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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

Créditos

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— Flexible.

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— Flexible.

Mensaje por Akkarin el Mar Dic 12, 2017 11:19 am



Persecución. Nunca había esperado encontrarse en tal situación, ni siquiera teniendo en cuenta los revueltos tiempos en los que se encontraban todos los habitantes de las cinco grandes naciones elementales. Aún habiendo cruzado con una tranquilidad que solo el eximirse de la responsabilidad de un menor podía dar, se encontró con algo que no había pronosticado.

Bueno, al menos no con tanta prontitud. O mejor dicho, de manera tan gratuita.

No eran ni miembros del feudo al que había dado la espalda, ni tampoco las personas a quienes había engañado hacía solo una semana atrás. Lejos de eso, se encontraba huyendo de simples escuadrones Genin, vete a saber por qué, del país del Fuego. Desconocía absolutamente la afiliación de los mismos, incluso si realmente pertenecían a algún feudo en concreto.

Lo único que quería era hallar a su contacto, enviar el mensaje a Hinoarashi, y echar a correr lo más lejos que pudiera dirección a la Cascada. Pero no, el mundo parecía que quería complicarle aún más las cosas.

Sinceramente, esto es una mierda” maldijo sin tapujo alguno al tiempo que tomaba cobertura en la copa de un árbol. Las lindes de la arboleda estaban a varios metros de su posición, pero igual desde ese punto elevado podía vislumbrar ligeramente la posición de los escuadrones. Parecía que no tenían un sensor entre ellos, al menos no uno que estuviera en ese escuadrón en particular. Simplemente, cuando perdieron de vista su posición, optaron por la postura defensiva y procedieron a alejarse, buscando seguramente a cualquier otra presa que fuera desconocida.

Pero ya la habían hecho tomar un rodeo. Chasqueó la lengua, esperando largos minutos antes de ponerse en movimiento de nuevo.


◅☾◈☽▻


Hasta que apareces —gruñó el hombre veterano, dejando su presencia salir a la luz una vez alcanzaron el punto en el bosque. Concretamente, aquel en el que regularmente los informes eran dados—. Llevas dos semanas de retraso, ¿sabes?

Mis disculpas, asuntos urgentes constriñeron mi tiempo y tuve que priorizar un orden alterno —una reverencia. Sin embargo, esta vez, Akkarin sabía que carecía de real sentimiento. Era simplemente un gesto educado, necesario—. Asuntos que siguen en pie. ¿Tiene el cuervo mensajero?

Un ceño fruncido apreció en el hombre, pero tras ello, hizo un simple silbido con los labios. Un ave negra, cuervo bastante tosco y con heridas de guerra, se posó en el hombro del informante—. Un mensaje, solo eso. Kora ya ha sufrido tres heridas en los últimos dos meses, por culpa de las escaramuzas entre la Dama y el Niño.

Una media sonrisa fugaz cruzó el rostro de la joven, asintiendo en el proceso. Ya tenía el mensaje escrito, dirigido directamente al líder de Hinoarashi. Una reivindicación de la real naturaleza de las tropas que iban a su apoyo.

El cuervo voló poco después, alejándose con el mensaje en su pata. Solo quedaba esperar, mientras seguía dándole esquinazo a esos escuadrones. Eran novatos o poco duros, pero sus números eran elevados. Y eso, molestaba, llegando a suponer un real problema.

Saltó, perdiéndose entre las copas de los árboles. Tenía que salir de ahí, e iba directamente a las fronteras del Norte.


OFF:

Apariencias:

Akkarin (clothing):


Sin los colgantes ni nada similar. Cuando no lleva lo de invierno, los ponchos de arriba tampoco están.
Stats:

• Ninjutsu:  15
• Taijutsu: 12
• Genjutsu:  12
• Velocidad:  15
• Resistencia: 15
• Fuerza: 15
Técnicas:


Total: Genin - 8 | Chunin - 6
Restantes: Genin - 8 | Chunin - 6

Inventario:

• Senbons x10
• Kunai x10
• Sellos explosivos x2
• Bomba de Humo x2
• Bomba de Luz x2
• Vendas


Última edición por Akkarin el Jue Dic 28, 2017 5:54 am, editado 1 vez
Akkarin
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Re: — Flexible.

Mensaje por Yabuki Joe el Lun Dic 25, 2017 12:30 pm

El otrora vagabundo era uno que siempre hacía patente su disgusto por viajar a través del arbóreo océano que comprendía la mayor parte del País del Fuego, y esta entidad parecía hacer todo lo posible por mantener y aumentar dicho desagrado, como si su razón de ser fuese joder la existencia del pelinegro que tanto le odiaba; sin embargo, todo parecía ir bien, por el momento. Desde que hicieron abandono de la granja del viejo Asagami, Joe, Yumei, y su tío en estado convaleciente no tuvieron problemas en seguir la ruta que el amigo de los insectos había sido capaz de trazar, dando un par de rodeos con tal de evadir las rutas que, según la información que sus silenciosos camaradas pudieron recolectar, eran las más concurridas por aquellos que llamaban “hogar” a esa región, ignorando a quienes dominaban realmente esos predios. Gracias a los diminutos e incontables habitantes del bosque, el trío pudo desplazarse sin llamar la atención, descansar durante las noches y alimentarse como era debido, usando tanto las raciones que habían conseguido de la granja como bayas de los alrededores, e incluso un frasco de miel, el que fue cedido al Aburame por un grupo de abejas. Cabe destacar que este fue consumido por la más joven del grupo.

El tercer día llegó sin pena ni gloria, el ritmo de viaje manteniéndose igual de lento que en los días anteriores. A pesar de que Joe había tardado menos en llegar desde las costas a la granja, en esos momentos no se encontraba solo, y la muchacha insistía en cargar a su tío por su cuenta, sin ofrecer más explicaciones que el deber de su sangre. Yumei parecía pensar que el cuerpo de su acompañante no era lo suficientemente fuerte como para soportar la carga, esto debido a que la mayoría de los ataques que vio de su parte eran indirectos; sin embargo, el pelinegro, aunque bajo para su edad, poseía capacidades físicas que salían de la norma. Se trataba de un shinobi, después de todo, y su chakra era lo suficientemente fuerte como para dar gran fortaleza a un cuerpo que no parecía tenerla, que no debería tenerla, una fortaleza que no hizo más que aumentar con el paso de los días gracias al parsimonioso ritmo que habían llevado hasta ese momento, ritmo que dio tanto descanso como estabilidad a las energías dentro del ninja feudal, permitiéndoles ir más allá de sus límites. La muchacha de los cuernos no tardaría en aprender una de las lecciones más valiosas del mundo ninja: cuando el chakra está involucrado, nada es lo que parece.

La llegada del ocaso marcó un antes y un después en el statu quo que se había mantenido; el bosque, una vez más, demostrando su hostilidad hacia el pelinegro, dándole un encuentro de esos que le hacen reafirmar su disgusto por el área. La ruta del trío, más por descuido que azar, debió ser modificada al último segundo debido a la geografía del área, haciendo que su camino coincidiera con un sendero marcado por el uso, el que era recorrido por otro trío. Las nuevas presencias, dos varones y una fémina, parecían tener una edad similar a la de la muchacha de la cornamenta, y sus vestimentas, diferentes entre sí, no daban indicio del bando al que pertenecían; sin embargo, las diferencias hacían destacar todo aquello que fuese similar, en su caso, un broche dorado que destellaba con las luces del sol que comenzaba su descenso, cada uno teniéndolo en un lugar distinto, pero todos idénticos, el emblema del girasol revelando la identidad de los sirvientes de Himawari Tsukasa, la Dama de Fuego. “Son el enemigo”, sentenció silenciosamente el Aburame, quien detuvo su marcha, instando a que la muchacha y aquél al que ésta cargaba se mantuvieran a sus espaldas. Sus insectos comenzaron a moverse con absoluto sigilo a la vez que la persona al frente de la formación tomó la palabra.

¿Qué haces aquí, soldado? —preguntó la mujer al lado contrario, acercándose con lentitud al hombre vestido como uno de los suyos, su pregunta marcada con sospecha, pero manteniendo su avance con confianza—. No nos dieron aviso sobre una patrulla del ejército, ¿y quiénes son los que están a tus espaldas? —volvió a preguntar tras detenerse a una distancia de dos metros, siempre seguida de cerca por sus acompañantes. La joven era, al menos, diez centímetros más pequeña que su interlocutor, su cabello marrón cubriendo su ojo izquierdo, dejando expuesto el azul del opuesto, y el resto atado en una coleta alta. Su vestimenta parecía fina y elegante, atuendo complementado por una larga bufanda color lila, pero lo más llamativo sobre ella era una espada corta atada a su cintura, en la zona baja de la espalda. Ésta hizo el ademán de inclinarse a un lado, buscando ver mejor a la muchacha que aún cargaba a su tío en la espalda; sin embargo, el soldado frente a ella dio un paso al costado, bloqueando su visibilidad. La acción hizo que los hombres que acompañaban a la chica tomaran posiciones de combate; sin embargo, ella no pareció alterarse, regresando a su posición original, acción imitada por el Yabuki, cuyo rostro inexpresivo emanaba más hostilidad que las muecas de enfado de los demás varones—. ¿Por qué estás viajando con compañía ajena a la del ejército? ¿Estás desertando? Sabes que eso se paga con la muerte, ¿no? Y como ninjas de Kakkinoaru’en, estamos obligados a hacer cumplir las leyes —preguntó la mujer por tercera vez para luego soltar su sentencia, una sonrisa soberbia en el rostro mientras chasqueaba los dedos de su diestra, haciendo que sus acompañantes desenfundaran sus armas.

Probablemente la castaña esperaba una reacción del hombre frente a ella, uno a quien veía como un mísero soldado, alguien a quien podría matar con una mano atada a la espalda; sin embargo, éste se mantuvo impasible, sus ojos fijos en los movimientos de la mujer. Ésta no tardó en tener un mal presentimiento, ya que el comportamiento del aparente soldado era demasiado extraño. Uno esperaría que, tras ser detectado cometiendo un crimen, el criminal intente escapar, o al menos defenderse, pero el de ojos como pozos no parecía intención alguna de moverse de su posición. Este mal presentimiento la inspiró a retroceder, dando un par de saltos hacia atrás, a tiempo para ver cómo sus compañeros eran devorados por un par de nubes negras, una tercera alzándose desde las sombras en el lugar que ella había estado ocupando un par de segundos atrás. Esta nube, pero, no se mantuvo sin forma, transformándose en una copia exacta del hombre al que había estado amenazando. Las otras nubes parecieron hacer lo mismo; sin embargo, a pesar de adoptar siluetas humanas, sus figuras se mantuvieron indefinidas, siendo en realidad ajustadas prisiones en las que sus compañeros se encontraban apresados.

¡Ryo, Take! —exclamó la muchacha con preocupación, buscando una respuesta de aquellos aprisionados, su rostro pasando súbitamente de la confianza al temor. Éstos apenas podían moverse debido a la presión ejercida sobre las nubes de insectos sobre sus cuerpos; sin embargo, eso no impedía que hicieran el intento, usando todas sus fuerzas para intentar sacudirse esa masa de bichos que les arrebataba tanto vista como oído y habla; sin embargo, lejos de darles el lujo de la esperanza, el ataviado como hombre de la Dama de Fuego tomó un par de herramientas desde el interior de sus vestimentas, las cuales lanzó en dirección a su efigie, este movimiento oculto debido a la presencia de la misma. Estas kunai dieron en el blanco, golpeando al clon de lleno. El golpe, pero, era esperado por los insectos, quienes, lejos de perder su figura, siguieron las órdenes de su colmena y llevaron los trozos de hierro a su interior, guiándolos por el cuerpo falso hasta hacerlos brotar por sus manos. Acto seguido, las herramientas buscaron ser utilizadas para apuñalar a los prisioneros del enjambre, pero la mujer no se mantuvo de brazos cruzados mientras esto sucedía, lanzando una oleada de herramientas ninja en dirección a la figura de “humo negro”, buscando alterar su forma lo suficiente como para poder lanzar un ataque más poderoso, esfuerzo que, no tardó en comprobar, era inútil. Sin saber que el maestro de la figura había hecho exactamente lo mismo para entregarle las armas, ella vio cómo sus armas eran devoradas por la figura, su curso imposible de alterar en ese instante—. Esto… Esto no puede estar pasando… —murmuró la de ojos azules, su rostro mortificado al caer de rodillas. Jamás pensó que ese turno de patrulla sería el momento en el que vería la muerte de sus compañeros por primera vez, compañeros a los que, a pesar de tratar como sirvientes, también consideraba como amigos. Su mirada no tardó en alzarse, el miedo reemplazado por furiosa impotencia, sus manos descendiendo hasta alcanzar la wakizashi que llevaba al cinto.

La acción no tardó en ser detectada por el clon, figura que acortó la distancia a gran velocidad, buscando acabar con la joven antes de que ésta consiguiera lanzar su ataque; sin embargo, un destello rojo se cruzó en el camino, lanzando una veloz patada a la cabeza de la figura de insectos. El ataque de ésta, pero, no se detuvo, ya que, aunque un punto vulnerable en cualquier persona, un Mushi Bunshin no era más que una acumulación de insectos, por lo que, mientras se mantuvieran vivos, los insectos podrían seguir atacando sin inmutarse. El recién llegado se percató de ello al ver cómo su ataque no surtía efecto, por lo que decidió retroceder; después de todo, su objetivo principal era el de proteger a la muchacha castaña, por lo que no tenía el tiempo de poner a prueba la resistencia de lo que claramente era una técnica ninja. Con excepcional velocidad, el hombre liberó una bomba de luz de su manga, la que ofuscó a los insectos mientras él tomaba a su aprendiz y emprendía la retirada, probablemente en dirección a su campamento base.

Por estas cosas es que odio los bosques —se lamentó el Aburame al percatarse del embrollo en el que se había metido, para luego inspeccionar los cuerpos y tomar todo lo que fuese de utilidad antes de abandonarlos a un costado del camino. Al final no tenían mucho, por lo que todo ese esfuerzo terminó sin ser recompensado.



La noche fue larga debido a las persecuciones; sin embargo, todo indicaba que no contaban con ninjas sensoriales, ya que no fueron capaces de encontrarlos, a pesar de que viajaban a un ritmo lento. “Tal vez es por eso”, dedujo el shinobi guardián. “Ya saben que soy un ninja, y jamás dejé que vieran a Yumei-san con claridad, por lo que esperan que vayamos más adelante”. Gracias a ello, el grupo tuvo la oportunidad de descansar por turnos, y, cuando llegó la mañana, pudieron repartir sus últimas raciones con tranquilidad. El plan seguía siendo llegar al País del Rayo; sin embargo, debido a que Joe tomó la decisión de vestirse como un soldado de Kakkinoaru’en, éste terminó siendo confundido por un desertor, por lo que se vio en la necesidad de eliminar a sus agresores, acción que no consiguió debido a una cuarta persona, la que no solo se interpuso en su camino, también logró escapar sin mayores dificultades, lo que significaba que sus movimientos anteriores podrían ser analizados y contrarrestados en el futuro. No solo les había puesto la soga en el cuello, sino que sus fallos comenzaron a tensarlas con cada segundo. Había llegado el momento de tomar una grave decisión.

