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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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En el Corazón del Desierto

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En el Corazón del Desierto

Mensaje por Gyokuryū Pao el Dom Jun 25, 2017 7:50 am

Vida era lo que faltaba allí, kilómetros y kilómetros de arena y rocas era lo que veíamos al cruzar esas tierras. Según el conductor, estábamos cruzando el desierto de Naradi, la joya del País del viento. Nunca pensé que el alma de un reino entero sería tierra baldía y arena, aunque no podía negar que era la primera vez que había presenciado dicho paisaje. Hubiera argumentado que la vista no era muy diferente a la de mi querido país, pero al adentrarnos más al mismo mi opinión fue cambiada por las extrañas, magnificas y voluminosas estructuras que se alzaban alrededor de nosotros, como si hubieran sido escupidas de la tierra con violencia. El ambiente aparentemente agresivo que formaban dichas formaciones comenzaba a mostrar cierta estética y hasta encanto. Tal vez era porque era oriundo del país de la tierra, pero encontraba cierta belleza al ver el sol posándose detrás de arcos de roca, llegando al nivel de columnas y altiplanos, haciéndole caridad con su brillo a las tierras que admirábamos a nuestro alrededor. Un atardecer dorado, que reposaba sobre el manto de un desierto dorado, trayendo riqueza a tierras que para muchos serían las más pobres, pero en ese momento, para mí, eran las más ricas de todo el continente.

龍龍龍龍龍龍龍

Junto con los monumentos de la tierra, las altas paredes de una gran estructura comenzaron a ser divisadas por mis ojos. Una maravilla de la creación humana parada entre las maravillas de la creación del desierto, entré más nos acercábamos más destacaba esta ciudad entre el ambiente desértico que cruzábamos. Nos acercábamos a sus puertas, que naturalmente estaban resguardadas por soldados, aunque podía divisar una presencia militar mucho más fuerte que en otros asentamientos de tal magnitud. –Genial, guardias… de seguro querrán revisar la carroza. Sona, será mejor que vayas preparando tu cuartada, de seguro seremos cuestionados en cualquier momento-, le aconsejaba a mi compañera que estuviera alerta por los inconvenientes que al parecer el entrar a la ciudad nos iba a traer. De repente, desde fuera de la carrosa se escuchó un grito, –¡Pono! ¡Primo! ¡Que gusto verte por aquí de nuevo!-, a lo que el conductor respondió, -¡Pinaro, cuanto tiempo! ¿Cómo le ha ido al poderoso guerrero de la familia? ¿Cómo están esos pequeños tuyos?-, -¡Jaja! El viejo primo siempre de adulador, ellos están bien, ¡esperando que su tío los vaya a ver¡.-,-¡Jajaja, que bueno, que bueno¡. Espera, déjame detener el carruaje…-,-¡No, no, Sigue!, no es necesario hombre, sabemos que eres de los buenos, sigue tu camino-, -Oh, ¡Gracias!-.

-Bueno… supongo que no será necesario-, le dije a Sona al notar como dejaron al conductor pasar sin ni siquiera detener su carroza. El carácter cerrado de la misma nos permitió pasar sin que los soldados siquiera notaran nuestra presencia, los agujeros que tenía esta para permitir ver hacia afuera nos permitieron notar como cruzábamos el umbral de la ciudad. –¡Te esperaré en mi casa para la cena!-, -¡Allí estaré!-. La ciudad había abierto sus puertas, nosotros habíamos entrado.

Los alrededores pudieron verse desolados, pero ese lugar no parecía estar dormido. Cantidades de personas caminaban de un lado a otro, conversaban entre ellas. Comercio, tráfico, niños jugando, la ciudad estaba tan viva como las otras, incluso si fuera de las concurridas avenidas escaseaba la presencia de vida. Muchos guardias vigilaban las calles con sospecha, su presencia gritaba a que eran tiempos agitados. -Me pregunto si las noticias de Occidente llegaron a oídos de las autoridades de esta ciudad-, pensaba, buscando una razón para que hubiera tantos soldados en las calles.

