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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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— Smarter than a freak; C Mission. (Seiichi; Yoisho Yuugen)

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— Smarter than a freak; C Mission. (Seiichi; Yoisho Yuugen)

Mensaje por Yoisho Yuugen el Vie Jun 09, 2017 3:01 pm









Smarter than a freak

A prey locked on the path, but those are two prodigies while hunter is just one.



Un lugar inhóspito aguarda al vil verdugo. La mañana, anunciada por un sol de hielo floreciendo en el horizonte auguraba más esplendor a las tierras de tan gran isla. Por sobre la altura de sus edificios, una construcción se declaraba protagonista, albergadora del poder militar en una ciudad, como todas en todas las historias, sin nombre. Pasadas sus puertas, y dos plantas a base de las escaleras hallábase al objetivo del próximo invitado. Su plan, y sus ocultistas actos que tanto alteraban a los vigilantes, y en pasados días a enteros mercados. Era la maldición del intelecto, de la rareza. O un pobre diablo escapado de su bonita jaula. La habitación encerraba algo que no pertenecía al feudo donde estaba, pero quizás habría alguien capaz de solucionar tal desfase de locación.

Día anterior, tarde; Edificio de autoridad.

— ¡Por última vez, impresentable, ¿qué haces en Hinoarashi?! — Fuera del escondido lugar, atuendos de ninja adulto parecían poca armadura para amedrentados soldados. Los gritos provenían de la sala de interrogatorios, y de la boca de un tozudo y apasionado jefe. Con sangre joven en su cuerpo, cabello blanco cisne desparramándose entre una banda que no lo dejaba fluir, igual que el oxígeno a más altura que la frente. Piel tostada con fuegos de guerra y años de servicio a su propia fuerza. Pocos años más que a quien insistía en no dejar escapar, había sido forzado a dejar pasar horas interminables en un sinsentido llamado interrogatorio con un pseudo-criminal que no se dejaba acusar. Los nervios crispaban al personal, y las opciones más vulgares y poco civilizadas comenzaban a ser una salida más sólida entonces. Otra y otra vez se acometía al castaño en su asiento, y este en una cara casi extrañada negaba con su gesto, a veces incluso sonreía haciendo entrever que era tan inocente como culpable, enterrando poco a poco la paciencia del más sensato de aquel lugar. Su espada seguía envainada, y probablemente solo se movería varias horas después.

— Se lo he dicho, quiero morir en un bello lugar. Quiero denunciar a quiénes han interrumpido mis suicidios... ¿tiene jurisdicción por otros feudos? — Un amargo sonido de derrota era incontenido en las fauces del peliblanco, quien tras golpear sobre la mesa, suficiente para astillarla bajo sus manos, se levantó y caminó en dirección a la puerta. — Por causar disturbios pasarás la noche aquí y mañana veremos qué demonios hacer contigo. Intenta escaparte y haré que te borren esa estúpida cara con hierro vivo. ¡Tú, vigílalo y no dejes que haga nada raro! — Un gritito introvertido se escapó de mientras el que aún estaba por nombrar tomaba la silla de distintas maneras, como si la comodidad fuese un mito, al igual que el sentido común.

Día actual, mañana; Edificio de autoridad.

Tal como el joven jefe de cabello claro pasaba las escaleras, ahoa alarmaban pequeñas carreras entre los habitantes de tal edificio, buscando con desespero alguna manera de solventar el encargo fracasado del mismo. Él y su acompañante tropezarían con un par de personalidades alteradas, principiantes débiles e intimidados que no sabían qué hacer frente a las rarezas de un ser humano. Ayuda pedían, aunque quisieran delegar toda la responsabilidad en el mayor cuyos músculos se volvían el doble gracias a la tensión y el estrés. Desde la habitación podían escucharse sencillamente como sus pisadas rebotaban con atronador sonido por las paredes. La puerta, en la segunda planta, cerrada y sin nada extraño. Los guardianes lloriqueaban sobre cómo el prisionero había logrado sellar la entrada de manera que ninguno de ellos era capaz de derribar la puerta. Gruñidos furiosos aparecieron conjunto a una espada en la diestra mano del peliblanco, sin esperas, haciendo estallar la puerta de madera de una patada. Tal como la madera cedió, una humareda oscura comenzó a escaparse de su interior, densa, opacando el oxígeno de la sala, pero sin ningún brillo ígneo a excepción de una centella flotante que desapareció tan pronto que no llegaría a verla más que el jefe y su nuevo, mucho más capacitado compañero. Tos, aventando con la mano y abriendo las ventanas para hacer huir al humo, la cortina de niebla ígnea dejó finalmente entrever una silueta, ancha por su capa de color gris-negro, con mangas inhabitadas, y chaleco y pantalones del mismo color, encima de una camisa blanca impoluto, como las vendas sobre cara y brazos, y zapatos negros. Solo los ojos ébano y cabello lignario parecían dejar fuera de la monocromía al sujeto, el único digno a no toser. — Jefe, estoy disgustado. Me tomo la molestia de hacerlo íntimo y sin molestias y vuelve a irrumpir en mi suicidio. Claramente, no entiendo qué desea de mi. — Detrás de la tos, una mano soportaba el impulso de arrancar dicha cabeza desordenada de su lugar. — Además, esa era una bonita puerta. — El alterado peliblanco envainó sonoramente, mientras el humo ya no era sino un filtro visual que hacía matizarse mucho menos los objetos. Podía verse en el contorno de la puerta y el conducto de ventilación una mancha de lo que parecía barro, pero ningún mueble u objeto había sido prendido para provocar el humo. Parecía la escena, en efecto, de un suicidio por asfixia. Los refunfuños se dirigieron a quien ahora miraba el único orbe común, colorido a la vista, rebajado a su nivel por una altura más comprometida. Analizando y sonriendo. — Ya sabes cuál es tu trabajo, sácalo de mi vista. —


Yoisho Yuugen
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Re: — Smarter than a freak; C Mission. (Seiichi; Yoisho Yuugen)

Mensaje por Seiichi el Lun Jun 19, 2017 10:39 am









Symmetrically opposite

The one who barely talks,
& the one that talks too much.



 Eran el tipo de encuentros, que se daban de la forma más inusual. Dos días habían pasado, desde la última asignación que le habían otorgado al joven de cabellera dividida. Una que le llevaría más allá de cualquier frontera feudal, pues se vería embarcado en un viaje lejos del País del Fuego. Una misión en terreno desconocido; haciendo la función de un cazafantasmas. Esa misma mañana que abrió los ojos y fue encandilado por los rayos de sol entrando por su ventana, pudo recordarlo con mayor claridad. También era un día soleado y molesto cuarenta y ocho horas atrás; formándose frente a un escritorio de madera descuidada, con un hombre detrás del mismo. La ventana de esa oficina tampoco se había mostrado piadosa con sus pobres ojos. — Un reducido equipo de Genin, han estado trabajando en esto, desde su presunta muerte. Tenemos lo suficiente como para asignarte el resto de la investigación. — Recordaba el sonido de sus dedos crujir, con ambos codos apoyados sobre la mesa, y una mirada pesada que mostraba cansancio. Tal vez desinterés, incluso. —Pensé que las misiones de este grado de dificultad, no eran entregadas a un solo Genin. — Inexpresivo. Se mostraba totalmente sujeto a las reglas, como de costumbre. De la forma más educada posible dentro de alguien con una soberbia pasiva, no dudó en comentarlo con su superior. — Eres de los mejores Genin que tenemos, Kaen. Lo has probado en más de una ocasión. Sin embargo, eso no te da la autorización para compartir tus pensamientos conmigo. Fue un ex compañero tuyo en la alianza temporal contra los Tigres en Llamas, y por ello te vemos adecuado para el trabajo. Repórtate cuando regreses. — Muchos lo veían de esa forma al medio pelirrojo. Era una clara amenaza para cada uno de sus superiores; la peligrosa fusión del talento natural y el arduo trabajo. Eso a él, nunca se le cruzó por la cabeza.

Cuando estaba por partir esa misma mañana tras haber corroborado por segunda vez, que llevaba todo lo necesario, fue interrumpido por un nervioso mensajero. Un Genin de Hinoarashi, igual que él, probablemente unos años mayor. Le provocó una leve arruga en el entrecejo cuando se cruzó en su camino de manera tan brusca y poco profesional. Convocado antes de su partida. Esperaba que al menos fuese por una buena razón; el perfeccionismo de Seiichi no permitía la pérdida de tiempo. Una vez recibió los detalles que exigió al mensajero, se alejaba de su razonamiento lógico. — El edificio es un caos, debido a un extranjero no reconocido, que ha atentado en múltiples ocasiones, quitarse la vida. — Lo repitió para ver si había procesado la información recibida apropiadamente. El otro, asintió con la cabeza tres veces a una velocidad anormal. La curva que representaba su boca, la cual se inclinaba ligeramente hacia abajo, se mantuvo allí por varios segundos. — ¿Por qué no dejan que lo haga?


. . .


