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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Abasteciendo la desgracia ❁

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Abasteciendo la desgracia ❁

Mensaje por Narrador el Vie Sep 08, 2017 6:16 am


Porque incluso en mitad de una guerra la gente encuentra maneras de sacar beneficio, las múltiples granjas del País del Fuego veían marchar, no a soldados, pero, bolsas de monedas que a cada paso tintineaban bien rellenas. Cada hombre en cada escuadrón era un pago asegurado, algo que convertía en imposible ocultar la sonrisa de los más avaros o los más necesitados de ese torrente de ingresos. Asagami y su familia pertenecían a este último grupo.

El hombre, ahora anciano pero todavía trabajador, había elegido en su juventud mantenerse lo más lejos posible de lo que consideraba una riña entre tres niñatos incapaces de convivir con su propia estupidez. Había elegido, para ello, un pequeño terreno sin explotar en un área remota del bosque, a una distancia igual del trío fatídico y más cerca de la capital, refugio por excelencia si las cosas se ponían demasiado feas. En mitad de la nada, de un terreno virgen y salvaje, había construido con sus propias manos una casa y un establo, arado la tierra desde hacía muchos años y plantado cada semilla con la esperanza de no pasar nunca hambre, como sí lo habían hecho sus padres.

La vida, pero, da muchas vueltas. Resultaba ser esa lejanía lo que lo condenaba a sobrevivir en vez de a vivir. Vérselas con los bandidos, saqueadores de caminos, los animales y hasta el propio clima no parecía la forma ideal de pasar la vida, ni siquiera para un hombre que, a sus casi sesenta años, había perdido ya a una mujer y dos hijos.
Allí seguía, sin embargo, madrugando cada mañana antes de que saliese el sol por encima del telón de fondo, levantándose sólo para volver a doblar una maltratada espalda y poner en juego su integridad para mantener a la familia que le quedaba: un hermano menor enfermo y una hija bastarda que, vaya a saberse hasta cuándo hubo de remontarse en su propio linaje para ello, había heredado las habilidades de un antepasado muy peculiar y desconocido hasta el nacimiento.

Aún así parecía feliz.

La mala suerte y el destino se aliaron en su contra ese día, como si de una broma cruel se tratase, o una lección de la injusticia del todo innecesaria para alguien con su experiencia. Los insectos, ya de por sí un problema en cualquier sembrado, servirían como artífices del principio de su final, llevando información a un extranjero sin otro cometido que el de arrasar con todo pues ahora, como el resto de granjas del país, se había visto forzado a trabajar con alguno de los feudos, teniendo tamaña desgracia de ser su nuevo patrón ese que llevaba la dominación por bandera.

Y a pesar de lo joven del día, la todavía más joven muchacha ya se levantaba, acostumbrada a la vida en el campo, lejana a las preocupaciones de otros ninjas, pero igual de bien entrenada que aquellos cuya supervivencia era un hito a franja opacada por el paso del segundero.

A lo mejor no tenía ni quince años, tal vez estuviese hasta por debajo de los catorce, pero incluso con esas, su apariencia llegaba a resultar, como poco, llamativa. Yumei no era una niña normal, a fin de cuentas, o al menos así lo querían hacer ver el par de protuberancias que le nacían por encima de las cejas y no hacían más que crecer con cada año de vida. Envuelta totalmente en ropa modesta, de arpillera mayormente, apenas se veía su figura tan delicada como letal, siendo su único mensajero del peligro el sable que, tímido, asomaba por debajo de tantísimas prendas y que a causa de la necesidad había aprendido a manejar para repeler a los dichosos rufianes.

Off:
Yumei:

Kaguya Yumei


Edad: 13 ~ 15 años



Clan: Kaguya
Especialidad Kenjutsu {Arte del Filo Elemental – Arte Rápido}
Elemento: Doton
Rango: Genin
Feudo: N/A – Granja de Asagami

Nin: 7 {+2} | Gen: 4 | Tai: 10 | Vel: 10 {+2}| Fuer: 6| Res: 7

Ninja no registrada del País del Fuego. Chica muy alegre, simpática y dulce. Le encanta su granja y pasar tiempo con su padre.



Inventario:
Katana
Senbon (x10)
Sellos explosivos (x4)
Píldora del soldado (x1)

Nota: Sólo la katana es apreciable a simple vista, siempre que se observe de frente..



Físico completo



Cualquier duda, ya sabes que puedes contactarme por MP. ^^
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Re: Abasteciendo la desgracia ❁

Mensaje por Yabuki Joe el Mar Sep 12, 2017 7:48 pm

Un par de días pasaron desde la llegada del otrora vagabundo a las tierras que mejor recordaba, su presencia oculta entre la abrumadora espesura del Bosque de la Hoja, zona que cubría la mayor parte de la nación ígnea. Sus prudentes avances no eran más que dar palos de ciego, sus únicas referencias siendo las de los insectos locales, quienes, a pesar de su abundancia numérica, no eran capaces de entregar grandes cantidades de información, en especial cuando se les pedía recordar eventos y lugares visitados varios días atrás; eran simples insectos, después de todo. Si bien esa falla podría haberse solucionado con la liberación de un nuevo grupo de kikaichū para, dadas las capacidades innatas de la especie, hacerlos fungir como fuerzas de exploración, el descendiente de los Aburame decidió, de forma poco sorprendente, dar más prioridad a su propia seguridad que a la recaudación de inteligencia, asegurándose de que los números de su enjambre se mantuvieran a tope mientras trabajaba con lo poco que su primer escuadrón fue capaz de averiguar antes de sucumbir al paso de las horas. Moviéndose silenciosamente entre los árboles, el hombre roto continuó su búsqueda, su cuerpo pareciéndole cada vez más pesado debido a las pobres condiciones en las que se encontraba.



No fue hasta que llegó la tercera madrugada que los insectos locales dieron aviso al shinobi que podía entender su silencioso lenguaje, otorgándole información sobre una granja en la que se cultivaba una variedad de alimentos en cantidades que no podían ser menospreciadas. El aviso fue suficiente para desperezar al Yabuki, quien comenzó a moverse al suroeste, en la dirección indicada por sus numerosos ayudantes. Como si de una burla se tratase, era una ruta que le hacía retroceder, ya que él había viajado desde el sur de la nación hasta alcanzar el lugar en el que había descansado por esa noche, una pérdida de tiempo que solo podía ser atribuida a los distintos horarios de actividad que cada especie de insecto poseía. Las estrellas aún no se borraban de su oscuro lienzo cuando el ninja se percató de que la cantidad de árboles frente a él se reducía con cada paso, señal inequívoca de que pronto llegaría a un claro en medio del bosque. Antes de que la sombra de la madera viva desapareciera por completo, el amigo de los insectos se detuvo, evitando así revelar su silueta antes de tiempo, tomando esa oportunidad para evaluar sus alrededores. Si bien la oscuridad aún cubría la tierra, el Aburame no necesitaba de sus ojos para conocer la ubicación de todo lo que en ese pequeño valle se encontraba; después de todo, el canto de los grillos aún resonaba entre los árboles, sus voces comunicando todo lo que podían ver. A pesar de esto, ahora que había encontrado un potencial objetivo, el Aburame no sería tacaño con sus recursos.

Descendiendo silenciosamente del árbol entre cuyas ramas se ocultaba, asegurándose de seguir oculto tras el mismo, Joe liberó un grupo de insectos kikaichū desde su cuerpo, el primero desde que había esperado a la reposición de sus números. Las órdenes de éstos eran sencillas: extenderse por el terreno sin levantar sospechas, usando las sombras y las vías de otros insectos para no llamar la atención mientras recaudaban toda la información que podían sobre ese lugar, comunicándose con los demás insectos en el área de ser necesario. La cantidad de edificios, las entradas y salidas de cada uno, los números de habitaciones y personas dentro de cada lugar, prestando especial atención a los movimientos de quienes estuvieran dentro, todos estos datos les fueron requeridos. Si bien era una actitud pasiva, Joe no mordería más de lo que era capaz de masticar, sus movimientos ofensivos en espera hasta tener la certeza de que podría acabar con todas las amenazas de golpe, acciones preventivas que podía tomar bajo cualquier situación; después de todo, también había actuado de esa forma en contra del misterioso enmascarado en la ciudad de los muertos, tanteando el terreno antes de utilizar fintas que cubrieran sus verdaderas intenciones. No son muchas las situaciones en las que Joe se ve forzado a cambiar su estrategia básica, y esta no parecía ser una de esas contadas oportunidades.

El tiempo, pero, era algo que no se detenía por nadie, y antes de que los insectos alcanzaran sus posiciones, las estrellas se borraron del firmamento, opacadas por la luz que anunciaba su cercanía con una suave línea anaranjada en el horizonte. Falta de luz que el shinobi no podía ver desde su ensombrecida posición, y que servía como despertador para la pieza que comenzaba a moverse por el tablero, movimiento que el pelinegro, en su ignorancia, no había previsto. El rechinido de una vieja puerta, perteneciente al edificio más cercano al vigilante, anunció la salida de una pequeña silueta, una que, si bien el Yabuki no era capaz de ver debido a su ubicación, los insectos locales ya habían detectado, información que fue compartida con los kikaichū, y, por ende, también había llegado a los oídos del cazador. Lejos de preocuparse, éste vio una oportunidad para acercarse a una presa aislada, una que podría darle información sobre todo aquello que los insectos eran incapaces de ver, como afiliaciones y lealtades.

Sí, afiliaciones y lealtades. Algo que, en cualquier otra situación, el descendiente de los Aburame habría ignorado para atacar sin inhibiciones, ahora era de una gran importancia, no para él, sino para aquellos a los que servía. Los señores feudales del Rayo, aunque sin autoridad verdadera sobre el ninja nacionalizado, quien se movía de forma acorde a sus objetivos, tenían bajo su ala a la única persona a la que él temía en verdad. Poco sabía la mujer de cabello azul sobre el impacto que sus acciones dejaron en la mente de Joe, quien, en ese momento, comenzó a considerar todas las opciones con las que contaba, siendo su único objetivo el de no antagonizar a los feudales del Rayo y, por tanto, no invocar la hostilidad de la peliazul. “Lo único que sé es que esta granja produce mucha comida”, comenzó a pensar. “Sé que debo actuar en contra de la Dama de Fuego, pero, si destruyo este lugar y termina siendo una base aliada, estaré en un lío tremendo… Podría interrogar a la persona que está afuera, pero, si se trata de un enemigo, corro el riesgo de que avise a los demás, obligándome a combatir. Podría capturarlo, pero, si se trata de un aliado, esto podría traerme consecuencias a futuro. La única opción que me queda es…”

¡Ugh! —se quejó el joven shinobi con voz amortiguada, usando ambas manos para cubrirse el vientre, como si esto bastara para amainar el dolor que lo invadió de pronto. Reconociendo la sensación como solo una persona que había vivido de caridad por años podía hacerlo, Joe se sorprendió de no haber siquiera considerado la posibilidad de volver a sentir eso una vez que hizo abandono de la nación que lo adoptó. —T-tengo hambre… —sentenció en un susurro, frunciendo el ceño que, hasta ese momento, se había mantenido firme e inexpresivo. Una sensación tan básica para él, pero que, hasta ese momento, había olvidado por completo. “¿Qué estoy haciendo?”, se preguntó con severidad. “Todo esto lo estoy haciendo para vivir una vida tranquila… ¡¿Cómo podré siquiera vivir si me olvido de lo más importante?!”, exclamó para sí mismo. En esos momentos, lejos de atrapar a un enemigo, lejos de despertar la ira de una nación o de un individuo, lo único que estaba en la cabeza de Joe era esa importante carencia. “A la mierda el Rayo, el Fuego, la Dama de Fuego o la de cabello azul, quiero comer algo… y allá tienen comida”. Con esas palabras, Joe abandonó las sombras y comenzó a caminar por el sendero más cercano, el que lo llevaría a su objetivo.

Con la llegada del alba y el gradual silencio de los insectos nocturnos, la persona que salió de la casa comenzó a trabajar en un pequeño huerto a las afueras de su hogar, terreno fértil ubicado junto al camino por el que no tardó en aparecer la figura del hombre con apariencia de pordiosero, quien se acercó con lentitud debido a la pesadez de su propio cuerpo, intentando reducir su presencia de modo que la otra persona tomara la posición elevada en la relación asimétrica que intentaba establecer, una de las mañas que tenían los mendigos para salirse con la suya; después de todo, la mayoría de la gente no ayuda a las personas que pueden salir de los apuros por su cuenta, aunque también tuvo cuidado de no parecer demasiado frágil, en caso de que le solicitaran ayudar con algo a cambio de un plato de comida, situación que, en su experiencia, se repetía lo suficiente como para ser considerada como la norma. —Disculpe —exclamó, intentando llamar la atención de la solitaria persona de baja estatura, a quien evaluaría detalladamente una vez le prestara atención, algo que no podía hacer mientras ésta le diera la espalda. —¿Tiene algo de comida que pueda darme, por favor? —La voz del shinobi estaba lejos de la lamentable suavidad que solía emitir antes de ser un soldado a tiempo completo, pero el tono de aflicción en la misma era palpable.

Mientras el Aburame hacía de las suyas, sus kikaichū, al no recibir instrucciones de lo contrario, continuaron su silenciosa infiltración, prestando atención a todo aquello que su hambrienta colmena no era capaz de ver debido al hambre que sentía. Sin siquiera estar consciente de ello, Joe no tardaría en tener ojos y oídos en los alrededores, para bien o para mal.



Off:

Vestimenta actual:

Stats:
• Ninjutsu: 10
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 6
• Velocidad: 10 - 3
• Resistencia: 10 - 3
• Fuerza: 10 - 3

Penalización por hambre.
Equipo:


  • Kunai, 10 unidades.
  • Hilo ninja, metros ilimitados.
  • Bomba de humo, 2 unidades.
  • Bomba de luz, 2 unidades.
  • Vendas, unidades ilimitadas.
  • Sellos explosivos, 2 unidades.
  • Sellos en blanco, 10 unidades.
  • Pergamino de ADN (2/5 cuerpos), una unidad.

Técnicas utilizadas:
Kikaichū no Jutsu (寄壊蟲の術, técnica de los insectos de destrucción parasitaria): Técnica pasiva y fundamental, base de todas las demás técnicas del clan Aburame. Al ser transformado en una colmena para los kikaichū al momento de nacer, el ninja Aburame obtiene la capacidad de comunicarse con toda clase de insectos, los que siguen todas sus órdenes, al pie de la letra y sin importar cuáles sean; sin embargo, su vínculo más fuerte siempre será con sus kikaichū.