Finalmente llegamos a parar frente al Hospital, era una gran estructura en medio de casas con tamaño.inferior al nido de galenos. -Mis más sinceras gracias por sus molestias, también por el atuendo-, -No hay de que, se iban a quemar si pensaban salir con esos ropajes bajo un sol como este, lo menos que podía hacer era darles algo con que cubrirse-. Le di algo de dinero al conductor por traernos al lugar y por darnos parte de las prendas que transportaba, luego de esto nos bajamos del carruaje y nos paramos frente al edificio para admirar su fachada mientras la carroza se alejaba, dejándonos solos con una nube de polvo a nuestras espaldas.

-Finalmente llegamos-, le decía a Sona, mis heridas me causaban dolor nuevamente, como si dieran su último grito sabiendo que era lo que seguía. -Vamos, entre más rápido me atiendan, más rápido podremos continuar con nuestros caminos-. Continuamos nuestro paso hacia el hospital, gracias a los mantos marrones y encapuchados que llevábamos era imposible que fuéramos reconocidos, al igual que nos protegía del caliente sol, el cual ya se estaba terminando de esconder mientras entrabamos al recinto, marcando el inicio de la noche en esa ciudad de arena y paz.

龍龍龍龍龍龍龍

—Tomate esto-, -ugh..-, -también esto-, -oh vaya... eso estaba horrible-, -debes reposar un tiempo, pero el no haberte visto antes me dice que eres extranjero, y dudo que vayas a quedarte en un país tan desolado como este por mucho tiempo, así que solo te diré que si vas a viajar, hazme un favor y no intentes hacer algo estúpido con esas heridas, no soporto atender a una persona dos veces seguidas, y menos por el mismo problema-, el doctor me aconsejaba mientras me daba la medicina para mejorar el resultado del tratamiento que me aplicó anteriormente, en el mismo realmente demostró su experiencia, fue la primera vez que había sido tratado por un ninja medico con tanta habilidad, ya comenzaba a sentir el alivio. -Ahora tomate esto-, -Mmm… oh, esto en verdad está bueno, mucho mejor que las otras, ¿qué es?-, -Vino, después de darte tantas sustancias asquerosas, por lo menos debía darte algo para que limpiaras un poco tu paladar-, -oh...-, -Bueno, eso era todo, ya puedes irte, y recuerda, trata de reposar, por lo menos esta noche, para que el tratamiento realmente surta efecto-.

Luego de agradecerle, salimos del hospital y pudimos apreciar que la noche había llegado, ahora las únicas fuentes de luz fueron las lámparas de la ciudad y los bares y negocios que no solo irradiaban luz, sino también la actividad que se divisaban en las noches de toda ciudad. –Mientras estuvimos esperando al doctor para que me atendiera, hablé con una de las enfermeras sobre en qué lugares podríamos descansar, me recomendó uno no muy lejos de aquí, podemos dirigirnos a ese-. Le comenté a mi compañera, comunicándole mi deseo de ir a descansar, debido al largo día que pasamos, por lo menos de mi punto de vista. –Eso sí, recuerda que recién me dieron de alta del hospital… si nos atacan vas a tener que defenderme-, le bromeaba a Sona, mientras me fijaba en su rostro para ver alguna reacción. Luego de esto, encerramos más nuestras capuchas y reanudamos nuestro camino en busca de una cama donde ambos pudiéramos descansar todas nuestras molestias y esfuerzos que pasamos estos últimos días, y con el viaje de tal magnitud que dimos, había muchas cosas que con desesperación deseaba descansar en una cama real.  
Datos:
Stats:
• Ninjutsu: 10
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 1
• Velocidad: 6
• Resistencia: 6
• Fuerza: 8

Armamento:
• Kunais (10)
•Sellos explosivos (3)
•Bombas de humo (5)
•Hilos de alambre (Unos cuantos metros)
Gyokuryū Pao
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Re: En el Corazón del Desierto

