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Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Hell in the sand [Entrenamiento]

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Hell in the sand [Entrenamiento]

Mensaje por Hinosuke Aburame el Sáb Ene 27, 2018 3:47 pm

En muchas ocasiones se había sentido cansado y había maldecido el tabaco millones de veces, sin embargo, jamás tanto como aquella vez. A los pocos minutos de comenzar su entrenamiento comenzó a toser de una forma bastante preocupante y esto le hizo abrir los ojos para darse cuenta de que para ser un ninja hace falta mucho más que técnicas útiles y una estrategia. El físico juega una importancia vital en un enfrentamiento y puede ser la diferencia entre un buen ninja y un simple mediocre con un sombrero llamativo. Estaba harto de siempre agotarse al poco esfuerzo y sin duda esto tenía que cambiar… Aquel día se había ataviado con una ropa un poco distinta a la habitual, su sombrero y su capa estaban en la posada donde se hospedaba, se había puesto unos pantalones grisáceos y raídos junto con una camiseta ajustada de cuello alto del mismo color que conservaba en su equipaje de a saber cuantos años hace, además de un viejo sombrero de tela de color grisáceo y unas sandalias que había conseguido a un módico precio. No era buena idea entrenar con su ropa habitual pues no era demasiado cómoda, además, odiaba cuando el sombrero se llenaba de sudor, así que se limitó a ponerse eso y se encaminó hacia el desierto. Aquel día hacía un sol abrasador y las pocas sombras que podían encontrarse en las calles de la capital estaban repletas de gente que, a pesar de estar acostumbradas a dicho clima, intentaban resguardarse de los abrasadores rayos de sol que inundaban la zona. El cielo estaba despejado y el, con su peculiar indumentaria se dirigía al desierto a entrenar -Esto es de locos… -Pensaba el mismo mientras se arrepentía en el último instante y se planteaba seriamente si volver a la posada a darse una ducha, pues, apenas había llegado a la puerta de la salida y ya estaba completamente sudado. Se arremangó hasta el codo y decidió que, ya que había dado el primer paso, no iba a echarse atrás en el último momento.

En primera instancia pensó en correr, pero puesto que hacía bastante calor simplemente pensó que sería muchísimo mejor trotar, al menos para tantear el terreno. Las sandalias que se había comprado ayudaban bastante en la tarea pues sus pies no se hundían entre la arena a cada paso que daba, cosa que agradeció bastante cuando el terreno dejó de ser tan llano y las dunas comenzaron a aparecer frente a él. Su reto de hoy era subir una de ellas hasta arriba del todo, algo ambicioso dada su baja forma física en aquel momento, pero si no empezaba por ningún sitio jamás conseguiría una condición digna de un ninja, así que apretó el paso cuando la pendiente empezó a cernirse sobre él porque sabía que cuanto mas inclinación hubiera mas lento iba a avanzar, no podía mantener ese ritmo de trote con una cuesta tan pronunciada. Sus pies comenzaron a hundirse levemente en la arena y esta le quemaba los dedos y el empeine, debió suponer que la arena del desierto no sería especialmente fría, pero al fin y al cabo eso era un fallo de turista, como a el le gustaba llamar a esas pequeñas cosas que todo lugareño sabe porque son evidentes pero los forasteros jamás tienen en cuenta. Estaba acostumbrado a ese tipo de cosas dados sus viajes, así que simplemente apretó los dientes y continuó con la pendiente hasta llegar arriba. No había sido tan difícil después de todo, solo era una cuesta, se sorprendió a si mismo cuando alcanzó la cima sin ningún problema, jadeante y sudoroso, eso si, pues allí no hacía precisamente fresquito. Miró a su alrededor y a pesar de estar cerca de la ciudad, todo lo que alcanzaba a ver era un infierno de dunas y arena que llegaba hasta donde podía alcanzar su vista.

