¡Bienvenido,
Invitado!

¡Bienvenido a Naruto Legends!

Toda la información que necesitas para comenzar con el rol se encuentra en nuestra Guía para Nuevos Usuarios. Recuerda revisar nuestro Changelog para ver los cambios más recientes.

Últimos temas
Últimos temas
» Taller del Dragon (Marionetas)
Ayer a las 11:56 pm por Kuroi Tetsu

» Entrenamientos de Dastan
Ayer a las 7:56 pm por Dastan O'Donnell

» Los Guardianes del Desierto
Ayer a las 7:42 pm por Dastan O'Donnell

» — Hon'yaku // Mission thread.
Ayer a las 7:31 pm por Hon'yaku

» — Koboshisha Hon'yaku // The translator of All Speech.
Ayer a las 6:35 pm por Ichimaru

» ◈DREAMSEEKER◈
Ayer a las 6:26 pm por Arashi Tessen

» Ficha Dlarossa
Ayer a las 5:53 pm por Ichimaru

» The sword brandished by peace
Ayer a las 5:10 pm por Narrador

» — Koboshisha Hon'yaku // The transcriber.
Ayer a las 4:55 pm por Hon'yaku

» Serpientes y troncos [Viaje]
Ayer a las 2:48 pm por Ikki

» Un duelo a mitad del verano. Ft Dastan.
Ayer a las 2:13 pm por Dastan O'Donnell

» Las Tareas de Kagaku Gin
Ayer a las 1:07 pm por Gakumon

» Habilidad única: Elemento kesshoton (血漿遁)
Ayer a las 11:41 am por Ikki

» Misiones de Howaitohasu
Ayer a las 8:38 am por Minato Nara

» Registro de Misiones
Ayer a las 4:50 am por Gyokuryū Pao

» La Damisela Vendada
Ayer a las 4:25 am por Yoshimura Eto

» Helping Hands
Ayer a las 1:01 am por Kagaku Gin

» Misiones de Hiromi.
Ayer a las 12:15 am por Gakumon

» (2ºExamen Jonnin) Declaración de guerra
Jue Ago 17, 2017 10:38 pm por Narrador

» Tribu del Desierto
Jue Ago 17, 2017 9:23 pm por Ryūjin

Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

Créditos

Naruto Legends Rol Forum by Naruto Legends Staff is licensed under a Creative Commons Reconocimiento - No Comercial - Sin ObraDerivada 4.0 Internacional License.

El diseño gráfico del foro (HTML/CSS) es fue creado por Sargas (Nemuri) para Naruto Legends. Las imágenes fueron tomadas de Deviantart, Artstation y pertenecen a sus respectivos autores.


— The belly of the beast | PT. II

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

— The belly of the beast | PT. II

Mensaje por AlptrauM el Miér Mayo 31, 2017 1:25 pm



{PT. II}

Afortunadamente habían logrado pasar la noche sin contratiempo alguno. El descanso le había venido bien a ambos.  Sobre todo a la muchacha llamada Kishigi, quien de los dos, era quien se había llevado la peor parte del encuentro con la criatura. El grupo hacía ahora que debía haber llegado a la capital, donde de seguro estaban siendo atendidos y dando explicaciones de qué había sucedido en el bosque. Había decidido darle un par de minutos más de sueño a la mujer antes de partir.

El sol en lo alto iluminaba todo el valle aquella mañana. Acompañado por una niebla, a lo lejos, podía verse las ruinas. Al menos, desde allí, se podía apreciar que aún estaba en buenas condiciones. Aunque claro, hacía años, incluso siglos, que ningún ser humano ponía pie en ellas. Le llamaba la atención que no hubiese edificación alguna en los alrededores. Estaban solas, en la inmensidad del valle. ¿Qué propósito tuvo en sus días? Esperaba encontrar respuestas cuando volviese a la capital y tuviera una charla con Garon, quien de seguro, algo debía saber de eso. Después de todo, se jactaba de que este era su reino, y que nada se escapaba de su mirada. Habría que poner a prueba sus dichos.