Mensaje por Tempest el Vie Jul 07, 2017 3:28 am

Sona asintió sin oposición. La idea de su compañero parecía la más acertada en aquel momento, y dada la situación, debía ser su prioridad. Las heridas de Pao, si bien era cierto, habían sido tratadas en el continente que sin remedio alguno atrás iba quedando, sin embargo no habían recibido ningún tratamiento adicional en el tiempo que transcurrió en alta mar. Por ello se volvía menester encontrar un lugar apropiado para que el castaño recibiese la debida atención. Sintiéndose en parte culpable por no haber hecho más cuando podía, aunque no lo pudiese expresar con palabras, la fémina se había decidido a permanecer al lado del oriundo del País de la Tierra hasta que las heridas del mismo no supusieran impedimento alguno. Con dicha resolución en mente, la Yamanaka entonces se volvía la sombra silente de su fornido compañero. El castaño expresaba el deseo inherente de volver a sus respectivas aldeas. Ahora la fémina reparaba en que realmente había pasado mucho tiempo fuera de casa. Sin quererlo entonces, no pudo evitar que a su rostro aflorara una tímida sonrisa, y es que la sola mención de "hogar" llevaba dos simples rostros a la memoria de la joven. Ya se imaginaba que seria mucho lo que tenia que explicar y más todavía lo que tendría que contar. Un cúmulo de experiencia que no podía guardar para ella sola y que sin lugar a dudas no dudaría en compartir con sus más allegados compañeros. Pero en realidad, más que anécdotas para compartir era información para distribuir. Información que a ella le había costado momentos de tensión y que de Pao se había cobrado heridas fisicas. Empero se ponía de manifiesto, al fin y al cabo, que la importancia de lo recolectado bien podría haber válido la pena de lo pagado. Pero el recuerdo de las piernas del ninja que casi había sido quemado vivo y una sutil mirada a los lugares donde se habían alojado las saetas que hiriesen a Pao, hacían dudar a Sona...

El tiempo transcurría sin pausa, y ellos debían seguirle el paso. Encontrar transporte que los llevaría a la capital del país no parecía ser un problema. El conjunto de caravanas al que habían llegado así lo avalaba. Siendo al fin y al cabo un pueblo costero, disponer de transporte para conducir a los recién llegados hasta la ciudad capital parecía ser uno de los negocios más comunes. Sona agradeció en silencio el no haber dispuesto de mucho tiempo para encontrar el transporte adecuado. Y es que el País del Viento, aquel donde estaban, también podría llamarse sin lugar a dudas "País del Sol". Siendo incapaz de expresar sus deseos, la Yamanaka dejo que su compañero ultimara los detalles que al viaje se referian. El transporte que debían escoger por tanto, debía ser uno lo suficientemente eficiente que los llevará sin retrasos hasta su destino. Pero a la vez lo suficiente humilde como para que no fueran la diana de posibles atracadores y bandidos en el trayecto. Y es que tan sólo con ver la variedad de negocios dedicados al transporte dejaba bastante clato que aquel pueblo sabía a lo que se dedicaba y que aquel tipo de trabajo, al fin y al cabo, no era algo que había surgido al azar. Podían apresiarse, por tanto, un sin número de caravanas adornadas con distintos detalles. Las había grandes y pequeñas. Individuales, para dos viajeros e incluso para toda una familia. Y obviamente no faltaba la clásica distinción entre las más lujosas y las más sencillas. Para Sona, que poco había salido de las fronteras del Sonido, ser testigo de como otras civilizaciones se acomodaban a sus necesidades era un motivo de alegría. Algo que estimulaba el alicaído ánimo que presentaba desde que había puesto un pie en el barco. Conocer, más que combatir, había sido el motivo por el que la fémina inició su camino ninja. Sin embargo, el nuevo continente la había enseñado, con marcada fiereza, que para lograr lo primero debía realizar lo segundo. Una realidad de la que posiblemente no podría escapar. Pero una realidad que, si quería evitar flechas clavadas en Kiba y fuego marcando a Razak, debía aceptar.

