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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Across the borders

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Across the borders

Mensaje por Uchiha Michi el Miér Feb 28, 2018 11:03 pm

Michi se encontraba andando tranquilamente a través del Bosque del Fuego, por un camino hecho por los campesinos y el ganado. Un camino que conocía muy bien, pues era el que siempre usaba para ir a su lugar de entrenamiento. Pero esta vez no iba a ese lugar. En esta ocasión tenía una misión mucho más allá, cerca de la frontera con Hinoarashi.
Pronto pasó el terreno conocido desde su infancia, y se internó más y más. El camino desapareció, y Michi decidió subirse a los árboles y saltar de rama en rama para evitar la maleza y los espinos.
Acababa de amanecer nada más salió de su casa, y la fría brisa le acariciaba la cara. Le encantaba la sensación de la mañana; el viento, el olor del bosque, la tierra húmeda… Por otro lado, le costaba despertar, y sentía el cuerpo pesado y somnoliento. El camino hacia el campamento le despejaría, y podría disfrutar del viaje en soledad.
Tras un par de horas, divisó el campamento. Varias tiendas se desperdigaban por un claro artificial, en un punto alto del terreno. A mayores de las tiendas, habían construido una pequeña cabaña con troncos, seguramente para uso del líder del campamento. Alrededor había fosos y troncos afilados usados como barricadas, así como pequeñas atalayas de poco más de dos metros de altura.
Nada más verlo, el motivo por el que vino le cayó encima como una losa. “Buscar a una esclava… por todo el bosque… - pensó, sin ganas. - ¿Le tendría que haber pedido el perro a un Inuzuka?” Con esos pensamientos pesimistas, siguió hasta alcanzar el campamento. Los guardias se tensaron al ver a alguien acercarse y le dieron el alto. Michi paró a una distancia prudencial y se presentó:
- Soy Uchiha Michi, enviado en respuesta a la misión de clase D, por petición de este campamento.
Los soldados se quedaron mudos un segundo, extrañados por la manera de hablar de Michi. No podían saber que era una costumbre del shinobi. Había aprendido que presentarse así, era la forma más rápida de empezar a tratar el tema cuanto antes. Y Michi odiaba alargar las conversaciones sin motivo. Quería enterarse de la situación y salir a por la chica lo más rápido posible, tanto para evitar darla tiempo para sacar distancia, como para irse de ese campamento. No le gustaba la parte de presentarse y discutir la misión; prefería su ritmo y sus decisiones. Aunque sabía perfectamente que la información era vital en una misión. Se daría un tiempo para observar el campamento, su situación, y sus gentes, antes de marchar.
- Ah, sí. – contestó un guardia.  – Sígueme.
El guardia lo guio por el campamento.  Mientras tanto, Michi observó cuidadosamente los alrededores. El ambiente era bueno. Demasiado para un campamento tan cercano a la frontera con Hinoarashi. Los soldados hablaban con animosidad, como si no tuvieran preocupaciones. Iban de aquí para allá riendo y contándose tonterías. En cuanto le vieron, algunos escondieron cosas, mal disimuladamente. Michi llegó a ver que se trataba de alcohol. Les ignoró y buscó signos de esclavas. No tardó mucho en encontrarlas.
Contaba con la hora, poco después del amanecer, para encontrar alguna evidencia. Los resultados de una noche apasionada. En efecto; una mujer salió de una de las tiendas, con ropas provocativas, mal vestidas, y el pelo revuelto. Se alejó de la tienda, y sin prestar atención a la nueva cara, y encendió un cigarrillo. Antes que la tela de la tienda se cerrase, echó un ojo dentro.
En su interior, pudo ver un par de mujeres más, aunque estas no estaban vestidas con ropas tan vistosas como la primera. Lo que llevaban se podían considerar harapos, prácticamente, y estaban descalzas. Se notaba que no estaban ahí por su propia voluntad, por cosas como la ropa, la falta de calzado, y los grilletes de las muñecas. También vió un hombre claramente borracho, con una mano sujetando una botella, y la otra acariciando el brazo de una de las muchachas, la cual torcía el gesto con desagrado.
La tela cubrió la escena, y Michi apartó la mirada, impasible. Su cara no denotaba ninguna emoción, pero en su interior sentía una vergüenza y una decepción enormes. Parte de él quería creer que el tema de las esclavas era una mentira. Aun así, mantuvo la compostura y siguió al soldado.
Este lo guio hasta la cabaña de troncos. Golpeó la puerta, y una voz grave contestó. El soldado abrió y anuncio la llegada del ninja. La voz le ordenó pasar.
El interior era lo que se podía esperar de un puesto de mando. Pergaminos con órdenes, una mesa central con un mapa de la zona estirado con marcas por el papel, armamento en general, estanterías… nada le llamó la atención.
La puerta se cerró detrás de él con un golpe seco. Michi esperó a que el hombre que tenía enfrente iniciara la conversación. Era un hombre de mediana edad, mas tirando hacia arriba. Las canas comenzaban a poblar su cabello, y las entradas eran pronunciadas. De altura media, lo que más destacaba de él era su semblante serio y amenazador. Portaba una katana, la cual colgaba de un cinto sencillo. Levantó la mirada de sus papeles y repasó con la mirada al shinobi. Tras unos segundos que se hicieron eternos, el hombre por fin habló.
- ¿Cómo te llamas, chico?
- Uchiha Michi. – respondió con rapidez.
- Bien, Uchiha. – comenzó sin muchos miramientos. – Te voy a explicar la situación rápido, para que los dos podamos seguir con nuestro trabajo lo antes posible, ¿de acuerdo?
“Gracias”, pensó para sí Michi, y asintió.
El hombre se acomodó en su asiento, con un gruñido.
- Mis hombres llevan aquí meses, sin poder salir. Estaban de capa caída, hasta que alguien tuvo la genial idea de traer alcohol y putas a mi campamento. No me atrae tener esos hobbies en primera línea, pero el caso es que, me guste o no, están levantando la moral a mis guardias. Y chico… - Se acercó apoyando el codo en la mesa. – No hay nada que acojone más que dirigir a un grupo de soldados desmoralizados.
Tras hacer una pausa, dejó caer su cuerpo contra el respaldo del asiento.
- El caso es que una de esas rameras se ha escapado. Ha estado lo suficiente entre nosotros para haber visto u oído información valiosa. Encuéntrala y tráemela, o lo que haga falta para callarla, pero que no abra la boca. ¿Entendido?
- Para eso estoy aquí. – se limitó a responder Michi, seco.
- Bien. Ponte a ello.
Sin esperar respuesta, el hombre se hundió en los pergaminos que tenía sobre la mesa. Michi captó la idea, y abandonó la cabaña.
Fuera, ya no había rastro de soldados con botellas, ni de chicas. Parecía que alguien se había encargado de espabilar a sus compañeros, y esconder los hobbies de dudosa moralidad.
Michi observó el campamento con ojos vidriosos. Bostezó y se secó el pequeño lagrimeo resultante. Se metió las manos en los bolsillos y comenzó a andar sin rumbo, mirando aquí y allá, aparentemente desinteresado. Fue a pedir una manta, comida y agua, tranquilamente. Se guardó todo en el petate y siguió caminando.
Pasó por delante de la tienda donde vió a las mujeres. Delante de ella estaba aquel hombre, ya sin la botella, pero aun con la embriaguez. Se apoyaba en uno de los anchos palos que sujetaban la tienda militar. Quizás sobrio habría disimulado mejor, pues era evidente que estaba vigilando la entrada. De él, en concreto.
