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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Vientos que traen las nubes - Viaje VI - | ❁ |

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Vientos que traen las nubes - Viaje VI - | ❁ |

Mensaje por Zhorin Kashu el Lun Sep 04, 2017 4:47 am



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•••••••••Rol•••••••••


Ninjutsu:

9

Taijutsu:

10

Genjutsu:

4

Velocidad:

12

Resistencia:

9

Fuerza:

7

Jutsus:

[G]6/6 [C]0/0 [J]0/0 [S]0/0



Tras los minutos escondidos en aquel puesto de Ramen, el viaje opacado de aquel muchacho poco a poco comenzaba a verse más llamativo, más presumido tras ese andar ligero que era tan mal visto como peculiar. Si bien aquel muchacho ya había provocado un revuelo al espiar sin culpa alguna aquel balneario femenino, poco más tuvo que hacer como para escabullirse por entre la zona turística de aquel país tan concurrido y costoso. Pagó lo que debía, su comida, y cargado de aquel ligero equipaje, caminaría sin prisa alguna por entre el tumulto de personas que lo haría mezclarse cual viajero errante, sin rumbo, y evadiendo aquellos susurros que tachaban a un pelirrojo como culpable, rápidamente se movía y con los minutos se escaparía de aquel poblado tan pintoresco y peculiar; sin duda alguna, el paisaje que aquel muchacho había visto era digno de admirar, a él, que siempre le favorecían los entornos aireados, lentamente se sentiría a gusto de andar ante aquella región fresca, tan diferente a la del desierto que solo demostraba miseria y pena. En aquel lugar, alejado de aquel feudo con tan mala reputación, bien notaría una apariencia de rostro totalmente diferente, relajada, feliz, como si no hubiera preocupación alguna por sobre tal estilo de vida que pudiera conllevar a cualquier ciudadano que ahí viviera, claro en aquella faceta de un alto estándar de vida que curiosamente se diferenciaba de aquella perdición social que traían las ruinas de la guerra de arena, pero aunque el Kashu supiera que algo más se encontraba tras aquella paz ficticia, poco interés le quedaba por sobre suponer si seguir o no en tales andanzas… Él tenía una misión, y eso era todo lo que verdaderamente le importaba, después de todo, ahora podía viajar, y si todo salía de acuerdo al plan, pronto recobraría ese renombre que su clan traería consigo.

Su salida de aquel país de aguas calientes poco a poco había ilustrado el caminar del muchacho aireado, dando pasos ligeros que rápidamente lo sacarían de aquellos límites aledaños de tal poblado. Si bien no le había tomado mucho tiempo el deambular por sobre los pastizales cortos de aquella región, sus zancadas aéreas lo tildaron un tanto incómodo ante un clima que comenzaba a postrarse diferente, gélido, impecable en aquel lienzo de horizonte que dejaba notar una amalgama blanca y pura, tan fría como intrigante. Para un joven nacido y criado en el desierto, el calor y el frío habían sido una costumbre de temperaturas bipolares que claramente le habían acostumbrado a poder soportar las mañanas agobiantes de sol y las noches templadas de lunas, y aunque ahora el viento se postraba más tenso y helado, aquellas ráfagas inoportunas poco a poco serían desviadas para así poder menguar tal clima en ascenso, pues si bien aún no poseía un mapa preciso, como todo buen viajero, había recordado el camino que se le había mostrado tras su indicación de misión. Si bien el muchacho se habría detenido un par de veces para preguntar por sobre su ubicación, rápidamente recobraría aquel paso agrandado que cruzaba aquellas tres naciones montañosas. Minuto a minuto su caminar de pasos largos se vería cada vez más reducido, y conforme aquel paisaje verde se comenzaba a notar cada vez más blanco, de la nada, la mirada atónita de aquel muchacho le daría respuesta a su anhelo un tanto emocionado y algo fuera de lugar: Por primera vez en su vida, aquel joven pelirrojo vería caer un copo de nieve, vería la nieve, y conforme extendía su mano para dejar que el mismo cayera en su palma, intentaría tomarlo para detallarlo, sorprendido de aquella forma espléndida que lo delataría como turista.

Aunque el joven criado en el desierto estaba un tanto acostumbrado al frío de la noche, jamás esperaría haberse topado con aquel decaer de temperatura que claramente no conocía. Él había sentido el frío, es verdad, pero en aquel lugar no había solo frío, había nieve, y el clima gélido y templado claramente congelaba la dermis de aquel muchacho vestido tan ligero, solo con simples ropajes de algodón que flotaban con las ráfagas que él mismo desviaba. Si bien conforme más se alejaba de aquel país de las aguas termales más frío se volvía todo, el viento con residuos de agua claramente era desviado tras el paso del muchacho, pudiendo así soportar aquella apariencia entumecida que su cuerpo podría necesitar, y aunque su destino en la nube no estuviera muy lejos, no consideraba que ese lugar podría mejorar su estadía si permanecía más tiempo ahí. La tarde ya comenzaba a ponerse, y si no se apuraba, no llegaría a la capital de la nieve antes de que cayera la noche, por lo cual, respirando profundamente para así dejar que sus pulmones sintieran el frió oxígeno del entorno, se hincaría para luego dar aquellos saltos alargados que le permitían acortar camino, después de todo aquel muchacho se movía con la gracia de un bailarín, dando pisadas a pie solitario que aparentaban un paso de vals, uno consecutivo del otro, recorriendo rápidamente aquella distancia ladina que pronto le permitiría llegar a tal ciudad cubierta de blanco inmaculado.




•••••••••Off Rol•••••••••


Inventario:


Pergamino sellado del Tetsu Rinri.
Onpu: Re (entrenada).
Onpu: Shi (entrenada).
Shurikens (5) (compradas).
Sellos explosivos (2) (comprados).
Bombas de humo (2) (comprados).
Bombas de luz (1) (comprados).


Habilidades Pasivas:


✶Yokukei (翼型, aereodinámico): El control del viento a su alrededor les permite desviar las corrientes de aire que pasen por él, pudiendo así, acelerar dichas corrientes o desviar el mismo viento para generar o quitar la resistencia que el viento pudiera ejercer, pudiendo con esto caer de manera ligera o muy apresurada. Dicho control varía ante el nivel del usuario, y para mejorarse necesita arduo entrenamiento.

✶Heijokyōfushō (閉所恐怖症, Impedimento de espacio cerrado): Los miembros del clan Kashu que nacen con el Kekkei Genkai, bien nacen a su vez con grandes pulmones que son el doble o el triple del tamaño normal que tendría dichos órganos. Su caja torácica mantiene una deformación que contrae y apila los órganos aledaños, para así, poder dar espacio a dichos pulmones, mas debido a esta mutación, la mayoría de los niños nacidos con tales dones, bien fallecen por su incapacidad de tomar grandes bocanadas de aire. Al aprender a respirar con gran profundidad, los miembros del clan pueden contener mucho aire en ellos, pudiendo así, mantener la respiración por un tiempo mucho más prolongado, mas su necesidad de gran cantidad oxígeno los obliga a permanecer en lugares abiertos, pues con el tiempo, los miembros desarrollan un comportamiento claustrofóbico que los lleva a sofocarse cuando sienten que el aire es escaso, llegando al punto de que en lugares con oxígeno bajo, bien caigan desmayados por la falta del mismo. El nivel de incomodidad de los usuarios bien se representa en la tabla de efectos en lugares cerrados (ver aclaraciones).



Diseño por: Zhorin Kashu u otras cuentas
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Re: Vientos que traen las nubes - Viaje VI - | ❁ |

Mensaje por Narrador el Miér Sep 06, 2017 3:37 am


El frío entumecía sus articulaciones cada vez más. Ni las capas de piel ni la capa de viaje servían para aislarla lo suficiente como para evitar que la sangre, la suya por naturaleza fría, empezase a desplacerse con una lentitud que hubiese matado a cualquier otra persona. Parecía condenada, aun así, a una muerte segura. Una elegida por ella misma.

La piel pálida, a medio camino entre el gris y el blanco del mármol, se agrietaba alrededor de unos labios finos pintados de rojo, pero, cambiando a una tonalidad cada vez más cercana al violeta por el frío. El azabache del pelo casi ni se veía a través de las sombras de la capucha, gruesa, seguramente de algún animal de la zona, a su vez se recubierto de parches del manto níveo y homogéneo que cubría toda la zona. Sólo el par de faros de color miel se podían ver bien, como si los alimentase por dentro la combustión de la esperanza, escasa por momentos, de encontrar a alguien.

¡Ayuda! ¡A-Ayuda! — gritaba, desesperada, en mitad del campo de nieve impoluto, buscando hacer llegar su voz lo más lejos posible, desesperada por una mano salvadora, o siquiera una respuesta tranquilizándola a las puertas de una muerte, casi seguramente, en la soledad y la quietud más aterradora.

En los escasos minutos antes de la puesta del sol, una figura saltaba a unos pocos metros de ella, a quien ya casi no le quedaban fuerzas para mantenerse de pie y era poco más que un borrón color tierra en mitad de la infinita extensión de blanco pureza.

Con lo que casi se podría llamar su último aliento, volvió a suplicar la clemencia del extraño en la distancia. — Por favor… ayúdame… — Dijo momentos antes de que le fallasen las piernas, escuchándose casi más el golpe seco de su cuerpo contra el suelo acolchado de agua helada que la llamada para sobrevivir.

No muy lejos de allí, una cueva podía ser su única esperanza si el muchacho se decidía a regalarle su tiempo. No estaba demasiado lejos, pero, aun así llevaría al cantante del viento un buen rato arrastrar a la casi desvanecida fémina.
Era poco más que un agujero excavado dentro de la roca madre, un refugio, regalo de la naturaleza, cuyo recorrido penetraba veinte metros en línea recta hacia el interior de la colina, sin nada más que oscuridad en su interior y un par de grados más de temperatura que en el exterior. A juzgar por su aspecto, si se encendía una antorcha o una hoguera, no serían los primeros en visitarlo; descansaban allí los restos mortales, momificados por el propio clima seco del país, a modo de broma cruel frente a la horrible muerte que habían sufrido, de al menos tres aventureros que no habían corrido la misma suerte que ellos de ser capaces de encender una lumbre con la que calentarse.

Por lo menos ese sito estaba seco, a sotavento y protegido de las feroces nevadas nocturnas. Tampoco le faltaba altura para moverse con libertad, lo que resultaría un alivio.



Off:
Sayuri:


Orochi Sayuri

"— Por favor… ayúdame... —"
Edad: 23 años



Clan: Orochi
Especialidad Genjutsu {Área}
Elemento: Katon
Rango: Genin
Feudo: N/A – Afiliación desconocida – Alineamiento desconocido

Nin: 7 | Gen: 10 | Tai: 7 | Vel: 10 {-3} | Fuer: 6 | Res: 10
Ilusionista hábil y misteriosa. Abandonada por los suyos en mitad del camino por resultar una carga.



A tener en cuenta:


Puedes tanto ayudarla como ignorarla, no es obligatorio pararte, aunque tampoco parece que haya hecho nada para merecer el más absoluto de los desprecios y la muerte en una soledad sobrecogedora. Si decides ayudarla, se aplica la parte de la cueva; ella te guiará hacia allí, asegurándote que es el refugio que usaron sus compañeros la última noche antes de abandonarla.

Los cadáveres del interior sólo son visibles si enciendes una hoguera. No parecen muy antiguos, lo que bien podría ser consecuencia de la momificación en frío que han sufrido. En su petate, Sayuri lleva lo necesario para fabricar una pequeña fogata de campamento, suficiente para entrar en calor.

