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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Fire meet gasoline {B}

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Fire meet gasoline {B}

Mensaje por Kohaku ~ el Dom Sep 03, 2017 10:03 pm

— ¿Por qué dejamos que sigan jugando en nuestro territorio? ¿Por qué los dejamos hacer lo que se les viene en gana? Explícate, Vael. — Un omnipotente pelirrojo, aislado de todo problema en lo más alto de un edificio, observa con desdén a un pequeño grupo de personas que sonríen a la lluvia como si nada malo estuviese pasando. Van por el mundo creyéndose dueños de todo, que pueden hacer de las suyas en el país del eterno llanto como lo hicieron en diferentes ciudades más allá de la frontera. — ¿Cuándo me vas a dejar mostrarles que sus actos vienen con consecuencias? — Todo a su debido tiempo, Kohaku. Debes aprender a esperar el momento indicado antes de mover los hilos. — ¿Tienes un plan? — Las palabras del pelirrojo, al instante, sonaron vacías para este. Aquel hombre de blancas hebras no hablaba o daba a conocer su opinión sin tener un respaldo, una idea almacenada en su cerebro que planea utilizar para dañar lo más posible a su enemigo. — Pero claro que tienes un plan… ¿De qué trata? — Su curiosidad no se refleja en su rostro, ni siquiera sus palabras.

Toda aquella charla mental hace del Yamanaka un ser bastante serio a simple vista, un hombre al que se le debe temer. — Esos hombres de ahí. Esos que dices hacen lo que quieren, pertenecen al País del fuego. Peones de nuestra amada Dama del Fuego. No hay duda de que los quiero muertos, pero en su debido tiempo y sin despertar sospechas de que han sido mis espectros quienes acabaron con sus vidas. — Esperas a alguien. — Una sonrisa se dibuja en los labios de aquel titán, una que refleja la oscuridad latente en su interior, y todas sus ideas morbosas acaban en un solo pensamiento: — Muerte. —

— Tú y yo sabemos que solo hay una forma de acabar con estos farsantes. —
El líder espectro, con la calma que lo caracterizaba, habla con total confianza. Si había algo que conocía bien era a su mejor sirviente, aquel que había dejado libre para hacer lo que desease. Aquel que monitoreaba a cada instante solo para que no se descontrolase demasiado, pero nunca había estado preocupado por el desastre que pudiese hacer sino por perder a su más leal sirviente. — Erradicarlos. Solo debes dejar a uno con vida, captúralo apenas puedas. Tendremos una larga charla con él. — Sí, señor. — La caída libre vino luego de una risa, suave y que escondía en sí misma un sinfín de malos pensamientos. Esta noche dejaría salir a la bestia, pero no a Kohaku… Sino, una muy similar a él.

[***]

La noche se abre paso entre las nubes, una lluvia sumamente ligera golpea los hombros de aquella sombra. Una gigante y cubierta en el más profundo negro. Su caminar se confunde con la misma oscuridad de la noche y solo el blanco brillo de la luna, esparcido en pequeños charcos, revela su silueta. Ese hombre, grande y robusto, iba en camino hacia un bar. No tiene intenciones de beber o hablar con demasiados. Solo está en busca de algo importante para su líder… Y si necesitas mercenarios… La llorona era la mejor opción. No necesita a cualquier hombre, solo uno capaz de cumplir su pedido sin el más mínimo remordimiento. Solo necesita a uno, un solo candidato. — ¿Estás seguro que aquí encontrare lo que buscas? — No… Pero tengo una pequeña corazonada. —
Kohaku ~
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Re: Fire meet gasoline {B}

Mensaje por Kazuo el Vie Sep 08, 2017 4:15 pm

Ningún ser humano, podía echarle cara a la muerte y salir siempre victorioso. Aquel que ha aniquilado muchos de su misma raza, parecía desafiarla con una constancia, que roza la idiotez. Tal vez, un deseo de muerte. La estadía del pelinegro en el País de la Lluvia, fue planeada para que sea lo más breve posible. Realizar un trabajo como cazarrecompensas con una dificultad ridículamente alta, y regresar. Eso, claro, si lograba salir con vida. Entre la espada y la pared, no tenía otra opción que volver a cobrarse la sangre de aquellos que son lo suficientemente descuidados, como para toparse con él. Porque no se trataba de su fuerza, sino de la inestabilidad que caminaba disfrazada de carne y hueso. Sin saber cómo sucedió, en una de sus primeras paradas en un local repleto de todo tipo de mugre, recibió un extraño mensaje. Los medios por los cuales lo obtuvo, se perdieron en su fragmentada consciencia a medida que pasaban las horas. Era una citación, donde le ofrecerían un trabajo que saciaría las necesidades de su condición psicológica por un tiempo. Detestaba tener que moverse, por alguien que no conocía... Por un nombre. Kazuo dejó de temerle a las emboscadas hace ya varios años, por lo que había tomado la decisión de ir.

'La llorona'. Se encontró con el local antes de lo esperado, considerando que nunca antes había vagado por tierras como esas. La ligera llovizna, empapó las únicas prenadas de ropa que llevaba. Atuendo característico del adicto al tabaco, quien en ningún momento pensó en disimular un poco, considerando que es el criminal más buscado en uno de los países mayores. Mechones mojados y oscuros de una melena descuidada, se entrometían en su campo visual. Su gran altura, se veía ligeramente reducida debido a la postura encorvada con la que caminaba, escondiendo ambas manos en los bolsillos, y protestando por ése cigarro que seguía apagándose constantemente debido a la lluvia. Entre la oscuridad y la mala cara que siempre lleva, no incita a que los demás se acerquen para intercambiar palabras con él. Tenía la misma mirada apagada de un muerto. Si algún mercenario dentro de ese humilde local decidiese juzgarlo, posiblemente no podrían conectarlo con la 'profesión' de cazarrecompensas. Menos como un Shinobi.

