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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Habitación 23

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Habitación 23

Mensaje por Nozomi el Vie Jun 01, 2018 1:49 pm


イフ電動ナイフ

Habitación 23



     
La misión había terminado y con ello Nozomi había recibido la recompensa de ella, tanto su parte, como la parte de Michi que aún continuaba en el hospital descansando del arduo trabajo que le llevó mantener durante tanto tiempo aquella fantástica ilusión. Nozomi, se sentía con la obligación de ir a visitarle, de estar junto a él, puesto que gracias a su labor, habían completado la misión, en cambio, esta vez su papel había pasado a ser algo inclusive secundario en los sucesos. Suerte tuvieron de que no se alzara un combate, y tan solo fuera una misión de recopilar información. Por todo ello, Nozomi, antes de ir a su casa a descansar, ya con asomando por la frontera del país, decidió tomar camino al hospital, para estar junto a su compañero.

Antes decidió pasar por la tienda de su madre. Aún estaba cerrada. Se trataba de una floristería, donde vendían todo tipo de flores para condecorar acontecimientos: bodas, entierros, presentaciones, etc. Nozomi hizo un ramo con dos tipos de flores, jacintos y claveles, mezclando los colores, rojo y violeta. No lo hizo demasiado grande, ya que tampoco era mostrar un desenfreno, tan solo decorar la seguramente lúgubre habitación de hospital. Tomó una jarrón de agua y salió de la floristería para ir al encuentro de su compañero.

Llegó al hospital, este por el contrario a su empresa, nunca cerraba. El servicio estaba a mínimo dado que aún era muy temprano, casi ni tan si quiera se veían los rayos de luz entre las calles. Se acercó al mostrador, donde había una chica joven como ella, de pelo morado y ojos grises como el humo del tabaco. - Perdona, la habitación donde esta Uchiha Michi ¿Podría decirme cuál es? .- la jovencita, simpática y agradable remarcó que era la habitación numero 23. La primera planta al fondo, de las últimas de esa planta. - Muchas gracias. - dijo Nozomi con una agradable sonrisa a la simpática recepcionista para luego caminar hasta la habitación dicha.

Caminó por el largo pasillo iluminado por una luz artificial. Ignorando las habitaciones, pensando en lo sucedido, y preocupada por si su compañero le echara en cara su estado actual. A diferencia de Michi, ella estaba perfectamente. Apenas estaba cansada. Tenía sueño y le dolía el cuerpo, pero lo normal en una persona que hubiera trasnochado y hubiera estado el día anterior caminando sin parar. Estaba preocupada, e incluso un poco triste."Si en algo así, tan sencillo aparentemente, no he sido capaz de apoyarle ... ¿Que pasará más adelante? " pensaba una y otra vez en lo que llegaba a pararse frente a la puerta. Estaba algo asustada, siempre mirando al futuro, y cada vez de una manera más negativa, algo no propio en ella.

Con delicadeza, y sin hacer demasiado ruido para no molestar, y no despertarlo en caso de que estuviera aun exhausto e inconsciente de lo sucedido, accedió a la habitación. No era muy grande, cuadrada, con una ventana al exterior con una cortina que paraba los pocos rayos del sol que comenzaban a asomar. Se deslizó lo más sigilosa que pudo. Suspiró y se relajó al ver que aún seguía dormido, tal vez no estaba preparada para asumir su posible enfado. Dejó el jarrón y se sentó en una butaca cercana a la camilla, en una esquina. No pudo evitar caer pasto del sueño que tenía. Sus parpados le pesaban, sentía como la cabeza perdía fuerza. Hasta que se quedó completamente dormida en aquella silla.
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Re: Habitación 23

Mensaje por Uchiha Michi el Lun Jun 04, 2018 3:51 pm

Michi abrió los ojos lentamente. Su vista se difuminó por el cambió de luz y vió todo blanco. Tardó unos instantes en ver que veía ese color por el techo de una habitación. Miró alrededor, desorientado. Lo último que recordaba era la cara húmeda de Nozomi, en aquella taberna, aunque no podía recordar por qué estaba mojada. Un latigazo en el cuello le impidió poder observar la mayor parte del lugar.

- Ouch.

Trató de comprobar qué podía mover y qué no. Básicamente estaba tan entumecido que solo podía aspirar a mover los dedos y la cabeza. Sentía todo el cuerpo como si no fuera suyo, ajeno. Se rindió y trató de volver a mirar alrededor, esta vez girando con más cuidado la cabeza. Vio que se encontraba en un hospital, lo que no sabía era cuál. Imaginaba que seguían en la Capital del País. Dudaba que Nozomi hubiera podido llevarlo ella sola hasta su feudo. ¿Cuánto llevaba incosciente?

Miró hacia el otro lado y vió la ventana. No posó su mirada mucho rato en ella, pues por el rabillo del ojo notó una presencia. Sabía quién era antes de girar la cabeza, ese pelo era inconfundible. La sensación de ver a Nozomi durmiendo a su lado fue indescriptible. Michi casi se sintió culpable de tener la inmensa suerte de tener al ángel a su lado, dormida. Incluso dejó de respirar incoscientemente, como si con solo su aliento pudiera perturbar su descanso. Obviamente, no aguantó mucho y se tuvo que resignar a respirar.

Normalmente Michi la observaba durante sus viajes furtivamente, para no molestarla. Disfrutaba de sus femeninos gestos y hábitos, y por supuesto de su figura y atractivo. Ahora era diferente, pues podía hacerlo sin miedo a ser descubierto. Incluso tenía más encanto, porque dormida estaba indefensa y natural, era una oportunidad única.

Estuvo varios minutos mirándola sin más. El color de su pelo, cómo caía por su hombro como la seda, sus largas pestañas, su boca ligeramente abierta, sus labios, sus finas y delgadas manos sobre su regazo, sus interminables piernas... Michi se empezó a sentir raro, cosa que lo sacó de su concentrada atención. Se notó sudar y en algún momento había empezado a respirar entrecortadamente. Notó una presión en los pantalones y comprendió lo que estaba pasando. Avergonzado, giró el cuello hacia el otro lado para evitar mirar a Nozomi directamente, haciéndose daño en el proceso.

- Maldita sea. - masculló entre dientes.

Se mantuvo así hasta que su cuerpo volvió a su estado normal. Durante un rato se quedó mirando al techo, decidiendo si era buena idea volver a mirarla. Finalmente se tuvo que rendir al hecho de que la respiración de su compañera en aquel silencioso cuarto le estaba volviendo loco. Se giró de nuevo para verla, disfrutando de nuevo de la vista. Esta vez se percató del jarrón con las flores. No sabía cuales eran, pero estaba seguro de que las había traido ella. Al fin y al cabo, la otra persona de su vida era su padre, y antes se casaba con la Dama que llevarle flores a Michi.

Las analizó, y llegó a una conclusión. Eran dos flores distintas, una roja y otra violeta. Quizás las rojas representaban a Michi, por el sharingan, y las violetas a Nozomi, por sus ojos también. Tras sus miradas, Michi había descubierto que los azulados orbes de la chica tomaban trazos violetas dependiendo de la luz. ¿Pudiera ser que Nozomi quisiera dar a entender que Michi la gustaba y que quería que estuviesen juntos? El Uchiha no era diestro el temas amorosos, pero el mensaje podría ser ese. Dos flores compartiendo un jarrón, que podría representar la vida. Y en él, ellos dos, representados por el color de sus ojos.

