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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Yottan — "A fire needs no name." — (ID)

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Yottan — "A fire needs no name." — (ID)

Mensaje por Yottan el Dom Oct 15, 2017 6:24 pm








Once the sun has burnt down to ashes

Yottan —
Age, Eighteen y.o
Birthplace, Land of Moon
Affiliation, Lone criminal
Origin, Araragi Koyomi from Kizunamonogatari

Ability, Atoen-jō
Specialty, Ninjutsu
Release, Fire


Fire
Flames burn the eyes

Aún con las llamas navegando libres por cada músculo, este cuerpo no resulta especialmente llamativo a primera vista. Una estructura de músculos no muy marcados a lo largo de ciento setenta y tres centímetros de altura. Ninguna línea de real trabajo físico surca el cuerpo, la forma se mantiene por la quema de calorías de andar y hacer un ejercicio más bien moderado. Todo debajo de una piel pobremente tostada, rosada por el sol de las mañanas y sin pelo aparente. Guarda una proporción de lo más convencional. Encima de la cabeza se halla una corta melena que cae sin preocupación, muchas veces estorbando los ojos; de un color castaño oscuro. Los orbes pueden ser lo más llamativo, normalmente de un gris ceniza oscuro, cuando la luz es poca o incluso si disminuye un poco, el color se vuelve carbón completamente, y ante la luz parecen recordar sus colores, convirtiéndose en un potente naranja, con destellos rojos y amarillos como las llamas que porta el sujeto en su interior. Arden. Lejos de ello, no queda nada más. Las vestimentas cambian, la mayoría robadas, o confeccionadas de una manera burda y sin decoro a partir de sábanas y telas, inútiles muchas veces al acabar quemándose.

Wood
Logs feed the flames

Odio, furia, rencor. La actitud de Yottan se encuentra en un rango distinto al de la mayoría. El mundo en que vivió logró desmenuzar parte de lo que fue de forma irrecuperable, plantando las semillas de fuegos más turbulentos. Emociones de venganza que fueron evolucionando, convirtiendo toda vida en su enemigo. Si hay algo reminiscente a lo que era un niño afable es una tosca sinceridad. Sin tapujos ni filtros, las palabras salen como sale el agua de las cascadas, determinado y seguro de que así será: "Voy a quemar esta basura de mundo.Lo haré arder hasta que incluso las cenizas se hayan  vuelto humo y no quede nada tras de si. Aunque tenga que prenderme fuego desde las entrañas para ello."

Para entender a Yottan hay que entender que el motor en su vida es el odio venido de su historia. Siente un absoluto desprecio por su origen, por sus habilidades y por él mismo. Se tacha como una mera arma con que destruir a los enemigos de sus creadores, un objeto hecho para asesinar, condicionado para ello sin el menor reparo. Una herramienta, una mula para llevar el fuego. Como tal, no les importa el continuo dolor de descontrolarse, el quitarle parte de su humanidad. Aquellos sentimientos convierten en la llama alimentando el carbón. Tal como él es sólo un arma para acabar con los enemigos de otros, todos lo son. Los ninjas que luchan, los campesinos que los alimentan, hasta el ganado que sirve al pastor. Todos, por completo. Una interminable cadena con eslabones inamovibles, iguales, inútiles. Desea con todas sus fuerzas quemar esa cadena, dejar atrás un mundo tan miserable. Aunque empieza como un sentimiento de venganza por los experimentos que le llevan a su condición, la madurez hace ver al chico que en realidad, el rencor ha ido menguando. Que existe, pero ya no es el eje de sus acciones, sino una llave para abrir la ventana y ver que fuera de su vida, todos son lo mismo. Personajes arrancando vidas por su señor feudal, por ellos mismos, por sus honores. Traiciones y engaños. Un mundo podrido. Lejos de lo justiciero, lejos de lo humanista que puede parecer, lo que conduce a Yottan en realidad es la simple certeza; nunca va a terminar, así que prefiere llevarse a todos los que pueda con su fuego antes de convertirse en un montoncillo de hollín. Es la razón detrás de huir de las calificaciones. Héroe, villano, vengador, justiciero, criminal. Palabras completamente vacías de personas más vacías. No hay sentido alguno en ello y nunca podrá reaccionar a ser tildado de cualquier sobrenombre similar. Vive porque se niega a dejarse matar por la escoria con quien comparte tiempo y espacio. Y sin soportarla, se dispone a eliminar toda la que pueda. Por ello que aparece la determinación, va a morir pronto, y será rodeado de llamas y humo.