Joe decidió tomar el papel de carnada para permitir que Yumei escapara junto a su tío; después de todo, su rostro era el que sería buscado por quienes los cazaban. Él no se lanzaba a la muerte, sin embargo, sino que tenía la confianza suficiente en poder perder a sus perseguidores con mayor facilidad de encontrarse solo. Yumei lo miró con desconfianza, aún sin pensar mucho de su capacidad física; sin embargo, él ya le había demostrado que estaría de su lado, por lo que aceptó su palabra. El pesado anillo de plata con el búho grabado cambió de manos, pasando a la manipuladora de huesos, quien lo guardó dentro de su túnica. Tanto ella como su tío serían llevados por dos clones de insectos, los que seguirían la ruta más segura al ser guiados por el tercer grupo, quienes fungirían como fuerzas de exploración. Tras fallecer los kikaichū, los insectos del área prestarían ayuda, por lo que solo deberían ser seguidos. Evitando el contacto con los demás, su destino sería el pequeño poblado costero en el que Joe tomó un barco al Rayo anteriormente, esto debido a que la presencia militar en el área era prácticamente inexistente. En ese lugar, ellos deberían pedir una habitación con el dinero que llevaban, y esperar en el lugar por tres días. De no aparecer el norteño, Yumei tendría la obligación de buscar pasaje en algún navío, y dirigirse al norte junto a su tío, asumiendo lo peor.

De esa forma, el camino de los Kaguya y el Aburame se separó temporalmente, los insectos sobrevivientes formando a los escoltas que cargarían tanto a Yumei como a su tío, siguiendo una ruta que evitara cualquier otro contacto humano gracias a los demás. Con algo de suerte, los clones serían capaces de llegar al puerto antes de morir. La figura que tomaron en esa ocasión fue la del tío de Yumei y su padre, para evitar levantar sospechas con la apariencia del pelinegro. La joven mostró una expresión complicada al ver a la copia de su padre, pero no emitió más palabras que un “Buena suerte”, a lo que el Aburame se limitó a responder con un pulgar arriba y un intento de sonrisa. “Muy bien…”, pensó el de apariencia famélica mientras los grupos de su enjambre se alejaban a toda velocidad, “Si quiero que me sigan, tendré que comenzar a hacer ruido, ¿verdad?”, concluyó, tomando una de sus kunai para luego adherirle uno de sus últimos sellos explosivos. “Y no hay mejor forma que esta”. Tras avanzar por varios minutos en la dirección contraria a la de su grupo, Joe lanzó su kunai a uno de los árboles, esperando que el estruendo de la detonación fuese suficiente para atraer toda la atención de sus nuevos enemigos. La respuesta del héroe del norte seguía siendo la misma que la que solía usar en todos sus problemas:

“Todo se solucionará en cuanto los mate a todos.”



Off:

NPCs:

Mujer joven - Genin - Físico: Levi Kazama | Trinity Seven - Diálogo: #cc33ff
• Ninjutsu: 7
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 7
• Velocidad: 10
• Resistencia: 10
• Fuerza: 10

Hombre mayor - Chunin - Médico - Físico: Kenji Fujikido | Ninja Slayer - Diálogo: ???
• Ninjutsu: 15
• Taijutsu: 13
• Genjutsu: 1
• Velocidad: 15
• Resistencia: 15
• Fuerza: 15
Vestimenta actual:

Armadura de soldado del feudo Kakkinoaru'en, con todo lo que ésta conlleva.
Stats:
• Ninjutsu: 15
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 6
• Velocidad: 10
• Resistencia: 15
• Fuerza: 15
Equipo:


  • Kunai, 10 unidades.
  • Makibishi, 10 unidades.
  • Hilo ninja, metros ilimitados.
  • Bomba de humo, 2 unidades.
  • Bomba de luz, 2 unidades.
  • Vendas, unidades ilimitadas.
  • Sellos explosivos, 2 unidades.
  • Sellos en blanco, 15 unidades.
  • Pergamino mediano, 3 unidades.
  • Pergamino de ADN (2/5 cuerpos), una unidad.
    + Tres petacas de licor.

Técnicas utilizadas:
Kikaichū no Jutsu (寄壊蟲の術, técnica de los insectos de destrucción parasitaria): Técnica pasiva y fundamental, base de todas las demás técnicas del clan Aburame. Al ser transformado en una colmena para los kikaichū al momento de nacer, el ninja Aburame obtiene la capacidad de comunicarse con toda clase de insectos, los que siguen todas sus órdenes, al pie de la letra y sin importar cuáles sean; sin embargo, su vínculo más fuerte siempre será con sus kikaichū.

La restricción de esta técnica radica en la cantidad de insectos que el Aburame puede liberar para sus técnicas, ya que, si bien éstos son inagotables, su uso excesivo puede significar una reducción importante de la población de kikaichū en su cuerpo, lo que se traduciría en una merma de insectos para las técnicas futuras.

El ninja Aburame puede utilizar cuatro técnicas diferentes relacionadas con sus insectos (entiéndase, kikaichū) antes de verse obligado a esperar tres turnos consecutivos sin liberar kikaichū para que la población alcance sus números normales. A medida que ascienda de rango, el Aburame podrá realizar dos técnicas adicionales por cada rango obtenido, alcanzando un máximo de diez técnicas. Mientras la colmena reestablece sus números, ésta se alimenta del chakra del Aburame, consumiendo chakra equivalente a tres técnicas del rango mínimo que le resten al usuario durante el tiempo de espera. Si los niveles de chakra del ninja disminuyen demasiado, y dado que los Kikaichû son parásitos por naturaleza, el enjambre comenzará a devorarlo desde dentro, agotando al ninja a razón de -5 de Resistencia por turno.

Otra restricción a esta técnica es el uso de insectos kikaichū hembra, ya que éstos son los más valiosos dentro de cada colmena debido a que se relacionan directamente con la tarea de reproducción y mantención de la población dentro de la misma. El ninja Aburame sólo podrá utilizar diez kikaichū hembra por combate, reestableciendo dicha cantidad al término de la pelea.

Tres liberaciones realizadas, tres liberaciones restantes. Primer, segundo, y tercer grupo: cinco turnos de vida.

Hijutsu, Mushidama (秘術・蟲玉, técnica secreta, esfera de insectos): Aprovechando las capacidades de rastreo de los kikaichū, el ninja Aburame dispersa una gran cantidad de éstos en un área no superior a los treinta metros de radio. Al detectar el chakra del objetivo, los insectos esperan a la orden del Aburame para abalanzarse sobre éste, formando una esfera de insectos que no tarda en comprimirse, envolviendo completamente a su víctima. Los kikaichū comienzan a devorar el chakra de forma frenética a la vez que dificultan enormemente el movimiento de su presa, la cual, si logra escapar, no tardará en ser nuevamente perseguida por los insectos.
Caer en esta técnica implica perder Resistencia a razón de -3 por turno, pues se tiene todo el cuerpo recubierto de insectos. Cuando la víctima llega a 0, cae inconsciente por la falta de chakra en su cuerpo. Se puede huir saliendo de la zona efectiva de la técnica. La técnica dura tres turnos.

Mushi Bunshin no Jutsu (蟲分身の術, técnica del clon de insectos): Técnica secreta en la cual millares de insectos kikaichū se reúnen en un sólo lugar y toman la apariencia del Aburame o la de cualquier persona que éste desee. El clon es muy elaborado, tanto como para confundir con facilidad al clon con el original, por lo que puede ser usado como señuelo o para una táctica de distracción. Su poder de ataque y velocidad están directamente relacionados con la habilidad del ninja con el ninjutsu. El clon se descompone en insectos al ser golpeado, y debido a que está formado por insectos, puede reformarse de forma muy veloz, aunque no soporta más de dos golpes antes de deshacerse al recibir el 3ro, sin embargo las explosiones o fuertes jutsus elementales de katon y raiton pueden deshacerlos facilmente. Al estar formados por insectos las armas arrojadizas pequeñas (kunais, shurikens, sembons y similares) los atraviesan sin destruirlos. Pueden usar armas, pero no realizar jutsus. Estos clones pueden engañar al sharingan pues llevan el mismo chakra que el usuario, pero no al Byakugan pues este puede ver claramente su composición, tambien pueden engañar al olfato pues llevan el mismo olor corporal del Aburame. Cuando estos clones son destruidos el usuario puede recuperar la información que poseían si al menos un insecto de los que lo conformaban sobrevive.

Dos clones.


Técnicas disponibles: 8/8 Genin. 6/6 Chunin.
Yabuki Joe
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Re: — Flexible.

Mensaje por Akkarin el Miér Ene 03, 2018 1:53 am



La agitación en el bosque parecía solo acrecentarse conforme su avance la llevaba hacia el Norte de la frontera. Cuando en el interior era común ver escaramuzas entre pelotones de distintos ejércitos, indiferentemente de su afiliación en algunos casos, conforme llegaba a las lindes del bélico país la situación se torcía hacia otro tipo de violencia y tensión.

Pelotones enteros rastreaban los caminos, con sensores a los que costaba dar esquinazo. Hinoarashi, Fenikusu, Kakkiroaru’en… incluso los refuerzos extranjeros que eran de su tierra natal y la que les acogió posteriormente, todos eran obstáculos. Daba igual si se era un ronin que tenía la mala fortuna con cruzar una de las patrullas, como si era una caravana algo rezagada y aventurera: el resultado solía incluir alguna baja, junto con un posible saqueo de las pertenencias. No eran tiempos seguros, y las barbaries que la legalidad trataba de sofocar salían a la luz. Permitidas, justificadas bajo la supuesta ‘falta de recursos’ y cómo todo el mundo debía ser cómplice del bienestar del ejército.

Y aquí se encontraba ella, de nuevo, teniendo que burlar los constantes aluviones de efectivos que recorrían los bosques en busca de presas fáciles, o algún enemigo al que reducir y aumentar la efectividad de sus líneas. Parecía que el concepto de aliado ocasional, así como ‘víctimas civiles’ (no es que se incluyera en eso último, teniendo en cuenta sus habilidades en el asesinato, artes shinobi, y todo lo que apuntaba a no ser un civil indefenso), no existía para los involucrados en la guerra.

Normal que nadie saliera de sus correspondientes pueblos o ciudades. Incluso allá, había llegado a escuchar de las conversaciones casuales o paradas necesarias de fugaz descanso, había una constante inseguridad de que los civiles fueran constantemente hostigados para ceder recursos que ayudasen a la guerra. Puede que los soldados murieran, pero al final, las repercusiones grandes serían para las familias cuyos víveres les habían sido sustraídos.

Un muerto, al final, dejaba de sentir. Los que quedaban en vida, sin el sustento de un sueldo del emperador o la ciudad, o cabezas de familia sin su correspondiente compañero para ayudar a llenar las bocas de los niños…

Todo eso lo experimentarían los vivos. A veces, con las consecuencias de la posguerra, habría sido mejor morir en el campo de batalla.

◅☾◈☽▻

El día solo podía girar a peor. Cabía esperar, desde luego, que enviar un mensaje cifrado a través de una bien conocida red de espías con un cuervo directo hacia una de las cabezas que habían generado el mayor conflicto que había visto en su generación, no sería coser y cantar.

Y, por supuesto, que se metería de lleno, en medio de otra escaramuza (o al menos, el movimiento de soldados daba a entender algo así) de persecución que la había arrastrado irremediablemente ya a tres combates correctamente eludidos. Velocidad y camuflaje habían sido las correctas armas esta vez, pero al final, el puto sensor que tenía uno de los enemigos parecía haber detectado su presencia.

Ahora, escondida en lo que parecían ser los cadáveres de un pelotón del feudo aliado a Kakkiroaru’en, el tirano del Agua, ella misma fingía ser solo una más de las numerosas bajas en el terreno. Parecía que se habían dispersado, o que, por una parte, buscaban a algo con el ímpetu de quienes vengaban o se tomaron personalmente un ataque. Ella, por otra parte, simplemente había tenido la mala suerte de meterse en medio de lo que sea que había sucedido. Había captado retazos de conversación entre insultos e improperios que avergonzarían a su antiguo yo de no haberse metido tanto con los bajos fondos. En esencia, básicamente, estaban tendiendo una trampa a un grupo de ‘renegados’ o enemigos, vete a saber a qué se referían cuando usaban la jerga de las tierras del fuego que procedían de pueblo. La sensor había quedado con otro grupo (que sí, que gracias a dios la podredumbre, hedor y sangre encima de su disfraz, así como su apariencia nativa del Agua ayudaba a haber quedado como un cadáver reciente con excedente de chakra…. esperaba, al menos, que ese fuera el caso) y parecía que los que había ahora, estaban dirigiendo la estrategia. Desde ese punto en el suelo, con los ojos abiertos en un fingido estado cadavérico, observaba cómo el pelotón recibía refuerzos.

Iban con todo a por la supuesta persona que iban a emboscar. Nueve shinobis, de los cuales reconocía en tres la vestimenta de los rangos Chunin que se les daban en los pelotones, y los otros seis Genin que sin embargo, todos cargaban con al menos un arma de alcance (dos katanas, eran las únicas armas que podía reconocer desde esa distancia) y cada uno parecía tener una obvia predilección por el cuerpo a cuerpo. Las heridas de todos ellos eran una clara indicación.

… Izumi los está persiguiendo, dirigiéndolos al punto de extracción… —escuchó con más atención, tratando de captar todo lo que pudiera. Incluso si estaba ‘medianamente a salvo’, como empezase una escaramuza entre enemigos en ese punto tendría que explotar su tapadera y salir de ahí cagando leches—… el chico es la principal amenaza… interceptaremos en este claro y el escuadrón se unirá…

Las instrucciones seguían, hasta lo que parecía ser un ‘evitar las bajas a toda costa lanzando un desorbitado número de enemigos encima de lo que captaba como un solo enemigo’. Una estrategia que, tal vez funcionara, pero viendo a los novatos temblar y apenas agarrar sus armas con la suficiente convicción como para responderle a su superior al mando una temblorosa confirmación de sus órdenes, quedaba clara una cosa.

Esos niños no sabían nada de la guerra, y estaban aterrorizados. Era posible que incluso fuera su primera pelea real, teniendo en cuenta que los cadáveres en los que estaba ahora no estaban tan frescos como al inicio había esperado. Plus, parecían haber sido diezmados por un pelotón más especializado.

Ese escuadrón que tenía en frente, literalmente, temblaba ante la mención de atacar a un hostil que, por lo visto, ya había atacado con anterioridad. Y los iban a usar como carne de cañón para reducir al enemigo. Estaba claro que ese ‘evitar las bajas’ era únicamente algo hueco, valioso solo para los tres más veteranos que al menos no eran simples soldados rasos.

Esos soldados eran, por la manera en que su lenguaje corporal respondía a la obvia mentira que decían, prescindibles.

Qué hipócrita vuelve a la presión a la gente pensó con resignación, apenas moviéndose lo suficiente como para apoyar una de sus manos en la bolsa de su pierna. Si bien no se movía en exceso ni quería llamar la atención por tener las manos muy juntas en ‘posibles sellos’, el tacto de las senbon y kunai relajaba un poco su tensión inicial. El pelotón tomó posición estrategica, ocultando sus posiciones y preparando hilos de alambre que en contacto directo, detonarían varios sellos en los extremos ocultos por las sombras de los árboles. Dichos hilos, estaban además colocados en todas las entradas del claro, a la altura del cuello y los tobillos.

Si iba a haber una pelea justo donde estaba, e iba a estar en medio del fuego cruzado…

Bueno, no debía lealtad a dicho feudo. [i]Y fuese quien fuese el hostil, parecía atraer la suficiente atención como para abrirle un camino ‘seguro’ entre el movimiento de tropas
.



OFF:


Básicamente, solo he amoldado el terreno para donde ambos deberían cruzarse. Hay un pelotón entero que está persiguiendo a Joe, con Izumi como sensor que monitorea y encamina el susodicho. Son solo tres, pero los tres son especialistas en rastreo.

El de nueve, que se encuentra en el claro, ahora mismo toman posiciones para la emboscada. Ninguno de ellos es sensor, pero básicamente, los he pensado como un escuadrón de reclutas: ninguno es realmente especial, más allá de los tres capitanes Chunin, que son especialistas de Kenjutsu.