La idea lo emocionaba más de lo que habría podido imaginar. Pensó que era increíble las historias que se podía montar alguien en su cabeza cuando estaba solo sin moverse. Aun así, no podía evitar fantasear al respecto, aunque solo fuese eso, una fantasía.

Emocionado por su deducción, volvió a mirarla. Después de aquellos pensamientos, quiso sentirse más cercano a ella. Como no podía moverse, tuvo una idea. Trató de igualar sus respiraciones. Ella aspiraba lentamente, y soltaba el aire tras una pequeña pausa. Michi trató de igualar su ritmo y cuando lo consiguió, la sensación fue de lo más extraño. Sus pechos se estiraban y menguaban a la vez. El sonido de sus exhalación coincidía. Era como compartir pulmones, como si estuvieran unidos  por el propio aire que les rodeaba, como si fueran uno.

Michi disfrutó de esta sensación un rato hasta que se cansó. Literalmente. Necesitaba más aire y un ritmo más rápido que su compañera, y al rato se sintió algo ahogado. Pero quería seguir "jugando" con ella. Pensó que imitar su postura también sería interesante. Lo descartó por obvias razones. Luego cerró un ojo y luego el otro, y Nozomi cambiaba de posición. Gracias a eso descubrió que veía peor por el izquierdo. De todo se aprende algo.

En algún momento un pétalo de una de las flores cayó sobre su pelo. Michi trato de quitárselo soplando. Con pequeños y controlados soplidos fue moviéndolo. Se rió en silencio cuando un mechón de pelo se movió hasta chocarse contra su nariz y volver a su sitio. El pétalo se fue moviendo hasta que cayó en sus pechos. Michi lo miró unos instantes. Se podría decir que en ese momento, y por primera y última vez en su vida, Uchiha Michi había envidiado a un pétalo. Decidió dejarlo ahí, puesto que se había imaginado perfectamente una escena donde Nozomi despertaba mientras Michi le soplaba hacia los pechos con concentración. No quería tener que explicar eso.

Entre unos juegos y otros pasaron un par de horas. Michi no quiso despertarla en ningún momento, simplemente esperó. No quería molestarla lo más mínimo y... por qué no decirlo, ese tiempo a solas con ella había sido uno de los más relajados y divertidos de su vida. Se sentía algo infantil, pero de vez en cuando no estaba mal ser un poco crío.

Entonces Nozomi despertó. Pese a que Michi había pensado que dormida estaba adorable, ver sus ojos abrirse para mirarle fue uno de los "Momentos Nozomi" que Michi tenía almacenados en su memoria, muy cerca del momento "Nozomi leyendo en un banco" del principio de la última misión.

- Buenos días. - saludó con una sonrisa en la boca. A esas alturas estaba un poco ñoño, y se moría de ganas de decirla todos los adjetivos que pensaba de ella, empezando por preciosa, pero tampoco era tan valiente ni lanzado como para atreverse. Tampoco era educado ni respetuoso empezar así una conversación. Pero si que podría picarla un poco, estaba algo juguetón. - Perdona, se te lleva cayendo la baba diez minutos. - La sonrisa creció enormemente, apenas aguantando las ganas de reir por su previsible reacción.
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Re: Habitación 23

Mensaje por Nozomi el Lun Jun 04, 2018 6:51 pm


     
Comodidad no era la palabra que reflejaba el descanso de la pelirroja. Cambiando de postura cada cierto tiempo, algo que su espalda le pasaría factura cuando se despertase, soñaba una y otra vez con traumas vividos, el secuestro de la misión con kurosaki, la enemoniada peliblanca que le atacó junto a kagetane, los traidores, y ahora no sabía porque, no podía dejar de soñar con aquella extraña mujer de apariencia gatuna. Una pesadilla donde volvía y lo único que deseaba era matarla, pero tal era su cansancio que no se llegó a despertar. Pudo sentir la mirada de alguien, como si una presencia estuviera constantemente frente a ella, y fue esa sensación la que hizo abrir los ojos. Algo despistada, mareada y un tanto taciturna observó de nuevo donde estaba, recordando el por qué estaba allí entre otras cosas.

Fue la voz de Michi, algo delgada, seguramente por las pocas fuerzas que tenía, la que logró aclarar ya todas sus ideas. Cubrió su rostro por vergüenza a que se le estuviera cayendo la saliva, algo realmente normal cuando se dormía, pero la sensación de parecer algo vulgar, no era algo que le agradara. Pero entonces se dio cuenta que era mentira, al intentar limpiar algo que simplemente, no estaba manchado. Su rostro ahora era de enfado, pero al ver la sonrisa de Michi no pudo hacer otra cosa que comenzar a reír en vista de lo patética que había parecido.

Se levantó de la silla, con ello el pétalo entre sus cubiertos pechos por la camisa blanca que siempre solía llevar abrochada hasta la garganta, para vestir, era un tanto monja. Se acercó a la camilla donde estaba Michi. Se sentó al borde de esta, a la altura de las rodillas del uchiha. Apoyó su mano en una de sus piernas mientras, con una cara de preocupación, una voz ligera, suave y con tonos de preocupación preguntaba lo que parecía algo obvio a la vista. - ¿Como te encuentras? Te desmayaste justo cuando salieron de la taberna. - dijo dando algo de información. No quería abordarlo con preguntas y respuestas, tenía mucho que contarle, puesto que a la dama del fuego no le pareció tan bien como había acabado la misión, pero aún tenía que ser consciente que se acaba de despertar de estar casi 24 desmayado en el hospital.

Elegante, se retiró el pelo que cubría su rostro para acomodarlo tras su oreja mientras ladeaba ligeramente su rostro y con la misma mano hizo el mismo gesto. Despejó el rostro de Michi, quitando los cabellos de su frente ligeramente sudada para que pudiera refrescar su cuerpo con la brisa ligera que entraba por la abierta ventana. Volvió a poner su mano en su propia pierna, dejando la otra en la de Michi.

- Estarás algo confundido. Llevas casi un día desmayado. Estamos en el feudo, en nuestra ciudad. Tomé un caballo .. bueno, esto ... digamos que prestado. - dijo para sonreír algo avergonzada puesto que era la primera vez que robaba algo, pero la verdad que no le dio importancia, ya que su objetivo era salvar a Michi y era la mejor opción que tuvo en ese momento. -  Y te traje aquí en lo que yo ya me he encargado de todo el papeleo administrativo de la misión. - intentó ocultarlo pero no pudo mostrar un rostro de tristeza, algo de decepción consigo misma. Quiso ocultarlo con sus palabras, pero su rostro y sus gestos la delataban. Volvió a sonreír, pensando y deseando que no se hubiera dado cuenta de aquel desliz.

