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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Creando Lazos [Entrenamiento - Individual]

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Creando Lazos [Entrenamiento - Individual]

Mensaje por Kano el Lun Jun 04, 2018 2:16 pm



Lejano a la aldea donde estaba acosutmbrado a trabajar. Kano decidió tomarse un día de descanso para poder entrenar con su canino amigo. Desde hace un tiempo que se le rondaba la idea de entrar en un feudo, en el nuevo feudo instaurado en el país y formar parte de su milicia, pero para ello era consciente de que tenía que dejar el campo con la agricultura y tendría que mejorar sus técnicas y movimientos dentro del cambo de la batalla. Su cuerpo estaba trabajado, sus movimientos eran bastante severos, versátiles pero todos enfocados siempre a lo mismo al cuerpo a cuerpo, su velocidad era mejorable, su fuerza, y sobre todo su concentración con el chakra. Aún tenía mucho que aprender, mucho que mejorar, y mucho que controlar, por lo que desde que ese pensamiento le recorrió la cabeza, de vez en cuando decidía tomarse un día libre para alejarse un poco y poder entrenar con su compañero y canino amigo. Entrenamiento bastante duros que se gestionaban ellos mismos bajo el deseo de continuar mejorando y tener la seguridad de poder entrenar en el poderoso feudo. No se alejaba demasiado, puesto que es cierto que aún habían bastantes bandidos que aprovechaban el turismo para promover el hurto, por lo que tan solo se alejó un par de metros, apenas unos quince minutos andando, lo suficiente como para poder estar oculto. Cercano a las costas, en la arena, una playa formada en un archipiélago era el lugar donde a él le gustaba entrenar. La húmeda arena hacía que tuviera que usar más de su fuerza y resistencia para poder realizar los movimientos que deseara, correr, saltar, golpear, etc. Su perro aprovechaba o para entrenar  o para bañarse en la cristalina y limpia agua, calmada y bastante fría. Eso le ayudaba a calmar su cuerpo, ya que la temperatura era tan baja que relajaba sus músculos en segundos, a parte de bajar su temperatura corporal. Dado que era como una pequeña cueva abierta, se originaban pequeñas corrientes de aire que hacían un clima agradable para entrenar. El sol caldeaba pero el viento enfriaba, por lo que la temperatura era perfecta, o al menos para Kano.

Llegó al lugar conjunto a su perro. Se sentó en una roca cercana, para poder quitarse la camiseta, sabía que iba a sudar mucho, por lo que así se evitaría tener que ir luego con una camiseta completamente mojada. La plegó y la dejó sobre aquella roca, con una pequeña piedra encima para hacer de peso y evitar que alguna corriente de aire se la llevase. Hizo lo mismo con el calzado, para sentir la arena en la planta de sus pies y no tener que estar luego quitando la arena que se filtrara por la suela, algo que era una situación algo incómoda. Se puso una diadema improvisada con un trozo de tela blanca para que el pelo no le molestase en la cara. Miró al cielo y asintió ya preparado para comenzar el arduo y duro entrenamiento. Comenzó a calentar, nada fuera de lo normal, pequeños saltos sobre la arena, trotar sobre esta levantando las rodillas, estirar los dorsales de un lado a otro, siempre acompasado con un ritmo de respiración acorde para no crear flato o fatiga muscular. Tobillos, hombros, codos, muñecas, todas y cada una de las arituclaciones de su cuerpo. Como especialista en el cuerpo a cuerpo era consciente de la importancia de calentar y estirar, antes y después del entrenamiento para que el cuerpo pueda descansar y no adquiera una atrofia muscular, por ello, casi siempre, si no hubiera una situación que se lo impidiera, se tomaba el tiempo necesario, para llevar aquellos ejercicios de calentamiento a cabo. Estiramientos para ganar flexibilidad, un par de tonterías como hacer flexiones, abdominales y algún que otro sprint, tan solo para aumentar y crecer el ritmo de sus pulsaciones, hacer que la sangre y el óxigeno lleguen a sus músculos y prepararlos para el trabajo que iban a recibir a partir de ahora. Tardó, entre rutinas y ejercicios, entorno a una media hora de preparación, pero ahora ya si, se sentía enérgico y preparado para poder comenzar el entrenamiento. Lo solía hacer conjunto a su compañero Rokko, el cual también entrenaba e intentaba hacer los ejercicios que el podía hacer, como correr, o inclusive luchar contra su amo, ambos debían estar preparado para todo, y por ello, en el ámbito que pudiera Rokko intentaba unirsele. Ambos estaban preparados, uno al lado del otro, a un lado de la playa. Comenzarían con algo sencillo, tan solo tenían que correr de un lado a otro, apenas eran 500 metros de arena en forma curva. Ambos se prepararon, era siempre Rokko quien tomaba la iniciativa y era Kano quien tenía que superarlo. Por el momento Kano aún era más rápido que su compañero que incluso iba a cuatro patas, pero esto era dado a que aún era un cachorro, y por mucho que quisera, su tamaño no era el suficiente como para trazar velocidades similares a la de su dueño. Pero poco a poco iría mejorando hasta llegar a superarlo.