— ¿Dónde estamos? — preguntó Kishigi quien venía despertando de ese sueño reparador. Intentó sentarse, y aunque con algo de dificultad, lograba hacerlo. — Todavía estamos en el bosque. Estaba esperando que despertaras por ti misma para marcharnos. — contestó el pelinegro, al ver que la mujer ahora se afirmaba del tronco que la había cobijado durante la noche para colocarse de pie. — Ya veo, m-muchas gracias. — dijo algo adolorida, puesto que se sujetaba las vendas que le cubrían las costillas. — ¿Q-Qué es eso? — preguntó acercándose a la orilla del acantilado, donde estaba Keiran.  — ¿Acaso… esas son? — a lo que el Alhazred respondió—. Así parece, deben ser. No se ve nada más en los alrededores. Parece que después de todo, las historias, sí eran verdaderas

La tomó del brazo y lo pasó por encima de sus hombros, y al ver su rostro de asombro le dijo. — Vámonos, ya no tiene sentido seguir aquí. Entre más rápido volvamos a la capital, más pronto podremos regresar aquí. Además, las curaciones que te hice fueron superficiales, necesitas ser atendida por un médico. — Y sin decir nada, más que con una sonrisa, Kishigi y Keiran partieron rumbo a la capital. Ella debía ser atendida, y él, tenía un par de cosas que hablar con el Rey.


* * *


— ¡KISHIGI! — grito alguien al momento de entrar al lugar donde la rubia le indicó que la llevara. Había un buen número de personas a la entrada. Entre ellas, estaba Nue, quien al ver a su compañera regresar con vida, se abrió paso entre la gente hasta llegar a ella.
— ¡Estás con vida! No sabes cuánto me alegro. — E inmediatamente abrazó a su amiga. — Sí, y todo gracias a él… — y apartó su mirada en dirección del pelinegro. Nue, quien había hundido su cabeza en el pecho de Kishigi se apartó para mirar a Keiran. — De verdad, muchas gracias por traer a mi amiga de vuelta. — Y se arrojó hacia el pelinegro, quien claramente no estaba acostumbrado a tales muestras de agradecimiento ni afecto. — No es nada. ¿Llegaron todos bien? — Preguntó a la jovencita—. Sí, Shirohato nos trajo de vuelta a la capital. Aunque… Kakariki no está del todo bien. Está teniendo que ser operado, y aun así las posibilidades de que sobreviva son muy bajas.  

Keiran vio como un par de médicos tomaron a Kishigi y se le llevaron detrás de unas puertas. Allí quedo solamente Nue y él. Del resto, no sabía nada. — Yo debo atender una reunión. Lo más probable es que a mi regreso, debamos partir nuevamente. Así que estén listas para salir en cuanto Kishigi esté lista. — le dijo, y sin decir más, abandonó aquel lugar en dirección de donde el rey.


* * *


— Qué coincidencia que tu equipo me guiara a aquel bosque. Qué coincidencia que, asumiendo que ya sabes qué ocurrió, no se me diese toda la información. — dijo apenas entró en la habitación donde el Rey Garon terminaba de firmar un montón de papeles que uno de sus escribas le pasaba. — Eso será todo, gracias Xin. — dijo al escriba, dejando a un lado la pluma mancha en tinta con la que había puesto su marca a tales documentos. — Mi Rey. — contestó Xin, y tras una reverencia, abandonó el lugar. Quedando una vez más, a solas con el Rey. Puesto que con un gesto hizo salir a sus guardias personales.