Se levantó rápida y rauda, eliminando el contacto físico con el moreno, se acercó a la ventana y abrió la cortina haciendo que los rayos del sol alumbraran al completo toda la habitación. Tenía que cambiar de tema, no quería que todo aquello se crispase tan deprisa, ya que lo que tenía, no eran buenas noticias, no al menos para la percepción de Nozomi. Volvió a la camilla, pero esta vez se quedó al final de esta, en los pies de Michi, sin sentarse, sin apoyarse. Se pinzó su barbilla con su mano, haciendo un gesto que mostraba que estaba pensando en algo. Chasqueó sus dedos cuando sus ideas se aclararon, sonrió y continuó hablando. - La doctora me dijo que tendrás que estar uno o dos días más. Que te desmayaste a causa del sobre esfuerzo mental por alargar tanto una ilusión. Pero dice que no te quedarán secuelas. Aunque yo creo que te has quedado un poco ... tontito. - dijo para luego guiñarle el ojo y comenzar a reir. No sabía que decir ni que hacer para evitar que preguntase por lo obvio.
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Re: Habitación 23

Mensaje por Uchiha Michi el Mar Jun 05, 2018 2:03 pm

Michi rió al ver la reacción de Nozomi a su comentario, era justo la que esperaba. Fue una risa sincera y liberadora. Se le hizo tan raro que por un momento le vino a la cabeza el tiempo que hacía que no se reía. No recordaba la última vez. Nozomi no tardó en unirse a su risa, previa ligera cara de enfado.
La atmósfera era relajante, se sentía bien consigo mismo, ligero. La tensión de la misión había desaparecido, se encontraba en un lugar que no era su casa, y estaba con aquella chica, solos. Ella se había levantado y se había sentado a la altura de su rodilla, en la cama. Quería levantarse y estar a su lado, a su misma altura, pero era imposible.

- ¿Eh? - respondió, distraído con sus pensamientos. - Si si, estoy bien. Siento un poco de presión en la cabeza, y no puedo moverme, pero estoy bien.

Tras esas palabras observó los gestos de Nozomi. Desde el principio se había fijado en que era muy expresiva, y en concreto el gesto de ladear la cabeza le recordaba a lo que hacían los perros y le resultaba encantador. Lo que no se esperaba es que tras colocarse el pelo detrás de la oreja hiciera lo mismo con el pelo de Michi. Poco acostumbrado a las muestras de cariño, se sobresaltó. Se arrepintió inmediatamente, puesto que al tensarse de golpe su cuello le recordó que no estaba para tonterías, anuque disimiló perfectamente el dolor.

Vió acercarse su mano con los ojos muy abiertos, mirada que pasó a colocarse a los preciosos ojos de su compañera al perder de vista su mano. Ella le apartó el pelo con suavidad, aunque lo que Michi sintió fue una pequeña caricia en su frente. Caricia que mandó una corriente por todo su cuerpo. Mientras la miraba a los ojos, notó con se enternecía por el gesto, incluso sentía ganas de llorar, y no sabía la razón. Notó una fuerte presión en el pecho, casi dolorosa.

Ese momento cambiaron las cosas para el Uchiha, aunque aún no sabía qué provocaba ese nudo. Lo que sí supo en ese momento, es que no quería que ella estuviera triste, ni sufriera. No era una situación para estar triste, no comprendía por qué estaba pensando en eso ahora.

Entonces el eterno contacto acabó, y la mano que lo "acariciaba" se separó y se posó en su pierna. Michi miró hacia la mano y a Nozomi intermitentemente, con cara de horror. Quizás ella hacía estas cosas sin darse cuenta, pero Michi se estaba dando cuenta de que si pasaba lo de antes, cosa que no descartaba si las cosas seguían por ahí, no iba a poder ocultar las reacciones de su cuerpo, no se podía mover.

Afortunadamente, tras un par de comentarios informativos ella se levantó rápidamente para  abrir las cortinas para iluminar la sala y luego se colocó delante de la cama. No se percató de la tristeza que emanaba de sus últimas palabras, estaba muy ocupado tratando de controlarse hasta ese momento. Lo que sí escuchó y entendió fue que estaban en Kakkinoaru´en, y que ella había, aparentemente, robado un caballo para traerle aquí sano y salvo. Con otra persona le habría parecido un delito, pero al venir de ella le pareció un gesto muy bonito por su parte. Estaba empezando a pensar que si a Nozomi se le ocurría prender fuego al Castillo de Tsubasa también la apoyaría, y eso le asustaba.

Tras pensarlo un momento, la pelirroja le comentó su estado general, y que debía quedarse allí un par de días más. No le importaba, puesto que eso significaba olvidarse de los problemas en casa y la posibilidad de tener visitas de Nozomi... aunque quizás era demasiado prepotente esperar que ella viniera a verle más veces. Quizás solo estaba allí para cumplir y no volvería. Ese pensamiento le desanimó bastante.

La observó guiñar un ojo tras llamerle tontito, y sonreir. Su sonrisa fue todo lo que hizo falta para animarle de nuevo, como si ese gesto iluminara más la habitación que el propio sol que entraba por la ventana. No pudo evitar sonreir también, mirándola con una cara de ternura sin decir nada, solo mirándola. No se estaba dando cuenta de la cara de qué ponía, la cual decía mucho de sus sentimientos hacia su compañera pero... estas cosas no suelen ser voluntarias. Ni siquiera él mismo se había dado cuenta de aquello que había madurado en sus misiones, y que había despertado con aquella caricia instantes atrás. Al fin y al cabo, el amor no avisa cuando aparece.

Tras esperar a que terminara de reir mientras simplemente la observaba, Michi habló con una voz que denotaba cierta profundidad, algo chocante para el momento distendido que estaba ocurriendo. Palabras que querían salir, quisiera él o no.

- Cuando salga de aqui... ¿querrías verme? - comentó, con expresión seria y expectante, agitado y también algo confundido por su iniciativa. - No en una misión.
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Re: Habitación 23

Mensaje por Nozomi el Mar Jun 05, 2018 3:20 pm


     
Dos personas tan diferentes, con vivencias dispares. Criados uno bajo el odio, y la otra bajo el amor de sus padres, ambos poseían puntos de vista diferentes, incluso sus sentimientos, estaban a otro nivel, siendo los del joven Uchiha mucho más puros que los de Nozomi, quien no había llegado a vivir la maldad en su estado más puro, ya que, aunque se hubiera llevado decepciones, sustos y algún que otro golpe en sus misiones, todo era de gente externa, gente sin importancia en la vida de la pelirroja, por el contrario Michi estaba, solo. Al menos lo había estado hasta que la origami apareció en su vida, pero las noticias que tenía, la nueva información, iba al respecto de aquello.

Ante la propuesta del chico, ella, avergonzada, apartó la mirada. Nerviosa, esta vez, había sido demasiado directo y ella lo había entendido. Sus mejillas se sonrojaron de la vergüenza de no saber que responder. Tartamudeaba con expresiones sin sentido mientras miraba de un lado a otro hasta que su mente se aclarase. No quería cagarla, no sabía que decir, no sabía porque aquella pregunta. Jugó con sus propias manos en lo que buscaba las palabras exactas. Su corazón palpitaba con tanta fuerza, que se podía escuchar en aquel tenso silencio que intentaba romper con palabras vacias y apenas de una sílaba - Bueno ... esto ... eh .. es que ... - no llegaba a completar nada, puesto que una parte de ella quería decir una cosa, la información que ocultaba remarcaba otra, y su arraigada educación le mostraba otra. Tres caminos diferentes que luchaban, y que al final se fusionaron para sacar a relucir la personalidad de la muchacha.