Edificio de autoridad. Bastó con cruzar la puerta principal, para encontrarse con un montón de novatos correteando de un lado a otro. Ciertamente; una escena que encarnaba el desorden que podía llegar a alterar incluso al extraño joven. Entre personas del mismo rango que él, fue divisado por aquel que parecía encargarse del sujeto en cuestión. El suicida del cual querían deshacerse a toda costa. Incluso su casi inexistente habilidad para leer las emociones humanas, le fue suficiente para detectar la que se apoderaba del rostro de ese hombre de cabellera blanca. Le enervaba la sangre. — ¿Dónde está él?
Preguntó con la calma habitual, el de rostro siempre calmado. Había inclinado levemente la cabeza en forma de reverencia, tambaleándose entre la buena educación y la falta de respeto a un superior. En Seiichi las formalidades siempre estaban presentes; pero no se afirmaban lo suficiente. Porque su desinterés hacia cualquier otro ser vivo era demasiado transparente, que incluso aquellos sobre él lo notaban. Tachado de arrogante.

Escaleras. Sus pasos se afirmaban con menor intensidad que los de aquel que un metro frente suyo, quien parecía apenas conservar la calma. Lo suficiente para no terminar asesinando al problemático detrás de esa puerta bloqueada. Igual que un cuerpo carente de vida, Seiichi se mantuvo inmóvil, esperando el accionar de su superior respecto a la problemática. Una fuerte patada les abrió el paso... y con ella, una ráfaga de humo negro invadió el campo visual del muchacho. A pesar de conservar la calma; su chackra ya lo había detectado como el ataque de un hostil. Posiblemente, el plan de escape del demente aún desconocido. El humo comenzaba a disiparse, revelando a los dos que compartirían horas de viaje. Por un lado había una gran coraza de hielo sobre el ojo izquierdo. Por el otro, vendajes guarecían el ojo derecho del suicida. La media armadura helada del bicolor, recubrió su lado de fuego como acto defensivo. Él, pero, no había movido un sólo músculo. Producto de ello, también había disminuido mucho la temperatura de la sala, en un abrir y cerrar de ojos. Hubo contacto visual. Breve, pues ahora habían dos analistas en la misma habitación. Kaen miraba con cuidado las paredes de la habitación, notando algunos dejes del humo que había ocasionado el lunático. No había nada quemado... ¿Alguna variación de una técnica Katon?

Asintió ante el pedido, acercándose al muchacho de saco largo y rostro vendado. — Soy Kaen Seiichi. Partimos de inmediato. — Su tono de voz; apagada, no resultaba autoritaria. Tampoco intimidante. Sí... rara.







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Re: — Smarter than a freak; C Mission. (Seiichi; Yoisho Yuugen)

Mensaje por Yoisho Yuugen el Lun Jun 19, 2017 5:46 pm









Smarter than a freak

A prey locked on the path, but those are two prodigies while hunter is just one.



E inhóspito es el camino a la guillotina. La capa encima del cuerpo delgaducho dejó pasar con la venia de la distancia, supurando gotas frías alrededor de la piel blanca, sembrando las semillas del temblor. Fuera, sin embargo, no estaba tan frío para congelar a medio muchacho al instante. Congelar, como lo veían casi todos. La madera de los ojos en aquel esperpéntico extraño repiqueteo como cuando se queman bosques enteros, con su sonrisa ofidia arrastrada con un deje elegante. Comprensión, pocos secretos había en la piedra blanca, antes aire disgregado alrededor del chico. Incluso aún con humo, las cicatrices del tiempo se esparcían por toda la figura más baja, aletargadas en un pasitivismo que no parecía tan pasivo. Mordiéndose las unas a las otras en un desacuerdo mutuo del que nadie, ni el observador, era consciente, pero que se regocijaba en imaginar. Por qué no si era tan divertido. Como sus propias dos naturalezas, con una tapando a la otra, Aquel con todo un físico conjuntado al emparejamiento de lo dispar aludía a un deber ficticio, y él que sabía tanto de lo ficticio comenzó a caminar en su espalda, mirando hacia la gente aún alterada. — Cierre sus ventanas, jefe. Puede que empiece a hacer frío fuera. — Tan insutil que aquella pandilla no lograría entender su malintencionada revelación. El prodigio, el otro, por otra parte podría ser algo más amigo de las palabras rebuscadas. Era todo lo pintoresco que un hombre común como el que quería —había sido ordenado— transportar podría desear. Todo partido en dos, con un apellido que bramaba aún más la guerra interior. Todo en pos de la rareza y lo exótico a manos de quién sabe. Kaen, ¿quién no se daría cuenta? No se reía, pero el apresado sonreía con una felicidad suya, la misma que tenían los osos al morder su primer pez en los ríos, o el mocoso que se asomaba a una puerta que se les prohíbe hasta que no crecen. Una que pocos más lograban provocar, pocas cosas pues el muchacho aún debía labrarse aquel hueco. Por ello quizás, tras las vendas el ojo secreto también hacía su lectura en una página blanca con tinta roja. ¿O era roja con tinta blanca?

Habían cabalgado las escaleras en silencio, el hombre delgado y más alto se había aferrado a su prenda más superficial en pos de retener el calor de la vida haciendo por escaparse, aunque fuese poco. Las personas no se acercaban al edificio, dado que la columna de humo alertó a todos, pensando en un incendio, la mente que es muy retorcida. Ninguna hermana ni ningún padre dejaría a los suyos acercarse a un edificio que no parecía seguro. Incluso con un tan capaz ninja saliendo con calma de él, y ningún dato más a la vista. El prodigio, este prodigio, seguiría hasta el lado que se había congelado al chico, con sus tonos rojos alardeando En la piel que también quería distinguirse de su mitad enemiga. A muchos les incomodaría aquella mirada, pero a pocos les provocaría su verdadera sensación, un escrutinio de cada confidencia. — Tengo curiosidad de a dónde llevas a este hombre de bien. Recuerdo las palabras del jefe. — Tomaba la posición más erguida que podía, hinchando el pecho en falta de músculos, convirtiendo su cara en una caricatura del otro hombre con cabellos blancos. "Ya sabes cuál es tu trabajo.". No parece un hombre muy decoroso, la pobre puerta lo sabe, pero ha tenido la cortesía de dejarme aún en esta vida otra vez. Lo que no sé, Seiichi-kun, es qué tiene que ver tu trabajo con mi vida. — La alternancia de seriedad y mofa convertía la conversación con el delgado en un laberinto de lógica con corredizos demasiado estrechos. Nunca parecía mentir ni decir la verdad, y era evidente en cada letra, tanto que hacía desconfiar al más inocente. — Si he de serte sincero, muchacho, detestaría vivir o morir como un criminal. Las leyes son unos escritos brillantes, me daría mucha rabia llevarles la contraria. — El castaño hablaba con la cabeza girada, pues mirando al frente solo habría vendas en su intento por observar al menor.

No mentía, las leyes eran una lectura entretenida en varios viajes, lástima que no en todos los lugares fuesen claras las pautas de conducta. Al que desentonaba le venían renglones a la mente por hacerles mención. No era momento para ellas, pero. Era el momento de protagonismo de otro, con poco escrito en la cara, posiblemente el resto lo había hecho con tinta de limón, y esta solo podría revelarse bajo llamas de verdad. El frío, en cambio, mantenía todo en su pureza uniforme. A la vista, pues al oído un estornudo bastante realista sobresaltó a dos niñas que jugueteaban al lado del paso de los dos hombres. — Ah... Lo siento. Deberías ponerte algo más, realmente hace frío esta mañana, ¿no crees, Seiichi-kun? En la tonalidad de las palabras se escondía una especie de condescendencia, que el más raro de los dos parecía empeñado en dejar caer, pues aborrecía el aburrimiento, y dado el trayecto, solo las palabras de otro podrían aliviar esa carga. Como si el otro no pudiese notar el frío que hacía. Volvía a sonreír mientras con las manos cruzaba los botones de su chaqueta-convertida-en-capa, mirando al frente, con lo que el otro solo podría ver un perfil hecho de vendajes blancos y huesos suaves en sus curvas. Una sonrisa malintencionada de nuevo que carecía de ningún cuidado en mostrarse, aunque tampoco jugaban con fuego. Con los fuegos. Al fin y al cabo, solo había conseguido ver unos segundos del joven partido. Si realmente existía algo que comprender, debía sacarlo como el jefe sacó el humo de la habitación unos momentos atrás, dependía de qué hubiese al frente.


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Re: — Smarter than a freak; C Mission. (Seiichi; Yoisho Yuugen)

Mensaje por Seiichi el Miér Jun 28, 2017 7:27 am









Symmetrically opposite

The one who barely talks,
& the one that talks too much.



