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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Abuelo perdido

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Abuelo perdido

Mensaje por Zhorin Kashu el Dom Jun 18, 2017 8:40 pm

El clima sereno de aquella mañana traía consigo los buenos vientos del amanecer que se dejaban apreciar por entre la costa un tanto concurrida de aquel país del fuego. Grande en extensión de tierra, y temido por aquella historia militar repleta de diversos conflictos y grandiosas habilidades, ahora, aquel país frondoso, bien que se disponía nuevamente ante la vista del pelirrojo del viento, que sin prisa alguna observaba desde la cima del mástil del barco que abordaba, aquel paisaje de horizonte enverdecido cual muro de clorofila sin fin. La marea había sido provechosa, teniendo el viento a su favor pues aquel Kashu se postraba en cobertura de las velas, y aunque en un inicio partió de aquel país desértico en firme huida de un conflicto, nadie lo había reconocido, y en cualquier momento podría volver; si bien había perdido el rastro de aquel mercenario que lo había encaminado hasta la aventura, poco más le importaba pues perdido no estaba, ya que antes había caminado por entre tal país de árboles, y algunas otras veces le había tocado desviarse hasta aquel feudo de la Dama, donde sin duda alguna, con el paso marcado de aquel camino transitado, no tardaría mucho en llegar.

Se bajaría tranquilo de aquel mástil en donde prácticamente dormía, saltando al vacío en aquel caer ligero en plena caída de fe que lo mostraba relajado, firme en aquel descender ligero que eran tan anormal como interesante, pues en el suelo, aquella postura de baile lo haría erguirse. Agradecería al capitán y le pagaría, bajando igualmente de aquel bote pues mucho equipaje no tenía, siempre cargando consigo lo esencial en aquel viaje ligero de bohemio desinteresado que eventualmente le traería un malestar por mala preparación, pero que ahora poco le generaba, pues como casi siempre acostumbraba, era él, su gunbai y sus ganas de viajar.

Respiraría a paso ligero en su andar rutinario de pasos elegantes, similares al andar de un bailarín, y aunque aquel enorme arma llamaba la atención de los circundantes, aquellos curiosos poco más le decían, pues él ciertamente era atractivo, sin apariencia atemorizante o ruda, pero su expresión fría y callada insinuaba secretos y rencores que realmente él no poseía… Lo juzgaban solo por verle ahí, andante e indiferente. Se rascaría la cabeza, despeinándose un poco más de lo que ya estaba, y tras un ligero suspiro de aburrimiento, común en él, sus sandalias poco a poco dejaban un rastro casi invisible pues sus pisadas eran ligeras, sigilosas, y conforme avanzaba, aquella arena de bosque comenzaba a llevarlo ante un sendero de robles que goteaban hojas como si de agua se tratase.

Curiosamente en aquel país la costa no parecía una típica playa o barranco, como lo era en el viento, ahí, parecía más un lago que cualquier otra cosa. El paso constante distraería al hombre con la vegetación, siempre tan diferente al habitual desierto, el cual de flores pocas tenía; vería como los animales se movían entre el ambiente, como los insectos: hormigas, larvas y escarabajos, abundaban entre matices de colores, y ante los fluorescentes y espinudos, ninguna duda le quedaba a aquel hombre por sobre lo peligroso de aquel lugar; era un bosque, es verdad, pero aquel encerraba mucho más que simple flora y pasajes, en él, los susurros de bestias adornaban un matiz sobresaltado de animales y personas, que bien que usaban el frondoso ambiente para esconderse.

