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Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Headless; priv. — Magiwa & Umeoshi

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Headless; priv. — Magiwa & Umeoshi

Mensaje por Magiwa el Dom Mar 18, 2018 10:33 pm






Headless;

Land of wind — Shores & Docs — Slaveplace





Ah.. aquí parece valer. Era lo de aquella callejuela una sombra de colores acontraste. Guiado de la nada hasta terminar en otro inmundo rincón, aquella pobre cosa había vuelto a ver en su vida la triste y cruda verdad. Las tripas, algo más lúcidas que él, empezaban a demandar alimento. Nadie podía esquivar a supervivencia, al parecer. La figura era, como siempre, joven, hermosa y rota. Las primeras horas de la mañana ya hacían al sol alzarse de amarillo claro, y acuciaban todo el rebomborio allá fuera en el puerto. Los ojos anormales buscaban la luz que sólo golpeaba el tejado de la casa al lado de la cual se apoyaba. Sólo una bola de tela blanca con flecos, y un cordón con flores ya secas. Algo que en su día fueron tulipanes amarillos ahora era un amasijo de pétalos arrugados, que de alguna de las maneras, aquella criatura ajena a todo lo demás lograba lucir en su diminuta y propia gloria. El brazo se ataba fuertemente a la exuberante tela, ahora vaporosa, fina y semitransparente que dejaba entrever alguna facción. La delicada curva de labios rosados, la rígida clavícula, el miembro fantasma. Bajo ella, únicamente otro blanco en forma de largas piernas, una raída prenda con agujeros y rasgones que pudo tomar de una parte que ya no recordaba. No, lo que recordaba aquel ente no tenía nada que ver con su indumentaria, sino con lo que ocultaba la tela limpia, aquel pequeño corte en los labios. El tiempo en el desierto no era igual. Jugaba por completo con la percepción de la indefensa cosa. No permitía calcular los minutos atrás en que fue dejado de lado otra vez. Uno de los carruajes esclavistas que tuvo la suerte de encontrar a una bella y mística figura danzando por la frontera. Para la desgracia de la figura, aquella pareja infame no quiso inspeccionar la mercancía hasta pasadas unas horas, cuando a uno de ellos se le antojó. Sólo entonces vieron el torso, el esplendor de su vacío. Tachado de inútil, el ente volvió a ser dejado atrás por alguien. Porque era una cosa insignificante, claro, ¿cómo siquiera pensó que aquella serpiente no habría vuelto a enroscarse en la cabeza de alguien?

Era un simple rincón solitario, un callejón sin salida entre dos casas, o edificios, o almacenes, o dos muros que de un momento a otro se le ocurría que se cerraban como mandíbulas de un lobo bondadoso y aplastaban por fin el cuerpo delicado. Apenas sí cabría en el ancho si se tumbaba, pero el profundo era sublime, más de una veintena de metros como una garganta, a la sombra de dos altísimas paredes. Los ojos entrecerrados de aquello compungido en la esquina izquierda apuntaban al cielo repiqueteado por los bordes de dichas murallas. — Me querías ilusionar... ¿verdad? Querías que volviese a caer en la trampa de siempre. — No era sino un tono dulzón, sensible y abstraído de emociones que se consideraban humanas. Para la fortuna o no del pobre sujeto, su voz acordaba con su aspecto en todo lo posible. Sencilla, etérea. Mal. — Claro que ya he caído más veces... ¿por qué deberías ilusionarte? Lo haces aposta, totalmente aposta — había bajado la vista ahora hasta un compendio de cajas que hacía las veces de mansión para las ratas de puerto. No se había percatado, desde su posición se podía oler el mar. Gracias a la brisa de las olas, al menos, el calor ya no era como una soga. — ... ¿son ellos? Deben serlo. Te dijeron que querían librarse de mi después de todo... —

