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Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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ID; 中途半端間際 — Chūtohanpa Magiwa.

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ID; 中途半端間際 — Chūtohanpa Magiwa.

Mensaje por Magiwa el Miér Mar 14, 2018 9:10 pm






Uncomplete between the edges;

中途半端間際 — Chūtohanpa Magiwa





Magiwa

Earth release.
Ninjutsu specialty.
Land of Rain.







Flesh; a thing.
I'm all it's left from me.

Una belleza desperdiciada, es la sencilla opinión. Magiwa a todos los efectos es considerado una persona cuyas facciones son hermosas y esculpidas. Líneas suaves, tonos etéreos, aspecto irreal. Lo estético rodea cada uno de sus errantes gestos de una forma especial y sin real motivo. Un muchacho de diecisiete años aproximadamente, que cumple con algunos de los cánones de la edad. Su estatura de ciento setenta y cuatro centímetros se alcanzó rápido, y posiblemente no evolucioné mucho más. Una constitución más bien delgada encuadernada en piel de un color nevado que tiende a los rosas. Su pelo es negro, sin embargo, posee reflejos grisáceos entremezclados que hacen a las hebras no verse oscuras, como si el contraste de colores fuese menor en el muchacho, con una longitud algo confusa por su forma desordenada. Bajo sus largas pestañas se esconden dos hermosas esferas. Los ojos de Magiwa parecen especiales, y aún no se halla ninguna explicación para su extraña pigmentación. El iris ocupa gran parte de la escelrótica, el ojo derecho es de color negro, pero posee varios trazos de tonos azules y verdes mientras el izquierdo los posee de tonos azules y rosas. Lo llamativo, pero, son las pupilas de un blanco hueco. Con poca luz, los ojos entrecerrados o similares, puede parecer que el ojo carece de blanco exterior. Otro llamativo detalle es aquel que ocupa su espalda. Se trata de una escarificación inusualmente bien hecha que ocupa toda esa piel, parte del abdomen, y el antebrazo izquierdo, además del pectoral del mismo lado. Profana el blanco con un dibujo enrevesado de lo que parece una caja torácica de huesos finos sobre lo que descansa una cosa parecida a una libélula, y cuyas alas se extienden, rodeada además de hojas. El final de una serpiente empieza cerca de la parte trasera de la axila y cruza por su pecho, por donde luego se aprecia la aparición de una suerte de ala que se dirige hacia la espalda. La serpiente sigue, cruzando en diagonal su abdomen y terminando en la espalda baja.

Como conclusión y el detalle más llamativo del cuerpo del muchacho, se encuentra la falta de brazo derecho. Se aprecia al desnudo una amputación justo antes del codo, dejando una superficie igualada. Aparte de la escarificación, no se hallan cosidos ni nada similar, sólo piel blanca y suave, como si de forma natural siempre hubiese faltado ese miembro. Al menos, se sabe que la escarificación se dio a posteriori. Por el atuendo, suelen hallarse sopajes bastante simples en el muchacho. Suele acompañar la ropa blanca con un manto del mismo color que lleva desde hace tiempo detrás. Se trata de indumentaria cómoda y nívea. Los pies se protegen dentro de calzado blanco y fino. Es bastante común verle intentar ornamentar su indumentaria con flores o zarzas, aunque se desconoce el motivo.
Apariencia de la escarificación.


Thought; a curse.
You put my mind against me.

Enfermedad. Es la más rápida descripción del interior de la cabeza del pelinegro. Lejos de lo indescifrable, alejado de los laberintos sin mapa, la personalidad del marionetista se analiza confusa, pero firmemente sobre los cimientos de la psicología, obedeciendo la mayoría de sus predicciones. Para, pues, comprender los entresijos de su cognición, se debe entender primero su afección. Y se debe desde el inicio de todo: la matriz sobre la cual gira el pensamiento del chico, su mente.