Observó en él unas grandes llaves colgando de un aro metálico, sujeto por el cinto. No intentó entrar, no quería montar una escena, dado que era obvio que aquel soldado se lo iba a impedir. Michi no sabía por qué tanto secretismo. No había venido a investigarles. Eso debería ser otra misión. “¿La Dama sabría esto?”
Siguió su camino, preguntando inocentemente aquí y allá, a cualquiera que se encontraba. Empezaba con comentarios sin importancia, preguntando qué tal iba la batalla, etc, para ganarse su confianza, y alguno que otro se soltó la lengua. Tras cuarenta minutos, le habían dicho que el borracho de la tienda siempre andaba dando problemas, que a nadie le caía bien el segundo al mando, y lo más importante, que la esclava había salido corriendo en dirección a Hinoarashi.
Desde luego, no había podido elegir dirección más problemática, pero esa información le ahorraría muchas vueltas. Con el plan a seguir más o menos claro desde que llegó, se dirigió a la parte noroeste del campamento; la dirección hacia Hinoarashi.
Michi sabía lo que tenía que buscar. Si la joven había huido, era porque no estaba aquí por propia voluntad, así que pertenecería al grupo de las descalzas y harapientas. En esas condiciones, las huellas debían ser evidentes, y era muy posible que sus harapos se hubieran rasgado en contacto con la maleza y los espinos, dejando un rastro que cualquier ninja podría seguir fácilmente.
No tardó demasiado en encontrar las primeras huellas. Saltó a las ramas de los árboles y avanzó con rapidez. Si perdía el rastro, no tardaba mucho en encontrarlo de nuevo, las pistas eran obvias para el ojo entrenado.
Tras más de media hora siguiendo el rastro, por fin la vió. Se encontraba descansando apoyada en un árbol. Resoplaba, y tenía los pies llenos de arañazos y heridas. Aparentaba estar exhausta, y no era para menos. Había conseguido separarse del campamento más de dos kilómetros, descalza y por el bosque. Michi sintió lastima por ella.
Era joven, de pelo castaño largo. De estatura media, delgada. Gracias a los harapos, se podía ver su bonita figura. Sencilla, pero bonita. No podía verla la cara, pero Michi apostaría a que iba a juego.
Bajó al suelo al lado de ella, sin mucho cuidado. La joven dio un respingo y se dio la vuelta, con cara de terror. Dio un paso hacia atrás, hasta chocar la espalda contra el árbol el que segundos antes se apoyaba.
La visión de la joven era demasiado para Michi, el cual no había tenido muchos momentos para hablar y estar con mujeres en su vida. Su ropa inferior se había rasgado por la huida, dejando a la vista buena parte de uno de los muslos. A su vez, la parte de arriba era menuda y fina, y dejaba entrever sus pequeños senos, así como su abdomen.
Ruborizado, Michi se encontró haciendo una reverencia apresurada.
- ¡Buenos días, soy U-Uchiha Michi, señorita! –exclamó nervioso, sin saber muy bien cómo había acabado en esa posición.
Mirando al suelo, sin ser capaz de levantar la mirada, espero por respuesta. Esta no llegó, puesto que la joven aprovechó para huir sin mediar palabra. Michi permaneció unos segundos mirando al suelo con el ceño fruncido, sin moverse, muerto de la vergüenza. Se forzó a incorporarse y miró en dirección a la muchacha. Se la veía a lo lejos, corriendo desesperadamente entre la maleza. Por una fracción de segundo, Michi imaginó que un arbusto le arrancaba parte de la poca ropa que la quedaba. Sacudió la cabeza rápidamente, terriblemente avergonzado. “Ay, Madre… - pensó, mirando al cielo. – El entrenamiento ninja no te prepara para estas situaciones.” Trató de enfocarse, masajeándose los carrillos con las manos, y saltó de nuevo hacia las ramas de los árboles. En unos pocos segundos la alcanzó. Saltó y se interpuso en su camino.
- Para un mome…
No tuvo tiempo para acabar la frase, pues la joven dirigió un rápido puñetazo a su cara. Este lo esquivó por los pelos, en el último momento, pero la chica no se iba a dar por vencida. Sin perder inercia, encadenó una serie de patadas y puñetazos. Al tercer golpe, Michi tuvo claro que era muy hábil en el taijutsu, cosa que él no.
Entre la sorpresa del descubrimiento, y la diferencia de habilidad, Michi no tardó en recibir un puñetazo en el estómago, que lo hizo encorvarse de dolor, y le cortó la respiración. En cuanto vio su oportunidad, la joven echó a correr de nuevo. Pero no llegó muy lejos, porque se tropezó con una rama que se le había enroscado al pie durante la pelea. Se dio un buen golpe, que la dejó desorientada unos segundos. Segundos que Michi aprovechó para recuperar el aliento, y concentrándose lo más que pudo, realizó la Técnica de la Mente Astuta.
Tras recuperarse un poco del mareo, la chica se levantó y echó a correr de nuevo. Mientras tanto, Michi se apoyó contra un árbol, respirando entrecortadamente, con la mano en el estómago.
De repente, la mujer apareció de nuevo delante del ninja, la cual le miró, confusa. Sin mediar palabra, echó a correr de nuevo por donde vino, para volver a aparecer delante de él. Michi la ignoró en silencio, centrándose en respirar.
La escena se repitió varias veces, hasta que la mujer se dio por vencida, y fue a atacar de nuevo al chico. Este estaba esperando a que llegara a esa conclusión, por lo que saltó con rapidez a la rama del árbol en el que estaba apoyado. Tal y como sospechaba, la mujer no era ninja, y no pudo seguirle. Esta resopló de pura frustración y se dejó caer de rodillas, agotada. Michi la observó unos segundos. Observó cómo respiraba agitadamente, como su espalda subía y bajaba sin parar a un ritmo que hipnotizaba, los múltiples arañazos que cubrían su cuerpo, sobre todo en las piernas y pies. Se preguntó cómo era posible que esos brazos tan delgados pudieran pegar tan fuerte.
Michi dejó caer la manta que había cogido en el campamento, la cual acabó cubriendo la cabeza de la esclava. Esta se sobresaltó, e intentó deshacerse de ella, asustada. Cuando se dio cuenta de lo que era, miró hacia arriba, desconcertada. Y miró a tiempo, pues siguiendo el camino de la manta venían una cantimplora con agua y un pequeño paquete de comida cuidadosamente envuelto. A duras penas pudo cogerlo sin que se le cayera.
Cuando vió de que se trataba, los ojos la brillaron. Desenvolvió la comida y comenzó a engullirla. Con la boca llena y sin esperar a tragar, abrió la cantimplora y tragó como pudo. El agua resbalaba por su cuello, pero no la importó. Michi la dejó comer. Ver comer a alguien de esa manera era una sensación muy extraña. Triste, a la par que maravillosa. La observaba inmóvil, viendo cómo disfrutaba de cada bocado.
Tras varios minutos, donde la joven se tuvo que parar a respirar varias veces, por fin acabó todo. Tosió, y se limpió la cara con el brazo. Alzó la mirada, buscando a esa persona que estaba siendo tan amable con ella.
- Yo… - comenzó, tímidamente. – Gracias.
