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{Misión D} Hijo de la Espesura

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{Misión D} Hijo de la Espesura

Mensaje por Inoki Yamanaka el Dom Dic 31, 2017 4:51 pm




Hijo de la Espesura

Bosque de la Hoja.

Misión rango D


El Sol estaba fuerte, demasiado podría decir Inoki. El rubio se encontraba recogiendo hierbas medicinales con su maestra, una experimentada ninja médico y (según decían algunos en la capital) una muy poderosa ninja en batalla, Kaede se llamaba, era rubia con el cabello recogido en una coleta y alta, de ojos azules y esbelta figura, a pesar de no tener parentesco con el Yamanaka, ambos parecían nieto y abuela. Al igual que su discípulo, Kaede poseía una peculiar marca en forma de rombo en su frente, su apariencia no era la de una anciana, parecía más bien estar en sus 35 años, sin embargo, había llevado durante demasiados años una vida sedentaria y aburrida sola en el bosque, por lo que Inoki sabía que sus músculos estaban algo “atrofiados” en comparación con cómo estarían antes de que si quiera él naciera. A pesar de ser tan buena kunoichi, no era raro que a los 55 años ya no tuviera ganas de peleas ni de si quiera seguir trabajando, la maestra del rubio ya estaba “retirada” por así decirlo, se apartó de las personas y se quedó en una casa en uno de los bosques cercanos, Inoki jamás pudo entender a qué se debió esto, pero prefería no preguntarle cosas tan íntimas a su maestra, cuando esta se enfadaba era extremadamente temible y de un solo golpe podría dejarlo sin dientes. — Ya estoy demasiado cansado. — se quejó el Yamanaka sentándose en el suelo agotado, llevaba horas recogiendo hierbas con Kaede. Cuando Inoki se fue a vivir con su maestra, esta accedió a ser su maestra con la condición de que la ayudara a recoger hierbas por el bosque, cosa a la que el Yamanaka aceptó sin rechistar. — No seas holgazán, levántate o… — contestó notablemente enfadada Kaede, pero no pudo terminar su frase, pues calló al oír un grito que parecía ser de cerca de la posición en la que los rubios estaban. — ¿Ha oído eso? Era el grito de una mujer — le preguntó el Yamanaka a la mayor mientras se volvía a poner de pie. — Claro que lo he oído, suena como si… — la rubia vaciló un segundo. — Suena como si hubiera roto aguas. — respondió Kaede mientras recogía la cesta llena de hierbas medicinales y se dirigía a su discípulo. — Ahora nos vamos a la capital, debemos vender estas hierbas, hoy hemos recogido algunas que son muy caras, ganaremos bastante. — explicó, Inoki frunció el ceño, expresando algo de desconcierto ante lo que Kaede le había dicho, había obviado completamente el grito de la mujer, no parecía querer ayudar. — ¿Y qué hay de la mujer que acaba de gritar? Podría estar en peligro. Deberíamos ir a ayudarla. — replicó, no pensaba dejar que le pasara nada a quien hubiera gritado, era un ninja médico y no dejaría que nadie cerca muriera. — Bueno, quizá tengas razón. — Kaede quedó algo pensativa y de repente señaló al rubio con su dedo anular. — Creo que eres lo bastante fuerte y útil como para ir a ayudar tú mismo a la mujer que ha gritado, no debe estar muy lejos. Yo marcharé a la capital, cuando regreses a casa espero que me digas que todo ha salido bien. — la expresión de la maestra de Inoki se volvió algo tétrica. — O te quedarás sin cenar durante una semana. — la rubia cambió su expresión facial, colocando una falsa sonrisa que estremeció al rubio. Kaede cogió unas cuantas hierbas medicinales y se las entregó al Yamanaka. — También puedes quedarte esto. No tardes demasiado o me enfadaré. — le dijo dándole un odre lleno de agua. Sin dejar replicar al rubio, se marchó caminando en dirección a la capital. Ahora Inoki debía ayudar a una mujer que supuestamente había roto