus instintos les permitiesen. Pocas personas habían visionado tal espectáculo, tal pacto entre animales de éstas especies, llevado a cabo por la chica que a temprana edad se lanzó a realizar una vida lejos de los humanos. No existen habladurías sobre ella, nadie conoce realmente la situación en la que la joven se encuentra realmente, pues ni siquiera a su familia le importó, ni a ella le importa su familia, personas que ven lógico que una colmena cohabite con humanos... Ridículo. Sashima no es humana, es una colmena viva, un ser cuya existencia es, y debe ser, con y para los insectos que en ella habitan. ¿Servicios a alguien? Sashima solamente serviría a una persona, y esa persona es una colmena también, para colmo, la más enorme y bestial de todas las colmenas... Pero como tan sólo se conocen leyendas sobre él, no hay ningún ser cercano a ella a quien deba rendir cuentas.

Al momento, Sashima salía al exterior de tal lugar con ropas más comunes, una sudadera verde pistacho, encapuchada y con las mismas gafas que ocultaban su hermosa mirada. A sus pies, un calzado cómodo para la movilidad. Alzando su mirada al cielo, un claro chocaría directamente en su rostro. Había trabajo, su nueva posición como soldado del feudo Kakkinoaru le permitirá a partir de hoy poner a prueba su destreza. Esos cinco años habitando los bosques como si de un ser salvaje se tratase, le han ayudado a entender mejor a los insectos que habitan con ella desde que tiene uso de razón, y le muestran todo un camino a desarrollar respecto a habilidades del combate con el kikaichu no jutsu, un arte amplio, silencioso y, sobre todo, muy peligroso si eres el objetivo de la persona que lo domina. Sus fines eran claros y concisos: El poder. Igualar a cualquier ser que habite el planeta, y superarlo, dejar su posición muy por encima de todos y cada uno de los seres vivos que existen, reafirmando así su posición como colmena. Sus compañeros de viaje, los insectos, no dudan de ella, pero más allá de eso, ella tampoco sus de ellos, y es con ellos con los únicos seres con los que es capaz de sentir cierta compasión.

Un enjambre de insectos surgia del interior de aquella cueva, y tras advertirlo, la muchacha partía de allí, siendo perseguida por multitud de insectos, todos ellos al unísono seguían el paso de Sashima. Pasiva ante todo lo que el bosque pudiese aguardar a sus costados, podía avanzar sin demasiado problema saltando de rama en rama, rodeada de insectos que no dudaban de ella, que veían en ella algo que nadie pudiese ver en un humano ni un ser vivo siquiera: Su patria. Es posible que todos ellos fuesen seres que vivían durante poco tiempo, y que ni siquiera lleguen a vivir un sólo día, pero durante todo ese tiempo que su organismo funciona, solamente tiene una funcion: servir y cumplir las órdenes de Aburame Sashima. ¿Dónde fuese? Nadie preguntaba. ¿En qué propósito iban a sucumbir todos ellos? Nadie rechistaba. Esa era la característica que más hacía respetar a los insectos para la chica: Su capacidad infinita de sumisión, hasta el punto de que todos ellos darían su vida en el cometido que Sashima o cualquier otro Aburame considera oportuno, y no como esos humanos que dudan de quienes se posicionan como líderes, para luego cumplir órdenes a regañadientes. Lo único que la fémina del clan Aburame esperaba era que su cometido al servicio de la Dama de Fuego sirviese para algo, y no sólo para llenar las arcas de semejante personaje sin ella recibir lo que busca a cambio: Poder. Nada más que esa era su razón, por lo que no perjudicaría de ninguja forma ninguna vía a través la cuál pudiese alcanzar su fin, ni siquiera si ésta es humana y tiene eso que ellos llaman 'sentimientos'.

Inmersa en sus pensamientos, de pronto, la muchacha se frenaba en seco en una de ñas ramas, y en su quietud, mira directamente a un punto en el cual, cualquiera no hubiera visionado absolutamente nada. A unos quince metros, una abeja se aproximaba directamente a Sashima, dócil y directa, buscaba a la chica. La Aburame mostraba en su dedo el sitio de reposo para ella, y sin ningún reparo ni duda, se posaba en su dedo cómo si fuese su propia colmena. La chica miraba con atención a aquél invertebrado, el cual también afrontaba dócil a Sashima. Por primera vez entonces en la escena que presenciamos, se podría contemplar la voz dulce, aguda y de aspecto tímido de aquella chica que tan ruda parecía ser dada su naturaleza, una voz digna de seres alados, pero más angelical que de algún insecto.

- Así que... Esa es la situación... Si no es mucha molestia, dado que has trabajado hoy mucho, ¿Podrías conducirnos hasta el lugar? Después, podrá volver a casaa descansar...

Efectivamente, la chiquilla se había dirigido a un insecto hablando como a los humanos, situación extraña para cualquier miembro del clan Aburame, pero éste narrador quería estrenar de algún modo la voz del nuevo personaje que ocupará algunos momentos en los que sea necesario leerla por alguna razón. Tras la aclaración con aqurlla pequeña abeja, el camino continuaría hacia el lugar donde aquella pequeña amarilla se dirigiría, dando el trayecto a seguir a la chica del clan Aburame, Sashima. Así comienza una historia que, o bien puede tener un fin que pocos esperan, o un trágico y temprano final, pero eso solamente el tiempo lo dirá. De momento, Sashima empieza guiando a sus insectos en la batalla, y eso es lo que importa.
Aburame Sashima
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