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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Aprendiz de serpiente: La técnica certera

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Aprendiz de serpiente: La técnica certera

Mensaje por Nathair el Vie Feb 27, 2015 2:43 am

Paso tras paso me adentre sin cuidado a uno de mis lugares favoritos que, es sabido, todos los habitantes suelen frecuentar, sin embargo, no en esta época de intenso calor; por mismas cuestiones del clima preferí vestir de camiseta blanca –llevando la chaqueta de cuero atada a mi cintura- , conservando las típicas prendas inferiores que como shinobi solía llevar. Un pequeño cronometro que me acompañaba también indicaba la hora, señalando las seis de la tarde con algunos minutos adicionales. Aun se podía sentir el quemar del sol sobre la piel, pero las brisas del atardecer también marcaban su presencia, creando así una armoniosa sensación de placidez. Las hojas de los arboles bailaban arbitrariamente mientras los rayos de luz pasaban entre ellas formando figuras abstractas junto con las sombras a mis pies; los sonidos de los pequeños animales y los olores naturales que circulaban a mi paso volvían esta, una grata experiencia de vivir. Entonces abandone mi pereza y justo después de usar mi lengua para remojar mis labios presioné uno de los tantos botones que poseía el pequeño cronometro, entonces el tiempo señalado en la pantalla opaca comenzó a avanzar, ¿Qué pasaría si llega a las noventa y nueve horas? Preguntas inútiles pero interesantes como esa circulaban constantemente por mi mente; entonces en una pequeña ramificación de un árbol cercano enlacé el aparato, para dedicarme únicamente a entrenar mi cuerpo, tal cual lo he hecho con mi mente estos últimos años. Si bien el entrenamiento físico aumenta tus capacidades de esta índole en todo sentido, existen técnicas de entrenamiento que se enfocan en el perfeccionamiento de un área en particular, ya sea la fuerza, la resistencia o la velocidad, en este caso me dispondré a la última nombrada pues, una de las tantas habilidades del ninja consiste en el sigilo y la velocidad con la cual realiza sus acciones, entonces en todo sentido este entrenamiento me traería una ventaja esencial a la hora de entablar un combate, ya fuere de ninjutsu o taijutsu. Entonces, primeramente me digne a atar en mis manos un par de vendas que contenía en mis bolsillos, con cuidado las acomode firmemente en mis puños para no resultar indebidamente dañado y arruinar la jornada de entrenamiento; por otro lado, mi objetivo ya estaba designado, el cual resultaría ser un árbol más o menos grueso, notablemente frondoso pero de corteza decadente; a su lado me pose de pie durante algunos segundos, preparándome mentalmente para lo siguiente, entonces con los ojos cerrados troné los huesos de mis dedos para rápidamente dar un codazo con el brazo derecho golpeando en seco el tronco del árbol, entonces las hojas cayeron… mi objetivo eran diez, atrapar diez hojas en cada mano. Ubique mis piernas en posición de pelea y lancé mi primer puñetazo ligeramente abierto, lo suficiente como para poder cerrarlo inmediatamente después de atrapar la primera hoja […] pero fue un fallo, la ráfaga que el movimiento de mi brazo generó hizo que la hoja se deslizará escurridizamente, vacilándome. Pero no me detuve, incluso antes de que mi brazo derecho se retractara completamente lancé el puño izquierdo igual que el anterior, esta vez pudiendo tocar una de las hojas, pero obteniendo el mismo resultado; deje que el momento pasara tan rápido que no logré percatarme de mis propios movimientos; y así, cada uno de las brazadas resultaba en un error rotundo, hasta que las hojas perdieron su tiempo danzando en el aire para simplemente posarse sobre el césped a mis pies. Sin embargo, un segundo intento era necesario, para nada me he destacado por rendirme ante los problemas, siempre de frente encarando a la adversidad, entonces golpee nuevamente el tronco del árbol, de la misma manera que lo había hecho con anterioridad y las hojas cayeron… Intento tras intento, algunas terminaban en mis palmas, otras con agilidad esquivaban mis puños como burlándose de mis capacidades, pero mi limite eran dos, dos hojas en mis puños eran todo lo que en ese momento era capaz de dar « Maldición, es complicado» me dije a mi mismo, mirando la palma de mi mano derecha con dos hojas dañadas encima « ¿Cómo podría ser más rápido? […] espera, la velocidad no basta, es necesaria la precisión antes que todo» pensé, observando una última hoja que caía del árbol frente a mis ojos. Solté entonces las hojas innecesarias que aun aferraba a mis puños y las deje caer naturalmente por acción de la gravedad « Hay otra manera de encontrar la fórmula para realizar tal hazaña» pensé, para luego darme cuenta de la inmensidad del bosque, de vida y de interactividad que existía en este, eso me daría la clave del éxito, la naturaleza misma.