Sí es cierto, esta actitud adoptada desde los doce años ha ido fusionándose con las otras emociones de un muchacho. Pese al deseo, Yottan no es una persona violenta, contrasta mucho con sus elementos a decir verdad. Su gesto de desprecio siempre existe, pero no es una persona irritable. Tiene la suficiente razón de primeras para no dejarse llevar por provocaciones sin sentido, no es ningún maníaco. Suele variar entre las posturas indiferentes y maleducadas. Tiene la misma desvergüenza para ignorar intencionadamente a quien le habla como para decir lo patético que es. Dado el absolutismo de esa meta suya, no tiene ningún problema en meterse en una pelea contra una o diez personas, igual que no lo tiene para incendiar un poblado entero que no le ha hecho nada. El remordimiento se lo engulle la determinación. Claro que no es insensible, existen sentimientos allá dentro. Se filtran muchas veces los enfados y el rencor. No es fácil, y sobretodo recomendable, hacer enojar a este muchacho. Suele dirigir esa rabia hacia sus propósitos, lo que hacen más que probable que el fuego vaya a extenderse pronto. Algo que intenta controlar con inteligencia, pero que es fútil en ocasiones. Existe esa dualidad agresiva, capaz de explotar por los comentarios y actos que le provocan; y el raciocinio de un chico inteligente y más cauteloso. Al no tratarse de una suerte de pirómano, ni disfrutar de la matanza, ni regocijarse de los logros que le acercan a su meta, Yottan en realidad carece de la imperiosa necesidad de otros por acabar el trabajo; pero esto se oscurece en el momento en que alguien logra tocar una fibra sensible. Conserva la razón, pero varias precauciones son saltadas, puesto que tampoco le importa ser descubierto y perseguido. Deja atrás el cuidado y se centra en calcinar al culpable. Hace así que se preocupe menos aún del entorno, o incluso su propia persona,

No hay que quitar la parte racional. En otras circunstancias, a Yottan se le podría haber elogiado por su intelecto. Durante su tiempo dentro y fuera de su origen, el chico ha tenido momentos de brillantez. Pese a no importarle realmente, sabe que su labor es mucho más fácil si no se dedican a perseguirle, por ello arma los incendios de la forma más efectiva, haciendo que prioricen apagarlo antes de buscar culpables. También ha aprendido, por tanto, a moverse sin llamar la atención. Su actitud le ayuda a ser creíble cuando miente, cosa que hace exclusivamente en los momentos en que lo requiere dado que le disgusta. Y también entra en esta inteligencia su actitud hacia el resto. Sabe sobradamente que sólo no llegará lejos. No es un idealista y comprende que su objetivo no se va a cumplir completamente nunca, y que sin ayuda, la parte que realizará será desapercibida y mínima. Es por ello que adopta una actitud no receptiva, sino paciente. No tiene ningún problema a la hora de aprovecharse de asesinos y depravados por la sangre que hagan parte del trabajo. Simplemente los quemará más tarde que al resto. Aún así, suele evitar las mentes estúpidas, le desagradan en demasía los incontrolables. Tiene otras preferencias para sus temporales alianzas. Y en ellas por lo general, deja claro que no tendrá ninguna clase de reparo en asesinarles una vez ya no sean útiles. Suele ser su filtro a la hora de elegir quien puede permitirse dejar suelto un tiempo más y quién le interesa más carbonizado. Como es de suponer, es una personalidad que no le ha ganado muchos amigos. La idea es rechazada con bastante facilidad dado que son un estorbo, pero más aún: sabe que puede ocurrir. En su momento ya ha tenido amistades y sabe lo que es dejar crecer el afecto. Sabe que será duro tener que acabar con esa conexión; y en el fondo piensa que una cosa repugnante como él no lo merece. Es así que a la mínima señal de estar a gusto con otra persona, esta suele ser víctima de las llamas. Momentos de debilidad, donde el auto-desprecio crece como el fuego en madera seca.

Él es humano, al fin y al cabo.

