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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Misión de rango D: The next generation

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Misión de rango D: The next generation

Mensaje por Aburame Sashima el Lun Abr 17, 2017 2:44 pm

Misión:
Misión Rango D: The Next Generation

Lugar de la misión: País del Fuego — Bosques
Tipo de misión: Misiones Varias.
Descripción de la misión: Hoy en día, es difícil encontrar el entrenamiento apropiado si perteneces a un clan reconocido y no tienes a nadie con quien contar.

Shizuo Aburame es un joven talentoso en el Ninjutsu de solo doce años de edad. El problema principal, es que no tiene a quién acudir cuando se trata de los conocimientos que debe tener un Aburame. No es más que un huérfano, que descubrió su linaje hace tan solo cuatro meses. Tu deber es proveerle los conocimientos básicos que un miembro de los Aburame debe tener en cuenta, si desea convertirse en un respetado Shinobi de Kakkinoaru'en.


Recompensa de la misión: 500 Ryo
Extensión mínima de la misión: 50 Líneas.



NPC:

Aburame Shizuo

Clan Aburame
Elemento: Katon
Especialidad: Ninjutsu
Edad: 12 años
Rango: Aprendiz

Estadísticas:
¤ Ninjutsu: 5
¤ Taijutsu: 1
¤ Genjutsu: 1
¤ Velocidad: 2
¤ Fuerza: 1
¤ Resistencia: 5

Pequeña larva que se apresura a entrar en el capullo, débil y decaída, sola en la vida y sin más visión que la de sus ojos. Doce primaveras han acariciado su vida, y hasta hace poco, no había oído nada sobre sus padres, los cuales resultaban ser honorables combatientes del clan Aburame. Su padre, un viajante ermitaño, nada quiso saber de descendencia, y su madre cayó en su día... Pero resulta ser una historia bastante común en aquél feudo tan allegado a la guerra. Crecido entre otros jóvenes huérfanos, encontró su escape en el ninjutsu y sus Artes, pero nunca logró desarrollar más allá del elemento katon, pero nunca logró encontrar su verdadera identidad en ninguna modalidad de combate. Llegada cierta edad, se consideraba todo un genio en el empleo del elemento katon, el cual empleaba como cualquier ninja entrenado al nivel de un genin. Con apenas diez años de edad, ya formaba parte en combates de entrenamiento con algunos amigos, todos ellos genin, pero ninguno le llegaba a la suela de los zapatos en el uso del ninjutsu. Pero todo cambiaría, cuando la llamada de alguien a la puerta de su hogar, le entregaba documentos sobre la identidad de su familia, identidad que a nadie ha desvelado, más allá de un detalle, el que anteriormente se mencionaba: Su verdadero linaje era el de aquellos shinobi capaces de manipular la voluntad de los insectos a su antojo, moldeable como la arcilla e indudable como la lluvia, el kikaichu no jutsu, era la doctrina que el pequeño Shizuo debía aprender a dominar de inmediato, pues esa era la pieza que le faltaba a su puzle.

* * *

Se gozaba de un día primaveral en el bosque de la hoja, y el joven Shizuo, bajito, cabezón y con cabello verde, alcanzaba un kunai clavado en un árbol sujetando una nota, en la cual, parecía haber instrucciones. En la otra mano, un montón de ellos agrupados por todo el bosque. El joven portaba unas ropas poco comunes, pero apreciables como las de un ninja del clan Aburame, la cual era la primera de las notas que el pequeño encontraba junto a su lecho, que ordenaba vestir esas ropas para la toma de contacto con el nuevo aprendiz. Éste es un feudo en el que la tradición que pasa de maestros a aprendices es la que mantiene vivo el espíritu bélico, por lo que respetarlo es esencial... - ¡Aagggh...! ¿Por qué me tiene que hacer dar tantas vueltas? Vaya pelmazo de día... - protestaba al viento el joven shinobi, y tras eso, volvía a correr en la dirección indicada. Adelantándose con gran velocidad y manteniendo con su mano la capucha y con la otra los papeles que indicaban aquél camino. La siguiente indicación sería la última, aunque eso no lo definía aquella nota - A ver... Cuando la tal... sigue a la abeja, bla bla bla... Te encontrarás con tu futuro, bla bla bla... Menuda es la sensei, cómo se enrolla... - leía el pequeño. Tras ello, continuaba con su incómoda carrera, molesto con tan holgadas ropas. Al final de la carrera, encontraba una abeja, pero no una cualquiera, era una abeja reina, la cual parecía mirar de frente al chico. Alzando al vuelo, se apreciaba un leve zumbido, y comenzaba a volar en una dirección, a una velocidad que el joven no alcanzaba ni por asomo. El chiquillo, apurado, trataba de continuar al invertebrado, sin demasiado éxito, hasta que llegó a un claro, extraño, en el cual se observaba un ambiente distinto.

