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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Mentes Frías | w/Akkarin

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Mentes Frías | w/Akkarin

Mensaje por Demetrios el Sáb Abr 21, 2018 10:31 am


Mentes Frías

Social / Akkarin
Sus pasos se guiaban lentamente por el sendero del Bosque de la Hoja, encaminados hacia la Capital. Demetrios llevaba el látigo del caballo robado en una de sus manos, pero pronto soltó al animal, le había servido de mucho para acelerar su viaje hasta la capital y prácticamente ya se podían ver las murallas que rodeaban lo que podía deducir, era una gran ciudad. — Hasta otra, amigo. Ten una buena vida. — le había dicho, tocando con delicadeza el morro del caballo, acariciando la zona. Tenía mal corazón con las personas, pero amaba a los animales casi tanto como él, y eso ya era decir. Tras haberse despedido del caballo se acercó por detrás y le pegó suavemente en el trasero con el látigo. El caballo salió corriendo del lugar, disfrutando de haber sido al fin liberado y no tener que vivir una vida de esclavo de simples humanos. El Yuki no tenía aún un plan definido, pero aun así decidió seguir su camino, aparentando tranquilidad en todo el camino, sin mostrar ningún tipo de nerviosismo ante la situación a la que pronto se estaría enfrentando. Si algo fallaba y lo acababan descubriendo como uno de los criminales del País de la Nieve todo acabaría. La vestimenta de Demi constaba de la camiseta azul negra que había robado hacía no mucho y que iba a juego con su pelo, pantalones cómodos y una capucha que lo cubría íntegramente. Con suerte nadie sospecharía de quien él era realmente, y de hecho tampoco es que fuera tan conocido como para que la gente incluso supiera quien era, más encima era de un país extranjero, pero el riesgo siempre estaba.

Al estar apenas a medio kilómetro de las puertas de la capital, pudo observar 2 hombres de una vestimenta extraña, uno de ellos iba totalmente cubierto, justamente como él, el otro tampoco es que fuera muy suelto tampoco, ambos llevaban una capa que evitaba que pudiera percibir bien sus rasgos. El encapuchado más tapado le susurro algo a su compañero y éste asintió.

En un momento dado, ambos extraños se giraron a observar al Yuki, no es que le molestara que la gente lo mirara, lo que le molestaba era que lo miraran cuando no quería que lo hicieran. — ¿Eres como nosotros, cierto? — preguntó el menos tapado, soltó un pesado suspiro que provocó que el vello de Demetrios se erizara, lo estaban poniendo nervioso. — ¿A qué te refieres? — preguntó el peliazul con notoria desconfianza, no entablaría amistad con unos desconocidos que se veían francamente sospechosos hasta de haber cometido un asesinato. — Sólo mírate bien, ¿Quién entra a vender cosas o a dirigirse a su casa estando encapuchado? — preguntó con un tono irónico el más cubierto. — Un criminal. — se respondió él sólo tras haberse dado cuenta de que Demi no sería quien le respondiera. — ¿Y porqué creéis que soy como vosotros? No soy un criminal. — mintió de forma descarada, sólo deseando poder salvar su pellejo, jamás había deseado relacionarse con otras personas como él, pues el trabajo en equipo no era una habilidad precisamente desarrollada en él. — Somos fugitivos del País de la Nieve, ten más respeto y no te mataremos, insecto. — intervino molesto el descubierto, quitándose la capa de repente y mostrando un hombre pálido pero atractivo, rubio y de ojos marrones.

El joven Yuki frunció el ceño molesto, no sabía quien era esa gente y tampoco deseaba saberlo, pero sabía que era ligeramente conocido en su país natal, al menos. — Supongo que es tu primera vez colándote en una de éstas grandes ciudades, ¿Me equivoco? — preguntó el cubierto observando impasible el tensionado cuerpo del peliazul. — Sí. — respondió seco. No tenía que ocultarles más que era un criminal, pues parecía ser que lo habían reconocido. — Ahora íbamos a encontrarnos con un contacto que puede conseguir falsas identidades, pero nos hemos tirado hacia atrás y es posible que quiera tomar represalias si no ve a alguien en nuestro lugar. — soltó el hombre más “amable”. — Y visto lo visto, tú no sabes mucho de colarte en éstos lares, no te iría mal una falsificación de identidad. — las palabras de aquellos hombres estaban impresionando al peliazul, pero no sabía si fiarse de la gente con la que hablaba, parecían no estar muy bien mentalmente. — Está bien, iré yo. — finalmente soltó, poniéndose de acuerdo con aquellos sospechosos hombres que repentinamente si vieron muy felices.

— Es alguien un poco caprichoso, no lo busques porque más bien te encontrará si estás por aquí. — terminó de explicar el joven rubio. Demetrios asintió sin confiar realmente en lo que aquellos hombres le habían dicho, pero no tenía más opciones aparte de la que los criminales le habían dado. Ambos hombres se despidieron brevemente de Demi y se fueron velozmente de ahí, ¿Sería peligroso el contacto al que llamaron? Fuere como fuere, el peliazul fue hasta cierto punto más cercano de la capital, donde según los criminales habían citado al contacto. — Joder, sí que tarda. — susurró para él mismo tras haber llevado un buen rato esperando a aquel contacto que tardaba en aparecer y del cual apenas le habían explicado cosas.


56

off:
Lamento la tardanza, comencé a escribir ayer estando muerto de sueño y casi me dormí, pero hoy acabé el post.
Demetrios
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Re: Mentes Frías | w/Akkarin

Mensaje por Akkarin el Sáb Abr 21, 2018 4:28 pm




«Hogar, dulce hogar» el tono socarrón en su propia cabeza curvó los labios de la Yuki; ver los muros, los guardias y las líneas de emigrantes o ciudadanos tratando de pasar los controles antes de entrar a la ciudad, le resultaban una vista agravante a su cinismo.

