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Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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¿Aguas Turbias o Aguas Calmadas?

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¿Aguas Turbias o Aguas Calmadas?

Mensaje por Suru Hozuki el Jue Sep 14, 2017 8:20 am

El Gran mar, un exótico lugar perteneciente al País del Agua, las cosas no andaban muy bien con los últimos sucesos dentro del País, realmente me sentía cautivo de una odisea en estas tierras, pero su belleza no se vería reducida por las acciones de los demás, un mar que se extiende como barrera natural a lo largo del País, limitando a todas las direcciones como una rosa de viento, Norte, Este, Oeste y Sur. Desde aguas calmadas hasta aguas más turbias, una combinación extravagante de estados líquidos, sin duda, asunto que llamaba mi atención.
 

Considerándome una persona que no tiende a "Fluir" en y con los demás por ciertas diferencias ideológicas, la ironía era altamente pesada en las pocas relaciones que entablaba, se me criticaba por ser una persona arrogante, en ocasiones muy grosera o solitaria, que podía decirles, era mi caratula, mi cara, mi ser, era una parte irremediable de mí, no descartaba que un futuro las cosas pudieran dar un giro de 360° Grados, sin embargo, lo que si descartaba era el plazo de tiempo en que esto sucedería.

 

Dicen que las personas llegan a cambiar la visión de vida de los demás, sin embargo, esa persona no había estado presente desde hace muchos años...Aquella perdida y oscura memoria, remanente en mi tejido nervioso, recorriendo entre mis neuronas, haciéndome recordar aquellos gritos, la sangre, el sufrimiento en su rostro, como aquella mirada agonizante suplicaba por un final rápido, certero... Esas memorias que perturbaban mis noches, mis sueños y tornaban el cielo de color gris y las cosas a blanco y negro. Robaban el color de la vida ante mis ojos...como se me fue arrebatada aquella persona.

 

No estaba en mis manos ni en las de nadie, sin embargo, el sufrimiento y el pesar no serían la excepción de ese caso. El mar se estremecía a metros de la orilla, a medida que se acercaba a los lares de la costa, de aquella extensa masa de agua se alzaba una silueta, un cuerpo para ser exactos, tomando de aquel estado líquido, a un cuerpo sólido, de carne y hueso. Vestido con ropajes algo tribales y en su posesión dos espadas...dos filos para nada distintos, una hoja más corta que la otra entre otras características minúsculas. 

 

Las gotas de agua caían recorrían desde mis hombros hasta la punta de mis dedos, aquellas pequeñas acumulaciones de aquel líquido vital para el ser humano traían flashbacks repentinos, como si por un segundo me sumiera en la oscuridad y pudiera ver las escenas trágicas de mi pasado, sentir estas gotas, me hacía recordar a aquellas lágrimas, mis palmas sobre sus mejillas, aquella sonrisa que dejaba como su ultimo regalo hacia mí y nuevamente sus lágrimas recorriendo mis manos.

 

Sacudí fuertemente la cabeza para traerme de regreso a la realidad, colocar mis pies sobre la tierra, lentamente iba abandonando el Gran Mar y a su vez mi cuerpo retomaba su forma usual. Una pechera con un símbolo muy peculiar no solía traer esta ropa la mayoría del tiempo a menos que estuviera entrenando o realizando algún otro tipo de labor, mi chaqueta verde oliva y mi corbata eran muy incomodas cuando me sumergía en las profundidades a explorar o estaba en alguna misión.

 

Vaya paseo...- Finalmente había abandonado el mar, pisando fuertemente la tierra firme o debería decir la arena, las gotas de agua que se mantuvieron sobre mi cuerpo se sorbieron sobre mi piel, caso como mojar una esponja con agua, en cada mano llevaba aquellas espadas, espadas que servían para conectarme a mi pasado, un legado de mi Padre...

