¡Bienvenido,
Invitado!

¡Bienvenido a Naruto Legends!

Toda la información que necesitas para comenzar con el rol se encuentra en nuestra Guía para Nuevos Usuarios. Recuerda revisar nuestro Changelog para ver los cambios más recientes.

Últimos temas
Últimos temas
» On a beautiful day for murder [Misión Rango C]
Hoy a las 5:13 am por Mu-Bai Katō

» Misiones de Yusuke
Hoy a las 3:51 am por Yusuke

» Misión de rango B: Protect the brutal slaughterer.
Hoy a las 3:40 am por Yusuke

» Misión de rango C: Freedom [Belladona y Ichimaru]
Hoy a las 2:56 am por Belladona

» Clan Ramiel
Hoy a las 2:46 am por Alexandra Ramiel

» The Hick, the pervert and the Penguin
Hoy a las 2:00 am por Aaron Sureddo

» MISIÓN DE RANGO [C]: [RIVALS NOT ALLOWED]
Ayer a las 11:36 pm por Aaron Sureddo

» A second chance // Kasuki and Jiran
Ayer a las 11:33 pm por Kasuki

» Heiwo — Ficha
Ayer a las 11:26 pm por Heiwo

» The enmities must be temporary / Ryō Gameshi
Ayer a las 9:52 pm por Ryō Gameshi

» ¿Entrenando? Supongamos que si...
Ayer a las 9:00 pm por Mu-Bai Katō

» Muted Path
Ayer a las 8:33 pm por Galarath

» Better suspicions than being stabbed.
Ayer a las 8:29 pm por Galarath

» — Lyd's Itinerary ▌Missions
Ayer a las 5:40 pm por Fuka

» Kiba no Hagane
Ayer a las 4:20 pm por Yang

» Monster Hunter: Aaron
Ayer a las 2:00 pm por Loremaster

» Savage Apparition || Hiro vs Jiran
Ayer a las 2:46 am por Jiran

» Esto sera divertido [Fin de viaje]
Ayer a las 2:21 am por Kasuki

» El viaje continua [Viaje]
Ayer a las 1:32 am por Kasuki

» Across the snow [viaje]
Ayer a las 1:18 am por Kasuki

Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

Créditos

Naruto Legends Rol Forum by Naruto Legends Staff is licensed under a Creative Commons Reconocimiento - No Comercial - Sin ObraDerivada 4.0 Internacional License.

El diseño gráfico del foro (HTML/CSS) es fue creado por Sargas (Nemuri) para Naruto Legends. Las imágenes fueron tomadas de Deviantart, Artstation y pertenecen a sus respectivos autores.


Headless; priv. — Magiwa & Umeoshi

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Headless; priv. — Magiwa & Umeoshi

Mensaje por Magiwa el Dom Mar 18, 2018 10:33 pm






Headless;

Land of wind — Shores & Docs — Slaveplace





Ah.. aquí parece valer. Era lo de aquella callejuela una sombra de colores acontraste. Guiado de la nada hasta terminar en otro inmundo rincón, aquella pobre cosa había vuelto a ver en su vida la triste y cruda verdad. Las tripas, algo más lúcidas que él, empezaban a demandar alimento. Nadie podía esquivar a supervivencia, al parecer. La figura era, como siempre, joven, hermosa y rota. Las primeras horas de la mañana ya hacían al sol alzarse de amarillo claro, y acuciaban todo el rebomborio allá fuera en el puerto. Los ojos anormales buscaban la luz que sólo golpeaba el tejado de la casa al lado de la cual se apoyaba. Sólo una bola de tela blanca con flecos, y un cordón con flores ya secas. Algo que en su día fueron tulipanes amarillos ahora era un amasijo de pétalos arrugados, que de alguna de las maneras, aquella criatura ajena a todo lo demás lograba lucir en su diminuta y propia gloria. El brazo se ataba fuertemente a la exuberante tela, ahora vaporosa, fina y semitransparente que dejaba entrever alguna facción. La delicada curva de labios rosados, la rígida clavícula, el miembro fantasma. Bajo ella, únicamente otro blanco en forma de largas piernas, una raída prenda con agujeros y rasgones que pudo tomar de una parte que ya no recordaba. No, lo que recordaba aquel ente no tenía nada que ver con su indumentaria, sino con lo que ocultaba la tela limpia, aquel pequeño corte en los labios. El tiempo en el desierto no era igual. Jugaba por completo con la percepción de la indefensa cosa. No permitía calcular los minutos atrás en que fue dejado de lado otra vez. Uno de los carruajes esclavistas que tuvo la suerte de encontrar a una bella y mística figura danzando por la frontera. Para la desgracia de la figura, aquella pareja infame no quiso inspeccionar la mercancía hasta pasadas unas horas, cuando a uno de ellos se le antojó. Sólo entonces vieron el torso, el esplendor de su vacío. Tachado de inútil, el ente volvió a ser dejado atrás por alguien. Porque era una cosa insignificante, claro, ¿cómo siquiera pensó que aquella serpiente no habría vuelto a enroscarse en la cabeza de alguien?

Era un simple rincón solitario, un callejón sin salida entre dos casas, o edificios, o almacenes, o dos muros que de un momento a otro se le ocurría que se cerraban como mandíbulas de un lobo bondadoso y aplastaban por fin el cuerpo delicado. Apenas sí cabría en el ancho si se tumbaba, pero el profundo era sublime, más de una veintena de metros como una garganta, a la sombra de dos altísimas paredes. Los ojos entrecerrados de aquello compungido en la esquina izquierda apuntaban al cielo repiqueteado por los bordes de dichas murallas. — Me querías ilusionar... ¿verdad? Querías que volviese a caer en la trampa de siempre. — No era sino un tono dulzón, sensible y abstraído de emociones que se consideraban humanas. Para la fortuna o no del pobre sujeto, su voz acordaba con su aspecto en todo lo posible. Sencilla, etérea. Mal. — Claro que ya he caído más veces... ¿por qué deberías ilusionarte? Lo haces aposta, totalmente aposta — había bajado la vista ahora hasta un compendio de cajas que hacía las veces de mansión para las ratas de puerto. No se había percatado, desde su posición se podía oler el mar. Gracias a la brisa de las olas, al menos, el calor ya no era como una soga. — ... ¿son ellos? Deben serlo. Te dijeron que querían librarse de mi después de todo... —

La conversación en su realidad tenía sentido completamente. El labio había dejado de sangrar hacía días, ahora sólo era una costra seca y amarillenta. Al final se reducía todo a otro chico más. No era la única persona tirada junto a las cajas rotas de basura mercantil, no era el único drama de aquellos muelles. Quizás me falta ser algo. El viento suave no movía su cabellera negro-gris, ni las flores eran nada especial en su cabeza. Ahora que están así son del color de la costra en mi labio... Habían sido largas horas de caminata, aunque en aquel rincón se había estado durmiendo y despertando. En aquel momento, realmente no tenía ninguna intención de mirar hacia las sombras que pasaban por la calle. Quienes se detenían, quienes no, nadie iba a acercarse. No mientras ella estuviese cerca, y vivía en su cabeza. Suspiró antes de escuchar unos anchos pasos acortar distancias. La primera idea fue girarse a ver quiénes eran, y la segunda hacerse pasar por un cadáver, o una caja, y buscar una soledad pasiva. Tampoco haría diferencia saber quién era, así lo demostró cuando habló el hombre que le había hecho la herida en el labio. — Así que sí has venido... ¿Tanto quieres ser la puta de algún viejo, eh? — comentaba una ronca voz mientras el haz de una lanza rozaba las vestiduras sin sentido, rasgando el blanco traslúcido.