Cualquier duda o interacción que quieras tener con ella, más allá de arrastrarla hasta la cueva, me mandas un MP y yo te responderé con un rol corto que podrás añadir al tuyo o usarlo para construir tu respuesta. ^^

Por cierto, si decides ayudarla te llevará mucho tiempo, tanto que llegará a caer la noche, momento en el que se levantará una ventisca, típica por otra parte de este terreno, que te complicaría mucho las cosas en caso de querer viajar de noche.
Narrador
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Re: Vientos que traen las nubes - Viaje VI - | ❁ |

Mensaje por Zhorin Kashu el Vie Sep 08, 2017 2:09 pm



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•••••••••Rol•••••••••


Ninjutsu:

9

Taijutsu:

10

Genjutsu:

4

Velocidad:

12

Resistencia:

9

Fuerza:

7

Jutsus:

[G]6/6 [C]0/0 [J]0/0 [S]0/0



El paso tranquilo de aquel muchacho aireado era evidentemente notable, su andar, relajado y acelerado, poco a poco le acercaba cada vez más hacia aquella capital inmaculada que yacía postrada y escondida tras esa fina capa blanca y perfecta de nieve. Para un joven que jamás había sentido la nieve, su piel, reacia a tal contacto, claramente se enfriaba incluso cuando el viento era desviado a la ligera de la zona, y aunque los hombres hubieran ignorado cualquier otro pretexto como para continuar, aquel muchacho pelirrojo bien que se encaminaba en esa misión de odisea que había encarado, pues nunca antes había viajado tan lejos, acercándose cada vez más a aquellos poblados de las montañas que rumoreaban, bien habían sido uno de los orígenes de su clan. Su mirada cada vez se complicaba más debido al ligero nevar que cada vez aumentaba en densidad, dejando ver aquellas lágrimas blancas que flotaban con el aire, similar a pequeñas gotas de agua que se dejaban llevar por la ráfaga, y comportándose igual que los granos de arenas del desierto, lentamente se esparcían por toda aquella zona en búsqueda de una superficie en donde reposar; un clima complicado, es verdad, limitando a las personas a vivir en un entorno abrigado, refugiados incluso en aquellas noches que si bien no se encontraba inminente, poco a poco se acercaba.

El muchacho pelirrojo, visible debido a aquella cabellera que resaltaba en tal paisaje monocromático, caminaría ante aquel sendero que su orientación le permitía mantener, pues a pesar de solo haber visto un mapa y caminado ante la direcciones que había preguntado, bien que lograba mantener una línea recta debido a aquel control de las ráfagas que le permitía, en dado caso, evitar el desvío por parte de las inclinaciones al caminar. Si bien no había recorrido mucho desde la frontera con el país de las aguas termales, poco a poco se había inmiscuido más en aquel paisaje, perdiendo así todo rastro de sus pisadas que podría permitirle el avanzar, o en dado caso, el regresarse por entre el sendero que deambulaba; ya no había horizonte fresco, pues de la nada, todo era nieve, todo era un paisaje tranquilo que demostraba, ante el presentimiento del joven, de que cada vez se acercaba más al peligro, pues si algo le había enseñado el desierto era que los mejores cazadores son aquellos que jamás se dejan ver, sigilosos, a la espera de que la propia presa entre en sus aposentos para así hincarle aquella mordida fatal que termine con su moribunda existencia.

Ciertamente aquel lugar era desconocido para el Kashu, pero a pesar de eso, él sentía una sensación de similitud que claramente asociaba con su hogar, con las arenas, y con el desierto en sí: él comparaba aquel páramo helado con su desierto de arena, tachándolo incluso de un mismo desierto frío, pues entre ellos, a pesar de sus diferencias climáticas, bien que inundaban las similitudes inusuales que poco a poco el muchacho comenzaba a analizar, sencillamente para distraerse y mantener su mente enfocada en algo más que la sensación de congelamiento que su aliento dejaba notar. El desierto, al igual que este país, era un lugar cruel: en donde uno reinaba el calor mortal, en el otro gobernaba el frío aterrador; en donde la insolación hacía estragos, en el otro la hipotermia carcomía los huesos; no había agua líquida en ambos, así como tampoco vegetación verde ni posibles alimentos… Sí, eran lugares tan diferentes como parecidos, y a pesar de todo ello, bien que resaltaban ambos aquella cruda calma que incitaba al destino mismo a traer el Caos. << Tengo un mal presentimiento >> Pensaría el joven ligero ante su último tramo recorrido, alejado de la tranquilidad de la ventada para así sentir que ahora se inmiscuía en un clima más de ventisca, superando incluso aquella habilidad de ráfagas que él aún no dominaba en su totalidad. Suspiraría un tanto angustiado, incluso cuando su naturaleza tranquila le llevaba a calmarse, y justo antes de que comenzara a dar saltos potenciados para así recorrer la distancia lo más rápido posible, bien que escucharía un quejido de ayuda que lo llevaría a alzar su ceja diestra ante la confusión de lo que daba. Él ciertamente no era un héroe, es más, se consideraba alguien indiferente a las buenas acciones, pues todo lo que él hacía, lo finiquitaba por gusto propio, pero algo en aquella oportunidad le llevó entonces ante su andar, siguiendo a la voz, y de la nada, se encontraría tras el cuerpo desplomado de aquella mujer que dejaba su reposar en el frío pasto nevado. Cerraría un poco sus ojos, esperando que no fuera un arrebato de ilusión, y aunque él no pensara directamente en asistirla, daría un paso intentando alejarse para así luego suspirar decepcionado y pasar a devolverse. << Que… Que fastidio > Se regañaría en su mente, agotado de aquella sensación que su ser estimaba ante mujeres, más que nada hermosas, que yacían tras una situación que él desconocía. Ciertamente no era partidario de ser samaritano, pero en su mente se debatía por sobre el verdadero motivo de su misión, y aunque no supiera nada de ella, para él, no quedaba duda que sencillamente era una simple dama perdida, pues aquel paisaje no se prestaba ordinario como para andar de paseo.

Diversas posibilidades rondaron por la mente del varón conforme se acercaba a ella, “¿será de la aldea?, ¿qué hará por estos lares”, ¿Por qué pide ayuda?”, y diversas más que sencillamente almacenaría para su habla interna pues tras su llegada, a pies del cuerpo desplomado, claramente expandiría su naturaleza para así menguar un poco aquella ráfaga helada que traía consigo los copos de nieves tan fríos como dañinos. La ironía de aquel momento yacía en que el muchacho de aire, aunque aparentemente tonto pues daba a mostrar tal habilidad peculiar que lo tachaba como extranjero, bien lo hacía por su mero instinto de misión: a él se le había ordenado el pasar ligeramente llamativo, ¿y qué mejor manera de hacerlo que aquella?; rápidamente se agacharía, y apoyándola en su cuerpo, la alzaría, evitando que la nieve la terminara de enterrar. Apoyada en su cuerpo, estable, volvería a pensar en dejarla en aquel lugar, pero la apariencia de la mujer, y en especial, su atuendo, la delataba como superviviente de aquella zona. Para nadie sería un secreto que si no fuera por la habilidad de aquel muchacho para desviar el viento, bien que ya estaría sufriendo de los efectos de la hipotermia, y ante su mala preparación y su poca costumbre a tal ambiente, esperaría por lo menos que aquella jugada le permitiera sobrevivir a esa ventisca nevada que él sentía que se aproximaba, pues firme conocedor de las ráfagas, poco a poco notaba como las mismas se aceleraban, insinuando a un eje contorsionado que pronto llegaría hasta ellos.

Tras su ayuda, la dama no daría mucha más explicación que la necesaria, un simple “yo te guiaré” que con los segundos los llevarían hasta aquella cueva parcialmente olvidada. Zhorin vería dudosa la entrada, pues él no era de lugares cerrados, de eso no hay duda; parpadearía un par de veces, deseando arrepentirse de cargar a la mujer, y aunque los minutos ahora se alargaban, el suspirar innecesario marcaría al joven ya en la entrada de la misma. La oscuridad absoluta solo se daba juego tras la escasa luz que la entrada daba por conocer; vería en su interior sin poder ver mucho más que los pasos próximos, y al notar que la mujer se estabilizaba un poco tras su sucumbir, la dejaría apoyada en un roca para así hablarle. -¿Cómo conocías de este lugar?- Le preguntaría, dudoso, relamiendo aquel mal presentimiento que a él, como cualquier animal que vuela, bien que sospechaba que había cedido cual presa. La mujer hablaría poco, le explicaría que era el lugar en donde su grupo le había abandonado, y a pesar de que aquel lugar se encontrara un poco más caliente que en el exterior, el frío aún frecuentaba su dermis tras el paso notable de aire que él sabía disfrutar, pues su cuerpo se alimentaba de ello a pesar de estar matándolo. Un escalofrío fugaz agitaría su nota, postrando cual espectro infernal que espera, en el mejor de los casos, el advertir, y la mujer, delicada y hermosa, le daría a conocer que disponía de lo necesario para hacer una fogata. Se acomodarían, y aquella dama sacaría de su equipamiento aquella yesca y perno que usarían para encender, aprovechando la madera que ya estaba en tal lugar pues delataba que ciertamente había sido usado como refugio antes; ella emitiría una llama, leve, destrozando aquella ligera cerilla que el muchacho de aire no permitiría apagar, pues moviendo su palma, exhalaría un respirar que traería, ligeramente, el aire suficiente como para avivar el fuego y por fin despertarlo, dejándolos sentir por primera vez en algunas horas, aquella sensación de calor que le aliviaba y le hacía reconfortarse.

A pesar del clima, el muchacho aún se encontraba de pie. La caverna era lo suficientemente alta como para darle comodidad de movimiento, y por ende, no se sentía angustiado debido a aquella maldición natural que tenían los de su clan; el viento que pasaba era suficiente como para darle de respirar, y aunque aquel muchacho habitual al atraerlo, esta vez lo repelía, alejándolo un poco de ellos y del fuego mismo que los calentaba. No se sentaría a primera instancia, él había aprendido a no confiar en nadie debido a su profesión como comerciante del desierto, y por ello, dando la espalda a la pared de la cueva en sí, dejaría que el contorno del fuego se dibujara tras la sombra de su silueta, calentándolo, es verdad, pero igual mostrándolo un poco alejado de aquel montículo ígneo, y por ende, de la mujer. –Cuéntame, ¿Es común que en este país las mujeres salgan a pasear tras ese infierno de nieve?- Cortaría el silencio del lugar, intento conocer algo de la dama. El tiempo que le había llevado el arrastrarla hasta aquel lugar le había tomado el suficiente como para ya ver el anaranjado de la tarde tras su decaer, y aunque pensara el dejarle ahí ahora que estaba con calor y cobertura, la ráfaga de nieve poco a poco le hacía dudar por sobre seguir… ¿Sería más seguro seguir ahí?, eso no lo sabía, pero se lo debatía, y aunque esperaba que la mujer le aclarara ciertas cosas, sus ojos ladearían el paisaje para ahora notar como los cuerpos helados yacían tendidos y estirados tras su muerte congelada. << ¿Y eso? >> Pensaría, alzando su ceja, y aunque quiso acercarse a verlos, la silueta del fuego los mostraría efectivamente muertos, sin mucho más que aportar.

