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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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El Guardián de la Llave [B]

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El Guardián de la Llave [B]

Mensaje por Mikael. el Lun Abr 02, 2018 2:48 am



キ介護者

Kī no Kaigo

L
os altos picos rasgando la fina franja entre el suelo y las estrellas. Un viento que soplaba furioso desde el oeste, azotando los desolados páramos de piedra y gravilla, sin dar tregua a los dominios aledaños a la Tierra. Pocas eran las alimañas que recorrían esos caminos largamente abandonados, pero ninguno se salvaba de los ojos sedientos siempre al acecho. Truenos que martilleaban aquellos frágiles techos, las centellas que bañaban los profundos vacíos entre las montañas. Aquellos relámpagos se manifestaban con un temporal que obligaba a cualquier trauseunte a estar arrebujado en alguna gruesa manta, protegiéndose del frío con el ardor de una fogata, pero, como siempre, habría algún temerario que cruzara aquellos solitarios lares a la intemperie.

La difusa silueta se ocultaba tras el velo de una cortina de polvo arrastrado por la brisa arreciada, caminando sin detenerse, con lentitud, pero concienzudamente. Parecía venir desde lejos, llevando consigo una capa tan vieja y rojiza, remendada y desgastada, que daba la impresión de ser un vagabundo entre aquella tempestad de cielos plomizos.

No había ninguna razón locuaz para llevar estar allí con aquella prenda encima, pero, quien viese con más ahínco, hallaría una mano aferrada desde el borde de aquella sucia indumentaria, tal y cómo si la vida se le fuera a ir en ello. Pero su rostro sólo se dejaba exhibir hasta la nariz, cuyas sombras cubrían los claros ojos por un sombrero de bambú roto; era un nómada más, un errante que se aventuraba en los senderos más alejados de cualquier poblado. ¿Qué hacía allí? Era una pregunta sensata. - Lo siento, pero esto debo hacerlo solo. - Un vago recuerdo cruzó de lo que hacía unos días aconteció.

Con un camino que ya podía recorrer solo, con un destino sin dependencia de ningún guía, esa vez el forastero andaría sobre sus propios pasos y a su ritmo. Y lo mejor, según él, sin quién con el cual podría poner en peligro su integridad. Pues era claro, no deseaba ningún mal para nadie más. Ese objetivo, sin la inquietud de arriesgar a aquella muchacha, estaba determinado a cumplirlo; y ahora, no teniendo ningún motivo de seguir a su lado, el pelirrojo iba recorriendo sus propios intereses. Pero algo ocurría, algo picaba en su mente como una inquietud que le hacía estar inconforme persistentemente. Ah, sí, inevitable era el no sentir cierto desazón al estar lejos de y con quien pudo compartir una pequeña fracción de su vida, abrirse un poco, incluso llegando a percibir cierta empatía por una personificación de la naturaleza misma.

Hacía tiempo, sí, de no experimentar una sensación similar.

Algo, en lo más hondo de aquel, evocaba una silueta difusa de largas hebras doradas y ojos celestinos. Y ahora era todo lo contrario, donde lo corto de un castaño y lo profundo de barro redondeado, yacía mostrándose en las imágenes más cercanas a su presente. Sin duda esa niña despertaba en él un espíritu por mucho tiempo dormido. Curioso. Rojo no deseaba tal sensación de fraternidad, y por ello, con una cobardía tan impropia de su personalidad, desapareció a la siguiente mañana de aquel extraño ritual.

Y ahora era allí, explorador de unos parajes tan distantes, la naturaleza se imponía a todo lo que la vista esmeralda contemplaba. Una centella fracturó el cielo y el estrépito de su embate sacudió un risco. Esa luz parpadeó en la mirada del errante y poco después percibió un toque húmedo, suave y gélido, seguido de millones que rápidamente le empezaron a empapar. - Oh, no. Ahora no… - Su vista se echó hacia las nubes, elevando un poco el sombrero en el proceso. Sin duda, le desagradaba la lluvia y todos sus matices deprimentes. Pero, sin remedio, siguió su camino con clara resignación, evitando buscar el cobijo en alguna cueva cercana. No tenía tiempo qué perder, pues sabía, después de todo, que su presa no se detendría ante nada, así que él tampoco. - Esto no es sólo una misión, esto es más que un desafío.

Palabras que repetía con insistencia, un aliciente que motivaba su entereza, pero aquello fue prontamente roto cuando un grave crujido resonó por encima de su cabeza. Y lo vio. Un desplome de enormes rocas justo encima de su camino, en lo alto de un precipicio, hacia el desconocido y profundo abismo.

Mikael.
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Re: El Guardián de la Llave [B]

Mensaje por Ione el Lun Abr 02, 2018 2:14 pm

La vida de Ione parecía que iba por épocas. Un largo trayecto, años y años en este mundo buscando completar un objetivo intermitente, donde no parecía avanzar, pero después avanzaba a pasos agigantados y ahora, sin tener la mayor idea, sus pasos y su constante mover en busca de miembros de su legado, había llegado al país de la montaña. Singular por sus paisajes rocosos, sus altos, sus fallas, sus picos, y un sin fin de paisajes relacionados a un lugar montañoso. Sin nada que hacer, sin nada que buscar como tal, sin un hilo el que tirar, aburrido y algo angosto, deseaba algo, una emoción, una persona que lograra despertar su interés. Kagetane era el único Kaguya que encontró que valiese la pena y estaba por el otro lado del mundo buscando más integrantes, por lo que ahora, su único objetivo era ese, seguir buscando hasta toparse con más integrantes o encontrase aquellos ojos que también buscaba con algo de ansia. Vestido con una gran túnica negra que cubría sus ropas pero sin capucha, puesto que no era un criminal, y raramente conocido en otros países que no fuera en la nieve, no tenía miedo a mostrar su rostro. Andando por lo más bajo de una colina, entre dos grandes paredes que ni si quiera alcanzaba a ver lo alto de la cima, calmado, desahogado y con todas sus fuerzas a pleno uso.

En su caminar, noto el tronar en el cielo, y con ello, en una ligera lluvia que comenzaba a inundar el país bajo el llanto de su dios. Pero entonces algo alarmó al joven Ione. Un sonido diferente, un quebrar, un chasquido de un material. Este suceso hizo que el moreno alzara su rojiza mirada al cielo, no para observar el agua, puesto que la lluvia ahora era sólida y con ella, cimientos y escombros que caían en forma de alud para sepultar aquella falla. La visibilidad era baja, el entorno no era adecuado, pero la velocidad, tamaño y situación, estaban lejos de sorprender al moreno el cual, habilidoso, sencillo y cual felino, esquivo cada una de las rocas sin necesidad de tan si quiera despeinarse. Pero no fue eso lo que le llamó la atención, no fuere aquel natural desprendimiento altamente posible, si no el hecho de que no todo eran rocas y trozos de monte, si no que entre tanto, había algo de un material diferente, de color mas claro y el cual ahora yacía entre los susodichos escombros, ahogado, sin consciencia, absorto de la realidad, bajo un manto vacío. Se trataba de una persona, una persona de rasgos no comunes del país, no poseía una tez morena, y su roja cabellera semidescubierta por sus ropas hacía denotar de otra procedencia. - ¿Un extranjero? - preguntó al aire sin desear respuesta en lo que enfocaba su caminar ante la nueva presencia.