— Primero que todo. Nunca más en tu vida te dirijas así hacía mí en frente de otros. Y sí, yo indique a tu grupo que te llevase hasta allá, pero te equivocas. No sabía realmente qué había allí. Claro, no más allá de lo que las historias dicen. — contestó al Alhazred una vez todos salieron. — ¿No creíste pertinente decirme esos detalles? En vez de enviarme a ese espantoso lugar. El equipo, el cual tú seleccionaste, pudo acabar muerto. Y yo también. — Claramente, Keiran se encontraba algo molesto. La situación de la que salieron por poco no había sido menor. — Aquella criatura…. — y la mirada de Garon se detuvo en el pelinegro al oír dicha palabra. Arqueando levemente una de sus cejas. — ¿A esa te referías? — Agregó, acercándose a la mesa para tomar una de las sillas que había frente a ella y sentarse. — ¿Qué era eso? — preguntó una vez más. El Rey, igual que aquella primera vez, tomó unas copas y las llenó de vino al punto que desparramó encima de unos pergaminos sin escribir que había encima—. No… honestamente, después de que se me entregó el informe de la misión, me quedé pensando sobre aquella bestia. Pero nada vino a mi cabeza. Todavía hay cosas en este continente que escapan de mí.

— Hagamos como que no he estado allí… ¿Qué sabes?


El Rey bebió largo y tendido, y secándose los labios con su manga, comenzó la historia—. Lo que allí yace, es más antiguos que tú, yo o incluso mi pueblo. Historias, ya sabes, de esas que se cuentan para asustar a los niños. Se habla de un antiguo templo donde la gente que vivía antes de que nuestro pueblo llegase a estas tierras. Las historias han ido cambiando con los años. Un templo, una fortaleza, un castillo donde vivía un antiguo rey. Como te puedes imaginar, todas tan ciertas y falsas como la otra. Lo único cierto y verdadero, es que nadie, desde antes de mi padre y mi abuelo, incluso atreviéndome a decir que anterior a eso, ha puesto pie en esas tierras y mucho menos, dentro de sus murallas.

Keiran no bebió ni una sola gota de vino, no tenía sed, y de tenerla, no sería de alcohol. Aunque sí sostenía la copa. — ¿Por qué ahora? ¿Por qué yo? Entiendo que tengo que ganarme tu confianza, y de seguro no es primera vez que envían un grupo hasta allá. Pero… de seguro debe haber otros lugares mejores para resguardar a tu pueblo. — preguntó al Rey, cuya expresión se mantenía seria como siempre. — Porque como te he dicho, ese lugar es antiguo, anterior a nosotros. A mi cultura, y para mirar al futuro, un hombre… debe conocer su pasado. — Y se puso de pie, colocando ambas manos sobre la mesa e inclinándose hacia adelante—. Descubre que hay allí, no importa si no podemos usar ese lugar como refugio en caso de una invasión, quiero… no, más bien, necesito saber que se esconde en ese lugar olvidado. Hazlo, y te habrás ganado mi confianza.

Al igual que el Rey, el Alhazred se puso de pie, quedando frente a frente con el Rey. Lo miró a los ojos,  y sin decir nada más, se dio media vuelta y se acercó a la puerta. — Recuerda, quizás lo que allí se esconde puede acercarnos un paso más a nuestra victoria. — dijo el rey a sus espaldas. Abrió la puerta y antes de salir musitó—. O alejarnos...


* * *


Aquella sensación de que Garon no le había dicho todo estaba clavada en su cerebro como una astilla, volviéndolo demente. ¿Qué el Rey no sabía que había allí? Eso no podía ser cierto. Incluso conociéndolo poco, podía apostar que un hombre como él no se podría quedar tranquilo a sabiendas de que existe la más mínima posibilidad de que algo allí pudiese ayudarlo. Aunque quizás realmente no habían logrado que una expedición atravesase el bosque y que llegara hasta las ruinas.