La rutina no se vió afectada por el cambio de país. Tras haber ingresado al local, ya se planteaba la peor de las posibilidades... que no haya cliente. Es decir, que no haya trabajo. Por eso, aprovechó encontrarse en otro antro más del montón, para ir derecho a una de las mesas del fondo, y ordenarle al cantinero un trago de su más barato licor. Kazuo había comenzado a ignorar las miradas de los demás, desde que se convirtió en un criminal. Así como los mercenarios bien informados lo identificaban con una bolsa de dinero con patas, él los veía como sacos de carne. Eso no significaba, que tuviese la guardia baja, pues ya se había acostumbrado a los ataques sorpresas de los que no tienen los huevos, en el sitio correcto. Los orbes oscuros, detectaron algunos pares de ojos sospechosos cuando iba de camino a su mesa. Tentando a la mala suerte que le ha acompañado desde siempre, un hombre de menor altura a la suya se puso de pie, encarándolo sin dudar un segundo. Tomó del hombro a Kazuo y lo obligó a darse la vuelta, encontrándose el mercenario, con un ceño fruncido que representaba el corto temperamento del fumador. Aún así, se le veía sereno en su particular manera. — Tu cara me resulta malditamente conocida. — Era, aparentemente, un hombre que había realizado contratos por el País del Fuego antes. La única forma de que pudiese reconocer al criminal. El de cabello desprolijo suspiró con desgana, echando una nube de humo a un costado. Tuvo incluso la decencia, de no hacerlo en su cara. — Aquí vamos de nuevo. Escucha, no nos hemos visto jamás. Quiero una noche tranquila. — Peligro. Se notó el énfasis que hizo en la última palabra, clavando sus ojos en el mercenario. Mientras aquello sucedía, el compañero de aquel soldado a sueldo se había escabullido por detrás del que llevaba chaleco negro y camisa blanca. Y aprovechó para quebrar una de las sillas de madera, directo sobre su espalda. El sonido enmudeció a todos los presentes, escuchándose nada más que un breve quejido entre dientes, por parte del afectado. Sin embargo, ni se inmutó por los primeros diez segundos.

El miedo afecta a todo el mundo. Nadie es inmune a sus efectos. Los dos mercenarios se quedaron paralizados por la incertidumbre, y el sonido de una pesada respiración en ascenso. Kazuo se giró para ver al que había hecho tal cobarde acto, todavía sin siquiera mover un músculo de más. De repente, la mano derecha salió como un resorte de uno de sus bolsillos, y se clavó sobre el rostro del que le había atacado. Se afirmó, envolviendo lo que más pudiese con sus dedos, el cráneo de la cucaracha. Debido a la fuerza y la presión que estaba ejerciendo, provocó instantánea desesperación en el que se encontraba presente. Venas se hicieron visibles cruzando la sien del pelinegro, delatando un fugaz estado de cólera. Le alzó un par de centímetros del suelo. — Tenían que ponerse de pie y convertirse en una molestia... — Chasqueó la lengua, mientras se quejaba en un tono de voz bajo. Controlaba a duras penas, sus impulsos. — Tu cráneo se siente frágil en mi mano. — Si las cosas seguían su curso, terminaría esparciendo los sesos de un desconocido, en medio del bar. Así de errático era el comportamiento del infame criminal de 1.88 metros de altura...




¿Quién querría contratar a alguien así?










OFF:
Apariencia:

El chaleco negro, lo lleva abotonado y la camisa arremangada hasta los codos. Pantalones y zapatos del mismo tono oscuro.

Stats:
Ninjutsu: 15

Taijutsu: 12

Genjutsu: 8

Fuerza: 15

Velocidad: 15

Resistencia: 15




Kazuo
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Re: Fire meet gasoline {B}

Mensaje por Kohaku ~ el Mar Sep 12, 2017 9:39 pm

— Estamos hablando de alguien conocido en el país del fuego. Y no de muy buena manera. — Las palabras de aquel hombre que, de alguna manera, se enteraba de los detalles más insignificantes. No era muy bueno dando a conocer estos detalles pero, siempre, los tenía escondidos bajo sus mangas. No había que entenderlo o criticarlo, después de todo, las personas solo te dan a conocer lo que es necesario. — Por eso es perfecto para este trabajo… Nos proporcionara una máscara para cubrir nuestros verdaderos intereses. Dos pájaros de un solo tiro. — Vael hablaba como si todo a su alrededor tuviese sentido, mientras que un pelirrojo titán no entendía del todo a lo que se refería. ¿Estaba intentando esconder todo bajo la fachada de “actos criminales”? Si era así, eso significaba que mucha sangre sería derramada por manos que no fuesen las suyas y aquello, lejos de gustarle, causaba un pequeño ataque de furia entre sus dedos. El mismo, como siempre lo había hecho, necesitaba de asesinar a los enemigos de su líder… No utilizar a terceros para cumplir con su objetivo.

Pero a su vez, aquel era una meta que deseaba lograr. Vael tenía en mente un completo descontrol, dos crueles personas capaces de acabar con el mundo entero de dejarles libres. Solo hacía falta un pequeño empuje para que ambos destrozaran con cada pequeño rayo de esperanza en la faz de la tierra, y sin duda, utilizaría el miedo para conseguir su más preciado deseo; Extinguir el fuego. — Míralo. — Un hombre cuya aura no decía más que “no molestes o te asesinare” entraba en ese preciso instante al local. Su húmeda ropa parecía tan ligera, como si fuese de aire mismo… Pero había algo en aquel chico que inquietaba a cada persona en el recinto, a todas menos dos. La sonrisa de aquel gigante se extiende de tal manera que demuestra cuanta diversión encontrara en los próximos cinco segundos. Y como si acabase de ver el futuro, un hombre con uso veinte centímetros menos que aquel pelinegro eleva su cuerpo con confianza para encarar, a lo que Kohaku describía como la misma muerte. — Adelante. — Con toda la tranquilidad que demuestra poseer el gigante, proyecta su voz a un vacío con la intención de comunicarse con el recién llegado.

