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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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[Entrenamiento] The man who will surpass God.

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[Entrenamiento] The man who will surpass God.

Mensaje por Reitō el Lun Mar 19, 2018 2:34 am


The man who will surpass God
Entrenamiento · País del Fuego ·Reito · Genin
El comienzo del viaje

Música ambiental:
Habían pasado varios años desde que abandoné mi clan, de que renuncié a la única familia y que estaba vagando, completamente sólo, por el mundo. En mi viaje, me topé con multitud de personas que, a pesar de haber significado algo en mi vida, tuve que abandonar porque sólo estaba de paso. No tenía un lugar dónde asentarme, eso no era para mi. Actualmente, el único propósito de mi vida era buscar mi lugar en el mundo, que parecía muy distante. En mi viaje, acabé llegando al País del Fuego, sin siquiera conocer casi nada acerca de los feudos o del propio país. Sólo conocía las historias que me habían comentado los viajeros en las múltiples tabernas que se topaban en mi camino: el País del Fuego, en su mayoría, es llano, excepto por algunos sectores al norte donde se extienden algunos valles. Las llanuras están cubiertas por cuatro tipos de bosques: Bosques tropicales, húmedos y frondosos, casi impenetrables, los cuales pueden ser  encontrados al centro-noroeste del país; bosques templados al centro y sur del país, donde altos árboles se erigen; llanuras de matorrales y escasos árboles al noreste, donde el suelo comienza a hacerse pedregoso; y finalmente palmares y diversos árboles de mediana altura en las costas. La capital, Asahi no Sato, tenía como característica principal una serie de canales que la atravesaban, con puentes para viajar entre ellos. También me enteré ligeramente de la situación política del país: Consta de tres feudos, enfrentados entre sí. En primer lugar, Fenikkusu no kakushitsu, feudo cobarde que para evitar conflictos se refugia de puertas para adentro permitiendo al resto hacer cualquier cosa con tal de que no intenten atacarles, amantes del dinero y con el castillo de Sakamura como edificio emblemático; Kakkinoaru’en, el feudo dominante de la mayoría del terreno, comandado por una experta general cuyo mayor interés es el aspecto bélico; y finalmente Hinoarashi, feudo cuyo joven señor intenta desesperadamente derrocar a Kakkinoaru’en, sin mucho éxito debido a la inexperiencia de su líder.

Aquí estaba yo, pasando la frontera del país y adentrándome en sus tierras. No tenía ni idea del feudo en el que estaba actualmente, pero no me preocupaba. Yo he venido a pasar inadvertido trabajando desde las sombras, no a inmiscuirme  en guerras políticas. Transitaba por una carretera de tierra, por la que iban y venían numerosos viajeros, siendo abundantes los mercaderes que, con sus mulas de carga, viajaban hacia otros países a hacer negocios. Yo portaba un traje marcial gris y sin mangas, de tela, con unos pantalones del mismo tono, blancas vendas en ambos brazos y unas sandalias típicas japonesas. La gente, al pasar por mi lado, se quedaba durante unos instantes mirando el enorme tatuaje en forma de estrella que yacía en mi hombro, símbolo de mi pasado, con una enorme cicatriz en medio. -No serán tan comunes por aquí, supongo.- Ciertamente, por los países que viajaba, no eran muy comunes entre aldeanos, ya sí entre algunos clanes de los países que los utilizaban como símbolos de pertenencia al mismo. No le di más importancia, y poniéndome los brazos tras el hombro, miré al cielo mientras proseguía mi camino sin rumbo. El cielo estaba despejado, azul como el mar, y el sol pegaba con fuerza. Si bien era cierto que la temperatura rondaría los veintitrés grados, una suave brisa acariciaba la zona, refrescándola.