En el mencionado lugar, el chico observaba como la abeja se posaba en el hombro de una imagen humanoide bastante reconocida por él... Porque era él mismo, precisamente. Portaba las ropas que Sashima había entregado a Shizuo, las mismas gafas, el mismo ropaje, pero no encontraba en él su esencia, pues parecía un ser completamente distinto a su yo real. El chico otorgaba con su silencio, en un intermedio entre terror y excitación por la situación, pues parecía ser un entrenamiento bastante extraño... ¿Qué aguardaría su nuevo sensei? De momento, el extraño Shizuo amigo de las abejas ni siquiera se movía, ni hablaba ni nada, mudo completamente le miraba a los ojos, o al menos eso parecía ante aquellas gafas. Shizuo retiraba sus gafas para ver mejor a aquél sujeto, mostrando unos enormes y brillantes ojos verdes. Ahora, con más claridad, observaba como aquél doble no era exactamente cómo él, y que a su alrededor, había insectos revoloteando, y a éste ni siquiera le importaba - Perdona... ¿Serías tan amable de indicarme de qué se trata ésto? - preguntaba el aprendiz, el cual no encontraba explicación por mucho que buscase sentido a todo aquello. Pero no, no había suerte con aquella empresa - ¡Eh! ¡Vamos, habla! - exclamaba cuando empezaba a perder los nervios. Entonces, desde lo alto de la rama de un árbol, colgada por una de sus piernas de un hilo fuerte como el acero, cual arácnido se tratase, la imagen de aquella muchacha que resultaría ser la nueva maestra de Shizuo. El joven observaba maravillado como bajaba lentamente, con el cabello alborotado hacia abajo, dado que estaba boca abajo, justo al lado de su doble - ¿Cómo es que pretendes hacer que te obedezca tu otro yo, si ni siquiera te conoce, ni eres capaz de medir su fuerza? ¿Crees también como aquellos ingratos humanos que los insectos somos inferiores? - desafiaba la Aburame sin mostrar, como siempre, ninguna afiliación emocional - Para ser una colmena, debes conseguir que te respeten... Si no, es mucho más posible que hagas de alimento para estos seres. Tú eliges...

El joven, dispuesto a seguir cada orden de su nuevo maestro, se veía en una encrucijada, pues no sabía qué debía hacer a continuación. Simplemente había llegado, presenciado una especie de doble suyo y ver como llegaba la chica del clan Aburame a decirle que así no era como lograría su objetivo... ¿Qué había hecho mal? No le había dado tiempo ni de dirigirse a su sensei y ya la estaba cagando... Mal empezamos - Muy buenas señora, mi nombre... - trataba de arrancar el tímido muchacho, pero para su impresión - ¿Acaso crees que a un insecto le importa el nombre de alguien o de algo? ¿Crees que supondrá por algún motivo un avance en el estado de tu entrenamiento el poder conocer tu nombre? En éste lugar... No eres nadie, solamente un desconocido al que todos, menos yo, te consideran un intruso... Y como mi voz aquí es la ley, de momento te salvas... No me hagas desentenderme de tu destino y entregárselo a las criaturas que desde las sombras salivan por tu chakra - amenazaba Sashima con frialdad, mientras con gran agilidad volteaba su posición y se posaba en pie sobre la superficie del bosque. Shizuo comenzaba a sentir verdadero pánico, tragaba saliva y le temblaban las piernas, y con la vaga esperanza de saciar su tensión, apretaba sus puños y sus dientes, tratando de mantener la mirada con la nueva maestra. Comenzaba de verdad a impacientarse, no sabía qué decir ni qué hacer, pues parecía que cada acto que realizase, supondría un desafío por parte de aquella chica. Sashima le observaba tras sus gafas, analizante, cuidadosa y selectiva. Comenzaba haciendo que el joven entendiese que emplear el kikaichu no jutsu no iba a ser coser y cantar, que tendría que saber mantener su temple y saber comportarse como Sashima pensaba que tendría que hacerlo un verdadero Aburame... Como el líder de una colmena, dirigiendo cada acto de sus miembros con sabiduría.

