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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Coming home [Tema Libre]

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Coming home [Tema Libre]

Mensaje por Dastan O'Donnell el Jue Abr 12, 2018 1:28 pm





Pasaron un par de días luego de aquella terrible noche donde el esfuerzo conjunto de Howaitohasu, el País de la Tierra y del Rayo permitieron darle fin al reinado de Arata e implantar un nuevo feudo llamado "Hakkōdori no Nabi". Dastan, junto a sus aliados y las personas del País del Agua, trabajaron duro en ese tiempo para darle una buena base al nuevo gobierno. El rubio no estaba del todo conforme con que Sai andara por ahí diciendo que es Sorey. Pero si Sheik estaba de acuerdo con eso pues no tenia nada que objetar al respecto.

En el amanecer del tercer día, luego de haberse recuperado y descansado bien de aquella gran batalla, el príncipe salió en busca de la dama de las ilusiones. Ya era tiempo de volver a "casa". Debía pasar por el País de los Rios a ver si algún herrero de esos podía reconstruir su espada, luego regresar al País del Fuego a reportarse nuevamente a las filas de Hinoarashi. Se habia ausentado demasiado tiempo, ya empezaba a imaginarse el castigo que recibiria al llegar. "Apenas me muestre en la entrada del campamento me caerán arriba los guardias...". Cervantes, quien flotaba cerca del príncipe, por encima de su hombro izquierdo le dijo: "¡Salvaste un puto país! Deberían premiarte por eso.". A pesar de que Cervantes ya podía salir del cuerpo de Dastan, estos aun estaban conectados mentalmente, pudiendo seguir llevando esas conversaciones que solo ellos oirían.

Cuando por fin dio con Sheik, le entró un nerviosismo al cuerpo. No sabia como dirigirle la palabra la dama, pero tenia que hacerlo si queria volver a casa. "Disculpe, señorita Sheik. Hmm..."-Dastan apartó la mirada un momento, le era difícil dirigirse con esas palabras a alguien que apenas conocía, alguien de tanta relevancia en ese momento. Volviendo a mirarla al rostro, le dijo: "Estoy claro que lo que siento no se compara para nada con lo que debes estar sintiendo ahora mismo. Pero te acompaño en tu dolor. Me hubiese gustado conocerlo por más tiempo... pero, lo poco que vi de él, fue suficiente para enseñarme el buen hombre que es. Te felicito.".

Hizo una ligera pausa para darle un poco de mente a las ultimas palabras del Bokushi y siguió: "Por como sonaron sus palabras y por lo que he visto hasta ahora, puedo intuir que le han dejado a cargo del gremio. Confió en su juicio, confió en usted. Howaitohasu ha demostrado ser una causa por la que sí me siento cómodo de apoyar. Así que..." -en ese momento llevó su mano derecha a la frente, tomó una postura de saludo militar y le dijo: "... señorita Sheik. ¿Cuáles son sus próximas órdenes?".

off:
Apariencia de Dastan:
Equipamiento:
Norowareta Ken (rota)
•Wakizashi
•Katana
•Kunais(x20)
•Shurikens(x6)
•Bombas de humo(x4)
•Senbons(x30)
•Píldoras de soldado(x1)
•Vendas
Stats(Dastan O'Donnell):
• Ninjutsu = 15
• Taijutsu = 10
• Genjutsu = 11
• Velocidad = 11
• Resistencia = 15
• Fuerza = 11

• Fuerza = 11
Stats(Cervantes de Leon):
• Ninjutsu = 15
• Taijutsu = 15
• Genjutsu = 11
• Velocidad = 15
• Resistencia = 15
• Fuerza = 15
Tecnicas:

Tecnicas Gennin 8/8
Tecnicas Chunnin 6/6
Cervantes(Seishin-tekina nakama):


Dastan O'Donnell
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Re: Coming home [Tema Libre]

Mensaje por Pieromaru el Sáb Abr 14, 2018 6:19 pm


El pierrot se alzó de su cama. Al contrario que otros – por desgracia- que no podían regresar a su casa; el ilusionista sí que mantenía una estrecha relación con sus padres. Por lo tanto, después de la fatídica noche en la que Sorey había entrado en coma, regresó a su habitación. Era la mejor opción. No quería inmiscuirse en el duelo de Sheik ni en las repentinas obligaciones de Taiyo; así que les dejó su espacio vital. Durmió más de doce horas seguidas y cuando se despertó sintió igual manera el peso de su aventura.

Tras arrastrarse hacia el comedor y comer con sus padres, algo que demoró mucho porque se pusieron al día, recibió una paloma mensajera de que Dastan estaba ya preparando su marcha hacia el País de la Luna con Sheik, Sorey y un herido Hinata. La prisas lo comieron por dentro y se despidió de sus padres de nuevo. Se quejaron de una forma un tanto peculiar, como si en realidad, lo hiciesen ya por costumbre y no por preocupación. Habían admitido que su hijo no era un niño ya y que había cambiado la vida de los habitantes de todo el país.

Pieromaru golpeó la puerta. No le habían puesto ningún problema para acceder al castillo de Arata e incluso, con gran respeto, le habían ofrecido acompañarle hasta los aposentos de Taiyo. Al no encontrar respuesta, entró. La habitación era amplia y en cierta manera, le recordaba a aquella pensión dónde vivía el Hozuki años atrás. Fijándose que la sala comunicaba con otras, se aclaró la garganta. . —Taiyo, ¿estás ahí? — preguntó. —He venido a despedirme.—anunció. No estaba muy convencido. Quería quedarse.

En un principio, y debido en gran medida a la amplitud de la sala, la respuesta de Pieromaru no encontró respuesta alguna más allá del silencio. Sin embargo, el Hozuki sí que había escuchado sus palabras pero estaba atendiendo otros menesteres. Al cabo de unos segundos, apareció con una katana envainada tras un visillo azulado que hacías las veces de puerta en una de las habitaciones de aquella gran sala. –¿Cómo…?- Preguntó Taiyo algo aturdido ante las palabras de su amigo. –¿Cómo es que os vais? ¿A dónde?- Él sabía que seguramente, se marcharían al País de la Luna, pero con su pregunta buscaba ganar algo de tiempo para digerir una marcha tan repentina.


El rubio pestañeó. No se esperaba que Taiyo hubiese pensado en pasar más tiempo con ellos. Tenía muchísimas tareas en su nuevo cargo. — Quieren irse ya. — dijo con la voz ronca. Se hizo un silencio incómodo.— Me gustaría quedarme pero creo que...debo acompañarlos.— continuó. Sabía que Dastan continuaría su viaje y Sheik se quedaría sola con dos personas convalecientes a su cargo, Sorey y Hinata, estando embarazada. Necesitaba una mano para llevar Howaitohasu después de lo ocurrido. Sin embargo, irse significaba separarse de él y su familia. — Qué tal el castillo? ¿Cómo llevas lo del ojo? — preguntó, tratando de desdramatizar el ambiente. Se estaba poniendo triste y mentalmente se repetía una y otra vez que sólo serían un par de meses


Él bien sabía que estaba en una situación complicada, pero al menos esperaba tener más tiempo para poder aclarar sus ideas. Por una parte, sabía que debía estar junto a sus amigos junto a los que tanto había peleado, pero por otra sabía a dónde había llegado. El País del Agua estaba aun muy verde, y Sai todavía no era una persona en la que confiar del todo, así que el Hozuki se encontraba entre dos tierras bien definidas y con posturas completamente opuestas. -Esperaba que Sheik recapacitase. Hinata y Sorey están muy mal y no creo que un viaje hasta el gremio sea lo mejor para sus maltrechos cuerpos. Pero quién soy yo para juzgar a los demás. - Sentenció con una sonrisa mientras abría su único ojo operativo. - Es el vivo recuerdo de mis errores del pasado, así que el dolor se mitiga con la tranquilidad de todo lo que ha pasado recientemente. - En cierta medida, el peliazul no mentía, pero sí que se sentía algo desvalido y había barajado algunas ideas con respecto a su globo ocular. - Si te soy sincero, me gustaría encontrar una solución. Quizás si algún día encuentre un médico capaz de hacer algo que remplace mi ojo... Pero en el fondo, siento que no merezco más que una simple canica brillante y deshonrosa a la vez. - Una vez terminó de decir aquello, se acercó un poco más a su amigo y depositó la katana sobre un sinfonier azulado y decorado de manera algo ostentosa mientras recordaba que no había respondido del todo a sus preguntas. - Este castillo... es demasiado. Es tan vacío y carente de vida que pienso que lo mejor sería derruirlo. Pero comprendo lo que significa para todo el mundo un edificio así y la importancia de que la gente vea aparecer a Sorey por el valcón. Bueno, ese no es Sorey, pero guardo la esperanza de que pronto sí sea él. - Suspiró y bajó la cabeza algo desanimado, puesto que las noticias acerca de su amigo no eran del todo buenas. - Tengo que hablar con Sheik.- Exclamó de pronto, sobrepasando a su amigo por la derecha y abandonando aquella sala. - Quizás no se fíe de toda la gente del castillo, pero no se puede ir así. Sería peligroso tanto para ella como para el bebé. - Posó su mano sobre el rostro y negó varias veces, como si se hubiese dado cuenta de un detalle minúsculo. - ¿Y si le pasa algo al bebé por el camino? ¡Joder, esto no es una buena idea!