— Esos dos no hacen más que causar problemas por aquí… Quiero ver como viertes su sangre en estos desgastados suelos. — La voz de Vael, siempre tentadora y tranquila, llegaba directamente a los pensamientos de aquel pelinegro. Su intención era justa, precisa. Ver su potencial. — Demuestra que ha valido la pena citarte aquí. — Y aquellas últimas palabras no fueron más que un simple reto, uno que directamente intentaba hacer explotar al chico. Después de todo, la razón de aquella citación en un lugar en específico no era para menos que, por cuestiones de la estrategia y planes externos, acabase con los criminales que se hacían llamar espectros. Que ensuciaban su país con falsos testimonios y su asquerosa arrogancia.

— Odias al fuego tanto como yo… Aunque en ocasiones sirva para darse un pequeño gusto. — Y no hablaba del elemento, no. Toda persona que vivía bajo el estandarte de aquella nación, todo líder en las tierras que le habían despertado el más puro asco, odio… Cólera. Actores principales en cada historia, líderes que no piensan en nada más que el poder y la conquista, la venganza. Vael había perdido mucho gracias a esos ideales egoístas pero no era la razón por la que seguía con ellos, pues en un mundo donde la sangre es más importante que el dinero, no se debe pensar de otra manera. — Nadie más que yo quiere verlos extintos, que su frágil llama jamás vuelva a encenderse. Acaba con aquellos que provocan tu radical descontrol, un compañero te ayudara con ello. — Y la enorme silueta de un hombre se abría paso entre la multitud. Aquella enorme hacha en su espalda abarcaba más allá de su propia espalda, ancha como ninguna otra. Su rostro cubierto entre las sombras, con una capucha que ocultaba su mera esencial pero su físico era más que suficiente para compararlo con un titán, uno sediento de la mismísima sangre que en pocos segundos acabaría pintando a “La llorona”.

Su bestial mano se posa sobre el primer hablador, quien había interceptado el camino del invitado de honor, sosteniendo así la nuca del mismo con dedos gruesos y fuerza de un centellar. Lo inmoviliza solo para que sea capaz de observar cada pequeño detalle, pues su líder acababa de dar un reto y debía ser cumplido, de hecho, no dudaba que así sería. — Y esto es solo el inicio. — Culmina con una sonrisa que el más grande en aquel grupo enseña.


Shindenshin no Jutsu (心伝身の術, técnica de transmisión de mente y cuerpo): Esta técnica le permite al usuario comunicarse telepáticamente con personas dentro de su rango de detección, siempre y cuando se mantenga inmóvil durante la transmisión. El usuario también puede transferir esta capacidad a otra persona al tocar su frente. El usuario puede comunicarse con varias personas a la vez y los objetivos también pueden comunicarse entre sí mientras la técnica se mantenga activada. Esta técnica no está limitada a la transmisión de pensamientos, ya que también se pueden transmitir fuertes sentimientos. Mientras más tiempo pase enviando mensajes telepáticos, más presión recibe el cerebro del Yamanaka, por lo que éstos deben ser cortos y precisos. Después de cuatro turnos de uso constante, el Yamanaka pierde el conocimiento.

OFF:
Solo para aclarar, los diálogos a color son de Vael hacia ti y los que estan en negrita son de Vael hacia Kohaku.

Stats:
Ninjutsu 15
Taijutsu 8
Genjutsu
Fuerza 12
Velocidad 10
Resistencia 11
Kohaku ~
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Re: Fire meet gasoline {B}

Mensaje por Kazuo el Dom Sep 24, 2017 10:35 am

La situación, todavía seguía siendo remediable. A pesar de que el control de Kazuo sobre sí mismo era más que limitado cuando empezaba a entrar en un estado colérico, todo su arduo entrenamiento no había sido en vano. Con el pasar de los años, y las desgracias que le trajo su propia locura —a él y a los demás—, había logrado separar el estado de Bakemono en tres niveles, siendo el tercero el más poderoso, pero incontrolable. Una voz que no reconocía, se coló entre las demás dentro de su cabeza, quienes dejaron de chillarle sus propios deseos perversos al oído, y le dieron el micrófono a la que se paseaba por esos rincones oscuros de su fragmentada consciencia. Quiso arquear una ceja, pero los músculos de las mismas tiraron hacia abajo instantáneamente, afirmando el fruncimiento de su ceño. Él había experimentado que otros se metiesen en su cabeza en su excursión a las tierras occidentales, donde uno de sus superiores era de el famoso clan Yamanaka. Kazuo detestaba sentir la osadez de alguien postrando una cadena sobre él. Tal vez años atrás, las tentaciones de la enigmática presencia que  rondaba ahora por su mente, habrían tenido un resultado mucho más explosivo, provocando que descuartice a todo aquel que se pusiese en su camino. Ahora, mientras seguía sujetando al hombre del rostro un par de centíemtros del suelo, quería rehusarse a darle el gusto a un desconocido. Sin embargo, fue lo que vino luego, lo que le resultó un verdadero fastidio.

Se trataba de la persona que lo había citado en ése bar. Se trataba de trabajo. — No tengo que probarte nada. — La naturaleza del pelinegro, es indomable. Alzó la voz entredientes, mirando de un lado a otro. No sabía si sus palabras llegarían a alguien en concreto, o si era producto de su propia locura. Las miradas de los demás se enfocaron en él con mayor intensidad. Desde que entró al local, sólo había estado tensando el delicado hilo que mantenía la paz de tal basurero. La lenta seducción por parte de la voz tranquila que intoxicaba cada pensamiento en su cabeza, parecía intentar apelar a su odio, el cual llevaba ya un buen tiempo dormido dentro del adicto al tabaco. Le sorprendió su mención al País del Fuego, provocando que perdiese un poco más la paciencia. "Este sujeto... sabe sobre mí." pensó el hombre. Lamentablemente, recordó demasiado tarde sobre cómo funcionaba esa técnica. Ese ente misterioso, también podía escuchar sus pensamientos. Sabría también, que Kazuo no se negaba a derramar sangre, siempre y cuando fuese parte del trabajo.