En mi camino, topé con una aldea muy pequeña, que contaba con cinco o seis cabañas de madera y una taberna en el centro. -Me vendrá bien un trago, hace bastante que no paro a descansar.- Me adentré en el centro de la pequeña aldea y se notaba que era de tránsito: a pesar de la poca cantidad de cabañas, habían varios puestos de mercaderes en la calle, vendiendo sus productos a los viajeros que estaban de paso por la zona. Sin hacerle demasiado caso, entré en la taberna. Oscura, simplemente estaba adornada por una barra en el centro, con una camarera tras ella, una pequeña cocina con un señor anciano y un par de mesas bajas japonesas con sus respectivos cojines. A pesar de eso, estaba bastante llena de viajeros que habían parado a echar un trago, discutiendo y generando un elevado bullicio. Vislumbré un asiento libre en la barra, por lo que me aproximé hacia él y me senté. -¿Qué va a tomar?- Durante un instante, me quedé anonadado por su particular belleza. La joven, que no superaría los 23 años, tenía una piel suave, blanca y tersa, adornada por un largo cabello azabache que era rematado por unos profundos ojos pardos. Tras ese instante, respondí antes de que la situación se volviera incómoda, acompañado por la inocente sonrisa de la chica. --Sírvame su mejor sake.- La joven simplemente asintió con la cabeza y , sin perder la inocente mueca que portaba, se apresuró a servírmelo. En lo que lo hacía, me puse a mirar a mi alrededor. Había gente con rasgos muy distintos, me pareció incluso ver a algún que otro occidental, algo bastante extraño por la zona. Tras unos segundos, la joven me colocó la bebida frente a mi, en la barra, y  se apresuró a tomar el resto de comandas. Comencé a beber, reflexionando sobre qué debería hacer, hasta que llegué a la conclusión de que lo mejor era tratar de asentarme un tiempo en la zona. Podría buscar trabajo por aquí y, quién sabe, tal vez encontraría mi lugar en el mundo. -Cada vez quedan menos candidatos…-- Suspiré y, justo cuando iba a dar el último trago a la bebida, me di cuenta de que la joven se estaba despidiendo del anciano de la cocina. -Me voy, padre. Debo ir a ver cómo se encuentra madre, y llevarle algo de comer.- Tras eso y la aprobación de su padre, se retiró del local. Cerré los ojos y seguí a lo mío, hasta que un grito de mujer interrumpió mi calma. Todos en el local nos quedamos en shock, mirando hacia la puerta, hasta que tras unos segundos oímos un grito. -¡Hija!. -
Música ambiental:
Me levanté rápidamente y corrí hacia la puerta, donde vislumbré a un hombre de unos dos metros bastante curpulendo huyendo con la joven a cuestas. Salí corriendo detrás de él, pero al salir del poblado, cuatro compinches del ladrón me retuvieron. No iban armados, y estaban vestidos con harapos. -Desiste, chaval. Danos todo lo que llevas y te dejaremos ir.- Justo cuando acabaron de decirlo, salí rápidamente hacia dos de ellos, que estaban juntos y, antes de que pudieran reaccionar, noqueé a uno de un derechazo en la mandíbula y, girando sobre mi mismo con el pie derecho, tumbé al otro con el dorso del izquierdo. Los otros dos se abalanzaron rápidamente a por mi, por lo que di un rápido salto hacia atrás, alejándome de ellos un par de metros en cuestión de dos segundos. Se quedaron mirándome, atónitos, mientras yo adoptaba una postura de ataque: adelanté mi brazo derecho, extendido y acompañado por la pierna del mismo lado, mientras que ocultaba tras mi espalda mi brazo izquierdo. -No tengo tiempo para esto. - Salí corriendo hacia ellos, y, superándoles en velocidad de forma pasmosa, me aproximé a atacar a uno de ellos. A pesar de la diferencia de velocidad, fue lo bastante rápido como para intentar alcanzarme con un derechazo, el cual esquivé girando sobre mi mismo nuevamente empleando mi pie derecho y, con el izquierdo, comencé a concentrar chakra en el pie y acompañé el giro de tal forma en la que intenté barrer al oponente, flexionando las rodillas. Ante esto, saltó y aproveché mi velocidad para pararme y a continuación saltar para continuar el giro y terminarlo en una segunda patada giratoria hacia el oponente. -¡Konoha Shofu!-  Impacté con la pierna derecha en la mandíbula del contrario, desencajándosela y cayendo al suelo desplomado. Me paré, y sin tiempo para descansar, el último se abalanzó como un puma hacia mi por la espalda. Me di la vuelta rápidamente y, cuando vi que me iba a lanzar un puñetazo, empleé mi conocimiento en Taijutsu para bloquear su golpe con el dorso de mi mano derecha. -¡Hangeki!- Contraataqué con un zurdazo en su nariz, partiéndosela y dejándole retorciéndose de dolor en el suelo.