Aunque no fuera partidario de saquear muertos, el muchacho se acercaría para ver como los cuerpos, intactos, yacían mantenidos tras la piel momificada por el frío. Uno de aquellos tres casualmente poseía una capucha de animal que era habitual en aquel páramo, y aunque no supiera quienes eran, poco a poco movería el cuerpo entumecido para así acercarlo al fuego, donde tenía mejor vista. -¿Lo conoces?- Le preguntaría a la mujer, pues ciertamente ella le había dicho que su grupo la había abandonado en aquel lugar, y ante la espera de su respuesta, la duda del varón crecía, él sentía que era muy poco inusual el encontrar cuerpos en tal lugar, incluso sabiendo que ella le había dirigido hasta ahí. Viéndola en todo momento, movería las extremidades que comenzaban a aflojarse por el fuego, tronando incluso algunos huesos que se partían debido al estado helado de la piel, sacando así, de su eje, un hombre y logrando luego quitar aquel abrigo que aquel muerto ya no le servía. –Espero descanse en paz- Diría, sacudiendo el abrigo que yacía con rastros de hielo, y consciente de que aquel se tenía que descongelar, lo dejaría al lado del cuerpo muerto, esperando que igual se derritiera. Si bien pensaba llevar al muerto nuevamente al lugar en donde había perecido congelado, claramente lo dejaba en tal lugar para ver la reacción de la mujer, para indagar en aquella intuición y mal presentimiento que él comenzaba a saborear, atento, pues creía que aquellos ojos ámbar, similares a los de una serpiente, bien escondían mucho más que belleza, pues ciertamente aquella mujer era hermosa, dejando ver esos rasgos filosos que la asimilaban a un reptil, pero él entendía, cual vividor de la arena, que en el desierto, las serpientes no se mueven, esperan.




•••••••••Off Rol•••••••••


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Shurikens (5) (compradas).
Sellos explosivos (2) (comprados).
Bombas de humo (2) (comprados).
Bombas de luz (1) (comprados).


Habilidades Pasivas:


✶Yokukei (翼型, aereodinámico): El control del viento a su alrededor les permite desviar las corrientes de aire que pasen por él, pudiendo así, acelerar dichas corrientes o desviar el mismo viento para generar o quitar la resistencia que el viento pudiera ejercer, pudiendo con esto caer de manera ligera o muy apresurada. Dicho control varía ante el nivel del usuario, y para mejorarse necesita arduo entrenamiento.

✶Heijokyōfushō (閉所恐怖症, Impedimento de espacio cerrado): Los miembros del clan Kashu que nacen con el Kekkei Genkai, bien nacen a su vez con grandes pulmones que son el doble o el triple del tamaño normal que tendría dichos órganos. Su caja torácica mantiene una deformación que contrae y apila los órganos aledaños, para así, poder dar espacio a dichos pulmones, mas debido a esta mutación, la mayoría de los niños nacidos con tales dones, bien fallecen por su incapacidad de tomar grandes bocanadas de aire. Al aprender a respirar con gran profundidad, los miembros del clan pueden contener mucho aire en ellos, pudiendo así, mantener la respiración por un tiempo mucho más prolongado, mas su necesidad de gran cantidad oxígeno los obliga a permanecer en lugares abiertos, pues con el tiempo, los miembros desarrollan un comportamiento claustrofóbico que los lleva a sofocarse cuando sienten que el aire es escaso, llegando al punto de que en lugares con oxígeno bajo, bien caigan desmayados por la falta del mismo. El nivel de incomodidad de los usuarios bien se representa en la tabla de efectos en lugares cerrados (ver aclaraciones).



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Re: Vientos que traen las nubes - Viaje VI - | ❁ |

Mensaje por Narrador el Mar Sep 12, 2017 3:42 pm


Llegaba apenas consciente a la gruta, arrastrada a duras penas por el cantor del viento y con la sensación de unas piernas cada vez menos parte de su propio cuerpo. Lo primero que hizo, una vez dentro, fue deshacerse de la capa sobre su ropa. Estaba mojada por la nieve, dando más frío del que quitaba. A continuación encendió el fuego, agradeciendo la ayuda prestada por su salvador para ello.

Cuando era pequeña, solía venir a jugar aquí — dijo mientras se acercaba al fuego de forma casi peligrosa, deseando sentir ese calor emanado de lenguas ávidas por madera a la que retorcer — . Mis padres eran mercaderes, y pasábamos por estas tierras durante la primavera y el verano. — escueta, aunque que creíble, la explicación se elevaba en un hilo de voz apenas audible  sobre el ruido de las pequeñas ramas ardiendo debajo de las llamas. Se frotó las manos un par de veces, juntándolas y buscando recuperar toda la sensibilidad posible, antes de continuar: — No salí a dar un paseo. Salí a… — en seguida, la siguiente pregunta por parte del pelirrojo la interrumpió; — … Sí, los conocía. Eran parte de nuestro grupo. Raida los… dejó así. Decía que eran una carga, como yo. Pero a mí no quiso matarme. Prefirió abandonarme a mi suerte hace un par de días. — media sonrisa, entre triste y sarcástica, hizo a sus pálidas mejillas mostrar un par de hoyuelos que pronto desaparecieron en favor, una vez más, de la expresión de preocupación cuando el viento ululo a la entrada de la cueva con un fiero aullido. La tormenta no estaba por la labor de amainar pronto.

Los minutos siguientes fueron propiedad del silencio y los ruidos de ambiente. El viento, una vez más aullando en la entrada; las ramas apagando lentamente sus crujidos y tornándose de un negro absorbente a medida que se consumían.
La luz del exterior brillaba, cada vez más, por su ausencia. Llegaba la noche más cerrada todavía.

Habrá que hacer guardia para vigilar el fuego, o terminaremos como ellos. ¿Quieres que haga el primer turno? — dijo un tanto desganada; era normal, estaba agotada y deseosa de irse a dormir, tranquila, por primera vez en días. Aun así, no podía ser una completa desagradecida con el hombre que la había salvado de la dama pálida.

Si la dejaba montar guardia podría descansar, aunque no demasiado. De la otra forma, ella descansaría y estaría en un considerable mejor estado. Cualquiera que fuese su elección, un ruido lo llamaría a las armas en mitad de la noche, a una hora más o menos del cambio de turno.

Pisadas en la nieve, cada vez más cercanas, se arrastraban a través del viento para llegar hasta la cueva, donde la acústica del sitio haría el resto para expandirlas y volverlas claramente humanas. Había alguien demasiado cerca del sitio, coincidiendo además con el punto álgido de la tormenta.  Fuera casi no se podría ni ver por la nieve y el viento helado, capaz de crear sabañones en la piel en cuestión de minutos, y quedarse dentro también conllevaba ciertos riesgos.

Off:
Sayuri:


Orochi Sayuri

"— Por favor… ayúdame... —"
Edad: 23 años



Clan: Orochi
Especialidad Genjutsu {Área}
Elemento: Katon
Rango: Genin
Feudo: N/A – Afiliación desconocida – Alineamiento desconocido

Nin: 7 | Gen: 10 | Tai: 7 | Vel: 10 {-3} | Fuer: 6 | Res: 10
Ilusionista hábil y misteriosa. Abandonada por los suyos en mitad del camino por resultar una carga.



A tener en cuenta:

¡Wololo! Primero que nada, me vas a disculpar la tardanza en postear. he estado un par de días -más de la cuenta- un tanto desconectado, al menos cerebralmente xD. Muchas gracias por tu paciencia ~

Ahora bien, respecto al post, tus posibles opciones son:

Sayuri descansa, tú montas guardia: Al estar más descansada, podría aumentar sus capacidades de cara a un hipotético combate.

Sayuri monta guardia, tú descansas: Situación contraria a la anterior. Sayuri se encontraría cansada y algo lenta de reflejos en el caso de un posible combate.

Respecto a las pisadas en el exterior, puedes hacer también dos cosas:

Sales fuera a investigar: El viento helado y una cortina de nieve en constante caída no te dejan ver nada ni oír demasiado. El sonido de las pisadas parece, a ratos, más cercano y más lejano a la vez. No sabes qué pasa exactamente.

Te quedas dentro y te preparas para el combate: Al cabo de unos minutos, alguien entra a la cueva. No lo ves bien, pues el fuego es débil a estas alturas, pero al menos tienes la ventaja de poder posicionarte dónde quieras dentro de la zona. Ganas un ataque sorpresa (el primer jutsu que lances no restará del total). Pelear en el interior, como sea, es peligroso. Las paredes de la cueva podrían colapsar con el uso de determinadas técnicas.

Si tienes cualquier duda, o necesitas algo, ya sabes que puedes contactarme por MP a Sukino u Oyuky, y yo te mandaré lo que necesites. ^^
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Re: Vientos que traen las nubes - Viaje VI - | ❁ |

Mensaje por Zhorin Kashu el Sáb Sep 16, 2017 4:49 am



- | ❁ | -





•••••••••Rol•••••••••


Ninjutsu:

9

Taijutsu:

10

Genjutsu:

4

Velocidad:

12

Resistencia:

9

Fuerza:

7

Jutsus:

[G]6/6 [C]0/0 [J]0/0 [S]0/0



El baile interminable de aquel fuego fielmente desviaba la mirada del pelirrojo por sobre la muchacha que había rescatado, firme en aquella curvatura oscilante que aparentaba apagarse, para de la nada, revivir con aquella fuerza de salto que el viento, aunque frío, bien le alimentaba. Aquella mujer era una chica hermosa, de eso no había duda, pero el misticismo que en su presencia se postraba, bien que hacía dudar al joven del viento por sobre su verdadera realidad, y aunque él le hubiera desviado el tema por sobre su verdadero motivo de visita, bien que rebuscaba presentimientos tras la aclaración de un nombre que saborearía en su mente cual palabra sin aprender << “Raida” >> Se debatiría a sí mismo por sobre aquel tercero que desconocía, y que por lo que le decía, era una de esas personas implacables que odian, en todo momento, el cargar con peso muerto.

El muchacho respiraría profundo, un tanto intranquilo pues aquella cueva, por más cerrada y aireada que fuera, bien que era un lugar cerrado, uno donde solo una única salida aparentaba mostrarse, y a la vez, donde una única luz comenzaba a menguarse tras el decaer de la tarde que acompañaba la nieve lírica y constante, tan invasiva como una plaga de arena que rebuscaba en sus recuerdos vividos del desierto. Suspiraría, calmándose, y enfocando su concentración en la de cabello azabache, bien que comenzaría a distraerse por sobre su incidencia ligeramente mezclada a la claustrofobia.

Notaría entonces la voz de la dama, tranquila, emancipada ante su comportamiento que demostraba, por lo menos en incidencias, en que aquella ya había vivido una situación como ésta antes, y tras su resguardo con el fuego, y la falta de miedo por el mismo, el muchacho entendía que en aquel país tan congelado, bien que había un aprecio por tal elemento salvaje. Le escucharía así como un viajero escucha un cuento de terror local proveniente de un lugareño, y de la misma manera en que acomodaba un mechón de pelo rebelde que se le rebuscaba por entre la mirada, bien que alzaría su ceja diestra al notar la ligera con la cual la muchacha hablaba de sus compañeros, casi como si la muerte de los mismos le fuera tan indiferente como su abandono en la nieve. A ciencia cierta, el Kashu tampoco era una persona apegada a los grupos, es más, siempre andaba solo, y la última misión que tuvo, allá en la cárcel del desierto, bien partió dejando a los otros infiltrados adentro, como si nada le importara la vida de los mismos, y por ende, como si poco le interesara si vivieron o no; relamería una sensación de parentesco que le resultaba familiar, y aunque ella presumiera de una crianza con padres comerciales, el joven poco más diría por sobre sus orígenes o destinos, sencillamente se callaría y se apoyaría, escuchando ahora todo lo que la mujer tendría que decirle.