Ya estamos aquí —el granjero, que había sido una compañía si bien habladora, agradable, señalaba lo obvio. La mujer tarareó un asentimiento; recién se había despertado de una siesta, y sinceramente, no era una persona muy amigable hasta pasada una hora desde ello. Además, dormir en el heno la dejaba con el cuerpo adolorido, y lo peor, la picazón contra su piel. Cómo echaba de menos una buena cama, y los lujos era algo que se cruzaba por su cabeza en esa clase de condiciones. Apoyó la cabeza en la madera del carro, observando como este se giraba a verla, sonriendo enormemente; el hombre, aunque era viejo, parecía tener un gran espíritu y energía incansables—. ¿Qué tal la siestecilla? ¿Preparada para la vida en la gran ciudad?

Ugh, tal vez, cuando mi cabeza deje de doler; ese ron que tenías es un demonio —respondió arrastrando la voz, notando la misma pastosa. Bostezando, lentamente fue estirando los músculos, forzando la circulación a hacer su proceso de despertarse por completo—. De todos modos, tengo antes que pasarme a saludar a unos cuantos conocidos —habló, observándole de reojo. El granjero había sido un buen compañero durante la semana de viaje, pero desde luego, toda la información que había recibido había venido en modo de mentiras poco adulteradas formándose una imagen mundana, poco llamativa sobre si misma. No necesitaba más focos encima de los que podía evitar—. ¿Te importa si me bajo aquí? Me vendría bien, ya sabes, para despejarme y eso.

La carcajada entusiasta del hombre martilleó en sus oídos; negando con la cabeza, lentamente fue haciendo que el carro redujera la velocidad hasta ir deteniéndose, varios metros alejados de las primeras personas conglomeradas en la entrada—. En absoluto, señora. Ha sido una compañía tremendamente agradable; estos viajes se vuelven aburridos sin alguien con quien compartirlos.

Lo mismo digo, señor —dejó que una sincera respuesta saliera al menos de sus labios; si bien hablaba mucho, no podía mentir de que se había vuelto una compañía medianamente tolerable, que amenizaba sus funestos pensamientos sobre aquellas tierras. Al menos, cinismo había sido mantenido a ralla la mayor parte del mismo. Saltó del carro una vez estuvieran ya parados, con la gracia de una patata en el momento en que, tocando el suelo, fingió tropezarse y torpemente caer segura; era, después de todo, una simple aventurera. Esos deslices solo mejorarían la tapadera, por como el hombre reía entre dientes, espectador del traspiés. Rascándose la nuca con la vergüenza fingida en sus facciones, dedicó una media sonrisa de despedida al hombre, inclinando la cabeza al tiempo que levantaba una mano en un amigable despido—. ¡Espero verle en algún momento por las calles!

Lo mismo digo —escuchó a sus espaldas, en el momento en que había empezado ya a dirigirse fuera de la vista del hombre, hacia el gentío. Con el mismo brío seguro de quien acostumbraba a pasar alrededor, y no de quien llevaba el peso de su rostro en un libro bingo, la criminal se mezcló entre la gente antes de asegurarse de que podría perderse entre estos.


«Por fin, es hora» pensó para sus adentros en el momento en que sus pasos la llevaron alejarse de la muchedumbre, hacia la arboleda que saludaba prácticamente en los bordes de los muros. Sin la posibilidad de la mirada del granjero siguiendo sus pasos, ni reconocimiento, la mujer una vez se perdió por el bosque y colocó su capucha por su cabeza, dejó caer la fachada de feliz aventurera.

Con la máscara de frialdad, y vigilando que no hubiera nadie en los alrededores, dio un salto hacia las ramas altas de los árboles. Lo primero era lo primero: hallar un punto de recaudación de información, ponerse al día.


≼ ❀ ≽


Nada parecía haber cambiado en exceso. Hasta la fecha, su contacto había estado manteniendo en stand-by las nuevas falsificaciones de identidad; posponiendo las mismas, el volumen de trabajo se había acumulado, era cierto, pero al mismo tiempo se filtraba así aquellos que deseaban algo simple frente a una falsificación de calidad.

No podía hacerlo como tú, por lo que he tenido solo a los de mayor urgencia y ya —le había dicho, pasándole una lista de contactos de aquellos que habían afirmado ser suficientemente pacientes como para acceder al capricho. Ella, antes, era más puntual, pero por lo visto su desaparición había generado los rumores de un caprichoso contacto que no cumplía a no ser que estuviera de humor. No era del todo descabellado, respecto a su naturaleza intermitente, pero le asqueaba que esa reputación intachable hubiera sufrido un resquebrajón de tal manera. Al menos seguían teniendo clientes.

Ahora, se hallaba escondida, literalmente estirada en una de las ramas más frondosas de el árbol elegido al azar, mientras esperaba la aparición de algunos de esos pacientes. Eran clientes habituales, a pesar de que ya llevarían un tiempo sin aparecer. ¿Se presentarían? Vete a saber, lo único para lo que había realmente tenido la intención de retomar uno de los clientes y no dejar todo a manos de su contacto, era mísera y exclusivamente para fortalecer su propia coartada. Akkarin era, después de todo, una oportunista de cuidado.

Pero no se presentaron. Los ojos fastidiados de la mujer vislumbraron por otra parte a un muchacho, que parecía estar buscando algo. «¿Ah? ¿Cambio de mentalidad, tal vez?» pensó la mujer, con un deje de sorna. Sin embargo, nada le aseguraba que no fuese alguien únicamente perdido por el lugar. No lo reconocía, tampoco le sonaba de algo, así que esperó. Los minutos serían clave para afirmar si estaba, definitivamente, esperando por su aparición. Aquel era uno de los muchos lugares donde ella trabajaba, después de todo.

Cuando se hizo casi quince minutos, y el muchacho seguía presente, una audible risotada escapó de sus labios, dejando entonces su ubicación deliberadamente revelada—. Así que te han mandado a ti, esos cobardes —comentó, con un tinte venenoso afilando las palabras. Una divertida, aunque irritada gracia las impregnaba. Dejándose caer desde la altura, con gracilidad se reveló frente al otro; ojos aburridos, una socarrona sonrisa que tenía, aun así, un deje curioso, y ambas manos en los bolsillos. La capucha había caído, revelando una cabeza totalmente blanca con apenas dejes celestes en sus puntas; el cabello, no obstante, estaba casi cortado irregularmente como un chico—. ¿Qué es lo que buscas, chico, para aceptar la caridad de dos ratas de alcantarilla?