El esclavista que vio aquel brazo faltante, los ojos se iluminaron por un segundo antes de ser destruida esa luz una vez más. — Sí tienes ojos de ser una perra en celo — clavó la lanza con facilidad en la roca tras el que volvía a bajar la mirada, sin importar ya. el hombre mientras había soltado su cinturón con algunas armas. Su mitad robusta y superior sólo se cubría con una hombrera, y la mitad baja estaba próxima a no ser prisionera de la vergüenza, pero antes un puñetazo aterrizó en el núcleo de la hambruna, provocando un quejido no deseado, pero intuitivo e inevitable. — Sólo eres una rata, una mierda que ni siquiera sirve para ser empotrada por un caballo. — Un seguido fuerte agarrón terminó por destruir el cordón de flores muertas, y la sábana delicadísima, mientras como con un muñeco o una esponja, el infame se restregaba a su extraviado objeto. Objeto que miraba alrededor de la callejuela en busca de algo. Era culpa de aquella mente, aquella cosa maligna y enemiga. Aunque... — Cuando termine contigo verás que no eres siquiera bueno como zorra. — ... aunque aquel hombre había regresado con él.






Techniques
07 of Gennin;

Inventory
Shuriken. x10.

No playable characters
#85973c; Slavemaster.





08
Ninjutsu.

01
Genjutsu.

01
Taijutsu.

01
Strength.

03
Speed.

06
Resistance.




Magiwa
avatar


Volver arriba Ir abajo

Re: Headless; priv. — Magiwa & Umeoshi

Mensaje por Umeoshi el Jue Mar 29, 2018 6:25 pm






headless;

Land of wind — Dark Alley — Suido Town






Sin más fin que el de un simple perro guardián. Esa era la etiqueta que la rubia portaba escrita en su ser, deambulando por las áridas calles de la villa bajo el duro sol del día. No era agradable, era un hecho. Pero al menos, la brisa que traía la costa acicalaba las plumas y permitía no tener que estar cada cinco minutos, buscando una sombra en la que dejarse caer por otro rato. Su trabajo era simple, así como la orden: mantén todo sin violencia, no dejes que ningún esclavo escape.

Sencillo y al grano. El pueblo no era en extremo abusivo con sus esclavos; los azotes y castigos eran proporcionales a que tan deliberada o grave había sido la falta.

El problema era cuando Umeoshi entraba en la ecuación. Ella, literalmente, gozaba según los otros esclavistas y los propios prisioneros, de carta blanca. Nunca había golpeado a alguien sin que hubiera agresividad de por medio, sabían…

…pero sí sabían también que, si la monstruosidad intercedía, no sería una golpiza controlada. Sádica, apática la llamaban cada vez que ejercía su fuerza por encima de alguien: ya fuera ‘amigo’ o enemigo, era indiferente. No parecía tener esa concepción de los demás, y por eso mismo era quien deambulaba por el pueblo en pleno día, siendo por donde pasaba una zona desértica a su paso. Evitada como la peste, salvo aquellos pocos que no podían hacerlo, que solo trataban de mimetizarse con el ambiente y fingir que no existían.

La chica pájaro no volteaba siquiera a mirarlos. Sus ojos abiertos en su totalidad, sin parpadear, escaneaban alrededor con una avidez atípica, pero característica. Como siempre, no hablaba, sino que simplemente vagaba.

Mierda, ahí viene… —el susurro llegó a oídos de la mujer pájaro; apenas dirigió una rápida mirada al guardia que había murmurado eso, quien se había enderezado y evitaba cualquier tipo de contacto visual, fingiendo supervisar a los esclavos que descargaban el barco mercantil. Descartando cualquier indicio de problema u olores sospechosos, de nuevo perdió cualquier indicio de atención en el grupo. Solo escuchó un suspiro, así como el siguiente murmullo—. Menos mal, jeez… Ya podrían atarla a algún lado sin que de problemas…

Si Umeoshi había escuchado aquello, o entendido su significado, quedó en el aire mientras la mujer daba la espalda y empezaba a adentrarse por los callejones.

Ronda de la playa, hecha. Tocaban calles. Olían mal.

Las primeras fueron sin incidentes. Parecía que sería un día más, donde la mujer no atraería más rumores infundados o no, sobre su bestialidad. Al menos, durante la primera hora. No iba rápido, tampoco tomaba una ruta exacta; erráticamente, se movía entre calles y tejados, dejándose estar en alguno de los puntos altos un rato para que la brisa le hiciera relajar el cuerpo.

La tensión intrínseca que llevaba tener que mantenerse erguida, así como la molestia de esas asquerosos trozos de tela blanca le molestaban tanto que olvidaba relajar el cuerpo.

Además, ahí arriba, en los tejados, estaba sola. No había ni excesivo ruido, ni tampoco el agrio olor a miedo que solía rodearle.

Al menos, hasta que el ruido en el callejón anexo alertó a su instinto. No era el típico de los trabajadores alrededor; la mujer se había llegado a acostumbrar a estos con los años, ya que eran comunes los accidentes en el muelle. ¿Pero en los callejones? Era donde la mayor parte de las escaramuzas se daban.

Incorporándose con pereza, arrastró los pies hasta el borde oeste del tejado. Desde las alturas, sin mucho problema, localizó la fuente del ruido y mal olor: un esclavista más, y…

Umeoshi ladeó la cabeza. Ese olor era nuevo, no lo reconocía dentro de su biblioteca mental, ni tampoco al esclavista en sí, ahora que prestaba más atención. Sus ojos solo los veían como dos trozos de carne más, pero se dio cuenta, observando desde la altura, de que la escena de abajo no se limitaba a ruido: había agresividad.

Los ojos amarillos de la mitad pájaro se abrieron de manera casi antinatural; tapaba el sol con su cabeza al inclinarse más hacia el borde, y una inhumana sonrisa trazó sus labios al sentir el impulso de adrenalina llenarla al detectar el olor de la hormona en sí. Las órdenes habían sido claras.

Tensó sus manos algo más. Su propio cuerpo empezó a doler, así como a mutar un poco más conforme dejaba que aquella adrenalina diera paso a los cambios más obvios de su cuerpo: más plumas, labios transformados en dos zonas de hueso con una ligera curva, sintiendo además el dolor característico de los cambios físicos en su cuerpo. Los dientes dolían, las uñas dolían, las piernas dolían… todo dolía.

Ni un sonido escapó de sus labios en lo que duró el cambio. Los ojos que habían sido apáticos y carentes de emoción, se abrieron de nuevo mostrando una ferocidad inhumana.

Saltó del tejado, directo hacia el hombre que de olor agresivo. Sus piernas por delante, con las ahora garras en vez de piesapuntando directamente a la espalda del mismo, mientras que las de las manos, quedaban a cada lado, haciendo de la caída con el plumón algo más aerodinámico y más silencioso. No prestaba atención a la otra figura de carne, la cual desestimó también por ver la falta de una parte vital. Enfermo, lo catalogó, de no conocer otra mejor palabra.

Era, literalmente, una rapaz cayendo sobre su presa.

La escaramuza empezaba.







Techiques.
08 of Gennin;

Passive
Kemono o tokihanatsu: Zero (獣を解き放つ, ‘Unleash the beast: Zero’)
Requiere de 3 segundos sufriendo la transformación, dejando al usuario incapacitado durante tal período de tiempo. Cuando el individuo decide dar paso a su mutación al completo, cualquier técnica/efecto anterior a esto quedará anulado de golpe, dejándolo también incapaz de hacer uso de estas a no ser que sean de su propia UH.