Espero al menos haber dejado todo a pie para poder empezar algo entretenido. ¡Un saludo!

Apariencias:

Akkarin (clothing):


Sin los colgantes ni nada similar. Cuando no lleva lo de invierno, los ponchos de arriba tampoco están.
Stats:

• Ninjutsu:  15
• Taijutsu: 12
• Genjutsu:  12
• Velocidad:  15
• Resistencia: 15
• Fuerza: 15
Técnicas:


Total: Genin - 8 | Chunin - 6
Restantes: Genin - 8 | Chunin - 6

Inventario:

• Senbons x10
• Kunai x10
• Sellos explosivos x2
• Bomba de Humo x2
• Bomba de Luz x2
• Vendas
Akkarin
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Re: — Flexible.

Mensaje por Yabuki Joe el Dom Ene 07, 2018 11:13 pm

Tras la primera detonación, el amigo de los insectos liberó a todos los kikaichū que aún seguían dentro de su cuerpo, ordenándoles que se extendieran por toda el área, formando una red de información de varias decenas de metros que le permitiría seguir los pasos de aquellos que hicieran ingreso a su zona de vigilancia, todo gracias a las capacidades innatas de la pequeña especie de parásitos que se mantiene con vida gracias a su vínculo con los Aburame, insectos que, además de guiarse por sus cinco sentidos, son capaces de detectar el chakra, su principal fuente de alimento. Mientras uno de ellos consiguiera la información, ésta llegaría con velocidad al resto del enjambre y, por lo tanto, también a su colmena. Silenciosos y letales, sus oscuros cuerpos se hundieron entre las sombras del bosque, el negro entre el verde permitiéndoles viajar con velocidad, cubriendo una pequeña fracción del bosque, la que, si bien no era demasiado amplia, bastaba y sobraba para el propósito de vigilar las cercanías.

Más temprano que tarde, las fieles herramientas detectaron a varias figuras moviéndose en dirección a su maestro, por lo que no tardaron en advertirle sobre el avance. “No se han tardado mucho en encontrarme”, pensó el otrora vagabundo, sin dar señales de la preocupación que le producía este hecho. Él estaba esperando que lo encontraran, en eso se basaba toda su estratagema; sin embargo, el hecho de que el grupo se dirigiera en línea recta a su posición actual le daba muy mala espina. Sin perder el tiempo, el pelinegro emprendió carrera a través de los árboles, el área de insectos siguiéndolo con premura, tomándolo como centro. Mantuvo ambos pies en la tierra debido a que así podría ocultarse entre los troncos con mayor facilidad; sin embargo, sus insectos no tardaron en comunicarle que sus esfuerzos eran inútiles: por más que intentase perderlos, sus perseguidores le seguían el rastro como si pudiesen verlo a través de las ramas. “Me están rastreando… ¿Pero de qué forma?”, se preguntó el Aburame, intentando ver a sus espaldas por el rabillo del ojo, mas no podía ver más que árboles desde su posición. Tras pedir más detalles sobre la marcha, los kikaichū confirmaron la presencia de tres enemigos.

“Si son tres, podría acabar con ellos ahora, pero eso significaría perder parte del área de detección”, evaluó el perseguido, quien no tardó en recibir nueva información que le hizo abrir los ojos de sorpresa. “¡Me están guiando!”, fue lo que pensó el Yabuki apenas supo que su camino no tardaría en llegar a un claro del bosque, lugar en el que los insectos pudieron detectar numerosas señales de chakra, sin poder establecer números concretos. Debido a que todos los árboles le parecían iguales, éste nunca se percató de que su camino estaba siendo designado por quienes le daban caza, figuras que cambiaban su formación de forma acorde a los movimientos de Joe, quien no hacía más que seguir las indicaciones de sus kikaichū, evitando que su camino se cruzase con aquellos a quienes buscaba distraer. “He cometido un error”, se lamentó tras entender el funcionamiento de la formación enemiga, la que estaba completamente basada en sus hábitos de desplazamiento; sin embargo, lejos de sentirse acorralado, el Aburame recordó que contaba con una técnica que podría sacarlo de esa difícil situación en la que se encontraba; sin embargo, todo dependía de la forma en la que estaba siendo rastreado.

Si esto no funciona… —susurró para sí mismo, sin atreverse a vocalizar las consecuencias de lo que, muy probablemente, le esperaba. Una silenciosa orden después, y un grupo de sus insectos en el exterior se dividió en numerosos grupos irregulares dentro del área, para luego comenzar a emitir el chakra que habían mantenido almacenado dentro de sus cuerpos, chakra que emitía la misma señal que su cuerpo originario, chakra que comenzó a moverse en patrones sin sentido por el lugar. La técnica de interferencia de insectos era una cuya única función era la de confundir la percepción de aquellos con capacidades sensoriales, por lo que su uso repentino estaba cargado de la esperanza de que ese fuera el método que habían estado usando para seguir su camino. Sus movimientos, pero, no se detuvieron en ese momento, ya que, si bien podría disfrazar su presencia desde ese punto en adelante, nada indicaba que se libraría con facilidad de la fuerza persecutora. A cambio de una parte de su área de rastreo, una masa de insectos no tardó en alzarse junto al Aburame, creándose un clon cuya apariencia física era idéntica a la de su original en esos momentos. En esa situación, el clon sería un mucho mejor disfraz que la interferencia, ya que no solo compartía la misma señal de chakra, también compartía su apariencia física y olor.

Ambas figuras dieron un par de vueltas en su lugar, para luego separarse y comenzar a moverse entre los árboles, el Mushi Bunshin reprimiendo su velocidad lo suficiente como para seguir el ritmo de Joe. Sin abandonar el área abarcada por el Mushi Jamingu, enjambre y colmena comenzaron a danzar con trayectoria circular y ascendente, abandonando el suelo y elevándose a las ramas, las señales de chakra descendiendo de forma intermitente para formar una distracción tridimensional. El juego de cazador y presa había aumentado su dificultad de forma considerable, y sus papeles no tardarían en invertirse si los perseguidores se dejaban engañar por el truco; después de todo, sabiendo que aún quedaban enemigos en los alrededores, Joe no tenía razones para mantener con vida al pequeño grupo que lo había engañado con tanta facilidad. La abundancia de árboles para utilizar como cobertura hacían del uso de armas a distancia algo bastante complicado, mas ese no era el primer baile al que esos ninjas habían sido invitados, como no tardaría en comprobar el de ojos inertes.

La técnica había funcionado, eso no podía discutirse; sin embargo, una parte de la vida del ninja era esperar lo inesperado. Debido a la forma en la que Joe se movió hasta llegar a ese punto, los tres rastreadores supieron que su objetivo también tenía habilidades para localizar individuos en ese entorno, por lo que no fue gran sorpresa para ellos que éste pudiera burlar la detección; sin embargo, el movimiento habría sido mucho más efectivo de haberse realizado con anterioridad, antes de que éstos detectaran su localización. El rastreo se había transformado en una tarea más compleja, sí, pero no más compleja que un juego de memorice, por lo que, tras detenerse un instante para enfocar sus sentidos, el ninja sensorial no tuvo dificultad alguna en detectar la fuente original, por lo que solo debía comunicarse con sus compañeros para entregar la información. Poco sabía éste que esos segundos de inmovilidad eran lo único que el Aburame necesitaba para hacer su movimiento.

En un instante, todas las señales de chakra se detuvieron, para luego, de forma avasalladora, lanzarse en contra del sensor, quien, al detener su marcha, no hizo más que colocarse un blanco en plena espalda. Los movimientos de colmena y enjambre no eran al azar, como podría haberse pensado debido al estilo de la técnica utilizada. Cada una de esas señales de chakra era capaz de lastimar a una persona con una facilidad escalofriante, por lo que éstas se movían por el área buscando a cualquiera que se mostrara como una presa fácil, y no hay presa más fácil que la que deja de moverse. Debido a sus capacidades sensoriales, el ninja al centro de la vorágine se percató del hecho, y no tardó en activar una de sus técnicas, una que borró su señal de chakra de ese plano, esperando, de la misma forma que su presa, perder al enemigo por un instante, lo suficiente como para reagruparse y atacar con sus compañeros; sin embargo, por más que su chakra no podía ser detectado, un par de insectos ya estaban sobre él, y solo eso bastaba.

...

Un grito llegó a los oídos de aquellos en el claro, uno que provenía de la espesura, uno que hizo detenerse a un par de personas en esa área, por lo que no tardó en ser seguido por un segundo y un tercero, todos tan intensos como breves. Silencio. Los aterrados jóvenes comenzaron a temblar de forma visible, mas ninguno abandonó su posición, sabiendo lo que significaría desobedecer las órdenes de un superior en tiempos de guerra. Por querer seguir con vida, se mantuvieron en su posición, sin saber que, tal vez, lo mejor habría sido abandonar ese lugar y purgarlo con ataques de gran alcance, arrasar ese sector del bosque con llamas incontrolables; sin embargo, ninguno de los superiores sugirió siquiera moverse del lugar, no tanto por no tener conciencia de la naturaleza de la amenaza, sino por el orgullo en sus propias capacidades con las armas. Simplemente, tenían confianza en que podrían hacer frente a cualquier cosa que hiciera ingreso a ese claro. Atentos a la dirección desde la que vinieron los gritos, los ninjas ocultos no tardaron en ver una silueta entre las sombras.

Preparándose para asaltar a cualquiera que no activase su trampa previa, los leales a la Dama de Fuego se mantuvieron expectantes a que la figura se definiera; sin embargo, por más que se acercaba, la silueta sombría aún se veía irregular. No fue hasta que cruzó un lugar iluminado que pudieron ver que se trataba de una figura que no podía ser descrita como otra cosa que una nube negra con forma humana, una que se movía con mucha dificultad. Y la razón de esto se hizo aparente en cuanto la nube se despejó en el área de la cabeza, revelando un rostro familiar para la mayoría de los presentes, uno que podía ser asociado con el nombre Izumi, quien estaba cubierto de lo que parecían ser cientos de miles de insectos negros. En cuanto estuvo libre de la oscuridad, éste intentó gritar, advertir a sus compañeros sobre las habilidades que había visto; sin embargo, su boca seguía bloqueada por los kikaichū en su interior, por lo que siguió avanzando en dirección a sus aliados, esperando que éstos pudieran sacarlo de esa prisión viva, mas no tardó en ver la trampa que había sido preparada por el grupo del claro.

Solo fue al intentar detenerse que Izumi se percató de que jamás había tenido control sobre su cuerpo, sino que los insectos le obligaban a moverse, su cuerpo paralizado debido al daño sufrido en su columna, algo de lo que no estaba consciente. Con el rostro blanco como un papel, el ninja capturado siguió avanzando hasta su muerte, su mueca horrorizada quedando grabada para siempre en las memorias de aquellos más jóvenes. Lejos de intentar ayudarlo, los tres con mayor experiencia se mantuvieron inmóviles, sospechando una trampa. No eran pocas las técnicas que permitían a un ninja disfrazarse, por lo que la apariencia de su aliado podría haber sido adoptada por el enemigo, esperando bajar la guardia de aquellos que aún estaban ocultos. No fue hasta que su compañero activó la detonación en cadena que supieron con certeza que ese se trataba del original, su cuerpo abatido por las explosiones encadenadas, creando una escena macabra con sus restos chamuscados esparciéndose en el lugar.

“Así que había una trampa así…”, pensó el Aburame, varios metros más atrás, oculto entre las ramas de un árbol que le permitía ver el camino que había hecho tomar al enemigo que seguía con vida, los otros dos almacenados en su pergamino de ADN. “De haber seguido por ahí, habría perdido mucho más que un grupo de insectos”, se dijo, un escalofrío recorriendo brevemente su cuerpo. “Para que el gasto valga la pena, no puedo dejar que nadie salga de aquí con vida”, sentenció en silencio mientras sus insectos restantes comenzaban a reagruparse, un grupo ocultándose entre sus ropas, y el otro formando un clon de insectos. El clon descendió del árbol y entró al claro en silencio, usando la misma entrada en la que se había activado la trampa, sirviendo como foco de atención mientras su original comenzaba a moverse entre los árboles, manteniéndose al margen del lugar, esperando que su efigie bastara para localizar la posición de los demás enemigos.

“En verdad odio los bosques”, se dijo una vez más, sin saber que lo peor para él aún estaba por llegar.



Off:

Vestimenta actual:

Armadura de soldado del feudo Kakkinoaru'en, con todo lo que ésta conlleva.
Stats:
• Ninjutsu: 15
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 6
• Velocidad: 10
• Resistencia: 15
• Fuerza: 15
Equipo:


  • Kunai, 10 unidades.
  • Makibishi, 10 unidades.
  • Hilo ninja, metros ilimitados.
  • Bomba de humo, 2 unidades.
  • Bomba de luz, 2 unidades.
  • Vendas, unidades ilimitadas.
  • Sellos explosivos, 1 unidad.
  • Sellos en blanco, 15 unidades.
  • Pergamino mediano, 3 unidades.
  • Pergamino de ADN (4/5 cuerpos), una unidad.
    + Tres petacas de licor.

Técnicas utilizadas:
(Mantenida) Kikaichū no Jutsu (寄壊蟲の術, técnica de los insectos de destrucción parasitaria): Técnica pasiva y fundamental, base de todas las demás técnicas del clan Aburame. Al ser transformado en una colmena para los kikaichū al momento de nacer, el ninja Aburame obtiene la capacidad de comunicarse con toda clase de insectos, los que siguen todas sus órdenes, al pie de la letra y sin importar cuáles sean; sin embargo, su vínculo más fuerte siempre será con sus kikaichū.

La restricción de esta técnica radica en la cantidad de insectos que el Aburame puede liberar para sus técnicas, ya que, si bien éstos son inagotables, su uso excesivo puede significar una reducción importante de la población de kikaichū en su cuerpo, lo que se traduciría en una merma de insectos para las técnicas futuras.

El ninja Aburame puede utilizar cuatro técnicas diferentes relacionadas con sus insectos (entiéndase, kikaichū) antes de verse obligado a esperar tres turnos consecutivos sin liberar kikaichū para que la población alcance sus números normales. A medida que ascienda de rango, el Aburame podrá realizar dos técnicas adicionales por cada rango obtenido, alcanzando un máximo de diez técnicas. Mientras la colmena reestablece sus números, ésta se alimenta del chakra del Aburame, consumiendo chakra equivalente a tres técnicas del rango mínimo que le resten al usuario durante el tiempo de espera. Si los niveles de chakra del ninja disminuyen demasiado, y dado que los Kikaichû son parásitos por naturaleza, el enjambre comenzará a devorarlo desde dentro, agotando al ninja a razón de -5 de Resistencia por turno.

Otra restricción a esta técnica es el uso de insectos kikaichū hembra, ya que éstos son los más valiosos dentro de cada colmena debido a que se relacionan directamente con la tarea de reproducción y mantención de la población dentro de la misma. El ninja Aburame sólo podrá utilizar diez kikaichū hembra por combate, reestableciendo dicha cantidad al término de la pelea.

Tres liberaciones realizadas, seis liberaciones totales. Sin liberaciones restantes.
Primer, segundo, y tercer grupo: cuatro turnos de vida.
Cuarto grupo: Eliminado.
Quinto y sexto grupo: Cinco turnos de vida.

El estado de reposición comienza el próximo turno.


Mushi Jamingu no Jutsu (蟲邪民具の術, técnica de interferencia de insectos): El ninja Aburame libera una gran cantidad de insectos kikaichū y los hace extenderse en una zona. Al estar en posición, los insectos emiten una pequeña cantidad del chakra respectivo de su contenedor y también del que se hayan alimentado previamente. Esto tiene por propósito confundir a los ninjas que posean técnicas de detección de chakra, ya que la distribución irregular y gran agrupación de los insectos resulta en la creación de numerosas imágenes falsas, lo cual dificulta el localizar la posición actual del Aburame y sus aliados.

