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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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—ID— "Bokushi Jinan, the second son."

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—ID— "Bokushi Jinan, the second son."

Mensaje por Bokushi Jinan el Dom Jul 02, 2017 4:18 pm






Bokushi Jinan
(Clan Bokushi) (Especialidad Ninjutsu) (Elemento Raiton)
(País de la Hierba) (13 años) (Ayer / Granblue Fantasy)


Appearence

Jinan es un joven muchacho de trece años, cuya apariencia no es tan llamativa como su actitud. Aún con una edad bastante temprana, su altura y complexión están aún por crecer, e incluso el entrenamiento que lleva dictándose desde hace pocos años está por verse puesto su tamaño. Mide un metro y cincuenta y seis centímetros, ligeramente más alto que los niños de su edad, aunque su complexión es bastante delgada, y sus músculos apenas ganan masa dado que está a las puertas de la pubertad, haciendo que el muchacho en ocasiones se frustre. Su piel es pálida, tomando un cierto reflejo rosado cuando le da el sol por mucho tiempo. No tiene muchas cicatrices visibles, no obstante, siempre se pueden ver vendas o tiras por su cuerpo, dado que no tiene cabeza para entrenar y la mayoría de veces se lastima. El rostro es el de un muchacho malhumorado, siempre con una expresión de pocos amigos, altanera y capaz, a veces incluso burlona. Las hebras en su cabeza son abundantes. De un color castaño oscuro y de aspecto desordenado, su manera simple de peinarse deja bastante claro que aún no ha llegado a la edad en que le preocupe su apariencia. Un color que no llega a compartir con los ojos, pues estos son de un marrón distinto. Marrón frío, marrón pálido, algo que destaca en ellos es la manera en que poseen un degradado natural de arriba abajo, de un color claro a otro oscuro.

La indumentaria de Jinan es relativamente sencilla. Fiel al color blanco y marrón, lo más normal es verle con una chaqueta color café grisáceo sin mangas y corta, bajo la cual tiene otra, más fina y de color blanco, con capucha y bordes dorados que la adornan. Pantalones ajustados de color café y botas, a veces con decoraciones metálicas o plateadas. Suele llevar los brazos vendados desde hace años, además de usar a menudo la capucha de su chaqueta. Es muy reconocible por una suerte de cuello peludo para invierno que lleva colgando en el cinturón como si fuese la cola de un lobo blanco. Por alguna razón, esta cola cambia el color de algunos mechones cuando el muchacho hace uso de las técnicas de su clan.

Mind

Por formar, como cualquier chico de trece años. Jinan tiene claros pilares de conducta, que como suele ocurrir, se tambalean en la víspera de la adolescencia. Comienzan los cambios, las confusiones y las hormonas juegan malas pasadas con lo que el chico pensaba que era él mismo, siendo difícil saber cuándo habla él y cuándo es un arrebato infantil. Introvertido, es una de las más claras aptitudes del muchacho. De pocas palabras y con una desarrollada afición por un mundo interior donde sentirse mejor, Jinan ha dejado poco a poco que sus emociones solo sean suyas, haciéndose más propio. Pese a no ser un chico encerrado en si mismo, resulta extraño que no acuda a la soledad y la calma en las ocasiones angustiosas, del mismo modo que no soporta cuando otro intentan rascar esa superfície. Demasiado angosto es su espacio, que solo puede compartir con una criatura en específico. Su reacción común en huir y correr, de los peligros y las molestias busca librarse si oponer resistencia, sino desviándose del camino. Sacada esa costumbre mal habituada, ocurre demasiado a menudo que el sentimiento de verse superado agrede a la seguridad, y de inmediato piensa correr peligro, queriendo desaparecer de escena, algo que convierte en un desafío llegar a un punto donde se deje hablar seriamente, sin rodeos ni tapujos. Por la importancia de ese espacio interior, teme por él, por que cualquiera lo estropee y le deje sin refugio, lo que no ayuda en las relaciones con el resto de la humanidad, siempre desconfiado y lejano. Resulta difícil saber cómo esto evolucionará en una etapa tan vulnerable, razón para que él mismo se aferre de más al sentimiento de seguridad que evoca y acuda con frecuencia a rincones sin ninguna compañía.

