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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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[11º Examen chunnin] The prince, the king and the dragon

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[11º Examen chunnin] The prince, the king and the dragon

Mensaje por Sorey Bokushi el Sáb Abr 15, 2017 1:34 pm

Cuerpos agotados, mentes cansadas. Aquel viaje había sido como una iniciación. Aprender de la astucia de Hiroyuki y de la valentía de Taro, realizar sus jutsus, herirse, sufrir, enfrentarse a sus miedos, salvar a alguien… cada uno se había superado a sí mismo con alguna de aquellas experiencias. La iniciación había dado sus frutos. Ahora eran mejores, y con aquella nueva madurez debían de llegar al final de este asunto.

Los ojos curiosos podrían observar un gran túnel, larguísimo, sin bifurcaciones, y hecho de dura piedra, un recurso que se había observado en la superficie que lo había de sobra. La iluminación venía ofrecida por candelas suspendidas en el aire agarradas por cadenas. A sus pies, agua, que circulaba calmada entre las dos estrechas calles, a veces ocultada bajo pequeños puentes que comunicaban una calle con otra. Las viviendas y comercios se ubicaban hundiendo su terreno más allá del límite del túnel. Si miraban detrás suya, podían observar que no había ninguna pared que marcara un final. Al contrario, allá por donde habían bajado parecía estar en medio del túnel.

Aquella no tenía por qué ser la única entrada, por lógica, pero aquello no impedía que la zona fuera más comercial, tratando de captar la atención de los exploradores y cazadores, quienes antes de partir y al volver siempre se interesaban en adquirir productos. Las de salir al exterior eran sin duda las profesiones más peligrosas, pero eran a cambio las que mejor calidad de vida permitían, pues lógicamente, con presas tan imposibles de cazar y vegetales tan riesgosos de recolectar, la demanda del producto era elevadísima.

Primera zona, la del comercio. Vendedores de armas, de comida y de vestimenta. Gente bien vestida y cazadores armados hasta las cejas. Destacó entre la muchedumbre una joven encapuchada. Una ballesta colgaba en su espalda, una capucha roja y un práctico traje de cuero elástico la identificaban como una cazadora. Hablaba en voz alta, fiera, autoritaria, en uno de los puestos. Había varios detalles que la hacían diferente al resto de occidentales de los que se habían visto en oriente, pero era la viva representación del cazador de capital. –¡Auferte! –una orden, dirigida a ellos, que estaban molestando en su acceso hacia la salida. Hiroyuki se había encargado de esconder los cadáveres de los guardias por suerte, así que tampoco se alarmaría demasiado al salir.

A cada lado del túnel podían verse dos cruces en perpendicular, cada uno llevaba a una nueva zona. Una llevaba al barrio marginal, donde se concentraba la mayoría de la población. Jóvenes y adultos, hombres y mujeres, compartían destino. Incapaces de tomar armas y salir al exterior, con la escasez de comida, dependían de un milagro para sobrevivir. ¿Cuál era ese milagro? Había mucha población para un sistema en donde los cazadores tomaban su rol como profesión. ¿Por qué se concentraban aquellos sin ocupación en aquella zona? En la más extrema pobreza, una contradicción andante en forma de pre-adolescente daba ilusionada instrucciones a una figura masculina de bastante más edad. La pequeña portaba una caja con mucha carne recién cocinada. El olor podía notarse desde la lejanía. El otro, significativamente más cargado, portaba diversas bolsas de cuero con verduras, medicinas, y la carne que no cabía en la caja de la pequeña. Ambos tenían la piel clara y el cabello rubio, y compartían el gusto por el color negro. Debían de ser buenos cazadores, pues sus armaduras parecían de buena calidad, y tenían tantos recursos como para permitirse repartirlos entre la gente de aquella zona. Los dos sujetos se hablaban en aquel extraño idioma. Si no llevaban al Yamanaka hacia allá serían incapaces de entender lo que decían.

Por último, la zona de viviendas. Podía verse a la gente lavando la ropa en el río, otros recogiéndola para llevarla a casa, e incluso algunos niños jugando con espadas de madera. Dato no tan tonto. De algún lugar sacaban madera. Otro factor característico era la presencia de guardias. Era mucho mayor que en el resto de zonas. Al parecer, por honorable que fuera la cultura occidental, no se podía vivir sin protección ni justicia.



aspecto de la capital:

aspecto de la cazadora:

pareja que ayuda a los pobres:
niña:
joven:

off-rol:
Lamento que el post esté escrito rápido y mal, pero llevo mucho escribiendo y tengo muy poco tiempo. He decidido ascenderos a Chunnin porque todos habéis demostrado merecerlo de sobra. Cuando termine el examen diré cada uno por qué, con sus puntos fuertes y cosas que veo que pueden mejorar.

Creo que la evolución de los personajes debe ser lineal, no brusca. Por ello, adquirís el rango, podéis aumentar 3 stats a vuestra elección aparte del tope de un Gennin (5 para el caso de Katta por no disponer de nuevas técnicas). Podéis emplear jutsus elementales de rango chunnin, no de clan ni de especialidad.

Tened en cuenta, que usar un jutsu del rango chunnin será muy agotador porque no estáis todavía acostumbrados,
así que en caso de hacerlo roleadlo con coherencia.

Felicidades por llegar hasta aquí ^^
Sorey Bokushi
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Re: [11º Examen chunnin] The prince, the king and the dragon

Mensaje por Katta el Dom Abr 16, 2017 12:57 pm

Muerte. Durante el camino, e incluso las palabras con la joven sacerdotisa habían logrado aplacar el sentimiento de batalla, diluir la carga, aunque siempre presente para el espadachín. No solo un hermano, sino personas que querían paz como él. Relajaban la espalda destapada de algún modo, pese a escuchar luego la voz que se transformaba de oriental a occidental. Cada una de las frases pedidas habían quedado grabadas, la memoria del espadachín, si no milagrosa, no sabía soltar lo que parecía importante para su poseedor. Un henge, se apresuró por el pensamiento, sacando en un segundo plano los recuerdos de un pequeño muchacho cargando una katana demasiado corta y fina, con un sello en la mano, apretando los dedos tan fuerte que los huesos le dolían, pero no ocurría nada. El primero, en cambio, era convicción. El incógnito no era una opción en el código del de aceros. Quizás a algún presente se le ocurriría pensarlo, incluso al pelirrojo planificador. Aún pesaba sobre el brazo derecho la emboscada ya meses atrás. Por un momento, el espadachín mismo se permitió pensarlo. Él no podía transformarse. No podía cambiar su ropa bajo un manto ilusorio. Irremediablemente, se decía, habría de entrar siendo quien era. Pero Hiroyuki pareció leer esos pensamientos con malicia cuando el grupo se detuvo. El espadachín, detrás, no acertaba a ver lo que los demás, y solo llegaron las palabras y pisotadas de Hiroyuki. Presto, poseídas por el instinto, las piernas empezaban a rodear al pequeño grupo, vislumbrando algo lejos la escena con horror. — ... No... — se escapó susurrado. Él, que no conocía los métodos de aquel hombre, y confiaba aún en que solo les causaría un desmayo, quiso correr. Pero Las dos piernas bajo el cuerpo ya habían comenzado a impulsarlo en dirección a los hombres que ya se habían matado entre si. "... sin perder la humanidad en estas tierras." había dicho la sacerdotisa. El ojo dorado y manchado no pasó por alto como el hombre se refería a ella, ni como hablaban. ¿No sabía nada sobre ella? ¿Sobre su paz? Cuando el instinto terminó su carera, solo quedaban dos occidentales a los pies del espadachín, desplomados uno sobre otro, con sangre y saliva tras ellos. Solo una vez vio la mirada de los muertos, sobrecogidos por las llamas y el acero de ladrones. Occidentales, no se equivocó al pensarlo. Tenían esa misma mirada. Todos allí eran lo mismo, solo se mataban por razones nunca suficientes. — No. —

Fue una voz clara, grave. Distintiva. El interpuesto viró la figura ensangrentada y rígida. Si en algún momento alguien pensó que no se preocupaba por su seguridad, pronto verían cuan corta se quedaba esa suposición. Un rostro serio y severo caía sobre el superior. En un terreno neblinoso entre lo juicioso, lo decepcionado, lo triste y lo humano. Sin dudas a su alrededor, las espadas y el cuerpo que las usaba protegía a los caídos de Hiroyuki. — Ha matado a dos hombres sin motivo, ¿y quiere desmantelarlos como si no fueran más que un arbusto al que quitarle las bayas? — Las hojas por primera vez, ardían tanto que su tintineo sería escuchado por todos. Era la tensión sobre las piernas del espadachín, en aquel sentimiento, ira, tan impropio de él, solo alimentada por honores rotos. — Estos hombres volverán con su familia, y recibirán el ritual que merecen los caídos en el deber en Occidente. Si también lo sabe, dígame. ¿Cómo se disculpa con los mayores respetos en occidental? — De repente, el espadachín dio la espalda a todo y se acuclilló a la vera de los dos guardias. La sangre de uno se había apegado a su ropa, y el cuello del envenenado estaba cubierto por su baba. Sin una sola muestra reticente, el espadachín se inclinó e intentó con respeto máximo en aquella situación colocar uno sobre el otro, con los brazos colgando para no perder el equilibrio al momento de cargarlos. Ad honorem tuum, soldado-dono. — Susurro de nuevo, mientras los dos cadáveres pretendían ser montados. Allí estaba. "Nosotros somos los hostiles.", "Somos invasores." ¿Qué verían en el espadachín en alguien cargando con el cuerpo de dos automáticamente declarados enemigos? ¿Qué verían a no acatar las directrices del supuesto superior? ¿Y el resto de la agrupación al saber que no podían seguir el plan estipulado sin que Katta hiciese lo único que en su mente parecía lógico? ¿Un traidor? ¿Un lastre? Con una indescriptible educación, el espadachín con las piernas flexionadas tan fuertemente como podía, alzó los cuerpos si se lo permitían y miró al resto, solo para saber si debía continuar solo o no. Porque iba a continuar sin importar qué. El envenenado encima de su compañero, y este sobre la espalda espadachina. Para haberse sentido avergonzado al mancharse con la sangre de los animales, parecía hasta feliz de poder tapar una herida cuya vida ya había salido por ella.

Datos:
Estadísticas:
Taijutsu: 11.15.
Fuerza: 11.15.
Velocidad: 10.15.
Resistencia: 10.15.

Inventario:
Ryusei.
Vendas.
Calmantes: x00.
Sanguíneos: x02.

Off-rol: Para el grupo, siento que con esto pueda retrasar la trama. Pero es lo debido con el personaje.(?) No he avanzado hasta el interior de la capital porque supongo que esto de alguna manera trastoca esa entrada. Reírse de Katta está permitido, yo lo hago constantemente.
Katta
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Re: [11º Examen chunnin] The prince, the king and the dragon

Mensaje por AlptrauM el Miér Abr 19, 2017 12:00 am

Su cuerpo aún no estaba recuperado del todo. Quedaban vestigios de la toxina que recorría sus venas. Por lo menos ya había recuperado la motricidad, lo que era primordial considerando que ahora – después de un momento de duda – se dirigían a la supuesta Capital. La idea durante un momento le pareció un tanto incorrecta, debido a que no sabía cuántos tomarían la decisión de continuar el viaje, e intentar recaudar más sobre la gente de estas tierras. Aun cuando vio que prácticamente todos seguiría adelante, la idea en su cabeza seguía dando vueltas.

Todo lo que le fue revelado daba para entender que en aquella ciudad, los ánimos debían de estar algo temperamentales. El menor de los errores, podría desencadenar rápidamente un conflicto interno entre los habitantes. Claro, para oriente eso no sonaba para nada mal. Dejar que se maten entre ellos y así los feudos solamente tendrían que preocuparse por eliminar la facción restante, debilitada. Terminar el trabajo.

El peculiar Chūnin representante del feudo Mogura se había encargado de conseguirles – a algunos – armaduras de occidente, lo que les permitiría a algunos poder camuflarse y por lo tanto, el grupo sería capaz de infiltrarse en la capital. Efectivo, pero no del gusto de todos.

Honor. Palabra tan pequeña, pero tan potente, llena de sensaciones y efectos. Impulsa a los hombres a realizar acciones determinadas incluso en las situaciones más adversas. Incorruptibles, incapaces de romper su propio código por el cual han guiado su vida a través de un camino. Vergüenza, aquello con lo que deben vivir quienes rompen dicho pacto. Tan insoportable para los hombres de honor, que preferirían acabar con su vida por propia mano para recuperarlo antes de vivir otro día bajo la sombra de los dedos acusadores. Ese era el joven Katta, compañero infalible de Kazuo. Compartía mucho con aquel que lideraba la expedición, y un alarmante parecido con aquellos cuyas ropas habían robado. Había que admitirlo, vivir una vida bajo esos términos era algo admirable y respetable.

Estúpido, casi inocente.

¿Quién en su sano juicio sería tan inocente? Creer que se puede vivir una vida de honor, donde no se quita una vida que se considere inocente, donde se debe buscar el equilibrio en las acciones que uno realiza. Lamentablemente, es una ilusión. Nadie es inocente. Todos, en su más mínimo grado, son culpables de algo.  — ¿Sin motivo? ¿En qué mundo vives, muchacho? — Soltó de pronto el de lengua filosa —. Andas por el mundo, cargando esas espadas. Utilizándolas para tus propósitos o para el que fijen tus superiores. De seguro has quitado más de una vida. “Se lo merecían” dirás, intentando justificar tu actuar. ¿Quién dictamina eso? ¿Tú? Es decir, todo depende del punto de vista. Para unos, puedes ser un hombre de honor. Para otros, un criminal, un perro de guerra igual que todos los que estamos aquí presentes

— Quien vive su vida intentando seguir un camino de honor, tarde o temprano se da cuenta que tal palabra no existe. Que es un término, carente de significado, creado por algunos para intentar, desesperadamente, justificar la forma de vida que escogieron. Negándose a sí mismos que son tan culpables como aquellos que sufrieron el castigo impartido por tales honorables manos. Lo peor de todo, es cuando se dan cuenta que toda su vida vivieron bajo un código que finalmente no existía, y su pequeño mundo se les cae en mil pedazos, cayendo en la noción de que no son mejor que los demás, y que incluso, en algunos casos, son peor. Pierden su norte, su rumbo. He visto eso ocurrirles a demasiadas personas a través de los años. Todos terminaran allá, y lo más triste. Una vez que se dan cuenta, intentan pasar toda su vida intentando redimir su pasado. Si no crees ninguna de las palabras que aquí te he dicho, o si piensas que eres diferente, que eso a ti no te ocurrirá. — Giró su cabeza hacia donde se encontraba el Bokushi; y un esbozo de sonrisa se dibujó en su rostro.

No necesitaba cubrir demasiado su cuerpo, su azabache atuendo lo ayudaría a mezclarse perfectamente con los capitalinos. Aunque de preferencia, sí necesitaría que su rostro estuviese oculto. En el piso, a los pies del resto de la armadura que aún no era tomada por alguno de los presentes, se hallaba una máscara. Era de acero y tenía forma de calavera, tallada con precisión en la zona de la boca, tenía dientes cuyo material no era el mismo que el resto, a simple vista parecía hueso humano. Echó para atrás la capucha que cubría su cabeza y se colocó la careta. Calzaba perfecto en su propio cráneo. La zona de las cuencas se iluminó en un rojo vivo, casi como si contuviese dentro fuego. Volvió a tapar su cabeza, ahora enmascarada, con la capucha y se colocó de pie.

Desde que puso pie en aquella costa de aquel desolado continente, la palabra curioso se quedaba corta, para las ganas de querer conocer – de existir – la capital de aquellos invasores. Ahora estaba a portas de aquel lugar. Descubrir su civilización, su cultura… le fascinaba. Por supuesto, no perdería tiempo en trivialidades como el querer preservar el honor de aquel muchacho. Por él, los escondería y dejaría pudrirse al sol, para cuanto antes, hacer ingreso. Así que en ánimos de aprovechar la situación, y empuñando aquella espada arrancada de las frías manos del cadáver a sus pies, se dirigió al Bokushi.

— Desconocemos el tamaño de aquella ciudad, podríamos tardar días o incluso semanas en recorrer cada sitio de importancia. No sabemos el contingente militar que podamos llegar a encontrar, de ser significativo, un grupo de este tamaño, independientemente de que utilicemos sus ropas o técnicas, no pasará desapercibido. — El sonido de su voz se distorsionaba a través de la máscara, dándole un tono metálico y aún más profundo —. Por lo que el escenario en el que nos encontramos no nos cae del todo mal. Separarnos nos permitiría abarcar más terreno, poder mezclarnos con mayor facilidad entre la gente. Por lo que fácilmente podríamos ir de a dos y recorrer las calles, reunir información que nos permita mapear la ciudad. Fijamos un tiempo pertinente, lo suficiente para realizar la tarea y luego reunirnos en algún punto específico antes de llamar la atención y ser descubiertos


Información:

Apariencia:

Espada:

Técnicas:

HABILIDADES PASIVAS

Vulnerabilidad climática
Los Orochi tienen una peculiaridad que los diferencia del resto de los ninjas existentes: Son humanos de sangre fría. Tal ha sido el parecido de estos ninjas con los ofidios, que nunca han desarrollado un sistema de sangre caliente, por lo que se dice que incluso descienden de reptiles. Al poseer esta habilidad, el shinobi del clan Orochi obtendrá un bonus de 3 puntos en velocidad en climas cálidos (países como el del viento, el de la roca, el del a hierba) y tendrá una penalización de 3 puntos en velocidad en países fríos (países como el de la nieve, el de las olas y el del hierro).
En tierras templadas, como el país del Fuego, el país de los ríos y otros lugares que no sean desérticos, tropicales, nevados, fríos o tundars, no tendrán ni ventaja ni desventaja.

HABILIDADES ACTIVAS

Veneno:

El veneno inyectado por la abeja tiene el efecto de entumecer los músculos gradualmente. El efecto irá disminuyendo conforme avance el tiempo. Inicialmente causará sensaciones de hormigueos y a ratos dolores agudos. Las abejas utilizan este veneno para poder paralizar por completo a sus enemigos, y así poder abandonar el lugar, normalmente la víctima muere a causa de la perforación del aguijón, pero de sobrevivir, el veneno evita que pueda dar caza a los insectos. La rapidez con que los efectos aparecen depende de la dosis inyectada.

El veneno inicialmente, resta 4 puntos de velocidad. A medida que vayan avanzando los turnos, irá recuperando la movilidad de sus músculos (+1) el segundo turno después de que los efectos comiencen y así sucesivamente hasta recuperar plena función.

3/4
Stats:

• Ninjutsu = 7
• Taijutsu = 7 +3
• Genjutsu = 10
• Velocidad = 10 +3 -2
• Resistencia = 10
• Fuerza = 10
Técnicas disponibles 9/12
Inventario:

• Kunais x16
• Shurikens x20
• Vendas
• Envases x5
• Sanguíneos x5
• Pergamino de ADN
• Jeringas x10
• Somníferos x5
• Tachi | Diseño
Fuhai Kōkyōkyoku (腐敗交響曲)
Kōsui fuhai (香水腐敗 Perfumes pútridos) | Veneno


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Re: [11º Examen chunnin] The prince, the king and the dragon

Mensaje por Yeul el Miér Abr 19, 2017 1:11 am



H
iroyuki era efectivo, y aunque con ella mostrase su rostro más jovial, hasta aniñado, frente a la batalla, al deber, no titubeaba al ser un asesino. Que arrebataba vidas con abrumante facilidad, algo que aún, la Sacerdotisa, no estaba acostumbrada: Eran los defectos de vivir siempre apartada, meditando en lo alto de una montaña. Su vista fue girada a uno de sus lados, al casi adivinar lo que iba a suceder, mas su atención fue llamada al escuchar como pasos incrementaban su velocidad hasta convertirse en un correr. Con rapidez visualizó el origen: Era Katta, y la preocupación ocupó su mente, exigiéndole a su cuerpo que se apresurara para interceder entre el espadachín y el fin de su trayectoria. Una vez la mujer llegara a su lado, no supo qué decir; era dilema tras dilema, en donde no encontraba salida ni solución, estaba buscando las palabras mientras el otro se quejaba de las vidas arrebatadas, ella sabía que decirle algo era decírselo a sí misma, por lo que la presión interna de sus ideas era cada vez más intensa, debía soportarlo y proyectar de buena manera. Sus bases de tranquilidad fueron destruidas cuando otra voz entró en escena, para ella fue desagradable escucharla, no porque mintiese, sino porque podía ser cierto, era eso lo doloroso. Estrellarse estrepitosamente contra el suelo, luego de haber volado por sobre las nubes.
Ese hombre, quien le dirigía la palabra al espadachín adolorido por la muerte ajena, pronunciaba palabras que rompían todos sus márgenes; Katta era como un espejo para Yeul, las palabras de hacia su persona eran dirigidas a la fémina, una empatía casi perfecta. Los verdosos aún incrustados en el suelo rocoso no se dignaban a mostrar su color, opacados por la estaca que irrumpía en su ser. Desde luego, su mente no renunciaría a su código de honor, no estaba dispuesta a dejarlo, ella era la prueba de vivir en ese código: Había matado, sí, respetando la vida del contrincante hasta que la suya estuviera al borde de la muerte. Matar o morir, aun así, depende de con qué razones e ideas emplees tal cuestión.

Somos seres imperfectos —agregó al terminar las palabras del compañero –para ella– desconocido—, intentamos hacer lo mejor. Ética, moral, honor, o dejarnos corromper por este mundo. He de percibir su decisión —fue en ese momento, que su mirada otrora desanimada, le hizo frente al de vestiduras azabaches. No había soberbia, ni superioridad, era severidad y suma humildad; ella irradiaba paz, empero, su postura era como la de una gran montaña frente a la adversidad, no era alguien que sería derrumbado por desalentadoras palabras que buscaban ser más sabias de lo que realmente eran. Su enfoque visual fue desviado hacia el de piel cortada, compartiendo su propia seriedad para informarle de sus actos—. Esto no cambiará nada para ello. Están en un lugar mejor. Aunque también nosotros lo estaremos al momento que le vea con los cuerpos. Estando muertos no habrá honor que defender, ni vidas que salvar —una vez conclusa estuvieron sus palabras, se giró sin más hacia la entrada, encabezando el movimiento hacia el interior.
Una vez más escuchó las palabras del enmascarado, ni siquiera le dio la mirada, estaba lo suficientemente afectada para disponer de otro dilema, de otra amenaza a sus propios principios. Y al ver cómo la estructura, siendo subterránea, acarrearía problemas al momento de la orientación, tanto espacial como temporal. Era un compañero más, que aportaba una buena idea, méritos no serían restados, aun así, su mente se mostraba tempestuosa, con más pensamientos tóxicos para su propio comportamiento usual. ¿Por qué estaba conectando tanto con los sucesos de esa misión?, era... impropio de su persona.


Datos:

Apariencia:

Equipamiento:

Tanto (1)
Kunais (20)
Píldoras del Soldado (3)
Pequeño Océano
2/2
Stats:
✢ Ninjutsu: 10
✢ Taijutsu: 7
✢ Genjutsu: 7
✢ Velocidad: 10
✢ Resistencia: 13
✢ Fuerza: 10
Técnicas:


Conteo de técnicas
9 disponibles
2 usada
7 restantes

Pasiva
Sensibilidad Acuática:

Activa


Más información: Suisei Shinka

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Re: [11º Examen chunnin] The prince, the king and the dragon

Mensaje por Kazuo el Miér Abr 19, 2017 9:55 am





El fuego en su interior, finalmente se apagó. Las voces volvieron a mantenerse calladas, una vez Bakemono había tomado un poco de sol tras sobre la piel de brazos moretoneados. Eran los nudillos cubiertos con sangre, la prueba suficiente de cómo Kazuo había procedido con uno de los occidentales durante la tortura. Golpe tras golpe, se había abierto en medio de un interrogatorio con pocas respuestas. Porque tampoco hubieron muchas preguntas; pues en ese momento... no había sido más que un acto de violencia e impulsividad. Arrepentimiento, podía ser una de las cosas que sentía el pelinegro, mientras caminaba a un lado del espadachín que había retornado junto con Taro. Donde palabras fueron intercambiadas, mas un gesto de hermano que no podía negarle al otro en un momento así. Ahora un último cigarro, celebraría la delicada calma que llevaba el traidor en el pecho. "Tendré que contenerme. Esta vez... estuve demasiado cerca"

Eran los métodos de Hiroyuki, los que podrían generarle otro futuro malestar. No estaba en desacuerdo con ellos, pues conseguían los resultados que aquella expedición estaba buscando. Pero ante los ojos del bondadoso, no podía hacer otra cosa más que respetar al honor. Era consciente de cuán amargas podían ser sus palabras, pero el tacto nunca estuvo en su breve lista de fortalezas. El pelinegro, simplemente asintió con la cabeza ante el breve agradecimiento de Taro. No quebrantaría su postura; iba a seguirlo hasta el final del viaje a lo desconocido. Se mantuvo a raya con el plan de acción que estarían por seguir, sin agregar nada relevante a la operación. Al haber recuperado la compostura, volvió a mantener su silencio habitual, mientras descansaba adoloridas manos en los bolsillos. Los orbes oscuros del adicto al tabaco, buscaban alguna clase de reacción en los presentes.

Honor. No fueron los actos despiadados del Yamanaka, los que provocaron una reacción en el sereno comportamiento de Kazuo. Era sino, el estado de su amigo espadachín, al cual nunca le había visto de esa manera. Ni bien su figura bronceada apareció por la esquina de su ojo derecho, sus músculos ya habían empezado a impulsar el cuerpo del corrompido. Y no había sido el único en correr tras de él, aparentemente. Sin embargo, la velocidad de su carrera era notablemente menor, cuando en realidad podría haberlo alcanzado. Se encontraba con mejor estado físico en ese momento, no debería haber presentado un problema. Pero algo lo estuvo frenando, dejando que el portador de las vainas, alcanzase su objetivo. Que viese con sus propios ojos, la cruda realidad. Incluso la sacerdotisa de aspecto muy joven, había logrado llegar primera. Kazuo solamente se detuvo en medio del transcurso. — Ka...tta... — Nadie pudo oírlo titubear. Todos ya se encontraban sobre la trágica escena, escuchando al espadachín confrontar a Hiroyuki. Él había escuchado más. El lamento de cada espada, quienes no pudieron cumplir con su cometido. Otra vez. Casi diez metros lo separaban de las espaldas de cada uno que se enfrentado al afectado. Al que no tardó en cargar con los cuerpos de los enemigos, a pesar de sus incontables heridas. Entonces el andar pesado, de alguien que la idea de tener que continuar en un continente "enemigo" por más tiempo, le daba increíble pereza, empezó a escucharse.

— Este inservible no podría matar siquiera a una mosca. — Respondió ante el encapuchado y se anunció hacia los demás, con un tono grave. Sereno; alejado de la soberbia. Por lo que había podido observar del misterioso sujeto, solía hablar demasiado. La idea de Katta quitando una vida, le resultó tan ridícula, que tuvo que meter bocado. El pelinegro pasó entre los que estaban en su camino, dejando una estela de humo detrás suya, en una posición algo encorvada por llevar las manos en los bolsillos. En medio del espadachín y Hiroyuki. — Ahórrate la lectura. No es del interés de ninguno. — Y a pesar de su semblante tranquilo y antipático, conservaba su osadía. No le importó en lo más mínimo esperarlo a que terminase de hablar. Al silencioso, no le agradaban los conversadores. Sin darle más atención de la que merecía, miró de reojo al hombre más estúpido de la escena, antes de cerrarlos por eternos segundos. Como si pudiese dormirse quedándose parado. Escuchó lo que la pequeña tenía para decir al respecto, notando que su ideología no se alejaba demasiado con la de Katta. Si fuesen personajes de una historia mucho más simple, ellos serían considerados los buenos.

— Si serás idiota... — Largó un prolongado suspiro, mientras una bocanada de humo se perdía en el aire. Era un tono de resignación, pues Kazuo no dudaba un sólo segundo en apoyar esa misma estupidez de la que tantos años se ha quejado. — Debí haberte tirado por la borda, cuando tuve la oportunidad. — Sin decir más, le removió la mitad de su peso, cargando él con el occidental que se había llenado de baba, sobre su hombro izquierdo. Ya se encontraba equipado con algunas prendas de armadura, pero sin cubrir su rostro con ninguna clase de máscara. Le dificultaría seguir disfrutando ese último cigarro. — Todos han sido un increíble dolor de cabeza; con sus ideologías e innecesarias opiniones. Van a cabrearme otra vez. — Chasqueó la lengua, mientras comenzaba a caminar en dirección el túnel. Tal vez la inmadurez e intolerancia del pelinegro, podían servir —inconscientemente— para disminuir la tensión que se formó minutos atrás.

— Oye, Katta. — Esperó  que el espadachín le alcanzase, para hablar con él en un tono de voz más bajo. Uno que llamase menos la atención. — Si piensas ingresar por la puerta principal con su gente entre brazos, no voy a detenerte. Tendría que acompañarte; no quiero fumarme los lamentos de Lilith cuando vuelva con tu cadáver. — Dejó caer el cigarro a la tierra, pisándolo un segundo después. Cubriéndolo con tierra. — Pero, podríamos interferir con la operación de Taro. Hazme el favor y dejemos los cuerpos cerca de aquí, para que puedan encontrarlos cuando ya no estemos dentro de su maldita ciudad. Ellos sabrán quiénes son sus familiares. — Había razón. El pelinegro, no tenía dificultad alguna en pensar con detenimiento la situación, cuando no era influido por su inestable estado psicológico.
Tú decides. —
Sentenció con firmeza. Katta tendría la decisión final sobre cómo actuarían ellos dos en los próximos minutos. En caso de escuchar su petición, podrían ingresar junto a los demás.