Mushi Bunshin no Jutsu (蟲分身の術, técnica del clon de insectos): Técnica secreta en la cual millares de insectos kikaichū se reúnen en un sólo lugar y toman la apariencia del Aburame o la de cualquier persona que éste desee. El clon es muy elaborado, tanto como para confundir con facilidad al clon con el original, por lo que puede ser usado como señuelo o para una táctica de distracción. Su poder de ataque y velocidad están directamente relacionados con la habilidad del ninja con el ninjutsu. El clon se descompone en insectos al ser golpeado, y debido a que está formado por insectos, puede reformarse de forma muy veloz, aunque no soporta más de dos golpes antes de deshacerse al recibir el 3ro, sin embargo las explosiones o fuertes jutsus elementales de katon y raiton pueden deshacerlos facilmente. Al estar formados por insectos las armas arrojadizas pequeñas (kunais, shurikens, sembons y similares) los atraviesan sin destruirlos. Pueden usar armas, pero no realizar jutsus. Estos clones pueden engañar al sharingan pues llevan el mismo chakra que el usuario, pero no al Byakugan pues este puede ver claramente su composición, tambien pueden engañar al olfato pues llevan el mismo olor corporal del Aburame. Cuando estos clones son destruidos el usuario puede recuperar la información que poseían si al menos un insecto de los que lo conformaban sobrevive.

Hijutsu, Mushidama (秘術・蟲玉, técnica secreta, esfera de insectos): Aprovechando las capacidades de rastreo de los kikaichū, el ninja Aburame dispersa una gran cantidad de éstos en un área no superior a los treinta metros de radio. Al detectar el chakra del objetivo, los insectos esperan a la orden del Aburame para abalanzarse sobre éste, formando una esfera de insectos que no tarda en comprimirse, envolviendo completamente a su víctima. Los kikaichū comienzan a devorar el chakra de forma frenética a la vez que dificultan enormemente el movimiento de su presa, la cual, si logra escapar, no tardará en ser nuevamente perseguida por los insectos.
Caer en esta técnica implica perder Resistencia a razón de -3 por turno, pues se tiene todo el cuerpo recubierto de insectos. Cuando la víctima llega a 0, cae inconsciente por la falta de chakra en su cuerpo. Se puede huir saliendo de la zona efectiva de la técnica. La técnica dura tres turnos.


Técnicas disponibles: 8/8 Genin. 6/6 Chunin.
Yabuki Joe
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Re: — Flexible.

Mensaje por Akkarin el Sáb Feb 03, 2018 7:31 am



Sintió el calor en el momento en que, asimismo, sus oídos empezaron a pitar producto del daño que habían recibido ante la proximidad de la explosión en donde que se encontraba. La natural y alterada exclamación de «¡Mierda!» quedó ahogada por el sonido de las explosiones, al tiempo que la kunoichi veía su escondite ser agitado por el caos en el claro. Gritos, comandos y más voces de las que había conteado en inicio resonaban también en medio de la nube de humo, cenizas y polvo que se había levantado, invadiendo el claro.

Akkarin no esperó más oportunidad que aquella, ya que parecía que sería lo más cercana a una vía ‘abierta’ para mover su trasero lejos del movimiento de una gran escaramuza que no le atraía nada de nada. Lo único que había reconocido desde su punto ciego de visión entre los cadáveres, y la rápida sucesión de los eventos, era que alguien había llegado al claro.

Y claramente había traído consigo la agitación. Demonios, no iba a tener un descanso en medio de toda esa guerra, eso estaba clarísimo.

«Debo hallar un recoveco o al menos, alguien que no quiera volar los sesos de cualquier desconocido que entre en su área de patrullaje» pensó la joven, aprovechando para levantarse ahora que sería difícil darse cuenta de que uno de los cuerpos supuestamente muertos se levantaba del suelo. Se le escapó una pequeña risotada ahogada al morderse la mejilla, cuando sus ojos vieron otra silueta hacer exactamente lo mismo, a poca distancia de donde se encontraba ella. Anticlimáticamente cómico que pareciera una estrategia bastante útil cuando los alrededores estaban tan agitados, ninguno de los dos tomó un segundo pensamiento: el desconocido oportunista tomó su segundo para cargar las plantas de sus pies y salir del claro en una dirección totalmente aleatoria. Ella, por otro lado, solo se dedicó a imitar su entusiasmo por dejar la zona de inminente pelea, dejando sus pies guiarla ahora a través de los árboles en una oportuna huída a través de la foresta. «De acuerdo, debo salir lo más directa y rápidamente posible de aquí. Dos shinobis huyendo del claro llamarán la atención, está clarísimo como el agua.»

Casi como si su pensamiento hubiera sido hecho en voz alta y convocase algún tipo de deidad basada en los infortunios, la joven manipuladora del hielo vislumbró como a varios metros de si misma, alguien ladrando órdenes saltaba a través de los árboles.

Lo que era peor: iba directamente en su dirección. Con la mirada clavada en donde estaba ella, con una seriedad y ceño fruncido que auguraba nada bueno. El canino a su lado, un animal que sobrepasaba las medidas naturales que ella estaba acostumbrada a ver en un perro, gruñía y ladraba, encarándola también.

Kuso —maldijo, ignorando la educación y los buenos modales al darse cuenta de que ahora tenía que huir. No había manera de salir de esa situación sin sangre derramada por algún lado. «A pesar de que todo el mundo en ese claro estuviera ya más que muerto, en su mayoría —pensó la joven, con un deje irónico que era hasta cruel dado el tema en particular. «Ninguno de los involucrados en esta guerra tiene más razones para vivir que el enemigo al que encara.»

Echó a correr en direcciçon totalmente contrapuesta, rompiendo la línea directa en la que se dirigían hacia ella y forzándolos a tomar un cambio de dirección brusca de querer proseguir con su persecución. Se metió más aún en el bosque, huyendo de la patrulla que le perseguía al tiempo que estos, en reacción a su iniciativa cobarde cambiaron de dirección y continuaron la persecución, dándole caza.

En algun otro punto del bosque, cercana a la posición donde el Aburame se encontraría y no muy lejos de hacia donde la joven se dirigía sin conocimiento alguno de este, un aullido de reconocimiento resonó, rompiendo la tensa calma que había inundado el bosque tras el caos inicial de las explosiones.

Habían localizado a su enemigo, y confirmado su información de inteligencia: conocían las habilidades de aquellos que portaban los insectos en su cuerpo.

Y la emboscada no había sido más que un grupo prescindible, aunque doloroso, del que podían sacar provecho. Alrededor de un área, la cual incluyó por escasos metros donde la joven de hielo había entrado en esos instantes en medio de su escape sin rumbo concreto, empezó a oler a humo y cenizas; el calor, también, empezaba a aumentar.

La Inuzuka que había estado dándole caza, así como su can, pararon de golpe a medio camino, sin proseguir con la persecución de la joven. La Yuki, quien había estado constantemente mirando por encima de su hombro para comprobar que siguiera manteniendo una distancia considerable de su enemigo, se extrañó hasta que una sensación de hundimiento se apoderó de sus entrañas al caer en la cuenta de las señales.

Olor a humo, cenizas, calor extremo en aumento, y el súbito frenazo de su perseguidora que en aquellos momentos, hacía algo parecido a un sello a la lejanía mientras apoyaba sus manos en el terreno a sus pies.

Y, la pared de fuego empezó a extenderse, como si se trazasen dos líneas de tres metros de altitud de llamas que a sus extremos, se agrupaban y fusionaban con el siguiente tramo. Una técnica qué, a pesar de no ser muy útil en solitario, con un pautado y meticuloso uso en conjunto podían llegar a hacer un buen uso.

Como era el atrapar en su interior a quienes ahora, podía capturar. Con o sin vida, era la pregunta.

«Mierda, esto va de mal en peor...» tosió, teniendo que arrancar una parte de su túnica de viaje y atarla alrededor de su rostro, de tal manera que nariz y boca quedasen tapadas, a salvo de la humareda que se levantaba alrededor dificultando la respiración. Era un asadero, del que podían salir mal parados por solo pasar mucho tiempo ahí metidos—. Si hago una salida seguro los atraigo como la peste... Mierda.

Escupiendo la última exclamación, preparó sellos, observando a su alrededor en busca de cualquier silueta en su interior. ¿Habría más gente atrapada ahí, o solo enemigos que iban a por ella en exclusiva? El movimiento de las tropas instaban a que aquel ataque premeditado había sido, más que nada, para atrapar a alguien.

Y dudaba mucho, con la escena del claro, que fuera simple y llanamente ella.

¡Eh, si hay alguien más aquí atrapado por culpa de estos malnacidos, creo que es buen momento para una pequeña alianza temporal! —gritó con todo el descaro del mundo, tratando de ser oída lo máximo posible. Podría estar haciendo el ridículo, hablando sola en la desesperación de ser rodeada por varios enemigos que al menos tenían una naturaleza que podía contrarestar... moderadamente. O, por otra parte, podía tener un pequeño rayo de suerte, y descubrir a su futuro mejor amigo en potencia que le sacaría el culo de ese grill humano. Adrenalina, desesperación y una punzada de miedo mezclada con emoción volvía las cosas risibles, futiles en importancia.

¿Qué podía perder, cuando ya estaba hasta las patas de problemas que amenazaban su bienestar?




OFF:


Well, no he querido esta vez ni decir cuantos son, ni nada. Pero son bastantes, y al menos unos cuantos, Inuzuka mezclado con sensores algo enojados en estos momentos.

Lo que se está usando en el terreno, es una mezcla de Ninjutsu y Fuinnjutsu. Activándose los sellos, se genera una barrera que a su vez, impregna la misma con la naturaleza de chakra en concreto, generando un 'muro de llamas' en este caso. Hay cinco sellos en total, extendidos en un área de diez metros de diámetro, y están protegidos. La cantidad de protección y los señores, los dejo a tu imaginación de momento.

Simplemente quería hacerlo más interesante, y ya de por sí, darnos la buena excusa.

Apariencias:

Akkarin (clothing):

[/i]

Sin los colgantes ni nada similar. Cuando no lleva lo de invierno, los ponchos de arriba tampoco están.

Stats:

• Ninjutsu:  15
• Taijutsu: 12
• Genjutsu:  12
• Velocidad:  15
• Resistencia: 15
• Fuerza: 15
Técnicas:


Técnica oculta x1

Total: Genin - 8 | Chunin - 6
Restantes: Genin - 8 | Chunin - 6

Inventario:

• Senbons x10
• Kunai x10
• Sellos explosivos x2
• Bomba de Humo x2
• Bomba de Luz x2
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Re: — Flexible.

Mensaje por Yabuki Joe el Lun Feb 19, 2018 7:13 am

No… No me matará, ¿verdad? —preguntó una voz reducida, temblorosa, proveniente del arbusto más cercano a la de cabello cielo. Las hojas no tardaron en agitarse, la silueta de un hombre ataviado como uno de los soldados de la Dama de Fuego saliendo de entre las ramas, mas su lastimado rostro era uno que la mujer había visto ya en un par de ocasiones. La respiración agitada del pelinegro demostraba un cansancio tanto físico como emocional, mientras sus ojos oscuros, enmarcados en ojeras, buscaban encontrarse con el azul de los de la fémina. Con menos de dos metros de distancia entre ambas siluetas, el familiar rostro del otrora vagabundo, ahora soldado ilustre de Yasei Arashi, se mostraba afligido, debatiéndose entre la necesidad de alejarse de la peliazul y la necesidad de depender de la fuerza que él sabía que ella poseía para salir de ese apuro, porque, después de ver cómo sus planes eran destrozados de un segundo a otro, Joe sabía que no podría salir de esa trampa por su cuenta.



Todo parecía haber salido bien. Su clon de insectos entró al claro y no tardó en enfrascarse en combate contra un grupo, algunos siendo mera carne para la moledora, y otros que buscaban las aperturas que esos peones les entregarían para acabar con el atacante desconocido; sin embargo, estos individuos, a pesar de sus números, no fueron capaces de eliminar al clon por completo, cumpliendo éste su tarea como vanguardia tras perder la cabeza y uno de sus brazos, algo que habría solucionado la arremetida de la efigie de no ser por sus miles de componentes autónomos, los que podían seguir moviéndose a pesar de los daños a la silueta que fingían ser. Antes de que la sangre de los cadáveres más recientes comenzara a ser absorbida por el terreno, pero, una multitud de reacciones se hicieron notar en el área de detección de los insectos, demasiadas señales de chakra que podría haber sido confundidas por señales falsas de no ser por los pasos bruscos y acelerados de aquellos que atravesaban la espesura con premura, varios de ellos dirigiéndose en línea recta a la posición del manipulador de insectos.

”¡¿Cómo es posible?!”, fue lo único que el Yabuki pudo decirse antes de emprender una carrera frenética entre los árboles. Con cada segundo que pasaba, las señales de sus insectos en el área desaparecían sin dejar rastro, hasta llegar a un punto en el que se encontró completamente solo, como nunca antes lo había estado. “La forma en la que se han librado de mis kikaichū… Conocen las habilidades de un Aburame”, infirió, su expresión pasando de la tensión al estrés. “¡Tienes que estar a salvo, Yumei-san!”, deseó en silencio mientras huía con todas sus fuerzas, buscando romper la persecución a ciegas, sin saber que estaba siendo dirigido a una segunda trampa, una que no tardó en manifestarse a su alrededor. Prácticamente ciego debido a la ausencia de sus eternos acompañantes, el Aburame sin insectos, quien comenzó a sentirse seguro tras unos momentos en los que dejó de escuchar los sonidos de la persecución, chocó de frente con un muro invisible, el que, tras una inspección más detallada, lejos de ser invisible, era de un color azul pálido.

“¿Una barrera?”, se preguntó, reconociendo el obstáculo como uno similar al que él mismo podía crear con una de sus técnicas; sin embargo, la envergadura de las barreras era algo que no podía ser comparado. “Algo así debe tener un sello origen, pero lo más probable es que no esté en el interior… Necesitaré a mis kikaichū para esto”, pensó, sin tener la confianza de conseguir su libertad por su cuenta. Con esa conclusión, lo único que le quedaba por hacer era estirar tiempo, esperando al nacimiento de su nuevo enjambre, por lo que intentó perderse en la espesura una vez más; sin embargo, el inconfundible aroma del humo no tardó en hacerse presente, su origen siendo el mismo sector de la barrera en el que había impactado momentos antes, zona que no tardó en encenderse con llamas que comenzaron a propagarse por la vegetación con rapidez. “Esto… Es muy malo…”, se dijo mientras caía de rodillas tras un arbusto, sus pesimistas ideas siendo frenadas por un grito repentino a su costado. Tras asomarse a ver el origen de la persona que clamaba por asistencia, un escalofrío le recorrió la espalda, el origen de sus pesadillas encontrándose en la misma situación que él, a unos meros metros de distancia.

“Esto… Es peor de lo que pensaba… Pero…”, sin poder concebirlo claramente en sus pensamientos, Joe había llegado a una conclusión casi por instinto. ¿Podría ser ese encuentro el que le ayudaría a salir de esa situación tan compleja? Por todo lo que él sabía, ambos estaban bajo la misma cadena de mando, por lo que podía decirse que eran aliados, ¿verdad? Y los aliados no deben matarse entre sí, ¿verdad? Reticente a sus propias esperanzas, el ninja del norte vació una de sus petacas llenas de alcohol por su gaznate, el intenso calor que bajó por su esófago hasta asentarse en su vientre dándole el valor suficiente como para salir de su escondite.