-Yo haré el primer turno, no te preocupes- Cortaría su silencio tras escuchar como aquella se ofrecía a tomarlo, y aunque la misma se notara cansada, el muchacho pelirrojo bien que no se ofrecía por caballerosidad o cotilleo, sino por un motivo más profundo y despiadado que lo mantenía un tanto distante de aquella mujer entumecida por el clima. A decir verdad, Zhorin tomaba se había ofrecido para así no dormir ante una desconocida que había recién encontrado en tal camino perdido, pues conociéndose, sabía que si cerraba sus ojos ante aquel ambiente con temperaturas tan extremas, claramente caería rendido tras su batalla con Morfeo; temeroso de un ataque tras su descuido, aquel joven prefería que la mujer descansara antes de que prestara una oportunidad para asesinarle, y a pesar de que ciertamente no dudara de la mujer, aún no sabía ni su nombre, y por ende, esperaba ser precavido tras ese lugar desconocido y en víspera de guerra. Ciertamente el joven de la arena no era paranoico al hablar de confianza con extraños, mas su vida como comerciante en aquel lugar apartado bien que lo habían vuelto desconfiado; él muchas veces en sus inicios como negociador había perdido dinero y recursos tras estafas en las que caía por el simple ámbito de ser amable, aprendiendo así a buscar el “lado malvado” de la peor situación que podría imaginarse, y aunque su personalidad fresca lo hacía despreocupado y flexible por sobre su trato, bien que había adquirido una faceta de ficticia de aparentar ser siempre un ingenuo, todo con aquel motivo de esperar que la verdadera realidad de las contrapartes salgan a relucir. Entonces se quedaría de pie, haciendo un ademán con sus hombros para darle a entender a la mujer que él se quedaría atento del fuego, después de todo, no era un trabajo tan complicado, y viendo cómo se acomodaba ante el borde del fuego que la aclimataba, bien que contornearía la silueta de la misma tras haberse despojado de aquel ropaje ancho que yacía mojado por el frío.

-Sabes, no sé qué me parece más curioso: el que hayas sobrevivido un par de días en ésta zona alejada tras ser “abandonada”, o que sencillamente no hayas regresado a tu origen tras ver o suponer la muerte de tus compañeros. Supongo yo, que alguna misión has de tener, pues una persona “ordinaria” poco tiempo duraría en un clima como éste, aunque bueno, ¿qué se yo de este lugar?, realmente nada, es más, se todo lo contrario a un paisaje como éste- Hablaría tranquilo esperando que la joven pensara que él era más listo de lo que ella creía, y aunque sus suposiciones eran ciertas, claramente las pronunciaba sin esperar que la mujer le respondiera, pues aquel muchacho se comunicaba sin mirarla, incluso esperando que aquella, que aparentaba estar dormida, bien que le ignorara ante el confort de la fogata.

Si bien aquel muchacho quiso decir muchas cosas más, o en ello, esperar que le respondieran un sinfín de dudas que originaba su rebuscar de analogías, el cansancio de la dama aparentaría recaer en el sueño, pues el movimiento vago de la misma demostraba aquella tranquilidad que podría pasarla de muerta; le vería ligeramente, aún un tanto reacio a creer que todo estaba tan tranquilo como su rostro aparentaba estarlo, y desprendiéndose de la pared, se estiraría un poco para comenzar su guardia ante la postura del fuego que de vez en cuando menguaba, y él se hincaba para así avivarlo tras los suspirares de ventadas ligeras, o las ramas que alguien, tal vez del grupo pasado, había acumulado en aquel lugar. El tiempo pasaría, y la espera por sobre el menguar de la tormenta bien que comenzaba a generar una angustia de partida que mostraba al joven ansioso, pues si por él fuera, y si dicha ventisca apaciguaba su furia gélida, bien que aquel hombre dejaría a la mujer dormida en soledad, retomando su viaje retrasado que ahora perdía tras el decaer de la luz ante el ocaso inminente y fugaz. Curiosamente en los países del norte, la noche llegaba rápido tras las pocas horas que el sol permitía dar, dando noches largas y frías ante un paisaje desolado que se asimilaba al del desierto; poco a poco la luz que daba a la entrada de la cueva, cada vez se difuminaba más tras los copos de nieves que giraban en torno al viento de las afueras, y si bien el muchacho miraba al vacío en aquel lapsus mental que acostumbraba en su relajación, siempre mirando a la “nada”, bien que sus oídos acostumbrados al sonido le alertarían de los pasos que rebuscaban entrar en los aposentos que aquella pareja compartían con el fuego. << ¿Y eso? >> Pensaría el joven alzando su ceja tan pelirroja como su cabello, dudando por un momento de lo que verdaderamente escuchaba, pues los de su clan acostumbraban a saber diferenciar los ruidos traídos por el viento.

Sin siluetas claras debido al viento nevoso que yacía en las afueras y que poco a poco se atrevía a adentrarse a la cueva, la preparación del joven y el desconocer del terreno, lo hacían erguirse y descolgarse el gunbai para así empuñarlo tan ligero como una pluma, preparado para un combate que ciertamente no deseaba, pues a pesar de que aquel muchacho no tuviera en claro que las pisadas fueran de un enemigo, lo único que conocía era que alguien de nombre “Raida” era lo más cercano a un tercero en aquel lugar… ¿Pero y si se equivocaba?, ¿si aquel hombre ni siquiera estaba cerca?, ¿si era alguien más en búsqueda de refugio, ¿o si aquella mujer le mentía?. El dudar del Kashu por sobre el quehacer le haría suspirar decepcionado, y aunque con un blandir de su arma emanaría una fuerte ráfaga cortante que podría ser suficiente como para abatir a una persona ordinaria, bien que él no era un asesino a sangre fría que podría cargarse a cualquiera por gusto, no, él tenía que tener algún motivo, y precavido de lo que hacía, haría un par de sellos y luego canalizaría su chakra en aquella arma para así ondearla en un súbito cortar de aire que buscaría, en primera instancia, el evitar apagar el fuego que yacía a su adyacencia. La técnica era impecable, de eso no hay duda, pues tras el mover de su mano, y con ello, el arrastrar del viento con su arma, bien que una especie de corriente de aire estática se generaría por entre el costado derecho de la cueva, aquel costado en el que él estaba y que bien recorría hasta la entrada, echando para atrás parte de aquella ventisca que entraba al recinto y que mostraba al tercero tras el revertir del viento, pues era evidente para cualquiera que aquella habilidad había cambiado el flujo de aire en aquel lugar; la ráfaga fija, aunque invisible para un ojo ordinario debido a que no era más que aire, bien que se mantenía constantemente fluyendo, sin despotenciarse o perderse, a la espera al parecer del porvenir.

-Y yo que pensaba tener un viaje “fresco”, pero este frío es absurdo-
diría a voz leve como para sí mismo, haciendo una especie de broma sin sentido con referencia a su clan.




•••••••••Off Rol•••••••••


Inventario:


Pergamino sellado del Tetsu Rinri.
Onpu: Re (entrenada).
Onpu: Shi (entrenada).
Shurikens (5) (compradas).
Sellos explosivos (2) (comprados).
Bombas de humo (2) (comprados).
Bombas de luz (1) (comprados).


Habilidades Pasivas:


✶Yokukei (翼型, aereodinámico): El control del viento a su alrededor les permite desviar las corrientes de aire que pasen por él, pudiendo así, acelerar dichas corrientes o desviar el mismo viento para generar o quitar la resistencia que el viento pudiera ejercer, pudiendo con esto caer de manera ligera o muy apresurada. Dicho control varía ante el nivel del usuario, y para mejorarse necesita arduo entrenamiento.

✶Heijokyōfushō (閉所恐怖症, Impedimento de espacio cerrado): Los miembros del clan Kashu que nacen con el Kekkei Genkai, bien nacen a su vez con grandes pulmones que son el doble o el triple del tamaño normal que tendría dichos órganos. Su caja torácica mantiene una deformación que contrae y apila los órganos aledaños, para así, poder dar espacio a dichos pulmones, mas debido a esta mutación, la mayoría de los niños nacidos con tales dones, bien fallecen por su incapacidad de tomar grandes bocanadas de aire. Al aprender a respirar con gran profundidad, los miembros del clan pueden contener mucho aire en ellos, pudiendo así, mantener la respiración por un tiempo mucho más prolongado, mas su necesidad de gran cantidad oxígeno los obliga a permanecer en lugares abiertos, pues con el tiempo, los miembros desarrollan un comportamiento claustrofóbico que los lleva a sofocarse cuando sienten que el aire es escaso, llegando al punto de que en lugares con oxígeno bajo, bien caigan desmayados por la falta del mismo. El nivel de incomodidad de los usuarios bien se representa en la tabla de efectos en lugares cerrados (ver aclaraciones).


Habilidades Usadas:


✶Nombre: Kontorabasu(コントラバス, Contrabajo): Tras realizar los sellos, el usuario concentra una buena cantidad de chakra en su arma, para así, blandirla y generar una ráfaga fija de viento que se mantiene en el aire estática, sin moverse o cambiar de dirección. Dicha ráfaga no desaparece hasta que el viento en ella se desvanezca. La cantidad de turnos que permanece la ráfaga es:

Gennin: 1 turno.
Chunnin: 2 turnos.
Jounnin: 3 turnos.
Sannin: 4 turnos.




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Re: Vientos que traen las nubes - Viaje VI - | ❁ |

Mensaje por Narrador el Dom Oct 08, 2017 5:18 am


Tampoco tengo adónde regresar. — dijo ya hecha un ovillo cerca del fuego. El calor, tras horas de frío intenso, iba poco a poco devolviéndole el sentido a sus miembros. No quiso, o no pudo, responder a lo demás, y simplemente se dejó arrastrar por el cansancio hacia un sueño profundo, casi imperturbable.

En cuanto puso el primer pie dentro de la cueva, notó el cambio en el viento. La forma antinatural en que fluía, apartando copos de nieve y reteniéndolos en la entrada, se unían a la silueta inesperadamente masculina erguida al lado del fuego, con un arma imponente como compañera y una mirada que, sin duda, lo buscaba a él.

A medida que la nieve seguía desapareciendo de la entrada, la silueta del tercero en discordia adquiría detalles y matices, partes visibles iluminadas por el fuego que se alimentaba de esa misma corriente fijada en mitad del aire como por arte de magia.
Era un hombre de alrededor de treinta y muchos años. Vestía casi como un vagabundo, con harapos casi tan viejos como él y una capa de viaje gruesa; tenía el pelo largo y desordenado, y las facciones afiladas, también muy maltratadas por la edad. Le coronaba el gesto un único ojo sano teñido de miel tostada y remataba una perilla de chivo descuidada y sucia. Y tal vez eran las múltiples cicatrices en la parte visible de su cara, aquella que no se ocultaba debajo de vendas o de la propia ropa, o quizá la edad, lo que le otorgaba una apariencia a todas luces peligrosa.

Otro niñato al que engaña esa víbora — dijo, al mismo tiempo que dibujaba una mueca entre la ironía y la compasión en el gesto.

Una oportuna Sayuri, a espaldas del domador de corrientes, entreabrió apenas los ojos para vigilar a su compañero, y sintió el horror recorrerle todo el cuerpo cuando, siguiendo la línea imaginaria de la visión de este, encontró la figura de Raida en la entrada.

