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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

Créditos

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— Flexible.

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— Flexible.

Mensaje por Akkarin el Mar Dic 12, 2017 11:19 am



Persecución. Nunca había esperado encontrarse en tal situación, ni siquiera teniendo en cuenta los revueltos tiempos en los que se encontraban todos los habitantes de las cinco grandes naciones elementales. Aún habiendo cruzado con una tranquilidad que solo el eximirse de la responsabilidad de un menor podía dar, se encontró con algo que no había pronosticado.

Bueno, al menos no con tanta prontitud. O mejor dicho, de manera tan gratuita.

No eran ni miembros del feudo al que había dado la espalda, ni tampoco las personas a quienes había engañado hacía solo una semana atrás. Lejos de eso, se encontraba huyendo de simples escuadrones Genin, vete a saber por qué, del país del Fuego. Desconocía absolutamente la afiliación de los mismos, incluso si realmente pertenecían a algún feudo en concreto.

Lo único que quería era hallar a su contacto, enviar el mensaje a Hinoarashi, y echar a correr lo más lejos que pudiera dirección a la Cascada. Pero no, el mundo parecía que quería complicarle aún más las cosas.

Sinceramente, esto es una mierda” maldijo sin tapujo alguno al tiempo que tomaba cobertura en la copa de un árbol. Las lindes de la arboleda estaban a varios metros de su posición, pero igual desde ese punto elevado podía vislumbrar ligeramente la posición de los escuadrones. Parecía que no tenían un sensor entre ellos, al menos no uno que estuviera en ese escuadrón en particular. Simplemente, cuando perdieron de vista su posición, optaron por la postura defensiva y procedieron a alejarse, buscando seguramente a cualquier otra presa que fuera desconocida.

Pero ya la habían hecho tomar un rodeo. Chasqueó la lengua, esperando largos minutos antes de ponerse en movimiento de nuevo.


◅☾◈☽▻


Hasta que apareces —gruñó el hombre veterano, dejando su presencia salir a la luz una vez alcanzaron el punto en el bosque. Concretamente, aquel en el que regularmente los informes eran dados—. Llevas dos semanas de retraso, ¿sabes?

Mis disculpas, asuntos urgentes constriñeron mi tiempo y tuve que priorizar un orden alterno —una reverencia. Sin embargo, esta vez, Akkarin sabía que carecía de real sentimiento. Era simplemente un gesto educado, necesario—. Asuntos que siguen en pie. ¿Tiene el cuervo mensajero?

Un ceño fruncido apreció en el hombre, pero tras ello, hizo un simple silbido con los labios. Un ave negra, cuervo bastante tosco y con heridas de guerra, se posó en el hombro del informante—. Un mensaje, solo eso. Kora ya ha sufrido tres heridas en los últimos dos meses, por culpa de las escaramuzas entre la Dama y el Niño.

Una media sonrisa fugaz cruzó el rostro de la joven, asintiendo en el proceso. Ya tenía el mensaje escrito, dirigido directamente al líder de Hinoarashi. Una reivindicación de la real naturaleza de las tropas que iban a su apoyo.

El cuervo voló poco después, alejándose con el mensaje en su pata. Solo quedaba esperar, mientras seguía dándole esquinazo a esos escuadrones. Eran novatos o poco duros, pero sus números eran elevados. Y eso, molestaba, llegando a suponer un real problema.

Saltó, perdiéndose entre las copas de los árboles. Tenía que salir de ahí, e iba directamente a las fronteras del Norte.


OFF:

Apariencias:

Akkarin (clothing):


Sin los colgantes ni nada similar. Cuando no lleva lo de invierno, los ponchos de arriba tampoco están.
Stats:

• Ninjutsu:  15
• Taijutsu: 12
• Genjutsu:  12
• Velocidad:  15
• Resistencia: 15
• Fuerza: 15
Técnicas:


Total: Genin - 8 | Chunin - 6
Restantes: Genin - 8 | Chunin - 6

Inventario:

• Senbons x10
• Kunai x10
• Sellos explosivos x2
• Bomba de Humo x2
• Bomba de Luz x2
• Vendas


Última edición por Akkarin el Jue Dic 28, 2017 5:54 am, editado 1 vez
Akkarin
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Re: — Flexible.

Mensaje por Yabuki Joe el Lun Dic 25, 2017 12:30 pm

El otrora vagabundo era uno que siempre hacía patente su disgusto por viajar a través del arbóreo océano que comprendía la mayor parte del País del Fuego, y esta entidad parecía hacer todo lo posible por mantener y aumentar dicho desagrado, como si su razón de ser fuese joder la existencia del pelinegro que tanto le odiaba; sin embargo, todo parecía ir bien, por el momento. Desde que hicieron abandono de la granja del viejo Asagami, Joe, Yumei, y su tío en estado convaleciente no tuvieron problemas en seguir la ruta que el amigo de los insectos había sido capaz de trazar, dando un par de rodeos con tal de evadir las rutas que, según la información que sus silenciosos camaradas pudieron recolectar, eran las más concurridas por aquellos que llamaban “hogar” a esa región, ignorando a quienes dominaban realmente esos predios. Gracias a los diminutos e incontables habitantes del bosque, el trío pudo desplazarse sin llamar la atención, descansar durante las noches y alimentarse como era debido, usando tanto las raciones que habían conseguido de la granja como bayas de los alrededores, e incluso un frasco de miel, el que fue cedido al Aburame por un grupo de abejas. Cabe destacar que este fue consumido por la más joven del grupo.

El tercer día llegó sin pena ni gloria, el ritmo de viaje manteniéndose igual de lento que en los días anteriores. A pesar de que Joe había tardado menos en llegar desde las costas a la granja, en esos momentos no se encontraba solo, y la muchacha insistía en cargar a su tío por su cuenta, sin ofrecer más explicaciones que el deber de su sangre. Yumei parecía pensar que el cuerpo de su acompañante no era lo suficientemente fuerte como para soportar la carga, esto debido a que la mayoría de los ataques que vio de su parte eran indirectos; sin embargo, el pelinegro, aunque bajo para su edad, poseía capacidades físicas que salían de la norma. Se trataba de un shinobi, después de todo, y su chakra era lo suficientemente fuerte como para dar gran fortaleza a un cuerpo que no parecía tenerla, que no debería tenerla, una fortaleza que no hizo más que aumentar con el paso de los días gracias al parsimonioso ritmo que habían llevado hasta ese momento, ritmo que dio tanto descanso como estabilidad a las energías dentro del ninja feudal, permitiéndoles ir más allá de sus límites. La muchacha de los cuernos no tardaría en aprender una de las lecciones más valiosas del mundo ninja: cuando el chakra está involucrado, nada es lo que parece.