OFF:

Apariencia:

Stats:
• Ninjutsu: 13
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 3
• Velocidad: 10
• Resistencia: 10
• Fuerza: 10
Inventario:

Kunais x05
Shurikens x20
Vendajes x05
Sanguíneos x01
Espada de Xander
”Técnicas”:
Posee x05




Kazuo
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Re: [11º Examen chunnin] The prince, the king and the dragon

Mensaje por Sorey Bokushi el Vie Abr 21, 2017 4:20 pm

El numerito que se creó justo antes de entrar a la capital no hizo sino aumentar las diferencias entre los presentes. Todo el mundo discutió sobre el tema. La vida y la muerte, el honor y los valores, era siempre el talón de Aquiles del ser humano. El vacío de la vida y la incomprensión de la muerte desembocan en valores, aquello que dan significado a las acciones que toma la persona. También estaban los sujetos que habían decidido dar la espalda a los valores al entenderlos como un engaño. ¿Qué era lo mejor?

La mirada del Orochi hacia Taro fue interpretada como una burla. Le hablaba a Katta, pero ejemplificaba con el pasado de su clan y con su propia existencia. Aunque los valores del Bokushi a los que más se asemejaban fueran a los de Yeul, no podía estar más de acuerdo con Kazuo en ese momento. –Podríamos dejar de perder nuestro preciado tiempo en innecesarios discursos. Algo cualitativo no puede ordenarse, aunque creo mejor pelear por un constructo que terminar en una vida carente de significado.

Todo el mundo trató de hacer entrar en razón a Katta. Unos de forma más directa como Alzhazred, otros con valores como Yeul, y por último Kazuo con lógica y aceptación. –Katta-san. Sus compañeros tienen razón. Su excesiva bondad es un lastre, y ahora mismo solo está siendo una carga. Mi clan desapareció por tener valores flojos e inflexibles como los suyos. Hasta ahora no le he dicho nada porque, como ellos hicieron, usted solo ha cargado todo eso contra si mismo... pero ahora es diferente. –una mirada seria, fiera, amenazadora. Estaba siendo duro, pero lo hacía con el fin de ayudarlo, y estuviera en lo cierto o no, era innegable que esa era su intención. –podríamos acabar todos ejecutados por su culpa, y podríamos perder la única oportunidad que tenemos para comprobar si oriente y occidente pueden coexistir de algún modo. Si lo que rea…

El sonido del crujir de las escaleras lo alertó enmudeciéndolo. Alguien estaba a punto de entrar en escena. Si hubieran sido rápidos, podrían haber visto a la cazadora abajo comprando provisiones para empezar un día más de trabajo y evitar que viera los cadáveres saqueados de los guardias de la ciudad. Con un ágil movimiento, la peliblanca cazadora salió del todo a la superficie sacando su ballesta y disparando la misma contra Yeul. No tendría tiempo de hacer uso de sellos para defenderse, pero sí podía usar algún jutsu que no precisara de los mismos para desviar o enlentecer aquella flecha que se dirigía a su corazón.

Hiroyuki sacó su kunai como acto reflejo, dispuesto a acabar con la nueva amenaza. Quizás con la pérdida de tiempo, no hacían sino aumentar el número de muertes. Por suerte para Katta, antes de que el más implacable de los superiores actuara, el Bokushi, como cabra que inevitablemente tira al monte, se puso de por medio. Tras realizar dos sellos forzados por tener en tan mal estado los músculos de uno de los brazos, entró en contacto con el cuerpo de la cazadora. Una instantánea transformación como cuando sacó las alas con la diferencia de que el dragón a sus espaldas era ahora de color azul y una prisión de agua como resultado.

Alrededor de la occidental, el agua no la dañaba ni ahogaba, pero le impedía realizar movimientos debido a la diferencia de nivel. El kunai de Hiroyuki, lanzado contra la cabeza de la peliblanca, rebotó entonces contra la masa de agua, incapaz de herirla. –Ya no se puede resucitar a los muertos, pero aunque estorben en nuestro camino, estas personas no han hecho nada para merecer la muerte. –esta vez sí había podido evitarlo, aunque estaba malgastando jutsus, algo incomprensible a ojos de gente más pragmática. –Es ridículo que busquemos un modo correcto de hacer las cosas, así que… -le dio una patada a la masa de agua impulsando a la inmóvil mujer hacia el suelo, justo frente a Katta y los cadáveres. –que tome cada uno su propio camino. Ya lo dije al principio. No soy un líder, no tienen por qué obedecer mis órdenes, y no tengo por qué decidir lo que tienen que hacer. -la mujer gritaba desde el interior de la burbuja incapaz de comprender ni una sola de las palabras que estaban intercambiándose. Por cómo se movía, parecía que la prisión de agua lograría resistir bastante tiempo para dejarles explorar buena parte de occidente.

Hiroyuki era pragmático, del tipo de persona que ve estúpido dejar con vida a alguien que amenaza mandar a pique el plan, pero precisamente por eso, sabía poner en la balanza las diversas opciones y comprendía que dejar marchar a quien podía distraer dragones era más estúpido todavía. –Taro. Es mejor que cada uno siga su camino si van a interferir unos con otros. Si el de las espadas quiere entregar los cuerpos que lo haga cuando no estemos cerca, estoy de acuerdo, pero separarnos ahora no tiene sentido, nosotros dos al menos. Yeul-chan y yo podemos evitar asesinar mientras haya otras alternativas, así que terminemos con esto juntos al menos. Yo voy contigo.

Curiosa se había tornado la situación. El Bokushi asintió, volviendo a la forma de henge occidental que había adoptado antes e iniciando su bajada a la capital, invitando al Yamanaka a unirse a él. Habían estado como el perro y el gato desde el principio, pero su experiencia les había enseñado a tolerarse el uno al otro. Taro abandonaba los cadáveres que ya no podían ser resucitados, y Hiroyuki prometía evitar el uso de medidas drásticas de no ser necesario. Los inexpertos quedaban fuera, libres de decidir qué hacer.


jutsu empleado por Taro:
-Suiton: Keimusho (Prisión de agua):
Sellos necesarios: Tigre-> Dragón
Otros requisitos: Tocar con ambas manos al enemigo inmediatamente de la realización de los sellos
Descripción:
Después de realizar un par de sellos, si el Bokushi toca con ambas manos al enemigo creará a su alrededor una prisión de agua que le impedirá moverse. Esa prisión no dañará ni ahogará al enemigo en ningún momento, a su vez, tampoco será posible herir al enemigo si se le ataca desde el exterior.
Esta prisión podrá mantenerse un máximo de turnos iguales a la diferencia entre el nivel de Ninjutsu del usuario y la resistencia o fuerza de su oponente (la mayor).

Ventajas:
-Tener al rival inmovilizado de este modo es de las pocas maneras en que es posible cargar el temible ataque “Katon: Gensho no ken”
-Puede utilizarse como un recurso de última hora para escapar de un combate perdido
-Si después de efectuar los dos sellos no se entra en contacto con el rival con ambas manos no se realiza la técnica y por ende no se consume chakra

Desventajas:
-A pesar de no dañar al oponente de ningún modo consume tanto chakra como una técnica normal
-Es imposible dañar a alguien afectado por esta técnica
-Si el rival posee alguna técnica que requiera de una carga podrá ir cargándola desde dentro de su prisión
-Es posible emplear genjutsu desde el interior de la prisión
-El rival puede elegir si intentar escapar de la prisión empleando la estadística de fuerza o de resistencia por lo que será más probable que esta no le afecte
-Aunque se rebase mucho la diferencia, el número máximo de turnos encerrado será de 2 turnos del oponente
Sorey Bokushi
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Re: [11º Examen chunnin] The prince, the king and the dragon

Mensaje por Yeul el Dom Abr 23, 2017 1:23 am



I
nmediatamente, la alerta como reclamo de atención. El origen del sonido no fue discreto, eso significaba que no era un ataque furtivo por parte del enemigo –de guardias occidentales–, sino por alguien que sorpresivamente entraba en escena, sin ánimos de ofensa como primera instancia; o al menos esa era la postura de Yeul cuando dirigió su enfoque hacia el origen del sonido, poniéndose buenamente en guardia. Una mujer salió a la superficie, su cabello blanco fue su rasgo más distintivo, sin embargo, la violencia tornó el lugar con su aire hostil, quizás como parte de una defensa propia al ver los cadáveres. La diana de su ataque era la Sacerdotisa, a quien le retumbó el corazón al mismo tiempo que sus pupilas se dilataban como parte de la angustiosa sensación, humana necesidad, de asegurar su integridad física. Una saeta que viajaba a alta velocidad, disparada por lo que parecía ser una especie de ballesta, un arma rara vez usada en sus tierras. No obstante, la pequeña mujer sólo vio una forma de salvarse, recurrir al pequeño cristal que hacía de guardián inerte en su pecho: El Pequeño Océano, contenedor de un poderío paralelo al propio. Un toque bastó para invocar el camino de agua que la protegería: Puesto a que, de esta forma, activaba el torrente que salía hacia el frente, a presión. Expulsaba una cantidad media de líquido cristalino, logrando repeler la flecha sin lugar a mayor riesgo u esfuerzo fuera de sus capacidades como ninja.
Una vez terminó la expulsión, la cortina de agua se plantó en el suelo por efecto de la gravedad, dejando a la vista cómo la mujer era inmovilizada. Desde ese momento sabía que la solución era temporal, pero la más sana. Sin miedo pero con cautela se fue acercando a la burbuja recién formada: Ella no podía hacer eso, le resultaba increíble. Ama del agua, sabía las propiedades de la misma en su estado líquido mejor que nadie más, así que las ideas de cómo funcionaba tal habilidad estaban pasando por su mente al mismo tiempo que Taro presentaba su idea, desde luego, la peliazul estaba de acuerdo. —Iré con ustedes, Taro-san, Hiroyuki-san —agregó, como parte de su voluntad. Ella estaba más a gusto con su compañero, nadie –a excepción de Natsubari– tenía un grado de confianza suficiente como para proponerse proceder con ellos. Eso daba desventajas, poca química hacía que el grupo se disgregara, haciendo de la futura e hipotética situación bélica una batalla en equipo dudosa. Era negativo, desde luego que sí, a pesar de sus pensamientos, no podía hacer mucho más para mejorar tal cuestión.

Se colocó entre Hiroyuki y Taro, extraño trío, pero que podrían complementarse correctamente –ya que tenía experiencias previas con las habilidades de Taro–. Antes de alejarse de la fémina encarcelada, dio una reverencia pronunciada, al mismo tiempo que se disculpaba. — Nolo pugnare. Voluntatem autem quietam —en idioma occidental, tal y como había enseñado Hiroyuki. Su pronunciación era un poco torpe, lenta, pero intentó comunicar su voluntad lo mejor posibles; porque hasta ella, que había intentado asesinar a Yeul, necesitaba explicaciones. Al fin y al cabo, son sus tierras las que eran invadidas.
Luego de eso, se reintegró al avance encabezado por los superiores. Estaba algo estresada, no sólo por la actuación sumamente incómoda por parte de los otros compañeros, sino por los interminables conflictos que surgiendo cuando un obstáculo se presentaba en el camino. Ninguno podía permitirse el lujo de dudar, de titubear en ambiente hostil. Ella era el principal aprendiz en esas palabras. Intentó entretenerse: tomó la tela que colgaba de su cintura, envolvió su tanto junto a el pequeño conjunto de cuchillos ninjas que antes se posicionaban al lateral izquierdo de su cadera, para luego hacer una especie de pequeño bolso que colgara de sus hombros: Erradicaba cualquier característica que la hiciese ver hostil, era parte de su personalidad mostrarse como realmente era, no por medio de los prejuicios que arrojan las armas que sólo tienen un propósito: Matar. Nada más alejado de la realidad con respecto a la de ojos esmeraldas. Lo único que dejó a la vista fue su collar y la pequeña caja de píldoras en el bolsillo de su prenda inferior. De igual forma, tomó las vendas que se ubicaban más arriba de su codo izquierdo para colocarlas justo encima de su marca identificativa de feudo, envolviéndola para que ésta no sirviera como factor delatador; aún para disimular más, arregló su bufanda para tapar esta zona. Sus cabellos también podían ser un problema, no por su imagen, sino al momento de la batalla en lugares cerrados; hizo uso de las cuerdas de su guante izquierdo para amarrarlo y hacer de las hebras lacias una cola de caballo, uniforme, menos llamativo. Una mujer cambiaba su modo de pensar al cambiar la forma en la que los demás la ven, en la de su aspecto, eso acarreaba comportarse de manera más pasiva y menos temeraria, dejando de lado lo intrépido del ninja para abarcar un comportamiento más social, humano—. Hiroyuki-san, ¿cómo debo decir “” y “No”? —cuestionó, llevando su verdosa mirada hacia él. Extrañamente, algo le impedía verle como un amigo mientras se desarrollaba la misión, quizás no quería repetir la decepción, la incomodidad de una ocasión anterior. Terminó por quitarse sus guantes, dejando ver sus delicadas, sutiles, suaves manos, los guardó en su bolso improvisado.



Finalmente, la trayectoria de esos tres terminó por llevarlos a la zona baja. Yeul había contemplado naciones de su propio continente en esas situaciones precarias. Esas vistas eran las que provocaban una sacudida a su corazón, a sus ideales. ¿Por qué toda la Creación creaba focos de pobreza?, era algo que no sabía, ni podía explicar. Respiró profundo y observó con ternura a las personas, en alguno de ellos se notaban las ganas de vivir, de surgir; en otros, sólo el hecho de vivir mostraba ser una carga. Mientras visualizaba a los individuos, se percató de una pareja peculiar, saltaba a la vista dentro del sitio. Estaban repartiendo comida, poseían armaduras relevantemente buenas –aunque la fémina no supiese de herrería–, casi podía asegurar que tenían un estatus más alto que casi todas las personas presentes. La Sacerdotisa vio que hablaban, por lo que apoyó su mano en el hombro de Hiroyuki y le musitó en su oído: —. Hiroyuki-san, ¿puede traducirme lo que dicen?, ¿podemos ayudarlos? —si había algo que deslumbraba positivamente a la Sacerdotisa eran las buenas acciones, así que, al ver personas que ayudaban a otras, las consideraba de buen corazón, por lo que un contacto con ellos lo veía necesario. Sin previo aviso, y sin mayores formalismos, tomó la muñeca de su compatriota y se acercó a los rubios: Lo suficientemente cerca como para escuchar, pero lo suficientemente lejos para ser discretos, no quería incomodarlos, aunque en su mente tenía la idea de intercambiar las pocas palabras que sabía de occidental. El estrés bajó, su mirada era prueba fidedigna de ello. Aún conservaba inocencia, sana inocencia tan indeseada en el mundo ninja.


Datos:

Apariencia:


Cambios: La tela colgante en su cadera ahora es un bolso. No posee guantes, las vendas de su brazo izquierdo están justo encima de la marca feudal. No posee el portacuchillos que antes tenía cerca a un lateral de su cadera.
Equipamiento:

Tanto (1)
Kunais (20)
Píldoras del Soldado (3)
Pequeño Océano
1/2
Stats:
✢ Ninjutsu: 10
✢ Taijutsu: 7
✢ Genjutsu: 7
✢ Velocidad: 10
✢ Resistencia: 13
✢ Fuerza: 10
Técnicas:


Conteo de técnicas
9 disponibles
3 usada
6 restantes

Pasiva
Sensibilidad Acuática:

Activa de Artefacto

Liberación: Océano
❅Rango de alcance: 10 metros circundantes al usuario.

❅Descripción: La habilidad del cristal radica en su misteriosa manera de expulsar una cantidad de agua considerable desde él. Luego de que el usuario utilice su mano para tocar el cristal, éste activará el Kanji y procederá con la habilidad. Una catarata de agua se suelta desde éste, el agua empieza a inundar los alrededores formando un pequeño lago de 10 metros alrededor del usuario, haciendo que de éste pueda ejecutar habilidades Suiton o cambiarla por cualquiera de las Aqua originarias del clan. Esta habilidad toma poco tiempo en ejecutarse, creando un pequeño lago de una profundidad de –por lo menos– suficiente para la creación de habilidades Gennin y máximo, Chunnin. Se puede ejecutar dos veces por combate.

Aclaración: No es una habilidad de sellado, por lo que el agua surge del cristal y no se puede volver almacenar en él. El cristal se reinicia por combate.

✓Ventajas: Da un soporte de agua en lugares donde las fuentes son limitadas o simplemente no existen.

✘Inconvenientes: No tiene más habilidad en sí. Luego de los dos usos, queda inutilizado en toda la batalla.



Más información: Suisei Shinka

Yeul
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Re: [11º Examen chunnin] The prince, the king and the dragon

Mensaje por Katta el Dom Abr 23, 2017 5:36 pm

Muertes. Una imperceptible muralla había rodeado al espadachín en cuanto la piel entre vivo y muerto hizo contacto. El recuerdo venía oculto por la situación, de boca del anciano abuelo. De como en sus guerras defender su honor nunca fue sencillo, pero más difícil hubiese sido renunciar a él, junto a alguna de las tan heroicas acciones que había llevado a cabo la flamante espada del hombre. Esa muralla se había preparado desde el momento en que el viaje fue planificado, donde cada palabra en contra de las acciones del espadachín se quedaría atrapada. Sin embargo, el pacífico nunca había quedado en aquella situación. Nunca defendió a un cuerpo, significando más peligro para todo el resto. La acción inconsciente engendró consecuencias, verbales y no, durante unos momentos en que el de piel cortada no quiso decir nada. Nadie más quiso callar, inadvertido quizás que el oro encendido se embarraba con sus manchas marrones. Provocado desde las profundidades de la carne y el acero por la lengua del compañero con quien, junto a él y su hermano, habían conseguido zafarse del enorme insecto. Trozos de su discurso se dirigían a las Ryusei. Trozos al honor. El último de sus dardos al propio Bokushi. El cuerpo del espadachín reposaba aún inmóvil con su carga muerta, quizás aquel con más tiempo con él podía ver que ese tipo de calma no era la mejor señal que podía desprender el pelinegro. Agredido en las espadas, el honor, y los compañeros. La joven pacifista hizo lo propio también. Otorgó las palabras con la paz de cada gesto, que sin embargo distaba de la paz, portadora del espadachín. Muertos. No debió ser un secreto que el espadachín pretendía transportar los cuerpos solo. hacer peligrar a aquellos que juró proteger no entraba en las capacidades de tal idealista. Y por supuesto, solo alguien liberó parte de la carga. No hubo necesidad de girarse a verlo. Incluso oír su voz, las palabras ya se conocían en el pensamiento espadachín. La muralla cayó, y por el ínfimo instante que miró de reojo a Kazuo, se sintió minúsculo, perdido y solo guiado por una luz humeante, cálida y brillante. Y al otro lado, un sol enorme, más abrasador y fiero que el que los había visto con desprecio desde que pisaron la costa del continente. Taro.

Las palabras eran pesadas por parte del líder. Enorme truenos como los que terminaron con el dragón, pero inesquivables esta vez, todos convergiendo en su mismo punto, un lugar cerca de la garganta. Mientras hablaba, y pese a que la mitad del peso que el espadachín decidió cargar fue puesto sin resistencia sobre el hermano de este, Katta mantuvo un semblante cabizbajo, como si vergüenza o rabia pesasen sobre el aire. Un rostro demasiado duro para una espada de la paz. No terminó. La puerta salvó al espadachín del que quizás pudo ser un final demoledor. Una reacción lenta y torpe solo había logrado alzar el cuello cuando un perno acuchillaba el aire, y luego el agua que las joven de la expedición había invocado de alguna extraña forma. Y su origen, también derrotada por un agua no tan clemente, era una muchacha ataviada de un rojo distinto al que repasaba las cicatrices espadachinas. En otro momento, quizás pudo hacer uso de aquello que tanto se halababa. El mejor espadachín nunca habría permitido algo así. Con la misma naturalidad con la que los cuerpos habían acabado siendo recogidos, quiso acudir, impedir que algún trueno tocase el agua del líder y terminase con otra vida. Sin embargo, él no fue como el telépata. Su propio actuar volvió a dejar inmóvil al desmejorado espadachín, que tan solo había logrado dar un mal paso en ninguna dirección tras la breve refriega. Él decía no ser un líder, sin embargo lo que describía no era el liderazgo. La amargura quiso esconderse futilmente bajo un serio manto tras el cual, el hombre con espadas dejó finalmente reposar el sangrante cuerpo al lado de su compatriota capturada, en el intento de buscar la postura más digna posible, visible desde donde apareció la mujer occidental. — Lo lamento. — El sentimiento fue el mismo que expulsar por la boca una espada vieja, oxidada y agrietada de varios metros de un solo tirón. Se había dirigido a los compañeros. Intentó el espadachín hacerlo captando las miradas en un barrido, pues una disculpa de espaldas era menos que nada. A su lado había permanecido la bondadosa, pero más lúcida mujer, depositando una reverencia hacia la capturada. El pelinegro no se lo impidió, pero la observó. Las espadas temblaron al escucharla, pudiendo acertar palabras que con suerte la otra chica entendería. — Aquí, las reverencias son símbolo de debilidad... — Un tono sorpresivamente suave para una voz grave y algo ronca como la del espadachín. El mirar, ahora marrón y solo trazos de centellas de trigo, se posó desde la altura sobre los enjoyados de la chiquilla. — ... Lamento haberle puesto en peligro por mi debilidad, Yeul-dono. — Tras ello, los mismos orbes quedaron sobre la capturada. Él no podía hablar con ningún tipo de soltura. Dudaba siquiera haberse despedido con dignidad de los dos guardias, puesto que las palabras estaba teñidas de su acento central, y su lengua natal. Y ninguna de las pocas frases que memorizó servía en aquel momento. ¿Acaso decir que sus intenciones eran pacíficas podía hacer algo tras ella ver a sus compatriotas en un lado de su jaula?

Negó ante la afirmativa ajena, pues, nada más alejado de la realidad. A modo de confusión por sus razones, ladeó sutilmente su rostro, posando sus verdosos sobre los martirizados del masculino espadachín: — Se equivocas. No hay señal de mayor fortaleza y humildad que la reverencia. — añadió, su tono era condescendiente, apacible. Desviado su enfoque, del hombre a la capturada, la culpa era una carga que no todos podían llevar pero muchos se encaprichaban, como castigo, en traerla en sus hombros, ralentizando el avance. — Tomé una decisión, mi decisión, Katta-san. Usted no tiene nada que ver en eso. Tengo suficientes razones para hacer lo que hago, pero será inútil si no se da cuenta de ello. — El rostro del espadachín volvía a cambiar con las palabras de ella. No una sonrisa, aunque una mueca oculta quizás. — Es una espada no solo fuerte, sino también sabia... — Concedió ninguneándose las propias palabras mientras avanzaba tras aquel susurro.

— También iré, Bokushi-dono... Hiroyuki-dono. — Cada espada tembló, y el espadachín las sintió clavarse en sus carnes al mentar al asesino. Las palabras del líder volvían a resonar, esta vez con una callada respuesta. Así pues, volvería a cargar todo por si mismo. El que no podía transformarse tomó una de las cintas que recorría su abdomen, una correa de la que tirar, dejando las vainas juntas y a su espalda. Todo su tren superior estaba despojado de prendas, y pese a la mano recorriéndolo, rastros de sangre animal y humana seguían visibles, aunque podían pasar por moratones, no tan definidos como el que permanecía en su cuello desde ya lo que parecía mucho tiempo atrás. Su cuerpo tan alto como el del verdadero Bokushi, musculoso y con sus mil cicatrices podía resultar llamativo, y sus ropas no se parecían ni a la de la muchacha ni la de los guardias. Ni pretendía tomarlas. Por ello, el disfraz del espadachín era el de humano, con una piel igual a la de todos en aquel continente. Hubiese bastado de no ser por el suceso anterior, suspirando ligeramente y colocado al lado de su hermano nuevamente. — Si alguien sospecha de mi, pueden tratarme como a un prisionero. Seguramente Hiroyuki-dono sepa qué decir para ser convincente. Háganlo cuan creíble convenga. — No había ningún otro papel que interpretar. Él, que no sabía mentir, no podía convertir su aspecto, no tenía más opciones. Quizás ser atado y golpeado podía ser un precio minúsculo de Oriente por lo que sufrió Lazward. Una compensación ninguneada y sin sentido si eran los compañeros disfrazados. Pero cada vez más, la impotencia, y sensación inferior parecía subirse al cuerpo espadachín, en aquella extraña relación que tenían. Miró a Kazuo finalmente, antes de descender a donde no podría hablar su lengua, parecía necesitar despegarse de aquella palabra. Sonrió fraternal y esforzándose, pues nadie querría ver una sonrisa así. — Gracias. — Luego, simplemente volvió la mirada a la escalera y comenzó a descender con el resto, declarado mudo para entonces.

Una vez pisaron la verdadera capital los pies del espadachín, la mirada se separó por completo del suelo, admirando todo alrededor. Las voces colisionaban entre si y las paredes, una luz artificial hacía de sol dividido. Relucía ella sobre cada pequeña tienda estacionadas en un conglomerado comercial, con piezas de armaduras y armas. Pernos, como aquel que buscó a la sacerdotisa, espadas más pequeñas que la que Kazuo ocultaba, cuchillos, lanzas, espadones, dagas... Con los que usaban aquello claramente diferenciados del resto solo por su atuendo, parecido al de la muchacha capturada. El oído quiso aprender a discernir siquiera alguna palabra, pero la ignorancia lingüística y el desmedido parloteo no hacía aquello sino imposible, no parecían siquiera la caracteres que usaban en Oriente para escribir. Sin embargo, había un atisbo alegre en los discos de oro manchado cuando no veía sino una escena que no distaba de un mercado en su tierra. Su altura era mayor que la media occidental, también, razón por la que giraba la cabeza mirándolo todo. En el interior del pensamiento, algo quería ser encontrado. Indumentarias, gemelas a la de los guardias arriba, varias de ellas repartidas entre los estáticos y los que seguían una especie de ruta. Caminaban por donde los comercios, por los cruces también. De entre los lugareños, los cazadores y los guardias, pero, una pareja en el rincón oscuro de aquella ciudad destacaba. Una muchacha cuyos rizos se caían de forma vertiginosa, con carne echando su invisible olor, y un hombre a su lado, pálido y rubio. Lo que pudiesen decir, él no lo sabía. Claramente, era una zona humilde, donde cada individuo se acurrucaba en su rincón. Ella y él, limpios, parecían estar realizando una labor caritativa. En la otra parte, no muchísimo más acomodados, hombres y mujeres se repartían entre la longitud del río interior y el suelo. La escena de los dos pequeños, luchando con palos, no hizo sino arrancarle finalmente una complacida sonrisa al que era espadachín. No eran diferentes a él y Moso, jugueteando con las ramas de algún árbol, cediéndose el papel de héroe y villano cada vez. Katta viajaba con su grupo a pesar de parecer haberse distraído por el ambiente cotidiano. De algún modo, pensaba, aquellos no eran en nada diferentes a ellos.

Datos:
Estadísticas:
Taijutsu: 11.15.
Fuerza: 11.15.
Velocidad: 10.15.
Resistencia: 10.15.

Inventario:
Ryusei.
Vendas.
Calmantes: x00.
Sanguíneos: x02.
Katta
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Re: [11º Examen chunnin] The prince, the king and the dragon

Mensaje por AlptrauM el Vie Abr 28, 2017 4:54 am

Atrás había quedado el discurso de unidad y todo aquello tan poético. La opción de que cada quien fuese por su propia cuenta había sido presentada. Aunque como era de esperarse, los pollitos no se alejarían demasiado de mamá gallina. Especialmente ahora que hacían ingreso finalmente.

Después de lo recién ocurrido, perdió toda capacidad de sorpresa respecto a la ineptitud de este grupo. Bajó la mirada en dirección de la mujer encapsulada. ¿A nadie se le ocurrió intentar sacarle información? Por fin tenían a alguien de directa relación con lo que ocurría allá abajo, a diferencia de los nómadas, y ninguno fue capaz de sentarse un minuto a preguntarle lo que fuese. Independiente de que existiese la posibilidad de que alguien más saliera y los viese. Intentar entablar una conversación con ella sería algo difícil, él ya comenzaba a entender – en cierto grado – el idioma de ellos, los patrones de palabras, pero no lo suficiente como para poder extraer información por sí mismo.

Se arrodilló frente a ella, la mujer era fiera. Aun en su condición, se mostraba dispuesta a dar batalla y que no dudaría ni un instante en saltarle encima a quien fuese que estuviese al frente suyo. La muchacha se le quedó observando también, después de todo él tenía puesto el atuendo de uno de los suyos. Arrojaba palabras hacia él, más balbuceos que otra cosa. Ya no había más que hacer con ella. Habían perdido una preciosa oportunidad y ese era el más grande motivo por el que no los seguiría.

No había más que hacer allí arriba en la superficie. La prisión de agua tardaría demasiado en perder su efecto y sentarse a esperar que aquella muchacha fuese liberada, era tiempo que no estaba dispuesto a perder. Se reincorporó, los efectos del veneno estaban por disiparse finalmente del interior de su cuerpo. Los rastros que quedaban ya era prácticamente los mínimos. Aunque su cuerpo no estaba al máximo, su actual condición le permitía desenvolverse casi en un total potencial. Se paró al borde de la bajada a la capital, su objetivo estaba claro.