Paso a paso aquel hombre vería como la temperatura desnivelaba el decaer del viento a su alrededor, él lo sentía pues el mismo formaba parte de su vida, y aunque se sintiera cómodo con aquella fresca ventada que removía sus mechones rojizos, su mirada fría se perdería ligeramente ante el horizonte sin fin que dejaba el camino centrado por la arboleda; aparentaba ser un túnel, cerrado en el cielo por la curvatura de las ramas, y en el fondo, aquel pasto de igual verde que básicamente cerraba el cilindro. Si bien su viaje había sido tranquilo hasta los momentos, el del gunbai gigante se sorprendería por las diversas personas que de vez en cuando se cruzaba en el camino, al fin de cuenta, aquello era la vía principal hasta la capital, y a pesar de que no hubiera señalizaciones o guías, aquel sendero igual sería intuitivo.

Saludaría a unos pequeños que caminaban con su madre, sonriéndoles amablemente en aquella expresión amplia de mejilla a mejilla que era muy notoria en él, y aunque la mujer apurara su paso para apartarlos de vista, él bien que los seguiría, amable en su tendencia de apoyar la inocencia. Pocos minutos pasaron en aquel viaje tranquilo y relajado; como costumbre, el viento aireaba amablemente las cercanías del muchacho, y cuando pensaba que nada más ocurriría, un extraño quejido de ayuda le llamaría su atención.

-¿Era por acá?, ¿o era por la izquierda?- Diría un anciano en el encuentro de la bifurcación, rascándose su brazo por el nerviosismo, llegando al punto de rasparse por la ansiedad. -Llegaré tarde, llegaré tarde… ¿por dónde era el camino?- Seguiría diciendo el anciano, comenzando a alterarse y a subir el tono, aunque por alguna razón, todos los que pasaban a su lado le ignoraban.

El muchacho del aire vería al hombre en aquella postura observadora, detallando aquel atuendo limpio que demostraba que aquel anciano no andaría en la indigencia. Vería la mochila que llevaba consigo, de aquella pequeña que capaz cargaba siempre encima. Observaría como se rascaba el brazo, miraría como él detallaba a ambos lados sin rumbo alguno, y curioso, cual niño, se le acercaría.

-¿Ocurre algo, señor?- Diría, leve, hablándole de atrás con sencillez, pues él no buscaba conversación más allá de la simple aclaración de la duda. Curiosamente aquel anciano nada diría, como si no hubiera escuchado ruido, y entre ello, volvería a aquella duda que lo haría ahora suspirar, nervioso, tocándose la cabeza por aquella impotencia de no poder recordar lo que hacía, o de donde venía. Aquel mayor se daría leves golpes en su cabeza, molesto por lo senil que su memoria se había vuelto, y en aquella molestia repentina, firmemente se voltearía y se sorprendería al ver al pelirrojo en su cercanía.
-¡¿Quieres robarme?!- Diría alzando la voz, alejándose un paso para atrás por el nerviosismo que de por sí cargaba.
-Para nada, señor- Respondería, hablando tranquilo e indiferente como acostumbraba, aunque por alguna razón, a pesar de responderle, aquel muchacho notaría que el anciano seguía con su mirada forzada aquel hablar, indicándole que capaz no escuchaba bien e intentaba leer los labios. -¿Me escucha ahora?- Diría, sin esperar que el anciano le comentara algo.
-Esto… Sí- Diría apenado el mayor, y rascándose su mejilla por la ligera vergüenza, solo suspiraría.
-No quiero robarlo, solo le preguntaba si le ocurría algo, si necesitaba ayuda-
-La verdad es que si… Me apena un poco comentarlo, pero creo que ando perdido-
-¿Perdido?, es curioso eso, es un camino único, aunque bueno, supongo que depende del feudo adonde quieras ir. ¿Quiere que lo ayude?, no soy muy conocedor, pero eso de encontrar el camino una vez perdido, bastante que se me da bien-

Aunque aquel dialogo de voz un tanto alta no parecía detenerse, aquel anciano no tardaría en explicarle al muchacho que iba a la capital del fuego. ¿Coincidencia?, sí, aquel muchacho vería que la coincidencia jugaba a su favor. Ciertamente Zhorin no era de esas personas que se prestan para ayudar a cualquiera, es más, él no era de aquellos héroes que harían todo lo que pudieran por un bien mayor, pero sin duda alguna si era un caballero, bien educado en principios y modales, y aquella tendencia del hombre perdido poco más le molestaría, y como ambos iban casi al mismo lugar, aquel pelirrojo no dudaría a los minutos de invitarlo a llevarlo.