Magiwa cree en su propia y elaborada teoría de que su mente ya no le pertenece. Fue un mecanismo de defensa desprenderse de su propiedad sobre ella frente a la primera consciencia de su condición. Según el razonamiento, la mente siempre fue independiente pero sumisa. Ésta sin embargo cambió por las causas inexactas. Considerado un ente, la mente engendró de si misma una cosa cuya misión era envenenar el propio Magiwa, pero que incapaz decidiría contaminar todo lo demás. Protagonista de sus alucinaciones con intervalos de frecuencia irregulares, este ente, asegura Magiwa, es el responsable de su estado. Puso a su mente contra él mismo. Se generalizó aquello, acudiendo siempre a la idea de culpar a aquella vida imaginaria cuando el propio comportamiento dejaba al chico vulnerable, cuando el entorno era herido, o vaciado por cuestiones de sus propias acciones. Este convencimiento dio paso a una justificación para no mostrar mejorías en su evolución, aunque su recurrencia era a la vez dañina e intentaba evitarla, produciéndose un extraño equilibrio, siendo una suerte de aspecto aislado en el propio trastorno. Esas alucinaciones se convierten en cualquier cosa, ese ente se vuelve omnipresente, pudiendo el mísero detalle, real o imaginario, desencadenar consecuencias imprevistas para el chico oculto. Provoca una desconfianza hacia si mismo algo disonante con el cambiante auto-juicio.

Es a causa de su condición que Magiwa desprenda un aura complicada y a veces de aspecto dependiente. Existen las ocasiones en que ruega por órdenes. Verle incluido en turbas y embrollos no es extraño, pues ha tendido a buscar sus compañías de la forma más fácil, ofrecerse. Suele ser el primer reclamo a emplear, resultando siempre en convertirse en una herramienta, que en sus pensamientos es ser buena persona, servir de algo. No se necesita demasiada habilidad para lograr engatusar al muchacho cuando esta actitud lo gobierna. Son ocasiones en que piensa, su mente no intenta jugársela, se siente seguro cuando ocurre y desea aferrarse a esa seguridad para no volver a caer en una trampa de su propia cabeza; conduce ésto a un grado de obediencia despreocupado. Enpeligrar su vida, dejar sangre a sus pasos, escudado tras el sentimiento de saber que alguien le agradecerá es suficiente para borrar todo remordimiento; mientras dure. Más que no detenerse a distinguir entre el bien y el mal, Magiwa se centra en aquellas personas que logran acceder a tan servicial comportamiento. Es buena persona porque le importo, por tanto no me pediría nada malo. Sobretodo en base a cuánto necesite en ese momento el amparo de otro ser vivo, es fácil hacer que el pelinegro utilice todos sus recursos  en aquella persona. Es una relación usualmente unilateral, y que conduce al muchacho al impulso por satisfacer al otro. Una relación, pero, perecedera, que suele durar tanto como lo que le cueste al chico percatarse de lo que hace. No a un nivel ético, sino relacional. Hay que obviar, no es un muchacho tonto, y de tiempo en tiempo, el mínimo indicio logra desencadenar la destrucción de la relación. Cualquier detonante que provoque una duda sirve. A partir de allí, la sensación de estar siendo usado incrementa, y con ella la desconfianza. Él, que comienza a sentirse aceptado, de repente se ve humillado y ridiculizado, y decae en otro extremo, donde se catalogue de idiota. El miedo a que se aprovechen de él se cumple. Ve entonces de nuevo a esa mente ajena y todopoderosa. Se convence, aquella persona que le usa lo hace porque su mente le ha incitado o engañado para hacerlo. De ese modo, es insalvable cualquier relación, pues nada provoca en Magiwa más rechazo que ser asociado con su mente, produciéndose la separación e inmediatamente, un estado de ánimo opuesto, donde gobierna el aislamiento y el rechazo. Me volverán a usar, porque soy así de idiota. Ese aislamiento se impulsa bajo la nueva autopercepción del muchacho. La relación muere, mas no la dependencia desarrollada. Alguien que se ganó al muchacho tendrá siempre fácil reganarlo.