Entonces, vió de reojo a la figura encapuchada, abriéndose paso entre aquellos que también fueron lo suficientemente estúpidos como para ponerse de pie. Fue difícil ignorar el hacha de abismal tamaño que colgaba en su espalda, y el agarre firme que tuvo sobre la nuca del primer hablador. Él era observador con esos pequeños detalles, dado que compartía esa misma fiereza que pudo detectar al segundo. Los orbes muertos de la mirada cansada del pelinegro, no delataban impresión alguna. Aún así, reconoció de que se había metido con contratistas que podrían resultar un problema. Suspiró una gran bocanada de humo, directo al techo del pequeño bar. Arrojó al sujeto que tenía con gran facilidad, contra la barra, donde detrás se escondía el tabernero. Será por una minúscula porción de humanidad que todavía le quedaba al pelinegro, pero tomó la decisión de advertir, antes de actuar. — Todos afuera. No me haré responsable de sus vidas si siguen aquí dentro los próximos dos minutos. — Pereza y antipatía; ésas eran palabras claves en la actitud de Kazuo al comunicarse con los demás. Claramente, algo se había roto dentro suyo hace ya mucho tiempo. Cuatro personas tomaron su consejo y salieron espantadas. Los demás...

— Mira que eres engreído. Le entregaré tu cabeza a la Dama de Fuego en persona. — Uno se animó a decir con una mueca burlona, acompañado de algunas risas tímidas de los otros presentes. Les había animado a enfrentar a los dos que se encontraban allí. La vena que cruza por la sien del fumador, se hizo más visible, y su respiración se escuchaba con mayor claridad. — Para qué me molesto... — Simplemente sacó las manos de sus bolsillos, sonándose los dedos con una falsa tranquilidad. — ...si los humanos no son más que cucarachas. — Y de repente, las comisuras de los labios se separaron bruscamente en una enorme, tétrica sonrisa. En sus ojos había cierto resplandor... la intensidad de la bestia.


La masacre en La Llorona, comenzó después de aquello. Tanto el encapuchado, como el fumador... no saldrían con las manos limpias de sangre.







OFF:
Apariencia:


El chaleco negro, lo lleva abotonado y la camisa arremangada hasta los codos. Pantalones y zapatos del mismo tono oscuro.

Stats:
Ninjutsu: 15

Taijutsu: 12

Genjutsu: 8

Fuerza: 15

Velocidad: 15

Resistencia: 15



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Re: Fire meet gasoline {B}

Mensaje por Kohaku ~ el Dom Sep 24, 2017 10:17 pm

El pelirrojo, perfectamente, podía imaginar a su líder frunciendo el ceño con rabia. No podía esperar que, alguien tan explosivo como el sujeto frente al Yamanaka fuese obediente. Después de todo, su subordinado y él tenían una similitud bastante exagerada. Le resultaba gracioso, he ahí el motivo de esa amplia sonrisa que se dibujaba en sus labios y también traía consigo una presión mucho mayor sobre la nuca de aquel individuo que sostenía. — No te presta atención… — Silencio. — Su sonrisa se expande ante tal respuesta, y el gran titán no hace más que actuar ante ella. Con completa calma, aun sosteniendo al hombre con su derecha, le estampa con una fuerza abrumadora contra un muro de concreto solido detrás de todo el embrollo. Una pequeña muestra de lo que el Yamanaka podía hacer con esas enormes manos que traía consigo. — Te conozco… Sé que vas a disfrutar desangrando a cada uno de ellos… Pero procura que uno no muera. Necesito sacarle información. — Le recordaba el plan, aquel que actuaba detrás del escenario.

Sus palmas truenan, cada pequeño hueso se retuerce ante la presión aplicada a cada uno de ellos. Con la derecha levantada, su pulgar se encarga de estirar a sus vecinos. Todo empezaba a deteriorarse con el paso del tiempo, y en un espacio tan reducido, se sabía que cada uno de los presentes se enfrentarían a un cruel destino. Uno a uno, verían sus vidas reducidas en el filo de Taigākingu, hasta quedar solo tres en un campo de batalla impuesto, improvisado. — ¿Listo para ver por qué me tienes en tu equipo, Vael? — Podía imaginar el rostro del peliblanco enrabiado, pero con cierto toque de curiosidad implícita en tal amargada mueca. Esa noche, en La llorona, su discípulo asesinaría a sus problemas en su nombre. Donde nunca antes, por mano propia, había realizado tales actos… No bajo su tutela. — Procura grabarlo en tu memoria. — Finaliza con aquellas palabras.

— Kazuo… Acaba con ellos, tu recompensa espera sobre el edificio más alto del pueblo. — Las palabras de Vael vuelven a resonar dentro de la cabeza del hombre, omitiendo que este es capaz de oír sus pensamientos además. — Al menos cumple con lo que se te ha pedido… — Parecía enojado. Lo estaba. Tal incertidumbre incapaz de ser controlada por el peliblanco le molestaba, podía soportarlo con el pelirrojo gracias al control que poseía sobre este… Pero con otro ser idéntico al Yamanaka, no. No podía soportarlo por mucho tiempo. Fue así como se despidió, dejando paso libre a cada comunicado alterno dentro de la cabeza de aquel muchacho. Desquiciado ser que, en su rostro, no se marcaba nada diferente que la desgracia. Provocarlo no había servido de nada, motivarlo seguramente tendría el mismo efecto, así que era mejor dejarlo seguir el flujo de sus propias acciones, con eso bastaría ¿No?