Llegando a tal estado, la persona empieza a ceder a su instinto animal y sufre una metamorfosis anatómica, adaptándose al del animal absorbido: de tratarse de un herbívoro, más huidizo y más tranquilo, evitará pelear en lo más posible a no ser que esté acorralado/a punto de morir o ser dañado; de ser un carnívoro o omnívoro, la agresividad y actitud predatoria tomarán el control, volviéndolo violento y susceptible a saltar al ataque ante cualquier visión de amenaza o peligro. Pierde la capacidad de estrategia propia de los humanos, y se torna errático, bestial, e instintivo con una rapidez asombrosa. Pierde también, el reconocimiento de amigos/enemigos, agrupándolos únicamente en si muestran comportamiento hostil o no. Solo podrá distinguir a la persona a quien el individuo tenga la mayor lealtad en la actualidad, reconociéndolo como su ‘amo’ (así haría un perro leal). Puede hablar, aun así, oraciones básicas y mal pronunciadas, con problemas para ser entendibles debido a el ligero cambio en las cuerdas vocales.

Con ello, el individuo puede comunicarse con aquellos animales que sean de la misma especie que el absorbido, exclusivamente. La idiosincrasia con estos, será diferente, siendo más parecido en olor y percepción a ellos, que a un humano. Esto no quiere decir, que se obtenga información o datos estratégicos de manera gratuita; son animales, no invocaciones, por lo que su conversación no podrá superar, en esencia, a lo que un niño de 5 años respondería.

El usuario podrá cambiar de clase, haciendo uso de su biblioteca interna de ADN residual, pasando cada vez por el mismo tiempo de transformación. Dependiendo de su clase, no obstante, obtendrá diferentes aumentos en su anatomía:

Aves: los labios se endurecen y tienden a una ligera curva, que recuerda a un pico. Los dientes se achican y se tornan serrados, poco aptos para la ingesta de alimentos grandes. El vello de la piel da paso a plumón suave, creciendo más en algunas zonas hasta recubrir copiosamente torso, brazos y piernas para mayor aerodinamismo. Las piernas se endurecen y garras curvas, finas, aparecen. La sensación del tacto es menor, así como el olfato. Incremento del sentido de la vista, siendo la precisión mayor.

Gana: +2 en Velocidad (mientras la pasiva esté activa). Es, sin embargo, débil ante el Suiton o tener el plumaje mojado, dejando el incremento a +1 si queda humedecido por un impacto de una técnica así.


03
Ninjutsu.

01
Genjutsu.

01
Taijutsu.

04
Strength.

03 + 2
Speed.

08
Resistance.




Umeoshi
avatar


Volver arriba Ir abajo

Re: Headless; priv. — Magiwa & Umeoshi

Mensaje por Magiwa el Vie Mar 30, 2018 11:07 pm






Headless;

Land of wind — Shores & Docs — Slaveplace





Fue rápido, demasiado para apreciar la suave curva ascendente en los labios del delicado. El momento se rompió en pedazos, comprimido por unas garras de procedencia anti-natural que precipitaron al hombre rocoso hacia la fémina bestial. Y a la desvalida víctima contra el suelo de nuevo. Esa misma figura se apresuró del modo menos grácil a recuperar las trizas de su manto blanco. Unos que montó sobre la espalda a modo de mala capa, con poco tiempo para hacer más en realidad, le acometía el pensamiento que algo más importante debía llevarse a cabo. Los ojos bicolor de base negra buscaron rápidamente al esclavista para vislumbrarlo en una expresión de imposible dolor. Él, un hombre fornido y poderoso, estaba siendo agredido por aquella cosa a la que trataba de asestar un manotazo tras otro a falta de su lanza. Sus pantalones estaban a medio bajar, lo que dificultaba el movimiento de piernas. Tal como un tótem, sobre una criatura, otra más magnífica se alzaba. El gesto etéreo del incompleto atisbó lo más inaudito. Mitad mujer, mitad bestia de los cielos. Labios en pico, pelo en pluma, piernas en garras. Él trazó en su enferma imaginación qué criatura era, por qué estaba atrapando al hombre de encima de él. ¿Para que dejase de hacerle daño? Ese fue el primer y fatal pensamiento del enfermo, o de su mente enferma.

La idea de ser salvado por la híbrida pasó rápidamente por el distorsionado filtro. Sí, aquel hombre le había insultado, vapuleado, pretendía aprovecharse de él. ¿Y no era lo que buscó? ¿No haría eso que estuviesen juntos? Con el tiempo, lo trataría bien. Era un buen hombre, pues... ¿acaso no había regresado a por él? Si era tal como se lo dictaba el pensamiento, significaba pues que ella estaba a punto de arrancarlo de su lado. Quería volver a llevarse a alguien que le importaba, aunque nunca habían coexistido ellos dos. Cómo sabía ella lo que debía hacer fue la directa agresiva. Todas las injurias propinadas por el hombre se detuvieron justo cuando el chico a escasos dos metros, finalmente habló. Etéreo, bello, indefenso. Convencido. La mano había iniciado su premeditada danza, tensando sus cinco dedos. De cada uno de ellos, los hilos invisibles rodearon aquellos utensilios que se encontrasen, y en un solo instante, la mujer-bestia estaba rodeada. Las dos paredes, una a cada lado. Delante del rescatado flotaban cuatro cuchillas de metal, cuatro estrellas oscuras que rodaban sobre si mismas cuales sierras, en una formación cuadrangular a la altura del voluptuoso pecho, y sólo a medio metro de ella. A su espalda, a tres metros, la lanza en solitario, blandida a distancia y que hizo ruido al soltarse del suelo. Él tampoco era tan avispado como para urdir un plan tan repentinamente. La mirada trataba de cruzarse con la de la figura pseudo-animal, aunque a veces se desviaba ligeramente abajo, al hombre. Buscaba apoyo de su parte entonces, reconocimiento.

— No te lo lleves... — voz dulce, floral. Entrecerrados, los ojos parecían dos orbes de noche con estrellas coloreadas. El maleante se había detenido, desconfiado del aspirante a esclavo, pero más aún, de aquellas armas arrojadizas suspendidas en el aire por arte de magia. — ¿Crees que librarte de esta zorra te hace mejor? Suéltame de una vez y os mataré a los dos. ¿Me has oído, jodido monstruo? — Él trató de alargar el brazo, aprovechándose de su complexión fuerte, y que la largaria de sus brazos iba acorde a su altura prominente. El apartado no hizo nada más que retroceder el metro que faltaba para que su espalda dibujada de heridas chocase contra la pared, caliente incluso a aquellas horas. ¿Cómo haría, pues, para ganarse a aquel hombre? — Él... ha vuelto a mi... no te lo lleves. — Era cuestión de rasgos, pero la cara del porcelanoso no lograba emular bien las emociones que sufría. La calma formación simétrica de las cejas escondía la tristeza y la necesidad. Como era ya una costumbre, la cabeza morena funcionaba como el peor mecanismo. Se confabulaba contra si misma una y otra vez, provocando en el exterior aquellas repercusiones lejanas e incomprensibles. Y de todas las personas en aquellos muelles, la más lejana a comprender a los humanos había acudido al rescate del peor de los humanos. Aquél incapaz de valerse por si mismo. — ... aunque me lleves a mi. —






Techniques
06 of Gennin;
08;08 — Kugutsu no jutsu; 傀儡の術, lit. 'Puppet technique'.
Es la habilidad única de los miembros de éste clan. Gracias a ella pueden emitir una fina corriente de chakra, en forma de hilo, con la cual manejar las marionetas a su antojo. Los recién iniciados en el control de ésta técnica necesitan de una mano completa para manejar una marioneta mediana o de al menos tres dedos para manejar una marioneta pequeña. Los hilos pueden extenderse hasta los diez metros en cualquier dirección y pueden o no ser visibles a simple vista, dependiendo esto último de si el usuario así lo desea o no. Estos hilos pueden ser cortados como cuerdas normales, pero sólo por técnicas de kenjutsu del mismo rango o superior. Sólo cuenta como un jutsu cuando se activa la primera vez, pudiendo activar ésta técnica y otras dos en ese mismo turno -aunque no resta un jutsu a utilizar de los que tenga el usuario- y luego puede ser mantenido por tantos turnos como resistencia tenga el usuario -10 de resistencia = 10 turnos mantenido, por ejemplo-.