La restricción de esta técnica radica en la cantidad de insectos que el Aburame puede liberar para sus técnicas, ya que, si bien éstos son inagotables, su uso excesivo puede significar una reducción importante de la población de kikaichū en su cuerpo, lo que se traduciría en una merma de insectos para las técnicas futuras.

El ninja Aburame puede utilizar cuatro técnicas diferentes relacionadas con sus insectos (entiéndase, kikaichū) antes de verse obligado a esperar tres turnos consecutivos sin liberar kikaichū para que la población alcance sus números normales. A medida que ascienda de rango, el Aburame podrá realizar dos técnicas adicionales por cada rango obtenido, alcanzando un máximo de diez técnicas. Mientras la colmena reestablece sus números, ésta se alimenta del chakra del Aburame, consumiendo chakra equivalente a tres técnicas del rango mínimo que le resten al usuario durante el tiempo de espera. Si los niveles de chakra del ninja disminuyen demasiado, y dado que los Kikaichû son parásitos por naturaleza, el enjambre comenzará a devorarlo desde dentro, agotando al ninja a razón de -5 de Resistencia por turno.

Otra restricción a esta técnica es el uso de insectos kikaichū hembra, ya que éstos son los más valiosos dentro de cada colmena debido a que se relacionan directamente con la tarea de reproducción y mantención de la población dentro de la misma. El ninja Aburame sólo podrá utilizar diez kikaichū hembra por combate, reestableciendo dicha cantidad al término de la pelea.
Una de cuatro liberaciones realizadas. Primer grupo, dos turnos de vida por penalización de resistencia.


Sin chakra utilizado. Por penalización de resistencia, siete de ocho técnicas disponibles.
Yabuki Joe
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Re: Abasteciendo la desgracia ❁

Mensaje por Narrador el Vie Oct 13, 2017 9:35 pm


Yumei salió de casa tan pronto como terminó de vestirse. No solía desayunar, pues consideraba que el ayuno parcial la ayudaba a mantenerse más lúcida, como su padre, y eso le permitía ser productiva desde que ponía el primer pie fuera de la cama.

Su trabajo, muy distinto al del anciano agricultor, consistía en hacer rondas por los sembrados del terreno en busca de bandidos, alimañas que pusiesen en peligro a las gallinas y hasta nidos de insectos que, en grandes números, supusieran una amenaza para las semillas. Algo mucho menos agotador a simple vista, pero que solía mantenerla todo el día ocupada, dando vueltas y siguiendo, a veces, regueros de hormigas hasta su pequeño mundo para asegurarse de que no se convertían en una plaga.

Ese día, todos los bichos parecían comportarse de forma extraña; había algunos nuevos, también.

Mientras tanto, en el huerto, Asagami seguía labrando, ignorante de la realidad que la más pequeña sí estaba empezando a destapar. Para él, los bichos eran sólo eso, bichos; criaturas tan de campo como él y toda su familia, pero, no como el que ahora lo asaltaba por la espalda de golpe.

La primera reacción del viejo fue ignorarlo. Estaba acostumbrado a que los soldados llegasen antes de tiempo, encima con exigencias, así que ni siquiera levantó la vista del la tierra mientras arrancaba las malas hierbas y cortaba las hojas secas de algunas lechugas con una hoz pequeña en la otra mano.

— Lo vuestro está en el granero, ya lo sabéis. Dejad de molestarme, tengo trabajo. — dijo, tan gruñón como siempre, pero esa vez algo rugió por encima de su voz. Como si de un animal salvaje se tratase, el estómago del vagabundo crujió con tanta fuerza que incluso el viejo dio un respingo antes de inclinarse y girarse, tan mal encarado como siempre, y también algo sorprendido.
Las pintas que tenía su asaltante eran las propias de un pordiosero, desde luego, y la postura que mantenía, gacha, indefensa, lo hicieron bajar la guardia y relajar la mano que sujetaba la hoja curva, hasta entonces en una tensión propia del momento anterior a un ataque: — Espera un momento. — dijo algo más calmado, que no menos desagradable; — ¡Yumei, ven aquí! — gritó, acto seguido.

A la pequeña le faltaron piernas para acudir a la llamada. Para entonces, ya creía haber detectado a los insectos extraños, y estaba siguiendo su rastro. Sin embargo, que su padre la requiriese era bastante más importante que unos cuantos escarabajos de aspecto extraño y nunca antes vistos.

— ¿Ocurre algo, padre? — preguntó una vez a su lado, con la mano zurda convenientemente descansada sobre la empuñadura de la espada. El viejo, sin embargo, negó y le señaló a la sombra de hombre que esperaba delante de él. — Llévalo dentro y dale algo de comer. Creo que tenemos algo del estofado de ayer y pan. Vamos, no tiene pinta de que vaya a aguantar mucho más tiempo de pie. —

Obediente y sin perder la tímida sonrisa que tenía, la niña de los cuernos ofreció su hombro a modo de apoyo para el Aburame. Lo llevó hasta la casa y lo dejó pasar primero. Era una habitación muy modesta, con un hogar de leña en el centro, del que colgaba un perol y en cuyo lecho descansaban los carbones todavía calientes. El segundo piso se podía ver incluso sentado en la mesa, y era poco más que una plataforma de madera conectada a la sala principal por unas escaleras, cebada de paja para mantener el calor y con lo que parecía un futon en lo más hondo. Al fondo del primer piso se veía también otra manta estirada, lejos de la hoguera pero donde todavía podía llegar el calor; un hombre sobre ella descansaba con un paño húmedo en la cabeza y una cara de no estar disfrutando, precisamente, de un sueño agradable.

— Siéntate donde quieras. Encenderé el fuego para calentar un poco esto antes de servírtelo. — la amabilidad seguía siendo la protagonista en la voz femenina, y no parecía, para nada, poco acostumbrada a tratar con los mendigos. No había gestos de compasión excesiva, ni tampoco expresiones de asco o desconfianza, más bien todo lo contrario.

El enjambre, mientras tanto, llegaba bajo tierra acompañando a las hormigas. Allí se extendía, pasaba a un nuevo mundo subterráneo de túneles por donde, gracias a la innata capacidad de los kikaichû para comunicarse con otros de su misma naturaleza, más que la comida fluía la información. Grandes cantidades de datos que pasaban de un escarabajo a otro, como en una cadena de infinitos eslabones que nacía y moría en el mismo punto: Joe.


Lo primero que recibió la colmena llegó antes de que le sirviesen la comida. Eran noticias de un pequeño grupo de hombres, no menos de veinte, marchando desde el oeste a su posición. Y si sabía algo de geografía aquel que se dedicaba a patear el mundo sin rumbo fijo, era que en esa zona sólo había dos cosas: Mar y Kakkinoaru’en, el feudo de la Dama del Fuego. O tal vez no. A lo mejor eran refuerzos aliados, o simples caravanas cargadas de mercancía que tenían esa granja en su ruta y que, dados los tiempos, se habían rodeado de un pequeño grupo armado para evitar los saqueos.

Sea como fuere, Joe debía decidirse rápido por hacer algo.

Off:
Yumei:

Kaguya Yumei


Edad: 13 ~ 15 años



Clan: Kaguya
Especialidad Kenjutsu {Arte del Filo Elemental – Arte Rápido}
Elemento: Doton
Rango: Genin
Feudo: N/A – Granja de Asagami

Nin: 7 {+2} | Gen: 4 | Tai: 10 | Vel: 10 {+2}| Fuer: 6| Res: 7

Ninja no registrada del País del Fuego. Chica muy alegre, simpática y dulce. Le encanta su granja y pasar tiempo con su padre.



Inventario:
Katana
Senbon (x10)
Sellos explosivos (x4)
Píldora del soldado (x1)

Nota: Sólo la katana es apreciable a simple vista, siempre que se observe de frente..



Físico completo



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Re: Abasteciendo la desgracia ❁

Mensaje por Yabuki Joe el Sáb Oct 28, 2017 10:30 pm

Para sorpresa del pelinegro, lejos de tener una baja altura, la silueta a la que se había acercado era la de un hombre anciano trabajando el cultivo, hombre cuya postura le hacía ver mucho más pequeño de lo que en verdad era. Al escuchar la súplica de quien se encontraba a sus espaldas, el de la tercera edad habló sin ocultar su hastío; sin embargo, antes de poder responder, el estómago del otrora vagabundo rugió como si tuviera vida propia, haciendo que el hombre de escaso cabello y barba cana desviara la atención de su trabajo al origen del sonido, a la vez que el Aburame no podía ocultar una leve mueca de dolor. Las siguientes palabras del mayor no habían perdido su animosidad; sin embargo, su tono era bastante más suave en comparación al que había usado en un comienzo. Siguiendo a su petición de espera vino un grito que sobresaltó al shinobi, voz de mando que no tardó en ser respondida por el infantil timbre de la aludida, quien no tardó en seguir las instrucciones del mayor, auxiliando al otrora vagabundo con su hombro para luego guiarlo al interior de la edificación más cercana, acción realizada sin rechazo, detalle que no pasó desapercibido para el ninja feudal.




La vivienda solo podía ser considerada como precaria, haciendo juego con la ruralidad de su ubicación; sin embargo, para el joven shinobi, quien había vivido en las calles por un largo tiempo y se había hartado de las, para él, exageradas comodidades que el Rayo le ofrecía, ese pequeño lugar era extrañamente acogedor, sentimiento alimentado por el calor que aún emitían las brasas, calor que revitalizaba ese cuerpo tan maltrecho por el estrés de descansar pobremente en la intemperie. La estancia, pero, no estaba vacía, siendo su único ocupante un hombre que reposaba al fondo del primer piso. Antes de poder enfocarse en los detalles de esa figura, las palabras de la llamada Yumei capturaron toda su atención, invitándolo a tomar asiento en donde quisiera mientras ella calentaba la comida, la forma en la que se dirigía a su persona recordándole a una persona que él tenía en muy alta estima. “Ella... es como Dastan-san”, pensó el pelinegro antes de sentarse en el lugar más cercano a su posición, y, por tanto, a la puerta, aunque no sin antes decir “permiso”, como dictaban las normas del invitado.

Eres… una buena persona… —pronunció en un audible susurro dirigido a la niña de los cuernos, los labios del Aburame esbozando una sonrisa, una muy tenue, pero aun así visible. A pesar de sus esfuerzos para lograrlo, el vivir una vida tranquila se había transformado en un sueño muy lejano para el amigo de los insectos, cuyas acciones y decisiones no hacían más que arrastrarlo en una espiral de miedo, violencia y muerte, una que no haría más que pronunciarse en el futuro, esto debido a que se había transformado en una pieza más tablero de la vida, sus acciones enfocadas al beneficio de algo más grande que él; sin embargo, gracias al hambre que estaba sintiendo, el joven pelinegro pudo rozar la calma que tanto añoraba; el cálido abrazo del fuego encendido, el suave aroma de la comida casera y la gratitud que sentía hacia la muchacha frente a él guiándolo a un estado de relajación que jamás había experimentado, sus párpados haciéndose cada vez más pesados, arrastrándolo a un descanso que no merecía…

Un descanso que nunca llegó.
*Fin de OST*


Antes de que su conciencia fuese arrastrada por el sueño, sus insectos le dieron un aviso que no podía ser ignorado, uno que lo desperezó violentamente, cambiando su expresión a la de fría falta de emoción que ya se había transformado en su rostro por defecto. Rostro que no tardó en voltearse a una dirección que no apuntaba a nada fijo dentro de esa casa; sin embargo, fuera de ella, acercándose, una veintena de figuras había sido detectada por los kikaichū, números que no hacían más que acercarse con cada segundo. “¿Qué hacen esas personas aquí?” se preguntó el Aburame, sintiendo cómo la calma que había sentido hasta ese momento desaparecía sin dejar rastro alguno. Existían varias alternativas para explicar el origen de esas figuras; sin embargo, dejar que éstas le quitaran la calma solo serviría para transformarlo en una figura más sospechosa de lo que ya era. Cerrando los ojos, Joe inhaló profundamente para luego exhalar con calma, relajando su semblante.

Como ya estaba sentado, y hambriento, esperar tranquilamente a que la comida le fuese servida, para luego devorarla sin tregua, parecía ser el mejor curso de acción dentro de su cabeza. Además, no quería preocupar a la muchacha con sus acciones, por lo que decidió no moverse del lugar; sin embargo, esto no podía ser confundido con inacción, ya que sus órdenes viajaron con su característico silencio, haciendo que los exploradores kikaichū cambiaran su formación con rapidez. El nuevo mandato haría que éstos enfocaran todos sus recursos en analizar detalladamente a las personas que se acercaban, fijándose no solo en sus números precisos y palabras emitidas, sino también en todo aquello que llevaran encima, ya fueran armas a plena vista, armaduras u otros objetos comunes entre sí. Otro punto importante sería enfocarse en la formación que estos individuos habían adoptado, y, finalmente, usar sus capacidades de detección de chakra para localizar a cualquier elemento fuera de la formación visible.

“Sé que no les queda mucho tiempo, pero necesito de su ayuda, por favor”, rogó el Aburame a sus herramientas más leales, insectos que no tardarían en morir debido a la pobre alimentación que habían recibido en esos últimos días. Estando en una posición que le impedía liberar a un nuevo grupo de kikaichū, la colmena no podía hacer más que exprimir las fuerzas de esa porción del enjambre, dándoles una tarea que podría ser cumplida sin someterlos a una muerte agresiva. Era muy probable que la información recibida fuese sesgada, por lo que, llegado ese punto, la prioridad para ellos sería establecer el número preciso de personas en el área circundante, tanto los que estuvieran en cerrada formación como los que estuvieran fuera de la misma, ocultos bajo la protección de los árboles aledaños.




Off:

Vestimenta actual:

Stats:
• Ninjutsu: 10
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 6
• Velocidad: 10 - 3
• Resistencia: 10 - 3
• Fuerza: 10 - 3

Penalización por hambre.
Equipo:


  • Kunai, 10 unidades.
  • Hilo ninja, metros ilimitados.
  • Bomba de humo, 2 unidades.
  • Bomba de luz, 2 unidades.
  • Vendas, unidades ilimitadas.
  • Sellos explosivos, 2 unidades.
  • Sellos en blanco, 10 unidades.
  • Pergamino de ADN (2/5 cuerpos), una unidad.

Técnicas utilizadas:
Kikaichū no Jutsu (寄壊蟲の術, técnica de los insectos de destrucción parasitaria): Técnica pasiva y fundamental, base de todas las demás técnicas del clan Aburame. Al ser transformado en una colmena para los kikaichū al momento de nacer, el ninja Aburame obtiene la capacidad de comunicarse con toda clase de insectos, los que siguen todas sus órdenes, al pie de la letra y sin importar cuáles sean; sin embargo, su vínculo más fuerte siempre será con sus kikaichū.