Caminó hasta estar frente al tumbado inconsciente. Miró al cielo para deducir a la altura que había caído. Volvió a mirar al joven. - ¿Esta muerto? - pensó. La caída era alta, demasiado alta. Una caída libre desde esa altura era la muerte directa. Era médico, por lo que nunca daba alguien por muerto por un simple vistazo. Se agachó, acarició el abdomen vestido del joven hasta llegar al pectoral mientras apretaba las yemas de sus dedos para sentir la musculatura del individuo con el fin de encontrar alguna lesión muscular. Nada, todo estaba correcto, huesos y músculos parecían intactos. Apretó la palma en el pecho, notando la capacidad muscular, por encima de la media de una persona corriente. Notó el latir del corazón, por lo que supo que estaba fuera de peligro. Puso su otra mano sobre la frente del joven, no tenía fiebre, no noto tampoco ninguna herida, bulto o por el contrario, agujero. El golpe había sido el mejor posible amortiguó todo el dolor, pero lo dejó inconsciente. Ione tomó al muchacho, primero debía de alejarlo un poco de la lluvia, lo puso tumbado con las piernas apoyadas en la pared natural de la falla formando una semi-cueva que los protegía de la lluvia que no cesaba. Era cuestión de tiempo que aquel chico despertase, y tenía curiosidad, y sobre todo tiempo, para perder.

Ione
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Re: El Guardián de la Llave [B]

Mensaje por Mikael. el Miér Abr 04, 2018 6:49 pm






¿Dónde estoy?



L
a lluvia repiqueteaba sobre los metales destrozados, discurriendo entre toda armadura y los cuerpos mutilados. Una tierra que se bañaba en sangre fétida, un suelo espeso de lágrimas que tapizaba los campos humeantes. La guerra y la peste, el hambre y la muerte. Y era allí, como un monumento erigido al terror más primitivo, que se elevaba un hacinamiento de cadáveres hacia lo más alto de un cielo sin estrellas, un tributo a lo macabro, coronado por el astro blanco cual gigante faro en aquella noche sempiterna.

La dantesca obra era maquillada por una voluntad que se alzaba con orgullo en la cima de un terrible sitial, compuesto entre pieles y huesos, alabada por las innumerables miradas insanas que brillaban con un fulgor siniestro. Pero era aquella mirada altiva, esmeralda e inhumana, que eclipsaba a todo aquel río de malévolos deseos con sus más retorcidos pensamientos.
Sólo eran fichas en aquel sinuoso juego.

Este mundo, al final, arderá.



Y lo vio.


Un grito ahogado sacudió el tronco superior que estrepitosamente se levantó. Un despertar angustioso que no evitó el lanzar de su dilatado mirar hacia unas manos temblorosas. Su piel exudaba frío entre sus poros, pálida cual espectro, y sobreacogida por la sensación tan nítida de aquella abominable pesadilla; una anomalía que lo venía persiguiendo desde hacía demasiado tiempo, semanas inclusive, perturbando sus sueños de la manera más sórdida e imprevisible. Y se preguntaba ¿por qué? Una vaga e insegura respuesta tenía para las causas de aquel malestar que lo arrastraba con cruda reserva.

No era algo físico, era algo más. E ignorante a lo que había alrededor, se palpó el costado para percibir aquel pequeño ardor sellado. Necesitaba de esa pastilla una vez más.

Sin embargo, antes de hacer nada, percibió una similitud con su desazón en el mundo real; estaba lloviendo, ligera y suavemente, como el rocío ante la tempestad. Un atardecer ocultado por el frívolo clima, grisáceo e indiferente a los mundanos que recorrían aquellos pedregosos páramos. Era cierto, momentos antes había estado al filo del abismo y caído hacia el mismo.

¿Qué ocurrió? - Una retórica, nada más, llevando su atención a la multitudinaria cantidad de escombros apilados entre las paredes de aquel desfiladero en el que se hallaban en dicho momento, y luego, echando un vistazo hacia el plomizo cielo, terminó entre sus ropas destrozadas; partes rasgadas, arrancadas, sucias de tierra o adornadas con hierba seca. No tenía el sombrero, se le habría perdido en el vuelo, cuando un flash le atravesó al hallarse a sí mismo evadiendo el peñazco que amenazó con aplastarlo, sin tener otra alternativa que lanzarse hacia la muerte para poder evitarlo.

Un dolor punzó en su cabeza y su palma cubrió parte de su frente y ojo derecho. Pero, en todo aquel pequeño lapso de tiempo desvariando, había descuidado la presencia que le acusaba con una curiosa mirada. Su cuerpo le alertó de tal desatino y, al mirar, su par de esmeraldas se encontraron con sendos rubíes encajados en negras esclerótica, reflejándose al instante un maligno aspecto que espantó fácilmente al rojizo forastero. - ¡¿Quién diablos eres tú?!

Y, en menos de un minuto, ya había tenido dos preinfartos.

El cuerpo del muchacho se levantó de un súbito salto cual gato asustado. No parecía estar especialmente herido por el enérgico movimiento que le alejó del peligro a unos cuantos metros, incluso pegándose a la pared del otro lado, con la lluvia empapándolo y el montón de sedimentos a un costado.

Era válida aquella precipitada reacción. Despertar en un sitio en apariencia solitario, y luego toparse con la pálida figura de un mirar manchado en carbón, sangre y misterio, era fácil de asociarla con un monstruo del averno, con un demonio, despertando su sentido supersticioso y actuar consecuente como lo haría cualquier otro sobreviviente. Afortunado, pero, era no haber actuado agresivamente. El joven se percató de pequeños detalles ensartados en la piel de aquel extraño, en su labio, en la oreja, cerca de los ojos y bajo las cejas. No había visto esas peculiaridades antes, por lo que, con cautela y profunda alerta, su mente inquieta despejó su curioso y ocurrente error a viva voz.

Sea que seas... ¡Te ordeno que te marches! Traigo agua bendita, y créeme, no tengo miedo de utilizarla.




Mikael.
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Re: El Guardián de la Llave [B]

Mensaje por Ione el Jue Abr 05, 2018 10:31 am


La respiración de aquel muchacho comenzaba a ser más rápida, sintoma de que estaba despertando y de que los nervios de no saber estaba florando en su ser, sería cuestión de pocos segundos, como mucho minutos, que aquel desconocido se sobresaltara al no entender que hacía en aquel lugar. ione había vivido muchas de aquellas situaciones dado su condición de cirujano. Calmado, brazos caídos y esperando aquella escena, el kaguya tan solo esperaba de pié con un aura frívola, carismática y bastante enigmática la presencia real de aquel pelirrojo que tenía ahora mismo una apariencia bastante lamentable dada las circustancias. Y así fue, los orbes se abrieron, mojados y empapados por el continuo rocío del cielo, y comenzaron a analizar su entorno, hasta que obviamente, se toparon con la presencia del Kaguya en el lugar.