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Re: Mentes Frías | w/Akkarin

Mensaje por Demetrios el Dom Abr 22, 2018 3:01 pm


Mentes Frías

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El tiempo pasaba y nadie aparecía, el de cabello azul mantenía la mirada en un punto fijo, de brazos cruzados y expresión de estar enfurruñado por la tardanza de aquel caprichoso contacto con el que había accedido a reunirse. Los nervios de la espera lo estaban matando y es cuando se dio cuenta de que ni si quiera sabía si estaba esperando a un hombre o a una mujer, pensó que era increíble que le hubieran omitido información tan importante, incluso pensó en irse, pero luego descartó la idea, su única posibilidad para ingresar a la capital podía estar en camino. La espera siguió hasta que a sus orejas llegó el sonido de una risa, ligeramente molesta para el shinobi, que en cierta forma sintió que iba directamente dirigida hacia él. Se giró y pudo ver a una chica, aparentemente joven y poseedora de una belleza singular; pues pocas mujeres eran vistas con cabello blanco.

— Supongo que… — hizo una pausa, quedando pensativo por un segundo ante la respuesta que daría a aquella desconocida que suponía, podía ser el contacto que lo había encontrado, tal y como los hombres de antes le habían dicho. — Ya no hay nada que ocultar. Tú debes de ser quien se encarga de falsificar las identidades y me preguntaba si podrías ayudarme con ello. — soltó directo, no deseaba irse por las ramas en cuanto ya estaba delante de la capital y se moría de ganas de al fin poder acceder.

Había escuchado atentamente las palabras de la joven, que no sería mucho más mayor que él. En una cosa tenía razón, los que lo habían enviado a reunirse con ella eran unas cobardes ratas de alcantarilla, pero al menos, podrían haber sido de alguna ayuda si la peliblanca accedía a ayudarlo con la falsificación de identidad. — Si me ayudas, puedo pagarte con lo poco que llevo. — le ofreció, intentando asegurar que la mujer le proporcionaría la ayuda que necesitaba, no había viajado tanto para quedarse en nada, si hacía falta incluso haría lo que ella le pidiera. — Y si no deseas dinero, puedo hacer cualquier recado que me pidas, pero debo admitir que no soy excepcionalmente fuerte, ni mucho menos. — mencionó con un tono que enmascaraba una profunda decepción en su voz. — Mi nombre es, bueno eso no importa, si gustas puedes llamarme Demetrius. — se presentó, quitándose la capucha que cubría sus cabellos y tapaba parte de su cara, revelando a un joven; con mala cara, debido a no haber podido dormir casi, ojeras de infarto y notable cansancio también adornaban negativamente su apariencia.

Demetrios había evitado decir su nombre real, no le agradaba ser llamado de esa forma, y tampoco le agradaba decir su apellido, pues resultaba incómodo para él siendo un criminal presentarse al completo, a pesar de que con quien se estuviera presentando fuera en cierta forma, también un criminal. Sabía que no tenía el derecho de preguntar por el nombre de aquella joven que estaba a unos pocos metros de él, su relación probablemente sólo se limitaría a una de “cliente-proveedor”, pero la curiosidad característica del joven empezó a surgir, llenando su mente de muchas dudas sobre la muchacha. La oportunidad de conseguir un trato y entrar a la Capital estaba justo delante de sus ojos, no desperdiciaría la conveniencia, su oportunismo no se lo permitía. Conseguiría por cualquier método aquellos papeles que le darían carta blanca para acceder donde deseaba. — Debo remarcar que no soy ningún tipo de mercenario, he sobrevivido a base de robar las pertenencias de los demás y es por eso que soy perseguido por las autoridades. — explicó, sin saber bien el por qué, probablemente intentando apelar a la empatía de la peliblanca, quien sabiendo su triste e incompleta historia querría ayudarlo. No contaría de momento que también había asesinado a gente, pero si se negaba a ayudarlo se inventaría cualquier cosa que pudiera transmitirle pena a la chica.

— Vine aquí a explorar, me aburría demasiado permanecer errante en un solo país, es por ello que decidí que este país sería una buena opción para quedarme durante un tiempo. — añadió por mera gana de hacerlo, ocultando que uno de sus grandes motivos para ir era ir en búsqueda de más piedras preciosas que lo volvían loco. Esperando respuesta por parte de la joven, el Yuki la observó bien, era realmente hermosa a pesar de su corto cabello, una pena era que fuera tan caprichosa como para sólo aparecer ante sus clientes cuando le viniera en gana, al paso que iba perdería a todos sus clientes.


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Re: Mentes Frías | w/Akkarin

Mensaje por Akkarin el Dom Abr 22, 2018 5:19 pm




Una perenne sonrisa en su rostro, que, a su vez, escudaba y distraía la atención de cómo sus cerúleos orbes analizaban a la persona que se había mostrado en el punto donde otros dos habían sido los llamados. Lo escuchó hablar, sin interrupciones, completamente centrada en hacerse al mismo tiempo con una imagen del muchacho; podrían llamarla paranoica, pero a diferencia de su pésimo sustituto (le enojaba la idea de que, a esas alturas, gente ni se presentara por culpa de lo poco cuidadoso de este; el solo hecho de ver al muchacho le hacía hervir de ira por las implicaciones), ella tomaba muchas cosas en consideración.

