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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Nobility and diplomacy. — ❁

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Nobility and diplomacy. — ❁

Mensaje por Akkarin el Dom Ago 27, 2017 1:57 am







¡De uno en uno, no se rezaguen! —como una línea monótonamente repetida, las puertas que implicaban el acceso o no a aquellas personas que trataban de garantizar su paso por dicho país. En su mayoría comerciantes de paso, o simples viajeros intrépidos que se atrevían a cruzar las vastas tierras en guerra.

Había un pensamiento conjunto en la partida de comerciantes, la caravana de diez carros que había cogido y despedido a los demás del grupo, desviándose en el país de las Aguas Termales para llegar hasta las fronteras del Sonido.

Menudo coñazo es entrar en los países en estos tiempos.

Con un sentimiento compartido entre todos, la fila de carros y personas avanzaba a un ritmo extremadamente lento, así como resultando una pérdida de tiempo para la mayoría. Solo contadas excepciones les era negado el paso, en su mayoría carros con mercancía sin declarar o de dudosa procedencia, que eran desviadas hacia un puesto anexo de registro. Nunca había tenido la mala suerte, en todos sus viajes, de ser desviada a uno de ellos. Y dudaba seriamente que este fuese la excepción.

Por eso odio pasar por las ciudades. Es una puñetera pérdida de tiempo, donde ni siquiera se miran realmente los papeles. Malditos sean todos —las quejas y maldiciones de la mercante, Fael, eran masculladas entre dientes lo suficientemente bajo como para que únicamente Akkarin escuchase estas. Umi, por otra parte, se encontraba en el otro lado de su madre, observando alrededor con un ápice de temor en su mirada, recubierto por la endulzada infantil curiosidad de quien vislumbraba un nuevo horizonte que no conocía. La pequeña era, en esencia, alguien que no entendía exactamente en qué se estaban metiendo ni tampoco la naturaleza de su viaje.

A pesar de haber hablado con ella, no deja de ser una niña de cinco años. Era imposible que entendiera realmente lo que le estaba pidiendo” la punzada de culpabilidad atacó con fuerza, obligándola de desviar la mirada del rostro de la niña hacia el frente, con su propia cara de póquer que reflejaba nada más que serenidad y un fingido hastío. Eran los ojos los que hablaban por si solos, la verdad oculta por la cada vez más inescrutable espía de los Yuki. Fael, de reojo, solo pudo chasquear la lengua sin decir nada. Para qué, si ya habían hablado en su salida sobre lo impropio e inmoral que estaba siendo la decisión de la kunoichi, trayendo a una niña en medio de la turbia situación. Usándola de la misma manera que los gobernantes usaban a sus plebeyos ciudadanos.

La cola de carros lentamente fue reduciéndose hasta llegar su turno. Igual como supuso, los papeles fueron tomados sin ningún problema y, tras una inspección de sus mercancías, así como identidades (que pudo comprobar, hasta los propios guardias parecían cansados de realizar y fingían en mayor parte realizar su trabajo con exhaustivo interés).

Todo correcto, pueden pasar —dijo uno de los guardias con una mala cara crónica, entregándoles los pergaminos y haciéndole unas señas a otros guardias, quienes dejaron libre el camino para que pudieran internarse en la ciudad—. Prosigan y liberen la vía. ¡Siguiente, pase al frente!

Siendo nada más que números y recursos adentrándose en la ciudad, el carro con las tres féminas se internó en la ciudad, dejando atrás a la caravana de comercio. Un disimulado suspiro conjunto pudo ser escuchado, siendo la externalización del alivio de Akkarin y Fael.

Bueno, chica. Aquí estamos —Fael habló esta vez sin apartar la vista de la vía, avanzando controlando con maestría a ambos caballos que tiraban, así como supervisando el par de mulas que seguían al carro para que no se extraviaran. Era sorprendente que una sola persona pudiera ocuparse de llevar aquella cantidad de mercancías y el negocio, sin pérdidas—. Esta vía lleva hasta la plaza, donde me quedaré haciendo algunos intercambios. Está plagada de posadas, gracias a dios. ¿Qué vas a hacer?

Mhn.. —la kunoichi se tomó unos segundos para voltear y coger del carro trasero, la bolsa de viaje que había quedado sepultada entre el heno de la misma. Con un par de palmadas trató de quitar lo que pudo del mismo, a pesar de que con los días la suciedad había dejado algo marcada la misma bolsa. Apoyándola encima de sus piernas, abrió la misma apenas; ropas de la más altísima calidad se encontraban dentro, las mismas que había estado llevando de un lado a otro, evitando usar debido a que eran claro icono de su estatus social y título nobiliario. Los harapos y capas de viaje que llevaba actualmente, tanto ella como Umi, actuaban mejor para alguien con su oficio.


Pero ahora mismo, no le interesaba ser una kunoichi. Al menos, no ser vista como una por los demás.

Te acompañaré hasta cerca de la plaza, pero me bajaré antes. Mis asuntos me impiden estar en sitios muy… concurridos —murmuró en voz baja, mientras con una mano daba un par de toquecitos en el hombro de Umi. Esta se giró hacia ella con un simple ‘¿Ah?’—. Prepárate, peque. Nos bajamos en breves.

¿Y eso? —la pregunta de Fael fue acompañada de una mirada obvia hacia su bolsa; se había dado cuenta del contenido, lo cual solo la hacía estar más escéptica—. Espero que sepas lo que haces, Akkarin. Estás alejándote de tu camino, y lo sabes.

A veces, el fin sí justifica los medios, Fael. Estoy en deuda contigo, pero no tengo razón alguna por la que justificarme ante ti. Los motivos son míos.

Mira, niña… sé que no eres alguien mala, pero…


Involucrar a inocentes no es diferente a ser un tirano más en este mundo.


◅☾◈☽▻

El carro de Fael hacía largos minutos que había continuado con su camino hacia la plaza mercantil de la ciudad, mientras que las otras dos féminas habían dejado el mismo, y con la ayuda de la kunoichi, entrado a una de las múltiples tabernas que había por esta. Una pequeña, poco resaltante. Que no hubiera mucha gente, apuntó; tampoco era un lugar de gran frecuencia, al menos no ahora que las sombras de la guerra empezaban a cernirse sobre los corazones de las personas y la escasez de recursos venía dada por la necesidad de desviarlos hacia los ejércitos.

Ambas mujeres llenaron sus estómagos en primera instancia, justificando así su presencia en las mismas. Fue sin embargo luego, cuando ambas se retiraron un tiempo al baño, donde la verdadera intención de ambas venía.

Umi, de ahora en adelante, voy a necesitar que no hables con nadie, ¿sí? Las personas que vamos a ver pueden ser malas —una mentira como una casa, lo sabía, pero necesitaba asegurar el silencio de la pequeña, aunque fuera a partir de generarle una imagen distorsionada de la realidad. Ella no dominaba el arte de las ilusiones, así como necesitaba la presencia de la pequeña, por lo que una mentira manipularía lo suficiente a la niña como para que no echara a volar aquello que iban a estar realizando.

‘kay, mamá —un ápice de temor hizo que la voz de la pequeña, que era apenas un susurro triste, se tambaleara. No le gustaba la idea de estar en un sitio donde había gente mala, por obvias razones—. ¿Estarás conmigo?

Todo el tiempo, no te preocupes.

Como un bálsamo hacia el miedo de la niña, Akkarin le dio un abrazo fuerte antes de que sacase de su bolsa de viaje, las prendas de alta calidad. Ni una mancha, con los colores característicos de las altas esferas del Rayo y Agua. La primera para Akkarin, al tratarse de las más nuevas, mientras que las segundas, para la pequeña. Un pequeño kimono de cuando era una niña en si misma, que su propia madre había traído de la familia. Se aseguró de vestirse en consecuencia; así como en si misma, por primera vez en mucho tiempo, adornar su cuerpo con las joyas de su familia. Características de su título.

Ponte la capa, Umi. No nos pueden ver, al menos no de momento —colocándose las harapientas y desgastadas capas de viaje por encima, ocultando ambas féminas entre las telas de las mismas, así como sus vestimentas.

Encapuchadas, el atardecer estaba en su caída hacia la noche. Las sombras de la noche empezarían a aparecer dentro de un par de horas a la sumo, por lo que no podía entretenerse mucho. Con la cabeza algo gacha, y la pequeña figura de la niña cogida de su mano, aquella noble y la niña avanzaron por las calles, zigzagueando, en busca de su destino.

El castillo debería estar en el norte, según la información que tengo. Debemos sortear las rondas de vigilancia lo más fácilmente posible, para llegar hasta las puertas sin perder tiempo”, tiempo, el recurso más preciado y que no podía desperdiciar. Tenía una misión, y desgraciadamente, ahora empezaba la parte más difícil de la misma. Apretando la mano de la niña, ambas se fueron deslizando entre el gentío, así como las callejuelas, tratando de mantenerse con el perfil bajo. A propósito mostrándose misteriosas, ocultas, cosa que despertaba a veces las miradas curiosas de algún que otro guardia. Los más sospechosos, haciendo el ademán de acercarse para verificar su identidad, pero claramente confundidos cuando el par de figuras desaparecía como si nada entre la gente o las calles.

Necesitaba plantar las semillas para que funcionase.

Vislumbró lo que vendría a ser el aro externo del castillo. La seguridad se reforzaba de golpe, y era claro que no había manera de entrar en el mismo de buenas a primeras.

Con la sonrisa oculta, Akkarin dio un apretón en la mano de Umi para llamarle la atención. Esta alzó la mirada, oculta por la capucha, hacia la ella. Asintiendo, le hizo un gesto con la cabeza hacia las puertas de la muralla exterior, para luego llevarse un dedo hasta sus labios.

Silencio desde ahora. Era la señal.

Lentamente, Akkarin empezó a caminar hacia las puertas; más exactamente, hacia los guardias de la misma. La capa de viaje ocultando prácticamente todo su cuerpo, y gran parte de su cara. Únicamente la mitad inferior de su rostro estaba a la vista.