Ya vienen… —murmuró, su mirada desviándose en dirección a los árboles, el sonido de la persecución reanudándose una vez más, probablemente debido al grito de la mujer azul. Sin tener a nadie más como apoyo en ese momento tan peligroso, el Yabuki decidió colocar todas sus esperanzas en su temor más grande. “Solo necesito un momento, solo eso bastará para que mi enjambre regrese. Entonces podré matar, y huir…”—. ¡Ne-ne-necesito un minuto para que mi-mis insectos vuelvan…! —intentó exclamar, más su voz era apenas audible para quien se encontraba a su lado—. ¡Cu-cúbrame, por favor! —suplicó con la voz quebrada mientras intentaba regresar a una posición oculta, aun siendo visible para la joven. Tras colocarse en cuclillas, el amigo de los insectos realizó una breve cadena de sellos, manteniendo el último mientras el chakra comenzaba a brotar de sus poros, envolviéndolo en lo que fácilmente podía ser reconocido como un capullo. Una técnica que solo podía ser llamada de doble filo, ya que requería de tiempo e inmovilidad a cambio del nacimiento apresurado de un nuevo enjambre, una técnica que no tenía espacio en esa situación, pero que el descendiente de los Aburame sabía que podía utilizar gracias a esa inconmensurable presencia.

“Si es ella, todo es posible”, pensó, sus ojos fijos en la silueta de su miedo, figura a la que no podía imaginar siendo derrotada, ni por él, ni por ninguna otra persona viva.



Off:

Vestimenta actual:

Armadura de soldado del feudo Kakkinoaru'en, con todo lo que ésta conlleva.
Stats:
• Ninjutsu: 15
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 6
• Velocidad: 10
• Resistencia: 15
• Fuerza: 15
Equipo:


  • Kunai, 10 unidades.
  • Makibishi, 10 unidades.
  • Hilo ninja, metros ilimitados.
  • Bomba de humo, 2 unidades.
  • Bomba de luz, 2 unidades.
  • Vendas, unidades ilimitadas.
  • Sellos explosivos, 1 unidad.
  • Sellos en blanco, 15 unidades.
  • Pergamino mediano, 3 unidades.
  • Pergamino de ADN (4/5 cuerpos), una unidad.
    + Dos petacas de licor.

Técnicas utilizadas:
Pasiva - Kikaichū no Jutsu (寄壊蟲の術, técnica de los insectos de destrucción parasitaria): Técnica pasiva y fundamental, base de todas las demás técnicas del clan Aburame. Al ser transformado en una colmena para los kikaichū al momento de nacer, el ninja Aburame obtiene la capacidad de comunicarse con toda clase de insectos, los que siguen todas sus órdenes, al pie de la letra y sin importar cuáles sean; sin embargo, su vínculo más fuerte siempre será con sus kikaichū.

La restricción de esta técnica radica en la cantidad de insectos que el Aburame puede liberar para sus técnicas, ya que, si bien éstos son inagotables, su uso excesivo puede significar una reducción importante de la población de kikaichū en su cuerpo, lo que se traduciría en una merma de insectos para las técnicas futuras.

El ninja Aburame puede utilizar cuatro técnicas diferentes relacionadas con sus insectos (entiéndase, kikaichū) antes de verse obligado a esperar tres turnos consecutivos sin liberar kikaichū para que la población alcance sus números normales. A medida que ascienda de rango, el Aburame podrá realizar dos técnicas adicionales por cada rango obtenido, alcanzando un máximo de diez técnicas. Mientras la colmena reestablece sus números, ésta se alimenta del chakra del Aburame, consumiendo chakra equivalente a tres técnicas del rango mínimo que le resten al usuario durante el tiempo de espera. Si los niveles de chakra del ninja disminuyen demasiado, y dado que los Kikaichû son parásitos por naturaleza, el enjambre comenzará a devorarlo desde dentro, agotando al ninja a razón de -5 de Resistencia por turno.

Otra restricción a esta técnica es el uso de insectos kikaichū hembra, ya que éstos son los más valiosos dentro de cada colmena debido a que se relacionan directamente con la tarea de reproducción y mantención de la población dentro de la misma. El ninja Aburame sólo podrá utilizar diez kikaichū hembra por combate, reestableciendo dicha cantidad al término de la pelea.

Primer enjambre.
Seis liberaciones totales. Sin liberaciones restantes.
Primer, segundo, y tercer grupo: Tres turnos de vida.
Cuarto, quinto y sexto grupo: Eliminados.

Reposición acelerada por la técnica siguiente.


Hijutsu, Mushimayu (秘術・蟲繭, técnica secreta, capullo de insecto): Esta técnica especial le permite al ninja Aburame acelerar la velocidad de desarrollo de sus insectos kikaichū. Ya que el cuerpo del usuario es una especie de colmena para los insectos, el contenedor se encierra a sí mismo en un "capullo" de chakra para así servir de ayuda a los mismos. Si bien es una técnica de gran ayuda para los Aburame, que dependen de sus insectos para pelear, el usarla durante una batalla es muy peligroso, ya que el usuario debe permanecer inmóvil mientras se usa. Esta técnica sólo puede ser utilizada cuando ya se ha alcanzado el límite de técnicas con kikaichū, reduciendo el tiempo de espera para utilizarlos nuevamente. Esta técnica consume hasta un máximo de 3 técnicas del rango mínimo que le resten al usuario, pudiendo elegir este si desea desarrollar una colmena entera (lo que consumiría tres técnicas) o sólo una fracción (con lo que sólo se perdería una técnica). Esta técnica, si bien no consume chakra, finaliza automáticamente el turno del usuario y lo deja expuesto a ataques desde el exterior. Se tarda un turno en generar una fracción del enjambre, y dos turnos completos en generar una nueva colmena.
Sellos: Sí, cuatro. Buey, perro, pájaro, carnero.

Uso completo, tres técnicas Genin descontadas. Primer turno.


Técnicas disponibles: 5/8 Genin. 6/6 Chunin.
Yabuki Joe
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Re: — Flexible.

Mensaje por Akkarin el Jue Mar 15, 2018 8:07 pm



Esto no iba a acabar bien. Parecía que, más que un comentario eventual, aquella frase se había tornado ya un mantra en la cabeza de la Yuki. Problema tras problema, parecía estar metiéndose de cabeza sin parar en todos los que se encontrasen por la zona. Como un imán, los atraía, y el hecho de que la respuesta a su reclamo de ayuda viniera en forma de ex vagabundo tornado en reconocido guerrero al que conocía y recordaba con claridad, la hizo morderse la lengua para no soltar una maldición.

Su suerte no podía sonreírle, ¿verdad? Tenía que ser la única persona con quien apenas en todo este tiempo, eran capaces de coexistir en el mismo especio, ¿verdad, infame destino?

La sátira se explicaba por si misma, en retrospectiva y con ojo crítico.

¿A-Ah? —reaccionó tarde a las palabras del Aburame, puesto sus oídos habían llegado a captar los poco elegantes y bruscos sonidos de sus perseguidores. El jadeo de un can podía escucharse entre los chasquidos de las llamas quemando la foresta. Estaban dentro del círculo, y bien cerca. Frunció el ceño, calculando rápido las posibilidades ante la nueva información y situación de los hechos; al igual que ella había clamado por ayuda, su única oportunidad necesitaba (si estaba siendo honesto, lo cual tampoco confiaba al cien por ciento en ello) que le comprase algo de tiempo.

Y, después de todo, no tenía otra. Esa realización la hizo tensar la mandíbula, preparando premeditadamente la secuencia de sellos que necesitaba con cierta urgencia en su anómala rapidez—. ¡Date prisa, compraré lo que pueda! —fue su respuesta, mezcla de adrenalina y tensión claras en el grito; solo podía hacer una cosa en esa situación donde por el calor su hielo sería inútil.

El agua era su mejor opción, y tratar algo nuevo si las cosas se ponían muy feas.

Sintiendo como los pulmones, así como su boca empezaba a segregar la sustancia viscosa de la cual prácticamente abusaba por su utilidad, la joven escupió en dirección hacia donde la mayoría de sonidos procedían, una enorme cantidad de líquido que no solo se extendía por el terreno. La reacción al entrar en contacto con los límites de la barrera en sus extremos, y las llamas, enturbiaba aun más el ambiente con el vapor y agudo sonido que generaba la súbita ebullición.

Si no iban con cuidado al traspasar, se encontrarían atrapados de inicio en el enorme terreno que había extendido con su baba viscosa. Saltó, buscando en las ramas altas del árbol más cercano, una posición no solo elevada, sino que le permitiera algo de cobijo con el humo y plantas.

No veía apenas, por el maldito humo. Pero, al menos, tenía lo que quería. Terreno acuoso y molesto.

«Más vale que este gasto sea útil, y no una pérdida de tiempo» pensó, al tiempo que llevaba sus manos a realizar una nueva tanda de sellos. El chakra buscó el extremo más cercano de su agua, y así, forzó emerger dos réplicas de si misma con cinco metros de distancia entre ellas. Las órdenes eran claras en la creación: búsqueda e interferencia.

Ambos clones se perdieron rápido de vista; el humo seguía molestando en el campo de visión. Escuchó, no obstante, maldiciones y un gruñido de dolor. Alguno de los dos, habría dado con una de las presas.

Lo bueno de los clones de agua, era que no tenían olor. Rasgo útil contra perros, pensó con algo de oscura satisfacción.

Escuchó alerta sonidos de sus espaldas; no olvidaba que su intención era comprar tiempo. Para eso, necesitaría algo que llamase la atención. Algo que no solo fuera llamativo, sino que fuera suficientemente problemático como para captar por un rato, la atención de todos menos del que ahora era su aliado.

Desvió unos segundos la mirada al agua. Todo este tiempo había creado cosas que ya sabía como estructurar, pero nunca había intentado manipular de manera basta, la susodicha. Tal vez…


Llevó sus manos en una secuencia de sellos, nueva y que ella misma no estaba segura de su resultado. El chakra se comportaba, esta vez, no pacífico y sereno; lo extendió hasta su gran fuente de agua, y al mismo tiempo, imitó algo que había sucedido ahí mismo: en vez de moverlo sin más, trató de forzarlo a subir, solo al agua. Nada de aire, nada extra. Solo el agua, subirla y usarla como una simple columna.

¿Podría hacerlo? Era un experimento que arriesgaba completamente su posición y tenía todos los números de fallar, pero al menos, si pasaba lo peor…

Al menos el chakra usado captaría la atención de sensores. Y era más de lo que podía pedir ahora mismo.

Extendió la basta cantidad de chakra, entonces, hacia el lago de baba viscosa—. ¡Querido aliado, apártate del agua!



OFF:


Lamento tanto la tardanza como lo corto que ha sido, sin embargo, he usado este mismo post para poder entrenar una técnica que si me permites, trataré de usar en el siguiente para así tanto estrenarla, como para dar un buen espectáculo a ambos(?).

En serio, mil disculpas. No estoy nada orgullosa de lo mucho que ando tardando en este tema, y no hay excusa.

Apariencias:

Akkarin (clothing):

[/i]

Sin los colgantes ni nada similar. Cuando no lleva lo de invierno, los ponchos de arriba tampoco están.

Stats:

• Ninjutsu:  15
• Taijutsu: 12
• Genjutsu:  12
• Velocidad:  15
• Resistencia: 15
• Fuerza: 15
Técnicas:

Elemento Agua: Campo de Jarabe Atrapante (水遁・水飴拿原, Suiton: Mizuame Nabara)
[Progresiva de volumen | Ninjutsu]
Es un jutsu en donde, tras una serie de sellos, el usuario escupe agua de alta viscosidad, gracias a la infusión de chakra en el agua, destinado a una superficie de amplio alcance. Esta corriente de líquido pegajoso puede utilizarse para formar una trampa adhesiva que puede inmovilizar a una persona. Tiene como objetivo reducir el área de actividad del enemigo y de esta forma tomar el control sobre el campo de batalla. El alcance normal de esta técnica es normalmente de unos pocos metros, cinco para ser exactos. Pero si el jutsu es preparado, es posible hacer un estanque entero de jarabe que varía dependiendo de la cantidad de chakra empleado en la técnica. Para prevenir ser atrapado en el jutsu, es necesaria la canalización de chakra en los pies, de antemano, que permite andar sobre éste sin inhibiciones. Sin embargo, solamente aquellos que tengan conocimiento del jutsu, o que manipulen la naturaleza, pueden realizar dicha acción (ojo con el metarol). El radio o extensión del estanque tiene un máximo de alcance por rango para la adaptación del rol, estos son:

Veinte metros para Chunnin

Suiton: Mizu Bunshin no Jutsu (水分身の術, Elemento Agua: Técnica del Clon de Agua):
[Progresiva de volumen | Ninjutsu]
Tras una serie de sellos el ninja crea una copia de si mismo hecha con agua. Este clon solo tiene una parte del poder del original y por lo tanto no es muy resistente. Pueden ser creados a partir de una fuente de agua cercana (dentro del rango del shinobi) o bien con chakra Suiton del propio usuario. En caso de ser destruido, éste deja un charco en el lugar. Estas réplicas pueden ejecutar técnicas de la naturaleza Suiton, del nivel del ejecutor (al hacerlo consumen chakra al usuario), pero de no poseer una fuente de agua cercana el clon usará el agua de la que se compone deshaciéndose a sí mismo mientras el jutsu es lanzado. Pueden utilizar armas, pero su fuerza es mínima y su velocidad depende del ninjutsu del usuario. Las armas arrojadizas pequeñas (kunais, shurikens, sembons y similares) los atraviesan sin destruirlos.

Chunnin: 2 clones.

Técnica oculta - experimental x1

Total: Genin - 8 | Chunin - 4
Restantes: Genin - 8 | Chunin - 4

Inventario:

• Senbons x10
• Kunai x10
• Sellos explosivos x2
• Bomba de Humo x2
• Bomba de Luz x2
• Vendas
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Re: — Flexible.

Mensaje por Yabuki Joe el Jue Abr 05, 2018 1:53 am

Alertados por el sonido de quienes solo podían ser sus perseguidores, azul y negro decidieron trabajar en conjunto, la primera preparando el terreno para intentar dar un giro a la situación, buscando dar el tiempo que el segundo desesperadamente necesitaba para restaurar sus números de insectos, sintiéndose incapaz de salir de esa situación sin depender de sus diminutas herramientas; sin embargo, la tensión física y mental parecía haberles jugado una mala pasada, ya que parecían haber olvidado un importante detalle: de la misma forma en la que ellos buscaban sorprender al enemigo desprevenido, el enemigo no dudaría en intentar lo mismo, especialmente cuando el terreno y los números les daban la ventaja.

Uno de los sensores, inspirado por la pérdida de sus compañeros, se separó del grupo de persecución apenas se escuchó el grito de la fémina y se determinó la dirección del mismo. Mientras los demás se dirigieron en línea recta a su aparente objetivo, este individuo, rápido y silencioso, dio un rodeo por el costado, buscando realizar un ataque en tenaza para asegurar la victoria. Un individuo por su cuenta podía moverse con mayor soltura que un grupo numeroso, lo que quedó demostrado cuando éste llegó al lugar antes que el resto, evadiendo la zona entrampada sin tener conciencia de ello. Tamaña fue su sorpresa cuando sus ojos se posaron sobre cierto individuo en cuclillas, uno que no se había percatado de la presencia del hombre en cuestión. Si bien la apariencia de su objetivo le era desconocida, podía reconocer ese chakra con facilidad, especialmente cuando éste se encontraba envuelto en el mismo. Guiado por sus sentimientos, el shinobi de Kakkinoaru’en hizo lo que muchas personas deseaban hacer: salió de su escondite antes de tiempo, arremetió contra el que se encontraba disfrazado como uno de los suyos y le lanzó una violenta patada en la cabeza.