* * *




El constante goteo golpeando el suelo de piedra le recordó aquel lugar que durante las últimas semanas lo había albergado. Iluminado por velas que marcaban el camino y permitían a todos los que vivían bajo tierra no ser presa de la oscuridad. El lugar en su apariencia no era en lo más lejana a las alcantarillas de las grandes naciones. ¿Cuánto tiempo les habrá tomado construir todo esto? Tanto tiempo oriente vivió ajeno a estas tierras, como para que recién ahora supieran – o se interesaran – de este mundo.

El lugar estaba repleto de tiendas, o más bien puestos de vendedores que buscaban acaparar lo que los cazadores traían de la superficie. El número de personas fue lo primero que le llamó la atención de aquella zona. El tránsito de personas que por allí circulaba no se alejaba del de las calles de la capital del país de la tierra.  Definitivamente, el número de población superaba la capacidad de aquella ciudad subterránea.

Ahora que estaba allí adentro, ¿Cuál sería el mejor camino a seguir? Por orden general, la ciudad debía estar separada en zonas; una comercial, residencial y seguramente una donde el contingente militar residía. Su traje le permitiría hacerse pasar por uno de ellos, aunque desconocía – por el momento – de qué grupo eran pertenecientes las ropas que llevaba encima. Si eran de simples cazadores, eso solamente le permitiría trasladarse por aquellas zonas que fuesen común a la presencia de ellos. Significando que quizás, ir a una zona más restringida donde hubiese guardia militar se dificultaría y podría significar que él no era más que un occidental espurio.

Aunque en un primer encuentro, la gente allí no se diferenciaba demasiado unos de otros. La gente vestía túnicas de diversos colores, nada fuera de lo llamativo ni demasiado alejado de cualquier población civil. Se podía hacer la diferencia con aquellos que dedicaban su vida a arriesgarla allá arriba por el hecho de que portaban armas rudimentarias. El pelinegro se abría paso entre la gente, intentando acercarse a un grupo de hombres que seguramente se preparaban para salir a la superficie. Sus armas, eran diferente a las de aquellos que habían sido ultrajados. A diferencia de la que llevaba el occidental que debió capturar, la que portaba Kazuo y ahora él mismo, esas no tenían gemas – al menos a la vista – eso significaba que aquellos cuyas armas sí llevasen, se debía tratar de militares.

Eso eran excelentes noticias, pues en ese caso él llevaba un traje que le permitiría moverse por la ciudad sin aparentes problemas. Su altura le permitía ver un poco por encima del resto de la gente, así que intentó divisar al resto del grupo para así saber qué dirección habían tomado. A primeras, le fue imposible distinguirlos del resto. Así que comenzó a caminar por el lugar para encontrar un lugar con mejor visión. Frente a una de las tiendas, había una pequeña tarima que daba la bienvenida a quienes quisieran comprar alguno de los productos ofrecidos. Se subió  un poco para ganar más alturas y así, dándole la espalda al comercio, comenzó a mirar a todos lados. En un momento, pudo ver un pequeño destello, uno de ellos era igual de alto que él, el espadachín. Así que el grupo se dirigía hacia el lado opuesto al que él se encontraba. El resto del grupo era bastante difícil de ver, pero si ese joven iba hacia allá, asumía que el resto también iba en aquella dirección.

Abandonó la altura proporcionada y regresó al río de gente. Pronto alguien subiría y descubriría a la joven aprisionada, o la misma se liberaría y daría aviso de invasores. Por lo que estarían en busca de gente con comportamiento errático. Aunque así fuese, no creía que simplemente darían aviso, con el riesgo de causar el pánico de las masas. Intentarían hacerlo lo más secretamente posible. Eso les compraría más tiempo al resto del grupo y especialmente a él. Sobre todo a él, ya que estarían buscando un grupo de personas y no a un solo individuo.

Comenzó a caminar por aquel túnel, seguían encontrándose pequeñas tiendas, pero cada vez con menos recurrencia. Pronto se encontró caminando simplemente con las paredes a cada lado, ya no había tiendas ni un tumulto de gente. Había abandonado la zona comercial. Mientras avanzaba por el túnel, se preguntaba si acaso esa era la única zona comercial del lugar. A lucir por la cantidad de gente, seguramente había otras zonas parecidas. Dudase que la entrada que tomaron fuese la única. Sería óptimo encontrar otras, para en caso de tener que escapar no tuviese que devolverse. El problema era que ésta – hasta el momento – era un sistema de túneles.  Que a diferencia con las ciudades de oriente, donde sus calles conectaban unas con otras, podía estar caminando en una estructura no tan diferente de lo que se conoce como laberintos. Por ahora, el camino a seguir estaba claro, hacia adelante pues no había más dirección que tomar. Diferencia habría cuando se encontrase con diversas opciones.


* * *


Eran más espaciosos, el túnel parecía abrirse levemente conforme avanzaba sobre la  cerámica y madera. Aunque claro, eso perfectamente podía ser meramente un efecto visual. Provocado por que a cada costado, incrustado en la piedra – lo que era aún más impresionante – estaban las casas. Aquel pueblo, no solo había construido su mundo bajo tierra, cosa que ya era bastante, sino además habían cavado en la piedra sólida para establecer allí sus viviendas.

¿Las casas? No eran demasiado grandes, lo suficiente para que pudiese vivir una familia cómodamente. Equivocado, pues no le bastó más allá de pasar junto a una puerta para dar cuenta de la sobrepoblación y el hacinamiento que vivían en aquella ciudad. En la avenida que separaba cada vereda, y al igual que en el mercado por donde llegó, la cantidad de personas que circulaba era aberrante. Una cosa es que la concurrencia fuese alta, como en cualquier otro lugar, pero que tan temprano ya se estuviese encontrando con viviendas atestadas de gente, significaba que no daban abasto.

Le llamó poderosamente la atención que por fin se estaba encontrando con quienes eran la fuerza militar. A diferencia del mercado, donde no encontró gente como la que enfrentaron afuera, aquí parecía sí haber preocupación por el resguardo de los ciudadanos. Aunque pensándolo bien, la zona comercial que estaba repleta de cazadores, no necesitarían guardias para proteger a la gente de lo que hay afuera. Entonces, ¿Por qué al interior sí? Quizás después de todo, tan honorables no eran, y sí existe la delincuencia, o quizás… podrían existir efectivamente opositores al régimen del padre de Xander. Por ahora, no le quedaba más que seguir avanzando, manteniendo el perfil bajo que le caracteriza, y avanzar, seguir recorriendo los túneles en busca de algo más.



Información:

Apariencia:

Espada:

Técnicas:

HABILIDADES PASIVAS

Vulnerabilidad climática
Los Orochi tienen una peculiaridad que los diferencia del resto de los ninjas existentes: Son humanos de sangre fría. Tal ha sido el parecido de estos ninjas con los ofidios, que nunca han desarrollado un sistema de sangre caliente, por lo que se dice que incluso descienden de reptiles. Al poseer esta habilidad, el shinobi del clan Orochi obtendrá un bonus de 3 puntos en velocidad en climas cálidos (países como el del viento, el de la roca, el del a hierba) y tendrá una penalización de 3 puntos en velocidad en países fríos (países como el de la nieve, el de las olas y el del hierro).
En tierras templadas, como el país del Fuego, el país de los ríos y otros lugares que no sean desérticos, tropicales, nevados, fríos o tundars, no tendrán ni ventaja ni desventaja.

HABILIDADES ACTIVAS

Veneno:

El veneno inyectado por la abeja tiene el efecto de entumecer los músculos gradualmente. El efecto irá disminuyendo conforme avance el tiempo. Inicialmente causará sensaciones de hormigueos y a ratos dolores agudos. Las abejas utilizan este veneno para poder paralizar por completo a sus enemigos, y así poder abandonar el lugar, normalmente la víctima muere a causa de la perforación del aguijón, pero de sobrevivir, el veneno evita que pueda dar caza a los insectos. La rapidez con que los efectos aparecen depende de la dosis inyectada.

El veneno inicialmente, resta 4 puntos de velocidad. A medida que vayan avanzando los turnos, irá recuperando la movilidad de sus músculos (+1) el segundo turno después de que los efectos comiencen y así sucesivamente hasta recuperar plena función.

Stats:

• Ninjutsu = 7
• Taijutsu = 7 +3
• Genjutsu = 10
• Velocidad = 10 +3 -1
• Resistencia = 10
• Fuerza = 10
Técnicas disponibles 9/12
Inventario:

• Kunais x16
• Shurikens x20
• Vendas
• Envases x5
• Sanguíneos x5
• Pergamino de ADN
• Jeringas x10
• Somníferos x5
• Tachi | Diseño
Fuhai Kōkyōkyoku (腐敗交響曲)
Kōsui fuhai (香水腐敗 Perfumes pútridos) | Veneno


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Re: [11º Examen chunnin] The prince, the king and the dragon

Mensaje por Kazuo el Dom Abr 30, 2017 8:29 am





El pelinegro observaba, mas había elegido retomar el silencio, cuando Taro se dirigió a Katta con la mismísima realidad. No necesitaba tener tacto para darse cuenta, que aquellas palabras iban a ser duras para el espadachín. Necesarias, de todas formas. Al encontrarse a la espera de una respuesta por parte de Katta, la aparición de un nuevo enemigo alertó al grupo entero, provocando que Kazuo soltase por reflejo, el cuerpo del occidental. Una mujer, que había disparado una flecha directamente a la fémina de su grupo. Se podría decir, que compartía la misma testarudez de su amigo, cuando algo en concreto pinchaba en su cerebro. Como la hoja más afilada. Fueron las últimas palabras de Taro en su camarote, las que movilizaban al antipático a cometer malas decisiones —para él, al menos—. De no ser por la habilidad de Yeul, este habría terminado por mutar su brazo izquierdo e interceptar el afilado proyectil, pero no hubo necesidad de preocuparse, después de todo. Pero la forma en que había flexionado las rodillas y estirado su extremidad, dejaban sus intenciones claras. Lejos se encontraba de subestimarla; su capacidad como Shinobi no podría interesarle menos. Fue solamente producto de una tonta promesa.

Otra de las técnicas de Taro Bokushi. Kazuo es solamente un temperamental, con un poder bélico que tiene doble filo; hiriéndose a sí mismo y a sus aliados. Por eso mismo, sentía cierto respeto por aquellos con semejante talento. Ignorando por completo el intercambio de palabras entre el espadachín y la otra bondadosa del grupo, se dedicó a apilar el cuerpo que llevaba con el restante, dejándolos cerca de la prisionera. Tampoco mostró interés en el agradecimiento de Katta, a pesar de que sí tuvo más relevancia de lo manifestado.
Estaré detrás. —
Se limitó a decir, palpando su bolsillo derecho. No más tabaco. Esperó medio minuto, antes de adentrarse a lo que parecía una ciudad subterránea, donde cada pasillo lo llevaba a un sector diferente de la misma. Divisó armas a lo lejos, mas no parecían ser iguales que la espada de Xander. Lentamente, iba dándose por vencido con respecto a su objetivo personal, dejándolo sin una razón concreta por la cual seguir allí. Sí, procurar que ese idiota no causase la muerte de todos.

Sin cigarros. Cada paso revelaba el gran pesar del pelinegro; el cansancio de lidiar con el constante ruido provocado por aquellos que suponían ser sus compañeros. Él, que no tenía interés en esas tierras, ni un objetivo más alejado de las habilidades de aquella espada, simplemente pensaba en qué podría suceder cuando volviesen al Oriente.  Los orbes oscuros del antipático, se fijaban principalmente en los miembros del grupo, listo para anticipar cualquier movimiento enemigo que los perjudicase. No volvería a bajar la guardia.

Sin embargo, esa misma falta de interés hacia el montón de individuos que le rodeaban, dejó pasar a una pareja de jóvenes que ayudaban a los que se encontraban en necesidad. La pequeña fue la primera en divisar al pelinegro, lo señaló con la mano, inocente, sorprendida e ilusionada. Pronunció unas palabras que su compañero rubio entendió. Cuando los azules del muchacho se cruzaron con los orbes del fumador, su expresión se volvió sospechosa, hostil. Se colocó frente a ella, como protegiéndola. Se acercó a Kazuo, quien imprudente se había alejado demasiado del resto del grupo, y le dijo algo en tono de pregunta que no podría entender. No sin la voz que sonaba en su cabeza. Hioyuki venía al rescate, con una pequeña bronca que no podía faltar. — Imbécil, no nos conviene exponernos... agh... te traduciré lo que dicen. Tú encárgate de pensar en las respuestas, que también te traduciré. ¿Entendido? Te ha preguntado que qué hace un guardia interesado en la zona pobre.

Kazuo había dejado de prestar atención a sus alrededores, donde su chaleco de guardia occidental —sobre el cual llevaba su chaqueta, colgada de los hombros— fue avistado por una joven curiosa, que no tardó en señalarlo y hablar. Kazuo, con su pereza habitual, cambió su enfoque visual para ver de qué se trataba, arqueando un poco una ceja. No lo suficiente como para deshacer su ceño fruncido. — ¿Ah? — Salió desde el fondo de su garganta, ya siendo fácilmente provocado por la mirada hostil del muchacho rubio. Devolviendo esa hostilidad. De repente, escuchó la irritante voz de Hiroyuki en su cabeza, posiblemente para sacarlo del aprieto en el que se encontraba ahora mismo. "¿A quién llamas imbécil, desgraciado vejestorio?". Kazuo no tardó mucho en darse cuenta, que el Yamanaka podría oír sus pensamientos, tomando como prioridad insultarlo, antes que responder al joven que tenía en frente. Siguiendo los métodos del hombre con curiosos poderes mentales, esperó a que este tradujese lo que tenía pensado decir. Kazuo desvió la mirada antes de hablar, casi avergonzado por disparar palabras que ni siquiera sabía lo que significaban. Se sentía como un idiota. — Yo qué sé. Solamente estoy siguiendo órdenes. — Sin contar el del pelinegro, otro ceño fruncido al que una ceja le bailaba incrédula. — ¿Órdenes? Desde cuando el rey ha estado interesado en esta gente? ¿Qué es lo que tienes que hacer en concreto? — Kazuo había sacado una valiosa información, pero ahora estaba contra las cuerdas. Debía de sonar convincente, pues aquel rubio no parecía precisamente idiota, y mostraba cierta aprensión hacia los guardias, por su forma de dirigirse al mismo al etiquetarlo como uno.

Una fugaz media sonrisa que mostraba dientes afilados, acompañada de una vena en la sien que se hinchaba por cada pregunta del muchacho. Le irritaba la forma en que desafiaba su mirada. Su inmaduro temperamento, podía resultar casi cómico, de no encontrarse en una situación que podría costarle su cuello y el de los demás. Hiroyuki, podría incluso sentir cómo automáticamente Kazuo pensaba en lo peor. "Lo voy a matar. Maldito enano. Le aplastaré el cráneo." y una incesante repetición de la palabra 'matar'. El Yamanaka tendría que calmarlo de alguna manera, si deseaba darle un uso a la interacción del adicto al tabaco, ya que él apenas captó su interés en la nueva información debido a estar, otra vez, fastidiado. — Cálmate Kazuo. Lo estás haciendo bien, ha sido una buena oportunidad para hablar con ellos. La chica la conozco. Estuvo con Xander en oriente, cuando te dije que lo vi. — la voz calmada de Taro, dirigiéndose al fumador por su nombre y sin tratarlo de usted como hacía con el resto, llegaba a la mente del chico tratando de sobreponerse a los pensamientos de Bakemono. Aquello era debido a que el Yamanaka se había visto incapaz de saber cómo reaccionar al caos de la mente del joven y le había tocado la frente a Taro para que pudiera ayudarlo.

El muchacho no era bueno mintiendo, pero también era pésimo en presentar la verdad de una manera no tan desagradable. Se tomó unos segundos para observar a sus alrededores. Los rostros de cada persona, que se arrastraban por una migaja de pan. Él había vivido el hambre y la desesperación durante su exilio, sumado a la gran carga mental que presentaba Bakemono. Le volvió a mirar fijo, esta vez con menor intensidad en sus ojos. — A decir verdad, no me ha enviado nadie. Pensé que podía darle algo de comer a una de estas personas... — Llevaba provisiones. Sus provisiones. — ...ya que, no tengo hambre. No quiero que se desperdicien. — Volvió la misma arruga en el entrecejo, poniendo una clara excusa a un simple acto de bondad. Uno que él se negaba a admitir. Era turno ahora de Hiroyuki, quien se dispuso a traducir literalmente las próximas palabras del rubio. — Es raro ver a los de vuestra calaña lejos de la capital. — una media sonrisa provocativa, desafiante pero de otro modo, parecía reconocerlo como alguien de una personalidad similar. — Anda, toma. Coge esta bolsa y ayúdanos a repartir. — el gesto de la bolsa extendida llegó ligeramente antes de que terminara la traducción, lógicamente. La voz femenina se dirigió a él por primera vez, y la irritante de Hiroyuki trasladó a oriental. Contrastaba el tono de ilusión de la joven con la desgana del traductor. — Muchas gracias, eres muy bueno. ¿Cómo te llamas? Yo Elise, y él es Zack.

"¿Por qué de repente están todos en mi cabeza?", era una conversación interna, que se manifestaba en el exterior con muecas. Una de mala gana, confundida. Siempre procura no terminar en situaciones de esa índole, y ahora se encontraba hablando con un crío que ni conocía. Estaba claro que si tenía que elegir, prefería a Taro rondando por sus pensamientos, que Hiroyuki. Sintió una pequeña victoria cuando el anciano, se vio obligado a traducirle semejante cumplido proveniente de la fémina. Recibió  la bolsa, conteniéndose un amargo suspiro, y siguió a los dos muchachos. Era consciente de que eso lo separaría momentáneamente del grupo, pero eso poco le importaba. Era una razón ajena a la expedición, por la cual había accedido a ayudar. De todos modos, aprovecharía la oportunidad para conseguir información útil. — Kazuo. — Vociferó, mientras caminaba a un lado de Elise. No tuvo intención alguna en mentirles. — ¿Siempre ayudan a las personas? — Preguntó por simple curiosidad, atenuando la normal agresividad en su tono de voz. Esperó un minuto, antes de disparar otra pregunta. — Supongo que si el... Rey, no lo hace, alguien más tiene qué, ¿No? — Se veía un poco forzado; el diálogo no era su fuerte.

— ¿Kazuo? — parada en seco del varón. — Suena a nombre oriental. ¿Quién coño son tus padres? — era algo que le escamaba, pero prioridad tenía el segundo comentario del pelinegro, al menos a ojos de aquel joven occidental. — Sí, el rey sólo se centra en la puta guerra. ¿Qué cojones tendrá oriente? Hay cosas más importantes de las que preocuparse aquí. — la pequeña lo cortó cogiéndole de la chaqueta. — No seas tan duro con él, está confiando en nosotros. En Leo y en Xander. — un gruñido de desaprobación, poco tenía que ver aquel hombre con el perfil de honorable caballero con el que se suponía que se identificaba a los occidentales. — ¿Durante cuanto tiempo? Es ridículo. — estaba cabreado, no quería hablar más del tema. — ¿De dónde sacaron tus padres ese nombre? Insisto. Me resulta curioso. — El fumador sin cigarros, apenas miró de reojo a Zack ante la pregunta del muchacho. Reconoció la similitud de carácter que tenía con él; quizás casi idéntica años atrás. Sabía exactamente cómo desviar la atención del rubio, sin verse forzado a decir algo deshonesto, ni amable. — ¿Alguna vez te dijeron que hablas demasiado, mocoso? — Con la misma agresividad de siempre. Era ahora una herramienta útil, pues entre los de su 'tipo' se entendían muy bien. Generaba mutua confianza.




OFF:

NPC's:
Zack — #ff6633
Elise — #ff6699
Apariencia:

Stats:
• Ninjutsu: 13
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 3
• Velocidad: 10
• Resistencia: 10
• Fuerza: 10
Inventario:

Kunais x05
Shurikens x20
Vendajes x05
Sanguíneos x01
Espada de Xander
”Técnicas”:
Posee x05


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Re: [11º Examen chunnin] The prince, the king and the dragon

Mensaje por Sorey Bokushi el Dom Abr 30, 2017 1:54 pm



Hisan’na



Por su cuenta, dispuesto a explorar una zona que hablaba mucho más de la cultura y la situación occidental, el enmascarado encontraba que la avenida principal empezaba a ramificarse. Los túneles perpendiculares permitían la construcción de nuevos hogares entre la piedra. Si se alejaba demasiado de la avenida principal siempre terminaba encontrando algún muro o un camino que lo devolvía a la misma. Se notaba que la construcción inicial había sido en línea recta, e incluso entre aquella zona de gente de clase media, podía observarse cierta precariedad. El número de personas por vivienda era bastante elevado, hecho que se acrecentaba conforme uno se alejaba de la avenida principal. Lógico. Era de esperar que la capital de todo un continente estuviera sobrepoblada.

El curioso explorador llegó a un punto interesante. Túneles por acabar. Al avanzar más, muy alejado de la zona comercial, en un punto medio entre dos salidas al exterior, el pelinegro podría observar que una de las ramificaciones terminaba en algo distinto a una pared de piedra o un camino de vuelta, en este caso se trataba de un muro de tierra por terminar. Otro detalle curioso: la pulcritud matemática con la que estaba terminado aquel túnel. Contrario a los encontrados hasta ahora, incluso a la propia estructura de la avenida principal, podría observar una cuadriculada forma cilíndrica, sin un solo error humano. Dicho túnel tenía varios aspectos distintos, pero quedándose ahí no lograría obtener más información. ¿Habría más como aquel?

A partir de ese punto, la mayoría de bifurcaciones de la capital poseían dicho acabado artificial, y aquello no era todo. Uno de los túneles se mantenía inacabado, con un semblante curioso: el perfecto cilindro que se hundía hacia la distancia estaba sin recubrir por piedra, jugando con las leyes de la naturaleza. La tierra, sin nada físico en que sostenerse, tampoco tenía el capricho de caer. ¿Por qué? Si Hisan’na se fijaba, podría observar una finísima capa de un chakra amoratado, semi-transparente por su poca espesor. Debía de ser el encargado de mantener la estructura a flote mientras un gran grupo de pueblerinos tomaban el papel de obreros con roca y cemento.

Había alguien más observándoles: un hombre alto, fuerte, de mirada color ámbar y un cabello negro, el menos común entre el color del vello de los occidentales. Su armadura negra distaba mucho de las del resto de guardias, pero conservaba ese color oscuro. Su gigantesca lanza también poseía gema, aunque esta era mucho más oscura y brillante que la birria engarzada a las que estaba acostumbrado a ver. Se alejó de allá, buscando algo, o alguien. Sus pasos no eran rápidos como para indicarlo, pero estaba llegando tarde a una cita.

Se reunió con un muchacho. Joven, rubio, de ostentosa armadura negra y ojos de un color marrón oscuro casi rojo. Su adorable diadema contrastaba con una expresión seria. Llevaba un libro morado colgando del cinturón. De nuevo colores que se repetían. La mirada del rubio se desvió ligeramente en dirección al recién invitado, pero volvió con suma rapidez hacia el muro frente al que se encontraba.

Estaba demasiado centrado en la tarea. Portaba un pincel con el que ultimaba los detalles de un gigantesco símbolo de las dimensiones de los túneles por los que andaban. El joven empezó a hablar en aquel complicado idioma. Sólo podría entender una palabra el Orochi: Xander. El otro respondió asintiendo y le hizo entrega de una piedra de un brillo intermedio, sin anclar a ningún arma. La colocó el rubio en el centro del símbolo, sujetándola con la mano y pronto la hizo brillar. Todo el círculo se recubrió del chakra morado, y tras un rápido destello se destruyó toda la pared sobre la que estaba pintado creando un nuevo y larguísimo túnel, con la misma capa encargada de mantener la estructura hasta que lo hiciera la piedra.

Intercambiaron de nuevo palabras los occidentales. Otra vez el nombre de Xander, solo que esta vez salía del de cabello oscuro. Parecía que iban a separarse para tomar caminos opuestos. El observador tenía varias opciones, entre las que se encontraban seguir a uno de los dos o irrumpir en ese entonces que estaban juntos. Había obtenido información muy valiosa, y todavía podía obtener más.

offrol y aspectos de los NPC:


Contáctame por privado para exponerme tu decisión y avanzamos desde Skype la trama. No quería controlar tus acciones, y cada opción te da diferente material.

tipo que entrega la piedra:

Jovencito pintor:

símbolo:





Yeul, Katta y Kazuo

El último comentario de Kazuo fue como una bomba atómica. Hiroyuki se puso tan nervioso que ni se le ocurrió traducirle algo más inteligente para decir resultando en que el fumador soltara en occidental la barbaridad que tenía pensada. Taro suspiró, sabiendo que la sutilidad había quedado descartada, tentado incluso de deshacer su henge y hablar directamente con aquella niña a la que recordaba.

Un silencio de unos dos segundos y una amplísima sonrisa por parte de Zack. Empezó a reírse, sin dejar aquella expresión altanera, pero tomando cierta medida de seguridad. –Elise… -se colocaba por delante de la niña, tratando de protegerla. Era la segunda vez que hacía aquello. ¿Era instinto paternal? ¿O realmente había más allí? Una mirada desafiante, una sonrisa divertida. Lo consideraba de su misma clase, efectivamente, y en parte era bueno, pero también tenía su parte negativa, y eso era el desafío.

Se aclaró la garganta. Las palabras que salieron por su boca lo hicieron con una extraña pronunciación, pero no necesitaría la traducción de Hiroyuki esta vez, pues estaba hablando en perfecto oriental. –Quizás quien debería pensarlo dos veces antes de abrir el pico eres tú, payaso. –los mendigos de la zona quedaron extrañados en escuchar aquel dialecto incomprensible saliendo de boca de quien los alimentaba. –Tienes puto nombre de oriental, pero veo que tu orgullo es como el de uno de los nuestros. ¿No tienes cerebro para inventar una excusa de mierda? ¿O eres tan gilipollas como para picarte conmigo y no poder admitir que te he descubierto?

Hiroyuki soltaba la cabeza de Taro, maldiciendo a Kazuo con el pensamiento. –(Gilipollas sí que eres un rato. ¡Imbécil!) –se dirigió entonces a Yeul y a Katta con la mente, haciéndoles un resumen de la situación. –(Kazuo le ha dicho su verdadero nombre y no es como para encontrar una explicación. La operación se va al garete. Tú, espadachín idiota, pareces el único capaz de hacerle entrar en razón. Y tú, Yeul. Asegúrate de que no la cague como siempre.) –desbordado por la situación, y sabiendo que el orgulloso Kazuo no le haría ni pizca de caso, tocó con sus manos la frente de cada uno de los jóvenes a los que se dirigía. –(Hablad vosotros con él, hacedle entrar en razón)

Taro se cruzó de manos pensativo. –Buscad el modo de que Kazuo vuelva a parecer un guardia. Si no lo lográis, dejádmelo a mí. Tengo una idea, pero es algo que quisiera dejar como último recurso. –el Bokushi y sus últimos recursos. La primera vez fueron las puertas del chakra que le dejaron el brazo medio inútil para pelear. ¿Qué sería ahora? No estaba claro que les conviniese.

offrol:
Podéis contactarme por Skype para comentarme vuestras acciones e iniciar los diálogos, para hacerlo más dinámico. Siento llegar a este punto tan tarde, quería que pasara desde el primer turno, pero entre unas cosas y otras, así ha quedado. Mejor tarde que nunca.

No tenéis por qué limitaros a hablar con Elise y Zack. Podéis hablar con Hiroyuki y Taro también
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Re: [11º Examen chunnin] The prince, the king and the dragon

Mensaje por Kazuo el Mar Mayo 02, 2017 5:45 pm





Era de esperarse que la falta de tacto y una poco conveniente honestidad, le jugasen en contra al pelinegro. Al menos, así se oiría para todos aquellos que andaban hurgando en su cabeza en ese momento. La razón por la que no mintió con respecto a su nombre, se alejaba del orgullo común, sino que era más bien una de las pocas formas —eficiente o no— que tenía Kazuo de acercarse a alguien por un lado mucho más humano. Sincero. Apartándose del montón de trucos ninja que le han inculcado en ese feudo en el cual tanto había sido despreciado por sus superiores. Apuntó su cuerpo completo al joven de cabellera rubia tras haber visto una reacción; nuevamente protectora hacia su hermana. Podía ver cómo a través de su actitud de crío desafiante, lo consideraba como un peligro hacia uno de sus seres queridos.

Un silencio atroz por parte del pelinegro cuando el otro comenzó a despilfarrar comentarios provocadores en oriental. Directos; sin tapujos de por medio. El ambiente se tornó tenso por varios segundos, mientras los mechones del mismo color que los orbes malditos, cubrían sus ojos. Era el mismo ambiente sepulcral que avisaba a los demás de una futura explosión. Sin embargo, el adicto al tabaco se liberó de una breve carcajada, que iba raspando cada una de las 'paredes' de su garganta al salir. Inesperado. Llevando su mano derecha a la cabeza de Zack, le dio tres fuertes palmadas con su habitual brusquedad sobre el cráneo del muchacho. Podía sentirse el peso sobre su mano, mientras fijaba una mirada agudizada —igual a la de una bestia— sobre el occidental. — Tienes los huevos donde se supone que deberías tenerlos, o simplemente eres imbécil. ¡Me agradas, mocoso! — Una amplia media sonrisa, que mezclaba la cólera de un temperamental con la genuina sensación de encontrarse satisfecho. No estaba acostumbrado a que le respondan con la misma brusquedad que él se dirigía a los demás. — Sí, sí. Soy oriental... ¿Qué hay con eso? — Retiró su mano de la cabellera de Zack, volviendo a ocultarla en uno de sus bolsillos. Su tono seguía igual de provocativo, pero con cierta confianza. Había ignorado a Hiroyuki y quien fuera que decidiese meterse en su cabeza, de momento.

