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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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— The Crumbling of Creation

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— The Crumbling of Creation

Mensaje por AlptrauM el Lun Mayo 22, 2017 5:09 am



Una sonrisa se dibujó en su rostro. No aquella que dejaba ver de vez en cuando a otras personas donde lo retorcido de su personalidad salía a relucir.  No, aquella era absolutamente genuina. De aquellas que pocas veces en la vida de una persona se manifiestan, de esas espontáneas que sólo aparecen cuando algo realmente lo satisface a uno. El heredero al trono había abandonado las filas de su padre, el rey. Dejándolo sin heredero, a portas de una posible guerra. Una nueva alianza entre aquellos individuos había sido forjada. La naturaleza de aquel trato, haría que más pronto que tarde, el mismísimo rey de occidente viese al Alhazred como un hombre a mantener a su lado, un hombre de confianza en los eventos por venir.

Lo había logrado. No sólo se había infiltrado en occidente, logrado llegar al círculo más íntimo de quienes tomaban las decisiones, sino que ahora se situaba ante la posibilidad de ser uno de los hombres más influyentes en un Rey que veía como la semilla de la duda era plantada en la mente de cada hombre de su nación. Claro, nadie había abandonado el lugar acompañando al joven ex-príncipe – excepto claro, sus más leales -, pero aquel discurso de despedida haría que poco a poco la desconfianza comenzara a crecer, no sólo por parte de los que juraron lealtad a Garon, sino en el rey mismo. Situación que pronto le sería revelada, cuando el manipulador comenzara a esparcir su veneno por el cerebro del regente.

El Rey, se arrojó en aquella enorme silla que había al fondo de la habitación privada. El aún prisionero, repitió el gesto realizado momentos antes de que todo aquello ocurriese, e hizo sonar aquellas esposas. Era hora de ser liberado, pues ahora eran aliados y esa, no era forma de tratar a los iguales. Aunque claro, por el momento, ninguno se veía como par. Sin decir palabra alguna, el anciano le arrojó las llaves y alzando ambas manos, cogió éstas. Rápidamente, se liberó de ellas y las dejó caer al piso, sonando al golpear las piedras que perfectamente encajadas, formaban un mosaico. Sobándose las muñecas, ya que los grilletes habían estado tan ajustados al punto de casi cortarle la circulación, se digirió al Rey, ahora que por fin estaban completamente solos.

— Así que solamente una persona ha decidido quedarse en esta desolada tierra. — A un costado de la habitación, había una pequeña ventana, la luz que entraba por aquella no permitía que el cuarto fuese iluminado por luz natural, pero era lo suficientemente grande como para poder observar los dominios del hombre a quien ahora le daba la espalda, pues el momentáneo oriental se había acercado a ella. Independiente de la situación en la que se encontrase, siempre podía aprovechar de disfrutar los rayos del sol, los cuales a esas alturas, eran los últimos del día, dando aviso que la noche se aproximaba, y con ella, los horrores de aquella tierra maldita.

La voz ronca y grave del soberano se escuchó por encima de los hombros del pelinegro. — Uno, diez o mil, eso da lo mismo. Aquellos que ahora marchan a través del desierto para regresar a sus hogares, donde serán interrogados, que se van sólo con lo poco que han visto. El que ha decidido quedarse, es quien podrá obtener más información sobre nosotros. — El pelinegro se volteó, apartando la vista de aquel magnífico atardecer. Mientras el Rey hablaba, hizo una pausa para coger una copa hecha de una especie de material óseo y con su diestra tomó la jarra que se encontraba junto a la copa, y dejó caer un líquido púrpura. Acto seguido, hizo lo mismo con otra copa igual a la anterior y la acercó al borde de la mesa. Ofreciéndosela al Alhazred.

