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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Mercader en la Capital.

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Mercader en la Capital.

Mensaje por Hushika el Dom Jun 10, 2018 4:40 pm




La Capital del mítico País del Fuego era un lugar que, por desgracia, la marionetista conocía por excelencia, aunque no era de los más concurridos por la misma. Aún así, y sin duda alguna, sus últimos meses había estado allí; a pesar de ser una criminal, se las arreglaba para subsistir de alguna manera. Sea en posadas, sea durmiendo en el bosque, acampando. Por supuesto, sus actividades delictivas nunca flaqueaban. El robo seguía estando presente aunque, claro, solamente en los pequeños mercados y siempre utilizándolo como método para subsistir. Al fin y al cabo, no podía ser descubierta. Una de sus medidas, incluso, era usar transformaciones en su cuerpo para salir a la luz del día. Si bien entre la multitud uno o una podrían camuflarse perfectamente, no quería levantar sospechas; en especial, con sus radiantes cabellos de color verde, notorios en cualquier parte del globo.

Su coartada era simple. Era una herborista que había venido desde muy lejos, de un poblado cerca del País de la Cascada, queriendo probar suerte vendiendo sus mercancías en la Capital más conocida de este continente. Su apariencia era la de una niña algo menor, de cabellos rubios y cortos, vistiendo unos ropajes de campo, hechos de tela y cuero. Para su suerte, era muy creíble, sobre todo para los aldeanos comunes, quienes no iban a desconfiar de la pobre “Kimata”.

–Disculpe señora, mi nombre es Kimata, y he venido desde muuuuy lejos para vender algunas de mis plantas. ¿Le gustaría ver qué tengo para ofrecerle? –Decía, en uno de sus días de venta. Su público predilecto eran las personas mayores, quienes realizaban muchas infusiones y brebajes, por lo que era habitual que comprasen aquellos productos. –Para una mujer como usted, esta planta puede servirle. Si se mezcla con un poco de agua y se muele en un mortero, separando los filamentos metálicos que emane, se formará una pasta que sirve para curar hemorragias. ¿Una gran inversión, no lo cree?

–Niña, estás en lo cierto. Conozco la arbórea hojaplata y puedo decirte que no sólo son difíciles de conseguir aquí, sino que son muy útiles. Mis nietos están jugando con esas cosas filosas todo el día… –Se refería, quizá, a cuchillos o kunais. –…así que claramente tengo que comprarte algunas de estas hojas. ¿Podrías darme tres de ellas? –Dijo, mientras entregaba una bolsa de dinero que contenía bastante cantidad de ryus.

–¡Con mucho gusto! –Era irritante, pero tenía que aparentar ser otra persona. Nada misteriosa.



VENTA:
Venta de Arbórea Hojaplata, 3 en cantidad.
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Re: Mercader en la Capital.

Mensaje por Hushika el Dom Jun 10, 2018 4:42 pm



–¡Lleve su campánula de agua, para decorar hogares y preparar fuertes antídotos! ¡Lleve su campánula! –Gritaba al unísono, dentro del mercado común de la Capital. Vivía de eso, no le molestaba para nada hacerse pasar por otra persona. Como ya se conoce, utilizaba un alias y otra apariencia para salir a vender; su coartada venía siendo efectiva, y no parecía tener problemas.

Aquel día, el mercado parecía más repleto de gente, y era molesto observar cómo entre ellos se chocaban, se peleaban el uno al otro por los productos que se vendían. Para Hushika, eran ratas, molestias que vivían bajo la estirpe del comercio y que no tenían otras aspiraciones mas que vivir el día a día. Por supuesto, estaba demente. Aún así, con su mayor sonrisa, siempre atendía a las personas que le preguntaban sobre las hierbas que vendía. Particularmente, sabía que tenía que deshacerse de las campánulas, porque se echarían a perder en cualquier momento. Algo haría.

Se acercó, en determinado momento, una mujer que parecía de una elite; una alta sociedad. Al menos, eso aparentaba. Era alta, con vestimentas onerosas y decoradas con seda y pieles de bestias exóticas. Llevaba joyas consigo, collares, anillos, pulseras de oro y plata. Sin lugar a dudas, era alguien que, o había robado mucho dinero a lo largo de su vida, o era una persona rica de nacimiento. Sus riquezas, sin embargo, no se ponían en duda. No importaba el cómo, sino que era claro que las tenía. Para dentro, Hushika pensaba que una persona así, en el País de la Cascada, o al menos en cualquier barrio del bajo mundo, no duraría ni un minuto sin que algún asalto sufra.

–Sí, madam. Las campánulas de agua son lo último en decoración. ¿Es que usted en su casa no tiene ninguna? –Las habilidades de elocuencia y de habla le habían servido tanto para sus actividades criminales, como ahora para vender. Odiaba ser comerciante… de este estilo. Por supuesto, con sus objetos robados, hacía exactamente lo mismo, aunque en distinto tono y lenguaje. No obstante, las habilidades de regateo estaban bien presentes en la kunoichi.