Calló a la arena destrozado y cansado. Notaba como bombeaba la sangre en sus piernas dado a que habían estado ambos corriendo sin parar durante casi una hora entera. Notaba la arena en su espalda y como el aire acariciaba toda su piel. Notaba como el oxígeno le faltaba, y como toda la sangre le iba directa a las piernas, provocando una sensación de maero. Cerró los ojos y se concentró en respirar. Por el contrario, la energía de Rokko parecía inagotable, este estaba jugando en el agua, esperando a que Kano se recuperase del extenuante ejercicio realizado para continuar con la siguiente rutina. Respiró y comenzó a notar como su cuerpo comenzaba a relajarse y a retomar un ritmo un tanto más normal. Volteó su cabeza sin levantarla de la arena para ver a su cachorro jugando con el tranquilo mar. — Rokko, vamos, es hora de seguir. —  dijo para llamar la atención del canino que a su voz reaccionó ipso facto corriendo a su encuentro. Comenzó a dar lenguetazos por todo su rostro mientras movía el rabo feliz. Kano reía mientras se incorporaba y se intentaba quitar al canino de encima. Se levantó del todo y comenzó a expolsar su cuerpo para quitar la arena que había quedado adherida a su piel a causa del sudor. La que no pudo tan solo la ignoró. Agachó una de sus piernas para acercarse a Rokko y le dio la siguiente orden. — Rokko, busca una cuerda, ya sabes lo que toca. — fue suficiente para que el canino, colérico y repleto de energía saliera corriendo con ansia para buscar el objeto que tenía Kano. Se trataba de una cuerda que había dejado conjunto a su camiseta, una cuerda resistente con la que podía entrenar con su canino. Rokko la tomó de un salto y volvió corriendo para dejar el objeto a los pies de Kano, el cual no se había levantado esperando aquel gesto por parte de su amigo. Tomó la cuerda, pero tan solo un extremo, dejando el otro en el suelo. Era momento del siguiente ejercicio. Era algo que ya habían hecho bastantes veces, un ejercicio que le había enseñado al blanco perro para poder entrenar conjunto a él tanto su fuerza como su resistencia, ya que era importante que en combate no se cansara, y que sus golpes fueran de la fuerza suficiente como para poder destruir incluso los huesos de sus enemigos. Un simple juego. Kano caminó con la cuerda en la mano hasta que esta pareció estar casi al completo de su largaria. Se acercó a la mitad y con su pie trazo una línea un poco profunda, marcando el terreno con su extremidad. Volvió al otro lado de la cuerda para tomar esta con su mano. Se enrolló la cuerda un par de vueltas a la muñeca para tener mayor sujeción y esperó a que Rokko tomara su parte con su fuerte mandíbula.