Spark
Sparks kill the logs

La historia transcurre en un lugar indeterminado aún del País de la Luna. Una tierra mística y extraña que pocos que no han nacido allí conocen realmente. Magia, maldiciones, dioses y demonios; las leyendas pululan de frontera a frontera sin descanso Y dentro de ellas, pero, no se sabe si cobran vida o no estos cuentos.Tampoco lo sabía el grupo que abogó por la ciencia.El fin de esta organización murió con ella, no hay supervivientes de lo que sucedió, y la memoria tan sólo acompaña a una persona que quiere olvidarla. En ese lugar se asentaron personas creyentes en la fuerza de la naturaleza, dispuestas a crear otro de los guerreros definitivos, como lo habían intentado miles antes de ellos, y lo intentarían miles más después. Su excusa fueron aquellos cuyo cuerpo se volvía agua a su voluntad, conectados con el mundo de una manera cercana y poderosa; quisieron imitarlos y mejorarlos. Nadie sabe por cuánto tiempo, nadie sabe con qué procedimientos, un grupo científico se dispuso a crear seres elementales, cuyo cuerpo pudiese volverse fuego, y tierra, y viento, y rayos y más. Al principio, miembros del clan Hozuki que llevaban vidas solitarias y no tendrían importancia en su desaparición fueron secuestrados como parte inicial de los experimentos, analizándolos. Su genética fue desmenuzándose por aquella gente, desnudado la poderosa herencia. Esa sería la parte menos cruel de la historia. Con aquellas gotas de poder comenzaron a gestar a niños y niñas sin control para producir al primero de la nueva especie. Mujeres forzadas a parir sin control, niños secuestrados, toda una red que llamaría la atención demasiado tarde. Las vidas que se perdieron en aquel lugar son incontables, desde vagabundas hasta infantes de algún orfanato pequeño fueron tratados como objeto de investigación para culminar el experimento.

Durante los años de aquella segunda fase, la implantación de la genética Hozuki fue asesinando sin discriminación. Los más afortunados morían por rechazarlo con su cuerpo y no tener manera de solucionar los problemas que ocasionaron. A otros se les licuaron órganos diversos y murieron entre un indescriptible dolor. Avance. Luego vinieron las primeras revelaciones. Un nuevo éxito creyeron. Una niña que encendió en fuego la palma de su mano. Fueron apenas unos diez y pocos segundos de alegría antes de ver como el fuego se extendía por la niña y calcinaba toda su piel hasta dejar un seco cadáver. A partir de entonces, aún más horribles muertes se sucedieron. Niños y niñas con una esperanza de meses por no adecuar la genética sucumbían a su elemento predestinado. Había momias incineradas, aquellos que quedaban pertificados, o quienes volviéndose viento dejaban atrás una pila de polvo. Una oscura época donde que unos mocosos alcanzasen los dos años era un gran avance. Sin embargo, claramente algo no estaba bien, nadie allí podía controlar su elemento, y los experimentos se acrecentaron hasta dar algún resultado. Toda aquella pesadilla, pero, engendró finalmente sus primeros frutos. El verdadero primer paso. Los primeros híbridos entre elemento y humano.

Dos niños y una niña, con tierra, fuego y viento en sus cuerpos. No mostraron cambios hasta pasados los meses en que comenzaron a expulsar por sus cuerpos el elemento que les había elegido, pero manteniendo su cuerpo intacto. Los primordiales, los que sí podrían servir para la meta de aquel siniestro lugar. Nadie sabía que entre ellos había nacido el que acabaría por derribarlos. Como las muestras valiosas que eran, estos tres niños fueron cuidados con incluso cariño. Parte del grupo de médicos se encargaron de criarlos y entrenarlos para que se mantuviesen sanos, y ver hasta dónde podían desarrollar aquella mutación. Como tal, aquel trío pudo crecer feliz. Shodo, Shoka y Shofu respectivamente a sus elementos. Recibían un buen trato y actuaban como una familia con el equipo a su cargo. Los exámenes diarios a sus cuerpos y algún doloroso experimento buscando entre sus cuerpos qué habían logrado exactamente formaron parte de su rutina infantil. Y con ellos, ajustes, pruebas y más procedimientos para completar aquellas armas. Joyas que habrían brillado en una guerra, la intención de creer que podían criarlos como niños de verdad cegó a los científicos. A espaldas de ellos, intentaban crear réplicas genéticas, clones, cuerpos de ensayo. Lo que nacían eran abominaciones diversas que se almacenaban para el estudio en uno de aquellos lugares que a los niños tenían prohibido. Pero como todo niño, hecha una regla sentían el impulso de romperla. Así que con tan sólo ocho años pudieron ser testigos del horror que llevaban dentro. Una colección de monstruos, algunos con sus ojos semi-vivos y deformes mirándolos fijamente. Los ojos de ellos tres, sus bocas y caras, su manos y cabellos, sus elementos perdiéndose entre pústulas asquerosas. El gran trauma que supuso aquello cambió a los chiquillos.