¡R-Raida! — gritó, y se arrastró lo más lejos posible de la hoguera, como si se hubiese quemado de repente. Le costaba hasta realizar la más mínima acción, pues sentía verdadero horror por aquel parado donde la ventisca ya no se atrevía a soplar.

Me ha costado encontrarte esta vez, zorra. Pero, como todas las ratas, siempre vuelves a tu madriguera. Es hora de que esta cueva también se convierta en tu tumba. — frío, más incluso que el hielo, el más viejo del enclave en mitad de la nada echó las dos manos a su espalda, cruzadas, con la diestra dirigiéndose al hombro zurdo y viceversa, y sendos sonidos metálicos inundaron el aire por un instante, anunciando la liberación de los aceros.

Off:
Sayuri:


Orochi Sayuri

"— Por favor… ayúdame... —"
Edad: 23 años



Clan: Orochi
Especialidad Genjutsu {Área}
Elemento: Katon
Rango: Genin
Feudo: N/A – Afiliación desconocida – Alineamiento desconocido

Nin: 7 | Gen: 10 | Tai: 7 | Vel: 10 {-3} | Fuer: 6 | Res: 10
Ilusionista hábil y misteriosa. Abandonada por los suyos en mitad del camino por resultar una carga.



Raida:

Hozuki Raida

"— Otro niñato al que engaña esa víbora —"
Edad: 36 años



Clan: Hozuki
Especialidad Kenjutsu [Arte Elemental || Arte Veloz]
Elemento: Suiton
Rango: Chunin
Feudo: N/A – Afiliación desconocida – Alineamiento desconocido

Nin: 8 {+2} | Gen: 7 | Tai: 12 | Vel: 11 {+2} | Fuer: 7 | Res: 9
Hombre mayor, muy maltratado por la vida y con un carácter de perros. Espadachín hábil en el uso de dos armas.


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Re: Vientos que traen las nubes - Viaje VI - | ❁ |

Mensaje por Zhorin Kashu el Jue Oct 12, 2017 6:36 pm



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•••••••••Rol•••••••••


Ninjutsu:

9

Taijutsu:

10

Genjutsu:

4

Velocidad:

12

Resistencia:

9

Fuerza:

7

Jutsus:

[G]5/6 [C]0/0 [J]0/0 [S]0/0



El viento se deslizaba por las paredes de aquella cueva como si una ráfaga mágica le empujara hasta las afueras; por su costado, el aire se acumulaba en aquella tendencia de aire frío que se dejaba ver tras el desliz de oxígeno a arrastras, como una pared un tanto traslúcida que comenzaba a apoderarse de aquel extremo, y conforme la silueta del hombre se mostraba errante en sus palabrerías viles, aquel pelirrojo las escucharía con esa presuntuosa forma de obrar. El Kashu no era una persona confiada, tampoco era alguien del cual se dejara guiar ante las apariencias, y aunque la dama herida yacía aparentemente exhausta, la frase de aquel intruso le haría dudar momentáneamente por sobre a quién asistía. << ¿A qué se refiere? >> Pensaría, comenzando a moverse conforme el sonido de los aceros lo mostraba con esa habilidad innata del doble empuñar.

En primera instancia, el evitar un curtir de navaja sería su primera importancia, incluso por sobre el proteger o no a la joven, pero en su mente algo mucho más profundo que la traición se comenzaba a escurrir tras sus recuerdos de misión: él, asignado como viajante, llevaba consigo ese pergamino de información que necesitaba, en cierto modo, “resguardar”, y la aparición de aquel sujeto le daba la posibilidad de replantear su posición ante ser enviado a aquel lugar frío. El muchacho de aire analizaría aquella escena conforme se desenvolvía, simultáneo al blandir de los mangos que igual lo mostraba a él en movimiento, y aprovechando la ráfaga que yacía creada, y sacando un par de shurikens de su paquete, haría una zancada de aire con su gunbai enfocado de energía, y con ello, aprovechando el muro de viento que había generado con anterioridad, desprendería desde tal costado aquel par de golpes de aires que emergerían repentinamente y con la ávida velocidad en que la mismísima ráfaga que mantenía llevaba. Viajarían entonces aquel ataque, potenciado por aquel control elemental que su entrenamiento le daba, separándose en aquella curvatura de elíptica que enfocaba un único punto: el rufián, y aunque la velocidad del contrario fuera evidente ante su desplazar, la aparición en un punto ciego haría inmensamente complicado que aquel sujeto le evitara, después de todo, era un espacio abierto, es verdad, pero igual reducido. Habría que destacar que el sonido de aquella habilidad era peculiar, en especial por su viaje con eco que aquel paisaje le daba, confundiendo incluso su origen por el rebotar que las ondas sonoras daban ante aquella cueva fría, y como si las cosas no fueran de por si complicadas, el arremeter del contrario le haría víctima igual del lanzamiento de aquellos dos metales en forma de estrella, que viajarían en línea recta esperando anticipar el retroceder del ¿enemigo?. Si el rival pudiera, en dado caso, detenerla con alguna habilidad, chocaría con la primera dejando que la segunda le impactara con aquel daño reducido que una única ráfaga pudiera dejar, y si por casualidad pudiera notar aquella técnica, incluso desconociendo su aparición, tendría entonces que replantear su embestida armada para así poder prestar asistencia a aquel desplazamiento de filos que le apuntaba, esperando lastimarlo.

Por su parte el Zhorin vería al sujeto, siempre estando él cercano a la pared, y mientras su cabellera se movía con aquel azar del mismísimo viento, claramente entendía que debía estar atento del impactar de los golpes, pues aquello era una cueva sujeta al soporte que sus paredes y estructuras pudieran darle.

-Sería muy grato que, en vez de blandir tus armas, te presentes, pues en tiempos tensos, cualquier mala acción puede traer una guerra, y no creo que tu feudo deseara eso- Diría el muchacho tras el acontecimiento de su ataque, con un tono tranquilo que no era insubordinado, pero tampoco agresivo, esperando dar con alguna información que le sirviera para cumplir su verdadera misión, pues para él, tranquilamente podría pasar de aquella mujer sin sentir remordimiento alguno, firme en su postura de hallar soluciones simples antes problemas emergentes, después de todo, él era así, fresco.




•••••••••Off Rol•••••••••


Inventario:


Pergamino sellado del Tetsu Rinri.
Onpu: Re (entrenada).
Onpu: Shi (entrenada).
Shurikens (5) -2=3 (compradas).
Sellos explosivos (2) (comprados).
Bombas de humo (2) (comprados).
Bombas de luz (1) (comprados).


Habilidades Pasivas:


✶Yokukei (翼型, aereodinámico): El control del viento a su alrededor les permite desviar las corrientes de aire que pasen por él, pudiendo así, acelerar dichas corrientes o desviar el mismo viento para generar o quitar la resistencia que el viento pudiera ejercer, pudiendo con esto caer de manera ligera o muy apresurada. Dicho control varía ante el nivel del usuario, y para mejorarse necesita arduo entrenamiento.

✶Heijokyōfushō (閉所恐怖症, Impedimento de espacio cerrado): Los miembros del clan Kashu que nacen con el Kekkei Genkai, bien nacen a su vez con grandes pulmones que son el doble o el triple del tamaño normal que tendría dichos órganos. Su caja torácica mantiene una deformación que contrae y apila los órganos aledaños, para así, poder dar espacio a dichos pulmones, mas debido a esta mutación, la mayoría de los niños nacidos con tales dones, bien fallecen por su incapacidad de tomar grandes bocanadas de aire. Al aprender a respirar con gran profundidad, los miembros del clan pueden contener mucho aire en ellos, pudiendo así, mantener la respiración por un tiempo mucho más prolongado, mas su necesidad de gran cantidad oxígeno los obliga a permanecer en lugares abiertos, pues con el tiempo, los miembros desarrollan un comportamiento claustrofóbico que los lleva a sofocarse cuando sienten que el aire es escaso, llegando al punto de que en lugares con oxígeno bajo, bien caigan desmayados por la falta del mismo. El nivel de incomodidad de los usuarios bien se representa en la tabla de efectos en lugares cerrados (ver aclaraciones).


Habilidades Usadas:

✶Nombre: Harunosasayaki (春の囁き, Susurro de la primavera):  Acelerando el viento en su cercanía, el usuario desvía una gran cantidad de chakra hacia su arma para así canalizar el viento tras su blandir, desprendiendo una fuerte ráfaga visible de aire concentrado, que mientras viaja deja un sonido similar a un susurro. La ráfaga es un fuerte golpe redireccionable, cuyo poder de impacto se basa en los puntos de Ninjutsu, y puede lanzar varias ráfagas con la misma cantidad de aire acelerado a su alrededor.

✶Tras el ataque se desaparece el muro creado por el: Kontorabasu.


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Última edición por Zhorin Kashu el Jue Oct 12, 2017 6:41 pm, editado 2 veces (Razón : Error de html.)
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Re: Vientos que traen las nubes - Viaje VI - | ❁ |

Mensaje por Narrador el Sáb Oct 21, 2017 11:42 pm


La rápida ejecución de Zhorin pilló desprevenido al espadachín, pudiendo esquivar sólo el primero de los dos golpes. Los susurros del viento entremezclándose por el eco de la caverna lo confundieron, dejándolo indefenso frente al segundo impacto. Las estrellas de metal fueron lo único que sus aceros, ya fuera de la protección de la madera, pudieron palpar como algo sólido. En un movimiento ágil, aquel a quien lo abanderaba la experiencia se deshizo de sendas estrellas, y a continuación retrocedió un paso que se vio acompañado por un gruñido.

¿Feudo? — dijo con sorna — Qué se pudran. Así se los lleve una ventisca. — añadió después, con evidente tono de asco mezclado con rencores de raíces tan profundas que ya eran imposibles de extraer. Algo le debían haber hecho para odiarlos de esa manera.

Sayuri, mientras tanto, se acercó al fuego. La caída de la temperatura durante la noche más profunda había vuelto a entumecer sus dedos, dejándola sin posibilidades de realizar sellos. Esta vez, pero, había algo distinto. Ya no hablaba, se centraba en actuar, como si quisiera silenciar al hombre antes de que este dijese una palabra de más.

¡Esta vez no, víbora! — chilló desde el frente Raida. Estaba clara la relación de enemistad entre ambos dos, lo que quedaba por determinar era el motivo, algo que no tardó en salir a la luz: — ¡No me iré de aquí sin que pagues por la muerte de Saika y Toshiro! ¡Ellos no tenían nada que ver en esto, arpía! ¡Habían dejado la miseria de tu tierra y encontrado en esta la felicidad!

¡No lo escuches! — gritó entonces Sayuri desde la retaguardia. El tono se le había quebrado a mitad de la frase a causa del miedo — ¡Está intentando confundirte! ¡Fue él quién los mató y me abandonó aquí!

Las voces de ambos se fundían en el aire. Los dos parecían afectados, dolidos, aunque por diferentes motivos, al mismo nivel. Pero sólo uno de ellos decía la verdad. Para el domador de las corrientes, la decisión ahora se volvía más complicada.
Por un lado estaba Sayuri, quien, y a pesar de haber contado con ocasiones suficientes, no había intentado llevárselo al otro barrio. Ahora débil, a la mujer le quedaban escasos segundos para recuperar el control de sus articulares y con ello, su poder.
Mientras, en el otro extremo se encontraba Raida. Agresivo desde el principio, parecía más que decidido a pasar por encima de quien hiciese falta, extranjero o no, conocido o desconocido, para llegar hasta la mujer de rasgos ofidios y acabar con su existencia. Sin embargo, no había demostrado especial interés en él, ni siquiera se había molestado en dedicarle más que las acostumbradas miradas de vigilancia, propias de quien ya ha vivido el combate en sus carnes durante muchos años.