Uno de los aspectos que más se han desarrollado dentro de la deformada mente. El pelinegro varía su percepción del yo en los mismos intervalos irregulares, y se condiciona en gran medida por la situación extrapersonal. No es fácil sino inevitable influir en esta persona. Todo a su alrededor son excusas para verse de una u otra forma, y provoca cambios en él que rara vez son beneficiosos para nadie. En ese aislamiento, el chico toca graves puntos del espectro más bajo de si mismo. Ser utilizado le recuerda que es un tonto, que es incapaz de razonar bien. Ello se traduce en inutilidad, y ésta en un sentimiento de nula valía que conduce tarde o temprano a la idea de ser insignificante. Nadie podría querer nada bueno para mi. El único consuelo es culpar a su propia mente de producir aquellas ideas, un consuelo por otra parte ínfimo. Aunque sean las ideas de esa cosa, las vive como si fuesen verdad, y se reafirma la postura de no ser más que un despropósito. Normalmente lleva a fortalecer el aislamiento, buscar el modo de no acceder a la gente de modo que la gente no acceda a él. Algo que, sin embargo, le duele, pues con el tiempo, la latente necesidad de ver a su alrededor a gente crece. Necesita, literalmente, aquello que le hace daño. No son muy largos, pero existen los episodios donde el muchacho se halla entre la frontera de sus mitades. Necesita a los demás tanto como necesita alejarse de ellos. Son momentos de máxima inestabilidad, y potencialmente los más peligrosos para él y el resto del mundo. Éstos suelen dar paso a que el chico se vea pronto buscando el contacto y la aceptación. Se siente culpable de haber abandonado algo que necesita, culpable de destruir sus relaciones, y por lo tanto responsable de encontrar una nueva que funcione, haciendo una especie de ciclo. Así pues, comienza su búsqueda activa hasta hallar nuevos lazos. Suele ser casual, hasta que el desprecio hacia su valía deja de presionar tanto su estado de ánimo, y cree que puede hacer algo por los demás, ofreciéndose, o forzando a alguien aceptar sus favores si es necesario. Cuando termina por ocurrir, vuelve a darse el cambio. La aceptación de otro ser le devuelve a su propia percepción la luz. Si esta persona me acepta quiere decir que no soy innecesario, que merezco algo. Pese a sucumbir a todas las peticiones de los demás para seguir alimentándose de esa relación nueva, él aún no se ve como un objeto subyugado, todo lo contrario, siendo que de verdad está haciendo algo bueno, algo que merece la pena. Idealiza el otro lado de la relación, y la relación en si en los primeros momentos de ésta, de manera que despreciar esa unión es percibida como un insulto hacia si mismo, o una treta de su mente para volver a herirlo. De esa forma, está garantizada una actuación violenta, aunque posiblemente sea la semilla que plante las dudas y terminen por corroer de nuevo su relación, desencadenando nuevamente el doloroso cambio.

Magiwa no es un muchacho estúpido, ni mucho menos. En sus horas altas suele demostrar un talento bastante bueno a pesar de sus carencias. Es entonces cuando sus habilidades brillan, los momentos en que marionetas son construidas. Se aferra a los títeres como un escudo frente a su mente. Saber luchar se ha convertido en algo necesario, y guiado por sus situaciones, ha ganado buenos recursos a nivel militar, que suelen ser el reclamo más llamativo del muchacho. Aún así, se aprecian cambios drásticos dependiendo de sus ánimos a la hora de combatir. No demasiado un estratega, sí puede formular algún que otro plan si él lo creyese necesario; algo muy variable. Especialmente, pero, es bueno siguiendo los planes. Hacen que su imagen se vea importante, valiosa. No le cuesta nada memorizar sus tareas y llevarlas a cabo.


Past; a lesson.
I can't help but be wrong.