Michi se llevó la mano hacia la cabeza y se frotó la nuca. Desvió la mirada, ruborizado, aunque no por el agradecimiento, sino por otra cosa. El agua había empapado los harapos, y ahora se pegaban a su cuerpo, revelando su forma.
- Si si, pero… ¿te puedes tapar un poco? – dijo Michi, con un hilo de voz. – No puedo mirarte si estas así.
La muchacha le miró, sin entender. Bajó la mirada y frunció el ceño. Rápidamente cogió la manta y se tapó con ella.
- ¿Qué quieres de mí?
Michi se puso de cuclillas y apoyó los codos en las rodillas.
- De momento, tu nombre. – Viendo que había sonado demasiado brusco, se apresuró a añadir. – Por favor.
- Kaede. – se limitó a contestar. No tenía claras las intenciones del ninja. - ¿Vienes a llevarme de vuelta a ese campamento?
Michi tardó unos segundos en contestar.
- Esa es mi misión. – contestó con tristeza.
Nada más oír esas palabras, Kaede retrocedió unos pasos, visiblemente decepcionada. Rápidamente se recompuso y sin mediar palabra, reanudó su huida. Michi no hizo nada para detenerla, puesto que sabía que en breve iba a regresar. Y así fue. Segundos más tarde, apareció delante de nuevo.
Kaede le miró, furiosa y frustrada.
- ¿Esto es cosa tuya, ¿verdad?
Michi no se molestó en disimular.
- Si. No puedes salir de aquí.
Kaede miró al shinobi, y comprendió que no tenía nada que hacer. Cuando le acertó el puñetazo en el estómago pensó que tenía alguna oportunidad, pero había sido una ilusa. ¿Cómo iba a poder ganar a un ninja?
- Tengo cuatrocientos ryus. ¡Quédatelos! – suplicó, desesperada. – Es todo lo que tengo. Por favor, cógelos y déjame irme…
A Michi se le partió el corazón. No soportaba las injusticias, y empatizaba muy rápido en este tipo de situaciones. Quizás por las palizas de su padre, todo aquel ser maltratado le arañaba el alma. Bajó la mirada, con ganas de llorar y se revolvió el pelo, incómodo. Finalmente bajó del árbol de un salto y se plantó frente a ella. Kaede retrocedió un par de pasos, temerosa. Él la miró a la cara, y pudo ver el dolor de la última noche sola en el bosque. Ojeras, los ojos hinchados, arañazos, el labio inferior roto… A pesar de todo ello, Michi pensó que era muy bonita, como supuso.
No le costó decidirse ni un segundo. Para ser sinceros, era lo que quería hacer desde el principio, y para lo que llevaba toda la mañana mentalizándose. Se puso de espaldas y se inclinó. Kaede miró sin comprender. Michi giró la cabeza y la miró de reojo a ella y a sus pies llenos de arañazos.
- Vamos, estamos muy cerca de la frontera con Hinoarashi. Súbete.
Kaede dudó. ¿Podía confiar en él?
- Que te voy a ayudar, leñe. – dijo al ver que no se decidía, impaciente.
Kaede no sabía si debía hacerlo. Notó el cansancio extremo, su debilidad. Pensó que, si hubiera querido hacerla daño, ya se lo habría hecho. Al fin y al cabo, le había traído comida y agua. No había podido tomarse esa molestia si no pensara ayudarla. Sí, eso debía ser. Quería ayudarla a salir de esta. Estaba muy cansada, y necesitaba un apoyo, y ese sería aquel chico, seguro. Guiada por el cansancio de las últimas horas, Kaede decidió dejarse de huir y aceptar la oportunidad que se le había presentado.
Se le iluminó la cara. Avanzó y se subió a su espalda. Le abrazó alrededor del cuello para sujetarse. Michi sintió los pequeños pechos aplastarse contra su espalda, mientras pasaba las manos por sus muslos desnudos hasta encontrar el equilibrio de peso para poder levantarse. Se tensó como una cuerda de arco, y se quedó quieto. Su cara estaba roja pero afortunadamente, Kaede no podía verla.
- ¿Qué sucede? –preguntó la mujer, extrañada.
- ¡Nada! –se apresuró a responder Michi, casi sudando. – E-es que hueles muy fuerte… ¿no te has cambiado de ropa en días o qué?
“¡Claro que no lo ha hecho, imbécil, es una esclavaaaaaaa!” Michi no apreció una reacción de Kaede, más allá de separarse unos milímetros de él.
- N-n-no es lo que quería decir… eh… es que pesas mucho, so-solo eso.
Al darse cuenta de lo que había dicho, Michi se quedó blanco como la tiza. Se le quedó la mente en blanco, sin saber cómo salir de la situación en la que se había metido. Mientras se encontraba en sus pensamientos, los brazos que le rodeaban el cuello se cerraron con fuerza alrededor de su cuello, pero sin hacerle daño.
- Sabes que desde esta posición te puedo ahogar sin problemas, ¿verdad? – susurró al oído, amenazadora. Michi dio un respingo. No había pensado en eso. Había empatizado demasiado con ella y había olvidado sus habilidades por completo. – Es broma, no tengo la energía suficiente para molestarme por tus comentarios. Ya que me vas a salvar, puedes llamarme fea, gorda o lo que quieras, me da igual. Es obvio que no estás acostumbrado a tratar con mujeres, chico. De alguna manera, tu actitud es reconfortante, ¿sabes? Mis últimas semanas han sido con hombres que tenían demasiada costumbre tratándonos y... en fin, prefiero no recordarlo. – Kaede pronunció la última frase con un asco no disimulado.
Michi pasó del blanco tiza, a un colorado vergüenza. Vergüenza por que Kaede se hubiera percatado de su “problema” con las mujeres, y vergüenza por el trato de los soldados hacia ella. Se instaló un silencio incómodo, durante el cual solo oían sus respiraciones. Un ruido a su derecha les sacó de su mundo, y giraron la cabeza sobresaltados. De los arbustos salió un conejo dando pequeños saltitos y olisqueando el suelo. Ambos soltaron el aire. Michi recordó que estaban cerca de la frontera con Hinoarashi, y que no estaban a salvo allí. Se trató de levantar, pero rápidamente comprobó que no iba a ser fácil. Michi no era alguien fuerte, ni mucho menos, y aunque Kaede no pesaba mucho, resultaba un esfuerzo importante para él.
Con no pocos problemas, consiguió levantarse. Una vez de pie, la cosa era más fácil, pero se imaginó el trecho que le quedaba hasta el campamento y se le cayó el alma a los pies. “Mi próxima misión va a ser recoger flores, maldita sea”. Michi odiaba hacer esfuerzos, hasta para la vida cotidiana. Esto era algo muy excepcional para él.
Suspiró, concentró el chakra en la planta de los pies y saltó a los árboles. Kaede hizo un sonido de sorpresa y se agarró con fuerza. Continuaron de rama en rama, despacio. La pasajera no tardó demasiado en acostumbrarse y empezó a disfrutarlo, ajena a la concentración que necesitaba Michi para mantenerlos a los dos por encima del suelo. Kaede apoyó la barbilla en su hombro y le preguntó:
- ¿Y ahora qué?
- Pensaré algo por el camino. – contestó con dificultad, debido al esfuerzo.
- No suenas muy confiado… - susurró Kaede.
- Supongo. – se limitó a contestar.
 Michi notó como se relajaba su mochila, de repente. Miró por el rabillo del ojo, extrañado, y comprobó que se había dormido. Para alguien como él, era de admirar la energía que había demostrado tener aquella chica.