La conversación en su realidad tenía sentido completamente. El labio había dejado de sangrar hacía días, ahora sólo era una costra seca y amarillenta. Al final se reducía todo a otro chico más. No era la única persona tirada junto a las cajas rotas de basura mercantil, no era el único drama de aquellos muelles. Quizás me falta ser algo. El viento suave no movía su cabellera negro-gris, ni las flores eran nada especial en su cabeza. Ahora que están así son del color de la costra en mi labio... Habían sido largas horas de caminata, aunque en aquel rincón se había estado durmiendo y despertando. En aquel momento, realmente no tenía ninguna intención de mirar hacia las sombras que pasaban por la calle. Quienes se detenían, quienes no, nadie iba a acercarse. No mientras ella estuviese cerca, y vivía en su cabeza. Suspiró antes de escuchar unos anchos pasos acortar distancias. La primera idea fue girarse a ver quiénes eran, y la segunda hacerse pasar por un cadáver, o una caja, y buscar una soledad pasiva. Tampoco haría diferencia saber quién era, así lo demostró cuando habló el hombre que le había hecho la herida en el labio. — Así que sí has venido... ¿Tanto quieres ser la puta de algún viejo, eh? — comentaba una ronca voz mientras el haz de una lanza rozaba las vestiduras sin sentido, rasgando el blanco traslúcido.

El esclavista que vio aquel brazo faltante, los ojos se iluminaron por un segundo antes de ser destruida esa luz una vez más. — Sí tienes ojos de ser una perra en celo — clavó la lanza con facilidad en la roca tras el que volvía a bajar la mirada, sin importar ya. el hombre mientras había soltado su cinturón con algunas armas. Su mitad robusta y superior sólo se cubría con una hombrera, y la mitad baja estaba próxima a no ser prisionera de la vergüenza, pero antes un puñetazo aterrizó en el núcleo de la hambruna, provocando un quejido no deseado, pero intuitivo e inevitable. — Sólo eres una rata, una mierda que ni siquiera sirve para ser empotrada por un caballo. — Un seguido fuerte agarrón terminó por destruir el cordón de flores muertas, y la sábana delicadísima, mientras como con un muñeco o una esponja, el infame se restregaba a su extraviado objeto. Objeto que miraba alrededor de la callejuela en busca de algo. Era culpa de aquella mente, aquella cosa maligna y enemiga. Aunque... — Cuando termine contigo verás que no eres siquiera bueno como zorra. — ... aunque aquel hombre había regresado con él.






Techniques
07 of Gennin;

Inventory
Shuriken. x10.

No playable characters
#85973c; Slavemaster.





08
Ninjutsu.

01
Genjutsu.

01
Taijutsu.

01
Strength.

03
Speed.

06
Resistance.




Magiwa
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Re: Headless; priv. — Magiwa & Umeoshi

Mensaje por Umeoshi el Jue Mar 29, 2018 6:25 pm






headless;

Land of wind — Dark Alley — Suido Town






Sin más fin que el de un simple perro guardián. Esa era la etiqueta que la rubia portaba escrita en su ser, deambulando por las áridas calles de la villa bajo el duro sol del día. No era agradable, era un hecho. Pero al menos, la brisa que traía la costa acicalaba las plumas y permitía no tener que estar cada cinco minutos, buscando una sombra en la que dejarse caer por otro rato. Su trabajo era simple, así como la orden: mantén todo sin violencia, no dejes que ningún esclavo escape.

Sencillo y al grano. El pueblo no era en extremo abusivo con sus esclavos; los azotes y castigos eran proporcionales a que tan deliberada o grave había sido la falta.

El problema era cuando Umeoshi entraba en la ecuación. Ella, literalmente, gozaba según los otros esclavistas y los propios prisioneros, de carta blanca. Nunca había golpeado a alguien sin que hubiera agresividad de por medio, sabían…

…pero sí sabían también que, si la monstruosidad intercedía, no sería una golpiza controlada. Sádica, apática la llamaban cada vez que ejercía su fuerza por encima de alguien: ya fuera ‘amigo’ o enemigo, era indiferente. No parecía tener esa concepción de los demás, y por eso mismo era quien deambulaba por el pueblo en pleno día, siendo por donde pasaba una zona desértica a su paso. Evitada como la peste, salvo aquellos pocos que no podían hacerlo, que solo trataban de mimetizarse con el ambiente y fingir que no existían.