Pieromaru indicó que con total probabilidad Sheik estaba en el puerto. El peliazul salió despedido, dejando la katana allá y al pierrot no le quedó otra que seguirle.


Pieromaru
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Re: Coming home [Tema Libre]

Mensaje por Uchiha Sukino el Sáb Abr 14, 2018 10:31 pm


Los días siguientes a la batalla los pasó ayudando. Intentaba fingir que no había pasado, que todo seguía como antes, aunque muy en el fondo sabía que estaba engañándose de una manera absurda. Tarde o temprano, sin importar cómo de lejos pretendiese esconderse, o cuántas sonrisas falsas cincelase en su cara, la realidad terminaría encontrándolo, como siempre hacía.

Las heridas, sobre todo la pierna, requerían de constantes visitas a los médicos del castillo. Entre tanto, los verdaderos daños se mantenían ocultos. No eran los cortes en la piel, ni magulladuras ni siquiera huesos rotos, eran algo mucho más profundo, un empujón más y el último que podía permitirse antes de caer por el acantilado.

Con el punto de quiebre amenazando a la vuelta de cada esquina, en las sombras de la noche e incluso a plena luz del día, el Uchiha se las ingenió para evitar todo lo que pudiese crear una situación de estrés. Evitó hablar con Sai más de lo necesario para dejar en claro su negativa de aceptar lo que le ofrecía el ministro bajo la máscara de su amigo. Esquivó con habilidad a Pieromaru, intentando no cruzárselo tan siquiera. Pero quien mayor sensación de fragilidad le causaba era Sheik. Cada vez que la veía, o que tan siquiera oía su voz, daba media vuelta para no tener que lidiar con una conversación que la incluyese.
El miedo a lo que había visto, ese sistema a medio formarse, lo atenazaba.

«Si lo hubiese visto antes, podría haber hecho algo. O si por lo menos no hubiese alimentado más esa técnica.» le repetía una voz cada vez que se cruzaba con la rubia. Esa voz era la suya, pero había dejado de pertenecerle y servía ahora a la culpa más ponzoñosa que podía albergar alguien como él.

Al enterarse de que iban a volver al gremio, sintió un pinchazo en el pecho. Terror. La ansiedad estrujó el corazón del joven adulto hasta drenarlo igual que a una esponja vieja. Saberse atrapado en alta mar con las personas que había estado evitando hizo que sintiese de nuevo la responsabilidad de sus actos, la espada de su propia traición atrevesándolo una vez más.

Mientras estaba en el puerto esperando, la brisa cargada de salitre marino lo desplazaba lentamente hacia el borde del precipicio.

Estaba a punto de tomar una decisión pero él, no lo sabía.
Uchiha Sukino
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Re: Coming home [Tema Libre]

Mensaje por Sheik el Lun Abr 16, 2018 9:55 pm

Lo miraba de soslayo, sin llegar a reconocerlo a primera vista pues pocas fueron las veces que verdaderamente se había podido fijar en él. Cansada, triste, hastiada tras todos los palos emocionales que había recibido en las últimas veinticuatro horas, su apagada mirada recorría suavemente las aguamarinas de su nuevo capitán. Encontró, no en él, pero, sino en su voz un espejo donde reflejarse. No era ella la única que había perdido aquella noche, y eso debía comprenderlo. Mas no lo haría, no todavía.
Armada, de nuevo, con una voluntad que no poseía y que fingiría tantas veces hicieran falta para que nadie reparara en ella, emprendió una corta respuesta:
—No seré yo quien dé orden alguna —espetó con cierta reserva, recordando entonces los últimos deseos de su amado —. Sed felices...—murmuraba, sin saber siquiera si el otro podría escucharla. Solo le quedaban esas dos palabras, ese último aliento, esa última nota al pie de una historia todavía sin terminar —Por mi parte, volveré al gremio, con él… Y todos… —la sútil imagen del pelirrojo la inundó momentáneamente, y con ella las terribles palabras que se había visto en la obligación de transmitirle —seréis bienvenidos cuando sea que queráis volver. —Empezó a avanzar por la pasarela, encabezada hacia el barco, sin prisa pero sin pausa para poder comprobar las condiciones de los Bokushi.

Su cuerpo, pero, se detuvo a mitad camino. Recapacitó sobre sus pasos y miró a su espalda a Dastan. Sed felices. resonaba en su cabeza como un eco. Podía el destino habérselo robado, siquiera sabía cuándo lo volvería a ver, pero si tenía algo claro es que haría lo necesario para que su ausencia se notara mínimamente. Aunque, por ahora, aquella tarea fuera la más ardua de todas. —Creo… creo que nunca nos llegamos a presentar como es debido —pronunció, pero, de forma fría y seria, pues ya no había calidez en su interior —. Es un gusto haber podido combatir con vosotros, Dastan. —estiró la mano para alcanzarla con la suya en un apretón. Su brazo, sin embargo, revelaría lo débil que realmente se sentía y que con su impasible expresión trataba de ocultar.
El navegante se acercó un poco y extendió la suya para responder al saludo de Sheik y le dijo: —Lo mismo digo, Sheik.— hizo una pequeña pausa luego de esto, soltó la mano del saludo y siguió —Ha sido un honor ser parte de esta batalla. —En respuesta a lo que dijo anteriormente, este expresó: —Los acompañaré hasta el gremio para asegurarme de que lleguen bien, luego de eso me retiraré al País del Fuego, tengo asuntos pendientes ahí...— Dastan bajo un poco la cabeza y cerró los ojos expresando cierta incomodidad. luego alzó nuevamente la cabeza mirando a Sheik y le dijo: —Disculpa, es que... tengo una situación algo tensa con los feudos del Fuego. Si quieres lo hablamos en el camino.

Tras la amabilidad del otro, poco más le quedaba por expresar más que gratitud, aunque de una forma huraña y taciturna. Viró, de nuevo, hacia el horizonte para proseguir con su andar.
—Acompañadme, —refiriéndose a ambos —si queréis. Quiero comprobar que Sorey cuenta con una buena alcoba, los viajes en alta mar nunca son fáciles… —sus piernas empezaban a fallarle, su vista se nublaba, pero ella proseguía su caminar. Zigzagueaba de lado a lado por la pasarela, hasta poner un pie encima del otro. Estaba demasiado cansada y mareada como para siquiera darse cuenta de que caía, irremediablemente, contra el suelo.

El príncipe había hecho una revisión general del barco, pero no había andado mucho por las habitaciones. Sin decir nada al respecto, este siguió los pasos de la ilusionista. Pero apenas empezaron el caminar vio como esta empezaba a tambalearse de un lado a otro por la pasarela. —Se va a caer.—pensó el príncipe. Empezó a hacer sellos de mano mientras le indicaba a Cervantes que se posicionara cerca de ella. Tras unos momentos, la chica finalmente cedió. Dastan liberó la técnica materializando al pirata mientras gritaba: —¡Agarrala!—, palabras que posiblemente no eran las más apropiadas para gritarle al espíritu teniendo una mujer cerca...

Cervantes apareció frente a ella y la atrapó entre sus brazos, causando que su pecho se presionara con el de él. —¡Ooooh si! —pensó el pirata. Dastan, al poder oír sus pensamientos tanto como Cervantes podía oír los suyos, dijo: —Ok, suficiente.— Canceló la técnica desapareciendo al pirata y tomando a Sheik por los hombros manteniéndola de pie y le dijo: —¿Estás bien? — Cervantes apareció nuevamente en su forma de Nakama y mirando con cierta inconformidad al rubio le dijo: —Pero qué puto eres, no me dejas disfrutar.
Tremendo fue el esfuerzo para abrir los ojos y no caer desmayada sobre los brazos del otro. Llevaba casi dos días sin comer, bebiendo lo mínimo para tenerse en pie. Era, de alguna forma, su persistente amor por el Bokushi lo que la mantenía viva y a la vez tan muerta por dentro. Volvió en sí, agarrada por las firmes manos del capitán. Débil, débil, débil. reiteraba una y otra vez. Levantó un muro impenetrable, una defensa que atraparía cada una de sus flaquezas en su interior. —Estoy… bien...gracias...—murmuraba para, a continuación, ponerse nuevamente en pie. Se llevó una mano a la frente, sintiendo la fiebre que le subía poco a poco. Mas ella siguió avanzando, sin dejar que con su caída perdiera de vista su propósito.
—Sheik... te ves terrible.— dijo Dastan. Posiblemente no eran las palabras más apropiadas para expresarlo, pero él solo tenía buenas intenciones. —Te llevaré adonde Sorey y veré que alguien te atienda y te den algo de comer.— alcanzó del lado derecho de ella, haciendo que apoyara su brazo sobre sus hombros mientras con su zurda hacia lo mismo con ella. Sirviendo de soporte, la llevaría hasta el barco, y posteriormente hasta Sorey para que descansara a su lado.
Ella, sin embargo, se zafó rápidamente de sus hábiles manos. No por miedo, tampoco por rabia, sino por pura vergüenza al verse otra vez necesitada de ayuda. —Si hubiera sido más fuerte… solo un poco más...— mascullaba entre dientes las mismas palabras que resonaban en su cabeza desde la noche anterior se hacían ahora reales sin poder evitarlo. —Lo siento— espetó —.Debo irme. —pagaba toda la gentileza y amabilidad del príncipe con descaro y apatía, odiándose a cada instante por el monstruo en que se había convertido de la noche a la mañana.