- Si claro. Me encantaría. - dijo finalmente sin atreverse a mirar a la cara a Michi. "¿Que me esta pasando?" se preguntó a si misma al sentir su corazón tan fuerte. Estaba nerviosa, muy nerviosa, hasta el punto de que su cuerpo iba a comenzar a tiritar, y eso sería visible a la mirada del moreno que parecía estar demasiado seguro. No entendía aquellas emociones, no entendía aquel nervio, ni porqué le costaba tanto decir que sí a una actividad de ocio. Ella no sabía darse lujos, el ocio para ella era algo que no estaba en su plan del día a día, tan solo trabajar y servir, nada más ¿Puede que fuera eso? Puede, pero aquello solo estaba rasgando la superficialidad de la masa de emociones de la vergonzosa chica.

Fue entonces el sonoro rugido de sus tripas quien dio la escusa para poder salir de aquella habitación antes de ponerse más nerviosa. Nozomi se llevó la mano al estómago, dado que llevaba tanto tiempo dormida, caminando, viajando, no se había parado a pensar que desde hace muchas horas que no se llevaba nada al estómago. - Llevo muchas horas sin comer. Voy a por algo a la cafetería de abajo y subo enseguida. - dijo sin más intención que poder salir de la habitación a respirar un poco de aire y poder entender porque aquel nervio sin sentido.  

Salió de aquella habitación con algo de prisa, pero con su humilde pero esta vez, falsa sonrisa. Cerró la puerta y se apoyó en contra de esta para dejar salir un gran suspiro de aire eliminando todo aquel nervio. "Tranquilízate, tan solo es la falta de sueño. Tienes hambre y tu cuerpo reacciona así, solo eso. " se decía a si misma en su mente en lo que comenzaba a relajarse y tomar un ritmo cardíaco más normal. Se separó de la puerta, y aunque lo tomara como escusa, se acercó a la cafetería puesto que si era cierto que se moría de hambre. Bajó el piso, y fue directa a la barra donde una mujer le atendió con la misma amabilidad que la chica de la recepción. - Perdone un te negro solo y cuatro dorayakis por favor. - pidió amablemente. Necesitaba algo de teina para aguantar la falta de sueño, y por las horas que eran, ahora solo le entraba algo dulce. No tardó más de cinco minutos en servir todo. Nozomi tomó el plato y la taza y volvió a la habitación.

Se quedó parada por casi un minuto frente a la puerta, observando el número de nuevo. Era un número interesante, que daba mucho juego, pero entonces se dio cuenta que estaba empanada mirando un número y no sabía la razón ¿Le daba miedo volverse a poner nerviosa? Se armó de valor, y volvió a entrar. Obviamente, Michi seguía allí puesto que no podía ir muy lejos. Dejó el plato de aquel dulce desayuno en la mesita de un lado de la cama y ella se quedó con la taza, puesto que en su estado, no era aconsejable beber nada que no fuera agua o medicinas para la cabeza. Tomó un dorayaki para acompañarlo con su caliente bebida. Sopló para enfriarla ya que el humo advertía que si lo bebía directamente se quemaría el paladar, si al final, las cosas más simples son las que dañan a los ninjas. Dio un ligero trago para comprobar la temperatura y luego puso el vaso en la misma mesa para dejar que se enfriara. Se sentó de nuevo en la butaca, recostando su espalda sobre esta, y cruzando sus piernas mientras con sus manos jugaba a hacerse una trenza con su largo y rojizo pelo. - Oye y tengo una duda. En todas las horas que llevas aquí, aun no ha venido ningún familiar a verte ¿Que en que trabajan? Deberían saber que estas aquí, al menos informé de ello en la administración. Seguro que no tardarán en llegar. - dijo con una sonrisa ignorando la verdadera historia de michi, la cual desconocía al completo.

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Re: Habitación 23

Mensaje por Uchiha Michi el Mar Jun 05, 2018 11:08 pm

Michi se sorprendió ante el evidente nerviosismo de Nozomi. Verla así hizo que él también se pusiera nervioso. Tampoco le parecía para tanto lo que dijo, solamente quería seguir estando a su lado más tiempo, y de manera relajada. Así se sentía en ese momento, no había nada de lo que avergonzarse.

Nozomi no parecía pensar eso, porque tartamudeaba y temblaba. Al principio se sintió mal por haberla provocado ese estado, pero no pudo evitar encontrar ese comportamiento muy dulce. Finalmente accedió a su petición, sin mirarle a los ojos. El alivio fue tremendo. Parecía que acababa de pasar por una prueba decisiva, como un examen final o algo así. Quiso agradecérselo, pero lo pensó mejor, no parecía la respuesta adecuada.

Antes de poder pensar una buena respuesta, el estómago de Nozomi rugió, pidiendo alimento. Ambos se quedaron sorprendidos, pero Nozomi rápidamente se colocó la mano en el estómago y tras un breve comentario, abandonó la habitación para ir a buscar comida.

Michi permaneció unos largos segundos mirando hacia la puerta, sonriendo. No entendía nada. Ni por qué ella había reaccionado así, ni qué era lo que estaba sintiendo él, ni por qué era más feliz en ese momento que en toda su vida. Giró la cabeza para mirar por la ventana e incluso le pareció que los rayos de sol tenían más colores de los habituales. Que extraño era todo.

Esperó por su vuelta con ganas. No sabía que la podía echar de menos tras unos pocos minutos, pero ahí estaba, esperando con ansia volver a ver aparecer esa chica con el pelo rojo por la puerta de nuevo. Cuando la puerta se abrió, su corazón dió un vuelco. Vió aparecer la figura de Nozomi con un plato y una taza y cómo lo colocaba en silencio en la mesita, para despues sentarse en la butaca con la taza. Michi tampoco habló durante ese tiempo, disfrutando simplemente de su presencia en la habitación, pese a estar ambos callados.

Tras un sorbo a la taza la dejó en la mesa y le hizo una pregunta bastante personal al Uchiha, mientras jugaba con su pelo. El tema era delicado aunque la chica lo desconocía, pero legados a ese punto Michi le contaría cualquier cosa, confiaba en ella plenamente.

- Solo tengo un familiar, mi padre, y no va a venir, seguramente. - comenzó con voz neutra. - Soy hijo único. Mi madre era una Uchiha y murió durante una misión cuando tenía nueve años. Desde entonces solo estamos mi padre y yo. Él no es ninja. No pudo superar la muerte de su esposa y se dió a la bebida y a las... bueno, mujeres de compañía... - dijo con algo de verguenza. - Dejó de trabajar y tuvimos que ir a vivir a la zona pobre de la ciudad. Me hice ninja para poder mantenernos a nosotros y a la casa. Sin el dinero de las misiones no tendríamos para comer. Por fortuna, pagan bien.

Tras abrirse completamente ante ella, permaneció mirando al techo en silencio, pensativo. No sabía si preguntar lo que estaba pensando, pero como siempre, su honestidad le empujaba a decir las cosas que le pesaban sin ningún reparo.