Siendo así, entonces, una caravana pequeña, doble y sencilla fue la opción de los viajeros. Tras un viaje tranquilo donde el azote del sol se tornaba en un enemigo imbatible, el dúo franqueaba las puertas de la ciudad. Una singular pareja que tarde o temprano, si no lo habían hecho ya, empezarían a llamar la atención. Y es que si bien no lo hacían por su repentina aparición, si lo harían por su notorio contraste. La apariencia del dúo destacaba sobre lo que en aquel lugar parecía ser normal. Las miradas eran un mar de focos que no hacían más que converger en ellos. En especial en la fémina, la cual además de llevar su instrumento a cuestas, destacaba con sus tonos azulados sobre la marea de grises. Los niños, ignorantes al fin, jugaban a su alrededor describiendo círculos interminables mientras los adultos, algo más desconfiados, simplemente les abrían paso sin quitarle los ojos de encima. No había por que juzgarlos, si bien era cierto que los ninjas eran el pan de cada día, verlos fuera de sus respectivos feudos no era más que un mal presagio que auguraba problemas. Sona no quería atraer más atención de la necesaria, y por ello suspiro aliviada una vez los locales parecieron resignarse a su presencia. Fue entonces cuando la Yamanaka se permitió disfrutar de su alrededor, y es que una nueva cultura de abría ante ella. Por supuesto, si se dejaba de lado la típica vestimenta de los ciudadanos para combatir el incesante sol, lo siguiente en la lista de "los más impactante" eran las construcciones. Cada uno de los edificios que ante sus ojos se alzaban, sin importar para que fuese construido, estaba simplemente basado en arena. Y era entendible; rodeados de un sempiterno desierto, la arena se convertía en su materia prima. Era, de todas formas, increíble el ver que semejantes obras arquitectónicas eran siquiera posibles. A eso se le sumaban los puestos ambulantes de comida y objetos varios. Piezas artesanales que la fémina no había contemplado en su vida, una variedad de alimentos propia de los desiertos más duros y un conjunto de telas de una textura más que atrayente. ¿En qué se basaban para diseñar sus ropajes? ¿Cómo se sostenían los edificios de arena? ¿De qué forma conservaban sus alimentos? Mil y una preguntas se acumulaban ansiosas en la cabeza de la Yamanaka, hirviendo en deseos por saber la respuesta, y provocando en el proceso que una nueva sonrisa acudiera a sus labios, nuevamente, sin que se percatara siquiera. La misma desapareció paulatinamente cuando los orbes de la joven repararon en Pao y sus heridas, y una sonrisa con un tinte de disculpa reemplazó a la anterior. Un tono de vergüenza no tardó en acudir a sus mejillas, pues había olvidado momentáneamente que estaban allí en busca de un lugar en el que pudiesen tratar las heridas del castaño. El desarrollo que en primera instancia presentaba la ciudad en sí misma les aseguraba que no tardarían en encontrar dicho lugar. Por ello el resto del transcurso fluyó sin interrupciones...

Podría decirse, de alguna forma, que dar por fin con el hospital que estaban buscando era un motivo de alegría. Pero lo cierto era que pequeños detalles que ambos ninja había notado en el camino, eclipsaba dicha supuesta felicidad. Sombras que se desplazaban fugaces entre el gentío. Movimientos erráticos que parecían provenir de la misma persona. Miradas pérdidas que más que casualidad tenían un propósito. Quizás para aquellas personas corrientes esos detalles pasaran inadvetidos. Pero para ninjas como el castaño y la peli azul, esos detalles podrían bien significar la diferencia entra la vida y la muerte. Estaban pues, alerta a lo que pudiera acontecer, pues si bien no los estaban siguiendo, como mínimo los estaban observando, por lo que tanto el shinobi como la kunoichi estaban prestos a actuar. No se precipitarían, sin embargo, y continuarían con lo que habían ido hacer; cruzando juntos la puerta que les daba acceso al hospital que necesitaban...
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