Es tiempo de empezar a moverse… Actuar y acabar con quienes te amenazan. Silenciar a tus enemigos es el primer paso.



El primer movimiento le pertenece al titán, quien camina con total calma hacia sus adversarios, ignorando por completo a aquel que ahora está a sus espaldas. Aunque seguía pendiente de este con un “tercer ojo” escondido en su nuca. Su derecha, armada con potencia, sostiene el mango de su herramienta. Su sonrisa es amplia, mostrando esa confianza de la que era dueño, ese ego que era parte de su ser. — Basura bajo mi zapato, eso es lo que son. — Y no exceptuaba a nadie con aquel comentario, dentro de su cabeza, así era. Un balanceo de aquella bestial arma y la primera víctima era creada. Un simple roce bastaba para acabar con la vida de alguien, y que oportuno era que el primer corte había sido lo suficientemente potente para arrancar la cabeza de aquel hombre, sentado con confianza sobre uno de los taburetes en la barra. Ese fluido movimiento acaba nuevamente en su derecha, como si Taigākingu no pesase para él.

Who’s next? Is time to get so fun, kids.




Shindenshin no Jutsu (心伝身の術, técnica de transmisión de mente y cuerpo): Esta técnica le permite al usuario comunicarse telepáticamente con personas dentro de su rango de detección, siempre y cuando se mantenga inmóvil durante la transmisión. El usuario también puede transferir esta capacidad a otra persona al tocar su frente. El usuario puede comunicarse con varias personas a la vez y los objetivos también pueden comunicarse entre sí mientras la técnica se mantenga activada. Esta técnica no está limitada a la transmisión de pensamientos, ya que también se pueden transmitir fuertes sentimientos. Mientras más tiempo pase enviando mensajes telepáticos, más presión recibe el cerebro del Yamanaka, por lo que éstos deben ser cortos y precisos. Después de cuatro turnos de uso constante, el Yamanaka pierde el conocimiento.

✘ Los usuarios de esta especialidad (todos, sin importar si fue primearía o secundaria) podrán sacrificar puntos de ninjutsu para aumentar su fuerza o su velocidad. Es decir, podrán acumular chakra en sus piernas y, reduciendo su ninjutsu hasta 3 puntos, podrán subir su velocidad hasta 3 puntos. También podrán hacerlo para subir su fuerza. Esta es una habilidad intrínseca del control de chakra de los especialistas de ninjutsu médico, por lo que no contará como una técnica.


Stats y datos:
Ninjutsu 15 - 3 = 12
Taijutsu 8
Genjutsu
Fuerza 12 + 3 = 15
Velocidad 10
Resistencia 11

Estem, el tercer párrafo es para ti. Lo diferencie con la negrita para que fuese más fácil. Que no me gusta poner diferentes colores xD
Kohaku ~
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Re: Fire meet gasoline {B}

Mensaje por Kazuo el Miér Sep 27, 2017 11:40 am

El derramamiento de sangre, ya era inevitable. Los motivos del mismo, eran igual de irrelevantes que siempre para el pelinegro. Era una necesidad de la que ya había dejado de huir hace dos años. Deshumanizar a sus víctimas normalmente alivianaba momentáneamente la carga, pues aquel sujeto aún afirma no ser un psicópata. Un loco de remate, pero, ya no podía descartarlo. La sonrisa extraña por parte del fumador se borró al instante, tras ver que en las profundidades de la capucha del misterioso hombre, también se dibujaba otra. Y notó una similitud que generó un eco en su cabeza. Las voces le susurraban la posibilidad, de que finalmente haya encontrado a alguien más de su "clase". Eso, para el lado que todavía seguía cuerdo del de mirada apagada, no resultaba algo bueno. Eran problemas innecesarios; complicaciones que no tenía en cuenta... hasta ese momento.

Las dos manos del adicto al tabaco, volvieron a ocultarse en cualquier rincón a los costados de sus pantalones oscuros, encorvándose un poco por las pocas ganas de vivir que siempre lleva. Kazuo portaba la mirada de alguien vacío, no de un sádico, a diferencia de la otra bestia presente. Su demencia continuaba celebrando mientras el portador del hacha pasaba por su lado, contentas de encontrarse con el mismo tipo de mugre. Lejos de una alianza, buscaban una razón más para que el pelinegro retome su violento comportamiento. Cerró los lentamente los párpados por unos segundos."No..." pensó el hombre que escupía humo con suavidad, mientras la cabeza de uno de los presentes, rodaba por los aires, salpicando a los más cercanos. "...no nos parecemos en nada." sentenciaba ante las múltiples personalidades que rondaban su consciencia. Incluso tras conocer la peor cara de la humanidad, Kazuo seguía matando por necesidad, y no por deporte. Es un cazador que va detrás de los de su propia raza, fingiendo incluso en la escena de La Llorona, una apatía inexistente. En algún lado, seguía habiendo remordimiento.

Abrió los ojos nuevamente. Los gritos que varios de los mercenarios dentro del mismo local, despertaron sus sentidos con fuerza. El miedo de algunos fue demasiado fácil de detectar. También la osadía de otros, que juntaban el coraje restante para enfrentarse ante el provocador aburrimiento que mostraba el encapuchado, tras haber cometido semejante acto. Por parte del mutante, únicamente pensaba en la famosa recompensa que le esperaba sobre la montaña. El dinero era un extra en su oficio; ser cazarrecompensas es la mejor excusa que se le ocurrió para quitarle la vida a alguien. Sintió el sonido de uno de los hombres desenvainando su espada, justo a sus espaldas. Lo próximo que se oyó, fue la típica colisión entre dos piezas de metal. En este caso, sólo había una. El brazo izquierdo de Kazuo se movió lo suficiente para bloquear el corte vertical del hombre, con el antebrazo. La extremidad del pelinegro, era del mismo tono oscuro que su cabello. El cazarrecompensas con la habilidad de mutar suspiró, mientras su cigarro a medio consumir, apenas colgaba de sus labios. — Oye, oye. — Vociferó, mirándole al atacante de reojo y con mucha desgana. Concentrado en su propia respiración, la misma empezó a acelerar. Se sumía a sí mismo en un estado que le permitiese entrar en ese trance de descontrol, pero no lo suficiente como para no poder volver de él. — ¡Eso sí me ha hecho enojar! — El cambio brusco en su tono de voz; la forma en que mostró los dientes como si fuese una criatura salvaje. Su ojo izquierdo se tornó rojo, y la esclerótica se oscureció.

