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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }


— Smarter than a freak; C Mission. (Seiichi; Yoisho Yuugen)

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— Smarter than a freak; C Mission. (Seiichi; Yoisho Yuugen)

Mensaje por Yoisho Yuugen el Vie Jun 09, 2017 3:01 pm









Smarter than a freak

A prey locked on the path, but those are two prodigies while hunter is just one.



Un lugar inhóspito aguarda al vil verdugo. La mañana, anunciada por un sol de hielo floreciendo en el horizonte auguraba más esplendor a las tierras de tan gran isla. Por sobre la altura de sus edificios, una construcción se declaraba protagonista, albergadora del poder militar en una ciudad, como todas en todas las historias, sin nombre. Pasadas sus puertas, y dos plantas a base de las escaleras hallábase al objetivo del próximo invitado. Su plan, y sus ocultistas actos que tanto alteraban a los vigilantes, y en pasados días a enteros mercados. Era la maldición del intelecto, de la rareza. O un pobre diablo escapado de su bonita jaula. La habitación encerraba algo que no pertenecía al feudo donde estaba, pero quizás habría alguien capaz de solucionar tal desfase de locación.

Día anterior, tarde; Edificio de autoridad.

— ¡Por última vez, impresentable, ¿qué haces en Hinoarashi?! — Fuera del escondido lugar, atuendos de ninja adulto parecían poca armadura para amedrentados soldados. Los gritos provenían de la sala de interrogatorios, y de la boca de un tozudo y apasionado jefe. Con sangre joven en su cuerpo, cabello blanco cisne desparramándose entre una banda que no lo dejaba fluir, igual que el oxígeno a más altura que la frente. Piel tostada con fuegos de guerra y años de servicio a su propia fuerza. Pocos años más que a quien insistía en no dejar escapar, había sido forzado a dejar pasar horas interminables en un sinsentido llamado interrogatorio con un pseudo-criminal que no se dejaba acusar. Los nervios crispaban al personal, y las opciones más vulgares y poco civilizadas comenzaban a ser una salida más sólida entonces. Otra y otra vez se acometía al castaño en su asiento, y este en una cara casi extrañada negaba con su gesto, a veces incluso sonreía haciendo entrever que era tan inocente como culpable, enterrando poco a poco la paciencia del más sensato de aquel lugar. Su espada seguía envainada, y probablemente solo se movería varias horas después.

— Se lo he dicho, quiero morir en un bello lugar. Quiero denunciar a quiénes han interrumpido mis suicidios... ¿tiene jurisdicción por otros feudos? — Un amargo sonido de derrota era incontenido en las fauces del peliblanco, quien tras golpear sobre la mesa, suficiente para astillarla bajo sus manos, se levantó y caminó en dirección a la puerta. — Por causar disturbios pasarás la noche aquí y mañana veremos qué demonios hacer contigo. Intenta escaparte y haré que te borren esa estúpida cara con hierro vivo. ¡Tú, vigílalo y no dejes que haga nada raro! — Un gritito introvertido se escapó de mientras el que aún estaba por nombrar tomaba la silla de distintas maneras, como si la comodidad fuese un mito, al igual que el sentido común.

Día actual, mañana; Edificio de autoridad.