La chica pájaro no volteaba siquiera a mirarlos. Sus ojos abiertos en su totalidad, sin parpadear, escaneaban alrededor con una avidez atípica, pero característica. Como siempre, no hablaba, sino que simplemente vagaba.

Mierda, ahí viene… —el susurro llegó a oídos de la mujer pájaro; apenas dirigió una rápida mirada al guardia que había murmurado eso, quien se había enderezado y evitaba cualquier tipo de contacto visual, fingiendo supervisar a los esclavos que descargaban el barco mercantil. Descartando cualquier indicio de problema u olores sospechosos, de nuevo perdió cualquier indicio de atención en el grupo. Solo escuchó un suspiro, así como el siguiente murmullo—. Menos mal, jeez… Ya podrían atarla a algún lado sin que de problemas…

Si Umeoshi había escuchado aquello, o entendido su significado, quedó en el aire mientras la mujer daba la espalda y empezaba a adentrarse por los callejones.

Ronda de la playa, hecha. Tocaban calles. Olían mal.

Las primeras fueron sin incidentes. Parecía que sería un día más, donde la mujer no atraería más rumores infundados o no, sobre su bestialidad. Al menos, durante la primera hora. No iba rápido, tampoco tomaba una ruta exacta; erráticamente, se movía entre calles y tejados, dejándose estar en alguno de los puntos altos un rato para que la brisa le hiciera relajar el cuerpo.

La tensión intrínseca que llevaba tener que mantenerse erguida, así como la molestia de esas asquerosos trozos de tela blanca le molestaban tanto que olvidaba relajar el cuerpo.

Además, ahí arriba, en los tejados, estaba sola. No había ni excesivo ruido, ni tampoco el agrio olor a miedo que solía rodearle.

Al menos, hasta que el ruido en el callejón anexo alertó a su instinto. No era el típico de los trabajadores alrededor; la mujer se había llegado a acostumbrar a estos con los años, ya que eran comunes los accidentes en el muelle. ¿Pero en los callejones? Era donde la mayor parte de las escaramuzas se daban.

Incorporándose con pereza, arrastró los pies hasta el borde oeste del tejado. Desde las alturas, sin mucho problema, localizó la fuente del ruido y mal olor: un esclavista más, y…

Umeoshi ladeó la cabeza. Ese olor era nuevo, no lo reconocía dentro de su biblioteca mental, ni tampoco al esclavista en sí, ahora que prestaba más atención. Sus ojos solo los veían como dos trozos de carne más, pero se dio cuenta, observando desde la altura, de que la escena de abajo no se limitaba a ruido: había agresividad.

Los ojos amarillos de la mitad pájaro se abrieron de manera casi antinatural; tapaba el sol con su cabeza al inclinarse más hacia el borde, y una inhumana sonrisa trazó sus labios al sentir el impulso de adrenalina llenarla al detectar el olor de la hormona en sí. Las órdenes habían sido claras.

Tensó sus manos algo más. Su propio cuerpo empezó a doler, así como a mutar un poco más conforme dejaba que aquella adrenalina diera paso a los cambios más obvios de su cuerpo: más plumas, labios transformados en dos zonas de hueso con una ligera curva, sintiendo además el dolor característico de los cambios físicos en su cuerpo. Los dientes dolían, las uñas dolían, las piernas dolían… todo dolía.

Ni un sonido escapó de sus labios en lo que duró el cambio. Los ojos que habían sido apáticos y carentes de emoción, se abrieron de nuevo mostrando una ferocidad inhumana.

Saltó del tejado, directo hacia el hombre que de olor agresivo. Sus piernas por delante, con las ahora garras en vez de piesapuntando directamente a la espalda del mismo, mientras que las de las manos, quedaban a cada lado, haciendo de la caída con el plumón algo más aerodinámico y más silencioso. No prestaba atención a la otra figura de carne, la cual desestimó también por ver la falta de una parte vital. Enfermo, lo catalogó, de no conocer otra mejor palabra.

Era, literalmente, una rapaz cayendo sobre su presa.

