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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Misión de rango D: Medicinal Herbs

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Misión de rango D: Medicinal Herbs

Mensaje por Minato Nara el Jue Ago 10, 2017 4:44 pm

Eran las 6 de la tarde cuando Minato llegó al Lago de la Verdad del País de la Tierra. Los rayos de sol iluminaban el agua limpia y cristalina del lago, así también como la verde pradera que había a su alrededor. Cerca de allí, había un humilde hogar de madera en el cual residían dos hermanos de diferentes edades. Uno de ellos: el mayor, había enfermado de fiebre, y… como siempre solía hacer en esos casos, recurrió a la medicina más natural y tradicional posible, empleando el libro que tenía con información sobre hierbas para elaborar un potingue que lo curara. Sin embargo, no todo podía salir bien, y… en un grave error, había confundido la hierba correcta con una muy parecida pero de efecto inverso, y… de esa forma, únicamente había conseguido ponerse todavía peor y empezar a delirar y decir cosas sin sentido. El hermano pequeño… al parecer, mucho más sensato e inteligente que el mayor, a pesar de su corta edad, decidió acudir a profesionales y pedir ayuda a éstos, y… por ese mismo motivo, le había sido encargada la siguiente misión a Minato: tenía que acudir a ese lugar y encontrar las hierbas correspondientes para curarlo.
Como buen Nara que era… el rubio conocía de primera mano los buenos efectos de la medicina más tradicional y natural, ya que éstos solían utilizar entre sus recetas la cornamenta de los ciervos que habitaban en sus bosques, siendo muy eficaz y potente, con muy buenos y grandes resultados inmediatos. Sin embargo… al rubio nunca le había llamado demasiado la atención la ciencia medicinal, y había preferido centrarse más en el combate, tanto cuerpo a cuerpo, como con técnicas ninja de media y larga distancia. Así pues… en esa ocasión, tendría que enfundarse la “capa de médico” y los guantes, y ayudar al pobre inconsciente de Gamakeshi, que así se llamaba el hermano mayor que había enfermado.

Cuando Minato llegó a la casa, se limitó a llamar tres veces con golpes secos a la puerta, pero… en cuanto dio el primero, ésta se abrió rápidamente, dejando ver tras ella a un joven niño asustado y preocupado por la salud de su hermano mayor.
- ¡Has venido, por fin! ¡Ayúdalo, por favor! ¡Está muy malito! – Pidió entre lágrimas y sollozos el inteligente crío al Nara sin conocerlo de nada, pero sabiendo perfectamente quién era y para qué había acudido a su humilde hogar a esas horas de la tarde.
- No temas, pequeño… Gamakeshi se recuperará antes de que puedas contar hasta diez, créeme. Yo mismo lo ayudaré a mejorarse con un buen ungüento de las hierbas apropiadas. – Dijo Minato para tranquilizarlo, mostrando una sonrisa y llevando su mano derecha a la cabeza del hermano pequeño. - ¿Dónde está ahora él? Llévame hasta allí, necesito verlo para hablar con él, por favor. – Preguntó y pidió el rubio al niño, que… asintiendo con la cabeza, comenzó a guiarlo hasta el lugar donde se encontraba su hermano mayor.
- ¡Ven conmigo! ¡Está delirando en su habitación! – Dijo el niño, tomando la mano derecha de Minato y llevándolo hasta la habitación de Gamakeshi para luego entrar sin ni siquiera llamar… parecía haber bastante prisa y urgencia. - Ahí está… ¡Gamakeshi, ya está aquí la ayuda! ¡Te vas a poner bueno pronto! ¿A que sí? – Aseguró el inocente niño, preguntando una vez más a Minato y deseando que éste respondiera de manera afirmativa.
- Claro que sí… pero para eso voy a necesitar que nos dejes solos a tu hermano y a mí. Necesito hablar con él, y tendrá que explicarme cómo puedo encontrar esas hierbas que necesita. Ahora mismo solamente serías una molestia y entorpecerías la misión, tardando más en cumplirla y en ayudarlo. Muchas gracias por tu ayuda, pequeño… ya has hecho todo lo que podías hacer. – Habló claramente Minato, siendo serio y conciso con sus palabras y explicaciones.
Acto seguido, en cuanto el Nara terminó de hablar… el niño pequeño asintió con la cabeza en señal de afirmación y salió inmediatamente de la habitación, dejándolos solos.

