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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Una verdad en el corazón de la semilla - Entrenamiento

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Una verdad en el corazón de la semilla - Entrenamiento

Mensaje por Ryuken el Mar Sep 19, 2017 2:52 am

Lineas: 230


“Algunos sabios solían decir que las grandes verdades yacen en el fondo del corazón de las semillas  que las encierran y que solo brotan cuando realmente son necesarias, es decir, cuando la naturaleza se preocupa en hacerlas crecer y crecer. Aquella noche, en el fondo de un plácido y profundo sueño, una semilla comenzaba su proceso de esclarecer y llenar el mundo con su presencia. Mas no sería hasta mucho más adelante cuando la verdad crecería llevándose por delante cualquier temor infundado entre las ramas de una realidad que se alzaba sobre la cúspide de aquel cielo abundado por los árboles y que apuntaba, sin temor, guiando los pasos de aquel joven Senju.”

—Parece que ya he llegado… — Dijo para sí el ninja mientras se frotaba los ojos contemplando la belleza de aquel hermoso lago que coronaba el centro de aquel valle entre las montañas.  Sin detenerse mucho ante la estampa que se presentaba por el lado derecho siguió su camino bordeando las aguas que allí descansaban plácidamente a los pies de los nevados picos que se alzaban en la lejanía. Por lo general, no solía gustarse acercarse tanto al territorio de otro feudo si no era estrictamente necesario, mas su entrenamiento no podía demorarse mucho más y aquel lugar era lo más tranquilo en kilómetros a la redonda. No era difícil encontrar paz para concentrarse si marchabas hacia aquel hermoso lugar perdido en mitad de aquel valle. — Será mejor que me apresure si no quiero perder más tiempo, el entrenamiento no puede esperar más — musitó mientras encontraba un buen punto donde comenzar a unos cincuenta metros de la orilla. Aquel parecía un buen lugar donde detenerse y empezar con lo que le ocupaba esa mañana.

Su madre le había preparado algo para almorzar a mitad del día si el hambre llamaba a su puerta, por lo que no tendría que retornar pronto si realmente no lo deseaba. Le esperaba un largo día por delante plagado de duras pruebas físicas para su cuerpo y algún que otro ejercicio de control de chakra con el que mejorar sus técnicas. Claramente, era el momento idóneo para continuar con su entrenamiento y ver qué lejos podría llegar sin extenuarse demasiado. Para ello, debía preparar su cuerpo a conciencia y qué mejor manera que empezar por una tanda de flexiones que le ayudaran a mejorar el control de su fuerza y resistencia sobre sí mismo. Así pues, Ryuken colocó sus manos en el suelo y respirando profundamente comenzó la tanda de ejercicio que aquel día le deparaba. —Uno… Dos… — Contaba para sí mientras marcaba el duro ritmo al que debía hacer este pequeño ejercicio de calentamiento. Lo duro solo se demoraría un poco más en llegar.

El tiempo pasaba, y Ryuken seguía con su objetivo en mente. Sus brazos comenzaban a marcar sus músculos mientras su cuerpo se balanceaba de arriba abajo. Cada repetición sentía como la fuerza de sus extensores le exigía realizar más trabajo mientras que los flexores no daban tregua y seguían demandando en sentido opuesto al de sus antagonistas. El riesgo de una lesión podría ser preocupante si tu cuerpo no estaba acostumbrado a semejante esfuerzo, pero no era el caso del Senju que realizaba duros entrenamientos en los que ponía su cuerpo al límite más a menudo de lo que algunos desearían y puede quizás que de lo que él mismo quisiera. Ya habían pasado algunos minutos y estaba alcanzando su marca personal a pequeños pasos pero incesantes, con ímpetu pero control sobre lo que realizaba. —Ciento cuatro… ciento cinco — Tenía que lograr alcanzar las doscientas cincuenta para poder continuar con su entrenamiento, de otro modo tendría que sumar cien repeticiones a su siguiente ejercicio. Mas aquello no lograría más que estimular su determinación incluso si fallaba en su intento.

Minutos más tarde, ya había logrado su propósito, aunque si bien es cierto que se había excedido un poco en realizar semejante ejercicio tan exhaustivo. — Uhm… ha estado cerca de convertirse en cuatrocientas dominadas… Hora de ponerse serios — Dijo pensando en su siguiente paso en su entrenamiento mientras dejaba escapar un leve suspiro y movía los brazos para mantenerlos en su punto óptimo de calentamiento evitando que se entumecieran por la constante repetición de su ejercicio anterior. Era importante que no se dejaran enfriar ni un solo segundo y Ryuken sabía esto de primera mano, no sería la primera vez que tras un ejercicio tenía que pararse por culpa de sus brazos, al principio de sus entrenamientos solía pasarle bastante pero con el tiempo sus brazos y piernas estaban preparados para las cuotas a las que sometía cada centímetro de un cuerpo que se estaba forjando entre entrenamientos y ejercicios de diversa índole.

