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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Sobre la tierra, bajo el cielo. ❁

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Sobre la tierra, bajo el cielo. ❁

Mensaje por Gakumon el Mar Ago 29, 2017 7:57 pm



El vagabundo, con la misma vergüenza que había demostrado una sala atrás arremetió con su petición al otro hombre, en su igual tono y vacío gesto. — Saru Satake. — No parecía necesitar más que el nombre de la mayor maestra del clan de abanicos. En la escasa sapiencia del forastero, el feudal no debía tener demasiada apatía contra ella. Claro que sólo eran nombres y hazañas lo que el verde-plata conocía. — ¿Sabrás dónde está? — La petición era clara y el nombre sonado. Era imposible, por edad, por posición o por el simple hecho de aparecer enmarcada dentro de la esfera de los líderes de clan, no conocer el nombre de Saru Satake. Hermana de la misma tierra, pero,  los rumores hablaban de confabulaciones en contra de Raiden y de él mismo en una muy posible alianza con Shinobu. — De quien buscas poco se sabe. — afirmó en primer lugar — . Sólo que alguna vez vivió en estas mismas tierras, hoy divididas por la excentricidad de un enemigo común, y que después desapareció. Existen rumores, claro. Susurros muy tenues a través de las calles, como ríos de azufre prendiéndose en llamas, que la sitúan ahora en el bando enemigo. Eso es todo lo que puedo decirte por el momento. Aunque, y a cambio de tu trabajo, tal vez sea posible desviar ciertos efectivos a una búsqueda algo más fructífera. — continuaba después. El tono variaba ligeramente, lo justo para demostrar que, al igual que el vagabundo había logrado llevarlo a su terreno, Genji no era el líder de la porción de terreno más extensa en el País de la Tierra por nada. La plata daría un centelleo poco visible al momento de culminar con aquella explicación. Agradecido debía estar de hablar con un hombre que comprendía el valor de los tratos más simples. El indeseable espadachín, camino a mercenario al parecer, no contaba con la paciencia en las negociaciones de aquel calibre entre sus aptitudes, y tampoco con la creatividad para hacer cantar al cabeza de feudo. Algo enroscadas sus frases, al menos eran suficiente concisas para el interesado invitado. Aún así, sabía Gakumon esta vez, carecía de la favorable levedad de las posibles consecuencias, algo que en su momento fue útil en aquellos tratos que no siempre se cumplían. Era una de las ocasiones en las que el desganado debía esforzarse de más. — Haré tu trabajo. A tu manera, tranquilo. — De forma rara, el hombre castaño no se había parecido despistar por la habitación como antes, una sutileza que podía cazar el aparentemente agudo líder. Lo miraba a él, con descaro y sin interrupción. — Y discreta. — Añadió a su última frase. — Su relación con el feudo se me escapa. Y no quiero que vea en mi brazo un tatuaje que no existe. — De forma nada sutil, el vagabundo volvía a esclarecer su nula intención de pertenecer a aquel lugar. Era el más sencillo cambio de favores.



El hombre, al lado del ninja feudal revestido, hacía un ejemplar camino en silencio. Si tenía noción del nuevo aspecto del de ojos azules era cosa de la vista periférica y su endemoniada recepción de detalles. Aunque ninguno emanaba hostilidad, estaba claro quien rompería el hielo, y sobretodo quien esperaba que no sucediese. Lamentablemente, una vez el camino ya difuminaba el alrededor, la voz sacudió a la cabeza que asesinaba por la atención obligada; amable y cordial. — Bueno... yo me llamo Minato, y soy miembro del clan Nara. ¿Y tú eres...? Si no quieres decirme tu nombre, al menos dame un pseudónimo por el cual pueda llamarte, por muy falso que sea. — La lectura del rubio carecía de las herramientas para entender al que desafortunadamente habían colocado a su lado. El tiempo se las daría, a pesar de un ferviente deseo por el susodicho de ver ese tiempo esfumarse rápidamente. El holgazán de más altura había seguido la misma actitud. Por sobre sus pasos se leía  hasta eficacia. La plata nunca cayó sobre aquel a la derecha del que sólo tuvo la cortesía de rodear su cabeza con la capucha blanca, verde y dorada. basta. Eh. Un grito. — En otra ocasión, el nombre hubiese salido despedido sin cuidado alguno, pero por primera vez, era Gakumon quien interfería con un feudo, forzadamente. Los pies de plomos se quedaban cortos ahora, no había razón para arriesgar más de lo que había propuesto en su no demasiado intrincado acuerdo. De manera que caminó, con las piernas alargándose en su plenitud, a pesar del día.


En esa ceguera de ignorancia, la imaginación perezosa, tal cual nuevos sonidos emanaban hasta el oído poco opacado por la tela gruesa —demasiado poco en su opinión—, comenzaba a formar la imagen del de melena de mazorcas, gesticulando y revelando su lenguaje corporal sin tapujos. Para el domador de vientos, aquella simpatía era una ponzoñosa picadura de avispa, a la que seguían palabras de pus. — Por si no lo sabes... mi clan está especializado en utilizar las sombras para atacar con ellas... aunque, básicamente... su mayor función es la de retener e inmovilizar al enemigo durante un breve periodo de tiempo, en función de mi nivel de ninjutsu y la fuerza de mis enemigos... Deberás saber también que soy usuario de las técnicas del elemento tierra y soy especialista en ninjutsu. — Su pausa hizo que los pestañeos del castaño se alargasen sustancialmente. Era información, era el tipo de información que resbalaba por las neuronas del de memoria deforme hasta el pozo sin fondo donde acudir. Posiblemente la estrategia de seguir en silencio, de comentarla con aquel acompañante, resultaría inútil, y absurda. — Para poder elaborar un plan estratégico que nos asegure el éxito de la misión, necesitaría que tú también colabo- — Antes de seguir, la ronca interrupción estalló controladamente. Muy a su pesar, Gakumon viró la cabeza, lo justo para encararse hacia las dos gotas de agua. A pesar de la falta de formas y su conversación, nunca con emoción en su habla más allá del cansancio y la desgana. — No te incumbe, estratega. — Fue imposible contener el aire dealentador en la última palabra. A fin de cuentas, el auto-proclamado maestro de las triquiñuelas tenía a la vista los suficientes detalles del vagabundo para adivinar cuanto quería saber. Era un sonido, su voz, que había tropezado con la línea de lo innecesario.


— También comentarte que poseo un kit médico por si tuviera que utilizarlo... ya sea conmigo mismo o contigo si lo necesitas. Y mis armas son las siguientes: senbons, kunais, dos bombas de humo, dos bombas de luz, cuatro sellos explosivos y la chokuto que estás viendo. — Por el rabillo del ojo, aún no oculto por la frontera de la capucha, juró verle señalar una vaina que ya escapaba sin importancia de su visión. — Es bonita, ¿verdad? La escogí especialmente por su precio barato y su diseño... por mucho que la usen los criminales. Eso no quiere decir absolutamente nada... es simplemente un arma que sirve para cortar y pelear a corta distancia, y puede ser usada para buenos y malos fines. — Otro detalle que no podía apreciar el rubio era la forma en que la plata que solía reflejar claramente la luz se había ido opacando más y más, hasta que llegaba a ser ceniza, los restos de incinerar el color. — ¡Ah, se me olvidaba! También tengo en mi mo- — La última vez que el cuerpo de buena altura se giró hacia el más joven lo hizo al detenerse en la mitad de un camino que el tiempo había estirado demasiado. A lo lejos reconocía los árboles que deberían haber quedado atrás si aquella conversación no hubiese eliminado la continuidad temporal. — Calla, estratega. No me importa lo que lleves mientras sepas usarlo. No es relevante. Así que deja de piar ante de que te escuchen las orejas de Shinobu. — La tonalidad lineal del vagabundo era continua. Ningún exabrupto en lo que se malentendía como una reprimenda. Se trataba sólo de una verdad, un dato. Y le ahorraría más información vomitada si calaba en el muchacho que dejó a sus espaldas tan pronto terminó de hablar.



