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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Cerberus's Lair

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Cerberus's Lair

Mensaje por Akkarin el Dom Abr 15, 2018 11:27 pm



ケルベロスの巣箱


The Lair

Underworld





Suburbios de la propia Capital, donde las chabolas, chozas y casas en mal estado eran prácticamente todo lo que se podía ver. Metros y metros de podredumbre, pobreza, rodeaban una de las peores zonas que la Cascada tenía para ofrecer. Crímenes, malhechores, muertos de hambre... todo se escurría por aquellas calles, despreciado por las zonas más pudientes de la misma ciudad, que los echaba a aquellas calles mal cuidadas. Quien entraba en los barrios marginales, lo hacía bajo su propia responsabilidad.

Entre los pocos edificios que apenas se sostenían y tenían suficiente robustez como para aguantar, se hallaban diversas tabernas, gremios, e incluso alguna que otra tienda. Dispares, distribuidas alrededor de toda la zona marginal, no había dos seguidas, pero atraían la mayoría del turismo criminal.

El edificio en particular, aquel que hospedaría a la nueva sociedad, era uno de esos robustos edificios. Anteriormente un gremio de mercenarios de poca monta, de los cuales el propio vendedor había confesado la muerte de los mismos por amotinamiento, el precio del mercado había sido menor precisamente por lo reciente que era. Anodino, poco vistoso, era una más de las casas que, aunque se sostenía, se mezclaba con facilidad con su entorno: paredes desgastadas por la suciedad, el hollín, y el paso del tiempo. El propio cartel de la entrada, donde ahora un simple letrero de madera colgaba mostrando el hiragana de 'Oficina de empleo'; el edificio era uno más.

Cruzando el portal de entrada, donde una corrediza puerta igual de anodina separaba las peligrosas calles del local, se encontraba otro anodino espacio: varias sillas dispuestas de manera dispar, alrededor de mesas dispuestas alrededor de la sala; todo de madera, con estanterías en las cuales pergaminos, así como algún raro ejemplar de libro, estaban depositadas. Sin embargo, en su mayoría, las paredes estaban desnudas y desprovistas de decoración; algún mapa desactualizado y hecho a mano, un marco con el pergamino de potestad de la propiedad a nombre de 'Toshigi Ao', una única pintura casual que proporcionaba el único escape de un ambiente simple. Al fondo, un mostrador separaba el último tercio de la sala, y detrás del mismo, una puerta que llevaría a otra habitación, más pequeña. Un desván, parecía. Almacenamiento en distintas repisas, con otra puerta que llevaría a una habitación de matrimonio, también simple; en ella, el armario empotrado más espacioso de lo normal dejaría oculta, a pedido específico de la Yuki, una de las trampillas que darían con la entrada a la real gruta.

Bajando por la misma por un angosto túnel, de escaleras pedregosas, pero bien talladas que a la mitad serían sustituidas por madera tallada, hasta dar con el inicio de lo que parecía ser un popurrí como sala; una mesa rectangular de cerezo, con cinco sillas perfectamente colocadas alrededor, era lo primero que saludaría a quien bajara por ellas. A su vez, en la misma pared a la derecha, un enorme tablón de cinco metros de ancho y tres de alto englobaba el centro de la misma. En dicha pared/tablón, varios mapas detallados (desde ciudades, hasta del país en sí), así como pergaminos con diversas informaciones, retratos, y cordeles formaban una red que no haría más que actualizarse al día con todo lo que los miembros aportasen. A la derecha del mismo, más concentrado, una pequeña sección se centraba en encargos, organizados por orden de prioridad y peligrosidad.

Al otro lado, por otra parte, una improvisada pero bien provista cocinilla haría a su vez de comuna para quienes buscaran refugio en el submundo que era la guarida. Dos pasillos a ambos lados de la misma se perdían; el más cercano a la escalera de bajada, llevando a una sala en la cual únicamente tres literas dobles llenaban el espacio. En el otro pasillo, cruzando podría encontrarse otra sala: esta, por otro lado, sería la más impoluta y tratada de todas, puesto se trataba del laboratorio del cual los más experimentales podrían hacer uso para sus venenos u medicina. Una repisa llena de recipientes, desde madera hasta acero y cristal, cada cual más caro que el anterior. En el otro extremo, una mesa de metal de dos metros cuadrados, seguida de una mucho más pequeña (apenas cincuenta centímetros), fácilmente movible por las ruedas improvisadas de madera a sus pies. A uno de los costados, las estanterias repletas de pergaminos, libros, acumulación de información ya fuese robada o legítima; no importaba. En frente, cerca de los utensilios, un horno también podría verse.

