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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Joining the Family.

Mensaje por Hushika el Jue Dic 21, 2017 11:05 pm



強い女性


The Family

Joining Cerberus





Taberna de la ciudad, por la noche.


Un brebaje venía, otro que entraba. Un manjar para el paladar de cualquier borracho de segunda mano. Pero, para Hushika, era un trago perfectamente simple. Siendo alquimista, incluso ella misma podría confeccionar una bebida así; la pereza le ganaba diariamente, por lo que prefería gastar parte de sus ryous en venir a este lugar, lleno de mugre y podrido por donde se mirase. La humedad se visualizaba en las paredes. Manchas negras, vaya a saber de qué estaban hechas, inundaban la vista de aquel pobre lugar. El aliento a alcohol, de toda la gente que allí transitaba, se podía oler a kilómetros de distancia. Pero aquello… aquello era disfrutado por la kunoichi.

–Un brebaje más… anciano. –Le decía al tabernero, algo borracha. Era un brebaje penoso, pero no tardaba en hacer efecto.

Hacía dos semanas que había llegado al País de la Cascada. A pesar de ello, una sensación de comodidad por el simple hecho de estar allí, invadía su cuerpo. Se sentía casi como en su casa. Disfrutaba de la gente de aquellos lares. Sobre todo, de la gente de aquel mundillo. El bajo mundo era un lugar no apto para cualquiera. Entrar era igual de sencillo que robarle una manzana a un mercader. Lo difícil, era ser alguien. Alguien reconocido. Hushika se había obsesionado con tomar el control de aquel mundo, con hacerse un nombre reconocido mundialmente. Lo estaba logrando; en muchos lados, las historias de la titiretera eran bien conocidas. Era una criminal, alguien que se oponía a la Ley.

Ya, incluso, había abandonado aquellos aires de justicia que la llevaron a corromper su estatus social. Ya no era guiada por aquel estandarte de bondad, a cualquier costo. Su fin no le justificaba los medios por lo que lo estaba realizando. No era aquello lo que la movía. La marionetista se había dado cuenta de que lo importante allí era el poder. Obtenerlo, mediante cualquier modo, era indispensable. No buscaba una venganza, una justicia a su manera. No era algo que le importase en este momento de su vida. Su cabeza había madurado, o al menos cambiado, evolucionado. Ya no se sentía como la misma muchacha que luchaba por el bienestar de los demás, para la salvación de su pueblo. Ahora, su pelea era por ella misma, por obtener el poder que tanto anhelaba. El control de ese mundillo la llevaba a querer llegar lejos, a querer tener información, a querer saber todo movimiento que pasase y del que ella no estuviese al tanto.

Había sido corrompida.

Entre el furgor de la taberna, entre los cánticos de los juglares, lo gritos indiscriminados de los borrachos, quienes caían al suelo y seguían tomando como si no hubiese un mañana, apareció un hombre. Misterioso, encapuchado, de nariz punteaguda y ojos casi blancos. Un aspecto fantasmagórico se asomaba en él. De tes pálida, incluso más que la propia kunoichi. Sus manos, por el contrario, eran ásperas; ampollas y callos regían en aquella piel, mientras que caminaba en dirección a la peliverde. Por alguna razón, nadie lo observaba. Simplemente, pasaba desapercibido. Se acercó a la shinobi, poniendo una mano sobre su hombro. Su cara, espectral,se acercó al oído de la muchacha, quien, a pesar de no hacer contacto visual con él, se había percatado de su presencia.

–Hay nueva información, madam. –Susurraba a la marionetista, quien no se mosqueó.

–La barra no es un lugar para hablar de esto. –Decía, aún sin mirarlo, con mucha discreción. –Vamos allí. –Replicaba, señalando con la cabeza una mesa que se encontraba en el lugar mas recóndito de la taberna, dónde practicamente la luz no llegaba.

Ambos se sentaron en los bancos de madera que bordeaban aquel mueble. Hushika se había puesto mas seria; aún así, no faltaba su botella de brebaje junto a ella. El misterioso hombre estaba ubicado justo frente a la adolescente, del otro lado del tablón de roble. Hubo un momento de silencio. La noche, tranquila, daba paz a los que estaban sentados. Las ventanas reflejaban la luz de las estrellas, aunque en aquel rincón era casi imperceptible. Una vela apenas iluminaba algunos centímetros de la zona, los necesarios para que ambos se viesen las caras. Era una escena que, vista desde fuera, parecía una invocación o ritual demoníaco.

–Escúpelo. ¿Que me has averiguado? –Preguntaba al hombre, refiriéndose a ella, quien lo contrató.

–Madam Kugutsu, he estado en estos lares durante unos días. Realmente, aquí hay varios especímenes dignos de su agrado. –Sonreía mientras lo decia, mostrando sus manos llenas de sangre.

–Eso es algo que yo misma voy a juzgar. –Replicaba a lo "dignos" que podian ser los resultados que había obtenido aquel individuo. –Estúpido, ¿No habíamos expresado muy claramente que no iba a haber violencia? –Observaba las manos del masculino, quien se reía mientras lo decía.

–Surgieron... iconvenientes... tuve que apelar al uso de mis habilidades manuales... –Respondía, obteniendo una fruncida de ceño por parte de la muchacha. No le dio mucha importancia. –Asumo que quieres ir directo al grano. Tú lo que buscabas era gente que pueda llegar a competir en este mercado, ¿Verdad? –Una pausa. Un silencio. Hushika seguía esperando. –Veo que sí. Dos individuos pueden llegar a ser de tu interés. El primero, una fémina que tiene algunos contactos aquí en el bajo mundo. No es una criminal reconocida, o al menos esa es la información que me llegó.

–Además de que tenga un par de contactos aquí, ¿Hay algo que la haga especial? Muchos se manejan con gente en estos lugares. Incluso tú, o un criminal de poca monta. –Preguntaba la kunoichi.

–En efecto, madam Kugutsu. Pero creo que hay un dato que será de su agrado. Esta mujer desestabilizó una banda que controlaba una gran parte del mercado negro de aquí; el tráfico de esclavos. –Hushika abrió sus ojos. –Por lo que pude averiguar, éste grupo tenia directa relacion con una pequeña mafia que se beneficiaba de este comercio. Por lo que, con ésta caída, el control del bajo mundo quedó aun más secularizado.

–Tenías razón. Era un dato que debía estar en mi conocimiento. ¿Pudiste averiguar cuál era su nombre?

–No. Sus contactos guardaron silencio, a pesar de mi uso de la fuerza bruta. A pesar de ello, pude obtener una descripción mas o menos decente y equitativa en todas las personas que cantaron. Es una kunoichi, igual que tú; un rasgi característico son sus ojos y cabello, azules como el cielo. –Hushika comenzó a pensar. –Y... su altura no sobrepasa la mia. Y eso que no soy muy alto. –Soltaba una carcajada, nuevamente.

–No... no puede ser ella. Era una misteriosa mujer... pero... ¿Tiene negocios y asuntos en esta zona del globo? –Pensaba en alguien particular. –Bien. ¿Qué me puedes decir de la otra persona?

–Ahhh, alguien aún mas interesante, pero con menos datos. Se ha visto a un ser extraño, misterioso, con algún defecto en la piel de su rostro, transitando estos lugares y realizando contacto con varias personas que conceden "trabajo" aquí. –Observaba fijamente a la ninja, quien ponía la mano en su barbilla. –Más que esa información no puedo concederte. Lo demás ya lo sabes; después de todo, esta zona de la ciudad está casi a tu disposición, madam.

–Gracias por la información, lacayo. Ahora lárgate de mi vista, y ten lo tuyo. –Decía, mientras le arrojaba una bolsa con algunos ryous, propios de la paga por la obtención de tan pésimos datos.

La marionetista estava ahora en una encrucijada. Conocía que otras dos personas estaban en el mercado, en aquel mundo. Tan sólo tenia su descripción fisica. Con ello le bastaba. Comenzó a hablar con la gente que había allí; contactos que ella tenía. Prácticamente, una movilización importante. Debía saber quienes eran. Era peligroso no saberlo; Hushika Kugutsu era un nombre reconocible en la ciudad. Que su competencia supiese su identidad, pero ella no la de sus competidores, era algo intolerable. Sobre todo, para alguien que controlaba los hilos de su mercado tan minuiciosamente como la muchacha oriunda del País del Viento. ¿Por qué no sabia de la presencia de estos dos individuos? No parecian tener relacion alguna. Por la descripción, uno se asemejaba a un mercenario, alguien que realizaba el trabajo y obtenia su paga. La otra, era algo más interesante; desbaratar un mercado de tráfico de esclavos no era trabajo fácil.

La pregunta que surgía en la cabeza de la kunoichi le quemaba las neuronas. ¿Quienes eran estas personas? ¿Las conocía?




1. Informante misterioso | #ff9933





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Re: Joining the Family.

Mensaje por Shitai el Miér Ene 03, 2018 5:27 am


Seguir a los candidatos interesantes, era parte de su nueva función. Pocos aspectos distinguían a aquellos que buscaban sobrevivir en los bajos mundos. Los que tenían mucho músculo pero pocas neuronas, se vendían al mejor postor como mercenarios. Aquellos que eran capaces de entender para qué lado giraba ese mundillo repleto de escoria, se percataban de que la información, terminaba siendo poder. Un par de meses habían transcurrido desde su encuentro con la fémina de cabellera turquesa. Habiendo dejado caer minuciosamente ciertas intenciones que involucraban a su persona, finalmente terminó por ser contactado por la hacedora de hielo. Shitai no estaba hecho para liderar; mucho menos para ser un combatiente en las primeras líneas de un grupo que suponía ser problemático en un futuro cercano. Él se limitaba a las sombras; a conectar cabos sueltos que podrían ser el martillo más poderoso del País de la Cascada. Han sido pocas veces que se le ha podido ver a ése individuo de parches violáceos, recurrir a la violencia. Enigmático, nunca ha mostrado ni un tercio de su potencial, ni tampoco se le ve interesado de formar algún tipo de reputación. No se le podía describir como un fantasma, puesto que para ello, tendría que haber estado vivo. Shitai únicamente ha sido avistado por una decena de personas, y su historial se encuentra apenas manchado. Era alguien sin ninguna clase de relevancia, ni un pasado interesante. "Así que, empiezas a moverte.¿Verdad, Akkarin Yuki?" un hombre sonreía con deformidad hacia el cielo estrellado, en las afueras de un bar de mala fama.


Era un misterio andante.


Pereza. El pelinegro nunca parecía mostrar ni un ápice de interés por las cosas que le rodeaban, y así, desviaba la atención de los demás de su peculiar apariencia. Parte de su torso era visible debido a la camisa blanca y estirada que llevaba; debajo de una chaqueta abierta de tono oscuro, maltratada, igual que unos pantalones negros sobre los tobillos. Parecía llevar prendas de ropa de varios talles diferentes. Ninguno el suyo. Desalineado, podría ser una forma de describir al sujeto con múltiples piercings plateados en las orejas y nariz. Parte de su investigación —o lo que sea que Shitai hace—, le había llevado a enterarse de un individuo muy interesante adentrándose al país. A pesar de que sus garras corruptas no pudieran caer sobre los demás paises, el de parches violáceos tenía acceso a varias redes de información en la Cascada. Gracias a la información proveída por Akkarin Yuki, y los rumores que el viento sopló desde el País del Fuego, pudo hacerse una idea sobre esa persona. Hushika Kugutsu; titiritera renegada con cierto renombre y de estética inconfundible. Era el tipo de personajes, que Shitai consideraba útiles para el nacimiento de una misteriosa organización. Otra marginada más; lista para ser recibida por las sombras que acechaban a ese país sumido en la pobreza y la desesperación.  

La paciencia era una virtud. Rezagado en su sitio, se aprovechó de una oleada de mercenarios entrando al local para mezclarse entre ellos. Ingresó al bar entre los demás, para separarse en el momento propicio como una enfermedad ingresando al sistema inmunológico de su presa. Escogió una mesa sencilla, en el rincón más oscuro y solitario de la taberna. Debido a las prendas que suele llevar y las "porciones" de piel oscura; aparentemente quemada, que abundan en su apariencia estética, era fácil camuflarse con la falta de luz. Otra parte de estar vigilando a un individuo tan peligroso como la Kugutsu, era evitar completamente el contacto visual. En raras ocasiones, los orbes celestes del criminal viraban en dirección a la titiritera, únicamente para asegurar la ubicación del objetivo. "Esto puede ser problemático..." ciertamente, no era lo que más disfrutaba hacer. Aprovechando el momento de tranquilidad, sacó el mismo pequeño libro que suele llevar detrás de la cintura, cubierto por la chaqueta negra. En él, abundaban los malos juegos de palabras. Pésimos chistes, que provenían de alguien con un humor de los más aburrido y genérico.

De repente, la aparición de alguien sospechoso, puso a prueba la atención dedicada al trabajo que tenía que llevar a cabo esa noche. Verificar el valor de un posible candidato. Aunque el muchacho de aspecto demacrado, por su actitud poco centrada y su supuesta falta de interés parece ser alguien de pocas luces, era alguien que sobrevivía usando la cabeza. Lógico y de movimientos premeditados, no quería perder el tiempo con mercancía de mala calidad. Cuando vió que el dúo se movía a la barra, aprovechó la energética clientela que se encontraba de pie en el centro de la taberna discutiendo por alguna estupidez que no merecía su atención, para acercarse más a ellos. Poco a poco; lo suficiente para captar algunas palabras. "Oh. Ése es el que causó problemas hace un par de días." por los ojos del misterioso hombre, reconoció el rol que estaba jugando dentro de ese local, esa misma noche. La información es poder.

Ella, era precavida. Apenas podía entender más que un susurro saliendo de su boca. Él, por otra parte, pareció ensalzar sus propias acciones primitivas, mostrando las manos ensangrentadas en una taberna que podía atraer fácilmente los ojos de cualquier humano lo suficientemente atento. Las palabras del masculino, resonaban con mayor claridad, y empezaba a disminuir la dificultad de rellenar los espacios vacíos de los detalles que no podía escuchar, con el pasar de las oraciones. Entonces, cuando la interacción entre la infame marionetista y el hombre estaba por concluir, los pasos de un muchacho de 1,80 metros de alto empezaron a sonar en las tablas de madera podrida que formaban el suelo del humilde local. Ambas manos se encontraban ocultas en cada bolsillo, y cabizbajo, cubría con rebeldes mechones de cabello, las "imperfecciones" de su rostro. — Espera un momento. — Vociferó con un pobre tono el de prendas oscuras sobre la última orden de la fémina, sacando su mano izquierda y frenándola a un centímetro del rostro del hombre. La voz se mezclaba entre un sobreesfuerzo de simpatía, con simple y llana burla hacia el masculino. Los dedos de su mano, amenazaban con sujetar fuertemente el rostro ajeno. Eso no podía ser suficiente amenaza. Lo amenazante, era un extraño humo oscuro que empezaban a desprender los dedos de ese sujeto. Como si estuviese por desatar una especie de poder si ignoraba su petición. Hushika una vez se enfrentó con alguien que podía crear llamas cerúleas. Este, podía formar de una mezcla entre el violeta y negro.
Sabes, este ineficiente le removió brutamente información a uno de mis contactos. Eso me ha causado la molestia de tener que venir hasta aquí en persona. —
El sujeto, extendía una sonrisa incompleta que mostraba solo la parte superior de su dentadura. Parecía no tener labio inferior. De hecho, la poca piel sana que tenía en el rostro, estaba sujeta desprolijamente por ganchos plateados. — Pensé que tendrías seguidores más decentes,
Hushika Kugutsu. —
Dejó caer sin más, acercándose tan solo un poco al oído de la infame criminal. Su mano, continuaba obstruyendo el paso de aquel infeliz. — Tranquila, no busco problemas. Probablemente me matarías si me meto demasiado contigo. — Su tono era provocador y poco respetuoso, pero no había sarcasmo en lo que había dicho. Consideraba la posibilidad de que Hushika podía matarlo en caso de hablar demasiado.



— Escuché que has estado haciendo muchas preguntas. — El tono de su voz, se convirtió en uno serio en tan solo un santiamén.




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Re: Joining the Family.

Mensaje por Hushika el Miér Ene 03, 2018 6:42 am


Taberna de la ciudad, por la noche.



La conversación con el misterioso informante estaba a punto de terminar. Las jarras de alcohol habían sido apoyadas sobre la mesa, mientras que la bolsa con algunas monedas, de ínfimo valor, estaba por ser abierta por el pálido hombre. De pronto, un hombre, o muchacho, se apareció a un lado de los tablones de madera en donde se encontraban sentados. Aquel tipo tenía un aspecto sumamente extraño; llevaba ropajes de distintos tamaños, de color oscuros en su mayoría a excepción de su camisa, blanca, que dejaba entrever un poco el pecho del masculino. Uno de los aspectos a remarcar de su apariencia, y prácticamente la característica que primero notó la kunoichi, fue su cara. Ésta no sólo parecía estar descompuesta, rara, sino que llevaba varios piercings, en su nariz y orejas. A simple vista, se trataba de un sujeto enigmático.

Éste puso su mano justo en frente del rostro del informante, quien no pudo evitar sentirse aterrado. Hushika, no obstante, se mantenía firme y tranquila. No creía que alguien hiciese algún acto violento en aquella taberna de poca monta, y mucho menos ante algún pobre diablo como lo era aquel zángano. De su mano, un humo oscuro comenzó a desprenderse. A pesar de ello, tuvo unas palabras muy serenas hacia la peliverde, las cuales dejaron tranquila la conciencia de la misma.  Recordó, vagamente, aquel enfrentamiento con Seiichi, debido al humo que salió de la mano del hombre, lo que llevó a hablar a la titiretera.

–Mis disculpas por cómo ha tratado éste vástago a tu gente. Sé que quizá no es un remedio para nada óptimo pero, ¿Por qué no te sientas y tomas un trago? Cortesía de la casa. –Intentaba apaciguar al muchacho, aunque no parecía tener intenciones de asesinar al informante. –Tú, imbécil. Lárgate de aquí o yo misma me encargaré de arrancarte los ojos. –Se refería al pálido, quién no dudó ni un segundo en retirarse de aquel lugar, dejando sobre la mesa la bolsa de ryous. –Oh, y ni siquiera perdí un centavo. Debe ser mi día de suerte. El pobre diablo se creyó lo de los ojos.

Escuchó decir al muchacho algo sobre sus seguidores. La adolescente esbozó una sonrisa, como dándole la razón a éste, mientras asentía con la cabeza. No tenía mucho más para decir; el masculino estaba en lo cierto. La gente de aquel bajo mundo no era una banda organizada de criminales. Eran simplemente borrachos que querían estar fuera de la ley, y que por sentirse poderosos se dejaban controlar como si fuesen marionetas. De ellos no surgía ni una idea, ni un gramo de información que les permitiese realmente tener algún tipo de posición en el mercado negro en donde se movía la mayor parte de la actividad criminal del lugar.

–Parece ser que me conoces. –Respondió, refiriéndose al momento en que el sujeto expresó su nombre. –Pero… no lo suficiente. No mataría a nadie aquí dentro. Exponerme a realizar un asesinato en un lugar público, a pesar de ser tan repugnante como éste, puede traerme problemas que alguien como yo intentaría evitar. –Hablaba hipotéticamente. Nunca se sabía cuándo podría usarse la violencia, aunque en una situación normal como la que planteaba, no lo haría.

El cantinero observó a la kunoichi, quien le hizo una seña para que éste comenzase a preparar dos de los tragos que venía tomando la marionetista. Antes de comenzar a hablar, debía tener una jarra de brebaje. Ya estaba acostumbrada a eso; aquel era su mundo. Disfrutaba de la compañía del alcohol. A pesar de eso, debía ser minuciosa. Estaba por entablar una conversación con un sujeto completamente ajeno a ella. Lo observó detalladamente. Concordaba con la descripción del informante. Éste era una de las personas que había nombrado. A pesar de ello, desconocía algo fundamental: Su nombre.

–Bien, parece ser que nos hemos olvidado la educación. Generalmente, antes de hablar con alguien, uno se identifica. Parece ser que tú a mí ya me conoces. Aún así, voy a hacerte los honores. –Estiró su mano, ubicándola en frente de él. Por supuesto, siempre hablaba con aquel toque irónico que la definía; el humor emanaba de ella. –Hushika Kugutsu, ¿Con quién tengo el gusto de hablar? –Era una criminal. Una escoria para la sociedad, una rata que caminaba entre ratas. No obstante, los modales no se perdían. Era completamente educada. –Y sí, estas en lo cierto. Tengo varias preguntas, aunque sólo una me interesa ahora mismo. ¿Por qué has venido a buscarme? Quisiera creer que no conoces mi nombre únicamente por haber venido a vengarte de un informante de poca monta. –Intentaba descifrar al misterioso muchacho, aunque parecía ser bastante reservado. La adolescente debía tener mucha calma y mucha labia para manejar esta situación.








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Re: Joining the Family.

Mensaje por Shitai el Dom Ene 28, 2018 1:02 am


El chackra violáceo que se estaba formando en la palma de las manos de peculiar apariencia, empezó a esfumarse tras oír la respuesta de la marionetista. Lentamente, el pelinegro descendió el brazo hasta volver a su posición rezagada de siempre, donde el desenlace de sus extremidades terminaban ocultándose en sus bolsillos. Tras la orden de la fémina, el vástago se retiró de la escena con el rabo entre las piernas. Escena que ningún otro presente decidió prestarle más de medio minuto de su atención. En un antro como aquel, nadie quería involucrarse en otros problemas que no fueran los suyos. Porque todo ser humano que pasa una noche en un sitio como ése, claramente tenía más de una problemática de la que ocuparse. Lo que vino después fue inesperado para el polo opuesto de la medicina encarnado. Una humilde invitación. Orbes celestes se desplazaron de una esquina a la otra; cubiertos a medias por párpados cansados. Estos, se fijaron en la fémina de colorida cabellera con una expresión seria que rozaba la antipatía. Difícil era saber si se trataba de alguien que no tenía ninguna habilidad para siquiera emular amabilidad, o era debido a su rostro incompleto. Aquellos ganchos que sujetaban la piel pálida a ese montón de tejido morado que parecía carne quemada, limitaban las expresiones faciales del criminal. Uno de sus rasgos (carencias) más visibles, era el hecho de no tener un labio inferior.

El muchacho no dijo nada. Simplemente, movió una banqueta que se encontraba a la derecha de la titiritera para tomar asiento. Apoyando los codos sobre la barra, los dedos de sus manos se entrelazaban a la altura de su rostro, cubriendo así tanto la boca, como el mentón de aquellos que decidiesen aventurarse y verle por un buen rato. Cabizbajo, su cuerpo entero apuntaba al frente, apenas mirando de reojo entre mechones oscuros de cabello a la otra criminal presente. Era inusual que alguien como Shitai se encontrase presente en un sitio como ése por un período de tiempo que superase los tres minutos, y eso se dejaba ver por su falta de interés en el líquido que acababan de invitarle a beber. El vaso de cristal bailó desde un extremo de la barra al otro tras haber sido impulsado por el cantinero, y este se detuvo justo frente al de aspecto demacrado, quien no realizó movimiento alguno. Tal vez, los intereses del chico distaban de las bebidas alcohólicas; o quizás era por algo más. — No tuviste problema en cargarte a esos monjes cerca de su propio techo. — Dejó caer con un tono de voz prudente, tras haber oído la postura de la Kugutsu en cuanto a los asesinatos en público. Incluso con la consideración de que esa mujer podría atacarle y convertirse en un adversario demasiado problemático, el de múltiples piercings era extremadamente directo en la comunicación. Posiblemente por el hecho de que al hablar tan poco, haya perdido las maneras con el pasar de los años. — La voz corre rápido. — Ciertamente, no es necesario tener una gran red de información para enterarse de un evento como ése en el mundo criminal. Incluso malhechores comunes y corrientes podrían haber oído de una marionetista asesinando a fieles sirvientes de los dioses, siendo masacrados en tierra sagrada.