Ajá… —habló por primera vez, una vez parecía que ya todo había sido dicho por parte del otro; admitía que normalmente, la habladora habría sido ella; al menos, un par de años atrás. ¿Ahora? Había descubierto que el silencio, estratégicamente colocado, podía arrancar verborreas y reacciones que hablaban más que las propias indagaciones que habría hecho. Ladeó la cabeza, sin apartar la mirada; lo observaba fijamente a los ojos, con una antinatural y estoica sonrisa en sus facciones—. Definitivamente, si quieres tener un futuro en esta vida, tendremos que mejorar esa pésima capacidad de mentir —habló con ligereza, aferrándose al papel que tenía; cruzó los brazos justo por debajo de su pecho, con el codo de uno de ellos apoyado encima del otro, y el dedo índice golpeando reiteradas veces en su mentón con aspecto pensativo—. Normalmente, mandaría tu ejecución y luego iría a por ese par. Revelar una ubicación en este negocio de manera tan abierta es, como mucho, improcedente y arriesgado —comentó con sinceridad, clavando una mirada meditativa en el peli azul. No era una amenaza; simplemente, había decidido hablar en voz alta, indiferente a la implicación de lo mismo. Era un criminal, eso estaba claro, pero por cómo hasta el momento habían acontecido las cosas, no era de la escoria que ni se pensaría en barrer; tal vez, incluso, podría darle una utilidad con lo verde que se le veía.

Descruzando los brazos con parsimonia, la muchacha contuvo un bostezo; no estaba en sus mejores condiciones ese día, pero con ojos aburridos, se dio cuenta de que él tampoco estaba en sus mejores días: el rostro demacrado que vio tras esa capucha, fue lo que arrancaría una sincera sonrisa compasiva de la muchacha, no las palabras que había intentado tener con ella, apelando a una empatía que tenía tergiversada y rota—. Has visto días mejores, ¿eh? Bueno, dado que no me interesa tu dinero, decidiré sobre la marcha cual será el precio de mi trabajo —habló finalmente con una conclusión, aceptando el encargo. Empezó a caminar hacia el muchacho; ambas manos se habían escondido ahora en los pliegues de su ropa, y a apenas un metro de él, se paseó alrededor del mismo; lo observaba, reflexionando, y analizando—. Si buscas una falsificación para entrar, eres más que un simple maleante de poca monta. Más, si no perteneces a este país. ¿Por qué, si no, necesitarías los papeles? Primera lección: una tapadera sólida te ahorra muchos problemas —canturreó, esta vez con un deje de burla en su tono. Hushika era una mala influencia, definitivamente. Carraspeando para recobrar la seriedad, volvió a colocarse en frente del mismo. Todo rastro de sonrisa se había borrado, y por primera vez, le dirigiría una completa mirada impasible, fría y cargada de desconfianza—. Bien, Demetrius. Te brindaré acceso a la capital, con una coartada que al menos durante un par de días deberás mantener para tener efecto. No hago trabajos a medias tintas ni de calidad fluctuante, ni tampoco los ofrezco a quienes no pueden sostenerlos —explicó con claridad, apelando en todo a los modales impolutos que, en realidad, eran su base. Colocó ambas manos tras su espalda y se enderezó a pesar de ser considerablemente más baja que su cliente; una postura característica de un soldado, pero extremadamente cómoda—. Normalmente, hago un estudio previo al cliente para asumir si merecen el tiempo. Sin embargo, esta vez, tengo asuntos en la ciudad y la necesidad de mi propia cubierta —parpadeó lentamente, y encogiéndose de hombros, hizo un gesto con la cabeza hacia él—. Haré una excepción, con tal de que te aferres a las condiciones de esto, vinculadas a tu identidad y posible pago posterior —extendió una de sus manos; estaba cubierta en su totalidad por unos guantes negros, de una tela que presumiblemente era de mejor calidad que todo lo demás que llevaría puesto—. ¿Trato?


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Re: Mentes Frías | w/Akkarin

Mensaje por Demetrios el Dom Abr 22, 2018 6:12 pm


Mentes Frías

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La mujer con la que se encontraba era, cuanto menos, muy singular en carácter, su sola mirada lo colocaba en un estado de nervios, de forma similar a como lo hacían los lobos líderes de manadas a sus inferiores, él, delante de aquella joven había quedado como un simple cachorro sin experiencia, y era cierto que lo era, no estaba acostumbrado y ni interés tenía en interactuar con otros criminales, siempre había ido por su cuenta y era un experto ladrón y en ocasiones asesino silente, suponía que lo llevaba en la sangre que corría por sus venas. Sus intentos de manipulación a base de mentiras no surtieron efecto contra la peli blanca, ¿Eso significaba que ella era igual o mejor que él en ello? No lo sabía, pero sí que parecía ser difícil de engañar, y fuerte, no cualquiera conseguía intimidar a Demi de primeras. A pesar de sus nervios, mantuvo la compostura característica de él, una sonrisa prepotente se posó en sus labios. — Mil ideas surcaban mi mente por si mis palabras fallaban, pero veo que eres dura de roer. — soltó, tras el comentario negativo de la mujer sobre su capacidad para mentir.

Su habilidad para manipular era realmente buena contra otras personas y casi nunca sus falsas palabras fallaban, sin embargo ella era diferente. No dudó que si quisiera, pudiera matarlo a él y a los otros 2 criminales que antes había llamado “ratas de alcantarilla” y que él mismo había visto hacía un rato, gracias a los cuales él estaba ahí, junto a aquella extraña mujer. Al pensarlo bien no le resultó de extrañar que no quisieran presentarse ante la siniestra joven, tras su intimidante sonrisa se debía esconder algo mucho peor que una simple criminal.

Había algo diferente en la mujer, no era como cualquier otro criminal con el que el peli azul se hubiera cruzado anteriormente; ella no le transmitía asco al verla, tampoco deseaba seguir mintiéndole y no era sólo por el hecho de que fuera poseedora de una brillante inteligencia. Cuando se comenzó a pasear alrededor de él, dando una vuelta, sintió sus vellos erizarse, se sentía amenazado de que la joven hubiera roto parte de su espacio personal y la naturalidad con la que se movía a su alrededor no era normal. La fría mirada que lanzó sobre él consiguió dejarlo más helado de lo que él mismo ya era, se preguntó cómo alguien podía ser tan confiado en sí mismo, él lo era, pero hasta cierto punto, aquella mujer en cambio parecía vivir como si estuviera segura de que cualquier paso que daría iba a ser exitoso.