De por sí, el paso de aquel joven del viento era tranquilo y relajado, sin importar la marcha lenta del anciano, y aunque él esperaba llegar antes del anochecer, poco le importaba quedarse un poco más de umbra, pues aquel lugar se postraba hermoso en la tarde, anaranjado y boscoso, y firmemente le gustaría volver a verlo. En sus inicios, el tramo a recorrer era sencillo, un andar relajado que llevaría a ambos transeúntes por entre el frondoso camino, con baches creados por las raíces sobresalientes, además de fragmentos de maderas caídos que bien hacían brecha y barrera, pero salvo todo aquello, nada más complicaría el viaje. Si bien poco hablaban entre ellos, de vez en cuando se le escuchaba al mayor buscando conversación, y unos que otros temas de su familia y de su vida salían a relucir.

-A veces siento que olvidaré hasta quien soy- Diría el mayor, iniciando una conversación que esperaba ser respondida. Curiosamente aquel muchacho nada diría en un inicio, se mantendría callado e indiferente, mirando hacia el frente para evitar algún atentado pues a pesar de que se le viera tranquilo y relajado, él estaba consciente de que aquellos senderos eran frecuentados por ladrones y bandidos.

-Apuesto a que si no fuera por mi Miroku, no sabría ni quien soy, ella me lo recuerda cada mañana, pero bueno, supongo que el tiempo no pasa en vano, y que ahora me pasa factura- Continuaría hablando aquel viejo, buscando ahora la empatía del joven que de social no delataba mucho afán. Si bien el Kashu había aceptado en llevar al viejo por aquel camino, poco más le diría, él no buscaba conversar con nadie en ese momento, y aunque no estuviera en sus planes el hablarle, una raíz atraparía el pie distraído del sello, y tropezándose, se caería con el torcer del tobillo delicado que lo haría gritar levemente en quejido.

-¿Se encuentra bien?- Diría el pelirrojo, parpadeando tras ver al sujeto tropezar. Se hincaría, y le daría la mano al señor para que pudiera erguirse, aunque cuando el mismo la tomara y se apoyara en él para levantarse, aquella caída delataría lo lastimado de su tobillo. Dichosa suerte de aquel Kashu, quien libre como el viento, ahora cargaba el peso de un anciano que él había acordado llevar, y como si fuera poco, la presencia de los animales les hacía sentir observado, como si alguien esperara que dejara solo a aquella presa vieja y desvalida, para así, tomarla de alimento.
-Mi tobillo, me duele- Se quejaría el mayor, sentándose en el piso pues no podía mantenerse erguido, tocándose aquella unión de extremidad que aparentaba ahora estar hinchada, débil y lastimada por la edad de aquellos huesos y articulaciones.

El pelirrojo debatía en su cabeza el sí dejar o no al sujeto en aquel lugar, después de todo, solo aquella idea de modales lo mantenía en tal lugar, y aunque su sentido del bien y el mal estuvieran un tanto desviados, en aquel momento, aquel joven entendía que debía cumplir con su palabra, eso era lo adecuado en aquel instante, y por ende, lo cumpliría. Si bien faltaban algunos kilómetros para llegar, el paso pesado de aquel señor dificultaría más el camino, y consciente de que aquel no podría mantenerse a pie, tomaría de su brazo y se lo pondría por sobre sus hombros, irguiéndolo en su postura de salvamento para comenzar a caminar con aquel peso por sobre su cuerpo, cual Atlas castigado o comprometido.