Cuando cayó, rápidamente recuperé mi aliento y, sin tiempo que perder, salí corriendo lo rápido que pude por el camino, hasta vislumbrar a lo lejos al secuestrador, que entró en un bosque. Comencé a  perseguirle, era bastante más rápido que él y no tardé demasiado en llegar a la entrada del bosque. Rápidamente, apliqué chakra en la suela de mis pies y empecé a trepar un árbol, y moviéndome en ellos, comencé rápidamente a moverme hasta percatarme de que, en un claro del bosque, estaba el secuestrador con la joven muchacha.  La había atado a un árbol detrás de él, y miraba hacia el frente esperando encontrarse conmigo. Avancé hasta posarme en un árbol que estaba justo a su derecha y, aprovechando el factor sorpresa, me lancé a por él impulsándome en el tronco del árbol, con la intención de darle un derechazo. Para mi sorpresa, este era bastante más habilidoso que sus compañeros, por lo que se percató y saltó hacia atrás para esquivarme, a la par que me dio una rápida patada en las costillas que me desplazó varios metros rodando. Rápidamente, omití el dolor y de un salto me coloqué frente a él, observando como desenvainaba una Chokuto bastante oxidada. -Este va a ser duro…Debo ir duro desde el principio.- Crucé mis dos brazos ante la atenta mirada del enemigo, en guardia, cuando comenzó a fluir chakra de mi cuerpo. Debido a esta presión, mi pelo comenzó a moverse por la corriente generada, al igual que la hierba de mi alrededor lo acompañaba. Kaimon, abierta!-
Música ambiental:
Grité a la par que estiraba mis brazos hacia abajo, abriendo la primera puerta de chakra de mi cuerpo. Tras ello, mi piel se puso rojiza y se me empezaron a marcar las venas de mi cuerpo, mientras mi pelo se movía hacia arriba debido a la enorme cantidad de chakra que se liberó y a la presión que ésta generaba. La joven, asustada a la par que sorprendida, no me quitaba ojo de encima, mientras que el bandido me observaba expectante.
Con una velocidad endemoniada, desaparecí de la vista del adversario utilizando el Shunshin no jutsu, dejando el suelo tras de mi, debido a la presión, agrietado. Cuando el enemigo se quiso dar cuenta, yo ya estaba a su derecha  preparado para atacarle. Sin poder reaccionar mi contrario, le lancé un potente rodillazo a la mandíbula mientras él se giraba para hacerme frente, elevándolo en el aire. Salté detrás de él aprovechando la fuerza que me confería la apertura de la primera puerta y, aún aturdido por el golpe, no pudo defenderse de lo que venía a continuación:  debido a la fuerza con la que salté, no tardé en estar debajo suya, por lo que en el aire empleé mi brazo derecho para girarle y colocarme encima suya. Cuando estuvimos apunto de tocar el suelo, me apoyé en su cuerpo y giré sobre mi mismo para, justo en el momento del impacto de su espalda con la tierra, propinarle una potente patada con el talón en el estómago, lo cual le hizo escupir sangre y quedar inconsciente por el golpe.

Tras ello, entre jadeos, quedé tumbado al lado del secuestrador que yacía inmóvil a mi lado, y desactivé la puerta. Tras ello, un cansancio moderado invadió mi cuerpo, por lo que comencé a sudar más y a jadear con una mayor frecuencia. Tras unos diez segundos de reposo, la voz de la joven me sacó de mi descanso. -¿Estás bien? Ha sido increíble…- La miré, desde el suelo, aún recuperando mi aliento. La joven estaba sentada, atada por una cuerda al tronco de un árbol, mirándome con ojos de preocupación. Le sonreí levemente, mientras me levantaba de forma pesada debido al cansancio de los combates. -Sí, no te preocupes.- Me incorporé del todo y me acerqué a la joven andando, hasta pararme frente a ella. -Espera, déjame desatarte…- Me puse de cuclillas frente a ella y saqué un kunai de mi faltriquera, con el cual, corté las cuerdas que la ataban. Al hacerlo, me pegué bastante a ella, por lo que pude captar un aroma a flores que la muchacha desprendía. Era un olor bastante agradable, reconfortante. Cuando corté la cuerda, me separé un poco de ella pero sin incorporarme, quedándome mirándola mientras ella se miraba y palpaba las muñecas, con marcas de las sogas. Me miró y sus ojos empezaron a ponerse llorosos, y al instante, me dio un abrazo. -Muchas gracias…no sabes el miedo que he pasado…- Dijo entre sollozos. Impactado, tardé un segundo en comprender la situación y devolverle el abrazo, acariciando el pelo de la muchacha suavamente para que se calmara. -Ya pasó todo, todo está bien.-