El brazo derecho, también mutado, proporcionó un arañazo con sus dedos afilados, justo en el cuello del hombre, provocando un enchastre de sangre, manchándose el rostro. Acto seguido, siguiendo su estilo descontrolado de combate, se echó de lleno entre gruñidos contra los demás, proporcionándole a uno cortes tan profundos debajo de las axilas, que de un tirón le arrancó ambos brazos. La Llorona era bañada en sangre, mientras corría de uno en uno con una desprolijidad sin igual. Aprovechando la dureza de sus dos extremidades superiores, había una danza de luces a causa de las armas metálicas de los presentes, siendo bloqueadas por sus dos brazos. Kazuo mezclaba un estilo de pelea callejero, con los conocimientos que adquirió en cada combate como Shinobi. — ¡Muere, muere, muere! — Se encontraba postrado sobre el cadáver de un hombre, dándole continuos puñetazos a un manchón visceral de sangre, donde se suponía que antes estaba la cabeza de esa persona. Cuando se deja llevar, llega a tal punto de descontrol, que pierde la capacidad de pensar. — Escoria débil. — Y por una arrogancia que más de uno en ese sitio tal vez compartían, tampoco excluyó a nadie en su mensaje.












OFF:
Apariencia:


El chaleco negro, lo lleva abotonado y la camisa arremangada hasta los codos. Pantalones y zapatos del mismo tono oscuro.
Técnicas:
Nombre: Class C
Tipo: Ninjutsu
Sellos: Ninguno
Rango de alcance: No tiene.
Descripción: Es el tipo de mutación más básica. Sus brazos son cubiertos a nivel celular por aquel "virus" hasta los hombros. Como toda técnica de su habilidad, esta se presenta de color negro. Sus brazos se endurecen casi tanto como el metal, y la punta de sus dedos son afilados como lanzas. Los usos de esta técnica dependen de la situación. Es una pobre mutación que puede ser utilizada como defensa contra armas arrojadizas o resistir el impacto de una katana, o también para infligir daño al oponente (sea con sus dedos, o fortaleciendo los puños).

Stats:
Ninjutsu: 15

Taijutsu: 12

Genjutsu: 8

Fuerza: 15

Velocidad: 15

Resistencia: 15



Kazuo
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Re: Fire meet gasoline {B}

Mensaje por Kohaku ~ el Dom Oct 01, 2017 7:46 am

En nuestro mundo, nadie conoce el destino que le depara. En su mayoría, se vive y muere por la decisión de otros, no la propia. En ese mundo, un mundo donde la sangre vale más que el dinero, es un mundo en el que muchos han preferido vivir con el paso de los años. Yo, sin duda alguna, lo prefiero. Los años solo nos enseñan a sobrevivir a esta masacre sin sentido, un poco más o un poco menos, en algún punto de nuestra vida debemos abandonar todo lo que poseemos por algo mucho mayor. ¿Qué es el poder? ¿De qué nos sirve? La respuesta es sencilla; Para vivir. Dentro de este mundo, nuestro mundo, los asesinos abundan en cada rincón y sin la valentía o poder necesario… Bueno, ya deberías tener una tumba con tu nombre. Es el destino impuesto para los débiles, es el destino que se le otorga a quienes no poseen la habilidad necesaria para sobrevivir en nuestro mundo.

¿Por qué lo digo? Pues verán, una pequeña taberna, mugrienta y sin mucha fama, es nuestro escenario esta noche. Podrían haber veinte hombres dentro de tal lugar y solo dos proporcionan un temor indescriptible para los otros tantos. ¿Es acaso su poder lo que les aterra? ¿Es acaso su forma de ser? ¿Sedientes de sangre como ningún otro? No, no tiene nada que ver con sus habilidades en combate o su personalidad, aquellos dos hombres, diferentes pero iguales en muchas cosas, inspiran ese sentimiento por ser quienes deciden quien muere y quién no. Un pelirrojo compañero, armado con brutalidad misma en cada movimiento, es el primer hombre en realizar un movimiento, manchando los techos con ese delicioso carmesí que tanto adora. Un segundo, pelinegro y bestial hombre, se encarga de otros pocos al derramar una mayor cantidad de sangre que el primero. ¿Cuál de los dos es más terrorífico? ¿Aquel cuya sanidad es relativa o un titán adorador a la sangre?

Nadie puede saberlo, nadie puede estar seguro de ello, pero sin duda alguna… Respetan la presencia de ambos y temen por el momento en el que sean elegidos para irse al infierno que se han ganado en la estadía de aquel mundo que llaman suyo, nuestro mundo. Y es seguro que aquellos dos, hombres destinados a ser ejecutores, saldrán ilesos de tal masacre… Pues no existe persona capaz de pararse frente a ellos sin sentir sus piernas falsearse en el proceso. He ahí su verdadero poder; El miedo.