Tal como el joven jefe de cabello claro pasaba las escaleras, ahoa alarmaban pequeñas carreras entre los habitantes de tal edificio, buscando con desespero alguna manera de solventar el encargo fracasado del mismo. Él y su acompañante tropezarían con un par de personalidades alteradas, principiantes débiles e intimidados que no sabían qué hacer frente a las rarezas de un ser humano. Ayuda pedían, aunque quisieran delegar toda la responsabilidad en el mayor cuyos músculos se volvían el doble gracias a la tensión y el estrés. Desde la habitación podían escucharse sencillamente como sus pisadas rebotaban con atronador sonido por las paredes. La puerta, en la segunda planta, cerrada y sin nada extraño. Los guardianes lloriqueaban sobre cómo el prisionero había logrado sellar la entrada de manera que ninguno de ellos era capaz de derribar la puerta. Gruñidos furiosos aparecieron conjunto a una espada en la diestra mano del peliblanco, sin esperas, haciendo estallar la puerta de madera de una patada. Tal como la madera cedió, una humareda oscura comenzó a escaparse de su interior, densa, opacando el oxígeno de la sala, pero sin ningún brillo ígneo a excepción de una centella flotante que desapareció tan pronto que no llegaría a verla más que el jefe y su nuevo, mucho más capacitado compañero. Tos, aventando con la mano y abriendo las ventanas para hacer huir al humo, la cortina de niebla ígnea dejó finalmente entrever una silueta, ancha por su capa de color gris-negro, con mangas inhabitadas, y chaleco y pantalones del mismo color, encima de una camisa blanca impoluto, como las vendas sobre cara y brazos, y zapatos negros. Solo los ojos ébano y cabello lignario parecían dejar fuera de la monocromía al sujeto, el único digno a no toser. — Jefe, estoy disgustado. Me tomo la molestia de hacerlo íntimo y sin molestias y vuelve a irrumpir en mi suicidio. Claramente, no entiendo qué desea de mi. — Detrás de la tos, una mano soportaba el impulso de arrancar dicha cabeza desordenada de su lugar. — Además, esa era una bonita puerta. — El alterado peliblanco envainó sonoramente, mientras el humo ya no era sino un filtro visual que hacía matizarse mucho menos los objetos. Podía verse en el contorno de la puerta y el conducto de ventilación una mancha de lo que parecía barro, pero ningún mueble u objeto había sido prendido para provocar el humo. Parecía la escena, en efecto, de un suicidio por asfixia. Los refunfuños se dirigieron a quien ahora miraba el único orbe común, colorido a la vista, rebajado a su nivel por una altura más comprometida. Analizando y sonriendo. — Ya sabes cuál es tu trabajo, sácalo de mi vista. —


Yoisho Yuugen
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Re: — Smarter than a freak; C Mission. (Seiichi; Yoisho Yuugen)

Mensaje por Seiichi el Lun Jun 19, 2017 10:39 am









Symmetrically opposite

The one who barely talks,
& the one that talks too much.



 Eran el tipo de encuentros, que se daban de la forma más inusual. Dos días habían pasado, desde la última asignación que le habían otorgado al joven de cabellera dividida. Una que le llevaría más allá de cualquier frontera feudal, pues se vería embarcado en un viaje lejos del País del Fuego. Una misión en terreno desconocido; haciendo la función de un cazafantasmas. Esa misma mañana que abrió los ojos y fue encandilado por los rayos de sol entrando por su ventana, pudo recordarlo con mayor claridad. También era un día soleado y molesto cuarenta y ocho horas atrás; formándose frente a un escritorio de madera descuidada, con un hombre detrás del mismo. La ventana de esa oficina tampoco se había mostrado piadosa con sus pobres ojos. — Un reducido equipo de Genin, han estado trabajando en esto, desde su presunta muerte. Tenemos lo suficiente como para asignarte el resto de la investigación. — Recordaba el sonido de sus dedos crujir, con ambos codos apoyados sobre la mesa, y una mirada pesada que mostraba cansancio. Tal vez desinterés, incluso. —Pensé que las misiones de este grado de dificultad, no eran entregadas a un solo Genin. — Inexpresivo. Se mostraba totalmente sujeto a las reglas, como de costumbre. De la forma más educada posible dentro de alguien con una soberbia pasiva, no dudó en comentarlo con su superior. — Eres de los mejores Genin que tenemos, Kaen. Lo has probado en más de una ocasión. Sin embargo, eso no te da la autorización para compartir tus pensamientos conmigo. Fue un ex compañero tuyo en la alianza temporal contra los Tigres en Llamas, y por ello te vemos adecuado para el trabajo. Repórtate cuando regreses. — Muchos lo veían de esa forma al medio pelirrojo. Era una clara amenaza para cada uno de sus superiores; la peligrosa fusión del talento natural y el arduo trabajo. Eso a él, nunca se le cruzó por la cabeza.

Cuando estaba por partir esa misma mañana tras haber corroborado por segunda vez, que llevaba todo lo necesario, fue interrumpido por un nervioso mensajero. Un Genin de Hinoarashi, igual que él, probablemente unos años mayor. Le provocó una leve arruga en el entrecejo cuando se cruzó en su camino de manera tan brusca y poco profesional. Convocado antes de su partida. Esperaba que al menos fuese por una buena razón; el perfeccionismo de Seiichi no permitía la pérdida de tiempo. Una vez recibió los detalles que exigió al mensajero, se alejaba de su razonamiento lógico. — El edificio es un caos, debido a un extranjero no reconocido, que ha atentado en múltiples ocasiones, quitarse la vida. — Lo repitió para ver si había procesado la información recibida apropiadamente. El otro, asintió con la cabeza tres veces a una velocidad anormal. La curva que representaba su boca, la cual se inclinaba ligeramente hacia abajo, se mantuvo allí por varios segundos. — ¿Por qué no dejan que lo haga?