- Podría... quiero conocer a tu madre. - dijo, dubitativo, pues no sabía si consideraría eso una falta de respeto. - Desde que mencionaste que la comida la había hecho ella he querido agradecerla y.. bueno... también me gustaría recordar cómo era eso de estar con una madre...

Las últimas palabras tuvieron cierto tono melancólico. Su gesto cambió cuando se le ocurrió una idea. Miró a Nozomi con las cejas alzadas.

- ¡Podría cocinaros una comida en agradecimiento! - exclamó, emocionado. - Soy buen cocinero, en casa siempre cocino yo. ¿Qué te parece? Como agradecimiento.
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Re: Habitación 23

Mensaje por Nozomi el Miér Jun 06, 2018 8:06 am


     
Lo que más tristeza le daba de todo aquello que contaba, no era en sí su historia, si no el tono que usaba para contarla. Tan normal, como aceptar esa parte de su vida que a Nozomi le estaba horrorizando. no podía comprender que se podía sentir con la perdida de un familiar ten cercano, como tampoco podía llegar a comprender como un padre podría tratar de una manera tan despreciable a su hijo, pero empatizaba, sin entenderlo, podía sentir el dolor de su padre, al igual que podía sentir los sentimientos de Michi. Por su especialidad, era capaz de empatizar, de llegar a sentir sin comprender, y la angustia del corazón de Michi era algo que no había visto, era normal dado lo vivido, pero su voz, su forma de decirlo como si nada pasara, como si fuera una situación normal era lo que rompía a la muchacha por dentro que, sin darse cuenta, detuvo de peinarse para centrar toda su atención en el moreno Michi.

- Pero eso ... eso es muy triste .- no supo que más decir. Palabras de consuelo vacías de alguien que tenía una vida perfecta a su lado. Ella hacía las misiones no por necesidad, si no por deseo de hacer algo con su vida, algo de lo que se arrepentía bastante, en cambio, su compañero lo hacía para poder llevarse algo a la boca. Era algo bastante triste, al menos para ella, que gozaba de una estabilidad económica y emocional por parte de su familia. - Tu padre esta pidiendo ayuda a gritos. - dijo mirando al suelo ahora entendiendo el porque del comportamiento paterno. Puede que otras personas no lo entendieran, pero le hecho de esconderse en la bebida, la situación de acostarse con mujeres que tan solo cobraban por dar compañía, todo eran situaciones para evadir la razón y la verdad de que estaba solo, de que tal vez había perdido a la única mujer de su vida y que su hijo, era el culpable de ello por la simple razón de compartir el gen de un linaje. O tal vez se equivocaba, y tan solo era un borracho gilipollas que abusaba de otros por simple deseo, aunque era incapaz de pensar que alguien era malo por naturaleza, ella siempre comprendía, siempre ayudaba.

Sin aportar nada más a la conversación, escuchaba sin poder dejar de pensar en lo que había escuchado del presente y pasado del ilusionista. Sentía como simplemente hablaba de otro tema, pero no por desear cambiar de tema, si no porque no le daba mayor importancia de la que para él tenía. Se resignaba a su vida, a su día a día ¿Acaso no quería tener una situación mejor? Nozomi no podía soportarlo, escuchó sus peticiones, pero en cierta manera estaba enfadada, enfadada por ver como aceptaba algo inaceptable, como simplemente hablaba de ello como algo normal, cuando no debería serlo. Continuó peinándose mientras escuchaba el deseo del joven de comer con su madre. "Porque mi madre si y tu padre no" pensó la chica algo molesta. Ella conocía muy bien a su madre, y estaba esperando que llevara un chico a casa para avasallarlo a preguntas y prácticamente obligarlo a casarse con su hija, por ello nunca llevaba a nadie, dado que la primera experiencia, ya pasó suficiente vergüenza como para repetirla. Pero esta vez era un caso diferente, y se aprovecharía de ello.

- De acuerdo, yo te invito a que vengas a casa y nos prepares una comida a mi madre y a mi. Aunque mi padre no estará demasiado de acuerdo, pensará que eres uno de esos chicos que lo que quiere es aprovecharse de mi y querrá seguramente sacarte los ojos. - dijo sin darle más importancia con aquel tono irónico y jocoso. Aunque en parte si era cierto que su padre la sobre protegía, no haría mayor estragos que preguntas incómodas y mostrar su gran poder en la mesa. Era un ex-ninja como su madre, experto en el cuerpo a cuerpo, sin más habilidades que esa, por lo que, aparentemente, daba bastante respeto. - Pero a cambio ... - cortó aquel momento de alegría del joven. - Quiero que me presentes a tu padre. Me gustaría hablar con él. - dijo ahora con un tono firme, serio y seguro. Puede que en temas bélicos no tuviera apenas seguridad, pero en temas sociales, era otro cantar, puesto que era en parte para lo que había sido educada, para ayudar.

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Re: Habitación 23

Mensaje por Uchiha Michi el Miér Jun 06, 2018 1:52 pm

Tuvo que pensar unos instantes la primera contestación de la muchacha. No encajó de primeras en su percepción de su propia historia, asi que tuvo que hacer un esfuerzo para imaginar cómo veía ella la situación para decir eso.

- Si, supongo que es triste. -contestó finalmente, pensativo. - ¿Que mi padre qué?

No entendía a qué se refería con "pedir ayuda a gritos". Michi había estado muy ocupado durante los últimos años haciendo de sirvienta a su padre, y posteriormente haciendo misiones para conseguir dinero. Se relación se había distanciado con los años, y ahora mismo prácticamente se evitaban el uno al otro, se molestaban. Michi no le odiaba, no odiaba a nadie, pero sabía que cerca de él sufría. Le quería mucho, era su única familia, pero solía ser doloroso estar con él. Con todo eso en mente, no entendía a qué se refería la chica a su lado.

Interrumpiendo sus pensamientos, Nozomi habló. Se alegró de que aceptara su propuesta, pero se extrañó de que hubiera condiciones. Las escuchó serio hasta el final, momento en el cual la miró con cara de sorpresa y confusión. El aviso de que su padre le sacaría los ojos no le causó mucha impresión. Seguramente estaría exagerando, puesto que era imposible que de alguien así se criara una chica tan buena como Nozomi. Tampoco le preocupó que considerasen que era un aprovechado, puesto que él sabía que no era así, y era todo lo que le importaba. Pero la condición de ver a su padre le pilló con la guardia baja.

- ¿Por qué...? No entiendo... No...no es buena idea... - contestaba con nerviosismo y extrañeza, como si la idea por sí misma no tuviera ningún sentido. - No es que personalmente me importe pero... no te va a tratar bien.

La miró unos instantes antes de seguir, para comprobar si se estaba explicando, y ordenar un poco sus pensamientos.