aguas, realmente el Yamanaka esperaba que fuera eso y no que hubiera sido atacada, él no funcionaba bien en peleas sin alguien que le diera soporte, y jamás había tenido a nadie que le diera soporte. Inoki saltaba de árbol en árbol en dirección a donde había oído el grito de la mujer, debía llegar lo antes posible, si la mujer estaba en un parto con complicaciones debía ser atendida lo antes posible, si estaba siendo atacada por bandidos probablemente ya estaría muerta, así que lo más seguro era que estuviera dando a luz, además, el oído de su maestra para reconocer ese tipo de situaciones era más que certero. En apenas un minuto llegó al lugar de donde provenían los gritos de la mujer, había una tienda de campaña en medio de un claro del bosque, no era un lugar precisamente bueno para parir. Los gemidos de la mujer podrían oírse hasta la luna, gritaba demasiado, se notaba que era una madre primeriza, cosa que hizo preocupar al Yamanaka, pues los partos de madres primerizas podían demorarse hasta 40 horas o más, y eso no era bueno. Inoki entró en la pequeña tienda, un hombrepelirrojo y que se encontraba muy pálido se giró rápidamente a observarlo, pero cuando lo vio, se desmayó, el rubio se acercó al hombre rápidamente y le midió el pulso, estaba bien y respiraba, simplemente se había desmayado, estaría muy nervioso, y no era para menos. La estrecha tienda no era un lugar en demasiadas condiciones para la mentalidad de la embarazada, nadie querría parir ahí dentro. El médico cogió en brazos al hombre y lo arrastró fuera de la tienda de campaña, inmediatamente después acudió a ver a la mujer, quien ni se fijaba en lo que él hacía, parecía sufrir, era normal, el primer parto nunca era agradable, y para su desgracia, también era su primer parto asistido en solitario. — ¿T…Tú… Qui…quién…eres? — preguntó desconfiada la mujer, seguramente estaba nerviosa y muy asustada, y no era de extrañar con el hombre que la estaba ayudando, el cual probablemente sería su pareja o familiar cercano. — Soy la ayuda que parece que necesitas. — se limitó a contestar el rubio. La mujer simplemente ignoró las palabras de Inoki por el dolor que sufría, parir no parecía ser agradable, y eso que según había visto el Yamanaka sólo estaba por la fase de la dilatación. Para que el parto estuviera de alguna forma “mejor presentado”, el rubio sacó una toalla de su mochila y la extendió rápido por el suelo para a continuación llevar a la madre primeriza hasta ahí, de forma que su trasero se posicionó encima de la toalla. — ¿Cómo te llamas? — le preguntó el rubio a la casi madre para romper el silencio e incómodo ambiente, no le agradaba demasiado encargarse de hacer parir a una mujer, a pesar de que fuera su trabajo. La anatomía femenina no le causaba demasiado gusto a su visto, quizá era por el simple hecho de ser un médico y deber estar preparado para observarla o simplemente es que no le gustaba y ya, era algo complejo. — Mi nombre… es Keiko. — confesó la mujer algo asustada, su cara de horror y dolor a la vez podría provocarle empatía hasta a la persona más cruel del mundo. — Bien, Keiko… Esto va a ser difícil. — le confesó Inoki tras haberla observado, era obvio que era una madre primeriza y que su parto podría ser largo, muy largo. — Tu parto será difícil, ¿Es el primero cierto? — preguntó Inoki sólo por sacar tema de conversación, el silencio lo ponía de los nervios, Keiko simplemente asintió intentando tragarse los gemidos del dolor provocado por el parto. — ¿Y… Y qué hay de mi… esposo? — preguntó la futura madre, era de mediana estatura, ojos verdes y tez tostada, seguramente por el sol, al contrario que ella, su marido era pelirrojo y de ojos miel, una extraña combinación, a saber cómo nacería el pequeño que Keiko estaba intentando sacarse del cuerpo. — Él está