♦️ ♦️ ♦️ ♦️ ♦️

Tropezaba buscando con sus manos la barandilla de la escalera para sostenerse. Cuánto tiempo había pasado desde que no pegaba ojo por las noches, se preguntaba sin permitirse encontrar la dañina respuesta. Dormiría con su amado, pensaba, una noche más. Hasta que el sol volviera a aparecer por el horizonte. Para su sorpresa, pero, no estaría sola. Corrió la puerta hacia un lado lentamente, con las fuerzas que le quedaban, y la figura de un hombre la desconcertó durante unos segundos.
Hinata Bokushi, el padre de Sorey, aquel que tanto había hecho por ella, no con sus acciones, sino con sus palabras. La imagen de un padre preocupado y triste, pues ni con su último aliento había conseguido mantener su promesa. Lo observaba con pesar, dirigiendo sus ojos directamente sobre los párpados de su hijo, con la esperanza de volver a admirar el brillo de aquellas esmeraldas y la ilusión albergada tras ellas. Respiraba con quietud, demasiada incluso.
—Sorey… si yo…—murmuraba y su respiración se turbaba —por qué tú… —sus ojos parecían empezar a enjuagarse en lágrimas, mas no dejaría que desbordaran, no al menos delante de la ilusionista, quien aguardaba pacientemente en la entrada dejando que el Bokushi se desahogara.

El sonido de unos debilitados paso alertó a quien antes fue también un shinobi, quedando, de forma instintiva, petrificado. No quería preocupar a Sheik más de lo que ya estaría, y aunque sólo fue por unos pocos minutos, ya la conocía lo suficiente como para saber el tipo de persona que era. De ese modo, como buen Bokushi, haría a un lado su propio dolor y aplicaría la segunda máxima. —Gracias por salvarme aquella noche.— al girarse hacia ella, mostraría el negro parche con el que cubría aquello que se hizo en el rostro. —Tenías razón, he visto por mí mismo cómo terminaba la guerra... —¿pero a qué precio? No expresaría eso último, pues no era culpa de nadie, ni mucho menos de ella que tanto se había esforzado por protegerlos. —Pareces cansada, siéntate aquí.— amablemente, su suegro daba palmadas sobre el colchón de la gran cama sobre la que reposaba el cuerpo del Bokushi.

Absorta en sus pensamientos aceptó el ofrecimiento sin dudarlo por un instante, y por pura inercia se postró a su lado. —No pretendía molestar...—añadió, pues con él sí podía mostrar cómo aguantaba su corazón en un puño mientras este se debilitaba con cada punzada que sus recuerdos le daban —No deberíamos haber venido… si solo nos hubieramos quedado en casa él...—se atragantaba con la falta de aire. Sus labios se resecaban con esas palabras, y sus ojos solo podían observarlo a él y, seguidamente, sus tristes manos que jamás habían sido capaces de salvarlo. Nunca había sido suficiente, y, por más que lo intentara, jamás se perdonaría.
El Bokushi colocó su mano en la espalda de la muchacha y empezó a frotar, un gesto que su hijo había heredado de él. Cuando de niño Sorey se ponía triste, su padre lo reconfortaba de esa forma, y alguna que otra vez este empleó aquella misma técnica con la mujer que amaba, por eso aquella acción se sentía tan familiar. —Los dos conocemos bien a Sorey. Ahora está vivo pero no despierto. Si Arata hubiera seguido con aquella guerra mundial, sabiendo que podría haberlo evitado... ahora él estaría despierto, pero no vivo... —no era difícil imaginar al pastor en ese estado absorto, pensando en todo lo que no podía hacer. Quizás aquel al que le faltaba uno, podía abrirle los ojos a Sheik. —A mí también me duele mucho verlo así, pero sé que va a despertar, yo mismo lo curaré. —todavía con el sello de restricción, contaba imposibles como su dormido hijo, pero ambos eran unas personas que tendían a ver el mundo y el futuro como querían que fuese, no podían remediarlo.

Lo observó fijamente, durante más de un segundo tras aquellas palabras. Tragó saliva y se mordió el labio inferior. Con él podía ser débil, con él podía tirar aquellos muros. Con aquel que, sin pedirlo ni buscarlo, se había convertido en un padre para ella. Cayó, temblorosa, una única lágrima por su mejilla, la cual se apresuró en secar. Todavía sentía. —Sorey...—empezaba, rompiendo sus cuerdas vocales mientras pronunciaba su nombre —...él te adora, te admira como no lo ha hecho nunca con nadie, aunque eso ya lo sabrás...—recordaba, entonces, con aflicción las últimas palabras que a través de Kagami les había dedicado —Quería que me llevaras de la mano, con un vestido blanco hecho por ti...él...yo...—miró sus manos cuando, sin haber querido evitarlo, ya estaban llenas de pequeñas gotas. Estaba temblando.
No fueron gotas, sino cascadas lo que cayeron del ojo de Hinata. Saber aquello lo hacía muy feliz y muy triste a la vez. —La última vez que hablé con él discutimos... —se limpió con su mano. Pese a la evidente tristeza que mostraba su ojo, no lo hizo su voz, que no dejaría escapar ni un solo gemido. Debía de ser todo lo fuerte que pudiese. —Te coseré ese vestido, lo prometo. Hasta entonces debemos de mantenernos fuertes, seguir adelante. Sino romperemos todo lo que construyó. —levantó el brazo, señalando hacia donde se dirigía el barco, el país de la Luna en el que tanto había trabajado. —Él construyó Howaitohasu cuando estaba solo, en un país extraño, cuando creíamos que había muerto, y cuando todo un país le odiaba... él pudo convertir un infierno en esperanza, y un lugar desconocido en su hogar. Si él pudo con todo, tú también. Estoy seguro de que si pudiera hablarte te diría lo mismo, lo sé porque es mi hijo.

Lo abrazó, sin más, sacando fuerzas de donde solo contenía tristeza y desolación. Lloraba junto a él, pues ambos se tenían el uno a la otra pasara lo que pasase. Evitó gritar, evitó sollozar, aunque era lo que más necesitaba. Exclamar a los cuatro vientos, desahogar todos sus pensamientos, y, por una vez, quitarse la máscara que se había autoimpuesto, derrumbar los cimientos de los muros que había construido. Y simplemente gritar.
Interrumpidos por el sonido de la puerta abriéndose, aquella entrañable pareja se separó, pero, lentamente, atesorando los minutos de calidez que habían podido compartir.
—Disculpad, —empezaba el cocinero del navío, con tímidez y un delicado toque de inseguridad —os traigo la cena de parte del capitán. Estofado de buey con verduras, receta de mi madre. —a esto último le acompañó una triste sonrisa melancólica con el recuerdo de una madre a la que seguramente no volvería a ver después de mucho tiempo en alta mar —Espero que sea de vuestro agrado. O’Donnell-san también requirió que viniera un médico para conocer su estado, estará a punto de…
—No necesito que me inspeccione nadie. —lo interrumpió con brusquedad —Solo necesito comer un poco y reposar…—miraba con seriedad el plato y su estómago sorprendentemente rugió tras él. No fueron solo las palabras del Bokushi las que la tranquilizaron, sino también la gentileza del capitán de la embarcación quien de forma desconsiderada había estado atento a sus necesidades. —Gracias...—dijo por lo bajini, aunque Hinata dio cuenta y sonrió levemente. ”Estará bien… estarán bien…”
Sheik
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Re: Coming home [Tema Libre]

Mensaje por Ichimaru el Mar Abr 17, 2018 6:22 pm

País del Agua ♠️ Puerto


Había sido una noche difícil, de igual forma el amanecer, todo había cambiado en apenas una noche y ahora, a causa de las acciones de Howaitohasu y de Sai todos tenían algo que hacer un objetivo distinto que separaba algunos y unía a otros. Ichimaru desconocía que ocurriría a partir de ahora con Howaitohasu pero lo que era para él, su presente ya lo conocía, con nuevas órdenes de ser gobernador en la isla de Nakamura y con una residencia en la cual quedarse el hombre había aceptado, eran ordenes después de todo y no se quejaba del todo por ellas. – Hana… ¿serás capaz de perdonarme? – Susurro entre la multitud un tanto derrotado el soldado, armándose de valor con sus armas enfundadas entre sus ropas y una bolsa de cuero en la mano, cojeaba un poco aun por el dolor de su pierna izquierda, tomaba con su zurda la Katana Fujin y la usaba como un bastón para evitar provocar más dolor, necesitaría descanso para poder recuperarse luego de tanto.

Camino por lentitud por aquella pasarela buscando a alguien que pudiera llevarlo al país de la tierra cuanto antes, no obstante todos estaban ocupados con los cambios que llegaban, dejo salir su frustración en un suspiro sin tener ningún éxito. Fue allí donde vio aquel joven, el pirata, aquel miembro de Howaitohasu que era nuevo con el cual habían combatido a la par. Se acerco con su bastón lentamente hasta él observando su barco. –Oye ¿tu eres el chico pirata? – Desconocía su nombre, era un tanto descortés pero a fin de cuentas podría llamarse aliado. – Eh, si. Así me dicen supongo. – –¿Que harás ahora? según tengo entendido te dieron vía libre por los mares. – Le dijo a un aliado que podría ayudar en un futuro en sus negocios con la isla Nakamura.