Y así, las piernas alargadas avanzaban sobre el camino. A veces una línea de tierra escampada y violada por ruedas de carruajes, y otras una simple dirección entre árboles y arbustos. La desconfiada plata ignoraba a su compañía acuosa, y cabalgaba alrededor de cada recoveco por delante. Como en la oscuridad de cierto templo, la escucha se quería crecer, e igual lo hacía un olfato humano. Nada podía ocultar eficientemente el hierro a la espalda de un hombre bastante por encima de la media. Dos, en realidad. Las ropas del vagabundo tampoco eran las más discretas, y su figura encapuchada no tenía un propósito total, ya que las facciones eran visibles. El vello por encima del cuello y alrededor de las mejillas y bajo la nariz y el mentón, castaño y sencillo. El situable gris en los iris. Las vainas café a cada lado de la cintura. Aparentemente, su intención de hacerse pasar por una sombra existía sólo en un universo muy lejano. No era por ello por lo que habrían hecho a Gakumon tomar un encargo a la fuerza. Esa tarea podría caer en unos hombros próximos, pero no en los inclinados, sosteniendo una cabeza incómodamente estirada en busca de más que ratones, ardillas y rocas. En un silencio que pudo hacerse más tenso cuando más cerca estaba la línea imaginaria. No era el camuflaje más efectivo, pero antes de ver nada fuera de la naturaleza, los pies doblaron el camino, sin ningún aviso al rubio. — Somos muy altos. — Resumió mientras buscaba alrededor lo más cercano a árboles, sin ocultarse en ellos, pero manteniéndolos en una cercanía preventiva. Ser seguido o no era indiferente al verde-plata, con esa baza posible a su zurda.


Gakumon:

Ninjutsu: 07.07
Genjutsu: 06.07
Taijutsu: 10.10
Fuerza: 09.10
Velocidad: 08.10
Resistencia: 06.10

Isshokaze (一緒風, Vientos juntos)
Hikogin & Yokugin (飛行銀と翼銀, Vuelo de plata & Alas de plata)
Gakumon
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Re: Sobre la tierra, bajo el cielo. ❁

Mensaje por Minato Nara el Miér Ago 30, 2017 10:40 am


Minato aprovechó los instantes de la reunión privada entre el señor feudal y su nuevo compañero de misión para cambiarse de ropajes. El Nara dejó de lado la ropa que lo representaba como miembro de su clan y shinobi de su feudo, ya que daba demasiados datos al respecto a los cuales serían sus enemigos. El rubio sacó de su mochila la ropa que había preparado a conciencia especialmente para pasar desapercibido y no ser reconocido por nadie, colocándose de esa manera su sudadera negra con las mangas rotas, capucha y cuello alto, así como también el poncho gris que le cubriría por completo los brazos y medio cuerpo hasta la cintura, dejando ver únicamente en su rostro sus bonitos ojos azules.

Una vez acabada la reunión privada, tras una espera relativamente corta para el impaciente Nara... Minato se reunió con su compañero de misión, y una vez juntos, comenzaron el camino hacia su destino. El rubio aprovechó aquellos instantes para intentar sonsacar información a su compañero, sin éxito alguno, presentándose de manera formal y dando todos los datos posibles sobre las técnicas que conocía y el equipamiento que llevaba, con el objetivo de poder elaborar en su mente un plan estratégico que les hiciera cooperar mutuamente y significase el éxito de la misión. Sin embargo… su compañero de misión no quiso ser partícipe de la conversación ni de las ideas del Nara, y así se lo hizo saber, siendo el segundo hombre en cuestión de unas pocas horas que lo mandaba callar de nuevo, una vez más.
A Minato, que era excesivamente hablador, le resultaba muy complicado mantenerse callado, y su actitud amable y pacífica hacia todo ser viviente le traicionaba a menudo, ganándose momentos de vergüenza, rabia o frustración según fuera el caso, ya que a menudo que pasaba el tiempo se daba cuenta de que era un shinobi destinado a estar totalmente solo en un mundo ninja hostil y únicamente sediento de sangre y guerra, lo cual, le hizo apenarse bastante y agachar su cabeza en completo silencio ante las palabras de su compañero.
- Bueno… está bien. Si quieren verme callado, lo haré. Cumpliré las órdenes que se me han dado, pero que no esperen que muera por nadie que no quiera colaborar conmigo ni ser partícipe de mis planes. Si el mundo me da la espalda… no moveré ni un solo dedo mientras se matan los unos a los otros, ya que parece que nadie es lo suficientemente sensato como para escucharme. Estoy harto de que se me trate como a un crío. Desde ahora en adelante, me guardaré mis propias palabras para mí mismo en mis propios pensamientos, y me morderé la lengua hasta el punto de arrancármela si es necesario para intentar quedarme en el más absoluto silencio, tal y como se me ha ordenado. – Pensó un desalentado joven shinobi, desesperado ante la falta de ayuda, cooperación y compañerismo, a sabiendas de que la misión no resultaría nada sencilla gracias a la actitud de aquellos dos hombres.

Así pues, de esta manera, Minato pasó el resto del camino en completo silencio, avanzando en la retaguardia de su compañero, autoproclamado líder de aquel grupo de dos, que lo guiaba por aquellas tierras, por muy forastero que fuera, atravesando multitud de caminos entre las montañas rocosas y senderos rodeados de árboles. El Nara aprovechó el trayecto para disfrutar del silencio, el aire frío que golpeaba sus párpados y la naturaleza, tres cosas que, por muy sorprendente que fuera, le agradaban bastante, por muy hablador que soliera ser a menudo. Así se mantuvieron los dos shinobis, en fila, uno detrás del otro, yendo a paso ligero pero moviéndose como sombras en la oscuridad, hasta que finalmente uno de los dos se paró en seco, frenando la marcha, y alegando que ambos eran demasiado altos, comentario que a Minato le pareció indiferente y lo dejó pasar por alto, simplemente, asintiendo con la cabeza y adelantando su posición hasta situarse al lado de su “compañero”, confiando en que se encontrarían seguros y lejos del alcance de sus enemigos.
- Podría ocultarme bajo tierra y seguir sus pasos desde abajo empleando mi técnica de la ocultación como un topo… sin embargo, teniendo en cuenta que me encuentro ante mi primera misión de rango B y seguramente me vea obligado a combatir, por poco que quiera y me apetezca, deberé reservar mi chakra y no utilizar técnicas estúpidas, sin sentido y a contratiempo. Me mantendré a la espera de novedades o nuevas órdenes de mi autoproclamado líder. – Pensó Minato, mordiéndose la lengua por primera vez para no decir nada al respecto, manteniéndose en silencio al mismo tiempo que flexionaba sus rodillas y se agachaba para menguar su alta estatura, mirando de reojo al castaño durante unos segundos y luego fijando su vista en el camino, como esperando que sucediese algún acontecimiento relevante.