Esto... disculpen, nobles caballeros —inquirió con suavidad y elegancia, a pesar de que su aspecto distaba de ello. Una cadencia serena, contenida por la educación. Akkarin levantó lo suficiente la cabeza, con tal de que las posturas defensivas y aprehensivas de los guardias pudieran reducirse un poco. Era normal recibir reacciones hostiles, más aún cuando el aspecto reflejaba nada más que dos personas de clase baja acercándose a la propiedad de su señor. Aunque fuese solo las murallas. En ningún momento la chica se inclinó en las acostumbradas reverencias cuando había diferencias de rango; ella misma, una noble, no podía hacerlo frente a simples guardias—. Me encuentro perdida tras mi llegada a la ciudad, en busca del cobijo de su señor ante la tempestad que se avecina. Mi hija y yo veníamos en pos de establecer buenas relaciones con su señor, más tuvimos problemas en nuestro viaje en estos tiempos.

Con cuidado y grácil gesto, Akkarin pasó a retirar su capucha para mostrar así, su rostro. El intrincado recogido, así como los indicios del kimono en su cuello, más el maquillaje (el mismo que ayudaba a ocultar también el ligero bronceado de sus viajes) y joyas en su rostro, eran ya el primer golpe de contraste frente a las capas que estaban llevando. Con cuidado, la joven llevó una de sus manos hacia el dobladillo interior de su capa de viaje, buscando así uno de los pergaminos que tenía a mano. El mismo pergamino que hacía propiedad de su verdadero título nobiliario, entregado en su nacimiento en el Agua y posterior re-patriación en el Rayo, juntamente con la falsificada carta de viaje que la matriarca de la familia supuestamente habría escrito. No era difícil, ya que había vivido y visto lo suficiente de su escritura como para ello—. Tomen, esto puede que les ayude a corroborar mis palabras, caballeros.


OFF:

Apariencias:

Akkarin (clothing):


Sin los colgantes ni nada similar. Cuando no lleva lo de invierno, los ponchos de arriba tampoco están. Ambas van igual vestidas, solo que en tamaño reducido.
Umi:

Stats:

• Ninjutsu: 10
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 7
• Velocidad: 10
• Resistencia: 10
• Fuerza: 10
Inventario:

• Senbons x15
• Kunai x5
• Sellos explosivos x2
• Bomba de Humo x1
• Bomba de Luz x1
• Vendas
• Tanto
• Píldoras de Soldado x3

Akkarin
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Re: Nobility and diplomacy. — ❁

Mensaje por Narrador el Jue Ago 31, 2017 4:32 am


Sorprendía la naturalidad con la que se acercaban el par de figuras a los guardias. Por las pintas, simples mendigos en busca de un mendrugo de pan, o tal vez de un sitio en el que resguardarse esa noche. Nada a lo que los guardias de la arcada no estuviesen acostumbrados.

Este castillo no pretende convertirse en un refugio para mendigos y pordioseros. — simple, aunque directa, la respuesta del guardia se adelantó a la serie de acontecimientos todavía por sobrevenirse.

El movimiento de manos de la noble fue lo bastante lento como para no desencadenar un, por otra parte, innecesario derramamiento de sangre, pero, no lo bastante como para no poner en tensión a ambos. Raudos cual rapaces sobre la presa, sendos pares de manos se echaron a las espadas sin atisbo de disimulo. El tan acostumbrado chasquido metálico ponía en claro la nueva situación de los aceros, listos para despedirse de la madera en un abrir y cerrar de ojos; tal vez, ese gesto bastaría para poner nerviosa a la niña y delatar posibles intenciones ocultas.

La sorpresa fue mayúscula, claro, al comprobar el contraste entre la cara maquillada, las joyas y las puntas de un kimono de buena calidad asomando bajo las telas raídas, casi descompuestas o en proceso de eso mismo. Un primer pensamiento los atravesó a ambos: Ladrona, mentirosa e impostora. Los aceros se asomaron otro poco cuando las manos, de nuevo, volvieron a hundirse en las ropas, esta vez sacando algo más que una cara bonita o unas piedras preciosas. Papeles.

Y entonces fueron sus gestos los que mudaron la piel. Intercambiaron expresiones de confusión, duda, pizcas de miedo sazonadas de sospecha. Uno de ellos, el que aparentaba más edad y por tanto rango, hizo un gesto con la cabeza, indicando al otro ir a buscar a alguien dentro. Debían conocer, ambos, el nombre o al menos la posición del requerido para ni siquiera cruzarse palabra, sólo caras cada vez más pálidas.

Aguarde, señora. Será necesario entregarle estos documentos a una persona cualificada. — dijo el que se quedaba con ella, no sin un deje de temblor en la voz, anunciante sinvergüenza de la recién descubierta posición en la que se quedaba él respecto a las dos figuras.

Mientras tanto, el segundo se perdió a través de la arcada. Serpenteó por los pasillos a toda prisa, con el sonido de sus armas rebotando en la armadura siguiéndole de cerca el paso, hasta perderse en un giro de los múltiples que ofrecía el largo corredor. Tardaría en volver al menos quince minutos, mas no lo haría en solitario como había partido.

Al lado de un guardia joven como ese que le seguía a paso ligero, la apariencia madura de un hombre como él resaltaba todavía más si era posible. Casi calvo, con las clásicas líneas de pelo a los lados y la coleta alta, solitaria por detrás, de los hombres de guerra, resultaba complicado no situarlo alrededor de los cuarenta años. Quizá sería posible sumarle unos cuantos más, al menos cinco, a causa de la piel envejecida, curtida donde las cicatrices tiempo ha frescas habían dejado ya de curarse; la más llamativa, una en su ojo derecho, le atravesaba el párpado al pestañear, demostrando ser también la más profunda de todas ellas.

Espero que este par de inútiles no hayan cometido más agravio que el de confundirla con una pordiosera; algo por lo que, tenga seguro, serán castigados en su justa medida. — la mirada color barro saltó entonces entre su espalda y la vanguardia, clavándose directamente en la pareja de centinelas — Adelante, por favor. Siéntase libre de pasar y, si lo cree oportuno, deshacerse de esa ropa tan poco apropiada para alguien de su posición. — añadió a continuación. — Me consta que ha venido como parte única de un comité diplomático desde el País del Agua. No ha debido ser un viaje corto, ni demasiado sencillo en los tiempos que corren. Acompáñeme, por favor. Me disponía a tomar el té. ¿Gustaría de acompañarme, Danshaku? — referida a ella por su título, en vez de por su nombre, se hizo a sí mismo a un lado y cedió de manera amable el paso a las dos féminas.

No mentaría nombre, ni rango, hasta haberse adentrado las extranjeras en su terreno. Un laberinto de pasillos, a cada cual más ramificado, de los cuales algunos parecían bajar y otros subir. Unos pocos lo hacían de forma exagerada, mientras que los demás contaban con pendientes sutiles, de apenas un grado o dos de inclinación respecto al plano, que cansaban de forma intencionada a los que se perdían en ellos. Pero ellas no pasarían por esas trampas bien camufladas y en su lugar caminarían, en todo momento, por una zona del castillo que recordaba bastante al estilo más tradicional de la región.

Suelos de madera fina, puertas de bambú y papel tratado con aceite, así como amplios jardines interiores de arena rastrillada y estanques cristalinos repletos de carpas koi que atravesarían, a través de pasarelas de madera a pocos centímetros del suelo, hasta encontrarse con un suave descenso hacia una pequeña cabaña construida en mitad, precisamente, de uno de los jardines zen.

Que mi espada no la alarme, por favor. Ni estas viejas heridas mal curadas. Hace mucho que no la empleo, ni planeo hacerlo hoy. Actualmente no soy más que un humilde consejero.
Sekke shōgun, si desea referirse a mí por el título, aunque preferiría mi nombre: Itedake Yōmei. Pase, por favor, y cuénteme si es posible la ruta que ha establecido para su viaje. Me encargaré de escoltarla, si es necesario, por cada palmo de esta gran nación.


Volvía a cederle el paso entonces, tras la presentación.

La puerta, pero, era esta vez pequeña, tanto que la única capaz de entrar caminando sería la pequeña Umi, mientras que para los adultos no quedaba otra que arrastrarse hasta el interior dejando así la arrogancia, hasta el más mínimo ápice, colgada del dintel. Una vez dentro sí que podría ponerse de pie, y a lo mejor se maravillaría con los pergaminos de las paredes que reflejaban paisajes de campos de arroz infinitos, conectados entre sí y apenas separados por milímetros los que estaban dibujados en un papiro de los del siguiente. Agricultores doblando la espalda bajo una escena divina de dioses contemplándolos.
En pleno centro de la habitación había una mesa con una pareja de teteras de barro cocido. Cuatro vasos más bajos incluso que los de sake, pero también de fondo más ancho, rodeaban una bandeja de comida ligera cuyos sabores habían sido específicamente seleccionados para maridar con el té.

Si es tan amable de sentarse, Danshaku, podremos empezar con el ritual. Y cuando se sienta preparada, no dude en contarme hasta el más mínimo detalle de su travesía hasta aquí. Son tiempos difíciles, para algunos más que para otros Y que una heredera de tan noble apellido haya debido de entrar a esta ciudad subida en una carreta de mercancías, de seguro, tiene una historia interesante de fondo. — ahí estaba la puntilla, el dedo en la yaga que esperaba pinchar en hueso lo antes posible. Casi podía jurarse ver un destello inhumano en los ojos del general consejero.

Off:

Primero que nada, felicitarte. Cómo estás llevando esta parte de tu misión, la más aburrida sin duda, es digno de mención. Me gusta que hayas decidido usar el trasfondo de tu personaje, más allá de sus habilidades o su clan, y por eso he decidido explotar esa faceta un poco más.

Itedake:

Itedake Yômei


Información

Rango Militar: Sekke shōgun (Gran general consejero)

Rasgos de personalidad: Amable, disciplinado, bien educado y muy meticuloso. Aparentemente humilde. Tradicional.

Información adicional descubierta: Nada por el momento.