– Pienso llegar al País de la Tierra y acompañar a Sheik al gremio a llevar a Sorey. Luego regresare a la Tierra y me iré al País del Fuego a resolver unos asuntos feudales. Pero si, digamos que ya tengo algo de libertad en los mares, cosa que me agrada bastante.– Ichimaru se llevo la mano al mentón un poco pensativo. –Vaya vida más ajetreada llevas pero. ¿Tendrías lugar para uno más? ahora mismo me dirijo al país de la tierra. Solo... – Silencio sus palabras por un momento. –Preferiría no ver a Sheik directamente.– Aunque era optimista de que Sorey despertaría, no sabía que podría pensar Sheik sobre lo que hicieron, usar a Sorey como carnada y ser consciente de que lo harían
–¡Claro, súbete!– Hizo una ligera pausa un momento, bajo a un tono menos animado y mirando hacia el barco lo pudo escuchar decir. –Sobre Sheik... no creo que vaya a salir de la habitación el viaje entero... Mientras no vayas adonde Sorey creo que no la verías. – – Esta bien, gracias ehm... ¿cuál era tu nombre? – Dijo mientras subía al barco con sus armas enfundadas, no había llevado mucho a ese país mas que dinero y armas. –Dastan O'Donnell.– En ese momento Cervantes salio de la nada en su forma de cabeza flotante. –Y Cervantes de León. – El rubio mira con vergüenza al espíritu por un momento, era bastante obvio que no compartían la personalidad, luego el pirata volvió la mirada hacia el espadachín.–¿Y el tuyo?–

– Un placer señor O´donnell... y cervantes de león. Mi nombre es Ichimaru Takahashi. – Le provocaba curiosidad aquel espíritu ¿era la materialización del espíritu de su arma? Sin duda, trataría de hacer algo parecido algún día. –  Si alguna vez necesitas ayuda con tu espada no dudes en llamarme, seguramente me encontraras pronto en la isla Nakamura.– El rubio se dirigió a él con las últimas palabras antes de subir al barco. – Lo tomare en cuenta... Gracias. – Ichimaru finalmente opto por subir al barco cojeando, durante su estadía en el barco trataría de descansar mientras evitaba la habitación de Sorey y Sheik lo que pudiera para evitar tal vez un enfrentamiento.


Datos:

Estado:
▲ Stats:
• Ninjutsu (12)
• Taijutsu (15)
• Genjutsu (12)
• Velocidad (13)
• Resistencia (15)
• Fuerza 15 (17)


Técnicas: 8G | 6C
Usado:
Restantes:  
Estado:  Desncasdo pero con dolor en la pierna izquierda.
Equipamiento:

• Sellos explosivos (1)
• Senbons (20)
• Kunai   (1)
Cuchillos Arrojadizos de acero (2)
• Píldoras de soldado  (2)
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• Bombas de luz (2)
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Fujin (1)
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Técnicas:

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Re: Coming home [Tema Libre]

Mensaje por Nokawa Shiroga el Jue Abr 19, 2018 5:40 am

Era un día agradable, de esos que ambos amaban, el viento soplaba con vehemencia y lentitud y las copas de los árboles solían hacer aquel silbido que tanto agradaba a la invidente. Tras el regreso de Nokawa ante su triunfante primera misión, Adashi llevaba días ideando locuras que Nokawa desconocía... y es que la verdad, el muchachito tenía más alma de vago y aventurero que su hermana mayor.

Habían salido por unos cuantos víveres y regresaban a su hogar, Adashi entonaba una canción que les recordaba a ambos el lugar de donde provenían:

"Blanca palomilla, cruza el sendero
el frío interno helara tus alas.
Vuela, vuela sin parar sin desfallecer..."


Adashi dejó de cantar casi apresuradamente, y una idea rondó por su cabeza -One San ¿Te imaginas cómo es el mundo allá afuera? Es decir, fuera del país del agua- Nokawa elevó el rostro, quizás algo pensativa y segundos después se encogió de hombros algo despreocupada. -¿Has pensado en conocer más allá de los límites de nuestro país? ¿Podríamos hacerlo?- La mudes de Nokawa se vió sorprendida, pues ésta se detuvo en seco y a pesar de que sus ojos se encontraban cubiertos, era notorio el sobresalto que de ella emanaba y comenzó ha hacer unas cuantas señas con las manos "Tú" "estás" "loco" "peligro" "afuera".

-Existe el mismo peligro aquí y allá-

Nokawa cruzó los brazos denotando el hecho de que no estaba a favor de eso último. Llevaba los víveres a espaldas y eso le daba la libertad de hacer cuantas señas quisiera. -"Aquí" "Tierra" "paz" "Tranquilidad"- Fueron las siguientes señas que sus manos mostraron. Adashi suspiró pensativo.

-Pero ¿Qué futuro nos espera aquí? Como la kunoichi que eres, no puedes quedarte estancada... deberíamos conocer mas allá de nuestras fronteras para que así te hagas mas fuerte, tú sabes-

-"Quien" "proteger" "feudo" "ausencia" "yo"-

-Hay muchos ninjas más en el lugar. ¿Sabes? te desobedecí un poco, y visité las costas mientras no estabas, hay unos cuantos barcos que zarparán, no sé a donde, pero saldrán de la ciudad...-

Detrás de sus vendajes, Nokawa fruncía el ceño a su hermano menor, colocóse las manos en la cintura en señal de desaprobación para después llevarse la mano derecha a la frente con cierto fastidio, negó con la cabeza y señaló "Sigue caminando".

-Pero... One San ¡Nokawa!-

Sin embargo, ella continuó caminando mermando las ilusiones de Adashi en breves segundos. Si bien, no era sólo el "no aceptar" en realidad pensó en el tema durante el resto del camino. Mientras el joven muchacho continuaba entonando la misma canción, Nokawa ideó todos los pros y contras de apartarse del país del agua, a decir verdad ella misma sabía que aún no era lo suficientemente fuerte y su razón principal para ser fuerte, era Adashi... Ambos estaban solos en el mundo, y si bien, el muchacho tenía 14 años no era afín a la lucha, no le gustaba inmiscuirse en problemas y no era u intención hacerlo jamás, ciertamente generaba un peso sobre Nokawa. Ambos sabían lo básico del arte ninjutsu, lo habían aprendido casi, casi por cuenta propia... en realidad, Nokawa sabía un poco más del tema gracias al estricto entrenamiento que su padre llevaba con ella, pero Adashi, él había vivido más apartado de sus padres gracias a Nokawa, y de vez en cuando solía sentirse culpable ¿Adashi podría protegerse solo?... De una un otra manera ambos dependían el uno del otro, pues, Adashi era la voz de Nokawa, y ella por su parte la parte defensora física del muchacho.

El joven ninja estaba notablemente molesto, no con su hermana, sino con el entorno que los rodeaba...

-One San ¿Estás molesta?- Preguntó Adashi después de varios minutos en silencio absoluto, habían llegado ya a su hogar y Nokawa se proponía  abrir la puerta, giró su cabeza y negó con ella sutilmente.

Su mano derecha señaló sus propios ojos, y ésta se deslizó por su mejilla derecha hasta el mentón, luego la llevó a la altura del corazón y señaló a Adashi.

-Yo también me preocupo por ti One San, pero ya no soy un niño, y si salimos de aquí, los dos podemos aprender, será sólo un viaje, vamos dique si, por favor, por favor-

A pesar de ser Adashi un muchacho algo callado, con su hermana mayor era todo lo contrario, era de suponerse que ante el silencio de Nokawa, siempre buscara mantener cierto ruido entre los dos. La chica se cruzó de brazos, elevó la ceja derecha por debajo del vendaje y suspiro, extendió ambas manos bajándolas y subiéndolas en una velocidad moderada, señalando a Adashi que se calmara, luego, llevó su dedo índice y medio elevados hasta el mentón y mostró el pulgar hacía arriba. -"Está bien"- Apenas y Adashi se sobresaltaba de la felicidad, Nokawa señaló un "Uno" con la mano derecha, hizo un ademán como si se pusiera una mochila para después hacer la señal de "pasos", significaba "Sólo un viaje".

(.....)

El sol ni si quiera se había colocado al horizonte, cuando Adashi despertó de sorpresa a su hermana mayor. Se habían ido a la cama muy temprano al noche anterior, sabían que el viaje sería largo y lo tenían todo preparado, se habían asegurado la tarde anterior de tenerlo todo en orden. Levantaron sus futones, se enjuagaron las caras y salieron aún sin haber aparecido la luz del sol. La cantidad de ryus con la que contaban era poca, Nokawa había sacado las cuentas y muy apenas les alcanzaría para llegar a las costas, aún así quiso llevar a cabo el sueño de su hermano menor. Seguía preguntándose si sería una buena idea. "¿Estará bien lo que hacemos? No estoy segura de dejar el país del agua... Pero, no será para siempre, volveremos en cuanto tengamos la oportunidad, no contamos con muchos ryus, tendré que conseguir misiones durante el camino o a donde vayamos" Pensó Nokawa mientras el vago viento de madrugada soplaba en su rostro.

Hacía frío y viajaban en una carreta de la cual Nokawa había dispuesto aquella misma tarde, gracias a las pocas conexiones que había hecho ante su primer misión. Permanecía cruzada de brazos, Adashi se había dormido en su regazo, temblaba y a pesar de tolerar bien el clima frío, Nokawa sentía cierta frialdad dentro de ella. Hacía tiempo que la mujer de nieve no se presentaba si quiera con pensamientos ¿Estaría bien llamarla? ¿O debería dejarla seguir durmiendo dentro de ella?, suspiró ante todo los pensamientos que la rodeaban y entonces aquella voz de ultratumba apareció por breves instantes.