La llegada del ocaso marcó un antes y un después en el statu quo que se había mantenido; el bosque, una vez más, demostrando su hostilidad hacia el pelinegro, dándole un encuentro de esos que le hacen reafirmar su disgusto por el área. La ruta del trío, más por descuido que azar, debió ser modificada al último segundo debido a la geografía del área, haciendo que su camino coincidiera con un sendero marcado por el uso, el que era recorrido por otro trío. Las nuevas presencias, dos varones y una fémina, parecían tener una edad similar a la de la muchacha de la cornamenta, y sus vestimentas, diferentes entre sí, no daban indicio del bando al que pertenecían; sin embargo, las diferencias hacían destacar todo aquello que fuese similar, en su caso, un broche dorado que destellaba con las luces del sol que comenzaba su descenso, cada uno teniéndolo en un lugar distinto, pero todos idénticos, el emblema del girasol revelando la identidad de los sirvientes de Himawari Tsukasa, la Dama de Fuego. “Son el enemigo”, sentenció silenciosamente el Aburame, quien detuvo su marcha, instando a que la muchacha y aquél al que ésta cargaba se mantuvieran a sus espaldas. Sus insectos comenzaron a moverse con absoluto sigilo a la vez que la persona al frente de la formación tomó la palabra.

¿Qué haces aquí, soldado? —preguntó la mujer al lado contrario, acercándose con lentitud al hombre vestido como uno de los suyos, su pregunta marcada con sospecha, pero manteniendo su avance con confianza—. No nos dieron aviso sobre una patrulla del ejército, ¿y quiénes son los que están a tus espaldas? —volvió a preguntar tras detenerse a una distancia de dos metros, siempre seguida de cerca por sus acompañantes. La joven era, al menos, diez centímetros más pequeña que su interlocutor, su cabello marrón cubriendo su ojo izquierdo, dejando expuesto el azul del opuesto, y el resto atado en una coleta alta. Su vestimenta parecía fina y elegante, atuendo complementado por una larga bufanda color lila, pero lo más llamativo sobre ella era una espada corta atada a su cintura, en la zona baja de la espalda. Ésta hizo el ademán de inclinarse a un lado, buscando ver mejor a la muchacha que aún cargaba a su tío en la espalda; sin embargo, el soldado frente a ella dio un paso al costado, bloqueando su visibilidad. La acción hizo que los hombres que acompañaban a la chica tomaran posiciones de combate; sin embargo, ella no pareció alterarse, regresando a su posición original, acción imitada por el Yabuki, cuyo rostro inexpresivo emanaba más hostilidad que las muecas de enfado de los demás varones—. ¿Por qué estás viajando con compañía ajena a la del ejército? ¿Estás desertando? Sabes que eso se paga con la muerte, ¿no? Y como ninjas de Kakkinoaru’en, estamos obligados a hacer cumplir las leyes —preguntó la mujer por tercera vez para luego soltar su sentencia, una sonrisa soberbia en el rostro mientras chasqueaba los dedos de su diestra, haciendo que sus acompañantes desenfundaran sus armas.

Probablemente la castaña esperaba una reacción del hombre frente a ella, uno a quien veía como un mísero soldado, alguien a quien podría matar con una mano atada a la espalda; sin embargo, éste se mantuvo impasible, sus ojos fijos en los movimientos de la mujer. Ésta no tardó en tener un mal presentimiento, ya que el comportamiento del aparente soldado era demasiado extraño. Uno esperaría que, tras ser detectado cometiendo un crimen, el criminal intente escapar, o al menos defenderse, pero el de ojos como pozos no parecía intención alguna de moverse de su posición. Este mal presentimiento la inspiró a retroceder, dando un par de saltos hacia atrás, a tiempo para ver cómo sus compañeros eran devorados por un par de nubes negras, una tercera alzándose desde las sombras en el lugar que ella había estado ocupando un par de segundos atrás. Esta nube, pero, no se mantuvo sin forma, transformándose en una copia exacta del hombre al que había estado amenazando. Las otras nubes parecieron hacer lo mismo; sin embargo, a pesar de adoptar siluetas humanas, sus figuras se mantuvieron indefinidas, siendo en realidad ajustadas prisiones en las que sus compañeros se encontraban apresados.

¡Ryo, Take! —exclamó la muchacha con preocupación, buscando una respuesta de aquellos aprisionados, su rostro pasando súbitamente de la confianza al temor. Éstos apenas podían moverse debido a la presión ejercida sobre las nubes de insectos sobre sus cuerpos; sin embargo, eso no impedía que hicieran el intento, usando todas sus fuerzas para intentar sacudirse esa masa de bichos que les arrebataba tanto vista como oído y habla; sin embargo, lejos de darles el lujo de la esperanza, el ataviado como hombre de la Dama de Fuego tomó un par de herramientas desde el interior de sus vestimentas, las cuales lanzó en dirección a su efigie, este movimiento oculto debido a la presencia de la misma. Estas kunai dieron en el blanco, golpeando al clon de lleno. El golpe, pero, era esperado por los insectos, quienes, lejos de perder su figura, siguieron las órdenes de su colmena y llevaron los trozos de hierro a su interior, guiándolos por el cuerpo falso hasta hacerlos brotar por sus manos. Acto seguido, las herramientas buscaron ser utilizadas para apuñalar a los prisioneros del enjambre, pero la mujer no se mantuvo de brazos cruzados mientras esto sucedía, lanzando una oleada de herramientas ninja en dirección a la figura de “humo negro”, buscando alterar su forma lo suficiente como para poder lanzar un ataque más poderoso, esfuerzo que, no tardó en comprobar, era inútil. Sin saber que el maestro de la figura había hecho exactamente lo mismo para entregarle las armas, ella vio cómo sus armas eran devoradas por la figura, su curso imposible de alterar en ese instante—. Esto… Esto no puede estar pasando… —murmuró la de ojos azules, su rostro mortificado al caer de rodillas. Jamás pensó que ese turno de patrulla sería el momento en el que vería la muerte de sus compañeros por primera vez, compañeros a los que, a pesar de tratar como sirvientes, también consideraba como amigos. Su mirada no tardó en alzarse, el miedo reemplazado por furiosa impotencia, sus manos descendiendo hasta alcanzar la wakizashi que llevaba al cinto.