El tiempo pasó, y Michi alcanzó al campamento a la hora de la comida. Había tenido que parar varias veces a descansar los brazos y la espalda, pero ahora nada importaba. Ya olía la comida desde allí, y se imaginaba la siesta que se podría dar antes de marchar a su casa. Siesta que hubiera tenido si la misión acabara aquí, lo cual sabía que no iba a ser así.
Cuando se acercó lo suficiente, dos guardias lo vieron e inmediatamente uno de ellos corrió a informar, mientras el otro les esperaba. Cuando llegó hasta el guardia que había quedado a esperarle, dejó con cuidado a Kaede en el suelo, a su lado. Esta se despertó y miró alrededor, desorientada. Mientras tanto, Michi se dirigió al guardia.
- He completado la misión. Les traigo a la esclava, como pidieron.
Kaede abrió los ojos como platos y lo miró con la boca abierta, estupefacta por lo que acababa de oír. Él mantenía la mirada en el guardia, inexpresivo.
- Muy bien. – contestó el soldado, cogiéndola de los brazos y forzándola a levantarse. – Puedes ir a ver al Capitán cuando quieras para la recompensa. Mi compañero ya le ha ido a avisar, te estará esperando. – Ambos se pusieron en marcha. Kaede no se resistió. Sus ánimos de pelear parecían haberse esfumado con la traición de Michi y toda su fuerza y energía habían desaparecido, dejando un cuerpo vacío detrás. Fue entonces cuando el soldado reparó en la manta que la cubría. – ¿La llevaste una manta? Que atento… - rió.
- La misión pedía expresamente que no se dañara a la mercancía. Consideré que traerla enferma era incumplimiento de la misión. – contestó Michi, mecánico. Cada palabra que pronunció se clavó en Kaede como puñales, fríos y despiadados, así como en él mismo. Pero era necesario para llevar a cabo su plan, así que mantuvo la compostura.
El guardia silbó, impresionado.
- No se podía esperar menos de un ninja. Sois unos profesionales. – comentó el hombre. – La has hecho un favor, aunque no lo sepa. En Hinoarashi la habrían torturado hasta sacarla toda la información que hubiera podido obtener de nosotros.
Michi se limitó a asentir. Siguieron avanzando hasta la tienda donde había visto esta mañana a las demás esclavas. Fuera esperaba el soldado borracho haciendo guardia, sentado en una silla delante de la entrada. Seguía borracho, lo cual le sorprendió.
El hombre alzó la vista y les miró. Sus ojos brillaron al ver a Kaede. Se levantó torpemente para recibirnos.
- Que tenemos aquí, el ratoncito perdido… - comentó con sorna. Se fijó en los arañazos, suciedad y cortes. – Parece que la vida fuera de este campamento es más dura de lo que pensabas, ratoncito.
- Queda a tu cuidado, Yuuta. – dijo el soldado, mirando con desaprobación al hombre embriagado. Soltó a Kaede en los brazos del guardia y se marchó a su puesto de nuevo.
Yuuta la sujetó de los brazos y se dirigió al interior, pero Michi le sujetó por la muñeca para que se detuviera. El hombre se dio la vuelta, confuso.
- Señor, le recomendaría que la dejara descansar lo que queda de día. – Comenzó a decir el shinobi. – Esta muy mal de su intento de huida y de su posterior batalla conmigo. Para traerla, me vi obligado a debilitarla mucho. En su estado podría morir si no se la permite descansar.
Yuuta escuchó sin poner mucho interés, hasta que oyó la palabra “morir”. Se tensó y su cara adoptó una expresión preocupada. Bajó la mirada para observar a Kaede. Tras unos segundos la alzó y miró hacia la cabaña del Capitán con gesto preocupado. Antes de que pudiera decir nada, Michi continuó.
- No se preocupe, Señor. Debería estar bien para esta noche… no sé si me entiende. - Trató de ser elocuente con todas sus fuerzas.
Yuuta le miró unos instantes, y finalmente se echó a reír. Le dio un golpe en la espalda que le hizo trastabillar.
- Mira por donde, ¡si eres de los nuestros! – exclamó divertido. – Y todos preocupados pensando que venías a poner orden en esta birria de campamento. Tranquilo, no la pasará nada. Hasta la noche… - dijo lanzando una mirada significativa junto a una desagradable sonrisa.
Yuuta entró a la tienda riendo a carcajadas. Dentro, Michi pudo observar a las demás esclavas, atadas con sus respectivos grilletes a las muñecas, sentadas encima de una alfombra. Antes de cerrarse la tela de la entrada, dirigió una mirada furtiva a las llaves de los grilletes que portaba Yuuta en el cinto. De ahí la llevó hacia Kaede, que parecía un cascarón vacío, sin vida. Solo fue un instante fugaz, pero cualquiera lo suficientemente perspicaz, habría descubierto sus planes solo mirando su cara en ese momento. A fin de cuentas, Michi solo era un Genin, y tenía mucho que aprender. Tras ese instante, se dio la vuelta y se alejó sin mirar atrás.
Se sentía fatal por todo el número que había tenido que realizar, por las barbaridades que había tenido que decir como si nada. No se había alejado veinte metros, cuando se desvió rápidamente al hueco entre dos tiendas. Vomitó sin remedio. Las arcadas iban y venían, al ritmo de los recuerdos de los últimos minutos. La debilidad le embargó, y los temblores de piernas inmediatamente después. Cayó de rodillas, mirando el suelo sin verlo. La expresión de Kaede, sus duras e insensibles palabras, la corrupción de los soldados, la vejación de aquellas mujeres, la decrepitud militar, los valores mediocres y mezquinos, el silencio cómplice que acompaña todo el campamento… era repulsivo. Le daba asco la vulgaridad y la indisciplina de este lugar, pero sobretodo, le daba asco su propia debilidad. No poder decir al Capitán directamente que pusiera orden en sus filas, y que se dejara de gilipolleces. No poder entrar a la tienda donde se encontraban aquellas mujeres, arrancarle las llaves del cinto a aquella vergüenza de guardia llamado Yuuta y liberar a las esclavas. Le daban ganas de llorar.
Pero no lo hizo. Se contuvo como pudo, y trató de respirar. Poco a poco, las náuseas se detuvieron y su respiración de calmó. Alzó la vista al cielo azul y se perdió unos instantes en la inmensidad del color. Una vez se hubo relajado, se levantó. Tenía un plan. Solo tenía que seguirlo.
Se dirigió hacia la tienda del Capitán. Ya le esperaba. Le felicitó por su limpio trabajo y le dio la recompensa de 800 ryus. Michi se limitó a asentir y hacer una reverencia al marchar. Su vista estaba puesta en la noche de ese mismo día, y todos los eventos de su presente pasaban ante él fugaces.
Dado que era la hora de la comida para ese momento, paró en la tienda-comedor para recuperar energías. No pudo comer mucho; su estómago le dio el aviso de que no iba a tolerar más comida sin repercusiones. Michi obedeció, dejó el plato sin acabar y se marchó.
Sus pensamientos le agobiaban, incluso parecía que su mera estancia en el campamento le apretaba el pecho. Decidió salir de allí cuanto antes, y se dispuso abandonarlo. Los soldados le saludaban a su paso, ya no se mostraban reticentes a su presencia. Se había corrido la noticia de su éxito en la misión. Recordó las palabras de Yuuta: “Mira por donde, ¡si eres de los nuestros! Mira por donde, ¡si eres de los nuestros! Mira por donde, ¡si eres de los nuestros!” Se le revolvió el estómago.