[***]


El Yamanaka ha establecido, en ese preciso momento, que no existe un oponente digno dentro de aquel territorio capaz de hacerle frente. Ni uno solo. Su confianza es suficiente, pues con la soltura con la que mueve su arma, se podía ver la majestuosa fuerza que poseía aquel gigante. Un corte vertical continuaba con uno horizontal, todo en cuestión de segundos, haciendo uso de tan enorme hacha como si de una simple pluma se tratase. Cada corte enviaba una ráfaga de sangre al suelo, seguido de un cuerpo que caía cual costal de arena. Uno tras uno, renunciaban a la idea de poder compararse a su fuerza. Y aquello solo aburría a tan ambicioso hombre. ¿Por qué no existía, solo una persona, capaz de enfrentarle sin caer rendido a sus pies al instante? ¿Qué acaso le habían enviado a sacar la basura y nada más? Sabía que algo tenía que encontrarse en La Llorona, algo para lo que fuese necesitado con tanta insistencia.

Un hombre, sentado con su cerveza aun entera sobre la mesa, observaba todo el alboroto desde el fondo. Aquel hombre, cubría su rostro a la mitad pues parecía tener una terrible herida cerca de su ojo derecho. ¿Tendría, incluso, un ojo debajo de tal cortina? No lo sabía, pero seguro que la confianza que inspiraba aquel hombre hacía a todos los demás seguir levantándose y abalanzándose cual esclavos siguiendo ordenes sobre aquellos dos hombres, dos asesinos. — Mhm… Sin duda eres un espécimen de cuidado. — Sus dedos rascaron la escasa barba bajo su quijada, donde una simple sombra de vellos se muestra. Habla con un tono de voz tan calmado que el Yamanaka entiende a que se debe su presencia en el recinto. Su tarea siempre ha sido llevarse a ese hombre ante su líder… No a cualquiera otro inútil vasallo dentro de la taberna.

Se notaba el amplio conocimiento de combate que poseía el hombre, ahora, frente al gigante. Aun sentado, pues sigue pensando que no hay necesidad alguna para mover un dedo. No hasta que una botella vuela en su dirección, un proyectil lanzado por el mismo que le observa con interés; Kohaku. Ha captado su atención y es todo lo que necesita para hacer su movimiento, pues a sus espaldas, un desquiciado pelinegro seguía entretenido con la muchedumbre que caía sobre sus dedos. Extraña habilidad, a decir verdad. Espadas en lugar de brazos, pensaba el pelirrojo. Pero estaba seguro que algo más se escondía tal aquel negro intenso que recubría su piel. — Tu amigo es un poco… ¿Cómo se dice? — Empezó. — ¿Impulsivo? ¿Desaliñado? ¿Desquiciado? — Enumero cada palabra con sus dedos, siguiéndole a tal acción con un movimiento de su propia clase, tomando así su indumentaria apoyada junto a su pierna y mostrando así una espada ligera que intentaba emplear contra el titán.

— Oh, ciegecillo… Te hará falta más que confianza y un arma para enfrentarme. — Hablo, sin darle importancia a las órdenes que resuenan en su cabeza. Y en un instante, la inevitable colisión del metal se genera, siendo el mango del hacha quien detiene el impacto del ataque ajeno. Un tirón de la misma es suficiente para acabar con tal confianza, pues el armamento vuela hacia un soporte de madera a tan solo dos metros de su posición. — ¿Se acabó la cháchara? — Menciono el gigante, usando su palma derecha para impactar el abdomen ajeno con su abismal fuerza. No hace falta más, pues aquel hombre que respiraba energía y buen conocimiento del combate, solo es un bufón frente al poder del gigante. Quien da su misión como terminada al llevar al hombre por encima de su hombro y enfundando su hacha tras su espalda. — Nos veremos en otra ocasión, Kazuo. — Pero algo llega a él antes de poder mover un pie fuera de la taberna.

Voces, voces que hablan entre sí. Una diferente a la siguiente, y ninguna dice lo mismo. Todas y cada una de ellas parecen ser únicas. ¿Cómo era posible? ¿De dónde saca, un hombre común, tantos pensamientos? ¿Todos dentro de un mismo espacio? Le enloquecía escuchar tanto en tan poco tiempo, quebrantaba su sanidad con cada palabra extra que resonaba en su cabeza, con cada nuevo pensamiento que llegaba a los suyos y le invadía sin permiso. Odiaba tal sensación, odiaba conocer tanto de una sola persona y no entenderlo… Odiaba cada pequeño pensamiento que llegaba a su mente. — Mugre… — Susurra antes de desaparecer de aquel lugar, con un rostro que solo daba a conocer una cosa; Estaba a punto de volverse aún más sádico de lo que ya era… Conocerlo solo había sido el inicio.

Pero no era la última vez que el pelinegro oiría del Yamanaka.


[***]



Los pecados… Una verdadera forma de vida. Todos sabemos que, sin desearlo, entraremos en un mundo repleto de pecados y tarde o temprano nos tocara a nosotros realizar uno. No importa cual, no importa cómo, pero es inevitable y lo sabemos. La vida está hecha para cometer errores, y esos errores nos llevan a la perdición. Nos llevan a la locura. — Algo me dice que descubriste algo de lo que no quieres hablar. — El susurro de un hombre, alto y escuálido en comparación a su súbdito, habla con total confianza. Se aproxima al mismo con la intención de mostrarle a este que no le teme, que confía en sus movimientos a pesar de ser una persona descontrolada. Pero a la par, sabe que es gracias a él que posee todo ese poder, es gracias a Vael que el pelirrojo obtiene todo lo que desea y aquello no hace más que darle lo que necesita para acercársele. Vestido con prendas largas, sin capucha. Sus facciones tan poco masculinas salen a relucir ante la tenue luz que solo dibuja siluetas en la sombra. Su cabello blanco caía sobre sus hombros, y ese caminar autosuficiente delataba cuan satisfecho estaba con el reciente trabajo del Yamanaka.