Esto lucha con la obstinación de cualquier adolescente. Las dudas atormentan la cabeza del chico, y fuerzan a que piense en lo que ocurre a su alrededor y si lo está haciendo bien. No obstante, cuando estas provienen del exterior, hay cierta rabia y predisposición a imponer sus pensamientos, sean correctos o no, lo sepa él o no. Hace saltar al muchacho a situaciones peligrosas, pero a la vez, le recorre un sentimiento de alivio, como cualquier reafirmación, que asegura que él está en lo cierto y que con esa actitud lo demostrará. Muy variadas las maneras en que aparecen estas pataletas, en ocasiones se trata de simple cabezonería, pero no sería la primera vez que intenta desde burlarse de quien le habla hasta acudir a los puños. Claro, es una actitud peligrosa, y puede llevar a un estado volátil e indecoroso, no es nada fácil de controlar cuando se encuentra así, aunque son pocas y muy duras las veces en que realmente suponga un peligro para si mismo u otros, pues tampoco se trata de un chiquillo sin consciencia ni bobo, haciendo que él mismo se restrinja hasta donde uno puede esperar de un pubescente.

Confundido muchas veces con rebeldía, al igual que aquello que el chico ha aprendido a apreciar más que nada: libre. Pese a poder seguir una disciplina, resulta evidente cuando se ve al muchacho que no acata bien las normas y el orden directamente impuestos. Se puede ver como surge una presión irreal sobre si mismo, volviéndolo contrario e incluso irracional. Necesita esa sensación de libertad, algo que en su momento puede llevar a que sea fácil engañarlo, haciendo además que esa manía de escapar a las imposiciones aumente y parezca no seguir ningún tipo de mandato. Se trata de algo sobre lo que el propio Jinan reflexiona de una forma continua y profunda, más de lo que uno querría para su hijo aún creciendo. Deambula sobre sus pensamientos, busca significados a la libertad que otros verán innecesarios, pero es lo que al que se sintió atrapado en su momento más puede llamar. Escucharlo hablar de ello resulta fascinante, pues se produce un gran cambio en su tono y manera de expresarse, siendo paciente, maduro e incluso con una mueca feliz, como aquel escritor que habla de su primer libro. Es ahí donde Jinan abre sus paredes al mundo, un momento de voluntaria vulnerabilidad donde se expresa sin intermedios. Hasta resulta tierno ver la manera que tiene de disfrutar hablando por horas de lo mismo, aunque por desgracia, no es una escena que muchos lleguen a ver. Precisamente, la introversión ha hecho que compartir sus pensamientos se reserve a, de momento, nadie, ajeno a las amistades puesto que normalmente se mueve de pueblo en pueblo, e incapaz de hacer ver algo tan importante a unos desconocidos.

Dividido. Jinan conoce bien lo que se espera de él, y pese a haber abandonado a su gente y esta meta, es imposible que parte de él no sienta el fracaso de no perseguir el destino que se le inculcó. Cada vez que duerme, y cada vez que disfruta, una recóndita consciencia le recuerda que ese no es él, que se debe a lo que su sangre le pide. Produce sensaciones tan desagradable, y dudas tan arraigadas afloran, que el chico se colapsa, siendo forzado por si mismo a lo que siempre suele rehuir. Para luego, ser recordado por qué se fue, por qué no debería atormentarle aquel destino y aquel cuento. En su deseo de libertad, halla el fallo al mundo, pero ese mundo no puede dejarle ser libre, por lo que esta rueda de pensamientos en constante giro se convierte en la fuente máxima de confusión para Jinan. Sin importar cuan inteligente sea, ni lo profundo que ahonde en sus emociones, es incapaz de hallar la respuesta a la inacabable pregunte. ¿qué debo hacer? Se asegura que nadie puede comprender estas voces sin callar, susurrando contradicciones entre si, y pese a convivir con ello, los momentos en que se fuerza a la reflexión y a que afronte sus propios pensamientos pueden convertirse en un momento explosivo y el más peligroso de todos, llevado a situaciones del todo angustiosas.