 Observaciones. El análisis del bicolor se detuvo al momento de oír la orden; limitándose a cumplir su cometido de la manera más eficiente posible. A diferencia del misterioso sujeto que sonreía del otro lado de la habitación, él no concentraba su pensar en la actitud del individuo. Ajeno a la humanidad misma, no era más que un cargamento de carne y hueso, que debía llevar desde el punto A, al punto B. Considerando lo que el cautivo pudo lograr en una sala sellada y con claras restricciones de movimiento, era parte de su deber el ser precavido. No ocasionó daños al personal ni a la estructura, pudo notar Seiichi. Aún así, empujó a su límite al hombre que estaba a cargo, viéndose forzado a destruir la puerta para poder ingresar. Definitivamente un problemático, mas no un enemigo. Y la última palabra tenía un gran, simple significado para el fenómeno de dos mitades. Uno que podía alterar su apático comportamiento, por uno más frío y despiadado. Tras haber realizado una presentación por mera formalidad, cierto comentario resonó en su cabeza por varios segundos. Incapaz todavía de distinguir la intención con la que fue hecho, sí captó enseguida la indirecta. Mas la necesidad de haberla arrojada, era igual de enigmática que esa sonrisa. Únicamente los atentos podrían pescar la respuesta corporal de Seiichi, quien se detuvo en seco por menos de dos segundos, para después retomar su paso. Como si una piedrita se hubiera entrometido en el sinfín de engranajes que funcionaban en sincronía. Lejos de la molestia, de no ser por la lealtad que le tenía a su propio comportamiento como Shinobi, quizás hasta pudo haberle generado curiosidad. Prodigios, pero, en distintos campos.

La presentación del joven soldado, no fue correspondida. Seiichi cometió el error rutinario de juzgarlo por su vestimenta, la cual dejaba en claro que no se trataba de un ninja de países cercanos. Tal vez ni siquiera era un Shinobi. De momento su expresión facial a medio cubrir, se mantenía inmutable mientras descendían por las escaleras. Silencio total. Muchos de los que se encargaron del sujeto horas atrás, se echaron a un lado con gotas de sudor corriendo por la frente. Inquietos; parecían querer deshacerse de la presencia del castaño a toda costa. En lo que respectaba a la llama helada con pies, el cautivo estaba manteniendo un comportamiento aceptable. Por los primeros minutos de su compañía, creyó que sería alguien que no generaría problemas. El heredero de la familia Kaen, tomó un pequeño bolso que había dejado en recepción antes de haber subido a buscar al suicida, donde lleva provisiones para varios días y algunos vendajes. Los suyos ya estaban sucios. En la mano derecha, las vendas que recorrían alguna que otra falange de tres dedos, ya habían tomado un color rojizo. Era un joven acostumbrado al dolor de las quemaduras, mas no al ardor que producen sobre la piel antes de formarse. Y ahora llevaba la más simbólica, cubierta por una armadura de 'hielo'.

Encerrado en un cuerpo con rasgos llamativos, se encontraba alguien que no buscaba destacar. Al salir del edificio, se encontraron con un montón de personas observando desde los alrededores, conservando una distancia prudente con la estructura que desprendía humo de ella. Lo primero que no tardaron en señalar, fue a un muchacho medianamente humano. Varios de los que se encontraban en servicio para Hinoarashi, sin embargo, reconocieron inmediatamente la vestimenta del muchacho. Seiichi Kaen; prometedor y leal Genin del feudo. Hijo de un guerrero de gran renombre, que continúa dedicando su vida a todo lo que había dentro de esos muros. Miembro y heredero de una familia de la élite. En todo momento conservó la calma, dirigiéndose de inmediato a las afueras del territorio amigo, para embarcarse hacia la frontera. En su caminata, la cual carecía de gracia y personalidad, solamente resonaban las piedras blancas de su pie izquierdo al pisar. Paralelamente, no dejaba de prestar atención a los sonidos provocados por el castaño, proporcionándole el lujo de estar al tanto de su posición, sin tener que mirarlo. Extremadamente impersonal, como de costumbre. Lo escuchó finalmente dirigirse hacia él mientras seguían camino, apenas un minuto después de haber abandonado el edificio. Era una curiosa manera de hablar. Parecía estar ignorando, lo que detectó al principio como mera infantilidad, por parte del raro sujeto. Seiichi-kun. Al ser una persona totalmente dedicada a su feudo, y que no gusta de tiempo libre ni relaciones sociales, era inusual oír ese honorífico. Impropio. Giró levemente el cuello, enfocando el farol carmesí que desprendía un brillo sin igual a través de un lente en su media coraza. Inexpresivo, pero, ese rojo podía interpretarse de muchas maneras. Tal vez la manifestación más pura de niveles alarmantes de furia, aprisionada en una calma inquebrantable. — No existe tal conexión. Me asignaron llevarte fuera del país, después de un alto número de denuncias que involucran tu presencia. Puedes terminar con tu vida en otro sitio, como el País del Rayo. — Ahí estaba, la cruda honestidad de Seiichi Kaen. Ciega y sin malas intenciones; lejos de querer resultar hiriente o excesivamente frío. Su expresión seguía siendo plana. Un buen ojo, podría detectar que el muchacho era un caso muy particular. Carencia de habilidad social no era el problema; sino la inexistencia misma. — Mueres al convertirte en uno. — Una opinión personal, que únicamente tuvo lugar debido al comentario por parte del extraño ser. Porque alguien que no quería ser criminal, ni ir en contra de las leyes, no era merecedor de su inclemente silencio. Tampoco, pero, de una conversación larga y tendida.

Frío. El joven acorazado no era el más entretenido acompañante de viaje; no sería el primero en que si dependiera enteramente de su persona, recorrería su transcurso sin decir una sola palabra. Desconocía el entretenimiento, llevando nada más que su definición dentro de la biblioteca que era su cerebro. Aquello podía incentivar a los que viajaban a su lado, a despilfarrar sus esfuerzos en pobres intentos para animar las cosas. Animar lo inanimado. Lo único que existía en esa cabeza tan simple, era la eficiencia y el respeto. Las dos,
se conseguían hablando su único idioma
... El cumplimiento del deber. Un estornudo ridículamente llamativo, volvió a desviar el enfoque visual a su izquierda, donde el castaño se cubría con el saco, de una forma que no era la más eficiente. Miró directo a las mangas del abrigo con poco disimulo, callando una sugerencia que resultaría personal. Seiichi-kun; otra vez. Sus sentidos no se equivocaban; se activaron debido al tono de voz que el muchacho suicida —sin nombre, aún— había utilizado. Y una sonrisa que, con sus básico desenvolvimiento en esa área, no podía descifrar. Conectó de inmediato aquello, con lo primero que había dicho unas escenas atrás, donde lo había recogido. Quería darle a entender que sabía más de lo normal, mas no lo decía. Hablar y a la vez no. Callar, cuando se está usando la voz. — No puedo sentir el frío. Tampoco el calor.— No lo mencionó como una novedad, pues claramente no lo era. Sino como algo que él mismo había dejado caer, para corroborar algo respecto a su acompañante. Su lado izquierdo parecía haber comenzado a hervir, pues la coraza que protegía la mitad de su cuerpo, comenzaba a desintegrarse. Desprendía vapor, mas no se estaba evaporando. Era consciente de que mantener ese estado, solamente podría incomodar el termostato del otro a su lado. Alguien normal le habría hecho muchas preguntas al hombre suicida; pero ninguno de los dos lo era.

Un buen ritmo. Si lograban mantenerlo y no surgían obstáculos durante el camino, llegarían en un par de horas. Tampoco tenía necesidad de hacer al otro correr. Seiichi tampoco podría hacerlo apropiadamente, de todos modos. Su pierna izquierda temblaba, a causa de la armadura que había estado llevando encima. Invulnerable a la sensación, mas no a las represalias de las bajas temperaturas.







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Re: — Smarter than a freak; C Mission. (Seiichi; Yoisho Yuugen)

Mensaje por Yoisho Yuugen el Jue Jun 29, 2017 6:11 pm









Smarter than a freak

A prey locked on the path, but those are two prodigies while hunter is just one.



Pero hay los verdugos benevolentes. Con cada corto vistazo, aquella capa sólida se desglosaba tranquila y silenciosamente sobre el pensar del de cabello desordenado. Atrapado dentro de su propia prenda, en una sublime actuación, como todas las suyas, seguía con la intriga propia de los que realmente quieren saber del mundo. Las palabras del muchacho más bajo se colaban entre los oídos como una melodía de una sola nota, menos versátil que un tambor de ritmo constante. De alguna manera, pero, lograba que aquel sin nombre ni identidad no empezase a malograr cualquier intento de adultez, haciendo juego de escapar, con sus debidas trampas y malas acciones. Especialmente porque no podía saber con seguridad qué tipo de enfermiza mente juraba la muerte ajena tan deprisa. Solo contestaba una risilla casi de colegiala con sus palabras, acompasando los pasos para mantenerse siempre a la misma altura del de armadura inusual. Sus últimas palabras, en cambio, no recibieron nada más que una mirada, que se alargaría por unos minutos de aspecto inacabable, hasta que las dos partes de aquel encargo fuesen extraídas de la ciudad feudal, comenzando por los caminos de tierra que usaban mercaderes y viajeros. Y prisioneros. Que el chico pudiese o no ver como lo hacía el prodigioso usuario de elementos era curiosamente obvio. También veía a través de su armadura, y sus palabras y maneras. No, el pobre Seiichi-kun estaba ciego del ojo que Yuugen había usado desde sus primeros años. Solos ahora, el castaño daba pequeños bandazos a los lados, cerciorándose sin esconderse que nadie había alrededor, como si necesitase privacidad con el que no necesitaba su elemento, solo su habla para congelar al resto. La sonrisa volvería enseguida, conjunto a un gesto pensativo, donde la mano solo era un bulto, como si el propio castaño hubiese olvidado que la capa le limitaba el movimiento de brazos. — Ni frío, ni calor... — No reflexionaba sobre ello, ya no. Era más una llamada impersonal para que el otro viese cómo de duro era descifrar su ya no secreto elemento.