Minato:
Stats:
• Ninjutsu: 10
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 7
• Velocidad: 10
• Resistencia: 10
• Fuerza: 10
Inventario:
• Senbons x20
• Bombas de humo x2
• Bombas de luz x2
• Cadenas (2 metros) x1
• Sellos explosivos x4
• Kunais x12
• Kit médico x1
• Chokutô x1
Minato Nara
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Re: Sobre la tierra, bajo el cielo. ❁

Mensaje por Narrador el Vie Sep 01, 2017 3:00 am


El aviso del mayor sobre el rubio fue lo más inteligente de todo lo que se dijo durante el camino. Ciertamente, parecía olvidar el segundo el peligro que corrían caminando por caminos de tierra, o incluso por el bosque, una vez adentrados en las tierras del separatista por excelencia. Una palabra fuera de lugar, o un movimiento extraño, y los dos corrían el riesgo de terminar colgando en el arco de alguna entrada a una ciudad cualquiera.

Buena parte de su cautela, pero, sobraba por el momento. Sakae se había vuelto todavía más loco a causa de la guerra, por supuesto, pero no lo bastante como para mantener agentes en pleno bosque, pagando salarios a cambio de detenciones demasiado dilatadas en el tiempo entre sí. Podrían, por tanto, seguir avanzando hasta que las murallas de un pequeño pueblo alrededor de un puerto empezasen a despejar el trazado de árboles y otros accidentes naturales.

Una villa tranquila, segura, o eso quería aparentar, oculta tras la sombra de un coloso de piedra y madera que se erguía orgulloso al cielo durante ocho pisos cada vez más estrechos. Era esa estructura, y no otra, la que debería preocuparles. A espaldas de la aldea quedaba el mar, tan infinito como revuelto, con olas recorriendo su planicie cada pocos segundos, estrellándose de forma ruidosa en los cabos. Si se acercaban desde la altura y la seguridad de los árboles, podrían observar como los buques de línea, las fragatas y los bergantines se mecían con violencia para complicar todavía más la tarea de carga y descarga.

En cada muelle había un hombre con un libro grueso, de tapas duras y páginas tratadas con aceite para impedir que se arruinasen con la humedad de la línea de costa. La inmensa mayoría de esos hombres no levantaban la vista de esos libros, ni tampoco se despegaban de ellos más de un par de centímetros cuando tenían que comprobar alguna mercancía de origen dudoso; existía un muelle, pero, donde el funcionario parecía haber renunciado al trabajo forzoso de anotarlo todo. Atracado en él, un único barco, más grande que todos los demás, hacía desfilar a muchachos jóvenes, en su mayoría, apenas tapados con túnicas de arpillera, marchando al ritmo del látigo restallando sólo contra el aire, a falta de valor para arruinar pieles tan hermosas.

Todos sin falta se dirigían al interior del mayor edificio de la zona, sólo superado por el propio castillo en sí. Una estructura de tres pisos, a juzgar por el exterior, casi idénticos con pocas entradas para la luz o el aire. Daba la impresión de ser una prisión, aunque no era fácil asegurar para quién lo era más.

En la puerta, de momento su principal objetivo, dos parejas de guardias controlaban la entrada. Uno a cada lado del arco principal, con las hojas ahora abiertas, y el otro par subidos a torres de vigía lo bastante altas como para, por lo menos, tener una buena visión a varias decenas de metros del camino que serpenteaba a través del bosque. Fuertemente armados, como cabía esperar, parecían poco dispuestos a dejar entrar a cualquiera a juzgar por cómo trataban a quienes no poseían los papeles en regla. La empalizada seguía, tan firme como alta, su camino durante varios cientos de metros, dando por imposible una entrada marítima, con lo que se complicaba eso de adentrarse en el pueblecito. O tal vez no tanto.

Off:


Soldados (Aspecto):

Podéis hacerme las preguntas que necesitéis, si es que necesitáis alguna, a fin de poder colaros en la ciudad portuaria.

¡Buena suerte!
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Re: Sobre la tierra, bajo el cielo. ❁

Mensaje por Gakumon el Mar Sep 05, 2017 7:34 pm



El silencio comenzó a reinar. Todas las palabras ahora venían por el aire, por las hojas que a veces cedían a su débil rama contra el suelo, o las mismas criaturillas que pasaban desapercibidas en sus escondrijos. El dúo había comenzado a andar sobre tierra enemiga, y la precaución nunca perseguida era forzada en el vagabundo, haciendo vibrar a su frente en una especie de dolor venido de la mayor sensación de pereza. Aquél sabía que una oportunidad brindada no siempre era el camino cómodo que solía buscar en todo. Ahora, la plata era obligada a reptar en busca de sabandijas de un bando que hasta el día presente trató de ignorar, acompañado por alguien en la misma posición. Mientras tanto, la mente ocupada carecía de los planes que susodicho compañero tendría tiempo de idear. Para su mala fortuna, ningún pensamiento le incluía más allá de la consciencia de tenerlo cerca. A fin de cuentas, sus usos tenía la compañía, e igual que no tenía intención de unirse a ninguna tropa, el vagabundo sabía que una baja podía manchar su recompensa, razón suficiente para al menos mantener los ojos azules en sus cuencas.


Esa era toda la intención hasta el momento en que los pies dejaban una ligeramente menor distancia entre si. Los pasos se acallaban cuando en el horizonte ya había amanecido una arquitectura llamativa. Dándose la ausencia de otra muestra de edificio en todo el trayecto, aquello debía ser parte del puerto, por ahora sólo una piedra enorme en los ojos con rectos bordes. Pero la ya cercanía activaba con vagos tintes de interés al castaño, quien para sorpresa de si mismo fue quien rompió el silencio esta vez, sin dignarse a mirar a otro lado aparte del nuevo descubrimiento. — Desde un edificio tan alto puede que terminen por vernos si no nos cubrimos entre los árboles. — Dato lógico y que no obvió descaradamente, a pesar de tonar en la línea de siempre. Sin embargo, el alto hombre, al contrario que muchos con algo más de consideración, no cedería a ninguna interrupción. Esa era la información que estaba dispuesto a compartir. — No habrá árboles cerca ni dentro del puerto. Así que por encima nos verán. Y si está tan vigilado como dijo el viejo, no será tan fácil como colarte por el suelo. — Tras conocer a una domadora capaz con su desarrollado olfato, y puestos a revisar posibilidades, que hubiese otro tipo de rastreadores al servicio de Shinobu guardando un preciado registro, que usasen cualquier herramienta contra invasores tenía sentido. Incluso encontrar a vigilantes con mucha más fuerza que las de un poro curtido espadachín o un joven.