La observación era mutua. Tanto el misterioso criminal como la marionetista, se estudiaban el uno al otro mediante la simple atención al detalle. Era algo básico en aquel ambiente, pues solo los que no bajan la guardia no se convierten en estiércol. El azul claro de sus ojos, se fundió en el líquido que seguía sin haber sido tocado en su vaso. La petición de la fémina era justa; las interacciones de ése tipo precisaban contribución equitativa de ambas partes. Lento incluso para responder, el muchacho se tomó su tiempo antes de volver a abrir la boca. — Puedes llamarme Shitai.— Miró su mano con notorio cinismo, sin siquiera mover un músculo. El tacto para el pelinegro, no podía tomarse a la ligera. Después de todo, así es como él normalmente corrompe a los demás con su elemento único.

Los dos brazos del que viste prendas de distintas tallas, dejaron de estar apoyados en la barra tras haber escuchado la pregunta clave por parte de Hushika. Estos se mecían suavemente, como si fuesen simples sacos de carne que colgaban de sus hombros. El cuello del pelinegro se estiró, dejando su cabeza también colgando mientras se inclinaba un poco hacia atrás. Casi cayéndose del asiento, su mirada se perdió en el techo. — Eres un individuo de interés. No eres aburrida, al menos. — Sus palabras parecían proyectiles siendo disparados sin ningún objetivo en concreto. Por su ruda forma de hablar, podría decirse que Shitai no hace precisamente muchos amigos. — Hace ya bastante tiempo, tras una gran problemática en el País del Rayo de la cual muchos detalles fueron ocultados al mundo entero, "héroes de guerra" fueron nombrados por su participación clave. — Estaba informado, pero a la vez reconocía los límites de sus conocimientos. Después de todo, no pudo saber lo suficiente de aquel evento. — Tú eres uno de esos 'héroes', ¿o me equivoco? — Los párpados se alzaron un poco para revelar enteramente la mirada espectral de Shitai, la cual se fijó en ella. Se podía percibir algún tipo de emoción detrás de esos grandes orbes, pero era difícil descifrar cual de todas. — Alguien que ha portado un título tan desagradable como ése, se haya convertido en un criminal tras haber cometido uno de los actos más atroces... Me interesa. — Una de sus comisuras se estiró en una media sonrisa algo deformada, que mostraba otra vez su blanca dentadura.


La conversación empezaba a tomar tonos tanto interesantes, como peligrosos.



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Re: Joining the Family.

Mensaje por Hushika el Lun Ene 29, 2018 6:42 pm


Taberna de la ciudad, por la noche.



Se observaban. Mutuamente. Se analizaban constantemente, sus gestos, sus miradas, incluso su forma de hablar. Sus tics, su respiración. Ambos estaban jugando a un juego de tira y afloje, mientras paralelamente mantenían una conversación entre ellos. El ambiente era propicio para ello; después de todo, ambos eran criminales, desconfiados por naturaleza. Asimismo, podía sentirse que sendos individuos tenían intenciones para con el otro. Expresamente, la shinobi nacida en el País del Viento preguntó a éste por las razones de su encuentro. Quizá, dando pie a una conversación que tendría tanto un resultado fructífero como quizá el peor desenlace. Nunca se sabía, y mucho menos con la inestable adolescente. Aun así, la tranquilidad se mantenía en el terreno de juego, al menos por ahora.

Era lento para hablar. Eso inquietaba un poco a Hushika, quien era absolutamente todo lo contrario; directa, tajante. No hiriente, pero no tardaba en demostrar cuales eran sus reales intenciones.

–Era morir a manos de bandidos o atacar a esos monjes. No tuve mucha elección. –Mentía, esperando que el muchacho se diese cuenta de aquello. Mientras pronunciaba estas palabras, soltaba una risa macabra. –O tal vez… ¿La tuve? –Observaba con locura y con una mirada esquizofrénica al individuo posado frente a ella.

No pareciese que disfrutaba del alcohol, al igual que la marionetista, quien podía pasarse horas y horas en aquella taberna del demonio tomando tragos y brebajes preparados por el anciano que trabajaba en el lugar, quien se había hecho millonario desde la llegada de Hushika al País de la Cascada. El masculino se presentó como Shitai. La fémina, con su mano derecha, tocó su pera, como intentando pensar si conocía de algún lado a ese nombre. Comenzó a buscar en sus registros mentales; parecía que no tenía ni la más remota idea de la existencia de este ser. Extraño, ya que conocía bastante sobre todas las redes de información que se movían a su alrededor. ¿Acaso era un fantasma? ¿Acaso era tan hábil para escaparse del control, casi titiretero, de la marionetista? Despertó su atención inmediatamente, si es que ya no lo había hecho, por el solo acontecimiento, fugaz, de pronunciar su nombre. La incertidumbre carcomía por dentro a la botánica, quien empezaba a tomar al criminal como algo serio e importante, no sólo un asunto de negocios cualquiera, como los que solía realizar día a día en aquel lugar.

Otras palabras calaron hondo en la mente de la alquimista. Su cabeza hizo una especie de click. Abrió sus ojos, quienes se tornaron un poco irritados, viéndose en ellos las características marcas rojas que aparecen cuando las orbes activan sus vasos sanguíneos, que se manifiestan en aquellos órganos. Esto era una señal en su transtorno; ya no era ella. Esperó a que el muchacho terminase de hablar. Después de todo, no era una bestia sin coherencia. Sabía que estaba teniendo una conversación. Su postura, incluso, cambió. No era la misma, tranquila e inmóvil. Ahora… parecía más tajante, no agresiva, pero sí que era evidente que no estaba esperando pacientemente para hablar. Podía sentirse un impulso sumamente negativo, un impulso casi animal, malvado incluso.

Soltó una carcajada. Una que podría haberla escuchado cualquier individuo allí presente si no hubiese habido tanto ruido y murmullo. Con su mano derecha, particularmente con sus dedos índice y central, bordeó su ojo oriental. Agachó la cabeza un poco, sin dejar de mirar en ningún momento a Shitai. Era una escena sumamente extraña. Era muy normal incomodarse frente a esa reacción de la fémina. Se reía, por lo bajo. Parecía desquiciada.

–¿Héroe de guerra, eh? –Su tono de voz incluso había cambiado. Casi que usaba el aire para hablar, y se lo notaba algo más ronco. No grave, incluso era un poco más agudo, pero sí que los sonidos que se emitían eran roncos. –Aquello no fue una guerra. Fue una masacre, una carnicería. Nunca fuimos héroes de nada. Nunca fuimos héroes de nada. Nunca… los que peleamos allí… no fuimos héroes. –Repetía la misma frase. Parecía una esquizofrénica. Intentó calmar su respiración, y recuperar la cordura. Los horrores allí vividos, claramente, le jugaban aún, después de tanto tiempo transcurrido, una mala pasada. Sin dudas, el hecho había sido traumático totalmente. –No me considero una heroína. Creo que ninguno de los que participamos en esa matanza nos consideramos de aquella manera. –Miraba fijo al muchacho. –Sólo fuimos supervivientes. No héroes, como piensa el común de la gente. Quizá es que por ello nadie puede entender por qué alguien tan “honrado”, puedo haberse “transformado” en lo que soy ahora. En el País del Rayo soy conocida como una especie de salvadora. En el País del Fuego… lo contrario. Simplemente, hay una relación entre ambos actos. –Intentaba responder al interés explícito del masculino. –Tanto en los acontecimientos ocurridos hace tiempo, como en los más recientes, hay un ítem en concreto similar y común a ambos. El poder. –Hizo una pausa. Ya estaba calmada. Volvía a ser la de antes. –Todos luchamos no sólo por sobrevivir, como parece que hicimos en aquella masacre, sino que lo hacemos por poder. De alguna manera u otra, todos queremos obtenerlo. Sea un poder físico, o un poder social, económico. Una posición de poder. Quizá por esa razón es que ahora soy quien soy. Descubrí, a lo largo de mis viajes, que el bajo mundo ofrece posibilidades de alzarse con riquezas y de escalar en una posición de poder, sumamente fácil si es que se tiene la habilidad necesaria. –Sonrió apenas, aunque era visible. –Y… parece que la tengo. Por supuesto, disfruto de todo este mundillo. Es entretenido, y sumamente fructífero. –Apoyaba sus manos, por fin sobre la mesa, acercando su cara a la del muchacho. –No me importa que pertenecer a este mundo me traiga consecuencias negativas. Es parte de vivir aquí. Asesinar a unos monjes, manejar redes de robo y tráfico de armas y mujeres, ser buscada internacionalmente. ¿Qué importa? ¿Quién es el que juzga lo moralmente correcto y lo incorrecto? Lo que importa es el poder.

El monólogo de Hushika había sido extenso. A pesar de ello, sabía que este individuo era alguien inteligente. Todas esas palabras jamás podría habérselas expresado a uno de sus ayudantes, ya que carecían de la capacidad mental necesaria para entender la raíz de las causas de la marionetista para ser lo que era ahora. Ellos se movían por el dinero. Quizá por esas razones eran sólo mercenarios de poca monta, y la adolescente era la líder que controlaba a todos esos borrachos. Se centró, ahora, no en ella. Se centró en el muchacho. Ya había hablado mucho de sí. No quería quedar como una ególatra. Podía no tener los valores morales demasiado claros, pero sus modales estaban intactos.

–Creo que, aunque yo pueda parecerte interesante, es aburrido que hable únicamente de mi misma, ¿No es así? –Sonreía, mostrando que también era humana. A pesar de estar desquiciada. –¿Qué hay de ti? ¿Qué piensas sobre lo que he hablado? ¿Por qué estás en este mundo... el bajo mundo?








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Re: Joining the Family.

Mensaje por Shitai el Mar Feb 20, 2018 7:06 am


La poca luz de aquel sitio, y la multitud de individuos que intentaban no llamar demasiado la atención, lograban que una conversación posiblemente memorable, pasase completamente desapercibida. En la mano izquierda del desalineado muchacho, seguía bailando un bisturí sin ninguna marca o señales de uso reciente. Podía verse que era ligeramente hábil con él, mas no era una herramienta que el de parches morados utilizase para el asesinato. De todos modos, sería estúpido descartar la posibilidad de que ya haya sucedido. Opuesto a la fémina que también se encontraba sentada con la barra de madera un poco más abajo de la altura del pecho, Shitai era un ser que parecía no tener aquellos modales tan bien marcados. Su capacidad para ser directo y el vocabulario que normalmente usa, pueden revelar la carencia de una gran educación. Por supuesto, también podía ser parte de su personaje, dado que ése cadáver andante era tan vacío por dentro, como por fuera. Un cascarón.

Tras haber sacado a la luz el incidente de la Kugutsu con los monjes en el País del Fuego, el pelinegro se percató de un cambio brusco que él conocía bien. Algo, no sabía precisamente qué, llevaba roto en esa mujer hace ya mucho tiempo. A diferencia de una reacción que pudiese revelar miedo por parte del enigmático criminal, o tal vez una fuerte impresión, solo cambió la mueca en su rostro. De la forma que entrecerró los ojos, no se trataba del usual aburrimiento por el cual Shitai podía ser distinguido, sino de auténtica molestia. Fastidiado, incluso el único labio de su boca se alzó un poco en una especie de desprecio, y alerta. — No disfruto de la compañía de psicópatas como tú. Son demasiado erráticos. — Su mirada volvió a perderse en las cáscaras de maníes que algunos de los locales habían comido sobre la barra, volviendo a mostrar un rostro sin una pizca de carisma. El momento para distraerse, pero, le duró poco tras haber escuchado una carcajada de lo más anticlimática, la cual provocó que sus párpados se alzasen de forma brusca y los orbes virasen directo hacia la mujer que tenía al lado. Se encontró con una indomable cólera, y Shitai, por primera vez en mucho tiempo, fue tomado con la guardia baja.

Leer un rostro incompleto, podía ser tarea difícil. Sin embargo, sus ojos seguían siendo los de un ser humano; dos ventanas directas que destapaban algunas de las reacciones que se escapaban de su control. Aquella señal de peligro, había tensado la mano que jugaba con el instrumento quirúrgico, dejándolo quieto con la presión justa para ejecutar una apuñalada de ser necesaria. Necesidad. El misterioso sujeto no parecía ser del tipo que tuviesen, de repente, la necesidad de defenderse de una —aparentemente— simple mujer, en un antro cualquiera. El verde agua en las esferas que contrastaban con el resto de los tonos oscuros de Shitai, mostraron cierta pasión por el principio del monólogo que estaba haciendo Hushika Kugutsu. Solo podía imaginarse los horripilantes secretos que seguían ocultos debajo de los escombros de la batalla de Nekurobare. Recordó con disgusto a otro sujeto que se había topado en el pasado; uno que se enteró años después, de que también había participado en esa misma noche infernal. El resto de lo que dijo, fue mero objeto de estudio para el vocero de Akkarin Yuki. Asegurarse de que no fuese demasiado inestable, era una de las funciones que el de chaqueta negra estaba cumpliendo esa noche. Además de eso, Shitai no parecía compartir la visión que la Kugutsu tenía por el poder, o simplemente no tenía ningún argumento en su cabeza que quisiera disparar para contradecirla. Así como sucedió en su encuentro con Yottan, las metas personales de cada uno de la panda de marginados que estaba reclutando, no podría importarle menos. El modesto muchacho, podía incluso hacerse una buena idea de los objetivos que tenía su futura líder de cabello turquesa. Algo, pero, continuaba faltando en la pintura final.


¿Qué había de ese estirado y desalineado criminal?
¿Qué objetivos podía tener una persona así?


Sonriente y engreído. Cuando la titiritera se acercaba lentamente al rostro del zaparrastroso joven, se encontraba la misma sonrisilla que buscaba echar sal a cualquier herida que pudiese encontrar. Era muy distinta a la sonrisa que Hushika podía dibujar de vez en cuando. La de la fémina, era cómplice de una indescriptible locura, mientras que la de Shitai, parecía la de un simple abusón. Incluso sus gestos faciales no decían nada sobre él. Finalmente llegaron el tipo de preguntas que muchos se hacían al final de una conversación. La información transmitida de esa manera, supone una reciprocidad implícita que muchos esperaban que él fuese a cumplir. — Dudo que mi historia sea la mitad de interesante. — Codos en la mesa, y con ambas manos sosteniendo su cabeza, dejó caer el bisturí en su propia bebida, viéndose aburridamente pensativo. — Acabé siendo un asesino serial que lo ha perdido todo a causa de sus propias acciones. — Se tomó el placer de una pausa tendida. Por primera vez, el entrecejo de Shitai tembló levemente, mostrando aparente dificultad para abrirse. Lentamente, se inclinaba hacia atrás, dejando que su despeinada cabellera cubriese sus ojos al dejar su mentón apuntando al techo. — Mi pasado... sigue atormentándome. — Dejó de hablar por más de un minuto. Podía ser una pieza clave en el rompecabezas que era el trasfondo de Shitai.


¿O no?


— ¿Eso sonó lo suficientemente convincente? — Brilló entre tanto cabello, sus ojos abriéndose de par en par bruscamente. Con la misma sonrisa burlona de siempre, pero esta vez, podía haber un poco de aquel factor retorcido que Hushika también posee. — Nombres; mi pasado... — Disminuía gradualmente el tono de su voz, a la vez que esa mueca era una más natural y serena. — Escríbelo tú mismo, si quieres. A mí me da igual. Confórmate con la mejor versión que se te pueda ocurrir. — Volvió a comportarse como el mismo idiota antipático del principio. Parecía incapaz de ser simpático una vez, para variar. Quizás por la áspera sequedad que arrastraba alguien tan desinteresado por su propia capacidad de respirar. — La lucha por el poder, le pertenece a los seres vivos. — Concluyó a todo lo demás, limpiándose las manos de una opinión mucho más personal. ¿Qué estaba insinuando? Sin importar qué era, aguardó a que ella decidiese decir algo más.


— ¿Por qué no vamos afuera e intentas quitarme la información por la fuerza, maldita demente? — La vió de reojo con un ardor que antes se encontraba totalmente ausente y una expresión burlona. El cambio había roto la delicada —pero pacífica— atmósfera que habían creado con el intercambio de palabras. ¿Había acaso alguna razón para haber hecho eso, o era simple y llano deseo suicida?





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Re: Joining the Family.

Mensaje por Hushika el Miér Feb 21, 2018 12:25 am


Taberna de la ciudad, por la noche.



Las palabras del misterioso joven hacían cada vez más y más efecto en la retorcida mente de la kunoichi. No largó datos que Hushika pudiese tomar realmente; es más, poco le interesaban las cosas que había dicho. Ella, normalmente cerrada, había podido abrirse ante el individuo. Quizás la diversión de contar su pasado, de vanagloriarse de cosas realizadas en éste, o incluso el interés que sentía por el masculino posado a su frente la habían hecho cantar de más. Nada grave; su información podía, como también no, ser creíble. De todas formas, no eran aquellos asuntos los que la atendían en aquel momento. Las expresiones en el rostro de quien se hacía llamar Shitai cambiaban. Inquietaban a la marionetista, una y otra vez. Parecía algo egocéntrico. O al menos eso podía percibir la peliverde, quien no toleraba que alguien intentase sobrepasar su posición. Mucho menos allí, en aquel bajo mundo, en su mercado, en su zona. Su tono de voz, sus movimientos. Todo indicaba a que su arrogancia estaba por las nubes, a visión de la alquimista.

Antipático. Así sonaba. Un sentimiento dentro de ella, de la adolescente, comenzaba a surgir. No era odio, aunque se le acercaba mucho. El odio nace en contraposición a algo, un sentimiento meramente pasional y que une o ata a la persona quien lo padece con otra, como si de una enfermedad se tratase. Aquello no era odio, era otra cosa. Sentía un rechazo total hacia cada mueca, cada palabra que salía de la boca de aquel hombre. Sentía como no toleraba su mera presencia, ni siquiera su respiración. Sentía cómo había traicionado su propia confianza, su educación; ella había respondido sus inquietudes mientras que él apenas había balbuceado algunas cosas sin rumbo y sentido aparente. Era… desprecio. No era odio hacia el parcheado, sino un desprecio a su forma de ser.

Su psiquis, como de costumbre, comenzó a hablarle a sí misma. En su mente, dos personas chocando, una y otra vez, constantemente. Parecía tener dos almas, incluso, si existiesen de tal manera. Su trastorno la había dejado con secuelas, e incluso en los tiempos recientes, todavía más marcada era su bipolaridad. Sus dos yo, atrapados en aquel joven y adolescente cuerpo femenino, obligado ahora a tener que sufrir eternamente la lucha entre dos personalidades opuestas. Aún así, como pocas veces habría ocurrido a lo largo de la vida hasta ahora de la kunoichi, estuvieron de acuerdo en algo.

–Es un ser detestable. –Casi al unísono, al mismo segundo, ambas pensaron lo mismo, dentro de su propio ser. No eran de hablar, sino más bien de compartir pensamientos.

Mientras Shitai hablaba, y seguía con sus pocas palabras, un silencio se hizo en la conversación. Hushika no escuchó lo último que dijo; no estaba atenta ya a nada de lo que saliese de su garganta. Éste había expresado algo sobre el poder, y el monólogo que había propiciado la kunoichi segundos atrás. Ahora, hablaba de seres vivos. Simplemente, la marionetista no lo había oído. En su cabeza, la pelea volvía a aparecer. Si bien concordaban en su sentimiento hacia él, su forma de actuar iba a ser distinta.

–Matémoslo. Ya mismo. –Se decía en su mente, sin mover absolutamente los labios. Clavaba su mirada en el muchacho. –No, idiota. No debemos ensuciar nuestra reputación aquí; después de todo, alguien eventualmente buscará venganza contra nosotras. –Trataba de calmarse; dudaba si en realidad eran dos personas las que se hablaban en su cerebelo. –¿Vengarse? ¡Este tipo no tiene a nadie! Tan sólo míralo. ¿No te dan ganas de matarlo? –Su pregunta, en una milésima de segundo, se respondía sóla. –Claro que sí. Pero hay que contenernos. No somos asesinas.

Por supuesto, Shitai la estaba llevando a un juego que la titiretera no tardó en jugar. Aún así, no sabía qué tan buen jugador era él. Tan sólo entró sin pensarlo. Las intenciones de este individuo podían verse claras; quería provocarla. Claramente, lo estaba logrando. Una parte intentaba evitar la lucha, evitar el conflicto. Hablar, simplemente. Mostrarse calmada, educada y a la altura. Eso quizá irritaría al parcheado, o quizá no. Tampoco lo sabía. Pero, por otro lado, sentía deseos de matarlo. Cerrarle la boca, rebanarlo a veinte trozos y quitarle todas sus extremidades, mientras éste se encontrase vivo. Su actitud había colmado en la mente de la mujer.

Un comentario, uno sólo. Tan sólo una palabra bastó para que aquella paz que intentaba mantener se desbaratara en una victoria para una de las dos personalidades que vivían dentro de ella. Y, por supuesto, no era la persona cuerda y serena quien se tornó vencedora en aquella disputa mental. Demente. Lo que el pelinegro no sabía –o sí, tal vez– era que, pronunciando esas tres sílabas en conjunto, había abierto una puerta que difícilmente, en aquel momento, volviese a cerrarse. El masculino conocía o tenía información sobre la peliverde, pero ésta no podría decir lo mismo sobre quien tenía en frente. Se sentía acorralada, atrapada como una presa. Había caído en una trampa, bien articulada por las palabras de este tipo que, evidentemente, estaba buscando algo de la niña. ¿Una reacción, tal vez?

–¿A quién… a quien le dices…? –Su jarra, vacía, era tomada por una de las manos. La oriental, para ser exactos. –¿¡Demente!? –Este objeto era explotado contra la pared más cercana del lugar. Ya el ambiente, la atmósfera de paz, había cambiado. –Te enseñaré a cerrar la boca. No voy a montar un espectáculo aquí. El viejo me mataría si tuviese que hacerlo limpiar tu sangre, mucho más ocuparse de tu cadáver. –Sonreía. Sus ojos se abrían, mientras clavaba sus pupilas en línea recta a Shitai. La locura se había apoderado de ella.



✧✧✧



Sus manos se apoyaron sobre su mesa. La escena que había armado no era desapercibida por los demás habitúes de la taberna, quienes observaron como la adolescente se paraba de su asiento y caminaba hacia afuera. Tomó su bolsa de boticaria, aunque en ella no había hierbas. Sus pergaminos, siempre ocultos bajo aquella túnica tan particular. No habría otra opción; en el bajo mundo, sobrevivía el más fuerte. O al menos, el más astuto. El masculino parecía irradiar astucia, aunque habría que comparar ahora la fuerza de ambos.