Aquél lugar olía a muerte, era un lugar en el cual el chico podría desaparecer y no volverse a saber nada de él. Su respeto por los insectos comenzaba a hacerse notorio, y el miedo a las consecuencias de equivocarse comenzaba a desembocar en terror silenciado por el mismo respeto y miedo por morir. Su estadía en el bosque comenzaba a hacerle pensar que éste era el peor día de su vida, y sólo acababa de llegar. La joven seguía mirando impasible al muchacho, observando sus primeras reacciones. Se giraba ciento ochenta grados y respondía mientras caminaba - Vamos... Sígueme, si es que quieres comenzar tu adiestramiento... Pero recuerda que no hay marcha atrás. Tu condición actual como humano se quedará aquí para siempre una vez sigas adelante... - a lo que el doble del chico seguiría sus pasos. El chico se lo pensó dos veces, comenzaba a sudar de verdad y a ponerse en una situación en la que posiblemente tuviese más ganas de salir de allí por piernas que una pobre mosca de una telaraña, pues era esa exactamente la sensación del muchacho. Shizuo dió un par de pasos atrás, e incluso miró a su espalda, a la claro da del bosque que había dejado atrás... ¿Pero sabría volver sólo? ¿Llegaría vivo a casa? ¿Le quedaba acaso otra opción que seguir adelante? Fuera como fuese, así lo hizo, y para alcanzar a Sashima, con una carrera bastó. Al alcanzarle comenzaría a mirarla, cosa que a su maestra no le importó en absoluto, ignorando casi sin querer al aprendiz. El joven miraba a su alrededor, y enormes colmenas se hallaban en el lugar, cuerpos de criaturas recubiertos en telas de araña, e incluso siluetas de un material que recordaba a la seda que al joven le resultaban preocupantemente familiares a la de un humano... ¿Sería el primero que entra? Al menos esperaba ser de esos que salen, los cuales no se sabían cuántos podían ser.

Alcanzado cierto punto, el bosque a tornaba como una celda sobre él, y de nuevo la inseguridad se a poder de su alma. Sashima se paraba en seco sin mediar palabra, y el joven clon de Shizuo lo hacía un poco más adelante. El chico, tras unas gafas a las cuales aún debía acostumbrarse, observaba todo el panorama, infame como ningún otro paisaje, parecía sentir algún tipo de atracción por todo aquello, pues la sangre comenzaba a tirar. Sashima miraba al pequeño a los ojos directamente por primera vez, sería para no variar, y se dirigía a él por su posición - Soldado... La colmena te da la bienvenida al que será tu actual hogar, al menos hasta que decidas abandonar ésto voluntariamente siguiendo tu instinto primitivo del miedo o que te conviertas tú mismo en una colmena y decidas marcharte junto a tus súbditos. Tienes suerte de que el feudo Kakkinoaru te tenga en la estima de dejar tu entrenamiento en mis manos, pues sólo yo entiendo la verdadera esencia del clan Aburame, y no esos tipos que viven en sociedad... No saben nada. Te ofrezco la oportunidad de poder tomar parte de tu otro yo, conformado por un montón de insectos, los cuales darán la vida por ti de ser necesario, lucharán por ti de ser necesario y, puede que algún día, formen parte de ti si es necesario... Como un sólo ser... Esa es la esencia de una colmena - explicaba la Aburame con un aire profundo. El joven comenzaba a sentie de verdad lo que allí ocurría, y no era otra cosa que aquello: Sashima quería crear a un miembro del clan Aburame con una disciplina completamente distinta a la que el clan propone originalmente... Una doctrina radicalizada, llevada al extremo de su realidad, el rechazo a lo humano, y la intencionalidad de formar a un ninja como si de un insecto se tratase. ¿De verdad Shizuo podría transformarse en eso? Y si podía... ¿Querría? Al menos, por ahora, el joven sabía de buena mano su no, pero al menos esperaba poder hacer que le enseñe todo el repertorio de técnicas del kikaichu no jutsu y después volver - Bien... Para empezar, debes aceptar a tu colmena, ofrecer tu cuerpo como fuente de chakra y como esencia de su colmena, dar seguridad a los kikaichu a cambio de que ellos te la den a ti... Y ésta será la primera parte de tu entrenamiento - introducía Sashima, solemne y directa. Shizuo no entendía como lo debía hacer, por lo que con todo el corte que suponía hasta ahora preguntarle algo a la antipática sensei, trataría de obtener una aclaración - ¿Y cómo debo hacerlo? ¿Cómo esos kikaichu vendrían a mi? - interrogaba Shizuo con rostro nervioso. Sashima le observaba seriamente de nuevo, y ésta vez, sonreía tras unos segundos - Preguntas directas y concisas, así me gusta... Tienes la respuesta en ti mismo... Tu chakra atrae de forma natural a los kikaichu, a pirran por el chakra de un miembro de nuestro linaje. Solamente debes ponerte frente a ellos, y con el deseo que se crea en tu mente, ese pensamiento, consume chakra que ellos detectan, y con ello entenderán qué es lo que buscas de ellos, y sabrán actuar de forma natural e impulsiva sobre esa orden, pues los kikaichu son seres cuya naturaleza es ésta... Puedes probar, aquél doble no es más que una masa de bichos bajo mis órdenes, que han tomado la forma que yo les he asignado y que han de esperar a alguien capaz de darles cobijo, pué han sido abandonados de mi colmena, y si no consigues realizar ésta primera etapa, en menos de tres horas habrán muerto todos, dado que su esperanza de vida es esa misma... En cambio, si se alimentan de tu chakra, podrán criar a partir de él, incubar otros kikaichu y hacer de tu cuerpo una colmena... Es decir, cumplir el destino que se te impuso al nacer en el seno del clan Aburame... - expuso orgullosa la muchacha. Shizuo, horrorizado por el hecho de que aquél clon fuese un manojo de insectos abandonados, sin destino ubicado por ella al hacerlo, y que no fuesen capaces de tomar represalias con esa muchacha por tal atrocidad, dado que era su dueña, entendió la responsabilidad de poseer kikaichu, pues su vida dependía solamente de lo que él decidiera, pensara u obrara. Ésta, sin duda, era la primera fase: sentir empatía por aquellos seres, comprenderlos y aceptarlos como compañeros, y sin darse cuenta, el chico lo estaba logrando. Se acercó sin pensarlo al doble, decidido a tomar el control de aquellos seres. Shizuo se puso frente a él, y le aguantó la mirada de forma continuada durante mucho tiempo, pero aquellos no respondían a las órdenes que él pensaba como dijo Sashima. La kunoichi le observaba detenidamente, mientras el chico, se iba frustrando progresivamente.

