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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Nueva Tonada

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Nueva Tonada

Mensaje por Zhorin Kashu el Mar Ago 15, 2017 10:51 pm



Nueva tonada





•••••••••Rol•••••••••


Ninjutsu:

9

Taijutsu:

10

Genjutsu:

4

Velocidad:

12

Resistencia:

9

Fuerza:

7

Jutsus:

[G]2/6 [C]0/0 [J]0/0 [S]0/0



El resplandecer matutino anunciaba aquel despertar de la comunidad del desierto, la misma comunidad de Cantantes que cambiaba de turno y que ahora pasaba a recibir a los viajeros que aprovechaban el alba para así apaciguar el calor, siempre disfrutando de esa luz de guía que en la noche solo sería posible por las estrellas. Un día cotidiano, a decir verdad, y si la arena empujada en la noche hubiera motivado a cualquier malhechor a salir de su escondite, bien que sería detenido tras la habitual caravana de comercio que enviaba el feudo en búsqueda de intercambiar información, o en el mejor de los casos, recursos. Poco había que decir por sobre aquel reino: un líder totalitario con aires de crueldad, pocas veces visible pues no era habitual el dar con cabecillas de regiones ante las numerosas guerras y conflictos que amenazaban al mundo, después de todo, si alguien había ganado enemigos era aquel ser que había arrasado con los demás líderes en la arena, y aquella insurgencia y rebelión que alguna vez pudo originarse en las dunas, poco a poco comenzaban a verse reducidas ante las oportunidades tácticas que brindaban los leales a tal gobierno.

Por su parte, Zhorin, hacía ya unas semanas que asistía a las órdenes del feudo, después de todo, su condición de Ronin alejaba cualquier relación desfavorable que pudiera ligarlo con algún visitante de su comunidad, y ante las sugerencia de los mayores más cercanos a él, el mantener en secreto su relación con el feudo bien que podría alargar su permanencia en aquella comunidad del desierto. Así mismo, escuchando los consejos, el perfil bajo del muchacho era una fija coartada que lograba mantener gracias a su costumbre rutinaria de partir en viajes; él viajaba por el mundo siempre que pudiera, conocía los alrededores, los memorizaba, y aunque sus viajes no lo llevaran tan lejos como esperaba, bien que anhelaba adquirir suficiente fuerza y resistencia como para poder deambular sin peligro alguno, después de todo, él se consideraba un admirador de los paisajes, un simple ciudadano que bailaba con el aire tras sus pazos largos. Despertaría entonces, con el resonar los platos en el área del comedor, pues su habitación se encontraba no muy lejos de dicha entrada, y siempre que quería, se escabullía para así comer algo que le sacara de tal hambruna. Se alistaría, como siempre en aquella cotidianidad del hombre aseado que le llevaría algunos minutos de la mañana, y con ello, llevaría consigo ese gunbai que culminaba su atuendo relajado y preparado, como si él en cualquier momento fuera a partir para nunca volver a regresar.

Curiosamente aquel comedor albergaba a un sinfín de personas, diferentes, sombrías, calladas y misteriosas. Algunas solo estaban ahí de paso, otras esperaban pasar horas para aliviar el sol de aquella mañana que claramente podría ser peligroso, pro en especial, todos debían ordenar algo o se les pedía que se marcharan. El Kashu de ojos azules no era un caso aparte, y aunque él viviera a espaldas de tal lugar, la mujer encargada de tal restaurante no era más que aquella vil señora de carácter fuerte. La saludaría como siempre, y ella nada diría, le vería y haciendo un movimiento con sus manos, ordenaría a uno de los trabajadores que le trajera un plato del día; saludaría a los que conocía, pues su personalidad relajada era atractiva para conocer personas, y de la nada, la chica que él hacía días había salvado, bien que le sonreiría apenada y feliz de verle. –Es un gusto volver a verte, Zhorin- Aclararía la muchacha, y él, sonriéndole, asentiría en respuesta grácil –A mi también me da gusto, es bueno ver que estés mejor acá, hasta te ves un poco más rellena- Diría con poco tacto, y en eso, el sonrojar de la muchacha le haría marcharse, pues él, inconscientemente le había dicho gorda. Sin entender aún lo que había pasado, haría caso omiso a lo ocurrido, y con ello, pasaría a comer de aquellas rebanadas de pan y el jamón cocinado que daban ese día de desayuno, llevándole no muchos minutos antes de postrarse a la barra para así, solo ordenar agua y esperar en su costumbre de no hacer nada para digerir.