La acción no tardó en ser detectada por el clon, figura que acortó la distancia a gran velocidad, buscando acabar con la joven antes de que ésta consiguiera lanzar su ataque; sin embargo, un destello rojo se cruzó en el camino, lanzando una veloz patada a la cabeza de la figura de insectos. El ataque de ésta, pero, no se detuvo, ya que, aunque un punto vulnerable en cualquier persona, un Mushi Bunshin no era más que una acumulación de insectos, por lo que, mientras se mantuvieran vivos, los insectos podrían seguir atacando sin inmutarse. El recién llegado se percató de ello al ver cómo su ataque no surtía efecto, por lo que decidió retroceder; después de todo, su objetivo principal era el de proteger a la muchacha castaña, por lo que no tenía el tiempo de poner a prueba la resistencia de lo que claramente era una técnica ninja. Con excepcional velocidad, el hombre liberó una bomba de luz de su manga, la que ofuscó a los insectos mientras él tomaba a su aprendiz y emprendía la retirada, probablemente en dirección a su campamento base.

Por estas cosas es que odio los bosques —se lamentó el Aburame al percatarse del embrollo en el que se había metido, para luego inspeccionar los cuerpos y tomar todo lo que fuese de utilidad antes de abandonarlos a un costado del camino. Al final no tenían mucho, por lo que todo ese esfuerzo terminó sin ser recompensado.



La noche fue larga debido a las persecuciones; sin embargo, todo indicaba que no contaban con ninjas sensoriales, ya que no fueron capaces de encontrarlos, a pesar de que viajaban a un ritmo lento. “Tal vez es por eso”, dedujo el shinobi guardián. “Ya saben que soy un ninja, y jamás dejé que vieran a Yumei-san con claridad, por lo que esperan que vayamos más adelante”. Gracias a ello, el grupo tuvo la oportunidad de descansar por turnos, y, cuando llegó la mañana, pudieron repartir sus últimas raciones con tranquilidad. El plan seguía siendo llegar al País del Rayo; sin embargo, debido a que Joe tomó la decisión de vestirse como un soldado de Kakkinoaru’en, éste terminó siendo confundido por un desertor, por lo que se vio en la necesidad de eliminar a sus agresores, acción que no consiguió debido a una cuarta persona, la que no solo se interpuso en su camino, también logró escapar sin mayores dificultades, lo que significaba que sus movimientos anteriores podrían ser analizados y contrarrestados en el futuro. No solo les había puesto la soga en el cuello, sino que sus fallos comenzaron a tensarlas con cada segundo. Había llegado el momento de tomar una grave decisión.

Joe decidió tomar el papel de carnada para permitir que Yumei escapara junto a su tío; después de todo, su rostro era el que sería buscado por quienes los cazaban. Él no se lanzaba a la muerte, sin embargo, sino que tenía la confianza suficiente en poder perder a sus perseguidores con mayor facilidad de encontrarse solo. Yumei lo miró con desconfianza, aún sin pensar mucho de su capacidad física; sin embargo, él ya le había demostrado que estaría de su lado, por lo que aceptó su palabra. El pesado anillo de plata con el búho grabado cambió de manos, pasando a la manipuladora de huesos, quien lo guardó dentro de su túnica. Tanto ella como su tío serían llevados por dos clones de insectos, los que seguirían la ruta más segura al ser guiados por el tercer grupo, quienes fungirían como fuerzas de exploración. Tras fallecer los kikaichū, los insectos del área prestarían ayuda, por lo que solo deberían ser seguidos. Evitando el contacto con los demás, su destino sería el pequeño poblado costero en el que Joe tomó un barco al Rayo anteriormente, esto debido a que la presencia militar en el área era prácticamente inexistente. En ese lugar, ellos deberían pedir una habitación con el dinero que llevaban, y esperar en el lugar por tres días. De no aparecer el norteño, Yumei tendría la obligación de buscar pasaje en algún navío, y dirigirse al norte junto a su tío, asumiendo lo peor.

De esa forma, el camino de los Kaguya y el Aburame se separó temporalmente, los insectos sobrevivientes formando a los escoltas que cargarían tanto a Yumei como a su tío, siguiendo una ruta que evitara cualquier otro contacto humano gracias a los demás. Con algo de suerte, los clones serían capaces de llegar al puerto antes de morir. La figura que tomaron en esa ocasión fue la del tío de Yumei y su padre, para evitar levantar sospechas con la apariencia del pelinegro. La joven mostró una expresión complicada al ver a la copia de su padre, pero no emitió más palabras que un “Buena suerte”, a lo que el Aburame se limitó a responder con un pulgar arriba y un intento de sonrisa. “Muy bien…”, pensó el de apariencia famélica mientras los grupos de su enjambre se alejaban a toda velocidad, “Si quiero que me sigan, tendré que comenzar a hacer ruido, ¿verdad?”, concluyó, tomando una de sus kunai para luego adherirle uno de sus últimos sellos explosivos. “Y no hay mejor forma que esta”. Tras avanzar por varios minutos en la dirección contraria a la de su grupo, Joe lanzó su kunai a uno de los árboles, esperando que el estruendo de la detonación fuese suficiente para atraer toda la atención de sus nuevos enemigos. La respuesta del héroe del norte seguía siendo la misma que la que solía usar en todos sus problemas:

“Todo se solucionará en cuanto los mate a todos.”



Off:

NPCs:

Mujer joven - Genin - Físico: Levi Kazama | Trinity Seven - Diálogo: #cc33ff
• Ninjutsu: 7
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 7
• Velocidad: 10
• Resistencia: 10
• Fuerza: 10

Hombre mayor - Chunin - Médico - Físico: Kenji Fujikido | Ninja Slayer - Diálogo: ???
• Ninjutsu: 15
• Taijutsu: 13
• Genjutsu: 1
• Velocidad: 15
• Resistencia: 15
• Fuerza: 15
Vestimenta actual:

Armadura de soldado del feudo Kakkinoaru'en, con todo lo que ésta conlleva.
Stats:
• Ninjutsu: 15
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 6
• Velocidad: 10
• Resistencia: 15
• Fuerza: 15
Equipo:


  • Kunai, 10 unidades.
  • Makibishi, 10 unidades.
  • Hilo ninja, metros ilimitados.
  • Bomba de humo, 2 unidades.
  • Bomba de luz, 2 unidades.
  • Vendas, unidades ilimitadas.
  • Sellos explosivos, 2 unidades.
  • Sellos en blanco, 15 unidades.
  • Pergamino mediano, 3 unidades.
  • Pergamino de ADN (2/5 cuerpos), una unidad.
    + Tres petacas de licor.