No había detenido el caminar, Gakumon. Sin embargo, podía verse que su curvatura normalizada se había agrandado, y que casi se pegaba en los troncos menos las veces que medía distancias con la gorda aguja lejana. — No quiero pensar en un modo de infiltrarnos, ni quiero ni puedo ser sigiloso. Que el primero que pueda cambie el libro y avise al otro. — Escueto siempre, hacía ver que su plan carecía del subterfugio al que instó el señor feudal. No sólo no era su habilidad, sino que si quien había al lado tenía alguna clase de posibilidad de pasar desapercibido, ir juntos la arruinaría, haciendo el encargo más complicado, y engorroso. Y peligroso. De esa manera, el espadachín se liberaba parcialmente de la carga sin ser exactamente un peso muerto. Sin embargo, en dicho plan estaba implícito ser visto, y ocultarse en los árboles era, para su parte, contraproducente, de modo que poco a poco abandonó el amparo de las hojas, sin dirigir ya más miradas a los lados. — Haz como te parezca pero si termina habiendo que pelear, no dejes que vuele un pájaro ni nadie escape. No será demasiado distinto a lo que debe hacerse. — Lo era, y el vagabundo lo sabía. También sabía que de otro modo, su inutilidad haría esfumarse lo que requería que formase parte de aquella mini-partida. Así, su gesto de despido a los árboles fueron una serie de señas en la mano que acompasarían el elemento a su favor, notándolo caer por su tráquea hasta los pulmones.



Ya desde lejos, las torres de vigilancia verían a una figura solitaria por el camino. Sin prisa aparente ni nada más peligroso que las armas que no deberían discernir hasta ya cerca de las puertas. Tal cual se aproximaba, pero, la plata decidía tomar en cuenta sus propias capacidades. Grabando a fuego la forma en que una pared de madera sencilla y salvable de troncos puestos uno al lado del otro encapsulaba una zona no demasiado grande si tomaba el colosal edificio como centro. A su vez emergía uno más modesto en altura por lo poco que asomaba en la muralla. Ya se veía al despreocupado vagabundo acercarse, guardias en la entrada podrían diferenciar las llamativas guadañas, o el cordón rojo por delante de la cintura uniendo las dos cuchillas. La plata, tras darles un zarpazo rápido, siguió rapiñando todo a su alcance. Lo que la puerta no podía ocultar, manchas que se convertían en muelles y barcos a su lado, la grandeza de las edificaciones, el cierto olor a mar del que sabía poco él. La pregunta a si una de aquellas embarcaciones era propietaria de las cargas privadas de Shinobu podría ser respondida cuando el desvergonzadamente obvio vagabundo tomó suficiente distancia con los guardias de las puerta para hacer ver que allí se dirigía.


Las manos enguantadas del encapuchado se levantaron en un intento de mostrar pacifismo, mermado probablemente por el hierro a su espalda. La capucha no muy sospechosa no arrojaba más que una tenue sombra que hacía menos claros los ojos y el pelo del recién llegado, pero no tapaban ningún rasgo en particular. Al contrario de los enmascarados. Finalmente comenzó, algo más sonoro de lo habitual, mirando finalmente a los dos delante suya, con el desinterés propio de Gakumon, carente de intenciones visibles. Eso tras que esta mirada cazase a un paseo a ritmo de latigazos de fondo que no parecieron cambiar la expresión plana. — Me rindo, me rindo. — Hubiese o no una reacción reticente, el hombre parecía necesitar calmar las sospechas que sus armas despertasen. — Sólo quiero buscar trabajo. De lo que sea. No aguanto una noche más durmiendo en el bosque. — Para fortuna del engaño, la apariencia del abrigo que cubría casi todo el cuerpo no podía desmentir que el techo bajo el que dormía solía ser el mismo que para los animales del bosque. Por sus noches de viaje, y algo de ayuda de su captora, el en mal estado atuendo poseía suciedad y rasgones de ramitas. — O dormir en el almacén, hacer turnos de... guardia. Cualquier cosa, ni tendréis que pagarme. — Añadía con aquella pequeña pausa que aprovechó para gozar de una vista más exacta a los guardias, como si no hubiese notado que estaban vestidos para el combate. Dándose un aire menos atento quizás. Con una ropa repetida, posiblemente el uniforme estaba puesto en cada uno de los guardias. Era momento de ser perspicaz, a fin de cuentas, el derruido señor feudal nunca dijo nada de hacerlo inmediato.


Gakumon:

Ninjutsu: 07.07
Genjutsu: 06.07
Taijutsu: 10.10
Fuerza: 09.10
Velocidad: 08.10
Resistencia: 06.10


Técnicas: 07.07

(Jutsu oculto) x01.


Isshokaze (一緒風, Vientos juntos)
Hikogin & Yokugin (飛行銀と翼銀, Vuelo de plata & Alas de plata)


Última edición por Gakumon el Jue Sep 07, 2017 12:42 am, editado 1 vez
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Re: Sobre la tierra, bajo el cielo. ❁

Mensaje por Minato Nara el Miér Sep 06, 2017 8:35 am


El extremo silencio sepulcral de los dos caminantes fue roto por la voz del vagabundo independiente que no parecía querer colaborar lo más mínimo. El castaño habló de que podrían verlos, y aseguró que los verían sí o sí, y que no sería tan sencillo adentrarse desde el subsuelo, como si de alguna manera se tratase le hubiera leído el pensamiento al joven rubio, que… tiempo atrás había pensado en ejecutar su técnica de infiltración bajo tierra.
-  ¿Ahora también puedes leerme la mente? – Preguntó en su cabeza el propio Minato sin decir una única palabra con su boca, comenzando a hacer uso de un cierto sarcasmo que sería más imperante durante los instantes en los cuales no pudiera dar su opinión ni hablar como le plazca.

Las últimas palabras del castaño confirmaron los pensamientos más profundos de Minato: no iba a cooperar con él, y no lo haría de ninguna manera, decidiendo separar sus caminos y haciendo sus propios planes por él mismo. Definitivamente… el rubio se encontraba bastante solo en aquella misión suicida, muy impropia de él, que debería haberla rechazado en cuanto se la dieron, teniendo en cuenta de que ni su señor ni su “compañero de misión” habían querido escuchar su punto de vista y su opinión ni seguir sus consejos.
- A la mierda. – Pensó el Nara, volviendo a morderse la lengua una vez más, intentando no mandarle al mismo lugar a aquel vagabundo, por pura educación, aunque se muriera de ganas de hacerlo.

Minato asintió con la cabeza, en completo silencio, ante las indicaciones del castaño, y… de ese modo, se quedó observando agachado desde su posición los movimientos que realizaba, viendo cómo éste comenzaba a caminar en línea recta de manera despreocupada y avanzando hacia la entrada del pueblo, donde lo esperaban unos guardias vestidos al más puro estilo samurái. A continuación, el shinobi comenzó a hablar con ellos, aunque desde esa distancia el Nara no pudo escuchar lo que decía, y ya, de hecho, comenzó a importarle más bien poco, por no decir nada.
En ese mismo momento, el Nara dejó de lado sus sentimientos amigables por el que había sido su compañero y… por primera vez durante toda la misión, comenzó a pensar en sí mismo y en su propia seguridad, elevando su mirada para observar las nubes grises que había en el cielo, que lo ayudarían a concentrarse mejor, como si se encontrase inmerso en una partida de shogi.
Así pues, en seguida, Minato empezó a trazar varios planes para infiltrarse, cada cual más alocado que el anterior y prácticamente sin sentido alguno. Lo cierto era que el rubio se encontraba completamente perdido, en una situación en la cual nunca antes se había visto, obligado por la actitud de aquellos que lo rodeaban a pasar a la acción, cuando ésa nunca había sido su manera de actuar. En ese mismo momento, por poner un ejemplo marítimo, se sentía como un pez en un desierto. Lo más sensato para su seguridad sería marcharse de aquel lugar y regresar a casa, fracasando en una misión por primera vez en su vida pero salvando el pellejo. Después de todo… si su señor feudal se enfadaba, no tendría motivo alguno para reprocharle la actitud de Minato, cuando ni él ni el vagabundo habían querido escucharlo. El Nara no era ni un conejillo de indias, ni un peón, ni un suicida. Por muy poco que lo pareciese y que no supieran apreciarlo sus camaradas, Minato se consideraba una persona muy sensata, bastante más que todos aquellos que lo rodeaban, y no pensaba hacer nada en balde, ni tenía la intención de combatir y morir en una batalla donde claramente estaría en inferioridad.