Por fortuna, se trata de un chico fuerte, y astuto. Siempre ha sido del tipo de personas capaces de adaptarse a las adversidades, incluso cuando son superados por ellas. Los recursos del chico son creativos e ingeniosos, y posee un espíritu aún joven y capaz de sorprender a más de una persona con un razonamiento extraño y sagaz. No se entrena para nada, y ha aprendido a arreglárselas cuando no se tiene más que un bosque y hambre. Calmado y sereno, capaz de precisar de su mente en momentos más acuciantes.

Past

Eran las colinas más verdes de todo el continente. La hierba era su suelo y los árboles sus murallas. Habitantes de la naturaleza, existían tan solo un puñado de Bokushi perpetuando su clan. Muchos allí no eran totalmente lo que los miembros debían ser, y mentían sobre la atracción natural hacia toda aquella abundancia. Lo felices que les hacía vivir en aquel rincón apartado de todo conflicto, rodeados de verde, viviendo de lo que les quisiera ofrecer su adorada naturaleza. Mentiras, absolutas mentiras. Aquellos buscaban lo que el fundador del clan había buscado, acabar con la guerra, salvar aquello que purificaba el mundo y que estaba en peligro. Pero era una mentira mejor escondida, esperaban a alguien que lo hiciese por ellos. En ese rincón del País de la Hierba, trece años atrás, nacía el que se ganaría tal honor, siendo el primer hijo de una de las familias de aquel lugar.

Era una criatura vivaracha y gritona, la gente de la comuna, aguardando el momento, vivía feliz, y como cualquier familia, aquellos disfrutaron de su hijo. Lo criaron en armonía a la naturaleza, le enseñaron a respetar aquello que la tierra les regalaba, y todas las palabras de Taro Takeda regaban la escucha del pequeño desde antes de poder entenderlas. Las historias de él y sus metas y sus métodos, todo se convertía en una doctrina bastante clara, que condicionaba al joven nuevo Bokushi. Durante los primeros cinco años, fue amado por sus padres, jugó con los demás niños y todos vieron con normalidad la manera en que, cada vez que los padres se despistaban, él se acercaba a los arbustos, al bosque e intentaba escaparse. "Le gusta tanto la naturaleza." solían alardear en más de una ocasión, algo que en un futuro, el chico aprendería cuan triste era. No hubo verdaderos sobresaltos, los padres lo paseaban por el lugar, a ver manantiales de donde tomaban el agua, los campos donde cultivaban su comida, el bosque donde algunos decidían meditar, y otros saltar por los árboles. Sí, fue criado como un chico normal cuyo gusto por la vida era algo como respirar. Pero con cinco años, rodeado de verde y sin ninguna violencia cerca de él, culminó haciendo aparecer prematuramente una capa de colores cambiantes encima de sus ojos: el pequeño despertó el Nijigan.

Fue la primera vez que aquellos lo veían. La familia se había aletargado en un baño nocturno con el pequeño chapoteando en el manantial cuando de una forma repentina, su madre gritó, y luego rio. Comenzaron a mirarle de un modo demasiado atento mientras él tiene solo la memoria de los colores, el rojo y verde de su madre junto al azul y verde de su padre. Aún empapados lo llevaron corriendo de vuelta, donde comenzaron a anunciar que había llegado el día. Que uno de ellos al fin había logrado heredar aquel don. Y lo que era más importante, un simple niño, que crecería para hacer uso de sus inconmensurables poderes para cesar la guerra humana de una vez por todas. Fue en aquel momento donde todos empezaron a llamarle Jinan. Jinan, el segundo hijo de los Bokushi. El chico no lo entendía, por supuesto. Aún no tenía la edad de saber qué significaban aquellos ojos ni qué iba a ser de él en los años venideros. Él solo sonreía con todos, estaba feliz porque el resto estaba feliz. Era un mocoso al fin y al cabo, nadie podría haber dicho nada que él interpretase correctamente.