Una carcajada que asustó a los pobres. El rubio estaba divirtiéndose bastante con aquel extraño interlocutor. La jovencita, por otro lado, ponía cara de desconcierto. — Que qué hay con eso dice el tío. ¡La madre que te parió! Si fuéramos uno de los guardias de Garon ya tendrías una lanza en pleno pecho. Fue así como nos trataron los vuestros cuando llegamos allá. — Elise trataba de salir, puntualizar algo, pero el otro se interponía. — Zack… — la ignoraba. — ¡Zack! ¡Una cosa es que tengas que protegerme, y otra es que me trates como una inútil! Recuerda quién juro a quién aquí. — el carácter occidental mostrado también por la cazadora había salido a la luz, y haciendo honor a su sangre, tomaba el control de la situación. Preguntas claras, nítidas, y necesarias. — Kazuo. ¿Por qué has venido a occidente? ¿Cómo has llegado? ¿Y qué esperas de nosotros?




Una repentina mueca de molestia, al escuchar una voz que podía lograr a irritarle con tan sólo una sola palabra. "¡¿Él también!?". Si pudiese mutar una de sus extremidades y separar su cabeza del cuerpo por tan sólo un par de minutos, lo haría. Por otra parte, todavía tenía al muchacho con más de una similitud frente a sus ojos, quien no tardaría en volver a meter bocado en la conversación que estaban teniendo. A pesar de no recurrir a mentiras como otros miembros del grupo, sí mantenía un tono de voz prudente para que los occidentales que le rodeaban no escuchasen. — Tráelos. Seré yo quien acabe mutilándolos. — Era lo que se podía considerar un poco de 'trash talk', mientras la arruga en el entrecejo volvía a aparecer. Se quedó pensativo con respecto a lo que dijo el muchacho, pues acababa de revelar que habían estado también en el Oriente. No le sorprendía que los suyos hubiesen actuado de la misma forma; los conflictos entre estas dos tierras le eran indiferentes.

Kazuo resopló al ver la evidente llegada de Katta, quien no tardó en ponerse a su lado. Sólo podía esperar que no abriese demasiado la boca. Él, en presencia del espadachín, redujo la intensidad en cada una de sus oraciones. Será por respeto, o consideración. Cuando Elise se impuso ante la protección de su hermano rubio, el fumador cambió su enfoque visual a la fémina, borrando instantáneamente la mala cara. Tampoco la reemplazó por una buena. Iba a confesarle a la occidental haber robado la espada que tenía en su espalda, a su antiguo feudo. Pero eso ya no era posible, con el mayor presente. — En barco. Llevo conmigo la espada de Xander. — Inició, respetando las debidas pausas. Mantuvo la serenidad en cada palabra, teniendo siempre un mayor respeto hacia las mujeres. — No se encontraba en manos de su dueño, lo cual me dejó muchas preguntas sin respuesta. Los motivos de mi presencia son personales, pero puedo asegurarte, que no soy enemigo de tu gente. — Carraspeó un poco. Remarcó lo último, afirmando más el tono de su voz. No sabía cuánto podría seguir evadiendo mentirles, recurriendo a una honestidad muy selectiva.

Evidente era el sobresalto de Zack ante la información que Kazuo había brindado sobre la espada. Elise no contuvo la emoción, la noticia era de una magnitud muy superior a la que imaginaba el pelinegro. — ¡Zack! ¡La espada de mi hermano! Con eso podemos intentarlo por fin. — el rubio se mordía el labio. Le caía bien aquel desconocido, y una parte de sí mismo quería confiar en aquello de que no eran enemigos, pero debía de reconocer que Elise había pecado de exceso de confianza. — No deberías de ir dando información sobre tus parentescos a desconocidos, Elise. Te me haces jodidamente complicada de proteger. Y no cantes victoria tan rápido. Mírale la cara. No parece que vaya a entregarnos la espada así como así. Yo no lo haría en su posición. — una cómplice sonrisa que le daba a entender que lo comprendía. Zack no se desprendería de un objeto valioso sin nada a cambio.

— Dime Kazuo. ¿Te envía Natsubari? No es posible que esa imbécil haya llegado tan lejos. — comentó el rubio rememorando una escena de su pasado. — Parece que tus motivos son delicados, así que no te haré contárnoslos. Esa espada es importante para nosotros. ¿Hay algo que podamos ofrecerte a cambio de ella?

Era de su hermano. Al parecer, Zack no era más que el protector de Elise; el título de hermano lo llevaba el misterioso Xander. Incluso alguien tan antipático como Kazuo, pudo ver la felicidad que había llenado el alma de la muchacha al oír lo que él tuvo que decir. Eso cambiaba un montón de cosas, dentro de la ajetreada cabeza del demente. Sentía que sus prioridades habían cambiado; las respuestas sobre aquella espada habían perdido el valor que él mismo les había proporcionado. Él nunca pudo comprender el amor por una espada, pero tenía a su lado, a una persona que sí. — Nadie me ha enviado. — Juraría haber oído el nombre Natsubari durante ese mismo viaje, pero no le había prestado suficiente atención a los detalles que consideraba innecesarios. Eso incluía a las personas. Tras haber oído lo último, se quedó sin palabras, entablando contacto visual con la joven conectada a lo que él llevaba en su espalda. Familia. Su mirada mutó a una inexpresiva; pensativa. — No lo hay. — Lentamente, llevó su brazo a la correa de cuero que mantenía aquella arma que no era suya, oculta debajo de su chaqueta negra. Le desprendió, tomando la espada desde la funda, y dejando la empuñadura inclinada en dirección a Elise. A veces el silencio, decía mucho más que palabras vacías. Abandonó su objetivo egoísta, sin preguntar para qué necesitaban aquella espada. Al diablo con la investigación, era un objeto que pertenecía a una historia familiar, que no le incluía.




OFF:

NPC's:
Zack — #ff6633
Elise — #ff6699
Apariencia:

Stats:
• Ninjutsu: 13
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 3
• Velocidad: 10
• Resistencia: 10
• Fuerza: 10
Inventario:

Kunais x05
Shurikens x20
Vendajes x05
Sanguíneos x01
Espada de Xander
”Técnicas”:
Posee x05


Kazuo
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Re: [11º Examen chunnin] The prince, the king and the dragon

Mensaje por AlptrauM el Jue Mayo 04, 2017 4:05 am

Debido a que los occidentales no podían controlar el chakra por sí mismo, quizás porque sus cuerpos no respondían mediante los principios del Yin & Yang. Necesitaban de aquellos símbolos que debían de cumplir la misma función que los sellos de manos para los shinobis. Por lo que todo aquello era simplemente una mecanización de todos los procedimientos que un ninja debe hacer para la ejecución de un jutsu, pero en este caso mediante el auxilio de un objeto.

Eso habría la puerta para otro tema importante. Dejando de lado que hayan adquirido la tecnología necesaria para poder absorber chakra, que aquella tecnología les permitiese usar el chakra. Ahora también alguien los había instruido en jutsus y estilos específicos. Una cosa es que usaran aquellas piedras para potenciar sus armas, permitiéndoles poder cazar a las aberraciones que tenían como fauna en aquellas tierras, pero utilizar el chakra para hacer fuinjutsu o genjutsu, eso era algo completamente distinto.

De pronto, Hiroyuki comenzaba a detectar fuentes de chakra por todos lados. Si esas gemas cumplían aquella función, y por lo tanto albergaban chakra en su interior, por qué esperó hasta ahora para mencionarlo. Tras develar la fachada y hacer ingreso al túnel, Hisan’na no pudo evitar detenerse a observar lo que allí reposaba. Estantes, a cada lado, repletos de pequeñas piedras idénticas a las que su máscara tenía, su espada, y cada cosa que había en esta capital. ¿De dónde habían logrado sacar tanto chakra?

El cuerpo humano tiene una cierta cantidad de chakra, que se es liberado para la materialización de este mediante técnicas específicas. Si cada piedra fuese el equivalente a una persona, estaría tratándose de una gran cantidad de personas que fueron capturadas, encerradas y exprimidas. Eso era algo que un feudo por sí solo no podría ocultar. No sin ayuda de algún feudo aliado. Le era imposible no fruncir el ceño en su rostro oculto bajo la máscara.

Al final del pasillo, existía una compuerta.

Hiroyuki simplemente los dejó atrás y se mandó en dirección de aquella habitación. Toda su prudencia se fue al caño por la sola idea de tener frente a él al tal Xander. ¿Qué le aseguraba que realmente fuese él? Que a estas alturas ya no hayan sido advertidos de lo ocurrido en la superficie, y que todo esto fuese una trampa. Trampa en la que él estaba por caer de ser así. Tenía al hombre que sabía todo – supuestamente – a escasos metros.

Se acercó a la puerta, y pudo escuchar las palabras de Hiroyuki y de quien supuestamente, debía ser Xander.  ¿Cuánto tiempo podrá Hiroyuki mantener la farsa? No esperaba que mucho. El tiempo que tendrían a solas quizás no sería demasiado, pero había que correr el riesgo. Posó su mano en la puerta, y crujiendo, tiró de ella.

Allí estaba, su contextura era similar a la de los demás occidentales que tenían alguna relación con la rama militar. Sus rasgos eran finos, pero fuertes. Tenía ese aire real, no podía negarse. Sin pensarlo, irrumpió en la habitación y simplemente se quedó allí parado. Cerró la puerta detrás de él, sin esperar siquiera si la muchacha que los acompañaba quería entrar también, honestamente, en este punto, no le interesaba. — Hiroyuki — exclamó para sorpresa del Yamanaka.


Información:

Apariencia:

Espada:

Técnicas:

HABILIDADES PASIVAS

Vulnerabilidad climática
Los Orochi tienen una peculiaridad que los diferencia del resto de los ninjas existentes: Son humanos de sangre fría. Tal ha sido el parecido de estos ninjas con los ofidios, que nunca han desarrollado un sistema de sangre caliente, por lo que se dice que incluso descienden de reptiles. Al poseer esta habilidad, el shinobi del clan Orochi obtendrá un bonus de 3 puntos en velocidad en climas cálidos (países como el del viento, el de la roca, el del a hierba) y tendrá una penalización de 3 puntos en velocidad en países fríos (países como el de la nieve, el de las olas y el del hierro).
En tierras templadas, como el país del Fuego, el país de los ríos y otros lugares que no sean desérticos, tropicales, nevados, fríos o tundars, no tendrán ni ventaja ni desventaja.

HABILIDADES ACTIVAS

Stats:

• Ninjutsu = 7
• Taijutsu = 7 +3
• Genjutsu = 10
• Velocidad = 10 +3
• Resistencia = 10
• Fuerza = 10
Técnicas disponibles 9/12
Inventario:

• Kunais x16
• Shurikens x20
• Vendas
• Envases x5
• Sanguíneos x5
• Pergamino de ADN
• Jeringas x10
• Somníferos x5
• Tachi | Diseño
Fuhai Kōkyōkyoku (腐敗交響曲)
Kōsui fuhai (香水腐敗 Perfumes pútridos) | Veneno


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Re: [11º Examen chunnin] The prince, the king and the dragon

Mensaje por Katta el Jue Mayo 04, 2017 10:19 pm

Mundo. Como una gota, que caía sobre la roca más seca, el grupo infiltrado se desintegró en pequeñas porciones. Aquél, con el juramento de proteger a todos, aún notaba el punzón culpable más adentrado en la carne que la cornamenta del jabalí, que los músculos ya le habían apretado para que dejase finalmente de regar sangre. Eran las promesas imposibles las que el muchacho se empeñaba en no distinguir cuando las decía. Y mientras tanto, cada objetivo arrastró a su dueño hacia uno u otro lado. Las tres figuras pacíficas rodeaban al que asesinó sin piedad, más el que usurpó la máscara había huido de la escena, al igual que el hermano. El espadachín, en cambio, quedaba lento, y quieto. Una naturaleza tan distante a la suya. Pues esa mente aún seguía en la ebullición de sus convicciones. Juzgándose con la dureza única de la mente propia, que reconocía cada vergüenza y fracaso. Era imposible para quienes le rodeaban saberlo. El único con la llave a aquel mundo, en ese entonces, empezaba a empecinarse con el guardián de una pequeña muchacha en la ignorancia del de ojos manchados. Quizás era esa la atrocidad de la que Kazuo le advirtió. Nada que ver con muertes por todas partes, ni horripilantes situaciones sin salida. Para aquel espadachín, estar de pie en el suelo de la capital y no correr en busca del tan honorable líder solo era superado por la sangre inocente que manchaba a aquel grupo en manos del telépata. Decepción. Era la más clara consecuencia de sus no-actos. Y como si lo leyese desde la distancia, la luz fuera del sol comenzó a brillar. El hombre de múltiples habilidades pareció alarmarse más de la cuenta al momento en que se volvía hacia los otros dos. El nombre de Kazuo había sido entregado de su propia boca, dentro del subterfugio que pretendía el pelirrojo, era casi una burla obscena, sin embargo, aquel con las espadas recogidas pareció relajarse nuevamente. Nuevamente, gracias a quien iba a fastidiar el plan. Tras ello, la mano y mente del telépata chocaron contra la frente del herido pelinegro.

En algún aspecto, el tacto de Hiroyuki regalando por unos instantes su habilidad era distinto a cuando llegó a la cabeza pelinegra durante la contienda en contra de las bestias. Matices que el espadachín tendería a ignorar por el acuciante mensaje. Por injusto que fuere, conocer a otra persona, al punto de llamarlo hermano hacía sus acciones más transparentes. El de piel cortada posiblemente pudo intuir una consecuencia semejante tratándose de fumador. Finalmente, el segundo al mando dejaba los pensamientos fluir entre varios puntos. Probablemente debido a la multiplicación de puntos, había un incómodo sonido que no eran los oídos quienes lo captaban. El insabido de aquellas artes solo lo atribuyó a lo que no conocía. Sin embargo, la mente del hermano mayor calló durante la refriega verbal, buscando con la mirada aquel pelo tan absolutamente negro. "Soy oriental.", era lo que de la boca al cerebro y de este al del resto se transmitía, como un grito muy animado para el Kazuo corriente. En aquella tesitura, solo el espadachín podía alargar la boca en forma de sonrisa. —No parece que haya perdido la razón.— Él seguía pensando que sin hablar no iba a llegar nada, por lo que en susurros, la mente llegaba a los demás. —Kazu, no tardaré en llegar. Por la cara de Hiroyuki-dono creo que la operación cambia un poco.— La mano robusta del espadachín entonces tomó la muñeca del telépata, y aunque por unos momentos la sostuvo en contra de las sienes morenas, con una expresión menos animada, terminó por deshacer a propósito la conexión. —No quisiera separar más el grupo... El hombre que robó la máscara. Hiroyuki-dono, intente no perderle de vista, por favor. Y si logra tener conexión con nosotros, no dude en pedir refuerzo.— Extrañamente aliviado se veía el espadachín para, al parecer, dirigirse de nuevo a un inminente peligro. —Bokushi-dono, Yeul-dono. Odio pedir esto. Pero cuiden de todos.— Con ello, el espadachín reverenció a modo de petición y despedida, y trató de comenzar la ida cuando fue el mayor de todos quien intervino. Katta solo pudo mirarlo un corto instante, con agradecimiento, volviendo a inclinarse y entonces si, huir en dirección al hermano.


"Te odiamos."


Los pasos espadachines se acompasaron con un soplido sin humo desde las fauces del pelinegro. Una posición guardiana y protectora, como la del pálido occidental, pero sin avanzar a Kazuo. El de piel oscurecida, siempre decidido, en ese momento decidió ser vagamente sensato. No se trataba de confianza, porque el más bajo ya la poseía; ni se trataba de cobardía, porque los aceros hubiesen tirado de ese cuerpo. Inadvertidamente era un instintivo respeto. Kazuo era una calma nada comparable al espadachín, este podía ver y adivinar que ese no era el momento en que debía hablar, por ello, simplemente protegía la conversación en silencio. Esta vez, él como una sombra. Y luego, eso alegraría a aquel joven. En la memoria del espadachín se guardaban una gran cantidad de ocasiones en las que el que respiraba fuego parecía arder siempre por dentro. Las bobas discusiones de dos pequeños granujas parecían irreales cuando esa misma boca, con una voz más grave por los años decían lo que en la figura trasera a él se reflejaba como un nuevo respeto, mayor que el anterior si podía ser. Cada frase y palabra se colaba por sus tímpanos, y hacían vibrar hasta las emociones de celos, unos dulces celos que eran capaces de aserenar más el pelinegro. Quizás ni el fumador sabía cuanto pesaban las palabras a veces. Ni tampoco los actos. La suave sonrisa del espadachín cambió, cuando la importante espada, pasada por manos forasteras fue retirada de su cordel, y liberada a su sangre. Al igual que los occidentales, el espadachín se petrificó en su lugar, con los ojos abiertos, espejos a colores de lo que ocurría. El aire comenzó a solidificarse en la garganta de la que solía nacer una voz rasgada, solo pudiendo articular lo que podía escaparse de entre la emoción, reflejada del más transparente modo en la cara, y que se expelía por los antiguos cortes en ella. Admiración. — Kazuo... — Débil el habla, pero fuerte cuando la mano zurda se sostuvo en el hombro del mismo lado del fumador, queriendo transmitir una fuerte avalancha de aquel momento.

La inspiración que durante años brillaba como un cielo de pocas estrellas había, siempre, quedado en el segundo plano de la fraternidad y el cariño. De algún modo, era ese gesto, ese objeto. La cara de la muchacha, e incluso del hombre. La sencillez bondadosa que el propio espadachín perseguía se personificó en Kazuo entonces. Ese pequeño colapso se rompió gracias al habla de los occidentales. Una pacífica y amable. Como debían hablar los humanos entre si. Sin embargo, el espadachín regresó entero, e incluía aquello que nunca lograba opacar. Más ahora que nunca, delante de Kazuo no podía mantenerse como nada más allá que la mota de polvo que fue durante todo ese tiempo. — Zack-dono... — El espadachín quiso adecuar cuanto pudiese la lengua occidental, mas era muy dura la costumbre que invadía los nombres de la mayoría. El espadachín no sobrepasó al hermano, pero si se colocó a su lado, regalando una reverencia sencilla y educada, rápida. Eran occidentales. Que conociesen una de las partes del viaje del espadachín podía ser demasiada suerte, pero había un honor de por medio, y no era algo que el de piel cortada fuese capaz de ignorar. — Antes de ir a ninguna parte, quería saber... Si conocen a un hábil guerrero llamado Lazward. — El tono en la voz del espadachín se volvió claro, como de costumbre. Las serpientes atando aquel momento habían soltado finalmente su mordisco. Con Kazuo delante, no podía vacilar en un asunto como aquel. Dispuesto a seguir, pero, la joven interrumpió el habla. — ¡Lazward! ¿De qué lo conoces? Él era mi… — Elise se bloqueó por un nudo en la garganta, sólo el hecho de recordarlo le había resultado demasiado emotivo. Zack tuvo que intervenir y explicarlo, la joven princesa estaba atascada en su mundo interno. — Lazward era su antiguo protector, el papel que tengo yo ahora. Antes yo era el protector de Xander, pero, desde que Lazward fue capturado, el príncipe me pidió que me encargara de ella. Ahora lo llaman el príncipe sin espada ni protector. Cuando su padre muera nadie va a querer seguirle, pero para quienes lo conocemos de verdad sabemos que no hay mejor líder. —

Elise, cuando ya hubo recobrado la voz, decidió explicar un poco más sobre él. — Lazward fue capturado por mi culpa. Me pasé durante una pelea con un ninja de Kakkinoaru’en. Nuestro objetivo siempre fue capturarlos vivos para sacar información, pero me asusté y le hice una herida mortal. Antes de que perdiese la vida decidí curarlo con mi magia pero hacerlo me dejó sin la posibilidad de seguir combatiendo. El chico que curé intentó atacarme cuando no tenía energías, pero él se puso por medio para protegerme. — los ojos estaban vidriosos, pero su orgullo le impedía derramar lágrimas. Él no lo hubiera querido. — Me dijo que corriera, y cuando yo era todavía una niña me hizo jurarle que le haría caso cuando me lo dijera. — la jovencita agachaba la cabeza, escondiendo su rostro. — Cabeza arriba, Elise. — recordó el otro, y la princesa obedeció. Ceño fruncido, mirada de determinación, pero todavía aquel reflejo acuoso en los orbes.

El espadachín miró a la chica, fijándose por completo en ella por primera vez. Él, y Kazuo, y Zack. Eran tres personas grandes, cuyo cuerpo había sido golpeado por el combate por mucho tiempo, el del espadachín además medio visible por su falta de prendas. En cambio, los rizos de ella llegaban fácilmente hasta sus caderas por su altura. Era una niña. Y aún así, criada con suficiente habilidad para curar como lo hacían ninjas médicos, y suficiente honor para reconocer cuándo debía usarlo, sin importar aquello que en el feudo del que provenían ellos dos atacaban sin ninguna piedad. Enemigos. El espadachín sonrió entonces, con suavidad, y no se agachó para hablarle, sino que mantuvo una postura firme y respetuosa con ella. — Me enviaron para comprender el estilo de lucha con espadas de Occidente a una prisión, donde tenían a Lazward-dono. Fue él con quien me hicieron luchar. — Hubo una pausa diminuta, casi imperceptible, donde las pupilas pintarrajeadas de oro y marrón buscaron al menos uno de los pelos negros del Kazuo. — Debí haberle liberado en ese mismo instante... Pero necesitaba llegar a Occidente. Pero ahora debería estar bien. Le di algo con lo que pudiese huir de allí antes de que los guardias le matasen, puesto que nunca dijo nada de Occidente. Su honor sigue intacto, y si llegó a mi granja, espero que su cuerpo también. Marché el día siguiente. — El espadachín no podía hacer uso de aquel honor que Lazward le confió para un fin egoísta, ni ganarse a su protegida y su compañero. En la cabeza de él, aquello que dijo era el procedimiento más normal ante tal situación. No esperaba siquiera un agradecimiento, solo quiso hacer saber que no habían perdido una vida más. Sin embargo, la verdad que podía ser un alivio para ellos, el hermano a su lado podría asimilarla como lo que era. Pues el espadachín no era discreto, y su comportamiento ante una tortura incluso mínima podría ser leída por él en cualquier tiempo y lugar. Y ni siquiera decepción podía fingir el de las espadas, porque era el honor que se juró. Tras la confesión, sin aguardar palabras de los occidentales, miró al hermano, con el miedo lo mas oculto posible, pero a la vista para él. — No puedo ir a ver a su líder si no lo consientes tú, Kazuo. —

Datos:
Estadísticas:
Taijutsu: 11.15.
Fuerza: 11.15.
Velocidad: 10.15.
Resistencia: 10.15.

Inventario:
Ryusei.
Vendas.
Calmantes: x00.
Sanguíneos: x02.
Katta
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Re: [11º Examen chunnin] The prince, the king and the dragon

Mensaje por Yeul el Sáb Mayo 06, 2017 1:42 am



D
esastre. Todo plan y orden se disipaba como si se tratara de finas nubes en días de verano, en donde no hay lugar para las precipitaciones. La sacerdotisa no sabía qué sentir, si desanimo por lo que estaba sucediendo frente a su profesionalidad, despreocupación por el no poder controlar la situación actual o hasta gracia por lo extrañamente inesperado que estaba sucediendo. Yeul hizo caso omiso frente a la exasperación que traía su joven compañero encima, hasta se encogió de hombros y compartió miradas como si no supiera que hacer, atisbos de infantilismo se podían hallar en esos exóticos, serenos, orbes verdosos. Toda ella guardó silencio, puesto a que nada podía hace ni hablar, simplemente escuchar. «No estoy siendo útil...» Se reclamó a sí misma, abriendo una minúscula grieta en su seguridad. A pesar de eso, el espadachín le encargaba el bienestar de los demás, confianza o inocencia, no lo sabía a ciencia cierta.
La misión estaba siendo como una balsa en medio de la nada, con multitud de peligros que amenazaban acabar con su temple y decisión: Ella, sin remo alguno, se mostraba intranquila por lo que podría ser y no ha sido, por lo que podría suceder mas desconoce. Estaba olvidando una de las lecciones más importantes de su meditación, de su filosofía. Si las adversidades son Montañas, debes ser Mar, si las adversidades son Mares, debes ser Montaña. Allí fue el momento cuando se dejó llevar por la corriente, sin mayor impedimento se dejó separar del grupo, hasta donde la corriente la llevara.



Yeul y Hiroyuki se desplazaron hasta llegar al lugar en donde se encontraba el enmascarado, hombre que negaba la utilidad moral. La absurda discusión había pasado a segundo plano una vez entró a lo subterráneo; debía ser tratado como un compañero más, alguien que ocultaba razones, motivaciones, y mayores cuestiones que lo determinaban como ser, aunque quisiera, no podía desconfiar enteramente, no sin antes recibir una puñalada como símbolo fehaciente.
Gemas. Occidentales. Poder. Dolor. Misterio. Todo se unía en un coctel sin igual que podría dejar a cualquiera en una confusión absoluta. Ahora mismo, Yeul era víctima de esos efectos. Mejor que nadie podía comprender cómo soportaban un increíble dolor físico con tal de obtener poder; siendo ella un envase defectuoso para la Marca, sabía el entregar su integridad física para ser una poseedora mediocre del inconmensurable poder que esta guarda: No era muy distinta a ellos en ese aspecto. Sin embargo, las sorpresas no acababan allí, puesto a que mencionaron a Mikael, un chico pelirrojo de oriente, ¿sería el mismo que ella conocía?, ¿el mismo que la rescató de las garras de Sheul? Había mucho más de lo que habría imaginado. Abrumante resultaba.

Extrañamente, la cautela del Yamanaka fue dejada de lado al momento que dispuso de su chakra para formar un engaño más, una treta frente a uno de los miembros más importantes de lo que se venía desarrollando. Un famoso hombre del que sólo conocía sus menciones por parte de los demás orientales. Una vez fue la entrada del más alto, el usuario de serpientes, Yeul evitó que la puerta se cerrara para que esta no evitara su inminente intromisión en la conversa; quien, al igual que el otro, tenía por idea acabar con el innecesario y casi insultando artificio básico que se armaba frente al rubio. —Suficiente, Wunjo, por favor —agregó la de ojos verdes, consecuentes a las palabras de su acompañante enmascarado. Su caminar la había trasladado desde detrás del más alto hasta estar en medio de ambos, sin apartar la observación minuciosa –sin parecer incómoda– en el fuerte e imponente hombre de hebras doradas—. No llegaremos a ninguna parte con engaños, excepto al conflicto —comentó la fémina, que aún mantenía su rostro en alto con respecto a sus márgenes morales y honorables. Seguidamente, llevando toda su atención al famoso masculino frente a ella, dejó que su cuerpo se inclinara pronunciadamente, como parte de una reverencia breve, que, conjunto a su nombre y a sus intenciones, buscarían crear enlaces prósperos y diplomáticamente pacíficos: —. Mi nombre es Yeul, de Oriente. Lamento la interrupción, puedo decir que se carecen de oportunidades para hablar directamente con usted —presentación formal, llevando su diestra sobre su collar para evitar que se moviera, mientras que su siniestra, con un movimiento compaginado, se situaba detrás de su cintura.
Retomó su firmeza, dispuesta a conversar escuetamente las razones de su visita –por no decir invasión–, sin mayor preámbulo y sin crear confusiones. —La razón de mi intromisión es averiguar los motivos de la invasión a nuestro continente, puesto que, sea han generado desórdenes en nuestros gobiernos, en nuestra gente. Estoy segura que podemos llegar a un punto de conversa grato y productivo para ambos, sólo necesito su disposición —concluyó, y ella, representante de la tranquilidad, no veía mayor problema en el sendero que abría frente al masculino occidental. Aún mantenía la esperanza, aunque se tratase de una vil trampa.


Datos:

Apariencia:


Cambios: La tela colgante en su cadera ahora es un bolso. No posee guantes, las vendas de su brazo izquierdo están justo encima de la marca feudal. No posee el portacuchillos que antes tenía cerca a un lateral de su cadera.
Equipamiento:

Tanto (1)
Kunais (20)
Píldoras del Soldado (3)
Pequeño Océano
1/2
Stats:
✢ Ninjutsu: 10
✢ Taijutsu: 7
✢ Genjutsu: 7
✢ Velocidad: 10
✢ Resistencia: 13
✢ Fuerza: 10
Técnicas:


Conteo de técnicas
9 disponibles
3 usada
6 restantes

Pasiva
Sensibilidad Acuática:

Activa

...
...