Técnicas utilizadas:
Kikaichū no Jutsu (寄壊蟲の術, técnica de los insectos de destrucción parasitaria): Técnica pasiva y fundamental, base de todas las demás técnicas del clan Aburame. Al ser transformado en una colmena para los kikaichū al momento de nacer, el ninja Aburame obtiene la capacidad de comunicarse con toda clase de insectos, los que siguen todas sus órdenes, al pie de la letra y sin importar cuáles sean; sin embargo, su vínculo más fuerte siempre será con sus kikaichū.

La restricción de esta técnica radica en la cantidad de insectos que el Aburame puede liberar para sus técnicas, ya que, si bien éstos son inagotables, su uso excesivo puede significar una reducción importante de la población de kikaichū en su cuerpo, lo que se traduciría en una merma de insectos para las técnicas futuras.

El ninja Aburame puede utilizar cuatro técnicas diferentes relacionadas con sus insectos (entiéndase, kikaichū) antes de verse obligado a esperar tres turnos consecutivos sin liberar kikaichū para que la población alcance sus números normales. A medida que ascienda de rango, el Aburame podrá realizar dos técnicas adicionales por cada rango obtenido, alcanzando un máximo de diez técnicas. Mientras la colmena reestablece sus números, ésta se alimenta del chakra del Aburame, consumiendo chakra equivalente a tres técnicas del rango mínimo que le resten al usuario durante el tiempo de espera. Si los niveles de chakra del ninja disminuyen demasiado, y dado que los Kikaichû son parásitos por naturaleza, el enjambre comenzará a devorarlo desde dentro, agotando al ninja a razón de -5 de Resistencia por turno.

Otra restricción a esta técnica es el uso de insectos kikaichū hembra, ya que éstos son los más valiosos dentro de cada colmena debido a que se relacionan directamente con la tarea de reproducción y mantención de la población dentro de la misma. El ninja Aburame sólo podrá utilizar diez kikaichū hembra por combate, reestableciendo dicha cantidad al término de la pelea.

Tres liberaciones realizadas, tres liberaciones restantes. Primer, segundo, y tercer grupo: cinco turnos de vida.

Hijutsu, Mushidama (秘術・蟲玉, técnica secreta, esfera de insectos): Aprovechando las capacidades de rastreo de los kikaichū, el ninja Aburame dispersa una gran cantidad de éstos en un área no superior a los treinta metros de radio. Al detectar el chakra del objetivo, los insectos esperan a la orden del Aburame para abalanzarse sobre éste, formando una esfera de insectos que no tarda en comprimirse, envolviendo completamente a su víctima. Los kikaichū comienzan a devorar el chakra de forma frenética a la vez que dificultan enormemente el movimiento de su presa, la cual, si logra escapar, no tardará en ser nuevamente perseguida por los insectos.
Caer en esta técnica implica perder Resistencia a razón de -3 por turno, pues se tiene todo el cuerpo recubierto de insectos. Cuando la víctima llega a 0, cae inconsciente por la falta de chakra en su cuerpo. Se puede huir saliendo de la zona efectiva de la técnica. La técnica dura tres turnos.

Mushi Bunshin no Jutsu (蟲分身の術, técnica del clon de insectos): Técnica secreta en la cual millares de insectos kikaichū se reúnen en un sólo lugar y toman la apariencia del Aburame o la de cualquier persona que éste desee. El clon es muy elaborado, tanto como para confundir con facilidad al clon con el original, por lo que puede ser usado como señuelo o para una táctica de distracción. Su poder de ataque y velocidad están directamente relacionados con la habilidad del ninja con el ninjutsu. El clon se descompone en insectos al ser golpeado, y debido a que está formado por insectos, puede reformarse de forma muy veloz, aunque no soporta más de dos golpes antes de deshacerse al recibir el 3ro, sin embargo las explosiones o fuertes jutsus elementales de katon y raiton pueden deshacerlos facilmente. Al estar formados por insectos las armas arrojadizas pequeñas (kunais, shurikens, sembons y similares) los atraviesan sin destruirlos. Pueden usar armas, pero no realizar jutsus. Estos clones pueden engañar al sharingan pues llevan el mismo chakra que el usuario, pero no al Byakugan pues este puede ver claramente su composición, tambien pueden engañar al olfato pues llevan el mismo olor corporal del Aburame. Cuando estos clones son destruidos el usuario puede recuperar la información que poseían si al menos un insecto de los que lo conformaban sobrevive.

Dos clones.


Técnicas disponibles: 8/8 Genin. 6/6 Chunin.
Yabuki Joe
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Re: — Flexible.

Mensaje por Akkarin el Miér Ene 03, 2018 1:53 am



La agitación en el bosque parecía solo acrecentarse conforme su avance la llevaba hacia el Norte de la frontera. Cuando en el interior era común ver escaramuzas entre pelotones de distintos ejércitos, indiferentemente de su afiliación en algunos casos, conforme llegaba a las lindes del bélico país la situación se torcía hacia otro tipo de violencia y tensión.

Pelotones enteros rastreaban los caminos, con sensores a los que costaba dar esquinazo. Hinoarashi, Fenikusu, Kakkiroaru’en… incluso los refuerzos extranjeros que eran de su tierra natal y la que les acogió posteriormente, todos eran obstáculos. Daba igual si se era un ronin que tenía la mala fortuna con cruzar una de las patrullas, como si era una caravana algo rezagada y aventurera: el resultado solía incluir alguna baja, junto con un posible saqueo de las pertenencias. No eran tiempos seguros, y las barbaries que la legalidad trataba de sofocar salían a la luz. Permitidas, justificadas bajo la supuesta ‘falta de recursos’ y cómo todo el mundo debía ser cómplice del bienestar del ejército.