La noche parecía estar tranquila. No era una parte muy poblada de la ciudad. Más bien, una zona despojada de ciudadanos. No obstante, tampoco era un área rural; a sus lados, a cinco metros de cada uno, había construcciones de no más de tres metros de altura, separadas entre sí por pasillos de dos metros de ancho, sin saberse la profundidad de los mismos. La luz que podía verse era gracias a las antorchas que cada una de estas construcciones poseían. Dos a cada lado de sus entradas. La distancia que separaba a los individuos era de seis metros. Como si en un duelo del oeste se tratase, cada uno al salir de aquel antro fue para un lado. Hushika hacia su izquierda, Shitai a la derecha. Se veían cara a cara, aunque de lejos.

La niña tomó su capucha, mientras se la bajaba. Con su mano derecha, buscaba de su espalda lo que, luego de mostrarlo, parecía ser un pergamino. Lo elevó, mostrándole las inscripciones al pelinegro. Podían leerse dos kanjis en él. Ari y Koma. Tenía una sensación extraña; una especie de deja vú. Había tenido un combate similar en el pasado, que le había costado una gran quemadura en su brazo –aún visible, si se quitase la túnica–. No volvería a repetir ciertos errores de aquella vez. Lo inscripto en estos papiros se activaba, mientras una pequeña cortina fugaz de humo casi invisible, disipada al segundo, desplegaba dentro de ella lo que en el objeto estaba sellado. Luego de ésta, aparecieron dos artilugios. Uno, controlado con los cinco dedos de su mano oriental. El otro, alzado por tres de estos –aunque de su otra mano–, desde el central al meñique, anular incluido. Un trompo punzante de un metro y medio era el primero, mientras que el controlado por la extremidad occidental era una hormiga de acero y madera, de cuarenta centímetros aproximados de largo y ancho.

–Pareces saber mucho sobre mí. ¿Quieres que te enseñe algo más? –Sonreía, mientras mostraba sus dientes cuando lo hacía. Parecía una bestia.

Con un movimiento largo de su brazo derecho, éste fue estirado hacia atrás y luego, con impulso, hacia adelante. Los hilos de chakra que manejaban a la primera marioneta se llenaron de energía que, rápidamente, hizo que la herramienta flotante se moviese hacia adelante, en línea recta, llegando a cubrir la distancia salvada entre los individuos, esos seis metros, en un lapso mínimo de tiempo. Su velocidad era considerable. Lo que realmente hacía peligroso a ese ataque, era el giro sobre su eje que daba el trompo. La energía enviada a los conductos que movían la creación de madera propiciaba que pudiese girar con gran rapidez. Sus kunais serían letales si le impactaba de lleno.

Ahora, el extraño muchacho se encontraría en una situación dura. Tendría que esquivar aquella embestida filosa del artilugio de la peliverde, o estaría en un estado crítico. Además, el otro títere de Hushika todavía se encontraba a su lado, posado treinta centímetros adelante del pie izquierdo de la adolescente, esperando para entrar en la batalla, sea de forma ofensiva o defensiva.



¿Cómo se desarrollaría el combate?




DATOS:

STATS Y TÉCNICAS:
Ninjutsu: 10
Taijutsu: 7
Genjutsu: 7
Velocidad: 10
Resistencia: 10
Fuerza: 10


Chakura no Ito (チャクラの糸, Hilos de Chakra) [Nv.1]:
Es la habilidad única de los miembros de éste clan. Gracias a ella pueden emitir una fina corriente de chakra, en forma de hilo, con la cual manejar las marionetas a su antojo. Los recién iniciados en el control de ésta técnica necesitan de una mano completa para manejar una marioneta mediana o de al menos tres dedos para manejar una marioneta pequeña. Los hilos pueden extenderse hasta los diez metros en cualquier dirección y pueden o no ser visibles a simple vista, dependiendo esto último de si el usuario así lo desea o no. Estos hilos pueden ser cortados como cuerdas normales, pero sólo por técnicas de Kenjutsu del mismo rango o superior. Sólo cuenta como un jutsu cuando se activa la primera vez, pudiendo activar ésta técnica y otras dos en ese mismo turno -aunque no resta un jutsu a utilizar de los que tenga el usuario- y luego puede ser mantenido por tantos turnos como resistencia tenga el usuario -10 de resistencia = 10 turnos mantenido, por ejemplo-.
Turnos mantenida: 1.

Kyougure no Jutsu (何の術を):
El marionetista envía una gran cantidad de chakra hacia los invisibles hilos y rápidamente, genera un movimiento circular que provoca a la marioneta girar a una gran velocidad, cortando (con sus kunais) todo lo que toque en el camino. La velocidad con la que se mueve, tanto en circulos como para los lados, varía segun el nivel que el usuario posea en Ninjutsu.

Técnicas totales: 8 Gennin.
Técnicas usadas: 2 Gennin.
Técnicas restantes: 6 Gennin.
INVENTARIO:
▲ Bélico:
-Marionetas.
-Venenos (Bomba de gas (x1) y frasco de veneno líquido).
-Pergamino Mediano (Sellado: Koma y Ari). Liberados: Koma y Ari.
-Pergamino Mediano (Sellado: Senshi y Kumo).
-Senbons (x5).
-Cascabeles (x5).
-Senbons con Cascabeles (x5).
-Bombas de Luz (x4).
-Bombas de Humo (x1).
MARIONETAS EN USO:
Koma

Descripción Estética:
Está englobada dentro de la categoría de marioneta mediana. Mide un metro veinte de alto y un metro de ancho. Tiene la forma de un cono y una piña, semillas que caen de los árboles, y tiene bastante versatilidad ya que es liviana.
 
Descripción técnica:
Compuesta en su totalidad por madera firme de roble, asemejándose a una piña. En sus laderas, tiene compartimientos con kunais impregnadas en ellas, para hacer los giros filosos y que cualquier shinobi que tenga contacto con éstos, mínimamente reciba cortes que varían según la fuerza con la que se esté efectuando el ataque o la defensa. Es una marioneta principalmente de tipo ofensivo, aunque sirve como defensa (produciendo posiblemente daños colaterales, ya que su principal arma no es controlada).
 
Habilidad:
-Kyougure no Jutsu (何の術を): El marionetista envía una gran cantidad de chakra hacia los invisibles hilos y rápidamente, genera un movimiento circular que provoca a la marioneta girar a una gran velocidad, cortando (con sus kunais) todo lo que toque en el camino. La velocidad con la que se mueve, tanto en circulos como para los lados, varía segun el nivel que el usuario posea en Ninjutsu.
-Esta marioneta posee el veneno Danza del Pétalo en sus kunais.
 
Ventajas:
Es muy rápida y grande, puede ser devastadora con los giros y kunais que ésta posee, el mínimo contacto genera cortes.
 
Desventajas:
Está hecha de madera, por lo que es débil contra el Katon y Suiton, además de ser un arma de doble filo, puesto que el más minimo roce, con cualquier persona, genera cortes, sean aliados o enemigos.
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Ari

Descripción Estética:
Está englobada dentro de la categoría de marioneta pequeña. Mide cincuenta centímetros de largo por cuarenta de ancho, teniendo en cuenta las patas, meramente decorativas.
 
Descripción técnica:
Compuesta en parte por madera y en parte por acero, esta marioneta se especializa en el ataque con sus tenazas manejables desde los hilos de chakra. Al ser más pequeña y hecha de un material un tanto más resistente que la madera en sí, son un utensillo difícil de romper y muy bueno en combate, su poco tamaño hace que sea difícil verla si estás concentrado en otra parte del campo de batalla, aunque su utilidad como su ofensiva pueden ser letales.
 
Habilidades:
-Tenazas: Principal forma de ataque de este conjunto. El marionetista puede utilizarlas como ofensiva, pueden cortar, individualmente, hasta cables de hierro, alambre, hilo, seda y lino. En cantidad, la piel humana es capaz de recibir serios cortes y varios de estos ataques prolongados son letales, según el punto corporal que muerdan.
-Primer compartimiento: Su parte media, luego de la cabeza, alberga una bomba de humo, utilizable una vez por batalla (luego de la pelea, el marionetista la recarga).
-Cola: Su cola, que pertenecería a su segundo compartimiento, posee una forma de la punta de un kunai, por lo que actúa como si de un aguijón se tratase, teniendo otro método de ofensiva.
-Esta marioneta posee el veneno Danza del Pétalo en sus tenazas.
 
Ventajas:
Resistente y rápida, debido a su bajo tamaño. Si no se está atento, es difícil de tenerla en cuenta, por lo que produce ataques sorpresa.
 
Desventajas:
Al estar compuesta en parte por acero, es débil al elemento katón. No tiene la capacidad ofensiva de una marioneta mediana ni la capacidad defensiva de una grande.
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Re: Joining the Family.

Mensaje por Shitai el Miér Feb 21, 2018 7:48 am


Era, posiblemente, una aproximación que había resultado obvia para la titiritera. Una injustificada provocación, disparada justo a la yugular del orgullo de cualquier combatiente que haya estado dando vueltas por el mundo Shinobi por un buen tiempo. Shitai rara vez dejaba en claro y de una forma tan directa, lo abierto que estaba a pelear contra alguien. Además, estaba tratando con una Kugutsu que ya se había hecho escuchar en diversos países con sus acciones. El de cabello negro y erizado, observaba cuidadosamente los catastróficos resultados de sus últimas palabras, ocultando el fuego que había mostrado momentos atrás, debajo de sus párpados pesados y mirada cansada. — Vaya... Alguien bebió de más. — Se escapó de su boca con un arrogante tono de voz; esta vez bajo un semblante indiferente ante el gran estruendo que provocó la jarra al destruirse en miles de pedazos contra la pared. Aquello, atrajo la atención de todos los locales como una alarma para incendios. Algunos, se atrevieron a comunicarse mediante susurros, sacando conclusiones que podrían llenar el vacío de esa escena bajo los ojos de nuevos espectadores. No había contexto. Muchos, pudieron reconocer fácilmente a la fémina que vestía prendas discretas por la cólera que emanaba su mirada. Para el caso del sujeto restante, las preguntas normalmente trataban del mismo tema: Su apariencia.

Silencio en el antro. Una creciente figura en el mundillo criminal, estaba por enfrentarse con un individuo del cual nadie había escuchado nada. Cuando llegó el momento de salir, los pies del estirado muchacho aterrizaron sobre el piso de madera, tras haberse despegado de la banqueta con un leve y desganado saltito. Lejos de liderar el camino, volvía a esconder sus manos en los bolsillos, encorvándose un poco a causa de la falta de energía que parecía estar padeciendo. Era todo lo contrario al combatiente común y corriente, pues no sentía ni un ápice de emoción por estar jugándose la vida en una situación de dudosa valía. Tampoco parecía molesto con la marionetista; no tenía motivos para estarlo. Se comportaba, como de costumbre, como un ser ajeno a los eventos que seguían desencadenándose frente a sus ojos azul cielo. Paso tras paso; protagonista del más lento andar, los zapatos de Shitai hacían un perfecto resonar entre los tablones de madera. Se percató de que sería un gran sujeto de evaluación para su nuevo adversario, pues tendría que lidiar con un oponente experimentado en contiendas de ese estilo. Será la de cabellera verdosa con vívidos deseos de matar, la que se aventure al final del combate, pensando el nivel de experiencia que el rezagado muchacho podía llegar a tener.

«Qué basural» los pensamientos del menos energético de los dos, se desviaban tras mirar las casas que se encontraban por los alrededores. Nada que no hubiese visto antes; un montón de edificaciones que se adecuaban al nivel de escoria y pobreza en aquel país. Eso no era motivo de disgusto para el de numerosos piercings. Lo que sí podía ser una preocupación, era lo metida que Hushika estaba ahora en su propia ira. Se había metido en otro compromiso con el derramamiento de sangre —la suya, posiblemente—; era la única prueba necesaria para demostrar cuánto no había aprendido de su encuentro con Yottan.

El punto de partida terminó siendo señalado por la forma en que los dos se separaron. Lejos de querer jugar limpio o respetar cualquier tipo de regla que pudiese estar implícita en ese tipo de encuentros, el pelinegro realizó dos secuencias de sellos cuando le dió la espalda a la fémina, para intentar cubrir sus propias acciones. Tal vez la forma en la que se movieron sus hombros habría delatado su pobre actuación, pero sería realmente difícil adivinar el número de técnicas que fueron preparadas. Cuando las miradas de ambos volvieron a encontrarse, solo la fresca brisa nocturna era la única música que acompañaría tal evento. La mano izquierda del larguirucho, no se desprendió en ningún momento de sus bolsillos; mientras que la restante, se cruzaba levemente a la altura de su hombro izquierdo. Se podían escuchar los dedos del fenómeno de aspecto enfermo, crujir al estar moviéndose de forma errática. Una vez la Kugutsu se quitó la capucha, de la única mano que era ahora visible, nacieron llamas de una paleta de colores oscura, que finalizaba en tonos visiblemente violáceos. Del modo en que aquel chackra corrupto y misterioso se movía, sacar la conclusión de que era algún tipo de fuego, sería la apuesta más segura. Además, alrededor de la misma, las chispas del mismo tono que sus ojos solo podían significar una técnica del elemento Raiton. Acabó teniendo una extremidad cubierta en un enigmático componente ardiente, cubierta nuevamente por su elemento primario. La estática resonaba con suma volatilidad; lo que aparentaba ser un Chidori, se encontraba ansioso por recibir a los dos artilugios que acababan de aparecer del par de nubes de humo.






— Ahora... — Se mostraba perezoso, mas su atención era dedicada enteramente al primer movimiento de la joven. No iba a ser él quien iniciase la ofensiva. Al encontrarse en una zona bastante despejada, eran expuestos a corrientes de viento que se encontraban a su favor, pues despejaban su rostro de cabello que podía interferir. La provocación repleta de inestabilidad que le había hecho la mujer, llegó a sus oídos, provocando que una desprolija y amplia sonrisa se dibujase en su rostro incompleto, mostrando la mitad de su dentadura. La cabeza del largirucho, se inclinó suavemente en dirección al hombro derecho. — Es cierto que no soy un luchador con renombre como tú... — Ni bien mitad de su respuesta fue disparada al viento con completa naturalidad, la secuencia de acciones que los dos tenían preparadas, colisionó como una fuerte explosión de habilidades. Cuando el trompo comenzó a girar peligrosamente y a acortar la distancia que los separaba a un ritmo alarmante, la respuesta de Shitai iluminó la noche. No había sido precisamente un Chidori lo que tenía preparado. Fugazmente, desde la mano que tenía cerca de su hombro izquierdo, se extendió una lanza eléctrica de casi cuatro metros, que se mesió junto con un fuerte movimiento realizado por el pelinegro con el brazo atacante. Como un poderoso barrido, propinó un ataque horizontal, de izquierda a derecha, para impactar de lleno contra el trompo. De esta manera, su presión se enfrentaría con la presión impuesta por la de la titiritera, y cuánto más buscaría exponer su marioneta contra la espada celeste.

La segunda parte, fue el movimiento de pies. Generar presión desde uno de los lados, empujaría al trompo en dirección opuesta por donde venía el ataque de Shitai, abriendo camino para una veloz carrera. El brazo derecho habría quedado inutilizado, procurando que su técnica de Raiton, fuese la barrera que lo separase de la letal amenaza que era ese títere. Entonces, en medio del transcurso, la mano que se ocultaba todavía en sus bolsillos, salió desprendida. Emanaba el mismo fuego que la otra. — ...pero tomarme a la ligera es una mala idea, mocosa desquiciada. — La intensidad de la escena, subió otro escalón. Los dedos de aquella amenazante mano se separaban, extendiendo lo que esa flameante mano podía agarrar. Esta, iba directo hacia el rostro de la fémina, con la intención de tomarlo y hacerlo arder en el peor de los dolores.





OFF:
Apariencia:

Técnicas & Pasivas:
Jutsu oculto x01
Técnicas restantes: 5/7

Shikkan · 疾患 (Disease)
El chackra corrompido de Shitai, no le otorga una fuerza subliminal en sus extremidades. Por más de que intente concentrar su energía en cada una de ellas, únicamente llega a sus manos. Desprendiéndose, con una tonalidad violácea oscura. Sin embargo, continúa teniendo su uso, pues tener contacto con el pelinegro en este estado, sería peligroso. El toque enfermizo, que demacra donde postra su mano. La piel afectada, se tiñe de un color oscuro insalubre; como si fuese un moretón, pero de un dolor poco común. Escozor muy particular; diferente al haber sido dañado por fuego, sino más similar a los efectos del ácido. En resumen, el usuario degenera todo lo que toca, a un nivel acorde a su rango. Suma dos puntos en el Ninjutsu del usuario por dos turnos, y estos únicamente aplican a las técnicas de su habilidad única. Una vez finalizada, tendrá que esperar dos turnos para volverla a utilizar. Si no espera lo suficiente, acabará dañandose a sí mismo con los efectos de la habilidad.
Genin: En humanos, los daños son superficiales y aumentan acorde al stat de Ninjutsu. El efecto se presenta en la piel y genera dolor muscular en la zona afectada. Sangrará si se tiene contacto continuo con Shitai. Afecta a todo lo que tenga vida. Las flores marchitan, mientras que los árboles de considerable tamaño, solo pierden su sano color en la zona que este ha tocado.



Chidori Eisō (千鸟鋭枪, Lanza del millar de pájaros):
[No progresiva | Ninjutsu]
Tras haber realizado el Chidori, y antes de utilizarlo, el usuario puede manipular éste para alargarlo en forma de lanza y blandirlo en contra de su oponente. Es una técnica sumamente útil, pues permite atravesar o cortar objetivos a distancia, sin embargo, al requerir primero el uso del Chidori, sólo puede utilizarse una vez al día siendo genin -o las que correspondan al Chidori dependiendo del rango del ninja-. El largo de lanza puede ser de un máximo de cinco metros y su ancho no puede variar, siendo el mismo de cinco centímetros.


Stats:
· Ninjutsu: 10 +2 (solo aplicable en técnicas de H.Ú) = 12
· Genjutsu: 1
· Taijutsu: 1
· Fuerza: 1
· Velocidad: 10
· Resistencia: 6
Shitai
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Re: Joining the Family.

Mensaje por Akkarin el Jue Feb 22, 2018 5:16 am


Llegar a la ciudad había resultado ser mucho más sencillo y menos engorroso de lo que había esperado en un inicio; quedando la última vez que había pisado las tierras de la Cascada varios meses atrás, su más fresco recuerdo en el cruce de fronteras en capitales resultaba ser en su desdichado paso por el Sonido. Aquí, por otro lado, apenas había tenido que cederle a Fael algunos documentos falsos, sumirse entre los demás miembros de la caravana en los incesantes va-y-vienes de mover la mercancía de un carro a otro, además de usar la tapadera de madre e hija con la pequeña dentro del carro más pequeño… de nuevo.

«Desde luego, la seguridad en este lugar deja mucho que desear últimamente —pensó para si misma en el momento en que dejaron atrás la cascada de entrada, y se adentraban lentamente en la avenida principal de la Capital. El guardia apenas había mirado por encima de los papeles, y con un mísero soborno en comparación a lo que se habría pagado en cualquier otra entrada en cualquier otro país, habían simplemente comprado la lealtad de dicho soldado, pasando sin problemas—. Y así es como se crea una ciudad de malhechores y criminales».

Antes de ir directamente hacia el antro donde están los demás —inició la conversación la joven una vez se acercó de nuevo al criminal; los otros de la caravana dejaron a ambos atrás tras unas palabras de despedida. Incluso si los habían transportado y acogido durante el viaje sin preguntas, ellos mantenían su rutina estable de comercio hacia la plaza central. Akkarin, con el cabello antes azul ahora con numerosas entradas canosas al descubierto, dejó a un lado la indigente capa de viaje y solo llevaba unas prendas que podrían encontrarse en cualquier mercenario con un monto de dinero sólido. Hizo un gesto hacia su espalda, más exactamente hacia las callejuelas que llevaban hacia el sur, dirección a la zona pobre y marginal, pero no de manera directa—. Quiero que veas exactamente por qué no solo esto es imposible realizarse en solitario, sino por qué es necesario todo tipo de perfiles.

Y, sin más, echó a andar sin la espera de una respuesta en concreto, a través de las inmundas callejuelas. Al inicio, estaban limpias, incluso bien cuidadas; personas vagaban por ellas con prendas de calidad, todas ellas con una sonrisa en sus caras, hasta que un mendigo aparecía en alguna esquina. Ahí, el sonriente aspecto daba paso a un desencajado y abierto desprecio, que, en algunos casos, ambos presenciarían esas muestras de manera más directa y física.

Esta gente que ves, con ese desprecio por los pobres —empezó, haciendo una mueca cuando presenció como un grupo daba, sin ningún tipo de reparo, una paliza a uno de los indigentes que estaba durmiendo en una galería. Sin embargo, algo llamó la atención de la joven; en vez de simplemente encajar la paliza en solitario, un par de mendigos más se levantaron y, bajo numerosos improperios y maldiciones, empezaron a defender al del suelo—. Oh, curioso. Parece que empiezan a defenderse —comentó con frío asombro, como un comentarista haría frente a un hecho curioso, más no sorpresivo. Un dato más, almacenado—. Como decía, esa gente, así como los ves, son igual o más desgraciados que aquellos que vagan por las calles sin nada.

No añadió más, siguiendo su camino como si nada a través de las polémicas e intensas calles. ¿A qué se refería? El otro podría apuntar a una respuesta que ella no daría.

Ella conocía muy bien esas actitudes, la desgracia de la pobreza y cómo los nobles reaccionaban a ella. «Incluso si la economía se derrumba, hay que dar una imagen al público y guardar las apariencias —pensaba la joven, observando a las cada vez más escasas personas portando galas y ostentosa imagen, quienes fingían un ambiente de pacífica opulencia. Esas mismas personas, empezaban a verse pequeñas en esos trajes; el hambre atacaba indiferentemente—. Incluso si eso implica morirse de hambre en casa o la enfermedad los ataca, invirtiendo en esa máscara más de lo necesario es lo que les genera satisfacción al compararse con los menos afortunados. Es la única manera de no ahuyentar al comercio, ni a los tratos con otros países con mejor panorama que este».

A cada rato, otra escena podría verse. Drogas, hurtos, prostitución y violencia eran los cuatro pilares en esos momentos en la ciudad empobrecida por la guerra. Akkarin quería que, sin más ventanas que las que ella ofrecía, el que tenía a su lado formase su propia imagen a través del camino elegido a consciencia por la misma. Mostraría absolutamente todo lo que pudiera, de la cara más repugnante de ese lugar.

Una vez llegaron a la avenida de la zona más pobre, solo una última frase salió de los labios de la joven—. Ricos, pobres, criminales, honrados… todo eso da igual al momento en que debe hacerse cualquier cosa por sobrevivir —habló a pesar de que más delante de donde se encontraban, un tumulto empezaba a formarse. Alrededor, algunos comentarios sobre ‘pelea’ y ‘apuestas’ iban resonando, pero al inicio no dio más importancia que esa—. Este país, es el reflejo de la realidad cruda que se vive en los otros, sin el velo de la comodidad o seguridad de una riqueza, o una ley que ampare y separe a su conveniencia. La pobreza y la posguerra han hecho una mella tan grande, que, en su propia ciudad, no hay ley que se respete. ¿Podrías llegar a todos ellos, solo con un perfil?