Más información: Suisei Shinka

Yeul
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Re: [11º Examen chunnin] The prince, the king and the dragon

Mensaje por Sorey Bokushi el Miér Mayo 10, 2017 11:02 pm



Lo que sucedió con Hisan'na, Yeul y Hiroyuki

Mucho transcurrió desde que Hiroyuki y Yeul decidieron marcharse. Muchas de las reflexiones, diálogos, e incluso descubrimientos, no quedarán relatados en esta historia, pues tan sólo los protagonistas de la misma son quienes guardan sus secretos.

El Yamanaka y la sacerdotisa, gracias a la visión del chakra privilegiada del primero, llegaron junto con el Orochi, quien había contemplado un evento particular. Gracias a la presencia del traductor pudieron entender lo que guardaba esa conversación, y decidieron seguir al chico rubio, que identificar como Leo, dejando tras del apuesto caballero de nombre Adrián una serpiente espía que les indicaría la posición del mismo.

Anduvieron por distintas zonas, con diferentes  grados de población, hasta llegar a un punto, un pasillo, en donde escaseaban los pueblerinos y había un par de guardias. Leo los saludó con la mano, gesto que le devolvieron, y siguió avanzando. Hiroyuki se atrevió a pasar también con un henge de aldeano y no recibió tampoco ninguna represalia por su acción. Podían atravesar tranquilos aquella zona.

Leo tocó a la puerta de una casa tan normal como el resto, con la misma sencillez. Una habitación grande y una pequeña, con todo lo necesario para la seguridad de un hogar cerrado. –Dentro hay quince fuentes de chakra. Son piedras, así que no sé si están metidas en algo o no. Sea como sea. Si queréis ver lo que pase ahí adentro, aseguraros de tocarme y no soltarme. Me introduciré en la conciencia del chico, pero no trataré de controlarlo. Solo me mantendré allí para ver a través de él.

Si lo tocaban podrían ver todo lo que él a través de sus habilidades sensoriales, y como era a través de su chakra proyectado sobre la conciencia de Leo que era capaz de ver y oír, sería una información posible de transmitir. Un uso singular de sus habilidades como Yamanaka. Sin duda Hiroyuki era de los mejores hombres de Mogura para el espionaje. Para cuando el hombre de Mogura abandonó su conciencia de su cuerpo, este perdió las fuerzas de sostenerse en pie por sí mismo. Debían de asegurarse de seguir en contacto con él.

La visión a través de los ojos de Leo era una sensación extraña a la que costaba acostumbrarse. La puerta fue abierta por una mujer de pelo violáceo, de bonitas curvas y equipada también con una armadura negra. El diseñador de dicha protección no había primado en seguridad sino más bien en estética, dejando buena parte de la carne de tan presumida guerrera al descubierto. –Hola hermanito. –dijo rápidamente la mujer en oriental. Tan importante que parecía la labor del traductor y al final las personas más importantes hablaban bastante claro el idioma de los invitados. –Hola Camilla. ¿Por qué en oriental? –respondió este ipso facto. –Traigo noticias, y no quiero que nadie que no deba se entere.

Pasó adentro, cerrando la puerta por detrás suya. La iluminación iba a base de velas, y el rubio saludó a una mujer de cabello gris claro, rozando el blanco. –Hola Corinna, ¿has conseguido mejorar tu oriental? Tú no viniste con nosotros. –la muchacha replicó con cierta seriedad. –La señorita Camilla ha estado ayudándome mucho a mejorarlo, dice que es importante que lo domine para poder cumplir con mi labor.

-Dejémonos de rodeos. ¿Qué necesitas Leo? –el otro sacó el libro morado y se lo entregó a Camilla. –¿Recuerdas del chico pelirrojo de oriente del que te hablé? ¿Mikael? Por alguna razón su magia duró más tiempo, pero por el brillo deben de quedarle como mucho un hechizo o dos. –parecían términos nuevos para los occidentales, pero no eran más que sinónimos de chakra y jutsus. –Necesito dos cosas. La primera es que desengarces la gema de Mikael sin romperla, para que pueda analizarla. Lo segundo es que le pongas al libro esta nueva. –formuló sacando del bolsillo una nueva piedra. –Y luego vendrá Adrián con una nueva gema para seguir construyendo.

Camilla aceptó. Todo parecían procedimientos a los que estaba acostumbrada a realizar. Se encargó primero de retirar la piedra del libro con unas herramientas que poco distaban con las de un herrero del otro continente. Luego, agarró un pincel como el que el rubio había estado pintando en las calles y Leo, sin necesidad de que se lo dijeran, se quitó la armadura para dejar su cuerpo listo para ser pintado. Cerró los ojos, por lo que tampoco pudieron ver con exactitud lo que pintaba. Hubiera sido mucho más valiosa la perspectiva de Camilla. En última instancia, cuando todo el dibujo estuvo completado. Tardó un largo tiempo, empleando un dibujo como chuleta. Cuando sintió el frío tacto de la piedra en su estómago desnudo, Leo miró durante unos segundos. El dibujo alrededor de su cuerpo eran un conjunto de pequeños círculos unidos a través de finas líneas, con una gran circunferencia en la zona estomacal donde reposaba ahora la morada piedra.

El dolor que sentirían al iluminarse los símbolos llegaría a una intensidad tal que se haría insoportable. De una intensidad y duración superior a la tortura que aplicaron a los nómadas, parecía que aquel infierno no iba a cesar nunca. ¿Por qué tanto dolor si su cuerpo se mantenía intacto? Tal vez tenía que ver con el canal por el que entraba aquella energía. El Yamanaka fue incapaz de soportarlo, y su chakra volvió a su cuerpo de forma instintiva. Del mismo modo instintivo en que, si aquellos dos ninjas que lo acompañaban se consideraban seres humanos, habrían dejado de tocarlo antes incluso.

-Vi… viene… -su cuerpo había sufrido la misma paliza que Leo. No había motivos para no moverse, realmente estaba intacto, pero le bloqueaba la ansiedad. Además, había consumido demasiado chakra en lo que llevaban de viaje. –Viene alguien, por donde hemos entrado. Escondámonos por allá. –Hiroyuki señalaba más hacia el interior de aquel pasillo, donde una nueva ramificación se abría hacia la derecha. –Se acerca… lleva tres piedras.

Efectivamente, quien llegó fue Adrián, y se metió también en aquella casa haciendo entrega de la piedra. Conocían ya el proceso, por lo que quedarse tampoco les aportaría demasiado. Debían seguir el rastro de la serpiente, la cual llevaba a uno de los múltiples pasillos a medio construir.

Al fondo tan solo hallarían una pared y un zumbido cuasi imperceptible. –Hay una piedra escondida aquí. Y muchas más, más adelante. –dijo Hiroyuki mientras se acercaba a un punto concreto de la pared y hundía su mano en ella como si fuera un líquido. Sacó una piedra, y cuando esta lo único que tocaba eran sus manos la ilusión que estaba generando se deshizo. No era tierra aquello sino roca, con un símbolo que no habían visto hasta ahora pintado justo donde otrora se encontraba la gema. –Genjutsu. –se dijo a sí mismo mientras rompía con ayuda de sus kunai la cerradura. –Echamos un vistazo para identificar a Xander y nos volvemos. Aquí debe de haber cientos de piedras.


Se mantenía la estructura circular de afuera, dando como resultado un larguísimo túnel con hendiduras a los lados que actuaban a modo de estanterías. Hiroyuki no mentía. Allí en esos improvisados estantes un montón de fuentes de chakra morado esperaban a ser engarzadas y vinculadas. Al fondo podía verse una habitación que se ensanchaba, saliendo por fin de aquella quizás ya claustrofóbica estructura. –Tengo una idea. –el Yamanaka no esperó a ponerse de acuerdo para preparar un plan, directamente realizó los sellos pertinentes y realizó un henge tomando la apariencia del alto y fuerte Adrián. –Voy a sacarle información. Si me pasa algo quiero que le cuentes todo a Raiden a la vuelta. –se despidió Hiroyuki tocándole el hombro a la sacerdotisa.

Arriesgado teniendo en cuenta sus problemas de falta de chakra, pero ya había llegado demasiado lejos como para tirar atrás. El Yamanaka llegó a aquella nueva y espaciosa sala dándose a ver. –Hola Xander. –emuló el saludo que le había practicado antes el pelinegro a Leo. –Toma asiento Adrián. ¿Te ha mandado Leo de nuevo?

Y allí estaba sentado. Serio. Imponente. Con una tez blanca y unos cabellos del mismo tono rubio que los del joven portador del libro, Xander alzaba su rostro con una expresión serena. Estaba allí sentado en el centro de la mesa, justo frente a un gran mapa del continente occidental, lleno de símbolos y flechas. Los ojos eran también de un singular color rojizo, y su pequeña melena tendía a rizarse. La anchura de la armadura daba a entender un cuerpo fuerte, trabajado con horas de esfuerzo. Vestía con más morado que el resto, aunque seguía predominando el color negro. Abrió de nuevo la boca, dispuesto a hacer sonar esa grave voz. –Elise y Zack están tardando mucho en repartir el Wyvern de esta mañana. ¿Crees que estarán bien?

En las paredes de la sala había colgadas armas de todo tipo, extrañas o pintorescas para alguien de origen oriental. Espadas anchas y pesadas, lanzas mucho más largas que una Nagitana, arcos largos, más potentes que los Yumi, incluso formas más exóticas como grandes hachas, báculos, pinceles e incluso libros.

Ahí estaba solo el príncipe de occidente, en aquella guarida, sin escolta ni compañía alguna, dándole unos últimos vistazos a su mapa. No parecía sospechar nada, estaba con la guardia completamente baja, haciendo comentarios de forma natural. Todo el mundo conocía a ese hombre en la capital, aunque prácticamente nadie sabía en realidad cómo era. Muchas historias del príncipe circulaban por la capital, de su presente y de su pasado. ¿Pero quién sabía de su futuro?

Lo primero en suceder fue una diplomática conversación entre Yeul y el príncipe, donde esta ofrecía recursos a cambio de paz. Era una idea atractiva para Xander, pero no era suya la responsabilidad de aceptar tal petición, por lo que decidió ofrecerle reunirse con su padre, el rey de oriente. El Orochi esperó a que llegara su turno, y le pidió tanto a Hiroyuki como a Yeul que abandonaran la sala. El Yamanaka aceptó y le indicó a la muchacha que saliese con él, desde fuera tendrían una oportunidad de aclarar sus ideas y prioridades.



Kazuo, Katta y Taro


Elise, después de escuchar a Katta hablar sobre Lazward, expresó su alegría con una potente embestida. No era el ataque de un honorable guerrero occidental, aunque compartiese contundencia, se trataba del abrazo de una joven agradecida. –Por favor. Cuando todo esto termine, deja que viaje a oriente contigo para reunirme con él y llevarlo a salvo a su hogar. No es necesario siquiera que volvamos en el barco que habéis llegado, podemos tomar uno más discreto y seguir una ruta que nadie conoce. –tentadora oferta, sobre todo para Kazuo y Taro, a quienes no les convenía volver en el mismo barco que el resto.

Se acercó luego Taro, con las palmas de las manos abiertas hacia arriba demostrando que venía en son de paz. Acto seguido, deshizo la parte del rostro de su transformación. La cara de pánico de la muchacha no tenía nombre. –No se preocupe Elise. No les guardo rencor, ni vengo en busca de conflicto. Tan solo deseo hablar sobre la guerra en pos de buscar la paz. –la pequeña balbuceó un poco, sin saber muy bien que decir. –L-lamento lo que tuvisteis que sufrir algunos para desarrollar las piedras, no es algo de lo que nos sintamos orgullosos. Y en cuanto a lo que dices… será mejor que lo hables con Xander… y con Leo. Sí. Pasemos primero a por Leo.

Zack se quedó repartiendo la comida mientras los otros cuatro se mezclaban por las calles de la capital en la zona de viviendas. Llegaron a una casa muy sencilla a la que tocó la rubia la puerta. Abrió la puerta una mujer con un gran arco colgado a la espalda. De un cabello entre gris y blanco, la mujer fue identificada como Corinna, la escudera de Camilla. Esta otra, también hermana de Leo, Xander y Elise, se encontraba guardando el pincel que había estado empleando. Podía observarse que su armadura distaba del uso protector, siendo más estética que otra cosa. De quizás demasiadas curvas y un cabello violáceo, su mirada hacia los tres invitados encarnaba la lujuria. -¿Qué hace una niña como tú con tres hombres tan grandes? –lanzó un guiño ambiguo, que podía bien estar lanzado a cualquiera de los acompañantes. Un guiño que fue ignorado por el Bokushi. –Son orientales, pero vienen buscando paz y con un regalo. –alzó la espada de Xander, evidenciando que aquel regalo no era cualquier cosa.

Leo, el joven de cabello rubio que no había dicho nada hasta ahora, estaba concentrado en acabar de ponerse la armadura con la ayuda de su escudero de alta estatura y cabello negro de nombre Adrián. El príncipe, en ver la espada, abrió sus ojos lo máximo que pudo, incrédulo de lo que estaba sucediendo. –¡Esa piedra tiene magia del más alto nivel! Podemos intentarlo con ella. –tomaba la espada ignorando por completo filo o empuñadura, tan sólo interesado en aquella brillante gema. –Aunque… perderla hirió mucho la reputación de Xander. Lo mejor será que se la entreguemos primero y sea él quien decida qué hacer con ella. Si no lo escogen como líder poco podremos hacer con todo esto por nuestra tierra.

Una vez terminado tan urgente diálogo entre hermanos, el joven rubio, ya vestido del todo, se colocó la diadema en la cabeza y se presentó. –Mi nombre es Leo. Antes que nada, gracias por traer la espada a quien le pertenece. Es un gesto por el que me aseguraré que recibáis una recompensa y nuestro favor. Y a ti… -se quedó mirando a Taro, a quien terminó por agacharle la cabeza. Hundió una rodilla en el suelo y apretó con uno de los puños para mantenerse arrodillado frente a él. –sé que nunca podremos compensar el daño causado a ti y a tus hermanas, que no hay recompensa que pueda ofrecerte que borre un pasado injusto e innoble. Fue un acto nada honorable, y como tal, pierdo mi honor frente a… -Es suficiente. –lo cortó el Bokushi. –no importa tanto el honor como el deber. He descubierto el motivo por el que nos extrajisteis el chakra, y si fue por el bien de tu pueblo asumo que fue para cumplir con tu deber. Lo que necesito ahora es que me ayudes a cumplir el mío, y logremos llegar a un punto en donde no sea necesaria una guerra. –Leo negó con la cabeza, con una mueca de rabia en su expresión. –No es tan sencillo. Occidente no se mueve con los deseos de una sola persona. Si nuestro padre es capaz de mover a tantos soldados es porque comparten voluntad, y si pelean por él es por motivación propia. No puedo hacerte promesas vacías, pero sí puedo asegurarte que mis hermanos y yo haremos todo lo posible por lograrlo. Primero conseguiremos que occidente sea un lugar donde poder vivir sin miedo, así mucha gente no verá la necesidad de buscar un lugar mejor. –Leo alzó la cabeza buscando la mirada del Bokushi. –Hablemos con Xander. Nosotros seguimos a Garon, pero hemos buscado siempre evitar pelear en una batalla que nos traerá más desgracias que beneficios. Él es al final nuestro líder, al menos para los hermanos.

Salieron pues, en busca del mayor de los príncipes, aquel hombre del que tantas historias se hablaban en occidente y de las que no habían escuchado. Probablemente historias que habrían chocado con las expectativas de los jóvenes. Llegaron a lo que debería haber sido de ser una pared ilusoria, ahora desprovista de magia por obra de Hiroyuki. –¡Alguien ha entrado! –exclamó el joven del libro mientras arrancaba una carrera hacia el interior de la base secreta de los príncipes y sus escuderos. Un larguísimo pasillo lleno de piedras con chakra, escondido de las curiosas vistas de los lugareños.


Yeul


Cuando Hiroyuki y la sacerdotisa salieron de la sala con la que habían estado dialogando con Xander y volvían a tan largo pasillo, el Chunnin analizó con ahínco en busca de peligros para luego acercarse a la oreja de Yeul y poder susurrarle algo que tan solo ella podría escuchar: -Has hecho un muy buen trabajo ahí adentro prometiéndole un tratado que le haga soltar tanta información. Ha sido muy inteligente. Ahora sabemos que alguien, probablemente uno de los feudos, colabora con los occidentales. –miró con severidad a la peliazul, tratando de hacerle ver la dolorosa realidad de nuevo. –Hablar con el rey solo logrará que nos ejecuten por poseer demasiada información. Más todavía cuando descubran los cadáveres de los guardias. Esta misión no era una de paz, ya lo sabíamos, era una investigación. Y lo hemos hecho muy bien. Tendríamos que aprovechar este chance para salir ilesos y poder entregar tan valiosos recuerdos que almacenamos a Raiden. –le agarró del hombro, con suavidad, tratando de mostrar empatía. –Confía en nuestro feudal. Él jamás abrirá una guerra que no necesita luchar, pero toda esta información puede servir para proteger nuestro hogar. Además, sabes que la situación con el país del Agua está tensa por la guerra que está a punto de empezar con nuestros aliados del Rayo. No podemos malgastar recursos en un continente que se muere solo. –realizó un par de sellos, chakra para un ridículo bunshin de sombra, todavía tenía. –Dejemos aquí una distracción para ganar tiempo y salgamos. Por favor, ya no tengo chakra para protegerme a mí mismo. Realmente necesito tu ayuda para escapar.



Todo el mundo


Corrieron por el pasillo aquellos que acababan de entrar. Kazuo, Katta, Camilla, Taro, Leo, Elise, e incluso Adrián y Corinna. Se encontraron al final del pasillo las figuras de Yeul y Hiroyuki, que estaban esperando a que los dos que quedaban en la sala terminaran la conversación que estaban teniendo. Antes de que pudieran reaccionar, el chillido de un príncipe con el orgullo herido, se escuchó con fuerza por toda la guarida. Acompañado de un fuerte golpe sobre una mesa. Un grito colérico, propio de alguien que empezaba a perder la paciencia. -¡No entiendes nada de occidente! -sus ojos inyectados en sangre, miraban directamente a los del Orochi. -Ya soy conocido como el príncipe sin espada y sin escudero. ¿Quieres también que sea el príncipe sin honor? Cuando alguien aquí pierde eso está mejor muerto. –pasaron unos pocos segundos. Leo trató de abrir la puerta pero estaba cerrada a conciencia. –Déjame a mí. –Camilla le pedía a su delgado hermano que se quitara de en medio, y tras una fuerte embestida, logró abrirla de un portazo.

Un extraño brillo en el interior. Bien podía ser un Chidori, algo de lo que el príncipe ya se estaba defendiendo a juzgar por el morado fulgor de su armadura. –Genjutsu Kai. –no lo juzgó de ese modo el del libro, logrando, al menos, que el Orochi cesara su técnica. Temblando de ira, Xander pedía al más vigoroso de los presentes que se lo llevara bien lejos. –Adrián, por favor. Átalo y llévalo con el rey. Cuéntales que viene de Oriente y que quiere hablar con él, y si cuenta que tuvimos una pelea, hazle saber que empezó él a atacarme con unas serpientes. –su respiración entrecortada volvía a calmarse. Volviendo al tono serio habitual, tratando de disimular la subida de adrenalina, daba más explicaciones. –Fuera hay dos personas más que desean proponer un trato a Garon. Llevadlas también al castillo, pero de buenas formas.

-¿Estás bien, hermano? –se apresuró a preguntar Elise cuando la mayoría de los presentes había abandonado la guarida. El alto, rubio y musculoso Xander asentía con la cabeza. –Por supuesto. –y dejó la espada en el suelo, dejando caer que no estaba ya tan alterado. –Tan sólo me encuentro en el estado natural en el que cualquier ser humano habría llegado a estar tras compartir más de cinco minutos de conversación con semejante sujeto. –advirtió, sin llegar en ningún momento a expresarlo como una broma. La situación no le hacía ni pizca de gracia. –Parece que mucha gente del otro continente ha querido hacernos una visita. –dijo metiéndole el ojo encima a Taro. Ambos se reconocían el uno al otro, y no era necesario intercambiar más palabras. -¿Se trata de otra oferta de paz? –trató de deducir en ver al antiguo conocido. –Es mucho más que eso. –dijo Elise haciéndole entrega a Kazuo de la espada que él les había traído. Quería que fuera él mismo quien le devolviera aquel trofeo que tantísimos usos podía darse y que tantísima relevancia tenía.



Aspecto de los príncipes y princesas:


Xander:

Leo:

camilla:

Elise:

cómo están realmente por dentro:


aspecto escuderos:


Adrián:

Corinna:

Zack:



¡¡offrol importante!!:
Este es mi penúltimo post en este tema, llegando así al último turno. Será la última vez que posteéis así que consultadme por Skype sobre las condiciones de cada uno para que os de más información.

Por el momento diré que Yeul debe decidir si ir al castillo y entablar una conversación con el rey o si desea volver con Hiroyuki a Mogura para informar a Raiden. En el primero de los casos deberá de hablar conmigo por Skype para hacer el tema del rey y en el segundo postear directamente cómo se marcha con Hiroyuki.

Hisan'na deberá de hablar conmigo para empezar el diálogo con Garon

Katta y Kazuo deberán de hablar conmigo para empezar el diálogo con los hermanos



Sorey Bokushi
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Re: [11º Examen chunnin] The prince, the king and the dragon

Mensaje por Kazuo el Dom Mayo 14, 2017 11:16 pm





Como si el tiempo se detuviera, Elise y Zack quedaron estupefactos, haciéndoseles imposible mover un solo músculo. La niña tomaba la empuñadura poco a poco, sin terminar de creérselo. El filo empezó a mostrarse, presumiendo de una brillantísima gema morada. — Kazuo. No imaginas la de vidas que acabas de salvar con esta obra. — le informaba Elise cogiendo la pesada arma con ambas manos. — Mi familia está en deuda contigo. Si lo deseáis, tu amigo y tú podéis acompañarnos donde está Xander, que estoy segura de que estará dispuesto a ayudaros con cualquier cosa que necesitéis, siempre que no rompa ninguno de nuestros principios o promesas. — Zack asintió, de acuerdo con las palabras de la jovencita. No quería añadir nada, simplemente sonreía mirando a otro lado, ensimismado en algo que podía parecer una tontería pero que para él no lo era. — Supongo que te he juzgado mal. Ahora he quedado como un imbécil. — podía entenderse como una especie de tratado de paz. Uno que, de todas formas, no le haría desperdiciar la próxima vez que tuviese la oportunidad de devolvérsela. — ¿No lo eres? — Al pelinegro le vino como anillo al dedo, pues evadía los agradecimientos tan directos como los que Elise le propinaba. Asintió con la cabeza, preparado para partir.



. . .



Antes de ingresar, se encontró con más individuos del Occidente en el camino. Todos de peculiares personalidades; compartiendo la misma emoción por la espada que él había entregado. Una muchacha de cabello violáceo fue de las primeras en recibirlos, guiñándoles el ojo a todos los presentes. Sorpresivamente, Kazuo se fijó en ella a causa de esto, aunque sin remover la arruga en el entrecejo. Después se encontraba Leo, hermano de la muchacha Elise, quien les había acompañado. Aparentemente, era hora de conocer al hombre del momento: Xander.

Era lejano a la realidad. Una sala, repleta de armas con incontables similitudes a la espada que él había entregado minutos atrás. Frente a los orbes oscuros del antipático, posiblemente el personaje más icónico del Occidente, después del rey. Elise devolvió la espada a manos de Kazuo, sin entender él exactamente el por qué. Lo tomó como un símbolo de confianza; cediéndole el 'honor' de entregar la famosa espada, a su verdadero dueño. Rápidamente, el adicto al tabaco buscó cierto apoyo con una fugaz mirada al espadachín, pues había quedado, nuevamente, en una situación que superaba sus capacidades. No tenía los modales, ni las mejores maneras de tratar a las personas.

Ya no vestía como occidental, pues se había removido el chaleco antes de haber ingresado, dejándolo sobre una estantería en la zona repleta de humildes tiendas de mercadeo. Dio un paso al frente, dejando al resto del grupo detrás suya. La camisa blanca con el cuello desabotonado, tensaba sobre sus codos al estar arremangada. En su breve caminata, la chaqueta oscura como sus ojos que llevaba colgada de sus hombros, ondeaba suavemente. Al encontrarse frente a Xander, no bajó la mirada ni por un segundo. No era una desafiante, ni irrespetuosa. Era una que los ponía al mismo nivel, sin importar la historia que cada uno tuviese antes de ese encuentro. De oriental, a occidental. Extendió con la menor brusquedad posible los dos brazos, entregando la espada en una humilde funda de tela, color café. — Esto te pertenece. Tuve que deshacerme de su funda original, para que no llamase la atención. — No rompió el contacto visual, con una apenas notoria arruga en el entrecejo. Honesto.

— Esa es... — Xander apenas podía verbalizar. — Con esto muchos de los que dejaron de seguirme volverían... — parecia deseoso de tomar entre sus manos dicho trofeo, pero negó con la cabeza para después apuntar con su mirada a Leo. — Creo que hay alguien que merece mucho más el poder que encierra esta espada. — Elise, cambió su expresión a la de sorpresa. Leo, enmudeció en un principio y contradijo después. — Pero Xander, sin ti como líder ya sabes cómo terminará occidente... — el grande, quien en el anterior encuentro con Hisan'na por fin lo había asumido, se mostraba serio. Realista. — Yo jamás seré elegido por los guerreros de padre. Con o sin esta espada. Pero tú Leo, tú puedes salvar muchas vidas con ella. — Leo puso las manos sobre la espada, acariciando la piedra. Había lujuria en ese gesto, pero no llegó a agarrar el arma. — No. Sabes que padre atacará oriente y que no nos conviene. Lo que descubra puede salvar a mucha gente, pero también puede convertirse en un arma. — el mayor, replicaba. — No le debemos nada a los feudos. No querer atacarlos forma parte de la sensatez, evitar un conflicto imposible de ganar. Nadie quiere un rey sensato, todo el mundo sigue las promesas y la valentía, a la bravura. Pretender ser un rey que pide a la gente que se conforme es... ridículo. — Elise sacó entonces su carácter, creando una tensa escena entre hermanos que los invitados se veían formados a aguantar. La típica situación violenta en donde uno calla sin saber muy bien qué aportar. — ¿¡Te parece ridículo tu sueño desde que naciste?! Incluso cuando fuimos a oriente a por las piedras nos lo repetías una y otra vez. "Usaremos esto para poder vivir en nuestro hogar, es el lugar donde pertenecemos". Tampoco tiraste la toalla cuando dejaron de seguirte por perder parte de tu honor. Dijiste que lo recuperarías. ¿Por qué hablas como un perdedor? ¡Tú no eres así, Xander! — la chillona voz de la rubia se extendió por toda la sala, sin un alma que supiera cómo responder a la misma. Simplemente fue ignorada. Xander, carente de argumentos se dirigía a Kazuo, quien no merecía estar escuchando todo aquello. — Joven. Te debo un gran favor. Gracias a la energía en esta espada vamos a poder controlar a las bestias que tanto nos oprimen en el exterior. Tienes mi favor y mi gratitud. Siempre que se encuentre dentro de lo que mi código me permita, te concederé el favor que desees. ¿Hay algo que esté en mis manos que pueda compensar lo que has hecho por mí y por mi gente?

La ceja izquierda del pelinegro comenzaba a moverse por sí sola, como si de un tic nervioso se tratase. Era, otra vez, una discusión a la que él no pertenecía. Mucho ruido. Por alguna razón, le recordaba a algunas interacciones que él había tenido con sus dos hermanos —Katta y Lilith— en el pasado. Pudo percibir esa sensación familiar, que los tres emanaban, incluso en momentos serios de conflicto. Era algo que sentía haber perdido gradualmente, día tras día, a causa de sus más oscuros deseos. Bakemono. Era claro que no entendía absolutamente nada de la situación por la que ellos estaban pasando, ni lo que debían hacer para conseguir salir adelante. Pero todavía le quedaba una pizca de empatía, que latía mucho más fuerte que su constante culpabilidad. Alzó la cabeza cuanto más pudo, dando la sensación de que esta apenas se mantenía pegada al resto de su cuerpo. Cansancio. Su cabello cubría los ojos de mirada perezosa —y melancólica—. Le resultaba incomprensible, cómo los eventos de su vida le habían llevado a un sitio como ése. Incluso en ese momento, donde podía pedir cualquier cosa...

— Sólo soy un personaje que terminó atrapado en la historia equivocada. — Se escuchó del muchacho, sin un ápice de intensidad en la oración. Su voz casi quebró por un instante. Era difícil saber, qué se le cruzaba por tan fragmentada mente en aquel momento. Escondió las manos en los bolsillos, volviendo a poner su cabeza en el lugar correcto. — No tengo nada que pedir, pero... sí quiero decir algo. A todos. — Era extraño. Normalmente, no hablaba porque quería hacerlo, sino por motivos lejanos a ello. — Es claro que, no sé por lo que ninguno de ustedes están pasando. No podría importarme menos el conflicto entre Occidente y de donde yo vengo. Aún así, creo que deberían guardar el derramamiento de sangre para los verdaderos monstruos. Debería haber una solución alcanzable entre todos, sin comportarnos como un montón de imbéciles. — Removió la chaqueta de sus hombros, procediendo a ponérsela sobre la camisa manchada de sangre seca. Miró de reojo a los presentes que tenía detrás suya, con la misma antipatía de siempre. Él... no era fácil de comprender. Comenzó a caminar en dirección a los demás, pues no sabía qué pedirle a un hombre ocupado que debía lidiar ya con mucho. — Si tienen que quitar vidas, que sean las de aquellos que ya no tienen salvación alguna... — Desvió la mirada al suelo, tomándose una pausa que venía acompañada de un largo suspiro. — ...pues hay personas que hacen cosas peores, por causas mucho menos nobles. — Sentenció.