La escaramuza empezaba.







Techiques.
08 of Gennin;

Passive
Kemono o tokihanatsu: Zero (獣を解き放つ, ‘Unleash the beast: Zero’)
Requiere de 3 segundos sufriendo la transformación, dejando al usuario incapacitado durante tal período de tiempo. Cuando el individuo decide dar paso a su mutación al completo, cualquier técnica/efecto anterior a esto quedará anulado de golpe, dejándolo también incapaz de hacer uso de estas a no ser que sean de su propia UH.

Llegando a tal estado, la persona empieza a ceder a su instinto animal y sufre una metamorfosis anatómica, adaptándose al del animal absorbido: de tratarse de un herbívoro, más huidizo y más tranquilo, evitará pelear en lo más posible a no ser que esté acorralado/a punto de morir o ser dañado; de ser un carnívoro o omnívoro, la agresividad y actitud predatoria tomarán el control, volviéndolo violento y susceptible a saltar al ataque ante cualquier visión de amenaza o peligro. Pierde la capacidad de estrategia propia de los humanos, y se torna errático, bestial, e instintivo con una rapidez asombrosa. Pierde también, el reconocimiento de amigos/enemigos, agrupándolos únicamente en si muestran comportamiento hostil o no. Solo podrá distinguir a la persona a quien el individuo tenga la mayor lealtad en la actualidad, reconociéndolo como su ‘amo’ (así haría un perro leal). Puede hablar, aun así, oraciones básicas y mal pronunciadas, con problemas para ser entendibles debido a el ligero cambio en las cuerdas vocales.

Con ello, el individuo puede comunicarse con aquellos animales que sean de la misma especie que el absorbido, exclusivamente. La idiosincrasia con estos, será diferente, siendo más parecido en olor y percepción a ellos, que a un humano. Esto no quiere decir, que se obtenga información o datos estratégicos de manera gratuita; son animales, no invocaciones, por lo que su conversación no podrá superar, en esencia, a lo que un niño de 5 años respondería.

El usuario podrá cambiar de clase, haciendo uso de su biblioteca interna de ADN residual, pasando cada vez por el mismo tiempo de transformación. Dependiendo de su clase, no obstante, obtendrá diferentes aumentos en su anatomía:

Aves: los labios se endurecen y tienden a una ligera curva, que recuerda a un pico. Los dientes se achican y se tornan serrados, poco aptos para la ingesta de alimentos grandes. El vello de la piel da paso a plumón suave, creciendo más en algunas zonas hasta recubrir copiosamente torso, brazos y piernas para mayor aerodinamismo. Las piernas se endurecen y garras curvas, finas, aparecen. La sensación del tacto es menor, así como el olfato. Incremento del sentido de la vista, siendo la precisión mayor.

Gana: +2 en Velocidad (mientras la pasiva esté activa). Es, sin embargo, débil ante el Suiton o tener el plumaje mojado, dejando el incremento a +1 si queda humedecido por un impacto de una técnica así.


03
Ninjutsu.

01
Genjutsu.

01
Taijutsu.

04
Strength.

03 + 2
Speed.

08
Resistance.




Umeoshi
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Re: Headless; priv. — Magiwa & Umeoshi

Mensaje por Magiwa el Vie Mar 30, 2018 11:07 pm






Headless;

Land of wind — Shores & Docs — Slaveplace





Fue rápido, demasiado para apreciar la suave curva ascendente en los labios del delicado. El momento se rompió en pedazos, comprimido por unas garras de procedencia anti-natural que precipitaron al hombre rocoso hacia la fémina bestial. Y a la desvalida víctima contra el suelo de nuevo. Esa misma figura se apresuró del modo menos grácil a recuperar las trizas de su manto blanco. Unos que montó sobre la espalda a modo de mala capa, con poco tiempo para hacer más en realidad, le acometía el pensamiento que algo más importante debía llevarse a cabo. Los ojos bicolor de base negra buscaron rápidamente al esclavista para vislumbrarlo en una expresión de imposible dolor. Él, un hombre fornido y poderoso, estaba siendo agredido por aquella cosa a la que trataba de asestar un manotazo tras otro a falta de su lanza. Sus pantalones estaban a medio bajar, lo que dificultaba el movimiento de piernas. Tal como un tótem, sobre una criatura, otra más magnífica se alzaba. El gesto etéreo del incompleto atisbó lo más inaudito. Mitad mujer, mitad bestia de los cielos. Labios en pico, pelo en pluma, piernas en garras. Él trazó en su enferma imaginación qué criatura era, por qué estaba atrapando al hombre de encima de él. ¿Para que dejase de hacerle daño? Ese fue el primer y fatal pensamiento del enfermo, o de su mente enferma.