Sin detenerse ni un momento, Ryuken se alejó corriendo de la orilla otros cincuenta metros en una carrera digna de ver. Se movía entre la maleza como gacela presta que huye que de su predador. Poniendo toda su fuerza en las piernas y usando sus brazos para contrarrestar y anticipar la pausa en su carrera que provocaría la hierba alta de la zona hacia la que se estaba aproximando. El Senju disfrutaba del sonido que se producía mientras se adentraba en la maleza con cierta velocidad. Cómo admiraba sorprendido la capacidad de su carrera de descomponer la ilustre ordenación de los pastos por los que corría sorteando los pequeños y pocos obstáculos que se le presentaban. Corrió y corrió, cambiando su patrón de dirección como si intentara despistar a un supuesto perseguidor. Cómo driblaba emulando la cacería de alguien que le seguía la pista de cerca, aunque cierto era que nadie estaba tras él. Lo disfrutaba a la par que se deleitaba con alguna que otra acrobacia para sortear algún que otro tronco o roca que se interponía en su camino. Pero había algo que le faltaba y que su imaginación, por muy avispada que fuese le imponía la falta de un ente tangible que le pusiera en un aprieto real. —Y si…— Se frotó la barbilla en una actitud pensativa mientras aquella necesidad comenzaba a tornarse realidad y en su mente se forjaba una mejor idea para llevarla a cabo. —Haru-sensei… ¿Qué harías en es…? —Como si de una iluminación divina se tratara, su mente vio más allá de las palabras que su sensei le diría si estuviera en plena academia. Aquel era el lugar perfecto para aquello y le brindaría la oportunidad de no tener que entrenar solo en aquel momento. Los sellos vinieron solos a sus manos, sabía perfectamente que debía hacer. Al fin y al cabo era uno de los mejores de su clase y su estilo propio dejaba fuera de juego a muchos otros alumnos prometedores que se le enfrentaban en duelo. Era justo y necesario.

—¡Mokuton: Moku Bunshin no Jutsu! —Al poco de decirlo su chakra comenzó a liberarse formando la madera característica del Kekkei Genkai de los Senju. Poco a poco, en aquella corta escena, casi instantánea, la madera iba cobrando la forma de su creador, era como si se expulsara a sí mismo de su propio cuerpo. En pocos segundos, un segundo Ryuken había entrado en escena, solo que su composición era mucho más astillosa que la del original. Sin pensárselo dos veces, ambos se miraron con una sonrisa en el rostro, casi no hacían falta las palabras para saber qué seguía a aquel momento. Ryuken se impulsó dando un salto sobre el ente de madera para dejarlo de lado y comenzó a correr de vuelta al lago. Sin mucho más que mediar, su clon comenzó la ardua tarea de perseguirle medianamente enfurecido por lo que acababa de ocurrir, nada más empezar ya le había encontrado la manera de eludirlo. Este era un entrenamiento típico del Senju para fortalecer sus piernas y mejorar su velocidad de reacción así como física. Aunque también le entrenaría para dejar atrás a perseguidores si alguna vez tenía que hacer de señuelo en una misión durante un encuentro con el enemigo. Estaba claro, que no estaba dispuesto a dejar que nada en el mundo le pillara por sorpresa. Además en este tipo de entrenamientos alimentaba su capacidad de rápida decisión y estrategia al tener que verse obligado a tomar decisiones importantes en fracciones de segundo. La carrera proseguía como si de un guepardo tras su presa se tratara, las velocidades estaban muy igualadas pero Ryuken comenzaba a ceder terreno ante su perseguidor. Su yo de madera no tardaba en apresurar y gestionar su ritmo para intentar atraparle. Un salto, dos, tres. Se acercaba demasiado rápido y ya no quedaba mucha distancia antes de que comenzara la lluvia de golpes.

El Senju debía gestionar bien sus emociones que para aquel momento comenzaban a pedirle que cambiara su estrategia. Quizá había llegado el momento de ser el cazador y no la presa, pero la dirección de su carrera no había hecho más que alejarle de cualquier zona poblada en árboles, lo cual le suponía una desventaja técnica. O no, pues tenía más en cuenta que se encontraba cerca de un lago y que sus pies estaban bien puestos sobre la tierra, al igual que su mente, que buscaba la oportunidad de generar su estrategia de la nada. Una estrategia que le hiciera victorioso ante un adversario que le conocía tanto como se conocía a sí mismo. Las ideas estaban claras en su mente, ahora era el momento de ejecutarlas. Pero antes debía preparar el escenario idóneo para ellas.