— Me parece bien. — contestó a la propuesta de trato de la joven, prácticamente incrédulo de que accediera a ayudarlo a falsificar su identidad, ¿Qué habría visto en alguien como él? No era nadie al costado de ella, él mismo se había dado cuenta de su falta de personalidad respecto a aquella joven y los otros criminales, era sólo un ladrón que viajaba en solitario por el mundo, ¿Por qué ayudarlo? Tras lo estipulado a medias por la peli blanca, estrechó su mano con la suya, tocando una textura cuerosa, simulando tranquilidad pero siendo su interior un río de nervios, fue en ese momento que se dio cuenta de que estaba hablando con alguien realmente importante en el mundo por el que se estaba moviendo, no cualquiera podía falsificar identidades. — Me siento agradecido por la oportunidad que se me está entregando. — sonrió, por primera vez, de forma sincera, pero sólo por un segundo, cambiando su mueca y volviéndola más torcida, dándole así una apariencia más seca en consecuencia. — Pero para sellar un trato, ¿No debería conocer tu nombre también? — preguntó de forma indiscreta, la curiosidad que sentía sobre aquella mujer le había podido, pero dudaba que se molestara con él por una pregunta tan simple e inofensiva.

Si iba a hacer un trato con ella consideraba que al menos debería darle un apodo para poder referirse a ella con un nombre, aunque fuera en clave. Agradeció mentalmente a las ratas de alcantarilla de antes por haberlo utilizado de alguna forma, si hubiera seguido él sólo por ahí hubiera tenido muy difícil entrar a la capital. A pesar de eso, él había tenido un golpe de suerte al toparse con la joven peli blanca, sólo cargaba con la presión de no fallarle, porque si lo hacía sabía que no se andaría con rodeos e iría directa a dañarlo de la peor forma. Sabía que el mundo criminal era complejo y difícil para cualquiera, pero si todos los criminales eran como la joven que lo ayudaría, significaba que era mucho peor estar en él que simplemente oír de él. Para evitar ser engañado y manipular a las personas correctamente, el peli azul recurría a mantener la mente fría, le pareció posible que la joven delante de él utilizara su mismo truco.


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Re: Mentes Frías | w/Akkarin

Mensaje por Akkarin el Dom Abr 22, 2018 10:15 pm




El estrechamiento de manos y la afirmativa verbal fueron recibidas con una complacida sonrisa, así como un impersonal asentimiento—. Tenemos un trato, entonces —confirmó ella misma también, simple y llanamente para dar la seguridad extra al afirmarlo verbalmente. Soltando la mano y metiéndola entre los pliegues de sus ponchos, buscó entre ellos el inicio de uno de los cordeles de su bolsa de viaje; una vez lo tuvo a mano, tanteó dentro de la misma abriéndola escasamente, mordiéndose la punta de la lengua por inercia y concentración en encontrar entre todo lo que llevaba, aquello que tendría el tacto rugoso de un pergamino en particular. El papel identificativo, después de todo, era no solo rudimentario, sino más áspero que el usual; no podían permitirse pergaminos de alta calidad, para identificar a cada uno de los ciudadanos con la explosión de nacimientos que las guerras traían consigo, además de los altos costes—. La adulación es buena, pero no llegará a ningún lugar conmigo —habló con un deje entretenido en la voz; le divertía los cambios presenciables en el otro, sobre todo porque se le veía de todos menos cómodo con su manera de obrar—. Mezclando adulación y peligrosidad, es como normalmente se genera un resultado; no una u otra por separado, al menos no si se quiere ser… sutil y elegante —finalmente, los dedos tocaron la textura que buscaban, y entrecerró los ojos con un chasquido de lengua, victoriosa por algo tan sumamente superfluo como era hallar algo en el desorden de su bolsa—. Aquí está, demonios.

Sacó de la misma el pergamino; era, a primera vista, simple e incluso podría verse algo roído por los años, como si de verdad hubiera pasado el tiempo por él. Nada que ver, ya que ese mismo documento había sido hecho antes de irse de la Cascada, una semana antes. Observó al muchacho en frente suyo, y haciendo un escaneamiento tanto de su propia falsificación, juzgó fríamente al muchacho en frente suyo—. Eres joven, pero físicamente puede vincularse tu físico con el mío propio. Muéstrame tus manos —indicó, haciendo un gesto; hasta el momento, había ignorado totalmente su prerrogativa de obtener un nombre por su parte. Su cabeza funcionaba ahora cien por cien volcada a su trabajo, con los ojos abiertos un tanto más de lo que sería natural, escaneando y almacenando toda la información que visualmente obtenía, y anexándola a sus propias conjeturas, variables. Tensó los labios—. Serás un granjero de Higarasuno, Umino Sugawara. Siguiendo el negocio familiar, vienes a la capital para otear la posibilidad de establecer algún negocio y ayudar a mejorar el sustento familiar; oportunidades para una nueva familia también, huyendo de las escaramuzas que hay en estas tierras por los soldados —informó, tejiendo progresivamente la identidad; conforme hablaba, volvió a moverse alrededor del chico. Lentamente, su cabeza ya no estaba totalmente focalizada en el análisis físico, sino en construir el personaje—. El pueblo es pequeño, existente, en los límites de la frontera de Hinoarashi. Esa persona existe, pero nunca dejará las fronteras de su pueblo; eso sostendrá por si buscan más a fondo, la credibilidad de la identidad. Las medias verdades son mejor que algo creado de cero, con lo paranoicos que van a ser con la guerra —comentó; realmente, todo lo que decía era exclusivamente para ayudar al otro a la hora de afrontar alguna pregunta intrusiva; estaba familiarizada con las posibles inquisitivas que pudieran venirle. Además, era más fácil trabajar para ella, mientras vagaba verbalmente—. Serás el esposo de Haname Kiseki, mi propia coartada y papel ya asimilados. Dos años casados en el mismo pueblo, de familia humilde y mercantil. Puedes adoptar ese alias como mi nombre de ahora en adelante, puesto es el que mantendré ahora —finalmente, un nombre, aunque dejaba claro que no ofrecería nada más. Ella, desde el inicio, sabía que no podía deslizar ni una simple posibilidad de vincular su nombre con el de su verdadera identidad, o algo similar.

