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Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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La ráfaga que lleva a la hoja.

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La ráfaga que lleva a la hoja.

Mensaje por Zhorin Kashu el Mar Mayo 23, 2017 1:23 am

Hacía días atrás un curioso sujeto llegaría a las puertas de aquella comunidad de comerciantes que acogía a aquel clan conocido como Kashu. Aquel lugar era círculo social de compradores y vendedores de todo tipo de utensilios que bien se agrupaban a las no tan lejanas afueras de aquella capital del viento, pudiendo incluso ver los muros de caliza de la misma desde el horizonte, siempre dispuestos a los tratados o trueques que bien podrían considerarse obsoletos en un mundo de dinero, pero que en el desierto o en las perdidas montañas, bien fundamentaba un ideal fijo en donde todos podrían apoyarse siempre y cuando tuvieran algo que aportar. Por su parte, aquel misterioso señor no era más que una especie de ermitaño, él, de buen porte, hacía su parada para conseguir flores del desierto que en compras normales, bien exagerarían en su precio, después de todo, la capital del viento no era el mejor lugar para ser un turista, al fin y al cabo, todos sabían quién era o no nacido en aquellas dunas. Si bien el misterioso hombre no tenía muchos vienes que acompañar o cambiar, sí que poseía cicatrices y recuerdos de guerra que lo tildaban, a simple vista, como un mercenario, y aquello era una idea que a los ancianos no les gustaba mantener en sus aposentos. –Zhorin, haz que se retire aquel sujeto de la capa rojiza- Sería la orden que le darían al despreocupado caballero de cabellera roja, y aunque a él no le importara la estadía de tal hombre en ese lugar, bien que prefería moverse antes que soportar aquella molestia de los ancianos que creían poder mandarlo, después de todo, su maestro familiar había muerto, y si quería aprender de sus habilidades por ámbito de un profesor, bien que necesitaba mantenerlos contentos.

De un súbito saltar aquel muchacho se movería por entre el tejado de la aireada comunidad, siempre abierta y con techos amplios que dejaban que la vida relajada de aquellos miembros “especiales” se pudiera dar con gusto; sigiloso como un pájaro que flota ante su delicado movimiento artístico, él, el del gunbai gigante, firmemente dejaría que aquellas sandalias cómodas se refrescaran ante el paso del aire por sus dedos y ante su bajar elegante y sin sonido, pues su Yokukei le hacía de pies ligeros, bien que se anunciaría para así correr al ciudadano extraño. –Disculpe, caballero, creo que éste no es lugar para usted, o así me han dicho- Diría el joven pelirrojo, demostrando una serenidad tan asombrosa que podría parecer incluso inexpresiva, como si a aquel muchacho nada le alterara, nada le importara. -¿Y cuál es lugar para mí?, después de todo, quien ha tenido muchas banderas, es de todos lados, y a la vez de ninguno- Respondería el misterioso sujeto, y así como ambos se miraban, firmemente aquel menor le explicaba lo que ocurría, y por qué aquel lugar denominado “libre”, bien le juzgaba a alguien que solo deseaba comerciar. Cualquier otro shinobi habría hecho caso ante sus superiores, pues aquellos consideraban que el cumplir las misiones era el “bien” tras el mal de desobedecer, pero él era diferente, él lo encaró, se presentó, y de igual manera le comentaría los motivos de su interrupción, aunque por simple hecho de la coincidencia y de lo agradable que podría sonar aquel ser un tanto inexpresivo, poco a poco se conocieron un tanto mejor, y tras minutos de hablas, el joven Cantante ya entendía que aquel sujeto solo iba de paso, y que pronto se marcharía.