Afectado por las palabras de Sayuri, el último en hacer acto de presencia no lo dudó. Arrojó sendas espadas al frente, sólo con la intención de distraer, y juntó las manos en rápidos sellos que no tardaron en materializarse por detrás del acero. Un torrente de agua llenó rápidamente el espacio entre el guerrero curtido y sus armas. Chocó con una violencia tal en el suelo, que todo el lugar retumbó, y avanzó rápidamente en dirección al fuego. De no hacer nada, esa pequeña hoguera que mantenía el ambiente caldeado se apagaría para siempre, sumiéndolo todo en la oscuridad más absoluta. Si por el contrario decidía impedirlo, bloqueando las gélidas turbulencias cargadas de deshechos con una de sus ráfagas, el lugar permanecería iluminado por el momento, y la ofidia tendría ocasión de realizar los sellos que tanto necesitaba.

La elección, como fuese, había de ser rápida. Jugárselo todo a una carta era su única opción realmente viable.

Off:


Notas:

♣️ Piensa bien en lo que harás, pues tu siguiente movimiento te situará en un bando, otro o en ningún.

♣️ Aconsejo revisar los post anteriores para tomar una mejor decisión.

♣️ No olvides tu objetivo principal.

Sayuri:


Orochi Sayuri

"— Por favor… ayúdame... —"
Edad: 23 años



Clan: Orochi
Especialidad Genjutsu {Área}
Elemento: Katon
Rango: Genin
Feudo: N/A – Afiliación desconocida – Alineamiento desconocido

Nin: 7 | Gen: 10 | Tai: 7 | Vel: 10 {-3} | Fuer: 6 | Res: 10
Ilusionista hábil y misteriosa. Abandonada por los suyos en mitad del camino por resultar una carga.
Técnicas: No puede realizarlas este turno. Realizará dos al inicio del siguiente.



Raida:

Hozuki Raida

"— Otro niñato al que engaña esa víbora —"
Edad: 36 años



Clan: Hozuki
Especialidad Kenjutsu [Arte Elemental || Arte Veloz]
Elemento: Suiton
Rango: Chunin
Feudo: N/A – Antifeudal – Alineamiento desconocido.

Nin: 8 {+2} | Gen: 7 | Tai: 12 | Vel: 11 {+2} | Fuer: 7 | Res: 9
Hombre mayor, muy maltratado por la vida y con un carácter de perros. Espadachín hábil en el uso de dos armas.

Técnicas:
Elemento Agua: Olas Furiosas (水遁・水乱波, Suiton: Mizurappa)
[No progresiva | Ninjutsu]
Una vez realizada una cadena de sellos, el usuario concentra una gran cantidad de chakra en su boca que es expulsada como un potente chorro de agua, formando una catarata de alta presión que arrasa todo lo que se encuentra a su paso. Esta técnica no causa un gran daño por sí sola, pero su potencia es suficiente como para desequilibrar y empujar a uno o varios enemigos. La potencia del jutsu varía dependiendo de la cantidad de puntos stat Ninjutsu que el usuario posea. También sirve para dejar charcos poco profundos en el campo de batalla.


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Re: Vientos que traen las nubes - Viaje VI - | ❁ |

Mensaje por Zhorin Kashu el Lun Oct 23, 2017 5:39 am



- | ❁ | -





•••••••••Rol•••••••••


Ninjutsu:

9

Taijutsu:

10

Genjutsu:

4

Velocidad:

12

Resistencia:

9

Fuerza:

7

Jutsus:

[G]3/6 [C]0/0 [J]0/0 [S]0/0



Desde que tiene uso de razón, Zhorin siempre fue una persona que, aunque jamás buscara problemas o situaciones complicadas, bien que era habitual el vérsele inmiscuido en cualquier tipo de asuntos que llevaran a alterar su paz tan natural como el mismo aire que respiraba. Él, fiel perseguidor de la calma, solía estar envuelto en aquella brisa apaciguada que de la nada se volvía en una tempestad alocada, y justo ahora, tras su viaje sin mayores complicaciones, bien que se acoplaba a una disputa de ideales que iba mucho más allá de rencores, de lamentos y de percepciones. Entonces estaba ahí, tranquilo, virtuoso de que su habilidad, tan diestra como oportuna, bien pudo haber detenido el avanzar de aquel hombre curtido, pero que ahora, tras la sinfonía de palabras que debatían, iniciaba una disputa que podría dejar mal parado a cualquier ser con comportamiento habitual; el escenario turbio se convertía en uno de desesperanza, y esa sensación salomónica de niño abandonado ante el divorcio de sus padres, bien que podría confundir a cualquiera, pero aquel pelirrojo difería de lo que un joven promedio podría considerar, pues él, divergente a su realidad agitada, claramente segraba indiferencia ante su manera de actuar. El Kashu no dudaba al decidir, pues él no sentía esa necesidad de escoger un bando, él no lloraría por ir con un padre o con el otro, no, él era capaz de impartir un propio camino que era narrado por su objetividad, y ahora, aunque la moralidad de sus actos se veía en juego tras su servicio para aquel feudo despiadado, bien que no titubearía tras ese enfoque de misión que aún ahora tenía en mente, y por lo tanto, mantenía como prioridad.

Suspiraría entonces, al escuchar como el hombre experimentado anunciaba a diestra y siniestra su repudio hacia los feudos, y de la nada, esa misma expresión desastrosa destruiría todo presentimiento que aquel joven pudiera tener por sobre el otro caballero. Zhorin en sus inicios esperaba que aquel de doble blandir fuera un enviado de algún feudo, firme en aquella casería de delincuentes que en el mejor de los casos, le abriría las puertas suficientes como para dar aquella coartada de escape tras su pergamino protegido, pero no, pues ahora, de la nada, duda no le quedaba a aquel sujeto de que el varón armado solo era uno de aquellos alejados a los que los reinados pudieran darle, y así como deducía que él no era el adecuado para postrarse en misión, bien que daría por entendido de que aquella dama, por el contrario, si lo era. << Y todo el que odia a los feudos, bien que lucha contra los que los siguen >> Pensaría sin titubear aquel muchacho, sacando en vida todas esas experiencias que había tenido que vivir tras nacer y ser criado en aquel desierto con régimen autoritario; para nadie era un secreto el suponer que lejos de toda guerra, solo había dos bandos, los que apoyaban los reinados, y aquellos que esperaban que la anarquía les trajera libertad, y al no estar en uno, claramente se pertenecía al otro.

Su cabello tan rojo como un tomate se movería tras el entrar de aquella ráfaga helada que apodaba a la ventisca de afuera, y así con la inmediatez en que el ajeno de despojaba de sus espada en son de distracción, aquel joven de viento ya había tomado una decisión que optaba, a ciencia cierta, por sus interés con el feudo, después de todo, Zhorin ciertamente no apoyaba el sacrificio sin motivo de alguno de sus compañeros, pero él, como seguidor de la arena, hacía tiempo que solo le importaba él mismo, y por ende, su gente, su clan, y aquel peligro inminente que pudieran ocasionarle el traicionar a ese hombre que ahora servía. Respiraría profundo, siempre con la habilidad innata de sus pulmones agrandados, y casi paralelo a como el contrario se movía incluso después del golpe de una ráfaga reducida, bien que llevaría su mano libre hasta su retaguardia, tomando luego aquella arma escondida que se desenfundaba para dejarse mostrar cual daga hermosa que se dejaba accionar inversamente al sacarse, y así como canalizaba el chakra al empuñarla, bien que la lanzaría hasta aquel punto medio que se alejaba un tanto del fuego, pero que bien cortaba la trayectoria del ataque contrario; aquella arma era curiosa, pues su filo hermoso estaba diseñado para viajar cortando el mismísimo viento, y sus bordes planos permitían darle un vuelo preciso que sumado a la habilidad del Kashu por sobre las ráfagas, bien que le permitía un asombroso viajar ante la rapidez de aquel utensilio.

Si bien el arma viajaría con la inmediatez en que era lanzaba, y se aceleraba para superar a las distractoras, el empujar por sobre la pared del joven del desierto lo tildaría en un súbito desplazar hasta la retaguardia del enemigo, y un tanto elevado y alejado, Zhorin haría los sellos necesarios que le brindarían la oportunidad de no ser el “foco de atención”, pues con el paralelismo en que su cuerpo yacía ya con el chakra acumulado, aquella daga se accionaría sola debido al mecanismo de retardo, y dejaría ver ese hermoso abanico que de la nada, desplegaría una fugaz ráfaga que apartaría las armas, y por ende, haría barrera ante aquel agua corriente que esperaba apagar el fuego ahora avivado por el oxígeno que tal habilidad le proporcionaba. Como si fuera poco, la sorpresa de aquel pequeño tornado no quedaría impune, pues, así como el mismo emergía, el manipulador de ráfagas blandearía su gunbai tras esos sellos que ya había realizado, y canalizando su energía, dejaría apreciar aquella sonante ráfaga de aptitud cortante que viajaría en dirección fija del hombre distraído, pues ahora, encerrado ante una bi-pared de viento, el frío en el interior comenzaba a desprenderse, pues aquella ventada no sería amable en su intensidad.

Caería entonces tras su ataque, aun empuñando su arma, esperando que aquella técnica de su daga fuera lo suficientemente fuerte como para sostener el agua, y a la vez, que su ataque cortante estuviera a la altura de acabar con el enemigo, pues aunque el sonido que aquella habilidad la hiciera evidente, el resonar del eco ante ambas fuentes de ráfagas, claramente dejaría una sinfonía de tonos que podría confundir la mente de cualquiera.




•••••••••Off Rol•••••••••


Inventario:


Pergamino sellado del Tetsu Rinri.
Onpu: Re (entrenada).
Onpu: Shi -Lanzada- (entrenada).
Shurikens (5) -2=3 (compradas).
Sellos explosivos (2) (comprados).
Bombas de humo (2) (comprados).
Bombas de luz (1) (comprados).


Habilidades Pasivas:


✶Yokukei (翼型, aereodinámico): El control del viento a su alrededor les permite desviar las corrientes de aire que pasen por él, pudiendo así, acelerar dichas corrientes o desviar el mismo viento para generar o quitar la resistencia que el viento pudiera ejercer, pudiendo con esto caer de manera ligera o muy apresurada. Dicho control varía ante el nivel del usuario, y para mejorarse necesita arduo entrenamiento.

✶Heijokyōfushō (閉所恐怖症, Impedimento de espacio cerrado): Los miembros del clan Kashu que nacen con el Kekkei Genkai, bien nacen a su vez con grandes pulmones que son el doble o el triple del tamaño normal que tendría dichos órganos. Su caja torácica mantiene una deformación que contrae y apila los órganos aledaños, para así, poder dar espacio a dichos pulmones, mas debido a esta mutación, la mayoría de los niños nacidos con tales dones, bien fallecen por su incapacidad de tomar grandes bocanadas de aire. Al aprender a respirar con gran profundidad, los miembros del clan pueden contener mucho aire en ellos, pudiendo así, mantener la respiración por un tiempo mucho más prolongado, mas su necesidad de gran cantidad oxígeno los obliga a permanecer en lugares abiertos, pues con el tiempo, los miembros desarrollan un comportamiento claustrofóbico que los lleva a sofocarse cuando sienten que el aire es escaso, llegando al punto de que en lugares con oxígeno bajo, bien caigan desmayados por la falta del mismo. El nivel de incomodidad de los usuarios bien se representa en la tabla de efectos en lugares cerrados (ver aclaraciones).