Al llegar al lugar donde había dejado a Kishigi, a las afueras lo esperaba Nue, Akatonbi y por supuesto, Shirohato. Las muchachas parecían agotadas, seguramente no habían podido conciliar el sueño a sabiendas de que una de sus compañeras aún estaba allá afuera, y con Kakariki al borde de la muerte, solo empeoraba las cosas. Las necesitaba alerta, porque ahora debían ir más lejos de lo que llegaron la última vez. Aunque de más cerca, la expresión de sus rostros se alejaba más y más de uno de cansancio, había, pena. Akatonbi tenía las bolsas de los ojos hinchadas, había estado llorando toda la noche, e incluso podía verse los restos de lágrimas  secas en su rostro manchado con tierra y sangre. La vida era así, y más aún la guerra. Pero ellas viviendo en un mundo así, aunque diferente del que él venía, debían entender eso. Pero perder a alguien cercano siempre era duro.

— ¿Qué haremos ahora? — preguntó casi al instante Shirohato. Quien parecía la más calmada de las tres. — Volveremos al bosque. — sentenció Keiran. Ellas lo sabían, aun así el golpe era difícil de digerir. Tan pronto debían volver a aquel lugar. — ¿Qué ha ocurrido con Kishigi? — No había necesidad de preguntar por Kakariki, la respuesta era obvia. — Está en reposo, el médico dijo que tenía varias costillas destrozadas y un brazo quebrado. — Contestó Nue, quien rodeaba con su brazo izquierdo a Akatonbi, que ni siquiera podía levantar el rostro, el cual tenía pegado al piso, perforando el suelo con la mirada. Le hubiese gustado darles más tiempo para su duelo, para sanar, pero tiempo era algo que no gozaban de tener. — ¿Están listas? — preguntó el pelinegro al trío, pregunta que no era del todo acertada, pero era la necesaria. Y aceptando, las tres asintieron con un leve movimiento de sus cabezas. No había necesidad de prolongar la ida, así que simplemente los cuatro abandonaron el lugar.


* * *


Al salir a la superficie, el viento soplaba con fuerza. El cielo estaba cerrado, las nubes cubrían cada centímetro de este. Si la noche anterior la visibilidad había sido prácticamente nula, aquella noche era nula. Una luz se encendió de pronto a las espaldas de Keiran, quien había sido el primero en salir. Al voltearse pudo contemplar fuego, proveniente de una antorcha que sostenía Shirohato. Era sensato el querer utilizar una antorcha para iluminar el camino. Sensato sí, práctico no. — No podemos utilizar eso ahora. Al menos mientras estemos en el bosque. No queremos volver a llamar la atención de esa cosa, o de otras. — exclamó Keiran a la muchacha, quien rápidamente no dudo en apagar el fuego. Shirohato parecía ser una muchacha inteligente, le llamó la atención al pelinegro que cometiera un error así la chica, debían ser los nervios, después de todo, ellas eran eso, niñas.

— Muy bien, necesitamos dirigirnos hacia donde la otra noche tuvimos el encuentro con la bestia. Desde allí, llegar a las ruinas no debería tomarnos demasiado. — Y el cuarteto tomó rumbo hacía el fatídico lugar. Esta vez, salían bien de madrugada, por lo que, si sus cálculos estaban en lo correcto, deberían de llegar a las ruinas para cuando estuviese por amanecer. Cuando recorrían, nuevamente, la ciudad, antes de salir, la gente ya se encontraba en sus casas, durmiendo plácidamente. Ajenos a que aquel grupo se dirigía a un lugar, el cual según su propio rey, podía ser la salvación de todos allí. Aquella importante tarea que había sido depositada en un grupo de cazadoras y un extranjero que intentaba hacerse un lugar dentro de su mundo.  