La restricción de esta técnica radica en la cantidad de insectos que el Aburame puede liberar para sus técnicas, ya que, si bien éstos son inagotables, su uso excesivo puede significar una reducción importante de la población de kikaichū en su cuerpo, lo que se traduciría en una merma de insectos para las técnicas futuras.

El ninja Aburame puede utilizar cuatro técnicas diferentes relacionadas con sus insectos (entiéndase, kikaichū) antes de verse obligado a esperar tres turnos consecutivos sin liberar kikaichū para que la población alcance sus números normales. A medida que ascienda de rango, el Aburame podrá realizar dos técnicas adicionales por cada rango obtenido, alcanzando un máximo de diez técnicas. Mientras la colmena reestablece sus números, ésta se alimenta del chakra del Aburame, consumiendo chakra equivalente a tres técnicas del rango mínimo que le resten al usuario durante el tiempo de espera. Si los niveles de chakra del ninja disminuyen demasiado, y dado que los Kikaichû son parásitos por naturaleza, el enjambre comenzará a devorarlo desde dentro, agotando al ninja a razón de -5 de Resistencia por turno.

Otra restricción a esta técnica es el uso de insectos kikaichū hembra, ya que éstos son los más valiosos dentro de cada colmena debido a que se relacionan directamente con la tarea de reproducción y mantención de la población dentro de la misma. El ninja Aburame sólo podrá utilizar diez kikaichū hembra por combate, reestableciendo dicha cantidad al término de la pelea.
Una de cuatro liberaciones realizadas. Primer grupo, un turno de vida por penalización de resistencia.


Sin chakra utilizado. Por penalización de resistencia, siete de ocho técnicas disponibles.
Yabuki Joe
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Re: Abasteciendo la desgracia ❁

Mensaje por Narrador el Lun Nov 06, 2017 9:33 pm


La calma aparente de la colmena no se reflejaba en su enjambre para nada. Él, allí sentado, podía haber perdido los nervios durante un instante, pero las miles de pequeñas vidas que colgaban de la suya habían evaporado cualquier rastro de serenidad. Rápidos, furiosos casi, se movían por debajo de los tablones, entre la hierba y sobre la tierra yerma del camino para recolectar toda la información posible antes de caer agotados por completo.

En la última fracción que le quedaba por recorrer al reloj de sus vidas, restaban todavía suficientes momentos para transmitir los datos. No todos, pero, sí una gran parte de los que había exigido quien dentro de la casa seguía llevando la máscara del engaño. Ellos no lo interpretaban, por supuesto, limitándose al mero paso de mensajes en una larga cadena que terminaba en un insecto alojado en alguna parte del famélico vagabundo.

El total de hombres era quince y todos vestían, salvo por pequeños detalles, de forma idéntica. Una loriga de cuero cubierta en parte por placas de metal abollado y lleno de arañazos les tapaba el pecho, el abdomen y parte de los brazos; en algún momento de su existencia, la tela que les llegaba hasta las rodillas había sido roja como la sangre, pero ahora no tenía ese brillo, se había apagado, consumido por las incontables horas bajo el sol, transformándose en un carmesí tímido, más cercano al blanco que al original; en el emblema de sus cascos golpeados por el sol todavía en alza se podían ver unas llamas trabajadas en el metal, un símbolo que costaría de no reconocer incluso con la más vaga de las descripciones.
A su paso retumbaba el acero de las espadas chocando contra el faldar de escamas y cuero tejido, creando, junto a su marcha a tres niveles bien diferenciados, una cacofonía de metal y pisadas que alertaba de su llegada mucho antes de que fuesen visibles por el viejo labrador.
La formación era extraña, pues nadie iba a la cabeza y, aunque divididos en cinco secciones de tres hombres cada una, ninguna parecía mandar sobre las demás. Sólo al final se podía apreciar una pequeña diferencia de apenas unos centímetros. Un soldado rezagado que, a juzgar por la falta de rasguños en la armadura y el casco tan pulido, debía ser el novato de la unidad, puede incluso que un muchacho reclutado a la fuerza. En el centro viajaba una mula con seis alforjas completamente vacías, pareciendo así que escoltaban los soldados al animal.

Entre tanto, de una segunda columna de insectos llegaba otro paquete de urgencia. Ellos, los que habían seguido cumpliendo las órdenes originales de explorar el terreno, habían dado con unos sacos en la parte de atrás del granero. La cosecha, cuya existencia había sido negada previamente, esperaba allí lista para ser entregada.

Si se daba prisa, el hijo del enjambre sería capaz de interceptarlos, tal vez incluso de eliminarlos a todos ellos antes de que pudiesen ser vistos por sus benefactores. Tenía un margen de cinco minutos, tiempo en el que también tendría que idear una excusa para salir sin levantar sospechas. O para planear algo, si se quedaba allí.

Vaya, qué manera de devorarlo todo. Perdona que no sea más que caldo con algunas verduras, me gustaría ofrecerte más pero… — la sonrisa tímida, mantenida hasta ese momento por la extraña de los cuernos, pareció titilar un instante como una de las miles de estrellas en el cielo, pero, no tardó en recomponerse de sus propias ruinas: — … La carne se nos acabó anoche. Mañana iré a algún pueblo cercano a por más. — mentía. No tenían dinero para comprar nada de carne, siendo, la poca que conseguían, trofeos de caza, trozos duros de alimañas que se metían en la granja y no volvían a salir.

Off:
Yumei:

Kaguya Yumei


Edad: 13 ~ 15 años



Clan: Kaguya
Especialidad Kenjutsu {Arte del Filo Elemental – Arte Rápido}
Elemento: Doton
Rango: Genin
Feudo: N/A – Granja de Asagami

Nin: 7 {+2} | Gen: 4 | Tai: 10 | Vel: 10 {+2}| Fuer: 6| Res: 7

Ninja no registrada del País del Fuego. Chica muy alegre, simpática y dulce. Le encanta su granja y pasar tiempo con su padre.



Inventario:
Katana
Senbon (x10)
Sellos explosivos (x4)
Píldora del soldado (x1)

Nota: Sólo la katana es apreciable a simple vista, siempre que se observe de frente..



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Cualquier duda, ya sabes que puedes contactarme por MP. ^^
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Re: Abasteciendo la desgracia ❁

Mensaje por Yabuki Joe el Sáb Nov 11, 2017 1:59 am

Para el amigo de los insectos, cada segundo que pasó después de su ordenanza final se transformó en una agónica espera, su semblante en forzada calma mientras sus herramientas más leales quemaban sus vidas en su nombre. Si bien era cierto que había comenzado a desarrollar una leve desconfianza a sus kikaichu después de los eventos en la ciudad de los muertos, el hecho de que éstos se movieran para cumplir con todas sus expectativas, a pesar de que sus vidas estaban próximas a su final, fue algo que, gracias a la forma en la que había podido relajarse por unos minutos, logró conmoverlo. Si bien aún contaba con una fracción bastante agresiva del enjambre dentro de su propio cuerpo, el resto había demostrado su utilidad con creces. “Este sacrificio… No será en vano”, sentenció el Aburame, tanto dentro de su propia mente como en el silencioso lenguaje de los insectos, quienes, a pesar de no poder comprender las abstracciones de las emociones humanas, sabían que estaban haciendo lo necesario para cumplir su parte del trato, proteger uno de los hogares que les permitía seguir existiendo como especie. El torrente de información no tardó en llegar y abrumar levemente los sentidos del shinobi feudal, haciéndolo cerrar los ojos como si le hubieran pinchado la cabeza con varias agujas; después de todo, sus capacidades de análisis eran meramente humanas, por lo que no le era posible comprender todo lo recibido de forma instantánea.

En cuanto el cuenco de comida caliente fue posado frente al otrora vagabundo, éste tomó la cuchara que se asomaba en la orilla y la usó para engullir los alimentos con presteza, quemándose la boca en un par de ocasiones, pero teniendo cuidado de no repetir ese error otra vez. El caldo bajó por su esófago a una velocidad alarmante, y las verduras trituradas por su voraz dentadura no tardaron en hacerle compañía. Cada uno de sus movimientos era casi mecánico, como si no hubiera una mente tras esos brazos que se movían con mociones ensayadas en cada ocasión en la que el hombre había comido antes, efecto producido por el hecho de que la mayor parte de su cerebro estaba organizando la información que sus insectos habían enviado con su último aliento. No habían pasado ni treinta segundos desde que el plato fue recibido cuando éste fue dejado de lado, completamente vacío, a lo que la joven Yumei solo lamentó no poder ofrecer más, aclarando que no iría a comprar carne hasta el día siguiente, ya que se les había acabado la noche anterior. Joe se quedó en silencio ante las palabras de la muchacha, quien aún sonreía de forma tímida. El pelinegro no pudo evitar inclinar su cabeza hacia el costado, de forma curiosa, como si algo de lo que ella le había dicho le pareciera extraño.

“El viaje es demasiado largo como para poder hacerlo con tan poco aviso”, se dijo, recordando cómo no había encontrado asentamiento alguno en el área durante su reconocimiento, por lo que cualquier otro poblado en la zona debía estar a más de un día de distancia. “Además, viajar con un paquete de carne por el bosque no es más que tentar a las bestias que se esconden por ahí”, pensó, estremeciéndose un poco tras recordar una de las primeras malas experiencias que lo llevaron a odiar el mar de árboles. “Y eso sin contar todo lo que puede salir mal durante un viaje de ese tipo, ¿en verdad no ha pensado en ello?”, se preguntó, incapaz de asociar las palabras de su benefactora como falsedades. Una persona buena como ella no le mentiría, ¿verdad? Y menos aún con información que no tenía sentido alterar; después de todo, él solo estaba de paso, por lo que no tenía mucho sentido hablarle sobre cosas que pasarían cuando él no estuviera presente… “A menos que quiera mi ayuda con eso...”, dedujo finalmente el Yabuki, quien no tardó en colocar una expresión complicada.

“No… No entiendo… ¿Por qué siento esto?”, se preguntó en silencio, encogiéndose en su lugar, colocando ambas manos sobre su pecho acongojado. Una sensación desagradable comenzó a extenderse por su cuerpo, causándole un gran malestar. Joe estaba lejos de ser una mente brillante para cualquier cosa que no tuviera relación con la eliminación de otras personas, por lo que, aunque no entendía el sentimiento que en ese momento lo invadía, conocía muy bien la razón de su existencia. Incapaz de ignorar la información que sus insectos le habían entregado, le era imposible no formar las conexiones entre ese tranquilo lugar en el que se encontraba y la quincena de individuos armados que se acercaba a paso constante, escoltando una bestia de carga que, seguramente, sería puesta a trabajar al momento de cargar sus amplias alforjas con los alimentos empaquetados al otro lado del granero. Que un grupo tan numeroso se desplazara de esa forma dentro de un territorio solo podía significar que se encontraba dentro del suyo propio, por lo que, considerando lo que el pelinegro sabía de esa nación, lo más probable era que esos soldados estuvieran bajo las órdenes de la Dama de Fuego. En resumidas cuentas, esa pequeña granja en la que había encontrado una pizca de tranquilidad no era otra cosa sino el objetivo de su misión, aquello que debía destruir sin dejar rastro. Sin emitir palabra alguna, y en completo silencio, el de cabellos negros se levantó del asiento que había tomado, dio unos cortos pasos hacia atrás y se postró en dogeza.

Lo lamento mucho… —pronunció, con un dejo de tristeza en su voz. Si bien no entró en detalles en ese momento, razones para pedir perdón no le faltaban. Básicamente le estaba negando la ayuda a la persona que lo había ayudado sin pedirle nada a cambio, persona a la que, a pesar de todo lo que ya sabía, quería ayudar y proteger, de la misma forma en la que protegió a Dastan ante la mujer de las nieves, demonio de cabello azul que le hizo recordar todos sus temores, pero que pudo derrotar gracias a la voluntad e inspiración dada por el hombre de cabello rubio, y a una estrategia de ataque indirecto que rindió frutos—. Aún tengo cosas que hacer, así que esto es todo lo que puedo ofrecer, todo lo que tengo... —añadió sin levantar la cabeza, hurgando en sus prendas superiores para tomar una bolsa de cuero que aún contenía cierto peso, la que fue colocada junto al plato ya vacío. De ser alzada, el tintineo metálico de los ryos delataría su contenido, ya que ese monedero cargaba todo el dinero que el de adusta apariencia llevaba consigo en ese momento, dinero con el que, esperaba, la muchacha no tuviera problemas contratando a alguien que le prestara ayuda para cargar la carne de regreso, de la misma forma en la que él había sido contratado para realizar un sinnúmero de labores.

Muchas gracias por todo, Yumei-san. Mucha suerte en las compras de mañana —finalizó el pelinegro, levantándose y dedicando una profunda reverencia de respeto a la muchacha, para luego abandonar la modesta casa, dejando atrás esa calidez que añoraba, pero que jamás merecería. También se despidió del anciano, aunque lo hizo de una forma mucho menos exagerada; después de todo, aunque había estado siguiendo sus órdenes, la persona que lo había ayudado con tanta amabilidad había sido la joven de la cornamenta. Tras aumentar la distancia entre él y la vivienda en unos cuantos metros, el shinobi aceleró de pronto, con la intención de dejar atrás a esas personas.

Sus pasos fueron veloces y precisos, demostrando que la comida había sido suficiente para reanimarlo; sin embargo, esto solo era de forma anímica, ya que su cuerpo aún no había procesado los nutrientes que le devolverían las energías que tanto necesitaba, por lo que aún no era capaz de mostrar un desempeño óptimo, su verdadero potencial manteniéndose eclipsado por su debilidad. “No quiero destruir la casa de Yumei-san, ni sus campos”, pensó el pelinegro mientras avanzaba, su expresión endureciéndose y sus ojos afilándose como los de un depredador que había encontrado a su presa. “Así que puedo matar a quienes quieran esa comida, y a aquellos que vengan a buscar a sus compañeros perdidos… ¡O puedo ir a sus bases y matarlos a todos!”, se respondió en una oleada de inspiración. “Sin bocas que alimentar, la comida será lo de menos, y así no tendré que hacerle mal alguno a Yumei-san”, finalizó su retorcida lógica, sonriendo levemente antes de buscar introducirse entre los árboles para ocultar su figura, tomando dirección a sus primeros objetivos de forma sigilosa, de modo que sus caminos fuesen paralelos.