* * *

Durante dos horas, el joven se mantuvo concentrado frente a aquél clon, y Sashima parecía observar sin ningún tipo de problema, como si estuviese inherte en aquél lugar. El joven comenzaba a impacientarse, pero entonces algo ocurriría. De pronto, uno de los insectos que rodeaban al doble, se parecía tantear a acercarse al joven fruto de la insistencia. El muchacho se centraba ahora en ese ser. Revolotean frente a él, acercándose y alejándose de inmediato, pero poco a poco se acercaba más y más. Fue entonces cuando el joven, en un intento desesperado, expuso su mano, intentando que el insecto se posara sobre la misma. Al hacerlo, el insecto respondería, y tras hacer el amago un par de veces, terminaba paseándose por su mano, haciendo terreno. Entonces, otro se posaba en su nariz, y otro más en su oreja, y poco a poco, los insectos iban acercándose a él. Confiado y jubiloso, miró de nuevo a su doble, al cual alargada su mano con el puño, a la espera de que éste respondiera lo mismo. El clon de insectos le miraba, luego de nuevo a su mano, rodeada por algunos insectos, y al chicar el puño, se descompuso en una masa de kikaichu que fueron introduciéndose entre las holgadas ropas de Shizuo, entendiendo así el por qué de aquella vestimenta. Cuando al fin sintió que todos estaban con él, se puso muy contento, levantándose y alzando la voz al tiempo que daba saltos de alegría - ¡Sí! ¡Lo he conseguido! ¡Soy la pera! - exclamaba el joven alzando sus puños al cielo. Sashima, orgullosa en el fondo, respondía con frialdad de nuevo - Sí... Una pera podrida, por eso atraes insectos

Tras aquello, la kunoichi tenía que avanzar un poco más, para lo cual ya había completado el objetivo más difícil, que el chiquillo aprendiera a manejar a los kikaichu, lo siguiente, según se entendía, era lo más fácil. El chico era un gran ninja, realizaba justus a un nivel de genin, sin siquiera ser considerado oficialmente como shinobi. El joven y su maestra descansaban ahora en el interior de la cueva, en la cual, el joven se alimentaría junto al resto de la colmena: arañas enormes, hormigas, abejas, avispas e insectos jamás vistos por sus ojos. En aquél lugar cabían desde larvas que buscaban un buen lugar para elaborar su capullo hasta arácnidos y otras especies de artrópodos. Sashima estaba familiarizada a aquello, pero al joven Shizuo le costaba un poco mantener la calma en tal situación - Sensei... ¿Qué vas a enseñarme ahora? ¿Será muy difi...? Digo... ¡Estoy deseandito empezar a entrenar otra vez! - corregia el muchacho, buscar no dar mala impresión, a pesar de estar entusiasmado. La chica le miraba mientras masticaba unas frutas que había tomado, y dejándola a medias y mientras aún comía, salía al exterior dispuesta a continuar. Lo que resta del día estuvo enseñando al joven las técnicas básicas del kikaichu no jutsu, las que ella conocía. El joven se mantuvo a un nivel notable, incluso cuando la chica decidió poner a prueba su destreza parando golpes con los insectos, logró parar los casi todos, aunque Sashima no es que fuese un genio del taijutsu.