Si bien era cierto que el muchacho tenía poca visión por sobre le gustaba o no alguien, él jamás hubiera notado que aquella muchacha gustaba de él, es más, la veía aún como una niña lastimada y ofendida, y en eso, al verla regresar, la volvería a saludar. -¿Y como t tratan acá?- Le preguntaría, con su rostro perfecto y amable. Ella se sonrojaría y le vería ilusa de los ojos azules que tanto ella anhelaba –Pues bien, no me maltratan, me alimentan, me enseñan a cocinar. Aunque no lo creas, el pan de hoy lo hice yo- Respondería la mujer, y en eso, aquel muchacho volvería a destacar en su falta de tacto, pues de la nada, soltaría palabras que capaz debería haber pensado. –ah, pues estaba duro, la verdad- Acotaría, y en eso, la mujer molesta le miraría con aquella mirada de orgullo que buscaba represalia por lo dicho. –Pues pudiste cortarlo con algún arma, ¿no y que eres un shinobi?, eso no debería ser rival- Y así como como hablaba, se volvía a machar indignada de tales comentarios fuera de lugar.

La duda del muchacho por lo ocurrido era un tanto lamentable, el aún no entendía lo que le pasaba a la pequeña que él había rescatado, pero sin dar mucha vuelta al asunto, sus pensamientos se desviarían por esa curiosa insinuación que llevaba al joven a debatirse si portar o no, alguna especie de puñal o kunai que sirviera de filo ante cualquier incidente. Desde pequeño, solo se le habían enseñado herramientas que funcionaran con el viento, pero el mismísimo filo era algo que no arrastraba ráfagas, sino que la cortabas, limitando aquellos utensilios que un ninja de su clan pudiera usar.

Tras el desayuno, regresaría a su habitación, firme en ese caminar que cruzaba las instalaciones de aquella comunidad, y como era costumbre, igual pasaría por el altar de su abuelo para así rendir respeto. Como su abuelo había muerto antes de entrenarlo, él no poseía un maestro de aire que le enseñara a desarrollar sus habilidades, por lo cual, su prácticas y mejoras las atribuía a sus misiones y a sus experiencias que poco a poco comenzaban a complicarse más, ¿y quién esperaría que tal muchacho hasta hubiera quedado preso tras el intercambio con maleantes?, nadie, y era el perfecto momento como para rendirle homenaje a quien pensó entrenarle. Pasaría por aquella morada olvidada. Él de vez en cuando se tomaba el tiempo de limpiarla, sacudiendo el polvo y barriendo aquellas hojas del invernadero que se lograban escapar al abrir de la puerta, y esta vez no sería diferente pues de igual manera entraría para detallar el desorden que aún se encontraba en sus interiores. Si bien no era un lugar muy grande, siempre estaba abarrotado de cosas, planos, escritos, libros olvidados, y como si no fuera suficiente, nada aparentaba tener orden. Sacudiría entonces aquellos muebles, apilaría los libros que tomaba uno por uno, ojeándolos y agrupándolos, y de la nada, las horas ya se postraban cual apogeo que el mediodía traía consigo. Ciertamente él no se había despertado muy temprano, pero jamás hubiera esperado que le llevara tanto tiempo acomodar aquella simple habitación.

Aunque le faltaran aún cosas que revisar y que ordenar, ante un tropiezo, su vista se toparía con un closet cubierto de telares, las retiraría y logrando romper la cerradura que mantenía cerrada aquel depósito, bien que notaría que yacían diversas partes de Onpu’s aún sin culminar. Las revisaría, vería los materiales que ahí se encontraban, y para su sorpresa, daría con una curiosa caja negra que yacía igual forrada por tales telas de algodón acolchado. Si bien su curiosidad no tenía límites, abriría la caja para notar que en ella yacía un arma diferente a las que habituaba; un Gunsen-Navaja yacía postrado a la deriva, guardado en aquella caja para conservarlo y ocultarlo de los demás, pues debido a su abanico, destacaba como Onpu, pero era muy inusual el notar aquella arma de filo que en su postura se encontraba. La analizaría, buscando indicios de su creador, y aunque en un inicio pensó que su propio abuelo la había realizado, al no dar con su firma de sello, claramente lo descartaría. En sí, aquella arma era diferente, sin instructivo, sin matiz que delatara su poder, y tras el empuñar del joven ante su mano diestra, el mismo accionaría sin querer el mecanismo del mango, el cual, desplegaría aquel fuerte abanico en un súbito movimiento que agitaría el aire de la habitación, desordenando todo el trabajo de limpieza que el Kashu había tomado desde temprano. Claramente su sorpresa le llevaría a dudar de su moralidad, y al ver que la misma arma poseía un cinturón de agarre, se la colgaría atrás de la cintura, de costado, y saldría como si nada para alejarse al desierto en donde poder probarla, después de todo, su abuelo le había dejado todo lo que en ese lugar se encontraba, incluyendo esa peculiar arma.