— Debe ser muy duro ser insensible y vulnerable a la vez. — Miraba directamente al muchacho, sin ningún reparo en sus descubrimientos más que el cuentagotas para observar cada reacción. Al contrario que el Zeroton, Seiichi no entraba en su campo de estudio por completo, y aún no lo había analizado del todo. Yuugen tropezó. Suficiente para que toda la seriedad intrínseca en su último argumento fuese puesta en duda por otro ser humano. Se abstraía con demasiada fuerza y olvidó mirar que una piedra se acercaba a su camino. Por suerte, pudo sostenerse con la otra pierna y seguir caminando, pero se le veía avergonzado. Como si realmente no hubiese predicho aquel fallo en el discurso. Que no lo había predicho. Tosió para si mismo, aclarándose la garganta de manera innecesaria. — No quisiera ser impertinente, es solo que podría estar quemándosete la ropa ahora mismo y no lo notarías hasta que abrasase tu piel. Y no produces tanto frío para calmarlo, menos si empiezas a contenerte. Postilló lo último de forma baja, como si no hubiese querido decir tanto. Se sorprendió a si mismo volviendo a hacer como si la capa no existiera, tapándose la boca y pasando un par de segundos estático. — No te llevarías nada bien con Akuma-kun... — Dijo, con una muy mal fingida preocupación, pero tan intensa como solo podía ser la suya. Dejó que pasasen incluso diez segundos en aquella pose trascendental y angustiada, sin escuchar no responder al Kaen hasta que pareció hallar respuesta a las preguntas existenciales. En realidad, le dolía el pie por el tropiezo anterior.

Finalmente volvió a andar al lado de Seiichi, sin descubrir más. Otra de aquellas molestias naturales de Yuugen era la forma en que parecía saber todo, y al mismo tiempo, el resto no podía saber nada de él. Seguía sin nombre y sin ninguna clase de identidad u origen. — ¿Seiichi-kun, por qué crees que envían a un pobre hombre que no ha hecho nada malo fuera del país? No estamos hablando de prohibir mi entrada en la ciudad, o el feudo, sino un país entero. ¿No es un poco desmedido? — No parecía molesto con la sentencia, sino curioso de la misma. El extraño no creía que supiesen nada de él. Enviarlo al País del Rayo era una extraña coincidencia, pero subestimaba la investigación que hubiesen hecho sobre un suicida que nada tenía que ver con ellos. Más aún, esperaba alguna respuesta sobre el deber y las órdenes por parte del acompañante, una contestación tajante y simple del de pocas palabras que mataría la conversación otra vez. — Además, no quiero morir en un país montañoso. Hinoarashi tiene un encanto exótico muy característico. Tiene unas vistas espléndidas y una comunidad ninja de lo más curiosa. Resultaba molesto nuevamente, porque por comunidad no podía solo entenderse a si mismo, sino que le colocaba en el colectivo de rarezas de su propio feudo. Que fuese malo o no para el de dos colores pertenecer a él estaba fuera de la cuestión. Dejaba la sutileza del colectivo donde todos eran iguales, e prodigio, o aquellos temerosos que habían tenido que esperar a su llegada para rescatarlos del que mantenía todos sus secretos aún. Pero Yuugen era muy mal mentiroso en ocasiones. Claro que no todos cuentan con el Reiton. De repente había seriedad, hablando del elemento frío.


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Mensaje por Seiichi el Jue Jul 13, 2017 1:33 pm









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 Rarezas que no se escapaban de su entendimiento, sino de su interés. El pensamiento recto del muchacho de dos mitades, no generaba conversación alguna con un individuo del que no sabía absolutamente nada. No se molestó en indagar, al no haber recibido siquiera una presentación. Era entre el camino desolado, el único que podría convertirse en un hostil de un momento a otro. Era su deber no descartar tampoco esa posibilidad, mas el castaño no le generaba sensación alguna de peligro. Y eso, tal vez, era justamente lo peligroso. Curioso fue que su media armadura de hielo se activase al entrar al salón rebosante de humo, antes de poder clavar sus orbes heterócromos en el castaño de saco gigante. Hasta el ritmo de su andar, resultaba inmutable y cercano a la mismísima perfección. Ni siquiera un milisegundo de diferencia, uno con el otro, durante su caminata en posición erguida. Soldado feudal. Resultaba natural en el medio pelirrojo, ese nivel único de concentración que escondía con infravalorada humildad, detrás de una mirada taciturna que no aprisionaba ninguna emoción humana, que pudiese provocar una reacción. Ciertamente, debió costarle mucho tiempo y dedicación, haber adoptado semejante postura. Mantenerla, para muchos, seguro se convertiría en un infierno. Contrario al que se mecía de un lado a otro, como un niño atrapado en el cuerpo de un joven adulto.

Las precauciones de un Shinobi al escoltar a un individuo problemático fuera del país, empezaron a convertirse en genuina desconfianza ante el que no temía en hablar y callar, al mismo tiempo. Seiichi es reconocido por su intelecto y razonamiento; por ese mismo motivo, no subestimaba en absoluto las capacidades del que llevaba un ojo vendado. Era alguien capaz; intentar adivinar su grado de desenvolvimiento en combate, resultaba irrelevante. Era la constancia con la que alardeaba a través de muecas y retorcidas oraciones, lo que generaba fugaces miradas de reojo por parte del Genin feudal. Ligero interés; todavía atrapado por las garras del deber, que no permitían las posibles interacciones entre esos dos, salir de su boca. Para la mayoría, su acompañante suicida podría resultar como un montón de espejos que reflejaban nada más que el aspecto de su interlocutor. Kaen, por su parte, era incapaz de comprender la necesidad del castaño por darle el estelar cada medio minuto, a su más que obvio intelecto. Tras el pequeño tropiezo del que no dejaba de hablar, fue la extremidad superior más próxima a él, de Seiichi, la que quiso derrumbar instantáneamente su inmutable apatía. El brazo izquierdo se había movido, levemente, para evitar una caída que no sucedió. Quizás ningún ojo fue capaz de atrapar el momento, pero la coraza de hielo aún faltaba por derretirse un poco alrededor de su codo, generando un sonido de fricción, que se oyó con claridad en la soledad del transcurso. Los ojos dispares del manipulador de las llamas, detectaban muecas en el rostro ajeno tras el tropiezo —el causante—, mas no podían encajar las piezas en el sitio correcto, para determinar su razón. Como una buena —o mala— costumbre por parte del medio albino, se tomaba unos segundos en silencio tras haber escuchado el montón de palabrería ajena, antes de poder otorgar una respuesta suficiente. Lo justo y necesario. El nombre 'Akuma' no le trajo a su mente, a ningún ser humano que resultase relevante bajo el contexto, por lo que ignoró esa parte por completo. Una vez el castaño se reincorporó a su lado, finalmente habló. — No uso más poder del que necesito. — Nuevamente, difícil de leer qué emoción iba ligada a una voz tan apagada. Era lo más lejano a un presumido; tampoco parecía mostrar arrogancia. Era, sino, la seguridad de que podía manejar lo que sea, sin siquiera utilizar el cien por ciento de su potencial. Aquel que no conoce la derrota, y el motivo de montones de rivalidades unilaterales, que él ignora por completo.

— Desmedido o no, es lo que debo hacer. — Respondía, y a la vez no. Le prestaba el mismo grado de atención que un viajero harto de caminar, a una mosca que lleva siguiéndolo por los últimos diez kilómetros. Se podía ver que tenía una opinión personal al respecto, mas no la compartía. 'Lo que debe hacer'. Ni siquiera utilizó la excusa que usaban muchos; 'es una orden'. Eran dos cajas repletas de acertijos, protegidas por candados de combinaciones muy diferentes. El iris carmesí de su lado izquierdo, se fijó en el orbe derecho de su contrario, tras haberse referido a la comunidad ninja de su feudo, como 'curiosa'. Era un mero reconocimiento, de que había entendido con claridad la indirecta. Seiichi había dejado de avergonzarse por sus rasgos casi fenomenales,
desde que los Kaen le dieron la espalda
. Llevaba hasta la quemadura en su rostro, igual que una persona lleva un colgante alrededor del cuello. Natural. — ¿Reiton? — En ese momento, fue el friolento quien tropezó. Su último pensamiento se manifestó en una pregunta directa, mientras continuaban camino a la frontera. La primera vez que oía a alguien, referirse a sus habilidades como el Elemento Frío. Ciertamente, el castaño no se encontraba lejos de saciar su curiosidad. Cuidado, pero, si se acerca demasiado... podría quemarse.