La reacción no fue la pensada por el moreno, puesto que Ione pensaba que se le abalanzaría cual animal encerrado, mas en cierto modo, la reacción del sujeto, fue singular, cual animal, pero asustado, alejado, y amenazando al vivo sujeto con algo bastante burdo, prácticamente insultante al físico, raro, del joven pálido. ione tan solo dobló ligeramente su testa, puesto que su mente no barajaba la opción a tal pregunta ¿Un demonio? El golpe le había afectado, puesto que cierto era que se trataba de un ser peculiar, pero lejano a parecerse a un hombre del inframundo. Ione negó con la cabeza mientras encogía sus hombros. - Me llamo Ione. - dijo con un tono cordial, simple y bastante vago. Cansado de tener que presentarse, de encontrar siempre gente nueva y no tener aquello llamado rutina, el joven Ione lanzó un par de vendas, tela blanca seca y cubierta por una especie de papel. - Son vendas, te vendrán bien. Te has caído del cielo cual ángel muerto. - dijo para luego soltar una pequeña carcajada, irónicamente, el angel y el demonio, frente a frente, y siendo el segundo quien ayudaba al bueno.
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Re: El Guardián de la Llave [B]

Mensaje por Mikael. el Jue Abr 12, 2018 9:51 pm





S
upersticioso y confuso, la risible amenaza fue sucedida por una respuesta llana, natural y sencilla, compaginando con la afable expresión del extraño. Aquello, por supuesto, contrastó con el peculiar aspecto del mismo, que contrario a las ideas del bermellón, demostró una sobria gentileza hasta atenuar la guardia en alto que el caído del cielo mantenía. Dudoso, su mirada se entornó con ligereza suspicaz, buscando instintivamente algún indicio de posible falsedad, de peligro encubierto, mas el movimiento ajeno sumó a su cabeza un pensamiento aún más contradictorio para su ocurrencia.

La venda cayó en la palma de su mano izquierda enguantada, atrapándola en el aire con fácil destreza. Su vista varió por segundos entre su benefactor y el obsequio, naturalmente evidente de la desconfianza que tenía por el suceso. Olió el regalo y no encontró nada extraño. Las vendas se alejaron de su nariz y sus pupilas se desviaron hacia su brazo diestro, hallando cómo su piel castaña se exhibía entre jirones de tela que había puesto a modo de vendas.

El forastero descubrió el detallismo del otro, y sus músculos faciales suavemente se relajaron en consecuencia al percibir cierta generosidad en tales acciones, pero la tensión natural aún no se esfumaba del todo .

Bueno, supongo que debo darte las gracias, Ione. - Dubitativo, pues, su tono varió al decir el nombre que el muchacho le había dado. Cierto o no, por lo menos no tendría que pensar algún apelativo acorde a su figura, lo cual era bueno por un lado, dado que tenía bastante hilo para poder imaginarlo. - Me puedes llamar Rojo. - Correspondió, cuando su palma izquierda envolvía el antebrazo derecho con las vendas prestadas, dejando caer al suelo el papel de las que estaban envueltas; sin embargo, para un ojo avizor, podría percibirse cierto endeblez en aquella parte de su anatomía, bajo la piel, donde el desgarro en los músculos aún le cobraba factura con regulares y dolorosas punzadas.

Te doy mis disculpas, pero ciertamente tu figura no se presta para pensar bien. Has de entender que no es común despertar así, y encontrar unos ojos así, aunque mi reacción no haya sido la más... apropiada. Tal vez algo entusiasta. - Soltó una pequeña sonrisa en un deje de ironía, pero ciertamente no mentía. Sin embargo, tanto él como su contraparte parecían tener un similar sentido del humor, viendo la alusión que ambos lanzaron en su momento. Pero Rojo, aún con la tensión atenuada en su cuerpo, no podía dejar del todo la innata suspicacia que influía con el sólo hecho de tener un desconocido a unos cuantos metros, pero consideraba el gesto que el muchacho le había demostrado, lo tenía en cuenta.

Y si algo no pasó por alto, era que el susodicho había mencionado verle caer desde lo alto.

El lugar estaba hecho un desastre, y una persona corriente se habría visto en problemas con aquel accidente. No obstante, la mirada verde no hallaba ningún rasguño en la apariencia contraria. Si le había visto, también debió haber lidiado con aquella terrosa avalancha, pero el bermellón reservó en silencio ese puntual detalle. Su semblante no delataba el escrutinio y su sagaz raciocinio. - Pero en fin... estoy en dueda contigo. ¿Cómo podría pagar tu...?

Las palabras, de pronto, fueron cortadas en seco cuando el sonido de algo golpear, seca, ligera y continuamente entre las rocas, reverberó en aquel desfiladero. No era más que una pequeña piedra rebotando desde la cima del hacinamiento hasta donde estaban ellos, cuyos ojos se desviaron hacia una silueta alzada en el cenit de aquellos sedimentos. Y no era una, sino que venía acompañada por otra a su alrededor. Dos hombres ataviados en túnicas naranjas, blancas y rojas, con detalles más oscuros y cinturones que mantenían fijas aquellas holgadas prendas. Lo más resaltante, pero, eran sus cabezas, rapadas y brillantes cómo bolas de diamante.

El de la izquierda exhibía una abundante barba castaña y abalorios en su cuello, imponente en musculatura, y con un guantelete ceñido a la zurda; se veía más experimentado en las batallas que su contrario a la derecha, el cual mantenía un semblante más pacifista, con su mandíbula completamente rasurada, viéndose más delgado y frágil que su homólogo a un costado, portando a un largo y oscuro báculo en la diestra con asidua firmeza. El pelirrojo de inmediato reconoció aquel estilo, aquellas indumentarias. - Ellos son...


NPCs:
Yohei - Left:



Edad: 39
Clan: ???
Especialidad: Taijutsu. - Camino del Oso {+2 Fuerza, + 3 Resistencia}
Elemento: Doton.
Rango: Chûnin.
Feudo: ???

Nin: 10 | Gen: 9 | Tai: 15  | Vel: 13 | Fue: 15+2 | Res: 15+3
Voz - #695901
Shunhei - Right:



Edad: 46
Clan: ???
Especialidad: Kenjutsu - Arte Filo Elemental {+2 Ninjutsu} || Arte Natural {+2 Taijutsu +2 Velocidad}
Elemento: Fuuton
Rango: Chûnin.
Feudo: ???

Nin: 12+2 | Gen: 12 | Tai: 15+2  | Vel: 15+2 | Fue: 14 | Res: 13
Voz - #ccbe6e

Mira, hay personas ahí abajo. ¿Cómo pueden estar aquí? - Dijo uno.
Habrá que preguntarles. - Dijo el otro.

Las dos figuras comenzaron a descender entre las piedras, cuyas pisadas iban con tal suavidad y certeza que no hubo siquiera alguna roca que se moviera. La vista del pelirrojo por un momento se intercambió con Ione para pasar al dúo que se acercaba sin muestra de hostiles intenciones. Aguardó, por supuesto, hasta que los recién llegados estuvieron a unos prudentes metros. - Bienaventurados sean, viajeros. Por sus aspectos deduzco que no pertenecen a estos parajes. Sin embargo, mi compañero y yo nos encontramos aquí por este incidente natural, lo escuchamos a la distancia, más un grito que provino del mismo. ¿Saben ustedes algo? - Aquello despertó la memoria del bermellón. Fue él quien había gritado por simple susto cuando la tierra se desplomó, aunque iba a reservarse también ese detalle; ya había tenido suficiente con la actitud cobarde que había tenido momentos antes. Miró a Ione por lo bajo.

Mi nombres es Shunhei, y él es mi hermano Yohei. Somos monjes procedentes del templo cerca del lago. Gusto en conocerles. - ¿Monjes? Después de un largo trecho recorrido, tendría la oportunidad de comer y refrescarse, no pensando en disponer de mucho tiempo a falta del mismo. Era bien sabido que los hombres y mujeres como ellos daban buena acogida a los viajeros con sus pensamientos altruistas, a pesar de que aquel par no eran precisamente lo endebles monjes que usualmente encontraba.

Igualmente. Me llaman Rojo, y él es Ione...