A sabiendas de que aquel no era el mejor sitio para llevar a cabo su estrategia, debía presentar la mejor forma de proseguir con la persecución hasta un lugar seguro para llevar a cabo su plan. Así pues contaría con el factor sorpresa en un intento por cambiar el rumbo de la persecución. Mas la carrera no había cesado por un solo segundo y ambos, Senju y clon, se encontraban ya muy cerca de las aguas que regaban la orilla del Lago. Había llegado la hora de darle la vuelta a todo, dejar de ser el perseguido y perseguir. El clon se encontraba ya lo suficientemente cerca de Ryuken como para empezar una ofensiva ante su presa, lo cual se tornaba en algo factible contando con que a escasos tres metros se encontraba el manto cristalino que reflejaba el cielo azul de aquella tarde. Su siguiente apoyo sería el adecuado para comenzar tal acometida contra el Senju. Sin más, el salto se hizo realidad, era el momento de arremeter contra su creador y devolverle la jugada anterior.

Primero llegaría un empujón que desplazaría su cuerpo contra los primeros metros de la orilla, para luego seguirlo de una patada desde arriba en trayectoria descendente apuntando a su espalda, y por ultimo llegaría una caída para propinar un puñetazo aprovechando la perdida de equilibrio y posterior caída de Ryuken. El primero de los golpes, no tardaría en hacer contacto. El equilibrio del joven se perturbó lo suficiente como caer en el primer intento, mas una velocidad de reacción rápida le ayudó a rodar por el suelo para evitar caer de frente y quedar tendido ante su adversario. Era el momento de conectar el siguiente golpe y su clon no dudaría en la arremetida. Habiéndose girado hacia su contrincante, el Senju supo leer sus movimientos y pudo desviar la trayectoria de la patada propinando un suave pero efectivo codazo en el lateral interno de la pierna. El giro proporcionado haría al clon usar la pierna de apoyo para intentar dar una segunda patada, usando la velocidad impregnada en la pirueta, en lo que la pierna que se encontraba en el aire encontraba donde aterrizar. Ryuken tuvo tiempo de reaccionar y saltar hacia un lado retomando su posición y lanzándose contra el clon para proporcionar una combinación de puños a media altura junto a patadas en busca de una apertura.

Ninguna de estos golpes tuvo el efecto deseado, pero habían forzado al clon a tener que protegerse y le habían dado al Senju la posición que deseaba para retomar su plan. Con cierta gracia, retomó la iniciativa e intento dar un golpe con la pierna por lo bajo en un medio giro en lo que tomaba tierra sedimentada cercana a la orilla con una mano y la lanzaba a la cara del clon. Su acto reflejo no fue muy distinto del esperado, el clon se tapó los ojos mientras sorteaba la patada en un salto. En ese mismo instante, Ryuken retomó la marcha a un lugar que sus ojos habían catalogado como el idóneo para su estrategia. Esta vez su carrera sí que estaba cargada de un empeño y un tesón que le habilitarían para intentar llegar lo antes posible de forma presta y rauda a su destino. Había reservado parte de su forma para este momento. Su papel de señuelo había funcionado correctamente pero no por ello el clon iba a cejar en su empeño por pisarle los talones y hacerle retractarse del momento en el que eligió usar esa técnica tan cobarde con él. El Senju estaba preparado para lo que estuviera por llegar, y parecía que aquel momento era el correcto para desatar su plan. – Creo que ha llegado el momento… — Dijo mientras tomaba aire y comenzaba una cadena de sellos que cualquier usuario del elemento Doton reconocería sin lugar a dudas. Sus manos se movían a  una velocidad digna de un ninja de sus capacidades, no dejaba espacio para el error, realizaba los sellos con la destreza de una persona que había entrenado mucho para llegar a ese nivel. Un, dos, tres… — ¡Doton: Doryū Taiga! — Sorprendido por lo que acababa de ocurrir, el clon miró a su alrededor esperando que algo ocurriera, mas su despiste fue su peor aliado. El suelo comenzó a convertirse en un lodazal. Los pies del clon de madera comenzaron a hundirse ligeramente haciéndole perder el equilibrio y caer al suelo. Desde luego, no era su mejor ninjutsu pero le había servido para ganar unos segundos esenciales ante la siguiente acción del clon.