-No estás sola...-

Nokawa dió un respingo de imprevisto la temperatura bajó ligeramente y un humo poco denso brotó de su boca, no... aún no estaba sola y no sabía cuánto tiempo más debía permanecer así.

La carreta había tardado en llegar a la costa, lo suficiente como para que descansaran otro poco, ambos iban si acaso con unos cuantos víveres, carne seca, galletas y pan sin levadura, no sabían que más llevar, en realidad no tenían nada más que llevar. El conductor entonces despertó a Nokawa, quien al bajar tuvo que cargar a Adashi momentaneamente hasta que éste se puso en pie algo amodorrado. Con una reverencia, la chica dio las gracias al hombre y esperó paciente a que Adashi se desperezara.

Una oleada de ruidos y sonidos se hicieron presentes en los oídos de Nokawa, algo a lo que no estaba del todo acostumbrada, le era algo difícil distinguir las pisadas de loas personas de golpeteos que se escuchaban a lo lejos, el oleaje del mar, el canto de las gaviotas, el grito de personas y vendedores ambulantes, se concentró primero en el oleaje del mar y apartó los demás sonidos que la distraían, ancló entonces el graznido de las gaviotas y pudo imaginar la costa con el sol ya colocado en lo alto, escuchó entonces los pasos de las personas, algunos lentos y pesados, otros apresurados y ligeros, escuchó también el caminar de alguno que otro perro cuando las garritas rasgaban la madera de lo que probablemente sería el muelle. Sonrió para sí misma... pero entonces, Adashi la sacó de sus pensamientos.

-No estoy seguro de cuál barco esté a punto de partir, preguntaré-

Nokawa lo escuchó y aguzó el oído para guiarse con los pasos del muchacho. Llevaba una varilla larga que le permitía palpar el suelo en cada paso, si bien, había aprendido un poco de guiarse por el sonido y el límite de este con las cosas, aún le faltaba por aprender. Escuchó la voz de Adashi varias veces, "Disculpe, Disculpe", pero pocos parecían responderle, comenzó a sentirse nerviosa, de alguna manera sentía la mirada de las personas y era algo que le incomodaba, daba igual si la veían o no, era algo que ella sentía.

-No estás sola...- Aquella voz se hizo presente por breves momentos nuevamente, a punto estuvo de responder, pero Adashi le llegó de sorpresa haciendo que su hermana diera un sobresalto.

-Nadie me responden y no sé exactamente donde preguntar... ¿One san estás bien?- Preguntó el muchacho, dándose cuenta de que su hermana parecía sobresaltada, ella se limitó a asentir con la cabeza y pocos segundos después, pareció permanecer más atenta y guiar su mirada hacía "algo", entonces una voz detrás de Adashi lo hizo responder.

-Disculpen ¿Están perdidos?-

Adashi giró el rostro repentinamente. En un principio se mostró confuso, vió a un hombre joven frente a él, pero no era un hombre normal... "algo" salía, o estaba detrás de él, no estaba seguro, era... era ¿Una segunda cabeza?. Adashi sacudió la cabeza, se puso a pensar entonces en la situación de su hermana y la yuki onna y no prestó tanta atención a ello a pesar de parecerle sorprendente. -Estamos... estamos buscando un barco para zarpar.- Respondió el muchacho aún algo confundido. Nokawa posó su mano en el hombro de su hermano, hizo unas cuantas señas y el chiquillo se quedó pensativo .-No tenemos mucho con que pagar... a decir verdad, no tenemos con qué pagar, Señor- El muchacho abrió su morral, mostrando las escasas pertenencias que llevaba. –Pero, nadie parece responderme.-

Aquella cabeza flotante pareció prestar atención a Nokawa, Adashi lo había notado, frunció algo el ceño y esperó la respuesta del joven.

-Pues, resulta que tengo un barco y nos iremos dentro de poco. A los pocos pasajeros que monté no les cobré, asi que supongo que podrían ir gratis ustedes también.- Hizo una pausa y prosiguió - Nos dirigimos al Pais de la Tierra ahora. Durare un par de días ahí y luego me iré al País del Fuego. Si alguno de estos es su destino pues siéntanse libres de subirse. Serán atendidos cómodamente.

La expresión de Adashi se mostró  por completo emocionada, tanto que su ceño fruncido ante aquella cabeza flotante había desaparecido, sus ojos se iluminaron abriéndose de par en par, su sonrisa amplióse de oreja a oreja casi anonadado, pero entonces, Nokawa posó de nuevo la mano diestra sobre el hombro del muchacho e hizo una señal con la mano izquierda pidiéndole algo de tiempo, pues ante las palabras de aquel hombre,, la chica se mostró completamente desconfiada… a decir verdad, ella no esperaba que hubiese alguien que los llevara gratis de viaje o de paseo “no era correcto” pensó, algo debían esperar a cambio, y por la mente de Nokawa pasaron un sin fin de ideas acerca de lo que podía o no pasar dentro de aquel barco.

Adashi algo desesperado y confundido, obedeció a su hermana mayor dándole la espalda a aquel rubio hombre por breves segundos. –“¿Qué haces?”- Señaló Nokawa a su hermano.

-¡El viaje es gratis One San!-

-“No hay viajes gratis, Adashi”-

La fuerza y firmeza de sus manos, denotaban nerviosismo y severidad, eran los típicos regaños silenciosos de Nokawa, Adashi se quedó pensativo, miró al suelo como buscando una respuesta, suspiró  entonces.

-“Vámonos”- Impuso la invidente pasando la mano derecha frente a si misma hacía su hombro derecho con un movimiento rápido.-

-Espera…- Pero entonces, Adashi decidió preguntar la razón, acercóse al joven rubio y con un tono tranquilo y curioso interrogó.- -Puedo saber ¿Por qué no está cobrando?-

Ambos marineros se quedaron mirando fijamente la conversación que llevaban los chicos. Cervantes no comprendía absolutamente nada de lo que pasaba, para él estaban haciendo las señas raras que usan los shinobis para usar sus técnicas. Dastan, teniendo conocimiento de los sellos, sabia que nada de lo que hacia la chica eran sellos, así que asumió que se comunicaba por gestos de mano en vez de por el habla. Terminado aquel intercambio de gestos, el chico se le acerca al rubio y le pregunta por qué no cobraba. El príncipe se mostró serio ante la pregunta, en un principio no sabia qué responder. Por una parte no quería revelar la identidad de él ni los que estaban en el barco, pero por otro lado, ya Sai lo había hecho publico tras su gran anuncio frente al castillo, así que asumió que no importaba.

Después de unos segundos pensando en la pregunta, este le respondió: "Pues... yo, y los pasajeros que andan en ese barco, somos parte del grupo que enfrentó a los dirigentes del feudo de Arata y lo derrocamos. Ayudamos a reconstruir el País, y junto a Sorey, pusimos la base de lo que es Hakkodori no Nabi ahora mismo. Sorey me dio este barco para que los que no somos de este país regresáramos a casa, y eso haremos. En otras palabras, es un regalo del feudo, solo que me encargaron a mí ser quien los guíe, pues al parecer soy el único navegante de nosotros.". Cervantes, quien había estado callado durante todo el intercambio, decidió abrir la boca y dijo: "Jej, y muy buena elección que hicieron en darnos esta belleza.". Dastan retiró la mirada un momento y luego miró al chico nuevamente y le dijo: "Realmente no me pesa para nada llevarlos, y ustedes son ciudadanos de este nuevo feudo, así que por eso decidí tampoco cobrarles a ustedes. Espero que haya quedado claro.". Dejó a un lado la seriedad y volvió a mostrarse sonriente, tratando de generar confianza en los chicos.

La primera parte había bastado para hacer que Nokawa prestase atención en aquel hombre, elevó el rostro y bajó los brazos como señal de interés, pues hasta ahora se había mantenido con ellos cruzados, dió dos pasos al frente algo sorprendida, tanto ella como Adashi se giraron el uno al otro para "verse" ante la mención de "Arata".

-Es usted muy amable... señor- Dijo finalmente Adashi con una sonrisa algo nostálgica en el rostro. -Nosotros dos venimos de...- Sin embargo, antes de que pudiese continuar, Nokawa volvió a colocar la mano sobre el hombro del muchacho, negó con la cabeza y finalmente dió una formal reverencia al joven rubio, ésta hizo tres señas con las manos, primero formo una paloma con sus manos; después con el puño izquierdo cerrado y la palma derecha sobre éste dibujó una línea recta; finalmente con la palma izquierda abierta, dibujó una especie  de serpiente sobre ella con la derecha para después señalarse a sí misma.

El rubio escuchaba atentamente las palabras del chico cuando este fue interrumpido por la joven de las vendas. Atento a los movimientos de esta, vio como hizo una reverencia y procedió a hacer un conjunto de señas. Dastan la miró extrañado mientras trataba de descifrar el mensaje. Lo único que pudo exteriorizar tras eso fue: "Pa... ¿Paloma?". Ninguno de los dos pudo entender la seña del medio. Ante la final, Cervantes intentó adivinar y grito: "¡Serpiente!". El príncipe le replicó diciendole: "No creo que sea serpiente... Hmm... ¿Qué más se mueve así? Un rio tal vez.". "¿Paloma?¿Rio?". Después de mucho esfuerzo pudo descifrar algunas de las palabras, pero aun no llegaba a comprender su significado. "Lo siento, no se bien qué quieres decir". Se había concentrado tanto en descifrar las palabras que no se fijó en que ella se señaló a si misma al final de todo.