La idea de ser salvado por la híbrida pasó rápidamente por el distorsionado filtro. Sí, aquel hombre le había insultado, vapuleado, pretendía aprovecharse de él. ¿Y no era lo que buscó? ¿No haría eso que estuviesen juntos? Con el tiempo, lo trataría bien. Era un buen hombre, pues... ¿acaso no había regresado a por él? Si era tal como se lo dictaba el pensamiento, significaba pues que ella estaba a punto de arrancarlo de su lado. Quería volver a llevarse a alguien que le importaba, aunque nunca habían coexistido ellos dos. Cómo sabía ella lo que debía hacer fue la directa agresiva. Todas las injurias propinadas por el hombre se detuvieron justo cuando el chico a escasos dos metros, finalmente habló. Etéreo, bello, indefenso. Convencido. La mano había iniciado su premeditada danza, tensando sus cinco dedos. De cada uno de ellos, los hilos invisibles rodearon aquellos utensilios que se encontrasen, y en un solo instante, la mujer-bestia estaba rodeada. Las dos paredes, una a cada lado. Delante del rescatado flotaban cuatro cuchillas de metal, cuatro estrellas oscuras que rodaban sobre si mismas cuales sierras, en una formación cuadrangular a la altura del voluptuoso pecho, y sólo a medio metro de ella. A su espalda, a tres metros, la lanza en solitario, blandida a distancia y que hizo ruido al soltarse del suelo. Él tampoco era tan avispado como para urdir un plan tan repentinamente. La mirada trataba de cruzarse con la de la figura pseudo-animal, aunque a veces se desviaba ligeramente abajo, al hombre. Buscaba apoyo de su parte entonces, reconocimiento.

— No te lo lleves... — voz dulce, floral. Entrecerrados, los ojos parecían dos orbes de noche con estrellas coloreadas. El maleante se había detenido, desconfiado del aspirante a esclavo, pero más aún, de aquellas armas arrojadizas suspendidas en el aire por arte de magia. — ¿Crees que librarte de esta zorra te hace mejor? Suéltame de una vez y os mataré a los dos. ¿Me has oído, jodido monstruo? — Él trató de alargar el brazo, aprovechándose de su complexión fuerte, y que la largaria de sus brazos iba acorde a su altura prominente. El apartado no hizo nada más que retroceder el metro que faltaba para que su espalda dibujada de heridas chocase contra la pared, caliente incluso a aquellas horas. ¿Cómo haría, pues, para ganarse a aquel hombre? — Él... ha vuelto a mi... no te lo lleves. — Era cuestión de rasgos, pero la cara del porcelanoso no lograba emular bien las emociones que sufría. La calma formación simétrica de las cejas escondía la tristeza y la necesidad. Como era ya una costumbre, la cabeza morena funcionaba como el peor mecanismo. Se confabulaba contra si misma una y otra vez, provocando en el exterior aquellas repercusiones lejanas e incomprensibles. Y de todas las personas en aquellos muelles, la más lejana a comprender a los humanos había acudido al rescate del peor de los humanos. Aquél incapaz de valerse por si mismo. — ... aunque me lleves a mi. —