Craso error fue el de Joe al voltearse cuando lo hizo, alertado por el abrupto sonido que pareció surgir de la nada, ya que esto significó que el impacto le dio de lleno en el rostro, rompiendo su nariz y haciéndolo sangrar profusamente mientras caía derribado por el impulso tras el ataque, dejándolo expuesto a la vista una vez más—. Mierda… ¡Mierda! —exclamó adolorido mientras la sangre comenzaba a cubrir su rostro, sus ojos furiosos enmarcados en lágrimas de dolor y frustración, fijos en el sigiloso agresor mientras hacía el intento de levantarse. Fue una suerte para el del Rayo que su enemigo no tuviese la fuerza necesaria para dejarlo inconsciente, pero su técnica fue cancelada de forma inevitable, devolviéndole apenas dos de los seis batallones que esperaba comandar para salir de ese embrollo.

¡Eso ha sido por mis amigos, bastardo! —gritó el agresor cargado de adrenalina, su voz resonando de forma simultánea a la de la mujer oculta entre las ramas, detalle que para el del Fuego, embriagado en la placentera sensación de la justicia servida, no fue aparente, mas sí para la víctima de su agresión, quien fue testigo de las acciones de su más reciente aliada—. Levántate… ¡Levántate ahora! —exclamó el siervo de la Dama de Fuego, cuya confianza en sí mismo se vio incrementada por el éxito de su ataque furtivo. No era necesario esperar a los demás, no cuando su enemigo parecía ser tan débil que uno de sus golpes lo dejó en ese estado. La nueva conmoción pareció alertar a los otros cazadores, su llegada siendo más que inminente, a juzgar por el sonido en aumento de sus pasos.
Estoy… sangrando… —murmuró el Aburame con voz temblorosa, su expresión serena tras comprobar la naturaleza del líquido que caía a chorros de sus fosas nasales. Su mirada, sin embargo, brillaba con hostilidad, el temblor de sus palabras siendo producto de la ira que intentaba mantener reprimida, una ira que comenzaba a invadir sus canales de chakra, concentrándose en su mano derecha—. Estoy… sangrando… —repitió, gruñendo con esfuerzo, intentando mantener la tranquilidad sin éxito a medida que su chakra comenzaba a manifestarse en el reverso de su diestra, formando un símbolo, una cruz puntiaguda de color rojo brillante.
¡Y sangrarás aún más! —exclamó el sensor, impaciente, empuñando uno de sus afilados hierros antes de arremeter por segunda vez, buscando clavar su herramienta en la humanidad de su reciente víctima con la esperanza de perforar alguno de sus puntos vitales. Enfocado en su labor, el individuo perdió de vista sus alrededores, su carrera creando un efecto de visión de túnel que terminó marcando su derrota.

Al perder de vista lo que lo rodeaba, el ninja del Fuego no pudo ver los movimientos de los kikaichū que brotaron desde la parte inferior de su colmena, insectos que se movieron con inusual velocidad hasta alcanzar a su objetivo que, embriagado en la adrenalina de la batalla, había olvidado toda la información que había recibido sobre el clan de los manipuladores de insectos. En un abrir y cerrar de ojos, los papeles se invirtieron, el agresor transformándose en víctima y viceversa, todo gracias a un detalle fundamental: ese combate, a pesar de tener la apariencia de un uno contra uno, siempre fue en desventaja. Aunque no todo fue malo para el impaciente individuo, sus acciones mermando las capacidades ofensivas y defensivas del Aburame de forma considerable, aunque el precio a pagar sería demasiado alto, hecho del que solo se percataría tras ser inmovilizado por una de las técnicas secretas de una de las familias con el mayor potencial para el asesinato silente.

Él sería el primer testigo de la transformación del norteño, la marca de su mano brillando y extendiéndose por todo su cuerpo mientras éste se ponía de pie, tomando una de sus propias herramientas mientras el rojo brillante desaparecía, dejando atrás una apariencia inversa. La tez del antes pálido ahora poseía una apariencia morena, y su cabello negro como el carbón había pasado a ser blanco como la nieve, siendo sus ojos oscuros lo único que se había mantenido sin una transformación aparente, aunque una mirada atenta podría ver cómo estos estaban inyectados en sangre, la ira consumiendo el alma de aquél que había liberado esa técnica prohibida, la primera fase de su sello maldito. Un chakra oscuro, malvado y erróneo, pondría en alerta a aquellos que pudieran sentirlo, e incluso la bestia que acompañaba a uno de los cazadores haría patente su preocupación; después de todo, los animales son más sensibles que los humanos, y la silueta transformada no traería nada bueno para nadie.

La primera acción del ahora peliblanco fue clavar el hierro que empuñaba en lo más profundo del cuello de su agresor, sus ojos furiosos dando a entender todo lo que sus palabras callaban, horrorizando a aquél que no podía hacer más que abrir los ojos, siendo la liberación de su presa lo último que vería antes de que su yugular fuese rebanada por la fuerza imprimida en el kunai, su cuello abierto liberando sangre a borbotones, el tibio líquido cubriendo tanto al asesino como a aquellos que habían formado la prisión de insectos. Estos seres diminutos, viendo la apertura creada de forma artificial, comenzaron a introducirse por la herida, agrandándola hasta el punto en el que solo la columna vertebral mantenía la cabeza unida al cuerpo, último enlace que el Aburame, tras sujetar la cabeza desde su cabello, cercenó en un abrir y cerrar de ojos. Al terminar su labor, los insectos dejaron caer el cuerpo del joven sensor y comenzaron a rodear a su colmena de forma protectora, el protegido aun sujetando la cabeza de su más reciente víctima.

Y entonces sonrió.

No era una sonrisa cualquiera, pero, sino una cargada de locura y hostilidad, una dedicada a quienes se acercaban, a quienes deberían haber visto con claridad el resultado de las acciones de su compañero, a quienes deberían haber sentido con claridad el cambio en la energía del agitador infiltrado. Sus acciones eran más que crueles, de eso no había duda, pero él no estaba solo, y sus acciones eran el tipo de provocación que no podían ser ignoradas, el tipo de provocación que ayuda a que los demás se lancen al ataque sin fijarse en burdos detalles como las diferencias de fuerza o el terreno que los rodea, el tipo de provocación ideal para hacer que los enemigos caigan en una trampa. Joe no sabía qué pasaría una vez los enemigos estuvieran cerca del agua creada por la peliazul, pero se aseguraría de que todos aquellos que se acercaran a su posición terminaran igual o peor que aquél desdichado cuya cabeza alzó en señal de amenaza.



Off:

Vestimenta actual:

Armadura de soldado del feudo Kakkinoaru'en, con todo lo que ésta conlleva.
Stats:
• Ninjutsu: 15 + 3
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 6
• Velocidad: 10
• Resistencia: 15
• Fuerza: 15
Equipo:


  • Kunai, 10 unidades. Uno empuñado.
  • Makibishi, 10 unidades.
  • Hilo ninja, metros ilimitados.
  • Bomba de humo, 2 unidades.
  • Bomba de luz, 2 unidades.
  • Vendas, unidades ilimitadas.
  • Sellos explosivos, 1 unidad.
  • Sellos en blanco, 15 unidades.
  • Pergamino mediano, 3 unidades.
  • Pergamino de ADN (4/5 cuerpos), una unidad.
    + Dos petacas de licor.

Técnicas utilizadas:
Pasiva - Kikaichū no Jutsu (寄壊蟲の術, técnica de los insectos de destrucción parasitaria): Técnica pasiva y fundamental, base de todas las demás técnicas del clan Aburame. Al ser transformado en una colmena para los kikaichū al momento de nacer, el ninja Aburame obtiene la capacidad de comunicarse con toda clase de insectos, los que siguen todas sus órdenes, al pie de la letra y sin importar cuáles sean; sin embargo, su vínculo más fuerte siempre será con sus kikaichū.

La restricción de esta técnica radica en la cantidad de insectos que el Aburame puede liberar para sus técnicas, ya que, si bien éstos son inagotables, su uso excesivo puede significar una reducción importante de la población de kikaichū en su cuerpo, lo que se traduciría en una merma de insectos para las técnicas futuras.

El ninja Aburame puede utilizar cuatro técnicas diferentes relacionadas con sus insectos (entiéndase, kikaichū) antes de verse obligado a esperar tres turnos consecutivos sin liberar kikaichū para que la población alcance sus números normales. A medida que ascienda de rango, el Aburame podrá realizar dos técnicas adicionales por cada rango obtenido, alcanzando un máximo de diez técnicas. Mientras la colmena reestablece sus números, ésta se alimenta del chakra del Aburame, consumiendo chakra equivalente a tres técnicas del rango mínimo que le resten al usuario durante el tiempo de espera. Si los niveles de chakra del ninja disminuyen demasiado, y dado que los Kikaichû son parásitos por naturaleza, el enjambre comenzará a devorarlo desde dentro, agotando al ninja a razón de -5 de Resistencia por turno.

Otra restricción a esta técnica es el uso de insectos kikaichū hembra, ya que éstos son los más valiosos dentro de cada colmena debido a que se relacionan directamente con la tarea de reproducción y mantención de la población dentro de la misma. El ninja Aburame sólo podrá utilizar diez kikaichū hembra por combate, reestableciendo dicha cantidad al término de la pelea.

Primer enjambre.
Seis liberaciones totales. Sin liberaciones restantes.
Primer, segundo, y tercer grupo: Tres turnos de vida.
Cuarto, quinto y sexto grupo: Eliminados.

Segundo enjambre. Reposición acelerada interrumpida.
Dos liberaciones totales. Una liberación restante.
Primer grupo: Cinco turnos de vida.


Juinjutsu: Daishodankai (呪印術 · 第一段階, Sellado maldito: Primera fase)
Arte secreto dominado por aquellos ninjas que han dedicado sus vidas al manejo de las técnicas de sellado. Esta técnica es llamada Juinjutsu (呪印術, Técnica de Sello Maldito) debido a los riesgos que conlleva su uso; sin embargo, no faltan aquellos que son capaces de jugarse la vida por conseguir un poco más de poder. Tras su ejecución, el cuerpo del ninja queda grabado con un sello de forma permanente. Este sello, dividido en dos fases, funciona como una puerta para liberar el poder del cuerpo sin inhibiciones; sin embargo, al no poseer una especialidad enfocada en el ámbito corporal, el chakra liberado a través de este método se ve contaminado por las emociones negativas del usuario, llevándolo a actuar de forma más agresiva mientras la técnica mantenga sus efectos. En su fase inicial o fase inactiva, el sello sólo se muestra como un dibujo sobre la piel del usuario. Al liberarlo, sin embargo, el dibujo empieza a brillar, extendiendo un definido motivo por todo el cuerpo, regalando chackra contaminado a este sin inhibiciones. El chackra potencia a cada usuario de distintas formas, pudiendo disgregarse para fortalecer el cuerpo, o hacerlo más rápido, siendo definido esto por cada uno de los sellos y las propias facultades del sellador.
- Activar el sello consume una de las técnicas Chunnin disponibles.
- Tanto las marcas, el brillo y la localización del sello inicial son completamente libres a nivel estético. (Cambio estético de Joe: Su piel se vuelve morena, y su cabello pasa a ser blanco)
- Sin excepción, los sellos malditos hacen que al usuario lo ataquen ansias violentas, buscando cualquier persona con la que saciarlas. Aunque se guarda cierta cordura para distinguir aliados y enemigos, nunca dejará que sean otros quienes destrocen a sus presas.
- Cuando se activa, el sello confiere una bonificación definida en cada usuario. Ésta estará definida en el perfil del usuario y no podrá cambiarse bajo ninguna circunstancia, dado que el sello es inamovible.
- Se puede escoger entre un +2 en dos estadísticas o un +3 en una sola, siendo éstas completamente libres.
- La duración de la primera fase es de cuatro turnos máximo.
- Cuando la fase termina o se desactiva, el usuario recibe un retroceso por la energía anormal a la que se ha sometido, reduciendo las estadísticas bonificadas en su misma cantidad (si Velocidad y Fuerza recibían un +2, en el retroceso tendrán un -2) por el resto del combate, o hasta que pueda descansar durante unas horas.

Bonificación recibida: +3 a Ninjutsu.

Hijutsu, Mushidama (秘術・蟲玉, técnica secreta, esfera de insectos): Aprovechando las capacidades de rastreo de los kikaichū, el ninja Aburame dispersa una gran cantidad de éstos en un área no superior a los treinta metros de radio. Al detectar el chakra del objetivo, los insectos esperan a la orden del Aburame para abalanzarse sobre éste, formando una esfera de insectos que no tarda en comprimirse, envolviendo completamente a su víctima. Los kikaichū comienzan a devorar el chakra de forma frenética a la vez que dificultan enormemente el movimiento de su presa, la cual, si logra escapar, no tardará en ser nuevamente perseguida por los insectos.
Caer en esta técnica implica perder Resistencia a razón de -3 por turno, pues se tiene todo el cuerpo recubierto de insectos. Cuando la víctima llega a 0, cae inconsciente por la falta de chakra en su cuerpo. Se puede huir saliendo de la zona efectiva de la técnica. La técnica dura tres turnos.


Técnicas disponibles: 5/8 Genin. 5/6 Chunin.
Yabuki Joe
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Re: — Flexible.

Mensaje por Akkarin el Sáb Abr 14, 2018 12:36 pm



Incluso si decirlo o pensarlo podría ser considerado no solamente desconsiderada, sino de sangre fría, que Joe precisamente estuviera siendo el foco de la violencia y los ataques era aquel golpe del destino que, si bien de doble filo, ahora abría la puerta de la oportunidad.

Con ambos clones perdidos para quienes no tuvieran la detección del sensor entre humo o sombras, Akkarin quedó inmóvil. El charco a sus pies —que, aun así, podría fácilmente ser confundido con un estanque—, aunque no había tenido víctimas directas en su creación, empezó a humear. A su vez, ella había empezado una secuencia de sellos: tres, rápidos y precisos, al ver cómo su experimento parecía tomar forma.

Una temblorosa sonrisa se instaló en sus labios; no podía ver, pero los gritos eran suficientes para revelar la ubicación. Donde antes había escuchado un gruñido de dolor, un canino de repente apareció en la periferia de su visión—. ¡Chisaki! —un grito de alarma femenino siguió; el perro, aunque gruñía, había caído contra el charco de mala manera. Reconoció la voz de su persecutora inicial; había estado dándole caza por lo visto desde el inicio, tercamente—. ¡Maldita, te vas a arrepentir! —Ante la fuerza del impacto, y la velocidad a la que iba, donde los primeros retazos de su pelaje se habían enganchado en el charco, se vieron arrancados de la inercia; tiras de pelaje atrapadas, y cuando la velocidad frenó súbitamente al definitivamente engancharse, el olor metálico de la sangre podía olerse. Al margen de la escasa sangre por el bruto aterrizaje; ahora que estaba en su campo de visión, aun con la dificultad del humo, podía vislumbrar fácilmente como algunas de las patas estaban en ángulos antinaturales para un canino. El sonido de una pelea seguía escuchándose de donde vino tanto el grito como la silueta del perro atrapado, hasta que un gorgoreo y sonido de algo grande cayendo en agua, respondió a los gimoteos lastimeros del perro.

Pero ya era tiempo suficiente comprado. El otro clon, por un lado, seguía en una posición estratégica, escondido y acechando; sus ojos, centrados en la silueta de aquel que erizaba su pelo al punto de generarle escalofríos. Ella no era sensor, aunque admitía interés en esa área, pero había algo claramente errado en el ambiente alrededor del memorable vagabundo. El groso del grupo de caza dentro de los muros de fuego, centrado en lo mismo que ella notaba por instinto de supervivencia, estaba distraído con el emerger de una obvia amenaza. Totalmente ajenos a la otra que se erigía, tramposa y sutil.

