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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Entrenamiento recién llegado.

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Entrenamiento recién llegado.

Mensaje por Bakudoki el Dom Mayo 21, 2017 8:43 pm

Ocho años han pasado desde la última vez que estuve en el País del Fuego. Ocho años desde que me separé de mi hermano, desde que supe de él por última vez. Nunca pensé que volvería por aquí, pensé que ya me habría establecido en algún otro lado, pero nunca se dio la oportunidad, así que, debido a la proximidad del que fue mi emplazamiento momentáneo con este país, decidí volver. Curioso es el destino, volver con intención de finalizar el viaje justo en el lugar en el que empezó.

El día era maravilloso. El cielo estaba despejado, los pájaros cantaban, y la la temperatura rondaba los 28 grados, pero una agradable brisa veraniega la suavizaba. El día era idóneo para viajar: había sufrido durante mis muchos viajes distintos climas adversos, lluvia, tormentas, frío gélido, calor asfixiante...así daba gusto.

La gente entraba y salía del país por la frontera. Había una afluencia bastante grande, como solía ser habitual, pero no terminaba de acostumbrarme. Durante muchos años había estado sólo con mi hermano en el Bosque de la Hoja, de este país, y antes de eso nunca estuve en contacto habitual con alguien que no fuera él. Después de irme sólo, vagaba por el mundo, relacionándome lo mínimo para cumplir encargos para ganarme la vida y comprar cosas en los distintos puestos de los pueblos.

Bueno...aquí estamos de nuevo, hm. - Pensé nada más atravesar la frontera, con paso relajado, y un hatillo en el que tenía todas mis cosas. La gente me miraba, normal pensaba, debido a que mis pintas no eran muy comunes. Me tapé parte del rostro con el cuello de la capa y ajusté mi sombrero mientras proseguía mi camino.

Avancé hasta entrar en el Bosque de la Hoja, lugar familiar dónde estuve viviendo varios meses con mi hermano. Yo conocía el bosque a la perfección por el tiempo que viví allí, conocía su fauna, su flora, dónde estaban los emplazamientos, el tiempo que tardaba de una punta a otra del bosque... Todo. Como la palma de mi mano. Avanzando tranquilamente, disfrutando del clima, me vino a la mente un claro del bosque en el que nos relajábamos mi hermano y yo. Estaba cerca de un riachuelo y, lo más impactante, es que estuviera justo detrás de una montaña. Sí, una montaña, en el País del Fuego, conocido por sus extensas llanuras. Era algo muy poco habitual, que hacía que le cogiésemos aún más cariño al lugar.

Me adentré en el bosque y comencé a andar, conocedor de la dirección en la que estaba el riachuelo. Tras unos minutos andando, llegó a mis oídos el sonido del riachuelo. Esbocé una nostálgica sonrisa y continué hasta encontrarlo. Seguí el flujo del riachuelo, adentrándome más aún en lo profundo del bosque, hasta encontrar el claro. Cansado por el viaje, me puse bajo la sombra de un árbol y, tras dejar el hatillo a mi lado, me coloqué el sombrero en la cara para dormir un rato. A la media hora, volví a abrir los ojos debido a un golpe de viento que casi hace que se me vuele el sombrero, y, agarrándolo para que no se alejara de mi, empecé a mirar a la nada, invadiéndome los recuerdos del tiempo que pasaba aquí con mi hermano. Éramos niños y, ahora que era un hombre hecho y derecho conocedor de lo cruel del mundo, echaba de menos esos momentos en los que sólo me tenía que preocupar de vivir junto a mi mejor compañero de aventuras. Pero ya no está, y no sé si volveré a verlo. Esperaba que sí, y tenía curiosidad de ver cómo habría cambiado después de tantos años, si sería un ninja como él, si sería más fuerte que él, si habría encontrado amigos, o pareja...

Debo pensar dónde quedarme, y qué hacer con mi vida a partir de ahora.- Me levanté, dejé el hatillo debajo del árbol, donde estaba, y empecé a estirar los músculos. Bueno, en lo que lo pienso, lo mejor será ir entrenando un poco.- Me quité el sombrero, lo coloqué junto al hatillo y me desabroché mi túnica, dejando ver la camisa de malla que llevaba debajo, hasta que finalmente decidí quitármela y dejarla junto al resto de cosas. En el lado norte del claro colindaba una pequeña montaña, algo extraño en el País del Fuego, ya que es casi todo llanura, pero casualidades del destino, allí se hallaba, imponente... y perfecta para entrenar.

Vale, montañita... allá vamos. Te voy a mostrar un poco de mi arte.- Tras decir esto, comencé a calentar, dando vueltas por el claro al trote. Cuando comencé a sentir mi cuerpo caliente, empecé a estirar los brazos y las piernas, sobretodo los abductores, para evitar cualquier tipo de lesión o sobrecarga. A pesar de tantos años de entrenamiento físico y de sobrevivir a las adversidades del clima, uno siempre debe cuidar su físico, y más cuando es su herramienta de subsistencia.

Tras unos minutos, acabé de calentar y comencé a pensar por qué empezar. Vale...creo que lo ideal sería empezar con un poco de entrenamiento físico.- Tras decidir, avancé hasta uno de los numerosos árboles y comencé a propinarle una serie de golpes. Puñetazo tras puñetazo, y patada tras patada, comencé a deformar su tronco debido a la fuerza de los golpes...y a notar la sangre brotar de mis nudillos pelados. Pero eso es lo de menos, ya lo trataré después. Además de eso, de vez en cuando practicaba esquives, saltando de allá para acá de forma rápida.