Y, la última de las puertas, se hallaba en el final de ese mismo laboratorio. Cruzando la misma, podía hallarse el primero de los túneles de escape: angosto, tallado en la propia roca y reforzado, conducía a un edificio abandonado y en ruinas, cien metros alejados de el área donde se encontraban, pero aún en el barrio marginal. De necesitarse una entrada, o una salida estratégica, ese era el lugar… reforzado a través de cerraduras, así como las trampas que solo aquellos con conocimiento previo, sabrían de su ubicación. Dichas trampas se encontraban en cada una de las entradas: sellos de reconocimiento de chakra, así como mecanismos anexos al mismo que se activarían en consecuencia. Sin embargo, era en el túnel donde estaba el adicional: de tratarse de un previo invasor, no reconocido, no solo se activarían, sino que estratégicos sellos de contención con jutsus almacenados serían el consecuente desenlace (a pesar de tener que recargarse en cada uso de los mismos, una y otra vez).

Akkarin observó el lugar, hallándose finalmente, en el interior y nido del mismo: miraba el tablón en frente suyo, rellenado con todo lo que había sido prudente compartir, todo lo que daría el primer impulso. Su red era extensa, y aunque tratase solo con los inicios de lo que podría ser una potencia neonata, necesitaba racionar prudentemente el acceso a la misma: solo algunos retratos indicarían donde hallar a un guardia corrupto, o a un buen informante de módico precio. Pero no profundizaba más, además de información ventajosa pero global, modesta.

«El inicio tiene que ser lento, disimulado, y con cartas bajo la manga» recitó como un mantra, acariciándose la parte interna de la muñeca. Suspirando, forzó sus ojos en el mapa de la Capital; en ella, estaban marcados varios puntos. Eran las bases conocidas de los actuales dueños de la corrupción y bajo mundo aquí, en la Cascada.

El primer objetivo a alcanzar. Monopolio.


OFF-ROL:

Trampas:

#1:

Sellos de almacenamiento de técnicas. Estos, igual que el Fuinjutsu en sí, almacenan cada uno una técnica nivel Genin en su interior. Una vez liberada, el sello queda completamente vacío y deberá volver a almacenarse una técnica para poder repetir su uso. Actualmente, existen 3 en el túnel de escape, así como otra en la zona de las escaleras de bajada, en el cambio de piedra a madera.

— Sello 1 y 2: Chiryō Senbon no jutsu | Ubicadas en el tunel de escape.
— Sello 3: Suiton: Mizurappa | Ubicada en el túnel de escape.
— Sello 4: Suiton: Suijinheki | Ubicado en la escalera de bajada.

#2:

Simple sello de reconocimiento; identifica el chakra de aquellos que cruzan su área de influencia, y de no ser de los reconocidos como aliados, activará una chispa de chakra que hará saltar a las trampas #1 y #3 del área. Notifica a Akkarin de cualquier tipo de intrusión, ya sea buena o mala. Ubicados en cada una de las puertas a cruzar en el área subterránea; deben ser almacenados los chakras admitidos en el mostrador de la entrada, bajo el procedimiento que Akkarin y Shitai conocen.

#3:

Trampas y mecanismos varios; mecanismo de lanzamiento de senbons, así como de kunais y shuriken en cada una de las puertas internas del local. Solo se activarán de darse las condiciones de la trampa #2.
Akkarin
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Re: Cerberus's Lair

Mensaje por Hushika Kugutsu el Mar Abr 17, 2018 10:47 pm




Allí se encontraba; parada, frente a un pórtico corredizo que separaba al cuerpo de la kunoichi de la entrada a lo que iba a ser su nueva morada. Efectivamente, la vida en las tabernas y posadas había terminado. Llevaba ya varios meses sin pisar un hogar. Claro, si a esto se lo podía llamar así. No porque pareciese una pocilga; de hecho, no lo parecía. Era robusta, fuerte, parecía de aquellas construcciones antiguas que habrían diseñado los primeros pobladores del lugar y que, con el paso del tiempo, fue deteriorándose un poco. Se podía camuflar perfectamente con el ambiente en general. Nada fuera de lo común, nada vistoso, al menos por fuera. Había un cartel, pero poca importancia le dio la peliverde a éste. Apoyó una de sus manos contra alguna de las tantas columnas que tenía la entrada, vigas que formaban, junto con otros tablones y materiales varios, las paredes exteriores. Dio un suspiro, antes de tomar la hendidura de la puerta y correrla hacia su izquierda, entrando al lugar.