Sin la atención de los pocos que habían podido centrarse en ella, y reducidos los dos que sí habían estado buscándola expresamente al estar obcecados por razones que desconocía en irle detrás, centró la concentración en lo que hacía.

El can atrapado en el agua empezó a llorar; los lastimeros chillidos que soltaba, venían estrechamente vinculados a como el agua donde estaba atrapado, ya no solo humeaba: hervía. Una oscura satisfacción empezó a brotar de ella en el momento en que veía como el ser vivo que estaba atrapado, sufría las consecuencias de su técnica a medias; se revolvía, tratando de escapar.

Buscó entre las sombras y el humo la dirección donde sabía estaba su compañero; incluso si habían tenido un pasado lleno de prejuicios, cargado de malinterpretaciones, y realmente sin ninguna inclinación por parte de ambos a aclarar qué era lo que había sucedido hacía ya más de dos años, ahora calzaban el mismo camino para salir de una situación que sin comerlo ni beberlo, se habían visto arrastrados.

Era irónico que nunca coincidieran para algo más que desventuras, se dio cuenta. Las tres veces, eran bajo la presión de algo mayor, una situación antagónica que los había forzado a encontrarse. Pero ya está.

Entornó los ojos cuando finalmente, fue capaz de discernir por simples ruidos de conversación dónde estaban los que no eran Joe: parecían horrorizados, enojados; había al menos un perro más, supo por lo que parecían gruñidos amenazantes. No eran tan impetuosos en lanzarse a por la presa, y no sabía exactamente la razón más allá de lo que sus oídos podían haber discernido; había una batalla, y suponía que el resultado favorecía a ellos dos.

«¿Qué me importa?» terminó por zanjar en su propia mente al darse cuenta de sus propis titubeos; con la dureza apoderándose de sus facciones, herméticamente apartó cualquier sobre análisis de la situación. Se agachó, para así poder apoyar ambas manos encima de la superficie del líquido viscoso; ciertamente el tacto con eso era desagradable.

Centró el chackra en tres puntos en el lago; y, donde antes había solo un estanque viscoso hirviendo, tres enormes columnas se alzaron con un estruendo que sacudió la zona irremediablemente; el agua se sacudía por dentro, moviéndose a una velocidad que era risible solo de pensar en quedar a atrapado dentro de la misma. Las tres se alzaban imponentes; hasta que entraron en contacto con el techo de la cúpula de la barrera; un agudo siseo del agua hirviendo entrar en contacto con el fuego sonó de nuevo, y ahora, humo y vapor se entremezclaban, haciendo aún más difícil respirar. Incluida ella misma, quien tosía una y otra vez, jadeando por aire.

Una mirada fija, carente de emoción; ambos clones salieron de sus escondrijos entonces; uno defendiendo la posición de la inmóvil creadora, y el otro, atrayendo la atención a otro punto más al aparecer en uno de los flancos del grupo, saliendo de la maleza donde había estado observando el intercambio como había sido orquestado desde su formación.

Las tres columnas, con su grosor de un metro, sacudieron el terreno alrededor directamente hacia el grupo de personas; era una mala idea desde el inicio haber permanecido como un pack, al menos desde el punto de vista estratégico. Ahora eran un blanco demasiado grande.

Dos de las columnas, arremetieron desde ambos flancos con un movimiento curvo, ‘segando’ el terreno con sus diez metros; uno iba a ras del suelo, mientras que el otro se elevaba otro metro por encima, peinando la franja superior el clon fue llevado por delante, pero así, el terreno fue repasado por ambos tentáculos emergiendo desde la falta de luz, golpeando lo que se llevase por delante con fuerza. El sonido que hacían reverberaba, sin dejar clara exactamente la posición; la barrera ahora era un hándicap para definir su ubicación. Tres que trataron de huir, fueron sacudidos por uno de los dos apéndices; el sonido de los huesos quejarse, y la piel quemarse, fue acompañado de los gritos. Los golpeados no solo veían su carne ser arrastrada por la presión del agua, y quemada por las altas temperaturas; eran, después de todo, creadas por una masa viscosa. Aquello que quemaba, y que los había sacudido contra los árboles, y ahora sujetándolos contra ellos, era imposible de deshacerse de ello. Otro, el único que había sido golpeado por el látigo a ras de tierra, había sido arrastrado hasta una de las paredes de sellado en llamas.

Los gritos no tardaron en aparecer; la columna desapareció tras el contundente golpe contra este, interrumpiéndose al entrar en contacto con un sellado incluso si era solo por dos redes de charka incompatibles. Pero el genin, atrapado por la viscosidad contra el mismo muro, ahora estaba siendo carcomido por las llamas.

Los otros dos, atrapados en frente del mismo, solo podían ver la escena con horror e incredulidad; como su compañero se quemaba vivo, lentamente, por su propio muro. La columna les aprisionaba contra los árboles, haciendo constante presión, llenándolos constantemente de ese viscoso y doloroso líquido. Les impregnaba, hirviéndoles[/i]poco a poco mientras Akkarin mantenía la columna presionando contra ellos.

Los otros cuatro, en un intento de evitar un ataque así por lógica y análisis, trataron de evadirlo saltando fuera del rango. Uno de ellos, buscando la fuente de la trampa, halló el olor; su olor, viniendo directamente hacia ella y su clon. Parecía no solo horrorizado, sino tremendamente enojado. Bien, podría trabajar con eso, aunque ahora mismo no pudiera moverse.

Una siniestra satisfacción recorrió a Akkarin cuando dos se encontraron con el tercer tentáculo; este sacudió de manera vertical, como un látigo, golpeando los cuerpos contra el propio suelo. Un sonido de algo crepitar resonó; Raiton, de uno de los que sí había eludido el ataque. Inesperado, en ese lugar, lo que parecía ser una espada cortó a través del tercer látigo. La columna rechistó ante el actuar de una técnica ajena, y aunque no cedió, vinieron las consecuencias directas: los dos que habían estado en contacto directo con el látigo, vieron sus cuerpos sacudidos, electrocutándose.

La formación estaba desmantelada. El caos estaba en el campo de batalla. Ahora, solo quedaba reducirlos completamente.

El único clon que quedaba en pie, tomó de ella el paquete de armas. Tal vez no podía ser su creadora, pero era la última línea de defensa mientras ella torturaba lentamente, atrapando a los cinco desdichados en los látigos en el agua hirviente y pegajosa.

¿¡Qué se siente al escuchar los gritos de dolor de tus compañeros, mocoso!? —escupió, provocando sin ningún tapujo a la ira del que iba directamente hacia ella. Sin las dos columnas útiles para usarse si quería mantener a los cinco sacudidos atrapados entre viscosidad y agua, la única defensa era su clon, quien con ahora un kunai en mano, avanzó a encontrarse con el desdichado genin.

Si no se equivocaba, el feudo era conocido por lo impetuosos que eran con las emociones. Y claramente, la reacción, el grito de pura rabia y odio, fueron una confirmación. Su clon paró apenas el golpe, pero la espada de Raiton lo terminó por reducir; la adrenalina que sacudía al shinobi había sido subestimada, se dio cuenta, y ahora ella era el siguiente.

Esperó, agachada y sin quitar las manos del líquido; no iba a fastidiarla cuando quedaba tan poco.


OFF:

Apariencias:

Akkarin (clothing):

[/i]

Sin los colgantes ni nada similar. Cuando no lleva lo de invierno, los ponchos de arriba tampoco están.

Stats:

• Ninjutsu:  15
• Taijutsu: 12
• Genjutsu:  12
• Velocidad:  15
• Resistencia: 15
• Fuerza: 15
Técnicas:

Rebiasu no Jigoku (リバイアサンの地獄,‘Leviathan’s Hell’)
Rango: Chunin
Tipo: Suiton, progresiva de volumen.
Sellos: Tres (Carnero, Buey, Tigre).
Rango de alcance: 15 metros.
Descripción:
Usando el agua alrededor de su zona, el shinobi canaliza su chakra tras una serie de sellos hacia sus manos, apoyándolas en una superficie cualquiera. Desde cualquier fuente de agua alrededor de 15m de diámetro, el shinobi podrá levantar columnas de agua, que pasados dos segundos, estarán hirviendo. Estas columnas son de 1m de grosor, y 10m de altura. Cualquier golpe o contacto recibido por estas columnas, generará contusiones, así como quemaduras leves pero dolorosas que podrían agravarse ante un contacto prolongado con las mismas. Estas columnas podrán ser controladas alrededor de la zona con la fuente de agua como eje del movimiento, mas no rebasar los 15m de distancia respecto su usuario, hasta un máximo de tres turnos. Ambas manos deberán permanecer apoyadas en la superficie donde se ha canalizado el chakra inicialmente, o la técnica se verá interrumpida.

Una vez la técnica finaliza, esta agua se evapora, quedando las fuentes de agua usadas inservibles para otro uso*.

*De tratarse de un área con considerable cantidad de agua, el impacto será proporcional y solo drenará una cantidad considerable de agua (lagos, estanques, niebla, mar…). Si es una pequeña fuente, como un charco, quedará absolutamente evaporado.


Cantidad de columnas:
Chunin: 3 columnas de agua.
Jonin: 6 columnas de agua.
Sanin: 10 columnas de agua.


Ventajas:
— El usuario puede manipular las columnas de agua a su alrededor como si fuesen látigos atados a su punto de creación.
— Al ser agua extremadamente caliente, provoca adicionales quemaduras con su impacto.
— Técnica de control de campo, con gran alcance.
Inconvenientes:
— El usuario no puede moverse mientras la técnica esté activada. Sino, se interrumpe.
— Las fuentes de agua pequeñas no pueden ser reutilizadas para otras técnicas; quedan evaporadas.
— Para usarse, debe haber fuente de agua de la cual nutrirse para su creación (charcos, lagos, estanques, agua residual de otras ténicas...)

Aclaraciones:
— Una vez destruidas la fuente de la columna o sellado el chakra de la misma, esta columna quedará destruida y no podrá restituirse.
— El agua hirviendo se genera a partir del incremento del movimiento y aumento de la presión en la misma. Por ello, requiere dos segundos para empezar a obtener la temperatura.

Total: Genin - 8 | Chunin - 4
Restantes: Genin - 8 | Chunin - 3

Inventario:

• Senbons x10
• Kunai x10
• Sellos explosivos x2
• Bomba de Humo x2
• Bomba de Luz x2
• Vendas
Akkarin
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Re: — Flexible.

Mensaje por Yabuki Joe el Dom Abr 15, 2018 2:15 am

Sin traicionar las expectativas del ahora albino, la de cabellos cielo ejecutó una técnica de apariencia brutal y resultados devastadores, apresando y torturando a la mayoría de los otrora cazadores; sin embargo, sus métodos se mostraron demasiado lentos para gusto del Aburame, quien no veía la necesidad de usar tortura en esa situación tan tensa. “Mientras antes estén muertos, mejor”, pensó mientras tosía, dejando caer la cabeza y usando su herramienta homicida para rasgar un trozo de tela de su cinto y cubrir tanto sus fosas nasales como boca, evitando verse más perjudicado por las partículas en el ambiente. Antes de cumplir su objetivo, sin embargo, uno de los dos que lograron evadir los tentáculos de agua de la peliazul había tenido la desgracia de caer en el área dominada por la personificación del odio, shinobi que no tardó en dejar de lado lo que hacía para acercarse al desdichado y completar una secuencia de sellos con la que recibiría a su nuevo invitado como le era merecido. Su sonrisa no hizo más que ensancharse antes de la inminente liberación.

El calor que tanto les agobiaba no tardó en ser eclipsado por una llama infernal proveniente del ninja del Rayo, una técnica de gran envergadura que fue lanzada a quemarropa, su evasión siendo imposible para el soldado de la Dama de Fuego, quien no pudo hacer más que gritar ante el fuego de dragón que lo envolvió de pies a cabeza. La energía incandescente surgió con una fuerza anormal, su potencia aumentada por el chakra maldito del usuario de fūinjutsu, chakra que arrasó no solo con su primera víctima, sino también propagándose a través de ramas que aún no habían sido alcanzadas por el fuego de la barrera. Mientras la muerte ardiente envolvía al joven rastreador, todo aquello que pudiera encenderse e incinerarse sobre él, lo hizo. Sus ropas, sus armas, su cabello, su piel, su esófago y fosas nasales, e incluso su estómago y pulmones, todo producto del último grito de agonía que soltó antes de sucumbir a las llamas y caer muerto, su carne chamuscada emanando un olor que difícilmente podría olvidarse.

Esto… es malo… —susurró el manipulador de Katon al ver las ramificaciones de su técnica, para luego tomar una de las etiquetas en blanco que llevaba consigo, imprimiendo parte de su chakra en un sello. Tras envolver el mango de su kunai con el papel, lo lanzó al centro de las llamas que seguían avanzando, algo no muy difícil de hacer debido a las dimensiones de las mismas. Antes de que el fuego arrasara con el minúsculo papel, el sello fue activado, su fórmula extendiéndose desde la herramienta hasta tener contacto con cada rastro de la técnica previa, arrastrando la energía a los confines desconocidos al interior del papel. “Tanto el fuego de la barrera como el humo siguen siendo un problema, pero al menos no lo he empeorado”, se dijo, terminando de atar el trozo rojo de tela a su rostro, protegiéndose parcialmente del humo. Tras confirmar el fallecimiento de su víctima más reciente, Joe pudo escuchar un nuevo grito de la mujer, uno que no tardó en ser respondido por un grito visceral, cargado con una promesa de violencia.

No tuvo que acercarse mucho para poder ver los destellos del rayo del rival, afilada técnica que acabó con una efigie de agua de la fémina, quien se encontraba a unos cuantos metros de la misma, con sus manos sobre el vasto charco de agua que había creado anteriormente. Su arremetida era en línea recta, su mirada fija en quien se había transformado en su objetivo, una actuación idéntica a la de su compañero decapitado, y una que tendría el mismo resultado. Los kikaichū abandonaron su posición defensiva sobre su colmena y no tardaron en alcanzar al impetuoso joven. Exceptuando tanto su cabeza como la mano que emitía electricidad, los insectos lo envolvieron en una prisión ajustada a su silueta, frenándolo de forma veloz y efectiva. Una nueva herramienta de hierro fue empuñada por el Aburame, quien se acercó por la espalda del muchacho. Una orden bastó para que los insectos dejasen al descubierto la zona baja de su espalda, lugar sin hueso alguno a excepción de la columna vertebral, y las puñaladas no se hicieron esperar. El sonido de la carne siendo perforada resonó una y otra vez a un ritmo acelerado y constante, la acción repitiéndose hasta que los insectos confirmaran que su presa perdió la vida.

¿Este… es el último? —preguntó el Aburame a su más reciente aliada, agitado por la falta de oxígeno, sus ojos paseándose por el lugar mientras sus kikaichū abandonaban la formación sobre el cadáver, dejándolo caer al regresar sobre su colmena. Los gritos de aquellos que tuvieron la mala suerte de ser capturados en la técnica de la maestra Suiton seguían, su dolor siendo constante mientras la piel se les separaba a pedazos—. ¿Puedo matar… a los demás? Todavía… no basta… —Entre breves ataques de tos, la temblorosa voz del amigo de los insectos estaba cargada de las ansias asesinas que acompañaban a la activación de esa técnica prohibida que había cambiado su apariencia, sus deseos de violencia siendo más grandes que los de supervivencia, pero no tan abrumadores como para hacerlo olvidar que la persona frente a él era su único respaldo en ese lugar. En ese estado, lejos de lanzarse a lo desconocido en busca de más sangre, lo mejor era seguir el paso de la mujer; después de todo, nada bueno había pasado durante cada uno de sus encuentros, y Joe simplemente esperaba que la situación empeorara gracias a su cercanía.