Shodo quedó mudo desde entonces. Vomitaba las comidas y no salía de su cama. Shofu actuaba tan forzadamente normal que dolía verla sabiendo lo que llevaba dentro. Y Shoka, él parecía haber perdido la noción de si mismo. Se movía por aquel lugar como un fantasma, y se quedaba inexpresivo, mirando a cualquier punto en blanco. Una conducta que pronto alertó a los doctores y les impulsó a preguntar con la misma sonrisa, que ahora parecía casi una burla. Con uno mudo y la otra mintiendo, sólo el chico de fuego parecía poder arrojarles alguna luz. Si hoy en día lo pensase, posiblemente no lo recordaría, a partir de ver aquellas cosas hasta unos meses adelante, su memoria prefirió encerrar los recuerdos y censurarlos de rutinas. Shoka preguntó directamente por los monstruos encerrados. Por sus copiados rasgos. Conmocionó a los científicos que no supieron qué responder, tendiéndole una de las muchas mentiras que se les podían ocurrir, pero que no engañarían ni a un niño. Los tres elementales terminaron recluidos en sus habitaciones de una forma preventiva, no podían permitir que dejasen de colaborar, pero tampoco sabían cómo borrar su memoria sin riesgo de lastimar algo importante. Demasiado tiempo. El aislamiento duró por casi un año en el que se dedicaron a hacer pruebas de extracción de memoria. Tiempo suficiente para romper a los tres niños. Quizás su conexión especial, o el destino, o el haber sido tratados equitativamente hizo que estallasen a la vez. Un enorme estruendo tembló por las habitaciones, y para cuando salieron a mirar, los científicos pudieron ver tres figuras inhumanas. Sus sueños hechos realidad. El elemento de cada niño se había aliado con ellos y comenzaron en un frenesí destructor. Gente sin preparación para el combate calló. Las anestesias no podían ser aplicadas porque no podían atravesar la piedra sobre la piel de Shodo, y el huracanado viento de Shofu lo hacía imposible, mientras el líquido se evaporaba cerca de Shoka. Las tres bestias destruyeron juntas todo el lugar mientras el incontrolable fuego dorado se esparcía demasiado rápido, gracias a cómo se combinaban su autor y su hermana de viento. El tiempo que tardaron no se pudo calcular, pero fueron más allá de su límite. Mientras el hermano de tierra cayó primero, el viento alimentó el fuego y éste comenzó a expandirse sin control. Pronto, todo el lugar se encontraba en llamas doradas, y el bosque que los cubría también. El fuego haría que de todo sólo quedasen cenizas, incluyendo al hermano, y pronto, a la hermana que sucumbió a las llamas, quedando sólo el chico de fuego, desmayado y protegido de su propio elemento.

El País de la Luna nunca supo qué produjo un incendio tan descomunal, especialmente cerca de un lago que perdió más de la mitad de su agua. No encontraron a nadie, dado que lo único que sobrevivió había huido. Un niño de apenas diez años, sin ninguna noción real del mundo huía sólo y asustado de si mismo. Pero no tardó en verse envuelto en el odio real. su manera de vivir en pueblecitos le reveló lo que eran los ninjas, cómo actuaban, cómo eran tratados y cómo obedecían. Los meses le terminaron por mostrar qué era lo que querían aquellos que le cuidaron en su niñez. La rabia terminó convirtiéndose en combustible, y desde entonces, decenas de extraños fuegos dorados cubrieron una pequeña zona forestal que fronterizaba con el País de las Aves. Así, durante dos años, la ola de incendios en bosques que no podían apagar sin ninjas llamó la atención de los dueños del terreno, y concluyeron rápidamente que un pirómano andaba suelto. Así, con su descontrol, el chico sin nombre fue atrapado por un equipo de ninjas a la temprana edad de doce años, en el territorio de Fenikkusu no kakushitsu. Por lo visto, una recompensa por investigar sobre los incendios había sido ofrecida al público, haciendo comprender al pequeño que si realmente quería hacer aquello, no podía ser un descabezado. Puesto que no había una recompensa por el pirómano o los pirómanos responsables, los ninjas pensaron que si entregaban al chico con vida recibirían otra recompensa. Su error. Durante la noche, en el viaje en que sería entregado, el chico produjo otro de sus incendios en el campamento improvisado, dejando que los dormidos ninjas ardiesen a no poder apagar sus llamas sin alguien que controlase el agua. Desde entonces, los incendios dejaron de producirse frecuentemente, pero aún así, muchas veces se revelaba que aquella persona que usaba fuego dorado había vuelto a atacar, sin sospechar de él cuando el fuego normal invadía aldeas pequeñas u otros lugares. Creándose así rumores inconclusos, durante seis años y en adelante, mientras el andante fuego hacía correr las llamas a su paso.

— Arderán. —



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Re: Yottan — "A fire needs no name." — (ID)

Mensaje por Sheik el Dom Oct 15, 2017 8:53 pm

¡Ficha Aceptada!
Have fun dear -w-

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