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Mensaje por Yoisho Yuugen el Sáb Jul 15, 2017 6:21 pm









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A prey locked on the path, but those are two prodigies while hunter is just one.



Y cuellos escurridizos. Una de las ventajas que tenía aquella cara de pardillo perpetua era que ocultaba más que la máscara quemada del pétreo compañero. La nada siempre fue muy difícil de malinterpretar, también la teatralidad. Sin embargo, mezclando emociones de mentira con verdades y confundiéndose a uno mismo. Entonces leer una cara era como leer a un erizo, carente de todo sentido o propósito. El castaño de repentina seriedad quiso verlo así cuando la pregunta abrupta de su más joven acompañante saltó hasta su escucha, trazando una sonrisa naturalmente amplia, con aire de satisfacción, y con un pico afilado por la forma del labio superior. Un cebo muy sencillo aún. Yuugen, para su propia desgracia, realmente faltaba de ganas de vivir. Suerte, o que le gustaba llevar la contraria al mundo, parecía que el destino no estaba dispuesto a dejarlo marchar tan pronto. Así pues, cuando la curiosidad ninguneaba un poco su deseo, la emoción solía cubrir parte del rostro, con unas arrugas del ojo al entrecerrarse, o un hoyuelo vagamente pronunciado en la sonrisa al encarar a dicha curiosidad, ahora de dos colores. Reiton. Bastante al azar y básico para un hombre del calibre de Yoisho, al menos en parafernalia. Tan solo debían saber otros el modo en que se autodenominó. Pero claro, esa era otra de sus cartas. Se detuvo de lado. Al contrario que el formal muchacho, el suicida quedó rezagado, apostando con su consciencia si caería o no. Cual fuese el resultado, terminaría volviendo a erguirse como el objeto que pretendía ser. — Es el nombre más simple que se me ocurría, sin ánimo de ofender. Los nombres son muy importantes, Seiichi-kun. — Quedó mirando ahora al ojo normal, enmarcado en piel normal. Como ser humano, parecía estar seguro de que la mayoría habría olvidado la otra mitad. Lo exótico y raro siempre era más atractivo, incluso el más grotesco de los fallos. Él mismo caía en tal error, pero solía rectificarse. La importancia de la normalidad no es algo que a mucha gente interese.

— Podría ser un error mío... ¿Touton? a fin de cuentas puedes congelar cosas. — La sonrisa se apaciguaba en un gesto más bien feliz. Feliz de verdad. — Hmm... ¿Souton? No, no. La escarcha no tiene sentido... No te conozco tanto, Seiichi-kun. No sé cómo has querido llamarlo. — El delgaducho alzó las manos al aire en señal bastante ambigua de rendición mientras comenzaba otra vez a andar, pese a ensimismado, dando vistazos al lugar contrario. El amante de las palabras, de haber sido otra ocasión más amigable, podría haber dicho los cientos de nombres que se le ocurrían para algo que no era suyo. Entrometido de nuevo, movió el anzuelo. Volvió a detenerse en el mismo aspecto lineal. Era alto para sus dieciocho años, Yuugen, y aún más, se tratada de un hombre delgado y en negro que estilizaba. Desabotonó los botones de su chaqueta, más la sostuvo con sus hombros, como si con la armadura del chico partido, su propio frío se hubiese ido. — Kaen Seiichi-kun... — un tono serio de nuevo. Ahora podían verse sus brazos, también llenos de vendas bajo la camisa, cruzarse entre si con escasa fuerza. — Dime... ¿Por qué aplicar un castigo desmedido debes, si piensas que con lo necesario es suficiente? — Hubo un momento de intensa mirada, lejana al juicio, era como los libros con un final abierto, intentando dejar la semilla en vez de la flor. Como si fuese un tema trascendental y necesario para lo que estaban haciendo, quería pensar que ninguno de los dos lo veía así.

Segundos largos donde al final, la respuesta caía en el mismo saco que todas, mientras las estiradas piernas del monocromo lo impulsaban una vez más. Estaba perdiéndose el paisaje que minutos atrás alabó. El poderoso verde que traía el mediodía a la hierba, la forma cuadrada de unos cultivos muy lejanos a su sendero, donde la casa solo era un punto rojizo de ladrillos. El sol justo encima de ellos arrojaba una claridad especial a cada mitad. Un incendio y un alúd. Al castaño, en cambio, le jugaban los ojos, ahora prácticamente rojos por la luz del astro rey. El gran Yang, ¿quién sabía de su importancia más que aquel simple humano? De repente, la seriedad y las artimañas del teatral ser desaparecían y dejaban paso a un estado pasivo y formal, no a la altura de su contraparte, pero al menos, no llamativa. No dijo nada en un buen rato, ni siquiera si le llegaba cualquier llamada de atención. Caminó mirando al suelo, absorto en un repentino pensamiento. La mente siempre había jugado con el cuerpo en su particular caso. — Seiichi-kun... ¿Te importa si jugamos a las preguntas? — Era lo más serio que había preguntado en todo el camino, algo que el mayor de los asociales lograría captar. Verdad o no, lo era. — ¿Sabes? a veces tengo en pensamiento fugaz, y voy saltando de una idea a otra hasta que pierdo por completo el norte. Es solo para sacar material de esta cabeza. Te dejo que prohibidas temas y empieces. En cambio tú me puedes preguntar cualquier cosa. Creo que era un pensamiento importante... — A través de la prenda ahora abierta, se escapó un brazo derecho, tendido para alcanzar una distancia cercana, tendida en ofrecimiento al medio-ardiente.

— ¿Me harías ese favor? —


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Mensaje por Seiichi el Mar Jul 18, 2017 6:41 am









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The one who barely talks,
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 Era la curiosidad, aquello que le convertía en humano. Porque además de emociones que llevan siempre cadenas cortas, también se encuentra el interés por lo desconocido; por aquello que de alguna manera, ha llamado la atención. Su atención. El joven de dos mitades, continuaba siendo un inexperto cuando se trataba de ser una persona, e interactuar con los de su misma especie. De no ser por la mismísima curiosidad, sería difícil distinguirlo de una herramienta común y corriente. Cumplía su función sin mutar ni por un segundo. Al resultar un verdadero reto que las provocaciones tengan el efecto esperado sobre el chico de temperamento helado, uno podría encontrarse de cara, en más de una ocasión, con la frustración. Tratarlo como un caso perdido; un muchacho portador de cuerdas vocales que empezarían a oxidarse por su poco uso. Es por su forma de ser, ceñida a una combinación que se originó tras la lectura de un sinfín de manuales, que sus párpados apenas se habían abierto un poco más de lo común. Manteniendo la falta de expresión, pero reduciendo su estado apagado de siempre. Seiichi había dejado de comportarse como un ente desconectado del mundo, ahora entablando contacto visual con el castaño mientras este hablaba. A pesar de que la desconfianza seguía latente, al menos ahora estaba siendo parte de la conversación. El iris menos intenso, perteneciente a su lado helado y al que muchos consideran como normal, se enfocaba también en los orbes que tomaban un pigmento carmesí con los rayos de sol anaranjados. Tal vez la confusión de otros personajes, se mostraría con claridad en una mueca, mas no en la del medio pelirrojo. Continuó escuchando nombre tras nombre; ciertamente seguía encaminado sobre las habilidades de Kaen. Por el lado del manipulado de las llamas, flexionó levemente el brazo para dejar la palma de su mano abierta, visible. Cabizbajo, la miró por unos segundos, entre un mechón largo que era justamente la unión de sus dos tonalidades. — Yo nunca le he puesto un nombre. — 'Yo', era clave. Las palabras salieron de su boca en un tono ligeramente menor al que mantiene normalmente. Era extraño cómo un muchacho nunca le había puesto siquiera algún nombre a su fenomenal elemento. Poder que le lleva acompañando desde sus primeros años de vida. Recuerda haber escuchado a varios miembros familiares, referirse a las llamas invernales como Zeroton, pero él nunca lo utilizó.  

Castigo. Seiichi se detuvo segundos después que el castaño, mirándole esta vez con el lado que el suicida había escogido minutos atrás. Su media cabellera blanca se superponía sobre la color granate tras un fuerte soplido del viento. Ante la seriedad del otro, los ojos del que llevaba una quemadura en la cara, volvieron a entrecerrarse. La escena mutaba a una velocidad que exigía de su total atención. — El castigo ya fue aplicado por alguien más, tras habérmelo ordenado a mí. Solo soy el vehículo de esa sanción. — La forma en que continuaba siendo evasivo, le hacía ver como alguien terco e insistente. 'Leal' también podría utilizarse como adjetivo en ese caso, pero es que carecía del espíritu que muchos soldados tienen hacia su nación o feudo. El suicida parecía tener más ganas de vivir, que el Shinobi mitad frío y mitad calor. Era consciente en su cabeza, de que ese tipo de respuestas rara vez resultaban satisfactorias en el medio de una conversación. A veces, podían desencadenar reacciones hostiles en su interlocutor. Había separado al chico del saco gigante, de los demás con quienes había tenido contacto. Fue únicamente la Yuki de cabello turquesa, quien había logrado acercarse lo suficiente al heredero de los Kaen, para que pudiese considerarla una amiga. Ese sujeto, pero, caía en una categoría que recién acababa de crear en su cabeza. Jamás se había topado con alguien que, después de tantas respuestas cortantes y que no invitaban a continuar con la conversación, siguiese hablando con él. Indagando en partes suyas hasta con descaro, cuando ni siquiera se conocían.