El sonido de la pelea era, a esas alturas, empezaba a cobrar importancia. Atrajo la atención de la mujer por primera vez, y a su alrededor, vio que no era la única que estaba siendo atraída por la curiosidad; no eran los ruidos de simple lucha callejera, sino que un chisporroteo y sonido de piezas moverse era lo que la alertó.

No me jodas… —masculló entre dientes al darse cuenta, mirando los carteles y tablones de los negocios alrededor, que se encontraban realmente cerca del punto de encuentro. Paró mejor el oído, cada vez más segura de que la gente hablaba sobre una súbita pelea en la calle, entre ninjas. Apostaban aprovechando el momento, y algunos mencionaban de que una mujer había sido la causa de la misma, entre risas cargadas de misantropía. Cerró los ojos, llevándose los dedos al puente de la nariz—. Kagetane, por aquí.

Exasperada, echó a andar con aire más resuelto y directo hacia el tumulto sin pensarse dos veces en formar sellos en su trayecto, justo de donde provenían los ruidos. Ni siquiera los camuflaba, dejando clara la intención de meterse de lleno. Debido a su altura, tuvo que abrirse paso con algo de rudeza; no esperaban la mayoría que una mujer, y menos una que confundían con menor, pudiera tener esa fuerza. Esa vez, no esperaba al criminal seguirle el paso, sino que tenía en la cabeza una sola cosa.

Cuando por fin logró llegar a la primera línea de los observadores, y su campo de visión dejó a la luz a el hombre pelinegro desgarbado y la mujer peliverde que reconocía vagamente, la exasperación dio paso a un resignado hastío.

La pelea era, obviamente, procedente de estos dos.

Canalizó el chakra a su boca, y sin pensarlo dos veces, les escupió sin reparo alguno, un escupitajo de baba pegajosa que, sin aviso alguno, les caería encima. No apuntaba precisamente a ningún lugar más allá del punto céntrico de los dos peleadores, solo buscando una súbita interferencia entre ellos y, de tal manera, romper la atmosfera alrededor con una brusca interrupción.

Aún alerta por posibles reacciones por parte de cualquier a de los dos contendientes, observó fijamente al pelinegro en cuestión. Lo fulminaba con la mirada, pateando reiteradas veces el suelo con la suela de su zapato. Mostraba un claro escepticismo, además de irritación. No lo señaló por pura decencia, a pesar de que no pudo contener el respingo a la
hora de hablar—. Basta. Los dos. Estáis montando una escena, y pensaba que al menos, alguno de vosotros dos tendría dos dedos de frente como para comportarse como personas de su edad.


OFF:
Apariencia:

Técnicas & Pasivas:


Elemento Agua: Campo de Jarabe Atrapante (水遁・水飴拿原, Suiton: Mizuame Nabara)
[Progresiva de volumen | Ninjutsu]
Es un jutsu en donde, tras una serie de sellos, el usuario escupe agua de alta viscosidad, gracias a la infusión de chakra en el agua, destinado a una superficie de amplio alcance. Esta corriente de líquido pegajoso puede utilizarse para formar una trampa adhesiva que puede inmovilizar a una persona. Tiene como objetivo reducir el área de actividad del enemigo y de esta forma tomar el control sobre el campo de batalla. El alcance normal de esta técnica es normalmente de unos pocos metros, cinco para ser exactos. Pero si el jutsu es preparado, es posible hacer un estanque entero de jarabe que varía dependiendo de la cantidad de chakra empleado en la técnica. Para prevenir ser atrapado en el jutsu, es necesaria la canalización de chakra en los pies, de antemano, que permite andar sobre éste sin inhibiciones. Sin embargo, solamente aquellos que tengan conocimiento del jutsu, o que manipulen la naturaleza, pueden realizar dicha acción (ojo con el metarol). El radio o extensión del estanque tiene un máximo de alcance por rango para la adaptación del rol, estos son:

Diez metros para Gennin.

Restantes: Genin: 7 / Chunin: 6
Inventario:

• Senbons x15
• Kunai x10
• Hilo de alambre
• Sellos explosivos x8
• Bomba de Humo x2
• Bomba de Luz x2
• Pack Individual - Éxtasis (5)
• Pack 5 Usos (Drogas)
— Éxtasis: 5
— Anestesico: 5
— Calmantes: 5
— Sanguíneos: 5
— Alucinógenos: 5
— Energizantes: 5

• Pack 2 Frascos (Cicatrizante & Purgativa, recompensa)
• Vendas
• Píldoras de soldado x3 [Compra]
• Tanto
Stats:

• Ninjutsu: 4 + 3 + 8 = 15
• Taijutsu: 2 + 1 + 9 = 12
• Genjutsu: 3 + 4 + 4= 12
• Velocidad: 5 + 2 + 8 = 15
• Resistencia: 4 + 3 + 8 = 15
• Fuerza: 2 + 1 + 12 = 15
Akkarin
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Re: Joining the Family.

Mensaje por Yottan el Jue Feb 22, 2018 10:52 pm

Sooner that night. —
The inn

Sobre los dos párpados cerrados se habían ido sucediendo imágenes ya conocidas durante los días en que el cuerpo reservaba todas sus fuerzas para recuperarse. Aunque parecían manchas, aquel hijo del fuego podía leerlo con facilidad. Era odio y rencor, un material sólido e indestructible. Uno hecho con los recuerdos de inalcanzable dolor, y con cada una de las escenas que habían pavimentado aquel camino que ahora pisaba; y quemaba a su paso. El auto-destructivo cuerpo tenía aquel curioso mecanismo que le impedía al muchacho calcinarse en sus propias llamas, pero de igual forma y para todos los mismos seres, pretendía tapar de alguna manera el estrés producido. La mejor, quitarle las pantallas de delante de los ojos y ahogarlo. En la solitaria habitación, un grito débil de una garganta reseca emergió, como el ladrido de un cachorro, dando un sobresalto ante el desconcierto. ¿Habría muerto ya? Para su desgracia, reconoció la arquitectura humana a su alrededor. Era un simple cuadrado de paredes austeras de madera. Se alumbraban a la luz de dos simples velas a medio morir por una llama débil, con una simple ventana entre las dos sábanas que hacían a su vez de cama contra el suelo. A su lado, unos endredones pobremente doblados y apartados en la esquina distaban de su deshecho nido, producto de todos los espasmos nocturnos de las pesadillas. La memoria poco a poco entonó la historia que le había llevado allí, y pinto un retrato de qué de trajo allí. El muchacho tomó por unos segundos el objeto de pensar, antes que, en el intento de tragar, la saliva fuese un compendio de cuchillas afiladas que realmente dolieran. Para sorpresa, un envase de vidrio con el transparente némesis en su interior se podía ver aún con la escasa luz, y a su lado un círculo con lo que parecía sopa ya fría, y un arrancado pergamino con escritura en él.

El fuego, como era de esperar, consumió sin pensarlo, apenas tuvieron tiempo de ser degustados; sabía horrible la sopa, y el agua dejó de estar fresca mucho antes de pisar aquella posada. Pero tras su desvanecimiento, el muchacho notó su cuerpo débil. Y lo necesitaba en su camino. Tardó minutos escasos, en los que quiso revisar la letra de aquel malnacido sujeto. Ni siquiera era una dirección, sólo instrucciones. "Dos calles derecha, tres calles izquierda, campo a través hasta ver el lugar." La lengua estaba demasiado seca aún, y chasqueó igualmente. Indiferentemente, el muchacho estaba comiendo desnudo, claro su ropa terminaba siempre sucumbiendo a las llamas. No era un estado que le incomodase, pero le hizo pensar en el sujeto de pareches epiteliales, y de qué manera no se habría olvidado de dejar cualquier cobertura para no llamar la atención. En la privacidad, Yottan podía ver la valía de aquella persona; era como una antorcha, que tras su utilidad se lanzaba a esparcir el fuego y consumirse en él. Era la incómoda realidad del vengador, sólo aún no podía hacerle frente a aquella nefasta especie. Que ambos querían aprovecharse del otro, pensaba él, era evidente. Y no era ningún manipulador, pero sí claro y conciso con sus condiciones. La necesidad era un grado indeterminado por aquella actitud lejana. El criminal terminó de saciar su primitivo apetito, y se levantó para revisarse. Por su cuerpo aún quedaban parches rojizos que habían sido quemaduras, pero la piel se había regenerado en su innatural proceso hasta ser rojeces ténues, una de ellas invadiendo la mitad del rostro, contorneando los ojos cenizos. Ellos pudieron ver, cuando se acostumbraron a la luz pobre, que lo que se había asumido la cama del otro eran en realidad prendas esperando por él. Un suspiro largo hizo que el ahora más flaco alzase su postura hasta ella, convirtiéndose en un ciudadano más. Terminó escapándose de la posada, ignorando a toda aquella criatura que se le dirigiese, con el papiro en la mano. Aquella ciudad ardería, pero primero necesitaba buscar una buena antorcha.

Present. —
The meeting

El ataviado con ropas poco favorecedoras caminó entre lo que más despreciaba, haciendo caso omiso a la mayoría con simplemente mirar al frente. Su cabeza se llenaba de las incógnitas y dudas de aquella elección. Los dos volcanes extinguidos y sin luz por la noche eran cubiertos por la cabellera castaña y sin reflejo, construyendo un camino en el silencio incómodo. Habían sido años desde que trató de ser conveniente y utilizar a alguien antes de terminar con su vida, y siempre fueron periodos cortos. Cómo actuar, y qué hacer, esas eran las mayores de las dudas en la cabeza del serio, que pronto se encontraba entre una maleza urbana y pobre. No era un bello detalle natural, sino mala hierba venida a más, usada como un gran vertedero de lo más bajo en aquella ciudad. Lejos de ningún idealismo, aquellos eran muescas tan válidas como las que reían a carcajadas minutos había. Al menos, los muertos de hambre le ignoraban en mayoría, así como ignoraban el zumbido del metal. Peleas allí debían ser lo común. No fue en absoluto ninguna corazonada, ni ninguna conexión. Yottan era alguien realista, capaz de ponerse en la peor situación, como el pensar que aquel metal a lo lejos iba a asesinar a una ayuda a su causa. Fue la única motivación para lanzarse a la carrera, arrollando con los brazos a un par de personas en su camino, hasta emerger de entre molestos y alopécicos arbustos, desentrañándose una escena inesperada.

En el suelo un revoltijo de cuchillas entre el pelinegro y una muchacha de pelo verde a quien dio, Yottan, cerca de poca importancia. La luna se reflejaba en un agua semi-sólida, amarrándose a los cuerpos, uno de ellos el del susodicho. Algo más allá, justo enfrente del castaño había dos figuras. Una tenía colores demasiado oscuros para verse definido, pero era la otra, y los centelleantes hilos platino los que destacaban como autores de la acometida acuosa. Yottan no se exaltó, pero recorrió a trote el trecho leve que separaba su presencia de la escena. El diálogo de la chiquilla destacada fue cazado a medias mientras, sin más agresividad de la que no podía esconder, el asesino serial se dispuso como un triste y desganado escudo entre la perpetradora y su acompañante; y aquella cosa que se había ganado unos años más de vida por parte del incendiario. — Si te preocupan las escenas debería haber sido otra cosa, y no este fango lo que lanzases. — Añadió en un tono en absoluto superior. Era aquella actitud de desprecio hacia todos, y él incuido, que lograba hacer confusas las lecturas de sus frases. — Tú, ¿a qué me has traido aquí? — Se dirigía claramente al pelinegro, pero no le quitaba el ojo a la pareja alejada. Sus pies estaban a un metro de los de Shitai en dirección a ésta, por lo que confiaba que el desvirtuado fango fuese prisión suficiente para la peliverde y aquella cosa en la que no reparó más de lo necesario, asumiéndolo un arma arrojadiza y extraña. Tras él había alguien que convertía el veneno en fuego, que atrayese a otros fenómenos de circo no era sino lo esperable. — ¿Fui lo suficientemente claro en el río? — Complicidad, una hecha a base de algo tan primitivo como el interés, tan animal. No esperaba una respuesta concreta. Sí, pero, una actuación concreta.


Ropa:
Datos:

Statistics. —
Ninjutsu. —10.10—
Genjutsu. —01.07—
Taijutsu. —02.07—
Strength. —03.10—
Speed. —03.10—
Resistance. —07.10—

Tenka. —07.07—

Techniques. —G.07—
None. —00—
Yottan
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Re: Joining the Family.

Mensaje por Kagetane el Vie Feb 23, 2018 7:45 pm






Entre elaborados y metodicos movimientos, el pelinegro junto a la Yuki se mezclaban con los comerciantes para infiltrarse en la ciudad. La chica al parecer habia preparado documentos falsos de ambos, pues estos fueron entregados al guardia de la ciudad al llegar a esta. La forma en la que el soldado lidio con los documentos, ademas del soborno que habia recibido, le causo un disgusto enorme al Kaguya. "Persiguen a la gente como yo, pero ellos mismos son aun más corruptos... despreciable.".

Despues de aquella escena, ya dentro de las calles de la ciudad, la chica se acercó al pelinegro para darle las indicaciones de cuales serian los planes a partir de ahi. Se deshizo de su capa de viaje, revelando toda su apariencia. Algo que habia notado el Kaguya en ese momento es que a la que recordaba como peliazul ahora contaba con varios rayones blancos en su pelo. Desconocia la causa de esta nueva apariencia de la chica, pero tampoco se molestó en indagar sobre ella. Su guia continuo explicando que le mostraria por qué su misión no podia realizarse en solitario. Le daria pruebas concretas de lo que habian conversado aquel dia.

Por el camino que tomaron se podian ver a varios personajes vestidos de ropa elegante, denotando nobleza, viendose alegres, semblante que cambiaba al ver a alguien perteneciente a la antitesis de la nobleza. A la par de la escena, Ao explicaba lo que pasaba cual narradora de un documental. Uno de los grupos de nobles entro en combate con uno de los indigentes, acabandolo abruptamente. El espadachín pensó en intervenir, pero justo ahi se unieron otros indigentes en defensa de su compañero. El asesino no comentaba nada ante lo presenciado, solo escuchaba atentamente las palabras de la dama de hielo, pero de vez en cuando le hacia ver a ella que estaba siendo escuchada, que su discurso no caia en oidos sordos.

Mientras estos caminaban por la parte marginada de la ciudad, varios ejemplos de comportamientos muy alejados de la ética y cuestionables ante la moral, eran presentados por doquier. Intercambios de droga, prostitución, atracos. Kagetane, en su posición de criminal conocia estas escenas, pero nunca las habia presenciado tan frencuentemente como ahora. El Pais de los Rios, su pais natal, sin duda estaba en mejores condiciones que este, quiza por eso no veia con tanta frecuencia estos actos.

Luego de mostrarle todo lo que tenia que ver, la chica le hizo una pregunta directamente al Kaguya. Al parecer queria saber si este habia captado lo que ella queria dejar dicho en todo el trayecto. Era obvio, pues este no habia expresado ni media palabra durante toda su explicación, lo esperado era que quisiera saber si este entendió. "Viendo a los marginales de la sociedad siendo oprimidos por aquellos que estan en mejor condición, además de que algunos presentan el deseo de revolución dado que se han presentado contraataques en pequeñas proporciones, puedo decir que podria llegar a ellos. Pero, yo no soy nada carismático, por lo que aun si pudiera esparcir mis ideales, no puedo garantizar que los convenza de seguirme, mucho menos ser su lider.". En ese momento detuvo a la chica y la miro a la cara y le dijo: "Posees el carisma necesario para llevar a la gente. Has logrado convencerme, por eso creo que tu si les llegaras. Por eso te sigo.".

Su conversación se vio interrumpida por el bullicio causado por un conflicto cercano. La chica revolucionaria, expresando cierto disgusto le ordenó al pelinegro que la siguiera. Habian llegado al lugar del conflicto. Vio como esta empezaba a realizar una cadena de sellos mientras se adentraba en la multitud, como si fuera a formar parte de la batalla. Entre empujones de la gente llego al centro del combate. Siguiendo a la peliazul, Kagetane se abrio paso entre las personas, algunos gritandole insultos mientras este ingresaba al "ring". Cuando llego a la parte despejada vio a un pelinegro de piel parchada enfrentandose a una chica de melena verde, y un sujeto parado en frente de Ao insultandola a ella y al de los parches.

El Kaguya inmediatamente vio eso, de un salto se puso en medio del sujeto y la Yuki. Su capa, que se habia alzado por el salto volvio a caer en su lugar cubriendo su brazo derecho, mientras que con el izquierdo el espadachín rapidamente desenvainaba su espada y la coloco al cuello del insultante mientras lo miraba con una mirada siniestra y le decia:



"Alejate de la chica y no habra problemas."


Mientras Kagetane amenazaba al sujeto con su arma dorada, la diestra, que estaba tapada por la capa, la llevaba a la parte trasera de su cadera donde estaba envainado su cuchillo de caceria. Lo tomó por el mango y se preparó para un contraataque si aquel sujeto reaccionaba de manera negativa. Su postura estaba lista para pelear, pero no subestimaba ni un poco a ninguno de los involucrados, por lo que además de contar con su innata habilidad con las armas, este empezó a concentrar su chakra por si las cosas se ponian intensas.



off:
Equipamiento:
Stats:
• Ninjutsu = 7 + 2  = 9
• Taijutsu = 9
• Genjutsu = 1
• Velocidad = 10 + 2 = 12
• Resistencia = 9
• Fuerza = 6

Arte del filo elemental
Arte rápido

Tecnicas:

Justu oculto (x1)
Tecnicas 8/8
Capa:

Kagetane
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Re: Joining the Family.

Mensaje por Hushika el Lun Feb 26, 2018 6:10 am


Calles de la ciudad, por la noche.



La batalla entre los dos contendientes se ponía cada vez más y más interesante. La provocación del hombre de los parches no había sino servido para que la peliverde estalle en cólera, en medio de su locura y bipolaridad aparente, lo que la ponía en una situación conflictiva dentro de su cabeza. Parecía que éste conocía aquel trastorno de la marionetista, quien, al empezar el nuevo choque, ahora bélico, sentía un desprecio sobrehumano hacia ese individuo. Una sonrisa se había dibujado en su rostro al atacar y lanzar su primer ataque; era, sencillamente, un llamado a la muerte. No lo hizo ni por advertencia, ni por temor. Su artilugio era dirigido a gran velocidad, letal, hacia el oponente. Un impacto de alguno de sus kunais, y estaría completamente en problemas. La reacción del masculino, sin embargo, fue sublime.

Pareció canalizar algo de chakra en su mano, para luego utilizarlo como una lanza o espada. Ésta estaba formada de rayos. Su cuerpo se inclinó hacia, desde la perspectiva de Hushika, la derecha, torciendo el recorrido de su títere hacia el occidente. No sólo eso; el impacto, colisión de ambas habilidades, dio como resultado la desestructuración de las placas del objeto, por lo cual quedaría inutilizable la técnica empleada hacia un segundo atrás. Las muchas placas que formaban la herramienta de la kunoichi quedaron en el suelo. Tres de ellas, que habían recibido de lleno el golpe del ataque eléctrico, estaban cortadas a la mitad. Las restantes se encontraban todavía en buen estado, aunque separadas unas de otras y esparcidas por el piso.

Ni bien el castaño realizaba su contraataque, golpeando con éste a la marioneta, la alquimista dio dos saltos de un metro cada uno hacia atrás; dos eran los metros que se habían alejado de su posición inicial. Asimismo, con la mano izquierda, interponía a su hormiga metálica –entre el trayecto que comenzaba a realizar el parcheado y el lugar donde se encontraría ahora ella–, a un metro y medio de altura. Flotando, pareciese como si en realidad volara. El control sobre los hilos permitía aquello. Por su parte, la peliverde estaba separada también, dos metros del artilugio ahora controlado; mientras ésta había brincado, el títere no había cambiado su lugar, por lo que, al insertarlo en combate, estaría en el sitio donde se encontraba la kunoichi. Con un gran control sobre su herramienta pequeña, utilizaba sus dedos mientras terminaba de caer de su último salto; el meñique lo separaba hacia la izquierda. El anular, por su parte, lo dejaba estático; por último, giraba el central hacia su derecha. Así, la hormiga había separado su estructura.

La cabeza, controlada por el central, apuntaba con sus tenazas hacia adelante. La cola, por otro lado, estaba apuntando con su cuchilla, su filo, también a la interposición del trayecto entre el masculino y la peliverde. Por último, el compartimiento corporal de Ari estaba algo más retrasado, siendo controlado por su dedo anular. Si algo extraño sucedía, podría activar su mecanismo oculto. Así, Hushika se estaba defendiendo de una manera inteligente al ataque del parcheado. No lo atacó a primeras, al menos esta vez. Simplemente, esperaba sus movimientos. Si seguía acercándose, utilizaría estas piezas que manejaba con su extremidad occidental para dedicarle un rápido y letal ataque al torso –tanto con las tenazas como con su aguijón–, aún más veloz que el anterior y con menor distancia, dejando sin mucho tiempo de reacción a Shitai, si es que éste decidía continuar con su embestida.



✧✧✧



De pronto, pudo observar cómo, desde el público a su izquierda, algo era lanzado al campo de batalla. ¿Acaso era agua? No quería dedicarle mucho tiempo en su mirada hacia eso. Al fin y al cabo, tenía asuntos que atender. Intentó dar otro salto hacia atrás, mientras mantenía su defensa con su marioneta. Este movimiento fue, desgraciadamente, inútil. No tanto por la realización del mismo. Simplemente, no podía hacer mucho más. Aquel líquido no era la mezcla entre hidrógeno y oxígeno común; era pegajoso, viscoso. Se esparció hasta casi completar toda la zona donde se encontraban combatiendo ambos individuos. Si bien el títere todavía estaba a salvo, sin tocar el suelo y aún en combate, los pies de la peliverde estaban atrapados en aquella masa de agua. Se sintió, por un momento, impotente.

Postró la mirada hacia su lado occidental. Rápidamente, sin intentar despegar la vista del lugar de pelea, pudo visualizar a dos extraños de entre la multitud, que claramente no pertenecían a la gente que circulaba habitualmente en aquellas zonas de la ciudad. Uno, con una capa, algo más alto que la muchacha, quien estaba a su lado. La fémina, en cambio, algo más baja que él. Lo más destacable, era su cabello. Su color, algo azulado claro, era cortado por hilos platinados que eran algo reflejados por la luz nocturna y candelábrica que allí había. Al parecer, por su postura corporal, era ésta quien había efectuado la técnica inmovilizadora. No sólo por eso, la peliverde supo que la autora era ésta. Pronunció unas palabras, que intrigaron completamente a la marionetista.

–Oye, tú. –Le hablaba a Shitai. –Al parecer te conoce, y a mí también. Supongo que esto es así por tu forma de hablarnos a ambos, ¿Verdad? No creo que estés actuando como fueras mi madre porque sí. –Sus ojos se postraban en la fémina al pronunciar estas últimas palabras. Su cabeza la observaba. Estaba intranquila, aunque poco a poco iba bajando aquella cólera que la había enviado a aquel ring unos minutos atrás. Las palabras de la peliazul, en vez de hacerla entrar en ira, habían calado de una buena manera en su ser. ¿Era necesaria la pelea? Habían montado una escena, completamente absurda. Ni siquiera era rentable para su negocio derramar sangre allí. Podía, incluso, traerle problemas legales. Sus pulsaciones bajaban, mientras estaba intentando recobrar la integridad de su otra Hushika.