inconsciente, en unas horas despertará, supongo… — respondió Inoki algo dudoso, no se había fijado mucho en el chico que acompañaba a Keiko, sólo le había tomado el pulso para comprobar que siguiera vivo. No era muy normal romper aguas en aquellos terrenos externos a la capital del país. — ¿Por qué tuviste que romper aguas aquí? — preguntó el Yamanaka a la joven, esta parecía estar algo más tranquila, aún así estaría nerviosa por ser atendida por justamente un hombre, la época en la que estaban no era demasiado liberal en ese sentido, la gente era muy conservadora y estaba muy mal visto que una mujer se dejara revisar por un médico joven, al menos en ese entorno se había criado Inoki. El rubio hizo un preparado utilizando agua del odre que se había llevado y algunas hierbas y se la dio como infusión a Keiko, preparó el contenido en un vaso que por suerte, la pareja llevaba en una mochila. — Si te tomas esto sentirás menos dolor por las contracciones y podrás estar más calmada, sentirás algo adormecidos tus genitales, pero eso ayudará bastante con el parto. — le explicó el rubio a la mujer mientras le sujetaba la cabeza y dejaba que esta bebiera el contenido del vaso. Pasaron unos minutos que parecieron eternos para Inoki, si tan sólo su maestra hubiera estado, hubiera hecho parir a Keiko rápidamente con una patada de las suyas, no era demasiado gentil con la gente lenta. — Gr… Gracias. — pronunció débil Keiko, Inoki alzó una ceja tras escuchar aquello, era normal que él la ayudara, cualquier buen alma que pasara cerca tendría que ayudar, para algo existían las conciencias. — No hay de qué. Ahora necesito que nos demos algo más de prisa con el parto. — respondió el rubio, Keiko asintió y pasaron unas horas, horas que para la pelinegra y el rubio eran eternas, la pobre mujer lo pasaba fatal, el dolor de parir la primera vez parecía ser inhumano, al observar cómo se desarrollaban las cosas, Inoki agradeció a los cielos haber nacido hombre y no mujer. Ya faltaba poco para que Keiko consiguiera dar a luz a su primer hijo, habían pasado ya un total de aproximadamente 28 horas, Kaede la maestra de Inoki ya debería haber llegado a la casa en el bosque y estaría esperando a que él llegara, de lo contrario ella misma aparecería por aquellos lugares para castigar al rubio por su tardanza. — Vamos Keiko, ya queda poco. — animó Inoki a la mujer, esta seguía pujando, buscando con aquello terminar con el dolor que sentía, muy a pesar de que el rubio la había hecho tomar otra infusión para calmar el dolor producido por el parto. La pelinegra gemía, y en medio de uno de los gemidos de dolor se pudo escuchar un llanto, el bebé finalmente había nacido, había sido un parto algo complicado, pero por suerte para el rubio no se había alargado tanto como para ser castigado por su maestra, pasaría unas horas cuidando a Keiko y al bebé en el post-parto y se iría rápidamente a la casa del bosque, estaba hambriento y tenía demasiado sueño, sólo esperaba que la zona por la que pasaría no estuviera transitada por extranjeros o ladrones, porque no tenía demasiadas energías para nada. — Es un bebé, felicidades. — dijo el Yamanaka con el pequeño bebé en brazos, estaba sano aparentemente, tampoco se pararía a examinarlo, ya había hecho todo el trabajo ayudando a la pelinegra a parir. — ¿Q… qué ha pasado? — se oyó una voz entrando a la tienda de campaña en la que estaban el bebé, Keiko y el médico. Al entrar y observar a Inoki con el bebé en brazos, el pelirrojo que se había desmayado antes se percató de qué había pasado. — Has estado inconsciente 1 día entero. — le respondió Inoki serio. — Tu bebé ya ha nacido. Felicidades — el pelirrojo puso una mueca de impresión y algo de decepción, era normal, no había podido asistir a su mujer en el parto ni había visto a su hijo