- ¿Quién eres? ¿Dónde estoy? ¿Qué haces aquí? – Preguntó Gamakeshi a Minato.
- Me llamo Minato. Soy un gennin de Ganryu y he venido hasta tu casa para ayudarte a curarte. Estás en tu habitación. ¿O es que no lo ves? – Respondió el Nara.
- ¡No, atrás, no me hagas daño! ¡Has venido a secuestrarme! ¡Déjame salir de aquí! – Gritaba el enfermo, completamente ido de la cabeza y diciendo tonterías sin sentido.
- No te irás de aquí a ningún sitio hasta que te cures. He venido a ayudarte… ¡Tranquilízate! ¡Hazlo por tu hermano! – Dijo Minato, levemente enfadado, pero consciente del estado en el cual se encontraba Gamakeshi. - Está peor de lo que yo pensaba… – Pensó.
- Gamamaru… Sí… tengo que tranquilizarme por él. Me necesita. – Dijo Gamakeshi, mencionando por primera vez el nombre de aquel niño y entrando en razón por primera vez.
- Necesito que me digas cómo son las hierbas que tengo que buscar y dónde puedo encontrarlas. ¿Tienes tu libro a mano, Gamakeshi? – Preguntó Minato al enfermo.
- Sí… ahí está, en lo alto de ese mueble verde. – Respondió Gamakeshi, señalando con el dedo índice de su mano derecha temblorosa un mueble marrón.
- Está delirando y viendo colores que no son… o… a lo mejor es daltónico, es bastante común. Por eso a lo mejor se ha confundido de hierba. O… a lo mejor que vea otros colores es por el efecto del potingue que se ha tomado. – Analizó Minato en su cabeza mientras se acercaba al mueble que había señalado Gamakeshi y cogía un libro gordo.
- Ábrelo por la página 70… ¿O era la 60? – Dijo el enfermo, dubitativo.

Minato hizo caso a Gamakeshi y miró las dos páginas por si acaso. La página 60 hablaba de unas hierbas específicas para evitar las alucinaciones, y la página 70 contenía el informe de unas hierbas que podían curar la fiebre. El Nara dudó cuál de las dos debería usar realmente, ya que ambas resultarían efectivas para curar el estado del enfermo. Sin embargo, decidió hacer caso a la primera indicación de Gamakeshi, siendo consciente de que el problema principal era la fiebre, y centró su atención en la página 70, leyendo el contenido las veces que hicieran falta para retener la mayor información posible sobre la hierba medicinal que salvaría a Gamakeshi de la fiebre. Tenía una forma peculiar, como si de una rosa se tratase, pero de color azul. Podría encontrarse cerca de lagos, en orillas con vegetación. También había una nota aclaratoria, explicativa e informativa escrita en letra pequeña que avisaba de la existencia de una planta similar de color morado, sumamente peligrosa por provocar delirios y alucinaciones. Estaba claro que… o bien, Gamakeshi se había olvidado de leer esa parte, o bien, no la había visto debido a la letra tan pequeña, o, por última opción, confirmaba su idea previa de que era daltónico y no había sabido diferenciar ambas plantas, cosa lógica y normal.
En cualquier caso… Minato tendría que salir al exterior y buscar cinco de esas plantas según decía el libro para poder elaborar la receta de manera correcta… receta que, por otra parte, no ponía en ninguna parte de ese libro, que se centraba únicamente en el estudio de la naturaleza, y no de la elaboración de remedios caseros. Por lo que… el Nara tendría que confiar en las instrucciones del propio enfermo para prepararle posteriormente la cura que lo salvaría.
- Gamakeshi, me voy a buscar esa planta. No te muevas de aquí o no podré curarte. Recuerda: hazlo por Gamamaru. – Dijo el rubio, avisándole antes de marcharse.
En su camino hacia el exterior de aquella casa, se encontró de nuevo con aquel niño pequeño, que aguardaba expectante y esperando noticias sobre su hermano. Minato lo miró sonriendo y, acto seguido, le dio unas indicaciones mientras abría la puerta de la casa para salir por ella.
- Gamamaru, asegúrate de observarle y vigilarle mientras yo no estoy en casa. Voy a salir a buscar la planta que podrá salvarla. No tardaré mucho, pero sí un rato. Asegúrate de que no se mueva de su cama y no salga de allí bajo ningún concepto. Es importante. Gracias, chico. – Le dijo el Nara al hermano pequeño, para, acto seguido, marcharse de esa casa.