Suspiró con hastío, pero comenzó a bajar la duna del otro lado, esto era mas difícil de lo que esperaba nuevamente, pues había que calcular muy bien donde pisaba para no resbalarse y caer rodando. Estaba casi seguro de poder llegar abajo tranquilamente cuando su pie se hundió en la arena ligeramente por la poca densidad de la arena y eso le hizo caer rodando cuesta abajo, golpeándose en todas partes, agarrando bien sus gafas para no perderlas. Una vez abajo, boca arriba y con su sombrero a varios metros de él, sudoroso y jadeante se levantó maldiciendo mientras escupía granos de arena -Esto no va a ser un camino de rosas... -Se repitió a si mismo para animarse mientras recogía su viejo sombrero y continuaba trotando, teniendo en cuenta de no perder de vista la silueta de la ciudad, no sabía que pasaría si se perdía por aquel infernal paraje… A lo lejos se veía un hombre caminando, parecía volver a la ciudad, así que decidió acercarse a él al ritmo que estaba trotando, simplemente como desafío y objetivo, pues entre tantas dunas no podía ponerse demasiadas metas, allá donde miraba, todo le parecía igual, arena, arena y mas arena. Estaba fatigado, todas aquellas veces que se había quedado ocioso leyendo libros le estaban pasando factura, al menos ahora, cada gota de sudor derramada entrenando sería una gota menos de sangre derramada en el campo de batalla, así que con ya casi fuerzas de flaqueza se fue acercando al hombre poco a poco, hasta que comenzó a distinguir su rostro: se trataba de un hombre aparentemente de mediana edad, que caminaba solo cargado con un equipaje bastante grande, tenía pinta de ser un comerciante o algo parecido, o simplemente alguien que volvía a la ciudad después de un viaje, todo podía ser. Su intención era rodearlo y volverse ya al pueblo, en algún otro momento le habría saludado, pero dado que le estaba rodeando a una distancia muy grande, hubiera tenido que gritar y sinceramente, no le apetecía interrumpir su entrenamiento para hablar con nadie, así que puso rumbo a la ciudad para finalizar su entrenamiento por hoy. A penas le quedaban fuerzas para llegar por su propio pie, así que se mordió el labio y con las ultimas energías que le quedaban tensó los músculos de sus piernas y aceleró el paso ligeramente para alcanzar su objetivo lo antes posible. Estaba exhausto, a pesar de no haber recorrido una distancia enorme, había sido más que suficiente para consumirle todas las energías y dejarle agotado.

La puerta del pueblo se acercaba cada vez mas despacio sin que el bajase el ritmo, o al menos eso creía el, jamás había recorrido una distancia tan corta y tan larga al mismo tiempo, aquel trecho le resultó agotador pero finalmente, una vez traspasada la puerta, cayó de rodillas jadeante mientras las gotas de sudor que de su frente emanaban caían al suelo. Le tomó un poco de tiempo recuperar el aliento, pero una vez lo hizo, solo quería asearse y descansar, el día siguiente sería tanto o mas duro que el anterior.

La mañana siguiente fue tan dura como esperaba, las agujetas no perdonaban y por alguna razón, su espalda no estaba en su mejor momento, así que una vez se convenció a si mismo de la tortura, se levantó para desayunar algo consistente y ponerse manos a la obra. Llegado a este punto estaba seguro de muy pocas cosas, pero lo que si tenía muy claro era que no iba a dejar a medias su entrenamiento después de la paliza que se había pegado el día anterior corriendo con toda la solana. Aquel día, salió trotando de la posada, con poco ánimo pero convencido de seguir con su trabajo. Hacía tanto o mas calor que el día anterior, pero eso realmente, a pesar de ser un gran punto en contra, no le importaba demasiado pues había encontrado la manera de no pensar en ello para poder aguantarlo mejor. Para cuando llegó a la puerta de la ciudad ya estaba completamente sudado y por qué no reconocerlo, bastante fatigado. La parte buena de haber entrenado tan duro el día anterior, era que, debido al dolor que sentía en las piernas ya apenas podía sentirlas a cada paso que daba, lo cual a pesar de no ser demasiado bueno para sus piernas, le ayudaba bastante a seguir el ritmo que se había impuesto a sí mismo. No se veía a nadie fuera y, de nuevo, no había ni una pizca de viento y el calor se metía entre los huesos, era demasiado seco y, habiendo incluso encontrado la manera de distraer la mente para que no le afectase demasiado le estaba costando seguir el ritmo.

Las dunas parecían hoy mas desafiantes con el cuerpo tan deteriorado, sin embargo se enfrentó a la primera que tuvo delante sin ningún tipo de miedo ya que, para eso había venido no? Las dunas se movían a lo lejos, fruto de las altas temperaturas del ambiente y a que la arena no ayudaba demasiado, de nuevo estaba tremendamente caliente y se le volvía a meter entre los dedos, pero hoy ya no le molestaba tanto, estaba convencido de que no iba a ser tan difícil como el día anterior, los primeros días siempre son mas difíciles que el resto, además hoy se había propuesto no dejarlo hasta el mediodía, todo un desafío ya que había amanecido hacia escasas dos horas, sin embargo tampoco iba a estar corriendo toda la mañana, había planeado hacer algunas sentadillas también, ya que flexiones y abdominales eran totalmente inviables debido a las altas temperaturas que se mantenían en la arena, lo último que quería era quemarse las manos, eso le dificultaría mucho las cosas, sobre todo a la hora de utilizar el ninjutsu y al intentar hacer vida normal. Se enfrentó a la duna nada mas llegó a ella, hoy se sentía mucho mas cansado que el día anterior, sin embargo había aprendido a economizar la energía y eso era un punto importante. Al llegar arriba hizo unas veinte sentadillas que le costaron horrores, sentía como si le clavaran miles de agujas en las piernas cada vez que bajaba y cuando subía era un alivio, sin embargo, nada más terminar la serie comenzó a descender por donde había subido pensando que esa secuencia sería un buen entrenamiento para hoy. Esta vez no se cayó al bajar, algo que le sorprendió en un principio, había tenido siempre tan mala suerte que no se esperaba que aquel entreno fuese a salirle tan bien, sin embargo, al llegar abajo y mirar hacia arriba, volvió a comenzar el ascenso sin pensárselo dos veces… Repitió el proceso por algo mas de dos horas, quizás tres, hasta quedar totalmente exhausto, hasta el punto de no poder casi caminar y verse medio arrastrándose en dirección a la ciudad. Sentía que el entrenamiento de hoy había sido muy efectivo, se sentía mucho mejor que la anterior vez, con la diferencia de que esta estaba muchísimo mas cansado y los pies le dolían muchísimo.