nacer, tras unos segundos de procesamiento por parte del hombre, este sonrió de oreja a oreja y soltó unas cuántas lágrimas, Inoki por su parte depositó al bebé en brazos de su padre y sonrió igualmente, había ayudado a traer una nueva vida al mundo, aunque si se paraba a pensarlo, no era la mejor época para dar a luz a un niño, el mundo no estaba en su mejor momento, la vida era hostil de hecho. — Muchas gracias por ayudarnos, de verdad. — sonrió el pelirrojo mirando a Inoki, Keiko empezó a llorar de felicidad, se notaba que era por eso, Inoki se sentía bastante bien por lo que había hecho, ya sólo necesitaba dormir, el descanso era lo único que podría curar su dolor de cabeza, no todos los días asistía partos de madres primerizas, lo bueno de todo aquello era que al menos Keiko no se había demorado más de 40 horas en tener al bebé como en un principio el rubio creyó que iba a ser, había sido bastante rápida de hecho, las hierbas que él le había recetado habían ayudado como era obvio, pero Keiko también cumplió con su parte.  — ¿Cómo llamaréis al niño? — preguntó el Yamanaka feliz de haber ayudado a la pareja, no se arrepentía de haber pasado 28 horas seguidas asistiendo el parto sin haber comido nada, la concentración que había puesto en hacer las cosas habían hecho que él se olvidara por un momento de comer, sólo bebía agua, su Resistencia probablemente hubiera mejorado desde hacía días, pues de normal su cuerpo no aguantaba demasiado ante las faltas de alimento. — Lo llamaremos… — Keiko tardó unos segundos pensando el nombre para su bebé. — Inoki, creo que es lo adecuado, tú asististe el parto, apareciste como un enviado de los cielos, por un momento creí que moriría y perdería a mi bebé. — las palabras de la pelinegra consiguieron conmover a Inoki un poco, él seguía sonriendo a pesar de las notables ojeras en sus ojos. — ¿De dónde sois? — preguntó Inoki intrigado, pronto volvería a casa, pero debía primero hablar con las personas a las que había ayudado. — Somos del País de la Hierba, de la frontera, yo le dije a Keiko que no viniéramos y que nos quedáramos en casa, pero ella insistió en venir a la capital del país para ser atendida en condiciones. — explicó el marido de Keiko. — Ahora nos quedaremos unos días en la capital, pero en unos días volveremos al País de la Hierba. — terminó Keiko de explicar. — Ya veo… Pues ha sido un placer haber asistido en tu parto, Keiko. Un placer igualmente que vuestro hijo se llame Inoki, me alegra haber podido ayudar… — comenzó a despedirse el Yamanaka. — Pero justo ahora debo irme, mi maestra ya pensará que estoy tardando demasiado en volver a casa. — terminó por decir, Inoki odiaba las despedidas largas, se le hacían pesadas e innecesarias, por lo que simplemente abrazó a Keiko, quien aún estaba recostada, y le ofreció su mano al marido de la pelinegra, quien la estrechó y sonrió al rubio. El Yamanaka ya se encontraba saliendo de la tienda de campaña, cuando de pronto escuchó su nombre por parte de Keiko, se giró a observarla, expectante por lo que la pelinegra diría. — Creo que te mereces esto. — dijo desviando su mirada a su marido, quien tenía en sus manos un pequeño saco, el cual parecía tener ryus dentro, Inoki se avergonzó un poco, él había ayudado simplemente por su buena voluntad, no por conseguir dinero, en ningún momento se le había pasado por la mente cobrar por sus servicios. — No es mucho dinero, pero esperamos que te sirva para el futuro, cuídate. — finalizó el pelirrojo lanzando el saco a Inoki, quien lo cogió y volvió a sonreir a la feliz pareja para luego salir corriendo de la tienda de campaña y empezar a saltar de árbol en árbol, Kaede debía estar más que enfadada. A penas tardó unos minutos en llegar a la casa del bosque, tocó la puerta y fue recibido por su maestra, no