Desde aquel momento, los límites, todos ellos, desaparecieron para el pequeño. Cada paso que daba parecía la obra del más sabio maestro pese a su nula idea, y el criterio que existía entre los presentes pareció evaporarse. Muchos asumían que aquel poder ocular venía junto a la madurez que el primero en manifestarlo tenía. Creían que daba el derecho a Jinan de hacer como quisiera cuando quisiera, desapareciendo las fronteras. Como niño, pero, parecía un cielo. No debía acatar ninguna orden, y comía a placer, se largaba a placer, e incluso sus amigos obedecían las frases con una sonrisa, asumiendo una autoridad que no debía tener. Los padres usaron el tiempo para hablarle e inculcarle cuanto se sabía de Taro Takeda, del clan, del conflicto y el mundo en constante guerra. Conflictos a los que un niño le parecían extraños. Sus soluciones era que las naciones se pidieran perdón, que viviesen en armonía como ellos, incapaz de entender el mundo a través del filtro de su gente. Cada pregunta le era retornada como si pudiese ver la respuesta, e incluso sus favores eran considerados órdenes. Incluso con su edad, era capaz de sentir una grieta entre todas aquellas comodidades y lo que realmente habían sido antes, pero no podía esperar comprenderlo, siendo forzado a crecer como un líder. Terminó sucumbiendo al resto. Pedía con naturalidad y no necesitaba permiso, ni preguntaba sus dudas. Entrenaba viendo como lo hacían otros, y hacía una vida donde parecía haber demasiada libertad. Tanta que él mismo pudo saber que algo andaba mal. A los siete años, corrió demasiado profundo en el bosque, solo porque querían saber los suyos qué estaría buscando cuando en realidad solo era un chiquillo moviéndose entre árboles y arbustos. Pasaron casi seis días hasta que el chico regresó. Repleto de arañazos y heridas, hambriento, con sueño y un tobillo roto. Llorando, y con el humano sentimiento de imaginarse a sus padres asustados y preocupados. No obstante, al llegar, el mundo seguía con normalidad. Los padres le dieron la bienvenida, y solo preguntaron por lo que había estado haciendo, si se sentía bien en el bosque. Jinan tuvo serios conflictos aquella noche donde los dolores apenas le dejaron dormir. Incluso un niño comprendía que aquello no era libertad, sino despreocupación, el camino fácil para que él mismo debiese ser suficiente para el mundo y todos. A partir de aquel momento, Jinan cambió, y el niño sonriente y feliz desapareció.

El contento muchacho pasó en muy pocos días a ser una presencia más introvertida y discreta. Incluso bajo los atentos ojos de todos, solo era un pequeño rastro que los esquivaba. Dejó de hablar abiertamente, evitando casi todas las preguntas, e incluso seguía usando aquella injusta potestad para hacer callar al resto. Ni siquiera así los padres parecían preocuparse, llegando a extremos donde Jinan dejaba de prestar atención a su alrededor, y escapaba como podía de una realidad que detestaba. Lejos de encontrar un trauma con los bosques, aquellos eran un refugio. Los árboles no se apartaban a su paso, y los huecos en el suelo debía saltarlos él. Comenzó a pasar cortos periodos de tiempo perdido, rodeándose de la naturaleza que le reconfortaba para olvidar al resto. Respirando el aire y mojándose en el agua, o bajo la lluvia. Aprendió en menos de un año a vivir solo a base de frutos, a destilar agua con su propia ropa. Buscar refugio y evitar a depredadores. Cada vez, el tiempo se alargaba, al principio solo eran un par de tardes, pasando finalmente a llegar a pasar una semana entera sin aparecer en el poblado, recibiendo siempre la misma alegre respuesta, todos convencidos de que estaba bien lo que hacía, algo que enfurecía las entrañas del callado chico. Ya no era extraño marchar y pasar días hablándole al aire y moviéndose como un mono. Jinan se había vuelto solitario, arisco y desconfiado con los humanos, e incluso tenía sentimientos fuertes encontrados cuando pensaba en aquellos ojos multicolor, en los Bokushi, y en todo lo que rodeaba al mundo que tan interiorizado tenía, debía salvar. Por suerte o por desgracia, aquel grado de aislamiento y pensamiento haría pronto que el chico viese de más.