Las horas de caminata se sentían pesadas, el tiempo parecía pasar con mayor lentitud que de costumbre, y el clima no ayudaba. Las nubes en el cielo no estaban dispuestas a moverse, y despejar el cielo estrellado al que se estaba comenzando a acostumbrar el Alhazred. Nadie hablaba. El dinámico dúo de Nue y Akatonbi atrás había dejado las risas, la conversación fluida. Tampoco que hubiese motivo para lo contrario. Estaban recorriendo el mismo sendero que vio por última vez a su compañero, quien aparentemente, era más que eso para la muchacha de cabellera café. En aquella ocasión, por precaución, había decidido que el grupo – al ser menos que la vez anterior – se moviera en parejas, Nue y Shirohato adelante, mientras que Akatonbi iría lado a lado con Keiran. Manteniendo una distancia prudente entre las parejas. De esa forma, cada uno solamente tendría que preocuparse de quien tuviese a su lado en caso de cualquier eventualidad que requiriera maniobras defensivas u ofensivas.

En un momento de la noche, Nue, se detuvo por completo. Provocando la misma acción de parte del grupo. Akatonbi, quien había estado callada durante todo el viaje fue la primera en hablar. — ¿Qué suce…? — e inmediatamente calló. Se había dado cuenta del por qué su amiga se había detenido, y más importante aún, dónde se encontraban. Los estragos de lo sucedido aquella noche todavía se sentían frescos en aquel claro. Los restos de los árboles arrojados por la bestia, las pisadas sobre la hierba e incluso la sangre que a esas alturas ya se había secado, todo aquello, como recordatorio de lo cerca que habían estado. Ellos, porque uno sí había cruzado esa línea sin retorno.

Keiran entendía bien su situación. Se le había entregado un grupo bajo su mando. Una misión. En un primer análisis, sí había cumplido su misión. La calidad del cumplimiento, eso, era otra historia. Un muerto, una herida y la moral baja. Podía dar cien mil discursos en ese momento, del cómo esta misión tenía una gran importancia para el reino, para su rey y para su pueblo. Que el sacrificio de sus compañeros no sería en vano si lograban completar en su totalidad la misión. Que varios eran más importantes que unos. El recuerdo de Ikeo se pasó por su cabeza. Todos discursos bonitos, todos discursos que normalmente avivarían los espíritus de los soldados. Pero este no era oriente, y todavía no entendía del todo bien a su gente. Por lo que, en un acto que va en contra de toda su forma de ser. Se limitó simplemente en posar su mano en el hombro de Akatonbi. La muchacha, algo sorprendida, lo miró con aquellos ojos. Nuevamente, al igual que cuando la vio por primera vez, recordó a Rinsetsu. Un sentimiento que sería descrito de la mejor manera como algo cercano a empatía recorrió su ser. La muchacha, dentro de lo que le permitía su estado de ánimo, le sonrió. Su expresión cambió por completo, un gesto tan sencillo como ese, había tenido un impacto mayor del que él esperaba, y seguramente para ella también. Ahora entendía su misión, el por qué debía seguir adelante. Era hora de continuar, y esa vez, fue ella quien por primera vez, tomó la iniciativa, y la delantera. Se colocó al lado de sus compañeras y las tres, siguieron adelante, guiando al forastero.

Atrás había quedado el claro, los recuerdos dolorosos. Adelante, a lo lejos, estaban las ruinas. No se veían del todo, casi nada realmente. Pero estaba la montaña, aquella donde a sus pies, comenzaba las ruinas. Pero antes, debían bajar el acantilado, y cruzar el nuevo bosque que se alzaba en el fondo. Para él, bajar por ese acantilado no significaría ningún problema. Aunque desconocía el cómo lo harían las tres féminas. Pronto, su respuesta fue dada. Las muchachas, dentro de la oscuridad que rodeaba al grupo – y cada rincón del valle – se colgaron de la orilla y, sujetándose de cada roca firma que lograban pillar, comenzaron a descender. Keiran, quien permaneció arriba hasta cerciorarse que las cazadoras estuvieran en buen rumbo, se les unió.

La bajada, fue realizada sin mayores percances. Se demoraron, puesto que ellas debían hacerlo con sumo cuidado, pero finalmente, pusieron pie en tierra y el bosque abría sus puertas inmediatamente a los recién llegados. Desde donde se encontraban, los árboles eran tan altos, que incluso tan imponente montaña había desaparecido, oculta tras el follaje, y la noche.