En un intento de recomposición, la copia de Ryuken intentó zafarse del lodo en un intento por salir del lugar, pero la dificultad radicaba en que había sido pillado desprevenido. Mas no todo es imposible y tras unos segundos consiguió alejarse del lodazal. Listo para su acometida, no dudó ni un segundo — ¡Mokuton: Daijurin no Jutsu! — Dijo acompañado de los respectivos sellos que darían lugar a que uno de sus brazos se convirtiera en un haz de cuatro barras dispuestas a arremeter contra el Senju en un intento de atraparlo. Ryuken, perplejo, tenía muy poco tiempo para reaccionar. Debía ser rápido en su veredicto y guiarse por su instinto. Sin embargo, el cansancio comenzaba a hacer mella, el jutsu usado por su clon era algo que se le escapaba de su abanico de cálculos, mas apreciaba la incertidumbre con la que su clon le acababa de sorprender. Era el momento de hacer algo o dejarse atrapar. Esta vez, no lo tenía claro… pero estaba en campo abierto, lo único que podía hacer era dar lo mejor de sí y apostar por una técnica que le permitiera aguantar unos instantes más. Intentaría zafarse del jutsu como fuera, ahora debía intentar esquivarlo para seguir con su siguiente paso. El del feudo Mogura intentó saltar sobre una de las ramas para intentar ganar algo de tiempo, pero era un combate de 4 a 1, sería complicado no ser alcanzado por una. Y efectivamente así fue… una de las barras le golpeó en una haciéndole caer al suelo varios metros por detrás de donde había realizado el salto, el desplazamiento fue el efecto de una segunda barra que le golpeó en el costado impulsándole la distancia necesaria para que fuera un golpe ciertamente doloroso.

Jadeante, logro recomponerse ante la mirada atenta de su clon que se preparaba para la siguiente envestida en la que podría decantarse el final del entrenamiento del joven Senju. O al menos un breve descanso para el almuerzo. Estaba demasiado cansado para seguir, pero debía continuar, no iba a cejar en su empeño de superarse a sí mismo en aquella batalla. Era el momento perfecto para contraatacar. Con la poca fuerza restante, se armó de tesón y valor para plantear su siguiente golpe, uno que le diera la ventaja suficiente como para acabar con el clon y así poder descansar. Realmente estaba molesto con la intensidad del entrenamiento, pero lo estaba disfrutando. Cierto es que disfrutaba de estar contra las cuerdas y tener que demostrar de qué estaba hecho. La resistencia del clon que tenía en frente no le ponía las cosas fáciles, pero era el momento de sobrepasar ese problema y confiar todo a sus últimas bazas.

Así pues, concentrándose en lo que le rodeaba encontró en la más básica de las ofensivas una apertura para repeler y acabar el entrenamiento de una vez por todas. Clon y Senju se miraban con la pasión con la que se miran dos némesis que se enfrascan en un combate a muerte, mas solo era una pasión que brotaba de la verdad que emanaba del corazón de Ryuken. La verdad en una lucha justa hasta las últimas consecuencias.

Ryuken tomó la iniciativa abalanzándose sobre el clon a gran velocidad. La sucesión de golpes era clara: puño, puño, patada, puño, patada baja, puño, puño, patada alta, gancho ascendente. Los bloqueos del clon daban su mejor versión, como si leyera los movimientos del Senju y danzara al mismo ritmo para detenerlos. Al fin y al cabo, el combate era una danza de patrones traducidos en golpes. —¡Gyaaa! —Exclamó el joven Senju, mientras cambiaba el conocido patrón por una patada a modo de empuje intentando hacer que el clon retrocediera. Lo que vino después, estaba escrito en el destino del joven Senju. Aquella cadena de sellos volviera a ser la propia de un usuario Doton. Uno detrás de otro se sucedían rápidamente en una danza sin igual. —¡Doton: Ganchūsō! —La profundidad de sus palabras era evidente. Acto seguido, terminó el último sello y el primero de los pilares brotó del suelo para intentar ensartar al clon. La mala fortuna hizo que el clon se esperara aquello y se moviera con la suficiente entereza como para evitar el golpe. Un segundo pilar, nació de la tierra, como la verdad que se asoma entre las mitades de la semilla que la esconde. Esta vez, la roca rozó la victoria. Las astillas saltaron al contacto de la roca con la madera del costado del clon. El tercer pilar no fallaría, mas esta vez, el duro golpe no atravesaría la madera si no que impulsaría al clon varios metros hacia atrás dejándolo postrado en el suelo. La victoria había surgido de su semilla. Al igual que las verdades de los sabios, su voluntad de había abierto camino entre la incertidumbre.