De perderse con éxito, y ya sintiéndose seguro entre las sombras, Joe pensaría en liberar a un nuevo grupo de insectos, los que fungirían como exploradores de avanzada con potencial de vanguardia; sin embargo, los kikaichū, al igual que él mismo, aún seguían débiles, incapaces de mantenerse vivos lo suficiente como para poder maniobrar con la libertad necesaria en un enfrentamiento furtivo, razón por la que decide utilizar otra de sus técnicas, dejando a los miembros de su enjambre en estado de alerta para cuando llegue el momento de atacar. Lo más útil de un bosque para un Aburame era la exorbitante cantidad de insectos dentro del mismo, esto debido a la facilidad que les brindaba para mantener a su descendencia con vida. “Pero es lo único bueno que tienen los bosques”, se diría el joven ninja feudal, quien detendría su marcha por unos breves segundos para realizar una corta cadena de sellos manuales. Tras separarse, su diestra se posaría sobre el tronco de un árbol aledaño, una red con apariencia de telaraña liberándose de la misma. Con algo de suerte, algunos insectos voladores, como abejas o avispas, responderían a su llamada, y les pediría que vigilaran al grupo al que estaba dando caza, encuentro que concluiría con sus pasos reanudados.



Off:

Vestimenta actual:

Stats:
• Ninjutsu: 10
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 6
• Velocidad: 10 - 3
• Resistencia: 10 - 3
• Fuerza: 10 - 3

Penalización por hambre.
Equipo:


  • Kunai, 10 unidades.
  • Hilo ninja, metros ilimitados.
  • Bomba de humo, 2 unidades.
  • Bomba de luz, 2 unidades.
  • Vendas, unidades ilimitadas.
  • Sellos explosivos, 2 unidades.
  • Sellos en blanco, 10 unidades.
  • Pergamino de ADN (2/5 cuerpos), una unidad.

Técnicas utilizadas:
Kikaichū no Jutsu (寄壊蟲の術, técnica de los insectos de destrucción parasitaria): Técnica pasiva y fundamental, base de todas las demás técnicas del clan Aburame. Al ser transformado en una colmena para los kikaichū al momento de nacer, el ninja Aburame obtiene la capacidad de comunicarse con toda clase de insectos, los que siguen todas sus órdenes, al pie de la letra y sin importar cuáles sean; sin embargo, su vínculo más fuerte siempre será con sus kikaichū.

La restricción de esta técnica radica en la cantidad de insectos que el Aburame puede liberar para sus técnicas, ya que, si bien éstos son inagotables, su uso excesivo puede significar una reducción importante de la población de kikaichū en su cuerpo, lo que se traduciría en una merma de insectos para las técnicas futuras.

El ninja Aburame puede utilizar cuatro técnicas diferentes relacionadas con sus insectos (entiéndase, kikaichū) antes de verse obligado a esperar tres turnos consecutivos sin liberar kikaichū para que la población alcance sus números normales. A medida que ascienda de rango, el Aburame podrá realizar dos técnicas adicionales por cada rango obtenido, alcanzando un máximo de diez técnicas. Mientras la colmena reestablece sus números, ésta se alimenta del chakra del Aburame, consumiendo chakra equivalente a tres técnicas del rango mínimo que le resten al usuario durante el tiempo de espera. Si los niveles de chakra del ninja disminuyen demasiado, y dado que los Kikaichû son parásitos por naturaleza, el enjambre comenzará a devorarlo desde dentro, agotando al ninja a razón de -5 de Resistencia por turno.

Otra restricción a esta técnica es el uso de insectos kikaichū hembra, ya que éstos son los más valiosos dentro de cada colmena debido a que se relacionan directamente con la tarea de reproducción y mantención de la población dentro de la misma. El ninja Aburame sólo podrá utilizar diez kikaichū hembra por combate, reestableciendo dicha cantidad al término de la pelea.
Una de cuatro liberaciones realizadas. Primer grupo, sin turnos restantes. Ya fallecido.

Hijutsu, Mushiyose (秘術・蟲寄せ, técnica secreta, invocación de insectos): Con sólo tocar una superficie con su mano, el ninja Aburame puede liberar una pequeña red de chakra que atrae a los insectos de las cercanías a ese lugar. Como los ninja Aburame pueden comunicarse con ellos, esta técnica les sirve para conseguir información de la zona en la que se encuentran al hablar con los insectos locales. A diferencia de otras técnicas del clan, esta sí consume chakra.
Sellos: Sí, uno. Carnero.


Por penalización de resistencia, seis de ocho técnicas disponibles.
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Re: Abasteciendo la desgracia ❁

Mensaje por Narrador el Vie Nov 24, 2017 11:42 pm


Yumei no entendía nada, pero le podía la educación. Curiosa, estuvo mirando la bolsa hasta que la colmena desapareciese por la puerta, abalanzándose entonces sobre el cuero blando, dándose cuenta de que pesaba, para ser de un mendigo, bastante. El tintineo también era sospechoso. Todo en conjunto la puso en alerta. Salió unos minutos después de Joe, disparada y tratando de seguirle el paso sin ser vista. Dejaba la granja, a su padre y a su tío sin protección, algo que la torturaba por dentro, pero creía que era lo mejor. Muy posiblemente, ese pordiosero ocultase algo.

A cinco minutos a paso ligero de la granja, ahora desprovista de guardián alguno capaz de enfrentarse a hombres armados y entrenados, estaban los soldados. No lo sabían, pero los más numerosos habitantes del bosque se habían confabulado en su contra. Espías con alas de vuelo silencioso pasaban sobre sus cabezas sin ser siquiera vistos, y volvían a su origen segundos después, bajo el mismo manto de subterfugio, para entregar la información recolectada.

Con escasos dos minutos para el encuentro entre los soldados y la granja, aparecía de nuevo en escena la piel de hueso. Antes amable, se dibujaba en su rostro, en ese instante preciso, una mueca de duda, pero, también de dolor. Quien había creído que era un simple mendigo resultaba ser un ninja, tal vez un enemigo, o un espía. En la situación del mundo en esos momentos, confiar en otro capaz de doblegar el chakra a su voluntad era jugársela demasiado.

¿Quién eres? — la voz, antes suave, era entonces como un papel de lija frotándose con fuerza dentro de los oídos. Áspera. — ¿Por qué quieres hacernos daño? — Dijo a continuación. Sin ápice de ruido emitido a pesar de tener que sortear innumerables hojas y ramas quebradizas, estaba muy cerca del hijo del enjambre, a uno o dos metros escasos.

Seguía débil, famélico. Sus opciones en un combate contra una saludable Yumei eran pocas: Rendirse o dejarse abatir. En ambos casos, lo más probable sería que terminase hecho rodajas en algún rincón perdido del enorme corazón verde del País del Fuego.

Off:
Yumei:

Kaguya Yumei


Edad: 13 ~ 15 años



Clan: Kaguya
Especialidad Kenjutsu {Arte del Filo Elemental – Arte Rápido}
Elemento: Doton
Rango: Genin
Feudo: N/A – Granja de Asagami

Nin: 7 {+2} | Gen: 4 | Tai: 10 | Vel: 10 {+2}| Fuer: 6| Res: 7

Ninja no registrada del País del Fuego. Chica muy alegre, simpática y dulce. Le encanta su granja y pasar tiempo con su padre.



Inventario:
Katana
Senbon (x10)
Sellos explosivos (x4)
Píldora del soldado (x1)

Nota: Sólo la katana es apreciable a simple vista, siempre que se observe de frente..



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Re: Abasteciendo la desgracia ❁

Mensaje por Yabuki Joe el Sáb Nov 25, 2017 7:06 am

Éxito rotundo. Su técnica funcionó de la mejor forma posible, y su llamado fue respondido por aquellos a los que necesitaba. Insectos de aire no tardaron en abandonar su constante rutina para colocarse al servicio del Aburame, quien se apresuró en construir una red de información que se extendía hasta llegar a la quincena de individuos escoltando a la bestia de carga, grupo que seguía avanzando a un ritmo regular, dando la impresión de no tener idea que estaban siendo vigilados. “Es bueno que no haya un Aburame entre ellos”, pensó el shinobi, aliviado, tras concretar con éxito la formación del improvisado enjambre. De haber existido un manipulador de insectos en el bando contrario, el movimiento de éstos habría causado sospechas o alguna reacción; sin embargo, todo parecía indicar que no existirían complicaciones para el uso de ataques de guerrilla, o tal vez un barrido en simultáneo, dado que su condición física no le permitiría adoptar una estrategia de desgaste, menos aun cuando el enfrentamiento sería tan desigual.

Las cavilaciones del pelinegro no tardaron en ser interrumpidas por una voz femenina, una voz familiar para él, pero que no pudo reconocer instantáneamente debido al radical cambio de entonación. Viéndose sorprendido con las manos en la masa, la primera reacción del ninja feudal fue la de incrementar la distancia entre él y el origen del sonido, por lo que, aprovechando que no existía un obstáculo que detuviera el movimiento que estaba próximo a realizar, separó su mano de la madera que tocaba, finalizando así la técnica que había utilizado, y dio un par de veloces zancadas hacia adelante, su camino siendo cortado por un árbol de tronco grueso a un par de metros de su posición original; sin embargo, lejos de evadirlo o treparlo, el Yabuki se dio una media vuelta sobre sus talones, quedándose a un par de centímetros del tronco, el que fungiría como cobertura para su retaguardia, su lenguaje corporal dando a entender que se encontraba acorralado. Su mirada, hostil y penetrante en un comienzo, cambió radicalmente cuando se posó en la muchacha que había tomado la palabra, pasando a una de confusión.

¿Yumei-san? —preguntó con sorpresa el aludido, quien no entendía por qué la amable muchacha lo estaba tratando de esa forma; sin embargo, no le tomó mucho percatarse de los detalles ausentes en la escena, como el sonido de los arbustos moviéndose o las ramas quebrándose para anunciar la llegada de la joven cornada en ese lugar, detalles que también habían sido omitidos durante su trayecto hasta ese punto. Soltando un largo suspiro, el amigo de los insectos apoyó su espalda sobre la madera a sus espaldas, elemento usado como apoyo mientras su talle se deslizaba hasta quedar sentado sobre el suelo cubierto de grama. Toda la situación había bastado para quitarle las pocas energías que acababa de recuperar—. También eres un ninja, ¿verdad? —volvió a preguntar el joven, su voz resignada y agotada, sus ojos negros, vacíos como pozos, posándose sobre la muchacha mientras su postura se relajaba. No necesitaba de una respuesta de su parte para saber que estaba en lo correcto, razón por la cual ya no podía dejar que sus confusas emociones siguieran nublando su juicio. El peligro era más real que nunca. “Todos los ninjas somos asesinos por naturaleza”, se dijo el shinobi, recordando brevemente los orígenes de toda la sangre que manchaba sus manos. Como para dar un ejemplo de esta aseveración, tanto la nueva posición del Aburame como su accionar no eran más que una pantalla para facilitar la salida de sus kikaichū, los que, aprovechándose de las sombras proyectadas por los árboles y arbustos, y la cobertura ofrecida tanto por el césped como por su propia colmena, comenzaron a extenderse por el área a un ritmo veloz y constante, su natural sigilo siendo aprovechado al máximo al ser combinado con la poca visibilidad del terreno.

¿Hacerles daño? Yo no quiero hacerles daño, Yumei-san, por eso estoy aquí —respondió el pelinegro con completa honestidad—. De querer lastimarla, no le habría dejado el dinero para que encuentre a alguien que le ayude a proteger sus compras —añadió, para luego mover ambos pies, lo suficiente como para que la atención se posase en ellos—. La última vez que atravesé el bosque con un cargamento de carne, me perdí y terminé huyendo de un grupo de perros salvajes. Mis pies terminaron hechos añicos y la fiebre me tuvo en cama por varios días… Además, perdí la carne —comentó de forma anecdótica, entrecerrando los ojos levemente tras recordar los sucesos de ese día. Si bien no podía recordarlo todo con claridad, podía recordar todo lo malo, ya que esa fue la semilla que hizo florecer su odio por los bosques—. No me gusta el bosque… —sentenció en un lamento, abriendo los ojos completamente, mirada que se había mantenido atenta en la joven durante todo ese tiempo, aunque sus acciones hacían parecer lo contrario. Él no era de hablar tanto a menos que la situación lo ameritara, y la situación actual era bastante crítica para el agotado shinobi, quien, además de contar con una desventaja física, se veía reacio a dar el último paso con la muchacha frente a él, acción que no realizaría hasta confirmar su hostilidad.

“Creo que lo mejor sería esperar a que hagan lo que tengan que hacer y emboscarlos durante su viaje de regreso”, pensó el descendiente de los Aburame, quien pestañeó un par de veces al percatarse de un detalle que había pasado por alto. “Ahora que lo pienso… ¿Acaso Yumei-san sabe que esas personas van a su hogar?”, se preguntó el ataviado como mendigo, quien volvió a colocar una expresión complicada. “Si ella no lo sabe, puede que el viejo esté actuando a sus espaldas, y eso significaría que ella nunca ha sido mi enemigo, por lo que todo sería un malentendido”, concluyó de forma precipitada e ilógica, ignorante del hecho de que la hija debería pertenecer a la misma fracción que su padre. Para él, Yumei era una persona tan buena como Dastan, por lo que la gratitud que sentía hacia ella no le permitía ver el cuadro completo; sin embargo, si sus siguientes palabras hacen que ella lo ataque, el frágil ideal se hará añicos, y la muchacha se transformaría en un blanco tan válido como los quince soldados y su mula.

Yumei-san… Un grupo de personas va a tu casa —el Aburame pronunció, retomando la palabra. Tanto su rostro como su mirada endureciéndose, su voz pasando al monocorde que demostraba su seriedad absoluta—. Quince individuos armados, ataviados con armaduras iguales, gastadas, sus cascos con un símbolo de fuego, y escoltando a una mula —añadió, compartiendo la información que había recibido de sus insectos anteriormente—. Tenía la impresión de que eran… malas personas… —de forma consciente, Joe evitó la palabra “enemigo”, buscando mantener una posición neutral, evitando la soga al cuello por el mayor tiempo que le fuera posible, lo suficiente como para poder dar cabida a su estrategia—. Quería investigar, y tal vez detenerlos… Pero ya es tarde. Creo que ya deben estar allá —finalizó su lista de medias verdades tras calcular el tiempo que había estado hablando. Mientras esperaba a recibir nueva información, tanto de Yumei como de los insectos, el otrora vagabundo tenía dos opciones en ese momento.