Observó cómo, rápidamente, una sombra humana se postraba a unos pasos del parcheado. Le dijo unas palabras a chica, al parecer no en un tono muy agradable. Su postura y su tono de voz parecían derrochar arrogancia, egocentrismo. Actitud que, como anteriormente había sucedido con el pelinegro, no le agradaba. Aún así, estaba manteniendo su calma. Ahora, la racionalidad formaba parte de su ser, dejándose llevar por ésta y no por sus emociones. De todas formas, ¿qué diablos pasaba allí? Instintivamente, el dúo de ésta se interpuso entre los individuos, como si fuese su guardaespaldas. Una espada era blandida con su mano izquierda, apuntando al cuello de quien había irrumpido en el campo de batalla. Una escena que, a priori, parecía caótica. La peliverde no comprendía bien qué había sucedido. ¿Acaso todas estas personas se conocían? No parecía que su objetivo fuese ella. De otra forma, las acciones hubieran sido distintas.

Puso su cabeza en alto luego de escuchar las palabras amenazantes que pronunciaba el hombre fornido, quien poseía la capa. Esperaba ser oída por quienes se encontraban en la disputa actual. Su cerebro ahora estaba funcionando con normalidad; la Hushika llena de ira había sido superada por la Hushika lógica y pensante. Sus dos yo formaban la totalidad de su personalidad; éste momento ameritaba la calma. Era irónico, siendo ella quien había iniciado el conflicto.

–No creo que derramar sangre sea una buena idea. Lo digo para todos. –Claramente, los civiles que disfrutaban de aquel espectáculo comenzaron a silbar, incluso a irse. A la peliverde no le importaba mucho esto; sus palabras no habían ido referidas hacia ellos. –Esta zona de la ciudad, si bien parece no tener control de ningún tipo, es frecuentada durante el día por los guardias de aquí. Si armamos una escena, tendremos problemas un poco más serios. La chica tiene razón. –No intentaba calmar las aguas por bondad o por cuidar la vida ajena. Primeramente, se veía en una situación complicada. No era una bestia. Si hablar era mejor que pelear, lo haría. En segundo lugar, cubrir toda actividad ilegal propia era algo primordial en sus planes. Si levantaba muchas sospechas, podrían investigarla y, eventualmente, conocer completamente su identidad y demás, lo que obligaría a la titiretera a moverse de pueblo, de territorio. Otra vez. No quería eso. –Propongo que evitemos conflictos que no van a beneficiarnos… –Observaba de reojo, sobre todo, a Shitai. –…a ninguno de nosotros.

La actitud tomada no era cobardía; era prudencia. Sabía que, para mantener sus actividades ilícitas con normalidad, debía pasar desapercibida. Si esto pasaba a mayores, quizá podía poner en peligro su identidad dentro del país y sus negocios en el bajo mundo.





DATOS:

STATS Y TÉCNICAS:
Ninjutsu: 10
Taijutsu: 7
Genjutsu: 7
Velocidad: 10
Resistencia: 10
Fuerza: 10


Chakura no Ito (チャクラの糸, Hilos de Chakra) [Nv.1]:
Es la habilidad única de los miembros de éste clan. Gracias a ella pueden emitir una fina corriente de chakra, en forma de hilo, con la cual manejar las marionetas a su antojo. Los recién iniciados en el control de ésta técnica necesitan de una mano completa para manejar una marioneta mediana o de al menos tres dedos para manejar una marioneta pequeña. Los hilos pueden extenderse hasta los diez metros en cualquier dirección y pueden o no ser visibles a simple vista, dependiendo esto último de si el usuario así lo desea o no. Estos hilos pueden ser cortados como cuerdas normales, pero sólo por técnicas de Kenjutsu del mismo rango o superior. Sólo cuenta como un jutsu cuando se activa la primera vez, pudiendo activar ésta técnica y otras dos en ese mismo turno -aunque no resta un jutsu a utilizar de los que tenga el usuario- y luego puede ser mantenido por tantos turnos como resistencia tenga el usuario -10 de resistencia = 10 turnos mantenido, por ejemplo-.
Turnos mantenida: 2.

Asenburi (アセンブリ, Ensamblaje):
El usuario, mediante hilos de chakra, puede reestructurar sus marionetas como más le convenga para cada momento durante el combate. Puede alterar completamente la forma de su marioneta, siempre y cuando los dos diseños sean parecidos, y puede también manejar cada parte de manera independiente si tiene su otra mano libre.

Técnicas totales: 8 Gennin.
Técnicas usadas: 3 Gennin.
Técnicas restantes: 5 Gennin.
INVENTARIO:
▲ Bélico:
-Marionetas.
-Venenos (Bomba de gas (x1) y frasco de veneno líquido).
-Pergamino Mediano (Sellado: Koma y Ari). Liberados: Koma y Ari.
-Pergamino Mediano (Sellado: Senshi y Kumo).
-Senbons (x5).
-Cascabeles (x5).
-Senbons con Cascabeles (x5).
-Bombas de Luz (x4).
-Bombas de Humo (x1).
MARIONETAS EN USO:

Ari

Descripción Estética:
Está englobada dentro de la categoría de marioneta pequeña. Mide cincuenta centímetros de largo por cuarenta de ancho, teniendo en cuenta las patas, meramente decorativas.
 
Descripción técnica:
Compuesta en parte por madera y en parte por acero, esta marioneta se especializa en el ataque con sus tenazas manejables desde los hilos de chakra. Al ser más pequeña y hecha de un material un tanto más resistente que la madera en sí, son un utensillo difícil de romper y muy bueno en combate, su poco tamaño hace que sea difícil verla si estás concentrado en otra parte del campo de batalla, aunque su utilidad como su ofensiva pueden ser letales.
 
Habilidades:
-Tenazas: Principal forma de ataque de este conjunto. El marionetista puede utilizarlas como ofensiva, pueden cortar, individualmente, hasta cables de hierro, alambre, hilo, seda y lino. En cantidad, la piel humana es capaz de recibir serios cortes y varios de estos ataques prolongados son letales, según el punto corporal que muerdan.
-Primer compartimiento: Su parte media, luego de la cabeza, alberga una bomba de humo, utilizable una vez por batalla (luego de la pelea, el marionetista la recarga).
-Cola: Su cola, que pertenecería a su segundo compartimiento, posee una forma de la punta de un kunai, por lo que actúa como si de un aguijón se tratase, teniendo otro método de ofensiva.
-Esta marioneta posee el veneno Danza del Pétalo en sus tenazas.
 
Ventajas:
Resistente y rápida, debido a su bajo tamaño. Si no se está atento, es difícil de tenerla en cuenta, por lo que produce ataques sorpresa.
 
Desventajas:
Al estar compuesta en parte por acero, es débil al elemento katón. No tiene la capacidad ofensiva de una marioneta mediana ni la capacidad defensiva de una grande.
BY ORIANI~©️ SAVAGE-THEMES
APARIENCIA:


Hushika
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Re: Joining the Family.

Mensaje por Shitai el Sáb Mar 03, 2018 9:38 pm


Shitai parecía traer el conflicto a todo sitio que él decidía merecerlo. Primero fue en las afueras de un pueblo que moría lentamente en las llamas de un individuo extremadamente volátil. Cuando el pelinegro llegó, las llamas se extendieron por los alrededores de aquel bosque, tirando un puente abajo durante el primer contacto. La situación que vivía en medio de ese encuentro, no era muy diferente. El de parches violáceos llegaba, y removía de su núcleo a los elegidos, sumiéndolos en un caótico encuentro que él antagonizaba con la misma calma de siempre. Entre el tumulto de gente que se había amontonado segundos antes de empezar con el combate, podían escucharse las opiniones de la plebe respecto a la conclusión de aquel encuentro, jugándose el poco dinero que les quedaba, en tener la razón. Una aplastante mayoría se inclinaba por la infame titiritera, provocando lo más opuesto a la presión sobre el desalineado. Sonreía; disfrutando representar lo que los demás no querían. La incógnita andante, se encontraba en su hábitat natural al tener al público entero en su contra.

Choque de habilidades. Una vez la lanza de tonos celestes desbarató con fiereza el trompo letal que se dirigía a su ubicación, esta se deshizo al no administrarle más chackra, concentrándose únicamente en alcanzar a la marionetista con su agarre. Lejos de conseguirlo, tenía ahora el otro juguete insecto de Hushika en medio del camino. El tiempo de reacción era casi inexistente, y su posibilidad de quitarla del camino, se vio perjudicada por una distracción. Un rostro totalmente irritado que se abría paso entre las multitudes con fuerza. Justo antes de ser atacado por las filosas pinzas de la fémina con la que se estaba enfrentando, se pudo ver una mueca de satisfacción por parte de Shitai. Despreocupación y goce, parecía haber conseguido algo que quería.

Los protagonistas del siguiente capítulo, emergían desde distintas posiciones. Todos se expresaban con un nivel tan alto de sinceridad, que sus naturalezas fluían con la fuerza de un ejército. La perspectiva del pelinegro, aunque muchos podrían haber creído que sería desde el centro del creciente conflicto, regresaba a su sitio preferente como espectador. Dejándolos que sean ellos mismos, observaba. Al haber llegado el ataque de la de cabellera verde antes que la sustancia viscosa de la Yuki, una humilde nube de humo fue dejada atrás por el de prendas oscuras. Reemplazando su antigua posición, un tablón de madera que apenas superaba el metro y medio, el cual se encontraba originalmente, apoyado al lado de la entrada de una de las tantas casas. El anillo de personas que se encontraban observando al montón de criminales defendiendo cada uno su postura, impedía que se pudiese ver donde había terminado Shitai. Hasta que decidió ser la última voz que se escuchase, claro.

— Vaya. Qué alboroto. — Se escuchó la voz del pelinegro, la cual ya era familiar para la mayoría de los presentes en el medio de esa calle. Provocando que varias cabezas girasen en busca del muchacho, abrieron un camino que les dejaba un claro pasillo para ver dondde se encontraba. Sentado; con la espalda apoyada sobre la pared y de piernas cruzadas. La mitad de su cara se encontraba cubierta por el mismo libro que tiende a leer —o fingir que lo hace—, adoptando una postura ligeramente encorvada. Sus ojos se veían... poco impresionados. — Esa escena que acabas de empeorar, soy yo haciendo tu trabajo. — Dijo con calma y la misma falta de educación que suele haber en su forma de hablar. Una gran mayoría de las cosas que Shitai hace, siempre tienen un propósito. Sin entrar en detalles, podría llegar a asumirse de que simplemente estaba probando a Hushika, mas no se disculpó por nada de lo que le dijo, enfocándose en el escenario en general, y no en sus participantes. Le resultó maravillosa la forma en que sucedieron las cosas. Casi le genera la necesidad de reírse al ver todo eso en torno a un tablón de madera; perdido entre la sustancia que la Yuki había escupido. Al alzar suavemente la mirada y entrecerrar los ojos, movió un poco el libro a un costado para mostrar su cara. Burlón, sonrió bastante sobrador. — ¿Esas son canas? — Su pregunta quebró al principio, viéndose influenciado por largar una carcajada que logró contener. Se enfocó en los irritados ojos de la fémina de cabello turquesa. — Apestaría ser tú ahora mismo. — Por la forma en que se hablaban, eso respondía la pregunta de la Kugutsu. El pelinegro y la manipuladora del elemento Suiton se conocían, mas podía ser confuso pensar la raíz de esa relación. — Ah, chico de fuego. Llegaste. — Su rostro volvió a ser el mismo de siempre. Sin gracia. Ésos dos también se conocían... un poco. Es inexacta la cantidad de tiempo que habían estado juntos, pero aún así, todavía ni siquiera habían compartido sus nombres. Se saltearon lo innecesario. Su atención volvió a enfocarse en su libro, esperando que los demás encontrasen una forma de continuar sin generarle más molestias. — Por un momento pensé que las instrucciones habían sido demasiado difíciles. — Picaba con cada uno de sus comentarios; interacción semejante a todas las demás que había tenido con Yottan desde que casi se matan el uno al otro.

El larguirucho, finalmente hizo el esfuerzo de ponerse de pie. Contrario a su veloz reacción a la hora de pelear, Shitai se movía lento. Se ayudaba con una mano apoyada sobre su rodilla, impulsándose hasta quedar lo más erguido posible —lo que más se le daba la gana—. — Ya estamos todos, así que podemos empezar. — Miró de arriba a abajo al espadachín con arrogancia, antes de volver a fijar sus orbes celestes en cualquier punto que no le obligue a hablar excesivamente con algún presente. — Pero antes, nos sobra una audiencia.— Los espectadores más avispados, captaron al instante que Shitai se refería a ellos, mirándose entre todos con pocas ideas sobre qué hacer a continuación. Por parte del criminal, ahora guardaba silencio, escondiendo las manos con las que libera su poder en los bolsillos.



OFF:
Apariencia:

Técnicas & Pasivas:

Técnicas restantes: 5/7

Jutsu revelado x01
Jutsu Reemplazo de Cuerpo (変わり身の術, Kawarimi no Jutsu):
[Progresiva de cantidad | Ninjutsu]
Esta técnica es un Ninjutsu el cual permite al ejecutor del mismo cambiar de lugar con otro objeto como por ejemplo un tronco, un animal o incluso un ser vivo a su alcance (3 mts). Esta técnica se considera una extensión del Bunshin no jutsu y el Shunshin no jutsu por medio de los cuales el shinobi reemplaza su cuerpo por una falso sustituto con la imagen de si mismo y luego con una gran velocidad se mueve u oculta en las cercanías. Se utiliza para poder esquivar un ataque y a la vez confundir al rival, haciéndole creer que ha acertado el mismo, para poder atacarlo por sorpresa o bien huir del lugar. El jutsu debe ser preparado con anticipación por lo que sólo puede usarse si se ha anunciado un jutsu oculto en un turno anterior, además,luego de preparar un kawarimi el usuario no puede realizar otras técnicas hasta que se realice el reemplazo, sin embargo si puede moverse e incluso atacar usando armas hasta ser golpeado, sólo se restringen acciones que impliquen usar chakra pues las mismas anularian la tecnica preparada. Esto es igual aún para shinobis de los más altos rangos pues esta es una técnica que exige una gran habilidad. El kawarimi es activado cuando el ejecutor recibe un golpe, entonces el ninja es envuelto por una pantalla de humo y se mueve a una gran velocidad dejando atrás al remplazo con su apariencia. Sólo se puede utilizar si el ejecutor no está inmovilizado o atrapado y si su chakra no está sellado. Los sellos de manos son obligatorios. Todo esto quiere decir que un Kawarimi obligadamente será la última técnica de un turno y la primera en ser revelada al siguiente. El ejecutor del jutsu no podrá cambiar de lugar con el cuerpo de un oponente, aliado o NPC, pero si con un clon de los mismos. Es un jutsu que consume mucho chakra y fuerza el cuerpo por ello su uso es limitado, tanto que luego del primer kawarimi los siguientes restarán al usuario 1 punto de VEL (cada uno) hasta el final del combate.
Gennin: 1 vez por combate.


Stats:
· Ninjutsu: 10
· Genjutsu: 1
· Taijutsu: 1
· Fuerza: 1
· Velocidad: 10
· Resistencia: 6
Shitai
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Re: Joining the Family.

Mensaje por Akkarin el Mar Mar 06, 2018 11:52 pm


La tensión era tal que, más que poderse cortar, viciaba la atmosfera en la que los cinco partícipes tomaban parte como protagonistas. Ante los ojos del público indeseado tomaba parte una convergencia de personalidades, ideas y maneras que distaban de correlacionarse pacíficamente; espesándose, un mecanismo disfuncional tomaba su eje de movimiento en el preciso instante en el que la acción, se pausaba.

Shitai, mórbidamente socarrón. El chico al que reconocía de las misivas vagamente, como aquel que el primero había encontrado, antipáticamente despreciativo. Hushika, dementemente volátil. Kagetane, imprudentemente desafiante. Y ella misma, impacientemente mandona.

Eran una mezcla reactiva y altamente inflamable de inicio a fin. De resultados imprevistos.

La dama de refinadas costumbres únicamente achicó los ojos un tanto y arrugó la nariz, sin poder controlar del todo su negativa reacción ante no una, sino dos respuestas impertinentes. Ella misma gozaba de una impaciencia que rozaba lo ridículo, sin aceptar un paso en falso o error propio. A su alrededor, cada uno de los involucrados gozaba si mas no, de la mínima oportunidad para empeorar aún más la situación en la que estaban. «¿Y se supone que yo debo organizar pacíficamente a todos estos perfiles? —pensó por primera vez en lo que realmente significaba juntar a personas tan distópicas y diferentes en sus extremos. El inicio de una ansiedad que se aseguró de ocultar en el malestar interno, empezó a aparecer—. ¿Cómo demonios vamos a coexistir?».

Pero igual que su crisis empezaba, el vicio dio paso a algo inesperado: aunque poco ortodoxo, y desde luego, olía a algo forzado, una delicada tregua se instaló con una muda llamada a la paz temporal por parte de los más belicistas. La marionetista había cedido, dando una posible vía al diálogo; asimismo, Shitai tomaba las riendas con el adolescente, aunque con su anómala manera. El espadachín, por otro lado, había dejado clara su postura: no habría problemas, si no se hostigaba tenerlos.

Akkarin alzó los brazos, moviéndolos suavemente en una actitud pacificadora, serena; sin embargo, su ceño fruncido traicionaba la calma, observando alrededor con ese toque de hastío que había mostrado desde el inicio—. Así como dices, me gustaría poder comunicarme con todos ustedes… —se dirigió a ellos, esta vez con un toque más formal, controlada. Desvió la mirada directamente hacia los espectadores más rezagados que, por lo visto, eran los que no habían captado la indirecta del pelinegro larguirucho. La Yuki, abriendo un tanto más los ojos y agrandando una sonrisa fría, hostil, los observaba directamente con clara molestia en su desubicada expresión—. Sin el público que hay alrededor. ¿Nos disculpan, señores? —usando la retórica, se dirigió directamente a aquellos que poca importancia tenían; no les dio la espalda, hasta que la incomodidad abrió paso a el progresivo desalojo de la calle. Acabada la ‘fiesta’, y viendo a la canosa como una aguafiestas interfiriendo, no había más que les llamase la atención. Y siendo una mayoría civil, no interesaba involucrarse directamente con gente como ellos.

Fue entonces así, que relajó progresivamente la expresión y procedió a dar la espalda; caminaba en dirección a la puerta más cercana, la de la misma taberna en la que inicialmente, Shitai y Hushika habrían estado. Su pulgar e índice derecho masajeaban el puente de su nariz, tratando de aliviar el estrés—. Ahora, caballeros y señorita, ¿podrían honrarme con su presencia en el interior, para así poder proceder fuera de formalidades y con el quid de la cuestión? —invitó sin esperar, adentrándose en el local. En esos momentos, extrañaba la tranquilidad de la caravana mercantil, y su desconexión directa con el mundo marginal.

Tal vez no estaba preparada para algo así. Pero ya no había vuelta atrás, solo quedaba representar el papel, como siempre le habían enseñado a hacer.

Solo parándose para asegurarse de que nadie quedase atrás, la muchacha quedó de pie en una de las mesas pequeñas; cabrían todos, pero tal vez no lo más cómodos posible. Esperó, haciendo una ligera seña para que tomasen asiento, esperando erguida y con una inexpugnable sonrisa que no llegaba a los ojos—. Negocios deben ser hechos en paz, y con la tranquilidad de una buena bebida.



OFF:
Apariencia:

Técnicas & Pasivas:


Restantes: Genin: 7 / Chunin: 6
Inventario:

• Senbons x15
• Kunai x10
• Hilo de alambre
• Sellos explosivos x8
• Bomba de Humo x2
• Bomba de Luz x2
• Pack Individual - Éxtasis (5)
• Pack 5 Usos (Drogas)
— Éxtasis: 5
— Anestesico: 5
— Calmantes: 5
— Sanguíneos: 5
— Alucinógenos: 5
— Energizantes: 5

• Pack 2 Frascos (Cicatrizante & Purgativa, recompensa)
• Vendas
• Píldoras de soldado x3 [Compra]
• Tanto
Stats:

• Ninjutsu: 4 + 3 + 8 = 15
• Taijutsu: 2 + 1 + 9 = 12
• Genjutsu: 3 + 4 + 4= 12
• Velocidad: 5 + 2 + 8 = 15
• Resistencia: 4 + 3 + 8 = 15
• Fuerza: 2 + 1 + 12 = 15
Akkarin
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Re: Joining the Family.

Mensaje por Yottan el Miér Mar 07, 2018 11:20 pm

Los esperpentos eran una de las muchas desgracias que al muchacho hecho de llamas lograban alterar. Dentro de aquel círculo de troncos a quienes premeditadamente ignoraba, se reunían precisamente aquello. Esperpentos, y a cada uno más raro. Sólo con aquel con un cuerpo a medio hacer hubiese sido suficiente para prender la mecha de la paciencia. Sin embargo, otros tres pares de zapatos pisoteaban aquella mecha. La mujer con pelo silvestre estaba ridículamente atorada en un jugo de lo más desagradable, pero sus palabras la hacían obvia a Yottan. Frente a él, por unos segundos, una chiquilla con cabeza de anciana, que conseguía nada en él más de lo que sacaba de todas aquellas caretas imbéciles alrededor. Luego, había aquella hoja desgastada, chorreosa de la energía invisible y apuntando a una inmutada garganta del fuego. Los ojos de escombros oscuros apuntaban directamente a los de sangre. La hostilidad era un don natural del fuego, y así lo era en una persona hecha del mismo. Si el joven incendio no movía ni un ápice su cuerpo no era sino por la convicción de que aquella hoja comprada no iba a seccionar nada aquella noche. Nada suyo, al menos. Movido, sin embargo, por el motor propio de los de su especie, el odio tomó forma de las palabras despectivas que tanto llegarían a situarlo en el futuro. — Aprende a leer la situación, enano mental. — La confrontación ocurría al compás de los desganados pasos de la podredumbre andante, que pronto dejaba entrever cómo ninguno allí había acudido por casualidad, ni siquiera el perpetrador de un incendio acaecido de forma arbitraria. Segundos de tensión desenvocaron de la forma más pacífica esperable para el muchacho, dando un paso atrás para separarse de la hoja, y girando su torso en busca de aquel majadero y natural cargante.

Sus manos hubiesen querido confabular la destrucción del denominado público. Un gusto que le fue arrebatado por la gélida interrupción, que dedicó al joven enardecido por una situación en aparente ridícula. Permaneció pasivo y molesto hasta la invitación de la de pelo cobalto desgastado. Quizás se aprovechaba del momento en que creía que podía confiar en la calma de cualquiera de aquellas piezas de un puzzle por inventar. Los pies del fuego anduvieron simples, cortos y precisos hasta la vera del de ojos opuestos a los del espadachín. Simplemente cerca, ya que era el responsable de todo dentro de aquella cabeza aún poco creativa. Al final, el elenco de fenómenos iba a convertirse en hollín. Por el momento, aún podía darle lo mismo cuándo hacerlo. Aunque tan sólo hacía falta un simple y raso motivo.