Y teniendo ya la información del NPC, ¿qué tienes que hacer? Engañarlo a él. No es fácil, y tendrás que hilar fino para no meter la pata -no por nada es uno de los consejeros de Ikeda-, así que buena suerte.

P.D. Sí, te va a tocar documentarte sobre la ceremonia tradicional del té, al menos de forma básica, para no cagarla. Se supone que eres de la nobleza, llevas haciendo eso toda tu vida. ¿O no es así?

P.D2. No me he olvidado de Umi, ni de que está ahí dentro con vosotros dos...
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Re: Nobility and diplomacy. — ❁

Mensaje por Akkarin el Vie Sep 01, 2017 8:02 am







La reacción de la pequeña niña no se hizo de esperar; siendo temerosa y desde luego, con el vivo recuerdo de sus meses aun siendo una lacra que tardaría años en desaparecer de su joven mente, el solo hecho de haber detectado un ápice de violencia en los guardias ocasionó una reacción súbita en ella. Soltando un respigo causado por el mudo terror que alcanzó de repente, la niña se resguardó justo detrás de aquella que veía como su protectora y cuidadora, usando la pierna de la misma como escudo aplastándose contra ella, temblando de miedo.

Una reacción de miedo de un niño tremendamente asustadizo y susceptible, a fin de cuentas. Así sería. Con ademán protector, una vez el pergamino había sido entregado a estos, Akkarin pasó a voltear ligeramente su cuerpo hacia la niña; rodeándola con un brazo, siendo un ligero apretón en el hombro el motivo para tratar de sacar a la niña de su estado aterrorizado, mantuvo en todo momento la serenidad—. Ya, ya, pequeño cielo. Estos hombres solo realizan su trabajo, así que no temas. No van a hacerte nada.

Deslizando con medidas acciones su mano hasta la cabeza oculta por la capucha, la Yuki dio un par de palmaditas antes de acariciar la misma por encima, retirando así la tela de la misma para revelar una cabeza similar a la de la mayor. El parentesco entre ambas, estaba presente; por lo que cualquier idea de que la pequeña pudiera ser un mero recurso para causar lástima en los demás se derrumbaba. Akkarin sabía eso; de ninguna otra manera expondría el rostro de la pequeña, quien había mostrado al menos una reacción que, aunque más fuerte de lo esperado, podía escudarse con coherencia en el temor de una niña tras un peligroso viaje, poco dada a la violencia.

La culpabilidad de estar usando tan descaradamente a la niña quedaba en un segundo plano, enterrada en lo más profundo de su ser. Era necesario.

Levantando la cabeza sin ningún tipo de arrebato o expresión más allá de la serenidad, ligada a un tenue controlado cansancio, volvió a mirar en estos momentos al único guardia que había quedado en pos a esperar el regreso del compañero con una correcta verificación. Una tenue sonrisa aparecía en los labios de la Yuki; la tensión, ligera, oculta tras la demasiado entrenada faceta de buenos modales y educación que todas las muchachas de sangre azul recibían desde que eran conscientes. Silencio, sin más reacción que un lento, mudo asentimiento. Incluso si eran preceptos civiles los del código de comportamiento noble, la base estaba en el engaño y el control, a fin de cuentas. Una mujer, a fin de cuentas, no podía dejar de ser una bonita flor que servía bondadosamente. Umi, lentamente, aflojaba su agarre de la pierna y levantaba la cabeza, a pesar de negarse a mirar al único guardia y negarse a soltar, aun así, la figura de su detectada protectora.

Finalmente, la espera, la cual empezaba a crispar de manera sutil los nervios de la volátil kunoichi, fue recompensada con la llegada del joven guardia junto a un nuevo individuo; un hombre de mediana edad, el cual los años y la guerra parecían haber tenido un obvio paso en su cuerpo. Lejos de sentirse intimidada, la joven por otra parte realizó, ante las palabras y modales recibidos por dicha nueva figura, una ligera reverencia con su cabeza; no de aquellas realizadas por la escala de vasallaje, sino de aquellas respetuosas de reconocimientos, esperadas por la educación impoluta de la hija de una familia respetada—. Son tiempos difíciles y sus guardias deben velar por la seguridad de sus señores. Aquel agravio que vos mencionáis, no es más que un halago para quienes se esforzaron en asegurar mi llegada sin levantar atención en ella —con una pacífica y bondadosa sonrisa, la noble desestimó como pudo a ambos guardias de una posible ofensa. El castigo llegaría a ellos, era algo que no podría evitarse debido a las duras e injustas leyes feudales sobre las faltas de respeto, pero podía al menos tratar de rebajar la misma intensidad del mismo mostrándose comprensiva, y no ofendida—. Muchas gracias por acogerme en sus muros. El viaje fue largo, así como fatigoso, por lo que mi agradecimiento ante el cobijo que recibimos mi hija y yo por ustedes, es grande.

Tomando la mano de la pequeña con cuidado de no realizar ningún gesto más brusco de lo esperado, Akkarin dejó el exterior para así internarse con cautela tal como el educado extraño esperaba que hicieran. La niña, aun así, algo rezagada; era claro que después de haberse sentido amenazada, no estaba muy contenta con la idea de entrar donde los hombres ‘malos’ habían mostrado estar.

Una vez ya dentro del refugio de los muros, la kunoichi soltó la mano de la pequeña aun en contra de la voluntad de la misma, quien rápido se aferró a su pierna por debajo de la tela—. Mi dulce flor, este no es comportamiento adecuado para una señorita. No hay nada que temer, así que por favor… —dejó la frase en el aire, sacándola de su pierna con gentileza en el exterior; sin embargo, su idea principal era calmar lo más posible a la pequeña. No podía dejar que se alterase en extremo; un niño alterado, a fin de cuentas, como ella, podía significar manchar la imagen que tenía. La había educado lo suficiente en esos últimos meses, como para que escudándose lo suficiente, tuviera modales de una niña tímida y asustadiza de cuatro años.

La renuencia era clara en la infanta, pero con un puchero y ojos llorosos, lentamente fue soltándola. Con cuidado, aquella que se recibía el título de madre se deshizo de la tosca capa de viaje que la pequeña portaba, dejándola en un simple yukata blanco que las niñas estaban acostumbradas a llevar. Al primero cuidar a la niña, se mostraba la clara preferencia de la mujer en cuidar a su prole; un ladrillo más en su mentira, en realidad, meticulosamente puesta bajo los cimientos de una verdad a medias.

[i]
Era más fácil seguir y reforzar un engaño, cuando estaba basado en hechos reales. Adaptarlo, tergiversarlo ligeramente, bajo hechos que podían ser contrastados al no tratarse de mentiras.


Sería un placer acompañarle —al no poseer aún información de su título o posición, únicamente podía remitirse a un trato gentil, pero neutro. Además, tras la pequeña acompañó ella misma, sacándose aquella harapienta capa de viaje que tan bien había hecho su función, revelando debajo de ella el intrincado kimono que llevaba puesto. Adaptado, claramente, para una travesía ficticia con el mismo puesto. Ambas prendas manchadas y rasgadas en su brazo, serían dejadas en el olvido en cualquier lugar que fuera correcto deshacerse de las mismas; dudaba que fuera mucho, ya que sería visto de mal gusto dejar a una dama de su posición cargar con las mismas.

Tal como dictaminaban los modales de la época, madre e hija avanzaban a un lado del hombre que actualmente hacía la función de guía y convidante temporal, siguiéndolo en silencio sin perder detalle de los pasillos y estructura alrededor con sincera curiosidad; a pesar de tratarse de un castillo, la transición a una estructura tradicional de los shiro era un tipo de edificación que la mayor llevaba harto tiempo sin vislumbrar desde el interior; desde su infancia, para ser exactos, recordando al mismo tiempo que pasaban por los jardines los mismos que su compuesto tenía, en menor medida y menos elaborados. Tomando aquella memoria como fuente de su máscara que no podía olvidar, una melancólica sonrisa surcó los labios de la joven; la niña, en silencio, miraba fascinada alrededor. La agitación parecía desvanecerse con aquellas idas y venidas a través de los pasillos, vislumbrando cosas que, para ella, eran la primera vez en presenciar. Un alivio, sinceramente, y un bálsamo hacia el sordo pinchado de culpabilidad que ignoraba.

Es un honor contar con sus servicios, Itedaki-san —conocida por fin la identidad y título de su acompañante, ya tenía una manera de referirse respetuosamente al mismo. Como toda buena mujer, la respuesta vino acompañada de la sonrisa que, por definición, debía ser cándida y benevolente. Nada difícil de usar; a pesar de estar por una razón en ese castillo, haciendo lo que estaba haciendo, no significaba que no pudiera disfrutar del mismo. Sería más convincente así, si dejaba que, por el momento, sus modales y la verdad actuasen temporalmente con tal de asegurarse un sólido fondo, firme. Tal y como estaba marcado en la etiqueta, antes de pasar, una ligera reverencia de saludo y sonrisa tenue acompañando al acto a su actual guardián. Deshaciéndose de sus geta en la entrada y quedando solo en sus calcetines blancos, se dio cuenta de que aquello seguramente se trataría de una manera de contrastar su título.