De actuar de forma no hostil, Joe buscará separar su camino del de Yumei sin tener que recurrir a sus insectos, para luego emboscar a los soldados durante su viaje de regreso; sin embargo, de demostrarse lo contrario, de confirmar que la de cuernos es su enemigo, procedería a utilizar sus insectos. Éstos, quienes han tenido el tiempo suficiente como para cubrir un área significativa de ese espacio entre los árboles, comenzarán a invadir el cuerpo de la muchacha con velocidad y ahínco, pero nunca abandonando el sigilo, actuando solo después de haber dado la señal de estar en posición y de recibir la confirmación de su colmena para atacar. Su objetivo sería el mismo que el Aburame siempre ha utilizado en sus ataques; después de todo, nunca se ha encontrado con alguien que tenga todos los orificios de su cuerpo sellados, y los órganos, generalmente, no poseen defensas que impidan la invasión de los insectos de destrucción parasitaria, por lo que, de alcanzarlos, la victoria se facilitaría bastante.




Off:

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Stats:
• Ninjutsu: 10
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 6
• Velocidad: 10 - 3
• Resistencia: 10 - 3
• Fuerza: 10 - 3

Penalización por hambre.
Equipo:


  • Kunai, 10 unidades.
  • Hilo ninja, metros ilimitados.
  • Bomba de humo, 2 unidades.
  • Bomba de luz, 2 unidades.
  • Vendas, unidades ilimitadas.
  • Sellos explosivos, 2 unidades.
  • Sellos en blanco, 10 unidades.
  • Pergamino de ADN (2/5 cuerpos), una unidad.

Técnicas utilizadas:
Kikaichū no Jutsu (寄壊蟲の術, técnica de los insectos de destrucción parasitaria): Técnica pasiva y fundamental, base de todas las demás técnicas del clan Aburame. Al ser transformado en una colmena para los kikaichū al momento de nacer, el ninja Aburame obtiene la capacidad de comunicarse con toda clase de insectos, los que siguen todas sus órdenes, al pie de la letra y sin importar cuáles sean; sin embargo, su vínculo más fuerte siempre será con sus kikaichū.

La restricción de esta técnica radica en la cantidad de insectos que el Aburame puede liberar para sus técnicas, ya que, si bien éstos son inagotables, su uso excesivo puede significar una reducción importante de la población de kikaichū en su cuerpo, lo que se traduciría en una merma de insectos para las técnicas futuras.

El ninja Aburame puede utilizar cuatro técnicas diferentes relacionadas con sus insectos (entiéndase, kikaichū) antes de verse obligado a esperar tres turnos consecutivos sin liberar kikaichū para que la población alcance sus números normales. A medida que ascienda de rango, el Aburame podrá realizar dos técnicas adicionales por cada rango obtenido, alcanzando un máximo de diez técnicas. Mientras la colmena reestablece sus números, ésta se alimenta del chakra del Aburame, consumiendo chakra equivalente a tres técnicas del rango mínimo que le resten al usuario durante el tiempo de espera. Si los niveles de chakra del ninja disminuyen demasiado, y dado que los Kikaichû son parásitos por naturaleza, el enjambre comenzará a devorarlo desde dentro, agotando al ninja a razón de -5 de Resistencia por turno.

Otra restricción a esta técnica es el uso de insectos kikaichū hembra, ya que éstos son los más valiosos dentro de cada colmena debido a que se relacionan directamente con la tarea de reproducción y mantención de la población dentro de la misma. El ninja Aburame sólo podrá utilizar diez kikaichū hembra por combate, reestableciendo dicha cantidad al término de la pelea.
Dos de cuatro liberaciones realizadas. Primer grupo, sin turnos restantes. Ya fallecido. Segundo grupo, dos turnos de vida por penalización de resistencia.


Por penalización de resistencia, seis de ocho técnicas disponibles.
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Re: Abasteciendo la desgracia ❁

Mensaje por Narrador el Lun Nov 27, 2017 8:02 pm


A medida que la verdad se desnudaba ante sus ojos, la de piel marmórea iba encajando las piezas. Sí. Había oído alguna vez, de boca de algún viajero que paraba en la granja para descansar, que existían ninjas capaces de comunicarse con ciertos animales; siempre los había creído parte del imaginario, dentro del terreno de las leyendas y los cuentos para niños, pero ahora empezaba a temerse que no fuese así. La llegada de los insectos junto al vagabundo, sus prisas por salir y la zona escogida, desde donde apenas era visible la caravana de soldados con su mula. Todo estaba demasiado bien orquestado como para ser fruto de la simple casualidad.

Esos hombres son los que nos mantienen. Además, estamos atrapados entre ellos y sus enemigos. No tenemos elección, si es que no queremos morir. — la voz, igual que la mirada, se le quebraba con cada palabra. A ella le dolía como a la que más esa situación de fuego cruzado en la que se encontraba su pequeña familia. Sabía que su padre no podía mantener el ritmo de trabajo que exigía el abastecer a un batallón, o que su tío, impedido, no era si no otra ficha sobre el tablero que ellos movían a su antojo, poseedores de la medicina que actuaba como última línea de defensa entre su corazón y la enfermedad que lo aquejaba. Pero a pesar del dolor, tenía que enfrentarse a la realidad, cruda, fría, una ramera despiadada sin miramientos ni por los más inocentes.

¡¿Tienes una idea mejor?! — gritó cuando no pudo más. Su capa ondeó con el brusco movimiento de sus brazos y dejó a la vista la empuñadura de su espada. Tenía las cuerdas del mango nuevas, sin muestras de haberse desgastado ni un poco. Nunca la había usado más de unos pocos minutos seguidos, para cuidarla o dejarla en algún lado — Vete, por favor. No me obligues a hacerlo una vez más. Me da igual a las órdenes de quién estés, o el blasón que lleve tu bandera; márchate, no causes problemas. No me hagas elegir entre mi familia o un desconocido… otra vez.

Resultaba desgarrador, incluso sin conocer los antecedentes, cómo esas manos finas, suaves y delicadas de repente estaban cubiertas de sangre fresca en los recuerdos, en el pensamiento y las fantasías decadentes inherentes a la vida de cualquier ninja. Porque incluso los más jóvenes e inocentes eran armas perfectamente afiladas, espadas al servicio de sus principios, sus familias o sus señores, igualmente mortales para los enemigos. Y ella no era una excepción.

Algo bajo su piel estaba cambiando, deformándose y creciendo. Era la misma dolencia que tenía en cama a su tío, por no haber sido capaz de adaptarse, pero que a ella, sin embargo, le había conferido una habilidad vista muy pocas veces en el mundo exterior. La rapidez con la que una fina capa de material óseo se extendía bajo su piel, hasta cubrir los últimos milímetros asombraba, aunque tal vez lo más escalofriante era ver cómo su manto níveo se rajaba y sangraba a medida que nuevas estructuras de blanco puro surgían lentamente, abriendo la carne a su paso, y quedaban al aire sobre los hombros, las rodillas e incluso los codos.

Ese era el monstruo al que no quería liberar Yumei, el mismo al que ahora sólo sostenían unas pocas cadenas a punto de romperse.

Déjanos en paz, por favor. — suplicó una última vez, mientras finos hilos rojos le resbalaban desde las heridas abiertas sólo para recordarle que ese era su legado, la herencia que, por derecho, le pertenecía.

Off:
Yumei:

Kaguya Yumei


Edad: 13 ~ 15 años



Clan: Kaguya
Especialidad Kenjutsu {Arte del Filo Elemental – Arte Rápido}
Elemento: Doton
Rango: Genin
Feudo: N/A – Granja de Asagami

Nin: 7 {+2} | Gen: 4 | Tai: 10 {+1} | Vel: 10 {+2} {-2} {+2} | Fuer: 6| Res: 7 {+4}

Ninja no registrada del País del Fuego. Chica muy alegre, simpática y dulce. Le encanta su granja y pasar tiempo con su padre.

Técnicas:

Pasiva:
Shikotsumyaku(尸骨脉; literalmente "Pulso de Huesos Muertos") es el Kekkei Genkai del extinto Clan Kaguya, que les dio la capacidad de manipular su propia estructura ósea. Al fundir su calcio con chakra, ellos pueden manipular el crecimiento y las propiedades de sus huesos a gusto, pudiendo llegar a crear armas a partir de éstos.
Las principales características de este Kekkei Genkai permiten al usuario manipular la velocidad de crecimiento de sus huesos, así como la ubicación de los depósitos de calcio. Los usuarios pueden aumentar la densidad de los huesos creados, haciéndolos más fuertes que el acero, a tal punto de ser duros como el diamante. Esto no sólo hace que las armas creadas sean muy poderosas, también se podría decir que sus cuerpos son muy difíciles de romper de cualquier forma convencional, mas no de destruir. El cuerpo humano posee unos 206 huesos, pero este Kekkei Genkai rompe las leyes ya que estos no tienen un número definido de huesos.

Aclaraciones y especificaciones:
Si bien los Kaguya son capaces de manipular su tejido óseo, el nivel de manipulación del mismo no es la misma siendo Genin que siendo Jōnin. Es decir:
·  Genin: Exteriorización de huesos como protuberancias afiladas. Pueden formar estructuras simples. Los huesos salen del cuerpo con lentitud.

Hone no Yoroi (骨の鎧 - Armadura ósea)
Los naturales del clan Kaguya son capaces de crear una lámina de hueso bajo su propia piel, que hace que su defensa y resistencia aumente drásticamente. Sin embargo, este jutsu restringe la movilidad ya que la estructura ósea entorpecería el movimiento de los músculos y articulaciones. El ninja además, puede regenerar se con facilidad.
Ésta técnica disminuye 2 puntos en velocidad y aumenta 4 en resistencia.

Yanagi no Mai (柳の舞 - Danza del Sauce)
En esta danza ofensiva, el Kaguya hace crecer varias hojas de huesos largos en su cuerpo para utilizarlos como armas. Los más frecuentemente utilizados son aquellos que emergen de la palma de las manos, pero también es posible que usen los que obtienen de otras partes de su cuerpo, como los codos, rodillas y hombros.  La danza del sauce es muy acrobática, llena de giros difíciles de evadir. Los Kaguya pueden extender sus huesos para atacar sin tener que moverse. La duración de este jutsu es de 2 posts.
Ésta técnica incrementa en 2 puntos la velocidad y en 1 punto el taijutsu del usuario.


Inventario:
Katana
Senbon (x10)
Sellos explosivos (x4)
Píldora del soldado (x1)

Nota: Sólo la katana es apreciable a simple vista, siempre que se observe de frente..



Físico completo



Cualquier duda, ya sabes que puedes contactarme por MP. ^^
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Re: Abasteciendo la desgracia ❁

Mensaje por Yabuki Joe el Miér Nov 29, 2017 1:47 am

La muchacha de la cornamenta tomó la palabra, y cada segundo de su monólogo hizo que la expresión del ninja feudal se ensombreciera, tornándose en una de absoluta confusión, un conflicto palpable incluso para él, quien valoraba su propia vida más que cualquier otra cosa; sin embargo, un muchacho de cabellos rubios le enseñó a sentir gratitud durante uno de los puntos más bajos de su existencia, y poco sabía éste el peso que aún guardaba en la mente del pelinegro. Las palabras de la joven Yumei revelaron su pertenencia al bando contrario, ella misma se encargó de colocarse esa etiqueta que el Yabuki había tratado de evadir durante toda la conversación. Ella era el enemigo, y todo aquél que sea el enemigo debería ser eliminado, pero algo dentro del otrora vagabundo le decía que hacerlo sería malo, que derramar la sangre de esa persona tan amable como Dastan sería doloroso para él, un dolor que ya comenzaba a oprimir su pecho, sin poder entender completamente la razón del mismo.

A pesar del conflicto interno de su colmena, el enjambre jamás detuvo su avance, por lo que no tardó en adoptar las posiciones idóneas para asaltar el cuerpo de la joven en cuanto se les diera la orden. El hecho de que su contacto sea tan delicado que no estimule el tacto de su víctima se había transformado en su ventaja más relevante, los kikaichū invadiendo con delicadeza e impunidad mientras su ignorante objetivo se expresaba con impotencia y dolor, soltando un grito que marcaba un punto de quiebre, una pregunta que marcó un antes y un después en la conversación. Con la tsuka de su espada expuesta, visible en su cinto, la niña le pidió al pelinegro que abandonara ese lugar, que no le obligara a “hacerlo” una vez más, que no le importaban las órdenes que él había recibido, que no quería verse forzada es tomar esa decisión otra vez.

Como para dar énfasis a sus palabras, el cuerpo de Yumei comenzó a cambiar, y de sus articulaciones no tardaron en brotar blancas formaciones de afilada apariencia, mas estas cuchillas de lo que parecía ser hueso no salieron de la misma forma en la que lo hacen los kikaichū, de forma inocua y sin dejar marcas, sino que rasgaron lentamente su camino al exterior, dejando sendas laceraciones en la pálida piel de la joven, quien, sin prestar atención a la sangre que brotaba de sus frescas heridas, rogaba por mantener la paz de ese statu quo. Lejos de poder responder de alguna forma, el labio inferior del pelinegro comenzó a temblar incontrolablemente, sus ojos oscuros humedeciéndose ante la escena de la muchacha hiriéndose a sí misma con lo que solo podía ser una de sus técnicas ninja, una muchacha que, sin siquiera percatarse de ello, ya había sido cubierta por un manto de insectos, los que se mantenían ocultos bajo su cabello y sus amplios ropajes. El enfrentamiento parecía ser inevitable, y el amigo de los insectos, quien ya tenía su carta triunfal lista para ser jugada, sentía, por primera vez, el peso de intentar acabar con la vida de alguien a quien tenía en alta estima.

¿Por qué tiene que ser así? —se lamentó el Aburame en un susurro, débil pero aún audible, mientras las lágrimas comenzaban a rodar por sus sucias mejillas—. No hay nada que me gustaría más que dejar todo atrás, Yumei-san. Lo único que quiero es vivir tranquilo, pero no puedo hacerle frente a esa persona. No tengo el poder para salir con vida de esa pelea… Me estás pidiendo que muera por ustedes, que muera por ti… Ya te pasé todo el dinero que tenía encima, ¿no estás pidiéndome mucho por un plato de estofado? —explicó y preguntó el acongojado hombre mientras su voz temblaba, la imagen de la mujer de cabellos azules alimentando esos temores que habían sido opacados por el fantasma del hambre. Con el estómago cargado, la mente de Joe podía volver a concentrarse en el porqué de su accionar, la sombra como una montaña de aquella mujer leal al Rayo recordándole que el fracaso no era una opción, que antagonizar a su empleador actual solo podía terminar con su muerte. Lejos de toda gloria o estandarte, la única motivación real para el pelinegro era el miedo; sin embargo, aun sabiendo que posponer el choque por más tiempo podría traducirse en su fracaso, el ataviado como mendigo pronunció las que bien podrían ser sus últimas palabras.