Adashi con una sonrisa amable sonrió y negó con la cabeza. -Palomilla blanca de río... Su nombre es Nokawa Shiroga, mi nombre es Adashi, y es un placer conocerlo.-
Nokawa Shiroga
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Re: Coming home [Tema Libre]

Mensaje por Dastan O'Donnell el Vie Abr 20, 2018 11:55 pm






País del Agua - Costas

Como era de esperarse, Dastan había sido el primero en llegar al barco. Comió algo en uno de esos lugares de las cercanías del puerto y se dirigió a inspeccionar la embarcación que le había encargado Sai. Era temprano en la mañana, pero los marineros estaban ya movilizándose para partir. Se les había informado que iban a partir ese día, pero aun no conocían a su nuevo capitán. Sin embargo, tenían un nombre y una descripción para darse cuenta cuando lo vieran.


Subio Dastan al barco como que él era dueño de eso, y realmente lo era. Apenas vieron su presencia, algunos de los marineros empezaron a hablar entre ellos y uno fue a avisar al Maestre, quien era el previo capitán de ese barco. Tras unos minutos, el sujeto salió a cubierta y se le apareció al príncipe y le dijo: “Asumo que usted es el señor O’Donnell.”. El rubio dirigió la mirada al sujeto y asintió con la cabeza. Se quitó el sombrero y procedió a presentarse correctamente: “Así es, mi nombre es Dastan O’Donnell, un gusto conocerlo.”. El sujeto llevaba unas vestimentas similares a las del príncipe, pero con unas tonalidades de marron y crema. El pelinegro, en respuesta del saludo del navegante, le dijo: “Soy Katakura Kojūrō, actual Capitán de este navío, aunque por lo que veo, le han cedido mi cargo, así que seré su Maestre. Espero que tanto la embarcación como sus tripulantes estén en buenas manos.”. El rubio se puso de nuevo su sombrero, esbozó una ligera sonrisa y le dijo a su nuevo Maestre: “Pueden estar tranquilos. Sé cómo darle trato a una embarcación y a los que andan en ella, y si no, siéntete libre de reprocharme lo que quieras.”.

Kojūrō Katakura:


#cc972d

Tras el dialogo con su nuevo Maestre, este siguió atendiendo sus labores en el barco mientras Dastan daba una vuelta por las instalaciones de este para conocerlo. Tras finalizar su jornada regresó al muelle para indicarles a los demás viajeros que esa sería su embarcación. La primera en aparecerse fue Sheik, la cual este alcanzó para dialogar un poco con ella. Esa conversación terminó siendo un tanto incómoda para el príncipe, cuyos actos de bondad fueron recibidos con descaro y apatía. Este se quedó parado en el muelle viendo como la rubia se dirigía sola al barco tras esa escena con Cervantes. “Genial chico, la has cagado.”, “¿Yo? ¡Tú fuiste quien se puso de pervertido con ella!”. Este rápidamente la siguió al barco, pero esta ya había bajado a las habitaciones.

Parado en medio de la cubierta, este detiene al primer marinero que ve y le dice: "Hasme un favor. Ve a la cocina y dile al cocinero que prepare su mejor plato y ve que se lo lleven a Sheik a la habitación donde esta Sorey.". El marinero, recto le dice: "¡Si capitán!". El rubio, antes de irse el sujeto agrega: "Otra cosa, ¿Hay algún médico aquí?", "Tenemos a alguien con conocimientos de medicina. Sin embargo no es usuario de chakra.". Dastan lo mira seriamente y le dice: "Bien, eso es suficiente. Envía a ese médico a cuidar de Sheik tambien. Puedes irte.". El marinero se retiró a cumplir las órdenes de su capitán.

Tras un rato vio al que parecía ser el cocinero y al médico venir del piso donde estaba la habitación se Sorey. El rubio se les acercó y les dijo: “Salieron bastante rápido. ¿Todo en orden allá abajo?”. El cocinero alzó la mano y tomó la palabra, mostrándose un poco nervioso y dijo: “Eh… le he llevado la comida como ordenó. Le hice una receta cacera, espero que sea de su agrado. Justo cuando le mencioné al médico lo negó y dijo que no le hacía falta…”. Dastan se agarró el puente de la nariz mientras fruncía el ceño y decía: “Qué caso con esta mujer…”. Bajando nuevamente su mano y recuperando su rostro regular, miró al cocinero y le dijo: “Buen trabajo caballero, puedes volver a tus asuntos.”.  Tanto el cocinero como el médico hicieron un saludo militar y se retiraron, más el cocinero, tras dar un par de pasos, se giró de nuevo hacia el Capitán y le dijo: “Por cierto, me llamo Marco. Un honor conocerlo señor capitán.”. El príncipe se llevó la mano derecha detrás de la cabeza mientras sonreía un poco y decía: “No hace falta tanta formalidad. Mi nombre es Dastan O’Donnell, un placer conocerte Marco.”. Realmente no estaba acostumbrado a tanta formalidad por parte de su tripulación, después de todo, a su antiguo equipo él los trataba a todos como si fueran amigos cercanos.

Marco:

#118f2e

Regresó al muelle y siguió esperando la llegada de los otros. El próximo en llegar fue Sukino. Dastan lo recibió con una calurosa bienvenida, pero el Uchiha parecía perturbado, como si aún le molestaran los acontecimientos de aquella noche. Siguió su camino al barco sin decir media palabra. “Hmm… bueno.”. El rubio decidió dejarlo en paz, no iba a forzar una conversación si la otra parte no lo quería. Después de un tiempo llegó Ichimaru al puerto. Parecía agitado buscando algo, o alguien. Al final terminó llegando adonde el príncipe preguntándole cuales eran sus planes. Después de una amena conversación acordaron llevar al Kaguya al País de la Tierra y este se subió a la embarcación. Este ofreció sus servicios de herrería, cosa que el príncipe tomaría en cuenta dado el estado actual de su espada.

Dastan estaba en el muelle frente al barco esperando a ver si algún otro de los guerreros de aquella noche iba a aparecer. Ya la mayoría de los viajeros estaban a bordo: Sheik y sus Bokushi, Sukino, Ichimaru, Pieromaru... seguramente no vendría nadie más, pero esperó unos minutos más por si acaso. Se puso a mirar a los alrededores para entretenerse. Veía el mar, los demás barcos, admiraba por fuera la gran embarcación que le habían encargado y también veía a la gente del muelle. Entre todas las personas que veía andando de un lado a otro, pudo ver a dos jóvenes andando por ahí, dialogando con todo el que les pasaba por al lado, como si buscaran algo. "¿Habran perdido a sus padres?" -dijo Dastan. Cervantes, quien se manifestaba como una cabeza flotante sobre su hombro le dijo: "Con esas vendas en los ojos asumo que se le pierden muchas cosas a la grande.".

El príncipe no pudo ignorar el asunto y fue a ver qué les pasaba. Después de todo aun podía esperar un tiempo más antes de partir. Camino hasta donde estaban estos dos, se detuvo de lado de ellos mirándolos de frente, con ambas manos en la espalda y les dijo: "Disculpen, ¿Están perdidos?". Trato de mostrarse lo más amigable posible, pues generalmente a esa edad se le dice a los chicos que no anden hablando con extraños. Aunque él mismo se ha visto luchando junto a chicos de menor edad, ya nada le sorprendía en ese lugar.

Después de una pequeña charla con los chicos estos subieron al barco junto a los demás. Ya lejos, cuando no podían escuchar sus comentarios, Cervantes soltó una de las suyas: “¿Eso que andaba con ella era chico o chica?”. Dastan se quedó un momento pensando y tras unos segundos dijo: “No había tomado en cuenta ese detalle… buena pregunta.”. Hundidos en la confusión, se quedaron analizando esa situación hasta que la hora de irse llegó.

El O’Donnell se paró en medio de cubierta y ordenó una reunión con toda la tripulación. Le pidió a Kojūrō que lo acompañara a la parte superior de la cubierta, donde estaba la rueda y ambos subieron y se posicionaron frente a la multitud. Si alguno de los de Howaitohasu estaba en cubierta en ese momento vería el discurso del Capitán. “Ya he hablado con algunos de ustedes, pero quisiera presentarme formalmente a todos. Mi nombre es Dastan O’Donnell, como saben, soy el nuevo capitán de esta nave.”. Cervantes se alzó sobre el hombro del rubio y dijo: “Y yo soy Cervantes. Acostumbrense que me van a ver mucho.”. Ante las palabras de Cervantes algunos marineros se susurraron cosas entre ellos, pero siguieron atendiendo a las palabras del capitán. Dastan puso su mano izquierda sobre el hombro derecho de Kojūrō, quien estaba parado a su izquierda, y les dijo: “Tengo entendido que este caballero era su capitán antes de mí. Ahora es el maestre del barco. Quiero que le den aún más respeto de lo que me darían a mí.” –miro en ese momento al Maestre y este le devolvió la mirada: “Tienes tanta potestad como yo de mandar en este barco. Al fin y al cabo, estos hombres son tuyos. Si crees que una de mis decisiones no es correcta, siéntete libre de reprocharme. ¿Entendido?”. El pelinegro asintió con la cabeza y le dijo: “Entendido.”.