- Nunca he llevado a nadie, ni siquiera a un amigo a casa. No se cómo va a reaccionar. - continuó. - Además, eres muy guapa, mucho más que esas chicas de compañía con las que sale, podría... - su cara se torció con horror al imaginarse una escena en concreto. - Oye, no.. no quiero que tengas que pasar por un mal momento, Nozomi. Yo... ¿estás segura de que quieres hacerlo?
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Re: Habitación 23

Mensaje por Nozomi el Jue Jun 07, 2018 10:19 am


     
- Entiendo que pueda darte algo de miedo. Pero confía en mi. - tan solo aclaró las posibles dudas o imágenes que le podían estar viniendo a la cabeza. Ella estaba segura que Michi no dejaría que le hiciera daño, tampoco le preocupara que lo hiciera, quiso saber porqué aquella ira, porqué aquel desapego hacia su hijo, y tan solo deseaba solucionar algo que le parecía triste. - Apenas se nada de ti Michi, te conocí en el castillo, y la suerte o desgracia nos junto para realizar una misión donde no supe estar a la altura de las circunstancias. Me disculpe, pero esta en mi forma de ser no olvidar mis errores, no al menos con la gente que no quiero hacer daño. Bueno ... tampoco quiero hacer daño a nadie - dijo sonriendo siendo coherente consigo misma. - Esta misión, bueno, ha sido diferente, te he podido conocer más y me alegro por ello. Soy empática, demasiado, tal vez por ello sea tan buena detectando los chakras de mi alrededor. Aunque no lo digas, aunque lo intentes ocultar, percibo la oscuridad de tu alma, percibo la falta de amor, de cariño por parte de tus allegados. Puedo decirte que quiero hacerlo por egoísmo, porque percibo esa negatividad interna, y no quiero, pero te estaría mintiendo ¿Sabes? Tan solo quiero ayudarte, quiero que seas querido, que percibas el amor paterno de una manera agradable, creo que es a lo mínimo que debería aspirar una persona, a ser amado.  - Nozomi no tiene miedo a expresar lo que siente, lo ve algo normal. Para ella, la comunicación es algo vital, algo que se pierde, puesto que decir lo que se siente actualmente lo emparejan con ser una persona débil emocionalmente hablando. Ella era diferente, diferente a los ninjas, a los tópicos, siendo para si misma, una persona normal, con sus miedos, con sus vergüenzas, con sus sorpresas, sus gustos y sus disgustos.

Pero la mentira, más bien el secreto que guardaba le estaba comiendo por dentro. Era incapaz de seguir manteniendo aquello que quería decir, era algo que iba a acabar enterándose, y ya parecía tener mejor cara, a si que no pudo aguantarlo más. - A parte, no todas las noticias son buenas Michi. He vuelto a fallar. - dijo sin ser capaz de mirarle a la cara. - Hay algo que no te he contado. Entregué el informe en el castillo como te dije, pero Himawari no se lo tomó como yo pensaba. Dijo que la información era escasa, inútil y un desperdicio de tiempo. Que todo lo entregado ya lo sabían, ya lo conocían por parte del traidor que atrapamos, por lo que dio el trabajo como un fracaso. Fue benevolente puesto que todas las misiones que he realizado siempre han sido exitosas, pero las consecuencias han sido bastante severas. No quiere que volvamos a hacer misiones juntos por el momento, a mi me ha mandado a los puestos de vigilancia y a ti, bueno, dice que tiene algo implícitamente para ti cuando te recuperes.  - en parte estaba decepcionada consigo misma por haber fallado ya que es cierto que tenía razón, pero por otra parte estaba enfadada, enfadada con la poca empatía de su líder, la poca capacidad de atención a sus ninjas, y la forma de despreciar el trabajo. Aquella mano dura, no era necesaria, al menos no tan severa como lo pensaba Nozomi, la cual estaba muy enfadada por la decisión tomada hacia su carrera. - No lo entiendo. No es que hayamos fracasado, tan solo que la información no es suficiente, pero ... pero ... jolín- dijo deseando cagarse en todo lo visto, pero era incapaz de poder utilizar un lenguaje más burdo que el empleado hasta ahora.
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Re: Habitación 23

Mensaje por Uchiha Michi el Dom Jun 10, 2018 9:40 pm

Entendió la decisión de la chica enfrente suyo y asintió. Seguía pensando que era una mala idea, pero si ella quería hablar con él, no se lo iba a impedir. No tenía el derecho, ni por supuesto quería prohibir ni obligar a hacer nada a su compañera. Respetaría sus decisiones.

Tras ello Nozomi comenzó a hablar usando unas palabras y tono con mucho peso. Michi no se esperaba aquella honestidad de repente, pero notó la seriedad y escuchó con atención. Quiso decir algo al poco de ello. No estaba de acuerdo con ella en sus opiniones respecto a sí misma. Michi creía que se infravaloraba y eso le molestaba. Para él si acababa bien, todo estaba en orden. Sin resentimientos ni malos pensamientos. En ese aspecto de ella le irritaba. Quería que se sintiera bien consigo misma y se apreciera como lo que era; una chica estupenda.

Pero no pudo decirlo, no hubo tiempo. Ella siguió hablando, y el tema de conversación avanzó hasta hablar del Uchiha y "el amor que le faltaba". Él no quería hablar de eso. Aquello era algo que tenía muy dentro de sí, y necesitaba cierta preparación antes. Sabía que si le enfadaban las palabras de Nozomi era porque ella tenía razón, y eso le enfadaba aún más. El no tener a nadie para hablar estas cosas y que le ayudara desde que pasó todo había convertido al ninja en alguien muy solitario, que prefería hacer las cosas él mismo y que no gustaba de pedir ayuda a otros. Por ese mismo motivo, aún a sabiendas de las buenas intenciones de la chica, quería interrumpirla y pedirla que se callase, que no era de su incumbencia.

Pero de nuevo, no lo hizo, por todo el agradecimiento, cariño y respeto que Michi sentía hacia ella. Se limitó a mirarla apretando los dientes, frustrado por estar postrado en una cama, inmóvil, escuchando todas esas cosas vergonzosas que le desnudaban el alma. Le pareció ridículo "tener que ser querido", "el amor paterno" y "ser amado". No le importaba que hablara con su padre o que se metiera en su casa, pero aquello era muy personal, estaba hablando de su corazón. Y ese era un lugar al que nadie, ni siquiera Nozomi, tenía permiso para entrar. Era un lugar fortificado para protegerse de un mundo caótico e injusto. Y era así porque de no haberlo sido, Michi no habría podido superar la muerte de su madre y el posterior maltrato de su padre. Nozomi había superado varias defensas hasta ahora, pero aquello era el núcleo de sus recuerdos, personalidad y convicciones. Era demasiado pronto para que husmeara allí. Pero claro está, ella no podía saberlo.

Por fortuna, cambió de tema inmediatamente después, para el inmenso alivio de Michi, el cual ignoró deliveradamente ofrecerle una respuesta a lo anterior. Aunque Nozomi había conseguido enfadarle en tiempo record, parecía que aún podía superarse. Cuando Michi oyó "He vuelto a fallar" mientras ella apartaba la mirada, una oleada de rabia le ascendió hasta el cerebro,  sonrojando sus carrillos. Normalmente aquello solo lo irritaría ligeramente, pero ya estaba bastante molesto. Aguantó hasta que terminó de hablar para decirla lo que la tenía que decir. Si había aguantado callado hasta ahora, no iba a interrumpirla ya. Cuando acabó, soltó el aire y explotó.