Aunque los minutos fueron benevolentes tras la marcha cargada que aquel joven llevaba, el día cada vez avanzaba más; la tarde se pronunciaba en el adorno del ocaso que pronto arribaría el cielo, y sintiendo aquel peso en su espalda, el Kashu no dudaba que el quedarse en aquel lugar, en la noche, no sería bueno para ellos. Apuraría el paso, atenuando la resistencia del aire para así hacer aquellos pasos más ligeros, cargando el peso del anciano, de su equipo, y de aquel cojear leve que dificultaba su andar, y aunque podría tener paciencia para seguir en aquel paso, el sonido de las hojas al moverse le mostraría aquello que tanto temía, pues de la nada, los babuinos se asomaban por entre los árboles, esperando a que la noche los ayudara en su casería.

Pocas personas sabían que aquellos primates atacaban a los humanos, es más, era costumbre de los mismos el comer incluso carne, motivados por la escases o la cacería, aquellos omnívoros solo eran uno de los pocos peligros que escondía aquel bosque inmenso, y aunque aquel muchacho fuera del desierto, en sus viajes, bien que intentó acariciar a alguno de ellos para así llevarse unos rasguños como pago. Sin pensarlo dos veces, y tras escuchar como las ramas se batían tras el paso de los mismos, aquel muchacho miraría los alrededores y sin decirle nada al anciano, lo sujetaría plenamente y así como aquel le miraba extrañado, bien se sorprendería al sentir como el salto los llevaría, por unos momentos, en los aires, apurando un paso acelerado por entre zancadas largas que gastaban más energía de lo habitual, pues aquel joven no acostumbraba a llevar peso, es más, lo evitaba, siempre intento viajar ligero, sin problema alguno salvo su propio equipaje.

Pisadas rápidas lo postraban en saltos esporádicos que canalizaban el chakra en sus plantas de los pies, veloz en aquel huir que buscaba evadir a los animales que le perseguían. Curiosamente aquel joven nunca sudaba, las ráfagas de aire lo tildaban siempre fresco, aunque en aquel lugar, tras el esfuerzo de cargar consigo un peso casi muerto, una pequeña gota se asomaba en aquella extraña costumbre de estar cansado. ¿Acaso llevaba mucho peso?, era posible, pero no entendía como aquel viejo llevaba consigo tanto peso. Curioseando, vería de reojo al sujeto, sin entender por qué costaba tanto cargarlo, y retomando la figura del viejo, deduciría que era aquella mochila que siempre cargaba encima.

-¿Qué tienes en esa mochila?- Diría, frío y rápido, mientras que sus pies levemente tocaban el suelo para que de una vez volver a levantarse, constante en aquella pisada de aire que le apuraban, que le prostraban veloz en aquella huida cansada, alejándose cada vez más de aquel grupo de animales salvajes que buscaban atacarlos.
-¿mi mochila?- Respondería, dudoso, pues al parecer él no se acordaba precisamente que la cargaba, y estirando su mano, le tocaría para así recobrar ese fragmento de memoria que daba olvidado. -¡Ya recuerdo!, son fragmentos de metales que traía del país de la lluvia- Diría, delatando que en aquel bolso, bien que llevaba el peso extra de piedras y minerales que capaz habría comprado.

Sin duda alguna, aquel pelirrojo suspiraría al darse cuenta del porqué de su sobrepeso, pero aun así, no se detendría, él sabía que el paso rápido podría mantenerlo por varios metros más. Ciertamente se sentía un tanto distante al ver que aquel señor no solo era peso muerto, sino que también era un impedimento añadido que le hacía arrepentirse de ayudarle, después de todo, él no era parte de formar parte de un bando, o ser colaborador, pero a pesar de todo, nada más le diría, no le pediría que arrojara la mochila, ni tampoco lo abandonaría en aquel lugar, para nada, sencillamente canalizaría mejor su chakra, para así, apoyarse con el viento e intentar reducir su peso.