 

Forjadas bajo las gotas de sudor de mi difunto Padre, portador de mi sangre y mis genes. Nombrando aquellas espadas como Shizukana y Odayakana, en representación de las Aguas Turbias y las Aguas calmadas, nombre que tuvo origen en dos situaciones muy complicadas para la familia, la pérdida de un miembro de la familia, parte de mi corazón...aquella sonrisa que iluminaba nuestros corazones e irradiaba deseos de ver un futuro, dio origen a Shizukana, la espada de las Aguas Turbias.

 

Según las palabras de mi Padre, consideraba que estas aguas eran muy sofocantes, no era preciso estar entre ellas para ser testigos de lo peligrosas que eran, como podían arrasar con todo en cuestión de segundos, como lo hizo aquella muerte para la familia...de igual forma... en cuestión de segundos. No solía dar muchas explicaciones la noche en que forjo estas espadas, horas y horas de trabajo sin cesar, en un lugar lejos de casa, solía regresar solo por unos cuantos minutos a cambiarse de ropa, saludar y despedirse nuevamente. Mi madre y yo, no solíamos preguntar detalles más de los que era necesario, nos manteníamos a raya, aun cuando aquella situación causaba desagrado para mi Madre, incertidumbre y sobre todo tristeza en mi alma.

 

Aun así, no siempre atravesábamos crisis, solíamos solucionar las cosas unidos, cada uno era un pilar para el otro, nadie tocaría fondo tan fácil. Sí...Quizás este pensamiento se vio debilitado ante la falta de uno de los miembros de la familia o al menos así era considerada ella, no solía hablar mucho sobre aquellos acontecimientos y tampoco pensarlos me haría bien. Saltando aquellas memorias hacia el nacimiento de Odayakana, Aguas calmadas, quizás aquel nombre al ser escuchado podría significar, Paz, Tranquilidad ningún tipo de remordimiento, pero la forma en que fue representada no era exactamente lo que muchos esperarían, la última espada que sería forjada por Uotazu Hozuki.

 

Aquella espada de color un poco más oscura que su predecesora, llevaba menos sentimiento que la Shizukana, pero no quería decir que su calidad se viera reducida, el talento de mi padre era innato, no desperdiciaba horas de trabajo, no reducía la inspiración en sus obras, en su forja, fuera cual fuera la situación. Cuando abandono este mundo dejo un mensaje muy claro y contundente, mensaje que solo llegaría a manos de mi Madre, mujer que sería destruida por la una segunda perdida, yo había perdido un poco la sensibilidad luego de la primera perdida, pero fueron momentos muy inestables para ambos. Dejando como obsequio aquella espada, nombrada por sí mismo como la Shizukana, dando instrucciones muy estrictas a su querida esposa.

 

-No debes darle ninguna de mis más preciadas artes a Suru...- Apretaba fuertemente la mano de mi Madre. -Shimetta, debes prometer aquí y ahora...- Decía de manera forzosa mientras se retorcía sobre la cama. -Los amo...- Fueron sus antepenúltimas palabras, suponían ser las ultimas pero fue interrumpido por mi Madre, quien replicó. -Entonces que debo hacer con ellas...Uotazu...dime...por favor-  Intentaba formular palabras, con mucha dificultad, entre su voz quebrantada y resistirse a las ganas de romper en llanto. 

 

Mi padre, quien reposaba sus últimos segundos de vida, levanto la cabeza para observar a su amada. -Tú...sabrás cuando el momento llegue...eres su madre...lo sentirás...- Entre esfuerzos y quejidos, abandonaba nuestro mundo mi Padre, mi madre quien caería arrodillada a un costado de la cama donde recién fallecía mi padre. Aquella imagen se distorsionaba en mi mente y era traído de regreso a la realidad.

 

Portando la esencia del talento de mi padre en ambas manos, era un entrenamiento de rutina, tenía algunas semanas que no hacía uso de estas espadas y no quería perder el ritmo, por lo tanto, algo de calentamiento no estaría mal, envainando suavemente ambas espadas, Shizukana la espada clara reposaba sobre su cobertor que colgaba de forma diagonal en mi espalda. Mientras que su gemela, la Odayakana reposaba de forma horizontal a la altura de mi cintura, de ser desenfundada esta debía hacerlo hacia mi derecha. 