Y aquí se encontraba ella, de nuevo, teniendo que burlar los constantes aluviones de efectivos que recorrían los bosques en busca de presas fáciles, o algún enemigo al que reducir y aumentar la efectividad de sus líneas. Parecía que el concepto de aliado ocasional, así como ‘víctimas civiles’ (no es que se incluyera en eso último, teniendo en cuenta sus habilidades en el asesinato, artes shinobi, y todo lo que apuntaba a no ser un civil indefenso), no existía para los involucrados en la guerra.

Normal que nadie saliera de sus correspondientes pueblos o ciudades. Incluso allá, había llegado a escuchar de las conversaciones casuales o paradas necesarias de fugaz descanso, había una constante inseguridad de que los civiles fueran constantemente hostigados para ceder recursos que ayudasen a la guerra. Puede que los soldados murieran, pero al final, las repercusiones grandes serían para las familias cuyos víveres les habían sido sustraídos.

Un muerto, al final, dejaba de sentir. Los que quedaban en vida, sin el sustento de un sueldo del emperador o la ciudad, o cabezas de familia sin su correspondiente compañero para ayudar a llenar las bocas de los niños…

Todo eso lo experimentarían los vivos. A veces, con las consecuencias de la posguerra, habría sido mejor morir en el campo de batalla.

◅☾◈☽▻

El día solo podía girar a peor. Cabía esperar, desde luego, que enviar un mensaje cifrado a través de una bien conocida red de espías con un cuervo directo hacia una de las cabezas que habían generado el mayor conflicto que había visto en su generación, no sería coser y cantar.

Y, por supuesto, que se metería de lleno, en medio de otra escaramuza (o al menos, el movimiento de soldados daba a entender algo así) de persecución que la había arrastrado irremediablemente ya a tres combates correctamente eludidos. Velocidad y camuflaje habían sido las correctas armas esta vez, pero al final, el puto sensor que tenía uno de los enemigos parecía haber detectado su presencia.

Ahora, escondida en lo que parecían ser los cadáveres de un pelotón del feudo aliado a Kakkiroaru’en, el tirano del Agua, ella misma fingía ser solo una más de las numerosas bajas en el terreno. Parecía que se habían dispersado, o que, por una parte, buscaban a algo con el ímpetu de quienes vengaban o se tomaron personalmente un ataque. Ella, por otra parte, simplemente había tenido la mala suerte de meterse en medio de lo que sea que había sucedido. Había captado retazos de conversación entre insultos e improperios que avergonzarían a su antiguo yo de no haberse metido tanto con los bajos fondos. En esencia, básicamente, estaban tendiendo una trampa a un grupo de ‘renegados’ o enemigos, vete a saber a qué se referían cuando usaban la jerga de las tierras del fuego que procedían de pueblo. La sensor había quedado con otro grupo (que sí, que gracias a dios la podredumbre, hedor y sangre encima de su disfraz, así como su apariencia nativa del Agua ayudaba a haber quedado como un cadáver reciente con excedente de chakra…. esperaba, al menos, que ese fuera el caso) y parecía que los que había ahora, estaban dirigiendo la estrategia. Desde ese punto en el suelo, con los ojos abiertos en un fingido estado cadavérico, observaba cómo el pelotón recibía refuerzos.

Iban con todo a por la supuesta persona que iban a emboscar. Nueve shinobis, de los cuales reconocía en tres la vestimenta de los rangos Chunin que se les daban en los pelotones, y los otros seis Genin que sin embargo, todos cargaban con al menos un arma de alcance (dos katanas, eran las únicas armas que podía reconocer desde esa distancia) y cada uno parecía tener una obvia predilección por el cuerpo a cuerpo. Las heridas de todos ellos eran una clara indicación.

… Izumi los está persiguiendo, dirigiéndolos al punto de extracción… —escuchó con más atención, tratando de captar todo lo que pudiera. Incluso si estaba ‘medianamente a salvo’, como empezase una escaramuza entre enemigos en ese punto tendría que explotar su tapadera y salir de ahí cagando leches—… el chico es la principal amenaza… interceptaremos en este claro y el escuadrón se unirá…

Las instrucciones seguían, hasta lo que parecía ser un ‘evitar las bajas a toda costa lanzando un desorbitado número de enemigos encima de lo que captaba como un solo enemigo’. Una estrategia que, tal vez funcionara, pero viendo a los novatos temblar y apenas agarrar sus armas con la suficiente convicción como para responderle a su superior al mando una temblorosa confirmación de sus órdenes, quedaba clara una cosa.

Esos niños no sabían nada de la guerra, y estaban aterrorizados. Era posible que incluso fuera su primera pelea real, teniendo en cuenta que los cadáveres en los que estaba ahora no estaban tan frescos como al inicio había esperado. Plus, parecían haber sido diezmados por un pelotón más especializado.

Ese escuadrón que tenía en frente, literalmente, temblaba ante la mención de atacar a un hostil que, por lo visto, ya había atacado con anterioridad. Y los iban a usar como carne de cañón para reducir al enemigo. Estaba claro que ese ‘evitar las bajas’ era únicamente algo hueco, valioso solo para los tres más veteranos que al menos no eran simples soldados rasos.

Esos soldados eran, por la manera en que su lenguaje corporal respondía a la obvia mentira que decían, prescindibles.

Qué hipócrita vuelve a la presión a la gente pensó con resignación, apenas moviéndose lo suficiente como para apoyar una de sus manos en la bolsa de su pierna. Si bien no se movía en exceso ni quería llamar la atención por tener las manos muy juntas en ‘posibles sellos’, el tacto de las senbon y kunai relajaba un poco su tensión inicial. El pelotón tomó posición estrategica, ocultando sus posiciones y preparando hilos de alambre que en contacto directo, detonarían varios sellos en los extremos ocultos por las sombras de los árboles. Dichos hilos, estaban además colocados en todas las entradas del claro, a la altura del cuello y los tobillos.

Si iba a haber una pelea justo donde estaba, e iba a estar en medio del fuego cruzado…

Bueno, no debía lealtad a dicho feudo. [i]Y fuese quien fuese el hostil, parecía atraer la suficiente atención como para abrirle un camino ‘seguro’ entre el movimiento de tropas
.



OFF:


Básicamente, solo he amoldado el terreno para donde ambos deberían cruzarse. Hay un pelotón entero que está persiguiendo a Joe, con Izumi como sensor que monitorea y encamina el susodicho. Son solo tres, pero los tres son especialistas en rastreo.