Resumió rápidamente. Quería seguir pronto su camino, pero los monjes, mas concretamente Shunhei, yacían más interesados en lo ocurrido; se le veía en sus ojos, en su mirada paseándose por todo su entorno, mientras su proclamado hermano observaba tanto al pelirrojo como al de ojos rojos con un completo excepticismo. Algo ocurrió que los pasos de ese mismo individuo se acercó al más mayor, llegando a susurrar un mensaje incapaz de escucharse si no se tuviera un oído demasiado fino. Y así, lo que sea que le hubiera dicho, el portador del báculo adoptó una centrada expresión; seriedad que poco cambió hacia la afabilidad del principio como si nada hubiese pasado.

Rojo-san, Ione-san, si nos permiten... les podríamos pedir que vengan con nosotros. Pronto la llovizna se tornará en un torrencial, y las centellas convertirán ésto en una verdadera tormenta. No sería viable que sigan por aquí. - La invitación, discretamente, fue gloria para los oídos del errante. No obstante, el hecho de que anunciara una tormenta, era una molestia para sus planes; tendría que esperar hasta que amainara.

Y así, sin más, el errante accedió a seguirlos. Cualquier cosa era mejor que seguir en aquel hueco, pero no evitó echar un vistazo hacia el pelinegro; tal vez quisiera acompañarles, tal vez no, pero indistintamente de su respuesta no cabía duda que le inquietaban aquella anomalía en sus ojos. ¿Alguna enfermedad? No lo podría saber, pero cómo fuere él estaba listo para seguir los designios de su destino en ese momento. Y por supuesto, no quería terminar agarrando un resfriado. - ¿Vienes o te quedas allí?







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Re: El Guardián de la Llave [B]

Mensaje por Ione el Vie Abr 13, 2018 9:37 am


La lluvia creaba una banda sonora perfecta para el momento, un ambiente acogedor pero a la vez tenso. El denominado rojo no lograba confiar en el moreno, el cual indiferente, le miraba con algo de curiosidad y deseo por saber quien realmente era la persona que tenía enfrente. Quieto, pensante, sin mover un ápice de su cuerpo, tan solo se dedicaba a escuchar mas no responder a todo aquello que el pelirrojo le comentaba. Dos personalidades bastante diferentes, Ione acostumbrado a callar, de palabras cortas, rápidas y directas, ya había hecho todo lo que debía hacer en aquel lugar, pero aquella fastidiosa lluvia, le impedía su continuo caminar por el sendero de las rocosas montañas, fácil de otra avalancha, por lo que quedarse allí, con aquel desconocido de nombre raro, era la solución más inteligente. No tenía mucho que hacer ni que decir, ante las disculpas, un tanto forzadas, del malherido, tan solo asintió con algo de desgana. Era lo menos que podía hacer, no era un criminal, tampoco un asesino porque sí, por lo que dar unas vendas que tenía de sobra no era nada más allá que dar de comer a un perro abandonado, tan solo mera cortesía.

Entonces, las voces de otros personajes fue lo que llamó de nuevo la atención del moreno. Frío, distante, sin preocupación alguna, se volteó para ver a los dos sujetos que aparecían bajo la continua lluvia, curiosos por lo sucedido, por saber que había pasado ante la caída de todos aquellos escombros, y de donde había procedido el grito. Ione no pudo evitar mirar de reojo al pelirrojo el cual era el causante de aquellos dos sujetos ¿Problemáticos? Era algo que el tiempo diría, pero por el momento no parecían gente desagradable. Con aires de superioridad y algo de egocentrismo se pasearon por la zona ignorando prácticamente la presencia de la rara pareja. Ione, al igual que hacían ellos, los miraba con algo de duda puesto que no entendía demasiado bien aquella situación en la que se veía envuelto tan solo por pasear por el país. - No me está gustando mucho este lugar. - pensó para sus adentros mientras miraba a los cabeza rapadas.

Permaneció callado y calmado mientras escuchaba como el rojo daba su nombre sin ningún tipo de reparo, algo que por dentro, le llegó a molestar, puesto que no llegaba a apreciar el exceso de confianza con personas desconocidas. Ione solo respetaba por el momento a un tipo de personas, a aquellos que poseían su misma habilidad de combate, los kaguya, y aquel, lejos de la realidad, no era uno de ellos, a simple vista estaba. Un kaguya pelirrojo, ni en el infierno. Al igual los monjes, ambos se veían capaces para el combate, diestros, musculados, pero Ione estaba algo cansado de la gente con aires de superioridad y sus instintos asesinos estaban despertándose, sería una locura, pero en su mente ya se dibujaba la estructura de como matar aquellos dos sujetos sin necesidad de usar algún tipo de técnica o chakra. De todas formas se contuvo, contuvo su deseo al escuchar que los invitaban, aquello parecía el paseo a la morgue, una invitación a ser asesinados, hasta un niño pequeño podía verlo. Pero entonces sus palabras fueron desacordes a aquello que pensaba. - Claro, porque no.- dijo a la invitación y la pregunta de rojo para después caminar y seguir el paso de aquellos.

Todos caminaban bajo la lluvia que cada vez era más intensa y sonora. Guiados entre senderos que formaban las montañas eran paseados por el país para seguramente verse bajo una emboscada o algo similar. Era algo básico, pero ione estaba mucho más que preparado para ello. La curiosidad por saber de que se trataba todo aquello, pero sobre todo de ver en combate al muchacho que cayó del cielo era lo que impulsaba cada paso del moreno el cual miraba el rugoso y feo paisaje del país. La lluvia era lo único que ahora mismo valía la pena de todo aquello. Pero, a su sorpesa, Ione tenía un paraguas, un paraguas que llevaba consigo por el hecho de que no le gustaba que se le mojase el pelo, por lo que cómicamente, en fila, caminaban los cuatro, siendo el último Ione que se resguardaba de la lluvia con un paraguas de un tipo de material que lograba deslizar el agua sin mojar al moreno de ojos rojizos.
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Re: El Guardián de la Llave [B]

Mensaje por Mikael. el Mar Abr 17, 2018 2:30 am





M
iró, sí, a Ione en espera de su respuesta. Resultaba curioso cómo la suspicacia principal del pelirrojo parecía haberse desplazado, primero lenta y luego rauda, a una leve afabilidad. Tal era el rasgo que sólo pudo haberse originado ante la aparición de aquellos monjes, ¿por qué?, un motivo que eludía, mas la respuesta del azabache de rubíes en la mirada fue, cuanto menos, aceptable. De hecho, el mismo Rojo llegó a pensar con buena probabilidad que la declinaría, ya habiendo percibido ciertos detalles en el carácter del mismo.

Y así, el pequeño grupo abandonó el lugar por el mismo sitio al que los recién llegados habían venido, ascendiendo entre los escombros hasta descender por los mismos.

Yohei, pues, el más fornido y silencioso de todos, se mantenía de tercero pero con unos pasos hacia el costado diestro de la fila. Era evidente, casi palpable, que no iba tener a un extraño a su espalda y, a la vez, procuraba abarcar un mayor margen de visión en varguardia y retaguardia. Confiaba en el criterio de su hermano, pero su especial naturaleza no se fiaba al cien por cien. Shunhei, por otro lado, iba liderando el camino con Rojo a su espalda, levemente hacia un lateral para ver el paisaje que se abría largamente por delante, mientras seguían en descenso sobre una muy poca empinada colina a través de un terroso y angosto sendero; un bosquecillo sin hojas se alzaba a la diestra y una pradera yerma se extendía en la izquierda, todo ello visto luego de haber salido del desfiladero. Rojo echó una oteada tras de sí para encontrar al chico extraño con una sombrilla encima suyo, algo que le sacó una sonrisilla de incredulidad. Curioseó que aquel chico no le agradaba empaparse.