Inventory
Shuriken. x10.

No playable characters
#85973c; Slavemaster.





08
Ninjutsu.

01
Genjutsu.

01
Taijutsu.

01
Strength.

03
Speed.

06
Resistance.




Magiwa
avatar


Volver arriba Ir abajo

Re: Headless; priv. — Magiwa & Umeoshi

Mensaje por Umeoshi el Dom Abr 15, 2018 6:40 pm






headless;

Land of wind — Dark Alley — Suido Town






Cada movimiento brusco era respondido con las garras clavándose cada vez con más fuerza en ambos hombros, enterrando la curva uña progresivamente más profundo en la carne del agresivo enemigo. No se escuchó más sonido proferirse de la híbrida que la mezcla entre silbido y gruñido que, con cada bandazo que el hombre daba tratando de liberarse, la mujer profería por instinto.

En el preciso momento en que ella misma, ajena a lo que pasara más allá de su ataque hacia la ahora presa, logró equilibrar su peso corporal encima del hombre, el pico de la joven se abrió por inercia: ambas manos, también con los vestigios de las garras, bajaron a clavarse a ambos lados del cuello; demasiado cerca de la aorta, donde el semi-animal salvaje bien sabía que estaba la fuente de un rápido desangramiento. Si se ponía más agresivo, su cuerpo latía por rasgar completamente ese cuello.

Al menos, el forcejeo solo duró hasta que, con su reducida escucha, fue capaz de percibir por primera vez algo que no fueran los quejidos y maldiciones incomprensibles de la presa. Instantáneamente la mitad ave levantó su cabeza, clavándola donde olía y percibía la segunda presencia; donde había un ser enfermo, ahora este se alzaba. Pero en los ojos de Umeoshi no parecía haber comprensión; del otro salían palabras, alrededor la situación caía en una entretejida complejidad de la cual la mujer era absolutamente ajena. Había cosas flotando; armas, punzantes. Reconoció con ello la peligrosidad de las mismas; ella a veces usaba algo así, pero siempre era mejor su cuerpo, sus garras, su mandíbula. Las armas eran traicioneras.

Así pues, esas armas flotaban. Su presa, abajo, estaba bien sujeta; las garras de las patas se clavaban con ímpetu al más mínimo movimiento; al mismo tiempo, las de sus manos, imitaban el proceso, trazando con la punta de la del pulgar el contorno de la aorta; un recordatorio de lo sencillo que sería rasgar esa zona, y sólo esperar a que la presa se desangrase. Era sucio, pero efectivo.

Su cabeza se ladeó, observando sin rastro de emoción al escuálido y maltrecho humano que tenía al frente. Sus ojos se entornaron, clavándose y analizando sin sonido alguno al ser vivo que rompía la contienda. ¿Enemigo? ¿Presa? Veía a un animal lastimero, a pesar de detectar en él un popurrí incoherente. ¿Asustado? ¿Agresivo? Las palabras llegaron a sus oídos, pero la mitad ave al escucharlas, no tuvo que pensar mucho. No tuvo que pensar en lo más mínimo, detectando la fuente de agresividad en el que tenía aprensado con sus patas.

Ella se deshacía de todas las amenazas en el territorio. Era su vocación.

No —gaznó, aunque algo más parecido a un chillido; agudo, estridente. Al mismo tiempo, su garra se enterraría en la garganta del hombre y, limpiamente, movería su garra hasta seccionar la misma aorta en un macabro escenario desaprensivo. Usaría los mismos hombros, pues, para soltarse e impulsarse en un salto directo en dirección opuesta del humano que olía a enfermo, pero se mostraba renuente a comprender. Aterrizaría entonces, recompuesta y agazapada, esperando cualquier signo de hostilidad adicional; piernas flexionadas, cuerpo completamente inmóvil. Ojos inhumanos que, aunque pendientes del esclavista no reconocido, no quitaban tampoco la atención del otro ser.

No hizo intención de acometer o atacarle. Aunque se veía preparada; un animal en guardia, que ya había atacado a lo que consideraba una amenaza. ¿Qué haría entonces, el que había catalogado en su cabeza como ‘inofensivo’? Su densa y simple mente, no pensaba más allá del presente inmediato.

Lo observaría, solo añadiendo un último gaznido, apenas entendible; no usaba la voz apenas, solo cuando era irremediable—. Tú, libre.







Techiques.
08 of Gennin;

Passive
Kemono o tokihanatsu: Zero (獣を解き放つ, ‘Unleash the beast: Zero’)
Requiere de 3 segundos sufriendo la transformación, dejando al usuario incapacitado durante tal período de tiempo. Cuando el individuo decide dar paso a su mutación al completo, cualquier técnica/efecto anterior a esto quedará anulado de golpe, dejándolo también incapaz de hacer uso de estas a no ser que sean de su propia UH.

Llegando a tal estado, la persona empieza a ceder a su instinto animal y sufre una metamorfosis anatómica, adaptándose al del animal absorbido: de tratarse de un herbívoro, más huidizo y más tranquilo, evitará pelear en lo más posible a no ser que esté acorralado/a punto de morir o ser dañado; de ser un carnívoro o omnívoro, la agresividad y actitud predatoria tomarán el control, volviéndolo violento y susceptible a saltar al ataque ante cualquier visión de amenaza o peligro. Pierde la capacidad de estrategia propia de los humanos, y se torna errático, bestial, e instintivo con una rapidez asombrosa. Pierde también, el reconocimiento de amigos/enemigos, agrupándolos únicamente en si muestran comportamiento hostil o no. Solo podrá distinguir a la persona a quien el individuo tenga la mayor lealtad en la actualidad, reconociéndolo como su ‘amo’ (así haría un perro leal). Puede hablar, aun así, oraciones básicas y mal pronunciadas, con problemas para ser entendibles debido a el ligero cambio en las cuerdas vocales.

Con ello, el individuo puede comunicarse con aquellos animales que sean de la misma especie que el absorbido, exclusivamente. La idiosincrasia con estos, será diferente, siendo más parecido en olor y percepción a ellos, que a un humano. Esto no quiere decir, que se obtenga información o datos estratégicos de manera gratuita; son animales, no invocaciones, por lo que su conversación no podrá superar, en esencia, a lo que un niño de 5 años respondería.

El usuario podrá cambiar de clase, haciendo uso de su biblioteca interna de ADN residual, pasando cada vez por el mismo tiempo de transformación. Dependiendo de su clase, no obstante, obtendrá diferentes aumentos en su anatomía:

Aves: los labios se endurecen y tienden a una ligera curva, que recuerda a un pico. Los dientes se achican y se tornan serrados, poco aptos para la ingesta de alimentos grandes. El vello de la piel da paso a plumón suave, creciendo más en algunas zonas hasta recubrir copiosamente torso, brazos y piernas para mayor aerodinamismo. Las piernas se endurecen y garras curvas, finas, aparecen. La sensación del tacto es menor, así como el olfato. Incremento del sentido de la vista, siendo la precisión mayor.