¿Debemos pelear hasta que uno de los dos termine muerto? ¿No existe otra salida? —preguntó el Yabuki, aún reticente a actuar, pero reuniendo la voluntad para preservar lo más importante que tenía, aquello por lo que había derramado la sangre de incontables otros: su propia vida. Entre la espada y la pared, el domador de insectos contaba con solo un movimiento efectivo en contra de la muchacha, uno que difícilmente podría ser evadido debido al tiempo de preparación que ha tenido; sin embargo, de no realizarlo en ese momento, perdería su oportunidad de hacerlo debido al final de las vidas de los kikaichū, y un futuro enfrentamiento frontal lo dejaría en una pésima posición debido a su cansancio acumulado. “No hay espacio para dudas”, sentenció la colmena dentro de su cabeza. “Si Yumei-san decide pelear, o si duda en hacerlo, pero no cancela su técnica, deben atacar sin piedad alguna”, ordenó a sus insectos. “Pero si guarda esos huesos, si decide que ese no es el camino que quiere seguir, en ese caso, deben abandonar su cuerpo antes de morir”, sentenció en silencio, su mirada fija evaluando cada movimiento de la joven fémina.

Dicho y hecho, los insectos sobre el cuerpo de Yumei esperarían a la señal de su maestro, para luego ejecutar sus órdenes al pie de la letra. El abandonar su postura de agresión hará que los insectos abandonen su silueta sin causar estragos ni llamar la atención, para luego morir pacíficamente entre las sombras de la grama alta; sin embargo, de mantener la testarudez, ésta se transformaría en un emisario de su caída, ya que los insectos quemarán sus vidas para entrar en un frenesí que los llevará a invadir sin sutileza cada uno de los agujeros en su cuerpo de forma simultánea, zonas a las que su preparación les ha otorgado acceso anticipado. Al momento de realizarse el ataque, Joe tomará distancia y cobertura entre los árboles, alejándose lo suficiente como para mantenerse a salvo sin perder la visibilidad; después de todo, si debía acabar con su vida, tenía la obligación de no dejar cabos sueltos, ya que aún le esperaba un combate con desventaja numérica.

Sin embargo, todo depende de las siguientes acciones de la muchacha cornada, si decide hacerle frente a al extraño invasor, o si encuentra una respuesta que la lleve a bajar las armas. En cualquiera de los casos, ese será el último movimiento que el grupo de insectos en el campo podrán realizar antes de perder su vida, dejando a Joe expuesto a cualquier ataque en el caso que el suyo sea ejecutado y falle.

En el caso que Yumei decida luchar:
La ejecución será certera, pero no instantánea, por lo que un pequeño grupo se separará del resto para colarse en las cuencas de sus ojos, cortando la conexión entre éstos y el cerebro, robándole la visión y reduciendo las probabilidades del atacante de ser alcanzado por un contraataque guiado por la desesperación. Los oídos serán destrozados mientras los kikaichū fuerzan su entrada a través de las trompas de Eustaquio hasta llegar a la faringe, punto en el que se encontrarán con aquellos que hagan ingreso a través de sus fosas nasales y boca. Sin poder emitir más que sonidos ahogados en respuesta, sus pulmones no tardarán en ser inundados por millares de insectos, los que no tendrán dificultades en navegar por su organismo hasta llegar a su corazón y detener su funcionamiento; después de todo, los kikaichū viven dentro de un cuerpo humano. Sin la delicadeza que tienen con su colmena, pero, éstos no tendrán reparo en crear atajos entre sus carnes blandas, creando heridas internas difícilmente reparables, especialmente en el caso de aquellos que hagan ingreso por su zona inferior, grupo que se desplazará con aún más violencia… La última vez que Joe mató a alguien usando este método, el hombre sufrió horriblemente antes de morir; sin embargo, un enemigo es un enemigo, y el consumado asesino no escatimaría en recursos para asegurarse de que la persona a la que está atacando termine muerta. Yumei no era la excepción, por mucho que la angustia en su pecho no haga más que crecer con cada una de sus acciones.



Off:

Explicación:
Este turno ha sido uno de los más complejos para mí, ya que Joe se encuentra dividido entre su lógica retorcida y los sentimientos que han comenzado a brotar desde que conoció a Dastan. Sin tener muy claro qué hacer en esta situación, me he inclinado a crear una disyuntiva, revelando de antemano los resultados de la misma. Considerando que, a pesar de su estado físico, Joe ha plantado las semillas de su ataque desde que comenzó la conversación en el bosque, me he tomado la libertad de narrar los efectos del mismo en el caso de que se produzca una acción ofensiva de parte de la joven Yumei. Si bien no estoy seguro de que esta estrategia rinda frutos (incluso puede que esté malgastando la última acción de mis insectos), es lo mejor que puedo hacer con los recursos que poseo, así que aceptaré cualquier resultado.
Vestimenta actual:

Stats:
• Ninjutsu: 10
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 6
• Velocidad: 10 - 3
• Resistencia: 10 - 3
• Fuerza: 10 - 3

Penalización por hambre.
Equipo:


  • Kunai, 10 unidades.
  • Hilo ninja, metros ilimitados.
  • Bomba de humo, 2 unidades.
  • Bomba de luz, 2 unidades.
  • Vendas, unidades ilimitadas.
  • Sellos explosivos, 2 unidades.
  • Sellos en blanco, 10 unidades.
  • Pergamino de ADN (2/5 cuerpos), una unidad.

Técnicas utilizadas:
Kikaichū no Jutsu (寄壊蟲の術, técnica de los insectos de destrucción parasitaria): Técnica pasiva y fundamental, base de todas las demás técnicas del clan Aburame. Al ser transformado en una colmena para los kikaichū al momento de nacer, el ninja Aburame obtiene la capacidad de comunicarse con toda clase de insectos, los que siguen todas sus órdenes, al pie de la letra y sin importar cuáles sean; sin embargo, su vínculo más fuerte siempre será con sus kikaichū.

La restricción de esta técnica radica en la cantidad de insectos que el Aburame puede liberar para sus técnicas, ya que, si bien éstos son inagotables, su uso excesivo puede significar una reducción importante de la población de kikaichū en su cuerpo, lo que se traduciría en una merma de insectos para las técnicas futuras.

El ninja Aburame puede utilizar cuatro técnicas diferentes relacionadas con sus insectos (entiéndase, kikaichū) antes de verse obligado a esperar tres turnos consecutivos sin liberar kikaichū para que la población alcance sus números normales. A medida que ascienda de rango, el Aburame podrá realizar dos técnicas adicionales por cada rango obtenido, alcanzando un máximo de diez técnicas. Mientras la colmena reestablece sus números, ésta se alimenta del chakra del Aburame, consumiendo chakra equivalente a tres técnicas del rango mínimo que le resten al usuario durante el tiempo de espera. Si los niveles de chakra del ninja disminuyen demasiado, y dado que los Kikaichû son parásitos por naturaleza, el enjambre comenzará a devorarlo desde dentro, agotando al ninja a razón de -5 de Resistencia por turno.

Otra restricción a esta técnica es el uso de insectos kikaichū hembra, ya que éstos son los más valiosos dentro de cada colmena debido a que se relacionan directamente con la tarea de reproducción y mantención de la población dentro de la misma. El ninja Aburame sólo podrá utilizar diez kikaichū hembra por combate, reestableciendo dicha cantidad al término de la pelea.
Dos de cuatro liberaciones realizadas. Primer grupo, sin turnos restantes. Ya fallecido. Segundo grupo, un turno de vida por penalización de resistencia.


Por penalización de resistencia, seis de ocho técnicas disponibles.
Yabuki Joe
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Re: Abasteciendo la desgracia ❁

Mensaje por Narrador el Sáb Dic 02, 2017 1:33 am


El Aburame no era el único a quien las palabras se le hacían un nudo en la garganta, ni le pesaba sólo a él la vida del ninja, el camino impuesto a todos pero escogido por ninguno. Para Yumei tampoco estaba resultando sencilla esa situación. No era así, no quería serlo, por más que su naturaleza la empujase a ello, y verse forzada a semejantes cosas la destrozaba por dentro de una forma tal, que los insectos de la colmena sólo podían fantasear con, algún día, despedazar así por dentro a una persona.

El hueso mate eran sus lágrimas de marfil, la sangre la saliva que le faltaba en la boca, dejándosela seca y pastosa, dificultándole el habla.

Vio en él, sin embargo, algo que merecía la pena salvar. No era como otros a los que se había enfrentado, antes incluso del inicio de la guerra. Las perlas saladas que le rodaban por las mejillas eran… sinceras. Las primeras como las suyas que veía en mucho tiempo.
Por un momento, casi se pudo ver reflejada en sus pupilas rodeadas por un mar de tierras fértiles, acuosas por las salinas gotas que escapaban de allí. Incluso si hubiese querido, no habría sido capaz de mover un músculo en su contra. Las capas de hueso podían ser tan duras como el diamante, pero, el corazón que latía bajo ellas era mucho más puro que dicha gema; brillaba con luz propia, aunque a veces ese faro de esperanza titilase entre tinieblas insondables.

Sigue al norte. — dijo con la voz asfixiada por el miedo. Estaba poniendo en peligro a lo poco que quedaba de su familia, a fin de cuentas, por salvarle la vida a un desconocido en quien creía haber visto algo diferente; — No están muy lejos de aquí. Es un puesto de avanzada diminuto. Hasta… hasta yo misma he pensado atacarlo en varias ocasiones, pero no puedo — agitada, revuelta por las emociones, giró cuando todavía se estaban replegando los últimos vestigios de su linaje; las heridas se cerraban con la reentrada de los huesos — . Yo me encargaré de los que hay en la granja. — sentenció finalmente.

No hubo despedida emotiva, ni siquiera un simple adiós. Con la seguridad de que ella iba a cumplir su parte, esperaba lo mismo del vagabundo que tantas miserias ocultaba todavía. Sabía que, posiblemente, nunca iba a volver a verlo.


Efectivamente, unos pocos kilómetros al norte se encontraba un puesto de avanzada. Una agrupación de tiendas-barracones sin ningún tipo de lujo, con carencias incluso, donde hombres vestidos igual que los del desfile anterior se distribuían las tareas mientras esperaban por la vuelta de sus compañeros con la comida.
En el punto más alto de la tienda más grande, orgulloso de la tiranía a la que prestaba su imagen, ondeaba el estandarte de la Dama del Fuego, Himawari.

Si no los pillaba por sorpresa, el Aburame iba a pasar un muy mal rato contra todos ellos. Pero, si por el contrario explotaba un poco más esa paciencia que había demostrado tener, ni siquiera la treintena de hombres armados que allí residían iban a contar con una mínima oportunidad contra él. Sin ninjas a la vista, poco podrían hacer frente al poder que en él aguardaba dormido a la espera de ser convocado para algo más que para informar.

Off:

Misión fracasada: Incluso logrando destruir el puesto de avanzada, a medida que se desarrollen los eventos de la guerra alguien volverá a explotar las tierras de Asagami y su familia en su propio beneficio. No has conseguido quitar la comida a los soldados.

Examen aprobado: En tu caso, Joe, no he pretendido evaluarte en ningún momento el conocimiento de las normas de combate, las cuales ya sé de sobra que te sabes al dedillo, ni tu nivel dentro de un rol de pelea; me ganarías incluso estando en una desventaja mayor a la que tienes ahora. No. Para mi, tu examen ha sido para ver cómo te enfrentabas a situaciones complejas con Joe, y lo has hecho.

Aunque en principio la idea no era desarrollar lo más mínimo a Yumei y mantenerla como un simple NPC de sidequest más, me has hecho querer manejarla, y querer saber más de ella. Eso, para mí, quiere decir que tienes capacidad para llevar una historia, que a fin de cuentas es una de las cosas que también se le pide a un Chunin, pues sois la siguiente generación de senseis y, por tanto, habrá gente que espere con ganas vuestros post guiándolos a través de misiones.

¡Felicidades! :D

P.D. Que haya terminado el examen para ti, no quiere ni mucho menos decir que se haya terminado la guerra para Joe. Muchas de las misiones que recibirás a partir de ahora estarán relacionadas con los acontecimientos ocurridos en el País del Fuego, por lo que no te preocupes, no pretendo cortar aquí y dejarte con ganas de más. ^^
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Re: Abasteciendo la desgracia ❁

Mensaje por Yabuki Joe el Dom Dic 03, 2017 3:51 am


Has tomado a mi enemigo como el tuyo, Yumei-san —respondió la voz del shinobi a sus espaldas, quien comenzó a seguirle el paso en cuanto ésta comenzó a alejarse. Su voz aún parecía afectada por la situación que acababa de vivir; sin embargo, no se tardó en recuperar la firmeza—. Así que tu enemigo también es el mío. Esta pelea no será solo tuya —sentenció finalmente el pelinegro, con una seriedad que no había demostrado antes. Él estaba decidido a hacer lo mismo que hizo por Dastan tiempo atrás: asegurarse de que la muchacha con cornamenta no sufriese daño alguno de parte de su enemigo común. A pesar de que el Yabuki se veía incapaz de seguir a la joven de habilidades óseas a su misma velocidad, ambos contaban con los pies ligeros de alguien entrenado en el arte ninja, por lo que no tardaron en salir del bosque, desplazándose en línea recta en dirección a la retaguardia de la formación que comenzaba su ingreso a los predios de Asagami, el silencio de sus pisadas marcando el inicio de un ataque relámpago.

La niña llevaba ventaja sobre el varón, razón por la que su ataque llegó mientras él, aún en movimiento, comenzaba a liberar a su tercer grupo de insectos, fracción del enjambre, más numerosa que las anteriores, que se movería con una velocidad mayor a la de su colmena en la actualidad, pero aún un poco menor a la de Yumei. Su hoja destelló al momento de ser desenfundada en una técnica perteneciente al arte rápido, un battōjutsu que concluyó con la cabeza del soldado rezagado elevándose en el aire, su mirada sorprendida enfocándose en aquellos que los atacaban mientras la luz de sus ojos se apagaba para siempre. La sangre de la primera víctima comenzó a brotar sin control alguno, alertando a los dos más cercanos, quienes se voltearon a tiempo para ver cómo el cuerpo sin cabeza caía de rodillas. Aprovechando su hoja en alto, la especialista en combate armado giró su muñeca y tomó el arma blanca con ambas manos, transformando su desenvaine en un corte descendente que buscaba partir la cabeza del hombre a su derecha; sin embargo, éste logró hacerse a un lado, salvando su vida, pero perdiendo su brazo izquierdo ante el inclemente filo. El tercer hombre intentó colocarse en posición para defender a su amigo, pero los kikachu no tardaron en tomar forma humana, arremetiendo con suma velocidad en su contra. El estar enfocado en la muchacha con cornamenta le hizo ignorar la kunai que se clavó en su garganta, pasando a destrozar parte de su columna debido a la brutalidad que el clon era capaz de exhibir. El hombre sin el brazo, al tomar conciencia del dolor de aquella herida recibida, soltó un grito desgarrador que fue callado por un segundo clon, el que rompió su cuello con una facilidad abrumadora.