Oh, ¿allí es? - Inquirió el forastero al volver su interés hacia el frente.
Sí, es allí. - Respondió el monje.

Un pequeño templete se orillaba a la costa del lago, cuyo nivel de agua yacía relativamente bajo. Afortunado, pues, eran de encontrarlo así ante una lluvia que lo llenaría quizás hasta la orilla. Sin embargo, lo que llamaba la atención del bermellón era, aparte de la pequeña barca amarrada en un poste de madera, que cerca de allí se encontraba una edificación pequeña; tal vez era el lugar de residencia de éstos servidores a Buda. Y así, al fin, llegaron al sitio adornado entre algunas prendas de ropa guindando entre las cuerdas, pero era más que curioso el comportamiento del pelirrojo, paseando su diestra sobre la superficie gélida de un campana que allí, en aquel templete, se hallaba justo en el medio. Seguro la usaban para algo que vagamente él recordaba.

Yohei, hermano. Ve y llama al maestro. Dile que las personas que anduvo esperando, por fin, han llegado. - Aquello, más rápido que una centella, atrajó la vista del pelirrojo con claro desconcierto. Su mano quedó pegada a la campana mientras una ceja se enarcaba, confundido, al tiempo que veía marchar al de barba amarronada hacia la edificación que había visto.

Disculpa... ¿dijiste esperando? - Masculló, inquieto, sin moverse de su sitio. Extraño fue, pero, el asentimiento tan natural del monje sin remover la amenidad que reinaba en su vieja faz. - Sí.

***

Minutos se alargaron más de lo necesario, y un leve hastío mezclado con expectación se iba adueñando de la paciencia del bermellón. Shunhei, sin embargo, mostraba todo lo contrario. Rojo variaba la mirada entre el monje y su inquietante benefactor de ojos rojos y pelo negro. Aún no se adaptaba del todo a aquella mirada tan siniestra que portaba, e inconexo semblante apacible, que le hacía imaginarse más de una imagen ciertamente turbadora. No obstante, aquel silencio incómodo que surcaba en el aire, pronto fue irrumpido por dos presencias que se acercaban; una ya la conocía con esa poblada mandíbula y corpulenta fisonomía, pero la otra no, más allá de la larguísima barba pálida que le colgaba, las arrugas que le caían, y la cansada mirada que vagamente se le escapaba.

Debía tener apróximadamente unos ochenta años, quizás un poco más o un poco menos, cuando ayudado por un bastón y el otro monje, el llamado maestro finalmente había llegado ante ellos.

El pelirrojo se enderezó y encaró al anciano, no con un porte soberbio o suspicaz, o siquiera intimidado. Era de claro respeto lo que aquel extranjero demostraba por el venerable, que, incluso, llegó a juntar las palmas de sus manos antes de realizar una irrevocable reverencia. Y así, pues, fue correspondida su muestra de humildad con un leve asentimiento por parte del octogenario. - Bienvenidos sean, jóvenes.

La mirada del pelirrojo se enfrascó en aquella antiguedad.

Veo que proceden de un lugar muy lejano, y lamento no poder acogerles como se debiera. Sin embargo, la hospitalidad es lo primero... ¿Desean algo de comer, o beber?. - De pronto, una rápida corriente de aire meció las ropas tanto de Rojo como de Ione, y cuando decidieran percatarse, a sus respectivos lados hallarían a un niño y una niña -de nueve y diez años- en reverencia dejando a la vista una bandeja hecha de madera; en las mismas reposaban un vaso de arcilla con un líquido humeante, quizás algún té caliente, con dos bolas de arroz dentro de un cuenco a su lado. Ya para entonces, si el de varios pircings mirase al pelirrojo, se daría con la peculiar escena en que éste ya estaba comiendo y bebiendo tan a gusto que no parecía sorprendido por la súbita aparición de aquellos niños. Tal era, por alguna razón, su inédita despreocupación.

El anciano mientras ello sonreía apaciblemente, deleitándose por el gran recibimiento que el pelirrojo había demostrado. Hacía tanto tiempo que no contemplaba tanta genuina seguridad e incontenible amenidad, pero, al variar su mirar hacia el pelinegro, su semblante se entornaba ligeramente más atento; era como si viera en aquel sujeto algo que escapaba a los ojos mundanos. Pero no eran esas cosas el certero objetivo para tenerlos allí, a los dos; no era el sólo darles un tentempié en sus largos viajes hacia lo incierto. Era para algo más. - Su pupilo mencionó que ya nos esperaba desde algún tiempo. ¿Podría explicarnos cómo es eso posible? - Intercedió el pelirrojo.

Lamento si eso ha sonado extraño, pero así es, esperaba por ustedes dos, aunque nunca les haya visto sus caras u oído sus nombres. - Insólito, sin duda, pero continuó. - El punto es que les he sabido sus llegadas, encontradas bajo la tempestad, y supe también que eran los indicados para... cierto trabajo. Pero pueden negarse y retirarse, claro está, a fin de cuentas se necesita una poderosa fuerza de voluntad. - Aquello encendió a alguien entre tanto. Su mirada varió hacia el pelirrojo como si aquello hubiese sido una indirecta para su persona. Era claro que, hasta ese momento, las palabras soltadas por el viejo eran iverosímiles, sin sentido e imposibles, pero sólo lo último dicho, aunado al hecho de un presunto encargo, atenazó una llama que despertó en los ojos de aquel forastero. Un fulgor que ardía de curiosidad por lo incierto. - Pero también se requiere de una mente tranquila y profundamente sensata. De nada sirve una determinación inquebrantable sin un temple y cabeza razonable. ¿Verdad? - Y su mirada varió hacia el azabache.

El sonido abrupto de una tos quebrada se escuchó retumbar de súbito en el viejo maestro, siendo raudamente auxiliado por sus dos adultos aprendices con gestos de nervios. Por cada espasmo, parecía que iba a desmoronarse. Sin embargo, con un orgullo más que férreo, el veterano desestimó las atenciones de los dos hombres que se mantenían a su alrededor con notable preocupación. - Calma... calma. Aún me falta mucho para eso. - Adjuntó, y todos supieron a qué se refería, inclusive un tonto lo sabría. No obstante, el viejo no cesó allí con sus palabras, y finalmente preguntó. - Entonces... ¿qué responden?

Sin duda, una petición de lo más curiosa; no les había dicho para qué, simplemente preguntaba. La oscura mirada del anciano yacía atenta, escrutando a ambos por igual, y sin embargo sabía que a pesar de las diferencias entre tales viajeros, había algo en lo que se parecían. Y para mayor extrañeza del asunto, el viajero afirmó.

De acuerdo. No sé cuál es el problema, pero me apunto; a fin de cuentas, si un maestro shaolin lo pide, he de honrarlo. - Dijo él, llevando su vista hacia el, aún, incógnito Ione. Y era evidente el inexplicable vórtice en el que ambos, ángel y demonio, yacían unidos por una razón aún más desconocida. Los niños observaron, los hombres contemplaron, mientras Huong sonreía satisfecho y débilmente. Pero su mirada, inquieta, volvió hacia el de escleróticas negras.