Xander respondió primero a las palabras de Kazuo —pues Katta había interrumpido—, mostrando en su discurso sus verdaderas motivaciones. — Yo amo a mi pueblo. Aunque quisiera hacerte caso, debo decirte lo mismo que le dije a la jovencita que venía con nosotros. Mi pueblo no es uno que se pueda dirigir, es uno que se tiene que liderar. El único hombre que puede apuntar hacia un lado y que todo el mundo le siga es mi padre, que por la prosperidad de los suyos no dudará en lanzarse a la batalla. Hasta ahora, le he seguido, con mis diferencias, porque sabía que era el único modo de poder seguir defendiendo y cuidando al pueblo que tanto amo. — expresaba impotencia, se sentía atado por ese amor. — Si renunciara a seguir a padre, si rechazara la guerra, no sería considerado un enemigo, pero terminaría como un nómada más, sin acceso a la capital donde se resguarda mi gente. — Kazuo no hizo más que mantenerse serio, a un lado del Bokushi. No tenía nada más que decir, y aparentemente el espadachín había tomado el estrado.



. . .



Una ilusión contagiosa, con la que se dejaban llevar. Era el arma de los idealistas. — Esta noche, cuando nos encarguemos de que volváis sanos y salvos a casa, anunciaremos nuestra partida, y prometeremos una nueva ciudad subterránea a todo aquel que desee seguirnos. Intentaremos hablar también con los nómadas que podamos para ofrecerles cobijo. — Xander anunciaba sus intenciones con seguridad, logrando que todos y cada uno de sus hermanos vibrara de júbilo. Era un momento que en parte todos habían estado esperando. El flacucho e inepto hermano mayor que tras mucho entrenamiento y un pequeño empujón lograba tomar las riendas. Quizás era un error, tal vez era la peor decisión para occidente, pero era el deseo de todos y cada uno de ellos. — Ahora Leo, haz los dibujos necesarios. Camilla, desengarza la piedra y entrégasela a Leo. Y Elise… — agarró un bastón que estaba colgado a sus espaldas y se lo lanzó. — Cura a nuestros invitados. — Leo, por su parte, sintió una responsabilidad. — Habéis hecho mucho por nosotros, y habéis arriesgado y sacrificado mucho. No tenemos muchos bienes, pero creo que podemos haceros entrega de alguna de estas armas. Al final, no podremos llevárnoslas todas, y para que las usen los guardias del rey que Zack tanto detesta, mejor que las guardéis como recuerdo de vuestro viaje. Yo mismo os vincularé a ellas. — el Bokushi, que en un principio había declinado la oferta por la evidente falta de recursos que poseían, aceptó al saber que de negarse aquello iría a parar al rey. — Siempre he querido dominar el Iryoninjutsu para poder curar a los demás, pero en mi clan no poseemos esas habilidades. Sería un gran honor poder llevarme uno de esos bastones.

Kazuo aguardó silencio hasta que todos los presentes terminen de hablar, escuchando la propuesta de uno de ellos. Armas, en diversas formas y colores. Sin decir una sola palabra, se dirigió directamente a un báculo, sintiendo cierta curiosidad por la elección de Taro. Una espada le sería más apropiada, pero ya tenía una esperándole en Oriente. — Tomaré este. — lo señaló, esperando instrucciones de uno de los occidentales presentes. — Debo pintar en la zona del pecho, directamente sobre tu piel. — por suerte, Taro tenía media armadura destrozada, con fácil acceso a la misma. — Camilla, encárgate tú del otro, por favor. — pidió mientras se centraba en el dibujo. La otra hizo una pequeña risotada divertida, que tapaba con sus manos mientras miraba directamente con picardía al contenedor de Bakemono. Se acercó sacando su pincel. — Deberás de quitarte la parte de arriba entonces. — dijo mientras acariciaba la zona del pecho suavemente con los dedos. — Tengo que pintar justo aquí. — La mirada cansada del pelinegro, se fijó en los gestos de la mujer. La misma que había resultado provocativa al principio. Sin decir nada, ni atenuar su ceño fruncido, la miró de los pies a la cabeza con su característico poco tacto. Como un animal que estaba a gusto con una presa. Se desabotonó la camisa, haciendo caso omiso a la risilla de la mujer, desviando la mirada por unos instantes. — Está bien. — lo hizo, mostrando total naturalidad. Como si se tratase de una competencia, no se dejaba intimidar por los encantos de tal mujer. — Cuidado, es un proceso que para quienes no están acostumbrados puede ser... doloroso. — dijo entre risas mientras empezaba a pintar con una tinta morada, impregnada de chakra. — ¿Estás seguro de esto? — la sonrisa traviesa no daba lugar a negarse. Para cuando aceptara, no habría vuelta atrás. He aguantado cosas peores. — No era soberbia, sino total verdad. Era alguien que sabía cómo tolerar los golpes constantes y aún así, seguir poniéndose de pie. — Adelante.

Una vez pudo moverse y retirarse de la sala, aguantando cuales fueran los efectos de tal tratamiento, pasó por un lado del espadachín. Apoyó su mano derecha sobre el hombro de su amigo una vez pasaba por su lado, de una forma inusual. Amena. Era un adiós.



. . .





Una vez la reunión se dió por finalizada y solo quedaban los últimos preparativos para volver a partir a Oriente, Kazuo se aproximó al Bokushi que le había jurado su lealtad durante aquella expedición. Probablemente el único juramento del que no se había arrepentido, pues tenían más de una similitud, y había demostrado ser un líder apto para el inestable comportamiento del pelinegro. — Taro. — La voz grave y seca del muchacho, le llamó a que lo acompañase en uno de los pasillos del lugar, antes de salir. Suspiró profundamente, esperando a que el otro se encontrase frente a él. Taro comprendió la situación y salió tratando de ser lo más sutil posible. Nadie más hizo ademán de salir dejándolos a ambos con la única compañía de la luz de las piedras del lugar. — Debo agradecerte todas y cada una de tus acciones a lo largo de la misión. Has demostrado ser alguien en quien ha merecido la pena confiar como un igual.

Kazuo asintió, algo sorprendido por las palabras del Bokushi. No se describía a sí mismo, como alguien confiable; menos después de los últimos sucesos en Oriente. Apreció que le haya hablado como un igual, como compañeros. — Nada que agradecer. Has demostrado ser de las pocas personas que he podido seguir, sin sentir la obligación de hacerlo. — Le costó formular un poco sus palabras, de una forma que no fuese tan poco agradable, como de costumbre. — Venía a pedirte un último favor, creo que sabes de qué hablo. — Desvió su enfoque visual a Katta, quien se encontraba con los demás. — No puedo irme con ustedes; voy a usar ese favor de Xander para poder irme en uno de sus barcos, cuando sea el momento. — Podía sonar difícil. Incluso se notaba la dificultad en el pelinegro, al llegar realmente el momento, en que tenga que tomar un camino distinto al del espadachín. — De acuerdo, yo me encargaré de él. — asintió sabiendo perfectamente a qué se refería. — Quieres que él vuelva sano y salvo a casa, y así será. — en la cabeza del Bokushi, los motivos del fumador para quedarse en occidente eran distintos de los de la realidad. — Regresaré eventualmente a estas tierras. No sé si nos volveremos a encontrar o no, pero si necesitas mi ayuda contra alguna bestia, del tipo que sea, puedes contar conmigo. — había doble intención con aquella expresión, mas quizás no la triple que podía interpretar el otro.

Extendió su mano, esperando a que el Bokushi hiciese lo mismo. Cuando lo hizo, lo tomó directamente del antebrazo, con fuerza. Una despedida y a la vez, una alianza. — Planeo extender el plazo de mi promesa. — Una media sonrisa que no hacía juego con la arruga en el entrecejo. — Volveremos a vernos, cuando necesites de nuevo mi ayuda. Sólo expande el rumor por Oriente, y yo te encontraré. — volvió a esconder ambas manos en los bolsillos, retirándose por el extremo opuesto de ese pasillo; uno que lo alejaba del grupo. Miró sobre el hombro a Katta, con alguna que otra emoción encontrada, que eran asesinadas vilmente por el carácter negro del renegado. — Hasta la próxima. — Agregó cuando ya se iba alejando, dándole la espalda a todos aquellos que habían compartido con él ese viaje inimaginable.

Era desconocido lo que le deparaba el futuro al adicto al tabaco, quien aún se palpaba cada tanto uno de los bolsillos, en busca de un cigarro. Finalmente, había llegado el día en que debía elegir su propio camino, lejos de todos aquellos que había conocido. Quizás encontraría un nuevo objetivo en su vida durante el viaje de vuelta, rodeado de occidentales. Ya no era Kazuo, de Kakkinoaru'en.




"Lo siento"






OFF:

NPC's:
Zack — #ff6633
Elise — #ff6699
Apariencia:

Stats:
• Ninjutsu: 13
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 3
• Velocidad: 10
• Resistencia: 10
• Fuerza: 10
Inventario:

Kunais x05
Shurikens x20
Vendajes x05
Sanguíneos x01
Espada de Xander
”Técnicas”:
Posee x05


Kazuo
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Re: [11º Examen chunnin] The prince, the king and the dragon

Mensaje por Yeul el Lun Mayo 15, 2017 2:30 am



N
egociación, diplomacia. Era para lo que estaba hecha, no para pelear, ni para matar, sino para conversar con el don de la palabra, de la gracia, de la paz. Tenía una alegría sumamente infantil, pero, desde luego, tranquilizadora y satisfactoria. Poder establecer lazos con otros, tan diferentes a ellos. Sus ansias de estudio, como cualquier otra persona entregada a la sabiduría, crecieron considerablemente, una ambición inocente. No obstante, tan frágil eran sus fantasías sobre la posible acciones contrarias a la guerra, que no se dio cuenta de lo ridículo que sonaba, que no era más que un sueño fugaz, platónico. Hiroyuki estaba allí para recordárselo. Sus sesgos no le permitían ver todas las cosas con claridad, y Yeul respondió con indignación.

No, Hiroyuki. No huiré como una criminal —sentenció, cuyas palabras eran tan ciertas. Ella se había comprometido y era mujer de palabra. Severidad se apoderaba de su cuerpo y sus gestos, sin tener ganas de dar su brazo a torcer. Era terquedad, insubordinación, algo que juró no hacer lo estaba haciendo simplemente porque iba en dirección contraria a sus límites morales y éticos. Inaceptable se veía a principio, estaba dispuesta a continuar su iniciada discusión, ignorando cualquier discreción sin entrar en lo vulgar—. No me iré de aquí hasta llegar al fondo de esto, de iniciar las negociaciones —determinó con una autoridad inexistente desde su puesto, mas para ella tenía valor, estando dispuesta a dar su vida como si de un mártir se tratase con el fin de aumentar las probabilidades de paz—. ¿Crees que le daré la espalda a estas personas?, ¿tal y como lo hacemos con nuestros hermanos bajo el yugo de Riku-gui? No me pidas tal cosa. Si puedes, entrega la información, yo me quedaré —concluyó ella, posando en él sus afilados esmeraldas, gemas empoderadas de fortaleza y decisión, en donde se veían años de antigüedad y de sabiduría, sabiduría sesgada por sueños de paz, inciertos, fantásticos.
Está bien. Quédate y enfréntate a la realidad. No puedes negociar por Mogura como si fueras un ministro. Recuerda además que han dicho que ni él ni sus hermanos han deseado nunca la guerra, y te manda a hablar con su padre dado que es quien puede decidir sobre el destino de occidente. Si ellos ya no están de acuerdo con un sistema feudal, imagina quien sí quiere pelear con nosotros —Hiroyuki mostraba su decepción con una mirada cabizbaja—. Si deseas ayudar a estas personas, quédate en este continente y caza para esos pobres, pero no impliques a nuestro hogar que ya tiene sus problemas. Haz lo que quieras, pero yo no pienso quedarme. Me iré aunque no me quede chakra para nada más, me parece más seguro huir de las bestias de fuera que hacerlo con las de dentro —concluyó con severidad, apunto de marcharse.
Las manos de la muchacha se unieron al sentir el precipicio, la inseguridad presionar su pecho, buscando calor entre sus dedos como si no hubiera escapatoria, como a una niña que le destrozan todas sus esperanzas. Patética se veía, ella no era una niña, era una mujer en cuerpo de una, por eso no se podía permitir momento de debilidad, no podía decepcionar sus propósitos, ni quienes le apoyaban. Suspiró, retazos de su voluntad salían con su aliento, desvaneciéndose silenciosamente en el aire— Tienes razón, no soy un ministro —asintió, con resignación, fue la flecha que terminó por aniquilar las ansias. Pasaron varios segundos antes que tuviera otra respuesta. Miró a los demás, imponiéndose un muro invisible frente a ella, frío, ventajas de vivir alejada del mundo, de ser ajena al tiempo—. Entiendo, las negociaciones no son necesarias. Me retiraré contigo, Hiroyuki —cerró más la distancia, aún sin darle la cara. Buscaba a Xander, debía disculparse, o al menos despedirse.



Gritos, una inesperada algarabía se formó en la habitación cerrada de Xander. El evento inmediatamente llamó su atención, con preocupación, plantó cara a la puerta mientras la intentaban abrir, su sorpresa fue al ver cómo el más alto intentaba asesinar al príncipe. Ella no lo entendía, pero sabía que detrás habría motivos ocultos, tan ocultos como obscuros.
La pequeña Elise le hacía entrega de una espada enfundada a Kazuo, parecía volver a su anterior dueño; espada que parecía tener una importancia relevante para todos allí, tanto para el príncipe con respecto a su poder, como para los demás con la presunta capacidad de cambiar lo que sucedía en esas tierras. Katta y el resto de hermanos se quedaban en la sala mientras los escuderos se llevaban a Hisan’na preso. Cuando Yeul pasó por un lado del serpentino, no pudo evitar soltar algunas palabras, aún entre ellos había asperezas que ninguno podría ocultar, o no por parte de la fémina: —¿Dónde ha quedado su sabiduría? —haciendo alusión a su ataque, a su fracaso. Hiroyuki y Yeul aprovecharon el caos para entrar a despedirse de Xander, aquel príncipe que había prometido que mientras no hubiese agresiones no habría peligro para ellos. El Yamanaka aprovechó para pedir un poco de intimidad. —Yeul-chan quisiera hablar con Xander a solas un momento. Si es posible, nos gustaría marcharnos con una respetuosa despedida.

La despedida sería privada, únicamente para ellos dos. Sin otros miembros de feudo ni observadores innecesarios. Xander, después de escuchar sobre el Orochi tratando de convencerlo de que la guerra de su padre era la mejor idea, cada vez se sentía más seguro de sus diferencias con su padre. —De nuevo, disculpa que tenga las manos atadas. No soy capaz de dirigir a los guerreros de occidente, ni tampoco creo que una alianza con un feudo esté bien. Pero debes saber que trataré de hacer entrar en razón a mi padre. Esta guerra no traerá más que desgracias a ambos bandos.
Valoro su esfuerzo, señor Xander —añadió la pequeña, al mismo tiempo que daba una reverencia pronunciada frente a él. No poder hacer nada era una sensación horrible, aún así, prometió hacer lo conveniente, lo necesario. La opción de desobedecer no existía, ahora no—. Le deseo lo mejor a sus tierras y espero que surjan mejores oportunidades en un futuro. Como ninja, puede buscarme en oriente si necesita de mi ayuda siempre y cuando no vulnere mis principios —ha de ponerse a la orden, levantándose y dándole una firme observación verdosa, siendo prueba de su indudable sinceridad. Miró a Hiroyuki por un instante, antes de retornar su enfoque visual hacia el más alto—. Cuento con sus deseos de paz, señor Xander. Hasta la próxima. Que la buena fortuna le acompañe, confío en el destino, él sabrá cómo y cuándo nos volveremos a encontrar —y con esto concluyó, dando media vuelta y encaminándose con su compañero. Decepcionada o no, no pensaba darle una mirada de aprobación a Hiroyuki, había cumplido con su deber y a medias con sus moralidades.




La noche ponía en escena a la Luna y sus brillantes compañeras, inseparables: Las estrellas, cuyo brillo figuraba a modo de señal a los navegantes. Hermosas, como un vasto e infinito lienzo en donde millones de figuras decoraban para el deleite de todos los seres vivos. Halagada podía sentirse como parte del mundo. El frío, una vez fuera, terminó por golpear sus mejillas y enrojecerlas con tenuidad, propinando que la pequeña ajustara su bufanda más arriba de su cuello. No hacía falta de Sol para iluminar el camino, la bella naturaleza había dotado del terreno una luz suave e inmaculada.
Ambos, Hiroyuki y Yeul han de salir de la capital subterránea. La Sacerdotisa, que aún no aceptaba sus propias decisiones, influenciadas mayormente por sus deberes feudales. Amargarse la vida por ello era lo que le esperaba hasta desprenderse de sus dolores terrenales cuando llegara a estar en soledad, para meditar. Para encontrar paz en su interior, abrigo en sus pensamientos. Era una pena no poderse quedar, puesto a que, deseaba aprender multitud de cosas de esa cultura, pero dentro de sí, sabía que su sed de conocimiento sería apaciguado en un futuro, simplemente debía aprender a esperar, como siempre lo había hecho a lo largo de las décadas. Puesto a que, su destino nunca se equivocaba.
Has hecho lo correcto Yeul —se ahorró el chan, no había ya motivos para seguir tratándola como una niña—. Ahora no lo ves. Creerás que al no haber podido detener la guerra sólo hemos perdido el tiempo, pero no es verdad. Conocemos sus secretos, sus disputas internas y su situación. Es Raiden quien decidirá qué hacer con esta información. Debes de confiar en él —resentido todavía por una frase del pasado, le haría reflexionar—. Detestas la guerra, y estás dispuesta a arriesgarlo todo por estas personas, pero te quejas de que abandonamos a nuestros hermanos bajo el yugo de Riku-gui. ¿Cómo detenemos entonces a Sakae sin una? —Hiroyuki parecía buscar contrariar a la fémina, quien –con total tranquilidad– parecía no tener dudas al respecto, ni siquiera una de sus tantas contradicciones y dilemas que había sufrido a lo largo de todo el viaje. —Se le dará salvación a todos aquellos enemigos que quieran ser perdonados por sus malvadas acciones —soltó de entre sus labios, como el inicio de una reflexión, con la mirada en el horizonte, había algo en ella que había cambiado, aunque por fuera no se notara en absoluto—. El castigo llegará a aquello que decidan seguir su propia perdición. Me comprometo a dar paz luego de la guerra, sólo si ésta es un último recurso, aunque tenga que llevar todas esas vidas sobre mis hombros. Todo sea por el bien de la mayoría, haré lo que sea necesario. —Esa última frase estaba grabada en fuego en su mente, cincelada en su fría percepción. Para bien o para mal, Yeul estaba convencida más allá, derribando las primeras paredes que sofocaban su visión al mundo real.



El barco les recibía como una vez los recibió en el puerto de su continente. Con luces danzantes, ascuas luminosas guindadas que desde la lejanía parecían flotar. Yeul no iba radiante: Su rostro presentaba una delgada capa de suciedad dada a los campos que corrió; su mirada no mostraba el mismo brillo de antes, sino un esmeralda opaco, cansados, desanimados, que como cortinas en las casas en plena noche, se encontraban cerrados, retraídos. No había peleado como lo hicieron sus compañeros, ni afrontado peligros tan grandes como para poner en peligro su vida, sólo se había limitado a estar la mayor parte del tiempo pensando en qué no debió e hizo, y en qué debió y no hizo. Personalmente, no era una victoria.

Pisó cubierta al mismo tiempo que, como flash de luz, cruzó por su mente un rostro que luego se difuminó en su memoria. Natsubari. Había asumido su regreso al barco, mas no notó su presencia en cubierta. Empezó a buscarla, en silencio, pasando rápidamente desde el lateral de Hiroyuki hasta la zona del capitán, que el cual, dentro de un notable estado de ebriedad, notó cierta ansiedad en la muchacha, que no tardó en resaltar. —Oe oe, ¿qué has perdido, pequeña? —inquirió, llamando la atención de la más pequeña. De inmediato, educada, le dio una reverencia a modo de disculpa por interrumpirle en lo que sea que estaba haciendo—. Disculpe, no quería interrumpirle. Sólo estoy buscando a Natsubari, una chica de cabello blanquecino. Debió llegar antes de que cayese el sol —en su voz se notaba cierto desespero, ya que, en ningún momento notó como se retiraba, simplemente, hundida en sus problemas existenciales, no le vio más y asumió dentro de todo lo que le afligía y le abrumaba. Egoísta fue, desde luego. El hombre pareció pensar, de lo poco que podía hacer en su estado. Se le quedó mirando como si no supiera conectar sus futuras palabras, haciendo que Yeul pensase que le tomaba el pelo—. Yo... Disculpe —se planeó retirar, pero justo antes de dar paso atrás, él habló, infortunio que llevaría con sus palabras—. No le vi. ¡Y sépalo!, ¡nunca pierdo de vista a los que pisan mi barco!, aunque esté bebiendo... De más, jejeje —esa risa al final fue lo consecuente a un trago largo de su pestilente licor. Yeul, nublada, alarmada, bajó rápidamente los breves escalones y amagó hacia el mar. Hiroyuki le tomó de la muñeca, él sabía lo que buscaba, y lamentablemente, también la había perdido, una vez sitió su toque, la Sacerdotisa, con unos orbes llenos de angustia, se cruzaron con los morenos de su compatriota, quien, con tristeza, le correspondía—. No está, Yeul. No llegó al barco, no fue con nosotros. Sólo queda... pensar lo peor —Una estaca en su pecho fue clavada, giró una vez más hacia el mar. No estaba dentro de sus cabales, había algo dentro de ella que estaba mal actualmente, a punto de romperse, en un punto donde su personalidad era inflexible, estaba llegando a su límite. En eso, evitando que se tirara al mar para regresar a la costa, Hiroyuki la haló y le abrazó, inmovilizándola. Ella no forcejeó, su mente quedó suspendida con la mirada al mar—. Hiroyuki..., ella está sola. No puedo dejarla, no... puedo —no salían lágrimas de sus ojos, ni expresiones de dolor, simplemente la angustia rebosaba de sus acristalados irises.

Se la ha de llevar a los camarotes. Ahora, el de cabello rojizo, no podía dejarla sola. No en ese estado.


Datos:

NPC:
Kenta:


3f548a
Hiroyuki:


2e7848

Xander — #ffcc00
Apariencia:


Cambios: La tela colgante en su cadera ahora es un bolso. No posee guantes, las vendas de su brazo izquierdo están justo encima de la marca feudal. No posee el portacuchillos que antes tenía cerca a un lateral de su cadera.
Equipamiento:

Tanto (1)
Kunais (20)
Píldoras del Soldado (3)
Pequeño Océano
1/2
Stats:
✢ Ninjutsu: 10
✢ Taijutsu: 7
✢ Genjutsu: 7
✢ Velocidad: 10
✢ Resistencia: 13
✢ Fuerza: 10
Técnicas:


Conteo de técnicas
9 disponibles
3 usada
6 restantes

Pasiva
Sensibilidad Acuática:

Activa

...
...


Más información: Suisei Shinka

Yeul
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Re: [11º Examen chunnin] The prince, the king and the dragon

Mensaje por Katta el Lun Mayo 15, 2017 4:55 pm

Fin. Las espadas estaban atentas cuando de la nada notaron un movimiento. Habían visto a su portador ser agradecido por una muchedumbre de sujetos. Los ancianos que no pudiesen levantar sus bolsas, vagabundos a quienes daba cada poco sus hortalizas, niños que se metían en problemas. Compañeros del feudo que habían usado ese altruismo extraño, y luego no eran reprendidos con gritos sino con una muestra sabia de paciencia y perdón. Y sin embargo, algo extraño hubo cuando Elise, de un momento a otro saltó de la posición que había mantenido para rodear con los brazos la figura del de piel morena. Con fuerza, que hacía al espadachín sonreír, y ruborizarse con los colores de su tez oscura. — Será un honor, Elise-dono. — Con una sonrisa diezmada por la imagen del barco en el que todos en Oriente habían partido, cada uno con su particular y único propósito. Tan solo el recuerdo de los dos hombres caídos a manos de Hiroyuki bastaba para que la curvatura fuese mucho menor de lo que debería. — Significaría mucho que nos dejase viajar con usted, entonces. — Con un movimiento de mano, la jovencita se separó del espadachín. Él creyó que tan solo había terminado su agradecimiento, pero muy al contrario, se trataba de una nueva aparición. El líder de los orientales se posaba detrás de los hermanos, reconocido por la pequeña, que ahora mostraba emociones muy distintas en su rostro. Hablaron entre ellos poco, suficiente pero cuando Elise mentó las piedras. Las repetidas piedras., un fruto del sufrimiento de algunos. Por la inercia inconsciente del espadachín, este miró a la espada que Kazuo había cargado todo el tiempo. Fijamente, los aceros callaban, mientras aquel de piel cortada parecía querer entablar una conversación con la espada extranjera. Con su gema. Pero eran palabras mudas que no escapaban de su vaina téxtil.

Tal fue el momento, que el único que quedó con el resto fue el guardián de la pequeña, otrora del renombrado Xander. Llevados por la zona donde Katta había mirado jugar a dos niños con dos palos simulando espadas, los cuales ya no podía encontrar, hasta una casa nada destacada, en la que la chica llamaba a la puerta. Abrió otra mujer, más alta. Joven, pero con un cabello gris nevado. Era muy distinto al blanco de la hermana de los dos pelinegros. El suyo era como una plata pulida hasta el infinito, y hacía parecer un aire más maduro, pero cuando los discos de oro se fijaban, ella no parecía tan distante a la edad de Elise. Corinna, como fue llamada, invitó al grupo de extranjeros, presentando a quien guardaba lealtad. Una mujer, propiamente dicho. Con ondas que enmarcaban una figura esbelta y atrevidamente expuesta, muy acorde con su tono de voz y gestos. Al espadachín volvía el rubor, capaz de desviar la mirada hacia cualquier pared, visiblemente muy inexperto en recibir cualquier insinuación, fuese o no él el destinatario. Ese desvío llevó al oro embarrado hasta el penúltimo hermano por descubrir. Leo, en su color negro y distante, con otro hombre, presumiblemente con la misma unión que Corinna y Camilla. Distante a ellos y con un aire más serio, que acudió de inmediato hacia la piedra, más que la espada. Entabló una conversación con Taro de la cual el espadachín intentaba extraer la historia entre ambos. Sobre la piedras, y Occidente, y la situación en la que el reino moría, enterrado en su propia tumba, prefiriendo ahogarse. Y él y sus espadas, precisamente, querían cortar esa tumba, y sacar a la luz a un reino que, tal como ningún feudo, no merecía morir en el olvido. Así, comenzaron a ser llevados hasta un nuevo lugar, por medio de pasadizos con luces extrañas, naciendo de la piedra y no del fuego. Leo entonces exclamó una intrusión. ¿Un oriental? El grupo corrió por el pasillo, el espadachín intentaba mantenerse cerca de la cabeza de ellos, con tal de saltar frente a los peligros. Sin embargo, había un peligro todavía mayor frente a la puerta que encontraron.

Gritos. Gritos graves de un hombre atravesaban la piedra como voraces termitas. Los dos hermanos mayores emprendieron la puerta, pero Katta había quedado mirando la misma e intentando ver el interior. Honor, de nuevo. Tras la puerta brilló algo, y tras el brillo apareció el autor de aquellas palabras. Desprovisto de espada y escudero. ¿Pero quién podría cuestionar un honor que a la vista de los ojos dorados y marrones era palpable? No tardaron en ver quién. El mismo hombre que había cuestionado la integridad de las Ryusei, en presencia de los hombres caídos de Occidente. Un gesto muy molesto atacó a la cara del espadachín, mientras el más robusto de los occidentales cumplía la orden de llevarse al envendado. Pasó por su lado, por el de todos. Pero Katta se atrevió a mirarlo a los ojos sin ninguna especie de reparo. Decepción, rabia por no comprender como podía simplemente ofender el honor de un desconocido. En la cabeza pelinegra, era inconcebible siquiera rozar el honor ajeno. Y sin embargo, el hombre rubio e iracundo dentro de la habitación sentía el suyo atacado por lo que fuera que la lengua venenosa del oriental hubiese soltado. El espadachín negó con la cabeza. Temía que fuese ajusticiado por la importancia del honor en Occidente, sin embargo era aquello lo que pretendía evitar. La vida y el honor, como dijo Xander antes de irrumpir en la sala, iban ligados. Pero no de aquel modo.


El conglomerado se calmó con la salida de los otros orientales. La visión del Yeul, marchando junto a los dos hombres provocaba un soplido de alivio. Por diferentes que fuesen, la paz era el objetivo de ambos. Saber que ella podía actuar cuando cualquiera de los dos retorcidos acompañantes provocase de nuevo a otro occidental calmaba los nervios del espadachín, quien podía ahora mirar la estancia. El acero distinto de las armas, y la madera oscura y tratada de sus mangos resplandecían sobre el oro embarrado. Ojos, que hacían lo imposible por no atraparte en los cortantes bordes de cada figura recta, y atendían al centro de la sala. A Xander, imponente en su propio lugar, y como Elise invitaba a Kazuo a que fuese él quien otorgaba el bien preciado objeto. Era la misma expresión orgullosa, más incluso cuando solo la espalda del hermano podía delatarlo. De algún modo, Xander poseía el aire distintivo como dueño de aquella espada. Que solo fuese la joya en ella, o que en cambio toda la obra significase para su dueño era un asunto secundario. Y Kazuo, como antes, andaba igual de digno para entregarla. Era, por ello, imposible frenar al espadachín cuando agachó su cuerpo en dirección a la más pequeña de toda la escena, y con un susurro que iría chocando por aceros y paredes. — Gracias por eso. — El espadachín sin embargo, solo pudo observar a la joven sonreír por un corto instante, antes de que una mueca irregular apareciese, no en ella, en todos.