Nada más abandonar el campamento saltó hacia los árboles. El viento en la cara le refrescaba las ideas. Sintió que, con cada salto, con cada rama que dejaba atrás, el peso de su pecho menguaba. Pero no iba a desaparecer. No hasta que cumpliera la promesa que se hizo a si mismo mientras llevaba a aquella destrozada muchacha a su espalda. Esa noche la salvaría.
Se alejó una distancia prudencial, y se ocultó en lo alto de un gran árbol. Preparó unas cuantas ramas y dejó su petate cuidadosamente colocado entre ellas. Se tumbó, mirando al cielo que se dejaba entrever entre las ramas, y repasó el plan. Se lo tomó con tranquilidad, pues este comenzaba cuando el sol se hubiera ido. Tenía por delante unas cuantas horas de espera.
Pasó el día y por fin, el sol echó el último vistazo al Bosque de la Hoja. Michi se levantó, y deshizo el camino hasta el campamento, dejando el petate entre las ramas, y después de haber marcado el lugar donde lo dejó. Bajo el abrigo de la oscuridad, avanzó sin miedo a ser descubierto, hasta el linde del bosque con el campamento. Vió las patrullas con antorchas rodear el campamento, y en las atalayas. La seguridad exterior no era demasiado para Michi, puesto que no estaba pensada contra ninjas. Confiaban en la vista para ver aparecer a los lentos soldados enemigos.
Con eso en mente, Michi esperó hasta que hubiera un punto ciego, y usó la técnica del Cuerpo Parpadeante. En menos de un instante, desapareció y se movió como un rayo a través de la noche, sin emitir casi sonido. Llegó hasta la parte de atrás de una de las tiendas. Oculto de los rayos de la luna, se aseguró de que no había nadie cerca y realizó la técnica de Transformación. Cuando se disipó el humo, Michi se había transformado en uno de los guardias que había visto esta tarde por el campamento. Era poco probable que coincidieran, a esas horas la mayoría de los guardias ya dormían o estaban dentro de sus tiendas jugando. Abandonó la seguridad de la parte trasera de la tienda, simulando que venía de orinar, por si alguien le estaba viendo. Se dirigió directamente a la tienda de las esclavas, sabiendo que no iba a poder mantener durante mucho tiempo la transformación con la habilidad que tenía en ese momento. De todas maneras, procuró ir a un ritmo normal, simulando que patrullaba. Se cruzó con un par de guardias, que lo saludaron con un gesto de la cabeza, y Michi les respondió de la misma manera. Siguió hasta alcanzar la tienda. Abrió la tela y entró.
Dentro había una luz tenue. Dos esclavas dormían sobre unos montones de paja. A su izquierda, sobre otro montón de paja se encontraba Kaede, con Yuuta sobre ella. “Joder, que poco has tardado en venir, cerdo” pensó para sí. Kaede se resistía. No tan enérgicamente como en el bosque, pero a Michi le reconfortó saber que, pese a su traición y sus duras palabras, no se había rendido. No pudo más que admirar de nuevo el fuego de aquella muchacha, pero no tenía tiempo para admirar nada. Se dirigió hacia Yuuta, el cual levantó la mirada y frunció el ceño. Tenía las mejillas enrojecidas, en parte debido al alcohol, en parte a la lujuria. La baba le escurría por el labio inferior hasta la barbilla. Michi posó su mirada en Kaede, que lloraba en silencio, con las manos atadas con grilletes a su espalda Parecía estar como la había dejado. “Al menos cumplió su promesa de no tocarla hasta la noche…” pensó aliviado.
Yuuta observó cómo miraba a Kaede.
- ¡Eh, esta es mía, coge una de aquellas! – exclamó el soldado.
- Tranquilo, no te iba a quitar a tu chica. – rió Michi, rezando para que fuera convincente.
Yuuta pareció relajarse al oír eso, pero no le duró mucho, puesto que volvió fruncir el ceño.
- Espera, ¿quién eres tú?
A Michi le dio un vuelco el corazón. Por un instante pensó que el jutsu le había salido mal, pero rápidamente descartó la idea. Seguramente era la poca luz de la sala, unido a la embriaguez de aquel hombre.
- Vamos Yuuta, ¿tanto has bebido? –contestó, restándole importancia. – Eres increíble.
El soldado se relajó de nuevo al oír su nombre, y sonrió. Se puso de rodillas con dificultad, y le dio una palmada en la espalada al shinobi, riéndose.
- Sé quién eres, muchacho. Eres… eh… este… - Era obvio que no lo sabía. Miró a Michi, buscando ayuda, pero este permaneció observándole en silencio. Finalmente desistió. – Bueno, lo que sea.  Vete a por una de esas y déjame tranquilo.
Yuuta señaló a las otras dos chicas. Michi hizo el amago de ir hacia ellas, pero en el último momento, fingió que algo le llamaba la atención en Kaede.
- ¿Qué la pasa? –preguntó, extrañado. Mientras lo decía, Michi usó la técnica Ilusión Demoniaca, Técnica de Falsos Alrededores. Inmediatamente, Michi notó la carga de mantener dos jutsus a la vez, pero el cambió visual que había provocado era muy pequeño y no era mucha carga.
Cuando Yuuta se giró para mirar a Kaede, soltó un grito ahogado. Estaba sangrando por todos los orificios de su cara. No se podía distinguir si era sangre, por la poca iluminación de la tienda, pero... ¿qué más podía salir de ahí, sino sangre? Yuuta salió hacia atrás, aterrado. Tropezó y calló con sus posaderas en el suelo, a un metro de la chica.
- ¿Pero qué la has hecho?  -preguntó Michi, alarmado.
- ¡Nada, tú lo has visto! – Exclamó en susurros, pare evitar alertar a nadie. Las otras esclavas seguían durmiendo. - ¡No la he tocado!
Michi se acercó a ella y la puso dos dedos en el cuello. Kaede permanecía quieta, tratando de entender lo que pasaba, asustada. Se agachó simulando oír su respiración, acercando su oído izquierdo a la boca de Kaede. Susurró para que solo ella pudiera escucharlo.
- Hazte la muerta, te sacaré de aquí.
Kaede abrió mucho los ojos. Una lagrima se resbaló por su mejilla. Su mirada se tornó fiera y se empezó a revolver, gimiendo. Trató de propinarle un cabezazo a Michi, pero este ya se había alejado. Quiso gritar, pero el ninja se adelantó a sus intenciones, y el grito quedó ahogado por su mano.
Yuuta estaba acojonado con la escena. Se encontraba petrificado, observando como Kaede forcejeaba contra su compañero, con la sangre y las lágrimas resbalándola por la cara y el cuello. Michi la sentó como pudo en el suelo, no sin esfuerzo. Si Kaede no hubiera estado debilitada y con las manos encadenadas, otro gallo cantaría.
Nada más alzarla lo suficiente, Michi la propinó un golpe seco en la nuca. Kaede se silenció al instante, y su cabeza calló contra su hombro, el cual trataba de recuperarse del esfuerzo. “¡Lo siento!”. La tumbó y miró hacia las otras esclavas. Afortunadamente seguían dormidas. Se tomó unos instantes en recuperar el aliento y concentrarse en mantener las técnicas. Una gota de sudor le resbaló por la frente. No tenía mucho tiempo.