Me animé a probar otro tipo de esquive, uno que llevaba un tiempo perfeccionando, esquivar utilizando mi propia arcilla explosiva. Se me había ocurrido utilizar una explosión controlada de arcilla, muy rápida y sin siquiera dar forma a la arcilla, para impulsarme hacia los lados, y ya tenía una idea de la arcilla que podía utilizar para hacerlo sin hacerme daño. Bien...probemos a ver qué tal.- Abrí la faltriquera en la que guardaba la arcilla y rápidamente metí las bocas de mis manos en ella, para que la cogieran. Vale... esta cantidad debe ser suficiente.- Salté levemente y, con la mano derecha, solté la arcilla y la hice detonar en el mismo instante, haciendo que saliera desplazado en el aire varios metros. Cuando fui perdiendo fuerza y velocidad, maniobré en el aire lo suficiente como para caer de pie y sin hacerme ningún rasguño. Vale, ya lo controlo. Tal vez podría poner incluso un poco más de arcilla, para cuando quiera salir más lejos...-

Terminada la sesión física y de esquive, me propuse pasar al ninjutsu. Me coloqué a varios metros de la montaña, y comencé a llenar nuevamente de arcilla mis bocas.Vale...probemos la velocidad.- Rápidamente, comencé a tirar cinco pájaros de arcilla que moldeaba a una velocidad vertiginosa en dirección a la montaña. Estos pájaros eran del tamaño de mi mano más o menos. Cuando estaban a punto de impactar con la montaña, levanté los dedos índice y corazón de mi mano derecha. ¡Katsu!- Los cinco pájaros detonaron al unísono, abarcando un radio de explosión de tres metros, haciendo huir a los pájaros de los árboles cercanos por el estruendo y haciendo magulladuras a la montaña. Debido a la explosión, comenzaron a haber pequeños desprendimientos de rocas que estaban sueltas.

Pasemos al nivel dos...hm.- Volví a meter la mano izquierda en la bolsa de arcilla, pero, esta vez, cuando la sacaba metía la derecha rápidamente, de forma ya mecánica, para tirar los pájaros a una velocidad mayor. Gracias a la velocidad a los que la tiraba, habían unos 15 pájaros avanzando hacia la roca debido a la inercia inicial, aunque sólo cinco de ellos estaban controlados por mi. Cuando se aproximaban a la roca los cinco últimos, que tenían un medio segundo de márgen respecto a los iniciales, volví a levantar los dedos de mi mano derecha. ¡Katsu!- Detoné esos cinco y se formó una reacción en cadena que los hizo detonar a todos, creando una explosión tal que fue capaz de hacer una abolladura en la pared de la montaña. Continué haciendo esto durante una media hora.

Tras ello, comencé a crear distintos tipos de formas con la arcilla que me quedaba, y comencé a detonarlas, más que por entrenamiento por hobby, ya que me encantaba disfrutar de mi arte, lo efímero de las explosiones, su sonido atronador, su potencia... Era perfecto. Mi arte era perfecto.

Vale...creo que por hoy es suficiente, hm.- Dije entre jadeos debido al duro entrenamiento. Realicé los últimos estiramientos, y una pequeña vuelta para volver a la calma. Tras ello, fui a un riachuelo que había visto al llegar al claro, no muy lejos, y me refresqué la cara, me quité la ropa y me di un pequeño baño para quitarme el sudor. Mientra me aseaba, volvió a mi cabeza mi hermano, el cómo nos bañábamos juntos aquí en verano y hacíamos peleas con el agua, nos hacíamos ahogadizas y peleábamos, discutiendo sobre quién de los dos sería un shinobi más fuerte. Lo echaba de menos, aunque no sabía exactamente si a él o a esos momentos de mi vida, mi infancia, donde no me daba cuenta de las cosas que pasaban a mi alrededor. También pensé en mis padres, pero no de una forma cariñosa, sino más bien triste. Nos abandonaron por su estúpida ideología radical, sí, no eran los mejores padres del mundo. Pero eran mis padres, y nos mantuvieron a mi hermano y a mi con vida hasta que nos tocó cuidarnos solos. ¿Seguirían vivos? De ser así, estarían pudriéndose en alguna prisión de la capital de este país. O no, quién sabe, pero no estaría mal tampoco descubrirlo.

Salí del agua y me senté en una roca al sol, para comenzar a secarme. Me puse a observar a una pequeña manada de lobos grises, abundantes por esta zona, que bebían agua del riachuelo. A pesar de percatarse de mi presencia, al estar en manada no era algo que les molestara en exceso, más bien estaban a su rollo. Habían tres cachorros de lobo y 4 grandes. La madre de los tres cachorros comenzó a lavar las partes secas que les quedaba del pelaje con la lengua, cosa que no les gustaba, mientras los machos seguían bebiendo agua tranquilamente.

Unos minutos más tarde, ya seco y vestido, volví al claro, cogí mi hatillo y mi sombrero, y me volví a poner mi capa.  Con el entrenamiento finalizado, ahora tocaba la parte más difícil, encontrar dónde quedarme. ¿Y si es el momento de intentar establecerme en algún lugar? Este país no estaba mal, y fue el último al que llamé "hogar", aunque fuera por sólo unos meses. No estaría mal, es una opción que me tenía que plantear. Bueno, en lo que me lo pienso, debo ir a comprar comida...y a buscar dónde pasar la noche.- Musité, para, tras colocarme el sombrero, comprobar cuánta arcilla me quedaba después del entrenamiento y ver las armas que tenía.

Vale... tengo kunais, y tres faltriqueras más de arcilla. Debe ser suficiente durante un par de días al menos.- Dije para mi mismo, para volver a guardarlo todo. Ahora era momento de volver a viajar, esta vez para la capital, a buscarme la vida y ver si, por fin, esta vez sería el punto y final a la vida nómada del joven Bakudoki Nendo.
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