Techniques
06 of Gennin;
08;08 — Kugutsu no jutsu; 傀儡の術, lit. 'Puppet technique'.
Es la habilidad única de los miembros de éste clan. Gracias a ella pueden emitir una fina corriente de chakra, en forma de hilo, con la cual manejar las marionetas a su antojo. Los recién iniciados en el control de ésta técnica necesitan de una mano completa para manejar una marioneta mediana o de al menos tres dedos para manejar una marioneta pequeña. Los hilos pueden extenderse hasta los diez metros en cualquier dirección y pueden o no ser visibles a simple vista, dependiendo esto último de si el usuario así lo desea o no. Estos hilos pueden ser cortados como cuerdas normales, pero sólo por técnicas de kenjutsu del mismo rango o superior. Sólo cuenta como un jutsu cuando se activa la primera vez, pudiendo activar ésta técnica y otras dos en ese mismo turno -aunque no resta un jutsu a utilizar de los que tenga el usuario- y luego puede ser mantenido por tantos turnos como resistencia tenga el usuario -10 de resistencia = 10 turnos mantenido, por ejemplo-.

Inventory
Shuriken. x10.

No playable characters
#85973c; Slavemaster.





08
Ninjutsu.

01
Genjutsu.

01
Taijutsu.

01
Strength.

03
Speed.

06
Resistance.




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Re: Headless; priv. — Magiwa & Umeoshi

Mensaje por Umeoshi el Dom Abr 15, 2018 6:40 pm






headless;

Land of wind — Dark Alley — Suido Town






Cada movimiento brusco era respondido con las garras clavándose cada vez con más fuerza en ambos hombros, enterrando la curva uña progresivamente más profundo en la carne del agresivo enemigo. No se escuchó más sonido proferirse de la híbrida que la mezcla entre silbido y gruñido que, con cada bandazo que el hombre daba tratando de liberarse, la mujer profería por instinto.

En el preciso momento en que ella misma, ajena a lo que pasara más allá de su ataque hacia la ahora presa, logró equilibrar su peso corporal encima del hombre, el pico de la joven se abrió por inercia: ambas manos, también con los vestigios de las garras, bajaron a clavarse a ambos lados del cuello; demasiado cerca de la aorta, donde el semi-animal salvaje bien sabía que estaba la fuente de un rápido desangramiento. Si se ponía más agresivo, su cuerpo latía por rasgar completamente ese cuello.

Al menos, el forcejeo solo duró hasta que, con su reducida escucha, fue capaz de percibir por primera vez algo que no fueran los quejidos y maldiciones incomprensibles de la presa. Instantáneamente la mitad ave levantó su cabeza, clavándola donde olía y percibía la segunda presencia; donde había un ser enfermo, ahora este se alzaba. Pero en los ojos de Umeoshi no parecía haber comprensión; del otro salían palabras, alrededor la situación caía en una entretejida complejidad de la cual la mujer era absolutamente ajena. Había cosas flotando; armas, punzantes. Reconoció con ello la peligrosidad de las mismas; ella a veces usaba algo así, pero siempre era mejor su cuerpo, sus garras, su mandíbula. Las armas eran traicioneras.

Así pues, esas armas flotaban. Su presa, abajo, estaba bien sujeta; las garras de las patas se clavaban con ímpetu al más mínimo movimiento; al mismo tiempo, las de sus manos, imitaban el proceso, trazando con la punta de la del pulgar el contorno de la aorta; un recordatorio de lo sencillo que sería rasgar esa zona, y sólo esperar a que la presa se desangrase. Era sucio, pero efectivo.

Su cabeza se ladeó, observando sin rastro de emoción al escuálido y maltrecho humano que tenía al frente. Sus ojos se entornaron, clavándose y analizando sin sonido alguno al ser vivo que rompía la contienda. ¿Enemigo? ¿Presa? Veía a un animal lastimero, a pesar de detectar en él un popurrí incoherente. ¿Asustado? ¿Agresivo? Las palabras llegaron a sus oídos, pero la mitad ave al escucharlas, no tuvo que pensar mucho. No tuvo que pensar en lo más mínimo, detectando la fuente de agresividad en el que tenía aprensado con sus patas.

Ella se deshacía de todas las amenazas en el territorio. Era su vocación.