Tras ello, se internó en la sala, dejando que su cuerpo se inclinase tal como era esperado no solo por la pequeña entrada, sino por la misma filosofía de la ceremonia que llevaba a todo participante a agacharse con tal de entrar. Una vez internándose y esperando como les habían enseñado, las indicaciones, fueron tomando asiento; ella tras asegurarse de que Umi lo tomase inicialmente, a su lado. La comida, aquel primer paso de las tediosas pero espirituales ceremonias del té, no sería tocada hasta que su anfitrión fuera el primero en hacerlo—. Largo tiempo desde que realizaré uno como invitada, y no como anfitrión del mismo. Un cambio agradable, a pesar de que desgraciadamente no venía preparada para la misma, y carezco de la servilleta que debería traer. Mis disculpas por ello —la ligereza, y melódico, cándido tono de voz acompañaba a las palabras. Era de buena educación, a fin de cuentas, dar alguna que otra palabra de afecto antes de iniciar el mismo ritual—. Terrible es, desde luego, que los caminos sean inseguros al punto de tener que realizar viajes de esta índole —un suspiro; no fingido, sino en base a la real pena que sentía por haber tenido que mentir desde el inicio, fue lo que tintó sus palabras con una sutil, medida tristeza. Pertenecer a una estricta familia ayudaba a la hora de acomodarse a una clara intención de sacarle toda la información que pudiera. El juego de las máscaras era el terreno natural de las altas esferas, a fin de cuentas, así como de las sospechas—. Itedaki-san… —una pausa; no irrumpiría el ritual, así como tampoco tocaría la pequeña comida que debía ser tomada una vez el té que la acompañaba complementaba su sabor. Con cuidado, se desprendió de ambos brazaletes, puesto sería visto como muestra de mala educación si dañaba los tazones con los mismos, aunque fuera sin querer. Una vez el dulce correspondiente llegase a ella, retomaría la palabra mientras dejase que el siguiente procedimiento se hiciera en silencio, como era hervir el té—. Voy a serle sincera: a pesar de que la familia Nakatomi tiene sus raíces y mayor influencia en el Agua, la partida fue parte de la turbulenta naturaleza de mi viaje. No como representante diplomático en el Agua, pero del Rayo, donde la familia principal extendió su influencia en la última década con fines de aumentar nuestras buenas relaciones, así como mantener la honra familiar como diplomáticos mediadores —con cuidado, la joven noble introdujo una de sus manos en el dobladillo del obi que poseía; de él, los indicios de un pergamino con el sello único de Kiriyama. Este mismo volvió a ocultarse entre telas, asimismo, con cuidado, retiró cautelosamente el pliegue de su kimono para mostrar en la túnica interna, el emblema del propio feudo de Kumo no Bun’ya—. Como diplomáticos y heredera, las relaciones en el Rayo decidieron que mis servicios como esposa y mujer recaerían en fortalecer el vínculo político. Ahora, nuevamente, la siguiente generación de los Nakatomi ha sido bendecida por mi señor y los otros soberanos, en pos de seguir mejorando las relaciones. Más en estos tiempos tan difíciles que están por venirse.

Una pausa, esta vez, para dirigirse momentáneamente a su ‘hija’, a la par que decía el ritual ‘osakini’, antes de esperar a que el correspondiente anfitrión fuera el primero en abrir paso a la ingesta del dulce como marcaban los pasos de la ceremonia. Dentro suyo, extrañamente, había una calma muda, incluso cuando Umi se quedó unos segundos en silencio, confusa, y un profundo rubor la atacó al darse cuenta de que era su turno de realizar la bendición ritual al anfitrión. Incluso si con su edad no estaba pensado que supiera realizar correctamente cada uno de los pasos.

A pesar de estar adornada con engaños, la verdad era la base de sus palabras; era de dominio público como la familia principal había visto a su heredera y su esposo, partir hacia el Rayo bajo la intención de extender la influencia, así como mejorar las relaciones. Un matrimonio arreglado de su hija iba a ser clave para el bien de la familia. Sin embargo, actualmente, no era la familia lo que importaba: era algo mayor.

Y no podía dejar que una maraña de mentiras que debería mantener, pudiera arruinar el futuro de la gente que había aprendido a amar. Solo las necesarias.

Mi función no es más que la de permitir que la voluntad de la familia principal prosiga con la tarea que ha tenido desde tiempos inmemoriales. Es deber de toda mujer Nakatomi, velar porque sus hijos y honra estén no solo vinculadas a la familia, sino a un futuro benigno en pos de la benevolencia y alianza, de persistir —tras ser su turno en devorar el dulce, la pausa vendría solo cuando fuera la siguiente en tener el tazón de té llenado, así como realizar el correcto giro de la misma antes de llevársela a las manos. No para beberlo entero; un par de sorbos, únicamente, como estaba previsto realizarse antes de que Umi fuese la siguiente. Clavó los ojos, con la honestidad brillando en esos momentos absolutamente, así como una sonrisa piadosa, resignada a un algo apagado honor—. Yo, Nakatomi Akkarin, sirviendo como mera portavoz de los deseos de la familia y de mi país, desgraciadamente no he tenido la suerte de poder viajar con la comodidad acostumbrada con la naturaleza de mi comité. Mercenarios y enemigos aguardan en los caminos, por lo que un perfil bajo es lo único que podía asegurarnos un mínimo de seguridad en estos tiempos, sin atraer la atención innecesaria.

Pausa, de nuevo. Hablaba con lentitud, queriendo en todo momento que ninguna de sus palabras pudiera ser perdida; había sido educada precisamente en el arte de la palabra, y aunque siempre había sido un aprendiz lento, finalmente, parecía empezar a dar sus fruntos ante la gravedad del asunto—. Y en los tiempos actuales, mi señor y soberanos, buscan entablar el diálogo con su señor. Una sombra se acerca, Itedaki-san, y mi deber como mensajera, así como diplomática del Rayo, es lo que me ha llevado a realizar tan estrafalario viaje hasta sus tierras con la compañía de mi hija, quien gustaría poder encontrar un matrimonio político que ayude a mejorar aún más nuestras relaciones, aunque esto solo se tratará de un motivo superfluo colindante a la razón principal. Ryuutaro-sama, así como Sayoko-sama, tienen un mensaje para su señor que únicamente puedo entregar personalmente tal como me ha sido encomendado a mi salida.



OFF:

Apariencias:

Akkarin (clothing):

Sin la flecha, con el kimono y añadiendo algunos adornos más, como su colgante de familia y un par de brazaletes.[/center]
Umi:

Stats:

• Ninjutsu:  10
• Taijutsu: 7
• Genjutsu:  7
• Velocidad:  10
• Resistencia: 10
• Fuerza: 10
Inventario:

• Senbons x15
• Kunai x5
• Sellos explosivos x2
• Bomba de Humo x1
• Bomba de Luz x1
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Re: Nobility and diplomacy. — ❁

Mensaje por Narrador el Dom Sep 17, 2017 7:40 pm


Había elegancia en la forma de esquivar la de Itekade, más que en su cuidada vestimenta o en la delicadeza de los movimientos. Incluso la niña, a pesar de pequeña, parecía mantener unos modales impecables para con el anfitrión, alguien cuya apariencia, sin dudas, podía apabullar a casi cualquiera.

Creo, si me lo permite, que es pronto para hablar de enlaces entre casas. Su hija es joven, aún; y más allá de su pronta edad, es esa sombra que mencionáis la que debe concluir su paso para que podamos observar de nuevo, bajo la claridad del sol, las nuevas posiciones que se establecen en cada territorio. — dijo con delicadeza, la misma con la que seguía de forma religiosa los pasos de la ceremonia.

Podía apreciarse como en cada uno de sus movimientos dejaba entrever la espada atada al cinturón. La tradición mandaba despojarse de todo aquello que no fuese la ropa, o los instrumentos estrictamente necesarios para la ceremonia, antes de poner un solo pie en la estancia donde fuese a llevarse a cabo, y sin embargo ahí estaba, visible como los colmillos de un lobo a punto de abalanzarse sobre una presa descuidada.

A medida que la Yuki iba desgranando la información, lenta pero imparable, el consejero la atesoraba. Cada palabra, cada frase, y hasta la forma en que salían de los labios finos, terminaba bajo llave en un baúl de su memoria. Uno de tantos. Para la mayoría de cosas que decía, no existían respuestas, convirtiendo ese aparente intercambio de información en algo más parecido a un interrogatorio silencioso.

Al final, pero, los papeles habían de invertirse. Hacia el crepúsculo de la ceremonia, cuando los últimos renglones del guión se estaban leyendo a la perfección, fue el anfitrión quien empezó a tejer su propia red invisible.

Mensajera sois, entonces. Esa es una tarea que pocas veces recae sobre los hombros de alguien con un apellido notable. Es curioso, ¿no cree?, cómo se anulan los mandos cuando la tormenta perfecta se cierne sobre las naciones. En un mundo ideal habrían enviado a un ninja, tal vez a un samurái, para que fuese su preparada espalda la que cargase con el peso de las consecuencias; de haberlas. — ahí estaba de nuevo el brillo de la locura, como un faro destellando en mitad de la noche cerrada, o tal vez era el reflejo cegador del conocimiento.

Desgraciadamente, Ikeda-sama está muy ocupado estos días. Su cargo le exige estar al frente de la nación cuando esta, inevitablemente, se ve obligada a saldar antiguas deudas. Dada la posición que ocupa, pero, puedo encargarme personalmente de organizarle una reunión con él para mañana por la mañana.  — media sonrisa sibilina empezó a construirse entonces en sus labios, había estado esperando, se notaba, ese momento durante el largo tiempo de la tradicional toma del té: — . Sin embargo, voy a necesitar que pasen la noche en el castillo para eso. Puedo ordenar que le preparen la habitación ahora mismo, si lo desea.

Podía quedarse dentro del castillo, segura entre sus muros pero también bajo su vigilancia. O podía marcharse e intentarlo de nuevo al día siguiente. Tal vez tendría un poco más de suerte entonces.
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Re: Nobility and diplomacy. — ❁

Mensaje por Akkarin el Dom Sep 24, 2017 1:15 am




La ceremonia llegó a su final, pero, así como la invisible, pero presente tensión no desaparecía incluso así, la kunoichi sellaba en su memoria la información que había proporcionado durante esta. Sabía que no era momento para un descanso mental y bajar la guardia, puesto todo lo que había dicho no podría ser olvidado; en énfasis, sus medias mentiras. La más fácil y al mismo tiempo, evidente manera de atrapar a un mentiroso, era a partir de sus propios deslices. Cualquier espía entrenado conocía ese hecho, y era entrenado durante toda su vida para, progresivamente, ser infalible en sus redes.