A primera vista, el primer plan que se le vino a la mente era continuar con su idea previa de adentrarse en el pueblo mediante su técnica de ocultación terrestre, aun a riesgo de que hubiera enemigos sensores o trampas ocultas en el subsuelo que delatasen su posición.
Una variante de ese primer plan consistiría en infiltrarse bajo tierra mientras un clon avanzaba sobre la superficie a no más de 10 metros de distancia. Un plan que fue desechado inmediatamente por el gasto de chakra innecesario que suponía: utilizar dos técnicas teniendo en cuenta que podría verse obligado a combatir en cualquier momento era demasiado arriesgado y suicida para su gusto, por lo que no tardó en desestimar ese plan.
El segundo plan era mejor, pero seguramente requería de una paciencia y un tiempo del cual posiblemente no disponía el Nara: un ninja debía moverse por las sombras, adoptar la oscuridad como parte de él mismo y ser silencioso, en contraposición con las propias palabras del vagabundo que había asegurado que ni quería ni podía ser sigiloso. La mejor hora para pasar a la acción sería por la noche, donde reinaría la oscuridad más absoluta y cuando mejor podría pasar desapercibido ante las atentas miradas de los guardias y los vigilantes que allí se ocultasen. Sin embargo, los barcos aliados no tardarían en llegar, por lo que no podía permitirse el lujo de desperdiciar un tiempo tan valioso, y tendría que ser más directo y rápido.
El tercer plan, por así llamarlo, mucho más loco que los anteriores, sería ganar tiempo y distraer al enemigo con una avanzadilla y un ataque en falso mientras el vagabundo hacía el trabajo más sucio. Minato podría atacar a los guardias y llamar la atención de los vigilantes mientras el castaño se infiltraba a su propia manera y cumplía la misión. El Nara era rápido, y, aunque tenía maneras de escapar de cualquier emboscada enemiga, tendría muchas opciones de perder y fracasar con ese plan, acabando entre rejas o lo que sería mucho peor: muerto.
También, una variante de ese tercer plan, y el cual, pegaba mucho más con su persona, sería parlamentar, negociar, entretener al enemigo con el uso de su consabida verborrea. Minato había pensado en solicitar una audiencia con el mismísimo señor feudal de Riku-gui. Podría hacerse pasar por un traidor a su nación, revelando planes falsos para ganarse la confianza de Shinobu y entretenerlo para que no pusiera su atención bajo la mirada de un recién llegado castaño a su pueblo. Así, además, el Nara podría comprobar las intenciones reales del enemigo y juzgar por él mismo si debía ser castigado o si buscaba un bien mayor con sus acciones, por muy extremistas que pareciesen. Minato tenía por costumbre escuchar a todo enemigo antes de culpabilizarlo, ya que era fiel defensor de que hablando se entendía la gente.

Fuese como fuese… y tomase la decisión que tomase, en esos mismos momentos poco podía hacer que no fuera infiltrarse bajo tierra y arriesgarse a llegar a puerto, ya que el castaño seguía conversando con los guardias enemigos y hasta que no entrase o dejase de hablar con ellos, Minato no podría actuar, ya que podrían pensar que estarían juntos.
De esta manera, el Nara tomó aire de la manera más profunda posible y lo soltó por su boca con un leve suspiro desalentador: había tantas posibilidades que posiblemente ninguna fuera la más acertada, y tomase la decisión que tomase, acabaría metiendo la pata, cosa que tenía por costumbre, debido a la mala fortuna que tenía en su propia vida.
- Bueno… vamos a ver cómo se desarrollan los acontecimientos. – Pensó, decidiendo esperar durante unos instantes antes de comenzar a actuar. Sin quitar de vista la mirada al vagabundo, a la espera de comprobar si conseguía acceder al pueblo enemigo o si se quedaba a las puertas y no lo dejaban pasar. Dependiendo de cómo fuera, se vería obligado a tomar una decisión más calmada o más arriesgada.

Minato:
Stats:
• Ninjutsu: 10
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 7
• Velocidad: 10
• Resistencia: 10
• Fuerza: 10
Inventario:
• Senbons x20
• Bombas de humo x2
• Bombas de luz x2
• Cadenas (2 metros) x1
• Sellos explosivos x4
• Kunais x12
• Kit médico x1
• Chokutô x1
Minato Nara
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Re: Sobre la tierra, bajo el cielo. ❁

Mensaje por Narrador el Mar Sep 12, 2017 5:20 pm


Recelaban, como era natural, del más alto y también mejor pertrechado que ellos. Ni la postura de manos alzadas y pecho descubierto, ni las palabras amables consiguieron, al menos en primera instancia, apelar a la poca razón de dos simples mequetrefes de brillante armadura. Demasiado miedo sentían en la presencia de alguien así, con semejante porte imponente incluso cuando pretendía no serlo, y se veían obligados a acudir en busca del acero para calmar los nervios.

S-siempre vienen bien más manos, está claro. Pero no somos quiénes para contratarte. Pasa y dirígete al muelle. — dijo el de su izquierda, visiblemente afectado por el miedo, aunque no necesariamente era el vagabundo quien despertaba esa emoción bajo la máscara de cobre.

Ya estaba dentro, lo cual significaba un avance considerable, pero, no definitivo ni mucho menos. Una vez en el interior, la visión se expandía, mostrando todo lo que alguna vez había ocultado la muralla. La imagen de una pequeña aldea pesquera era poco menos que una cortina humo, tras la cual se camuflaba todo un puerto militar. No había casas, más allá de las tres o cuatro chabolas construidas para que se viesen desde el exterior, y en su lugar ocupaban el espacio tiendas de campaña de perfil muy bajo, más incluso de lo habitual, en cuyo interior se amontonaban los soldados a la espera de saltar al campo de batalla.

Apenas pudo avanzar un par de pasos fuera de esa visual idílica, el vagabundo, cuando otro soldado con el mismo uniforme, aunque bastante más viejo y curtido, lo reclamó en un tono firme, como si hubiese de cuadrarse él también, el extranjero, ante su voz.

¿Otro miserable buscando hacer fortuna con la guerra? — Inquirió, más escupiendo las palabras junto a perdigones de saliva que dictándolas en un tono correcto para con un desconocido. La expresión le mudó dos veces de forma rápida. La primera vez pasó a ser una mueca de asco, de desprecio y desdén; la segunda resultó ser una amplia sonrisa acompañada de una risa cómplice: — ¡Mejor! Cuantos más de los tuyos vengáis a morir aquí, menos de los míos tendrán que hacerlo. A ver, levántate las dos mangas. Sin tonterías, grandullón, o saldrás de aquí ensartado como un cerdo para la hoguera. —

Una vez pasado el control, la sonrisa del hombre se ensancharía incluso más. Cicatrices, arañazos poco profundos, de lo que parecían zarpas de alguna bestia, y varios rasguños recientes, pero, ninguno de ellos capaces de disparar las alarmas en el bote de miel que era aquel supuesto pueblo a orillas del ancho mar.