Una vez Minato se encontraba en el exterior, caminó rápidamente hacia la orilla del lago, donde abundaba la hierba. Y allí se puso a buscar inmediatamente la hierba medicinal indicada.
Entre tantas hierbas de colores menos llamativos como verde y marrón, encontró también hierbas amarillas y rojas, más llamativas y coloridas, pero sin llegar a ser azules. También encontró las famosas y peligrosas hierbas moradas, y, de hecho, casi estuvo a punto de coger una, dándose cuenta de que tenía espinas. En ese momento, el Nara recordó que en la advertencia que había leído ponía que los efectos de su veneno podían aparecer debido a un pinchazo de las afiladas y finas espinas de su tallo. Así pues, Minato continuó buscando con más detenimiento hasta que finalmente encontró una flor azul que parecía una rosa. Al parecer… esas hierbas en especial eran escasas y estaban muy dispersas alrededor del lago, por lo que tuvo que dar una vuelta completa hasta que pudo encontrar las cinco hierbas que necesitaba para la poción curativa. Tardó aproximadamente una media hora en encontrar todas las hierbas y dar la vuelta al lago en busca de éstas… por lo que ya no podía perder mucho más tiempo antes de que el pobre Gamakeshi muriese enfermo por una fiebre.
Sin más dilación, Minato comenzó a correr hacia la casa de los dos hermanos, con las cinco hierbas en sus manos vendadas, y entró sin llamar ya que se había asegurado de dejar la puerta abierta para no perder más tiempo hasta que Gamamaru lo abriese. De esta manera, el joven shinobi entró en la casa ajena como si fuera Pedro por su casa, cerrando cuando entró.

Una vez el Nara entró en la habitación de Gamakeshi con las hierbas en sus manos, las dejó sobre la encimera y lo miró preocupado. Gamamaru estaba a su lado, cogiéndole una mano y cambiándole el paño húmedo de su frente, cuando se preparó para marcharse y no ser una molestia al ver la entrada del propio Minato. Éste lo miró seriamente y luego mostró una sonrisa amable, levantando su mano izquierda hacia Gamamaru para detener su partida.
- No… Gamamaru, quédate y sigue cuidando de tu hermano igual de bien que lo estás haciendo. Buen trabajo, chico. Vivirá gracias a ti. – Le apremió Minato sin dejar de sonreír, para, acto seguido, volver a concentrarse en el trabajo que tenía que realizar.
Así pues, en seguida, el joven shinobi volvió a dirigirse al enfermo y le realizó una pregunta.
- Ya tengo las hierbas, Gamakeshi. Ahora… ¿qué tengo que hacer con ellas? ¿Cómo preparo el ungüento curativo? – Preguntó Minato, nervioso y sin saber muy bien qué hacer.
- Tienes que aplastarlas y machacarlas con un mortero. – Explicó el enfermo.
Nada más recibir las primeras indicaciones, el Nara se puso manos a la obra y puso las hierbas en un cuenco de madera, machacándolas con la ayuda de un mortero, aunque… sin embargo, notó que le estaba costando bastante machacarlas. Entonces… alzó la mirada y vio que Gamakeshi se estaba riendo, delirante y divertido.
- Pero no te olvides de deshacerlas primero con los dedos para que te sea más fácil machacarlas con el mortero. – Añadió un olvidadizo y despistado enfermo, entre risas.
- Tarde… demasiado tarde. – Se quejó Minato sin decir ninguna palabra, frunciendo el ceño ante las risas de Gamakeshi. - Pues a mí no me hace ni pizca de gracia. – Añadió en su conversación interna, a sabiendas de que Gamakeshi no conseguiría escucharlo.
Sin más… hizo lo que el enfermo le había pedido, aunque… como las hierbas ya estaban medio machacadas, se pringó sus manos con un líquido verde que salió de ellas… era como una pasta verdosa que daba bastante asco, sin duda. Cuando terminó de despedazarlas con éxito, terminó de machacarlas de nuevo utilizando el cuenco de madera y el mortero.
- Vale… ya está. ¿Y ahora qué? – Preguntó el Nara, curioso y expectante.
- Ahora tienes que diluir la pasta verde con un poco de agua. – Explicó Gamakeshi.