El joven llegó a la noche conociendo todas las técnicas de kikaichu no jutsu, algo que no cabía de esperar cuando el joven entró en aquél bosque meandose en sus pantalones nuevos. Así, viendo lo visto, a Sashima tan sólo le quedaba un último punto... - ¿Y de qué se trata? ¿Hay algún jutsu nuevo que me puedas enseñar? ¡Vamos a aprenderlo, por favor! - exclamaba entusiasmado el muchacho. Sashima le observaba tan seria como siempre, mostrándose fría en todo momento con el chiquillo al igual que con cualquier otro ser. El joven parecía haber normalizado el movimiento de los insectos entre sus ropas, hecho migas con ellos y rozado la perfección en cada acto del día de hoy, y Sashima comenzaba a pensarlo... ¿Sería buen momento para poner en marcha su plan...? Conseguir poder no es más que un trabajo más, que duro, al fin y al cabo es realizable. El poder de un rey se ostenta en sus siervos, y todo a hasta ahora eran artrópodos... ¿Por qué no contar con un joven con tales cualidades? Aún podía ser educado en su doctrina, aún podía ser rescatado de la estupidez de los humanos... ¿Acaso no era Sashima uno de ellos en su día? - Sigueme y no te alejes mucho... Vamos a ver de qué pasta estás hecho - proponía la Aburame en tono calmo y pensativo. El chico, ilusionado, le siguió a ciegas hasta donde le llevase, sin saber que el lugar al que se dirigían podía ser el final de su inocencia... Pues una vez vista la sombra del bosque Konoha, no se puede salir como humano... No hay vielta atrás.

Sashima observaba desde las sombras, una presa... Humana. El joven miraba extraño, pero al poco se daba cuenta de lo que pasaba, Sashima esperaba que él enviase a sus nuevos insectos a por ese tipo que ahí estaba - Pero... Sensei... No puedo, no me está permitido - sollozaba el chico. Sashima miraba al joven, algo desilusionada, pero al fin y al cabo sabía desde el principio que ésto pasaría. Mostrando una mirada tierna, el joven pedía a Sashima su no hiciera eso, que no debía acabar con la vida de aquél sujeto, y por algún tipo de milagro, por alguna plegaria del cielo, la Aburame dejó al extraño viajero que se marchase, y tras darse la vuelta, se marchaba. Shizuo, aliviado pero triste, volvía con ella, y una vez alcanzado el mismo lugar de antes, Sashima se dispuso a ofrecer un balance - Bueno... He de decir que en un sólo día has logrado avanzar muchísimo. Has logrado dominar a los insectos a tu antojo, y has sabido emplearlos correctamente... La última parte... En fin, qué más da. Solamente te digo una cosa: Los insectos no son seres comunes, como nosotros, que entendemos nuestros límites sin más. Ellos son supervivientes, y debes ser como ellos... Si quieres sobrevivir, debes ser fuerte, igual que un insecto. No tendré problemas en que seas mi aprendiz si quisieras, tú decides. Pero si crees que no deberías quedarte, puedes volver, sé un humano, y cuando todo acabe para ti, sé recordado y tal, como todos ellos buscan... Yo seguiré siendo el alimento de mis siervos... Hasta que se me olvide por completo -

La perversidad de Sashima asustaba al joven Shizuo, por lo que se fue. Sashima cumplió su cometido con Shizuo, logró completar con bastante éxito el entrenamiento del muchacho, y no hubiera sido posible sin su gran entendimiento del ninjutsu. Por su parte, el chico siguió viviendo con los humanos... Pero no duró demasiado. Sus insectos le tiraban, ellos habían provenido del bosque, y no era lo mismo estar allí, entre seres extraños, por lo que un día, Shizuo volvió, dispuesto a ser tomado como discípulo de Sashima - sensei.
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