Habilidades Usadas:

✶Nombre: Kōrasu (コーラス, Coro): Es una habilidad peculiar del Onpu, la cual, tras transmitirle una gran cantidad de chakra, el usuario pasa a accionar en sentido inverso el mecanismo de despliegue de la daga, lo cual activa un temporizador de resorte que al cabo de pocos segundos pasa a desplegar el abanico. El usuario al activar el temporizador, lanza la daga a un punto sólido, y al desplegarse el gunsen, el mismo genera una ráfaga de aire en forma de tornado, la cual no daña, pero genera una fuerte ventada que empuja todo lo que se encuentre en su área. El grado de fuerza del empuje permite mover proyectiles, y solo podrá empujar personas cuyos puntos de Taijutsu sean menores a los del Ninjutsu del usuario. El golpe es un habitual impacto similar a la embestida de un cuerpo con otro.

✶Nombre: Uragoe(裏声, Falsete): Tras los sellos, el usuario canaliza una gran cantidad de chakra en su arma, colocándola de manera horizontal para así, blandirla en un fuerte estrago que deja un ruido muy agudo, similar a una nota de "Re" emitida por un falsete. Dicho estrago es una onda de unos cinco (5) metros de ancho, con unos treinta (30) centímetros de alto, y de características cortantes. Su potencia de corte varía por su progresión.


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Re: Vientos que traen las nubes - Viaje VI - | ❁ |

Mensaje por Narrador el Jue Nov 02, 2017 11:28 pm



A pesar de su velocidad, falló. La oscuridad engulló el lugar en el preciso instante en el que el viento cortante se despedía del enorme abanico de guerra. La cueva volvió a pertenecer a quien le había sido arrebatada, las sombras, y en ellas se desarrollaría el resto del combate.

El acorde multiplicado por el eco confundió al renegado, no supo dónde estaba el verdadero origen del céfiro lacerante, algo que no le impidió esquivarlo haciendo uso de la habilidad más notable de su clan. Ellos podían necesitar la vista, pero Raida no. A él le bastaba con el agua, pues ahora formaba parte de ella, era uno con el líquido turbio de toda la porquería recogida, y mientras las brasas todavía la calentaban, él se movía alrededor del terreno con la seguridad de quien ya se sabe victorioso.

Ella, sin embargo, parecía no responder. Paralizada, tal vez por el miedo, o quizá por el repentino frío que conjuraban el vendaval y el torrente. Estática, sin embargo, mantenía en mitad de las tinieblas un único sello con el que pretendía salvarse de un enemigo demasiado bien adaptado a su elemento y al terreno, alguien a quien no parecía afectarle ni el frío ni los golpes.

La realidad, claro, era diferente.

Sayuri colgaba del techo con su larga melena derramándose hasta casi rozar las pequeñas olas del lugar y los pies firmemente anclados a la roca, secos. Lo que existían abajo, en ese supuesto mar envuelto en sombras, eran simples imágenes que iban sustituyéndose a medida que Raida las abatía una tras otra, sin descanso entre una aparición y la siguiente a partir de los diferentes charcos que se habían formado. A veces, ni siquiera llegaba a formarse del todo; sus pasos no se oían, y sólo el chorreo constante de pequeñas cascadas desde sus brazos daba una idea de su posición más actual antes de que volviese a desaparecer. Pero todo era en vano.

A medida que Raida abatía, una y otra vez, a las copias de la mujer, sus músculos se cansaban. También estaba abusando del chakra al mantenerse en esa forma, a medio camino entre el sólido y el líquido, durante demasiado tiempo. Al cabo de unos minutos, sólo se le oía a él jadear antes de cada nueva acometida.

¡Muere, víbora! — se oía retumbar, cada vez desde un punto distinto, a la vez que se lanzaba contra la siguiente copia, pareciendo olvidar la anterior y todo lo sucedido apenas unos segundos antes. Era, claro, esa misma serpiente a la que se creía a punto de rematar la que jugaba con su mente y la envenenaba con falsas instantáneas de emociones inexistentes y lugares erróneos.

Para el cantor de la arena, la cosa tampoco sería muy diferente. También presa de esa cortina ilusoria, no tardaría en oír pasos muy cerca de su posición, cada vez más y más. El eco, otrora su aliado, se convertía ahora en un enemigo a batir, alejando y acercando los chapoteos del tuerto y las pisadas de quien había rescatado unas horas atrás en la nieve. Era libre de moverse, algo que no se podía decir de la ilusionista, pero de hacerlo debía pisar con cuidado. El fuego, en realidad, seguía ardiendo, y a pesar de ello no se veía nada en una decena de metros al derredor de la de piel tallada en mármol puro.
Ahora él también era la presa. Un plato más en el banquete de quien sufría el frío más que nadie.

Fuera, el viento rugía con fuerza y arrastraba dentro copos de nieve. La ventisca seguía siendo fuerte, aunque una opción mejor a morir dentro de aquel falso entorno en mitad de un combate que no era de su incumbencia. Tal vez, para ganar el combate, debiese ganar perspectiva. Aunque huir siempre era una opción. El mundo, a fin de cuentas, está poblado por los hijos de los cobardes que abandonaron la lucha para vivir un día más.

Off:


Notas:

♣️ El siguiente turno será el último de tu examen. ¡Mucha suerte y elige bien qué hacer! :D

Sayuri:


Orochi Sayuri

"— Por favor… ayúdame... —"
Edad: 23 años



Clan: Orochi
Especialidad Genjutsu {Área}
Elemento: Katon
Rango: Genin
Feudo: N/A – Afiliación desconocida – Alineamiento desconocido

Nin: 7 | Gen: 10 | Tai: 7 | Vel: 10 {-3} | Fuer: 6 | Res: 10
Ilusionista hábil y misteriosa. Abandonada por los suyos en mitad del camino por resultar una carga.
Técnicas:

Magen: Kokoni Arazu no jutsu (Ilusión demoniaca, técnica de falsos alrededores):
La técnica consiste en poder cambiar la visión de los alrededores, así como las cosas que hay en el lugar, como le plazca al usuario, ya sea parcial o totalmente (cansa mas mentalmente entre más cosas se remplacen). Aunque se cambien las imágenes de los alrededores, las cosas siguen estando ahí; tanto el usuario como el enemigo se pueden mover mientras se realiza esta técnica de una manera normal, sin recibir alguna repercusión extra, solamente el usuario, se moverá un poco más lento mientras tenga la técnica activada. Para deshacer la ilusión, basta con provocar daño al usuario que creó el jutsu, o salir del área denominada. (Desde fuera del área denominada por el genjutsu todo se ve normal, pero al entrar al área, todo cambia súbitamente). Abarca 10 metros.


Kasumi Juusha no jutsu (Jutsu de los Sirvientes de bruma):
Este Genjutsu no induce a un solo oponente, puesto que tiene efectos en el entorno. Por ello, contrario a los genjutsus visuales, la víctima puede moverse libremente sin ataduras por efectos de ésta ilusión. La misma, consiste en crear un gran número de clones semisólidos, nacidos de un material viscoso, los cuales al ser golpeados se reconstruyen y multiplican. Los clones no pueden realizar ninguna acción más que avanzar hacia el enemigo, pero confunden y desgastan al enemigo. Mientras el usuario se encuentre ejecutando esta técnica, debe permanecer quieto. Podrá, sin embargo, arrojar armas para confundir al enemigo, y que éste piense que los clones lo están atacando. El enemigo, al verse atacado confundirá a los clones de neblina con una técnica física. La reacción esperada sería el atacarlos, y al actuar de tal manera el usuario terminará desgastándose por enfrentarse a enemigos que no sufren daños. Esto le producirá una pérdida gradual de 3 puntos de velocidad. La técnica puede abarcar 10 metros, y durar 3 turnos. Si la víctima consiguiera deshacer el jutsu antes de su culminación, no sufrirá un desgaste. Para interrumpirla se ha de quitar al usuario ejecutor de su quietud, lo cual significa atacarlo.



Raida:

Hozuki Raida

"— Otro niñato al que engaña esa víbora —"
Edad: 36 años



Clan: Hozuki
Especialidad Kenjutsu [Arte Elemental || Arte Veloz]
Elemento: Suiton
Rango: Chunin
Feudo: N/A – Antifeudal – Alineamiento desconocido.

Nin: 8 {+2} | Gen: 7 | Tai: 12 | Vel: 11 {+2} {-3} | Fuer: 7 | Res: 9
Hombre mayor, muy maltratado por la vida y con un carácter de perros. Espadachín hábil en el uso de dos armas.

Técnicas:
Ninpo, Mizu Henshitsu (Arte ninja, transmutación de agua):
Luego de una serie de sellos de agua, el usuario disuelve su cuerpo y lo fusiona con otra fuente líquida o acuosa (ya sea agua, aceite o cualquier otra sustancia). Hecho esto, el usuario tomará control de dicho líquido y podrá transformarse en cualquier animal/objeto que se le ocurra, el cual no sobrepase los tres metros cúbicos de volumen. De esta forma, el usuario podría esconderse en líquidos y luego tender emboscadas con esta técnica, o simplemente adaptar una forma que le de ventaja en batalla.
Podrá mantenerse esta técnica durante tres turnos, y no se podrá ejecutar ninguna técnica mientras se encuentra en este estado.

Chunnin: El usuario podrá utilizar jutsus suiton (ya sea de clan o de elemento) mientras se encuentra transformado. Obviamente, la transformación del usuario necesitará manos para poder ejecutar aquellas técnicas que los necesitan.

Bodi Renkinjutsu no jutsu(Jutsu de alquimia corporal):
Sin la necesidad de sellos de manos, el usuario será capaz de transmutar cualquier extremidad de su cuerpo en cualquier arma u objeto que este desee, obteniendo el mismo filo y dureza como dicho objeto. De esta forma, podrá transformar su antebrazo en una espada o en un escudo, etc.




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Re: Vientos que traen las nubes - Viaje VI - | ❁ |

Mensaje por Zhorin Kashu el Vie Nov 03, 2017 12:20 am



- | ❁ | -





•••••••••Rol•••••••••


Ninjutsu:

9

Taijutsu:

10

Genjutsu:

4

Velocidad:

12

Resistencia:

9

Fuerza:

7

Jutsus:

[G]3/6 [C]0/0 [J]0/0 [S]0/0



El no ser centro de atención al parecer había mantenido al muchacho pelirrojo con vida, y aunque su arrogancia sonora le postraba con alguno que otro factor a su favor, ahora, tras el movimiento fugaz del agua, claramente se postraba otro panorama que presumía de tenebroso. El pelirrojo se movería con la facilidad de que sus pasos y sus movimientos ligeros le permitían dar, y aunque su daga se accionara y a la vez viajara para entrecortar el agua, bien que no veía que nada de aquello ocurría; para él, en ese entonces, solo había oscuridad, una oscuridad que premeditaba pasos ante el chapoteo en baile de lo que su alrededor se encontraba. Suspiraría entonces, no nervioso sino confundido, y tras exhalar, dejaría que su personalidad fresca le guiara por sobre su verdadera razón de estar o no ahí. ¿En verdad debía asistir a alguno de ellos para dar cabos sueltos a su misión?, pues a ciencia cierta, él no se equivocaba en aquella tendencia de los feudos y sus rivales.

