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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Temblor del saqueador

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Temblor del saqueador

Mensaje por Yokago Orochi el Sáb Ene 06, 2018 12:49 am

Fui despertado por unos rayos de sol de una fría madrugada de invierno. Me levanté de la cama y alcé los ojos a través de la ventana hasta donde me alcanzaba la vista. Parecía que estaba nevando. ¿Nevando en el país del fuego? Debo de estar soñando. No era algo que me afectara mucho así que dejé de mirar por la ventana y me puse manos a la obra. Era día de limpieza y tenía que dejarlo todo como los chorros del oro. Se notaba en el ambiente que la casa llevaba mucho tiempo sin ser limpiada. Cogí una escoba y me puse a barrer la casa. A quien fuera que le contase lo sucedido, no daría crédito. Habían agrupaciones de polvo debajo de mi cama más grandes que esta. No sé cómo no montaban un una asociación y me echaban a patadas de allí. En número ganarían, de eso no cabía duda. Pero... ¿Qué demonios estoy pensando? ¿Asociación de motas de polvo para echarme de mi casa? Debo de estar perdiendo el juicio.

Decidí ponerme a ordenar todos aquellos trastos que estuvieran fuera de lugar. Después de 3 horas de arduo trabajo, conseguí mi objetivo. Llegué a mi cama y me tiré en plancha mirando al techo. Unos papeles encima de mi escritorio llamaron mi atención e hicieron que me incorporara de inmediato. Pensaba que lo había recogido todo. Supongo que seguía igual de despistado que siempre. Eché una mirada por encima a aquellos papeles. Eran mis apuntes de herbología. Ya tenía plan para esta tarde: Repasar los contenidos. ¡Yuju! ¡Qué vida tan apasionante!

Cuando terminé de leerme todo aquello, algo me empezó a dar vueltas a la cabeza. Tal vez había descubierto un veneno. Decidí marcharme al bosque en busca de los ingredientes y experimentar. Cogí todo mi equipo así como una guía de dónde encontrar las posibles plantas o hierbas y marché camino al bosque de la hoja.

Cuando llegué al bosque, casi era de noche. No quedaría más de una hora de luz solar así que me puse manos a la obra en busca de los ingredientes. Casi por casualidad, me tropecé con una planta de Callo de loto. Tenía muchas flores, así que decidí coger varias para asegurarme en caso de fallar con las medidas y tener que empezar de nuevo.

Seguí caminando durante unos 15 minutos hasta que conseguí ver a lo lejos un río. Corrí como un energúmeno hasta que lo alcancé. Si hay un río, no tiene que andar muy lejos la Cola de dragón. Prolongué mi paseo por lo largo del río hasta que me topé con ella. Una enorme planta de color morado recubierta por lo que parecían unas escamas de un ligero verde grisáceo. Con razón la llamaban así. Cogí mi instrumental y a través de un pequeño orificio que le originé empezó a brotar su savia en cantidades ingentes. Era de un tono marrón y un tanto viscosa. Vacié un recipiente que llevaba conmigo con agua y lo llené hasta arriba con dicha savia. Acto seguido, cogí una hoja de aquella planta y con un poco de mi saliva sellé el orificio. Guardé aquel recipiente en una mochila y cuando me giré, me tropecé de bruces con un árbol poco común: La Yenca borde. Extraje un poco de su corteza y la guardé en mi mochila.

Ya estaba casi oscureciendo. Me quedaba poco tiempo para encontrar la última pieza de mi veneno. Decidí volver a casa cuando, de repente, un conejo me arroyó. Llevaba algo en la boca. ¡No puede ser, es raíz de Ramio Silvestre! Parece ser que mis ancestros me estaban vigilando y, como premio por mi esfuerzo, me dieron aquello que tanto ansiaba. Le quité la raíz de la boca a aquel conejo y cogí a aquel animal en brazos. Después de todo, necesitaba a algún sujeto para hacer las pruebas y este veneno no era mortal. No iba a empezar a experimentar conmigo directamente.

Llegué a mi casa con los últimos rayos de sol del día iluminando mi espalda. Solté al conejo y se me quedo mirando. Parecía curioso. Subí las escaleras hasta mi cuarto. Giré la mirada y aquel tierno conejito andaba un par de escalones detrás mía subiendo la escalera torpemente a saltitos. Saqué todo lo que había recogido de aquel bosque y lo puse sobre mi escritorio. Cerré la puerta y puse el pestillo para que el conejo no pudiera escapar.

Veamos, una flor de Callo de loto, 5 gramos de raíz de Ramio silvestre y 20 gramos de Yenca borde. Lo vertemos todo a un mortero y lo picamos bien. Después añadimos 2 mililitros de savia de Cola de dragón y 2 mililitros de agua. Lo dejé reposar y al cabo de unos minutos lo colé. Tenía un brillante color rosa y era muy espeso. Le di un poco al conejo y al cabo de unos segundos, se puso a cagar bolitas a presión. El muy capullo hasta rompió el cristal de una ventana. Me reí fuertemente ante aquella cómica situación. Como veneno no sé, pero como arma de destrucción masiva...