Entonces empecé a indagar, mientras mis puños bailaban fuera de la sintonía de las hojas mi mente se alejaba, viajando una y otra vez intentando encontrar la manera de atrapar y acaparar más hojas entre mis manos « Así no llegaré a ningún lado» pensé, dejando que las últimas hojas cayeran zigzagueando al piso. Al observar el césped inmóvil pero lleno de color bajo mies pies, fue que me decidí a encontrar la razón de mi fallo; tomé el cronometro a mi lado, el cual indicaba una hora y 23 minutos, presione uno de los botones para detenerlo y guardarlo enseguida en mi bolsillo, donde se encontraba anteriormente. Inhale profundamente para luego exhalar con delicadeza y agité bruscamente mi cabeza de un lado a otro para despabilar, en ese entonces di el primer paso y comencé con un trote constante pero ligero, para así reforzar la capacidad muscular de mis piernas en completo. La luz del sol comenzaba a marchitarse, ocultándose el gigante de fuego entre las montañas a kilómetros de mi posición, pero resultaba yo ser una parte tan insignificante del planeta que todo lograba parecerme enorme y bastaba ese pequeño rayo de luz que cruzaba las praderas para iluminar mi día […] uno tras otro los pasos se marcaban en el césped, de esta manera pudiéndome desplazar por el bosque, esquivando ramificaciones y raíces que entorpecieran mi andar; inhalando y exhalando rítmicamente al compás de los latidos de mi corazón, sincronizando armoniosamente cada movimiento de mi cuerpo. A medida que avanzaba todo comenzaba aclararse un poco más, siempre me mantuve alerta a cualquier sonido, textura, olor o color que pudiese llamar mi atención en cuanto a mi principal objetivo de poder atrapar las diez hojas que en un principio me propuse. Conforme los minutos avanzaban la caminata se volvía más y más exhaustiva; las piernas comenzaban a sentirse más pesadas, los músculos de mis piernas se expandían y contraían, igual que los pulmones, a ton y son. «Que tonto fui al no haber traído un poco de agua» pensé, sintiendo como algunas gotas de sudor recorrían cuesta abajo mi frente, tal así como el aire pesaba al entrar en mi cuerpo. Decidí entonces emplear las últimas fuerzas de mis piernas para llegar hasta algún depósito de agua, lago, arroyo, río, lo que fuere, con tal de encontrar el agua que me repondría. Usando algo de chakra en la parte inferior de mi cuerpo pude dar un salto lo suficientemente alto como para llegar a una gruesa rama que el árbol a mi lado posaba sobre mí y desde ahí trepé hasta la copa de este, sintiendo las fuertes ráfagas de viento que cruzaban a esta altura sin nada que se les interpusiera; una fantástica vista por cierto, solo las nubes eran capaces de sobrepasarme. Me sentía como amigo de las aves, viéndolo todo desde aquella altura, inclusive mi objetivo; aproveche la fuerte brisa para refrescar mi cuerpo y luego bajar, en dirección al arroyo. Fui trepando de rama en rama, continuamente, sereno y sin interrupciones; aquella sensación de alivio o despreocupación me recordaban a las veces en la academia, donde ver admirados a los shinobi saltar entre tejados nos parecía algo fantástico, eran todo lo que nosotros queríamos ser en ese entonces, héroes; aunque la historia detrás de esas imágenes es muy distinta, no indagaré… quizás son recuerdos que no me gustaría retomar. En fin, ya estaba cerca, a unos cuantos metros para ser más preciso, el arroyo frente a mi sonaba por el impacto y el rose que provocaba el agua contras las piedras de este mismo, aquel sonido… ese maravilloso sonido que humedecía mis labios sin siquiera haber tenido contacto alguno con el agua. Fue un relajo total, rápidamente me arrodillé, ignorando la molesta sensación que provocaba la dureza de las rocas debajo, entonces junte ambas manos y las introduje en el agua, sacando una buena porción, dirigiéndola inmediatamente a mi boca. Disfrute cada segundo, como las gotas que escapan de mi lengua se deslizaban delicadamente por mi cuello y humedecían también mi pecho, llenando mis baterías por completo, sentí que podría seguir corriendo durante horas y horas sin parar. Pero mi intención no era esa… no debo olvidar mi entrenamiento original, sin embargo, la duda aún persiste en mi cabeza, no es solo cosa de práctica, necesito encontrar la manera correcta de hacerlo, un movimiento, una posición, lo que fuere, pero esas diez hojas debían ser capturadas. Por algunos segundos observe mi reflejo en el agua, y recordé una canción que alguna vez escuché en mi dispositivo de audio «Quizá debí haberlo traído, para concentrarme… no lo sé, ya estoy acá» pensé, para luego ponerme de pie, listo para partir en busca de la técnica adecuada.