¿Alguna pregunta, alguna duda, o algo que deba saber o tener en cuenta para no tener que venderte cuando los problemas sucedan? —inquirió una vez deteniéndose de golpe, dando por terminada la divagación de su papel. Los ojos lo observaban como un animal haría con una presa; una promesa de algo oscuro detrás de ello, de haber algo que no le cerrara—. Detesto encontrarme inconvenientes o sorpresas por terquedad, o simple desinformación, y antes de invertir unos minutos en pasar esto a papel, debo tenerlo completamente cerrado.



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Re: Mentes Frías | w/Akkarin

Mensaje por Demetrios el Mar Abr 24, 2018 9:38 pm


Mentes Frías

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Las palabras de la joven llegaron, en cierta forma, hasta lo más profundo de su mente, tomando todo lo que ésta decía como una lección, una enseñada por alguien con posiblemente mucha más experiencia que él. No había intentado adularla, aun así, sólo había, sorpresivamente, agradecido por la especie de “favor” que la chica estaba haciéndole, aunque aun no entendía porqué ella accedería ayudarlo a ingresar a la capital, dándole los papeles falsificados. Le pareció que la confianza entre criminales no parecía ser la idónea, debido al comportamiento demostrado por la peli blanca, ésta tenía una especie de sexto sentido que lo ponía de los nervios, y era normal, aún era una especie de iniciado en el contacto con otros criminales, la mujer podría aparentemente predecir con facilidad casi todos sus pasos, y aunque eso debería haberlo incomodado en sobremanera, no le resultó tan insoportable. Su silencio podía notarse, la chica debería poder haber notado también que lo que le había dicho antes había mermado intensamente en su mente y quedaría grabado en su memoria. Cuando la peli blanca sacó de su poncho un pergamino, supuso que aquel era el documento que utilizaba para falsificar las identidades a sus clientes y a ella misma, a simple vista le pareció que había sido maltratado y que el paso del tiempo lo había ido destruyendo poco a poco, a pesar de que no lo estuviera aún.

Asintió suavemente con la cabeza al pedido de la mujer y le extendió su mano, no le gustaba la idea de quedar tan desprotegido, sus manos eran lo principal para poder defenderse, y la naturalidad con la que parecía hablar aquella atractiva mujer lo ponía en una situación de debilidad, no era el tipo de persona con el que solía tratar, los aldeanos y viajeros a los que atacaba tenían, sin duda, mucho menos carácter y actitud que ella. La habilidad que tenía la chica para tergiversar las cosas y crearle una falsa identidad lo asombró de forma positiva, pero eso más bien era algo injuzgable aún para él, se la estaba jugando mucho para intentar entrar a la capital y, si no merecía realmente la pena se llevaría un buen chasco, habría hecho todo para nada. — Muy bien, Kiseki. — respondió ante su propuesta, con una leve sonrisa, algo más tranquilo de poder adoptar aquel nombre como el suyo, ya tenía un alias para poder llamarla al menos. No se llamaba así, como era obvio, de hecho le pareció que su comportamiento había sido el de un idiota al intentar averiguar el nombre de Kiseki, cosa irónica ya que no acostumbraba a demostrar interés por nadie y la peli blanca podría pensar cosas de él que no eran como pensaba, podría estar haciéndose una imagen de él que no tenía nada que ver con la realidad. — La única duda que me cabe ahora mismo es, ¿Cuándo entramos a la capital? Sé que puede sonar algo impaciente, pero supongo que al ser marido y mujer deberemos de entrar juntos, ¿Me equivoco? Iremos cuando tú decidas, puedo adaptarme a la espera. — dijo, mostrando una faceta algo impaciente, de todas formas obedecería lo que la otra le dijese. — Y te aseguro que no hará falta que, me vendas. — sonrió ligeramente, rodeando los ojos al soltar las 2 últimas palabras, no le habían hecho demasiada gracia las palabras soltadas por la joven, aunque sabía que no iban dirigidas como un intento de humor.

— Adelante, esa era mi única duda, no tienes que preocuparte porque algo vaya a salir mal. — la alentó a hacer lo que habían pactado, esperaba que no se echara hacia atrás, porque de todas formas él no lo haría. La ligera desconfianza que le había mostrado lo hacia preguntarse si realmente él tenía cara de idiota o de ser muy cortito, pero suponía que no era esa la razón por la que la chica no parecía estar al cien por cien convencida de mantener una coartada junto a él. Realmente no pegaban demasiado juntos, no como pareja, sus físicos eran demasiado diferentes, aunque con un comportamiento bien actuado parecerían un feliz matrimonio de humildes granjeros, y para suerte propia y de la peli blanca, él actuaba muy bien y mantenía la naturalidad cuando era realmente necesario, no se la jugaría contra un guardia de la capital, pues aunque no era famoso, su cabeza tenía precio al fin y al cabo.

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Re: Mentes Frías | w/Akkarin

Mensaje por Akkarin el Sáb Abr 28, 2018 8:07 pm




El risueño aspecto jamás regresó de vuelta. Con la seriedad de quien está completamente centrado en un objetivo, la respuesta de su cliente resultó satisfactoria pero dentro de lo corriente; si bien había tomado el camino de la intimidación, era la misma que sacaría cualquier tipo de reacción extraña o bizarra que pudiera tener. No trabajaría, después de todo, con alguien que mostrase romperse fácilmente bajo presión. Asintiendo sin nada más que añadir, alentada por tratarse de alguien que ella misma tampoco reconocía de haber visto en los carteles de búsqueda o siendo cuchicheada una apariencia similar a la que entreveía, asumió que sería una tapadera sencilla y fácil para ella misma incluso—. Bien. Quédate quieto, un momento —con eso, tomaría la misma mano esta vez sin permiso, y con un rápido movimiento encima de uno de sus dedos, el contrario sentiría una punzada lacerante y un tirón de no verse venir el súbito movimiento; una senbon habría perforado muy finamente la piel del susodicho, solo aquella más superficial y sin realmente siquiera llegar a hacer sangre, y de un rápido tirón ayudada por la misma, había arrancado la capa más fina de la misma. Piel muerta, en su mayoría, pero que igual molestaría de no estar acostumbrado. Levantó una mano pacíficamente, con la otra con la piel entre sus dedos de haber podido arrancarla, y el senbon entre otros dos—. Disculpa, era más fácil para ti tener ese dedo así —comentó, retomando un deje del aire risueño anterior, aunque no del todo. El rostro seguía mortalmente inexpresivo, concentrado en la piel que ahora tenía entre los dedos—. El índice se usa para llevar un registro de la huella dactilar. No es común, pero al menos, nos aseguraremos así de que sea más difícil seguir tu pista. Prevención —comentó a la ligera, como si no acabase de básicamente, tomarse toda la confianza del mundo en forzar al otro con una rapidez y precisiones milimétricas. De no haber tenido éxito, la joven extendería la mano nuevamente, claramente esperando que el otro le dejase esta vez por voluntar propia, completar el proceso en ambas manos o en la restante.