. . .


Edificio de autoridad. Bastó con cruzar la puerta principal, para encontrarse con un montón de novatos correteando de un lado a otro. Ciertamente; una escena que encarnaba el desorden que podía llegar a alterar incluso al extraño joven. Entre personas del mismo rango que él, fue divisado por aquel que parecía encargarse del sujeto en cuestión. El suicida del cual querían deshacerse a toda costa. Incluso su casi inexistente habilidad para leer las emociones humanas, le fue suficiente para detectar la que se apoderaba del rostro de ese hombre de cabellera blanca. Le enervaba la sangre. — ¿Dónde está él?
Preguntó con la calma habitual, el de rostro siempre calmado. Había inclinado levemente la cabeza en forma de reverencia, tambaleándose entre la buena educación y la falta de respeto a un superior. En Seiichi las formalidades siempre estaban presentes; pero no se afirmaban lo suficiente. Porque su desinterés hacia cualquier otro ser vivo era demasiado transparente, que incluso aquellos sobre él lo notaban. Tachado de arrogante.

Escaleras. Sus pasos se afirmaban con menor intensidad que los de aquel que un metro frente suyo, quien parecía apenas conservar la calma. Lo suficiente para no terminar asesinando al problemático detrás de esa puerta bloqueada. Igual que un cuerpo carente de vida, Seiichi se mantuvo inmóvil, esperando el accionar de su superior respecto a la problemática. Una fuerte patada les abrió el paso... y con ella, una ráfaga de humo negro invadió el campo visual del muchacho. A pesar de conservar la calma; su chackra ya lo había detectado como el ataque de un hostil. Posiblemente, el plan de escape del demente aún desconocido. El humo comenzaba a disiparse, revelando a los dos que compartirían horas de viaje. Por un lado había una gran coraza de hielo sobre el ojo izquierdo. Por el otro, vendajes guarecían el ojo derecho del suicida. La media armadura helada del bicolor, recubrió su lado de fuego como acto defensivo. Él, pero, no había movido un sólo músculo. Producto de ello, también había disminuido mucho la temperatura de la sala, en un abrir y cerrar de ojos. Hubo contacto visual. Breve, pues ahora habían dos analistas en la misma habitación. Kaen miraba con cuidado las paredes de la habitación, notando algunos dejes del humo que había ocasionado el lunático. No había nada quemado... ¿Alguna variación de una técnica Katon?

Asintió ante el pedido, acercándose al muchacho de saco largo y rostro vendado. — Soy Kaen Seiichi. Partimos de inmediato. — Su tono de voz; apagada, no resultaba autoritaria. Tampoco intimidante. Sí... rara.







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Re: — Smarter than a freak; C Mission. (Seiichi; Yoisho Yuugen)

Mensaje por Yoisho Yuugen el Lun Jun 19, 2017 5:46 pm









Smarter than a freak

A prey locked on the path, but those are two prodigies while hunter is just one.



E inhóspito es el camino a la guillotina. La capa encima del cuerpo delgaducho dejó pasar con la venia de la distancia, supurando gotas frías alrededor de la piel blanca, sembrando las semillas del temblor. Fuera, sin embargo, no estaba tan frío para congelar a medio muchacho al instante. Congelar, como lo veían casi todos. La madera de los ojos en aquel esperpéntico extraño repiqueteo como cuando se queman bosques enteros, con su sonrisa ofidia arrastrada con un deje elegante. Comprensión, pocos secretos había en la piedra blanca, antes aire disgregado alrededor del chico. Incluso aún con humo, las cicatrices del tiempo se esparcían por toda la figura más baja, aletargadas en un pasitivismo que no parecía tan pasivo. Mordiéndose las unas a las otras en un desacuerdo mutuo del que nadie, ni el observador, era consciente, pero que se regocijaba en imaginar. Por qué no si era tan divertido. Como sus propias dos naturalezas, con una tapando a la otra, Aquel con todo un físico conjuntado al emparejamiento de lo dispar aludía a un deber ficticio, y él que sabía tanto de lo ficticio comenzó a caminar en su espalda, mirando hacia la gente aún alterada. — Cierre sus ventanas, jefe. Puede que empiece a hacer frío fuera. — Tan insutil que aquella pandilla no lograría entender su malintencionada revelación. El prodigio, el otro, por otra parte podría ser algo más amigo de las palabras rebuscadas. Era todo lo pintoresco que un hombre común como el que quería —había sido ordenado— transportar podría desear. Todo partido en dos, con un apellido que bramaba aún más la guerra interior. Todo en pos de la rareza y lo exótico a manos de quién sabe. Kaen, ¿quién no se daría cuenta? No se reía, pero el apresado sonreía con una felicidad suya, la misma que tenían los osos al morder su primer pez en los ríos, o el mocoso que se asomaba a una puerta que se les prohíbe hasta que no crecen. Una que pocos más lograban provocar, pocas cosas pues el muchacho aún debía labrarse aquel hueco. Por ello quizás, tras las vendas el ojo secreto también hacía su lectura en una página blanca con tinta roja. ¿O era roja con tinta blanca?