— Vale, ya sabes, el primero que toque la línea pierde. — dijo Kano recordando las pautas y normas de aquel pequeño juego por si alguno de los dos se hubiera olvidado, de todas formas, era demasiado simple para que aquello pasase.  — Preparado ... listo ... ¡ Ya ! — Entonces, a la señal y voz de Kano, ambas bestias comenzaron a tirar con fuerza. Por el momento parecían estar igualadas, el canino, gracias a la sujección de sus cuatro piernas tenia mayor calidad a la hora de tirar más fuerte, pero la fuerza del inuzuka era superior, por lo que ambos estaban empatados, siendo entonces aquello no un ejercicio de fuerza, si no de resistencia. Sería el que tuviera menor aguante el que comenzaría a ceder, dando la ventaja a aquel que tuviera la superioridad en este factor. Ambos eran cabezotas, insistentes y a ninguno les gustaba perder, por lo que no parecían ceder lo más mínimo. Sus pies apenas se movían de la marca que habían dejado, es más, estaban ya enterrados en la húmeda arena dada la continua fuerza que hacían para no moverse. Todo su cuerpo en tensión para no perder el equilibrio, ni tampoco perder una pizca de fuerza en el enganche a la cuerda. Rokko, gruñía con fuerza y rabia, eso le daba mayor coraje y un poder mental superior, era un perro y era más difícil que se cansara puesto que no tenía las limitaciones mentales que puede tener un ser humano, pero Kano, era semi animal, su mente era tan simple como la de un perro, por lo que tampoco era capaz de rendirse hasta que fuera su subconsciente, en vistas de proteger su estado de salud, quien decidiera poner fin a la fuerza ejercida. Solo hacía falta que uno avanzara un poco para que a través de la fuerza de la voluntad, recuperara la distancia arrastrando al otro. Los brazos comenzaban a temblar, mas no de dolor, tan solo comenzaban a llegar a su límite. Los dedos, las muñecas, la mandíbula del perro, todo aquello que estaba en tensión comenzaba a perderla, llegaban a su límite, no más de media hora estuvieron estirando empatados cuando fue entonces Kano, quien comenzó a llevar la delantera, poco a poco, paso a paso, con seguridad, lograba arrastrar al canino hacia la marca dibujada en la arena, el cual se resistía con fuerza e impetu, no deseaba perder. Poco a poco se acercaba por mucha fuerza que hiciera, su cuerpo no le comenzaba a responder como el canino deseaba, pero entonces utilizó el ingenio y no la fuerza bruta. Por un segundo, dejó de hacer fuerza, algo que hizo que Kano perdiera el equilibrio, justo en ese momento aprovechó para estirar con fuerza, algo que dado que había perdido el equilibrio hizo que fuera lanzado hacia delante. Al tener enrollada la cuerda a su muñeca, fue arrastrado por la arena cerrando la boca para evitar comerla e intentando agarrarse para no ser arrastrado, pero sus músculos estaban al límite, y fue entonces el canino quien ganó. Kano llegó al dibujo que el mismo había hecho. Dándose por perdido, dando la victoria a Rokko el cual, sentado, jadeante, sonreía con triunfo la victoria a su amo. — Cabrón, has hecho trampa — dijo entre jadeos mientras intentaba recuperase de todo aquel entrenamiento. A lo que el perro tan solo respondió con un sonoro ladrido de enfado desaprobando las palabras dichas por el pelirrojo que ahora comenzaba a reírse.