Tras unos segundos de abrazo, cuando la joven ya estuvo más calmada, nos separamos. -¿Mejor?-  La chica asintió, secándose las lágrimas, y ambos nos incorporamos. Le pregunté si le habían hecho daño, y la chica negó con la cabeza. -Deberíamos volver con tu padre. Estará preocupado.- -Sí, tienes razón. Pongámonos en camino.- Comenzamos a andar, saliendo del bosque, uno al lado del otro. Íbamos a paso calmado, pues yo aún notaba el cansancio de la batalla en mi cuerpo, por lo que aprovechamos para empezar a entablar conversación. -¿Cuál es tu nombre?- La chica me miró. Por un momento, dudé en si decirle mi nombre real, pero decidí que lo mejor era que no. No quería que la muchacha se inmiscuyera en temas de mi clan, puede que me estuvieran buscando, por lo que lo mejor era decirle un seudónimo bastante usual en mi. -Tsuki.- Contesté, mirando al frente a la par que colocaba mis brazos tras mi nuca mientras andaba. La chica se sorprendió al escuchar el nombre, no era uno común. Vaya, qué nombre más extraño. Me gusta. Rió, para luego, continuar. Yo soy Chio, encantada. Me sonrió, y la conversación continuó con temas triviales. Tras más o menos la mitad de trayecto, la conversación había acabado en un incómodo silencio, hasta que se me ocurrió romperlo con una pregunta que resultaba bastante importante, pero con la mundanidad de la conversación que estábamos manteniendo no se me ocurrió plantear. ¿Por qué te secuestraron? ¿Quiénes eran? Miré a la chica, y su rostro se tornó preocupado. Miró hacia el suelo mientras andábamos y llevó las manos a su pecho. -Bueno… mi madre está muy enferma, y el trabajo de mi padre no basta para comprar las medicinas que necesita. Por ello, hizo tratos con esta gente… son unos estafadores de poca-monta que nos proporcionaban las medicinas más baratas, a cambio de una cierta cantidad de dinero, bastante inferior a la que nos pedían habitualmente los médicos. Pero cada vez iban subiendo más y más sus exigencias, hasta que hace un par de días, mi padre les plantó cara y les dijo que no les iba a dar un ryu más. Dijeron que se vengarían y, bueno… supongo que esta sería su venganza.- La historia me afectó. Esta gente estaba pasando por un mal momento.  -Bueno, no creo que os molesten más. Les he dado una buena lección a él y sus amigos. Y…espero de corazón que tu madre se recupere. Sé lo que duele perder a un ser querido. Contesté, y justo cuando acabé, se empezó a vislumbrar el pueblo. Ya habíamos llegado.

Cuando llegamos a la entrada, nos encontramos con el padre de la joven armado con un cuchillo de cocina, dispuesto a salir en busca de la muchacha. Cuando nos vio, tiró el cuchillo al suelo y ambos, entre lágrimas, fueron corriendo a mezclarse en un abrazo. Los observé, sonriente, consciente de que mis actos habían valido la pena. Tras unos minutos, el anciano se dirigió a mi directamente, dispuesto a pagarme todo lo que habían ganado hoy por las molestias. Yo me negué con la cabeza y rechacé el dinero, alegando que era mejor que ese dinero lo emplearan en las medicinas de su mujer, que los necesitaría de verdad. -Bueno… es hora de que me vaya.- -¡No! Quédate un día aunque sea, todo correrá de nuestra cuenta. Agradecí el ofrecimiento, sonriente, pero tenía que irme. La muchacha se resignó y comencé a alejarme por el camino por el que habíamos venido. La chica comenzó a despedirse con la mano, observando cómo me alejaba. -¡Adiós, Tsuki! ¡Gracias por todo!- Mientras me alejaba, la miré y me despedí con un movimiento de mano. -¡Adiós, Chio! Recuerdame, ¡pues soy el hombre que superará a Dios!-

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