Yuuta se acercó ligeramente, gateando. Temblaba como una hoja.
- ¿Q-qué ha pasado? ¿C-c-cómo está?
- Está muerta. – contestó Michi sin rodeos. Yuuta le miró con la boca abierta. – Esto ha sido cosa del ninja. Seguro que para reducirla la envenenó. Debe haberse pasado con la dosis. Los síntomas encajan.
Yuuta miró al cuerpo inerte de Kaede, con la cara llena de sangre. Comenzó a llorar, impotente.
- ¡Maldito mocoso! –exclamó apretando los dientes. – Todo ha sido culpa suya…
Michi dejó unos segundos de silencio, para que Yuuta se acabara de creer la historia.
- Como el Capitán se entere de esto pasarás el resto de tu vida en la cárcel.
El rostro de Yuuta se desfiguró de pánico.
- ¡Pasaremos! No te atrevas a dejarme solo en esto, muchacho. Si caigo yo, caerás conmigo, ¿te enteras?
Michi lo miró, aparentando consternación. En realidad, todo iba como había pensado. Qué fácil era manipular a un cobarde. Más aún, si iban borrachos.
- De acuerdo. – dijo finalmente, abatido. Yuuta sonrió, asintiendo. – Te ayudaré a deshacerte del cadáver.
- Eso es… - rió, nervioso. – No tienes otra opción…
Michi se levantó despacio, pensando.
- Quítala los grilletes, nos hará más fácil moverla.
- Si si… - Yuuta accedió sin cuestionarlo. Se levantó y buscó la llave en su cinto. Tardó más de lo necesario, pero finalmente la encontró. La dio la vuelta sin mucha consideración, y la liberó de sus grilletes.
Mientras tanto, Michi había cogido uno de los sacos de la paja. Uno lo suficientemente grande como para que entrara Kaede. Se dirigió hacia la chica y se agachó.
- Ayúdame, rápido. – ordenó Michi, con imperiosidad. Yuuta se apresuró a obedecerlo. Entre los dos, la metieron en el saco. En cuanto estuvo dentro y el saco cerrado, canceló el genjutsu. Eso le daría más facilidad para mantener la transformación.
Cargaron con el saco hasta la entrada y lo apoyaron en el suelo. Michi hincó una rodilla y miró por el pliegue de la tela al exterior. No había nadie. Se giró hacia Yuuta, el cual se inclinó para escuchar lo que iba a decir.
- Este es el plan. – comenzó el ninja. Yuuta le escuchaba en silencio, muy serio. – Tú vas a ir por delante mío, distrayendo a los guardias que encuentres, para que pueda abandonar el campamento sin ser visto. Cuando salga, me desharé del cadáver en el bosque, ¿entiendes?
Yuuta asintió enérgicamente. Michi le agarró por la pechera, acercándoselo hacia sí.
- Después de esto, no vuelvas a comentarlo. No te acerques a mí en un tiempo. Esto no ha pasado.
Yuuta asintió, asustado. Haría lo que fuera con tal de salir de esta. Michi le dio una palmada en la cara.
- Bien. Pues al lío.
- ¿Y si preguntan por ella, qué…
No tuvo tiempo para acabar la frase, puesto que Michi le sacó de la tienda con un empujón. El soldado trastabilló. Logró recuperar el equilibrio y se enderezó, mirando alrededor. Se alisó en uniforme con las manos, y carraspeó para aclararse la garganta. Comenzó a andar hacia una de las salidas del campamento con paso nervioso.
Mientras tanto, Michi respiró profundamente para calmarse. Se cargó al hombro a Kaede con cuidado, y salió detrás de Yuuta. Si saliera alguna persona de una de las tiendas en ese momento, tendría problemas. Avanzó despacio, resoplando por el esfuerzo. Siguió a Yuuta, ocultándose como podía por el camino, usando las sombras de las tiendas.
Observó a Yuuta dirigirse hacia los guardias de la salida. Esperó a ver qué pasaba, mientras el soldado hablaba con sus compañeros, dirigiendo nerviosas miradas hacia atrás. Sus compañeros reían, y Michi comenzó a pensar que no lo iba a conseguir. A saber qué les estaría contando. Pasaron los segundos, y se comenzaba a  impacientar. Tuvo que apoyar una rodilla en el suelo y descansar un momento, mientras esperaba. La conversación seguía, y no parecía que llegara a ningún puerto. Yuuta estaba visiblemente nervioso, más a cada segundo que pasaba. De repente, los compañeros cambiaron su expresión y el ambiente se puso serio. Le agarraron de los hombros y le gritaron algo. De repente, echaron a correr en la dirección de Michi, apresurados.
Este se apartó y se escondió rápidamente, sobresaltado. Los soldados pasaron corriendo a menos de dos metros del ninja, pero no le vieron. Michi alcanzó a oír un fragmento de la conversación cuando pasaron a su lado.
- ¿Cómo que el Capitán ha desaparecido? ¿Estás seguro? Avisad a los demás, vamos a…
Michi no podía creer lo que oía. Se levantó sin esperar un segundo y echó a trotar, que era la velocidad máxima a la que podía ir con el saco a cuestas. Con la salida despejada, no tenía más preocupación que la de abandonar ese lugar. En breve se iba a montar gorda, gracias a la sutileza de Yuuta, pero la verdad es que no le podía importar menos lo que le pasara a ese hombre.
Cuando estaba a medio camino de llegar a la linde del bosque, sonó la alarma en el campamento. Jadeaba fuertemente. Notaba arder cada musculo de sus piernas y no sentía el hombro sobre el que descansaba Kaede. Deshizo la transformación y corrió con todas sus fuerzas hasta la seguridad de los árboles. Nada más llegar, se dejó caer al suelo, exhausto. Kaede rodó por el suelo debido a la caída. Michi hubiera deseado no dejarla caer tan bruscamente, pero no estaba como para muchos lujos. Se tumbó boca arriba, respirando con la boca abierta y los ojos fuertemente cerrados. Oía el bullicio en el campamento, pero contaba con que primero buscarían al Capitán en su cabaña, para darse cuenta de que estaba allí, durmiendo. Seguramente le caería una buena reprimenda a Yuuta. Sonrió al pensarlo.
Tragó saliva para humedecer la garganta seca. Tras unos segundos, se incorporó y se frotó las piernas.
- Bueno, no ha salido mal. – dijo para sí. Miró a El saco donde estaba Kaede, inconsciente. – Lo que hay que hacer por tener la conciencia limpia…  - Se levantó con un gemido, y se acercó al saco, aun respirando con dificultad. Lo abrió y sacó la cabeza de la chica para que respirara mejor.
Tenía una expresión plácida en su rostro. Una cascada de pelo cayó sobre ella, ocultándolo parcialmente. Michi no pudo evitar retirar el pelo con dulzura y acariciar brevemente el pómulo de la muchacha, mientras observaba, entre otras cosas, el labio roto con gesto triste. Se vió reflejado en ella igual que la primera vez que la vio. Conocía demasiado bien como se veían las heridas de las palizas, gracias a su padre. Separó la mano y el pelo volvió a cubrir su cara. Michi la observó unos instantes, antes de suspirar y volver a cargarla. Todo su cuerpo se quejó por el esfuerzo, pero quería poner distancia del campamento, por si las moscas. Saltó hacia los árboles y se perdió en la espesura.