Así mismo saldría entonces, de su comunidad, a pasos rápidos que lo tildaban al salto, evadiendo preguntas incómodas y demás explicaciones que podía ahorrarse. Al apartarse de aquellas parejas abiertas, en el desierto perdido a eso del mediodía, su naturaleza aireada incluso no sería la suficiente como para salvarlo de aquel calor asfixiante que era incluso insano; respiraría profundamente, intentando aumentar aquellas ráfagas que aliviaran su andar, y en ello, no demoraría mucho en postularse a la ofensiva. Si bien cargaba atrás su enorme Gunbai, no le costaría nada el sacar la daga de esa funda que amarraba a su retaguardia, empuñándola para así tomarla de cabeza, con el filo hacia abajo y la apertura del abanico hasta el frente, y sin detenerse, canalizaría el chakra en aquella arma, simulando la misma forma en la cual generaba energía para su Gunbai, y de la nada, al sentir una buena masa de aire que le rodeaba, acelerado, accionaría el mecanismo que desplegaría aquel abanico pequeño, desprendiendo de él, a su vez, aquella ráfagas de proyectiles delgados, a rumbo directo, que se impactarían en la arena para así provocar ese movimiento de golpe llamativo, siempre dejando ese sonido de nota musical “Si” que le daría su nombre.

Sorprendido, el muchacho repetiría la acción, mejorando su enfoque a la hora de disparar, canalizando aquell energía para dirigir los proyectiles en una trayectoria certera, y aunque aquella habilidad no fuera de gran impacto como las de su gunbai, se sorprendería por la facilidad de impacto, y la velocidad en la cual podía realizar las técnicas. Así mismo, saltando, probaría su manejo con las intenciones de practicar en el aire tal disparo, y aunque su miedo de perder la estabilidad era presente, igual notaría que el arma era una digna Onpu, diseñada para ser usada en cualquier área. Se desplazaría veloz, saltando, empuñando la daga, cortando al viento pues su habilidad diestra le hacía moverse con ligereza y como en baile, fingiendo evadir para atacar, y tras ello, ante uno de los varios desplegares de aquel abanico, un movimiento un tanto bruto daría en dirección contraria a aquel mecanismo de despliegue, y consciente de tal golpe, el Kashu canalizaría su chakra en aquella arma con velocidad, aprovechando el momento para practicar una reacción descontrolada, pero para su sorpresa, tras el caer al suelo pues descendía con ligereza, la misma no se abriría, y tras desviar su mirada para revisarla, notaría como de la nada, al paso de los segundos, el abanico se desplegaría en aquella habilidad desprevenida, que de la nada, desplegaría tal intento de tornado, golpeando al pelirrojo para así arrojarlo hasta las afueras de su cercanía.

Sorprendido, vería al arma, vería como aquella yacía generando tal tornado que de la nada, a los segundos, se detendría, y un tanto anonadado, al ver que cesaba tal ventisca, bien que volvería a empuñar el arma para así repetir lo que había hecho. En sí, no tenía claro el rango de la habilidad, pero bien que suponía que aquel interruptor, al ser accionado al otro costado, claramente dejaría un retraso en su despliegue. Entonces lo haría, retrasaría su andar para dar un paso atrás, y luego, tras canalizar buena cantidad de energía a la daga, accionaría el mecanismo con retraso, y de la nada, tras los segundos contados, aquel vórtice comenzaría a emerger desde su despliegue, volviendo a empujar al pelirrojo hasta las arenas, golpeándolo tras arrastrarlo.