La mujer se desesperó inmediatamente. Tomó un bolso de cuero, lo abrió y, de allí dentro, comenzó a sacar bolsas de oro. La mirada de la peliverde, ahora rubia, se posaba directo en aquellas.

–¿Con esto alcanza para llevarme dos? –Decía, mientras mostraba el dinero a la kunoichi.

–Por supuesto que si, señorita. –Le daba algunos años de juventud, para ser más cortés.



VENTA:
Venta de Campanula de Agua, 2 en cantidad.
Hushika
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Re: Mercader en la Capital.

Mensaje por Hushika el Dom Jun 10, 2018 4:45 pm



Aquel día había ido a la guardia donde se encontraban los curanderos de la zona. Había oído, por rumores bastante verosímiles y con mucha credibilidad, que quienes trabajaban allí comenzaban a quedarse sin especias para preparar los antídotos que necesitaban. Generalmente, enviaban a varios herboristas una o dos veces cada varios días para recolectar las plantas que necesitasen; no obstante, en tiempos de guerra, muchos no querían salir de los muros de la ciudad, por lo que arriesgarse era algo estúpido. El egoísmo de los hombres les impedía ir más allá de sus propias narices para salvaguardar la salud de los demás. Por supuesto, a la titiretera eso la beneficiaba.

Llegó al lugar y tocó la puerta. Una, dos, tres veces. No le abrían. A la cuarta, comenzó a impacientarse. Una mujer, algo adulta y con canas, le abrió, mirándola de arriba abajo. Ella, con su mejor sonrisa, le retribuía la mirada. Aparentaba ser una niña, por supuesto sana, y bastante inocente. La mujer, de cabellos rojos y ojos bien negros, le hizo una seña para que entre, usando su mano izquierda como señalador hacia dentro de lo que parecía ser una pocilga. Aunque no lo era.

–Disculpa la tardanza. No estamos tomando más gente enferma porque hemos estado teniendo problemas… –Se tomaba la cabeza, mientras suspiraba. Parecía no sólo angustiada, sino que cansada, nerviosa y parecía que sufría de ansiedad. Su respiración era entrecortada aunque muy veloz. Su corazón, probablemente, iba a mucha velocidad también. –Hace unos cuantos días que estamos sin medicamentos. Nuestros herboristas no quieren ir a buscar las plantas que necesitamos para combatir la fiebre, que es algo que asola a nuestros pobladores. Más que mojar telas y sedas en agua, para contrarrestar el calor, no podemos hacer otra cosa. –Comentaba, mientras una voz medio llorosa comenzaba a salirle.

–Si, señora, es por eso que estoy aquí. –Decía, siempre con esa felicidad mentirosa, actuando ser una inocente infante. –Vengo de muy lejos, y en mi viaje hasta aquí, he recolectado algunos especímenes de plantas que quizá le puedan servir. ¿Con esto le alcanza para sobrellevar sus problemas? –Comentaba, mientras le mostraba una bolsa con bastantes muestras de alcotán. Era una planta usada para medicamentos varios, entre ellos, para curar justamente, la fiebre.

–Querida, no se si eres un regalo de los dioses, pero no sé como agradecerte… –Decía, mientras la abrazaba. Hushika, por dentro, ponía cara de asco.

–Con muuucho dinero. –Se reía mientras lo decía. Era, en parte, una realidad.

–¡Pues claro! ¿Pensabas que no iba a darte nada? –Sí. Pensaba exactamente eso.



VENTA:
Venta de Alcotán, 9 en cantidad.
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Re: Mercader en la Capital.

Mensaje por Hushika el Dom Jun 10, 2018 4:50 pm



La venta de hierbas, normalmente, era no sólo fructífera, sino que simple. Sobre todo, las ancianas y personas mayores le compraban a la kunoichi lo que necesitaban para su día a día; principalmente, especias. Ya se había vuelto costumbre trabajar de aquello durante el día. Incluso, se sentía hasta parte de la sociedad. La misma que la condenaba a ser una criminal. De acuerdo con sus registros mentales, jamás había usado ninguna de sus habilidades mercantiles ni transacciones para alguien que no las fuese a utilizar con fines… benignos, en buena medida. Siempre, quienes le compraban sus recolecciones, eran personas que las utilizarían para cocinar, preparar infusiones, y algún que otro medicamento simple. Pero, aquel día, las cosas iban a ser algo distintas.

Un hombre extraño, de apariencia misteriosa, se acercó a ella; llevaba consigo puesta una capa. Era bastante alto aunque, por los rasgos que se le veían en su cara, era delgado. Su piel era bastante pálida, y sus ojos eran de color miel. No sintió miedo, aunque tuvo que aparentarlo. Después de todo, en apariencia, debía ser una niña pequeña que vendía sus plantas a los ancianitos del lugar. Nada grave, nada raro, nada sospechoso. Pero, de alguna manera, este hombre había estado siguiéndola, o al menos tenía conocimientos de quien era ella.