— ¿Cuál es tu nombre? — Preguntó, pues debía saber cómo dirigirse al hombre frente a él, no le agradaba en lo más mínimo saber siquiera el nombre de con quien desde ese punto, buscarían la forma de destruir oriente. ¿Su nombre? Nunca había tenido uno, no al menos uno que verdaderamente sintiese propio. Tenía aquel que le había entregado el viejo Röxus hacía ya demasiados años atrás. Aunque durante todo el tiempo que compartieron, él siempre tomó con cariño como su maestro se refería a él, nunca lo sintió como suyo. Es por ese motivo que siempre había preferido el apodo entregado por aquella persona “Alhazred”,  pero eso no era su nombre. Tomó la copa que el Rey le ofrecía, aunque beber no era de su total agrado, no podía hacer un desaire. — Keiran. — contestó, alzando el recipiente y llevándolo hacia adelante. “Keiran”, recordó sus sueños – más bien pesadillas – donde era llamado así por algo que hasta el día de hoy no podía identificar, pero si este era un nuevo comienzo, era mejor comenzar desde cero.

— Keiran, por el futuro. — y Garon llevó su jarra, golpéandola contra la que sostenía su contraparte. Que distinto era aquel hombre de sus hijos. ¿Cómo un hombre así podía haber tenido semejante estirpe? Pero claro, una cosa era cómo era como hombre, y otra, como había sido como padre. Si había tenido la capacidad de hacer que un pueblo entero lo siguiese, ¿Cómo no podría hacer que sus propios hijos lo hicieran? Quizás eso era algo para preocuparse más adelante, a medida que fuese conociendo mejor al hombre cuya blanca cabellera demostraba los años que cargaba encima.

Ambos bebieron un largo y tendido sorbo de aquella bebida. El Rey, que claramente estaba más acostumbrado a beber habitualmente, fue el primero en dejar la jarra sobre la mesa. Keiran, pronto hizo lo mismo, y mientras hacía eso, procedió a asuntos más importantes. — Aquel nuevo oriental. ¿Pertenece a algún feudo? — Aquello era de suma importancia, debido a que haría gran diferencia al momento de entablar cualquier tipo de relación con él —. Según lo que ha dicho, no pertenece a ningún feudo, pero que es… o más bien era, parte de una pequeña ciudad en algún país sin relevancia alguna para nosotros

Había una silla junto a Keiran, algo más pequeña que la del Rey, y éste hizo un gesto en señal de si podía tomar asiento, a lo cual respondió con su simple gesto. — Temo que ahí debemos estar en desacuerdo — dijo mientras tomaba asiento; y una vez instalado, continuó. — Sí, que él no sea de ningún feudo no es de relevancia para nosotros, puesto que el objetivo es el tráfico de información. Pero su ciudad si lo es, claro, yo no sé de qué ciudad en qué país proviene, pero en oriente, las naciones están unas al lado de la otra, donde generalmente, las grandes naciones están separadas unas de otras por nada más que aquellos pequeños países que viven del comercio con las potencias vecinas. — Hacía tiempo que no se lograba sentar en algo cómodo, evocando de inmediato la biblioteca en el país de las nubes —. Tener aquellos países en nuestra gracia, puede a la hora del conflicto significar una ventaja estratégica. No necesito decirle esto, pero el primer paso para ganar una guerra es cortar las rutas de comercio, ergo, los suministros

El Rey escuchaba atentamente las palabras desde el otro lado de la mesa que los separaba. Él tenía claro lo que estaba diciendo, pero el escuchar aquellas palabras lo alejaba un poco más de aquella reticencia de no estar tratando con alguien que supiese qué está haciendo —. Aun así, aquel muchacho decidió no sólo quedarse aquí para que sus compañeros se pudiesen ir a casa, sino también para proteger a su gente. Por lo que si debe entregar información a otros feudos con tal de proveer de seguridad a su ciudad, lo hará. Es por este motivo, que es imperativo que entregue la información que nosotros queremos. Más bien, que yo quiero que entregue

Estaban claros, el primer paso del plan, que ya había comenzado con aquellos que pronto se embarcarían camino a oriente, era el esparcir información que confundiese aún más a los feudos. El Rey volvió a coger la jarra con vino, aunque esta vez, Keiran insistió en que él fuese quien sirviese, y ambos se quedaron allí, conversando de lo que estaba por venir.



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