Una sombra se acerca y viene para arrastrarnos a todos, Itedake-san —por primera vez, parecía que la grácil y elegante mujer mostraba un enorme peso en sus hombros; ya fuera por la inminente sombra de la guerra, o algo personal, quedaría a imaginación del espectador. Sin embargo, era claro como el agua que le pesaban las palabras más de lo esperado, así como las que continuaron—. En ese idilio, la paz cantaría y podríamos ver a las siguientes generaciones crecer con una sonrisa, tranquilos. Ahora, los vemos partir a la guerra y rezamos por que regresen con vida, o que la batalla no llegue a nuestras puertas.

Un suspiro concluyó la pesimista visión de la joven; algo se apagaba, incluso logrando que la pequeña niña, la que se había mantenido en todo momento al margen, desviara por unos instantes su mirada hacia quien era su benefactora. Detectando la caída de su ánimo, Umi estiró una mano hasta tomar la de su madre, con una obvia preocupación infantil a pesar de no mediar palabra alguna. Como se le había instruido a hacer. El recuerdo mustio de una sonrisa fue lo único que cruzó por los labios de Akkarin, quien, a pesar de sentir el agarre angustiado de la pequeña, mantenía la mayoría de su atención en aquel que actuaba como anfitrión/representante—. Y tristemente, en estos tiempos revueltos, somos aquellos que poseemos mínimas posibilidades para defendernos, los que mejor pasamos por debajo del radar. Nadie pensaría que arriesgarían a alguien de sangre azul, con tal de que un mensaje llegase. Al final, todos somos herramientas convenientes para alcanzar el idilio que se nos resiste.

Finalmente, calló. No había estado hablando como una manera de reafirmar o dar validez a su cuartada. Al menos, no en su gran mayoría. Había una fuerte emoción en sus palabras; cada una de ellas, de una manera u otra, eran tan rotundamente sinceras que pesaban conforme salían.  Asimismo, el ofrecimiento brindado por su anfitrión fue aceptado con un leve, cansado asentimiento. No había espacio a duda o segundos pensamientos; a fin de cuentas, nunca hubiera esperado la facilidad con la que había entrado al castillo y menos aún, obtener una reunión con susodicho feudal en tan poco margen de tiempo. Aún no podía bajar la guardia, seguiría estando bajo observación, pero sinceramente, se encontraba exhausta y con ganas únicamente de tener un descanso tras la tensión constante que estaba teniendo—. Suena absolutamente maravilloso. Su hospitalidad es digna de mención.




La noche era tranquila. Cuando el momento llegó, no muy lejos de la finalización de la larga ceremonia, Akkarin pudo degustar una cena a base de productos locales en su habitación, de las más elegantes del castillo, claramente reservada a la alta alcurnia; de techos altos y con grandes espacios entre los muebles que dejaban entrever los paneles de madera de la pared.

Un contraste de emociones se entremezclaba en la habitación, combinando paz, tranquilidad y a la vez una sensación de estar siendo vigilada que no podría quitarse de encima por más que intentase ignorarla. Sin embargo, la kunoichi era consciente de la necesidad de permanecer atenta, pero al mismo tiempo, recuperar energías. Así fue, como un sueño ligero se la llevó; a fin de cuentas, era un lugar tranquilo, sin ruido.

A falta de pocas horas para el amanecer, unos susurros a través de las paredes bastaron para despertarla; estaba preparada para lo peor. Aunque podía ser el servicio, tan madrugadores como de costumbre para tenerlo todo listo, pero no eran agradables, pues se sumaban a esa constante presencia invisible.

Fijándose bien, aprovechando mejor que nunca el repunte de oscuridad antes del alba, sus ojos dieron con pequeñas grietas entre las vetas de la madera, inapreciables momentos antes a causa del contraste, por donde se colaba la luz de una vela, tan tímida como su propia hija que dormía calmada a su lado.

Un ligero sentimiento de inquietud la movió a levantarse de su futon, así como acercarse algo más a dichas rendijas entre las maderas. Era imposible ver más allá, así como escuchar con claridad. ¿Tal vez, estaban verificando algo? ¿Rondas? ¿Personal que había empezado a levantarse? Su paranoico estado desmentía las mejores y tranquilas opciones, quedándose con las peores. Había algo en el ambiente, el sentirse constantemente vigilada y ahora las voces, que la ponían al borde.

Sabía que no podría ir a dormir. Así que, con una dolorosa mirada hacia la pequeña niña que dormía a su lado, calmada, Akkarin cerró los ojos. Formó una barrera metafórica entre su mente y sus emociones; un ejercicio elemental que había tenido de toda la vida, una inusitada volatilidad de llevar correctamente. A veces podría sin problemas y facilidad, otras serían imposible.

No… No toques a Popo… Ven aquí, Popo… —murmullos y balbuceos de vez en cuando escapaban de la boca de la niña. Soñaba, por lo que reconocía, con uno de los perros con los que la niña se había encariñado durante los viajes. O tal vez fuera una pesadilla; no parecía disfrutar.

Parecía que ese día, la sombra era tan grande que tomaba el control.

Umi-chan… —un murmullo apenas audible para quien estuviera en la misma habitación, fue lo que llegó. La Yuki había acercado su cuerpo había la niña, apenas zarandeándola un poco para sacarla de su profundo sueño, pero sin despertarla. Ese estado susceptible donde uno está medio dormido, pero no registra apenas información de su alrededor. Los ojos de la niña apenas se entreabrían, pero se notaba que estaba más dormida que despierta.

Popo no está… Tengo que encontrarlo… —la niña balbuceaba incoherencias debido a su estado, pero era algo que le interesaba actualmente. Con el rostro plano, y ojos acerados, la kunoichi se acercó de nuevo hacia su oído.

Está fuera, querida. Ve a buscarlo y tráelo de vuelta, ¿sí? —ronroneó con un claro deje persuasivo; era demasiado fácil, sobre todo en niños, ejercer influencia casi directa cuando estos dormían. Una táctica baja, rozando a aprovecharse de un sonámbulo indefenso. Se sentía asqueroso, una culpa enorme. Pero Umi se levantó, aun murmurando por lo bajo sobre Popo y encontrarlo, arrastrando los pies en su estalo sonambulistico inducido hasta salir de la habitación.

Se mordió el labio, negándose completamente a dejar que la culpa la carcomiera. Era algo mal visto, pero incluso así, era la mejor excusa que tenía. No podía dejar información o cabos sueltos a la virulé, cuando su propio objetivo se encontraba tan cerca. El estado de Umi sería tan genuino, que no habría espacio a engaños perceptibles por parte de la niña.

Con la niña dando vueltas por el castillo y sin tener ni idea de donde se encontraba, tenía la excusa ahora de estar preocupada al extremo, buscándola. Y con ello, podría salir a investigar fuera de su estancia pasados unos segundos preventivos.

Tras el tiempo de margen, dejó sus aposentos para adentrarse en la oscuridad del pasillo, caminando a oscuras hasta dar con otra frontera entre la luz y la oscuridad que dibujaba el marco de una pequeña puerta contigua a la suya, invisible a simple vista durante el día e incluso la tarde más cercana a la noche. Adentrándose en ella con cuidado de utilizar las sombras, no tardaría en descubrir a dos hombres. Uno de ellos era un desconocido, al otro lo había visto antes. En la entrada principal del castillo.

Desde luego, usó su más culpable y eficiente rostro de preocupación, por si reparaban rápidamente en ella. A fin de cuentas, estaba buscando a su hija, perdida, y casualmente mientras buscaba, dio con ese lugar.







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Sin la flecha, con el kimono y añadiendo algunos adornos más, como su colgante de familia y un par de brazaletes.[/center]
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Nada salvo el pergamino escondido en su pecho, ha salido en sus enaguas de dormir.

En la habitación:
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Re: Nobility and diplomacy. — ❁

Mensaje por Narrador el Jue Oct 12, 2017 4:19 am


Estaba claro que a Akkarin, los escrúpulos la habían abandonado. No sólo estaba usando a su hija como muñeco de paja una vez más, si no que, además, estaba a punto de quemar ese monigote de heno. Todo valía, pero, para llevar a cabo su objetivo. Al menos, así parecía ser.

No le costó encontrar la puerta secreta contigua a su habitación. No dudó en abrirla. Tal vez, debería habérselo pensado mejor.
Incluso la suave caricia de las láminas de madera arrastrándose a través de las vías, bastó para hacer que se girasen hacia ella. Uno de ellos se apartó un paso más, hundiéndose en una zona de menor iluminación, y el otro, el que conocía, giró la mitad del cuerpo en su dirección. Aunque no se veía del todo bien, por la poca luz que arrojaban las velas, no era difícil imaginarse que eso que asomaba, tímido, desde su siniestra era la punta de un puñal.

¿La hemos despertado, señora? — dijo amable, mientras el otro seguía hundiéndose lentamente en las sombras. — Discúlpenos. Deberían haberle advertido que su habitación conectaba directamente con uno de los pasillos del servicio.

Una excusa pobre, como la forma que tenía su compañero se intentar diluirse con la penumbra, fue lo que se encontró la noble de pelo aguamarina. El miedo del otro, pero, no tardó en hacerse palpable más allá de las simples intenciones de salir corriendo hacia un muro oculto donde la luz no arañaba las tinieblas, pues aquello no era un pasillo sino una habitación muy estrecha.

No podemos ponerlo todo en peligro ahora. Hay que… — intentó decir el desconocido, ya casi sumido por completo en la sombras. Ante eso, su compañero lo mandó callar con un gesto de la diestra. Rezaba para que la Yuki no hubiese escuchado aquel susurro, para su desgracia, perfectamente audible en el silencio de la noche: — Señorita, por favor, si es tan amable de regresar a su habitación. Ordenaré al resto del servicio que no use más este pasadizo hasta que usted haya descansado, ¿le parece? — la oferta era buena, pero no lo suficiente.

Con los nervios, las manos del segundo mirón empezaron a chorrear sudor, tanto que al final un pergamino se le cayó de las manos y rodó despacio hacia los pies de la mujer, quedándose a poco más de un metro de ella. En ese punto exacto, la tenue luz de la vela que alumbraba el sitio era suficiente para poder leer, además de su nombre y algunos datos sobre ella, el de su hija. Hasta habían apuntado el nombre de Popo, por si se trataba de una clave.