Si bien aquel muchacho de aire no era terco, poco le costó el entender que el tornado emergía desde el abanico, cubriendo toda el arma en aquella creciente ventada que empujaba a golpe todo lo cercano a su punto, y tras ello, analizaría el entendimiento de que aquello era una habilidad a distancia. Preparado, repetiría los pasos, canalizaría el chakra y a su vez, lanzaría el arma, lejanos, con aquella fuerza que superaría los 10 metros, para luego, notar que nada pasaría. Caminaría entonces sorprendido, acercándose para notar que la energía que transmitía hacia el arma, bien que se perdía debido a la distancia, cosa que ya había visto antes en otra de sus técnicas, y sin pensarlo mucho, repetiría los pasos, practicando incluso cuando sol ya se postraba más liviano, cayendo ante la tarde que pronto daría al ocaso. La brisa comenzaba a sentirse incluso más allá de lo que el pelirrojo generaba, y ante el mover de los granos de arena por sobre su campo de entrenamiento, sería el último intento que aquel joven daría en su día, después de todo, estaba cansado, su sudar frío demostraba aquel agotamiento de energía que había invertido, y canalizando nuevamente su chakra en aquella arma, la lanzaría tras el accionar del mecanismo, liberando a los segundos aquel tornado sorpresivo que alejaría la arena de la duna en donde yacía enterrada. Sí, él había dominado aquella arma, y por los momentos, solo le quedaba practicar. Esperaría que el tornado se detuviera, y tras eso, volvería a por su arma, guardándola en aquel estuche que colgaba atrás de su cintura, bien encaminado nuevamente a su comunidad.

Tras su llegada, el clima calmado de aquella pequeña urbe bien que sería el panorama perfecto para pasar desapercibido, después de todo, Zhorin entendía que un arma de filo no era bien vista ante aquella costumbre de abanicos de tal clan. En su mente, muchas cosas se idearon, muchas teorías que extrañamente debatían por sobre el origen de tal arma, ¿sería su abuelo el creador?, ¿acaso era un arma renegada?, él no podía saberlo, pero por los momentos, la mantendría oculta, después de todo, la misma se postraba tras su cintura, escondido su filo en aquella cubierta cuadrada que aparentaba estar ocultando un abanico, después de todo, solo el mango de la daga se dejaba ver, un mango estilizado muy usado en los gunsen o demás prototipos ideados en tal morada. Entraría como si nada, saludarías a los ancianos que inusualmente se pasaban por los alrededores de la morada de su abuelo, y sin decir mucho más, regresaría camino al restaurante, pues su hambre, saltada desde el mediodía, le pedía a gritos que se alimentara. Entraría amable, saludando a los que conocía, y al ver a la pequeña chica no le quedaría más que ordenarle algo de comer.




•••••••••Off Rol•••••••••


Inventario:


Onpu: Re (Entrenada).
Onpu: Shi (Sin ser entrenada).


Habilidades Pasivas:


✶Yokukei (翼型, aereodinámico): El control del viento a su alrededor les permite desviar las corrientes de aire que pasen por él, pudiendo así, acelerar dichas corrientes o desviar el mismo viento para generar o quitar la resistencia que el viento pudiera ejercer, pudiendo con esto caer de manera ligera o muy apresurada. Dicho control varía ante el nivel del usuario, y para mejorarse necesita arduo entrenamiento.

✶Heijokyōfushō (閉所恐怖症, Impedimento de espacio cerrado): Los miembros del clan Kashu que nacen con el Kekkei Genkai, bien nacen a su vez con grandes pulmones que son el doble o el triple del tamaño normal que tendría dichos órganos. Su caja torácica mantiene una deformación que contrae y apila los órganos aledaños, para así, poder dar espacio a dichos pulmones, mas debido a esta mutación, la mayoría de los niños nacidos con tales dones, bien fallecen por su incapacidad de tomar grandes bocanadas de aire. Al aprender a respirar con gran profundidad, los miembros del clan pueden contener mucho aire en ellos, pudiendo así, mantener la respiración por un tiempo mucho más prolongado, mas su necesidad de gran cantidad oxígeno los obliga a permanecer en lugares abiertos, pues con el tiempo, los miembros desarrollan un comportamiento claustrofóbico que los lleva a sofocarse cuando sienten que el aire es escaso, llegando al punto de que en lugares con oxígeno bajo, bien caigan desmayados por la falta del mismo. El nivel de incomodidad de los usuarios bien se representa en la tabla de efectos en lugares cerrados (ver aclaraciones).



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