Tras tal suscitada tensión momentánea, fue cuando la joven Yuki giró y dio la espalda al otro, dirigiéndose hacia donde inicialmente había estado antes de cruzarse al muchacho de cabellera como la noche—. Bueno, cuando el sol alcance su máxima altura, aproximadamente, estará todo listo para meternos en el tumulto de entrada —respondió a su primera pregunta, girando un poco la cabeza para verle por encima del rostro. Lo observó, casi con diversión y un deje de impaciencia en su mirada; tenía, desde luego, la imperativa de entrar lo antes posible también—. Date una vuelta o estudia como comportarte de ahora en adelante durante ese momento, mientras dejo preparado todo. No suena tan fácil como parece, pero tampoco es tan difícil. Solo requiere práctica —comentó, esta vez, contemplativa. Había un contante vaivén en su interacción; como si la muchacha, en todo momento, se tambalease entre la profesionalidad, y algo que no estaba claro en apuntar. Tensó los labios en una fina línea, antes de darle la espalda, y desaparecer en un rápido salto, no sin antes una última advertencia—. Y haz algo con esa ropa, querido. Apesta a posible ladronzuelo..

Ella misma debería ocuparse de sí misma.

≼ ❀ ≽

El sol empezaba a alcanzar ya su máxima altura, marcando el mediodía y la terminación del tiempo que la mujer habría facilitado a su cliente. Un pergamino similar al que había mostrado al otro, con una huella dactilar suavizada que coincidiría con la de Demetrios, y un cadáver que podría encontrarse en algún punto del bosque. Aquello último, desde luego, habría sido lo que más tiempo habría tomado de la joven, justo después de hacerle saber a su contacto qué tan despedido estaba.

Aquella que había inicialmente aparecido en el claro, portando un atuendo que mezclaba al mercader con el aventurero, ahora poseía una anodina y menos particular apariencia; vestida con una simple túnica raída, pero cómoda y medianamente bien hecha, marrón. Su melena, por otro lado, ahora alcanzaba una extensión algo mayor, fortaleciendo la feminidad de la misma y disipando los matices cerúleos que pudiese haber tenido, por unos totalmente blanquecinos. La bolsa seguía en su sitio con su modestia habitual, pero lo que una vez había sido una mujer de pícara apariencia y ademanes erráticos, ahora había lo que parecía ser una mujer controlada, afable.

¿Sugawara? —llamó con suavidad para alertar de su llegada, directamente haciendo uso del nombre de la identidad—. Todo está listo.

«Veremos qué tan verde estás, muchacho» pensó para sus adentros, con aire cínico y un ligero deje de insospechada turbación. No sabía si estaba preocupada por si misma, o simplemente que su curiosidad la fuese a llevar a dar un paso en falso. Le aburría su línea de trabajo ante el perfeccionismo extremo, a pesar de que le encantaba la sensación de control absoluto cuando salía bien.




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Re: Mentes Frías | w/Akkarin

Mensaje por Demetrios el Lun Mayo 14, 2018 10:53 pm


Mentes Frías

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La punzón que sintió fue fugaz, un dolor que no llegó a durar 1 segundo de tiempo, y es que no había puesto resistencia alguna, si la peliblanca decía que era necesario hacerlo, sería porque lo era. No era un joven de los que se doblegaran, pero estaba demostrando justamente lo contrario y por mucho que no le agradara parecer lo que no era, debía permanecer sumiso ante la presencia de “Kiseki”. — Eres muy prevenida, me sorprende que haya gente tan informada de los procesos de la capital. Eso está bien, supongo. — mencionó en voz baja el peliazul, elogiando sinceramente la falta de confianza de la joven en todos los aspectos y tomándose una pequeña libertad que en cierta forma, intentaba aparentar un tono en confianza. Observó el cabello de la chica brevemente y se preguntó cuántas personas de cabello de tal tonalidad exótica había visto en su vida, muy pocas realmente. Ignoró la ligera ofensa de la peliblanca hacia su ropa, pero decidió que se vestiría de mejor forma al momento de encontrarse ambos para ingresar a la Capital, pues a decir verdad, Demetrios pensó que vestirse de una forma tan encubierta lo hacía alguien ligeramente más sospechoso que cualquier otra persona que se vistiera de forma despreocupada.

Le pareció que Kiseki había elegido el mejor momento para juntarse y entrar, tendrían bastante tiempo para estar dentro aquel día, pues la hora decidida no era nada tardía. — Cuando el sol esté en su máxima altura te veré, entonces. — le dijo cuando ésta se estaba marchando, justo después de la crítica a sus ropajes. Demetrios pensó por un momento lo incómodo que podría llegarle a resultar actuar como pareja de la peliblanca, él podía ser buen actor a pesar de ello, por lo que ninguno de los 2 tendría que preocuparse porque alguien se llegue a dar cuenta del falso romance de los supuestos granjeros.