A pesar de que la oscuridad avivaba con la fuerza en la que originalmente se encontraba, a eso de cuando se dignó a entrar en la cueva, bien que había un factor que al parecer todos ignoraban: Zhorin poseía la mismísima habilidad del viento, y aunque sus ojos no dejaban reflejar lo que cualquiera pudiera ver, su piel hacía alusión a aquella ráfaga acelerada que su arma había creado. El Kashu entendía entonces, que aquella arma, su arma, realmente si se había accionado, si se había disparado en aquella habilidad de tornado que esperaba empujar el agua del fuego, pero aún si, el sonido del líquido aparentaba entonces el cubrirlo. Escucharía como alguien se acercaba, confundido, bien lanzaría un shuriken que sacaba de su paquete para así escuchar como el mismo luego se clavaba en la pared. << Error >> Pensaría, mostrando una mueca de labio doblado que delataría su cansancio por sobre aquella situación; entonces no dudaría, con su gunbai en mano, empuñado, se lo volvería a guindar en aquella espalda para dejarle esa movilidad tan agraciada que podría incluso ser aplaudida, y aunque sus pies no se encontraran en ese momento mojados, al ver que los oleajes comenzaban a devolverse en su posición, incluso a pesar de que aquella cueva fuera tan profunda como el misterio mismo, bien que al muchacho le daba la suficiente noción como para orientarse por sobre su arma.

Entonces volvería a respirar, y canalizando el chakra en sus pies, daría un salto lo suficientemente rápido y fuerte como para tornarlo en dirección a lo que su piel sentía era viento, ¿y como encontrarlo?, pues él mismo lo había generado, aquella barrera entre el fuego caliente y el frío del agua que se congelaba por la nevada de las afueras, y así como pasaba y chocaba con aquella ráfaga, entraría al centro de la misma para tomar su daga, accionarla y con la misma inmediatez en la que se apagaba, retomaría el saltar que lo volvía a alejar de donde estaba. Para él no era difícil el saltar en línea recta, incluso a largas distancias, su resistencia reducida le permitía prácticamente flotar, caer ligero en esa falta de estímulo que no le desviaba, entonces, tras empuñar su arma filosa, y luego de regresar adonde se encontraba, poca esperanza le quedaba como para seguir asistiendo en aquel combate que claramente no tenía nada ver con él.

Esa sensación de ser observado era aplaudida tras el grito incesante del espadachín de agua, el cual, entre jadeos y quejas, demostraba un descontrol que claramente no era para con él. Zhorin entendía que Raida no le tenía como objetivo, es más, pasaba de él, y por ende, esos sonidos de pisadas claramente no aparentaban ser originados por su persona. << Él tiene sus propios demonios >> Diría en su mente, confirmando aquella acción, pero al sospechar que no era aquel de las espadas quien se le acercaba, solo quedaba una opción disponible ante sospechosos: Aquella dama que él había salvado. Si bien aquel joven no era inocente, él sabía que algo más se había generado tras aquella esencia innecesaria de violencia, él entendía que el mayor no perseguía a la dama por cualquier cosa, y ahora, al ver el desespero del mismo, una epifanía de suspenso daba a relucir quien era el verdadero cazador, y quien desde luego, la presa. Ahora si un tanto más nervioso debido a su consciencia en juego, el Kashu entendería que se estaba inmiscuyendo en un conflicto que claramente era más grande que él, y aunque el muchacho no era cobarde, bastante consciente y cuerdo que aparentaba ser.

Sin pensarlo dos veces, daría un paso para atrás, incluso sintiendo que era mirado y rondado por las pisadas, y aunque la oscuridad era el apogeo del entorno, el viento frío que su esencia de aire jalaba, claramente le orientaba hasta donde salir. Haría entonces un pequeño ademán casi rindiendo tributo, y sacando un penúltimo shuriken, el mismo lo clavaría en aquella pared de cueva para servir de soporte ante suelo mojado. Entonces sacaría su pergamino, aquel adornado con la simbología del feudo y tan llamativo como una mismísima piedra de oro, para luego colocarlo equilibrado por sobre aquella arma para así, ahora, rendir honores ante aquella bestia que esperaba, sigilosa, el engullirlo. Zhorin entendía que esa mujer que había ayudado, bien que escondía la suficiente fuerza como para ahora descontrolar al espadachín, y si bien lo deseaba, arremeter en contra de él; pagando tributo, dejaría el pergamino en la pared esperando que aquella le aceptara como un "pago al barquero" para así dejarle ir, y a penas dejaba tal comunicado de guerra, bien que emprendería un rápido salto que le llevaría hasta las afueras, seguido por la ráfaga fría que entumecía levemente su dermis.

En las afueras el panorama era igual de catastrófico que antes, pero por lo menos, aquella oscuridad solo era suplantada por las ráfagas de nevada que él se enfocaba en alejar de su cuerpo; con su control elemental claramente evitaba que casi todo el aire le golpeara, incluyendo entre eso aquellos copos nevados que esperaban cubrirlo para inmortalizarlo en hielo, aunque para su fortuna, su memoria de viajero le recordaba el sendero hasta la capital de la nieve, y retomando su andar, un tanto casado, volvería a dar aquellas largas zancadas de aire que le permitían recorrer aquella gran distancia en pequeños pasos. << Que molestia éste clima >> Se diría, con dificultades de andar, ya encaminado en aquella ruta que pronto le retomaría a su destino.




•••••••••Off Rol•••••••••


Inventario:


Pergamino sellado del Tetsu Rinri.
Onpu: Re (entrenada).
Onpu: Shi (entrenada).
Shurikens (5) -4=1 (compradas).
Sellos explosivos (2) (comprados).
Bombas de humo (2) (comprados).
Bombas de luz (1) (comprados).


Habilidades Pasivas:


✶Yokukei (翼型, aereodinámico): El control del viento a su alrededor les permite desviar las corrientes de aire que pasen por él, pudiendo así, acelerar dichas corrientes o desviar el mismo viento para generar o quitar la resistencia que el viento pudiera ejercer, pudiendo con esto caer de manera ligera o muy apresurada. Dicho control varía ante el nivel del usuario, y para mejorarse necesita arduo entrenamiento.

✶Heijokyōfushō (閉所恐怖症, Impedimento de espacio cerrado): Los miembros del clan Kashu que nacen con el Kekkei Genkai, bien nacen a su vez con grandes pulmones que son el doble o el triple del tamaño normal que tendría dichos órganos. Su caja torácica mantiene una deformación que contrae y apila los órganos aledaños, para así, poder dar espacio a dichos pulmones, mas debido a esta mutación, la mayoría de los niños nacidos con tales dones, bien fallecen por su incapacidad de tomar grandes bocanadas de aire. Al aprender a respirar con gran profundidad, los miembros del clan pueden contener mucho aire en ellos, pudiendo así, mantener la respiración por un tiempo mucho más prolongado, mas su necesidad de gran cantidad oxígeno los obliga a permanecer en lugares abiertos, pues con el tiempo, los miembros desarrollan un comportamiento claustrofóbico que los lleva a sofocarse cuando sienten que el aire es escaso, llegando al punto de que en lugares con oxígeno bajo, bien caigan desmayados por la falta del mismo. El nivel de incomodidad de los usuarios bien se representa en la tabla de efectos en lugares cerrados (ver aclaraciones).



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Re: Vientos que traen las nubes - Viaje VI - | ❁ |

Mensaje por Narrador el Mar Nov 14, 2017 5:44 am


El choque desigual del acero contra la nada se mantuvo por un largo tiempo, hasta que él no pudo más. Los brazos le temblaban, la voz se le había roto en el último grito, la vista se nublaba por momentos a causa del cansancio. Tampoco podía mantener más la forma líquida de su cuerpo, dejándola atrás para recostarse en la pared. Jadeante, agotado, pero todavía furioso, arrojó de nuevo sendos metales al frente, contra la última de las ilusiones que aparecía frente a él en sus horas más bajas. No tuvo fuerza para alcanzarla, cayendo ambas armas y hundiéndose en los escasos centímetros de agua que cubrían el suelo impermeable de la cueva a poco menos de un metro de sus pies.

Todo apuntaba a que ese era su final.

La serpiente hecha persona, aquella cuya debilidad había resultado ser su auténtico punto fuerte, descendió entonces del techo, cayendo con grácil elegancia sobre la fina capa de líquido, casi sin hacer ruido siquiera. Tomó un paso suave, pero, decidido hasta el descanso del guerrero. Sonrió. Por fin, después de tanto tiempo, iba a terminar su trabajo, podría regresar a casa en cuanto el último de los desertores estuviese muerto y su cuerpo se helase para no ser encontrado jamás.

Deberías haberme matado cuando me encontraste, Raida. Saika siempre tuvo razón, te ascendieron demasiado pronto. Eras un buen soldado, pero jamás fuiste un buen líder.— sabiéndose victoriosa, la ponzoñosa lengua de Sayuri se desataba a cada paso, a medida que la distancia entre ellos dos, viejos conocidos, se estrechaba.

Al espadachín, pero, todavía le quedaba una última carta por jugar, y es que sabía que la habilidad de Sayuri con las ilusiones sólo podía compararse con la magnitud de su orgullo. La férrea confianza en sí misma, en sus capacidades, la volvieron débil. Debería haber actuado nada más ver al hombre mover las manos para formar un sello, pero no lo hizo, no lo creía capaz, en su estado, de realizar cadena alguna antes de su llegada. Después de todo, ya estaba a menos de un metro de él.

Por lo menos vas a morir luchando, no cómo e…

De repente, el silencio lo envolvió todo, seguido a poca distancia de un goteo constante sobre la película cristalina que cubría el suelo de la cueva y que se agitaba en dos focos distintos, uno delante de ella y el otro a sus espaldas. El acero, otrora hundido, había vuelto a nacer, propulsado por la energía de su dueño, para hendir más de sus tres cuartas partes a través del corazón que bombeaba la sangre fría de la serpiente hecha mujer, antes a sus extremidades, ahora hasta la charca en que se había transformado el suelo.

Raida, con una sonrisa en el rostro, apoyó de nuevo las manos en el suelo para ponerse de pie como podía. A penas se mantenía erguido, pero sí lo suficiente como para darle la vuelta al cadáver de una patada y recoger su arma. Después, se acercó al fuego, protegido anteriormente por la barrera del viento y se sentó junto a él para secarse y así evitar morir congelado.

No sería hasta días más tarde, a su salida de aquel lugar y tras haber dado un entierro digno a sus compañeros, que vería el pergamino dejado atrás durante la huida. A medida que lo fue leyendo, una sonrisa profunda se talló en su rostro veterano. Tal vez no sería el acero de su arma el que se hendiría en el pecho de quienes un día lo traicionaron, pero al menos se aseguraría de que fuese el de otro.

Eventualmente, con el paso de los días y el trasiego del viaje, el mensaje secreto, de vital importancia para la supervivencia en los tiempos de guerra que corrían, terminó en las manos idóneas y su mensaje llegó a los oídos indicados. Para entonces, Zhorin ya estaría lejos, tal vez de nuevo en casa. Y mientras, el veneno que había inoculado al mundo se esparcía rápido para infectar las heridas de la guerra con nuevas mentiras.

RESULTADO:

Aprobado: Aunque hacia el final me has hecho dudar por un par de motivos, el balance general es positivo. Conoces las normas de combate, sabes crear estrategias y aprovechar puntos flacos del enemigo. De la misma forma, te atreves a tomar decisiones, asumiendo sus consecuencias sean las que sean. Para mí, eso es más que meritorio del rango de Chûnin.

Disfrútalo, te lo has ganado. :D
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Re: Vientos que traen las nubes - Viaje VI - | ❁ |

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