Vete al puerto, allí siempre necesitan estibadores y mulas de carga. Y tú pareces perfecto para las dos tareas. — otra risotada se le escapó con la última frase, pareciendo que acababa de escuchar el mejor chiste en años: — Y procura no acercarte mucho a los esclavos del barco. El señor Sakae es un hombre receloso de lo suyo, y aquí hay mucho lameculos dispuesto a colgar a cualquiera por tal de trepar un par de escalones en la cadena de mando.

La faena no sería sencilla, ni tampoco muy agradecida en cuanto al pago, pero por lo menos le permitiría ganarse un camastro dentro de alguna tienda de las más exteriores, las más cercanas al puerto y de las que ningún soldado con dos dedos de frente quería oír hablar, mucho menos irse a dormir a ellas con los estibadores y los civiles. Había dos facciones claramente marcadas, una de civiles y otra de militares, y ninguna parecía muy contenta con su convecina.

En mitad de la noche, tal vez si era astuto y lo suficiente capaz de ignorar el cansancio, o si había evitado este durante el día de alguna manera, no le costaría demasiado ideárselas para dar con una forma de acercarse más a su objetivo real.

Off:


¡Wololo! Lo primero, disculparme por este retraso de un par de días. He estado algo desconectado, cerebralmente al menos, y sin querer he extendido ese periodo de hibernación mental más de lo que en principio pretendía. Uno, que es maestro del noble arte de la procrastinación.

Gakumon: Buen movimiento. Ocultarte a plena luz del día, a pesar de arriesgado, te ha servido para infiltrarte con rapidez y descubrir la verdad de ese asentamiento, largo tiempo ocupado por la milicia, mucho antes incluso del inicio de la guerra. Si te las ingenias para evitar el cansancio durante el día, la primera noche serás capaz de avanzar bastante. Voy a dejarte un MP con información extra, algo corto pero de vital importancia.

Minato: Sólo se me ocurre una palabra para definir lo que he visto en este post: Decepcionante. Eres de las pocas personas, por no decir la única, que está, incluso a estas alturas tan tempranas del examen, suspenso. No puedes hacer un post "planteando" planes y variantes en ristra para luego no hacer nada. La observación es importante claro, pero como todo tiene su momento. Y no es este.

Para ambos, cualquier duda que tengáis ya sabéis que podéis planteármela por MP (Preferible a Sukino u Oyuky, puesto que la cuenta de Narrador es común a todo el Staff y no suelo pasar mucho tiempo conectado en ella).

¡Buena suerte!
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Re: Sobre la tierra, bajo el cielo. ❁

Mensaje por Gakumon el Dom Sep 17, 2017 2:13 pm



De repente, la guerra y todos sus peligros se habían resumido en un chico de tembleque peculiar y su compañero. Una reacción no nueva, aunque no esperada para aquel que como extraño y forastero debía estar en una desventaja insalvable; lo estuvo con aquella mujer en el feudo vecino. El hombre más alto se vio obligado a tragarse el viento. En vez de desenvainar, apelaron con cobardía a su falta de autoridad, enviando al hombre hacia dentro, que en su mismo aire exterior no volteó la cabeza para buscar al rubio. Tal como se traspasó la puerta, la verdad oculta tras ella abofeteó todas las deducciones. Todo tierra pisoteada hasta el mar, con lo que deseaban ser viviendas pequeñas delante de las aún más penosas habitaciones reales. Construcciones de palo y tela que debían dar gracias de sostenerse en pie. Lo que colmaba el lugar se hacia fehacientemente grande con el vagabundo a sus pies, como el gigante que era. Y aún más allá, veía él mientras obligaban a su piel vagamente bronceada descubrirse, se encontraba una construcción menos ostentosa, con los tres pisos que rezaban las palabras del viejo señor. Los vistazos de Gakumon fueron rápidos, quedándose con imágenes de hombres de uniforme yendo y viniendo de aquellas tiendas, y malvestidas filas de lugareños y gente sin curtir una sola batalla que llevaban el cargamento de los barcos a otra de las casetas, almacén. Pudo suponer el vagabundo demasiado ordenados antes de verse interrumpido por una enroscada voz.


Se trataba de otro uniforme, con una forma más generosa que la de los otros. Hablaba mientras uno de sus esbirros se esmeraba en buscar obvias señales de identidad en el brazo del verde-plata, sólo para terminar siendo abatido por una mirada pasiva del mismo que le hiciese soltarle de una vez. Sin embargo, dedicaba más atención al sonoro mandamás que intentaba hacer alguna ocurrencia. Tras la marcha de un control, bastante penoso en la cabeza del vagabundo, el mismo hombre lo quiso enviar a por el cargamento de los barcos, conduciendo la plata hacia una de las naves acoplada a los muelles. Gakumon pudo notar como no hubo ningún titubeo en mentar a la esclavitud. Por fortuna, el hombre era suficiente egoísta para ignorar la pobre vida que tendrían aquellos muchachos, fueran a parar a las garras de Shinobu o no. — El señor Sakae puede estar tranquilo, no me gusta la mercancía que no puedo pagar. — Mentó, tras luego mirar a la cara oculta del hombre. — Además, yo también soy receloso con lo mío. — Ultimó, mientras recolocaba sus atuendos y era paseado hasta el navío. Una embarcación forzadamente normal para su propósito, que tenía preparadas aquellas rampas para ir sacando las cargas. No debía ser extraño que los esclavos estuviesen en un barco distinto viendo cómo eran tratados.


Diferente por su altura, su musculatura y la indumentaria, Gakumon fue hasta una parte de las tiendas donde dormiría. Con simpleza tomó las guadañas en cada mano y las estrelló contra el suelo, dejando una percha donde colgar el abrigo y las correas con Isshokaze. Bajo aquella túnica se revelaban ahora prendas de verde oscuro y blanco. Una sencilla pieza con el cuello en pico y un sutil cordón dorado y fino que acordonaba el final y luego era transformado en un bordado tradicionalmente en el lado derecho. Sin mangas y con el borde de este final algo roído se podían apreciar las líneas del hombro y el brazo entero, el vello de la axila mucho más visible que el del brazo por la combinación de castaño y piel oscura. El cordón azul claro hacía de transición para los pantalones negros y sucios, abombados por su anchura, y que terminaban antes de los tobillos con un elástico apretado, oculto dentro de las ajustadas botas d negro con decoración dorada. Como tal, no tardó en abandonar el equipamiento que sostenía mayormente su supervivencia, caminando con singular comodidad por el muelle hasta subir al barco, siguiendo la ruta inversa a los otros estibadores, en busca del supuesto trabajo. Las miradas a los esclavos eran puramente oportunas, un dato simple que en nada debería influenciar a su proceder; e imperecedero como todos. Cabía la posibilidad de querer saber qué tipo de cuerpos buscaba un demente con la suerte de caerse dentro de un trono. Para la mala suerte del alto, no había más que variedad. Hombres fornidos y altos, otros más delicados, algunos que habían dejado de ser niños días atrás. Era una colección de todo lo que podía resultar atractivo en el sexo masculino, separado en mucha gente. No parecía ser el feudal muy selectivo, o al menos sus cazadores. Mientras eran los militares quienes se quedaban a centímetros de castigarles la espalda, Gakumon fue dirigido al camarote central, el almacén, recibiendo la orden expresa de ir llevando las cajas más pesadas ya que tan fuerte era. Una rápida mirada reveló una sorpresivamente sencilla carga. Maderas varias, cuerdas resistentes, algunas pieles, plantas exóticas, frutos. No llamó principalmente la atención del hombre que sin ninguna espera comenzó el trabajo.