Akatonbi, en su renovada determinación, había contagiado a las otras dos y las tres se veían más que dispuestas a terminar la encomienda sin importar lo que fuese necesario para lograrlo. — Sigamos… — exclamó la más pequeña hacia el grupo. Y así, los cuatro se adentraron en aquella parte del bosque, donde de seguro, más secretos y horrores estarían a la orden del día.


* * *


Nuevamente, el bosque se cerraba ante ellos. El camino esta vez era más difícil de trazar que la vez anterior. El silencio en la inmensidad irrumpido por el andar del cuarteto que se abría paso entre el follaje del bosque. Miradas eran repartidas por cada rincón conforme avanzaban, más nada era visto en la oscuridad. Un estado de alerta constante, no querían ser tomados por sorpresa otra vez. No podían permitirse aquello. De vez en cuando, una de las mujeres se asustaba con el sonido de sus propios pasos. Incluso Keiran, quien había visto un par de veces a la muerte – demasiadas en realidad – estaba preocupado. Incluso, se podría decir que se sentía el aroma de una mezcla de preocupación, nerviosismo y por qué no, miedo también. No sólo a los peligros que se escondían tras cada rama, cada árbol. Sino también al fracaso.

Fracaso. La primera incursión no lo había sido del todo, más bien, podría decirse que fue un éxito. Rotundo definitivamente no. Un éxito demasiado cercano al fracaso. Volver ante Garon con un equipo muerto, y sin poner pie dentro de las ruinas, era algo que Keiran no se podía permitir. No después de las palabras que le dijo el Rey antes de que saliese del despacho.

La noche parecía lejos de terminar, aún era demasiado temprano – o tarde para otros – y con cada paso, en vez de sentir acercarse a su destino, sentía que era totalmente lo contrario. Parecía que se estuviesen alejando, vagando por el bosque. Keiran agitó levemente su cabeza de un lado a lado, intentando despertar o recobrar el sentido de la orientación. Imposible. Era imposible que se hubiesen perdido, aunque sabía que llevaban un par de horas caminando, y al igual que la otra noche, con la sensación del flujo disminuido del tiempo, tenía claro hacia donde se dirigían. Incluso si él se perdiese, Shirohato era una rastreadora más que capaz. Por lo que la probabilidad de que ambos estuviesen desorientados, era mínima. Aunque ya comenzaba a entender que en ese continente, muchas de las cosas que daba por seguro en oriente, allí, eran diametralmente diferentes.

— ¡Deprisa, miren!… — dijo Shirohato, apuntando con su dedo hacia adelante. El grupo observó en dirección señalada por la colorina. A lo lejos, entre los árboles, se podía ver una luz. Era débil, quizás debido a que se encontraban a una buena distancia de su origen. Sin necesidad de que nadie dijese algo, todos apresuraron el paso hacia la luz.

Una suave niebla comenzó a cubrir el ambiente, siendo más densa a nivel del piso, por lo que ver por donde pisaban, resultaba prácticamente imposible. Si no fuese por la luz que erradicaba la oscuridad, hubiese sido imposible el siquiera avanzar. Mientras avanzaban, había algo que molestaba al pelinegro desde que habían puesto pie por primera vez en el bosque, y más en ese momento. ¿Dónde estaban las bestias? El gran motivo por el que nadie se acercaba a este lugar, es porque se supone, está infestado de grandes y poderosas criaturas. Pero hasta el momento, no habían dado con ninguna.