Eran solamente eso: Dos compañeros de viaje.

El tiempo transcurrió con lentitud una vez se notó la ausencia de esa voz que había acompañado todo el trayecto. Se cayó; Seiichi llegó a creer que permanentemente. Empezaron a dejar atrás los árboles de anormal tamaño, empezando a transitar por las llanuras que anunciaban el final del verde que tanto caracteriza al País del Fuego. Ahora se podía contar nada más que con el sector agrícola, el cual únicamente podrían apreciar desde la distancia, pues estarían invadiendo el territorio de alguien más si cruzaban las tranqueras de madera, a un lado del camino de tierra por el que andaban. Al cabo de minutos que no se molestó en contar, volvió a escuchar su nombre, en un tono distinto al de las otras veces. Tal vez su pésima lectura volvía a darle mal juicio, pero en la aparente seriedad del castaño, finalmente podía percibir la genuinidad de él como individuo. Como un humano. Y siendo a su manera, recíproco con la forma en que esta vez se dirigía hacia su persona, le miró a los ojos. Al principio, cuando escuchó la palabra 'juego' salir de su boca, ya se estaba preparando para rechazar su petición. El ocio no tenía lugar en el deber. No obstante, hubo ése algo que no podría ni explicarse dentro de su cabeza, tras haber escuchado los motivos de su pedido, que le dejaron pensativo. Apacible. Fue incapaz de procesar qué esperaba el joven que todavía no tenía nombre con ese gesto que había realizado con la mano, por lo que se quedó mirándola unos segundos.

— Sí. — Lo acompañó asintiendo con la cabeza. Después, pasó un eterno minuto de silencio, el cual Seiichi lo transcurrió con la mirada perdida en el camino de tierra. Pensaba mucho sobre aquello. Era complicado; debido a su profesionalidad, el interés por la persona que debía escoltar fuera del país, continuaba siendo mínimo. Tampoco es alguien que cruza ese límite personal, pues lo consideraría como entrometerse. De todos modos...

— ¿Por qué no quieres vivir? — Muy diferente al 'por qué quieres morir'. Si había un idioma que Seiichi sabía hablar, era sobre todo aquello que tenía cierta conexión con la eficiencia de un ser humano sobre una tarea. Y tras haber evaluado los resultados, determinar si era mediocre o no. Juzgando por el intelecto del castaño, no tendría sentido que fuera uno. Sin embargo, ha fallado en múltiples ocasiones, su cometido. Al olvidarse de que se trataba de un juego y no haber recibido pautas que determinasen cuándo le tocaría al otro, preguntó segundos después. — ¿Quién eres?







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Mensaje por Yoisho Yuugen el Vie Jul 21, 2017 1:01 pm









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La cabeza, pero, siempre termina por caer. La mano flotó durante unos largos segundos como si sostuviese una fruta en el mercado intentando venderla cuando estaba podrida. Aunque las vendas estaban limpias y nada, ni siquiera en el suicida, alertaba de peligro ninguno. No solo apariencia, sino por el modo de moverse y hacer, el de un solo ojo visible sabía que no podía hacer nada físicamente con aquel muchacho. Debió verlo venir de alguna manera, un hombre tan recto y dedicado debería ser más predecible. Debía haber contenido cualquier rastro de individualidad por un tiempo inestimable, decía el pensamiento intruso del castaño a la vez que retiraba la mano y esta volvía a estar oculta. Resultaban una pareja descompensada, y ello podía guiar a la incomprensión en un número alto de ocasiones. Como tal, el alérgico al aburrimiento necesitaba aquella chispa de interacción, aunque fuese de una temperatura precariamente baja. La realidad era, el peliblanco dador de la misión había ocurrido equivocarse en el uso de sus palabras. Por su actitud, no exponer directamente el trabajo debía significar que algo más debía tener con él. Algo más extraño. No podía determinarse tan claramente en el tono lineal del muchacho partido, pero quizás se trataba de averiguar sobre el desconocido que era. Sin datos ni nada a lo que atenerse, era una cosa desconocida, un borrón incomprensible en el papel. Que ordenasen averiguar esta naturaleza sería hasta comprensible, aunque eligieran al peor de sus hombres para ello. El ojo encendido dio un pequeño vistazo simple al suelo cuando ambos no se alejaban a más de un metro, cubriendo apenas la mitad de la vía de tierra. Como otra de sus acciones sin importancia, acompasó la largaria de sus piernas a los pasos del medio-albino, haciendo su esfuerzo para que cada paso de ambos sonase como uno solo. Detalle que se ocultaba tras la cortina del castaño finalmente deshaciéndose de su chaqueta oscura. La doblaba y metía entre su brazo izquierdo, doblado por debajo del pecho, mientras el otro  quedaba libre para rascarse la barbilla en el momento en que aquel sin pecado lanzaba la primera piedra. Una por cada mitad.

No iba desencaminado a lo que imaginó el larguirucho. Sin su capa, ahora su camisa blanca algo apretada dejaba ver realmente que era muy poco voluminoso. Tanteando el terreno que era él, posiblemente no había jugado nunca a las preguntas, Seiichi. Tampoco le hubiera servido tanto. El castaño dejó que cayesen las dos preguntas antes de plantearse dudas tan existenciales, aunque resueltas de antaño. Sonreía aún pacíficamente. Sin embargo, notaba como la energía comenzaba a amoldarse a él como siempre, con la facilidad de un prodigio. — No te tenía por un filósofo, Seiichi-kun. — no lo era, ambos lo sabían. Tampoco estaba claro que el castaño lo fuese en el sentido convencional de la palabra. — Ya he intentado vivir una vez. Tanto que me arrepentí. Claro que hubo personas involucradas que se interesaron por mi vida. De mala manera, debo añadir. Yo no fui menos, te lo puede decir esta venda. — se señaló el ojo derecho, oculto de toda luz posible. — Aunque estaría mal decir que se trata de sufrimiento. Por desgracia, el propio mundo confabula contra mi, ya has podido ver que no me deja terminar con ella como me gustaría. El mundo es otra razón para no querer vivir. — Hablaba nuevamente animado. Resaltaba aún una actividad menor a la anterior, fruto de concentrarse todavía en los pasos. Dejando unos segundos de cortesía para la segunda respuesta, inspiró levemente sonoro antes de continuar. — Soy muchas cosas, Seiichi-kun. Como tú. Apenas podemos considerarnos bolas de fango al que se pega la suciedad que nos lanza esa vida con el tiempo. De la misma manera, la suciedad viene y va, pero el fango se queda. — Dejó caer un último vistazo a la pareja inequivalente de ojos. — Hace unos meses pude librarme de ese intento de vida, así que ahora debo definirme aún. Pero si lo que quieres es un nombre, puedes llamarme Yoisho Yuugen. — Hubo una naturalidad malinterpretable en la forma que mentó el nombre. Dos palabras existentes, que no tenían sentido entre si, claramente lejanas a lo que era un nombre. Un sonido que incluso el autómata bicolor habría usado por inercia en su vida, como el ah contra el dolor. Y una partícula poética, que englobaba toda belleza en el universo, un concepto demasiado profundo para los humanos. Claro que allí no había de eso.