Con tal de no castigarse el cuerpo más de lo necesario, las voluminosas cajas que le eran entregadas se cargaban por el cuerpo, haciendo uso de las muchas veces que hubo llevado presas pesadas a su poblado, o sido forzado a ayudar en las construcciones. Aún así, el peso del material era suficiente para él, aún más para el ordenado rebaño. La vestimenta bastaba para hacer la división entre los cuantiosos militares y la gente local. Pobre comparativa para los segundos que trataban de evitar todo contacto con los uniformados, de una forma muy deliberada. Y aún así, no había ninguna clase de reproche entre ellos. Miedo, docilidad. Para el vagabundo resultaba mucho más cansado deber fingir e ir observando el lugar que llevar un armatoste entre él y otro de los trabajadores; dejando este el peso de la carga sobre el más alto apropósito. Adivinaba el castaño que los forasteros nunca serían bien recibidos en aquel país; eso lo compartían los feudos. Aún con ello, la cabeza de Gakumon intentaba acertar los detalles precisos. No estaba impaciente por intentar hacerse con aquel libro, mas había un tiempo no claro. A pesar de su falta de habilidad para hacer actuar al vagabundo, el compañero desaparecido había mentado a la información. Para desgracia de ambos, él no era un buen espía tampoco, por lo que la sutileza no sería uno de sus ases en la manga. Siendo el compañero de carga un lugareño, tuvo que esperar a que uno de los guardias, que se aseguraba de impartir orden en las filas de hormigas, estuviese cerca para llamar su atención.


Tan sólo un pequeño grito bastó para que se girase y la mano sobre la empuñadura descansada se aferrase con sublime fuerza y temblor. Al parecer los dos en la puerta no eran los más miedosos del lugar. Igualmente, el chico se dignó a acercarse a la bestia, espetando su pregunta de una manera tan directa que se podía ver a través de ella. — ¿Q-q-qué quieres? — La plata le miraba sin un ápice de compasión, había hecho suficiente de bestia inofensiva en la puerta, aunque la carga de aquella caja le aliviaba las ganas de buscarse un rincón donde dar su primera cabezada en muchas horas. — Aquí el trabajo acabará pronto, mañana si no esta noche. Quiero ir con vosotros, incluso esas camas son mejores que el bosque. — El otro hombre pareció quedar confuso por unos momentos mientras hacía un pequeño remilgo de duda. Ninguno de los dos parecía escuchar las quejas del compañero de carga. — Yo... no lo sé. Esas cosas las sabe la gente má- — Prontamente, el chico fue interrumpido por el domador de vientos, que ya había empezado a buscar a alguien remotamente similar al viejo que había consentido su entrada. Afortunadamente había memorizadoo ya las concentraciones de gente; la ruta de los esclavos, y la de carga, las puertas y el edificio-objetivo. Por ello era extraño ver un solitario punto sentado sobre una roca y mal escondido sobre unos arbustos. — Inútil entonces. — El vagabundo prosiguió, pero no le quitaba ojo a aquel hombre.Tenía un gesticular algo menos tenso. Al menos hasta que en su propia vigilancia atrapó la plata, que siguió observándole descaradamente mientras él parecía encogerse más. Por desgracia, debía seguir haciendo sus dos trabajos.


La caja con madera fue colocada, pero en el regreso, Gakumon se excusó con la acción más humana que se le pudo ocurrir, buscando unos buenos arbustos hasta llegar a los que vio, y tras ello al hombre. Una desganada figura sujetando una bebida espiritosa. Sólo la forma en que se movía para levantar la cabeza y el olor era posible contar cada trago del soldado. Este parecía incómodo con la visita, aunque al vagabundo no le preocupaba hacer saltar a alguien por esa incomodidad al parecer. — Menuda guardia. — no pudo contenerlo antes de servirse a si mismo un asiento en el suelo. — Pareces algo más listo que aquel otro. Sólo quiero saber si cuando la cosa se mueva habrá trabajo; dudo mucho que uséis la mercancia en este lugar. — El casco y l a media máscara no eran suficientes para cubrir el desagrado del pobre diablo que en vista de su caza no tenía más remedio que ceder. Aunque a primeras parecieran más arcadas que palabras. — ¿Y quién te crees tú para darme órdenes? — El hombre más alto terminó suspirando, no demasiado amigo de la bebida por lo que le hacía a hombres como aquel. — Nadie de quien tengas que preocuparte. Sólo busco alguna manera de ganarme la vida. — El hombre calló por momentos mientras miraba al vagabundo, como si en su cara hubiese el mapa de un tesoro. Finalmente pareció relajarse de haber sido descubierto. — Ah, está bien. Nos vamos al oeste en una semana, cuando terminemos aquí. Puedes apostarte el cuello que las mulas de carga haréis falta allí también. — El vagabundo se tomó las palabras rápidamente. Al oeste, de donde venían. A no ser que fuese una ruta muy intrincada, esa dirección terminaba en Ganryu. Algo que desencajaba al vagabundo dados los jóvenes yendo a parar al edificio de mayor tamaño. — ¿Y qué hay de ésos? Dudo que el señor feudal quiera a su harem cerca de tierra enemiga. — Aún en presencia de Gakumon, el hombre continuaba con su festín personal aunque tuviera la cortesía de mirarle al hablar. — De ellos no sé nada. Pregúntale a los de allí si tienes huevos de acercarte. — La señal viajó hasta el gran edificio, haciendo claro en el pensamiento que sí iban a separarse, pero además que estaban formulados de forma dividida dentro de la propia milicia. Un último vistazo al hombre bebido antes de volver al trabajo. — Nunca viene mal algo que beber por la noche. No te importará acompañarme, ¿verdad? — El hombre pese a sus refunfuños accederá, mientras Gakumon salía con el mismo descaro y poca discreción con los que entró.


Regresó, pero al barco y siguió cargando varias cajas, vigilando la ruta de los esclavos y cómo se adentraban por la puerta a la misteriosa construcción. No parecía haber ninguna excusa para acercarse al libro sobreprotegido. Muy al contrario que Minato, la planificación de Gakumon siempre solía ser la improvisación. Con la memoria que le habían dado, sólo pensar en los infinitos detalles era suficiente para desestimar la idea. Sin embargo, no todas las ideas aparecían de sopetón. Durante el par de horas habría dado rienda suelta a su propio pensar, como si un segundo plano quisiese fijarse mejor. Era probable que el plan de desembarcar los refuerzos fuese prevenir aquella partida. O al menos dejarla suficientemente mal. Ya eran suficientes factores para provocar jaqueca. El tiempo no esperaba, y el sol comenzaba a caerse, como alguno de los estibadores que no podían más con ellos mismos. Incluso al forzudo que no había parado comenzaba a costarle mantener la pose correcta tras tantas horas, aunque el barco ya se había vaciado prácticamente. Era mucha carga en realidad, el hombre se preguntó por un segundo cuánto tiempo habrían estado desmantelando las islas, y cuánto más podrían hacerlo hasta extinguir sus recursos.