La niebla, aumentaba conforme se acercaban a la luz, al punto de que Shirohato y Nue se perdieron de vista, y no que se hubiesen alejado lo suficiente, porque de pronto se dio cuenta que incluso Akatonbi ya no podía ser vista, quien sólo se había adelantado un poco a él, ya que Keiran había decidido mantenerse atrás en caso de que algo viniese desde la retaguardia. No las veía, ni oía. Sólo estaba esa luz. Comenzó a pensar lo peor. Recordó una vieja historia que oyó de un viejo marinero en uno de sus viajes, sobre una niebla que aparecía de vez en cuando en el océano que hacía que los barcos encallasen en el archipiélago oscuro si eran atrapados por ella. No, estaban lejos del océano – al menos eso creía – y aun así, esto era un bosque. « Concéntrate idiota » e inició una carrera. Podía sentir las ramas de los arbustos y árboles golpeando su cuerpo y rostro, incluso causándole uno que otro corte en su cara. ¿Dónde estaban? La luz se hacía más y más fuerte, al punto que ya no era sólo una, sino dos. Iba tan rápido, que de pronto sintió un golpe seco en la boca de su estómago. Había dado de lleno contra la rama de un árbol que estaba demasiado baja. Causándole que trastabillara. Pudo reincorporarse en plena marcha, y ya no había más. Había llegado a un claro, frente a él a un par de metros, pudo ver a las féminas paradas, sin moverse ni un centímetro, y frente a ellas…

Esa luz, que había iluminado su camino. Que los había invitado a seguir aquel camino. Como insectos a la luz, atraídos por su brillo. La enorme figura se alzaba frente a ellos. Una vez más, se encontraban con esa criatura. Aquella que había acabado con la vida de Kakariki y enviado a Kishigi al hospital. Que había barrido el piso con sus demonios. La criatura, aunque incluso con su tamaño, era difícil de ver debido a la niebla, pero se notaba que aún no se había percatado de la presencia de los recién llegados. Aquel guardián estaba pastando. Alimentándose de la hierba y de las hojas de los árboles.

¿Cómo había sido tan estúpido? En cualquier otra situación o momento, habría sabido desde un comienzo que lo mejor era no seguir aquella luz. Aquel lugar estaba haciendo estragos con su mente, con sus sentidos, o quizás era su obsesión por cumplir su misión que lo había hecho bloquear todo lo que su sentido común le hubiese dicho e ignorar por completo todo lo que él sabía. Por suerte, las muchachas habían sido inteligentes, y no dieron un paso más. ¿Cuánto pasaría antes de que notase su presencia? Tenían que irse de allí, en silencio y desapercibidos, tal y como habían llegado.

Keiran avanzó lentamente, debía llegar hasta donde las demás. Sentía que con cada paso, el mero sonido interno de sus músculos al contraerse podría alertar a la bestia. Pronto, se encontró a suficiente distancia como para extender su brazo y hacer contacto con una de sus compañeras, para hacerles una seña y retirarse. No eran competencia para la bestia. La que estaba más cerca de él era Nue, pero quizás por la sorpresa podría reaccionar y arruinar todo. No que dudase de la joven cazadora, pero en esa situación, no había espacio para errores. Por lo que optó por la rastreadora, Shirohato. Suavemente, la tomó del brazo. Como esperaba, la chica ni se inmutó y captó el mensaje. Nue inmediatamente, volteó el rostro y vio a Keiran que tenía un dedo verticalmente contra sus labios, en señal de que guardase silencio. Shirohato fue la primera en dar un paso atrás, lenta y calmadamente. Nue imitó a su amiga y comenzaron a retroceder. Faltaba una. Keiran observó a Akatonbi, quien no se movía. Incluso parecía que ni siquiera se hubiese percatado de lo que sus pares hacían. Apartó su mirada de la muchacha y la dirigió hacia las otras dos para que continuasen retrocediendo. El Alhazred tuvo que volver a avanzar, para colocarse justo detrás de ella. Dudó durante unos instantes de tocarla. La muchacha parecía en trance. Era obvio lo que le ocurría. Al ver nuevamente a la criatura, evocó los recuerdos de aquella noche, de lo sucedido y por supuesto, de Kakariki.