- ¡¡Madita sea Nozomi!! - exclamó casi gritando. Tener que decirlo todo desde la cama lo estaba matando. Quería levantarse y decírselo a la cara. No poder moverse tampoco ayudaba. - ¿Por qué te menosprecias asi? Me da igual lo que haya decidido la Dama, no me importa que nos hayan separado de las misiones. Acabamos de quedar para vernos hace unos minutos, a mi es todo lo que me importa, yo... - Paró un segundo para organizarse. No se enfadaba casi nunca, y se le daba fatal organizar su mente cuando estaban todos sus pensamientos contaminados por el enfado. - Lo hicimos lo mejor que pudimos, lo hiciste lo mejor que pudiste, n-no digas que has fallado, o que has cometido errores. Lo fallos están para aprender de ellos, no para lamentarse para siempre. Eres... - Hizo una pausa de nuevo. Esta vez sí sabía qué iba a decir, pero paró para valorar si debería decirlo. No tardó mucho en decidirse. - Eres una chica preciosa, Nozomi, preciosa. Eres cálida, atenta, agradable, cuidadosa, tranquila, amable, cariñosa, eres...eres...  joder, no creo que merezca la mitad de lo que me has dado simplemente siendo tú, Nozomi. Yo solo soy un tipo raro con problemas para interactuar con las personas, no te puedo aportar nada... ¿Por qué eres tú quien se lastima pensando en lo que hace mal, y no yo? No lo puedo entender. - Una nueva parada, esta vez para recuperar un poco el aliento, puesto que estaba hablando muy rápido. - Si pudieras ver... si puedieras ver cómo te veo yo... Para mi eres lo mejor que me ha pasado en.. ni sé el tiempo que hace que no me encontraba tan contento... Me molesta que sufras por esas cosas, no lo hagas. - Agotado su enfado, inmediatamente se sintió mal con su brusquedad y trató de aliviar un poco la tensa situación. Se avergonzó mientras decía las siguientes palabras. - Bueno, si no quieres no pasa nada, claro... t-tampoco te voy a obligar a nada, e-es solo... bueno, me gustaría que... si quisieses podrías... ya sabes, ser más... no sé. Podrías quererte como te qui...

Frenó a tiempo antes de decir esas palabras, pero su cara explotó en color rojo. Lanzó una mirada de pánico hacia la chica, buscando señales en su cara de haber entendido la frase o no. Para su suerte, una enfermera de mediana edad y gesto estricto abrió la puerta con urgencia. Entró un paso al interior, con cara de preocupación.

- Me ha parecido oir gritos, ¿va todo bien?

Michi, del susto, había girado de nuevo la cabeza demasiado rápido, haciéndose bastante daño.

- ¡Ay! -exclamó, haciendo que la preocupación de la enfermera aumentara. - ¡Si si si, todo bien, todo bien! No pasa nada, qué va a pasar, ¿eh?

El apresurado y sospechoso comentario de Michi dejó unos instantes dudando a la enfermera.

- Bueno... - dijo, desconfiada, mientras iba saliendo de la sala. - Mantente tranquilo, no hagas locuras. Y tú, muchacha, vigílale que no haga nada raro, ¿si?

La enfermera salió con una sonrisa misteriosa, y cerró la puerta tras de sí. Varios segundos de silencio siguieron, sin saber ninguno de los dos cómo coger el hilo después de el corte. Finalmente hablo el Uchiha.

- Perdona... - comenzó, algo triste por sus palabras. Su mirada estaba puesto en sus pies, pues no quería mirarla a la cara. - No quería ponerme así, solo...

Se calló, pues pensaba que ya había hablado suficiente.
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Re: Habitación 23

Mensaje por Nozomi el Mar Jun 12, 2018 9:51 am


     
El corazón se le detuvo por completo. Sus ojos se abrieron a la máxima capcidad. Su aliento fue quebrado. Se asustó. Los chillidos marcados en el silencio de la habitación, hizo que sus músculos se tensaran, miedo, sintió miedo. Tanto, que sus oídos se cerraron y sus ojos se apagaron. Veía, escuchaba, pero su mente no analizaba, no podía gestionar aquel temor, aquel temor a ser chillada. Apenas entendía las palabras que ahora remarcaba el Uchiha, puesto que su mente, estaba ahora ahogada en el temor, en aquel chillido, en aquel miedo que estaba abrazando a la pelirroja ¿Allí también? Sintiéndose cómoda, con las defensas bajas, aquel chillido de rabia hizo que se asfixiara en todos los pensamientos negativos ofrecidos por aquel sentimiento de temor. Todas las palabras lógicas y razonadas del muchacho no eran escuchadas por ella, aunque lo desease con toda su fuerza, su mente estaba paralizada, su cuerpo tenso y su mirada perdida en la cara de Michi. Una imagen grabada, aquel rostro de enfado, de rabia, de ira hacia la pelirroja, la cual no se esperaba, fue grabado a fuego en la inconsciencia de la joven. "¿Por qué? Tu no ... " pensó simplemente sintiéndose fallada por Michi.

Aún con todas los halagos, obsequios, mimos verbales que le estaba ofreciendo el chico tras aquel grito entendible por su parte, ella era incapaz de escucharlos, era incapaz de razonar, ser sensata, tan solo, repetía en bucle aquel chillido que resonaba en su cabeza como un ejército de Michis gritando. Sintiéndose como un animal atacado mientras come, que es cuando posee las defensas bajas, sintiendo como el lazo se rompía, todo producto de la imaginación sensible de la muchacha que apenas podía gesticular. Ni tan siquiera fue capaz de llorar. Una lágrima cayó al pestañeo de la chica, una lágrima que paseó fugaz por la mejilla de esta. Sin mover su perdida mirada, sin mover un solo músculo de su cuerpo, paralizada ante el temor.

La falta de sueño, el nervio por sentirse un fracaso, la culpa por el estado de Michi, el grito, la tensión, todo aquello, genero una gran bola oscura en la mente de la muchacha, que hizo de un simple grano, una sierra de montañas en su mente. Era complicada, demasiado. Sensible y muy muy frágil emocionalmente, al menos con la gente cercana. Sobre protegida en toda su educación, nunca dañada, cuando lo era, no tenía capacidad para tratar aquellas emociones. Entró entonces una enfermera a causa de los chillidos que fueron tan sonoros, que alertaron inclusive a la gente cercana. Aquella intervención hizo que rompiera la parálisis de la pelirroja, la cual no pudo ni apartar la mirada. Ahora si escuchaba, si podía entender las palabras que sonaban, pero tal vez, era demasiado tarde.

A la salida de la enfermera, fue Michi el que se disculpó, mas su corazón ya estaba dañado. Tal vez ahora la que debía descansar era ella, puesto que después de aquello seguramente necesitaría estar en cama sin desear seguir siendo ninja por un tiempo. Cogió una gran bocanada de aire puesto que llevaba casi un minuto sin respirar dado la parálisis mental que tuvo, cerró los ojos y comenzó a respirar con un ritmo más moderado, controlando su estado para no caer en un ataque de ansiedad provocado por los nervios, y las causas ya descritas. Se levantó de la silla, sin decir nada, tan solo cogió sus pertenencias, su chaqueta y un bolso que le acompañaba. Sacó de este una bolsa atada con un hilo donde estaba lo ganado en la misión y lo dejó en una mesa algo apartada. Cerró el bolso y caminó hacia la puerta con la intención clara de marcharse sin decir nada.