Gana: +2 en Velocidad (mientras la pasiva esté activa). Es, sin embargo, débil ante el Suiton o tener el plumaje mojado, dejando el incremento a +1 si queda humedecido por un impacto de una técnica así.


03
Ninjutsu.

01
Genjutsu.

01
Taijutsu.

04
Strength.

03 + 2
Speed.

08
Resistance.




Umeoshi
avatar


Volver arriba Ir abajo

Re: Headless; priv. — Magiwa & Umeoshi

Mensaje por Magiwa el Vie Jul 06, 2018 8:01 pm






Headless;

Land of wind — Shores & Docs — Slaveplace





Un final tosco y seco. Como el golpe en la nuca, una combustión espontánea. Cruel, el ave-mujer no tuvo esa consideración, dejando alargarse el sufrimiento al cortar un conducto de la vida líquida. La vida no duraría mucho, cierto; pero duraría. Dejaría que segundos abrasadores fuesen la última memoria que aquel alma, tan capaz de volver a por un enfermo, una nada, se llevaría con ella. Los óculos dispares y extraños advirtieron aquella muerte deshonrosa con un particular sentimiento, que nunca querría recobrar. Solo, otra vez solo. La cabeza, por supuesto, debía explicarle al pobre tonto qué había ocurrido en realidad, en su realidad. A fin de cuentas, aquello que le había estado diciendo y haciendo. Aquel hombre había vuelto, pero... ¿y si solo fue para poder volver a dejarlo ir? Podía ser otra treta de su propia cabeza. Debía serlo. Y en ese caso, ¿qué papel tenía aquella medio-bestia en todo ello? ¿Fue también su cabeza quien la invocó, o solo otra víctima de sus engaños y falacias? ¿Compañera, enemiga, igual? Los ojos de pupila blanca lagrimearon cuando la mano se movió, acordándose de sus extendidas cuerdas. El cuerpo enrome de aquel hombre iba a caer, pero como cuatro haces de luz, cada estrella fue a parar en el puente de la nariz, la bajo-cintura, y ambas manos, por el dorso y atravesando el espacio entre corazón y anular. Haciendo fuerza con ellas, el hombre ya muerto volvió a levantarse, levitando en dirección al marionetista, lloviéndole la sangre aún. Al unísono, el arma alargada detrás de la perpetradora de la muerte también se movía. Cuando ella saltó hacia atrás, justo antes de tocar suelo, aquella vara de hierro, colocada de forma horizontal y al nivel de sus tobillos corrió sobre el aire, golpeando con fuerza, buscando hacerla tropezar. Dicho tropiezo haría que cayese de espaldas, mientras el hierro rodaba en el aire hasta que la punta de la lanza, a escasos cincuenta centímetros le apuntase al entrecejo, quedándose estática, como si el aire a su alrededor fuese sólido.

— ¿Libre...? Solo. Él me ha dejado solo... todos lo hacen. — Para cuando lo viese, Umeoshi se encontraría con una escena que, vista por alguien de sentimientos humanos y ordenados, haría llorar. La figura delgada ya no se ocultaba con nada más que los rasgones de sus pantalones blancos. La artística herida le recubría y dejaba ver la amputación brillar. Sobre aquel cuerpecillo se desprendía todo el peso del esclavista a quien abrazaba mientras soltaba lágrimas. Los dedos en una posición antinatural para sostener la lanza en el aire. — ¿Acaso te daba pena?... ¿te parecía en apuros? — repetía. No había enfado ya. La mente estaba cambiando, repitiendo su ciclo predeterminado otra vez para poder acabar con el cuerpo y juicio del joven. Era la condena que alguien decidió para él, una maldición acorde a la enfermedad. Aunque no era justo. — Es culpa mía... sí, lo he matado yo. Porque... — Sus ojos volvieron a encarar el tejado del edificio a su izquierda, y volvieron a ver aquella serpiente, que nadie más veía. Sus escamas blancas reflejándole todos sus errores cometidos y por cometer. — ... porque no lo merezco. — De repente, y como venido de un impulso indetectable, la lanza volvió a moverse, pero en vez de caer sobre la animal, fue lanzada prominentemente, chocando contra el suelo y sonando hasta salir a las calles. Posiblemente de pasar alguien por allá, sería posible advertir que algo pasaba, y quizás los más curiosos echarían un vistazo. Con la lanza, el abrazo de Magiwa se rompió, y dejó que el hombre cayera indecorosamente al suelo. Seguía prácticamente desnudo, y su sangre había manchado casi todo su torso, y por proximidad, el inmaculado color del chico también se vio manchado, dejando regueros de sangre aquí y allá.

Era el extraño don surtiendo efecto. Era un muchacho cuyo cuerpo no estaba entero, herido y sucio, extraño. Las pequeñas ondas de cabello se habían desbaratado tanto que ocultaban parte de la cara. Una postura floja de un cuerpo flojo, de imposible comprensión, con sangre fresca coagulándose con el polvo, o tiñendo su única y maltrecha prenda. Pero brillaba, emanaba la belleza indiscutible de la que era único poseedor. Como una pintura imborrable, imposible de esconder, sin importar cuantas capas de pintura se echasen encima, aquel muchacho tenía algo. Algo que cualquier esclavista desearía para ganar dinero, y que resultaba humana, no, primitivamente hermoso. El etéreo se balanceaba en sus pasos a un compás cambiante, decidido por la tormenta en su mente. La animal sufría metamorfosis en su cuerpo, pero delante de ella estaba ocurriendo una en la cabeza del muchacho. Las lágrimas enrojecían los ojos, y los rayos rojos sobrepasaban el blanco para adentrarse en los írises negros, combinándose con las líneas de distintos colores que eran otro misterio. — No lo merezco. — repitió, con una voz solo equiparable en suavidad a aquella que era suya. La neutralidad anatural siguió caminando, no dirección a la pseudo-animal, dirección a la salida del callejón. A perderse, a morirse. A lo que fuera que mereciera. "Ni la muerte debería cargar contigo." Ni una sola mirada fue regalada a la bestia, a fin de cuentas, tampoco ella tenía motivos para encontrarle ningún valor a algo que no lo tenía.






Techniques
06 of Gennin;
07;08 — Kugutsu no jutsu; 傀儡の術, lit. 'Puppet technique'.
Es la habilidad única de los miembros de éste clan. Gracias a ella pueden emitir una fina corriente de chakra, en forma de hilo, con la cual manejar las marionetas a su antojo. Los recién iniciados en el control de ésta técnica necesitan de una mano completa para manejar una marioneta mediana o de al menos tres dedos para manejar una marioneta pequeña. Los hilos pueden extenderse hasta los diez metros en cualquier dirección y pueden o no ser visibles a simple vista, dependiendo esto último de si el usuario así lo desea o no. Estos hilos pueden ser cortados como cuerdas normales, pero sólo por técnicas de kenjutsu del mismo rango o superior. Sólo cuenta como un jutsu cuando se activa la primera vez, pudiendo activar ésta técnica y otras dos en ese mismo turno -aunque no resta un jutsu a utilizar de los que tenga el usuario- y luego puede ser mantenido por tantos turnos como resistencia tenga el usuario -10 de resistencia = 10 turnos mantenido, por ejemplo-.

Inventory
Shuriken. x10.

No playable characters
#85973c; Slavemaster.