La niebla. Comenzaba a disiparse de pronto. Lo que significaría que no pasaría mucho para que fuesen descubiertos. « A la mierda… » La tomó del brazo, tirando de este hacia él. Y como si alguien soplase en una vela, la niebla desapareció instantáneamente. La criatura, cesó de su merienda y levantó la cabeza. Era la segunda vez que el pelinegro veía esa cosa y todavía no dejaba de impresionarle su tamaño, aunque más bien era su presencia. Poco le duró la contemplación, pues automáticamente, giró la cabeza en dirección de donde se encontraba la joven y él.




En aquel claro, los árboles no cubrían el cielo y por primera vez, el cielo se despejaba por completo. Atrás quedó la oscuridad absoluta, y por primera vez, veía en su totalidad a la criatura. Su pelaje era blanco, con unas líneas negras que parecían seguir cierto patrón. Su cornamenta, negra como la noche y sus ojos, esos ojos amarillos que parecían contener la mismísima luz de la luna que ahora lo iluminaba todo. Estaban jodidos.

Retumbando la tierra bajo sus pies, la criatura se volteó, quedando en dirección del grupo. Keiran aún sostenía a Akatonbi del brazo. En todo momento había mantenido su vista en aquel coloso frente a él. Por lo que no sabía qué tan lejos se encontraban las otras dos. Lo que sí sabía, que de esta… sólo habría una forma de salir. Tenían que acabar con ella.

Tendría una sola oportunidad. Solamente una de salir de la línea de embiste. Quien fuese más rápido, tendría quizás otra. Ni la criatura ni Keiran parecían estar dispuestos a dar el primer paso.  No había más tiempo que perder, y en un rápido movimiento tiró de la fémina. Inmediatamente, la criatura se abalanzó sobre ellos. Qué rápida era, y no sólo era eso, sino que acortaba distancia a una velocidad abismal, debido a su tamaño. El pelinegro tiró con todas sus fuerzas de Akatonbi y la arrojó hacia un costado, casi pudo sentir como si le arrancase el brazo del tirón. Instintivamente, desvió la mirada unos instantes. Craso error.

La criatura golpeó con su cabeza al pelinegro, y aunque por suerte no lo atravesó con una de las puntas de su cornamenta, el dolor que sintió nunca en su vida lo había experimentado. El impacto fue tal, que arrojó su cuerpo volando como quien arrojase una pequeña piedra en un lago. Su cuerpo impacto varias veces contra el suelo mientras recorría el terreno. Finalmente cayó sobre unos arbustos. Inconsciente.


NPC's:

Rey Garon # 660033


Kishigi # ffff33


Akatonbi # 993300


Shirohato # cc6600


Nue # 66cc66

Guardián:

Stats:
• Ninjutsu = 10
• Taijutsu = 7
• Genjutsu = 15
• Velocidad = 15 (+3)
• Resistencia = 15
• Fuerza = 15
Técnicas:

TÉCNICAS PASIVAS

Vulnerabilidad climatica:
Los Orochi tienen una peculiaridad que los diferencia del resto de los ninjas existentes: Son humanos de sangre fría. Tal ha sido el parecido de estos ninjas con los ofidios, que nunca han desarrollado un sistema de sangre caliente, por lo que se dice que incluso descienden de reptiles. Al poseer esta habilidad, el shinobi del clan Orochi obtendrá un bonus de 3 puntos en velocidad en climas cálidos (países como el del viento, el de la roca, el del a hierba) y tendrá una penalización de 3 puntos en velocidad en países fríos (países como el de la nieve, el de las olas y el del hierro).
En tierras templadas, como el país del Fuego, el país de los ríos y otros lugares que no sean desérticos, tropicales, nevados, fríos o tundars, no tendrán ni ventaja ni desventaja.

TÉCNICAS ACTIVAS

Inventario:
AlptrauM
avatar


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.