Nacimiento inexacto. Se sospecha que esta criatura proviene de algún poblado desértico en las fronteras nor-orientales del País del Viento, y que su pobreza les arrastró a buscar mejor vida en el País de la Lluvia. Aquel paraíso criminal aún no era tan peligroso en sus bordes, y la pareja joven que engendró al pequeño pudo hallarse en un hogar más relajado y agradable. Bajo la lluvia, se convirtieron padre y madre en humildes trabajadores. Pese a unas raíces poderosas, desconocían la elaboración de artefactos y venenos, y vivían de forma casi exclusiva con sólo aquellos hilos que alguna vez se enseñaron a usar entre si. En construcción, en campo, aquellos utensilios invisibles eran útiles, y fácilmente ganaban el pan de cada día. Ello un hijo sano y creciendo alegraba a la pareja, y permitía vivir una vida sin sobresaltos. Felices, de no ser por él. Eran una familia sencilla. La criatura con pocos años simplemente crecía en aquella casa con normalidad. Padre y madre le querían, se querían, él les quería. No había nada fuera de lugar. El chiquillo, con siete u ocho años ya comenzó a interesarse por aquellos hilos extraños de sus padres, lejos de todo talento innato y potencial prodigioso, quería jugar. Así le enseñaron los padres a manipular sendas cuerdas. ¿Qué mal podía hacer? No hubo nada demasiado extraño hasta pasados once años del nacimiento del chico.

El país en su utópico estado del crimen, no era tan peligroso en su frontera feudal. Quizás por ello que la familia fue demasiado descuidada. Como cualquier casi-adolescente, el chico comenzaba a distanciarse de sus padres. Le restaban importancia dada su edad, un buen chico como él sabría madurar. Lo que no veían venir era que aquella actitud severa pero amable se convertía en una indiferente a los ojos bicolor. Y eso, junto a nuevas llegadas al poblao donde residían, significó la ruptura de la familia. Fueron pocas semanas las que la cabeza aún por formar tardó en comenzar con su transformación. Mis propios padres no quieren nada de mi. El pelinegro quería desaparecer en su propia flagelación mental. Sin embargo, la más desafortunada coincidencia llegó. Maleantes de mala muerte quisieron meterse con el chiquillo, tratar de conseguir un dinero, o un juguete por un rato. Pero sus palabras fueron las más inoportunas. "... nos harías un favor...". Era una amenaza camuflada que la mente del muchacho transmutó en un mmento de necesidad. Dio a aquella gente el dinero en su casa. Les dio comida y ayudó en pequeños hurtos que le pedían. El muchacho estaba cegado por haber conseguido alguien que le comprendía, que le aceptaba. Y aún así, todo tuvo que terminar cuando sus padres aparecieron una de aquellas noches de robos frente a la banda. No hubo ninguna épica batalla, no hubo ningún espectacular enfrentamiento. Eran padres disgustados con un hijo que se había estado fugando de casa y juntándose con morraña. La pandilla trató de intimidar al matrimonio, pero tras pocos golpes entre la pareja y ellos, cada uno se separó. Nadie pensó que el segundo que dejaron al chico sólo en medio fue suficiente para actúar como disparador.

Los delincuentes no tardaron en decirle que les dejase, que era un simple niñato del que fue fácil aprovecharse. Sus padres hablaron de preocupación, pero también de disgusto. Claro... soy un idiota. Mentaron que les alertaba su modo de actuar. Quizás era su mente pueril que no supo comprender bien, pero a partir de entonces, comenzaron los cambios. Recuerda haber mirado al suelo frente a la regañina de sus padres, y ver una orquídea.

La familia se trasladó de nuevo al País del Viento buscando alejarse de aquellas influencias. Sin embargo, no ayudó. La frustración del matrimonio con su hijo era suficiente para impedirles ayudarle. Tras semanas pacíficas volvían a aparecer los periodos en que el chico amenazaba con su muerte. Sólo me queréis vivo para usarme. Aunque nunca llegó a suceder el suicidio, alguna vez estuvo cerca. La salvación estaba en su retorcida imaginación. De aquella orquídea, de los comentarios de los vecinos, de cada boca y cada escucha, y cada pensamiento e idea. Surgió la imagen de una serpiente blanca de ojos rojos y una orquídea en la boca. Era su mente enferma, atormentándolo. Envenenándolo a él y al resto. Poniendo todo en su contra. Ningún vecino se extrañó cuando tras una de aquellas épocas de discusiones, el muchacho se largó de casa. Los padres salieron en su busca, y a nadie pareció realmente importarle. Viniendo de aquel país, ¿qué podían esperar?