El de nueve, que se encuentra en el claro, ahora mismo toman posiciones para la emboscada. Ninguno de ellos es sensor, pero básicamente, los he pensado como un escuadrón de reclutas: ninguno es realmente especial, más allá de los tres capitanes Chunin, que son especialistas de Kenjutsu.

Espero al menos haber dejado todo a pie para poder empezar algo entretenido. ¡Un saludo!

Apariencias:

Akkarin (clothing):


Sin los colgantes ni nada similar. Cuando no lleva lo de invierno, los ponchos de arriba tampoco están.
Stats:

• Ninjutsu:  15
• Taijutsu: 12
• Genjutsu:  12
• Velocidad:  15
• Resistencia: 15
• Fuerza: 15
Técnicas:


Total: Genin - 8 | Chunin - 6
Restantes: Genin - 8 | Chunin - 6

Inventario:

• Senbons x10
• Kunai x10
• Sellos explosivos x2
• Bomba de Humo x2
• Bomba de Luz x2
• Vendas
Akkarin
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Re: — Flexible.

Mensaje por Yabuki Joe el Dom Ene 07, 2018 11:13 pm

Tras la primera detonación, el amigo de los insectos liberó a todos los kikaichū que aún seguían dentro de su cuerpo, ordenándoles que se extendieran por toda el área, formando una red de información de varias decenas de metros que le permitiría seguir los pasos de aquellos que hicieran ingreso a su zona de vigilancia, todo gracias a las capacidades innatas de la pequeña especie de parásitos que se mantiene con vida gracias a su vínculo con los Aburame, insectos que, además de guiarse por sus cinco sentidos, son capaces de detectar el chakra, su principal fuente de alimento. Mientras uno de ellos consiguiera la información, ésta llegaría con velocidad al resto del enjambre y, por lo tanto, también a su colmena. Silenciosos y letales, sus oscuros cuerpos se hundieron entre las sombras del bosque, el negro entre el verde permitiéndoles viajar con velocidad, cubriendo una pequeña fracción del bosque, la que, si bien no era demasiado amplia, bastaba y sobraba para el propósito de vigilar las cercanías.

Más temprano que tarde, las fieles herramientas detectaron a varias figuras moviéndose en dirección a su maestro, por lo que no tardaron en advertirle sobre el avance. “No se han tardado mucho en encontrarme”, pensó el otrora vagabundo, sin dar señales de la preocupación que le producía este hecho. Él estaba esperando que lo encontraran, en eso se basaba toda su estratagema; sin embargo, el hecho de que el grupo se dirigiera en línea recta a su posición actual le daba muy mala espina. Sin perder el tiempo, el pelinegro emprendió carrera a través de los árboles, el área de insectos siguiéndolo con premura, tomándolo como centro. Mantuvo ambos pies en la tierra debido a que así podría ocultarse entre los troncos con mayor facilidad; sin embargo, sus insectos no tardaron en comunicarle que sus esfuerzos eran inútiles: por más que intentase perderlos, sus perseguidores le seguían el rastro como si pudiesen verlo a través de las ramas. “Me están rastreando… ¿Pero de qué forma?”, se preguntó el Aburame, intentando ver a sus espaldas por el rabillo del ojo, mas no podía ver más que árboles desde su posición. Tras pedir más detalles sobre la marcha, los kikaichū confirmaron la presencia de tres enemigos.

“Si son tres, podría acabar con ellos ahora, pero eso significaría perder parte del área de detección”, evaluó el perseguido, quien no tardó en recibir nueva información que le hizo abrir los ojos de sorpresa. “¡Me están guiando!”, fue lo que pensó el Yabuki apenas supo que su camino no tardaría en llegar a un claro del bosque, lugar en el que los insectos pudieron detectar numerosas señales de chakra, sin poder establecer números concretos. Debido a que todos los árboles le parecían iguales, éste nunca se percató de que su camino estaba siendo designado por quienes le daban caza, figuras que cambiaban su formación de forma acorde a los movimientos de Joe, quien no hacía más que seguir las indicaciones de sus kikaichū, evitando que su camino se cruzase con aquellos a quienes buscaba distraer. “He cometido un error”, se lamentó tras entender el funcionamiento de la formación enemiga, la que estaba completamente basada en sus hábitos de desplazamiento; sin embargo, lejos de sentirse acorralado, el Aburame recordó que contaba con una técnica que podría sacarlo de esa difícil situación en la que se encontraba; sin embargo, todo dependía de la forma en la que estaba siendo rastreado.

Si esto no funciona… —susurró para sí mismo, sin atreverse a vocalizar las consecuencias de lo que, muy probablemente, le esperaba. Una silenciosa orden después, y un grupo de sus insectos en el exterior se dividió en numerosos grupos irregulares dentro del área, para luego comenzar a emitir el chakra que habían mantenido almacenado dentro de sus cuerpos, chakra que emitía la misma señal que su cuerpo originario, chakra que comenzó a moverse en patrones sin sentido por el lugar. La técnica de interferencia de insectos era una cuya única función era la de confundir la percepción de aquellos con capacidades sensoriales, por lo que su uso repentino estaba cargado de la esperanza de que ese fuera el método que habían estado usando para seguir su camino. Sus movimientos, pero, no se detuvieron en ese momento, ya que, si bien podría disfrazar su presencia desde ese punto en adelante, nada indicaba que se libraría con facilidad de la fuerza persecutora. A cambio de una parte de su área de rastreo, una masa de insectos no tardó en alzarse junto al Aburame, creándose un clon cuya apariencia física era idéntica a la de su original en esos momentos. En esa situación, el clon sería un mucho mejor disfraz que la interferencia, ya que no solo compartía la misma señal de chakra, también compartía su apariencia física y olor.