–Hacía ya mucho tiempo que no me sentía como en una casa. –Un poco de nostalgia, quizá. A pesar de ser una demente, una criminal, tenía esa sensación de infancia, de niñez; de hecho, todavía no había alcanzado la mayoría de edad siquiera.

El lugar era decente. Todo parecía hecho de madera, tal y como había descripto Akkarin. Era evidente; una construcción, como se especificó anteriormente, antigua. Había varios lugares donde sentarse a leer, e incluso mesas, de distintos tamaños, diseminadas de manera al parecer al azar en toda la habitación. Observó lo espacioso que era el cuadrilátero. No específicamente por la cantidad de metros cuadrados, sino por lo vacío que se presentaba. Una estantería, completamente abandonada. Nada apoyado encima. Parecía una imagen quitada de una obra de terror.

–Deberemos rellenar eso con tomos. Ser criminales no implica ser incultos… –Pensó en el encuentro desafortunado con ciertas personas, que la había hecho ingresar en esta sociedad. –…mejor no diré nada. Supongo que habrá casos y casos.

Al caminar, hacía ruido. Algunas tablas de madera que conformaban el suelo, rechinaban a cada paso que avanzaba la kunoichi. Al final de la sala, pudo notar lo que era un desván, una pequeña habitación. Dentro, otra puerta; ¡Era un laberinto! No estaba mareada, pero intentaba comprender la estructura interna de la vivienda. Era evidente que no era algo convencional.

–Maldita sea. Más de una vez me perderé entre estas puertas cuando venga de la taberna. Mejor aprenderse bien todos estos caminos. –Pensaba para sí, mientras, caminando, se apoyaba con sus manos en las paredes, gesto que repetía cada vez que entraba a un lugar nuevo.

Llegó a lo que parecía ser una habitación, un dormitorio. Dentro de ésta, lo típico; una cama, repisas, una pequeña mesita para las velas y para apoyar algún que otro libro de lectura nocturna. A la derecha, se encontraba lo que, a simple vista, era un armario. Claramente, al abrirlo, no era más que algo falso. Dentro de éste, una trampilla, también del mismo material que estaba construida toda la mansión, si así se quería llamar. Al menos, en la cabeza de la kunoichi lo era. Nunca había sido especialmente rica. Bajó por las escaleras al abrir las pequeñas puertas, que tenían detalles de acero. Era una distancia considerable. Literalmente, era como entrar a un nido de ratas. Su actividad ilícita se realizaría bajo la mismísima tierra. Una metáfora, aludiendo a que el bajo mundo… era realmente bajo. Y ahora, estarían literalmente debajo de él. Una alegoría a que eran, o iban a ser, la base del nuevo bajo mundo que formarían.

–Una madriguera. Si… es un buen nombre para este lugar. La madriguera. –Se sentía una especie de poeta, aunque hablaba sola. Le gustaba monologar consigo misma, o con su otra yo.

Caminó luego de bajar las escaleras, viendo una mesa imponente en el centro de la sala. Parecía ser de cerezo, o algún material similar a este tipo de madera resistente. Roble no podía ser; era demasiado clara para ser de éste árbol, caracterizado por sus construcciones un tanto más oscuras. Supuso que era el primero de los supuestos. Cinco sillas se distribuían alrededor de ella. Evidentemente, una para cada miembro de la organización. La peliazul había pensado en todo. Hushika se sorprendió. Miró, hacia su oriente, algo que estaba en la pared. Parecía ser un gran tablón. Un mapeado se alzaba en éste, con distintos documentos, hilados uno con el otro, interconectados entre sí hasta en distintos puntos del plano. No tardó mucho tiempo en comenzar a leer.

–Bien, parece que hay varios encargos por realizar. Si éste es el plan de Akkarin, estoy de acuerdo con ella. –Seguía su monólogo. Se ponía la capucha mientras lo hacía. –Hay mucho trabajo que hacer. –Miraba hacia abajo, mientras luego soltaba una carcajada. –Esto… ¡Esto me dará poder! –Una risa diabólica podría escucharse perfectamente si se estaba en la vivienda a esas horas. A partir de ahora, una nueva etapa comenzaría.





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