08
Ninjutsu.

01
Genjutsu.

01
Taijutsu.

01
Strength.

03
Speed.

06
Resistance.




Magiwa
avatar


Volver arriba Ir abajo

Re: Headless; priv. — Magiwa & Umeoshi

Mensaje por Umeoshi el Mar Jul 10, 2018 11:17 am






headless;

Land of wind — Dark Alley — Suido Town






El golpe vino como una circunstancia más en su vida. Soltando un agudo graznido de sorpresa, la desestabilizó en el aire, cayendo sordamente en consecuencia a su cuerpo emplumado en el suelo terroso; aun así, su cuerpo pedía movimiento, había sido agredida por algo, tenía que encontrar qué había sido. Su cuerpo empezó a temblar, producto de los cambios que empezaban a pedir ser externalizados aún más. ¿Estaba en peligro? ¿Necesitaba aumentar su protección? ¿Qué había sido eso?

Sus ojos se abrieron en el momento en que viera algo quedarse justo en frente de sus ojos, parado; eso había sido, tenía los retazos de su olor, pero muy sutiles y solo notorios por lo cerca que estaba. Ser un pájaro no ayudaba bien, y casi como si el cuerpo se lo pidiera, su boca se abrió lentamente al tiempo que alzaba una de sus garras hacia el hierro.

Parecía ignorar lo que hablaba el otro; su cabeza ahora mismo, sopesando la situación de manera simple. No había más agresión, por lo que no había enemigo. El chico, aunque parecía alterado, no olía ni transmitía peligrosidad inminente. Enfermo, estaba enfermo. Sus ojos era lo único que veían en ese trozo de carne carente de una extremidad y tan pálido, tan poco atlético para la supervivencia.

Seguía susurrando cosas, y en cuanto el objeto de hierro que había tenido su olor fuere lanzado lejos, sin atraer la curiosidad de la híbrida, se levantaría como un resorte del suelo; agazapada, enfrentando la espada de aquel que parecía totalmente perdido. Frunciría el entrecejo, siendo solo una arruga entre las plumas que sustituían el cabello; su cuerpo, lentamente, empezaría otra vez a convulsionar y, soltando ruidos de agonía entre graznidos, la bestialidad que aparentaba remitiendo hasta quedar más sutil, aun presente, pero ella más… humanizada.

La neblina que cubría la mayor parte de sus pensamientos iba desapareciendo, y aún con el instinto al borde, ahora podía saber que ese chico tenía algún uso. Su maestro no permitía el libre paso de gente que no fuera comerciante, y este debería, después de todo, ser presentado por la posible obtención de su existencia.

No… no mover —gruñó entre quejidos agudos, luchando con sus propias cuerdas vocales; estaba más acostumbrada a usarlas en esa forma, con los años que llevaba sin cambiar, pero no significaba que fuera más fácil emitir palabras cuando estaban hechas para emitir chillidos de otra índole. La híbrida acercó su cuerpo hacia él; sin segundas intenciones ni tampoco pensando en nada más que no fuera detenerlo. Si la atacaba, actuaría en reflejo y consecuencia como su instinto pediría, pero si no, solo la movía su vínculo eterno con la obediencia a un superior—. Tener que entregar. Tú herramienta nueva.

Al grano, directa, y sin empatía alguna en sus palabras. Se contradecía con lo anterior, cuando había dicho que era libre, producto de cuando no pensaba más allá de los 3 segundos actuales y más allá, además de retornar a la forma más consciente en la que sí podía pensar mínimamente. Su maestro estaría descontento si desobedecía, y no entregaba cualquier ser no identificado a sus puertas. Era la ley tácita del pueblo esclavista.







Techiques.
08 of Gennin;



03
Ninjutsu.

01
Genjutsu.

01
Taijutsu.

04
Strength.

03
Speed.

08
Resistance.




Umeoshi
avatar


Volver arriba Ir abajo

Re: Headless; priv. — Magiwa & Umeoshi

Mensaje por Magiwa el Jue Jul 19, 2018 5:40 pm






Headless;

Land of wind — Shores & Docs — Slaveplace





Fue un momento minúsculo, ridículo. La duda, que era el mecanismo que usaba la mente en el muchacho. Aquella vivencia no hacía más que demostrar de nuevo su indiscutible e inexistente valía. Cuanto podía hacer por ser algo de provecho era marcharse, alejarse de todo. Era el momento del paso, el cambio, el interminable bucle parte de su maldición. ¿Qué más si no? La única persona dispuesta a hacer algo de él estaba hecha un simple amasijo de carne gracias a su propio aura de fracaso como ser vivo. Si había dioses en alguna parte, posiblemente se preguntarían de dónde había salido aquella cosa, y qué hacía en su mundo. Pero dentro de él no quedaba nada más que el sentimiento vacío ya conocido. Era una vuelta a empezar, otra búsqueda por una cabeza para un cuerpo incompleto. Fue pero la sensación de una mano salvadora. Una garra más bien, afortunada por la novedad, que atrajo la mirada desigual que aún contenía una esperanza tan futil como todos sus esfuerzos hasta la fecha. Herramienta, traducido al idioma de su enfermedad algo útil, le catalogaba inmediatamente como válido. Una posición valiosa pero terrorífica que le detuvo en seco, solo consentido a mirar hacia arriba, buscando a la serpiente. Quizás su aprobación, o su burlesca lengua zarandeándose. Pero había desaparecido, como solía hacerlo. Él pensó, por si mismo, que quizás todo habría sido un camino largo hasta su feliz meta. Pensar, pero, cuando su mente estaba en su contra resultaba confuso. La sospecha en contra de la necesidad tenía poco que hacer. El ensangrentado se levantó finalmente del ensueño, y caminó, aferrándose a la manta manchada de vida y tierra hasta la posición de la animal. Su cara, que no había aprendido las expresiones por su carácter inhumanamente etéreo, como una estatua deliberadamente esculpida, solo lloraba con los ojos sin blanco alguno, solo negros, uno con tonos cálidos y otro con fríos, pero con un fondo negro como la noche, donde la pupila era indistinguible, dos espejos que no juzgaban a la animal, no le importaba haberla visto transformada, no le daría miedo ni tendría reparos en la cercanía. Él, de todos los humanos, tenía la posibilidad de pasarlo todo por alto si alguien le otorgaba tal oportunidad.

Frente a la híbrida, aquella figura dispondría su única mano, mirándola con fijación, esperando a la respuesta de ella; el camino de la obediencia lo conocían ambos. — ¿Yo... puedo servir? ¿Me quiere a mí? — Pregunta a la que cualquier ente pensante respondería con facilidad se le había formulado a alguien fuera de la humanidad, de sus deseos e instintos. Aquel que era prácticamente otra marioneta, lanzando sus propios hilos como una pesca sin cebo ahora los arrojaba encima de un tiburón. Aquella actitud era raramente correspondida por más que otros humanos, cosa que el chico no tuvo en cuenta, pero que condicionaba por completo la respuesta. La depredadora, podía pasar, llegaría incluso a convertir a un predispuesto esclavo de incalculable potencial en un fugitivo. Aquella acción con la lanza resumía demasiado las verdaderas aptitudes. La pieza delante de la cazadora, en una bandeja de plata, era suculenta. Demasiado para ojos no-bestiales. Ojos que habían terminado colándose por dentro de aquel callejón. Eran pocas aquellas personas, cinco en un vistazo fugaz, quizás una más o una menos. A distancia, pero impidiendo el paso, se fijaban en las dos figuras esclavas delante de ellas. Las voces no retronaban sino que se susurraban en la intimidad propia de tan angosto espacio.