 

Me aleje algunos metros de la bahía, las aves habían detenido su vuelo en una de las rocas más cercanas, aquellas rocas que medían hasta unos 8 metros de alto, tomando en cuenta que estas eran nacidas desde el suelo del Mar.  Cerré mis parpados por unos instantes, respiré profundamente, llenando por completo mis pulmones, reteniendo aquel aire por unos segundos para luego expulsar por mi boca. Esta rutina solía relajarme mucho, me gustaba relajar el cuerpo, la mente y obviamente los músculos antes de iniciar, sentía que me brindaba un poco más de comodidad antes de realizar cualquier ejercicio.

 

Coloque mi mano derecha sobre el mango de serpiente de mi espada lateral, la Odayakana, suavemente la deslice fuera de su cobertor. El filo podía reflejar los rayos del sol que iban directamente, como un destello fugaz. La espada abandono por completo su funda. La mantuve inmóvil durante unos segundos, de manera horizontal, completamente. Un sencillo movimiento de muñeca y tomaba la Odayakana por su mango, de forma inversa, dejando que su filo fuera en dirección contraria a la de mi cuerpo. 

 

Realice unos cuantos movimientos, podía sentir lo liviana que era la espada, su peso, intentaba acostumbrarme ya que llevaba una buena cantidad de días ondear su hoja, el mango era bastante cómoda a mi parecer, la serpiente que reposaba en el mismo, un toque decorativo, resaltaba y recalcaba el talento para tallar de mi padre, el nivel artístico, al igual tenía pequeñas curvaturas para los dedos haciéndolo aún más cómoda. 

 

Los únicos testigos de mis movimientos eran aquellos pájaros que tomaban un poco de sol antes de volver a partir hacia lugares remotos, algunas aves solían permanecer casi siempre en la bahía, pero otras no aguantaban y deseaban averiguar que había más allá de aquella tenebrosa neblina.

Luego de la última secuencia de movimientos, enfunde rápidamente la Odayakana y con mi mano izquierda, mano que permanecía libre, Desenfunde la Shizukana, su filo y su hoja, una versión mayor de la Odayakana, esta portaba un efecto tornasol en su hoja y una dentadura que se hacía presente al inicio y final de su hoja, sin duda una espada envidiable a mi parecer. 

 

La espada, como si de una reacción química se tratase, desprendí moléculas de agua agrupadas que podían ser apreciadas como simple coágulos, cuájelos que ascendían unos cuantos centímetros sobre la hoja de la espada, solidificándose, uniéndose, para dar forma a aquel réptil, letal, silencioso. Con dos lados planos como una cuchilla, aquella Serpiente, se posaba sobre mi cuerpo distanciados solo por unos cuantos centímetros, podía sentir el alma y los sentimientos de mi padre ser transmitidos a esta serpiente, siempre acechando el avance y nunca dejándose estancar por la situación, siempre escurridiza, trabajando por conseguir su propio alimento, mi Padre y esta serpiente eran muy similares, había considerado darle el nombre de mi Padre, pero en parte podría ser considerado una falta de respeto a su memoria, aunque quien quita, para él pudo haber sido gracioso. 

La serpiente se movía con libertad…las aves emprendieron vuelo, mientras la brisa acariciaba mi rostro, el sonido del mar era cada vez más autoritario…y yo volvía a perderme en mis memorias.




La Odayakana y la Shizukana…ahora eran parte mí, de mi pasado, eran mi responsabilidad, un Padre que trabajo arduamente en estas espadas para dejar como una herencia al momento de su partida, un cambio potente en la actitud de un joven que solo buscaba tener una vida simple, cambio que perduraría por mucho tiempo, a veces haciéndolo dudar del “Por qué” o “Para que”, sin embargo, su propia mentalidad le negaría el privilegio de recapacitar, quizás a la espera de una mentalidad “Exterior” que abra sus ojos y le brindo aquella paz a la agonía que su mente sufre constantemente…solo eso sería una “Posible” solución…
Suru Hozuki
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