Se quedó parada unos segundos, con la mano cogida al pomo metálico de aquella azulada puerta de hospital donde se remarcaba el número 23. Respiró y dijo lo que estaba pensando, sin pensar más allá. Con algo de rencor por el daño que le acababa de hacer el Uchiha, con el deseo de no hablar, de salir de aquel lugar, de desaparecer e ir al amparo de su madre. - Puede que si sea lo mejor que por el momento no hagamos más trabajos juntos. Adiós Michi, descansa. - dijo para simplemente abrir la puerta, salir y cerrarla tras su paso generando un sonido vació que resonó en todo el hospital, como un sonido simbólico. No deseaba perderle, no deseaba alejarse, no quería ni si quiera decirle aquello, quería abrazarlo, pegarle por hacerle sentir mal, pero los sentimientos de la pelirroja eran demasiado pasionales, tanto que no era capaz de controlarlos. Sabía que se arrepentiría de sus palabras, que lloraría días y días en su cama por aquello, pero el miedo hacía que no se detuviera, ahora mismo, el miedo era su control, su forma de defenderse, su forma de sentirse ... ¿Segura?

En el transcurso de salir del hospital, justo en el momento que atravesó las puertas de este, sintiendo que salía de allí, fue cuando de sus ojos, comenzaron a brotar lágrimas y sollozos, cuando su respiración comenzaba a ser entrecortada, como su mirada empezaba a ser borrosa, como solo deseaba llorar y llorar por horas, comer chocolate y dormir durante días. Comenzó a correr por la vergüenza de ser vista, lo último que necesitaba era que la dama le volviera a castigar por mostrar emociones tan débiles en público. Corrió y corrió hasta esconderse en una callejuela, entre árboles, oculta, se puso a llorar sin pausa y de una forma un tanto exagerada.
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Re: Habitación 23

Mensaje por Uchiha Michi el Miér Jun 13, 2018 1:22 am

Para cuando pudo ver que lo que había pasado, era demasiado tarde. Todos sus pensamientos anteriores se evaporaron al ver el gesto de miedo de Nozomi. Se quedó mudo, sin saber cómo reaccionar ni cómo habían llegado a ese punto. Ella comenzó a recoger sus cosas en silencio y avanzó hasta la puerta. Michi quería decir algo, pero se bloqueó. La frase de la chica le heló la sangre. Notó en ella un tono de desapego y miedo, cosa que lo asustó terriblemente. Para cuando quiso darse cuenta, ya estaba solo, mirando hacia la puerta. Tuvo el impulso de ir detrás de ella, pero sus últimas palabras le decían que no era la mejor opción. Tampoco podía, por el estado de su cuerpo.

El silencio se apoderó de la habitación. Michi miró lentamente alrededor hasta que su mirada se posó en el anodino techo blanco mientras su mente iba a toda velocidad, repasando los últimos acontecimientos. ¿Qué había hecho mal? ¿Había gritado muy alto? No lo sentía así. ¿Se había sentido atacada de alguna manera? ¿O le habían ofendido sus palabras?

Por más que pensaba , no tenía ni la más remota idea. Lo único que tenía claro era que algo había hecho mal. Quizás no había sido buena idea sincerarse con lo que sentía. No estaba acostumbrado a decir lo que pensaba, y de hecho no le gustaba. Pero Nozomi lo hacía a menudo y eso le había parecido genial, porque podía entenderla mejor, asi que había pensado que también él podía intentarlo. Pero había salido mal. ¿Qué hacían diferente? ¿Por qué ella podía decir lo que pensaba sin molestarle, y al revés sucedía aquello?

No lograba llegar a ninguna conclusión. Tras unos minutos pensando, un escalofrío le recorrió la espalda y el cuello, cosa que lo distrajo de sus pensamientos y le hizo centrarse unos segundos en su entorno. Miró alrededor. La sala, sin Nozomi, se sentía fría y por algún motivo, enorme. Un nudo le apareció en el pecho seguido de un dolor que conocía muy bien.

Se sentía solo.

Era curioso. Era un dolor que había ido menguando según estaba junto a Nozomi. Anteriormente lo aguantaba con bastante dignidad, incluso lo ignoraba,  pero ahora parecía que había perdido la habilidad de soportarlo. Su compañera parecía haberle bajado tanto las defensas que ya no tenía manera de levantarlas, al menos tan rápido. Se sentía débil mentalmente en ese momento, y por solo unos instantes odió a la chica por haberle hecho eso. Había trabajado mucho en su capacidad de aguantar la dureza de la vida, y se sentía decepcionado consigo mismo por haber perdido terreno. ¿Ese era el efecto de tener alguien a tu lado?

Nozomi no iba a volver, estaba seguro. Tampoco iba a venir nadie a verle. Su única familia estaría fornicando con alguna mujer y preguntándose por qué no estaba la cena hecha. Ni siquiera sabría que su hijo estaba en el hospital. Por otro lado, había hecho enfadar a su única amistad en años. Nadie iba a ir a verle más.

Esos pensamientos le hicieron darse cuenta de que no solo se sentía solo, si no que lo estaba de verdad. ¿Qué pasaría si se moría allí, en esa cama, esa noche? ¿Le importaría a alguien? Quería pensar que a Nozomi si, pese a todo lo ocurrido. No se le ocurría nadie más.

El dolor del pecho le hizo llorar en silencio. Estaba triste, decaído, frustrado por no encontrar una respuesta a la reacción de Nozomi, impotente... La perspectiva de estar un día más allí, sin moverse y solo le asustaba. Trató de buscar alguna razón para no desmoronarse más. La Dama le necesitaba, o eso quería creer, vago consuelo. Ayudar a su padre... ni siquiera quería pensar en su padre. Nozomi le había devuelto la ilusión por avanzar y, incoscientemente, había creado en Michi un sentimiento de independencia hacia su padre. Porque avanzar significaba dejar atrás a su única familia. Quizás era demasiado extremo, pero era lo único que podía entender el Uchiha.

Michi pasó su último día en el Hospital rodeado de silencio y unas flores que se secaban en su jarrón, mientras oscuros pensamientos paseaban por su mente.


A la mañana siguiente



Abandonó el hospital aun entumecido pero ya dueño de su cuerpo. Llevaba en brazos el jarrón y las flores qu había traido Nozomi. Se las llevó por dejar la habitación limpia y porque, pese a todo, era un regalo de su parte.

Nadie vino a visitarle, por descontado, pero ya se lo imaginaba. Aquella noche había sido una de las más duras que recordaba el ninja. Dió muchas vueltas a todo lo que había pasado, y llegó a una conclusión. Debía hablar con Nozomi una vez más, llegar a algún tipo de entendimiento. Como estaban solo se iban a destruir mutuamente, cada uno con sus propios problemas, sin entender ni empatizar con el otro. Si querían ser algo más que compañeros de misión, tendrían que pasar ese muro.

Michi ya se preparaba para lo peor. Durante el resto del día anterior y aquella noche volvió a sentir la soledad, en todos sus aspectos, y la había aceptado, a modo de autodefensa. Si algo sucedía entre ellos, estaría preparado.

O eso esperaba.
Uchiha Michi
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Re: Habitación 23

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