Habían cabalgado las escaleras en silencio, el hombre delgado y más alto se había aferrado a su prenda más superficial en pos de retener el calor de la vida haciendo por escaparse, aunque fuese poco. Las personas no se acercaban al edificio, dado que la columna de humo alertó a todos, pensando en un incendio, la mente que es muy retorcida. Ninguna hermana ni ningún padre dejaría a los suyos acercarse a un edificio que no parecía seguro. Incluso con un tan capaz ninja saliendo con calma de él, y ningún dato más a la vista. El prodigio, este prodigio, seguiría hasta el lado que se había congelado al chico, con sus tonos rojos alardeando En la piel que también quería distinguirse de su mitad enemiga. A muchos les incomodaría aquella mirada, pero a pocos les provocaría su verdadera sensación, un escrutinio de cada confidencia. — Tengo curiosidad de a dónde llevas a este hombre de bien. Recuerdo las palabras del jefe. — Tomaba la posición más erguida que podía, hinchando el pecho en falta de músculos, convirtiendo su cara en una caricatura del otro hombre con cabellos blancos. "Ya sabes cuál es tu trabajo.". No parece un hombre muy decoroso, la pobre puerta lo sabe, pero ha tenido la cortesía de dejarme aún en esta vida otra vez. Lo que no sé, Seiichi-kun, es qué tiene que ver tu trabajo con mi vida. — La alternancia de seriedad y mofa convertía la conversación con el delgado en un laberinto de lógica con corredizos demasiado estrechos. Nunca parecía mentir ni decir la verdad, y era evidente en cada letra, tanto que hacía desconfiar al más inocente. — Si he de serte sincero, muchacho, detestaría vivir o morir como un criminal. Las leyes son unos escritos brillantes, me daría mucha rabia llevarles la contraria. — El castaño hablaba con la cabeza girada, pues mirando al frente solo habría vendas en su intento por observar al menor.

No mentía, las leyes eran una lectura entretenida en varios viajes, lástima que no en todos los lugares fuesen claras las pautas de conducta. Al que desentonaba le venían renglones a la mente por hacerles mención. No era momento para ellas, pero. Era el momento de protagonismo de otro, con poco escrito en la cara, posiblemente el resto lo había hecho con tinta de limón, y esta solo podría revelarse bajo llamas de verdad. El frío, en cambio, mantenía todo en su pureza uniforme. A la vista, pues al oído un estornudo bastante realista sobresaltó a dos niñas que jugueteaban al lado del paso de los dos hombres. — Ah... Lo siento. Deberías ponerte algo más, realmente hace frío esta mañana, ¿no crees, Seiichi-kun? En la tonalidad de las palabras se escondía una especie de condescendencia, que el más raro de los dos parecía empeñado en dejar caer, pues aborrecía el aburrimiento, y dado el trayecto, solo las palabras de otro podrían aliviar esa carga. Como si el otro no pudiese notar el frío que hacía. Volvía a sonreír mientras con las manos cruzaba los botones de su chaqueta-convertida-en-capa, mirando al frente, con lo que el otro solo podría ver un perfil hecho de vendajes blancos y huesos suaves en sus curvas. Una sonrisa malintencionada de nuevo que carecía de ningún cuidado en mostrarse, aunque tampoco jugaban con fuego. Con los fuegos. Al fin y al cabo, solo había conseguido ver unos segundos del joven partido. Si realmente existía algo que comprender, debía sacarlo como el jefe sacó el humo de la habitación unos momentos atrás, dependía de qué hubiese al frente.


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