Continuó con este modelo de entrenamiento varios días, descansando cada tercer día para recuperar fuerzas, era la primera vez que se ponía tan en serio con algo y desde luego, lo había cogido con ganas y ahora que había logrado vencer la pereza no iba a detenerse por nada del mundo. No había conseguido grandes resultados pero al menos ahora podía hacer entrenamientos mas largos y se exigía algo mas a sí mismo también, lo cual agradecía. Había desarrollado un espíritu de superación para consigo mismo en esas semanas que jamás se habría imaginado. Las mañanas ya no eran tan duras y ya no le dolían las piernas, quizás por la costumbre de darles una carga de trabajo tan elevada, y eso le alegraba bastante pues significaba que había habido avances sustanciales. Lo que sí había variado era su forma de entrenar, ahora ya no se limitaba a subir una duna, hacer veinte sentadillas y volver a bajar, lo había complicado a dos ascensos por ronda, con una serie de treinta, para así favorecer mas su fondo físico que el desarrollo de musculatura, la cual no le interesaba en absoluto, pues su estilo de combate nada tenía que ver con el físico o con enfrentarse cuerpo a cuerpo.

Ahora ya no se sentía tan novato, a pesar de no haber mejorado demasiado, el hecho de haber cogido costumbre le daba mucha confianza en si mismo. Había aprendido a disfrutar de las agujetas y del sufrimiento de los entrenamientos, en otras palabras, esas semanas le habían cambiado bastante en cuanto a su visión de todo esto. Aquella tarde no hacía tanto calor, pero aún así hacía un fuerte sol que le calentaba la cabeza a cada paso que daba hacia su lugar de entrenamiento, desde la posada. Había pensado en hacer pequeños sprints subiendo las dunas, desde luego eso sería mucho mas complicado que simplemente ascenderlas dos veces, había aprendido por si mismo que los intervalos cortos de mucho esfuerzo le agotaban más que el simple ejercicio aeróbico, así que ese sería su nuevo método. Enfrentó la duna con mucha energía, pero para su sorpresa, apenas había diferencia entre la velocidad de ascenso que tenía normalmente y la que había adoptado hoy, pues la inclinación no le dejaba coger demasiada velocidad. Al llegar arriba estaba totalmente fatigado, mucho más que los días anteriores tras cada ronda, volvió a las veinte sentadillas y bajó con cuidado. Solía utilizar siempre la misma duna, ya que era una inclinación bastante pronunciada y no era demasiado pequeña, como le ocurría a muchas otras, además, siempre había sido una persona de costumbres, con lo cual, cambiar de lugar no era una opción, al menos por el momento.

Los pies se le hundían ligeramente en la arena por sus enérgicas pisadas a cada paso que daba duna arriba, esto le frenaba bastante, pero también lo hacía mas interesante, aunque comenzaba a aburrirse de siempre subir la misma cuesta y comenzó a trotar buscando nuevos desafíos a los que enfrentarse. Quizás tuviera que alejarse demasiado de la ciudad para encontrar algo interesante, así que tras un rato trotando por los alrededores resolvió que lo mejor para eso sería viajar a otro lugar y encontrar allí los desafíos, al fin y al cabo, allí solo iba a encontrarse dunas, dunas y dunas y un infierno de arena que se extendería hasta donde se perdiera su vista, incluso mucho más que eso, nada divertido ni interesante, salvo si se encontraba algún bichejo por ahí, y eso podría ser muy peligroso, así que ese día, terminó su entrenamiento en el lugar de costumbre para no variar. No había vuelto a encontrarse al hombre que caminaba entre la arena semanas atrás, había supuesto que volvería sobre sus pasos tras unos días en la ciudad, pensando que se trataba de un comerciante, pero no había pasado eso. Quizás aquel hombre hubiera tenido algo interesante que decirle, sin embargo lo apartó de su mente rápidamente para comenzar su serie de sentadillas.

Al ocaso, Hinosuke partió de vuelta a su posada, ahora ya no tenía dolor de pies ni se encontraba tan mal, solo estaba cansado y quería comer algo, pronto seguiría su entrenamiento, y ahora con muchísima mas energía, sabiendo que sí que era posible ver mejoras haciendo algo, aunque costase y llevase tiempo, el esfuerzo daría sus frutos, con paciencia podría conseguir todo lo que se propusiera, o eso creía el, desde luego, durante estas semanas se lo había demostrado a sí mismo con creces durante repetidas ocasiones. Ahora sabía que no era imposible y que él no era inútil, y eso es un buen principio.
Hinosuke Aburame
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