Penetró en la fortaleza de la inmundicia siguiendo al venenoso. Una zona oscura pese a la luz, y cuyo olor hacía rápidamente pensar en lo rápido que ardería todo con una simple chispa. Como en varias ocasiones, detestaba no ser otra cabeza hueca y psicótica. Podía imaginar que detrás de todo aquel teatro, se orquestraban planes más grandes que quemar a veinte personas de un pueblo pesquero. Era lo único que conocía el engendro invitante, y asumía que la razón para no deshacerse de él. Aún así, eran un puñado de inadaptados. Quien más quien menos sabría lo que escondían las retorcidas y bien dichas palabras de la proclamada presentadora. De momento, y tristemente, sólo era el hecho a parches quien tenía alguna oportunidad de no salir envuelto en llamas doradas. El resto debían demostrar que eran útiles para Yottan, en un silencio que no le apetecía romper aún. Algo que no significaba librarse de la lengua impropia y maleducada. — Acaba con la idiotez de la labia y escupe qué quieres. — Era nuevamente aquel tono inadecuado, pero que se comportaba impersonalmente. Un par de frases más bastarían para que todos se figurasen que allí no residía la verdadera hostilidad, sino que era la propia lengua de Yottan. El dialecto de lo irrespetuoso y acentos de desgraciado los colocaban todos en la misma y despreciable posición. Ni siquiera se dignó a mirar a aquel perro rabioso de rostro aforme para recibir una segunda advertencia. Simplemente se sentó sobre la silla más limpia que hubiese cerca, una que no transmitiese todas las enfermedades a la vez al menos. Brazos cruzados, vista fija, ceño fruncido y pie izquierdo sobre rodilla derecha en una flexión busca de lo comfortable en el asiento lignario. Un último añadido se formuló en un volumen moderado, tranquilo, sin perder el propio aire encendido de ira.

— Pienso quemar esta pocilga, haced que merezca la pena hacerlo cuando estéis fuera. —


Ropa:
Datos:

Statistics. —
Ninjutsu. —10.10—
Genjutsu. —01.07—
Taijutsu. —02.07—
Strength. —03.10—
Speed. —03.10—
Resistance. —07.10—

Tenka. —07.07—

Techniques. —G.07—
None. —00—
Yottan
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Re: Joining the Family.

Mensaje por Kagetane el Dom Mar 18, 2018 4:30 am






La tensión se sentía en el área. Cinco entidades mostrándose hostiles unos a otros mientras la multitud encontraban su entretenimiento en las acciones de estos individuos. Pareciera que estaba a punto de librarse la mayor pelea que ese barrio habría visto. Pero, justo cuando la llama de la batalla comenzaba a encenderse, una de los presentes puso un alto al fuego. Haciendo referencia a las palabras de la dama de hielo, la chica de cabellos verdes propuso que culmináramos el conflicto, que no era beneficioso para todos los involucrados, y tenía razón. Kagetane nunca había viajado antes al País de la Cascada, y a decir verdad, no le interesaba buscarse un problema en otro país más. De por si su estatus ya lo ponía como objetivo adonde quiera que fuese, así que mantener un bajo perfil sería lo mejor para él en ese momento.

El sujeto parchado se incorporó hasta quedar parcialmente erguido e indicó que ya podían empezar. “¿Empezar?” –pensó el Kaguya. Este desconocía quien era aquel sujeto, pero por sus palabras y el contexto podía intuirse que a lo mejor ya Akkarin lo haya reclutado antes y estaba esperando su llegada. La forma en que miro a Kagetane no fue para nada agradable. Ante la arrogancia que el parchado mostraba hacia él, el asesino solo pensó: “¿Y este quien se cree que es?”. Ya se tomaría su tiempo para relacionarse con sus futuros compañeros, pero por ahora, solo acataba las peticiones de la Yuki.

Aquel mal hablado que en un principio parecía presentar una amenaza para la señorita miró al Kaguya a los ojos y expresó otro comentario de mal gusto al espadachín. A este ya le hervía la sangre por el comportamiento y las palabras de los presentes. De no ser por no causarle un problema a su futura benefactora este no causó una escena en el lugar. El sujeto bajo amenaza se alejó del arma afilada y se dirigió al de los parches.

Con la misma formalidad de siempre, la chica de cabellos celestes y blancos solicitó una audiencia con los presentes adentro de la taberna. Todos estaban de acuerdo con que el público estaba de más así que, aprovechando la técnica que tenía cargada y no llego a usarla contra el sujeto en llamas, este lanzó una media luna a algún jarrón aleatorio del lugar ubicado en un segundo piso. Este se rompió y cayó al suelo tras el impacto de aquel corte, cosa que dejo bien claro la hostilidad del Kaguya e hizo que el público huyera. Una obra que si bien llamaba la atención, no causaría un gran alboroto que involucrara intervención autoritaria. De todas formas, si la pelea del pelinegro y la marionetista no había llamado la atención de las autoridades, eso no lo haría.

Ya dentro de la taberna, con sus armas envainadas y gran parte de su cuerpo cubierto por su capa, el espadachín miró a sus alrededores para observar la escoria que se reunía en ese lugar. La única persona en quien confiaba en ese sitio era la Yuki, por lo que buscó sentarse al lado de ella. Mirando de reojo y despectivamente a los demás presentes en la reunión, este se quedó en silencio esperando las palabras de la dama a ver cuál era el propósito de juntar a ese grupo de fenómenos.




off:
Equipamiento:
Stats:
• Ninjutsu = 7 + 2  = 9
• Taijutsu = 9
• Genjutsu = 1
• Velocidad = 10 + 2 = 12
• Resistencia = 9
• Fuerza = 6

Arte del filo elemental
Arte rápido

Tecnicas:

Hagen: Engetsu (刃弦×偃月, Blade Chord: Cuarto Creciente).
Impregnando su arma de chakra, el usuario será capaz de expulsar desde el filo de la misma una medialuna formada de chakra en dirección a su oponente. Esta medialuna será capaz de recorrer un máximo de siete metros antes de desvanecerse, provocando destrozos a su paso. Mientras más cercano se encuentre el oponente del ejecutor, más daño recibirá por el corte. Aquellos que tengan armas punzantes (como lanzas y tridentes) podrán lanzar picos de chakra que, aunque abarquen un área menor, poseerán un poder mayor al encontrarse concentrado todo el poder en un punto más estrecho.
En caso de las flechas o pequeñas armas arrojadizas (dagas, kunais), el arma en si se verá rodeada de este poder, provocando efectos similares a las armas punzantes sumadas a la potencia que poseerán las mismas como proyectiles. Por ejemplo, de verse detenidas por armas comunes, podrán rebasarlas fácilmente.
Gennin: Una sola media luna / Pico de chakra / Arma arrojadiza o flecha.

Tecnicas 7/8
Capa:

Kagetane
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Re: Joining the Family.

Mensaje por Hushika el Lun Mar 19, 2018 10:37 pm


Taberna de la ciudad, por la noche.



A diferencia de la peliverde, los demás allí presentes parecían tener contactos y relaciones existentes previas, entre sí, a ese momento. La forma en la que se referían unos a otros, o la cercanía en las palabras dirigidas por el aire, sus miradas, todo indicaba un vínculo preexistente. Se sentía sola, indefensa. A pesar de ello, encontraba grato que algunos de esos individuos estuviesen de acuerdo en aquella tregua temporal que había planteado. El alivio llegó a su ser casi en un instante. El belicismo era prudente siempre y cuando la situación lo ameritara, y su cabeza estuviese dispuesta a ello. Ahora mismo, no era algo que llevara algún pro para la marionetista, no sin ser superado por miles de contras.

El primero en hablar fue el parcheado, aquel que había entrado en conflicto con la adolescente en primer lugar. Pareció dirigirse a la peliazul, la otra muchacha, alegando algo sobre comenzar lo debido. Esto inquietó a la kunoichi. ¿Empezar? ¿Para qué diablos habrían venido ellos ahí? No era casualidad, para nada. En su mente tejía los hilos de la situación que, lamentablemente, parecía escaparse a su control y percepción. Odiaba aquello; la desinformación y el descontrol eran cosas que, para la Hushika en condiciones normales, le molestaban en demasía. Aún así, intentaba descifrar qué era lo que sucedía en realidad. Pudo observar que el parcheado conocía tanto al intrépido caótico, como a la que había interrumpido el combate.

Secundando la moción del morocho, la señorita comenzó a hablar, educadamente. Era extraño que, en aquella parte del globo y, sobre todo, en aquel bajo mundo, en esa zona de la ciudad, alguien hablase con altura y con algo de educación, entre tanta rata callejera que habría circulando. Incluso, entre todo el caos generado por la situación. Sentía algo de coincidencia entre sus personalidades; no conocía exactamente los motivos por los cuales la fémina se encontraba en el País de la Cascada, mucho menos en la zona de la titiretera. Pero, si de algo podía dar fé y apostar parte de sus ganancias diarias, era que se trataba de asuntos ilícitos, de algún trato que beneficiaría económicamente a la oriunda del País del Viento. Por dentro, sentía que podía sacar jugo y provecho de esa incómoda y misteriosa situación.

La llamada a la paz por parte de la chica tranquilizó todavía más los humos de la alquimista. Con un sello de mano, una nube de polvo apareció en los lugares donde se encontraban sus marionetas. Éstas volvieron a resguardarse en sus pergaminos, que se ubicaban en su espalda baja, tapados por la túnica blanca de la peliverde. Ahora, una postura de diálogo se instauraba, al menos por parte de ella y de todos los presentes.

Entraron a la taberna. Una de las mesas a la izquierda, una pequeña, era el lugar donde la peliazul se disponía a intentar hablar de negocios. Por supuesto, no todos iban a estar de acuerdo con aquello. Su guardaespaldas y el individuo que había querido armar cierto alboroto con la fémina se sentaron, siendo el primero quien estaba más cerca de la posición de su protegida. Ésta se quedó de pie, erguida. Hushika iba a hacer lo mismo; aprovechó que la tabla de madera que usaban como mesa estaba ubicada junto a una pared, por lo que apoyó su espalda en ésta. No quería estar sentada. Con el dedo, indicó al tabernero que traiga cinco tragos, para todos los que se ubicaban en el sitio. Inmediatamente, se cruzó de brazos, observando la escena.

–¿Acaso es que no puedes hablar sin la necesidad de querer quemar algo? ¿Tu cabeza no te permite pensar más que eso? –Respondía al comentario hecho por el muchacho. –Creo que antes de poner condiciones, deberías escuchar qué nos propone la señorita. –La paciencia era una virtud que en este momento, Hushika ya había perdido con ciertas personas. El individuo al que le hablaba había sido parte de la causa del caos generado, aunque no más que ella. La titiretera estaba siendo algo hipócrita en ese aspecto. Su bipolaridad era notoria. Llamaba a la paz, a la tregua, aunque de repente algo hacía saltar una chispa y un cortocircuito en su cerebro. Todo indicaba que algo de tensión había en el aire, aunque estaba expectante ante el negocio que iba a plantear la otra fémina.






DATOS:

STATS Y TÉCNICAS:
Ninjutsu: 10
Taijutsu: 7
Genjutsu: 7
Velocidad: 10
Resistencia: 10
Fuerza: 10


Técnicas totales: 8 Gennin.
Técnicas usadas: 3 Gennin.
Técnicas restantes: 5 Gennin.
INVENTARIO:
▲ Bélico:
-Marionetas.
-Venenos (Bomba de gas (x1) y frasco de veneno líquido).
-Pergamino Mediano (Sellado: Koma y Ari).
-Pergamino Mediano (Sellado: Senshi y Kumo).
-Senbons (x5).
-Cascabeles (x5).
-Senbons con Cascabeles (x5).
-Bombas de Luz (x4).
-Bombas de Humo (x1).
APARIENCIA:


Hushika
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Re: Joining the Family.

Mensaje por Shitai el Mar Mar 20, 2018 5:21 pm




Apagado. Como si dependiese de la simpleza de un interruptor, cualquier forma de vida que pudiese presentar el pelinegro, desaparecía en un abrir y cerrar de ojos. Ojos cansados; postura del genérico vago. Era difícil saber hasta qué punto era algo siquiera real detrás del inusual nombre Shitai. Terminó por sumergirse en el resto de las personalidades más poderosas del grupo, terminando por desaparecer del primer plano. Su función principal había culminado con el alto al fuego, y eso podía verse en el silencio que decidió resguardar. Algunas de sus costumbres ya podían darse a ver, pues al ser otro individuo que respira al igual que los demás, también tiene tendencias. La única llamativa en ese caso, es mantenerse en la órbita del foco principal. Todos brillaban menos él, que se encontraba a metros de distancia.

 Espectador; ¿o siquiera estaba prestando atención al detalle? Fue de los últimos en volver a entrar al local, siendo el chico de fuego, el más cercano a su posición. La mano derecha se encontraba fuera de sus bolsillos, sosteniendo el mismo penoso libro de siempre. Delgado; de tapa negra y hojas amarillentas. Otrora a las acciones que tomaba Akkarin para disminuir un poco el estrés, él no parecía verse afectado por la revuelta que había sucedido en las calles minutos atrás. Tanto él como la titiritera, parecían haber recuperado sus energías bastante rápido. Sus orbes posicionaban a las nuevas piezas en sus respectivos lugares, siguiendo cada una la línea de movimiento por la que él había apostado en su cabeza. El espadachín, se mantuvo cerca de la líder. El chico de fuego, cubriéndose de su coraza de agresividad. La titiritera, desconfiada. En el caso de Shitai, este se asemejaba más a la última, apoyándose contra una de las columnas de madera más cercanas, a dos metros de la reunión y apuntando con su lateral derecho al grupo. Alejado, mas no lo suficiente como para no escuchar. A diferencia de los recién llegados, este no precisaba de una reunión para comprender lo que iba a suceder. Podía entender cuándo su presencia no aportaba absolutamente nada.

Los tragos llegaron. Nuevamente, el suyo se encontraba en una esquina del tablón de madera que usaron como mesa. Intacto. Escondía la mitad de su rostro en ese mismo libro, el cual era acompañado por un movimiento rítmico del par de esferas enfermas que tenía como ojos. Cualquiera que prestase aunque sea un par de segundos de total atención al joven de prendas de tallas dispares, podría notar que las hojas estaban en blanco. Si se trataba de otro chiste sin gracia o de un desconocido delirio del parcheado, era un misterio más que se sumaba a la lista. Tuvo que ocultar una ligera mueca burlona al escuchar las palabras del pirómano y la titiritera, pues esperaba una respuesta de ese tipo por parte del primero. Un error que, mentalmente, se lo acreditaba a la dama de hielo. «Te comerán viva si te diriges a ellos igual que lo haría cualquier otra serpiente, su Alteza» siendo alguien que lleva en el bajo mundo por un largo tiempo, cuestionaba la forma en la que Akkarin se dirigía a los demás con un exceso de formalidad. Muchos de ellos eran marginados que dedicaron un par de contratos a escoria con la misma labia. Sin embargo, fue por otros factores que Shitai había apostado parte de su tiempo en la Yuki. Factores que esperaba volver a ver, esa misma noche.




OFF:
Apariencia:

Técnicas & Pasivas:

-

Stats:
· Ninjutsu: 10
· Genjutsu: 1
· Taijutsu: 1
· Fuerza: 1
· Velocidad: 10
· Resistencia: 6
Shitai
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Re: Joining the Family.

Mensaje por Akkarin el Miér Mar 21, 2018 7:48 pm



Las piezas estaban en el tablero, del cual los varios jugadores se encaraban entre sí bajo la paradójica situación en la estaban siendo partícipes. Lejos de ser la zona de confort de la canosa, encarar a tantos perfiles distintos y tener la voz en ello. Desde el momento en que había entrado a la ecuación, Akkarin era consciente de que cada palabra, cada cosa que hiciera, iba a ser producto de las evaluaciones y juicios de todos los presentes en la mesa. La presión de esto no era inusual; solo tenía un tinte y emisor completamente diferente al que ella enfrentó toda la vida.

Y no la ponía cómoda, en lo más mínimo. Andaba sobre vidrios rotos con los pies al descubierto, y era consciente de que su manera de hablar, allá abajo y en frente de todos los marginados entre los que ella misma pertenecía, cantaba y destacaba como un gato mimado por sus dueños entre una marabunta de perros callejeros.

El solo hecho de que cada uno hiciera lo que prefería a la hora de tomar asiento, y algunos ni siquiera lo hicieron, permaneciendo en una altura mayor o igualitaria a la suya propia, tomó real consciencia de qué tan delicada era la situación. No solo Shitai, quien era de entre todos el mal conocido, podía ser tomado como un alivio; la cabeza de la helada sabía que de no resultar de posible valor en los inexpugnables pensamientos o esquemas del errático parsimonioso, sería lanzada a los lobos sin parpadear siquiera. Kagetane, en su intercambio de puntos de vista, había dejado clara también su posición: la seguiría hasta que viese algo que no le cierre, y de ahí, el pandemónium la arrastraría a una situación de vida o muerte por parte de uno de los dos.

Los demás, eran supervivientes. Habían resistido hasta ahora con sus maneras y actos, y desde luego, una amenaza a su supervivencia o una palabra fuera de imagen los sacaría de la educación por completo.

«Te estás metiendo en aguas que no te atañan —habló con un retintín de sorna el anciano, tomándola de la barbilla con brusquedad; Akkarin solo permaneció impasible, mirándolo con ojos muertos que parecían rejuvenecer al carcamal de sonrisa depredadoramente helada—. Ya te sumergiste en ellas, solo queda que te ahogues lentamente».

¿Cómo iba a encarar a esos cuatro inadaptados, a cada cual más diferente que el otro? Se había acorralado a si misma en una mala posición, y no pudo evitar cruzarse de brazos, recostando de manera mucho más natural su cuerpo contra una de las vigas de madera que sostenían el techo de la taberna. La sonrisa que cruzó su rostro, de afuera, reflejaría cansancio; nada lejos de la realidad, puesto por dentro, sintió el extenuante peso en su espalda aumentar.

«Bienvenida a tu infierno particular» —se dijo a si misma, con un toque ácido de sorna. Sus ojos paseaban alrededor de los presentes en silencio, dejando el intercambio entre Yottan y Hushika tomar lugar con perezosa curiosidad. Empezaba a ser consciente de cómo se estaba metiendo hasta el fondo en una situación y dinámica de la que no podría escapar, clavando a cada tanto otro clavo para fijarla.

Se le estaba yendo de las manos. Ya se había descarrilado por completo de su meta, y cada vez daba más pasos en la dirección que había perjurado toda su vida evitar como la peste. La ironía era tal que picaba, pero no podía permitirse hundirse.

Bueno —rompió con el consecuente silencio entre observaciones; descruzó asimismo los brazos para dar una palmada sorda, que solo pudieran escuchar los cuatro involucrados entre tanto ajetreo de la vida nocturna del antro. Avanzó, pues, hacia ellos aprovechando la cantidad de banquetas libres por el par que habían decidido no optar por ellas. Arrastró una de ellas con el pie, hasta situarse entre los dos sí sentados, presidiendo la mesa en uno de los extremos donde sí pudiera ver a cada uno de ellos—. Está en su derecho de quemar este sitio. Pero, a poder ser, en un rato y con los cinco fuera —habló, dejando los honoríficos y la actitud distante a un lado, de golpe. Incluso el tono había cambiado a uno menos desapegado e impersonal, a más casual, pero manteniendo la cordialidad.

La única razón por la que había, de entre esos cuatro, tenido contactos medianamente decentes había sido cuando había dejado de lado la máscara. Con uno, había terminado abrazando la más sombría de sus caras, perdiéndose en los primitivos impulsos de destrucción que honestamente la habían llevado a romper la barrera. Con el otro, había hablado desde la pasión y el odio real que embotellaba con cada día que pasaba, dejando que el cuentagotas que era su farsa lo dosificara con tal escasez que se acumulaba sin retorno.

Y, las veces que había acercado su máscara, no solo había perdido el control de las situaciones en vez de tomar las riendas; se descarrilaban de la vía, hasta perder el rumbo que quería por completo.

La honestidad era realmente un arma de doble filo, peligrosa e incómoda incluso para quien, por una vez, quería usarla deliberadamente.

A todo esto, lamento la escena de atrás —esbozó una sonrisa afable y cansada, a pesar de que esta no llegase a sus ojos. Un desdeñoso gesto dirigido hacia el pelinegro de parches en la piel acompañó a sus palabras—. Pero como ya algunos habéis experimentado, este chico atenta con la paciencia de algunos de vez en cuando —no había ni acusación, ni calidez en su voz; como alguien que apuntaba a un hecho tan simple como que el agua mojaba, o que el sol iluminaba. Era algo con lo que, de acuerdo en desacuerdo, le gustase o no, ella vivía y estaba presente. Las bebidas sobre la mesa no permanecieron intactas; ella misma se tomó una pausa, para trincarse de un chupinazo, el contenido completo del licor barato del vaso. La quemazón en su garganta no la hizo sentir mejor, pero era apoteóticamente familiar. Se aferraba a cualquier sensación que la hiciera sentir mínimamente cuerda, dentro de su errático ser. Recomponiéndose tras ello, se apoyó hacia atrás y uno a uno, fue mirándolos con pausas de no más de un segundo—. A algunos os conozco o recientemente hemos tenido el placer de conoceros. Sin embargo, las presentaciones entre vosotros también están de más, creo: no tenéis ni idea de por qué estáis aquí, aunque tal vez os oléis por donde van los tiros —comentó con sencillez, reduciendo la sonrisa hasta una mueca casual de incomodidad. Las banquetas eran demasiado duras, y no podía evitar quejarse—. No vengo a proponer nada, la verdad. Tampoco hablar de negocios, aunque era la manera más fácil de tratar con esto —parpadeó con lentitud y cruzó las piernas, apoyando el codo en la rodilla y seguidamente, el mentón en su palma. Sus ojos se clavaron en Yottan, sin sonreír en lo más mínimo—. Pero lo primero es dejar claro que, en cualquier momento, esto puede volverse una masacre. Y no lo digo por mí, sino por cualquiera que pierda el gatillo aquí. Seamos sinceros: de todos los presentes, todos velaremos por nuestra supervivencia —aclaró con pereza, con el cuerpo nada tenso. Aceptaba la idea de la violencia, que vendría por parte de todos y hacia todo, viendo la volatilidad del ambiente—. Porque eso hemos sido hasta entonces: supervivientes. Yottan, Shitai, Kagetane, Hushika, y yo misma, Akkarin, no estamos aquí por otra razón ni meta que esa —siguió; la exposición de cada uno de los nombres era adrede. No había habido presentaciones, ni tampoco declaraciones. Solo extraños; había roto una barrera de golpe, al exponer al menos, las actuales identidades de todos—. Seguir sobreviviendo. Cada uno ha sido exiliado o tachado por los demás: escoria, traidores, criminales… aquí, en este lugar, somos todo lo mismo: basura que se apelotona en las calles y en algún momento, habrá que tirar. Evitamos esto, a veces lo enfrentamos —miró en este caso, tanto a Yottan, como a Kagetane por un par de segundos más, deteniéndose finalmente en Hushika—. Pero siempre solos. Eso es lo que facilita el control: somos objetivos con caducidad estipulada por nuestra independencia, y nuestros propios motivos. La escala es pequeña; el impacto que tenemos es irrelevante. No somos más que amenazas pasivas, o a lo sumo, piedras en el camino —siguió hablando, pero de golpe, se detuvo.