-¿y qué tienes para ofrecer por las plantas?, pues como sabrás, has de dar algo a su cambio- Diría el Kashu, ya a los minutos de conversar con el mayor, y aunque él haya entendido que aquel hombre se dedicaba a prestar sus servicios al mejor postor, bien que quería ayudarlo ante la “justicia” que podría obtener tras el comercio. –Pues no mucho, dinero como todos, aunque sé que no es muy bien visto eso acá. ¡Ya sé!, te gusta viajar, ¿no?, pues tengo insignias de guerreros de otras naciones- Respondería el hombre para así sacar de su morral, un pañuelo envuelto, y en su interior, aquellas varias medallas de insignias que tenían tantas formas como símbolos. Aunque no lo aparentara, el joven pelirrojo estaba contento de aquel trato, él deseaba esas insignias por el simple hecho de recordarle al mundo, y preparado para el trueque, dejaría al contrario solo unos momentos, para así, disponerse a infiltrarse en el vivero de aquella comunidad, después de todo, él no poseía tales vienes como para intercambiar… Sí, planeaba robarlos, y volviendo a los techos, poco tiempo le tomaría en desplazarse, sin ruido ni cuartel, hasta las cercanías de aquella habitación en donde nadie esperaba que él se apareciera. El llegar a aquel lugar era sencillo, de eso no hay duda, él podía ir y venir sin problema alguno pues era su morada al fin y al cabo, aunque el entrar y tomar un par de raíces, para luego escapar… Bueno, ahí estaba lo complicado; velozmente tomaría impulso ante su diestro equilibrio casi cirquero, y una vez el borde de la pared se hacía en apogeo, bien saltaría muy alto, impulsándose tras la canalización del chakra que lo llevaría ante aquella gran altura, firme para el sentir de las ráfagas de aire que acariciaban su rostro, y justo antes de que comenzara a caer, su Kekkei Genkai le permitiría descender con la sutileza de un bailarín, pues ciertamente él era un Kashu: un cantante, pero sus movimientos eran más danzas que tonada. Caería así como una hoja desciende con la resistencia al aire, descendiendo inevitablemente pero sosteniéndose para no adquirir una velocidad peligrosa, y aprovechando la estructura abierta del vivero, pasaría por aquel techo para así posarse en el suelo, buscar la planta, tomarla, y de inmediato marcharse con la misma intensidad de salto con la que había iniciado. ¿Qué decir?, era hábil como un ladronzuelo de ciudad, y sin que nadie se diera cuenta, rápidamente volvería para así terminar su trueque.

La amabilidad aparentemente desinteresada del muchacho resbalaba ante todo principio que podría tener una persona bien entrenada, pues él era de esos, pero tras facilitarse las plantas solo por insignias de otras regiones, aquel ermitaño le aclararía que ese don que él tenía, el de la agilidad al caer y al moverse, podría ser muy bien pagado ante las necesidad de milicianos que tenía aquel feudo de la Dama del fuego. ¿Qué más decir?, el interés aventurero del joven de iris azuladas bien despertaría un nuevo viaje, y sin decirle nada a nadie, al pasar del día se encaminaría hasta aquella región vecina, solo armado de lo esencial pues él siempre ha sido y será de viajar ligero y fresco, como el viento.

El amanecer traía consigo a aquel despertar soleado que espantaba el frío y tildaba clara la ruta del pelirrojo, quien por simple acto de coincidencia, volvería a encararse con aquel sujeto extraño de capa roja. Le vería por la ironía de volver a encontrarse, pues a diferencia de él, Zhorin no cargaba nada que le cubriera o le confundiera, solo andaba vestido a la ligera y con sandalias relajadas que lo hacían ver despreocupado, siempre con su gunbai, y aunque sus rutas estuvieran en diferentes direcciones, bien partían al mismo lugar. –Es inusual que dos desconocidos se consigan nuevamente un mismo lugar- Diría el Kashu, firme y respetuoso. –Pues yo solo venía de paso, ¿quién sabe por qué tu irás de partida?- Respondería, y así como se sorprendían, bien iniciaban un dialogo que los tildaba interesados.

Entre palabras, ambos acordaron en que iban hasta el feudo de la Dama por motivos personales, pero mutuos laborales, y tras seguir los consejos de aquel viajero, Zhorin bien que se enmarcaría en un viaje en barco pues así aquel otro caballero iría. Si bien hubiera sido un encuentro tranquilo, sin mucha más aventura que un simple viaje en bote, el sonido de un grito de atención haría iniciar la partida de aquel mercenario, que sin decir mucho más, correría velozmente tras el desierto para no ser atrapado. Irónicamente aquel pelirrojo se encontraba en medio de una persecución, y aunque no le había distinguido, no era adecuado ni seguro para él, el quedarse en tal lugar. Velozmente enfocaría su chakra para así poder pasos más rápido, pisando ligero entre las dunas que dejaban aquel rastro de polvo y huellas por entre el basto desierto. Persiguiendo a aquel encapado, y a su vez, ambos siendo perseguidos por una serie de guardias, las proximidad entre los tres ejes se acortaba conforme las horas avanzaban pues el sol se postraba decaído ante lo que el ocaso lo llamaba, y aunque el respirar de aquel Kashu se hacía consecutivo pues él era de inhalaciones profundas, poco a poco se acostumbraba a agilizar su paso en aquella machar sin pausa y con prisa.