llevaba cara de buen humor, todo lo contrario, ya era mediodía y el Yamanaka estaba hambriento y somnoliento. — Veo que al menos has llegado de una pieza, ¿Qué tal el parto? — preguntó la rubia sin quitar de su rostro la cara de pocos amigos que llevaba. — Todo salió bien, ahora por favor, maestra, necesito algo para comer… — pidió débilmente Inoki, necesitaba llevar algo a su boca y comerlo o de lo contrario su estado decaería, el parto realmente lo había dejado agotado, hambriento y de un humor algo bajo. Tras varias quejas de la rubia, esta dejó entrar al Yamanaka a la vivienda y cogió un plato que había en una mesa, al observar el plato, Inoki se percató de que era un estofado, odiaba el estofado, pero el hambre amenazaba con dejarlo en una tumba, por lo que se resignó y comenzó a tomarse el estofado a la velocidad de la luz, hasta parecía gustarle. — Por favor, necesito más… — pidió el rubio a su maestra mientras le entregaba el plato, esta mostró una cara que podría aterrar a cualquiera y le propinó un golpe en la cabeza a Inoki, este cayó al suelo enseguida sobándose la parte dañada. — Aaaaaaaau! — gimió de dolor, los golpes de Kaede dolían como 1000 demonios. — Estás en una bonita vivienda en un bosque para una hermosa anciana, no en una posada. — la rubia mayor se retiró de la cocina y el ruido de sus tacones subiendo las escaleras se oyó hasta donde estaba el Yamanaka debido al silencio que se había quedado en la sala. Al subir a su habitación, Inoki no pudo evitar dejarse caer en la litera que tenía tras haberse cambiado de ropa, pues las que tenía ya llevaban más de 1 día de uso y no sería demasiado higiénico seguir usándolas. Tras haber dormido unas 5 horas, el rubio fue despertado por los notables gritos de su maestra ordenándole que bajara. — ¡Vamos, Inoki! — gritaba la rubia, sus palabras podrían oírse hasta el País de la Hierba. — ¡Nos vamos a la capital! — seguía gritando. Inoki simplemente bostezó con unas ojeras que daban miedo a cualquiera y se vistió rápidamente para salir de su habitación y bajar corriendo hasta la entrada, donde fue recibido por una malhumorada Kaede que lo fulminó con la mirada para segundos después sonreír a su alumno, pocas veces demostraba su afecto por él, pero para ella, Inoki era su nieto, y él lo sabía. — Hoy nos vamos a la capital, pasaremos la noche allí y mañana venderemos las flores que no vendí ayer, de momento tenemos un buen dineral asegurado. — explicó la rubia a su alumno, en ese preciso momento, Inoki recordó que había conseguido dinero que le había dado la pareja que habían tenido un bebé en medio del bosque, si iba a la capital quizá se encontraría con ellos, eso lo decidiría el destino. — Espere un momento, por favor. — pidió Inoki a Kaede, esta se lo quedó mirando extrañada y el rubio subió hasta su habitación para recoger el saquito con dinero dentro, al bajar se lo enseñó a Kaede, esta miró el saco y lo abrió, una sonrisa se posó en el rostro de la adulta. — Así me gusta, veo que has heredado mi gusto por conseguir dinero. — Kaede le guiñó un ojo a su alumno y le lanzó el saco de dinero a Inoki de regreso. — Cómprate lo que quieras en la capital, ahora vamos rápido, que me aburre estar todos los días en esta casa. — los 2 rubios salieron dirigidos a la capital del País del Fuego. En el camino, Inoki y Kaede charlaron muchas cosas, pero el rubio pensó bastante en cómo su cuerpo había aguantado más de un día sin ingerir nada de comida más que agua, pues de normal él era bastante débil, sus dudas fueron resueltas por su maestra, quien le aseguró que sus entrenamientos habían conseguido mejorar ligeramente su Resistencia, Inoki se alegró al oír las palabras de Kaede, no sólo le había enseñado Ninjutsu Médico.
Inoki Yamanaka
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