Algo me causó especial curiosidad al momento de decidir partir en otra dirección, y es que en las rocas que se encontraban alrededor del arroyo se podían ver a simple vista múltiples manchas rojas. El tono peculiar de aquel color al contraste con la luz delataban que no eran parte natural de la roca y, aunque idiota, mi curiosidad ganó esta vez, obligándome a participar de este inservible encuentro por el capricho de conocer el final de la historia […] *Sigh* llegué al lugar fijando la vista de cerca a las anormalidades del suelo para luego dar uso a mis dedos índice y medio, uniéndolos para palpar la mancha rojiza, la cual se sentía suave al tacto, quizás por la profunda impregnación que el color hizo en la piedra. No sé porque, pero debió ser el instinto natural de todo animal el que me obligó a mirar hacia adelante, momento en que descubrí el rastro, más de estas manchas rojas en el suelo formaban un sendero al interior del bosque «Pero… ¿Qué demonios?» pensé, poniéndome nuevamente de pie, esta vez intrigado de verdad con toda intención de llegar al final de la historia. Entonces las manchas se hacían más brillantes y oscuras… Si, definitivamente es sangre. Trepé inmediatamente a la rama un árbol cercano que pudiese sostenerme, para así seguir desde lo alto el extraño rastro de sangre, evitando toparme con algún inconveniente a la altura del suelo. De rama en rama saltaba, los charcos de sangre se hacían más grandes y numerosos, al parecer, quien quiera que estuviese al final del camino no la está pasando bien. Enseguida aceleré el paso y al cabo de unos minutos pude verlo; un ciervo huyendo despavorido, empleando toda la energía que su desgastado cuerpo era capaz de entregar, pero, ¿Qué lo habría dañado de esa manera? Ciertamente no me había percatado del rastro de ningún animal grande que pudiese estar predando a la agonizante criatura y no estoy seguro que la presa supiera que es lo que le atacó […] miré en varias direcciones desde lo alto para luego descender e intentar atender al animal que había sucumbido ante el dolor y la fatiga, era notoria su acelerada respiración con solo ver el vientre expandirse y contraerse. Pero el momento en el que pose mi palma izquierda sobre el tibio cuerpo del animal, los arbustos a mi espalda se movieron bruscamente y el animal desesperado intentaba ponerse de pie y huir del lugar. «Aquí estamos…» pensé, poniéndome rápidamente de pie, observando a mi alrededor en busca de algún objeto que pudiese usar como arma, pero no tuve tiempo suficiente… un gigantesco animal con forma serpentoide emergió a toda velocidad de su escondrijo, con el hocico abierto de par en par, enseñando amenazante sus alargados colmillos. Apenas y tuve tiempo para reaccionar, la adrenalina fue mi mayor aliado en el momento, sobre esforzándome para hacerme a un lado y evadir instantáneamente al depredador. Una vez que cayó a mis espaldas pude voltearme y verlo detalladamente… una gigantesca serpiente blanca de cresta roja que a la luz del atardecer lucia sus escamas en forma de flecha. Observé atentamente como el animal utilizaba su cuerpo como soporte para que la parte superior pudiera impulsarse a una velocidad impresionante; y entonces lo vi, aquella era la manera en que debía completar mi objetivo […] el animal atacó por segunda vez, cuando pude esquivarlo con mayor facilidad y como un mimo copiar sus movimiento, utilizando mis brazos como si de dos serpientes se tratase, flectando  y estirándolos a gran velocidad, golpeando con todo el peso el cuerpo de la serpiente, aprovechando enormemente los segundos que se tardaba en retraer su cuerpo nuevamente. El animal confundido respondió haciendo temblar su cresta frente a mí, pero luego dar media vuelta y huir velozmente entre los arbustos… Una pena, más ciervos como este podrían morir, pero aquel no era mi problema, no soy quien para juzgar las leyes naturales que rigen este mundo «Con que esa era la manera correcta de hacerlo…» pensé, observando el cadáver a mi lado, para luego desvanecerme en el atardecer, en dirección a mi posición inicial donde el reto de las diez hojas me esperaba.
Ya estaba en el lugar, la tenue luz anaranjada del atardecer provocaba que las sombras se alargaran a mi costado izquierdo, creando un espejo metafísico de este preciso momento. Me preparé nuevamente… dispuesto esta vez, a superar el reto que me trajo hasta aquí en un principio. Abalance mi espalda contra el tronco del árbol, haciéndolo temblar, logrando que una cantidad precisa de hojas cayeran de este justo frente a mí; entonces visualicé mis objetivos y como una imponente serpiente utilicé mis brazos y me dejé llevar por el instinto. La primera, la segunda, la tercera y la cuarta hoja ya estaban en mi poder; solo bastaba una vez para atrapar una nueva hoja sin dejar ir a las demás que ya estaban en mi mano, así se sumó hasta la novena hoja cuando preocupado creí haber fracasado al ver lo cerca que la décima hoja se encontraba del piso, pero la imité y me dejé llevar. Flecté mi rodilla izquierda mientras que la derecha se mantenía recta para equilibrar el peso de mi cuerpo a unos 20 centímetros del piso y fue la última acción la decisiva y la más riesgosa, pero una sensación de alivio, orgullo y satisfacción invadieron mi cuerpo cuando sentí al tacto la última hoja « ¡Lo hice!» exclame, dejándome llevar por la emoción del momento… Entonces me puse de pie y observe para confirmar, y estaba en lo correcto, diez hojas en la palma de mi mano sin un solo error.

Y una fuerte ráfaga de viento se presentó en el lugar, dando la bienvenida al anochecer, momento que aproveche para dejar volar mi recuerdo y señal de éxito. Ya llegó el final del día, es hora de volver que mañana espera un gran amanecer. 
Nathair
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