Acto seguido, se acercó al clon con la intención de terminar todo aquello. Con una sonrisa en su rostro, ayudó a levantarse a su fiel adversario, quien no había cejado en intentar ponerle contra las cuerdas en más de una ocasión, llegando incluso a usar sus propios jutsus. Ahora, era el momento de que descansara. Ryuken puso la mano en su hombro felicitándolo por el combate, pero recordándole que era hora de volver, tenía que reponer fuerzas pues el entrenamiento todavía no había terminado. El clon asintió y tan pronto acabó su gesto comenzó a volver a su creador, fundiéndose en este hasta que su momento para volver llegara. —Hay mucho por hacer…— Se dijo a sí mismo el Senju con la esperanza de que sus entrenamientos le llevaran por la senda del éxito como shinobi. Contento con el combate observó la semilla que se había generado y con una sonrisa no dudó en poner la semilla en su boca. Se sentía mejor, pero los golpes le dejarían algún dolor que otro en lo sucesivo.

El momento del descanso había llegado. Con una sonrisa en su rostro, puso camino a donde había dejado sus cosas antes de empezar el combate con el clon. Allí encontró la comida que le había preparado su madre para almorzar. Sentándose en la hierba junto a la orilla, no pudo evitar pensar lo que le depararía el futuro. Estaba ansioso por descubrirlo, aunque sabía que todo llegaría a su debido tiempo. Las verdades tienen su tiempo, cada una crece a su propio ritmo y es algo inherente a su condición.

Aquella reflexión solo le llevaría a plantearse las cosas de un nuevo modo que no acostumbraba. Era uno de sus momentos en los que amaestraba su mente para pensar distinto a los demás, para encontrar las diferentes visiones dentro del prisma. En definitiva, para crecer y regar su verdad interna. Aquella que le llevaría tan lejos como se propusiera y que sería refugio de su mayor visión por las cosas. Mas no todo sería reposar en aquella linda tarde, debía proseguir su entrenamiento tal y como tenía previsto o al menos, se había planificado ese día. Pronto debería emprender el camino de vuelta a casa y quedaba mucho sobre lo que practicar.

Casi sin darse cuenta, ya se encontraba de pie, esta vez practicaría algo que no mucha gente solía dominar, la precisión en sus golpes. Este ejercicio además le ayudaría a controlar el chakra que empleaba para golpear más fuerte e incluso la manera que tenía de focalizarlo en sus extremidades. Era sin lugar a dudas un método efectivo para mejor en su ninjutsu y en su capacidad física. El Senju se puso en pie y buscando encarar el sol no dudó ni un solo segundo, colocó su cuerpo frente a este y se preparó inhalando una fuerte cantidad de aire. Sus ojos se cerraron lentamente y juntando las manos decidió realizar un leve saludo al sol. Acto seguido, el aire que había tomado comenzó a salir lentamente por su nariz mientras realizaba un movimiento grácil con la palma de su mano derecha como si quisiera guiar al viento que bailaba atrevido entre sus dedos.

Con la tranquilidad y el silencio en aquel lugar, Ryuken cerró su mano derecha en un puño, colocando esta a la altura de su cintura y golpeando el aire duramente de forma seca. Volvió a tomar aire y repitió la misma operación con su mano izquierda. Así, lentamente comenzó una sucesión de golpes controlados al aire que lo único que conseguían era agitar levemente los primeros centímetros de aire frente al puño de Ryuken. Sin embargo, todavía debía realizarlo con más empeño y concentración, era solo el comienzo y le restaban algunas horas realizando los golpes que tanto le ayudarían a focalizar su chakra a lo largo de su cuerpo.

—Diez… Once… Doce — contaba mientras golpeaba el viento mientras sus ojos cerrados notaban las suaves caricias que el sol de media tarde le dedicaba. Aquellos golpes estaban destinados a forjar su temple y en abrirle el camino hacia la verdad. Pero todavía quedaba mucho, demasiado para que todo aquella pudiera volverse una realidad factible. Entre tanto, los golpes se sucederían hasta la extenuación del joven Senju, quien no dejaría aquel lugar hasta bien entrada la tarde para retomar su vuelta a su hogar, donde su familia le esperaba tras un día largo e intenso, al menos, intenso para el joven Ryuken.
Datos:

Ninjutsu (4/6):
Mokuton: Moku Bunshin no Jutsu
Mokuton: Daijurin no Jutsu
Doton: Doryū Taiga
Doton: Ganchūsō
Ryuken
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