Una vez el sol alcanzó su máxima altura, el Yuki apareció en el lugar acordado por ambos jóvenes, vestía de una forma totalmente diferente a la anterior vez que se encontró con la proveedora de identidades. No pensaba ponerse ropa de granjero, ni se le pasó por la cabeza, era demasiado antiestética para su gusto, en cambio sí que decidió ponerse una camiseta de manga corta y pantalones azules, todo ello sin ser cubierto por una túnica, cosa para nada habitual en el peliazul, que siempre utilizaba tal prenda en sus vestimentas, lo cual le solía dar más simpleza a su apariencia. Si quería aparentar ser un granjero debía ponerse ropa más descuidada y sencilla a ojos de los demás, y por ello pensó que unos pantalones y una simple camiseta eran la mejor opción. Con semblante serio pero a su vez suave, se encontró esperando durante varios minutos a la peliblanca, aquello era debido a la puntualidad que estaba teniendo Demetrios, pues deseaba entrar a la capital lo antes posible y llevaba preparado por largo rato ya.

Había dejado de ser Demetrios, ahora era Sugawara y eso era lo único en lo que pensaba, en sumergirse al máximo posible en su papel y creerse realmente que era el granjero. — Kiseki, amor. — dijo al oír su nombre de labios de la joven, sonrió de oreja a oreja, una sonrisa falsa que parecía ser real se posó en sus labios de forma descarada. Se acercó a pasos cortos hacia donde estaba la cambiada joven e hizo un gesto que indicaba que besaría su mejilla, en forma de saludo. Si ésta rechazaba la “muestra de afecto”, el peliazul simplemente haría como que nada había pasado, aparentando total tranquilidad y sin mostrar ningún tipo de perturbación.

— Si todo está listo, allá vamos. — respondió, cruzándose de brazos y demostrando que la seguiría en todo lo que hiciera a partir de ese momento, al fin y al cabo ambos estaban bajo la misma coartada y dependían del uno del otro, pero quien parecía ser experta en ingresar a la capital era Kiseki, por eso y por la ayuda brindada, Sugawara la imitaría en casi todo. Porque ya no era Demetrios, por algún tiempo se mantendría siendo el otro.

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Re: Mentes Frías | w/Akkarin

Mensaje por Akkarin el Mar Jul 10, 2018 10:51 am




Perfecto, querido, vayamos antes de que se conglomere más gente —exudando lo que sería una melosa interpretación de una esposa sumisa, tomó el brazo del otro y tal como estaba pronosticado, empezaron su acercamiento hacia primero el camino secundario más cercano; no podían arriesgarse a volar por los aires sus tapaderas apareciendo de la nada por el bosque.

Si había algo bueno, era que su paranoia cubría exhaustivamente las necesidades de un idóneo infiltramiento. Cuando ya hubieran estado en el camino principal y, en consecuencia, con la muchedumbre extranjera que buscaba la protección de aquellos muros frente a la guerra en las tierras, sería Akkarin la que se inclinase en un fingido acto de intimidad, hacia el oído del muchacho—. Cuando estemos en la cola, ¿ves esos guardias, atentos a la cola? —señaló vagamente con la nariz, sin dejar de aparentar estar susurrando todo cursilerías, y aún menos instrucciones—. Fingiré un ataque convulso, como puedas, pedirás ayuda aludiendo mi frágil salud. Harán la ronda usual, seguro nos manden al hospital con urgencia, yo eme encargaré de hacerlo fácil y sencillo —parpadeó con lentitud sin dejar de mirarle, un intento orquestado de mantener el aire coqueto pero inocente a su alrededor; jaloneando suavemente para acercarse hasta el susodicho carro, la Yuki trató de concienciarse en una simple cosa. Masoquista incluso, pero que sabía daría sus frutos.

Ella misma se cortó la respiración; mordiéndose la lengua lo suficiente como para que sangrase un poco y ahuyentase la idea de fingido, y al mismo tiempo exacerbase la idea de un ataque. Cuando empezó a sentir que los bordes de la visión se le disfuminaban y la punzada en sus pulmones clamaba por que respirase, sabía que era el momento; lo había visto más de una vez, desgraciadamente teniendo ese día que hacer uso de esa táctica para ganarse una entrada rápida.

Cayó al suelo, y tensando el cuerpo al máximo, empezó a fingir las convulsiones. Abrió la boca, cerrándola con tal fuerza en cada fingida convulsión que se escuchase; escuchaba los gritos de alerta y algún pedido de ayuda, asimismo, como la gente se asustaba al ver la sangre salir de la boca por la mordida auto-infringida. Unos segundos más aguantó, notando que pasos pesados venían hasta ella. Las voces eran algo difíciles de escuchar con lo que se estaba alterando aquella zona de la cola, pero cuando sintió un par de manos tratar de sostenerla (había indicios de algo metálico, y de refilón, podía ver la armadura), contó regresivamente cuando empezar a detener su acto.

¡Despejad la zona un poco! —gritó el hombre de armadura; un guardia, confirmó. La explicación vendría poco después por parte del otro muchacho, de como era alguien enferma y que cada cierto tiempo tenía dichos ataques. Al mismo tiempo, empezó a ‘recuperar’ la respiración, aunque el mareo era real. Siendo llevada en brazos en algún momento, el guarda les hizo un gesto—. Necesitará que un médico se asegure de su estado. Facilitaré que lleguen a él lo antes posible.

Un agradecimiento, y los papeles le fueron entregados; nada parecía fuera de lugar, y puesto estaban también siendo revisados rápido, una visión por encima dejaba claro que parecían viajeros y gente de campo. Los músculos, así como piel algo afectada por la constante picada del sol en los viajes, se notaba y no se podía ocultar tan fácilmente. Era una buena cosa que Akkarin fuera pálida de base, reafirmando un tanto la actuación de enferma. Así, esperaría un momento en que ninguno la mirase al revisar los papeles, para ingerir una de las plantas tóxicas que tenía en la bolsa. Una pequeña cantidad, escasa, de la que sabía provocaba fiebres y algo de malestar. Pero sería suficiente como para permitirse no llegar limpia al médico.

Lo que una haría por la impunidad.

Así, con todo en orden y con las prisas, los dos y el guarda algo más aplicado de lo que por regla general se esperaría, fueron directos al hospital de la Capital. Otro lugar, infestado, que de no haber gravedad, seguro saldría fácilmente de él.


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