Doce soldados se voltearon al sonido del breve grito, topándose de frente con la masacre. Dos vagabundos desconocidos haciendo guardia a una figura más pequeña, con cuernos, cubierta en la sangre de sus víctimas. El demonio había llegado a buscar sus almas, y por ello el miedo les impidió proteger sus vidas con mayor ahínco; sin embargo, uno de ellos se alzó en contra del destino, uno que creía firmemente en su valor y en la causa a la que había jurado lealtad. En solitaria arremetida, el soldado de la Dama de Fuego se lanzó en contra del demonio de piel nívea, alzando su hoja para enfrentarse a la de ella. Las efigies del vagabundo se movieron a bloquearle el paso, pero él era hábil, más hábil que aquellos que se encontraban a sus espaldas, razón por la que no se preocupó de los números. La joven Yumei se preparó para recibir el ataque del hombre; sin embargo, su visión no tardó en ser bloqueada por un puñado de tierra que el soldado lanzó a sus ojos. Aprovechando ese instante de ventaja, el hombre lanzó un corte directo a su cuello, uno que, a pesar de no conseguir un corte limpio debido a que solo estaba utilizando una mano, al menos cortaría su cuello, llevándola al desangramiento. Poco sabía él que, al momento de impactar la hoja con la piel de la muchacha, un sonido metálico resonaría, la hoja deteniéndose sin siquiera penetrar su piel de forma visible. Una defensa abrumadora que ni siquiera él, con toda su habilidad, podía penetrar. Antes de caer en la cuenta de que este era el caso, su cuello fue apuñalado por un costado, uno de los vagabundos abriéndose paso por su punto ciego. Al caer de espaldas, pero, se percató de que se trataba de un tercer vagabundo, hombre cuya expresión cargada de ira contrastaba enormemente con la neutra expresión de sus "gemelos".

El recién llegado parecía haber entrado en un frenesí, apuñalando las zonas blandas del hombre con una crueldad inimaginable. —Nadie —Puñalada—. Dañará —Puñalada—. A —Puñalada—. Yumei —Puñalada—. San —Puñalada. Palabras pronunciadas por el hombre desquiciado, quien se unió brevemente a la ofensiva antes de caer de rodillas, exhausto, pero no por ello menos hostil. El aura que emitía era aún más siniestra que la que el demonio que habían visto anteriormente, por lo que la moral de cada soldado no tardó en hacerse añicos. Incluso la muchacha, quien tan certera había sido con su ofensiva, se detuvo por un momento a contemplar las acciones de su nuevo aliado; sin embargo, al notar que éste había agotado todas sus fuerzas en su nombre, reanudó su ataque con rapidez, siempre seguida por los dos clones. Entre la espada y la pared, los hombres aprendieron la última lección de sus vidas: Sin importar qué tan fuerte seas, siempre existirá alguien mucho más fuerte.

"Ah... Cómo necesito un trago en estos momentos..."

...

Sin poder ofrecer resistencia alguna, los cuerpos de los soldados cayeron como grotescas marionetas a las que se les cortaron los hilos, el campo llenándose de charcos y salpicaduras sanguíneas, ninguna proveniente de aquellos encargados de la ejecución. A pesar de la aparente ventaja numérica que los hombres de la Dama de Fuego poseían, ninguno estaba equipado con la fuerza o velocidad para hacerle frente al talento marcial de la joven Yumei, y cualquier intento de ataque a su espalda, o incluso escape, fue detenido por las efigies de insectos creada por el Aburame, clones equipados con una kunai cada uno, que se encargaron de acabar con aquellos que las acciones de la kunoichi dejaron en un estado moribundo. De todos aquellos que habían entrado al predio, solo la bestia de carga salió con su vida intacta, animal que no tardó en ser guiado al terreno de la granja por los Mushi Bunshin mientras su original recuperaba la calma y la normalidad, y comenzaba a trabajar. Su labor era la de apartar y saquear los cadáveres, dejando los fiambres desnudos a un costado, ordenados en una hilera. Por insistencia propia, realizó toda la labor en solitario, evitando que la muchacha se ensuciase las manos… aún más de lo que ya lo había hecho.

Un conjunto de armadura me dejará moverme con mayor libertad dentro de este territorio —pensó el pelinegro en voz alta, mientras separaba las piezas en mejor estado de aquellas que habían sido dañadas de forma irreparable durante la breve escaramuza. Sin ser ajeno al saqueo de cadáveres, Joe no tardó en dejar todo ordenado, separando armas, armaduras, vestimentas, herramientas y misceláneos. Todo el dinero encontrado aún seguía dentro de su propio saco, varios soldados llevando el propio, y uno más grande que el resto, seguramente con el pago que llevaban para entregar por los alimentos. “Esto le servirá más a Yumei-san”, pensó el otrora vagabundo, quien se conformaría con un traje de armadura y las armas y herramientas reglamentarias para un soldado, objetos que usaría para facilitar su infiltración. Tras hacer a un lado todo lo que tomaría para su persona, el pelinegro tomó todo el dinero y comenzó a caminar en dirección a la fémina de tez pálida.

Este es todo el dinero que cargaban —dijo con seriedad, ofreciéndoselo a la joven antes de volver a tomar la palabra—. No lo conté, pero, con lo que ya dejé aquí, debería ser suficiente para pagar tres o cuatro pasajes de barco —calculó mentalmente, y luego hablar antes de dar tiempo a una interrupción—. Ahora que estamos en el mismo bando, no puedo dejar…los expuestos en territorio enemigo —añadió, recordando que ella no vivía sola en ese lugar—, así que es mejor que se marchen lo antes posible en dirección sur, a las costas. Mis órdenes vienen del País del Rayo, y un barco les permitirá llegar allá más rápido, en especial si deben viajar con esa persona —mencionó, recordando a quien aún seguía en cama. Su argumento era bastante sencillo, y su peso se veía muy acentuado por las acciones que ambos habían tomado ese día. Era claro que, de conocerse la participación de la muchacha en ese ataque, no solo ella sería quien reciba el castigo, en especial cuando la escena del crimen había sido esa misma granja.

No dejaré que anden por las calles —prometió el Yabuki, consciente de las dificultades de la vida nómada, mientras hurgaba entre sus prendas para sacar un pesado anillo de plata, accesorio con la imagen de un búho grabada en su metal, símbolo de aquellos que eran leales al feudal Makoto Takashi, señor de Yasei Arashi—. Este anillo es muy importante en ese lugar —Joe dijo mientras se lo ofrecía a Yumei, recordando vagamente todo lo que le habían dicho al momento de unirse a las fuerzas norteñas—. Al llegar al país, debes mostrárselo a cualquier miembro del ejército aliado, y decirle que han ayudado a Joe Yabuki, y que él los ha enviado —finalizó, mencionando finalmente su nombre. Joe conocía de sobra el peso que su propia persona había conseguido en la nación de las nubes, por lo que contaba con que su identidad y símbolo feudal fuesen suficientes para que esas personas se viesen beneficiadas por parte de la caridad que él mismo había recibido en esas tierras, o, al menos, les otorgaran un techo y comida mientras él continuaba su misión.

Dejando unos breves minutos para decidir, el shinobi del Rayo fue a cambiar sus vestimentas por las que había apartado minutos atrás, evitando así tener que utilizar la técnica de transformación para tomar la apariencia superficial de un soldado de la Dama de Fuego. Desde ese punto, la familia de Yumei contaba con tres opciones: podían negarse a la oferta del pelinegro, regresándole el anillo y quedándose en ese lugar en el corazón del territorio de Himawari Tsukasa, lugar en el que tendrían que dormir con un ojo abierto durante el resto de sus vidas. De acceder a la oferta del pelinegro, éste les ayudaría a organizar sus pertenencias y les daría la despedida, prometiéndoles eliminar su rastro para evitar que fuesen perseguidos. La tercera opción era tomar la oferta del shinobi, pero no confiar en su palabra, exigiéndole que viaje con ellos al Rayo, petición que él aceptaría con la condición de que le permitieran borrar todo rastro de su presencia en ese lugar.

La primera opción concluiría con una despedida entre ambas partes, el shinobi disfrazado tomando algo de la comida que debían entregar antes de perderse entre los árboles en dirección al asentamiento de Kakkinoaru’en más cercano, el que vigilaría hasta la llegada de la noche, momento que aprovecharía para extender sus redes de insectos y atacar sin cuartel. La segunda opción haría que el grupo familiar abandone su hogar, el que sería reducido a cenizas por el manipulador de Katon antes de emprender su rumbo a las tierras de más al norte, sus tierras y fuentes de agua contaminadas por los cadáveres que serían destrozados en ese lugar, su reabastecimiento y modus operandi manteniéndose intacto. La última opción los llevaría a todos en dirección al sur, impidiendo que el Aburame pueda ejecutar a los ignorantes soldados de la Dama de Fuego, pero asegurando así el bienestar de Yumei y su familia, quienes dejarían atrás una granja en llamas, sus tierras y agua contaminadas por restos humanos. Dos alternativas permitirían que el ninja del Rayo pueda cumplir con su parte del acuerdo, y dos opciones permitirían que la familia de la muchacha tuviera un futuro en tierras lejanas.

¿Qué sería lo más importante para ella en esos momentos?


Off:

Vestimenta actual:

Stats:
• Ninjutsu: 10
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 6
• Velocidad: 10 - 3
• Resistencia: 10 - 3
• Fuerza: 10 - 3

Penalización por hambre.
Equipo:


  • Kunai, 10 unidades.
  • Hilo ninja, metros ilimitados.
  • Bomba de humo, 2 unidades.
  • Bomba de luz, 2 unidades.
  • Vendas, unidades ilimitadas.
  • Sellos explosivos, 2 unidades.
  • Sellos en blanco, 10 unidades.
  • Pergamino de ADN (2/5 cuerpos), una unidad.

Técnicas utilizadas:
Kikaichū no Jutsu (寄壊蟲の術, técnica de los insectos de destrucción parasitaria): Técnica pasiva y fundamental, base de todas las demás técnicas del clan Aburame. Al ser transformado en una colmena para los kikaichū al momento de nacer, el ninja Aburame obtiene la capacidad de comunicarse con toda clase de insectos, los que siguen todas sus órdenes, al pie de la letra y sin importar cuáles sean; sin embargo, su vínculo más fuerte siempre será con sus kikaichū.

La restricción de esta técnica radica en la cantidad de insectos que el Aburame puede liberar para sus técnicas, ya que, si bien éstos son inagotables, su uso excesivo puede significar una reducción importante de la población de kikaichū en su cuerpo, lo que se traduciría en una merma de insectos para las técnicas futuras.

El ninja Aburame puede utilizar cuatro técnicas diferentes relacionadas con sus insectos (entiéndase, kikaichū) antes de verse obligado a esperar tres turnos consecutivos sin liberar kikaichū para que la población alcance sus números normales. A medida que ascienda de rango, el Aburame podrá realizar dos técnicas adicionales por cada rango obtenido, alcanzando un máximo de diez técnicas. Mientras la colmena reestablece sus números, ésta se alimenta del chakra del Aburame, consumiendo chakra equivalente a tres técnicas del rango mínimo que le resten al usuario durante el tiempo de espera. Si los niveles de chakra del ninja disminuyen demasiado, y dado que los Kikaichû son parásitos por naturaleza, el enjambre comenzará a devorarlo desde dentro, agotando al ninja a razón de -5 de Resistencia por turno.

Otra restricción a esta técnica es el uso de insectos kikaichū hembra, ya que éstos son los más valiosos dentro de cada colmena debido a que se relacionan directamente con la tarea de reproducción y mantención de la población dentro de la misma. El ninja Aburame sólo podrá utilizar diez kikaichū hembra por combate, reestableciendo dicha cantidad al término de la pelea.
Dos de cuatro liberaciones realizadas. Primer grupo, sin turnos restantes. Ya fallecido. Segundo grupo, sin turnos restantes. Ya fallecido. Tercer y cuarto grupo. Por penalización de resistencia, dos turnos restantes.
La reposición comienza el próximo turno.


Mushi Bunshin no Jutsu (蟲分身の術, técnica del clon de insectos): Técnica secreta en la cual millares de insectos kikaichū se reúnen en un sólo lugar y toman la apariencia del Aburame o la de cualquier persona que éste desee. El clon es muy elaborado, tanto como para confundir con facilidad al clon con el original, por lo que puede ser usado como señuelo o para una táctica de distracción. Su poder de ataque y velocidad están directamente relacionados con la habilidad del ninja con el ninjutsu. El clon se descompone en insectos al ser golpeado, y debido a que está formado por insectos, puede reformarse de forma muy veloz, aunque no soporta más de dos golpes antes de deshacerse al recibir el 3ro, sin embargo las explosiones o fuertes jutsus elementales de katon y raiton pueden deshacerlos facilmente. Al estar formados por insectos las armas arrojadizas pequeñas (kunais, shurikens, sembons y similares) los atraviesan sin destruirlos. Pueden usar armas, pero no realizar jutsus. Estos clones pueden engañar al sharingan pues llevan el mismo chakra que el usuario, pero no al Byakugan pues este puede ver claramente su composición, tambien pueden engañar al olfato pues llevan el mismo olor corporal del Aburame. Cuando estos clones son destruidos el usuario puede recuperar la información que poseían si al menos un insecto de los que lo conformaban sobrevive.
Máximo: 2 clones en Genin.


Por penalización de resistencia, seis de ocho técnicas disponibles.
Yabuki Joe
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Re: Abasteciendo la desgracia ❁

Mensaje por Narrador el Mar Dic 19, 2017 6:47 am


Ni el acero de las espadas podía atravesar a la guerrera de marfil. Ninguno fue rival para ella, no tanto por su habilidad con las armas como por su inmunidad a estas. Cuando hubo caído el último, Yumei volvió a respirar.
La sangre que goteaba desde la punta de su espada era la tinta con la que se firmaba su sentencia, la de toda una familia presentándose a morir más tarde o más temprano. Ahora más que nunca, no podía abandonar lo que era, necesitaba seguir haciéndose fuerte, entrenando y conociendo más de su linaje óseo para proteger lo que más le importaba.