Se detendría de la nada aprovechando la distancia que le había ganado a los primates, y saltando momentáneamente al anciano, bien que haría sellos fugaces para así partir en un jutsu que tocaba al anciano. –Intonēshon- se le escucharía decir, y de inmediato, tomaría al mayor para así volver a cargarlo por sobre sus hombros. Curiosamente aquella habilidad era única en su estilo, él podía alterar la resistencia al aire tal y como él podía hacerlo en su propio cuerpo, y aunque aquel morral repleto de piedras podría ser exhaustivamente pesado, para sorpresa del anciano, bien que el peso se perdería ante el salto que ahora comenzaban a retomar, apurando el paso pues los animales recobraban la distancia que habían perdido.

Si bien los metros hasta la capital ya casi se reducían a nada, el suspirar de ambos los tildaba cansados en la andanza apurada que ponía a prueba sus resistencias, y justo en aquel momento, observando el mural de aquel lugar, el suspirar un tanto agotado marcaba un límite para aquel joven del viento. Pararían, ya en la entrada, observando como los animales no se acercaban a los límites del feudo por la costumbre de ser repelidos de aquel lugar, y una vez bajaban el ritmo de viaje, el caminar tranquilo mostraba la respiración un poco más profunda de aquel pelirrojo. Llegarían a la puerta, y sin mucho más que decir, aquel anciano reiría.

-¡Es aquí!, ¡Ya me acuerdo!- Diría, aclarando que ese era su destino, y aunque el muchacho hacía caso omiso a la alegría del viejo, una voz femenina le cortaría toda propuesta de despedida.
-¡Papá!, hasta que apareciste- explicaría una mujer un tanto adulta, corriendo hasta donde ambos para así tomar al anciano y abrazarlo, quien le explicaría todo a su hija para luego agradecerle al Kashu.
-Te lo agradezco mucho, mi padre está un poco senil, se fue sin avisarle a nadie y temíamos lo peor- Comentaría la fémina, un tanto solloza por su preocupación decaía.
-No es nada, aunque deberían ser más precavido, eso de andar cargando piedras en un bosque, y además andar perdido, bien que no es muy buena idea, algunas complicaciones tuvimos, pero bueno, supongo que respeto a tu padre, es muy fuerte para su edad- Seguiría hablando, amable y un tanto indiferente, intentando demostrar ser lo más agradable que podía, pero a ciencia cierta, no le agradó mucho el enlistarse a tal situación.
-Lo sé, pero es escurridizo, parece viejo y senil, pero su cuerpo, aunque no es mismo, bien que es mucho más fuerte de lo que todos creen, él antes fue un muy grande ninja, no es de sorprenderse que se aventure sin miedo, pero... ¡Papá, ¿piedras?, ¿estás loco?!-
-No es locura, querida, pero tu hijo ya está en edad de una espada, y he ido por minerales para hacerla.-
-Bueno, creo que esto ya no me incumbe, me marcho- Y así como le respondía, aquel hombre le entregaría al anciano, y justo antes de irse, la misma le detendría para así pagarle, dispuesta en su agradecimiento que aquel joven no esperaba. Aunque Zhorin no quiso aceptarlo en sus inicios, su respiración ya más calmada hacía que le diera igual aquella moral, él aceptaba ser retribuido por el esfuerzo, por lo cual, tomaría los billetes, sin contarlos, los guardaría en el pantalón, y nuevamente seguiría su camino hasta el interior, sin decir mucho más, dándole la espalda a aquellos familiares como si nada hubiera pasado.

Off rol:


Aclaraciones:

Son 202 líneas, de las cuales, 50 de la misión, y las 152 para stats.

Jutsus utilizados:

Intonēshon (イントネーション, Entonación): Tras realizar los sellos, se desarrolla una buena cantidad de chakra para así, cambiar la resistencia al aire que el objetivo tocado pudiera tener. La capacidad de alteración de la resistencia dependerá del nivel (ver Tabla de resistencia al aire).

Zhorin Kashu
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