— Mi turno. — Accedió rápidamente, mientras sus pies ya caminaban cómodos en su nuevo ritmo. Una de las ventajas de encontrarse con un sujeto con ese calibre de control, seguía siendo la predictibilidad en el aspecto más básico. Probablemente respirar a un tempo determinado como el metrónomo que no tiene más que una unidad. Con los brazos quietos y sin ninguna clase de movimiento, cuando ocurría el lapso intermedio en que un paso daba lugar al siguiente, y ambos pies estaban en el suelo, los del bicolor quedarían por unos momentos limitados a lo mismo. Veloces y sin previo aviso, tres pequeñas construcciones restringieron de levantar la planta de cada pie de la tierra para el poco emotivo muchacho. Cuando quisiera mirar los pies, vería, en cada uno, tres conos cruzándose en forma de triángulo a la altura del tobillo, como una extraña trampa. Pese a su forma, el máximo daño que experimentaría el chico serían paupérrimos arañazos sin ninguna clase de importancia, sin siquiera sangrado. Y una presión en el pie ya que no podría sacarlo sin romper las columnas. A juzgar por lo visto, se bastaría él solo ante una oposición menor a la usual. Como si nada hubiese pasado, Yuugen se alejó más de cuatro metros hasta que se giró en dirección al otro. Sonreía del mismo modo que antes, parecía tan culpable como horas atrás. — ¿Sabes todo lo que puede hacer tu elemento? — Los ojos carmesí dejaron de serlo cuando una tímida nube pasaba por enfrente del sol. Blanca e inocente, agujereada por la luz de aquella gran esfera incendiada. Tomando camino a un caoba apagado, un atardecer cuando solo quedan rayos, pero no su autor. Ellos mirando a los que combatían entre si. — ¿Sabes la suerte que tienes, Kaen Seiichi-kun? — Curiosamente, la amenaza era lo último visible en las palabras del hombre de varios elementos. Se trataba de aquel tono especial con el que podía jurar muerte de forma amigable. O dejar ver más de sus descubrimientos. Pese a no ser lo que acostumbraba, imitó al chico y rompió las reglas por un momento. — ¿Crees que las órdenes y lo necesario bastan para alguien que no quiere morir? —



Ninjutsu
10.10


Genjutsu
01.10


Taijutsu
01.10


Fuerza
01.10


Velocidad
01.10


Resistencia
06.10

Técnicas
06.07

Soki hoshutsu (早期放出, lit. "Liberación prematura")
Habilidad que se usa en el momento de liberación de las técnicas. Esta permite al usuario sacrificar parte del control para usar técnicas prematuras. Esencialmente, permite liberar técnicas que requieren sellos sin necesidad de estos. Claramente una ventaja, sin embargo, esta liberación es defectuosa, pues los sellos que aumentan el control del chackra, al no usarse, dejan atrás potencia que podría haber escapado con la técnica. Al hacer uso de ella, el usuario recibe un debuff de Ninjutsu solo en esta técnica, el cual va ligado a la complejidad y el nivel de esta. El debuff será de -4 Ninjutsu, pero por cada rango inferior de la técnica, se reduce el debuff, siendo que un Chunnin usándola en una técnica Gennin recibiría un -3 Ninjutsu, y así consecutivamente.

Nin.06 // Doton: Ganshuso (土遁・岩柱槍, lit. "Lib. de tierra: Pilares de roca")
Luego de realizar una serie de sellos, el usuario crea unas pocas columnas de rocas filosas que sobresalen del suelo para insertar al objetivo. Los pilares de roca traspasarán cualquier objeto que se encuentren en su destino. Se puede crear un máximo de seis de estas columnas. Cada una puede llegar a medir metro y medio de longitud.
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Re: — Smarter than a freak; C Mission. (Seiichi; Yoisho Yuugen)

Mensaje por Seiichi el Lun Ago 07, 2017 8:17 pm









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& the one that talks too much.



 Miradas que dicen mucho, con ojos que no hablan ningún idioma. Era curioso el por qué Seiichi había accedido a jugar con el hombre de cabellera castaña; incluso los que conocían de su reputación apática, terminarían confundidos por las razones que le llevaron a aquello. Empatía, parecía ser la única respuesta. Lejana al objetivo principal de la misión, el muchacho medio pelirrojo quiso, tal vez por alguna emoción que no podía explicar, apaciguar la ajetreada mente del que lleva un ojo vendado. Posiblemente engañado, apelando a una ingenuidad que él no sabía que existía en su interior, había entrado a un juego peligroso. Todo aquello que significase una pérdida de tiempo o una desviación del objetivo principal, debía ser erradicado. Escuchó atentamente la misteriosa y a la vez vacía historia, del vagabundo de largo chaquetón. La mirada pecadora de peculiar heterocromía, no expresaba mas que la atención de un ser humano a otro. Sus labios, siempre manifestado una cuerva que se inclinaba ligeramente al mentón. La forma en que aquel sujeto habló con respecto al fuego, apelaba un sentimiento que se ha ido modificando a lo largo de los años, dentro del cuerpo más pequeño. Porque es el heredero de un clan que continúa renaciendo de las cenizas, como un fénix. Porque sobrevivió a las llamas más calientes en lo alto de aquella montaña...Porque es el hijo del fuego. No se percató de que llevó su propia mano hacia la quemadura que acompañaba como una enorme cicatriz, el ojo izquierdo de tono carmesí. Hacía mucho que no sentía el ardor de la misma; la sensibilidad sobre la piel que no logró recuperarse. El manipulador de las llamas, le tenía un gran respeto al fuego. Al azul, mucho más que al rojo.

— Yoisho Yuugen... — Murmuró para sí mismo. Al no pensar de la misma forma que la mayoría, realmente no le importaba en absoluto que se escuchase ese pensamiento. Un método de ver cómo sonaba un nombre nuevo, siendo desprendido de su boca. Y uno que le había cegado por meros instantes, pues una técnica del elemento Tierra había sido efectuada, mas no hubo sellos de por medio. Fue la sensación de ligeros rasguños alrededor de sus botas blancas, la que avisó de que algo no andaba bien. Se detuvo en seco para no caerse, desviando la mirada al suelo. Avispados, estudiaban la técnica y la fortaleza de la misma, intentando detectar alguna anomalía. "¿Cuándo lo hizo?; no... Lo estuve vigilando desde que salimos del edificio." pensaba y cada vez más, consideraba el hecho de que se trataba de alguna habilidad que el vagabundo podía realizar sin sello alguno. Eso requería de un alto control del Ninjutsu, sin siquiera pensar en el conocimiento que debía tener del mismo. Al cruzarse las pequeñas pirámides justamente por los tobillos, no daba ninguna libertad a sus pies. Sin embargo, se percató del tamaño y la potencia de agarre que tenían. No se sentía fuerte. Nuevamente, volvió a enfocarse en el individuo, que continuaba cambiando de mueca en mueca, confundiendo al analista de una forma sin igual. ¿En qué momento empezaba la sinceridad, y cuándo terminaban las mentiras? Opuesto a las limitaciones mayores que Seiichi tiene sobre ese campo, Yuugen manipulaba con alarmante velocidad, lo que quería transmitirle a otro. Lenguaje corporal.




La escena se oscureció una vez llegó la primer pregunta. Aquel que no había mostrado hasta ahora molestia alguna, frunció el ceño con fuerza. Como todo soldado, si su prisionero tomaba oponía alguna clase de resistencia, rápidamente cambiaba su aura. Entre la serenidad y la apatía, la intensidad del bicolor se tornaba palpable. — ¿Y tú sí? — Otra vez, se volvía, como lo llamaría su superior, 'maleducado'. Respondiendo con otra pregunta, con apenas un intervalo de dos segundos, no respetaba las reglas del juego. Su tono de voz algo ronca, podía asimilarse con molestia. Seiichi Kaen podría encontrarse molesto. Comenzaba a sentir la invasión de espacio personal; hablar tanto sobre sí mismo le generaba cierta incomodidad. Su elemento, no era tema de conversación. Fue, sin embargo, parte de la segunda pregunta lo que sí logró llegar al muchacho que siempre evita abrirse con los demás. Al no conocerse a sí mismo; al saber tan poco sobre las emociones humanas; todo aquello... generaba volatilidad. Hubo un silencio atroz, que le dio espacio a la tercer pregunta, que continuaba añadiendo gotas a un vaso que ya había colmado. Cabizbajo. Como todo ser humano que encadena sus más oscuros recuerdos —los cuales son justamente pilares de su perfeccionismo y duro camino— en un rincón de su ser, siempre está ese 'algo' que activa recuerdos que no deberían ser repasados. "¡No es suficiente! Te quedarás la noche entera."

El sello del dragón y el caballo. ¿Suerte? Considerarlo a él como un suertudo, era peor que llamarle prodigio luego de haber sacrificado su vida a convertirse en lo que era hoy. De repente, el clima había vuelto a tornarse frío. No, helado. Desde el suelo, a medida que el heredero de los Kaen alzaba las manos con suavidad, emergían llamas de un tono antinatural. Serpentaban; se mecían con cada músculo que se activaba de los brazos del muchacho. Era un control absoluto; una conexión que no era definida tampoco por los sellos de manos, sino por algo más. Lo que él ordenaba, las llamas lo cumplían. Comenzaron a envolverlo como un torbellino que apenas superaba su altura, luego concentrándose en envolver parte de las ataduras durante el proceso. Las debilitaba. Al igual que su apariencia, parecía estar compuesto por dos mitades que a pesar de opuestas, se complementaban mucho. La pierna izquierda, ayudada con un movimiento del brazo de ése mismo lado, se desprendió primero de la trampa con un fuerte tirón. Intenso y colérico. La derecha le siguió segundos después, sin mostrar más que la frialdad del lado albino. Una serenidad que asusta. Exhaló un largo suspiro, que resultaba visible por las bajas temperaturas a las que ahora se encontraba. Sus ojos expresaban algo diferente que antes. Con los dedos índice y corazón de cada mano, dibujó en el aire, la siguiente orden que tendrían que cumplir sus llamas. Así, las mismas se manifestaron en dos grandes medialunas, las cuales nunca tuvieron la intención de dañar a Yuugen. Al contrario, era pasar cada una por su lado, cerca, de forma vertical... como una clara advertencia. El mismo sello, lo envolvió nuevamente en su elemento de tono cerúleo, pero nada más a sus dos extremidades superiores. — Lo siento, no tengo tiempo para juegos. — Comenzó a caminar en dirección al castaño, resplandecido en un tono sin igual. Ignoró la tercer pregunta por completo, a pesar de que sin darse cuenta, él ya había realizado dos preguntas más. Sería el más raro de los dos, quien decidiría si continuar o no con ese peligroso juego. Seiichi empezaba a mostrar una de sus facetas menos atractivas.