Sea como fuere, un tercer niño apareció tras el anciano. Éste, a diferencia de sus hermanos, tenía un pequeño cofre plateado en mano; no tenía adornos o relieves de ningún tipo, era simplemente sencillo. El jovencillo avanzó y se acercó hasta el punto medio que había entre Ione y Rojo, como si esperase que alguno de ambos tomase el objeto. Pero, de un momento a otro, su figura se ladeó hasta encarar al pelirrojo. La tapa del cofre se abrió y en ella, descansando en un purpuréo cojín, se reveló lo que había al resguardo en su interior: Una llave, sin ningún aspecto o tamaño especial. Una simple llave plateada se mostraba ante las esmeraldas del forastero. ¿Debía agarrarlo? Y dubitó, desviando su vista entre los monjes y el de mirada escarlata. El niño sólo aguardaba, ni siquiera lo miraba, y en él surgió una pesada sensación de decisión. ¿Debía agarrarlo?

Puedes tomarlo, Rojo. - Irrumpió la voz del octogenario.

Quizás fue aquello lo que necesitaba para aventurarse, y su diestra cogió el objeto cuya punta de agarre dejaba caer una cadena que simulaba, por lo que parecía, ser un colgante. - Bien. - Susurró. - Es necesario que lleves siempre esa llave contigo, cuya clave es capaz de abrir un arca guardada en aquella edificación. Ambos objetos vendrán a ser buscados por otros monjes dentro de tres días, pero hasta entonces deberás llevar ese objeto a donde sea que vayas. - Instrucciones rápidas, precisas y sencillas; no parecía tan complicado portar una simple llave, mas el chico no sabía lo que le depararía, pero una corazonada le susurraba por el peso singular que aquel objeto expresó cuando estuvo en la palma de su guante mostaza. Sin embargo, había algo más.

Y ésto es lo más importante... y es que jamás abras el cofre que abre esa llave.

Tras ello, simplemente les dejó en el sitio no sin antes ofrecerles disculpas. No se veía demasiado bien. Con todo y ello, sólo Shunhei se quedó allí. Podían disponer del templete y una pequeña cabaña que había a unos metros más arriba del edificio donde descansaban los monjes, incluidos los niños. - Ya habiendo sabido ésto, ahora deberían saber lo que obtendrá por el trabajo. ¿Quizás les parezca dos mil ryous? Además de una recomendación por nuestra parte a los señores feudales de Ganryu y Mogura. - Aquello hizo que las orejas del pelirrojo temblaran.

Sin duda la oferta le parecía jugosa, pero más que eso, extraña como todo lo que estaba ocurriendo con total naturalidad. Y aún así... - Que sean tres mil. Así me da para el viaje de regreso. - Un poco codicioso era el muchacho, aparentemente. El hombre de cabeza rapada se quedó con la faz incrédula, no previniendo tal aumento por parte del chico, pero, por el bien que representaba aquella tarea, aunque en el fondo le pareciera desmedido, no objetó en palabras, mas sí en la mente miles veces. - De acuerdo... trato hecho. - Suspiró, y tras ello a Ione le observó.

¿Y tú? ¿Estás en ésto?







NPCs:
Huong:



Edad: 85
Clan: ???
Especialidad: ???
Elemento: ???
Rango: ???
Feudo: ???

Nin: ??? | Gen: ??? | Tai: ???  | Vel: ??? | Fue: ??? | Res: ???
Voz - #f0efc5
Yohei:



Edad: 39
Clan: ???
Especialidad: Taijutsu. - Camino del Oso {+2 Fuerza, + 3 Resistencia}
Elemento: Doton.
Rango: Chûnin.
Feudo: ???

Nin: 10 | Gen: 9 | Tai: 15  | Vel: 13 | Fue: 15+2 | Res: 15+3
Voz - #695901

Shunhei:



Edad: 46
Clan: ???
Especialidad: Kenjutsu - Arte Filo Elemental {+2 Ninjutsu} || Arte Natural {+2 Taijutsu +2 Velocidad}
Elemento: Fuuton
Rango: Chûnin.
Feudo: ???

Nin: 12+2 | Gen: 12 | Tai: 15+2  | Vel: 15+2 | Fue: 14 | Res: 13
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Re: El Guardián de la Llave [B]

Mensaje por Ione el Mar Abr 17, 2018 8:41 am


La sensación de estar caminando a la boca del lobo, el sentimiento aflorado de caminar hacia un destino bastante complicado e inclusive mortífero. Ione era consciente de ello, de que la decisión no era la más correcta para sobrevivir, mas la curiosidad por aquel pelirrojo a si como también por los monjes le hacían caminar sin dudar por el sendero poco marcado entre las montañas del país. No era la primera vez realmente que yacía en aquellos lugares, hace un año que decidió emprender su viaje por allí donde conoció un poco la cultura del lugar, y donde pudo sacar bastante dinero. En aquel país muy tacaños no eran, algo que siempre le agradaba al moreno ser. Pero tampoco podía evitar pensar, mejor dicho, la pereza no podía evitar aflorar al pensar que acabaría metido en algún tipo de historia donde debería luchar de nuevo para sobrevivir. Era un pensamiento válido dada sus vivencias, por lo que aún estaba a la espera de ver que sucedía con aquellos tipos y decidir proseguir o desaparecer en el tormento de la lluvia.

Cada paso que daban la lluvia tomaba más intensidad, creando un sonido acústico adorado por el joven ione. Echaba de menos su país donde siempre nevaba, por lo que la lluvia para él, tan solo era un vago recuerdo de su niñez. Aún así, hoy no deseaba mojarse y por ello bajo el paraguas caminaba incesante por saber el final del recorrido, escuchando las vagas palabras de los tres acompañantes, ignorando por completo su significado y obviando los misterios que englobaban. Sus mutantes ojos tan solo observaban y recordaban aquellas rocas, rememorando en su mente recuerdos de cuando apenas empezaba, de cuando abandonó su pequeño país para intentar algo por lo que vivir. Ahora tenía susodicha ambición, un deseo tan fuerte que lo alejaba de la muerte, o al menos era lo que el pensaba.

Observaba la espalda del pelirrojo, aquella rojiza y ahora húmeda cabellera. Le recordaba a alguien, aquel carácter afable pero a la par desconfiado, seguro, directo pero algo insensato. Le hacía, al igual que el lugar, recordar a un joven que conoció, aunque algo cobarde, pero de ideales parecidos. Seguro que eran de esas personas que no se rendían en combate, las que más odiaba Ione para combatir, puesto que los veía testarudos y sin demasiada inteligencia. Para el, el honor no era una palabra muy bien valorada, prefería vivir, antes que morir como un retrasado que no apreciaba la vida tan solo por el ego y el orgullo propio, oculto bajo la palabra honor, y aquel pelirrojo, aún pareciendo buena persona, también parecía ser de aquellos que arriesgaba su vida tontamente.

Tras un largo caminar, llegaron a lo que parecía ser la morada de aquellos monjes. Ione empezó a dudar de si aquello era una trampa o realmente estaban siendo hospitalarios con la pareja. Tantas eran las ostias con las personas, que ya no llegaba a confiar en sí en ellas. Pudo escuchar la corta y breve conversación que tuvieron el monje con el rojo. No le sorprendió demasiado, pero si le intrigó saber que alguien conocía de su presencia. El no se se sentía famoso, ni tampoco había hecho nada relevante en el mundo como para que gente extranjera a su país supiera de su presencia. Sus orbes analizaron el lugar donde les invitaban a pasar, rústico, antiguo mas bastante acogedor, sobre todo con aquel torrente de agua que caía sobre el país.