El chiquillo de sólo trece años regresó al momento donde pudo sentirse bien por primera vez. Su pueblo, ahora abandonado. De allí vagó, en busca de aquella pandilla de indeseables. No la encontró, pero sí a otra. Mucho más peligrosa. Casi tan fácil como la otra vez, el chico se condicionó a ver aquel grupo como las únicas personas que le comprendían. Y con ello, comenzó a servir. No como criminal, como esclavo. Le usaban astutamente, evitando que notase aquella condición. Fueron perspicaces y mientras ellos sacudían la legalidad, él era el encargado de preparar todo el resto. Los que reconocieron sus hilos pensaron que sería un buen trabajador con las manos y los venenos, y le acostumbraron a producirlo. Con el tiempo, le usaron como cebo, como parte de botines en juegos de mesa. Y al final, como siempre, fue la burla de un descuidado borrachuzo y nada más increíble lo que despertó las dudas. "El muy imbécil... me enfurece que ni se dé cuenta." Esa misma noche, en vela, Magiwa, que así le llamaron en algún momento, pensó de nuevo en los vaivenes de su vida, en su mente enferma. Se miró las manos. Notaba una agitación anormal mientras veía a su propia mente burlarse, enroscando su brazo derecho. Quiero morir... esta vez sí quiero morir. Ese pensamiento había hecho que inconscientemente estuviese tapando sus vías respiratorias con el apretar de la diestra. Por unos momentos, murió de verdad. Y aún no sabe si fue ver a aquella mente burlarse de él otra vez, o sólo una ínfima victoria frente a su cabeza. Pero cuando se dio cuenta de lo que hacía, exhaló un enorme grito, apartando la mano. Un ataque de pánico. Veía aún aquella imagen de ojos rojos en su brazo, y en un momento tan confuso, no pudo sino levantar un hacha, una de las armas que fue forzado a fabricar, y estrellarla contra el codo repetidas y dolorosas veces a base de gritos inconexos. Mi mente está en mi contra, mi cuerpo está en mi contra. Los gritos despertaron a varios de los miembros de aquella congregación de villanos. Lograron deshacerse del sangrado, aunque en busca de un médico que curase al muchacho, perdieron demasiado tiempo.

Para el momento en que el joven fue intervenido, su brazo se había comenzado a pudrir. Tuvo que ser amputado hasta el codo. Quizás fue compasión de aquella persona sanadora, que vio en el hermoso rostro algo roto; algo mal. Trató al paciente con un extraordinario trabajo. Los delincuentes decidieron deshacerse de él, puesto que ya no les servía, algo que sin tacto le dijeron a Magiwa y que desencadenaría otra de sus fases. Sin más apoyos que aquel médico sin paz, el joven quedó reducido otra vez a su situación más despreciada. El médico le acogió por poco tiempo. Sabía que no podía hacerse cargo del chico y de su mente a la vez. Aún así tuvo la oportunidad de sanar al muchacho y abrirle su puerta algunas veces antes de dejar avanzar más sus fantasías. Le trató cuando tajaron todo su cuerpo con heridas, convirtiéndolas en un hermoso e incomprensible dibujo de carne. Cuando provaron venenos en sus carnes. Era la única persona capaz de soportar al chico y comprender de verdad qué le ocurría. Por desgracia, eso incluía que él no lo supiese, forzado a vivir en contra de su mente.

As long as I mean something;
Then I am a something that deserves to exist




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Re: ID; 中途半端間際 — Chūtohanpa Magiwa.

Mensaje por Sheik el Miér Mar 14, 2018 10:41 pm

¡Ficha Aceptada!

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