OFF:
Técnicas:
* Nombre: 凍結消 — Cryoincineration
Tipo: Ninjutsu
Sellos: Dos (Dragón — Caballo)
Rango de alcance: 2-9 metros
Descripción: Tras tan solo un par de sellos, el usuario transforma suficiente chackra en su nuevo elemento como para rodearse a sí mismo con el por un máximo de ocho segundos. Con sus dos manos, es capaz de manipular el fuego subzero de diversas formas, con la única intención de ocasionar quemaduras y otro tipo de daños respecto al stat Ninjutsu. Además de poder atacar en función de lanzallamas [Mayores quemaduras] [2 mts.], puede moldearlo de tres formas diferentes:
— Tres proyectiles pequeños. [Mayor precisión] [7 mts.]
— Una gran, malformada esfera de fuego. [Mayor daño] [5 mts.]
— Dos medialunas. [Mayor alcance] [9 mts.]
Efectos de Iced Torch: Aumenta a cinco proyectiles pequeños — Gran proyectil de forma cónica de mayor tamaño que la esfera — Tres medialunas.

Ventaja: Diversos usos, pues tiene control de las llamas. Buena ofensiva.


* Nombre: アイストーチ — Iced Torch
Tipo: Ninjutsu
Sellos: Uno (Dragón)
Rango de alcance: Cuerpo a cuerpo
Descripción: Una vez efectuó el sello del dragón, libera una premeditada cantidad de chackra para convertirlo en ascuas azules, que rodean ambos brazos desde los hombros. De este modo, los golpes del usuario tendrán un minúsculo aumento en el alcance de sus ataques y también ocasionarán quemaduras por exposición a temperaturas glaciales. Pero lo más importante, es que puede combinarse con el resto de las técnicas para mejorar sus resultados. Uno de sus brazos puede ser cubierto por el elemento Katon para otorgar distintos tipos de quemaduras, pero de este modo no podría potenciar otras técnicas de las ascuas azules.
Duración: Tres turnos. Si al cuarto no es desactivada, se proporcionará graves heridas a sí mismo.

Ventaja: Potencia el cuerpo a cuerpo y el resultado de otras técnicas de su habilidad única.
Stats:
Ninjutsu: 10
Genjutsu: 7
Taijutsu: 7
Fuerza: 10
Velocidad: 10
Resistencia: 10
Apariencia:

Seiichi
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Re: — Smarter than a freak; C Mission. (Seiichi; Yoisho Yuugen)

Mensaje por Yoisho Yuugen el Miér Ago 09, 2017 7:03 pm









Smarter than a freak

A prey locked on the path, but those are two prodigies while hunter is just one.



Pero es la guillotina lo que cuesta desincrustar de la madera. De todo lo que pudo hacer aquel revoltijo de vendas y piel, había partes de adorno y otras que seguían el trayecto —inmoral normalmente— de los planes abstractos, hijos de una mente bailarina entre la genialidad y la estupidez, y la espontaneidad del suicida y sus incoherentes situaciones. Por ello, cuando claramente alteraba a un muchacho contra quien no podía lograr mucho, simplemente su cuerpo se desentendía de su integridad, quedando calmado enfrente, con el único ojo visible bien abierto para disfrutar del espectáculo que había sospechado. Estaba insatisfecho, el de varios elementos. Aquel rígido chico había logrado captar el interés del delgado con una demostración incompleta del elemento que contenía únicamente él, y luego nada. Ni una mísera respuesta. Quizás fuera el descarado esquive al tema lo que hizo al marrón anclar a Seiichi al suelo de forma tan tramposa. Y si no era así, ya era tarde. Sus intrusivas interrogantes se acercaron al interés de quien no se interesaba totalmente por la cáscara. Y él, en cambio, no tuvo más que una reacción forzada por el manipulador de fuego y tierra. Temió, por unos momentos, que el de curiosa naturaleza no respondiera con un gasto de más de su preciadísimo chackra. A fin de cuentas, esas delgadas rocas no podían resistir un tirón del de dos mitades. Pero la insistencia y artimañas de Yuugen fueron recompensadas con creces. Y antes de pensar en buscar refugio del anunciado incendio, su cuerpo decidió esperar, y su mente le obligó a contemplar.

Los sellos y la preparación habían dado tiempo suficiente para que el más extraño de los dos hubiese formado cualquier defensa. Sin embargo, estático en su alargadísima figura, fue testigo de como cada gota de energía se transmutaba a los deseos del chico. El fuego imposible hacía su aparición. Floreciendo como lirios inmediatos que envolvían la joven figura en sus tallos homocromáticos de mil tonos. Azul cielo, azul hielo, azul nieve, azul trueno. Azul frío. El entero cuerpo de Yuugen dedicó sus instantes a embriagarse del frescor artificial como si se tratase de una brisa en pleno verano. La sonrisa que había ido creciendo y menguando se encontraba en su auge mientras en las dos esferas de madera se podían ver las llamas crepitar en su temperatura sub cero. Como un niño, entusiasmado de ver un mago. Pese a que la entera salida de llamas no tomó un tiempo tan largo como los receptores del cerebro del mayor hicieron creer, eran más que suficientes para que todos los secretos que su involuntaria expresión de pseudo-hielo se había guardado brillasen. Toda su composición y posibilidades, y formas y naturaleza. Todo leído en un pestañeo. Resaltaba que el parlanchín había callado con tal de no adulterar la muestra de fuerza que ahora salía desprendida a escasos decímetros de él. Tal como el resto, la trayectoría escondía ningún misterio. En vez de perseguir los ataques, pero, el inmóvil decidió ver el nuevo mandato del partido muchacho a su mitad domada. El sello del dragón describió la forma en que el resto del frío materializado se esfumaba en unas mangas anchas, atándose a los brazos del chico como dos boas constrictor a su presa preferida.

El cazador se acercaba también a la pieza objetivo.

Cuando estuviera lo suficientemente cerca, un suspiro del castaño se vería tan claro como los que exhalaba el medio-medio. Claramente con una satisfecha sonrisa en la cara. Desapercibida probablemente la falta de sus respuestas ante preguntas posiblemente retóricas, el fuego ya había sido desatado en su micro-incendio, y al portento ya solo parecía llamarle la atención la mitad roja. Un tintineo revelaba que efectivamente, el frío se calaba por su poco trabajado cuerpo, pero también se leía fácilmente cuan poco llegaba a interesarte de sufrir cambios de temperatura. — Puedes apostar mis vendas a que sí. — Respondió tranquilamente a la primera cuestión. La segunda, pese a su poca concretización, tampoco estaba bien dejarla ir al aire. — Tienes la misma suerte que cualquiera con una genética favorable. Más, diría yo. Fuera de todo contexto, te han regalado un elemento que nadie más poseerá. Bueno, tu semilla quizás, pero aún eres joven para eso. Además... — Resultaba extraño saber qué podía llevar aun suicida que claramente no quería ser asesinado a, al parecer, provocar al ígneo chiquillo. Había estado encarando la pareja de ojos desiguales hasta el último momento en que miró las llamas izquierdas con, ahora, una disminuida sonrisa. Apenada. — No sólo este elemento, sino el otro. No hablemos de ambos a la vez. Y aquí tienes, los dos brazos del mismo color. Como un pintor que no mancha la paleta. — Toda la educación perdida por inmiscuirse de aquella forma parecía no importar al erguido larguirucho que segundos después se recompuso volviendo a envolverse en su chaquetón.

Todo el cuerpo de Yuugen dio una vuelta de ciento ochenta grados, dando la espalda por fin al llameante muchacho, al parecer sin ninguna intención de defenderse si se decidía por culminar su amenazante aspecto con un cuerpo —por ahora considerado inocente— a sus espaldas, algo que el propio Yuugen se permitía dudar, aquel chico no era un asesino. Tampoco el verdugo. Era la guillotina. — Dile a tu feudo que para ellos que al menos ahora no soy una amenaza. Me iré por haber osado agredir a un agente de la justicia. Pero es una pena... Las vistas hasta ahora han sido las mejores en este rincón del mundo. — Comentó, usando sus piernas más largas de lo común para dar zancadas que lo alejasen de Seiichi. En efecto, camino a fuera del feudo. Nuevas palabras solo serían invocadas por el contenido incendio bicolor. El estudioso había logrado su propósito a corto plazo, y su recompensa había sido un bello juego de luces a cuenta de un curioso nuevo rostro.


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Re: — Smarter than a freak; C Mission. (Seiichi; Yoisho Yuugen)

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