Katta acompañó los ojos de la chica hasta la escena, cuando Leo puso las manos sobre la espada, acariciando la piedra. Había lujuria en ese gesto, pero no llegó a agarrar el arma. — No. Sabes que padre atacará oriente y que no nos conviene. Lo que descubra puede salvar a mucha gente, pero también puede convertirse en un arma. — el mayor, replicaba. — No le debemos nada a los feudos. No querer atacarlos forma parte de la sensatez, evitar un conflicto imposible de ganar. Nadie quiere un rey sensato, todo el mundo sigue las promesas y la valentía, a la bravura. Pretender ser un rey que pide a la gente que se conforme es... ridículo. — Elise sacó entonces su carácter, creando una tensa escena entre hermanos que los invitados se veían formados a aguantar. La típica situación violenta en donde uno calla sin saber muy bien qué aportar. — ¿¡Te parece ridículo tu sueño desde que naciste?! Incluso cuando fuimos a oriente a por las piedras nos lo repetías una y otra vez. "Usaremos esto para poder vivir en nuestro hogar, es el lugar donde pertenecemos". Tampoco tiraste la toalla cuando dejaron de seguirte por perder parte de tu honor. Dijiste que lo recuperarías. ¿Por qué hablas como un perdedor? ¡Tú no eres así, Xander! — la chillona voz de la rubia se extendió por toda la sala, sin un alma que supiera cómo responder a la misma. Simplemente fue ignorada. Xander, carente de argumentos se dirigía a Kazuo, quien no merecía estar escuchando todo aquello. — Joven. Te debo un gran favor. Gracias a la energía en esta espada vamos a poder controlar a las bestias que tanto nos oprimen en el exterior. Tienes mi favor y mi gratitud. Siempre que se encuentre dentro de lo que mi código me permita, te concederé el favor que desees. ¿Hay algo que esté en mis manos que pueda compensar lo que has hecho por mí y por mi gente? —

Desde el momento en que el mayor de los hermanos occidentales había ofrecido la espada, el espadachín se redujo a una sombra observadora e inmóvil. Un papel que en aquel momento detestó, pues los motivos de su viaje, sus viajes, estaban floreciendo en la conversación, y lo hermético de la familia no le dejaba ir más allá. Desde el momento en que los habitantes de aquel continente tuvieron contacto con el de piel cortada, este escuchó mucho más las palabras de honor y conflicto. Y sin embargo, toda la comodidad por ello se evaporaba por como el rubio más grande habló sobre ello. Más cuando momentos atrás defendió ese mismo honor frente a quien no había comprendido tampoco el del hombre de amas. La lengua se mordía para no desplegarse y romper la conversación, pues allí los ignorantes eran los dos pelinegros. Uno de ellos, a la vista y oído, mucho menos. Kazuo, de nuevo, habló con una impropia facilidad a la que quien lo conoció en una niñez mucho más asalvajada no conseguía acostumbrarse. Otra vez, una envidia dulce rebasó la piel oscurecida mientras le escuchaba, como todos. Eran, pese a ser de quien eran, palabras fáciles de asimilar. Reflejado sobre el oro embarrado habitaba un hombre cada vez más honorable, al que el espadachín, sentía, comenzaba a seguir más lejos. No tanto como las palabras a su sentencia.

— Xander-dono. — Un paso de unas piernas largas y robustas lo acercaron más al centro de la sala, al rubio, y a su hermano. — No sé nada sobre sus tierras, pero si sé sobre el honor. — Habló claramente el espadachín, sin una sola arruga en su voz agravada. Los discos amarillos miraban al de sangre real con la sencillez de su papel. La sencillez de una espada. — Dicen que perdió su honor junto a su espada, y junto a Zack-dono. Pero su grito frente a nuestro compañero no era el de una persona con un honor dividido. — El espadachín, que había soltado sus vainas y estas estaban repartidas a cada lado como en cualquier combate, dirigió su mano hacia la única apartada. Aquella del quinto lugar, cuyo filo aún mordía una roca lejana. Así, la desenfundó, mostrando su cuerpo de acero, desmembrado. El otro pelinegro sabría que el temblar en el brazo robusto del espadachín no se debía a ningún miedo. Tristeza, porque la espada que sujetaba, frustración por no salvarla. Mostraba el arma rota, con su desigual punta en dirección al suelo. Un gesto pacífico que le enseñó su maestro. — El honor de Tate, mi quinta espada, no se destruye con su acero. Sino cuando yo no cumpla con dicho honor. Y el suyo, Xander-dono, solo peligra cuando asume que no puede lograr la paz que busca. — Hablar de honor y espadas era uno de aquellos momentos en que el cuerpo del espadachín implosionaba con una sensación especial. El era una espada, pero amaba hablar como un espadachín. Tras aquello, regresó la Ryusei rota a su vaina, la vigésimosexta, y miró hacia el otro pelinegro en la sala.

— Mi hermano tiene razón, salvo en una cosa. No hay ninguna vida sin salvación, ni la más innoble de ellas. En ninguno de los continentes que existen. Solo una espada demasiado débil para salvarlas. — A pesar de ser un gesto oriental, el espadachín inclinó totalmente su cuerpo alto, hasta formar un ángulo de noventa grados. Una reverencia que anunciaba un juramento. — Pienso que su honor sigue intacto, Xander-dono. Y yo por el mío, protegeré a todos... — Quizás por recordar al delgado y demacrado escudero de Elise diciéndoselo, o por comprender que se hallaba en el lugar adecuado, la frase de su abuelo nació por primera vez tal y como Hiroyuki se la enseñó. — Ego sum gladius, et pax portat me. —

Katta, haciendo que la sala enmudeciera. Un silencio más largo que el de Elise, con una diferencia: este sí tendría respuesta. — Terminas con un lema nómada. Esas palabras eran las del antiguo rey, quien vivía en harmonía. Cuando todo está bien, es sencillo seguir a lo bondadoso, pero cuando la gente muere, la gente necesita seguridad. Mi padre consiguió recursos a cambio de prometer una guerra anti-feudal en oriente, y con ello logró construir esta seguridad sobre la que descansamos. — señaló Xander al techo, recordando que estaban bajo suelo. — Mucho se ha escrito sobre el término honor a lo largo de la historia, pero si algo está claro es que se basa en ser fiel a uno mismo. No hay gente más honorable que los nómadas, pero ellos no pueden cuidar de la gente del barrio pobre, ni cazar wyverns sin estas gemas. — el rubio temblaba, pues le había llegado aquello de que la espada rota no había perdido su honor y que el suyo solo se tambaleaba cuando dudaba de su visión. — Si sólo hubiese una forma… de tenerlo todo. — El joven de varias espadas escuchaba las negativas del príncipe. La mirada de iguales no siempre compartía un lazo donde identificarse, pero entonces uno se formó. Katta había escuchado aquellas palabras en el pasado. Saliendo de su boca, cuando no lograba invocar las llamas de Moso, o cuando se desanimaba ante las habilidades de un ninja que de alguna manera, él como niño ya sabía que nunca iba a poseer. Y como a él se lo dijeron, su voz volvió a alzarse, sorprendentemente sobreponiéndose al principio de las palabras de Xander. — Mi abuelo y maestro siempre luchó con sus espadas. Y venció a ninjas tan fuertes como un dragón de aquí. Fue el espadachín más fuerte que conozco, y por él puedo decir que cualquier espada, esté hecha de acero, de fuego o de palabras, es tan poderosa como otra. — Leo se acercó a Katta tras aquellas palabras, tratando de emplearlas para dotar de fuerza a su herido hermano mayor. — Él tiene razón. Podemos sobrevivir sin la ayuda de las gemas. Con lo que he desarrollado y la espada es suficiente, podemos seguir por nosotros mismos, y estoy seguro de que muchos nos seguirán. — Xander miró al pequeño. — ¿Y todo tu esfuerzo con la medicina? ¿Y para amansar a las bestias? Hemos sacrificado mucho por ello. —

Sería entonces el turno de quien hasta ahora no había hablado. Deshizo por completo el henge, mostrando, a parte del rostro, su pecho malherido. — Xander-sama, creo que hay una forma. — se acercó Taro Bokushi al príncipe, con quien se había visto en parte identificado. — Renunciar a su ideal en pos del beneficio de su pueblo es muy noble, y algo que yo he puesto por encima siempre de mi honor: un bien común al que le he llamado deber. — le pondría la mano en el hombro, uniendo miradas con él. — Este joven, como los nómadas, ha estado constantemente anteponiendo su honor a su deber, y eso le ha causado serias dificultades. He estado pensando que se equivocaba desde el principio. Poner en peligro alcanzar este punto que hemos estado buscando de obtener una paz por no poder renunciar a sus principios, me crispaba, pues yo siempre he renunciado a mi honor por un bien mayor. — Taro miraba de reojo a Katta, mostrándole con un ligero asentimiento un signo de respeto. El espadachín en cambio había callado y mirado al mayor, con una sorpresa interior, pues había algo extrañamente poderoso en los líderes cuando reconocían algo en quien los respetaba. — Pero ahora cuando hablamos de guerra y paz me doy cuenta de mi error. Debe usted de tomar su honor y renunciar a seguir a su padre. No diga que nadie va a seguirle, pues yo mismo lo haría con esa decisión, y no diga que sin la ayuda de su padre quedará sin recursos, pues aquí tiene tres personas que pueden brindarle chakra, y estoy seguro de que en oriente habrá muchas más. Mis propias hermanas, y muchos miembros de mi clan, estoy seguro que les ayudarían sin pensarlo. Construya su propia capital con el poder de las piedras. Estoy seguro de que todo el mundo del barrio que ustedes protegen no dudarán en seguirle. — Ahí estaban, cara a cara. Un príncipe que anhelaba el puesto de su padre, deseoso de salvar a un pueblo sin futuro, y un líder de clan forzado a encargarse de un papel donde debía proteger a una gente cuyas creencias habían terminado por destruirles. Honor y deber en la misma fórmula, ¿era acaso aquello posible?

Una ilusión contagiosa, con la que se dejaban llevar. Era el arma de los idealistas. — Esta noche, cuando nos encarguemos de que volváis sanos y salvos a casa, anunciaremos nuestra partida, y prometeremos una nueva ciudad subterránea a todo aquel que desee seguirnos. Intentaremos hablar también con los nómadas que podamos para ofrecerles cobijo. — Xander anunciaba sus intenciones con seguridad, logrando que todos y cada uno de sus hermanos vibrara de júbilo. Era un momento que en parte todos habían estado esperando. El flacucho e inepto hermano mayor que tras mucho entrenamiento y un pequeño empujón lograba tomar las riendas. Quizás era un error, tal vez era la peor decisión para occidente, pero era el deseo de todos y cada uno de ellos. — Ahora Leo, haz los dibujos necesarios. Camilla, desengarza la piedra y entrégasela a Leo. Y Elise… — agarró un bastón que estaba colgado a sus espaldas y se lo lanzó. — Cura a nuestros invitados, y a su espada. Si él lo desea. —

Elise se acercó a Katta báculo en mano. — ¿Quieres que repare a Tate? — al igual que Xander no deseaba la gema de la espada que a ojos de los demás le daba honor, los occidentales comprendían que en lo que a armas respecta, cada persona tiene sus manías, por lo que fueron cuidadosos a la hora de actuar.

Katta quedó mirando a Elise. De algún modo sorprendido por las palabras del presente. De Taro rectificándose, incluso restos de la sensación real de cuando los hermanos habían discutido. Así, solo regresó a la normalidad cuando la menor accedía a curar aquella espada. El espadachín se habría apresurado a decir que el resto del acero había quedado en lo alto de la montaña de la que descendía hacía ya mucho tiempo. O parecía. Pero no había vista de dudas en ella, por lo que el de piel cortada extrajo la espada partida, y la sostuvo en su zurda. No obstante, la punta deforme apuntaba a la niña, y la uña del índice diestro intentaba señalar el interior, donde se podían distinguir una suerte de piezas separadas, pero que formaban el filo sólidamente. — Uso aceros con varias densidades... No se preocupe si resulta complicado restaurarla, Elise-dono. Use su báculo para curar al resto primero. —

Elise asintió a lo dicho por Katta. — Curaré entonces al Bokushi. — pero encontró una clara negativa. — No. Mis heridas terminarán sanando. Las de la espada son unas que no podrán repararse sin la pieza que le falta. — palabras que hicieron que la muchacha se orientara de nuevo al espadachín. — La devolveré entonces a un estado anterior. No te preocupes por las densidades. — agarró pues la espada por la parte del filo, y la piedra situada en el bastón tomó brillo. Lo hizo de forma brusca, temerosa de que volviese a negarse tan obstinado sujeto. La energía encerrada en la piedra se alimentó de la energía vital de la muchacha, creando materia a cambio. Magia usualmente empleada para sanar humanos, medicina avanzada que lejos de acelerar el proceso de curación podía construir nuevos tejidos, era usada ahora para curar un arma. Una muca de dolor imposible de contener se esbozó en Elise, quien pronto quedó con un brazo colgando, incapaz de mover un solo músculo del mismo. — Los occidentales no poseemos chakra, por eso necesitamos sacrificar nuestra energía vital para usar las piedras. No temas, podré volver a moverlo en un par de días. — su sonrisa era la de una persona fuerte, que aceptaba su condición y el sacrificio de ir en contra de la misma. Katta en ese momento había querido ocultar su espada. La ignorancia de nuevo costaba el dolor de la chiquilla ahora. Ella era capaz de sacrificar incluso su cuerpo, mientras el espadachín quedaba nuevamente con su única habilidad.

Leo, por su parte, sintió una responsabilidad. — Habéis hecho mucho por nosotros, y habéis arriesgado y sacrificado mucho. No tenemos muchos bienes, pero creo que podemos haceros entrega de alguna de estas armas. Al final, no podremos llevárnoslas todas, y para que las usen los guardias del rey que Zack tanto detesta, mejor que las guardéis como recuerdo de vuestro viaje. Yo mismo os vincularé a ellas. — el Bokushi, que en un principio había declinado la oferta por la evidente falta de recursos que poseían, aceptó al saber que de negarse aquello iría a parar al rey. — Siempre he querido dominar el Iryoninjutsu para poder curar a los demás, pero en mi clan no poseemos esas habilidades. Sería un gran honor poder llevarme uno de esos bastones. —

Nada después, el otro hombre, con el exacto color de cabello y armadura al de su hermano mayor, comenzaba a hablar sobre un regalo. Un obsequio. Y en otras circunstancias, Katta hubiese aceptado el honor, pero recordaba vívidamente las palabras de Elise en cuanto vio a Taro. Esas piedras, poderosas, las espadas de los Occidentales. Al menos una parte de ellas encerraba el sufrimiento de otros. Uno de ellos, suponía el espadachín, el propio Bokushi. Desde que se lo mencionaron, pensó en querer sostener una de ellas, y empuñarla. Pero un peso como aquel parecía retractarlo. — Gente sufrió para crear esas gemas, por lo que sé. No son armas indignas, pero no puedo aceptarlas... Lo siento, Leo-dono. — El espadachín hizo una reverencia menos exagerada que la última. No obstante, unas palabras más optimistas hicieron que al levantarse, una sonrisa se pintase sobre el rostro del herido. — Elise-dono, ¿cuál es el arma que usa Lazward-dono? Si querría dársela cuando vuelva a verle... ¿No puede vincular el arma a alguien lejano, Leo-dono? — El espadachín lo miró. Se dio cuenta por un momento que, otra vez, había perdido la noción de las habilidades del resto. Desconocía por completo qué podía hacer el rubio, o siquiera qué significaba esa vinculación. Hasta que el Bokushi habló.

— El arma favorita de Lazward eran las espadas. — respondió la niña. — Y para vincular un arma a alguien es necesario hacerle unos dibujos. Los occidentales tenemos que pintarnos las puertas de chakra que no poseemos, y con los orientales... Leo... ¿cómo se vincula un oriental? — el otro respondió mirando de reojo a Taro. Todavía sentía culpa por haber realizado aquellos experimentos. — Con los orientales es suficiente con dibujar un sello donde se sitúa la puerta de la herida. No todos pueden controlar las armas, y quienes lo hacen  no pueden sacar el 100% de su poder. Aun así, probarlo no está de más. Si me permite... — sacó un pincel y se aproximó a Taro, dispuesto a dibujar en su cuerpo.

El líder que los llevó allí no había usado ninjutsu médico para curarse a si mismo o al resto. No lo conocía. Y habló de un bastón, como si este fuese un guía para ello. Y una duda inconsciente, y que se había mantenido callada por mucho tiempo surgió de entre las cenizas de la misma. ¿Podía él usar ninjutsu? ¿Podría como Kazuo o Moso, exhalar llamaradas con esos bastones? ¿Ese era el extraño ninjutsu de los libros que Taro mentó en el barco? La sonrisa entonces se evaporó, dejando una más suave, algo triste de forma egoísta. Si Taro podía lograr aquello era porque poseía unas habilidades del chackra casi inalcanzables. Si Elise o sus hermanos podían era porque habían aprendido a manipular la energía de aquellas piedras. Incluso Lazward sería capaz si se le entregaba. La parte egoísta del bondadoso volvía a recordarle que era un espadachín, sin más aptitud que la de sus armas. Posiblemente sujetar una de esas armas no sería distinto aunque le quitasen la piedra. No sabría usarla. El de piel cortada suspiró mudamente mientras miraba al arsenal, con esos nuevos e incomprensibles ojos, como los que habían mirado al resto de la clase haciendo sellos de manos.Las propias voces del espadachín volvían a su encuentro, y él las quiso enfrentar. Sin embargo, y como no pudo ser de otra forma, ellas huyeron cuando una mano hermana tocó el hombro. El espadachín era un hombre evidente, incapaz de mentir en ningún aspecto, y mucho menos al hermano que sujetaba su hombro. La tensión se desvaneció en parte y los ojos de oro y barro buscaron el humo negro y denso de los contrarios, con un rostro  calmado. Agradecido. Extrañado, sin embargo, de lo que cazaron los ojos. Pese al toque, solo coincidieron un instante las miradas, miradas que nunca realmente se habían visto. De algún modo, pero, los de oro y barro sabían dónde podrían haberlos visto, cuatro años atrás. La pequeña parte de la mente espadachina que sabía cazar los mensajes ocultos del hermano hicieron que el espadachín callase. Lo detuvo en su sitio y dejó que se fuese con Taro. De un modo insconsciente, se puso a mirar las espadas alrededor. Distrajo su mente de aquello, como le ordenaba esa parte. Recordando la pelea con Lazward y alzando filos en busca del que mejor fuese para alguien de su complexión y estatura. Reduciendo los recuerdos en forma de túnel, pero con zumbido mudo en sus paredes.

"Solos."




Mientras el fumador abandonaba el lugar, el Bokushi volvía para cumplir con su promesa. Un par de sellos rápidos como una centella serían disimulados mientras cada uno de los presentes se centraba en sus propios quehaceres. Se colocó junto a Katta preparado para cualquier cosa. — ¿Cuando partiremos, Elise? — la ausencia de Kazuo podía notarse. No había nadie ya al final de aquel largo pasillo. Dada la falta de espacio en la cadera por las Ryusei, Katta arrojó las dos espadas elegidas sobre su espalda, una más grande que la otra. viéndose las empuñaduras desde detrás de su espalda, y sus gemas sin ningún fulgor. Sin embargo, había querido ver más de aquellas armas, de la misma naturaleza que sus emblemáticas, pero a la vez, tan dispares. Era imposible para un obsesionado espadachín no ensimismarse, más en un momento en que necesitaba cierto refugio de sus propios pensamientos. De ambos, pero, fue sacado con la voz del Bokushi, sin haberse apenas dado cuenta de su vuelta con Kazuo. Tanto era esa sensación, o quizás la unión única de aquellos dos, buscó a su hermano de forma callada por sobre el imponente cuerpo del líder, incluso dando un par de pasos al no verlo siquiera tras él.

No fueron los típicos segundos largos, hasta darse cuenta de que estaba medio escondido en algún lugar. No estaba. De alguna manera sabía que tampoco estaría si corría hacia la puerta por donde salió. — ¿Le pasa algo a Kazuo? — Preguntaba al Bokushi, pero miraba, quieto, hacia la puerta que apenas había visto sobre su hombro, con Kazuo bajo el dintel. No era que no creyese que pudiese haberse ido. Sino la confianza de hermanos, que no contemplaba algo semejante. No otra vez. — Kazuo tiene asuntos que atender en occidente, y usted tiene los suyos en oriente. Me ha pedido que me asegure que cumplirá con su deber y volverá a casa. — quería ponerle una mano en el hombro para darle apoyo, pero no podía, o aparecería aquella burbuja. — Con el tiempo volverán a reunirse, estoy seguro. — Entonces se giró. No la mirada, sino todo el cuerpo del espadachín hacia el Bokushi. El rostro honesto e incapaz de mentir lo decía todo. Todo y más. Pero la peor parte fue la manera en que el mayor terminó. "Volverá.". El calmo espadachín tensó cada músculo, estrujándose incluso el corazón. — Kazuo no se marcharía así, Bokushi-dono. — Dolía decirlo en voz alta, y dejar que los recuerdos removiesen la siempre firme voz. En un solo instante, toda la calma tras las bestias, la muerte de los guardias; tras las palabras con quien podía traer paz a Occidente, toda se evaporó por el aire, como el polvo más ligero. — Y-y confía en mi, no dejaría a nadie para asegurarse de que hago lo que debo. — Por poco parecía querer convencerse a si mismo. De forma inconsciente, daba diminutos pasos hacia atrás, hacia la puerta, y en dirección contraria a Taro. Quiso girarse de nuevo, y correr. Gritar el nombre de su hermano y ver como volvía. Del barro en el iris del espadachín comenzaba a salir agua salada, ni siquiera mucha, sino dos hilos delgados y casi imperceptibles. Uno que se habían ocultado cuatro años atrás, en un recobeco sin nombre. A la sombra de los hermanos. Las espadas titilaban, gritaban a su portador, pero él no las escuchaba. Algo, suficientemente poderoso, hacía que solo quedasen Katta y los ojos de su hermano unos instantes atrás. El rostro herido del espadachín pareció deformarse en una seriedad, distinta a cualquier otra, ni siquiera comparable a cuando habían muerto los soldados delante de él y no pudo salvarlos. Una seriedad distante, lejana como la Tierra y el sol, impensable para aquel hombre. Irreconocible, imposible.

Lo que fuese que pasaba por dentro de la cabeza pelinegra, era suficientemente malo para no querer compartirlo. Los dientes apretados miraron al suelo, notando la mirada del Bokushi que no podía devolver. "No es culpa suya." ladraban las espadas. En vez de a él, los ojos dorados miraron hacia la puerta semi-abierta de donde había salido el Bokushi. Claro que no estaría allí. Se había ido, de nuevo. Los años en soledad volvían a pesar como montañas a lomos de una hormiga. La visión ensombrecida había convertido las motas de polvo en algo tan oscuro que parecían múltiples pupilas talladas sobre el iris. — Xander-dono. Le juro por mi honor que traeré la paz al mundo. — No se inclinó ni le miró, sino que los ojos fueron directos a la espada que había acompañado a su hermano. Quizás ella sabía algo que él no. — Marchemos. — Era una tonalidad distinta. Pero aún segura. Contundente como un martillo. Ignorando la respuesta que el hombre rubio quisiera darle. Volverá había dicho Taro, al cual se acercó Katta, y sin ningún reparo le miró a los ojos, con la nueva y desconocida fiereza de este, en su incomprensible estado. En un susurro raspado y sonado, y una arruga pronunciada en el entrecejo que no encajaba con él, sino con otro pelinegro.

— Es mi hermano, Bokushi-dono. No va a abandonarme nunca.

Datos:
Estadísticas:
Taijutsu: 11.15.
Fuerza: 11.15.
Velocidad: 10.15.
Resistencia: 10.15.

Inventario:
Ryusei.
Vendas.
Calmantes: x00.
Sanguíneos: x02.
Katta
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Re: [11º Examen chunnin] The prince, the king and the dragon

Mensaje por AlptrauM el Mar Mayo 16, 2017 9:46 am


The Son of Ezomyr met the Son of Sarn Upon the road to the Imperial throne.
The Eternal offered his cunning, His eyes and ears, bought and paid for.
The Ezomyte offered his strength, His sword, earned in the arena.
A pact was forged, With the throne as witness.
Two men separated by blood.
Two men bound by hope.
Two men, and only one emperor.



Desde que puso pie en aquella costa, solo una palabra se había repetido incontables veces, hasta el cansancio. Honor. Incluso llegando a perder su significado verdadero después de ser restregada en el rostro de cada persona. Olvidando que en sus inicios aquel término era utilizado para justificar movimientos en el tablero, ayudando a aquellos que buscaban una mejor posición social. Palabrerías que algunas personas malinterpretaron y llevaron a que sujetos, o culturas, adoptaran un dogma pautado por aquella palabra. Que poco entendían de la verdad. Qué frágil era aquel término que seguían con tanta ceguera.  

Quien tenía frente a él, no era más que un muchacho desesperado por probarse no solo a sí  mismo que era un hombre, sino también a todo aquel que lo rodea. Tan sereno y templado que se mostraba ante todos, pero ante la idea de que alguien supiera su verdad, de que aquellos quienes confían en él, supieran realmente quién estaba detrás de toda esa fachada, todo se iba al carajo. Incluso, al punto de mentirle a aquellos quienes realmente lo veían como el futuro de aquella nación. Que alejados de la verdad estaban.

Lo que realmente allí había ocurrido solo lo sabían sus protagonistas, dichoso era el joven príncipe de que nadie más hubiese estado allí  para ver realmente su rostro. Aquello sólo lo había colocado en el rol de víctima, “El príncipe que se le intentó asesinar”. ¿Cuánto pasaría antes de que el resto de las personas supiera lo que allí había ocurrido? Claro, desde el punto de vista de sólo uno de los protagonistas.

La habitación ahora pasaba a estar atestada de gente, todos en auxilio del heredero. La escolta de los hermanos del príncipe apresó al forastero, por órdenes de su superior. Ahora sería llevado ante el mismísimo Rey de Occidente. Eso demostraba que aquel muchacho no tenía lo necesario para ser líder algún día. Cobarde, prefería delegar aquello sucedido antes de tomar cartas en el asunto el mismo. No importaba. No había nada más que pudiese sacar el Alhazred conversando con aquel individuo.

El grupo se había reunido nuevamente, en aquel estrecho corredor. Como era de esperarse, el grupo allí presente no pudo evitar arrojarle miradas a quien en todo momento había cuestionado sus decisiones. Cómo no, si este era su oportunidad de juzgarlo. Sintió una mano cargarse contra su espalda, y con un empujón una voz de oyó desde atrás le ordenó — Muévete — inmediatamente, por encima de su hombro, observó hacia atrás. Era aquel hombre de ojos dorados a quien había enviado a una de sus lacayas a seguir. Adrián era su nombre.  

A paso firme, comenzó a avanzar por el corredor, y entre medio de la gente que se allí estaba que se hacía a un lado para dejarlo pasar. Al momento de pasar frente a la muchacha de cabellos azules, aquella que al igual que el espadachín, creían en un código que ya no tenía cabida en este mundo, la joven de Mogura no pudo evitar preguntarle. — Una vez más demuestras, lo poco que sabes, muchacha. — y le arrojó una sonrisa retorcida mientras seguía sin detenerse para contestarle. Ahora era escoltado hacia donde debió de haber ido en primer lugar, dejando atrás al grupo con quien juntos llegaron aquí, pero del que nunca había sido parte.


* * *


Habían tenido que prácticamente recorrer toda la ciudad, en una caminata de vergüenza, puesto que todos aquellos que estaban en su trayecto, no podía evitar de hacer una pausa en sus quehaceres para observar al que era llevado como prisionero. Algunos se preguntaban quién era aquel hombre cuyo rostro estaba oculto bajo las sombras de sus vestimentas. Otros, se preguntaba por qué era llevado por allí, si la prisión no era en aquella dirección. Podía oírlos murmurar en el oído de otros. Honestamente, aquella exposición le daba exactamente lo mismo. Pues su cabeza estaba ocupada en algo realmente importante. Estaba a portas de tener un encuentro con el Rey, ¿Qué le diría? Si era todo lo que había oído de la boca de su propio hijo – aunque los hijos tienden a demonizar a sus padres – tendría que saber cómo dirigirse a él. Su prole había sido algo torpe de tratar, pero sencillo, como era el tratar a la gran mayoría de las personas.