Pero ellos no eran los únicos allí.

El viejo, que había ido al granero de atrás a por los sacos, llegaba para ser golpeado por la escena. Su pequeña cubierta de sangre, salpicada por motas rojas sobre la piel marmórea, parecía estar a punto de estallar en un grito de agonía. Frente a ella, el vagabundo ofrecía dinero y un anillo, conjunto a una explicación y la oportunidad de sus vidas. El trato, pero, no era justo. Marcharse, desaparecer como si nunca hubiesen existido, no era el recuerdo que le debía a su difunta mujer, ni a sus antepasados. Puede que fuese un humilde campesino ahora, pero otrora había sido un soldado, todavía el collar del orgullo permanecía atado a la pesada cadena del honor.

Acepta. — no era una petición amable, ni una muestra de caridad simpática. Una orden, de eso se trataba. Estaba hablando por ella

¡No! — gritó, iracunda, la niña de los huesos. Su voz se quebró incluso por la fuerza impresa en esa negativa que, sin embargo, no hizo mella en la expresión del hombre.

No estoy negociando, Yumei, ni pidiéndote permiso. Coge lo que necesites de la casa; las medicinas de mi hermano y marchaos los dos ahora mismo.

¡¿Y tú te quedas aquí para morir, padre?! ¡No pienso irme y de- — en mitad del concierto de gritos que estaba ofreciendo, una mano llena nudos y áspera le cruzó la cara. Todo el daño que las espadas no habían podido infligirle, lo hizo suyo la bofetada. Ni el hueso tan duro como el diamante, ni la fortaleza capaz de hacerla resistir ser vapuleada en una pelea desigual, sirvieron de nada frente a recta mano de su progenitor.

No construí este lugar para después abandonarlo. Pero no pienso permitir a lo que me queda de familia arriesgarse por algo que no les concierne. Me quedaré, moriré aquí si es necesario, nadie mirará una tumba vacía y pensará que es la mía. Vamos, no hay tiempo que perder. Cuando esa mula tarde en regresar cargada de grano, enviarán a más de los que vosotros dos podáis matar en una noche completa.

Sin saber qué le dolía más, la bofetada o el dejar atrás a su padre, Yumei obedeció y se puso de pie para dirigirse a la cabaña a por sus cosas. Asagami, mientras tanto, se quedó con Joe fuera. Los primeros instantes los presidió el silencio más absoluto; la mirada del hortelano paseándose por encima de los cadáveres, la sangre que se filtraba a través de la tierra y los insectos que se ahogaban en esta, incapaces de escapar de su espeso flujo para terminar el viaje en la figura raquítica y desquiciada del hombre con la piel moteada de salpicaduras carmesí. Fija en la pobre planta de Joe, negó con la cabeza. No dijo nada, dio media vuelta y desapareció en la parte de atrás de la casa. Instantes después, volvió a aparecer sólo que, ahora, con el hacha de leñador en la diestra.
Todavía en completo silencio, pasó al lado del mendigo y dedicó una mirada al primero de toda la ristra de cadáveres. Levantó el hacha, con las dos manos, por encima de su cabeza y la dejó caer brutalmente sobre el muerto. Un chasquido húmedo, inconfundible melodía de huesos, músculo y carne abriéndose como consecuencia de un filo deslustrado, precedió a la voz del anciano.

Borra todo rastro de Yumei y mi hermano. Pero no hagas nada respecto a mí, quiero que esa zorra desquiciada de Himawari y el otro par de idiotas redomados sepan que el bosque no les pertenece, mucho menos mi granja. — jadeaba a medida que pronunciaba las palabras, sin embargo no se inmutaba ante el hecho de estar descuartizando el cadáver todavía caliente. —Y, muchacho, si mi hija  no encuentra una vida mejor en el País del Rayo, o si alguien logra seguir su pista y hacerle daño, ni todas las criaturas del bosque impedirán que te use para abonar el sembrado.
Narrador
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Re: Abasteciendo la desgracia ❁

Mensaje por Yabuki Joe el Mar Dic 19, 2017 5:08 pm

La ignorancia de Joe le pasó la cuenta una vez más; sin embargo, el detalle de la existencia del padre de Yumei era prácticamente irrelevante para él, quien no tenía razón alguna para considerarlo como poco más que un lastre. Este no era el caso de la muchacha, pero, quien reaccionó violentamente a las órdenes del anciano cabeza de plata, quien tomó la palabra por ella con natural autoridad. Lejos de concentrarse en el contenido de la conversación, el shinobi feudal se mantuvo atento a los tonos de voz tras sentir la firmeza en las palabras del mayor y el furioso grito de su benefactora, quien se negaba a seguir las órdenes de aquél al que había obedecido ciegamente hace tan solo unos minutos atrás. El intercambio no duró mucho, sin embargo, la rugosa mano del progenitor abofeteando la enrojecida tez de la niña cornada. Rojo de la sangre derramada, rojo del rubor causado por sus gritos alterados, y el nuevo rojo de su mejilla, el que no tardaría en tomar la forma de la mano agresora.

—El pelinegro no pronunció palabra alguna ante la escena; sin embargo, su rostro tenso y mirada agresiva revelaban una contención forzada. De haberse tratado de cualquier otra persona, el pelinegro ya estaría acabando con su vida; sin embargo, él no era uno incapaz de entender el contexto. Sabía que cualquier daño causado al anciano por su parte significaría una reversión en la situación, y Yumei se transformaría en su enemigo una vez más. Mientras ésta se dirigía por última vez al único lugar al que había llamado hogar, el otrora vagabundo sintió cómo su cuerpo se relajaba de pronto, soltando un pesado suspiro. La situación no había mejorado para él, ya que la granja seguiría en pie aún después de su partida; sin embargo, no podía considerar ese resultado como malo. No solo había conocido a una persona tan buena como el amable rubio que conoció en la Nieve, sino que ésta se había transformado en su aliado, hecho que quedó sellado por la sangre derramada de los quince cuerpos en paños menores que Joe había ordenado a un lado del camino.

El otro hombre, por su parte, no se movió del lugar en el que estaba, su mirada paseándose por el que había sido el campo de batalla hasta posarse en la desgarbada silueta del norteño, quien, a pesar de ser mucho más joven que él, era el dueño de una complexión de apariencia frágil y escuálida, la que contrastaba enormemente con el talle del mayor, su altura haciendo juego con los músculos que habían sido forjados con la experiencia de los años. Negando con la cabeza, éste se marchó en dirección a la parte de atrás de la choza, para reaparecer momentos después, hacha en mano. La mirada de Joe se vio alterada una vez más; sin embargo, como haciendo caso omiso de la presencia del vagabundo que había arruinado sus vidas, el anciano avanzó en línea recta a los cuerpos ordenados, colocándose junto al más cercano. Alzando la herramienta que había traído, éste la dejó caer sobre una de las extremidades del fiambre, comenzando así la tarea de descuartizar los cadáveres, probablemente para ocultarlos con mayor facilidad, evaluó el ninja, quien no era ajeno a la necesidad de borrar evidencia. Antes de proseguir con la tarea, sin embargo, el hombre le dirigió la palabra a quien había ignorado hasta ese momento, ofreciendo tanto una petición como una amenaza. El aludido mantuvo el silencio por varios segundos antes de hablar.

Mi misión… era destruir esta granja. Acabar con las fuentes de alimento del ejército de la Dama de Fuego —respondió el Aburame con honestidad, su mirada fija en el hombre, atento a sus reacciones—. Jamás se me ordenó entablar combate, pero aun así lo hice. No destruiré este lugar, pero aun así volveré al Rayo… Y todo es porque Yumei-san me ha recordado a una persona que conocí hace tiempo. A una buena persona. A alguien que me inspiró a enfrentar mis temores, algo que tendré que hacer una vez más… —pronunció con aparente calma; sin embargo, la idea de tener que dar explicaciones frente a la mujer de cabello azul hizo que su voz temblara. Sus siguientes palabras, pero, recobraron la firmeza que habían adoptado con anterioridad— No te confundas, padre de Yumei-san —acotó, sus orbes oscuros fijándose en la severa mirada de su interlocutor mientras colocaba el argénteo símbolo feudal en su índice derecho, la necesidad de entregarlo siendo nula debido a que él viajaría con ellos—. El camino de Yumei-san no depende de mí, sino de ella. Todo lo que yo puedo hacer es quitar los obstáculos, siempre y cuando nuestras direcciones coincidan. Pero puedes estar seguro de que, mientras sea así, protegeré su vida como si fuese la mía, y créeme, he apagado muchas vidas para seguir vivo.

Eso es lo único para lo que tengo alguna clase de talento…



Pasaron un par de horas mientras el reciente grupo finalizaba sus preparativos para dejar atrás la nación ígnea. El ninja del norte terminó de asearse con un cubo de agua que le fue facilitado, cambiando su vestimenta por la de un soldado de Kakkinoaru’en, no tanto por el disfraz, sino por la rigidez de sus harapos de vagabundo tras el baño de sangre del que había sido partícipe, prendas más sucias que incluso las de aquellos que habían encontrado su final en esa granja. Él nunca había usado armadura, por lo que tuvo algunos problemas al momento de acomodársela; sin embargo, el haber quitado tantas piezas de los cadáveres rindió frutos al seguir el procedimiento a la inversa. Las prendas estaban bien colocadas; sin embargo, era bastante obvio que algunas de las piezas eran más grandes que el cuerpo que las portaba, esto siendo una elección personal del Yabuki, acostumbrado a las vestimentas holgadas en las cuales ocultar tanto sus herramientas como la salida de sus insectos. Entre las herramientas que éste almacenó sobre su persona, había tres petacas rebosantes de un fuerte licor, las que tomó de entre las pertenencias de los soldados. Su calidad era cuestionable, pero, para un aficionado a las bebidas alcohólicas como Joe, cualquier trago era una bendición.

Mientras tanto, sus clones de insectos perdieron su forma, pero sus vidas aún no acababan, razón por la que se les ordenó establecer una red de comunicación con los insectos locales, una que se pueda mantener organizada tras la inevitable muerte de los insectos ajenos al ecosistema. Gracias a ello, la colmena pudo establecer un rumbo seguro, por lo que se dirigió a los límites de la granja por su cuenta, dando espacio a cualquier intercambio que fuera a realizarse entre aquellos que se marchaban y aquél que había decidido quedarse. Con la presencia de Yumei y su tío en el improvisado punto de encuentro, ya no existirían trabas para tomar rumbo en dirección a algún pueblo costero, lugar en el que Joe esperaba encontrar algún navío que les permitiera viajar a las montañosas tierras del Rayo; sin embargo, a pesar de contar con la ayuda de los habitantes más numerosos del bosque, el atravesarlo siempre era una travesía peligrosa, una que el amigo de los insectos poco toleraba.

No me gustan los bosques... —sentenció quien vestía como un soldado de Himawari, sin saber que sus palabras serían como la aparición de un pájaro de mal agüero. Dicho y hecho, los insectos en su interior no encontraron mejor momento para comenzar a alimentarse de su chakra, haciéndolo tambalear por un instante—. Creo que será mejor buscar un lugar seguro para poder descansar. Si viajo en estas condiciones, no duraré mucho...



Off:

Vestimenta actual:

Armadura de soldado del feudo Kakkinoaru'en, con todo lo que ésta conlleva.
Stats:
• Ninjutsu: 10
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 6
• Velocidad: 10 - 3
• Resistencia: 10 - 3
• Fuerza: 10 - 3

Penalización por hambre.
Equipo:


  • Kunai, 10 unidades.
  • Hilo ninja, metros ilimitados.
  • Bomba de humo, 2 unidades.
  • Bomba de luz, 2 unidades.
  • Vendas, unidades ilimitadas.
  • Sellos explosivos, 2 unidades.
  • Sellos en blanco, 10 unidades.
  • Pergamino de ADN (2/5 cuerpos), una unidad.

    + Tres petacas de licor.

Técnicas utilizadas:
Kikaichū no Jutsu (寄壊蟲の術, técnica de los insectos de destrucción parasitaria): Técnica pasiva y fundamental, base de todas las demás técnicas del clan Aburame. Al ser transformado en una colmena para los kikaichū al momento de nacer, el ninja Aburame obtiene la capacidad de comunicarse con toda clase de insectos, los que siguen todas sus órdenes, al pie de la letra y sin importar cuáles sean; sin embargo, su vínculo más fuerte siempre será con sus kikaichū.

La restricción de esta técnica radica en la cantidad de insectos que el Aburame puede liberar para sus técnicas, ya que, si bien éstos son inagotables, su uso excesivo puede significar una reducción importante de la población de kikaichū en su cuerpo, lo que se traduciría en una merma de insectos para las técnicas futuras.

El ninja Aburame puede utilizar cuatro técnicas diferentes relacionadas con sus insectos (entiéndase, kikaichū) antes de verse obligado a esperar tres turnos consecutivos sin liberar kikaichū para que la población alcance sus números normales. A medida que ascienda de rango, el Aburame podrá realizar dos técnicas adicionales por cada rango obtenido, alcanzando un máximo de diez técnicas. Mientras la colmena reestablece sus números, ésta se alimenta del chakra del Aburame, consumiendo chakra equivalente a tres técnicas del rango mínimo que le resten al usuario durante el tiempo de espera. Si los niveles de chakra del ninja disminuyen demasiado, y dado que los Kikaichû son parásitos por naturaleza, el enjambre comenzará a devorarlo desde dentro, agotando al ninja a razón de -5 de Resistencia por turno.

Otra restricción a esta técnica es el uso de insectos kikaichū hembra, ya que éstos son los más valiosos dentro de cada colmena debido a que se relacionan directamente con la tarea de reproducción y mantención de la población dentro de la misma. El ninja Aburame sólo podrá utilizar diez kikaichū hembra por combate, reestableciendo dicha cantidad al término de la pelea.
Cuatro de cuatro liberaciones realizadas. Primer grupo, sin turnos restantes. Ya fallecido. Segundo grupo, sin turnos restantes. Ya fallecido. Tercer y cuarto grupo. Por penalización de resistencia, un turno restante.
En estado de reposición. Chakra ya descontado.



Por penalización de resistencia, tres de ocho técnicas disponibles.
Yabuki Joe
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Re: Abasteciendo la desgracia ❁

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