Ignorando bastante la conversación, puesto que daba la sensación como que con él no iba la cosa, cerró el paraguas y luego caminó hasta la más cercana pared para dejarlo apoyado en esta y volver con el que parecía ser ahora su compañero. Mientras analizaba el lugar, podía escuchar de fondo la conversación con un tercero. Al parecer, aquel país poseía una población bastante envejecida. - Devotas. - pensó ione mientras observaba que todo aquel lugar estaba lleno de amuletos, objetos que decoraban la totalidad del lugar, símbolos grabados en las paredes. Era como un templo o un lugar de culto para el anciano. No era muy grande, por lo que si se trataba de un tipo de secta era bastante pequeña. En su reconocimiento, sus rojizos ojos se toparon con los de un niño que con miedo le ofrecía al Kaguya un té y algo de comer. Arqueó una de sus depiladas cejas y abrió sus fosas nasales. Sin dar tan siquiera las gracias, cual animal, tomó una bola de arroz con suma delicadeza para olerla. Tenía algo de hambre, mas no se fiaba, seguramente estarían o podrían estar envenenadas. Dejó de nuevo la bola de arroz en la bandeja, sonrió al niño y con su diestra zarandeó la morena cabellera. Entre bajo para que nadie le escuchase le dijo - Parece que eres el único que tiene pelo en este lugar. - entonces el niño comenzó a reír de una manera tímida y vergonzosa para no llamar mucho la atención

Sin prestar una atención directa, se estaba enterando de todo, puesto que se hablaba de él como si no estuviera presente. A diferencia de rojo que parecía ilusionado por aquel nuevo juguete que le habían regalado, Ione era perro viejo, y entendía por donde iban los tiros de todo aquello. Caminó para volver junto a los reunidos mientras negaba con la cabeza. Era un cortarrollos, pero al menos tenía algo de sensatez de lo que rojo parecía carecer. - Seamos todos claros anciano. - dijo directamente al que parecía tener problemas de salud y el cuál ni tan si quiera se había presentado. Había analizado cada palabra, cada detalle, cada movimiento de lo que había sucedido, y había trazado en su mente una idea de lo que estaba sucediendo. - Dices que nos conoces, nos ofreces comida, pero por el contrario no nos dices su nombre. Por otro lado, sin razón aparente, nos da una llave, nos habla de un cofre y nos ofrece una cantidad respetable de dinero por hacer una tarea relativamente sencilla. No me hubiera llamado la atención en otro caso, pero estos dos hombres ...- dijo para luego señalar con su derecha vagamente a los dos que si se habían presentado cuando aparecieron en escena. - ... no dudaron en buscarnos, con una seguridad no propia de simples aldeanos. Si sabéis quien soy, sabréis de mi personalidad, por lo que deduzco, tanto por susodicha seguridad a la hora de mostrarse ante mi ser como también por sus fisionomía que estos poseen cualidades para luchar, puede incluso que equiparables a la mía. Dime anciano ¿Por qué no vais vosotros mismos a por el arca? Y sobre todo ¿Qué hay dentro del arca, por qué no podemos abrirla pero nos das la llave?

Sus palabras no eran agresivas, si no calmadas pero realistas. No declinaba la oferta puesto que aquella suma cantidad de dinero le venía de lujo, pero deseaba saber todo detalle y entender las razones a las que se arriesgaba. No deseaba ser un criminal por lo que no quería aceptar trabajos que implicasen ser enemigo de los feudos del país, tampoco aceptaría un dinero por trabajos relativamente complicados. No confiaba en las habilidades de rojo, era parte de su personalidad, por lo que observando el tiempo y el lugar, era lo más acertado de preguntar antes de aceptar cualquier tipo de propuesta de ese calibre. Cruzó sus brazos, esperando una respuesta, para poder aceptar o declinar aquella invitación. La última vez que aceptó una misión de esa forma en el país, acabó casi peleando con un pueblo entero por encontrar unos jodidos diamantes. Tenía cosas que decir también a rojo, pero podría hacerlo más adelante, puesto que aunque estuviera desde aquel punto de vista, algo le decía que dijera lo que dijera iba a acabar aceptando, tan solo debía saber todos los riesgos y detalles.

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Re: El Guardián de la Llave [B]

Mensaje por Mikael. el Sáb Mayo 12, 2018 5:46 am






U
na sonrisa escapó de los agrietados y finos labios del anciano. Su curvada espalda era lo que Ione veía de aquel vetusto hombre, cuyo cuerpo apenas podía sostenerse sobre sí mismo. Sin embargo, a las imperiosas dudas del extranjero, éste no volvió su cara para mirarlo de frente; su cuello ladeó la cabeza para soslayar la juventud de aquel asesino a sueldo. - Muy rápido tu análisis. Hubiera sido desilusionante no escuchar tus dudas. - Soltó, dando a entender que muchas de aquellas confusiones expresadas por el pelinegro, habían sido causadas con propósitos premeditados. Fue cuando el viejo se enderezó y regresó su frente hacia el muchacho.

Mi nombre es imposible de pronunciar en lengua común, pero, en síntesis, me pueden conocer por el nombre de Huong. - Sus dos aprendices, los adultos, le observaron con un gesto incrédulo. Incluso era raro de ver la expresividad en el rostro de Yohei, el corpulento, lo que aludía a la infrecuencia en que su maestro revelase su nombre pasajero. Rojo, por otro lado, parecía más curioso por las inquisiciones de su joven benefactor. - La simpleza puede esconder algo más complejo, pero todo lo que has escuchado es tan simple como lo dicho. Mas, para saciar la chispa de tu curiosidad, desafortunadamente ninguno de mis aprendices está preparado para llevar esa carga sobre sus hombros. Es lo mucho por cuanto puedo decirles. - Explicó. - Pero me temo que el conocimiento sobre el arca no queda entre sus manos. Tampoco ustedes están preparados.

Fácil trabajo, gran recompensa y puntuales prohibiciones que encenderían la luz del recelo para cualquier mente experimentada.

La mirada del maestro se clavaba en los discos rojizos del joven tatuado, tal y como el acero se clava en la carne, tal y como un taladro perfora los suelos. Y sin embargo, aún con el cansancio y las profundas ojeras, su expresión era rotundamente fría y serena. Y luego, una suave sonrisa para finalmente darse la vuelta. Pero era esa sonrisa lo que hiciera desconfiar al más frívolo de la pareja. De pronto, la voz del pelirrojo se encontró con los oídos del pálido. - ¿Nunca has escuchado de los monjes shaolin? - Inquirió de repente. - No son personas cualquiera, y sus vidas están encausadas por un bien superior. Por ello, aunque se entiende lo raro que parece, deberías relajarte al menos.

El tono de aquel, tan común y afable como siempre, intentaba hacerle ver al extraño su innecesaria actitud para con ellos. No obstante, a pesar de tener la razón en cierto modo, la suspicacia del Kaguya no estaba del todo tan mal encaminada.