Con cada paso, se adentraba más y más en aquella ciudad enterrada bajo tierra, y con el andar, la presencia de militares aumentaba exponencialmente. El recorrido con sus escoltas había sido como la situación ameritaba, silente. Ni siquiera una mirada le era dirigida. Recordándole por unos instantes cómo era su vida en la niñez. Apartado, un rechazado por las heridas que hasta el día de hoy porta en su cuerpo. Nunca, ni por un instante, ha olvidado aquel suceso. No porque lo haya marcado en el cómo se desarrolló su vida, sino porque todavía le queda tanto por descubrir al respecto. Ya habría tiempo de resolver su pasado, porque ahora tenía su mirada puesta no sólo en el futuro, sino más bien su presente.

Tal y como las ilusiones que él mismo creaba para destruir a sus oponentes, esa ciudad escondía la realidad del ojo del común. Un grupo de soldados custodiaba una muralla. Era obvio, que al igual que aquella que escondía la guarida del que lo había enviado hasta allí, algo había detrás. Adrián, quien sin dirigirle palabra alguna a quienes estaban allí, desveló el manto y reveló una puerta secreto, pequeña, lo suficientemente ancha como para que entraran de a uno. La mujer que lo escoltaba, cuyo nombre si no recordaba mal era Corinna, subió primero la escalera que conectaba con aquella entrada. Un par de palabras fueron pronunciadas, las cuales no pudo oír bien el pelinegro, aunque claro, eso no servía de nada puesto todavía no entendía del todo aquel idioma el cual cada vez tenía menos sentido de aprender, puesto la gente con la que valía la pena comunicarse, al parecer, todos sabían oriental.

La puerta se abrió, y la mujer ingresó. Era su turno, y el hombre atrás de él no le dio tiempo de esperar. Era hora de hacer ingreso. Pero ¿Qué hacían allí?

Al subir, dio con una habitación; más grande que la de Xander, a primera vista. No hubo tiempo para ponerse a observar con detención la decoración del lugar, puesto que apenas subió su mirada, un hombre de avanzada edad lo esperaba. Bastó un segundo para entender de quién se trataba aquel que tenía frente a él. Era Garon, padre de Xander y sus hermanos, Rey de Occidente. Su piel estaba arrugada por la edad, curtida por una vida al sol y por innumerables batallas, que de seguro, habían puesto la corona en su cabeza.

— Su hijo lo ha enviado, mi Rey

Garon se quedó en silencio, observando al hombre esposado. Por su mirada, parecía estar analizando al Alhazred, quien distaba del estereotipo de oriental que debía conocer el Rey. De arriba abajo llevó sus ojos en busca de algo que pudiese identificarlo como perteneciente de alguno de los llamados feudos. Por supuesto, no había señal alguna de que así fuese, y aunque eso simplemente podía ser una táctica para causar confusión, el Rey; con su ronca voz, rompió el silencio. — ¿Qué demonios se le ha perdido a un ronnin en occidente? — Disparó, mostrando inmediatamente que era diametralmente opuesto a su hijo, y claro, el perfecto oriental que salía de entre sus labios. El hecho de que no hubiese guardias, que no hubiese protocolo informado de cómo dirigirse a él, le parecía más que curioso al pelinegro. Adrián, quien en todo momento se encontraba detrás de él, tomó entre sus dedos la capucha que cubría el rostro del Alhazred  y tirando de ella, con un par de mechones de cabello, exclamó — Contesta, el Rey te ha hecho una pregunta — Realmente aquel sujeto se estaba volviendo molesto.

— ¿Tan mala fama tenemos ya en oriente? Que incluso están enviando mercenarios a nuestro continente. Se suponía en aquel barco sólo vendría gente de los feudos — Agregó el Rey. El esposado, permanecía silente. Adrián ya comenzaba a perder la paciencia. — Buena o mala, la fama siempre es bien recibida. Hoy en día, en oriente, no debe existir persona alguna que no haya oído de ustedes. Ya sea por meros rumores oídos de boca en boca, o directamente por algún encuentro, los cuales últimamente, han dejado de ser escasos. — Era cuidadoso en cada palabra, después de todo, estaba frente a quien podía acabar con su vida con el menor de los gestos —. Aunque  no debería de serle sorpresa, ya que al parecer, sabe más de lo que ocurre en oriente de lo que algunos de allí saben

Su expresión cambió por completo, aunque mantenía aquel aire de seriedad en todo momento, como si estuviese dispuesto a entrar en combate sólo por el placer de moler cráneos. — y tú, al saber de eso, sólo me das más motivos para que te corte esa afilada lengua. — El Rey clavó su mirada en su interlocutor. — Te he hecho una pregunta. Responde — Ordenó. Por mucho que aquel que tenía frente suyo era un Rey, y que nunca antes había tratado con uno, sabía perfectamente cómo tratar con ese tipo de personas —. Yo no soy un Ronnin. Ronnin es aquel que no tiene señor a quién servir, y a diferencia de ellos, yo sirvo a una persona, a mí mismo. Al igual que muchos en oriente, oí los rumores sobre su gente, y las situaciones de la vida, me hicieron subir a ese barco, y ver por mis propios ojos el reino que atacaba los feudos sin temblarle la mano

Garon repetía el observar de arriba abajo —. Tengo orientales en mi bando, pero sus primeros contactos conmigo no eran de aquel que intenta apuñalarme por la espalda escondido tras mentiras. Eres un riesgo que no estoy dispuesto a correr. No me importa qué te haya dicho mi hijo, aquí las decisiones las tomo “YO”

Le hubiese encantado decirle « ¿Xander? Ese cobarde mentiroso que se escuda tras un código que el mismo no entiende. » Pero eso hubiese significado quizás perder su cabeza allí mismo, pero aunque no lo sabía aún, aquella visión no estaba alejada de la que el propio padre tenía del príncipe. — Los feudos no son más que el producto de un sistema que intentaba establecer el orden mediante libertades controladas, pero que falló catastróficamente. Lamentablemente, es un sistema tan antiguo como el mismísimo ser humano, y algo tan antiguo, no puede ser eliminado fácilmente, no al menos por uno mismo.  — En ningún momento cortó contacto visual con el regente —. Ese es el gran motivo por el que estoy aquí

— Si yo fuera uno de los tuyos, mercenario… — cambiaba el término ronnin por mercenario. — me gustaría averiguar información que vender a los feudos. Mentir, dejar que el tonto te libere y correr a venderle lo reunido al mejor postor. Te hubiese liberado encantado como al resto de tus compañeros de barco. — ¿Acaso los otros también habían estado aquí? O quizás, ¿Se refiere a otro grupo? La segunda opción parecía la más acertada. — Pero has averiguado demasiado, no puedo dejarte ir así como así, entenderás el porqué. — Lo segundo mencionado por el extranjero arrancó una sonrisa de su rostro, parecía estar disfrutando el ver a un hombre intentando por todos los medios zafarse. — ¿Ah sí? Acaso, ¿Planeas unirte a nosotros? Explícame el por qué no te debería arrojar en un calabozo de por vida y secarte hasta la última gota de chakra que tengas en tu cuerpo.

Y a diferencia de como de seguro el Rey esperaba que reaccionara su prisionero, el Alhazred le devolvió la sonrisa —. Porque sé de algo que hará que nunca más necesite de otro ser humano para abastecerse de poder


Información:

NPC's:

Adrián # 999966
Corinna # 99cccc
Rey Garon # 660033
Técnicas:

HABILIDADES PASIVAS

Vulnerabilidad climática
Los Orochi tienen una peculiaridad que los diferencia del resto de los ninjas existentes: Son humanos de sangre fría. Tal ha sido el parecido de estos ninjas con los ofidios, que nunca han desarrollado un sistema de sangre caliente, por lo que se dice que incluso descienden de reptiles. Al poseer esta habilidad, el shinobi del clan Orochi obtendrá un bonus de 3 puntos en velocidad en climas cálidos (países como el del viento, el de la roca, el del a hierba) y tendrá una penalización de 3 puntos en velocidad en países fríos (países como el de la nieve, el de las olas y el del hierro).
En tierras templadas, como el país del Fuego, el país de los ríos y otros lugares que no sean desérticos, tropicales, nevados, fríos o tundars, no tendrán ni ventaja ni desventaja.

HABILIDADES ACTIVAS
Stats:

• Ninjutsu = 7
• Taijutsu = 7 +3
• Genjutsu = 10
• Velocidad = 10 +3
• Resistencia = 10
• Fuerza = 10
Técnicas disponibles 9/12
Inventario:

• Kunais x16
• Shurikens x20
• Vendas
• Envases x5
• Sanguíneos x5
• Pergamino de ADN
• Jeringas x10
• Somníferos x5
• Tachi | Diseño
Fuhai Kōkyōkyoku (腐敗交響曲)
Kōsui fuhai (香水腐敗 Perfumes pútridos) | Veneno


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Re: [11º Examen chunnin] The prince, the king and the dragon

Mensaje por Sorey Bokushi el Vie Mayo 19, 2017 10:46 pm



Antes de la partida: Kazuo

-Lo que tú digas. –una última caricia, esta vez haciendo contcto con la piedra del bastón al que le quería vincular, desembocaba en la activación de aquel sello grabado en el cuerpo del fumador. A su vez se activaba aquel en el pecho de Taro, quien a pesar de su costumbre con las puertas del taijutsu terminó gimiendo un poco a causa de la desagradable experiencia. Kazuo podría notar cómo la voz en su interior empezaba a maldecirlo de todas las formas conocidas y por conocer. La bestia, con un último chirrido en su cabeza que magnificaría la desagradable situación, lograría rechazar el chakra que intentaba entrar en su cuerpo y destruir aquella piedra y partir en dos el bastón. –Vaya… nunca había pasado algo así. Lo siento, algunos simplemente no pueden usar estas armas. Será eso.

Distinto fue el fracaso de Taro, quien una vez terminado el proceso, agarró aquel objeto con el que había sido vinculado. –Estás vinculado a ella. No debes de pensar, sólo sentirla. –no había modo, alzaba el bastón de forma cuasi ridícula sin resultado alguno. –Otro fracaso. Realmente lo siento mucho.

Pronto se olvidarían ambos de las armas a las que habían sido vinculados. Taro se lo traería a su hermana Sakura, pensaba que le gustaría a nivel estético. Y Kazuo, simplemente siguió su camino apartado de Katta sin pensar demasiado en aquello. Pero en Bakemono algo había cambiado. Su chakra, con tal de repeler el médico, había tenido que adaptarse a él, y a su mecanismo. Una desagradable sensación. Kazuo podría sentir cómo la bestia trataba de controlarlo desde dentro mediante el dolor. Su cuerpo dio por sí solo un puñetazo en una pared, a la que le abrió un interesante boquete. ¿Había sido Bakemono? ¿Qué pasaría si esa fuerza era empleada contra una persona? Conforme su parte humana se volvía más noble, ampliando la promesa con Taro, su parte bestia se volvía más fuerte, queriendo tomar el control de aquella cáscara. ¿Había algún modo de usar ese poder maldito para el bien?

evaluación y recompensas:
Tu desempeño en el examen ha sido impresionante. Has recibido heridas de forma realista por tus acciones incluso cuando no te obligaba a ello. A nivel de combate has estado siempre presente y has logrado utilizar al 100% las habilidades de tu personaje. A nivel narrativo, me quito el sombrero, las OST ayudan a darle la emoción que quieres transmitir, y eso me encanta. En cuanto a coherencia, nada de metarol, fidelidad al personaje, y demás. Y mi punto favorito, veo que el personaje ha evolucionado durante el examen, en diferentes niveles.
Creo que equilibrando todos los puntos eres quien mejor lo ha hecho, por ello tendrás varias recompensas:

-La adquisición de la siguiente técnica de forma gratuita:

(Rango Chunnin) Iryō kyōki (医療狂気): La versión de Bakemono del jutsu de fuerza titánica de los Iryoninjutsu. Siguiendo la lógica de la energía que enfrentó y asimiló, es capaz de ganar fuerza a costa de puntos de Resistencia. Puede pagar hasta 4 puntos de Resistencia para aumentar su fuerza en 4 puntos durante 4 turnos. Sus golpes en este estado podrían fracturar huesos, dándole a todos sus golpes una peligrosidad mayor. Puede ser combinada con otras técnicas, y emplearse tantas veces por combate conforme se desee mientras no se acumulen. El defecto de esta técnica es que la resistencia sacrificada sólo se recupera tras dos turnos de no emplear ninguna técnica, algo prácticamente imposible en un combate.

Por cada rango que aumente el usuario podrá intercambiar un punto de stat extra.



Había pensado en crearte una técnica más, pero como sé que adoras el proceso creativo, voy a cambiar la otra técnica por la posibilidad de crear, de dentro de tus técnicas de la HU, 3 de ellas vinculadas a este evento. Sí, costarán el cupo de las que se pueden crear por rango, lo cual es una desventaja, pero, no es necesario que crees la tres en chunnin, puedes dejar alguna para sannin y hacer un jutsu de tipo médico de dicho rango, que puede suponer una ventaja tremenda. No es como tener 3 especialidades, pero casi.



Además, adquieres esta pasiva social:

-Influencia en ambos continentes: Se avecinan tiempos de guerra, y en tu caso, posees el favor y el agrado de dos de los NPC más poderosos del foro. Podrás viajar de oriente a occidente de forma gratuita saliendo y entrando por el país del Viento o de la Tierra, cerca del país de la Luna, en los barcos en donde los occidentales vienen en busca de chakra y ayuda. Además, si la resolución del evento lleva a que Xander o Taro participen de algún modo en la guerra, podrás salir beneficiado por ello. Y por último, posees acceso a realizar misiones en occidente para el bando de los nómadas y controlar los NPCs que has visto en tu examen.




Regreso a casa: Katta

Una discreta embarcación, un pequeño barco en el que apenas habría lugar para los cuatro. Leo y Camilla, que habían subido a la superficie para despedirlos y experimentar con la piedra de rango S de la espada de Xander, decían adiós con la mano. -¿No se enfadará Zack de que te vayas sin él Elise? –preguntó Adrián, no tan seguro de ser quien debiera realizar aquel viaje. –Él es en realidad el escudero de Xander. Más vale que se quede con él ahora que vamos a vivir en la superficie como el resto de nómadas. Debe de protegerlo. –Camilla le lanzó un beso al aire a Adrián mientras le tranquilizaba con unas palabras. –No temas Adri, yo cuidaré del pequeñín en tu ausencia.

El de negra armadura sería pues el encargado del timón, siempre atento a las estrellas para guiarse hacia el país del Viento. Taro, sin su libro, abandonado en el anterior barco, pasaba los días entrenando sin armadura en la zona más amplia del barco. Elise pasaba la mayoría de su tiempo viendo al Bokushi entrenar, tumbada enfrente, como si ver a los demás cansarse la relajara. Y Katta… bueno, quién sabe qué hacía ese chico.

Un estruendo en mitad de la noche, el grito de… -¡Un wyvern! –la exclamación de Elise despertó al cansado Taro, quien dirigía la mirada a Adrián en busca de una confirmación. –Parece el rugido de una cría. Pero estamos ya demasiado lejos del continente para encontrarnos uno. –mentira, el wyvern adelantó el barco con una velocidad arroyadora, camuflando su oscuro color con el de la noche. –¡La piedra funciona! –eran los gritos de un ilusionado Leo, que se agarraba de la cintura de aquella que dirigía el animal. ¡Estaban montando un dragón! Con ese poder de controlar las bestias no debían temer por ellas, y todo gracias a la acción del impredecible Kazuo. Camilla hizo aterrizar el animal en la madera, debía de anunciar algo: -Xander lo ha hecho. Nos hemos llevado a los pobres de la capital. Cuando volváis buscadnos en las cordilleras del norte.

wyvern:


evaluación y recompensas:
No te has lucido en combate ni tomado las mejores decisiones en ningún caso, incluso has retrasado la trama con algunas formas de actuar. No obstante, todo eso ha sido por ser realmente fiel al personaje, y también nos ha aportado a esta historia momentos únicos que no podríamos haber vivido sin un personaje como Katta, así que está más que justificado. El buen roler es aquel que por ser fiel a su personaje, es capaz de ir incluso contra sus propios intereses. Te habría regalado técnicas épicas como a Kazuo, pero veo que te gusta sufrir, así que no lo haré, le quitaría el punto fuerte a tu personaje.

A nivel narrativo has sido, con diferencia, el mejor del tema (me incluyo, por supuesto). Leer cada uno de tus posts es como leer un libro escrito por alguien con mucha experiencia narrativa, y eso es fascinante.
Dado que la narración y el desarrollo personal del personaje es lo tuyo he pensado en regalarte por tu desempeño una trama narrada privada de tu encuentro con Lazward y el retorno a occidente. Conocerás tus raíces, de dónde ha heredado Katta ese carácter tan molesto, y tendrás la oportunidad de influir en el bando de los nómadas.

He pensado múltiples recompensas físicas, pero no se me ocurre ninguna que pudiera ser de tu agrado, por lo que esperaré a ver cómo se desarrolla esa trama cuando la empecemos al volver de exámenes. Siento no darte nada por el momento, tengo pensada una trama interesante en aquellas tierras que ya te consultaré cuando me libere. Espero que salga todo bien.




Atrapado en tierra ajena: AlptrauM

La conversación entre Garon y el oriental se desvió hasta lo insospechado. Ocultas quedarían los tratos y los secretos allí contados, pero había algo claro, y es que ambos compartían varios objetivos en común. -¿Dónde está entonces el pacifista? –antes de que pudiera responder, alguien tocó la puerta. –Padre, necesito hablar contigo. –era la voz de Xander, quizás habían tardado demasiado, y el manipulable príncipe había sido cegado con una sarta de idealismos estúpidos.

Abrió el rey, invitándole a pasar con la mano a su hijo. No hubo contacto físico, tampoco un claro saludo. En el fondo ambos sabían que sus diferencias iban a terminar por ser demasiado, por lo que ya habían vivido aquella escena en sus cabezas en incontables ocasiones. –Tenías toda la razón. –le dijo el rey al esposado. –ese hombre y su clan son un problema. –ya lo había deducido, no necesitaba escuchar ni una sola palabra de boca de su hijo Xander, pero aun así le dejaría hablar. –Padre, mis hermanos y yo seguiremos un camino distinto al tuyo a partir de ahora. Conozco las normas. No tengo derecho a defender a la gente de esta capital, ni a seguir custodiando el almacén de piedras. Nos convertiremos en nómadas.

Matar a Xander, a los escuderos, y al Orochi. Salir y alegar que fue en defensa propia para mantener su honor intacto. Fue una opción que pasó rápidamente por la cabeza del soberano. Demasiado arriesgado, en un mundo como el occidental, cualquier mota de polvo en el historial de uno era sinónimo de abandono, y el honor que quedaba en tela de juicio era irrecuperable. –Siempre has sido libre para abandonar la capital, Xander. Yo tenía puestas mis esperanzas en ti, en que un día podrías salir y liderar a toda esa gente, proteger a tu pueblo. –el mismo discurso de siempre, aquel con el que lo había tenido controlado todos esos años. Sabía que esta vez era diferente, pues incluso en las acciones de un cobarde podía verse decisión en los ojos. –Nosotros no tendremos nada contra vosotros, y espero que sea recíproco. Podemos resolver las cosas tal y como se hizo con el rey anterior. –hacía referencia a una era pasada. –Me parece correcto. Anunciaré mi retirada de forma pública y me llevaré conmigo a todo el que crea en mi causa, tal y como se hizo aquella vez.

Salió entonces Xander a la sala del trono, donde muchos guardias esperaban, la mayoría debido a la presencia de aquellos orientales que todavía permanecían retenidos. El rubio aclaró su garganta y procedió a hablar ante todos. Lo que dijo fue en occidental, pero Ashe, la traductora, hizo su función por los orientales que allí se encontraban: -Yo, Xander, uno más de nosotros, decido abandonar mi fidelidad al rey y a aquello que nos unía. –debía de apuntar el preso, pues si un día lograba convertirse en uno de ellos y quería abandonar, debía de seguir dicho protocolo si tenía la intención de que le siguieran. –Creo que la guerra contra oriente no nos beneficia, peleamos contra un enemigo al que no podemos vencer. Ya gozamos de una tecnología que nos permite vivir por nosotros mismos gracias a los esfuerzos de Garon, y creo que no es necesario ir más allá de eso. Tengo ya mis propios aliados y mis propios recursos de chakra, y a todo el que prefiera pelear por vivir en occidente, contra las verdaderas bestias, es bienvenido. ¿Alguien claudica conmigo? –un enorme silencio en la sala, nadie daba un paso adelante. Pasaron unos quince segundos, y cuando parecía que nadie iba a apoyar al príncipe, los escuderos de sus hermanos, tanto Corinna como Adrián, se colocaron a su lado. Eran los únicos.

El silencio se deshizo, y empezaron las críticas. Palabras en occidental que Ashe no tradujo. Tan sólo podrían distinguir los de sangre oriental una sola palabra: “Shiryoku no Keiji” y “Kumo no bun’ya”. ¿Qué significaba todo eso? A la traductora no le interesaba que las orejas orientales lo supieran.

Cuando hubo pasado todo aquello y Xander salió únicamente con sus escuderos y miles de abucheos, Garon entró de nuevo en la sala donde su cita le esperaba. –Lo habrás escuchado todo, me imagino. –su sonrisa no mostraba símbolo alguno de tristeza por la partida de sus hijos. Desde que su esposa murió decidió que la gente blanda sólo sirve para ser enterrada. –¿Ves esto? –sacó un libro, morado, con una gema reluciente. –Mis hombres no tienen ni idea de para quien trabajo, pero te aseguro que no son esos feudos. Todos esos orientales deben de volver a casa creyendo en que estamos vinculados a uno de ellos para que empiecen a sospechar los unos de los otros. He nombrado dos feudos que en concreto están a punto de entrar en una guerra. Esto terminará de desestabilizarlos. No hay mejor modo de conquistar algo que hacerlo cuando está débil. –no podía evitar presumir de aquel acto, un buen estratega, pero cargado de amor propio. –No me hubiera importado matar a esas personas, de hecho, me venía bien, pero me temo que ya es demasiado tarde. Tenemos un nuevo oriental entre nuestras filas, y sé de buena mano que este en cuanto tenga libertad se volverá con los suyos. Mi objetivo es manipularlo para que se marche con información errónea, y mi deseo es que me ayudes con ello. Ya que no he podido cumplir con mi parte del trato tengo una oferta más sencilla para ti…


evaluación y recompensas:
AlptrauM, Hisan’na o como lo prefieras. En tu caso has sido la persona que mayor interés ha tenido en la trama, y todo lo que me has hablado offrol me ha dado ánimos para seguir con el proyecto de occidente que se llevará a cabo al final gracias en parte a ti. Has demostrado de sobra ser un chunnin, pues posees un buen nivel narrativo, una buena estrategia en batalla y un personaje original. Lo que quizás sí se ha echado en falta es que el personaje experimentara complicaciones, o miedo, o lo castigaras de alguna forma. Cuando el narrador y el personaje están totalmente de acuerdo entre sí no me gusta tanto como cuando uno va exponiendo la forma de ser del protagonista de una forma más parcial. De todas formas, tus aportaciones han sido las que más jugo le han dado a la trama y eres quien mejor ha sabido aprovechar el 100% de lo que tenía delante para sacar partido. Sin ti, Xander no habría abandonado el bando del rey, pues aunque lo hayan aprovechado los otros, eres tú quien lo ha desestabilizado. También, con tus acciones, vas a poder hacer que occidente goze de una importancia mucho mayor sobre la trama global si decides ayudar a Garon.

Tus recompensas serán las siguientes, de acuerdo con lo sucedido:

-La posibilidad de unirte al bando de Garon (aunque sea de forma temporal), y realizar misiones para la trama global que le sumen puntos a dicho bando.

- Tener la oportunidad de recibir una muy generosa cantidad de ryus en caso de lograr que Azazel crea firmemente que Shiryoku no Keiji es el aliado de occidente e informe a Kumo no bun’ya en busca de ryus o de paz o lo que se te ocurra.

-Poder controlar al rey como NPC tal y como lo haría un occidental. Puedes seguir la conversación en un tema propio. Las normas son que te mantengas fiel a la personalidad del mismo, que no puedas emplearlo en combate contra ningún usuario, que no puedas tomar decisiones importantes por él, que no pueda darte recursos… lo lógico. Es sólo para darle más sustancia a la trama. (recuerda que es manipulador y oportunista, sin escrúpulos. PERO que de cara a sus hombres, es el hombres más honorable que haya existido jamás. Incluso comprensivo y bondadoso)

-La que creo que te gustará más: poder pedir misiones relacionadas con Bijuus en tu tablón de misiones. Cuando completes las suficientes quizás se abra un evento narrado, o te invada la cuenta de narrador.



-Hogar, dulce hogar: Yeul

Salieron del barco y llegaron a casa, al país de la Tierra, justo al mismo puerto desde el que habían salido. Hiroyuki repasaba en su cabeza el discurso con el que empezaría el informe de lo averiguado. Se habían metido en la misión más complicada que ofertaba el feudo, pero, ¿por qué no había ido gente más fuerte en realidad? ¿Era sólo por aquello de no malgastar recursos? Mogura no era así.

Cuando entraron al castillo de Raiden, podrían observar a Sai, el ministro más importante del feudo, aquel mandado a hacer las negociaciones de alianza con el país del Rayo, de reunión. Estaba justo en frente de un hombre bien vestido y corpulento, rubio. Era curioso ver los delicados labios pintados de Sai, agarrando con tanta delicadeza su palmito y dándose aire para mover tan larga y morada cabellera, en frente de un hombre cuya frondosa barba y serena expresión asustarían a más de uno. Hablaban de algo importante: una guerra.

Tanto pelear la sacerdotisa por evitar una, y se había dejado empezando otra en casa. Parecía que el mundo y la realidad querían echársele encima a la muchacha de golpe. Shiryoku no Keiji había atacado, sin motivos, a Kumo no bun’ya, aliado de un aliado directo, Kiriyama. El país del Rayo le pedía a Mogura, mediante aquel ministro, apoyo militar en caso de que se diese el conflicto. El propio Sai, que siempre había huido de la guerra cuando había oportunidad, no podía negarse. Permitir ese tipo de acciones sin represalia alguna era sinónimo de desaparecer. Así iban las cosas en aquel mundo.

-¿Habéis llegado ya? ¡Cuánto me alegro! Sabía que lo lograríais. Son noticias mayores, así que no seré yo quien os atienda esta vez. –Sai daba por supuesto quien sería aquel que recibiese la información. –Sabes el camino, ¿verdad?

El Yamanaka asintió y empezó a avanzar. Aquel lugar donde le llevaría a la sacerdotisa sería, nada más y nada menos, que la sala privada de Mogura. Una que se conocía que estaba en el castillo, pero su acceso no era sencillo, sistema de defensa contra sicarios y espías de otros feudos. La vida del daimyo era difícil. ¿Qué encontraría al otro lado de la puerta? ¿Cómo sería él? ¿Qué pensaría de ella?

aspecto de Sai:



Evaluación y recompensas:


Has estado desmotivada con la trama y eso se ha notado en tu nivel de rol. Siempre que he roleado contigo he visto una chispa que no he encontrado en este tema, y eso me ha apenado bastante. No obstante, a partir de cierto punto, le has dado un muy interesante enfoque a todo. Te has metido en el papel de feudal, y has hecho que la realidad jugara contra los valores de tu personaje. Katta ha hecho algo parecido, pero él ha hecho que su personaje se antepusiera a dichas dificultades y las sufriera. En tu caso, has hecho algo que me ha gustado incluso más: has hecho que Yeul se viera desbordada por la situación y terminara cambiando: Evolucionando.

Tus recompensas, pues, serán las siguientes:

-Un tema narrado de encuentro con Raiden, en donde podrás tener la oportunidad en influir en él y que este lo haga contigo.

-Aunque no dé profundidad, tiene lógica. Eres quien ha vendido información a los feudos, así que mereces una mayor cantidad de ryus. Ganarás 10.000

-Un reconocimiento por parte del feudo, que te otorgará la siguiente pasiva social:

Élite: Por la fidelidad y dedicación mostradas, así como el gran desempeño en una misión de exploración, Raiden te ha nombrado miembro de un grupo secreto del feudo encargado de misiones de espionaje de otros feudos  y organizaciones. Los objetivos pueden ser tanto enemigos como aliados, pues uno debe de saber de quién fiarse y de quién no. Los privilegios de pertenecer a dicho grupo implican la posibilidad de interactuar con gente enemiga sin ser considerada traidora, de salir del país sin requerir explicaciones, y poder realizar informes sobre todo lo recopilado de algún feudo/equipo/organización para que Mogura adquiera más puntos dentro del evento de la trama global que está por llegar. (los informes serán elaborados en un tema cuyo link deberá de ser expuesto en el tema del “Registro de puntos de la trama global”. Los informes serán juzgados por alguien del staff. En caso de poseer mala información podría restar puntos)


recompensas globales:
Todo el mundo recibiréis 10 stats extra y 5000 ryus, como se ha hecho en todo examen chunnin.

Debéis saber que, aunque ha sido un esfuerzo tremendo y un dolor de cabeza, me ha encantado desarrollar esta trama gracias a lo que le habéis aportado todos y cada uno de vosotros. Me siento orgulloso de haber podido lograr que este foro encuentre un pequeño rincón nuevo para desarrollar tramas. Creo que con esto hemos hecho de este foro algo único y nuestro, que nos diferenciará de otros. Porque la historia habrá empezado como en Naruto, pero la hemos ido desarrollando con nuestros personajes y nuestras aventuras hasta un camino también emocionante. No saber qué será del futuro es lo que más me intriga,
¡espero veros allí!

Sorey Bokushi
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Re: [11º Examen chunnin] The prince, the king and the dragon

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