Maldito inútil. — resopló el de la delantera, conteniendo lo que, en sus orígenes, debiera haber sido un grito de reproche. A continuación dejó que la hoja oculta se deslizase un poco más a través de su manga, hasta tener el cuchillo sujeto con firmeza por el mango.

La situación se había vuelto insostenible. La tensión se podía palpar en el ambiente de esa pequeña sala, recargado y más caliente que en el exterior, donde una fina capa de humedad caía a pesar de estar casi todas las salidas al jardín cerradas. Uno de los dos bandos iba a ser el primero en moverse, tal vez, también el último.
En un arrebato de pánico, el de detrás empujó al de cara conocida un par de pasos hacia delante, como si quisiese hacerlo avanzar a la fuerza para salir de allí, y este gruñó antes de terminar de arrojarse hacia delante con el cuchillo como carta de presentación. El espacio que tenía que recorrer podía cubrirlo con un par de pasos cortos, así que la de alta alcurnia tenía pocos instantes para tomar una decisión. Por suerte para ella, su clan era rápido con los sellos manuales.

Umi, mientras tanto, seguía rondando el castillo perdida en el sueño. Su voz dulce y armónica se escuchaba de vez en cuando, como la de un fantasma, rasgando suavemente la paz y el silencio nocturnos. “Popo… Se han llevado a Popo.” repetía muy de vez en cuando. Sería cuestión de tiempo que, a causa del sonambulismo, tropezase con algo, o abriese la puerta que no tocaba, y despertase de golpe para después romper a llorar, abrazada por las garras puntiagudas del miedo más infantil posible: la oscuridad.

Off:


La habitación es un zulo de 2x6. La vela ilumina todo el ancho sin problemas. De largo, sólo el último metro y medio está totalmente oscuro, con medio metro de penumbra justo antes.

El soldado que se te tira encima está armado con una wakizashi y un tantô, todavía oculto bajo la ropa. El pergamino lo tienes a un metro aproximado de tus pies, así que, sí o sí, él lo va a pisar para llegar hasta ti.

Apariencia del soldado:

* Ignora el casco y la armadura. Lleva un kimono tradicional de hombre, bastante simple y cómodo.


Fuerza: 8 || Velocidad: 4 || Taijutsu (Agilidad): 6 || Resistencia (Física): 8
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Re: Nobility and diplomacy. — ❁

Mensaje por Akkarin el Mar Oct 17, 2017 4:54 am




No había que ser muy inteligente para darse cuenta de que la actitud de esas dos personas distaba de ser corriente, o al menos, apaciguadora. Incluso la más corta de miras se daría cuenta de que la figura que menos podía ver estaba rehuyendo de, precisamente, poder ser vista. Por otro lado, el guardia que reconocía de antemano estaba claramente tenso, asimismo trataba de mantener un aspecto mínimamente agradable.

Tal vez un par de años atrás, en los inicios de su carrera y teniendo contacto con una chica mucho más ingenua, ese tipo de amabilidad la habrían encandilado al cien por cien. Sin embargo, había una serie de factores y sucesos apelotonados en ese tiempo entre su anterior versión y la actual, que distaban de parecerse.

Por eso, la noble mujer permaneció con una temblorosa sonrisa en sus labios, manteniendo asimismo la fachada que le pertocaban al tiempo que la sospecha de haberse encontrado espiada. Tendría sentido entonces ese sentimiento de haber estado siendo observada, más que común teniendo en cuenta la naturaleza de los días venideros. Eran tiempos de guerra al fin y al cabo.

Oh. En absoluto, caballero. Sentí la falta de mi hija, y me asusté al no encontrarla a mi vera —respondió con igual amabilidad, fingiendo absoluto desconcierto e incluso inocente necedad. Lejos de la realidad; los ojos claros de la muchacha estaban más despiertos que nunca, con la alarma paranoica que bien portaba desde hacía largos meses activándose. Cada vez mucho más fácil de activarse. Negó con cautela, y cuando se dispuso a responder de nuevo, fue la primera vez que escuchó la voz del extraño que no conocía.

No podemos ponerlo todo en peligro ahora. Palabras desde luego sospechosas, las cuales claramente eran difíciles de excusar bajo la extraña coincidencia que estaba resultando todo. La postura inocente de la joven, incluso si era alguien entrenado, distaba de una veterana en su campo; reveló una defensiva más marcada, la sospecha brillando claramente en sus ojos en el momento en que el pergamino escapó de las manos del nervioso patán. Era la etiqueta que su cabeza le había dado, a alguien que tan fácilmente revelaba información que no debía mencionarse, incluso si había sido a su favor. La vista se le fue al pergamino en sí, incapaz de contener la curiosidad; no era fingida, al menos hasta que claramente sus sospechas se confirmaron.

Tensó la postura, irguiéndose al instante en una posición digna, fijando la vista en la persona que tenía delante. Posible enemigo—. Ya veo. En tiempos de guerra, incluso los diplomáticos pacíficos somos observados —la cabeza dejó de centrarse exclusivamente en su actuación, dando paso al análisis y fría lógica detrás del mismo. Habitación pequeña, demasiado como para hacer nada groso. Igual no podía destapar al cien por cien su disfraz; no podría salir de ahí, no con su nivel actual de habilidad. Conocía sus límites, y aunque estaba segura de que podría deshacerse de ese guardia con facilidad, no podría con un castillo entero. Era una novata en comparación a lo que tendrían en todo un país, y resultaría un insulto si realizaba cualquier cosa excesiva en sus propias comisivas.

Y, finalmente, se reveló la verdadera naturaleza de aquel encuentro. Una que, sin embargo, cualquiera de los tres presentes en aquella pequeña sala sabía en su fuero interno sería el desenlace final de la tensión consecuente. La vista del filoso cuchillo en la mano del soldado, no fue sino una alarma de amenaza mayor, previsible tras esos minutos y sospechas.

¿Tanto subestimaban, incluso si se trataba de una verdadera noble, la educación que recibían en esos tiempos?

Reaccionando acorde a la amenaza, la decisión se aclaró en la cabeza de la joven. Así como los pasos, metódicos, a responder frente la súbita presa del pánico en la que sucumbieron ambos enemigos. Si había algo de lo que aprovecharse de un enemigo asustado, forzado y arrinconado por la situación, era lo predecibles que se volvían dentro de su simple imprevisibilidad inicial.

En silencio, con un ceño fruncido, esquivó la clara estocada apenas moviendo su cuerpo lo necesario en ese zulo. Sin embargo, no quería apartarse; aprovechando el mismo impulso que evitaba que el guardia pudiera disuadirle, la kunoichi agarraría desde ese ángulo la muñeca con la cual este agarraba el cuchillo. Sin un segundo pensamiento, le torcería la misma con toda su fuerza haciendo que soltase el cuchillo, al mismo tiempo que encaraba al guardia alzando la rodilla directamente hacia la debilidad de todo hombre: sus genitales. Para ello y mayor equilibrio, la otra mano, se encargaría de rápidamente de atrapar la posibilidad de una acometida o recuperación de la mano libre del guardia, y asimismo, sin soltar la muñeca torcida, seguiría tensando la misma causando un constante dolor en la susodicha, a la espera.

Señores, no quiero lastimarlos, pero subestiman el entrenamiento de defensa que recibimos las mujeres en mi país, claramente —siseó en una fría advertencia, sin llegar a extremos. Ambos podrían ver como no adoptaba una actitud de atacante, sino de mero defensor; y aun así, en el fuero interno de la joven, un contador empezaba a dar marcha atrás—. No quiero problemas, menos aún tras un extenso viaje y mi hija en el castillo. Y esto, puede quedar en el pasado, si ustedes tampoco los quieren.

Había una oscuridad extra en su voz en aquella última frase, que ni la propia Akkarin se había dado cuenta que se había filtrado. Ya fuera una amenaza captada por la posición social de la noble, u otra cosa, quedaría a imaginación de ambos. La Yuki tenía su atención constantemente intermitente entre ambos, sin perder el ojo cínico que le caracterizaba.





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Re: Nobility and diplomacy. — ❁

Mensaje por Narrador el Lun Oct 23, 2017 4:57 am


Humillado, dolorido, reducido a pesar de su entrenamiento. El soldado rara vez se había visto en peores momentos que aquellos; su compañero, mucho menos aún.

N-no hay necesidad de problemas, señora. S-s-sólo cumplimos órdenes. Por favor, no nos haga daño. — la segunda voz, la única que quedaba sin haber ganado un par de tonos en la escala de agudos, se pronunciaba desde el fondo con un temblor más que reconocible, esa impronta inconfundible sólo capaz de ser impresa por el miedo. — N-n-nos ordenaron recopilar información s-s-sobre u-usted… P-p-por favor… t-t-tenga. — En un tímido intento por dominar sus propias manos, extendió con cuidado, procurando no hacer ningún movimiento brusco, un pergamino en dirección a la mujer. Al darse cuenta de que estaba demasiado lejos, lo arrojó a sus pies, sin atreverse a dar un paso más cerca de ella.


Efectivamente, el rollo de papel contenía varios datos acerca de ella. Pero ninguno parecía relevante, o no lo suficiente, al menos, para costar el alto precio que suponían su vida y la de su compañero. Claro, el tercero en discordia había tenido tiempo de sobra para llevar a cabo un intercambio, esconder en sus ropas, o incluso en la propia habitación, o realizar cualquier tipo de acción que desembocase en una entrega de información sesgada o incluso manipulada de forma conveniente. La pregunta era, entonces, si se atrevía a tales tejemanejes con alguien de cuyos dedos pendía su vida. Si valía más la lealtad o la vida.

Poco tiempo había para decidirse, sin embargo. Apenas unos minutos después de aquella entrega -no más de cinco-, un golpe seco, en la distancia, sería el preludio de un llanto infantil muy fácilmente reconocible para la de alta cuna. A partir de ese instante, los granos del reloj pesarían toneladas cada uno, siendo que a cada segundo del llanto se despertaba más gente, entre alarmada y apenada. Debería ir, pues, a por su hija o esperar que se la devolviesen, siendo esa segunda opción una poco probable, de seguro, en la mente aguda de la mujer de robusto carácter.