Con diez años, en una de sus largas marchas, tras haber estado resguardado de una tormenta en una cueva vacía, el chico comenzó a oír pequeños ruidos. Molestas interrupciones de su sueño que no le permitían disfrutar de su preciada soledad, le llevó hasta la mismísima salida de la cueva, donde le aguardaba una visión extraña. Era una chica, blanca por completo a excepción de unas ropas doradas y vivas, igual que sus ojos. No era una Bokushi, pero los ojos del muchacho sabían que tampoco era alguien común. Él se asustó, corrió hacia el interior de la cueva, pese a que advertía de no querer hacerle daño a una niña, pese a que parecía mayor que él. Sin embargo, esta no hizo más que soltar una carcajada, entrando a la cueva. Poseía un brillo especial, amarillo pálido, que la destacaba de la oscura caverna, mientras se aproximaba a Jinan. Este, desconfiado, intentó formular sellos, y antes de que eso ocurriese, la muchacha golpeo con fuerza su cabeza antes de decir que no era una enemiga. Jinan, pese a su desconfianza, quedó descolocado por la primera reprimenda de su vida, siendo forzado por la desconocida a sentarse en el fuego y escuchar sus palabras. No hablaba de ella, sino de él. De su vida enclaustrada en un propósito sin sentido, a la vez que relataba detalles de sus visitas al bosque. El chico estaba anonadado, sin saber cómo podía ser que aquella desconocida conociese su vida, y por primera vez, preguntó y fue respondido. Ella le explicó lo que era, lo que quería hacer por él, y él por primera vez en su vida sintió la duda humana de cuál era su camino.

Invisible para el resto, Jinan comenzó a usar su tiempo junto a aquella chica. En ocasiones, eran asalvajadas carreras que salían de los límites del país. En otras, calmadas conversaciones interminables sobre todo lo que le había enseñado su gente a Jinan. Sobre la chica, sobre el clan y el mundo. Ella, descarada, dejaba a la vista lo pequeña que era la visión del muchacho, y este, sorpresivamente, quedaba asombrado por lo vasto que era aquello que debía salvar. Asombrado y aterrado. Los años entrando a la turbulenta adolescencia hacían crecer en el chico un sentimiento de inseguridad que ella podía notar.  Sus conversaciones se tornaban desanimadas. Ella, no obstante, le dio algo que ningún otro le había siquiera hecho pensar. La oportunidad de decidir. Fue poco después de cumplir trece años cuando aquella chica le habló de una realidad que él debía afrontar. Sería la puerta por dónde saldría él, abandonado a su familia, sus amigos y su pueblo. En busca de las respuestas que pocos querían buscar.

"Corre. No eres un clan entero, no eres el único capaz de cambiar el mundo, ni debes serlo. Mucho menos ahora, aún no puedes hacer nada con él. Así que corre y huye. Explóralo, míralo, valóralo, júzgalo. Aprende qué es el mundo, lo que queda de él. Aprende qué eres, qué son tus ojos y tu clan. No es ninguna máxima, ni ninguna ley o deber. La libertad no pesa menos que la sangre."


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Re: —ID— "Bokushi Jinan, the second son."

Mensaje por Ichimaru el Dom Jul 02, 2017 6:55 pm

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