–Ven conmigo, herborista. Tengo que hablarte de un asunto, donde no haya tanta gente. –Hushika, por supuesto, desconfió. No obstante, a juzgar por su apariencia, el extraño era él a los ojos de la multitud. No estaría en desventaja dentro de la ciudad. Ambos caminaron unos cuantos metros hacia un lugar un poco mas vacío, y fue donde el misterioso masculino habló. –Soy un hombre que disfruta de preparar las más mórbidas pociones. No sé si será un trauma de pequeño, o una invención de mi juventud, pero encuentro atracción por las mezclas que no tengan fines particularmente benignos… –Comenzaba a hablar, intentando manipular a lo que parecía ser una niña pequeña.

–Al grano, viejo. No tengo tiempo para tus cuentos. ¿Qué quieres? –Decía. La paciencia la había perdido; era obvio que este tipo era una persona del bajo mundo. Debía ponerse firme y actuar como ella sabía. Después de todo, no eran para nada distintos.

–Veo que no eres para nada inocente, después de todo. –Sorprendido por la forma de hablar y pararse de la infante, respondía eso. –Bien, estoy buscando una planta en particular. No necesito más que una, en cantidad. –Suspiró. –¿Tienes la llamada Martillo Lunar? –La observó fijamente.

Hushika sonrió, y soltó una carcajada. Le había costado obtener ese especímen, aunque sabía de sus efectos perfectamente. Después de todo, era una alquimista ella misma.

–Estás en tu día de suerte. Tengo uno. –El hombre sonreía mientras la ahora rubia emitía esas palabras. –No obstante, no va a salirte regalado. –Se ponía firme en su precio y decisión de venta.

–Lo que quieras. El oro es algo que no me importa. Esa planta tiene mucho más valor que un mineral brillante.

–Negocios, pues, han sido hechos. –Decía, mientras, por lo bajo, le entregaba aquella especie en una bolsa de cuero, tapada. Por supuesto, no era algo que se vendía en el mercado legal.



VENTA:
Venta de Martillo Lunar, 1 en cantidad.
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Re: Mercader en la Capital.

Mensaje por Hushika el Dom Jun 10, 2018 4:52 pm



Llevaba ya unos días vendiendo sus productos en el mercado de la Capital del País del Fuego. Sin embargo, pasaba desapercibida; era una más entre tantos comerciantes que entregaban sus productos a la venta. Salvando algunas excepciones, como la venta al extraño y misterioso sujeto, sus hierbas eran bastante comunes a todos lo herboristas y alquimistas que ofrecían sus mercancías al público. Tal es así, que su coartada venía saliendo a la perfección. Si hubiese vendido pociones o brebajes, ya hubiese despertado otro tipo de interés entre la gente y, posiblemente, llamase más la atención. En definitiva, lo mejor era hacerse parar por la propia multitud.

Quizá por suerte, quizá por destino, o simplemente que había hecho un buen trabajo, se topó con una de las mujeres que previamente le había vendido unas flores. En aquella ocasión, la ostentosa femenina llevaba consigo un abrigo de piel. Hoy, con sus mismas joyas de la última vez, portaba una capa, también onerosa, decorada con algunas piedras preciosas, aunque no tan caras ni tan extrañas como lo podrían ser las esmeraldas o los rubíes. Después de todo, no podía ir tan bien vestida a un mercado donde iba la gente común y de pueblo a comprar. Se hubiese expuesto demasiado. A fin de cuentas, los ladrones y criminales siempre están observando estos lugares.

Se acercó a Hushika, quien la reconoció de inmediato. Se saludaron, estrechando sus manos. La mujer parecía bastante contenta de haber encontrado a la niña de nuevo. Por el otro lado, la felicidad era recíproca; no por el hecho de verle la cara de nuevo a la fémina, sino porque sabía que ella era sinónimo de muchas monedas de oro. Además, era fácilmente convencerla de comprar.

–¡Madam! Justo hoy pensé en usted. Tengo unas especies de plantas muy extrañas, casi imposibles de conseguir, que sólo unos pocos pueden darse el lujo de decir que las tienen en sus hogares. –Mentía, por supuesto. Pero, ¿Qué iba a saber sobre hierbas alguien que, probablemente, nunca haya salido de su mansión, más que dentro de los muros de la ciudad?

–Excelente. Venía, precisamente, buscando algo así. Las… no se qué del agua, han venido de maravilla para mi palacio. –Decía, mientras, nuevamente, sacaba su bolsa de cuero, que contenía las preciosas bolsas de oro que tanto llamaban la atención y el interés de Hushika.

–Verá, madam, estas flores… –comentaba, mientras le mostraba las plantas multicolores– …son conocidas como Laeta, un espécimen que crece en muy pocos lugares pero, como verá, sus colores son algo de lo que sentirse orgulloso. –Su labia era, ciertamente, convincente.

–¡Las llevo! No se diga más. –Entregaba, así, dos bolsas con mil ryus cada una. –¿Está bien esto o necesitas más? –Claramente, la operación ya le convenía a la titiretera. No quería que descubra que la Laeta es una planta no tan rara…

–Por supuesto, madam. ¡Vaya, que no sea que se las usurpen los bandidos! –Y así, concretaba la venta, nuevamente, en otro día en el mercado.



VENTA:
Venta de Laeta, 2 en cantidad.
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Re: Mercader en la Capital.

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