Ambas figuras dieron un par de vueltas en su lugar, para luego separarse y comenzar a moverse entre los árboles, el Mushi Bunshin reprimiendo su velocidad lo suficiente como para seguir el ritmo de Joe. Sin abandonar el área abarcada por el Mushi Jamingu, enjambre y colmena comenzaron a danzar con trayectoria circular y ascendente, abandonando el suelo y elevándose a las ramas, las señales de chakra descendiendo de forma intermitente para formar una distracción tridimensional. El juego de cazador y presa había aumentado su dificultad de forma considerable, y sus papeles no tardarían en invertirse si los perseguidores se dejaban engañar por el truco; después de todo, sabiendo que aún quedaban enemigos en los alrededores, Joe no tenía razones para mantener con vida al pequeño grupo que lo había engañado con tanta facilidad. La abundancia de árboles para utilizar como cobertura hacían del uso de armas a distancia algo bastante complicado, mas ese no era el primer baile al que esos ninjas habían sido invitados, como no tardaría en comprobar el de ojos inertes.

La técnica había funcionado, eso no podía discutirse; sin embargo, una parte de la vida del ninja era esperar lo inesperado. Debido a la forma en la que Joe se movió hasta llegar a ese punto, los tres rastreadores supieron que su objetivo también tenía habilidades para localizar individuos en ese entorno, por lo que no fue gran sorpresa para ellos que éste pudiera burlar la detección; sin embargo, el movimiento habría sido mucho más efectivo de haberse realizado con anterioridad, antes de que éstos detectaran su localización. El rastreo se había transformado en una tarea más compleja, sí, pero no más compleja que un juego de memorice, por lo que, tras detenerse un instante para enfocar sus sentidos, el ninja sensorial no tuvo dificultad alguna en detectar la fuente original, por lo que solo debía comunicarse con sus compañeros para entregar la información. Poco sabía éste que esos segundos de inmovilidad eran lo único que el Aburame necesitaba para hacer su movimiento.

En un instante, todas las señales de chakra se detuvieron, para luego, de forma avasalladora, lanzarse en contra del sensor, quien, al detener su marcha, no hizo más que colocarse un blanco en plena espalda. Los movimientos de colmena y enjambre no eran al azar, como podría haberse pensado debido al estilo de la técnica utilizada. Cada una de esas señales de chakra era capaz de lastimar a una persona con una facilidad escalofriante, por lo que éstas se movían por el área buscando a cualquiera que se mostrara como una presa fácil, y no hay presa más fácil que la que deja de moverse. Debido a sus capacidades sensoriales, el ninja al centro de la vorágine se percató del hecho, y no tardó en activar una de sus técnicas, una que borró su señal de chakra de ese plano, esperando, de la misma forma que su presa, perder al enemigo por un instante, lo suficiente como para reagruparse y atacar con sus compañeros; sin embargo, por más que su chakra no podía ser detectado, un par de insectos ya estaban sobre él, y solo eso bastaba.

...

Un grito llegó a los oídos de aquellos en el claro, uno que provenía de la espesura, uno que hizo detenerse a un par de personas en esa área, por lo que no tardó en ser seguido por un segundo y un tercero, todos tan intensos como breves. Silencio. Los aterrados jóvenes comenzaron a temblar de forma visible, mas ninguno abandonó su posición, sabiendo lo que significaría desobedecer las órdenes de un superior en tiempos de guerra. Por querer seguir con vida, se mantuvieron en su posición, sin saber que, tal vez, lo mejor habría sido abandonar ese lugar y purgarlo con ataques de gran alcance, arrasar ese sector del bosque con llamas incontrolables; sin embargo, ninguno de los superiores sugirió siquiera moverse del lugar, no tanto por no tener conciencia de la naturaleza de la amenaza, sino por el orgullo en sus propias capacidades con las armas. Simplemente, tenían confianza en que podrían hacer frente a cualquier cosa que hiciera ingreso a ese claro. Atentos a la dirección desde la que vinieron los gritos, los ninjas ocultos no tardaron en ver una silueta entre las sombras.

Preparándose para asaltar a cualquiera que no activase su trampa previa, los leales a la Dama de Fuego se mantuvieron expectantes a que la figura se definiera; sin embargo, por más que se acercaba, la silueta sombría aún se veía irregular. No fue hasta que cruzó un lugar iluminado que pudieron ver que se trataba de una figura que no podía ser descrita como otra cosa que una nube negra con forma humana, una que se movía con mucha dificultad. Y la razón de esto se hizo aparente en cuanto la nube se despejó en el área de la cabeza, revelando un rostro familiar para la mayoría de los presentes, uno que podía ser asociado con el nombre Izumi, quien estaba cubierto de lo que parecían ser cientos de miles de insectos negros. En cuanto estuvo libre de la oscuridad, éste intentó gritar, advertir a sus compañeros sobre las habilidades que había visto; sin embargo, su boca seguía bloqueada por los kikaichū en su interior, por lo que siguió avanzando en dirección a sus aliados, esperando que éstos pudieran sacarlo de esa prisión viva, mas no tardó en ver la trampa que había sido preparada por el grupo del claro.

Solo fue al intentar detenerse que Izumi se percató de que jamás había tenido control sobre su cuerpo, sino que los insectos le obligaban a moverse, su cuerpo paralizado debido al daño sufrido en su columna, algo de lo que no estaba consciente. Con el rostro blanco como un papel, el ninja capturado siguió avanzando hasta su muerte, su mueca horrorizada quedando grabada para siempre en las memorias de aquellos más jóvenes. Lejos de intentar ayudarlo, los tres con mayor experiencia se mantuvieron inmóviles, sospechando una trampa. No eran pocas las técnicas que permitían a un ninja disfrazarse, por lo que la apariencia de su aliado podría haber sido adoptada por el enemigo, esperando bajar la guardia de aquellos que aún estaban ocultos. No fue hasta que su compañero activó la detonación en cadena que supieron con certeza que ese se trataba del original, su cuerpo abatido por las explosiones encadenadas, creando una escena macabra con sus restos chamuscados esparciéndose en el lugar.

“Así que había una trampa así…”, pensó el Aburame, varios metros más atrás, oculto entre las ramas de un árbol que le permitía ver el camino que había hecho tomar al enemigo que seguía con vida, los otros dos almacenados en su pergamino de ADN. “De haber seguido por ahí, habría perdido mucho más que un grupo de insectos”, se dijo, un escalofrío recorriendo brevemente su cuerpo. “Para que el gasto valga la pena, no puedo dejar que nadie salga de aquí con vida”, sentenció en silencio mientras sus insectos restantes comenzaban a reagruparse, un grupo ocultándose entre sus ropas, y el otro formando un clon de insectos. El clon descendió del árbol y entró al claro en silencio, usando la misma entrada en la que se había activado la trampa, sirviendo como foco de atención mientras su original comenzaba a moverse entre los árboles, manteniéndose al margen del lugar, esperando que su efigie bastara para localizar la posición de los demás enemigos.