Hablaba demasiado. Ese era el maldito problema con ella. Y esto aquí, no funcionaría—. Ah, maldición, detesto esta jodida costumbre —su mandíbula se tensó; su posición, así como la voz y la mirada, se endurecieron. Ya no estaba pasivamente apoyada en la palma de su mano, sino que ambas manos se habían entrecruzado, apoyados los codos encima de la mesa. Los observaba, uno a uno, sin distinciones—. Al grano: Shitai os trajo a vosotros, Yottan y Hushika, aquí por una razón. Os encontró, uno porque lo pedí, el otro un encuentro afortunado. Kagetane, a ti te encontré yo, más accesible por mi posición en ese lugar —resumió, con el rostro serio. La gente alrededor a veces miraba con curiosidad hacia ellos, algunos murmullos intercambiados, pero nada más. No eran relevantes, ni conocidos después de todo—. Quiero unificar el poder individual, para formar un titán que arrase con todo —habló con honestidad; de sus palabras, podría sacarse una metáfora, o una interpretación literal. No estaba claro, por la serenidad con la que había dicho todo, pero el borde duro que cada palabra había tenido—. Cada quien tiene sus objetivos o ideas, no me pienso meter con ellas y podéis hacer como plazca. Este mundo está podrido hasta su médula, y en un mundo así, solo es el poder lo que marca la diferencia entre un cadáver y alguien vivo. Todos estamos corruptos en alguna parte de nuestro ser, desde el feudal de turno, hasta los sentados y parados aquí mismo —pausó, así para respirar y así para calmarse a si misma. Ahí, se le había ido un poco de las manos; de nuevo, sus emociones tomaban el dosificador y lo rompían—. Quiero juntaros en una sociedad, dejar de ser matones o inadaptados, y establecer un orden propio. Facilitaros a cada uno vuestros propósitos, a cambio de establecer la supervivencia en un nuevo paradigma: quien ofrece, recibe. Y viceversa. Llamémoslo negocio, por así decirlo, porque un servicio ofrece una recompensa. Llamémoslo zona franca y extender una mano para todos, si queréis. Quiero que vosotros, seáis parte de ello por vuestros perfiles y también, porque aun marginados, sois un ejemplo en cada una de vuestras experiencias. Empezando aquí, en este lugar, en este país.

Había monopolizado demasiado el tiempo, así que después de haberse adueñado del turno (si eso existía ahí) de palabra, procedió a callarse. Y fue entonces, donde realmente, su cabeza pudo escuchar el sonido de otro clavo golpearse, y la piedra de su estómago creció.

Ella había hecho, finalmente, su parte. La pelota ya no estaba en ella tampoco, sino en todos los presentes a excepción de ella misma. Por otra parte, un infierno podía estallar; o por otra, pura apatía. Le daba, sinceramente, igual.

Teniendo en cuenta que había dicho su verdadero nombre, si el resultado no era el que quería, no podría dejar salir a quienes se volvieran cabos sueltos. Con la naturalidad y desapego que parecían innatos, la Yuki llegó a la simple conclusión de que cualquier respuesta negativa, sería un cabo que eliminar en esos momentos.

Nunca el peso de sus agujas en las mangas, había sido tan... entretenido y estimulante. Sonrió con sinceridad.

OFF:
Apariencia:

Técnicas & Pasivas:


Restantes: Genin: 7 / Chunin: 6
Inventario:

• Senbons x15
• Kunai x10
• Hilo de alambre
• Sellos explosivos x8
• Bomba de Humo x2
• Bomba de Luz x2
• Pack Individual - Éxtasis (5)
• Pack 5 Usos (Drogas)
— Éxtasis: 5
— Anestesico: 5
— Calmantes: 5
— Sanguíneos: 5
— Alucinógenos: 5
— Energizantes: 5

• Pack 2 Frascos (Cicatrizante & Purgativa, recompensa)
• Vendas
• Píldoras de soldado x3 [Compra]
• Tanto
Stats:

• Ninjutsu: 4 + 3 + 8 = 15
• Taijutsu: 2 + 1 + 9 = 12
• Genjutsu: 3 + 4 + 4= 12
• Velocidad: 5 + 2 + 8 = 15
• Resistencia: 4 + 3 + 8 = 15
• Fuerza: 2 + 1 + 12 = 15
Akkarin
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Re: Joining the Family.

Mensaje por Yottan el Jue Mar 22, 2018 9:56 pm

Mientras los que quedaron de pie hacían demanda de un líquido, el adolescente veía de nuevo las caras que le rodeaban, comenzando por aquella que se creyó en algún momento lo bastante mejor como para corregir las groserías del fuego. Qué mala elección de palabras la de la marionetista. Se ganó sólo unos segundos muy escasos de la mirada ceniza. Era esperable una rabia incontenida, odio, las características que el joven había ya delatado de si mismo. Lo que había en aquellos ojos era, pero, distante. Odio, sí. Pero no el odio esperado. Como con la lengua, los ojos de Yottan no detestaban más a aquella peliverde de lo que se detestaban a si mismos. Estaban a la misma altura, y era algo que el incendio andante comprendió cuando comenzó aquella odisea de la destrucción. Quizás por ello sólo se formuló una pausa que siguió con la inspección del lugar. Una taberna sacada de los cuentos de borrachuzos, con la iluminación más pobre que podían dar unas velas, y con cada uno de sus invitados perfectamente colocados lejos del alcance de sus llamas por ahora. Todo para acabar en la respuesta de la que pronto se desmintió negociadora. Él la miraba con el mismo acento de tirria que al resto. Respeto no había ninguno, pero no nacía natural el el incendiario ser el primero en hablar. Las bebidas llegaron a todos menos al ardiente, quien nunca se prestó a ningún licor, estaba lejos de querer disuadir su mente con los brebajes de la basura.

No fue un buen inicio para la de pelo en proceso de albinismo. Cazaba poco las intenciones de su charla, Yottan. Nunca importaron en el adolescente, y no quiso pensar en un primer momento que fuesen a suponer un gran impacto sobre él, de modo que su atención era más sutil. Él dedicaba más pensamientos a la imaginación de cómo el fuego consumiría los pilares del edificio, columnas, de las que una no estaba muy lejos del asiento. Pero una palabra clave fue asaltada de forma repentina, y fue cuando los ojos de tonos agrisados y marrones fueron realmente conscientes de los gélidos. Supervivencia. A su lado, la peliverde fue la personificación de la empatía. Y aún así, hizo al castaño mirarla bien. A pesar de la grandísima equivocación, la desafortunada se había tropezado en su grupo circense a un espécimen muy lejano a lo que muchos pensarían. Como el propósito del fuego, el de Yottan era exclusivamente destruir. No quería dejar al descubierto la podredumbre humana, no deseaba venganza, no quería superar a nadie. Él era destrucción en vida. Obviamente a la mujer le preocupaba que el chico tuviese tan pocas luces, miedo carente de fundamento. Su postura denotaba a los ojos inexpertos soberbia e introversión. Los brazos se habían cruzado en algún momento, la planta del pie que había impacientado moviéndose cual campanilla ahora estaba detenida en el aire. El frío contra el calor: ellos dos no iban a coincidir. Vista bien, no era más que una niña, como en realidad la mayoría, quitando a aquel espadachín sin gracia. Su pelo no era perlado natural, sino que otrora azul, ahora se estaba convirtiendo en el símbolo del estrés y la decrepitud. Había enfermedades humanas debajo de sus ojos, sobre su piel y sobre todo el aire que la rodeaba. Sus miradas coincidían sin decir nada, no necesitaban saber nada.

Yottan era su nombre. No se sobresaltó, mas no pasó desapercibida la chispa desconfiada del muchacho. Jamás se presentó tampoco al engendro de parches, ¿por qué entonces conocerían aquella palabra? Las pocas veces que las dijo, fueron en conversaciones poco reconocidas. Los registros criminales de países atacados por los incendios dorados eran la probabilidad mayor, mas tuvieron aquella pareja de extraños que haber buscado antes de encontrarse con aquello de casualidad. Basura lo eran todos. No era posible expandirse de todo en los pensamientos cuando la oratoria de la congeladora era ininterrumpida. El fuego, pero, quiso por primera vez saber a dónde llevarían tantas vueltas. Especialmente desde la mención casualmente acorde a su mayor problema: solos eran irrelevantes. Su pausa fue la que el de fuego aprovechó para volver a mirar a su alrededor. Le daba poca curiosidad la reacción personal de cada individuo, pero si era cierta su suposición y aquella joven quería que su impacto creciese, era importante saber cuánta ayuda tenía aquella célula útil para el destructivo. Arrasar con todo, incluso con aquel titán sería más sencillo subido a en su hombre.

La propuesta fue finalmente lanzada en una forma última que a Yottan terminó de convencer. El muchacho conocía bien las limitaciones de su actitud. Distinguir cuando su propósito era perpendicular y cuándo paralelo, esa era la clave esencial llegados a aquel punto. Él había sido arrastrado por el parcheado, partícipe directo no de sus habilidades o su personalidad: de su meta. Si se había asociado con aquella mujer, quizás hasta algún punto pensaba que podían sostener la utilidad del volátil. Y como tal, él podía hacer lo mismo. La labia de la peliazul terminó, y unos escasos momentos de silencio dieron paso a la consecuencia más inesperada, con un gesto del incendiario levantando su mano educadamente. Era en realidad la señal de disponerse a hablar, detestaría ser interrumpido en su palabras próximas. Sin dejar tiempo tampoco a la oposición de nadie, se abrieron las fauces para comenzar con otro inesperado y determinado gesto.

— Voy a unirme, pero también a dejar las cosas claras. — Esas fueron directas flechas a la gélida. Acto seguido, su mirada se fue distribuyendo hacia el resto, al igual que su voz, aunque no más agradable que antes, sí más lineal. — Lo único que me interesa de este plan es que me facilite el trabajo. Mientras así sea, no me importa tener que dejaros para el final. — Un rápido vistazo a la respondona peliverde mostró una mirada nueva. Eran los mismos ojos, pero en ellos se leía más que odio, una sensación superior. El sentimiento más puro de destrucción que podía imaginarse la mente cuerda. — Lo que quiero es deshacerme de todo. Entendedlo llano y simple, todo. El resto me da completamente igual. Que sean muertes justas o no, piadosas o después de una tortura. Mientras haya bajas, yo me encargaré de mi parte con esta sociedad. — Regresó a la vista generalizada, y descruzó las piernas, quedando en una posición más firme. El timbre no le temblaba al hablar de aquella meta tan exclusivamente destructiva. — En el momento que uno de vosotros deje de serme útil, para mi dejará de tener excusa para no incinerarlo. — Un último apunte, y la única oración personal que hizo el incendio realmente fue dedicada nuevamente a la central de todo aquel embrollo. Quizás una recompensa por haberle facilitado una oportunidad. — No creo en utopías, sólo procurad que esa masacre se extienda lo máximo posible, y no tendréis que preocuparos de mi. No pretendo sobrevivir a ella. — El mucho más simplista discurso concluyó. No había nada en él que invitase a debate. No era una proposición como la de tal Akkarin, no era ninguna inspiradora y gran empresa que elevaría a todos. De momento, se veía a si mismo el más simple de los presentes. Despreciaba por completo las dificultades de su pasado, y no las consideraba el motor de su odio, eso haría las cosas personales, y su propósito, pobre. Era una suerte de iluminación, de revelación; que como la mayoría sólo se postraban a un desgraciado en todo el mundo. Ganados aliados y enemigos, pero, había algo que Yottan sí detestaría, llegar a sostener el peso de las mentiras. Era un humano al fin y al cabo, y con un pasado que no podía negar.


Ropa:
Datos:

Statistics. —
Ninjutsu. —10.10—
Genjutsu. —01.07—
Taijutsu. —02.07—
Strength. —03.10—
Speed. —03.10—
Resistance. —07.10—

Tenka. —07.07—

Techniques. —G.07—
None. —00—
Yottan
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Re: Joining the Family.

Mensaje por Kagetane el Vie Mar 23, 2018 4:41 pm






Para Kagetane, las palabras de la Yuki no eran nada nuevo. Era lo mismo que había escuchado aquel día en el bosque del fuego, pero con otras palabras. Por lo tanto, su simple presencia en aquella taberna indicaba que estaba de acuerdo con el plan de la dama de hielo. Habia mencionado cinco nombres, a los cinco miembros de la reunión. Sabia la identidad de Akkarin, y obviamente él era Kagetane. Supuso que Hushika era la de los cabellos verdes, por lo que solo quedaba darle nombre a Shitai y Yottan, que eran los dos pelinegros que quedaban. Pero, ¿Quién era quién de los dos? En el momento quiza eso no seria relevante.

Tras las palabras de la Yuki, hubo un espacio libre para que otro tomara un turno de habla, no paso mucho tiempo para que la primera voz se manifestara, que en ese caso seria la del adolescente mal hablado. A medida que este expresaba su posición en este plan, el asesino no hizo más que sentir irritación e ira correr por cada uno de sus huesos Kaguya. Cada palabra que salia de la boca de ese muchacho, como buscaba solo la muerte, muerte sin más, muerte sin distinción, le recordaba a Kagetane al tipo de personas que para él debían ser purgados de la sociedad. Había una serie de perfiles de gente que no debían existir según el Kaguya, y aquel muchacho, en ese momento, parecía la definición sacada de diccionario de uno de esos perfiles, uno de los que más odiaba.

Justo cuando Yottan termina de hablar, Kagetane inmediatamente se pone de pie, dejando claro que el próximo turno seria suyo. Lentamente se deshizo de su capa y la dejo caer sobre su asiento. Quería estar cómodo para lo que venia. Sus próximas palabras iban dirigidas al muchacho ígneo y nada más. Por un momento olvidó el lugar donde estaba, olvidó a los demás de la mesa, toda su atención estaba en ese chico. "¿Eso es todo?¿Matar?¿Simplemente matar? Hay una serie de personas que pretendo exterminar de esta sociedad. Y tu... eres el tipo que más odio.". El Kaguya no estaba en contra de los asesinatos, no, estaba consciente de que eran necesarios para llevar a cabo su misión. Pero si creía en que quien no sufría de pecado no debía morir y ahí era el detalle. El separaba la hierba mala de la buena, aquel muchacho, a los ojos del espadachín, parecía quemarla toda junta.

Con gran velocidad dio un salto y se puso sobre la mesa en cuclillas en frente de Yottan, desenvainando casi instantáneamente ambas armas en el proceso y amenazándolo de una forma similar pero más ofensiva a la de hace un momento en el encuentro en la calle. "No importa lo que quieras en la vida, se necesita convicción y deseo para llevarlo a cabo. Sin eso, no llegarás a ningún lado. Dime... ¿Qué tiene de divertido matar sin convicción?".

Yottan no se mueve, al principio, mirando a Kagetane de la misma forma que a todos. Al saltar, pero, y superado por mucho en velocidad hace un escueto amago de retroceder sin darle tiempo siquiera de levantarse, aunque no le cambia la expresión por una de miedo, sino de completa molestia. Y algo más. El ceño queda fruncido. "Vuelves a perderte los detalles, disminuido cerebral." -le respondió mientras alzaba su mano en símbolo de "paz". "Que no vaya llorando por mis convicciones como tú no significa que no las tenga. Ahora baja esas cosas, si quieres matar, prefiero que conserves el cuerpo entero.".

El Kaguya, mirandolo directamente, con la misma seriedad con la que inició su ofensiva, le dijo: "Bien.". Aprovechando su postura de cuclillas, regresó a su posición inicial dando un salto hacia atrás y envainando sus armas nuevamente. Tanto en su entrada como en su salida la mesa se agitó considerablemente, pero, de alguna forma, solo se derramó algo del liquido de aquellas jarras que aun seguían sobre esta, nunca llegando a caerse totalmente el envase. "Ahora tengo curiosidad... ¿Por qué buscas dar muerte a toda la existencia?" -dijo en un tono más diplomático que su anterior comentario. Buscaba conocer más a ese supuesto aliado si iba a tener que trabajar con él.

Yottan se traga el suspiro, y la molestia aumenta considerablemente con la pregunta. Claramente es un tema que no quiere tocar. "Tu curiosidad me importa casi tanto como tus razones. Si vamos a facilitarnos el camino, no te entrometas en el mío.". Kagetane frunció el ceño al oír la respuesta de Yottan. Comenzó a respirar profundo, se le notaba que estaba por estallar de ira. Pero, por el bien de la reunión y porque seguramente a su "benefactora" no le agradaría que iniciara un conflicto armado en esa mesa, hizo lo posible por calmarse y volver a su asiento.

Tomó su bebida, que no habia toado desde que la sirvieron, se recostó de la silla y le dijo al chico de las llamas: "Más adelante resolveremos este asunto...". Se dio un trago del brindis y dijo: "Prosigamos.". Yottan regreso a su cara de asco de siempre, culminando ambos entes su intervención en aquel tema.


Comentario:
La conversación con Yottan fue llevada con su usuario por MP.
off:
Equipamiento:
Stats:
• Ninjutsu = 7 + 2  = 9
• Taijutsu = 9
• Genjutsu = 1
• Velocidad = 10 + 2 = 12
• Resistencia = 9
• Fuerza = 6

Arte del filo elemental
Arte rápido

Tecnicas:

Tecnicas 7/8
Capa:

Kagetane
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Re: Joining the Family.

Mensaje por Hushika el Sáb Mar 24, 2018 4:53 pm



Callada. Así se encontraba mientras oía las conversaciones de toda la taberna, mayoritariamente entre borrachos, o ratas de poca monta. No solía prestar mucha atención a eso, pero intentaba pasar desapercibida. La mera presencia de aquellos individuos en ese lugar representaba un misterio; a fin de cuentas, ella era la única que frecuentaba realmente esa zona de la ciudad. Quizá ese chico, Shitai, podría tener algo de relevancia en el país. Los demás, a ojos de la peliverde, eran completos extraños en cuanto a localía se tratara. Eso, aunque no pareciera, a los habitúes de la taberna también le hacía eco. Se sentían las miradas, el hablar por lo bajo. Rumoreaban entre ellos. Eso es lo que hacen las alimañas para entretenerse; pero se sabe que el alcance de los rumores puede ser alto. Quizá es por ello que Hushika decidió guardar silencio al empezar la conversación, sin tratar de soltar información de más, al menos de momento.

El monólogo de la peliazul fue extenso y bastante completo. No podía decirse que se había aburrido, puesto que observaba los gestos y las reacciones que tenía en su cara la muchacha. Le parecía realmente divertido. Con respecto al contenido de lo que planteaba, estaba algo de acuerdo. No compartía la idea de relacionarse con individuos que, a fin de cuentas, acababan de tener encuentros algo bélicos con la marionetista. Sin embargo, extender su red de alianzas era imperioso. Reciprocidad. Si lo que esta individua ofrecía era cierto, la titiretera realmente podría alzarse con un poder impresionante. Un poder social, una reputación aún más temible. No buscaba sangre, no buscaba justicia. Actualmente, se movía por las riquezas y por el poder; ¿Existía la posibilidad de tener ambas casi a la par de un feudal, siendo un criminal? El negocio que se planteaba era algo que ayudaba a esa idea.

Cuando nombró a quienes integraban el grupo, al escuchar el último nombre –el cual era la identidad de la contratante–, no pudo evitar soltar una carcajada. Comenzó a acercarse lentamente a esta. Lo había recordado. Aquel tono de pelo y aquel nombre no eran casualidad. Dibujaba una sonrisa en su cara, que podría verla quien la estuviese observando.

–Después de todo, no éramos tan distintas. –Pensó, mientras se ponía casi a medio metro de ésta.

Lamentablemente, antes de que pudiese decir algo, fue el individuo más odioso el que habló primero. Estableció una serie de condiciones, algo que, para el entender de Hushika, era una muestra de egocentrismo injustificado e incluso un destello de locura. ¿Por qué hablaba como si fuese algo simple matarlos? Los dejaré para el final. Esa frase iba a quedar grabada en la mente de la alquimista por mucho tiempo. No toleraba a la gente orgullosa, mucho menos iba a soportar que alguien estuviese en su taberna, amenazando no solo con quemarla sino que estaba insinuando que su objetivo era la aniquilación de los allí presentes. Intentó calmarse. Dentro de ella, su voz se repetía a sí misma.

–Mátalo. Mátalo. Mátalo. –La posibilidad se alzaba. Una lucha entre dos pensamientos opuestos, nuevamente, comenzaba a disputarse en la psiquis de la kunoichi.

Era una especie de deja vú. Algo similar había pensado y sentido con Shitai hacía unos momentos atrás. Detestaba la gente irritable, y aquellos dos individuos lo eran. Para su suerte, antes de que pudiese actuar impulsivamente, dejando que su otro yo la corrompiera, el encapuchado se levantó de su asiento, saltando sobre la mesa y dejándole las cosas en claras. Se tensaba la situación, al igual que cuando estaban fuera de aquel lugar. La peliverde sonrió al ver esta muestra de agresividad, y volvió a forjar esa sonrisa maliciosa en su cara. No prestó mucha atención a lo que decían los dos hombres; no le importaba su discusión. Sólo disfrutaba de que alguien haya querido cerrarle la boca al que había hablado primero. Ahora, podría abrir la suya.

Se acercó hacia el oído de la muchacha, aprovechando la palabrería ajena que se generaba a apenas centímetros de ellas.

–Yuki Akkarin. Que extraño… ¿Qué te ha hecho seguir el camino del mal? ¿Qué piensa nuestro amigo Seiichi de esto? –Susurraba, casi. Sólo lo podría escuchar la peliazul. Había puesto esa voz maligna, que emitía con su respiración. Su otro ser tomaba su cuerpo, nuevamente. Hushika había aprovechado la distracción de los otros dos individuos para comentarle eso a la chica y hasta expresar su nombre completo, que conocía de antemano. El único que podría haber notado esta interacción era el parcheado. –Ah, por cierto, me agrada tu guardaespaldas. Es… impulsivo. –Su mirada al respecto fue una mezcla entre apreciación y asco, aunque siempre emitía aquella carcajada maliciosa. Era sumamente extraña de describir. De todas formas, sus cuerdas vocales reflejaban que ya había recuperado el control sobre su mente.

Al ver que todas las aguas se calmaban, aprovechó para hablar ella. No sin antes mirar a quien también se encontraba de pie, sosteniendo un libro en la mano. ¿Acaso esas eran páginas vacías? Quizás, la titiretera habría encontrado a alguien aún más desquiciado que su propio ser. Volteó inmediatamente la cabeza, observando a quienes se reunían en la mesa.

–Ah… has derramado un poco de mi bebida. –Decía, mientras tomaba la jarra que había dejado el tabernero en aquel pedazo de madera. –Debe ser una señal. No debería tomar tanto alcohol… ya hace unas cuantas horas estoy bebiendo. –Se reía. Soltaba esas risas que sólo ella podría entender. –Bien bien, hay que volver al tema central. –Suspiró, mientras le daba un trago a lo poco que quedaba del brebaje. –Bueno, un poco más no hace mal. En fin. Voy a trabajar para esta sociedad. No tengo ninguna pretensión. Mientras que esto me proporcione una entrada grande de riquezas, estoy dentro. –Se movía por el dinero, como toda criminal. –Lo único que quiero… es tener la seguridad de que el pirómano no va a intentar clavarme un puñal a la primera que le dé la espalda. –Se reía, nuevamente, aunque sus palabras iban con bastante veneno para el individuo.

Había aceptado el trato. Aunque eso distaba mucho de convertirse en una especie de compañera de aquellos que no le generaban ni un gramo de confianza. Para su percepción, serían únicamente socios de trabajo.