Minato… que ya empezaba a conocer cómo actuaba y hablaba el enfermo debido a sus delirios, antes de hacer nada… le realizó una inteligente pregunta, intentando ser lo más cauteloso posible, y a sabiendas de que cualquier otro error en la fórmula podría significar el fracaso.
- Ya… y, ¿hay que hacer algo en especial con esa agua? – Preguntó el joven shinobi.
- ¡Sí! Tenías que… ¿qué era, enfriarla, congelarla? ¿O calentarla? – Dudó Gamakeshi.
- No creo que el agua congelada sirva para mucho… – Reflexionó Minato de manera correcta. - ¿No habrá que calentarla para mezclarlo o algo parecido? – Preguntó.
- ¡Ah, sí, así era! ¡Tienes que calentarla y mezclarla con la pasta verde para que se disuelva en el agua! ¡Y luego la cuelas con un colador para quitar las impurezas y me la das, todavía estando caliente! – Explicó el enfermo, que parecía bastante seguro de sus propias palabras.
Así pues, el Nara comenzó a calentar agua y comenzó a vertirla en el recipiente donde había metido la pasta verdosa con mucho cuidado de no quemarse y con mucho pulso y paciencia.
- ¡Ah, sí! ¡Y no olvides de que si se enfría tendrás que empezar todo otra vez! – Gritó Gamakeshi de repente y sin previo aviso, interrumpiendo la concentración de Minato y asustándolo, provocando que se tirase el agua hirviendo encima y se quemase vivo.
- ¡AAAHHH! ¡Idiota! ¿Por qué no me lo has dicho antes? ¡Con la calma que estaba teniendo para no cometer ningún error! ¡Joder, cómo quema! – Se quejó un enfadado Minato.

De nuevo, el joven shinobi comenzó a calentar agua una vez más y, rápidamente, la vertió en el recipiente de la pasta verde, moviéndolo con una cuchara para que se mezclase bien y colando el contenido con la ayuda de un colador con el objetivo de quitar las impurezas.
Cuando Minato adquirió el nuevo líquido curativo, lo cogió, quemándose levemente los dedos de las manos y dándoselo al enfermo, indicándole unas palabras para que resultase más fácil.
- Levanta un poco la cabeza y abre la boca. Incorpórate lo mejor que puedas para no ahogarte. Venga… te prometo que el calvario va a pasar muy pronto. – Dijo un calmado Minato, respirando profundamente y deseando soltar ese vaso caliente para no seguir quemándose.

Finalmente, tras todo lo que había tenido que pasar el joven shinobi, consiguió que el enfermo se tomase el líquido curativo, y su mejoría fue increíblemente rápido. En seguida, Gamakeshi abrió sus ojos como si hubiese recibido un impacto de energía o adrenalina, y su frente volvió a recuperar su temperatura normal poco a poco, al igual que su cara, que dejó de estar roja.
- Oh… muchas gracias, esto… ¿Cómo te llamas? – Preguntó un recuperado Gamakeshi.
- Puedes llamarme Kokuei. – Respondió Minato, sin darse cuenta de que ya no estaba actuando en nombre de Howaitohasu y que mes y medio en el País de la Luna le había traicionado hasta el punto de mencionar su pseudónimo cuando realizaba misiones de paz y justicia. Pero no le importó… había hecho lo correcto y ya no buscaba la fama mundial, así que, se limitó a mostrar una sonrisa y asentir con la cabeza, ya no había vuelta atrás, y no dejaba de ser un nombre oriental. - Seguramente ni siquiera Gamakeshi se da cuenta de que no es mi nombre verdadero. Bueno… da igual. – Pensó el Nara, mientras comenzaba a caminar hacia la salida. - Nos vemos, Gamakeshi, Gamamaru. Cuidaos el uno al otro, y… si os ayudáis mutuamente, seguro que no vuelve a pasar nada parecido. ¿Eres daltónico, verdad, Gamakeshi? – Preguntó Minato, deteniéndose un momento.
- Así es… ¿cómo lo has sabido? – Quiso saber el hermano mayor, curioso.
- Suposiciones mías, acertadas, por lo que veo. – Respondió el Nara sin dejar de sonreír. - La próxima vez que no sepas identificar una hierba por su color, pregúntale a tu hermanito. Juntos conseguiréis grandes cosas. No lo olvidéis. – Añadió Minato, mirando a Gamamaru.
- ¡Sí, muchas gracias por todo, señor Kokuei! – Dijo el pequeño, a modo de despedida.
- Nos vemos. Hasta pronto, chicos. – Dijo Minato por última vez a modo de despedida, mostrando su característica y amable sonrisa y saliendo por la puerta de la habitación y de la casa para, seguramente, no aparecer por aquel lugar nunca más… su trabajo ya estaba hecho.
Minato Nara
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