No tardó demasiado en llegar al lugar donde había dejado las cosas, aunque sufrió el cansancio en cada metro. Dejó a Kaede apoyada en el tronco del árbol y se estiró. Notó crujir algo en su espalda y soltó un pequeño gemido. Hizo unos estiramientos antes de subir a por el petate.
Una vez abajo, pensó en sacarla del saco, pero se lo pensó mejor. Las noches eran frescas, y la serviría de protección contra el frio. Cortó algunas ramas y preparó un lugar para pasar la noche, oculto de las miradas indiscretas y protegido del viento, en el cual pudieran descansar dos personas con comodidad.
Cuando lo hubo preparado todo, colocó con cuidado a Kaede dentro, y se metió él mismo. Se acurrucó, bostezando, procurando no tocar a Kaede directamente. Estaba muy cansado, y no tardó en dormirse.

Unos rayos de sol le impactaron en la cara. Arrugó el gesto, y abrió los ojos. Tardó unos instantes en situarse, pero pronto recordó donde estaba. Miró alrededor buscando a Kaede, y le tranquilizó ver que seguía donde la había dejado. Se sorprendió de que siguiera durmiendo, pero era comprensible, teniendo en cuenta por lo que había pasado en los últimos dos días.
Trató de incorporarse e inmediatamente notó las agujetas por todo el cuerpo. No estaba demasiado acostumbrado a esa sensación, pues no era muy dado al ejercicio físico. Se forzó a levantarse y salió del escondite que había preparado. Respiró el aire de la mañana con satisfacción y se estiró con cuidado, tanteando las agujetas. Deseó tener a mano una buena taza de té y unas pastas, aunque no tardó en quitarse esos pensamientos de la cabeza, no iban a servirle de nada ahora mismo.
Se sentó a esperar a que Kaede despertara. No tuvo que esperar demasiado, puesto que los rayos de sol que le despertaron a él, se movieron rápidamente hasta la cara de ella. Abrió los ojos y parpadeó varias veces. Miró a su alrededor, confusa, hasta que sus ojos se posaron en Michi. Como no sabía que decirla, optó con quedarse callado, mirándola con cara de circunstancias.  Ella abrió mucho los ojos, y estos parecieron llenarse poco a poco de fuerza. No se movió ni un milímetro, esperando a que él dijera algo. Este no estaba muy por la labor, pero se cansó de esperar y dijo lo primero que se le pasó por la cabeza.
- Bueno… eh… eres libre.
Kaede le miró unos instantes sin decir nada, asimilando lo que la acababa de decir. Lentamente, salió del saco y examinó su cuerpo, en concreto sus muñecas. Se las frotó ahí donde a piel estaba rozada prácticamente hasta la carne viva. Salió del improvisado refugio despacio, midiendo cada paso. Observó el lugar donde estaban, y finalmente volvió de nuevo su mirada hacia Michi. Su expresión no había cambiado desde que abrió los ojos, y el ninja no sabía que pasaba por su cabeza en esos momentos.
Tras estar unos segundos mirándole como si le atravesara, Kaede comenzó a andar hacia el ninja. Con cada paso que daba, aceleraba, y su expresión se iba deformando. Las lágrimas nacieron, los labios se apretaron, y el ceño se frunció.
Michi intuyó lo que iba a pasar a continuación, y no hizo nada para evitarlo. Casi lo deseaba; lo ayudaría a sentirse mejor después de lo que la había hecho pasar. Cuando llegó hasta él, Kaede también cerró los puños, y se abalanzó sobre él.
- Eres… eres un… - La voz se le rompía, y las palabras se ahogaban en lo profundo de su ser. En su lugar, le agarró de la camisa y le propinó un puñetazo en la cara.
El impacto le volteó la cara. Sintió el calor y el picor recorrerle la cara, y el mundo le dio un par de vueltas antes de volver a ponerse en su sitio. No tuvo mucho tiempo para recuperarse, pues otro puñetazo le impactó en la nariz, haciéndole sangrar. El tercero se puso en camino, pero no llegó a su destino. Kaede se frenó, llorando desconsoladamente. Apoyó la cabeza en el pecho del ninja y gritó con todas sus fuerzas. Cada grito desgarraba a Michi. Era el sufrimiento de la muchacha, convertido en agujas que atravesaban a cualquiera que la pudiera oír.
Michi notaba cómo temblaba en su pecho. La fragilidad de un cuerpo y un alma maltratados hasta casi la rotura ante él. Una mujer arrancada de su dignidad a la fuerza, sin nada ni nadie en el que apoyarse… salvo él, en ese preciso momento. Tal y como le había pasado en otras ocasiones a lo largo de la misión, vio en Kaede un espejo de sus propias cadenas. Antes de que supiera lo que estaba haciendo, alargó los brazos y rodeó su cabeza, apretándola con suavidad contra sí.
- Lo siento. Lo siento. Lo siento… - repitió una y otra vez con los ojos envueltos en lágrimas, sin entender completamente por qué se sentía así.
Kaede se aferró con más fuerza a Michi, sin parar de llorar y gritar. Ambos permanecieron así varios minutos, meciéndose y consolándose mutuamente, sin articular palabra. Pasado ese tiempo, más tranquilos, se separaron. Se limpiaron la cara y trataron de recuperar la compostura. Kaede giró la cara y le miró a los ojos. Este la devolvió la mirada. Había cierta demanda en sus enrojecidos ojos. Algo que buscaba respuestas, y el ninja entendió qué era.
- Me pareció la mejor manera. – comenzó, con tono apagado y profundamente triste. – Tenías que creer que te traicionaba…
Kaede bajó la mirada, dolida. Unos segundos más tarde, asintió.
- Al final cumpliste tu palabra, supongo. – contestó con un hilo de voz. Sonaba relajada, delicada, sin la fuerza de sus anteriores encuentros. Michi bajó la mirada sin saber cómo continuar. Al hacerlo, se percató de que se frotaba los pies heridos, y tuvo una idea.
Se levantó y se dirigió hasta el saco. Lo cogió y comenzó a rasgar un par de trozos grandes. Sacó la cuerda que apretaba la boca del mismo y caminó de vuelta a Kaede, mientras ésta lo miraba con curiosidad. La hizo un gesto para que le acercara los pies, a lo que accedió.
Michi se agachó y con cuidado de no rozarla las heridas, colocó los trozos de tela alrededor de cada pie y los aseguró con la cuerda. Era una tela gruesa, la protegería de los mayores cortes y rozaduras k pudieran encontrar en el camino de vuelta. La chica miró el resultado, sorprendida. Alzó la vista y le miró a los ojos, divertida.
- ¿No me vas a llevar tú, como hiciste ayer?
Michi la miró de vuelta, nervioso.
- No es que no quiera, es que no puedo. – se apresuró a aclarar. – Hay mucho trayecto desde aquí hasta mi casa, incluso para un ninja. No soy tan resistente.
Esto último lo dijo apartando la mirada y rascándose la nariz con un dedo. Kaede alzó la mano y la colocó dulcemente a un lado de la cara, con expresión seria.
- Ya has hecho bastante, no te preocupes. Caminaré sola. – Movió la mano hasta acariciar el pómulo hinchado por su puñetazo de instantes atrás. Luego dirigió la mirada hacia la sangre que todavía bajaba desde la nariz. – ¿Tienes algo para curarte esto? Un trapo y un poco de agua servirán.