Dada la escasa atención que ponía la guardia en la carga de la que era partícipe, el vagabundo terminó por volver a excusarse y parar. Provechosamente estaba el mar; que no era como los lagos rodeados de árboles que le gustaban al vagabundo, pero servía para mojarse rápidamente la cabeza y detenerse un momento, intentando buscar el muelle menos habitado. La puesta de sol sobre el maro resultaba igual de atractiva que en las montañas. Para el vagabundo, que había vivido siempre en interior, el mar parecía incómodo. Agua salada y siempre puesta al sol, a veces con más fuerza que un río caudaloso. Como las olas, pero, las ideas se habían estancado en la costa del raciocinio. Desbaratar los barcos, comprometer a la carga, usar a los esclavos. Todas con sus peros se volvían desastrosas. De cualquier modo, el tiempo no dejaría de correr por escasear de ingenio. El campamento al anochecer podría tener algún aspecto más apetecible. Con tan de poder seguir, y viendo que nada se aparecería en aquella cabeza castaña, hizo acopio de sus últimos y comenzó a viajar con cajas más pequeñas, a un ritmo más relajado, y dejándose descansar un poco, suficiente para dejar atrás el cansancio acumulado, en parte. Aprovechó por último sus armas cuando ya no quedaban fuerzas para seguir en general. Cerca de las tiendas se prendieron pequeños fuegos donde cocinas cuanto apenas el pescado que habrían pescado los civiles. Fuera del gusto del más alto que la mayoría, lo engulló con gula mientras miraba alrededor. Con la noche próxima, no estaba de más atestiguar cualquier cambio. Tampoco quería creer que el rubio se hubiese quedado frustrado y quieto todas aquellas horas. Tampoco era un lugar muy grande, y el sol ya muerto, junto a las antorchas permitían aún una visión relativamente buena, más que suficiente para la plata, que quiso ver en especial el alrededor de los dos importantes edificios. Para su fortuna, se borracha excusa para andar por el campamento no parecía estar cerca, y sería evitado tan pronto el vagabundo tuviese ocasión para reconocer al menos la mayoría de los cambios, volviendo al terminar a su hoguera y tumbarse en el suelo para tomar a Hikogin y comenzar a abrillantarla con el paño menos sucio con el que pudo hacerse. Odiaba el tiempo de pensar.


Gakumon:

Ninjutsu: 07.07
Genjutsu: 06.07
Taijutsu: 10.10
Fuerza: 09.10
Velocidad: 08.10
Resistencia: 06.10


Técnicas: 06.07

(Jutsu oculto) Desaprovechado.


Isshokaze (一緒風, Vientos juntos)
Hikogin & Yokugin (飛行銀と翼銀, Vuelo de plata & Alas de plata)
Gakumon
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Re: Sobre la tierra, bajo el cielo. ❁

Mensaje por Minato Nara el Dom Sep 17, 2017 4:41 pm


Pasaron unos minutos hasta que finalmente Minato pudo ver escondido desde la distancia cómo el extranjero conseguía acceder al interior de aquel lugar de alguna manera desconocida por el rubio, con el permiso de los guardias vestidos de samuráis que allí se encontraban vigilando y custodiando la entrada. El rubio asintió con la cabeza y mostró una sonrisa de aprobación por la buena labor que había realizado su “compañero” de misión.
- Bien hecho… Ahora me toca a mí. – Pensó en su cabeza.
De esa manera, el Nara se descubrió su capucha, dejando ver claramente su brillante pelo rubio y sus hermosos ojos azules, y comenzó a caminar y avanzar hacia los guardias, a sabiendas de que… de haber actuado previamente, con toda seguridad habría interrumpido el plan que tuviese el extranjero y no hubiese sido nada más que una molestia, teniendo en cuenta que el propio castaño había decidido por su propia cuenta pasar de Minato y obviar el trabajo en equipo, ocultándole información sobre sus propias estrategias, por lo que el joven no había tenido otro remedio que dejarle actuar en primer lugar sin suponer un estorbo para él, con éxito absoluto.

Cuando llegó a unos 8 metros de los samuráis, el Nara alzó su mano derecha al cielo en señal de paz, mientras que con la zurda se quitaba el portaobjetos que llevaba colocado en su pierna izquierda y lo dejaba caer al suelo por efecto de la gravedad. Después, se quitó la mochila y de la misma manera la dejó caer al suelo con un golpe seco. Por último, desenvainó su nodachi y la clavó en el suelo con un movimiento rápido de muñeca, alzando inmediatamente la zurda y manteniendo ambas manos en alto con las palmas abiertas. Si con eso no había conseguido llamar la atención de los guardias ya no lo haría.
- Traigo un mensaje a vuestro líder, el señor Shinobu. Vengo en son de paz y no quiero ningún conflicto. – Dijo, haciendo una pausa para tragar saliva y tomar un respiro, siendo consciente de las palabras que estaba a punto de pronunciar. - Tengo información importante que podría definir el destino del país de la Tierra y decantar la balanza para el bando vencedor. – Explicó finalmente, con el rostro completamente serio. - Quitadme las armas, esposadme, escoltadme hasta el castillo del señor Shinobu... haced lo que os plazca conmigo, pero dejadme verlo en persona y entregarle el mensaje. Esperaré lo que haga falta si es necesario. – Terminó de hablar, sin bajar los brazos y sin mover ni un solo músculo de su cuerpo, mirando fijamente a los samuráis y a la espera de que éstos realizasen algún movimiento, esperando que lo dejasen entrar.

Off:
Agradezco tus palabras sinceras, Sukino. Pero no necesito saber en todo momento y que me recuerdes que estoy suspenso, porque supone una presión extra e innecesaria para mí. Ya te dije en su momento que suspendería el examen si es necesario por serle fiel a mi personaje, que sólo controlo yo y por tanto sé cómo piensa y actúa, y nadie más.
Me encuentro solo en este examen… con un líder que prefiere escuchar a un extranjero que a uno de sus hombres y con un compañero de misión que no quiere trabajar en equipo, por lo que este examen ha dejado de tener sentido para mi personaje y por tanto me centraré en avanzar su propia trama y en ir forjando su personalidad, que todavía le queda mucho por cambiar, corregir y mejorar, ya que un personaje perfecto siendo gennin sería ilógico e incoherente. Por si fuera poco, estoy acostumbrado a escribir con puntos suspensivos y me he visto obligado a cambiar mi manera de escribir porque simplemente no te gusta leer mis posts. No he cambiado mis planes y si por mí fuera hubiera hecho este mismo post en mi turno anterior, pero evidentemente solamente hubiese estorbado a Gakumon, por lo que es mejor que cada uno hable con los guardias por separado y no al mismo tiempo. Actuaré como crea que  sea necesario, a sabiendas y siendo consciente de cada paso que doy y de lo que éstos suponen, por lo que si tus únicos off para mí son de desaprobación, desacuerdo y recordarme que estoy suspenso, prefiero directamente que no me digas nada o simplemente los ignoraré.

Minato:
Stats:
• Ninjutsu: 10
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 7
• Velocidad: 10
• Resistencia: 10
• Fuerza: 10
Inventario:
• Senbons x20
• Bombas de humo x2
• Bombas de luz x2
• Cadenas (2 metros) x1
• Sellos explosivos x4
• Kunais x12
• Kit médico x1
• Chokutô x1
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