Le di un par de vueltas a la cabeza en busca de posibles fallos. Al cabo de un par de minutos conseguí ver el error garrafal. La Yenca borde. Esta hace que el resto de ingredientes no estén en armonía y el organismo los excrete a presión. Volví a repetir el experimento pero esta vez sin corteza de Yenca borde. Una flor de Callo de loto y 5 gramos de raíz de Ramio silvestre. Lo vertemos todo a un mortero y lo picamos bien. Después añadimos 2 mililitros de savia de Cola de dragón y 2 mililitros de agua. Lo dejé reposar y al cabo de unos minutos lo colé. El resultado tenía un color marrón un poco espeso. El tacto era similar al del aceite de oliva. Le di un poco al conejo y no pasó nada. Al cabo de unos cuantos minutos, le empezaron a temblar débilmente las patitas. Bien, esos eran los ingredientes, ahora solo faltaba calibrar las medidas así que me puse manos a la obra. Una flor de Callo de loto y 10 gramos de raíz de Ramio silvestre. Lo vertemos todo a un mortero y lo picamos bien. Después añadimos 5 mililitros de savia de Cola de dragón y 15 mililitros de agua. Lo dejé reposar y al cabo de unos minutos lo colé. Le di un poco al conejo y los efectos fueron exactamente los mismos que con las anteriores cantidades. Ya era suficiente por hoy. Me fui a dormir.

Me desperté bien temprano y me puse a recoger toda aquella mierda que el conejo había soltado a presión. Acto seguido, recogí los cristales rotos y me fui a comprar otros nuevos. Aquella noche me había resfriado por dormir con la ventana rota, así que era necesario arreglarla cuanto antes. Terminé de arreglar la ventana y miré la hora. Eran las nueve de la noche. Cené un buen plato de fideos con su carne de cerdo cocida y sus algas. Con la barriga llena, me dirigí a mi cuarto y me quedé mirando fijamente al conejo. Me acordé de lo que tenía entre manos. Miré la hora. Las diez de la noche. Habían pasado 24 horas desde que había creado aquel veneno. Cogí un poco y se lo di al conejo simplemente por comprobar si el simple hecho de dejarlo reposar 24 horas había cambiado algo. Las patas del conejo empezaron a temblar y al cabo de unos minutos, este temblor era exagerado. Había  dado con la fórmula. Me fui a dormir satisfecho.

A la mañana siguiente, se me ocurrió la idea de investigar otras vías de entrada del veneno y sus efectos. Fui a por el veneno pero este se había hecho una pelota densa y negra. Se había echado a perder. Miré el pequeño frasco donde aún quedaba un poco del veneno que le había dado al conejo y este conservaba el aspecto inicial del veneno.

-Así que si lo dejas a la intemperie se echa a perder, ¿no?- Dije mientras me daba golpes con la cabeza contra la pared.

Volví a hacer más veneno. Una flor de Callo de loto y 10 gramos de raíz de Ramio silvestre. Lo vertemos todo a un mortero y lo picamos bien. Después añadimos 5 mililitros de savia de Cola de dragón y 15 mililitros de agua. Lo dejé reposar y al cabo de unos minutos lo colé. Aquel día estaba un tanto agotado, así que lo pasé entero tirado en la cama.

Al día siguiente, pasadas unas 24 horas desde la creación del veneno, cogí 10 recipientes pequeños de 2 mililitros y guardé  el veneno dentro de estos. Le hice un pequeño corte al conejo e introduje el contenido de un frasco. Le empezaron a temblar las patas y al poco tiempo le empezaron a temblar de una forma mucho más exagerada. Esta vez el efecto pareció durar el doble. Apunté los resultados en una libreta: Por vía oral, los temblores fuertes tardan más en aparecer y duran menos. A través de heridas, los temblores fuertes tardan menos en aparecer y la duración de estos es el doble. Cerré la libreta y guardé mi lápiz. Sabía lo que eso significaba. Era hora de experimentar conmigo mismo.

Cogí una dosis y me la bebí. Los temblores empezaron. Eran muy sutiles. Al cabo de unos cuantos minutos me empezaron a temblar las manos de una forma exagerada. Ni siquiera era capaz de coger un lápiz para tomar nota de los resultados en mi libreta. Al cabo de unos pocos minutos, el efecto desapareció. Era hora de probar a través de heridas.
Me hice un pequeño corte e introduje el contenido de uno de los frascos con el veneno en la hendidura de aquella herida. Empecé a temblar y, antes de que cogiera mi lápiz para apuntar los resultados, empezó aquel molesto temblor tan exagerado. Efectivamente, a través de heridas duraba el doble el efecto. Apunté los resultados en mi libreta y me fui a dormir satisfecho por lo que había logrado tras varios días de recolección e investigación.

A la mañana siguiente, decidí gastarle una broma a un amigo. Le dije que le iba a invitar a desayunar, así que cogí un par de naranjas y le hice un zumo. Le dije que cogiera algo para hincar el diente de la nevera y mientras lo hacía, le vertí un poco del veneno en el zumo. Cuando terminamos de desayunar, le dije que fuéramos a dar una vuelta a una tienda de instrumentos que acababan de abrir y una vez allí le dije que no era capaz de robar unas panderetas e irnos de allí corriendo. Cuando cogió las panderetas, empezaron los fuertes temblores y en toda la tienda resonó el sonido de aquel instrumento.

-Tienes el pulso para robar panderetas.-Le dije.

-Serás capullo.

Salimos de la tienda y le conté lo que había sucedido.

-Tío, ¿Te das cuenta de lo que acabas de crear? Con esto puedes hacer que tus enemigos sean incapaces de realizar sellos. Te vendrá muy bien en tus combates.

-Tienes razón, no había caído en eso.-Le dije-Puede que después de todo se me dé bien la invención de venenos.
Yokago Orochi
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