Dirigiéndose nuevamente a la tripulación les dijo: “Tenemos un pasajero delicado en este barco. Quiero… no, necesito que todos nos esforcemos por que tengamos un buen viaje. ¿Quién es el vigía de aquí?”. Uno de los marineros levantó la mano. “Necesito que hagas tu mejor esfuerzo allá arriba. Mantennos al tanto de las tormentas, de los peligros que pueda haber, para tomar las acciones necesarias para evitar posibles inconvenientes. ¿Quién es el navegante?”. Otro de los marineros levantó la mano. “Cuando termine de hablar sube aquí arriba por favor.”. El sujeto asintió con la cabeza. Luego dio una ojeada rápida a todos los presentes y les dijo: “Esto es todo. Es un placer para mí estar a cargo de hombres como ustedes. Confío en ustedes, y espero que igualmente confíen en mí. Sin nada más que agregar, ¡Echemos esta nave al mar!”. Al decir esto último el príncipe alzó su puño derecho al aire y todos los hombres le respondieron con un grito de emoción.

Todos volvieron a sus labores mientras que el navegante subió adonde el O’Donnell como este le había pedido. “Me gustaría encargarme de la navegación ahora. Empezarías tus labores en la noche. ¿No hay problema con esto?”. El sujeto negó con la cabeza y le dijo: “Para nada señor.”. El rubio lo miro y le dijo: “Perfecto. Descansa, guarda tus energías para esta noche hermano. Después de cena me relevas”. El navegante se retiró sabrá dios adonde después de ahí. Dastan confiaba en que cuando cayera la noche este cumpliría con su parte.

Las velas del barco fueron desplegadas, los marineros sujetando sogas, soltando algunas y amarrando otras. Cuando todo estaba listo el rubio gritó a todo pulmón: “¡Eleven anclas!”. Hacia demasiado tiempo que no decía esa frase, y le emociono tanto volver a decirla. Con sus conocimientos sobre el manejo de embarcaciones, este sacó el barco del muelle de Hakkōdori no Nabi y se adentraron a altamar.

Oceano - En la noche

Tras la hora de la cena, todos los marineros se dirigieron a sus habitaciones. Solo quienes cumplían una función imprescindible se quedaron en sus puestos. El navegante sustituyó a Dastan en el timón como habían acordado y el rubio se dio una vuelta por el barco. Durante la cena se había fijado en todos sus pasajeros, sin embargo, no les dirigió la palabra a ninguno, a menos que estos fueran adonde él a hablarle. Comprendía que todos habían salido de una misión delicada, y el estado de Sorey los tenia devastados, así que prefirió darles su espacio.

En un momento determinado pasó por la cocina y escuchó a alguien dentro de ella. Se acercó a la puerta, pero antes de abrirla, escuchó las palabras de quien estaba dentro. No era lo que estaba acostumbrado a escuchar en el continente, era… otra lengua. “…ille iuxta me, socii sunt mihi, qui olim viri fortes, rivalesque errant…”. Dastan estaba en shock. Nunca había oído esa lengua antes… no, si lo hizo, una vez en el País del Viento. Pero lo interesante no era su procedencia, sino que este pudo intuir el significado de algunas de estas palabras. “Tengo… amigos… hombres… valientes… rivales…”. Tras culminar la canción este abrió la puerta para ver de quien se trataba. No era nada más ni nada menos que su cocinero Marco. No era mucha sorpresa, al fin y al cabo estaba en la cocina. El sujeto, al darse cuenta de la presencia del rubio se espantó y empezó a sudar, a temblar y a mostrarse nervioso. “Oh-Eh… capitán… O’Donnell-san… eh… que bueno verlo por aquí. ¿Buscaba algo? ¿Tiene hambre?”.

El joven no sabía que decir, empezó a buscar excusas para cambiar el tema, pero las intenciones del príncipe eran claras: “Pues, te escuche cantando… y me llamaron la atención las palabras que usabas. ¿Qué lengua es esa?”.  Marco, aun con su nerviosismo le respondía: “Eh… um… prefiero no responder esa pregunta. Disculpe.”. Dastan, intentando que cayera en confianza le dijo: “Anda, no pasa nada. Yo también soy extranjero.”. El castaño se llevó la mano izquierda detrás de la cabeza, cerró los ojos y dejo salir una risa nerviosa y le dijo: “Eh… es que… esta lengua no es muy bien recibida aquí…”. El príncipe, ya un poco cansado de la evasión del cocinero, empezó a hablarle en su lengua natal: “Potes vis ov mihi”(Puedes confiar en mi). Marco se quedó boquiabierto ante las palabras que acababa de escuchar. No entendía lo que decía, pero pudo intuir algunas de las palabras. “¿También eres de Occidente? No… esa lengua no es occidental… pero se parece. ¿De dónde eres?”. Dastan esbozó una ligera sonrisa y dijo: “Vengo de unas tierras lejanas. No de aquel lugar al que llaman occidente, otro sitio.” –miró al castaño y le dijo: “No somos tan diferentes al parecer. Me gustaría conocer más de tu lengua… si me lo permites.”. El cocinero se puso rojo, no sabia que hacer al respecto, y le parecía un gran privilegio que el capitán no solo comprendiera parte de su lengua, sino que se interesara en aprenderla. “Eh… claro, sería un honor.”.

Dastan dio un gran bostezo en ese momento y dijo: “Creo que mejor empezamos mañana las clases. Deberías dormir también.”. Marco asintió con la cabeza y se acercó a la entrada para retirarse con el príncipe. “Por cierto, ¿Qué estabas cantando?”. El castaño sonrió un poco y le dijo: “Ah, es una canción de mi tierra. Me la enseñaron desde pequeño y, pues es la única que recuerdo en esa lengua…”. El rubio fijo su mirada en el pasillo y le dijo al aire, pero claramente dirigiéndose a él: “Deberías enseñármela un día.”, “¡Claro!”. Tras finalizar esa conversación ambos se retiraron a sus habitaciones para prepararse para el otro día. El viaje era largo, durarían mucho ahí metidos, así que lo ideal fuera mantenerse con energías durante el trayecto.


off:
Apariencia de Dastan:
Equipamiento:
Norowareta Ken (rota)
•Wakizashi
•Katana
•Kunais(x20)
•Shurikens(x6)
•Bombas de humo(x4)
•Senbons(x30)
•Píldoras de soldado(x1)
•Vendas
Stats(Dastan O'Donnell):
• Ninjutsu = 15
• Taijutsu = 10
• Genjutsu = 11
• Velocidad = 11
• Resistencia = 15
• Fuerza = 11

• Fuerza = 11
Stats(Cervantes de Leon):
• Ninjutsu = 15
• Taijutsu = 15
• Genjutsu = 11
• Velocidad = 15
• Resistencia = 15
• Fuerza = 15
Tecnicas:
Spiritus volebant: Socius (Asistencia espiritual: Compañero)
Naturaleza: Katon.
Especialidad: Ninjutsu.
Sellos: Necesarios.
Rango de alcance: 15 metros.
Descripción: El usuario utiliza parte de su chakra para materializar a Cervantes, después de realizar un conjunto de sellos. El espíritu se muestra en la apariencia que tenia antes de morir, pero tiene un color rojizo en toda su forma y es traslucido, resaltando su cualidad de espíritu. Este pelea unicamente con la espada propia de la habilidad única, siendo incapaz de tomar otras armas, atacando de formas propias de un espadachín y utilizando tecnicas relacionadas a este. Podrá moverse en un radio de 15 metros alrededor del usuario y la tecnica tendra una duración de 3 turnos máximo, pero puede ser cancelado antes de esto. Sus stats dependen del ninjutsu del usuario, exceptuando el genjutsu (Tiene el mismo que el usuario, ya que esta formado por el chakra de este).

Este podrá usar un máximo de 2 técnicas por turno, independientes del limite de 3 técnicas del usuario y estas le consumirán chakra al usuario.

En cuanto a su resistencia contra jutsus:

-Si el elemento es neutro y el Ninjutsu del usuario es igual o mayor a la Fuerza/Ninjutsu del oponente, aguanta 2 técnicas del mismo rango. Aumenta en 1 para cada rango inferior.
-No se ve afectado por técnicas de fuego.
-Las técnicas de agua, independientemente de su rango, lo destruirán inmediatamente.

Chunnin: Se ve limitado a usar la espada maldita y las tecnicas de la habilidad.