Off:

Vestimenta actual:

Armadura de soldado del feudo Kakkinoaru'en, con todo lo que ésta conlleva.
Stats:
• Ninjutsu: 15 + 3
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 6
• Velocidad: 10
• Resistencia: 15
• Fuerza: 15
Equipo:


  • Kunai, 8 unidades. Uno empuñado.
  • Makibishi, 10 unidades.
  • Hilo ninja, metros ilimitados.
  • Bomba de humo, 2 unidades.
  • Bomba de luz, 2 unidades.
  • Vendas, unidades ilimitadas.
  • Sellos explosivos, 1 unidad.
  • Sellos en blanco, 14 unidades.
  • Pergamino mediano, 3 unidades.
  • Pergamino de ADN (4/5 cuerpos), una unidad.
    + Dos petacas de licor.

Técnicas utilizadas:
Pasiva - Kikaichū no Jutsu (寄壊蟲の術, técnica de los insectos de destrucción parasitaria): Técnica pasiva y fundamental, base de todas las demás técnicas del clan Aburame. Al ser transformado en una colmena para los kikaichū al momento de nacer, el ninja Aburame obtiene la capacidad de comunicarse con toda clase de insectos, los que siguen todas sus órdenes, al pie de la letra y sin importar cuáles sean; sin embargo, su vínculo más fuerte siempre será con sus kikaichū.

La restricción de esta técnica radica en la cantidad de insectos que el Aburame puede liberar para sus técnicas, ya que, si bien éstos son inagotables, su uso excesivo puede significar una reducción importante de la población de kikaichū en su cuerpo, lo que se traduciría en una merma de insectos para las técnicas futuras.

El ninja Aburame puede utilizar cuatro técnicas diferentes relacionadas con sus insectos (entiéndase, kikaichū) antes de verse obligado a esperar tres turnos consecutivos sin liberar kikaichū para que la población alcance sus números normales. A medida que ascienda de rango, el Aburame podrá realizar dos técnicas adicionales por cada rango obtenido, alcanzando un máximo de diez técnicas. Mientras la colmena reestablece sus números, ésta se alimenta del chakra del Aburame, consumiendo chakra equivalente a tres técnicas del rango mínimo que le resten al usuario durante el tiempo de espera. Si los niveles de chakra del ninja disminuyen demasiado, y dado que los Kikaichû son parásitos por naturaleza, el enjambre comenzará a devorarlo desde dentro, agotando al ninja a razón de -5 de Resistencia por turno.

Otra restricción a esta técnica es el uso de insectos kikaichū hembra, ya que éstos son los más valiosos dentro de cada colmena debido a que se relacionan directamente con la tarea de reproducción y mantención de la población dentro de la misma. El ninja Aburame sólo podrá utilizar diez kikaichū hembra por combate, reestableciendo dicha cantidad al término de la pelea.

Primer enjambre.
Seis liberaciones totales. Sin liberaciones restantes.
Primer, segundo, y tercer grupo: Tres turnos de vida.
Cuarto, quinto y sexto grupo: Eliminados.

Segundo enjambre. Reposición acelerada interrumpida.
Dos liberaciones totales. Una liberación restante.
Primer grupo: Cuatro turnos de vida.


Mantenida - Juinjutsu: Daishodankai (呪印術 · 第一段階, Sellado maldito: Primera fase)
Arte secreto dominado por aquellos ninjas que han dedicado sus vidas al manejo de las técnicas de sellado. Esta técnica es llamada Juinjutsu (呪印術, Técnica de Sello Maldito) debido a los riesgos que conlleva su uso; sin embargo, no faltan aquellos que son capaces de jugarse la vida por conseguir un poco más de poder. Tras su ejecución, el cuerpo del ninja queda grabado con un sello de forma permanente. Este sello, dividido en dos fases, funciona como una puerta para liberar el poder del cuerpo sin inhibiciones; sin embargo, al no poseer una especialidad enfocada en el ámbito corporal, el chakra liberado a través de este método se ve contaminado por las emociones negativas del usuario, llevándolo a actuar de forma más agresiva mientras la técnica mantenga sus efectos. En su fase inicial o fase inactiva, el sello sólo se muestra como un dibujo sobre la piel del usuario. Al liberarlo, sin embargo, el dibujo empieza a brillar, extendiendo un definido motivo por todo el cuerpo, regalando chackra contaminado a este sin inhibiciones. El chackra potencia a cada usuario de distintas formas, pudiendo disgregarse para fortalecer el cuerpo, o hacerlo más rápido, siendo definido esto por cada uno de los sellos y las propias facultades del sellador.
- Activar el sello consume una de las técnicas Chunnin disponibles.
- Tanto las marcas, el brillo y la localización del sello inicial son completamente libres a nivel estético. (Cambio estético de Joe: Su piel se vuelve morena, y su cabello pasa a ser blanco)
- Sin excepción, los sellos malditos hacen que al usuario lo ataquen ansias violentas, buscando cualquier persona con la que saciarlas. Aunque se guarda cierta cordura para distinguir aliados y enemigos, nunca dejará que sean otros quienes destrocen a sus presas.
- Cuando se activa, el sello confiere una bonificación definida en cada usuario. Ésta estará definida en el perfil del usuario y no podrá cambiarse bajo ninguna circunstancia, dado que el sello es inamovible.
- Se puede escoger entre un +2 en dos estadísticas o un +3 en una sola, siendo éstas completamente libres.
- La duración de la primera fase es de cuatro turnos máximo.
- Cuando la fase termina o se desactiva, el usuario recibe un retroceso por la energía anormal a la que se ha sometido, reduciendo las estadísticas bonificadas en su misma cantidad (si Velocidad y Fuerza recibían un +2, en el retroceso tendrán un -2) por el resto del combate, o hasta que pueda descansar durante unas horas.

Bonificación recibida: +3 a Ninjutsu.

Elemento Fuego: Jutsu Dragón de Fuego (火遁・龍火の術 Katon: Ryūka no Jutsu)
[Progresiva de efecto | Ninjutsu]
Una vez realizado los sellos necesarios, se extiende desde la boca una gran cantidad de fuego capaz de incendiar casi todo tipo de elemento a una velocidad impresionante, causando graves quemaduras. Si el daño se recibe directamente sería difícil continuar la batalla.

Fūin: Kyūshū (封印・吸収, Sello: Absorción)
Después de una serie de sellos manuales aparece un sello generado que el usuario puede elegir dónde colocar, dependiendo de sus capacidades. Sobre el lugar escogido, aparece el escrito kyū (吸, Absorción) en un tamaño variable según lo que desea sellar el usuario. La finalidad es el sellado de técnicas concretas, pudiendo eliminarlas por completo del campo de batalla cuando impactan sobre el sello. Únicamente es útil con técnicas que se propaguen de alguna manera, siendo incapaz de sellar Taijutsu por ejemplo. El chackra de la técnica sellada se conserva indefinidamente en un estado de suspensión dentro del contenedor. Es útil sólo sobre técnicas que no posean mayor poder que el del usuario, siendo un enfrentamiento contra el Ninjutsu de éste. En caso de ser menor el del sellador, la técnica ignora el sello. Una vez efectuado, el sello no se puede mover de sitio.

Hijutsu, Mushidama (秘術・蟲玉, técnica secreta, esfera de insectos): Aprovechando las capacidades de rastreo de los kikaichū, el ninja Aburame dispersa una gran cantidad de éstos en un área no superior a los treinta metros de radio. Al detectar el chakra del objetivo, los insectos esperan a la orden del Aburame para abalanzarse sobre éste, formando una esfera de insectos que no tarda en comprimirse, envolviendo completamente a su víctima. Los kikaichū comienzan a devorar el chakra de forma frenética a la vez que dificultan enormemente el movimiento de su presa, la cual, si logra escapar, no tardará en ser nuevamente perseguida por los insectos.
Caer en esta técnica implica perder Resistencia a razón de -3 por turno, pues se tiene todo el cuerpo recubierto de insectos. Cuando la víctima llega a 0, cae inconsciente por la falta de chakra en su cuerpo. Se puede huir saliendo de la zona efectiva de la técnica. La técnica dura tres turnos.


Técnicas disponibles: 5/8 Genin. 3/6 Chunin.
Yabuki Joe
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Re: — Flexible.

Mensaje por Akkarin el Dom Abr 15, 2018 7:37 pm



Definitivamente, el experimento había resultado mejor de lo que había esperado; mucho mejor, teniendo en cuenta que solo había tenido fe en levantar alguna columna de agua dispar. El calor abrasador, la potencia del agua correr a través de las columnas, el alcance…

Todo había salido como un afortunado accidente producto de la experimentación. Y, desde luego, le gustaba.

¿Problema? Tenía que estar canalizando constantemente el chakra en el suelo. Era una posición que reducía no solo sus reflejos; le obligaba a mantenerse en un mismo sitio, cosa que con el soldado iracundo y rabioso que cargaba contra ella con la espada de rayo, era contraproducente.

«Espera a que esté más cerca, espera…» se aferraba al mantra de la mente fría, del análisis que no influenciara a la picadura de ansiedad de un enemigo acercándose demasiado. Tal vez estaba ebria por el éxito, siendo imprudente; o tal vez realmente calculara bien su tiempo de reacción. Pero no iba a soltar su técnica hasta el último momento, confiando en que el juicio rabioso y nublado de su enemigo, y sus propias habilidades.

No hizo falta; una nube de insectos atrapó al susodicho soldado y lo dejó clavado en seco, en la misma charca de viscosidad. Se aferraban a él, y para Akkarin, era la primera vez que veía de cerca, el efecto de ese tipo de técnicas. «Curioso… así que eras de esa familia, chico» pensó con real satisfacción y un ápice de sorpresa; había jurado que se trataría de un don nadie, alguien que había tenido la suerte de vez en cuando de estar en el momento correcto, en el momento oportuno. Pero no olvidaba que había estado a punto de entrar en un contrato con él; de que lo habían citado en las propias tierras del Rayo. Era un soldado de algún tipo, y ahora, dos años después, conocía la razón: su arte, vinculada a esos combatientes que había escuchado y tenido la suerte de nunca luchar contra ellos.

El escalofrío al mirar la silueta carcomida por esos mismos insectos, fue la razón obvia de por qué ‘la suerte’. Era en sí, aprensiva a más no poder. Le resultaba alarmante que, con ese calor, el fuego, y en sí, la antítesis de la naturaleza insectívora, esa nube se hubiera movido sin problemas, y pudiera sobrevivir tan campante a esas condiciones. No eran simples bichos, seguro. Pero era un alivio que hubieran interceptado al soldado, y que se enfocasen en él. Le daba sincera grima solo pensar en tenerlos encima.

Con la cautela de un paranoide expuesto a una nueva variante, lentamente observó a los restos de los combatientes aún vivos; el agua, aunque demostraba ser una efectiva prisión con la combinación de viscosidad y quemazón, era lenta en hacer su efecto. Podía retenerlos, con la presión constante, incluso golpearlos. Pero no era nada elegante, nada definitivo. Una herramienta más.

¿Perdón? —habló por primera vez, cuando la figura de aquel que, en la catarsis de lo inverosímil, se había tornado en un efectivo aliado en el campo improvisado. Le perturbó el hecho de no haber notado como se acercaba, de cómo había en unos minutos, deslizado en su cabeza la presencia del potencial enemigo en alguien que no tendría esa etiqueta. Las alarmas en su cabeza fueron rápidas, y la tensión apareció en su cuerpo al instante; no por su presencia, no por lo que pedía. Era incluso risible que le estuviera pidiendo permiso, cuando apenas podían respirar el mismo aire hacía solo unas semanas en la sala de los feudales; era qué tan rápido se difuminaban las líneas—. Ah, ¿ellos? Sí, era el último. Me harías hasta un favor con los demás; yo los mantengo, tú haz lo que quieras. No deben quedar cabos sueltos —retomó la palabra, haciendo un gesto a cada uno; el final del mismo vino acompañada de una tos horrible; los pulmones se quejaban, estaba aspirando demasiado humo, todo porque no acostumbraba de inicio, a pelear en tales situaciones.

Pero no podía cancelar su técnica, y lo único que podía hacer ahora mismo, era no ceder ante el mareo. Una última mirada hacia él; el cambio físico era notorio, pero no tan alarmante como esperaría. No tenía ni idea de qué lo causaba, eran de esas cosas que se le escapaban, pero reconocía la sed de sangre; él, la tenía, algo que distaba del acobardado muchacho que tenía en la cabeza. Paradójicamente, admitía que era mil veces más tolerable así; saber que no era un simple cobarde, un huidizo suertudo. Daba pie a pensar que tal vez, solo tal vez, no era un inútil y sus prejuicios eran simplemente eso: prejuicios. Incluso si sus términos lo posicionan más cerca de convertirse en un enemigo peligroso, a cualquier otra cosa—. Me engañaste bien en aquel entonces, Yabuki. Perdón por juzgarte mal todo este tiempo, fue un error —vociferó con voz rasposa y tos entrecortada; un indicio de sonrisa afilada escurría por sus labios, pero era la primera vez que no mostraba abierta hostilidad hacia su persona, más allá de el repentino pacto de no agresión y alianza. No había miedo, ni el más mínimo indicio de horror; simplemente, admitía un hecho como si no le costase.

Ya parecía hasta infantil haber guardado tanto rencor. No, había sido infantil. Ya no podía permitirse esa clase de comportamientos, y sinceramente, le resultaban hasta obsoletos—. Un error infantil —murmuró para si misma, frunciendo el ceño; no cancelaría la técnica hasta que cada uno de los apresados fuera reducido, y una vez así, quitaría las manos del viscoso líquido; las columnas se romperían de repente, estallando y cayendo al suelo con un vaporoso sonido. Evaporadas, no quedaba fuente alguna de agua. La tos persistía, pero ahora que tenía las manos libres, estas cogieron en seguida uno de los trozos de la bufanda y la ataron alrededor de su rostro, dejando solo los ojos enrojecidos por la ceniza al aire. Mucho mejor, aunque el quemazón y mareo persistían por la inhalación anterior, ella misma usó sus manos para helar la superficie de sus telas; solo un poco, lo suficiente como para que el calor persistiera agravando los efectos de deambular por el incendio; era un ser humano, y su cuerpo, aunque entrenado, tenía límites. Sobre todo, cuando estaba entrenada para aguantar el hielo, no el fuego.

Ella misma se acercaría entonces al ahora peliblanco, sin entretenerse mucho en detalles; era funcional, sin pararse a pensar más en qué cambios había o cual era la verdadera cara del ahora conocido Aburame—. Romper la barrera dejará a los que la mantienen indefensos. Cubriré tus espaldas en todo momento.

No era una propuesta, o un ofrecimiento. Akkarin declaraba un hecho; la implicación de no dejarlo como carnada, indicaba entre líneas que no lo veía como un enemigo; potencial amenaza, sí, pero no era un foco de su rencor.


OFF:

Apariencias:

Akkarin (clothing):


Sin los colgantes ni nada similar. Cuando no lleva lo de invierno, los ponchos de arriba tampoco están.
Stats:

• Ninjutsu:  15
• Taijutsu: 12
• Genjutsu:  12
• Velocidad:  15
• Resistencia: 15
• Fuerza: 15
Técnicas:

Total: Genin - 8 | Chunin - 4
Restantes: Genin - 8 | Chunin - 3

Inventario:

• Senbons x10
• Kunai x10
• Sellos explosivos x2
• Bomba de Humo x2
• Bomba de Luz x2
• Vendas
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