Tocaba la última prueba, pero seguramente incluso la más dura de las tres. Ahora que sus músculos ya estaban al límite tocaba superar la capacidad de resistencia de estos. Superar el límite de sus posibilidades para ganar aquello que estaba entrenando y así poder ser capaz de durar mucho más tiempo en combate. La prueba era sencilla, y también entraba el canino en ella, pero esta vez era similar a la primera. Tomó una pelota de tela que podía flotar en el agua que estaba conjunto a su ropa, pero no sin antes quitarse los pantalones para quedar en ropa interior. No quería mojarse la ropa ya que luego sería algo bastante malo, también se quitó los calzones, quedando completamente desnudo. No le daba demasiada importancia al nudismo, ya que por su instinto canino iría siempre desnudo por la vida, pero era consecuente de que era algo que podría molestar a las personas. Rokko ni se inmutó, tan solo esperaba saber cuales eran las normas puesto que para él aquello era un nuevo juego, algo que probar y en lo que deseaba ganar de nuevo. — Esta vez tiraré lo más fuerte que pueda la pelota al agua, y a la cuenta de tres tendremos que ir a por ella, el primero que la coja gana, así de simple ¿Entendido? — aclaró Kano mientras se acercaba al borrde de la playa. El perro por el contrario respondió con un seguro ladrido al igual que imitaba los pasos de su dueño. Sentía la fría agua en la planta de sus pies, no podía usar el chakra, tenía que nadar, si no no contaba, tanto él como su compañero debían de usar la técnica del simple nado, no valía usar nada de técnicas ni chakra para evitar hacer sobre esfuerzo. Tomó toda su fuerza y lanzó la pelota lo más lejos que pudo. A simple vista, gracias al mar calmado, parecía una distancia lógica, no llegaba a 100 metros, pero dado que su cuerpo ya estaba al límite, era más que suficiente. — 3 ... 2 ... 1 ... ¡ Ya ! — exclamó para salir ambos corriendo. El agua era mucho peor que la arena, frenaba mucho más el movimiento. Pudo sentir el frio en todo su cuerpo, sobre todo en la parte más sensible, sus genitales, pero aun no podía nadar, la profundidad era demasiado poca como para tirarse. En cuanto pudo, saltó y cual pez comenzó a nadar con fuerza y velocidad. El perro no se quedaba atrás, pero no estaba acostumbrado a nadar tan rápido como lo podía hacer una persona dada su fisionomía.

Fue entonces Kano quien ganó esta prueba con mucha facilidad. Rokko enfadado salió a la orilla de nuevo, también porque estaba agotado, y a diferencia del pelirrojo, el perro se hundía. Pelota en mano, se dejó llevar, quedando flotando en el agua, sintiendo el frio en su espalda, pero el calor en su parte delantera. Había sido un entrenamiento arduo, severo, y duro para su cuerpo, pero este había salido victorioso, había ganado capacidad tanto pulmonar como muscular, ahora duraría más en combate. Pero antes de volver nadando, tenía que dejar que sus músculos se relajasen, ya que estaban al borde del bloqueo, y tampoco quería morir ahogado. Aún quedaba mucho día libre por delante para descansar. Pasó unos veinte minutos, ahogado en sus pensamientos, y entonces tomó la inciativa de volver. Rokko estaba relajado, pero esperándole para marchar a casa y poder comer una buena cantidad de carne. Se acercó a la roca donde estaba toda su ropa y se volvió a vestir. — Por hoy es suficiente, volvamos a casa Rokko — dijo mientras se vestía con sus secas prendas. Tomó los objetos y los guardó entre las rocas para su próximo entrenamiento, se acercó a su compañero para acariciar su cabeza mientras le dedicaba una buena sonrisa. Si seguían asi estaba seguro que podrían entrar en la milicia del nuevo feudo sin problemas alguno. Ahora ya exhausto y con ganas de dormir, comenzaron a caminar para volver a la pequeña aldea cercana donde trabajaba, pero con suerte, hoy simplemente se dedicaría a comer carne y carne hasta que acabase el día, se lo había ganado, tanto el como su compañero. Ambos desaparecieron de aquel lugar, con una lección bastante bien aprendida, y seguramente, sin volver hasta dentro de mucho tiempo, ya que gracias a ese entrenamiento, su vida iba a cambiar por completo.
Kano
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