DATOS:

STATS Y TÉCNICAS:
Ninjutsu: 10
Taijutsu: 7
Genjutsu: 7
Velocidad: 10
Resistencia: 10
Fuerza: 10


Técnicas totales: 8 Gennin.
Técnicas usadas: 3 Gennin.
Técnicas restantes: 5 Gennin.
INVENTARIO:
▲ Bélico:
-Marionetas.
-Venenos (Bomba de gas (x1) y frasco de veneno líquido).
-Pergamino Mediano (Sellado: Koma y Ari).
-Pergamino Mediano (Sellado: Senshi y Kumo).
-Senbons (x5).
-Cascabeles (x5).
-Senbons con Cascabeles (x5).
-Bombas de Luz (x4).
-Bombas de Humo (x1).
APARIENCIA:


Hushika
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Re: Joining the Family.

Mensaje por Shitai el Dom Abr 08, 2018 11:45 pm



Era su decisión tomar ese rol. Ser aquella figura que solo dejaba transcurrir el tiempo, sin aportar nada que pudiese modificar el resultado de alguna interacción que pudiese suceder a continuación. Shitai, entre todos los que se encontraban presentes, seguía siendo aquel que había conectado con la mayoría. De los tres que tuvieron el disgusto de entablar una conversación con el parcheado de prendas negras, podían imaginarse lo ajeno que se comportaba ante ese tipo de situaciones. Su capacidad auditiva, se encontraba en perfecto estado, por lo que podríamos asumir de que estaba absorbiendo todo lo que la dama de hielo les estaba diciendo. Sin embargo, a él no le produjo absolutamente nada nuevo. El pelinegro, inexpresivo como cambiante, continuaba generando más rompecabezas alrededor de su enigmática figura. Era difícil saber cuándo podía encontrarse inspirado por el discurso de su ahora jefa, o si siquiera era capaz de sentir ese fuego necesario para poner manos a la obra. Sus estados emocionales, todavía estaban por ser descubiertos. Apartaba casualmente la mirada de su libro de contenido inexistente o irrelevante, viendo a la Yuki por el rabillo del ojo izquierdo; fijando una circunferencia de un tono brillante y a la vez espectral en el individuo que aparentaba haber tomado las riendas de esa situación. Una vez el de prendas de tamaños dispares captó ciertas expresiones faciales en el rostro de Akkarin, volvió a lo suyo. No tenía de qué preocuparse si se encontraba en ese estado.

Antes de que todos terminasen por pasar desapercibidos a la atención de Shitai, fue la rápida confirmación por parte del pirómano, lo que produjo que los ojos del extraño criminal se abriesen más de lo que su desganada personalidad le permitía normalmente. Con esa misma expresión de casi invisible sorpresa, volvía a espiar entre las hojas amarillentas de su libro, al castaño que había traído a esa misma reunión. Cierto era, que el tiempo que habían pasado juntos, habría sido una serie de interacciones incómodas para el ser humano común. Ninguno presentó ni una pizca de curiosidad por el otro, siempre y cuando se mantuviesen funcionando correctamente hasta el próximo paso de su temporal alianza. Yottan. Lejos de sorprenderle que Akkarin supiese más que él del inestable muchacho, sí fue inesperado el pronto efecto que había tenido sobre el chico con serios problemas de temperamento. Fue al final de su monólogo, lo que generó que los párpados de Shitai volviesen a cumplir la ley del mínimo esfuerzo; pero esta vez, en lo más profundo del abismo que era su muerta mirada, hubo algo diferente, que nadaba en territorios desconocidos de su incomprensible ser.  «Huh...» En territorio criminal; en el bando de los 'malos', también hubo alguna vez, sueños que se rompieron en pedazos. Decepciones y tragedia. Shitai lo veía todo.

Acción. Luego de haber presenciado un veloz movimiento por parte del espadachín, con menor velocidad que él, el pelinegro había reaccionado con la agilidad de cualquier criminal atento a los movimientos indeseados por los que seguían siendo desconocidos en su libro. La mano que se encontraba oculta en su bolsillo del lado opuesto a la reunión —derecho— y aislada del campo visual de los demás al ser cubierta por su propio cuerpo, había realizado un simple movimiento con la muñeca que pasó completamente desapercibido. Después de todo, lo que podía verse, seguía siendo el pelinegro sosteniendo su libro con la mano izquierda y con un rostro inmutable. Al haber realizado ese insignificante movimiento, entre las mangas mal tejidas de su chaqueta, se había deslizado un bisturí, el cual bailó entre sus dedos  corazón y anular después de haberlo desenganchado de su escondite con las uñas. El cuerpo de la herramienta continuaba oculto bajo la prenda oscura, siendo nada más la hoja de la herramienta, lo que sobresalía de un puño recién formado. Era el bajo mundo, después de todo. Algunas cosas, simplemente no cambiaban nunca.

El hecho de que Shitai se encontrase armado, no significaba que fuera a saltar a la acción sin razón alguna. Tomaba las precauciones necesarias por si necesitaba neutralizar una situación posiblemente problemática. Podía hacerse una idea bastante precisa sobre el perfil psicológico de Yottan, mas no sobre aquel que fue llamado Kagetane. Un espadachín con años de entrenamiento encima, pudo deducir el parcheado. Sus movimientos fueron tan veloces, que ni siquiera el pirómano había podido reaccionar a la par. Tampoco Shitai. «Pelear contra él cuerpo a cuerpo, sería un problema...» podía encontrarse a gusto con la sorpresa de un futuro aliado habilidoso, mas no lo descartaba como otro enemigo en un futuro aún más lejano. Contramedidas ya eran planeadas por el comodín de la reunión. El bisturí volvió a su sitio cuando las aguas se calmaron, y ahora podía tener en cuenta los fuertes ideales de Kagetane en el tablero. Alguien que aparentemente se ve impulsado por la falacia de héroes y villanos como lo es Shitai, pudo encontrar cierto respeto por la postura del espadachín ante el mundo. No obstante, el respeto del de múltiples piercings, nunca fue precisamente bueno. Te convertía en material decente y utilizable.

En el mismo plano del encontronazo que tuvieron Yottan y Kagetane, solo aquel que se encontraba fuera del escenario pudo captar otro factor a tener en cuenta. Hushika susurrándole a Akkarin. Lejos de estar interesado por el contenido de esa conversación privada, volvió a romper toda concentración visual que tenía sobre alguno de los presentes, dedicándose a observar los alrededores. Empezaba a hacerse tarde, y los clientes habituales de aquel antro se despedían del lugar. Aunque las masas habían disminuido ligeramente en su tamaño, ahora presencias más turbias rondaban por esa especie de taberna. El tipo de gente que aparece a insólitas horas de la madrugada. Cuando finalmente escuchó la confirmación por parte de la inestable titiritera, ya se podía contar con la participación de todos los miembros presentes. Todos, exponiendo sus motivos personales para ser parte de aquella ridícula cruzada. Todos, por supuesto, excluyendo a Shitai.

Se escuchó el sonido seco de las dos manos del de piel maltratada, cerrando su libro. Lo sujetó cuidadosamente en el lateral derecho de su cintura, oculto por el largo de su chaqueta abierta. Separándose de la columna de madera que lo mantuvo en una cómoda posición durante gran parte de la charla, giró su cuerpo para que quedase de frente al nuevo grupo del que sería parte. — No habrá traiciones por parte de ninguno. Me encargaré personalmente de quien sea que quiera intentarlo. — Habló por primera vez, en varios minutos. Su falta de expresión mostraba lo serio que iba con lo que acababa de decir, también consciente de que así, acababa de arrojarse a la boca del lobo. — Y cualquiera de ustedes, panda de descerebrados, que tenga un problema con eso... — Su cuello violáceo y quemado se estiró, mostrándoles el mentón con una suave sonrisa provocadora. — ...atrévanse a hacer algo. — Se encogía de hombros en el proceso. En sus ojos podía verse la arrogancia que emanaba con semejante acto suicida. De la forma en que su cabeza procesaba las ideas, le resultaba más fácil unirlos a todos en un mismo sentimiento: odiándolo a él. Así, podía evitar que se matasen entre sí antes de llegar a salir de la taberna.

A su rostro se le volvió a caer toda expresión. — Era una broma. — ¿Lo era? Paso tras paso, se acercó finalmente para tomar asiento, a la izquierda de Yottan. — Necesitamos un nombre. — Concluyó el parcheado, yendo directo al grano y ahorrándose lo implícito: Estaba dentro.



OFF:
Apariencia:

Técnicas & Pasivas:

-

Stats:
· Ninjutsu: 10
· Genjutsu: 1
· Taijutsu: 1
· Fuerza: 1
· Velocidad: 10
· Resistencia: 6
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Re: Joining the Family.

Mensaje por Akkarin el Dom Abr 15, 2018 5:08 pm



Las respuestas fueron, si más no, un inverosímil reflejo de lo peliaguda que era la realidad desde la concepción de su idea. Podía sentir el indicio de la migraña en su sien, palpitando en un progresivo crescendo que solo agravaría el dolor; Yottan fue el primero, sorprendiendo no solo a la mesa, sino también a ella misma a pesar de no dar indicio alguno. La misma sonrisa, la misma arruga en su entrecejo, y una perpetua e inamovible atención era aquello que había recibido el primero en dar su respuesta. Primera aceptación, de aquel que admitió para sus adentros, haber sido el primero para el cual había empezado a diseñar planes de contingencia como cabo suelto.

El cuerpo que había mantenido algo tenso, dejó la posición en la que se encontraba (ambos codos apoyados en la mesa, y las manos entrecruzadas en frente de su rostro), para así recostarse hacia atrás haciendo uso de la columna a su espalda. Sus ojos se agudizaron ante el súbito estallido de Kagetane; entonando los ojos, permaneció en silencio, aunque no imperturbable. Fruncía el ceño «Volátil; tal vez demasiado», no pudo evitar pensar, dejando la anotación como una variable más a tener en cuenta. Ella misma era consciente de que el espadachín era alguien de ideales; su encuentro había constado, básicamente, en el debate y confrontación de los mismos para medir sus reacciones. Tal vez debiera mantener un ojo atento en el mismo, por un juicio precipitado.

Pero igual a cómo había sucedido, remitió la hostilidad. El intercambio no había escalado más, pero dando una rápida ojeada al rostro del Kaguya, sabía que no era un tema zanjado. Definitivamente tendría que mantener un ojo avizor en ese par; eran como el agua y el aceite, a pesar de que llegasen a un mínimo de consenso de no arrancarse las gargantas en ese momento.

Pues, su siguiente preocupación vino encarnada en la forma de la mujer de cabellos como el bosque; Shitai, aunque atentaba a su paciencia, era de los presentes el único el cual tenía un ápice de su completo libre albedrío con su confianza. No eran simpatizantes, no eran antagónicos: simplemente, eran, y coexistían con el saberse diferentes, pero en una dirección certera.

Kugutsu Hushika, por otro lado, era un reflejo no de su ahora, sino de su pasado. Una conexión qué, desde luego, la mujer no tardaría en traer a la luz entre ellas como la picadura de una víbora.

Solo que su presa, por otro lado, no era más que otra serpiente. Así pues, cuando esta se inclinase a susurrarle dichas palabras que ciertamente obtuvieron una reacción por su parte, esta se mostraría con una sonrisa completa, mostrando parte de sus encías; era la misma que una mujer reconocería con facilidad en otra, predatoria y cargada de condescendiente calma—. Creo que las dos lo sabemos, ¿no crees? A propósito, me gustaría uno de estos días ver si realmente las cicatrices hacen más atractivas a las personas; debes tener una bella obra de arte en tu cuerpo, gracias a su opinión —susurró de regreso, asegurándose de quedar ella lo suficientemente cerca de su oído para que nadie más salvo la marionetista fuese partícipe del intercambio. Solo se separó un poco para observarla, sin desestimar el efecto de la calma y la sonrisa frente a un tema que, particularmente, apretaba su botones más rápido de lo que admitiría. Fijó los ojos en ella, antes de separarse del todo; no sin antes susurrarle un sincero aviso, cargado de —. No entres en batallas que no estás preparada para luchar; no sin comprender a tu enemigo y su poder.

¿A qué se referiría? Ya adivinaría, tal vez con el tiempo, tal vez por intuición. Las mujeres, después de todo, tenían un sexto sentido entre ellas, incluso en el peor de los casos. Ni siquiera dignificó el último de sus comentarios sobre el espadachín con una respuesta; no era su guardaespaldas, desde luego, pero tampoco haría esfuerzo en corregirla. Se centró más aún en asegurarse de calmarse; enterrar lo que había despertado por unos escasos segundos con solo la mención de ese nombre.

No había espacio para la debilidad, y menos para alguien a quien tenía a toda costa que enterrar en el pasado. Ya no podía relajarse y dejar cosas a medias; había más responsabilidades, más factores, y aun más peligrosidad como para poder dispersar su atención hacia estúpidas emociones.

Conteando sus respiraciones y forzándolas a hacerlas más profundas hasta lograr el estado de quietud que apreciaba, finalmente la última de las voces tomó lugar. Contradictoriamente a lo que podría pensarse, la intervención verbal, la broma que ella sinceramente, creía que era más allá de eso, fue un bálsamo que afianzaba la vacía quietud en su interior. No había emoción, a pesar de arrancarle una pequeña y audible risilla en el momento en que tomó asiento, cambiando de tema con tal facilidad que, a sus ojos, resultaba risible y bohemia.

Retomando la posición en la que apoyó ambos codos sobre la mesa, solo que esta vez con los brazos apoyados entre sí encima de la misma, dejó su mirada pasar por cada uno de los ahora partícipes del mismo camino a seguir; una angosta y beligerante sociedad—. Ciertamente. He de admitir haberme anticipado y pensar en ello —finalmente, sus ojos se clavaron en Shitai; el último que había tenido la voz, pero el primero en haber encaminado los pasos a lo que ahora se estaba dando paso—. Cerberus.

No hubo explicación; no hubo adornos. No eran niños jugando a un juego, ni tampoco idealistas persiguiendo un propósito que inspirase a las masas. Eran adultos, criminales, de las cuales necesitaban no una inspiración: necesitaban, como el nombre simple era, ser los propios guardianes de la miseria, de la muerte. Para bien y para mal, sobrevivirían en la podredumbre, y se alzarían desde el mismo infierno que salvaguardaban.

OFF:
Apariencia:

Técnicas & Pasivas:


Restantes: Genin: 7 / Chunin: 6
Inventario:

• Senbons x15
• Kunai x10
• Hilo de alambre
• Sellos explosivos x8
• Bomba de Humo x2
• Bomba de Luz x2
• Pack Individual - Éxtasis (5)
• Pack 5 Usos (Drogas)
— Éxtasis: 5
— Anestesico: 5
— Calmantes: 5
— Sanguíneos: 5
— Alucinógenos: 5
— Energizantes: 5

• Pack 2 Frascos (Cicatrizante & Purgativa, recompensa)
• Vendas
• Píldoras de soldado x3 [Compra]
• Tanto
Stats:

• Ninjutsu: 4 + 3 + 8 = 15
• Taijutsu: 2 + 1 + 9 = 12
• Genjutsu: 3 + 4 + 4= 12
• Velocidad: 5 + 2 + 8 = 15
• Resistencia: 4 + 3 + 8 = 15
• Fuerza: 2 + 1 + 12 = 15
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Re: Joining the Family.

Mensaje por Yottan el Lun Abr 16, 2018 11:17 pm

La intervención del deforme cazador, los movimientos ocultos de lenguas y paladares. El incendio andante, aunque lejos de interesado, había puesto atención. Su instinto no era suicida, sino auto-conclusivo. La idea de morir no le causaba ningún estrago -no ahora-, pero un monumento la de hacerlo demasiado pronto. No requería empatía comprender algo llano y simple: no existía ninguna confianza en su dirección. La central peliazul era bastante clara en su papel de directora en la orquesta del desastre. Cuerda para mantener tal título, o loca para aceptarlo, ella debía tener intención de mantener al elenco con vida, y no se extrañaría el castaño de ser la piedra más grande en ese camino a los ojos azulescos. El sarnoso perro de mil cuchillas era, de momento, tan claro como un libro a la luz de una vela. Odio era algo que tenían en común, aunque cimentados distintamente. La sensación del filo roñoso recorría sutilmente la zona vital del cuello. La cabellera silvestre era más silenciosa, y aún así no tardó en un juicio rápido y absurdo sobre el joven. Ella fue contrincante del de fuego tóxico, aunque no hubo ningún visionado de su batalla, entraba en la posibilidad de ser otra habilidosa, maniática con alguien inestable. Y concluía el recorrido el esperpento. Lejos de la amenaza visible, sólo se trataba de lo confuso e impredecible. Inestable quizás. Durante los últimos y desatendidos balbuceos, los ojos ceniza se habían descansado sobre el de celestes, sin nada más que el permanente sentimiento en ellos. Se preguntó si realmente cumpliría las expectativas de algunos y sería la primera columna en derrumbarse.

La reunión finalizó. Cerberus había sido engendrado, y en sus fauces se gestaba un fuego ansioso. Tras la inspección más bien inservible de aquella compañía, el adolescente había mudado su atención al resto del antro para encontrarse con un paisaje de paja indeseable. Armados con letales filos, enormes, de ojos asesinos. La gran y absoluta basura humana. Existió la duda de si estaban, al acceder a formar parte de un crimen conjunto y enorme, convirtiéndose en tan impresentable especie. Pero se evaporó al recordar qué hacía allí. Claro que estaban a la misma altura. Lo ya decidido tomó prioridad, y la mirada comenzó a observar aquel lugar. Era amplio, pero no tanto. El licor impregnaba el aire, el suelo y las columnas. Las ventanas eran grandes, por desgracia. Pero sólo había una puerta, y por la única que podían salir. El chico de asesinas intenciones contuvo su suspiro. Entraba dentro de las posibilidades estar a punto de tirarlo todo al traste. Al mismo tiempo, quizás una muestra detallada de aquel colmillo del can de tres cabezas dejaría alejarse las dudas. Peligroso, no era un adjetivo al que rehuía, pero pocas veces hubo quien apreció hasta qué punto aquel adolescente de poca carne lo era.

Las palabras cesaron, y con ellas la reunión. Él mismo, conscientemente, se quedó el último. No despegado, no alejado, pero a espaldas de todos. Quería librarse esencialmente del filo roñoso y se precipitada lectura de los eventos. El adolescente encasillaba aquella figura en la del peligro, pero también en la estupidez. Era del tipo de criaturas que no dudaban, y eso no hacía nada más que alimentar el incendio de la sospecha, la rabia y la frustración de tener prohibido, por si mismo, incinerarlo. Ya a un par de metros de la puerta, que él mismo cerró, extrajo de sus manos una secuencia de sellos imposiblemente descarada. Le había, de hecho, dado la espalda a aquellos cuatro. Lejos de confianza, quería apuntar bien a su objetivo. Para cuando los demás advirtiesen, no sería por añoranza, sino por el candor de unas llamas doradas, más brillantes y más calientes que cualquier otro fuego que hubiesen visto jamás. Un guantelete de fuego en cada brazo del volátil. Ignoraría cualquier advertencia, pues al mismo instante, su cuerpo impulsaba un barrido y un puñetazo. El brazo derecho, doblado y con la mano abierta, creó un ancha llamarada; con él, siguió el trazo de la entrada, haciendo que la madera de la pared prendiese de inmediato, pero mucho más importante, la puerta y dos ventanas fueron premeditadamente invadidas con aquel elemento, dejando sólo las ventanas traseras como vía de escape, por tan sólo unos segundos, siquiera la acción de un minuto por el material, y por otra segunda acción. El brazo izquierdo, en forma de puño, se estiró en dirección a la ventana. Por el ángulo y la distancia -unos ocho metros- el fuego llegaría a prender una de las columnas que sujetaban el peso del edificio, corroyéndolo con avidez y furia propias del pero incendio. Sería cuestión de tiempo que el licor empeorase las cosas.  Los más afortunados escaparían por las ventanas traseras, antes de verse impedidos a salir por la conglomeración en dos salidas tan pequeñas e inadecuadas. Las borracheras de algunos con suerte adelantarían tal suceso y aumentarían en un par el número de muertes. A partir de allí, los supervivientes serían los que pudiesen no prenderse con el fuego antes de salir, mientras los demás disfrutarían de unas llamas tres veces más voraces, de como ellas eran las que consumían el vital oxígeno, y como laceraban la piel de la forma más aguda que cualquier filo. Como sus numerosos incendios, aquel sería extinguido tan pronto ninjas de buen calibre pudiesen contener las llamas. De lo contrario, posiblemente el bosque entero quedaría envuelto en el resplandor dorado para cuando el quinteto abandonase el lugar. Precisamente a su perpetrador e inmune a ellas era a quien menos le molestaba moverse con calma ahora, mirando las reacciones del resto, alumbradas por el intenso brillo de su obra. Quiso hacer un especial énfasis en la acusación de la peliverde, pero era más útil hacer un llamamiento colectivo. — Dije que no os mataría de momento, y pienso cumplirlo. También dije que iba a quemar esa pocilga con vosotros dentro o no. — concluyó con los ojos, ahora de vivarachos tonos idénticos al fuego, clavándose en los gélidos. — Sobrevivirán entre cuatro y diez de esos imbéciles. Si tu sociedad tiene algo de suerte, será un buen modo de ganar terreno a la competencia y una buena publicidad para los que tengan la pésima idea de darnos trabajo y nombre. — terminó. Los ojos contemplaban con la mayor calma a los demás, mientras los gritos en la taberna habían aumentado: los primeros en sucumbir a las llamas, había sido más rápido de lo esperado. ¿Os parece una buena aportación, Cerberus?


Ropa:
Datos:

Statistics. —
Ninjutsu. —10.10—
Genjutsu. —01.07—
Taijutsu. —02.07—
Strength. —03.10—
Speed. —03.10—
Resistance. —07.10—

Tenka. —01.07—

Techniques. —G.05—
(x2) Netton: Kuroniwa-enchō — 熱遁:黒庭延長. Heat release: Black gardens' spread —06—
Después de realizar una sencilla serie de cuatro sellos, un brazo del sujeto a su elección se cubre de Netton hasta la altura del hombro. Tras ello, es posible apuntar en una dirección, haciendo nacer una cónica llamarada hacia ella, esparciendo el fuego allá donde se fija la mano. La llamarada posee un cierto control gracias a los dedos y posición del brazo para adecuarla a su uso y dura dos segundos antes de remitir. Esta es la técnica más básica del Netton y es especialmente útil para esparcir estas llamas doradas alrededor para provocar daños tanto a enemigos como al entorno, de ahí su nombre. Tras realizar los sellos, el sujeto puede provocar que ambos brazos queden envueltos en su elemento, pero esto conllevará el doble de chackra y requerirá quedarse quieto para controlar ambas llamaradas a la vez. Una vez disparadas las llamaradas, el sujeto puede mover los brazos para dirigirlas, pero no cambiar el modo en que las usó.
Con el brazo estirado y la mano abierta, la llamarada será cónica. Cinco metros de largo, tres de ancho y uno y medio de alto.
Con el brazo estirado y el puño cerrado, la llamarada será cilíndrica y de gran alcance. Diez metros de largo y un metro de diámetro. No es más dañina por ello, pero las llamas avanzan más rápido que con la mano abierta.
Con el brazo doblado, la llamarada es cónica, pero dirigida al daño de área. Cuatro metros de largo, ocho metros de ancho y tres metros de alto.
Yottan
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