"Esa de ahí es...", "¿No son esclavos de..?", "¿Qué hacen aquí?" Alguno de ellos había acudido por curiosidad, otra por lo oportunista de aquella clase de sitios. Conocían al parecer al dueño de aquella bestia humanoide, probablemente confundían al marionetista con alguien también de su posesión. No agresivos, pero tampoco dispuestos a pasar por alto algo que ocurría rara vez, y que dada la situación de todo el mundo en aquella ciudad, podía significar un puñado de monedas en sus manos. Preocupaciones mundanas mientras el de ojos dispares estaba viendo una realidad bien distinta. Querían, una vez más, apartarle la oportunidad, dos veces en un tiempo tan corto. Los dedos de Magiwa se tensaron, y en un solo segundo, aquellos hilos imperceptibles se alargaron hacia todos lados, encontrando diez de aquellas armas arrojadizas, cuatro de ellas arrancadas del torso inherte tras ellos. Las estrellas de metal volaron, rodando sobre si mismas como quásares rompiendo las leyes de todo al flotar en formación, a un metro de los dos esclavos como una pared inexpugnable. — No os la vais a llevar... — advirtió. A partes desiguales, algunos retrocedieron, otros sacaron un cuchillo u armas sencillas estando a siete metros de aquellas cuchillas. ”¿Qué crees que haces, esclavo?” preguntaba uno de ellos, una frase sutil como el viento o el movimiento del dedo anular que disparó una de las armas, con tal precisión que se incrustó en los dos ojos, con sus dos puntas, cortando superficialmente el puente de la nariz y produciendo un gutural grito.






Techniques
06 of Gennin;
06;08 — Kugutsu no jutsu; 傀儡の術, lit. 'Puppet technique'.
Es la habilidad única de los miembros de éste clan. Gracias a ella pueden emitir una fina corriente de chakra, en forma de hilo, con la cual manejar las marionetas a su antojo. Los recién iniciados en el control de ésta técnica necesitan de una mano completa para manejar una marioneta mediana o de al menos tres dedos para manejar una marioneta pequeña. Los hilos pueden extenderse hasta los diez metros en cualquier dirección y pueden o no ser visibles a simple vista, dependiendo esto último de si el usuario así lo desea o no. Estos hilos pueden ser cortados como cuerdas normales, pero sólo por técnicas de kenjutsu del mismo rango o superior. Sólo cuenta como un jutsu cuando se activa la primera vez, pudiendo activar ésta técnica y otras dos en ese mismo turno -aunque no resta un jutsu a utilizar de los que tenga el usuario- y luego puede ser mantenido por tantos turnos como resistencia tenga el usuario -10 de resistencia = 10 turnos mantenido, por ejemplo-.

Inventory
Shuriken. x10.

No playable characters
#85973c; Slavemaster.





08
Ninjutsu.

01
Genjutsu.

01
Taijutsu.

01
Strength.

03
Speed.

06
Resistance.




Magiwa
avatar


Volver arriba Ir abajo

Re: Headless; priv. — Magiwa & Umeoshi

Mensaje por Umeoshi el Sáb Ago 04, 2018 12:26 pm






headless;

Land of wind — Dark Alley — Suido Town






Un pueblo de esclavistas nunca podría ser un buen lugar para vivir para aquellos que dependían de otras personas. Diferente a lo que pudiese pensarse, Umeoshi requería de un maestro, mas no de un dueño de su voluntad. Sus actos correspondían a una respuesta a la voluntad de otros, pero no por ello entregaba su ser estos; solo la carcasa respondería, actuaría y serviría.

Y eso era algo que, en donde los esclavos no tenían voz y los esclavistas tenían la potestad de ser dueños de las vidas de otros, no tenía cabida. Los gritos angustiosos del ahora herido desconocido solo atraerían más atención a las dos figuras qué, tal la situación podría interpretarse como malinterpretarse, resultarían en peligrosas y amenazantes dadas sus peculiares habilidades.

Pero para la mitad pájaro, en su reducida pero coherente comprensión, solo importaban dos cosas: su maestro, aquel a quien servía y debía volver para informar de lo sucedido por uno de los muchos esclavistas no-admitidos de la ciudad, y presentar la nueva herramienta que había defendido en el mismo callejón.

Él encontraría una utilidad; ahora, viendo solo la espalda de el mismo, sus ojos podían vislumbrar que parecía tener una conexión con lo que flotaba al frente de ellos y el muchacho humano. Parpadeando, almacenaría la información, pero ahora, avanzaría hasta colocarse a un lado del mismo unos centímetros solo por detrás, y apoyaría la cabeza en el hombro de este, con un pequeño ruido en sus cuerdas vocales.

«Tranquilízate» quería decir, pero había llegado a la conclusión que, como todos los animales, era más fácil emitir los ruidos subarmónicos que, si bien no todos los humanos podrían comprender de no ser estudiosos de los animales, tenían el efecto pasivo de cualquiera perteneciente al reino animal reconocería.

Ahora, venía el problema principal de todos modos; mayor al alterado joven, los otros mercenarios contratados por el dueño del pueblo y los pocos mercaderes en contra de las políticas libero-esclavistas del país que se acumulaban en la urbe que las permitía habían presenciado un asesinato en todas las de la ley. Solo los mercenarios de Suido reconocerían a la híbrida, tomando carta blanca en desaparecer del área conocida la errática violencia de la mitad-pájaro y su parcial inmunidad.

Todos los demás solo veían a dos esclavos amotinándose, con extrañas habilidades que les volvían demasiado peligrosos para la molestia que resultaría reducirlos. Eran una pequeña minoría, en comparación al cerco que se estaba cada vez disolviendo de los contratados por el maestro, pero no por ello menos amenazante; algunos empezaban a desenfundar los sables, mientras que otros hacían un gesto de recelo, no demasiado entusiasmados en involucrarse de no ser una amenaza más inmediata hacia ellos. Pero eran esclavos, y tenían que ser puestos en su lugar para no dar pie a una revuelta más grande de los suyos propios, o eso pensaban, motivados por la chispa del control y la soberbia.

¡Mátenlos como castigo! —fue el grito de uno de los mercaderes; rechoncho y adinerado, escondido por detrás del grupo. La agresividad empezaba a exacerbarse entre ellos, siendo como hierba seca que se prendía a la mínima.

La mayoría de respuestas fueron gruñidos conformes o reclamos de su sangre. Nadie ayudaba; Umeoshi no era bienvenida entre los otros mercenarios, después de todo. Estaban solos, en un callejón, con única salida tras ellos.

Y la sangre de la híbrida saltó en el momento en que les fuera arrojada un disparo de una flecha; la ubicación era inexacta, pero no del tumulto; por encima, se darían cuenta fácilmente. Se clavaría en la espalda de la híbrida, justo por encima del omoplato, haciéndole soltar un gruñido de dolor y liberando el espasmo de energía en su cuerpo.

Su cuerpo empezó a convulsionar; ella, caer al suelo entre gruñidos y alaridos de dolor. El miedo, ira, rabia y dolor en un crescendo ominoso que acallaba los gritos azuzadores de los que ahora se acercaban a ellos, alentados por las muestras de dolor y lo que parecía una rápida reducción de uno de los esclavos a un amasijo retorciéndose.