Al final, una vez dejados allí, el rojizo viajero se removió la melena al caminar hacia la orilla del lago; la llave fue puesta a resguardo entre sus ropas y su reflejo se asomó en la oscura superficie que reflejaba el cielo grisáceo sobre su cabeza. - Si no estoy mal, lo que querrán de nosotros es custodiar algo que ellos, en base a sus creencias, no pueden poseer. - Suavemente, un odre emergió de las indumentarias del viajero, hundiéndose en el agua y llenándose por dentro. Pequeñas burbujas salían continuamente en el escape del aire a la entrada del líquido helado. La cortina de lluvia, fina y constante, bañaba lentamente el húmedo cabello del pelirrojo. - Son hombres y mujeres espirituales, y lo que por nosotros consideramos algo trivial, para ellos tendrá un importante significado. - Templado, como siempre, las frases de aquel viajaban con lentitud hasta la ubicación de su homólogo. Parecía que el pequeño asombró producido por la llave por fin se había esfumado, dando paso a un joven igual de atento como su contraparte.

Pero, lejos de la realidad, Rojo desconocía en gran medida las razones de un trabajo tan sencillo como aquel; sólo suponía en base a lo que sabía, y sabía bastante, pero aquello era muy diferente.

Un arcaico y peligroso secreto.

El porte del pelirrojo se irguió y encaró a su compañero. - Supongo que toca ahora descansar, ¿no?


***


Aquella tarde cayó más rápidamente que de costumbre. El clima había ayudado en ello. El cielo se teñía de negro más de lo normal, ocultando las estrellas y cualquier astro que despuntara el firmamento nocturno. Frío y humedad se repartían a partes iguales entre aquellos dominio de la Tierra. Pequeños faroles se hallaban encendidos bajo un torrencial que azotaba las tejas.

Shunhei no había mentido sobre el diluvio que a pocas horas después había descendido sobre ellos. Los relámpagos rasgaban el cielo pero ningún sonido retumbaba en los oídos. Era como si el mundo se hubiera confabulado en regalar un incómodo silencio, únicamente roto por los constantes golpeteos de una lluvia que no cesaba. - ¿Todavía despierto? - Percibió el pelirrojo, recostado sobre un mullido futón. Sus verdes iris contemplaban el techo de aquella choza que había sido dejada como su dormitorio, y no estaba solo, pues a sus costados se encontraban aquellos niños durmiendo desde hacía un buen rato. Ya serían cerca de la medianoche.



NPCs:
Huong:



Edad: 85
Clan: ???
Especialidad: ???
Elemento: ???
Rango: ???
Feudo: ???

Nin: ??? | Gen: ??? | Tai: ???  | Vel: ??? | Fue: ??? | Res: ???
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Yohei:



Edad: 39
Clan: ???
Especialidad: Taijutsu. - Camino del Oso {+2 Fuerza, + 3 Resistencia}
Elemento: Doton.
Rango: Chûnin.
Feudo: ???

Nin: 10 | Gen: 9 | Tai: 15  | Vel: 13 | Fue: 15+2 | Res: 15+3
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Shunhei:



Edad: 46
Clan: ???
Especialidad: Kenjutsu - Arte Filo Elemental {+2 Ninjutsu} || Arte Natural {+2 Taijutsu +2 Velocidad}
Elemento: Fuuton
Rango: Chûnin.
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Re: El Guardián de la Llave [B]

Mensaje por Ione el Jue Mayo 17, 2018 8:37 am


Seguía sin realmente aclarar sus dudas, le era extraño todo aquello. Si había escuchado sobre personas que daban su vida por dar culto a seres inexistentes, dando una fe y poderes a algo intangible que no hacía nada por ellos, y aquellas personas parecían ser de esas, de las que ofrecían su vida bajo tradiciones y costumbres absurdas y sin sentido a algo que ni existía. Ione se había cansado de juzgarlo por lo que tan solo se encogió de hombros y aceptó el trabajo, ya que el dinero era dinero. Le molestó un tanto a su ego que pusiera en entredicho que no era capaz de entender aquello que protegían pero por el momento, no le dio más importancia, tan solo miró a rojo para ver cual era su siguiente propuesta. Fue entonces la voz de este quien buscó la ira del moreno.

- ¿Monjes? - preguntó haciendo entender que nunca se había topado con alguno. - A mi como si son dioses, no les debo nada, y he aprendido suficiente como para no fiarte ni de tu madre cuando te dice que hagas algo sin preguntar. Así nace la aristocracia, eliminando el deseo a duda. - aclaró y finalizó el muchacho para luego comenzar a caminar.

- Sea lo que sea, hagámoslo y volvámos a nuestras casas a descansar. La presencia de gente que no usa el cerebro me irrita. - dijo un tanto cínico refiriéndose a los cabeza rapada. Al parecer ser monje era sinónimo de poseer alopecia, algo que tampoco llegaba a entender por qué.

---------------------------

Nunca entendía como acababa haciendo trabajos de tal calibre con gente desconocida. La vida solitaria y desapegada del moreno le hacía vivir aventuras y hazañas bastante peculiares con gente siempre diferente. Sin crear lazos, sin crear dependencias. Ahora en el país de la tierra, por ayudar a un joven, estaba encerrado bajo el torrente de la lluvia, en una habitación de pocos lujos. Húmeda, pequeña, ruidosa, y la cual permitía al aire entrar por las grietas de la porosa madera. El constante resonar del agua caer sobre las tejas, el dormir de los niños y el sentirse algo inseguro puesto que no confiaba en los monjes, le impedía coger el sueño.

Retiró el futon, se levantó cual felino, silencioso y ágil, bailó entre la habitación hasta llegar a la ventana. Se apoyó en uno de los lados para poder ver tras esta la gran cantidad de agua que ahogaba aquel lugar. Su rostro era iluminado de manera aleatoria por los fuertes relámpagos que rompían el cielo en dos partes. Era un clima que le gustaba, le calmaba y lograba limpiar su mente.

Su paz fue rota de nuevo por la voz, ya conocida, de su compañero de trabajo. No tenía muchas opiniones al respecto de él, apenas lo había conocido, pero el hecho de que respetara a los monjes y sus creencias le dio un ligero perfil a su persona. Sin molestarse en mirarle, sin apartar la vista del exterior, divirtiéndola por el sonido de la lluvia, contestó:

- Eso parece; Me aburro - aclaró y mostró con seguridad. - Voy a comprobar una cosa. Si quieres puedes venir. - dijo finalmente para apartarse de la ventana.

Se acercó a la puerta de la habitación donde estaba acostada su ropa. Tomó su capa y la puso por encima. Salió de la habitación, y sigiloso como el buen ninja que era, caminó hasta la entrada, donde reposaba su paraguas. Lo tomó y salió de aquella casa. Abrió el paraguas y comenzó a caminar por el sendero rocoso. No hacía viento, por lo que el paraguas era suficiente como para no mojarse. Caminó por aquel sendero hasta llegar al edificio prohibido, bueno, donde guardaban el arca tan secreta y poderosa, deseaba ver con sus rojizos orbes que era lo que estaban resguardando con tanto recelo.

Subió las escaleras poco a poco, mientras guardaba el paraguas puesto que un tejado ya cubría la parte externa a aquella cabaña, se habían esforzado mucho en decorarla, no como la habitación donde en teoría tendría que estar durmiendo. Se acercó a la puerta, obviamente cerrada, y apreció los detalles grabados en esta, así como su dorada cerradura. Observó un tanto por los costados para ver que forma tenía de entrar. Para una persona normal, sería difícil, pero para un ninja, era otro cantar. Si nadie se lo impedía entraría para observar aquel susodicho arca.

Técnicas:

· Gennin 8/8 ·
· Chunnin 6/6 ·
Armamento:
> Shenbon
> Kunai
> Shurikens
> Hilos de alambre
> Sellos explosivos x8
> Vendas
> Jeringas x10
>  Pack; Éxtasis x5
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Re: El Guardián de la Llave [B]

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