Había algo en su mirada, una pequeña chispa, algo que el pelirrojo era incapaz de descubrir pero a la vez, no tenía ninguna clase de interés en saber que pensaba. En su cabeza se proyectaban ideas un poco más descontroladas, más interesantes que lo que fuese que estuviese a punto de pasar entre los tres presentes. Un parado detrás del titán, otro en frente, encadenado a una pared con sus manos de forma horizontal y las piernas rectas, una T humana. Algunos conocerían aquella postura como la cruz, en algunos casos, usaban aquella postura como castigo y lo llamaban crucifixión. — Puede decirse… Pero no quiero entrar en detalles ahora mismo y preferiría que no hurgaras en mis pensamientos por las respuestas. — Advierte, sin siquiera mirar al hombre ahora a su derecha. La mirada de ambos se encontraba fija en el inconsciente hombre atado a la pared. — Como prefieras… Mientras no interfiera con tu trabajo, no preguntare. — No lo hará. — Una conversación directa, seguida de un agitado hombre que despierta de su sueño. Los observa con el espanto carcomiendo su esencia, y tal gesto de terror solo emociona al pelirrojo, pues es quien está encargado de sacarle toda la información posible.

— Te dejo hacer lo tuyo. Y cuando acabes… — Lo sé — La espalda del peliblanco se pinta con completa claridad ante la luz de un pasillo repleto de antorchar. Las piedras de lo que parece ser un calabozo recubren su entorno, dándole cierto toque tétrico al ambiente que los envolvía. Un azote, el metal arremetiendo contra la piedra, sellando aquella habitación por completo. El Yamanaka las conocía mejor que nadie, pues había estado en una de ellas por largo tiempo. Antes de ser liberado para hacer lo que la voluntad de Vael dijese, cuando las ordenes empezaron a llegar y la cuerda que lo sujetaba aflojo ligeramente. Se convirtió en un espectro, y no era más que un dictador domado. Un hombre que tenía sueños donde conquistaba el mundo con su abismal poder, un hombre que aun añora la grandeza pero ahora tiene más que un pensamiento dentro de su cabeza. Esos pensamientos le liberan, le hacen ser tan depravado como ahora lo era, le demuestran al mundo que el verdadero poder no está en el cuerpo, está dentro de cada uno, dentro de su mente. ¿Y quién mejor para demostrarlo que alguien experto en el control de la esencia misma?

El pelirrojo no llevaba consigo ninguna prenda que escondiese su rostro. Ese atuendo de gladiador que siempre llevaba consigo era lo único que dejaba ver, con su torso descubierto y en su palma derecha una herramienta metálica. No necesitaba nada más que un poco de filo, no necesitaba más que par de cosas para contener todo lo que deseaba. — Hay dos formas de hacer esto. — Empezó a caminar, sus pasos eran certeros, directos, confiados. Bailaba en línea recta, remarcado sus pasos de este a oeste para agregarle interés al hombre encadenado, del cual no tenía el más mínimo interés de saber algo más que su condición. Después de todo, no sobreviviría un par de horas a solas con un sádico como Kohaku. — Yo pregunto y tú respondes. Así acabamos rápido y puedes ir a visitar a tu esposa con cada parte de tu cuerpo intacto. — Explico, deteniendo su movimiento justo frente al hombre sosteniendo aquel cuchillo entre sus dedos justo sobre el descubierto pecho del hombre. — O puedes resistirte e ir perdiendo, poco a poco, cada una de tus extremidades. Solo para que sepas, planeo hacerlo con mucha lentitud. Adoro escuchar como gritan de agonía, es un simple hobby… Ver como se apagan sus ojos mientras los descuartizo. — Sonríe, muestra la poca cordura que posee… Pues le han soltado la cuerda.

Un par de minutos más tarde… Aquella pared bañada en sangre, con solo un brazo aun colgado de las cadenas. La derecha del titán porta un nuevo implemento, la izquierda el cuchillo cubierto en el tinte carmesí que ama. Un rostro repleto de dolor y sufrimiento, enmarcado en este mientras es arrastrado. Había conseguido todo lo que necesitaba, todo lo que quería y mucho más. Pues ahora tenía una cabeza nueva que colgar en sus aposentos. Aquel castillo oculto entre las lágrimas del valle. — Kohaku… — Escucho a sus espaldas, pero este continuo su caminata sin prestarle atención a quien le hablaba. No era Vael, pero August no era relevante en ese momento. Solo deseaba más…

Más dolor.


Shindenshin no Jutsu (心伝身の術, técnica de transmisión de mente y cuerpo): Esta técnica le permite al usuario comunicarse telepáticamente con personas dentro de su rango de detección, siempre y cuando se mantenga inmóvil durante la transmisión. El usuario también puede transferir esta capacidad a otra persona al tocar su frente. El usuario puede comunicarse con varias personas a la vez y los objetivos también pueden comunicarse entre sí mientras la técnica se mantenga activada. Esta técnica no está limitada a la transmisión de pensamientos, ya que también se pueden transmitir fuertes sentimientos. Mientras más tiempo pase enviando mensajes telepáticos, más presión recibe el cerebro del Yamanaka, por lo que éstos deben ser cortos y precisos. Después de cuatro turnos de uso constante, el Yamanaka pierde el conocimiento.

✘ Los usuarios de esta especialidad (todos, sin importar si fue primearía o secundaria) podrán sacrificar puntos de ninjutsu para aumentar su fuerza o su velocidad. Es decir, podrán acumular chakra en sus piernas y, reduciendo su ninjutsu hasta 3 puntos, podrán subir su velocidad hasta 3 puntos. También podrán hacerlo para subir su fuerza. Esta es una habilidad intrínseca del control de chakra de los especialistas de ninjutsu médico, por lo que no contará como una técnica.


Stats y datos:
Ninjutsu 15 - 3 = 12
Taijutsu 8
Genjutsu
Fuerza 12 + 3 = 15
Velocidad 10
Resistencia 11

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Re: Fire meet gasoline {B}

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