- ¡No te preocupes, puedo solo! – exclamó rápidamente, apartándose de la chica. O eso intentó, por esta le agarró de la camiseta y le atrajo hacia sí, impidiéndoselo.
- Lo haré yo. – contestó, decidida. – Tráeme lo que te he pedido, por favor.
Michi no supo cómo responder de primeras, puesto que enmudeció ante tan repentina muestra de iniciativa.
- S-si señorita. – Y se dirigió directamente al petate. Cuando encontró lo que buscaba, volvió con Kaede y se lo dio.
- Siéntate enfrente. – Michi obedeció. – Y no me llames señora, soy Kaede, ya te lo había dicho.
- Si seño… Kaede.
Kaede mojó el trapo con agua, y se dispuso a limpiarle la cara. Para ello acercó mucho su cara a la de Michi. Cuando éste se dio cuenta, se ruborizó y trató de mirar a otro lado inconscientemente, girando la cara. Kaede no le dejó. Apretó cada mano a un lado de la cara del ninja enderezándola hacia ella, haciendo que pusiera una cara graciosa, con los labios hacia afuera.
- Estate quieto, ¿quieres? – ordenó, soltándole. Relajó la presión de sus manos y comenzó a limpiarle la cara. Pese a lo que pudiera parecer desde fuera, sus palabras eran tan dulces como sus caricias. Todo en ella era reconfortante para Michi, como el calor de una madre. Se dejó hacer mientras la miraba. Se fijó en cada detalle de su cara, pues todo le llamaba poderosamente la atención. El pelo, los ojos, la nariz, incluso las orejas. El tiempo pasó agradable, sintiendo la ternura de las manos de aquella chica. Pero todo acabó tan rápido como empezó, puesto que Kaede le propinó una ligera bofetada que lo sacó de sus ensoñaciones, al tiempo que dijo:
- Listo. Muy guapo. – Formó una sonrisa radiante mientras guardaba el trapo y el agua, y se levantaba. – Vamos, tengo ganas de comer algo caliente. Argh, ¿cuánto hace que no como caliente?
Kaede parecía acabar de nacer, como un cachorro que era la primera vez que ve la nieve. Se alzaba con la cabeza alta, mirando al horizonte, con una expresión que, pese a tener la cara magullada por su cautiverio, no desprendía otra cosa más que ganas de vivir. Era un espectáculo que le parecía increíble al ninja. La fuerza y espíritu de esa muchacha eran enormes, y eso era sorprendente para él, el cual se tomaba la vida con mucha menos energía.
- ¿Vamos? –preguntó la chica, mirándole desde arriba. Michi salió de sus ensoñaciones y se levantó.
- Sí, claro. – contestó. Recogió las cosas rápidamente y se pusieron en marcha. Ante ellos tenían un viaje que les llevaría varias horas, teniendo en cuenta el ritmo que podían permitirse por la maleza y el estado de Kaede.
Pasadas un par de horas, Michi se desvió en solitario hacia una pequeña aldea cercana, y compró ropa, calzado y comida a los campesinos para Kaede, usando el dinero de la recompensa. Cuanto más se alejaban del campamento, más a gusto se sentía la chica. Sufría la caminata debido a sus heridas, pero ni el dolor podría anular su felicidad por su liberación.
Siguieron andando toda la mañana, hablando de varias cosas. Mayormente hablaba Kaede, y él se limitaba a escuchar, pero no era problema para ninguno de los dos. Pese a lo largo del camino, a ambos se les hizo entretenido. Fue entonces cuando Michi vio el camino que conocía como la palma de su mano, aquel que usaba para ir a la zona del bosque donde entrenaba. Estaban cerca.
Michi se paró, y lo mismo hizo Kaede.
- Prefiero no avanzar más juntos, podría ser peligroso que nos vieran. –comentó el ninja, serio.
Ella lo miró algo decepcionada, pero entendía el motivo.
- De acuerdo. Es lo mejor.
- ¿Adónde irás ahora?
- Me alejaré lo que pueda hacia el sur. Por allí no debería encontrarme con nadie que me pueda relacionar con lo sucedido en el campamento, y los combates no alcanzan a esa zona normalmente.
Michi asintió, conforme.
- ¿Estarás bien? – preguntó, preocupado.
Kaede le miró con el ceño fruncido.
- A mí me preocupas más tú, ¿sabes? -  dijo mientras se ponía enfrente de él. – Eres demasiado inocente. La guerra no tiene piedad con personas como tú, Michi…
No supo cómo responder a eso. Ya sabía que no era el ninja típico, pero siempre había pensado que se las apañaría, que habría un hueco para sumanera de pensar en todo esto. De repente, Kaede le abrazó afectuosamente. Michi tardó en reaccionar, y se lo devolvió con torpeza. Tras unos segundos, se separaron. La chica se dio la vuelta y comenzó a alejarse. A pocos metros, se giró.
- Cuídate, Michi. No dejes que te maten.
- Claro… - respondió Michi, confuso. No quería que se fuera, pero también sabía que no podían quedarse juntos. – No te metas en líos.
Hasta a él le sonó estúpido, pero Kaede sonrió dulcemente al oír sus palabras y se dio la vuelta. A los pocos segundos había desaparecido en la espesura del bosque.
Michi permaneció en ese mismo sitio un buen rato, mirando al lugar por donde había desaparecido la chica. No sabía qué estaba sintiendo al respecto. Finalmente, se frustró por no entenderlo  y decidió avanzar hacia su casa. No tardó en ver la Capital, el lugar donde había vivido desde que tenía memoria. Miró hacia el punto aproximado donde se encontraba su casa, y pensó en su padre.
- Tengo que volver pronto, estará preocupado.
Tras decir esas palabras en voz alta, fue directo hacia su hogar, aun viendo la última sonrisa de aquella chica a cada paso.

Tecnicas usadas:

Kori Shinchū no jutsu (Técnica de la mente astuta)
Técnica de confusión creada para perder enemigos en persecuciones. Consiste en hacer que aquellos atrapados en el área designada pierdan la noción de dirección y comiencen a dar vueltas en círculos en un área determinada. Mientras más grande se haga el área, más dificultad tendrá mantener el genjutsu, pero se hará más difícil detectarlo. En cambio un área menor será más sencilla de mantener, pero también de detectar. Tanto el usuario como el enemigo son libres de moverse dentro del área determinada. El usuario podrá elegir en alternar medidas de alcance, máximo 10 metros.

Magen: Kokoni Arazu no jutsu (Ilusión demoniaca, técnica de falsos alrededores):
La técnica consiste en poder cambiar la visión de los alrededores, así como las cosas que hay en el lugar, como le plazca al usuario, ya sea parcial o totalmente (cansa mas mentalmente entre más cosas se remplacen). Aunque se cambien las imágenes de los alrededores, las cosas siguen estando ahí; tanto el usuario como el enemigo se pueden mover mientras se realiza esta técnica de una manera normal, sin recibir alguna repercusión extra, solamente el usuario, se moverá un poco más lento mientras tenga la técnica activada. Para deshacer la ilusión, basta con provocar daño al usuario que creó el jutsu, o salir del área denominada. (Desde fuera del área denominada por el genjutsu todo se ve normal, pero al entrar al área, todo cambia súbitamente). Abarca 10 metros.


Última edición por Uchiha Michi el Jue Mar 01, 2018 1:13 pm, editado 1 vez (Razón : No había puesto las tecnicas usadas, para su mejor moderación.)
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