No —gaznó, aunque algo más parecido a un chillido; agudo, estridente. Al mismo tiempo, su garra se enterraría en la garganta del hombre y, limpiamente, movería su garra hasta seccionar la misma aorta en un macabro escenario desaprensivo. Usaría los mismos hombros, pues, para soltarse e impulsarse en un salto directo en dirección opuesta del humano que olía a enfermo, pero se mostraba renuente a comprender. Aterrizaría entonces, recompuesta y agazapada, esperando cualquier signo de hostilidad adicional; piernas flexionadas, cuerpo completamente inmóvil. Ojos inhumanos que, aunque pendientes del esclavista no reconocido, no quitaban tampoco la atención del otro ser.

No hizo intención de acometer o atacarle. Aunque se veía preparada; un animal en guardia, que ya había atacado a lo que consideraba una amenaza. ¿Qué haría entonces, el que había catalogado en su cabeza como ‘inofensivo’? Su densa y simple mente, no pensaba más allá del presente inmediato.

Lo observaría, solo añadiendo un último gaznido, apenas entendible; no usaba la voz apenas, solo cuando era irremediable—. Tú, libre.







Techiques.
08 of Gennin;

Passive
Kemono o tokihanatsu: Zero (獣を解き放つ, ‘Unleash the beast: Zero’)
Requiere de 3 segundos sufriendo la transformación, dejando al usuario incapacitado durante tal período de tiempo. Cuando el individuo decide dar paso a su mutación al completo, cualquier técnica/efecto anterior a esto quedará anulado de golpe, dejándolo también incapaz de hacer uso de estas a no ser que sean de su propia UH.

Llegando a tal estado, la persona empieza a ceder a su instinto animal y sufre una metamorfosis anatómica, adaptándose al del animal absorbido: de tratarse de un herbívoro, más huidizo y más tranquilo, evitará pelear en lo más posible a no ser que esté acorralado/a punto de morir o ser dañado; de ser un carnívoro o omnívoro, la agresividad y actitud predatoria tomarán el control, volviéndolo violento y susceptible a saltar al ataque ante cualquier visión de amenaza o peligro. Pierde la capacidad de estrategia propia de los humanos, y se torna errático, bestial, e instintivo con una rapidez asombrosa. Pierde también, el reconocimiento de amigos/enemigos, agrupándolos únicamente en si muestran comportamiento hostil o no. Solo podrá distinguir a la persona a quien el individuo tenga la mayor lealtad en la actualidad, reconociéndolo como su ‘amo’ (así haría un perro leal). Puede hablar, aun así, oraciones básicas y mal pronunciadas, con problemas para ser entendibles debido a el ligero cambio en las cuerdas vocales.

Con ello, el individuo puede comunicarse con aquellos animales que sean de la misma especie que el absorbido, exclusivamente. La idiosincrasia con estos, será diferente, siendo más parecido en olor y percepción a ellos, que a un humano. Esto no quiere decir, que se obtenga información o datos estratégicos de manera gratuita; son animales, no invocaciones, por lo que su conversación no podrá superar, en esencia, a lo que un niño de 5 años respondería.

El usuario podrá cambiar de clase, haciendo uso de su biblioteca interna de ADN residual, pasando cada vez por el mismo tiempo de transformación. Dependiendo de su clase, no obstante, obtendrá diferentes aumentos en su anatomía:

Aves: los labios se endurecen y tienden a una ligera curva, que recuerda a un pico. Los dientes se achican y se tornan serrados, poco aptos para la ingesta de alimentos grandes. El vello de la piel da paso a plumón suave, creciendo más en algunas zonas hasta recubrir copiosamente torso, brazos y piernas para mayor aerodinamismo. Las piernas se endurecen y garras curvas, finas, aparecen. La sensación del tacto es menor, así como el olfato. Incremento del sentido de la vista, siendo la precisión mayor.

Gana: +2 en Velocidad (mientras la pasiva esté activa). Es, sin embargo, débil ante el Suiton o tener el plumaje mojado, dejando el incremento a +1 si queda humedecido por un impacto de una técnica así.


03
Ninjutsu.

01
Genjutsu.

01
Taijutsu.

04
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03 + 2
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Re: Headless; priv. — Magiwa & Umeoshi

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