— ❁ —

A la mañana siguiente, tal como mandaba el protocolo, y por más pronto que se despertase, le tocaría esperar hasta ser reclamada. Estaba mal visto que una dama, más una invitada, se pasease a sus anchas por el castillo y, dictaban las normas de etiqueta, por eso mismo había de permanecer en su alcoba.

Poco antes de que el sol llegase al ecuador de su recorrido, sería reclamada por, curiosamente, el mismo guardia de la noche anterior. Ya se lo habían asignado, al parecer, y sería difícil saber si era una recompensa en forma de prueba o un castigo por la ofensa del primer día… o por algo más.

Guiada a través de pasadizos y grutas en la roca, túneles que discurrían a lo largo de todo el castillo y cuyas suaves inclinaciones jugaban con las alturas haciendo a sus transeúntes aparecer en pisos distintos al de origen, no podían sino ponerla en tensión. No sólo al lado de su habitación se hallaban esas pequeñas estancias, sino que, por toda la edificación, parecían existir clones de la misma, algo que decía mucho, tal vez demasiado, de la extrema paranoia en la que vivía Ikeda a pesar de su juventud.

Alcanzado el final del recorrido, esperaba ante ella una puerta modesta, para nada lo que cabría esperar del ostentoso señor feudal del País de los Campos de Arroz, y tras ella una habitación con el suelo de mármol pulido que reflejaba hasta las ropas más íntimas de cualquiera. Una forma astuta, a la par que elegante, de asegurarse el mandatario una visión total de quienes entraban a verlo.

La sala del trono era sólo un poco más grande que las demás habitaciones que habría podido observar durante la caminata. Sin grandes adornos, más allá de los acostumbrados estandartes con el símbolo del feudo, ni recargados tapices. Al fondo, se podía ver el asiento privilegiado de Ikeda flanqueado por dos guardias cuya armadura era bien distinta de aquel que la acompañaba, siendo la de estos mucho más elegante, pero, también funcional.

Aunque el mensaje que podáis tener para mí me intriga, hay algo que todavía colma más mi curiosidad. — dijo el que ostentaba la vara de mando en esas tierras. En el tono de su voz había orgullo a raudales, falta de humildad y hasta una pizca de desconfianza: — ¿Se encuentra bien la pequeña Umi? — la pregunta, seguramente, caería como un jarro de agua fría a la Yuki. Apenas habían pasado unas pocas horas desde aquello, y nadie realmente importante parecía haberse enterado de aquel acontecimiento. Cómo era posible, entonces, que ya lo supiese.

¿Siquiera había pronunciado ella en voz alta el nombre de su retoña?

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Re: Nobility and diplomacy. — ❁

Mensaje por Akkarin el Dom Oct 29, 2017 12:49 am




Lástima. Aquella era la sensación que, en el fondo y como si retorciera una parte de sí misma hasta quedar estrangulada, sentía al percatarse del miedo que movía las acciones de los dos enemigos que habían estado recopilando información.

Incluso una punzada traicionera de culpabilidad la persiguió, sabedora de que no se libraría de la misma con mucha facilidad. Le pesaba más de lo que ella misma estaba dispuesta a admitir o darse cuenta, todo el entretejido que estaba realizando. Más aún, cuando la inicial causa noble que la había llevado inició su tergiversación en algún momento hasta llevarse a un punto de no retorno, en el cual empezaba a darse cuenta que se encontraba.

Puedo llegar a comprender sus motivos y la necesidad de informarse, incluso a mi costa, de mi persona o motivaciones; sin embargo —no movió musculo alguno para tomar el pergamino, tomando una postura digna e incluso tensándola aún más cuando decidió separarse del soldado, tomando con rápidos pasos una distancia preventiva de un par de metros, casi en la salida—. Una agresión e intento de damnificar a mi persona es algo que no estoy dispuesta a tolerar con tanta facilidad —había una razón por la que no tomaría ese rollo, e iba directamente vinculada a su propia tapadera. Mostrar excesivo interés por verificar la información que habían obtenido, solo daría más motivos a apuntar de que escondía algo. Y eso era lo que menos le interesaba.

Mostrando el despotismo e incluso un ápice de la soberbia que la educación de alta alcurnia llegaba a impregnar los modales de los más privilegiados, Akkarin arrugó la nariz en disgusto, pero se mantuvo pacífica, aunque alerta—. No levantaré quejas ni nada, puesto actuaban bajo órdenes de un superior. Ustedes solo cumplían con su deber, como buenos soldados y vasallos.

Un ungüento fue lanzado hacia el orgullo o motivaciones de los contrarios, sin más interés que el de cualquier manipulador que se conociera: un bálsamo teñido de cariño o halago, hacía más sencilla la tarea de mantener un perfil digno, incluso benigno. Más aun cuando no hacía ni más de cinco minutos habían estado en una realmente tensa situación los tres involucrados.

Y era más sencillo, también, alterar las perspectivas de los demás hacia tu misma persona, si agasajabas un poco donde podía gustarles. Más aún, cuando el borde peligroso y la sonrisa fría seguía en sus labios, casi como una advertencia muda tras lo que habían llegado a presenciar los tres individuos en la fría madrugada.

Sin embargo, me veo obligada por mi honor y para verificar la credibilidad de sus palabras, de comprobar que no estén realmente ocultando nada, ni actuando bajo su propia mano —entrecerró los ojos, haciendo un gesto hacia la salida con la temple de quien acostumbra a tratar con vasallos—. Me gustaría verificar de alguna manera de que actúan bajo órdenes de su superior al mando, si no les es molestia, puesto no se las costumbres de su país, pero las nuestras impiden que una mujer pueda manchar el nombre de su familia, dejando cualquier cabo suelto, sin atender.

Un llanto irrumpió entonces, cortando el silencio abrumador que se había instalado en la sala. Akkarin sabía a quién pertenecía, estaba claro para ella.

Oh, mi pobre chica —murmuró con genuina preocupación; había llegado a perder la noción del tiempo, y realmente no había pensado que la situación que había desencadenado escalaría de esa manera. Girando su cuerpo hacia los otros dos, y sin ser capaz de verificar si había algo más oculto en ambos miembros antagónicos. Con gentileza, extendió la mano hasta su frente, en un saludo característico de la alta nobleza del Agua—. Caballeros, debo irme. Mi hija me necesita. Tengan una buena noche, y lamento las molestias que pueda haber causado nuestra diferencia de opiniones.

Tensando la mandíbula, la kunoichi lanzó una mirada que claramente mostraba una clara convicción en lo que fuese a hacer, y finalmente, se decidió a abandonar la sala bajo una grácil y genuino apuro.

Umi la necesitaba. Ya había usado demasiado a esa pobre niña para sus fines egoístas.

— ❁ —


No había podido comprobar nada, ni verificar nada. Había, sin embargo, podido llegar hasta Umi y calmarla lo suficiente como para permanecer ambas en la habitación, sin el pánico de la oscuridad o la tensión de estar siendo observadas. No le gustaba la sensación de estar recluida, forzada a mantener ese bajo perfil aun cuando se encontraba en ese punto medio de las medias verdades.

Las luces de la mañana alumbraron la estancia, y finalmente, llegó el momento de la tan esperada reunión.

No fue, para nada, lo que esperaba ver de un pariente de su señor. Pensó que, con la recia naturaleza del que había visto antes de su partida, su pariente tendría una complexión mucho más grande e incluso no tan carente de humildad como la voz del mismo rezumaba. Sin embargo, le daba un punto al hecho de que la sala del trono no estuviera sobrecargada de ostentosidad e inservibles ornamentos.

La desconfianza era mutua, por lo que veía, pero algo heló de golpe de repente, al menos durante ese microsegundo donde la incerteza empezó a recorrerla. Cómo tenía en sus manos ese nombre.

Incluso si estaba en los papeles que había entregado a su entrada a la Capital, era improbable que hubieran chequeado tan rápido los mismos. También, era improbable. Pero tiempos de guerra llevaban a aligerar los trabajos que antes se tomaban con más calma, y puesto ese nombre no había sido ocultado, era una posibilidad.

Y si había una mínima posibilidad de ello, la hacía algo a tenerse en cuenta—. Sí, Ikeda-sama. Una vez fue amparada y encontrada, mi pequeña flor pareció calmarse. No puedo dormir de nuevo, eso sí —una pequeña sonrisa, alzando su mano hasta los labios en una actitud tranquila, aunque conservando ese picor detrás de su nuca sobre lo ocurrido momentos antes. También, sus sentidos estaban alerta, casi paranoides; estaba literalmente, dentro del nido de serpientes hasta que no verificara lo contrario—. Fue algo difícil dar con ella, puesto me encontraba en busca de alguno de sus honorables caballeros para verificar unas órdenes de sus caballeros. Nada grave, solo mi honor y deber como dignataria me obliga a corroborar cualquier actitud sospechosa que esté en contra de mi persona en estos tiempos tan tensos y peligrosos.

No había mentira en ello, una cruda honestidad con las afiladas maneras de aquellos que decendían de las tierras del Agua, que buscaba algo claro: corroborar que había estado siendo vigilada, descartar posibles intervenciones de un tercero, y también, mostrar lo que serían unas aparentes ‘todas sus cartas’, en una actitud que buscaba el diálogo y la mediación.

Hay, pues, ¿algo que pueda hacer para saciar cualquier curiosidad anexada a algo que no sea el mensaje que debo entregarle, mi señor?




OFF:

Apariencias:

Akkarin (clothing):


Sin la flecha, con el kimono y añadiendo algunos adornos más, como su colgante de familia y un par de brazaletes.[/center]
Umi:

Stats:

• Ninjutsu:  10
• Taijutsu: 7
• Genjutsu:  7
• Velocidad:  10
• Resistencia: 10
• Fuerza: 10
Inventario:


Lleva el kimono tradicional, junto con unas enaguas por debajo que ocultan sus armas. Encima del kimono, en uno de los pliegues del Obi, el pergamino está resguardado.