“En verdad odio los bosques”, se dijo una vez más, sin saber que lo peor para él aún estaba por llegar.



Off:

Vestimenta actual:

Armadura de soldado del feudo Kakkinoaru'en, con todo lo que ésta conlleva.
Stats:
• Ninjutsu: 15
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 6
• Velocidad: 10
• Resistencia: 15
• Fuerza: 15
Equipo:


  • Kunai, 10 unidades.
  • Makibishi, 10 unidades.
  • Hilo ninja, metros ilimitados.
  • Bomba de humo, 2 unidades.
  • Bomba de luz, 2 unidades.
  • Vendas, unidades ilimitadas.
  • Sellos explosivos, 1 unidad.
  • Sellos en blanco, 15 unidades.
  • Pergamino mediano, 3 unidades.
  • Pergamino de ADN (4/5 cuerpos), una unidad.
    + Tres petacas de licor.

Técnicas utilizadas:
(Mantenida) Kikaichū no Jutsu (寄壊蟲の術, técnica de los insectos de destrucción parasitaria): Técnica pasiva y fundamental, base de todas las demás técnicas del clan Aburame. Al ser transformado en una colmena para los kikaichū al momento de nacer, el ninja Aburame obtiene la capacidad de comunicarse con toda clase de insectos, los que siguen todas sus órdenes, al pie de la letra y sin importar cuáles sean; sin embargo, su vínculo más fuerte siempre será con sus kikaichū.

La restricción de esta técnica radica en la cantidad de insectos que el Aburame puede liberar para sus técnicas, ya que, si bien éstos son inagotables, su uso excesivo puede significar una reducción importante de la población de kikaichū en su cuerpo, lo que se traduciría en una merma de insectos para las técnicas futuras.

El ninja Aburame puede utilizar cuatro técnicas diferentes relacionadas con sus insectos (entiéndase, kikaichū) antes de verse obligado a esperar tres turnos consecutivos sin liberar kikaichū para que la población alcance sus números normales. A medida que ascienda de rango, el Aburame podrá realizar dos técnicas adicionales por cada rango obtenido, alcanzando un máximo de diez técnicas. Mientras la colmena reestablece sus números, ésta se alimenta del chakra del Aburame, consumiendo chakra equivalente a tres técnicas del rango mínimo que le resten al usuario durante el tiempo de espera. Si los niveles de chakra del ninja disminuyen demasiado, y dado que los Kikaichû son parásitos por naturaleza, el enjambre comenzará a devorarlo desde dentro, agotando al ninja a razón de -5 de Resistencia por turno.

Otra restricción a esta técnica es el uso de insectos kikaichū hembra, ya que éstos son los más valiosos dentro de cada colmena debido a que se relacionan directamente con la tarea de reproducción y mantención de la población dentro de la misma. El ninja Aburame sólo podrá utilizar diez kikaichū hembra por combate, reestableciendo dicha cantidad al término de la pelea.

Tres liberaciones realizadas, seis liberaciones totales. Sin liberaciones restantes.
Primer, segundo, y tercer grupo: cuatro turnos de vida.
Cuarto grupo: Eliminado.
Quinto y sexto grupo: Cinco turnos de vida.

El estado de reposición comienza el próximo turno.


Mushi Jamingu no Jutsu (蟲邪民具の術, técnica de interferencia de insectos): El ninja Aburame libera una gran cantidad de insectos kikaichū y los hace extenderse en una zona. Al estar en posición, los insectos emiten una pequeña cantidad del chakra respectivo de su contenedor y también del que se hayan alimentado previamente. Esto tiene por propósito confundir a los ninjas que posean técnicas de detección de chakra, ya que la distribución irregular y gran agrupación de los insectos resulta en la creación de numerosas imágenes falsas, lo cual dificulta el localizar la posición actual del Aburame y sus aliados.

Mushi Bunshin no Jutsu (蟲分身の術, técnica del clon de insectos): Técnica secreta en la cual millares de insectos kikaichū se reúnen en un sólo lugar y toman la apariencia del Aburame o la de cualquier persona que éste desee. El clon es muy elaborado, tanto como para confundir con facilidad al clon con el original, por lo que puede ser usado como señuelo o para una táctica de distracción. Su poder de ataque y velocidad están directamente relacionados con la habilidad del ninja con el ninjutsu. El clon se descompone en insectos al ser golpeado, y debido a que está formado por insectos, puede reformarse de forma muy veloz, aunque no soporta más de dos golpes antes de deshacerse al recibir el 3ro, sin embargo las explosiones o fuertes jutsus elementales de katon y raiton pueden deshacerlos facilmente. Al estar formados por insectos las armas arrojadizas pequeñas (kunais, shurikens, sembons y similares) los atraviesan sin destruirlos. Pueden usar armas, pero no realizar jutsus. Estos clones pueden engañar al sharingan pues llevan el mismo chakra que el usuario, pero no al Byakugan pues este puede ver claramente su composición, tambien pueden engañar al olfato pues llevan el mismo olor corporal del Aburame. Cuando estos clones son destruidos el usuario puede recuperar la información que poseían si al menos un insecto de los que lo conformaban sobrevive.

Hijutsu, Mushidama (秘術・蟲玉, técnica secreta, esfera de insectos): Aprovechando las capacidades de rastreo de los kikaichū, el ninja Aburame dispersa una gran cantidad de éstos en un área no superior a los treinta metros de radio. Al detectar el chakra del objetivo, los insectos esperan a la orden del Aburame para abalanzarse sobre éste, formando una esfera de insectos que no tarda en comprimirse, envolviendo completamente a su víctima. Los kikaichū comienzan a devorar el chakra de forma frenética a la vez que dificultan enormemente el movimiento de su presa, la cual, si logra escapar, no tardará en ser nuevamente perseguida por los insectos.
Caer en esta técnica implica perder Resistencia a razón de -3 por turno, pues se tiene todo el cuerpo recubierto de insectos. Cuando la víctima llega a 0, cae inconsciente por la falta de chakra en su cuerpo. Se puede huir saliendo de la zona efectiva de la técnica. La técnica dura tres turnos.


Técnicas disponibles: 8/8 Genin. 6/6 Chunin.
Yabuki Joe
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