Tecnicas Gennin 8/8
Tecnicas Chunnin 5/6
Cervantes(Seishin-tekina nakama):


Dastan O'Donnell
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Re: Coming home [Tema Libre]

Mensaje por Hozuki Taiyō Hoy a las 12:23 pm

Con paso firme, fui dejando todas las puertas atrás del castillo y hasta que no logré ver la luz del sol impactando sobre el jardín del castillo, no recordé que Piero seguramente me estaba siguiendo. No es que me hubiese olvidado de él, sin embargo, en mi mente solo había una idea y cada vez era menos clara. ¿Cómo me iba a dirigir a Sheik después de todo lo que había pasado? Quizás, en aquella ocasión había sido demasiado duro con mis palabras ya que no las había medido en absoluto, y aunque mi intención nunca fue ofenderla o hacer daño a su recuerdo de Sorey, podía haberlo hecho. - ¿Y ahora con qué cara le puedo mirar a la cara?-

El olor a salitre inundaba toda la isla, pero al estar en el puerto, aquella fragancia me hacía sentir tan vivo que sentía que podía con todo, quizás, por aquel detalle, sentí fuerzas para hablar con Sheik. Solo necesitaba las palabras adecuadas, y aunque no sabía si iba a acertar, al estar en mi medio natural, la sensación de poder me abrazaba tan fuerte que me sentía imparable. –Sheik, Piero me ha dicho que os vais ya. ¿No te ibas a despedir? – Sí, aquello era muy directo y estaba obviando que yo no solía despedirme nunca y que más de una vez había abandonado a mis amigos. – Si Piero no llega a venir al castillo, no me hubiese enterado de vuestra partida.- Intenté corregirme, ser algo más formal y menos punzante con mi cháchara. –Verás…- Agaché la cabeza lentamente y me armé del valor suficiente como para pensar en Sorey y no romper a llorar. – No quiero ser grosero, ¿Pero de verdad tienes que marchar tan pronto? Mira lo que hemos conseguido todos aquí. Piensa en ti por un momento, ¿Crees que puedes cuidar a todo el mundo tal como estás? ¿Quién te va a cuidar a ti? – Alcé la cabeza y miré a Sheik con mi único ojo, clavando mi mirada en sus mustios rubíes, los cuales me parecieron estar más apagados que nunca. Era algo muy triste, pero si me había desplazado hasta allí era porque la apreciaba y quería hacer todo lo posible por ayudar.

Miraba con perplejidad el barco desde la distancia. Melancolía, una mezcla de alegría y tristeza, se hacía cada vez más intensa en su interior. Cuanto dejaba tras ella, sin saber siquiera cuando volvería a pisar aquella tierra. Le costaba respirar, pero solo porque aquel aire, aunque ya pacífico, seguía contaminando de oscuridad y desolación su alma. Una voz, sin embargo, la trajo de vuelta a la realidad tras aquel ensimismamiento. Observaba su pelo azul por el rabillo del ojo y no necesitaba más para reconocerlo. Como ella, sus ojos eran tristes, y su mirada afilada como la de un cuchillo.
No quería hacer esto más difícil de lo que ya es...—murmuró sosegadamente mientras su cuerpo se giraba por completo para ponerse frente a la nueva luna del país del Agua —¿Qué hemos conseguido realmente?— dejó pasar un tenso silencio de apenas dos segundos. Un cortante tono caracterizaba sus palabras, impregnándolas de un dolor que no podría soportar, de un dolor que nunca habría querido transmitir. No al menos voluntariamente —Estamos todos destrozados, sin excepción. Y Sorey...—por qué tenía que haberle nombrado, se arrepentía siquiera de mencionarlo, o de recordar aquella fatídica noche, mas no podía evitarlo. Pasarían años, si acaso, hasta que pudiera olvidar casi por completo lo ocurrido. La carga emocional, pero, sería eterna. —Tomaré cargo de todo y todos, Taiyo, tenlo por seguro. Incluso de mí misma.—fría y desgarradora fue su mirada que, sin querer, se llenaba de una férrea voluntad que siquiera creía tener. Respiró hondo por un segundo, intentando recuperar la paz que la había abandonado —Taiyo...—puso su diestra sobre el hombro del Hozuki. Quería abrazarlo, despedirse debidamente de alguien que tanto había significado para ella, pero quedarse por más tiempo solo serviría para no poder huir de la oscuridad que en aquella noche ni la luna pudo alumbrar —Por favor, cuida de nuestro sueño, de su sueño.-

-Es curioso, ¿Lo sabías? – Y me detuve aunque no tuviese la necesidad de hacerlo. Agarré a Sheik por la mano que me estaba tocando el hombro con cierta tensión y sin la intención de apretar demasiado. – Existe un agujero de sentimientos negativos que siempre precisa que alguien lo tape. Si no hay nadie que lo haga, toda esa podredumbre sentimental se esparce poco a poco por el mundo, infectando todos los corazones en pequeñas porciones. Sheik, yo fui el tapón de ese agujero y comprendo cómo te sientes. Entiendo que sientas todo el peso sobre tus hombros, pero si he venido hasta aquí es para decirte que no tienes que cargar con todo esto sola, ¿Vale? – Con cierta delicadeza, solté el brazo de mi amiga, y sin dejar tiempo para respuesta la abracé. En cierta medida, y salvando las distancias, yo también había pasado por un época así sentía que podía ayudar para que dejase de verse a si misma en esa posición. Pero había logrado salir de ahí con la ayuda de los demás, y tal como parecía, ahora yo debía ser ese “los demás” que intentasen hacer algo. Un escalofrío me recorrió la espalda segundos antes siquiera de pensar en él. No, no podía darle fuerzas ni ánimos recordándole a Sorey. Debía buscar otra forma. –Sheik, ya sabes que nunca he tenido lo que se dice una familia… Pero desde hace tiempo, vosotros habéis llenado esa palabra para mí. – Dejé el abrazó atrás y miré directamente de nuevo a sus ojos, rogando ver de nuevo una chispa de vida en ellos, algo que me indicase el camino que debía recorrer para socorrer su alma enfangada en una triste oscuridad. -¡Por favor, mírame! ¡Soy yo, Taiyo! Sabes bien que desde hace años no he sido más que un alma en pena, pero mírame ahora. ¡Mira esto!- Y con mi brazo derecho extendido hacia atrás, señalé el país que pretendía dejar casi en su recuerdo. – Es complicado y poco a poco lo haremos, pero ya hemos plantado los cimientos para un futuro mejor. Un futuro para… - Recogí mi brazo derecho para dirigirlo ahora hacia el vientre de la muchacha y así poder apoyar la palma de mi mano en él. Estuve en esa posición unos segundos en los que, nada más rozarla, pude sentir una emoción nueva. Era una alegría desinteresada y a la vez muy reconfortante. - ¡Un futuro para ellos! – Sentencié alegre, de una manera completamente natural y espontánea, sonriendo antes la vida venidera y prometedor futuro que se nos avecinaba. – Vosotros me distéis alas para creer en un futuro en el que quizás yo nunca me viese reflejado. Me disteis el valor para luchar por ellos, los niños del futuro, para que no tuviesen que vivir bajo un poder tiránico como el del feudo de Arata. Sheik, te lo pido por favor, quédate aquí un poco más. – Sabía que no tenía el poder moral para hacerla cambiar de opinión tan pronto, pero me sentía incapaz de hacer otra cosa. Yo solo pretendía ayudar en todo lo posible, y ahora que tenía a mi disposición tantísimos recursos, esperaba poder utilizarlos para los demás. –Sheik, déjame ayudaros.

Contuvo el aliento por un solo instante cuando los brazos del Hozuki la alcanzaron, quedándose pasmada ante tal muestra de afecto. Sin embargo, lo recibió abiertamente, necesitando sentir el calor del amor fraternal que de alguna manera los unía. No lloraría, pero, pues sus ojos ya se habían desgastado. Sin embargo, aquella mirada no se iluminaría por completo, no todavía. Tardaría en recuperar el fulgor de antaño, su característica sonrisa, su cariñosa y tranquilizadora voz. —Taiyo...—se apartaba lentamente, intentando marcar distancias, o más bien obligándose a ello. —Nunca dejaremos de ser familia, nunca. Por muchas millas, mares u océanos que nos separen. —tomó su mano, apretándola más fuertemente que nunca, y prosiguió —Quiero quedarme, de verdad, —mentía, pues aunque lo quisiera en su vida, necesitaba alejarse del epicentro de todo su dolor, al menos por ahora —pero debo irme. Mi lugar no está aquí, pero el tuyo sí. —la fuerza se tornaba más intensa por momentos, quizá incluso dolorosa, mas no para él precisamente —Ellos crecerán, y te necesitarán en sus vidas, pero no aquí... sino en su hogar. En nuestro hogar. —se separó, lo suficiente para dar por sentada su terrible decisión —Nos volveremos a ver, Taiyo, siempre lo hacemos. Te lo prometo.-

Aunque las palabras de la kunoichi sonaban firmes, no estaba dispuesto a dejarla marchar así como así. No podía quitarme de la cabeza la idea de todo lo que aún estaba por establecerse en el país y que Sheik se fuese, solo hacía que todo se desmoronase. La imagen de Howaitohasu, del futuro del país y de nuestras vidas, pasaba por la mera presencia de Sorey y Sheik. Y si ellos no estaban, no quedaba nada más que una idea. Sí, Sai representaría a Sorey, pero sin él, yo no sabía cómo debía reaccionar. Quizás, en el fondo, no quería dejar marchar a Sheik porque aún necesitaba algo de ayuda para ubicarme y hacerme plantar definitivamente los pies en el suelo. Ese refuerzo era algo que necesitaba, sin embargo, había crecido. No demasiado, pero algo sí. – Está bien, Sheik. No me interpondré más en tus deseos, pero quiero que tengas una cosa clara. – La agarré por los hombros y dirigí su cuerpo con delicadeza pero de manera tenaz, pare evitar que se revolviera. -¡Mira hacia allí! ¿Qué es lo que ves?- Había colocado su cuerpo frente al mar, para que pudiera contemplarlo en su plenitud. – Cada vez que notes este olor, que sientas la brisa mecer tu cabello… Acuérdate de mí. Siempre estaré ahí por vosotros. – Ella no se podía quedar y yo no podía irme, así que al menos, quería que se llevase ese mensaje.
Hozuki Taiyō
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