Si bien la costa del país del viento era complicada de llegar, la disminución de la resistencia al aire le permitía enfrentar, de lleno, a aquellas ráfagas fugaces que empujaban a los demás para atrás; poco a poco deambulaba en saltos largos que parecían ser zancadas de patinadores, pero por alguna razón, por más que lo intentaba, sencillamente no podía alcanzar al mercenario con el que había pactado partir, pero bien que si se aproximaba a los guardias que podían comenzar a ver su silueta cada vez más grande, y que sin duda alguna, apenas estuvieran en rango, le atacarían, pues ese no era momento para suponer su inocencia, ya que él había salido corriendo ante una indicación de detenerse. Indignado de no poder ser par para la velocidad del otro hombre, respiraría, y canalizando su chakra en sus piernas, bien daría un fuerte salto que lo tildaría a las alturas, dichoso ante su costumbre de sentir el viento por su cuerpo, y tras eso, se descolgaría el gunbai para así apoyarlo en sus pies, y con la habilidad de su Yokukei, se deslizaría en clara acción de planeador, aprovechando el viento a favor para así desplazarse velozmente por entre la altura de las dunas.

La costa se vería al cabo de los minutos en los que él descendía lentamente y volvía a tomar impulso para darse altura y repetir, y aunque ya la tarde se hacía oscura, el perseguir de los guardias poco a poco se hacía más delicado y tenue, como si se estuvieran cansando, ¿y quién no?, pues el agotamiento del viaje había sido podido mantener solo gracias a que Zhorin planeaba, y no seguía corriendo.

Ya cuando la luna se anunciaba en las alturas, la costa era tan visible como olfateable, y un par de barcos se disponían a subir anclas pues su partida era inminente. Por parte del ermitaño, poco más se vería, al parecer él ya se había embarcado y ningún rastro había dejado, aunque Zhorin, en cambio, bien se dignaba a correr el tramo que quedaba, pues él entendía que la brisa del mar podría ser imprevista y volátil, retrasándolo más bien antes que ayudándolo a escapar. Rápidamente se haría con sus pies para deslizarse por entre la arena que rosaba sus dedos con sandalias, y aunque el piso se hacía más firme pues se aproximaban a una zona acantilada, el deambular un poco agotado lo llevaría, al cabo de unos minutos, al muelle, en donde acelerado por temor a seguir siendo perseguido, bien pagaría a un mercante para que le hiciera espacio entre el depósito, firme pasajero ante las costas del país del fuego.

Ciertamente aquel barco no era la comodidad más grande, y a decir verdad, de lujos no había nada, pero pocos minutos tardaron los marineros en desembarcar, y aunque los militares llegaron para requisar las embarcaciones atracadas, aquella en la que había partido el pelirrojo, claramente ya se encontraba en travesía a mar abierto.

La noche siempre fue buena compañera para los viajeros, y a pesar de que estaba cansado, Zhorin aprovecharía el velero para así subir al mástil, hábil en su control del charka a la planta de sus pies, y una vez en el tope de ésta, se sentaría para cerrar los ojos ante el sentimiento de relajación que le daban aquellas ráfagas marinas que traían consigo el olor de la sal y la Mar. Verías las estrellas que se apoyaban en el cielo, y aunque quisiera volar para tocarlas en aquel arrebato de consciencia poética, claramente sabía que le faltaba mucho aún como para poder deslizarse con tranquilidad por las alturas.

¿Y quién podría suponer que la ironía no es más que un juego de palabras que termina por volverse entretenido e inusual?, pues al fin y al cabo, todo aquel que ha bailado al compás del uno, dos tres, bien entiende que al finalizar la serie de pasos, parte un contratiempo que transforma la ruta del vals en una nueva y diferente dirección, y así mismo había entendido el pelirrojo que su vida de viajero, firme en un sencillo caminar de pies ligeros, ahora se postraba con un sendero diferente que lo alejaba de su morada tras una misión que tal vez no fuera tan lejana, pero si diferente de lo que él consideraría rutinaria.

Por ahora, el objetivo del pelirrojo era sencillo, él su ámbito aventurero, bien que sentía la necesidad de desarrollar sus habilidades a través de experiencias que sencillamente no podría obtener en su comunidad, pues aquellos solo lo limitaban a encargos simples y sin gracia alguna para sus dotes, y si todo salía bien, ¿Quién sabe?, capaz en algún momento volvería a aquel país solo para demostrar la fuerza que había adquirido. A pesar de todo, no estaba nervioso ni nada por el estilo, él ya había ido antes al país del fuego, y bien que había viajado a las zonas incluso aledañas de éste, aunque si se sentía un tanto intrigado, pues jamás hubiera esperado que un extraño le encomendara un sendero para el trabajo, después de todo, si aquel sujeto no mentía, podría ver una oportunidad para entrenar y a la vez, adquirir riquezas, después de todo, él era un comerciante por crianza.

Aclaraciones:


Son 152 líneas de entrenamiento adjunta a un viaje marítimo, por lo cual, no sabría bien cuantos puntos se atribuyen, pero si son los respectivos de líneas, pues me gustaría +3 a velocidad.

Zhorin Kashu
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