• Senbons x15
• Kunai x5
• Sellos explosivos x2
• Bomba de Humo x1
• Bomba de Luz x1
• Vendas
• Tanto
• Píldoras de Soldado x3
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Re: Nobility and diplomacy. — ❁

Mensaje por Narrador el Sáb Nov 11, 2017 8:51 pm


La mujer nos atrapó antes de tiempo, señor. —  asustado, su voz era apenas un hilo audible por encima de las cascadas artificiales del estanque. Su interlocutor, al otro lado de la puerta en la salita del té, se limitó a dar un tosco gruñido, señal inequívoca de que se retirase, algo que hizo sin pensárselo dos veces.

Itedake no era un hombre acostumbrado a perder, mucho menos a manos de una mujer, y por eso le costaba tanto asumir que se había equivocado. A lo mejor, y sólo a lo mejor, la muchacha había contado toda la verdad. Le costaba creérselo, pero, no tenía nada para indicar lo contrario… de momento.


— ❁ —


Es una sospecha comprensible, dados los tiempos que corren. No soy el único que da las órdenes en este castillo, por más que las mías resuenen más altas que las de cualquier otro. Quienes comparten ese privilegio entre estos muros son todos hombres de mi absoluta confianza, por tanto estoy seguro de que nadie se tomó más libertades de las debidas. — A la voz de Ikeda la acompañó, al principio, un ligero deje de duda, no era difícil imaginar el motivo; a medida que avanzaron sus palabras, sin embargo, esa sombra se esfumó y dio paso de nuevo a su arrolladora confianza en sí mismo — ¿Trae ese mensaje consigo? El tiempo apremia y, me dieron a entender, era de máxima urgencia el contenido del mismo. — acto seguido extendió la mano, dejándola casi al alcance del rostro ajeno, y se limitó a esperar la entrega del pergamino.

Lo contenido en ese papel salvaría y condenaría a miles a la vez. Incontables vidas dependían de la tinta derramada sobre su lisa superficie y, por extensión, de la descendiente de la nieve y el hielo, quien con la entrega sellaría todos esos destinos de forma irrevocable. Ella era, ahora, la mano ejecutora. Faltaba ver a favor de quiénes dictaba su sentencia, si de aquellos que la habían acogido tiempo ha o, por el contrario, del enemigo que combatían desde las tierras altas.

RESULTADO:


Aprobada (¡Y con nota!):  La verdad, no me esperaba que sorteases cada piedra en el camino con la elegancia que lo has hecho. Este examen ha sido, sin lugar a dudas, el más tortuoso, aburrido y asquerosamente político de todos. Y has aprobado sin despeinarte.

¿Por qué no te he hecho combatir, te preguntas? Porque desde un primer momento yo ya sabía que eso iba a ser un paseo para ti. Hubiese sido absurdo, e injusto para con los demás, lanzarte cosas a las que reventarles la cabeza sin ton ni son y al final decirte que has aprobado. Eso lo hubiésemos visto venir todos. En su lugar, he preferido ponerte en aprietos aprovechando la posición social de Akkarin, viendo si eras capaz de sortear los problemas sin emplear la fuerza bruta o las técnicas ninja para alcanzar tu objetivo. Lo has hecho, así que felicidades por el rango. :D

Sobre lo que me comentaste por privado, ahora, si quieres, puedes postear una última vez y describir en ese post a qué lado beneficiarás con el mensaje. Por el contrario, también puedes decírmelo por privado, y yo lo haré valer en su momento.

De nuevo, felicidades.
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Re: Nobility and diplomacy. — ❁

Mensaje por Akkarin el Dom Nov 19, 2017 2:43 am




Tranquilidad interior. Inicialmente, la joven admitia para si misma que había tenido serias dudas de lograr su cometido con facilidad. Es más, en el momento en que había despertado y encontrado a los dos espías recopilando información sobre ella misma, había estado segura de que su tapadera había volado por los aires cual detonación de un sello explosivo. Por lo visto, había pronosticado y dado por supuestos demasiados factores. Su lado paranoico había tomado las riendas al completo, y aunque el resultado fuera positivo para su objetivo, mentalmente le pasaba factura todo el estrés, toda la presión.

Solo unas horas más, y podría dejar que esa carga la hundiera durante un tiempo. Ahora no le era posible, debía mantener la máscara solo un poco más.

Directo a los negocios, entonces —afirmó, rebuscando el pergamino a través de su obi para así, hallar el pergamino que custodiaba lo más escondido posible. Algo tan valioso, y que podía significar tanto, no podía estar en cualquier lugar guardado. Extendió el pergamino hacia el señor feudal, con el rostro en blanco más allá de la permanente serena sonrisa que le caracterizaba, y una rigidez propia de quien tiene apuro en terminar su trabajo—. Una vez entregado, mi papel en esta afronta ha terminado. Queda en vos qué hacer al respecto, puesto solo me fue indicada la entrega... —dejó la frase en el aire, durante un largo segundo de pausa y silencio; no por dramatismo, ni nada al respecto, sino por el simple hecho de que se le había ocurrido la idea de poder confirmar previamente un posible movimiento, de manera absolutamente no inocente—, pero si quiere que transmita algún mensaje de regreso, me aseguraré de hacerlo llegar.

Había una atmosfera benigna y responsable en su forma de proponer algo aparentemente para bien de las comunicaciones. Un nexo diplomático que actuaba como mensajero, a fin de cuentas. Y sin embargo, no podían haber peores intenciones detrás del mismo.

Puesto que el pergamino no contenía el previo contenido que la feudal de Kiriyama, sino uno que había sido minuciosamente calcado y sustituido con una caligrafía indéntica, y un sello completamente idéntico al que había tenido en el real. Básicamente, porque procedían de un molde idéntico, fabricado con el mismo hielo.

Un pergamino que no podría verse la diferencia, en el cual pedía el apoyo militar del Sonido, hacia Hinoarashi. Que no se mantuvieran al margen de la guerra, marcando su posición como aliados de dicho feudo. No pedía vínculo con el Rayo, a pesar de estar en el mismo bando, sino que no permitieran que el Fuego cayera en manos de Kakkinoaru'en bajo la derrota de Hinoarashi.

Si estaban a favor, la kunoichi que haría entrega del pergamino, era ofrecida como ayudante a facilitar dicho nexo.

Si me disculpan, mi papel ha terminado, y me gustaría resguardar a mi, y a mi hija, de esta guerra en ciernes —como si fuera alguien ajeno al contenido de dicho pergamino, que hubiera sido lo esperado, Akkarin dio una reverencia de despedida tanto al señor feudal, como inclinaciones de cabeza menos formales a quienes se encontrasen cerca del mismo. Nunca abandonaría la educación, después de todo—. Señor Ikeda —se despidió, esperando un gesto o indicación que le permitiera salir del Castillo tal como las reglas sociales marcaban; con el real propósito, de ver si este aceptaba o no el ofrecimiento, o si podía lograr algún tipo de información extra sin indagar de manera sospechosa, sino natural.


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Sin la flecha, con el kimono y añadiendo algunos adornos más, como su colgante de familia y un par de brazaletes.[/center]
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• Taijutsu: 7
• Genjutsu:  7
• Velocidad:  10
• Resistencia: 10
• Fuerza: 10
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Lleva el kimono tradicional, junto con unas enaguas por debajo que ocultan sus armas. Encima del kimono, en uno de los pliegues del Obi, el pergamino está resguardado.

• Senbons x15
• Kunai x5
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Re: Nobility and diplomacy. — ❁

Mensaje por Narrador el Dom Dic 03, 2017 4:06 am



Ikeda ordenó a uno de los guardias cercanos tomar el pergamino y entregárselo. Tal y como estaba escrito en el protocolo, un feudal no tocaba nunca algo directamente sin que primero pasase por la mano de un criado; por seguridad, pues no había certeza alguna, más allá de las palabras de la Yuki, de si podía estar envenenado o tratarse de algún tipo de trampa explosiva. Acto seguido, cuando a su subordinado no le ocurrió nada, lo cogió él. En un vistazo rápido para ver el sello, se aseguró de que pertenecía a la casa de Kiriyama, y a continuación lo rompió para leer el contenido.

Atónito, sería una buen término para describir el estado del hombre más poderoso de la sala en ese instante. A cada gota de tinta derramada y convertida en palabra, sus ojos se achicaban otro poco, así hasta convertirse en sendas rendijas por donde apenas se le veían las pupilas o los iris. A pesar de la dificultad inicial para creerse lo escrito, hasta el punto de incluso volver a unir las dos mitades de la cera quebrada para asegurarse de su veracidad, no podía ignorar el contenido del mensaje.
La extranjera, de paso, lo apremiaba en busca de una respuesta que llevar de vuelta a casa.

El mensaje serán mis tropas. Y la sangre de quienes se interpongan en su camino será la tinta que lo escriba. — muy en su línea, el feudal del País del Sonido fue directo, cortante podría decirse. La voz no le tembló ni por un segundo, como tampoco así lo hizo su gesto, de nuevo marmóreo, cuando dio la orden de retirarse a quien había llevado las malas noticias. Hasta ese momento, el más joven de la familia Ryuutaro se había negado a creerlo. Consideraba a su tío una persona demasiado sensata como para ir a la guerra, sin embargo, entendía bien sus motivos.

Que los ministros se preparen para reunirse. — pudo oír la de olas en el cabello mientras se retiraba. Lo último que sus oídos captaron, fue un nombre. Uno cuya simple mención podía helar la sangre más incluso que su propia Barrera de Sangre: — Convocad también a Sukeaki Yamada.

Traicionar a quien, en su día, le había prestado ayuda no estaba entre las cosas que más regocijo le traían a Ikeda, pero, se veía atrapado entre las deudas de honor y de sangre. Y la sangre, ya se sabe, pesa más que el hierro de las espadas que un día la derramasen para que ahora pudiese estar allí sentado.

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Re: Nobility and diplomacy. — ❁

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