Al menos, hasta que el cuerpo de la mujer empezó a visiblemente convulsionar y mutar. El sonido de los huesos romperse y la carne rasgarse; el cuerpo convulso y ahora deforme se retorcía, al mismo tiempo que aquello que había sido un simple plumón empezaba a crecer hasta formar largas plumas en todo su cuerpo, en especial los brazos que perdían su forma volviéndose una extraña mezcla de ala y anatomía humana al perder la articulación del codo, rompiendo en su muñeca la carne para crecer ahí la articulación pedida, con un nuevo hueso que no estaba antes ahí dejando paso a una nueva extremidad que recordaba a un grotesco murciélago. El chasquido en las manos alertó de algo: donde antes había cinco dedos, la carne de dos de ellos empezó a unirse a las restantes tres falanges; las uñas, extendiéndose, adoptando la forma de garras. El rostro empezó a retorcerse, al mismo tiempo que la piel de la boca caía al suelo y de la misma carne viva, emergía un pico rapaz sustituyendo lo que antes era un rostro humanoide. Las piernas, por otra parte, empezaron a perder parte de su masa, la cual se desplazaba hacia las nuevas creaciones de los brazos; casi quedando en el hueso, aquello que era simple piel se fortalecía, recordando a las patas de las aves rapaces, así como sus pies perdiendo y desplazando uno de los dedos hasta quedar como un completo símil de las garras de un rapaz.

Los quejidos lentamente fueron acallándose, dándose entonces cuenta de que alrededor los ruidos habían quedado mortalmente silenciosos; había sangre, mucha sangre alrededor de la dolorosa transformación que había sufrido la mujer. En el suelo, los restos de piel, músculo y hueso, entremezcladas con el plumón viejo.

El híbrido, levantó la cabeza; era grande, más grande que antes, en su otra transformación. Observó donde veía a la muchedumbre; varias siluetas que exudaban miedo y agitación, violencia.

Con un alarido cargado de anticipación; la ahora mitad rapaz se lanzó contra uno de las paredes; las garras se adherían a las imperfecciones de la piedra sin apenas mucho problema, pero sin retenerse ahí, saltaría de nuevo a la misma muchedumbre sin apenas pararse a pensar o racionalizar.

La mayoría se apartaron. El único que no sería lo suficientemente rápido, el mismo mercader gordo y ahora pálido, paralizado por el miedo, descubrió un rápido final a su vida: el monstruo planearía hacia él y, con las mismas garras que ahora tenían forma animal, se hundieron en los hombros del mismo atravesando la piel como un cuchillo a la mantequilla. Sin preámbulos, el grito que soltaría intentando sacarse al animal terminaría en un gorgoreo ahogado por la sangre; Umeoshi, en el frenesí de un depredador, atacaría al cuello reiteradas veces con su mismo pico al desnudo, rasgando la piel sin parar una y otra vez. No pararía hasta llegar al hueso, escarbando entre chillidos agudos.

Transformando eso en el inicio de una carnicería si no se tomaba el control de nuevo de alguna manera.








Techiques.
07 of Gennin;

Passive: Kemono o tokihanatsu: Zero (獣を解き放つ, ‘Unleash the beast: Zero’)
Requiere de 3 segundos sufriendo la transformación, dejando al usuario incapacitado durante tal período de tiempo. Cuando el individuo decide dar paso a su mutación al completo, cualquier técnica/efecto anterior a esto quedará anulado de golpe, dejándolo también incapaz de hacer uso de estas a no ser que sean de su propia UH.

Llegando a tal estado, la persona empieza a ceder a su instinto animal y sufre una metamorfosis anatómica, adaptándose al del animal absorbido: de tratarse de un herbívoro, más huidizo y más tranquilo, evitará pelear en lo más posible a no ser que esté acorralado/a punto de morir o ser dañado; de ser un carnívoro o omnívoro, la agresividad y actitud predatoria tomarán el control, volviéndolo violento y susceptible a saltar al ataque ante cualquier visión de amenaza o peligro. Pierde la capacidad de estrategia propia de los humanos, y se torna errático, bestial, e instintivo con una rapidez asombrosa. Pierde también, el reconocimiento de amigos/enemigos, agrupándolos únicamente en si muestran comportamiento hostil o no. Solo podrá distinguir a la persona a quien el individuo tenga la mayor lealtad en la actualidad, reconociéndolo como su ‘amo’ (así haría un perro leal). Puede hablar, aun así, oraciones básicas y mal pronunciadas, con problemas para ser entendibles debido a el ligero cambio en las cuerdas vocales.

Con ello, el individuo puede comunicarse con aquellos animales que sean de la misma especie que el absorbido, exclusivamente. La idiosincrasia con estos, será diferente, siendo más parecido en olor y percepción a ellos, que a un humano. Esto no quiere decir, que se obtenga información o datos estratégicos de manera gratuita; son animales, no invocaciones, por lo que su conversación no podrá superar, en esencia, a lo que un niño de 5 años respondería.

El usuario podrá cambiar de clase, haciendo uso de su biblioteca interna de ADN residual, pasando cada vez por el mismo tiempo de transformación. Dependiendo de su clase, no obstante, obtendrá diferentes aumentos en su anatomía:

Aves: los labios se endurecen y tienden a una ligera curva, que recuerda a un pico. Los dientes se achican y se tornan serrados, poco aptos para la ingesta de alimentos grandes. El vello de la piel da paso a plumón suave, creciendo más en algunas zonas hasta recubrir copiosamente torso, brazos y piernas para mayor aerodinamismo. Las piernas se endurecen y garras curvas, finas, aparecen. La sensación del tacto es menor, así como el olfato. Incremento del sentido de la vista, siendo la precisión mayor.

Gana: +2 en Velocidad (mientras la pasiva esté activa). Es, sin embargo, débil ante el Suiton o tener el plumaje mojado, dejando el incremento a +1 si queda humedecido por un impacto de una técnica así.

Nombre: Kemono o tokihanatsu: Saisho (獣を解き最初, ‘Unleash the beast: First’)
Tipo: Ninjutsu.
Sellos: 0.
Descripción:
Requiere de una transformación, que incapacita al usuario durante cinco segundos mientras el cambio sucede. Mayor mutación que el individuo es capaz de hacer llegada a estas alturas, paso siguiente de Zero. Pierde toda noción de reconocimiento, incluido su amo, así como su nivel de agresividad será mayor a la docilidad (de tratarse de un herbívoro). La persona sufre un incremento de su masa corporal y, en base a la ruptura y reestructura de su propio organismo, llega a los 2m de altura. Sus capacidades físicas aumentan, y su sensibilidad al instinto animal es total.  Físicamente, se parece al animal en concreto que le otorgó las características, más ninguna particularidad elemental o habilidad añadida que este pueda tener. Solo podrá usar la clase que haya absorbido en último lugar.
El individuo no tendrá, llegado a este punto, la capacidad de comunicarse con los demás más allá de los sonidos de su correspondiente animal. Los rasgos animales se acentúan en todo su cuerpo, cubriéndolo superficialmente en un aspecto humanoide bestial, sufriendo cambios físicos según la clase del animal:

Aves: su plumaje crece hasta adquirir plumas de entre 30cm y 1m en los brazos, los cuales también cambian su anatomía hasta parecerse más a una mezcla de ave y mamífero, con solo tres dedos con garras curvas donde estaría el pliegue del ala (ref. Archeophetryx o murciélago). Los labios adoptan una forma de pico rapaz, así como sus piernas encojen y pierden musculatura, pero quedando solidas en piel. Sus pies adoptan cuatro únicos dedos (como un ave), con fuerza de agarre mayor a un humano. No puede volar, pero sí planear y ayudarse de sus garras para escalar. Su peso disminuye, siendo especialmente sensible a técnicas Futon, y débil ante el Doton.

Gana temporalmente: +2 en Velocidad durante tres turnos, a cambio de un -2 en Resistencia | Al perder efecto, sufrirá un adicional -2 de Velocidad.


03
Ninjutsu.

01
Genjutsu.

01
Taijutsu.

04
Strength.

03 + 2 + 2
Speed.

08
Resistance.




Umeoshi
avatar


Volver arriba Ir abajo

Re: Headless; priv. — Magiwa & Umeoshi

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.